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sábado, 18 de marzo de 2017

NECROWORLD Capitulo 149

Día 10 de Noviembre de 2010
Día 865 del Apocalipsis
09:00 Albergue de Cazadores…

Me encontraba en una de las cabañas observando por una de las ventanas del segundo piso. Luci y yo habíamos estado trabajando toda la noche. Habíamos estado preparándonos para lo que estaba a punto de llegar. Mélanie estaba en una de las casas también, allí estaba segura y recuperándose. Luci se me acercó en ese momento.
—Ya está. Me ha costado un poco, pero lo he conseguido. Se llevarán una sorpresa cuando entren, pero… Tengo que preguntarte algo ¿Crees que vendrán?
—Lo harán. Ellos saben que solo somos tres… En estos momentos deben pensar que tienen las de ganar, al fin y al cabo son más que nosotros. No vendrán a loco y lo harán con cautela, pero aun así, no saben lo que les espera— respondí. –No te preocupes. Saldrá bien. Ahora quiero que vayas a la cabaña donde está Mél y te quedes con ella. Si las cosas se torcieran, quiero que hagas lo que te dije. Quiero que cojas la moto y te lleves a Mél mientras yo los mantengo a raya.
Habíamos encontrado una moto en un pequeño cobertizo junto a las cabañas. Luci la había revisado a conciencia y había asegurado que funcionaba.
—¿Crees que podrás mantenerlos a raya tú solo si las cosas se tuercen?— preguntó Luci.
—Francamente no lo se, pero al menos os daré tiempo a huir— respondí.
—Tu siempre queriendo hacerte el héroe— dijo Luci con una sonrisa. –Nunca cambiarás.
—Ya ves… Ese debe ser uno de mis grandes defectos.
En ese momento, Luci se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla. –Pase lo que pase hoy… Ni se te ocurra morir. Jamás te lo perdonaría. Haz lo que has hecho siempre. Sobrevive.
Luci se despidió de mí y volvió la cabaña desde donde dispararía ella. Nada más entrar se encontró con Mélanie sentada en el colchón. Se había acabado de despertar.
—¿Cómo te encuentras?— preguntó Luci
—Bien… Pero me sabe muy mal haber estado durmiendo mientras Juanma y tú trabajabais.
—No te preocupes. Aun estás herida. Debes reponerte…— Luci hizo una pausa y miró a su compañera. –Siento haberme puesto así en el puente. Me pasé. Supongo que envidio el hecho de que tu aun tengas esa humanidad que otros hemos perdido. Tú aun ves a los caminantes como personas, al menos como personas que fueron un día. Entiendo que verlos así te duela y quieras acabar con su sufrimiento… Bueno, si es que sufren. No sabemos absolutamente nada de ellos.
—Yo también os entiendo a vosotros. Se todo lo que habéis tenido que hacer y pasar para estar aquí hoy y ahora. Os habéis tenido que acostumbrar a matar a otros, pero yo no se si sería capaz de hacerlo. No estoy preparada para un mundo así. No se si yo sería capaz de mirar a alguien a los ojos y matarle, aunque este sea un monstruo… Y me da miedo… Me da miedo el hecho de que probablemente hoy tenga que hacerlo. Seguramente lo haga.
—Si lo haces… Debes tener algo presente. No lo haces por placer, lo haces por protegerte a ti misma y a otros. Puedes sentirte culpable, es algo natural, pero entonces recuérdate a ti misma que estás viva— Luci ayudó a Mélanie a levantarse y la acompañó hasta la ventana más cercana, allí la dejó apoyada y le entregó uno de los rifles –Asegúrate de tener a esos en el punto de mira y de respirar hondo cuando vayas a disparar. Ten cuidado con el retroceso… Una cosa más.  No es necesario que los mates o te concentres en apuntar a sitios específicos. Apunta y dispara, solo eso, a veces, vale más la pena derribarles.
—Muy bien— dijo Mélanie. –No voy a defraudaros. Os lo juro.
Luci miró en ese momento a Mélanie. –Lo se. Se que no lo harás.

Bosque…

—Esos tipos dijeron que habían caído por una catarata. ¿Sabéis donde está dicha catarata?— preguntó David bajando por la escalera de mano y saliendo del tronco. Habían pasado toda la noche allí debido a que los cazadores iban y venían por la zona. Incluso habían hablado de que la chica de la katana y el tipo, habían matado a algunos de su grupo, algo que indudablemente dejaba claro que Juanma y Luci seguían vivos.
—Está a unos seis kilómetros de aquí, pero si han caído, deben estar rio abajo. En esa dirección— dijo Keity señalando en dirección Noroeste.
—Pues no perdamos más tiempo— dijo Juan descolgándose la mochila del hombro y guardándola dentro del tronco. Llevando solo con el arma y la munición.
—¿Qué estás haciendo?— preguntó Marta.
—Dejando el peso extra. Sin el iremos más rápido, estaremos más ligeros— respondió Juan.
Keity se quitó la mochila también, sacando solo la munición. –Haced lo que dice. Tiene razón. El peso de las mochilas solo nos retrasa. Tanto para avanzar como si tenemos que huir.
Todos hicieron lo que Keity ordenó y guardaron las mochilas dentro del tronco de árbol falso. Una vez lo hicieron todos,  comenzaron a avanzar. Juan entonces se acercó a Keity.
—Eres una buena líder. Todos te obedecen. Gracias a ti siguen vivos.
—Me ha costado. No te creas— respondió Kaity mientras andaban acelerando el paso. –Escucha. Quiero que te quede clara una cosa. Pase lo que pase hoy nos pondrá a todos en el punto de mira de esos cabrones. Así que todos estaremos en peligro. Así que cuando eso pase… Todos deberemos proteger el hospital, por que habrá represalias.
—Cuenta con ello— respondió Juan.
*****
Ross observaba el albergue de cazadores desde una colina. Cogió los prismáticos y escudriñó todas y cada una de las ventanas, aunque no podía ver a nadie,  pero estaba seguro de que estaban ahí. Un poco más abajo, sus hombres estaban movilizándose y adoptando posiciones para el avance, un avance que incluía vehículos, tanto motocicletas como jeeps con ametralladoras soldadas.
—Jefe— dijo uno de sus hombres acercándose. –Vengo a informarle.
—Adelante— respondió Ross.
—Nuestros hombres están listos para avanzar y atacar. Por otro lado estamos sin noticias del grupo de Jake. Deberían haber vuelto ya.
—A la mierda el grupo de Jake. Si están muertos que les jodan. Esto es mucho más importante. Avanzad y dad caza a esos tres. Recordad, pase lo que pase quiero que los cojáis vivos. No me importa si  destrozados, pero los quiero vivos.
—A la orden señor…— el cazador cogió el walkie. –Primer grupo. Avance hasta el objetivo e inicie el ataque.
*****
Seguía en la ventana cuando vi llegar a los primeros cazadores. Estos avanzaban abiertamente por el camino. Unos iban a pie y otros subidos en vehículo. Rápidamente cogí el walkie talkie para ponerme en contacto con Luci.
—Luci— dije –Aquí están. Prepárate.
—Los veo— respondió Luci.
—Pues fuego— respondí. Entonces corté la comunicación y comencé a disparar. Las primeras balas abatieron a uno de los cazadores antes de impactar en el capó del jeep. Seguí disparando y entonces el Jeep comenzó a echar humo. Algo que hizo que los cazadores comenzaran a salir de el corriendo. Pocos segundos  después el jeep explotó y los cazadores comenzaron a devolver el fuego. Rápidamente tomé cobertura y me moví hacia otra ventana. Me asomé y volví a disparar varias veces más. Mientras abría fuego, vi  como Luci y Mélanie hacían saltar por los aires otro de los jeep. No pude evitar esbozar una sonrisa por ver el buen trabajo que estaban haciendo.
De pronto, un vehículo hammer se abrió paso por el camino e irrumpió en la zona del albergue atravesando la puerta. Detrás de el, usándolo como cobertura, comenzaron a entrar más cazadores. Yo disparé a varios de ellos para derribarlos, pero lo que yo quería saber era donde estaba su líder. Este no aparecía por ningún lado. Eso me estaba frustrando, entonces apunté a uno de los cazadores y le disparé en la cabeza.
*****
Luci estaba disparando, abatió a varios cazadores. A uno de ellos lo abatió cuando trataba de ocultarse detrás del hammer. Luci miró a su derecha y vio a Mélanie, ella había disparado varias veces y se había ocultado detrás de la pared.
—Si no vas a disparar ve a la parte de abajo y prepara la moto— dijo Luci disparando y abatiendo a otro de los cazadores.
En ese momento, una lluvia de balas agujereó la pared y tanto Luci como Mélanie tuvieron que echarse al suelo.
—¿Qué es eso?— preguntó Mélanie sin levantarse.
—Esos cabrones tienen una maldita Gatling— respondió Luci al tiempo que volvía a caer una lluvia de balas. En la pared iban apareciendo agujeros. –Deprisa. Muévete— dijo Luci arrastrándose por el suelo. Mélanie intentó seguirla, pero entonces otra lluvia de balas estuvo a punto de alcanzarlas. Fue en ese momento cuando Mélanie se echó a llorar, estaba aterrorizada. Luci se puso junto a ella. –Escúchame. Se que no es fácil, se que te da miedo, pero debes luchar. Lucha  o moriremos las dos.
Mélanie miró a Luci. –No se si puedo.
Entonces Luci la cogió de las mejillas y la obligó a mirarla. –Si que puedes hacerlo… Y lo harás. Yo confío en ti. Ahora muévete.
*****
El jeep de la Gatling había aparecido de repente por detrás del hammer. Enseguida habían comenzado a disparar hacia la ventana desde donde Luci disparaba. Yo tomé cobertura y volví a moverme hacia una ventana. Me asomé, y cuando estuve a punto de disparar, me dispararon a mí y tuve que ocultarme.
—Juanma…— la voz de Luci me llamó la atención. Me arrastré rápidamente mientras nos disparaban y alcancé el aparato.
—Dime— respondí.
—Esos cabrones tienen una gatling— dijo Luci.
—La he visto— respondí. Justo entonces, me asomé, disparé, abatí a un cazador y volví a ocultarme.
—¿Cómo nos libramos de ella?— preguntó Luci.
—¿Puedes atraer toda su atención hacia ti? Así podré abandonar esta casucha y coger un buen ángulo.
—Muy bien, pero no tardes. No se cuanto podré resistir— dijo Luci.
—No te preocupes— respondí. –Acabaré con ellos.
Luci cortó la comunicación y enseguida comencé a escuchar disparos. Era Luci disparando desde la ventana, disparaba ráfagas rápidas y abatía a varios de los cazadores. Eso me dio tiempo a mí. Me levanté corriendo y bajé las escaleras. Llegué a la planta baja y corrí hacia la puerta, abrí y salí al exterior. Una vez fuera abatí a un cazador, crucé todo el patio exterior y llegué hasta una esquina, desde allí me asomé y comencé a disparar  de nuevo. Eso hizo que varios cazadores me vieran y vinieran a por mí. Eran los que estaban cerca del hammer y de la gatling. Era lo que quería. Justo cuando entraron en aquella especie de pasillo entre fachadas, yo me acerqué a una de las puertas de una de las casas y la abrí. Fue en ese momento, como para sorpresa de los cazadores, una multitud de caminantes salieron en tromba y comenzaron a caminar hacia ellos.
Lo de los caminantes fue algo que Luci y yo habíamos habíamos planeado con anterioridad. Ellos eran nuestra ayuda inesperada. Luci había conseguido aquella misma mañana atraer a varios caminantes y encerrarlos en una de las casas. El plan había funcionado y los disparos los habían excitado de tal manera que estos salieron ignorándome por completo.
Los cazadores comenzaron a enfrentarse a los caminantes mientras yo volvía a correr. Rodeé una de las casas, me asomé por la esquina y entonces un cazador se lanzó sobre mí. Este no me disparó, simplemente intentó inmovilizarme. Me golpeó y dejé caer el arma. Me defendí retrocediendo un poco y le golpeé. Este entonces intentó gritar para llamar a los demás, pero yo se lo impedí. Fui más rápido, le agarré por la cabeza y se la estampé contra el tronco de un árbol. Cogí mi fusil y me lancé a buscar una nueva cobertura detrás de una glorieta justo cuando me comenzaron a disparar. Yo les devolví el fuego rápidamente. Fue entonces cuando los abatieron, entonces vi a Mélanie apuntando desde la ventana. Por fin lo había hecho, acababa de matar a dos hombres.
Salí corriendo mientras disparaba a todos los hombres que me salían al paso. Por fin llegué al jeep donde estaba la gatling, maté al que estaba disparando desde ella y tomé posesión de ella, entonces comencé a disparar a los hombres que trataban de huir. Podría haberlos dejado escapar, pero no lo hice.
*****
Ross desde la colina observaba todo lo que estaba pasando. Sus hombres, en los que había depositado toda su confianza estaban siendo masacrados, y los estaban masacrando solo tres personas. Ross estaba sintiéndose humillado.
—Vamos a mandar a la segunda  oleada. Seguro que…—  Pero Ross le interrumpió.
—Se acabó. Ordena la retirada de todas las oleadas de la segunda a la última. Nos vamos. No arriesgaré a más hombres.
—¿Y que hacemos con los que siguen ahí abajo?
—Ellos ya no me interesan. Vámonos— respondió Ross alejándose de la colina y regresando a su coche. Sabía muy bien que las cosas se le iban a poner difíciles con los suyos tras esa decisión, pero estaba seguro que lograría seguir adelante, pero de momento, debía irse de allí y reagruparse para trazar un mejor plan.
*****
Mélanie y Luci seguían disparando desde las ventanas. Mélanie por fin había dado el paso de matar a alguien, después de eso, había apretado los dientes y había seguido disparando.
Luci iba a decirle algo cuando algo atravesó uno de los cristales de una ventana. Luci se lo quedó mirando mientras rodaba por el suelo, cuando se detuvo vio que se trataba de una granada. Con un rápido movimiento, se lanzó sobre Mélanie y ambas rodaron por el suelo mientras la granada explotaba.
*****
Vi la explosión y dejé de disparar. Una parte de la casa donde estaban Mélanie y Luci, había desaparecido. Una explosión había hecho desaparecer parte del tejado y de la fachada. Como un rayo, bajé del jeep y comencé a correr hacia la casa, pero justo antes de llegar,  tuve que frenarme y ocultarme detrás de un montón de piedras amontonadas. Un grupo de hombres había aparecido de repente y habían comenzado a dispararme.
Tenía que salir de allí y llegar hasta mis compañeras, podían necesitar mi ayuda. Me asomé rápidamente y comencé a disparar, pero no estaba consiguiendo acertar a ninguno. Volví a asomarme para disparar, pero no pude disparar, me había quedado sin munición.
Justo en ese momento, escuché una voz a mi espalda. –Ponte de pie ahora mismo cabrón.
Me di la vuelta y vi a un hombre apuntándome con un arma. Yo al verme vencido, dejé el arma sin munición en el suelo, también dejé la mochila, me puse de pie y levanté las manos. El tipo que me apuntaba era enorme, calvo y con una cicatriz que le cruzaba toda la cara. Los demás no dispararon, se limitaron a salir de sus escondrijos. Eran casi una decena.
—Ya lo tenemos— dijo uno de ellos.
En ese momento, llegaron un par de hombres. Estos iban empujando a Mélanie y Luci. Ambas estaban vivas, pero dada nuestra situación actual. Probablemente íbamos a morir pronto. Seguidamente nos obligaron a arrodillarnos a los tres. Me fijé que uno de ellos sostenía la katana de Luci mientras esta le lanzaba miradas asesinas.
—Lo siento— les dije mirándolas. –Nunca imagine que habría tantos de ellos.
—No tienes nada que sentir. Mél y yo podríamos habernos ido, pero permanecimos a tu lado. No me arrepiento. Juntos hasta el final— respondió Luci.
Quise decirle algo a Mélanie, pero ella estaba bastante más afectada y había comenzado a llorar. A ella no le dije nada, levanté un poco la cabeza y miré al de la cicatriz.
—Dejad que ellas se vayan. Ellas solo seguían mis órdenes. No las necesitáis.
Entonces el tipo me dio una patada en el estomago y yo caí de bruces. Mi cara tocó el suelo y el me puso el pie encima de la cabeza. –Cállate. De aquí no se va nadie— el tipo de la cicatriz miró a uno de sus compañeros. –Ya lo tenemos. ¿Dónde está Ross? ¿Por qué no viene?
—Se ha ido— contestó uno de los hombres. –Todos se han largado.
—Ya veo. Ha huido dejándonos tirados cuando ha visto que nos estaban dando bien. Pues que le jodan. No lo necesitamos, ahora yo estoy al mando— dijo el de la cicatriz.
—¿Cómo que tu estás al  mando? Eso deberíamos someterlo a votación— respondió otro de los hombres.  –Para empezar… Deberíamos tratar de volver con Ross y los otros.
—¿Volver?  Nos han dejado tirados. Si les importásemos algo seguirían ahí. Es evidente que ya no. Por mi que le den a Ross y a todos sus lameculos. Nosotros formaremos un nuevo grupo. Yo asumo el mando.
—Ya no tenéis por que hacer esto— dije con la cabeza aun pegada al suelo.
—¿Qué no tenemos que hacer esto?— preguntó el de la cicatriz. –Mira a tu alrededor. ¿Ves todos esos hombres a los que has matado? Muchos eran amigos míos. Yo creo que si que tenemos que hacer algo, pero no será rápido. Te lo garantizo. Ponedlos de pie.
Los tres fuimos puestos de pie. En ese momento no pude evitar recordar lo que había pasado en el desierto, cuando Rachel, Sean y yo fuimos interceptados. Entonces comencé a temblar pensando que se iba a volver a  repetir aquello. Entonces miré al de la cicatriz.
—Dejadlas ir. Haced conmigo lo que queráis, pero a ellas dejadlas.
—Claro que a ti te haremos lo que queramos. Has matado a varios de mis chicos y esto lo tienes que pagar… Pero entiende que algunos de mis chicos, yo incluido, llevamos mucho tiempo sin una mujer. Nos divertiremos con ellas antes de dejarlas en paz, alégrate. Que  lo vas a ver.
—Dejadlas…— repetí de nuevo. –Dejadlas— entonces me lancé contra el de la cicatriz. Logré golpearle, pero apenas lo moví del sitio. Los otros me apuntaron, pero este dio la orden de no disparar. Seguidamente me golpeó y tiró al suelo.
—¿Quieres pelea? Pues muy bien. Empezaremos por ti— dijo el de la cicatriz dándome patadas en el estomago. –Al fin y al cabo haremos esto mucho más divertido.
Algunos de aquellos tipos se sumaron al primero y comenzaron a darme patadas, otros simplemente sujetaban a Mélanie y Luci. Di por sentado entonces que esa vez si había llegado mi hora, fue justo en ese momento cuando se escuchó un disparo y uno de aquellos tipos cayó al suelo con un agujero en la cabeza. Entonces más disparos comenzaron a escucharse, disparos que venían desde varias direcciones. Estaban abatiendo a los cazadores. Vi a varios de ellos caer, al igual que vi a varias personas salir del bosque disparando. Aunque no podía verlos bien. Vi como uno llegaba hasta mí y me levantaba.
—¿Estás bien?— la voz que me preguntó eso era la de David. Lo miré y efectivamente era el. A el le siguieron entonces varias personas más, pude reconocer a Juan, pero también había gente a la que no conocía. En pocos segundos habían abatido  a los cazadores. David me ayudó a sentarme entonces, ahí pude recuperarme. –Descansa. Ya pasó.
—¿Cómo nos habéis encontrado?— pregunté mientras observaba como una chica vestida de militar le daba algo de agua a Mélanie.
—Salimos del hospital JFK para buscaros. Casualmente escuchamos a unos cazadores que hablaban de que os caísteis por una catarata. Nos dirigíamos a ella cuando escuchamos los disparos— respondió David.
—¿Y  estos quienes son?— pregunté mirando a los militares. Los cuales estaban observando los cuerpos de los abatidos.
—Estos son Kaity, Marta, Boggs, Dingan y Glenn. Estaban en el hospital y aparte de  acogernos, decidieron acompañarnos— en ese momento, David me puso la mano en el hombro y me miró –Eh. Todo está bien. Eva, Vicky, tus hijos y todos los demás están bien. Están esperándote en el JFK.
—Aquí hay uno vivo— dijo uno de los militares. Eso hizo que yo me levantara rápidamente y me dirigiera hacia donde había escuchado la voz. Enseguida vi a uno de los cazadores que trataba de alejarse arrastrándose por el suelo. Rápidamente, le pegué un pisotón en la pierna y este gritó de dolor. Se dio la vuelta para mirarme y vi que era el de la cicatriz.
—Por favor. No lo hagas— suplicó este.
Mientras suplicaba por su vida, una de las militares se acercó apuntándole. Aunque yo no dejé que le disparara. Miré a la militar entonces. —¿Me dejas tu arma…?
—Mi nombre es Keity… Keity Lenihan— respondió la militar dándome el arma.
—Encantado— respondí. Seguidamente, disparé al cazador a la cabeza y a bocajarro. Entonces le devolví el arma.
—¿Qué es eso?— preguntó Keity señalando uno de los bolsillos del  hombre al que acababa de matar. Yo me di la vuelta, me agaché y saqué lo que Keity señalaba. Se trataba de un walkie talkie. Con el aparato en las manos me quedé un momento pensativo, entonces finalmente lo encendí. —¿Pero que haces?
El walkie talkie estuvo un momento soltando ruido  estático, pero finalmente se escuchó una voz. —¿Ryan?
—Ryan está muerto. Quiero hablar con Ross ahora mismo— respondí.
—¿Pero quien eres?— preguntó la voz.
—Soy la presa a la que nunca debisteis acorralar. Ahora dile a Ross que se ponga… O te juro que cuando os encuentre… Y te garantizo que será pronto, pienso recordar tu voz para que cuando te tenga delante sepa quien eres para ser uno de los que mate lentamente.
Se hizo el silencio unos instantes y finalmente, la voz de Ross se dejó escuchar. –Aquí me tienes.  ¿Qué quieres?
—Se suponía que ibas a venir a por mí, pero no ha sido así. Has dejado que tus perros hicieran el trabajo. Dime una cosa Ross… ¿A cuantos de tus hombres voy a tener que matar antes de que decidas dar la cara? Hoy he matado a unos cuantos y tu no eras ninguno de ellos, por lo que se, te escaqueaste bien pronto. No entiendo como un tipo como tú puede ser el líder de un grupo, pero ya no importa. ¿Sabes por que? Por que da igual que no des la cara, se que nos acabaremos encontrando y entonces te aseguro que acabaré contigo.
—Ya veremos quien acaba con quien— respondió Ross. –No seas tan gallito chaval.
—Hasta pronto— respondí. Después corté la comunicación.
—Las cosas se van a poner bastante jodidas ¿Eh?— dijo en ese momento Keity.
—Bastante. Siento que os hayáis visto involucrados en esto— respondí. —¿Dónde está ese hospital? Mélanie y yo necesitamos que nos echen un vistazo a fondo.
—A unos kilómetros de aquí. Si nos ponemos en marcha ahora, probablemente lleguemos por la noche— respondió Keity. –Allí os atenderán bien.
—Pues en marcha— respondí. Me dirigí al resto entonces. –Mél, Luci y yo no estaríamos vivos si no fuera por que habéis aparecido. Aun así, esto aun no ha terminado. Los cazadores siguen por ahí.
Todos se prepararon y emprendimos el camino hacia el hospital JFK. De nuevo a reunirnos con el resto de nuestro grupo.

Hospital JFK…
17:00 horas de la tarde…

La doctora Green caminaba rápido por el pasillo mientras la enfermera le explicaba lo ocurrido. Mientras ambas avanzaban, podían escucharse los desgarradores gritos de dolor.
—Estaba comiendo cuando de repente comenzó a sentirse mal. Y la comida no puede ser. Es seguro que debe ser otra cosa. Me suplicó que la llamara a usted precisamente.
Ambas llegaron a la puerta  y la doctora le pidió al celador que vigilaba la puerta que la dejara entrar. Este abrió la puerta y la doctora pasó al interior a examinar al rehén. Este no paraba de gritar y retorcerse de dolor. La doctora trató de inmovilizarlo, pero fue imposible. Entonces pidió al celador que lo amarrara a la camilla y que los dejaran solos para que pudiera trabajar. El celador hizo lo que le ordenaron y salió de la sala.
Una vez el paciente estaba encima de la camilla, la doctora lo examinó y este dejó de gritar. Su expresión había cambiado por completo y su mirada estaba fija en la doctora.
—Que fácil es colar un truco tan viejo— dijo el rehén. Al ver que la habían engañado, la doctora quiso salir, pero entonces el rehén la llamó de nuevo.
—¿Qué es lo que quieres?
—Nada en particular, pero debes saber que el pregunta mucho por ti.

Al escuchar aquello. La doctora se quedó petrificada. Si eso era así, es que el aun seguía con vida y con los cazadores.

sábado, 11 de marzo de 2017

NECROWORLD Capitulo 148

Día 10 de Noviembre de 2010
Día 865 del Apocalipsis…
01:00 de la madrugada. Hospital…

Los demás habían hecho un gran trabajo limpiando la zona de la planta baja y el parking subterráneo. No quedaba ni un solo caminante, también habían arreglado las vallas e inspeccionado cada zona de allí en busca de caminantes solitarios, en definitiva, todo estaba limpio y tranquilo.
Nina con toda la tranquilidad, salió a la plaza del hospital y se dirigió a una pequeña capilla que había dentro del complejo del mismo. Nada más llegar a la puerta, se dio cuenta de que estaba abierta. Alguien más estaba allí, sacó la pistola que llevaba siempre con ella y le quitó el seguro, podría regresar con los demás y avisarles, pero… ¿Y si era una falsa alarma? No quería molestarles y ella no era ninguna inútil, podría encargarse de ello.
Con cautela entró por la puerta entre abierta y enseguida vio la luz producida por las llamas de unas velas. Fue en ese momento cuando vio a alguien de rodillas cubierto con una manta delante del  altar, justo detrás del altar estaba Jesucristo en la cruz. En ese momento, Nina levantó el arma y le apuntó.
—No te muevas.  Si tienes algún  arma déjala en el suelo y levanta las manos. ¡¡¡Hazlo y saldrás de aquí con vida!!!— En ese momento, aquella persona a la que  Nina apuntaba, se dio la vuelta y la miró. Fue en ese momento cuando la muchacha se dio cuenta de que esa persona era Sheila. Nina rápidamente bajó el arma. –Oh dios. Lo siento. No sabía que eras tú. Lo siento Sheila. De verdad. ¿Qué haces aquí?
—Rezo por el alma de Rachel. Para que pueda descansar en paz.
—Yo también venia a rezar— respondió en ese momento Nina. –Vengo a rezar por que Juanma, Mél y Luci estén vivos… Y por que el grupo que salió en su busca tenga éxito.
—No sabía que eras creyente— dijo Sheila.
—No lo era…— respondió Nina –Pero en estos tiempos tan oscuros quiero creer que si he seguido viva hasta ahora es por algo. Por que alguien allí arriba a cuidado de  nosotros.
—Al parecer cuida de nosotros hasta que se cansa de hacerlo. Es entonces cuando morimos. Yo no tengo nada que agradecerle a dios…Ya no. Simplemente rezo por el alma de mi mujer. No por que crea en un dios. Un dios que es evidente que nos ha abandonado. Estamos por nuestra cuenta y todos acabaremos muertos. Solo espero que cuando llegue mi hora, me encuentre con Rachel.
—Respeto tu decisión. Espero que no te moleste que me quede a rezar contigo aquí— dijo Nina. No quería seguir conversando con Sheila sobre eso. Era evidente que había superado lo de querer suicidarse, pero también lo era que seguía en estado de shock.
*****
La doctora Green se encontraba visitando a los bebés. Silvia, Alicia y Eva estaban allí en la sala también. La doctora terminó con Christian y observó a las expectantes madres.
—Los niños están bien y disfrutan de una buena salud. Se nota que lo habéis dado todo por ellos. Os felicito. Los niños son nuestro futuro.
Silvia cogió en brazos a la pequeña Lucia y miró a la doctora. –No se lo que haría sin ella. La recuperé hace poco y ahora sería horrible perderla.
—No entiendo— respondió la doctora mirando a Silvia.
—Mi novio… Bueno, mi ex novio el cabrón decidió venderla a un tipo de Las Vegas. Luego me dijo que estaba muerta.  Cuando volví a encontrarme con el, antes de matarle, me confesó que la niña vivía y que estaba en Las Vegas— explicó Silvia omitiendo los detalles más truculentos de lo ocurrido. –No estoy dispuesta a perderla de nuevo.
—Doctora— dijo en ese momento Alicia –Como ve. Estoy embarazada. Creo que de cinco meses si no me equivoco. ¿Puede hacerme una inspección?
—Claro que si. No es problema. Acompáñame a otra sala. Es allí donde tengo el material de las ecografías— respondió la doctora Green con una sonrisa. –Te juro que he llegado a pensar que no volvería a ver una  mujer embarazada. Esto es un milagro y estaré encantada de traer a ese niño o niña al mundo.
—¿Significa eso que dejará que nos quedemos aquí?— preguntó Eva.
—Seré sincera contigo. Eso es algo que no he terminado de decidir, pero  el invierno es frio y desde luego mientras este siga. No permitiré que estos niños estén ahí fuera. Así que tenéis la estancia garantizada hasta Abril por lo menos. Para entonces esta criatura ya habrá nacido.
De repente, la puerta de la sala se abrió de pronto y apareció Mike. Este estaba jadeando. –Doctora. La necesito. Es mi hija, mi Bethy. ¡¡¡Venga!!!
La doctora miró a Alicia, le hizo un gesto de disculpa y salió junto a Mike corriendo por la puerta.

Bosque…
01:55 horas de la madrugada…

Ross le pegó una patada a la rueda de la caravana y lanzó un grito. Ante el, escrito con letras grandes, habían dejado un mensaje para el. Un mensaje donde podía leerse claramente:
“TODO CAZADOR ES CAZADO ALGUNA VEZ, TODOS LOS CAZADORES SE REUNEN EN UN LUGAR Y ES EN ESE LUGAR DONDE CONSEGUIRÉ TU CABEZA COMO UN TROFEO MÁS. TE ESTOY ESPERANDO DONDE SE REUNEN TODOS LOS CAZADORES”
—¿Qué cree que significa señor?— preguntó uno de los cazadores mirando a un furibundo Ross.
—¿Qué que creo que significa? Significa que ese cabrón quiere jugar conmigo. Se las quiere dar de listo y se va a llevar una sorpresa. Es evidente  que nos está esperando. Ese malnacido está en el albergue de cazadores.
—Ellos son solo tres. Dos de ellos son unas chicas que no tienen media hostia. Una de ellas está herida. ¿Qué más da que nos esperen? Vamos a por ellos y fin.
—No seas estúpido— dijo Ross. –Cuando  nos han dejado un mensaje así es por que saben que iremos. Ese cabrón está planeando algo. Si vamos a por el ahora. Haremos lo que quiere y entonces la habremos cagado. No le demos ese gusto y preparemos un plan— En ese momento apareció un vehículo allí. Era uno de los jeep de los cazadores. El jeep se paró y de el se bajó Jake. Un joven al que habían reclutado no hacía mucho. —¿Qué haces aquí Jake?— preguntó Ross.
Jake caminó hacia Ross y le entregó una carta. –Es de la hermandad. Se están impacientando. Dicen que necesitan hombres. Al menos uno o dos que sean fuertes y grandes. Los quieren en menos de cuarenta y ocho horas.
—Que les follen a la hermandad— respondió  Ross.
—Señor. Con todos mis respetos. No es sensato hacer eso. No nos queda munición y ellos son los mayores proveedores de ella en esta zona. Nos estamos centrando demasiado en perseguir a esa cabrón y a esas dos zorras— dijo Jake.
—Vale. ¿Qué sugieres?— preguntó Ross.
—En ese Hospital están ese tal Juan y el negro gigante ese, Mike. Puedo ir yo mismo con un grupo y coger a esos dos. Con ellos dos solo, nos los cambiarán por munición que nos durará meses. Usted siga con la caza de ese, nosotros iremos al hospital y cazaremos a esos dos. Lo haremos de forma discreta y cuando se den cuenta de que han desaparecido, usted ya habrá cazado a ese mamón.
—Muy bien. Pero que sea discreto. Ni se os ocurra fallar— advirtió  Ross.
—No se preocupe seños. Todo está bajo control. Sabemos lo que hacemos— Jake miró a un par de hombres. –Tú y tú. Venid conmigo.
Estos miraron primero a Ross y este les hizo un gesto. –Id con el.
Los dos hombres que había pedido Jake lo siguieron. Se subieron al jeep y se perdieron en la noche.
—¿Confía en Jake?— preguntó uno de los hombres.
—Si falla que no vuelva. Nosotros tenemos cosas más importantes que hacer. La presa más grande nos espera para la batalla final, pero el piensa que iremos a lo loco. Nos reorganizaremos y al amanecer le haremos una visita en ese albergue. Veamos quien es el cazador cazado. Ellos son solo tres.

Hospital…
02:45 horas de la madrugada…

La doctora Green volvió a ponerle el oxigeno a Beth. Mike estaba al lado de la camilla sosteniéndole la mano  a su hija mientras esta dormía tranquilamente.
—¿Se pondrá bien doctora?— preguntó Mike. –No se le ocurra mentirme o le juro que…— Mike entonces miró a Jeremy. Estaba sentado en el otro lado de la habitación.
—Tiene una pequeña infección que ya  he comenzado a tratarle— dijo la doctora Green señalando el gotero que le había puesto. –Le sugiero que se tranquilice y me deje hacer mi trabajo. No quiero tampoco amenazas. Entiendo que esté preocupado. Yo también lo estaría, pero su hija está ahora bien.
—Si… Lo siento doctora…— Mike miró a Jeremy en ese momento. –Hijo ¿Puedes quedarte con la doctora? Será solo un momento.
—Si papá— respondió Jeremy levantándose del  sillón donde estaba para ir a sentarse al lado de su hermana. Entonces Mike le acarició el pelo. Se levantó y se llevó a la doctora de la habitación.
—Ya he perdido a mi mujer. Le prometí que cuidaría de los niños. Así que no pienso perderlos. ¿Me entiende?
—Si, le entiendo, y le juro que estoy haciendo todo lo que puedo. Su hija está bien en estos momentos, pero podría volver a tener una recaída. Cuando llegaron aquí, su hija estaba desnutrida y deshidratada. Casi con cuarenta de fiebre. Tuvo suerte y vive, pero aun está débil. Seguirá así hasta que se recupere— entonces, la doctora Green sintió un olor a alcohol. Un  olor del que no se había dado cuenta hasta ese momento, también se fijó en la cara de Mike. —¿Ha estado bebiendo?
—¿Qué más dará eso? Es de mi hija de quien estamos hablando.
—Me importa por que usted parece un hombre que fácilmente pierde los estribos… Y más ahora que su hija está enferma. Beber no le ayudará, ni a usted ni a sus hijos. Será mejor que vaya a dormir algo, que deje la bebida ahora que está a tiempo y que en ese estado no se acerque a sus hijos.
—¿De que coño está hablando? ¿Qué me aleje de mis hijos? ¿Me toma por un maltratador? Amo a mis hijos sobre todas las cosas.
—He tratado a muchas mujeres y niños con padres que los amaban. Tanto que no había semana donde el hombre no fuera borracho a casa y los moliera a palos, a pesar de que los amara. Todos eran hombres que estaban en una situación de estrés  y que solo lo arreglaban dándole a la botella. Se alegraban la vida y se la jodian a los que tanto amaban. Si está mal, y es evidente que lo está, hay maneras mejores de superarlo.
En ese momento, Mike agarró a la doctora del cuello y la empujó contra la pared. Entonces levantó el puño con intención de golpearla. –Yo jamás haría daño a mis hijos. Nunca— Mike comenzó a apretar con más fuerza, tanta, que la doctora comenzó a notar como le faltaba la respiración. Justo en ese momento, alguien golpeó a Mike y este soltó a la doctora. Mike se tambaleó y estuvo a punto de caer, pero no lo hizo, se enderezó nuevamente para atacar a quien le había golpeado, pero cuando lo hizo, se encontró con el cañón de un rifle apuntándole a lacara, detrás estaba Johana.
—Será mejor que te relajes y dejes de liarla. Te estás pasando.
Mike miró a ambas mujeres y las señaló con el dedo. –Que os den a las dos. Yo me largo— Mike se dio la vuelta y comenzó a alejarse por el pasillo.
—¿Y que pasa con tus hijos?— preguntó Johana.
—Déjelo de momento. Ahora será imposible razonar con el. Luego llamaré a una de las enfermeras para que venga a cuidar de sus hijos— dijo la doctora mientras se levantaba del suelo masajeándose el cuello.
—¿Se encuentra bien?— preguntó Johana.
—Si— respondió la doctora. –No es la primera vez que estoy en una situación así. Aunque debo agradecerte que hayas aparecido. Podría no haberlo contado.
—No voy a justificar lo que ha hecho… Pero en parte entiéndalo, perdió a su mujer en Manhattan. Ha visto morir a amigos y ha perdido… Hemos perdido lo que era nuestro hogar. Ahora casi pierde a la niña. Es buen tío, pero ya estaba mal y la bebida lo ha empeorado. Mañana hablaré claro con el— dijo Johana.
—Mañana pediré que toda la bebida alcohólica que haya en el bar, la tiren— dijo la doctora sacando un walkie talkie. –Necesito a una enfermera en la 324.
No pasaron apenas dos minutos cuando apareció una enfermera y la doctora Green le mandó quedarse en la habitación. La doctora se fue y Johana se quedó allí, sentada en un sillón delante de la puerta, pensando. Entonces decidió ir a buscar a Mike. No quería que su comportamiento estropeara todo, pensó en donde podría estar y enseguida supo donde buscar.
*****
Tras el encontronazo con la doctora, Mike había bajado a la planta baja y había decidido ir al bar del hospital. Entró en el y fue directo a donde guardaban las bebidas alcohólicas. Llegó al armario y de  allí sacó una de las botellas que había dejado a medias unas horas antes. Salió a la barra y se sentó encima de un taburete mientras se servía un vaso hasta arriba. Cuando lo llenó, lo levantó y se dirigió a alguien.
—Un brindis por los viejos tiempos… Kendra— entonces le dio un trago. Miró al frente y vio entonces a alguien reflejado en el espejo que lo miraba. Era un chico joven. —¿Pero que coño?— Mike se dio la vuelta y vio como el joven que lo miraba a través de la ventana, se largaba. Rápidamente, Mike se bajó  del taburete y corrió hacia la ventana rota, saltó a través de ella y salió al exterior. Fue en ese momento, cuando un caminante salido de la nada, corrió hacia el y se le echó encima. Mike lo golpeó varias veces mientras otros dos se acercaban corriendo. Mike apuntó con el arma y disparó dos veces a cada uno, no los mató, pero logró derribarlos. Justo cuando iba a rematarlos, alguien le apuntó a la cabeza.
—No vayas a moverte Mike. No nos pongas esto difícil— dijo  la voz de un chico joven. Mike solo pudo verlo de reojo. Entonces otros dos tipos aparecieron de detrás de unos conteiner apuntándole con sus fusiles.
—La hostia. Que poco han durado— dijo uno de los tipos pateando y rematando a uno de los caminantes. –Es la ultima vez que cojo a uno de los prisioneros para convertirlo en podrido. No son nada divertidos.
—Cállate Gordon. Ya tenemos a uno de los que vinimos a buscar ¿Dónde pollas está el otro?
—Arrodíllate Mike. Y deja tu arma en el suelo. Hazlo de buenas ¿Vale?— dijo el  chico que estaba detrás de el, lo hizo con tono amable. Mike no tuvo más remedio que obedecer.
—¿Cómo sabéis mi nombre?— preguntó Mike.
—No es necesario que lo sepas. Solo tienes que saber que vendrás con nosotros. A propósito… ¿Dónde está Juan? También nos lo queremos  llevar a el. Digamos que los dos, sois algo así como una entrega especial.
—Entrega especial ¿Para quién?
—Para clientes, Mike— respondió el chico que le había apuntado al principio. –Todo esto lo hacemos para clientes. No es nada personal, solo son negocios. Por lo menos estate tranquilo. A tus hijos no les pasará nada, no nos interesan… Bueno. Siempre y cuando tu no nos pongas esto difícil. Ahora  se bueno y ven con nosotros.
De pronto, un disparo abatió a uno de los tipos. El tiro fue certero en la cabeza. El segundo quiso reaccionar y fue abatido también. El tercero miró a Mike, este se levantó rápidamente y le dio un cabezazo. Lo tumbó, le apuntó con el arma, justo cuando le iba a disparar escuchó la voz de Johana.
—No lo mates. Necesitamos a uno vivo. Son cazadores. Tienen ese símbolo del cuervo.
En ese momento, el chico se levantó, golpeó a Mike y echó a correr, pero antes de que recorriera diez metros. Johana le disparó en las piernas. Johana se acercó a el y esta estaba retorciéndose de dolor mientras sangraba.
—Eres una puta chiflada  Johana. Esto no va así.
—Dije que te necesitábamos vivo, pero no dije que te necesitásemos entero. Ahora quietecito o te dispararé en tus pelotitas— dijo Johana con tono amable. Poco después le vendaron las heridas y lo ataron. Los demás miembros del grupo no tardaron en acudir al lugar.
Jake se quedó mirando a todos y comenzó a hablar. –Más vale que me soltéis. No sabéis lo que estáis haciendo. Si  a mi me pasa algo…— pero Jake no terminó la frase. Johana le propinó una patada en la cara y se arrodilló delante de el. –Cariño por favor. Se bueno y cállate hasta que te preguntemos… Silvia… Ven a ver a este.
Silvia se abrió paso entre el  grupo y entonces miró al rehén. –Si. Le conozco. Solo lo vi una vez, ya hace, pero estoy segura de que es el. Estaba en un grupo de cazadores. Aunque no era el de los cuervos.
—Tú eres… Si. Tu eres la putita de A.J ¿Ya te dejaron salir de tu zulo?...— Johana volvió a golpearle. Esta vez con más fuerza.
—Por favor yogurin. Se amable o la próxima vez te haré un piercing en la picha. ¿Sabes como se hace? Cojo un hierro y te la voy atravesando poco a poco. Antes lo hacía en un local, pero he perdido algo de práctica. A lo mejor se me va un poco la mano. No puedo garantizarte que no te duela— Johana miró al resto. –Aquí fuera hace un frio que pela. Llevémoslo a dentro y ahí le sacaremos información. Vamos, levántate— Johana obligó a levantarse al rehén y lo llevaron al interior del hospital. Una vez dentro llamaron a la doctora para que lo curara. Cuando la doctora vio al rehén, se quedó mirando al resto.
—¿Qué es esto?—  preguntó la doctora arrodillándose frente al rehén para examinarle la pierna herida.
—Díganoslo usted doctora. Han entrado dos más como el a los que hemos matado. Lo que me lleva a preguntarme. ¿Por qué no hay vigilancia para impedir estas cosas?— preguntó Johana. –La vigilancia constante en estos tiempos s algo necesario. Aquí hay niños.
—Prometieron que no volverían— dijo en ese momento la doctora.
Eva en ese momento miró a la doctora. —¿Qué prometieron? ¿Y no nos había dicho nada? Esta gente va tras nosotros… ¿Y usted nos oculta que ya habían tenido contacto con ellos? Incluso una especie de trato de no agresión.
—Por favor doctora— dijo en ese momento el rehén. –Déjenme ir. Si me dejan ir, juro que los demás no vendrán a por ustedes. Ni siquiera a por  ellos.
—¿Encima  la conoce?— preguntó Eva todavía más escandalizada.
—La bala te atravesó la pierna. Tengo que curarte… Y no puedo dejar que te vayas. No me fio de tu palabra. Ya habéis faltado a ella viniendo hasta aquí. No pienso arriesgarme.
—Juro que no, no volveremos, pero déjeme ir— dijo  el rehén suplicando entre lagrimas. –Ellos confían en mí y tienen muy en cuenta mi opinión. Si yo les digo que  no vengan, no vendrán. De lo contrario, si me retienen, vendrán a buscarme y ellos no tendrán compasión. Les matarán a todos.
—Deberíamos soltarle— dijo en ese momento Eva. –No podemos arriesgarnos. Si el se queda aquí vendrán a por el. Aun estamos a tiempo. Cúrelo y libérelo.
—Ya no puedo hacer eso. Si lo suelto es cuando vendrán— respondió la doctora. –Ahora mismo estoy pensando en lo mejor para los míos.
—Y yo también. Tenemos niños aquí. Si el queda libre nos libramos de represalias, pero si lo mantenemos retenido… Es lo que haría Juanma. No ponernos en peligro.
—Juanma ya nos puso en peligro en el hotel al no entregarte a ti— dijo Mike mirando a Eva. Si el no vuelve, pensarán que está muerto y no vendrán, al menos no enseguida, pero si lo dejamos ir, vendrán todos.
—Pero Juanma…
—Juanma no está aquí, ni para decidir… Ni para cagarla— respondió Mike.
—Se quede aquí o lo dejemos ir no cambiará nada— dijo en ese momento Silvia. –Esa gente son cazadores. Todo buen cazador termina cazando a la presa. Hagamos lo que hagamos con el. Ellos terminarán viniendo a por  nosotros, pero retenerle aquí nos da tiempo.
—No  sabéis lo que estáis haciendo. Estáis cometiendo un error— dijo el rehén.
—Tal vez— en ese momento Johana comenzó a mirar a todos. –Escuchad. No sabemos si hay más de los suyos fuera del hospital. Y sinceramente me suda el coño eso, pero aun así. Quiero a gente  en las ventanas en cada planta. Mirando en todas las direcciones.
—¿Qué estás diciendo? No vais a convertir mi hospital en una fortaleza— dijo la doctora Green. –Esto es de locos.
—No tiene  muchas opciones doctora. Tanto retenerlo como soltarlo no pinta nada bien para nosotros. Para ninguno. Venga, no tenemos tiempo que perder.
Todos comenzaron a moverse y a prepararse. Johana fue hasta donde guardaban las armas. Abrió la puerta de una patada y enseguida comenzó a cargar armas en un carro para la ropa sucia. Salió del cuarto y comenzó a repartir armas a unos y a otros.
—¿Para que es esto?— preguntó un celador sosteniendo un rifle de asalto entre las manos.
—Para que te hagas un hombre, nene— respondió Johana.
—Pero yo no se disparar— respondió el celador.
Johana se paró, se dio la vuelta. Le quitó el arma al celador,  apuntó a una lata que había en un banco y disparó. Entonces, la lata salió despedida hacia arriba, cayó al suelo y rodó. –No es tan difícil. Échale huevos, apunta y dispara. No hay más. Dispones de unas veinticuatro horas como mucho para aprender.
—¿Qué está pasando?— preguntó el celador.
—Que somos una presa que no se lo va a poner tan fácil al cazador— respondió Johana sin darse la vuelta.
*****
Tras curar al herido, la doctora regresó a su despacho y Eva la siguió. Eva estaba muy enfadada por el hecho de que la doctora no hubiese dicho nada sobre que conocía a los cazadores y que tenían una especie de trato.
—¿Qué quieres Eva?— preguntó la doctora.
—Una explicación— respondió Eva. —¿No se da cuenta de que esto nos pone en peligro a todos? Puede que ese chico diga la verdad. Reteniéndolo, solo conseguimos que vengan de cualquier modo.
—Ya has oído a Silvia, tu compañera. Ella sabe de lo que habla. Son cazadores y vosotros sois la presa. Si lo dejo libre, vendrán antes. Mientras se quede, tardarán en venir. Es eso lo que tenemos que aprovechar, tiempo más que suficiente para que tu y los tuyos os vayáis. Es a vosotros a quienes persiguen— respondió entonces la doctora.
—Pensé que iba a dejar que nos quedáramos— dijo Eva.
—Eso fue antes de que metierais la pata y nos pusierais en peligro. Ahora si eres tan amable, déjame a solas para que termine de tomar una decisión.
—Pero tenemos niños— replicó Eva.
—Lo se, pero ellos estarán a salvo aquí. Los niños no les interesan. No me es fácil hacer esto, pero ahora mismo, tu grupo y tú tenéis dos opciones. Iros por las buenas sin armar mucho ruido… O ser consecuentes y entregaros vosotros mismos. Piénsalo, ahora déjame a solas.
Eva salió dando zancadas y al salir por la puerta se  encontró con el doctor López. Aunque no le prestó ninguna atención.
—¿Qué le ocurre?
—Le he dicho que o se van o se entregan. Dejando aquí a los niños— respondió la doctora Green.
—No se irán de aquí sin los niños. Sabes que no cederán y que habrá problemas.

—Ya lo se. Hay que buscar la manera de ponerse en contacto con los cuervos antes de que vengan. Hay que ponerles al corriente de la situación. Mi idea es que se los lleven de aquí, por que precisamente no se irán de aquí por las buenas. Aunque no te lo creas, me importan esos niños, creo que no están seguros con ellos.

sábado, 4 de marzo de 2017

NECROWORLD Capitulo 147

Día 9 de Noviembre de 2010
Día 864 del Apocalipsis
15:00 de la tarde…

—¿Esto será necesario?— preguntó Eva al mismo tiempo que se sentaba en el sillón de una sala. Era un lugar espacioso y había estanterías repletas de libros. Mientras, la doctora Green terminaba de instalar la cámara de video. —¿Por qué grabarlo?
—Para analizarlo después con detenimiento. Entiéndelo, se  os ve buena gente, pero todo aquel que anda por ahí fuera parece buena persona hasta que demuestra tener un corazón negro como el carbón. No es nada personal, es solo por precaución. Ahora, si no es mucho pedir. Cuéntame todo sobre vosotros.
—No tenemos claro que vayamos a quedarnos aquí mucho tiempo. Solo vinimos por que la niña estaba mal. Cuando se recupere, probablemente sigamos nuestro camino— respondió Eva.
—Tengo entendido que hay tres personas de vuestro grupo a las que estáis buscando— dijo la doctora Green.
—En realidad son cuatro. Uno iba con nosotros y tuvo que irse a hacer algo. No regresó aun. Los demás… Uno de ellos es mi marido. Nos han pasado demasiadas cosas doctora… Solo quiero a mi marido de vuelta. Se que sigue vivo en algún lugar ahí fuera. El es alguien fuerte.
—Ahora mismo. Mis chicos están preparándose para salir en una expedición junto a varios de tus compañeros. No te preocupes. Ahora por favor. Cuéntame sobre vosotros.
Eva comenzó a contarle toda la historia.
*****
Keity abrió una puerta con una llave y Juan pasó a dentro. Cuando entraron, Keity se dio cuenta de que parecía que alguien había entrado antes que ellos, pero no le dio importancia. Quizás había sido alguno de los suyos.
Dentro de aquella habitación había varios fusiles de asalto, munición y granadas. Este se acercó y cogió un fusil para probarlo. Entonces miró a Keity. –Vais bien servidos. ¿Todo esto lo habéis conseguido vosotros?
—Más o menos. Fue lo poco que pudimos recuperar del campamento antes de que fuera arrasado por los caminantes. Solo sobrevivimos nosotros cinco… Bueno… Sin contar con los que desertaron antes. El ser humano suele huir cuando las cosas se complican mucho.
—Vosotros no os fuisteis— dijo Juan mientras apuntaba con uno de los fusiles. –De hecho acabasteis aquí protegiendo a enfermos y ancianos. Eso no lo hace cualquiera. Nadie quiere llevar lastre… Y menos ahora.
—Me hice militar para proteger a los que lo necesitaban. Eso incluía también el apocalipsis. Jamás abandonaría a estas personas. Pase lo que pase, esté donde esté, siempre me preocuparé por ellos.
—Me gusta esa forma de pensar. No hay muchos que actualmente piensen así. De hecho se os ve cabales. No nos cosisteis a balazos cuando nos visteis.
—Ya os lo expliqué. En un principio pensamos que erais otro grupo de cazadores. Hay muchos por ahí. Estos bosques son territorio de al menos tres grupos. Creímos que erais uno de ellos, pero entonces al ver a la niña lo descartamos. Ellos no llevan niños ni viejos.  Menos de dieciocho y más de sesenta, ya es lastre para ellos. Una vez vimos como un grupo abandonaba a un hombre ya mayor. Un hombre que por cierto está aquí. Esos mal nacidos le hicieron una encerrona y lo llevaron al bosque. Allí le rompieron las piernas para que no les siguiera… Y no quieras saber lo que  hacen con los bebés de sus mujeres cuando quedan embarazadas.
—Los venden o los matan— respondió Juan.
—Correcto— afirmó Keity. —¿Cómo lo has sabido?
—Silvia. Una de las chicas de nuestro grupo. Esa rubia que tiene una niña de casi un año. Ella pertenecía a un grupo de esos. Como no quería hacer lo que ellos hacían, pues tomaron represalias, la encerraron y sus compañeros se fueron turnando para violarla. Ella acabó quedándose embarazada, entonces, el cabrón de su novio y que también era el líder de esos anormales. Cogió a la cría y se fue a Las Vegas a venderla. Luego el muy hijo de puta dijo que la niña estaba muerta.
—Pero no lo estaba…— dijo Keity
—No lo estaba. Antes de acabar con esos desgraciados. El mamón del novio confesó que la niña vivía y donde estaba. Así que Silvia y otros miembros de nuestro grupo fueron hacia allí. Todos los acontecimientos que vinieron después nos han traído hasta aquí.
—Entiendo— respondió Keity.
—Bueno. Yo ya estoy listo. ¿Nos vamos?— preguntó Juan terminando de cargar un carrito.
Keity y Juan salieron de la sala y ella cerró de nuevo la  sala con llave. Fueron hasta el hall y allí se encontraron con el resto.
Estaban los demás militares, más David, Yuriko y Katrina. Juan se acercó a ellos y comenzó a repartir los fusiles de asalto que había cogido.
—Keity… ¿Esto no quedará muy desprotegido si vamos los cinco? Podría venir un grupo durante nuestra ausencia y…— dijo Marta, pero entonces Yuriko la interrumpió.
—No te preocupes. Se quedan de los nuestros. Ellos se encargaran de proteger a los vuestros.
—Además. Vosotros os conocéis la zona. Es mejor que venga más de uno de vosotros por si decidiéramos separarnos para cubrir más terreno. La idea es volver sobre nuestros pasos. Quizás tengamos que regresar al hotel— explicó Juan.
—¿Vivíais en un hotel?— preguntó Glenn.
—Cerca de Macon. Si— respondió Katrina.
—Muy bien chicos. Como supongo que ya habéis terminado de confraternizar, es hora de ponernos en marcha. Andando— dijo Keity. Entonces miró a Juan. –Espero que no te moleste que sea yo quien esté al mando. Si tienes algo que decir… Este es el momento.
—No. Nada— respondió Juan.
En ese momento, Keity sacó un mapa y lo puso sobre la mesa. –Muy bien chicos. Esto va dirigido a los míos.  Esto va a ser como nuestras  otras incursiones. Ya sabéis lo que toca.
—Territorio hostil— dijo Marta.
—Así es. Es probable que no traten de atacarnos. Hace tiempo que no se acercan al hospital, pero eso no quiere decir que no sigan por esta zona. Así que quiero que tengáis los ojos bien abiertos. La idea es llegar hasta Juliette. Una vez allí nos dividiríamos en cuatro grupos. ¿Lleváis los walkie talkie?— los militares se los enseñaron y Keity siguió hablando. –Si nos separamos, será en alrededores de Juliette.
En ese momento escucharon lo que parecían disparos. Todos se quedaron mirando. En ese momento, Keity se quitó el fusil del hombro, le quitó el seguro y comenzó a correr. Juan y los otros la siguieron hasta que llegaron a un ascensor. Allí vieron unas cuerdas que se descolgaban por el interior de este.
—¿Nos atacan?— preguntó Dingan.
—No. No creo— respondió Keity.
Justo en ese momento. Más disparos se escucharon en la parte de abajo. Estos venían de la planta baja. De repente apareció el doctor Lopez, el cual, no pareció sorprenderse y Keity lo miró.
—¿Tu sabes algo de esto?
—Dijeron que tratarían de no hacer mucho ruido— respondió el doctor ajustándose las gafas.
El ruido de los disparos hizo que varios curiosos aparecieran en el pasillo. Mientras, desde la planta baja seguían llegando disparos. Keity entonces se acercó al doctor y lo empujó contra la pared.
—¿Quién está ahí abajo? Quiero saber quien es el  gilipollas que está ahí abajo cazando caminantes como si eso fuera un puto coto de caza. Sabéis de sobra que el ruido atrae a más— en ese momento, el doctor López miró a Juan. Fue en ese momento cuando Keity se dio cuenta de lo que pasaba.
—Dejé bajar a dos de su grupo. Dijeron que iban a despejar la planta baja y el garaje— respondió el doctor.
—Eso debería haberlo autorizado yo. He dicho mil veces que me ocuparía de eso.
—Necesitamos la planta baja y los jardines.  Estas personas necesitan sentir el viento. Con esos seres ahí abajo no podíamos bajar— replicó el doctor.
Hacía rato que no se escuchaban disparos cuando vieron que la cuerda comenzaba a moverse. Pocos minutos después, Mike y Johana aparecieron por la puerta del ascensor. Cuando vieron a todos los que estaban allí reunidos, se los quedaron mirando.
—¿Qué cojones estabais haciendo ahí abajo además de montar un jaleo de cojones?— preguntó Keity acercándose a ellos. Entonces se plantó ante Johana y le apuntó con el dedo. —¿Quiénes os creéis que sois?
—Relájate tía. No es para tanto. Hemos despejado la planta baja de caminantes. Y hemos acabado con los pocos que había en el parking. Deberías darnos las gracias por hacer en unos minutos lo que no habéis hecho en meses— respondió Johana al tiempo que apartaba el dedo de Keity de su cara.
Keity iba a decir algo, pero Juan se le adelantó y se le puso delante. –Entiendo que eres tu quien está al mando aquí. Y entiendo tu cabreo, pero ahora no hay tiempo para esto. Tenemos que salir.
Keity miró a Juan y después al resto. –Muy bien. Vámonos.
Todos comenzaron a caminar por el pasillo. Todos salvo Juan. Este se dio la vuelta, miró a Johana con un gesto de desaprobación y luego miró a Mike. –Ya hablaremos cuando regresemos.
Juan y todos los demás bajaron a la segunda planta y allí salieron por la ventana que habían entrado cuando llegaron. Caminaron por encima del camión y saltaron al suelo. Una vez allí vieron que Mike y Johana se habían encargado de solucionar también lo de la valla. La habían reparado en su totalidad. Dingan lo vio y le dirigió una mirada a Keity.
—Puede que hayan ido a su bola, pero hay que reconocer que han hecho un buen trabajo.
—Cállate— respondió Keity. Era evidente que estaba de mal humor desde antes de los disparos y lo  ocurrido solo la había hecho cabrearse más.
Caminaron por la plaza hasta que llegaron a las tiendas de lona. Allí nuevamente vieron a los monos que habían visto cuando llegaron. Los animales se los quedaron mirando cuando los vieron acercarse. Uno de los monos se fue acercando hasta que se plantó a pocos metros de ellos. Gleen se acercó a el con tranquilidad. Se sacó una bolsa de la mochila y la dejó en el suelo. Juan pudo observar que dentro de la  bolsa había fruta troceada. En pocos segundos, Glenn se alejó y los monos comenzaron a comer.
—¿Qué se trae tu amigo con los monos?
—Les da de comer— respondió Keity. –Por eso no se van y siguen por aquí. Les dije que no lo hiciera, pero aquí todo el mundo pasa de mi cuando tiene oportunidad.
Siguieron avanzando, volviendo sobre sus pasos. Llegaron al puente y allí vieron a los cuerpos colgados. Keity evitó mirarlos. Algo de lo que Juan se percató.
—¿Los conocías?— preguntó Juan.
—Algo así— respondió Keity.
Al ver que no parecía abrirse mucho. Juan se acercó a ella y se adelantaron un poco con respecto a los demás. –Escucha. Si vamos a cooperar. Creo que deberíamos… No se. Intentar conocernos más. Charlar y hablar de nosotros.
—Escucha. Esto es una expedición para buscar a unos miembros de vuestro grupo que quizás estén muertos. Eso implica salir al exterior. Algo que no me hace especialmente feliz. Cada salida como esta, deja el hospital desprotegido. Eso sin contar que prefiero no hacerme amiga de nadie. Cuando te haces amiga de alguien, siempre pasa algo que hace que esa amistad, por pequeña que sea, se vaya a la mierda. En este caso, es la muerte ese algo que pasa. Ahora, si no te importa. Sigamos nuestro camino.
Juan se quedó atrás y se reunió con David. Este miró a Juan. —¿Qué opinas de nuestros nuevos amigos?
—Tú por si acaso no bajes la guardia. La que manda parece buena tía. Volátil, pero  buena tía. Los demás no parece que sean una amenaza. Oculta algo. Parece que conoce a los tres tíos que cuelgan  del puente como adornos de navidad. Mantente con los ojos bien abiertos.
—Lo pillo. No te preocupes— contestó David. –Tendré los cinco sentidos en alerta. Pero… ¿Qué hacemos si pretendiesen jodernos?
—Dejarles claro que no deben— respondió Juan. Entonces hizo un gesto con la cabeza señalando a Keity. –Esa tía me cae bien. Me tocaría mucho las pelotas tener que matarla.

Hospital Privado JFK
16:00 horas de la tarde…

—¿A cuantas personas habéis matado tú y los tuyos?— preguntó la doctora Green. Eso hizo que Eva mirara a la cámara.
—¿Sabe como es el mundo ahí fuera? Siempre hay que matar a alguien. Por que siempre hay alguien que quiere quitarte lo que tienes, violarte si eres mujer o simplemente matarte por que si. O cazarte para venderte, pero eso ya lo sabe.
—Se como es el mundo ahí fuera, pero no es eso lo que te he preguntado. Lo que te he preguntado es…
Eva la interrumpió. –Hemos tenido que matar a muchos. Es imposible llevar la cuenta, pero siempre ha sido algo justificado. Siempre ha sido a gente que ha intentado hacernos daño. Nunca ha sido por diversión.
—Otra pregunta— dijo en ese momento la doctora Green. —¿Esos bebés son tuyos?
—¿Qué pregunta es esa?— preguntó Eva. Se quedó unos segundos en silencio y finalmente respondió. –Si. Son hijos míos… Pero no entiendo la pregunta. Ni lo relevante que pueda ser en esta entrevista o lo que sea.
—Verás Eva— dijo la doctora levantándose y apagando la cámara. –Mis preguntas son relevantes por que en este hospital hay gente muy importante para mí. Debo protegerlos, y eso implica conocer hasta en el más mínimo detalle a las personas que vienen aquí. Voy a ser sincera contigo. Me parecéis buenas personas, tu y tu gente. Aunque algunos de ellos, como el padre de esa niña a la que estoy atendiendo… Creo que puede ser de ese tipo de personas que suelen traer problemas. No quisiera que ese hombre…
—Mike…— interrumpió  Eva.
—Mike— respondió la doctora. –No quisiera que ese hombre pusiera en peligro aquello en lo que tanto esfuerzo hemos puesto. Esto no lo hemos creado de la noche a la mañana. No quiero que por culpa de ese hombre tengáis que iros y volver a poner la vida de esos niños en peligro. Los niños son nuestro futuro.
—¿Tiene hijos doctora?— preguntó en ese momento Eva. Pregunta que cogió a la doctora totalmente por sorpresa. Al no responder, Eva insistió. —¿Tiene hijos?
—No— respondió tajantemente la doctora. Hizo una pausa y miró a Eva. –Se acabó la entrevista. Regresa  con tus compañeros y comed algo. Algunos de los enfermeros han preparado algo para que comáis. No es gran cosa, pero os servirá para reponer fuerzas.
Eva salió del despachó y comenzó a caminar por el pasillo. Pasó por delante de una puerta abierta. Allí dentro estaba Beth tumbada en una cama y Mike estaba junto a ella. Estaba contándole algo. Al lado de la cama estaba Jeremy sentado en un sillón leyendo un libro.
Cuando Mike vio a Eva, se levantó de la cama y fue a cerrarle la puerta. Eva se quedó muy parada por la reacción de Mike. Pensó en que podría abrir y entrar para hablar con el, pero pensó que quizás no valía la pena, lo mejor era dejarlo pasar.
Eva regresó al hall  y allí se encontró a Silvia dándole el biberón a su hija. Cuando la vio llegar. Silvia señaló dos biberones más. –Son para los tuyos.
—Gracias— respondió Eva caminando hacia las cunas donde estaban sus hijos. Allí estaba Vicky también. Entonces le pidió que le ayudara a darles el biberón.
—¿Cómo te fue con la doctora?— preguntó Silvia.
—Me estuvo haciendo preguntas mientras me grababa en video. Eso es algo que no me esperaba. No parece peligrosa, pero las apariencias engañan. Andémonos con ojo mientras estemos aquí ¿De acuerdo?
—Tranquila. Dormiré con un ojo abierto si es necesario. ¿Y Mike? Últimamente lo noto como muy distante con el grupo. Muy desagradable a veces— preguntó Silvia.
—Perdió a su mujer y podría haber perdido a su hija. Se le pasará. El es buen hombre. Supongo que será cuestión de unos días. Dice que quiere irse, pero no creo que lo haga. Con nosotros está seguro.
—Eso espero. Llevamos poco tiempo aquí, pero creo que podríamos que darnos. Tenemos mucho más espacio que en el hotel— respondió Silvia.
—Solo faltan Juanma, Luci y Mélanie. Cuando ellos estén con nosotros todo será perfecto. Espero que estén bien… ¿Qué demonios? Seguro que están bien. Juanma estará con ellas y estarán protegiéndose los unos a los otros. Tengo fe en ello. Confío plenamente en mi marido.
*****
La doctora Green seguía en su despacho. Ya hacía rato que se había quedado sola. Abrió entonces un cajón del escritorio y sacó una foto, la cual se quedó mirando. Las lágrimas no tardaron en brotar. Ella no quería llorar, pero no pudo evitarlo. En ese momento, alguien llamó a la puerta. Ella guardó la foto rápidamente y se secó las lágrimas.
—Adelante— dijo la doctora. Entonces fue López quien entró.
—Soy yo. No te preocupes. Vengo a decirte que tenemos despejadas la planta baja y el parking. Podríamos tenerlas operativas en poco tiempo.
—¿Quién las despejó? ¿Nuestros chicos?— preguntó la doctora.
—No… Ellos… Ellos salieron en una expedición acompañando a algunos miembros de su grupo. Los que han despejado la planta baja han sido ese hombre grande y negro, el padre de la niña ingresada y esa otra chica. Johana creo que se llama.
—Entiendo— respondió la doctora. –Les felicitaré por el trabajo. Lo haré más tarde, pero no has venido a verme solo por eso. ¿Verdad? Adelante.  Te escucho.
El doctor López comenzó a sentirse incomodo en ese momento. Se quitó las gafas y las dejó sobre el escritorio. –Los cuervos negros están persiguiendo a esas personas. Ya sabes lo implacables que son. Si los persiguen… Vendrán a por nosotros. Ya sabes lo que nos costó que nos dejaran en paz. No quiero que vuelvan a por nosotros.
—¿Estás sugiriendo que los echemos de aquí? ¿Echarlos para que no nos hagan daño a nosotros? ¿En que nos convertiría eso?
—En personas vivas— respondió López –Escucha. No quisiera hacerlo, pero tienen que irse. Si no les echas tú, tendré que hacerlo yo.
Bosque…
19:45 horas de la noche…

Habían estado horas caminando y era momento de pararse a descansar. David fue el primero en detenerse. –Descansaremos aquí.
La zona era muy similar a un pantano. Los arboles allí eran bastante altos y algunos incluso, estaban tocando  el agua con las ramas.
—No. Aquí no— dijo en ese momento Keity.
—¿Por qué no?— preguntó David.
Keity señaló en ese momento hacia arriba y todos alzaron la vista. A unos metros sobre ellos, había esqueletos humanos colgando de los arboles. Los huesos estaban totalmente limpios.
—¿Qué coño es eso?— preguntó Katrina.
—Es territorio de un grupo de cazadores— respondió Marta.
—Pero no son los que os han estado persiguiendo— añadió Keity. –Estos son otros. Lo que menos necesitamos es tener a otro grupo cazándonos en estos momentos. Sigamos. Conozco un sitio mejor. Ahí descansaremos y comeremos algo. Quizás podamos dormir algo antes de proseguir nuestro camino.
El grupo siguió caminando hasta que llegaron a una zona donde el nivel del agua era más bajo. A su alrededor había restos de vehículos semi hundidos en el barro.
—¿Qué es este lugar?—preguntó Yuriko.
—Era un campamento— respondió Keity. –Fueron atacados y este fue el resultado.
En ese momento escucharon un ruido y todos se alarmaron. Prepararon sus armas y comenzaron a apuntar en todas las direcciones.
—Tranquilos. No pasa nada— dijo Dingan. –Es eso de ahí lo que hace ruido— Dingan enfocó con su linterna y vieron una zona llena de agua. En ella y fuera, había varios caminantes. Unos estaban de pie con los pies hundidos en el barro. Otros estaban casi enterrados.
—Debe haber unas dos docenas de ellos. ¿Quién ha hecho esto?— preguntó Yuriko observándolos.
—Los cazadores suelen tirar a sus muertos aquí. Estos de los huesos… No suelen matar a los que se convierten. Cada grupo tiene sus reglas y su forma de vida. Unos cazan para comerse a otros, otros cazadores cazan para vender a las personas a otros grupos. Algunos incluso hacen trueques entre ellos. La mayoría son grupos nómadas, pero siempre suelen volver a sus territorios. Por eso tenemos que movernos rápido y salir de este territorio— dijo Boggs mirándolos a todos.
—¿Qué significaban entonces los huesos?— preguntó David.
—¿Tu que crees?— preguntó Boggs. –Este territorio es de esos que cazan a otros para comer. Estos se hacen llamar los carnívoros. Su distintivo es un collar de dientes humanos que llevan. Si hubieseis visto de cerca esos esqueletos. Habríais visto que no tienen dientes.
—Por aquí— señaló Keity.
El grupo pasó por un túnel de piedra al que accedieron al llegar a un camino. Cruzaron el túnel rápidamente y salieron de nuevo al camino. Allí Keity ordenó el alto y se acercó a un árbol. Allí encontraron un árbol de tronco grueso y hueco. Cuando Juan y los otros lo  vieron, se quedaron sorprendidos.
—Es un árbol artificial. Esta zona fue durante mucho tiempo un campo de maniobras. Esta zona esta llena de arboles como este. Id pasando y subiendo por las escaleras. Hacedlo de uno en uno— dijo Keity.
Todos comenzaron a subir. El ante penúltimo fue David, mientras este subía, fueron Juan y Keity los que se quedaron solos esperando su turno.
—Esos tres que estaban colgados… Eran compañeros míos. Estaban en el hospital con nosotros. Fue cuando los cuervos negros nos atacaron,  querían llevarse ancianos. No se para que. Nos dieron la oportunidad de rendirnos, era o unirnos a ellos como compañeros o entregarnos para ser vendidos.
—¿Solo a los militares?— preguntó Juan.
—También a los médicos. Todo el mundo necesita médicos en este mundo. Es algo muy buscado y codiciado. Decir que eres medico puede salvarte la vida en estos momentos— respondió Keity. –Esos tres quisieron unirse, pero no les bastó  con eso. Quisieron llevarse a Marta. Yo no se lo permití y los maté con mis propias manos. Los colgué ahí para advertir a los cazadores lo que les esperaba— Keity hizo una pausa y miró a Juan. –Te toca.
Juan comenzó a subir por la escalera que había dentro del tronco. Finalmente, llegó hasta la parte más alta. Allí había unas plataformas ocultas al ojo humano desde el suelo. De hecho, no podía verla nadie. Keity subió por fin y cerró la trampilla.
—¿No nos verán?— preguntó Katrina.
—Estamos en la parte más alta del árbol. Nadie nos vería desde el suelo. Aquí estaremos seguros. Ahora comamos y durmamos un poco. Tendremos que  seguir nuestro camino más tarde.
Todos cenaron y después de cenar, estuvieron hablando en voz baja. Boggs estaba junto a Marta y ambos hablaban animadamente. Entonces Boggs sacó una libreta y se la pasó a David.
—¿Qué es esto?— preguntó David.
—Es una libreta donde tengo dibujados los distintos distintivos de los grupos de cazadores. Échale un vistazo. Hay también apuntes con sus modos de vida y sus actividades— respondió Boggs.
David y Yuriko comenzaron a observar los dibujos. En la libreta vieron el cuervo con las alas abiertas, también vieron el collar de dientes humanos y no pudieron evitar ver el dibujo del tatuaje de Silvia. Aunque el que más les llamó la atención, fue un dibujo que recordaba un poco a una esvástica nazi, la diferencia con esta era que en cada punta había un símbolo extraño que recordaba a estrellas.
—¿Este cual es?— preguntó David señalando el dibujo.
Boggs dejó de hablar con Marta y miró el dibujo. –No lo se. Solo lo vi una vez. Estaba en un cadáver. Se lo habían grabado en la espalda con un cuchillo. No se sabe mucho más. Se que son cazadores, pero no se donde operan ni por donde se mueven.
—Bueno— dijo David –Solo espero no tener que encontrarme con todos.

Día 10 de Noviembre de 2010
Día 865 del Apocalipsis…
00:34 de la madrugada…

Casi todo el grupo estaba dormido cuando  Marta escuchó un ruido. El cual, venía de abajo. Eran voces, risas y discusiones. Marta comenzó a despertar al resto y todos se quedaron escuchando. Con cuidado, David y Juan se asomaron un poco por encima de la barandilla y miraron al suelo. Fue en ese momento cuando vieron varios haces de luz que provenían de unas linternas. Había al menos una docena, y por las voces, muchos eran hombres. Estos estaban conversando.
—Me cago en el  puto Ross. Estoy harto de que tengamos que ser nosotros los que hagamos el trabajo sucio. Estos bosques están llenos de podridos y nuestra munición es escasa. Si ahora nos rodease un grupo estaríamos jodidos. Además, por si fuera poco, estamos cerca del territorio de los carnívoros. No quisiera ser su menú de mañana.
—Deja de quejarte. Eres un puto quejica. Todo el santo día igual. Te juro que como sigas así. Cuando encontremos a esos tres y me haga con la katana de esa tía, te cortaré los huevos con ella. Así que cállate de una puta vez— respondió una de las voces. Al escuchar eso, David y Juan se quedaron mirando.
—Ese grupito cayó por la catarata. Una de ellos está herida por que el cabrón ese le disparó por venganza. Se honesto… ¿Quién coño sobrevive a eso? Ross está haciéndonos buscar a unos muertos.
—Nadie está muerto hasta que su cuerpo nos diga lo contrario. Ahora sigue caminando y cállate.
Juan rápidamente se dirigió a Keity. –Rápido. Tienes que decirme donde está esa catarata de la que hablan. Juanma, Luci y Mél pueden estar en problemas.