Bienvenido

Si eres nuevo o eres seguidor de este blog, te interesará saber que además de este hay otros blogs míos. Las direcciones están debajo de este texto. En ellos encontrarás desde una corrección de esta historia. A un blog de vídeos y noticias que engloban a todos los blogs que me pertenecen. Tambien puedes acceder al blog dedicado al futuro cómic basado en la historia.

sábado, 28 de enero de 2017

NECROWORLD Capitulo 142

Día 7 de Noviembre de 2010
Día 862 del Apocalipsis
9.00 de la mañana en medio del bosque…

El grupo de la mansión Crawford encabezado por Eva había tenido que marcharse de la mansión a toda velocidad cuando una horda de caminantes  había aparecido de la nada. Todo aquello había ocurrido después de que todos, salvo Juanma, Luci y Mélanie, ellos seguían desaparecidos. Eso había provocado que el grupo se dividiera, y eso era un problema, faltaban varios de ellos y nadie sabía donde podrían estar.
Solos, sin comida y sin vehículos, Eva y otros se encontraban en medio del bosque lejos de Gray.
Juan y otros eran los que se encargaban de vigilar el improvisado campamento. Eva caminó observando a todos los del campamento. Jeremy, Beth, Cindy, Christian y Vicky estaban con Stephanie, Alicia y Nina. También se estaban ocupando de sus bebés. Mike, Juan, Johana, Katrina, David y Levine estaban vigilando para dar la voz de alarma si ocurría algo. Los dos científicos estaban sentados en un rincón, apartados de los demás, no eran de los que se relacionaban mucho con el resto. Silvia no había soltado a su hija todavía. Eva entendía muy bien aquello, esa era la primera vez que la veía después de mucho tiempo y darla por muerta. Siguió caminando y entonces vio a Yuriko junto a Sheila. La joven medico era la que más le preocupaba. Ella había visto morir a Rachel de forma cruel. Se acercó a ellas y se puso en cuclillas delante de Sheila.
—Sheila. Escucha— comenzó a decir Eva. Sheila la miró, entonces, Eva puedo ver que sus ojos estaban rojos y todavía llenos de lagrimas. No alcanzo a entender lo que estás pasando. Has vivido algo traumático y que nadie merece pasar, pero tienes que pensar ahora en ti. Rachel no querría verte así. Hazlo por ella. 
—Ella ya no está— respondió Sheila.  —La vi morir. Carlos la mató a sangre fría. Ese maldito monstruo… Y Juanma… No hizo nada. Dejó que ocurriera.
Eva no sabía que decir. Era cierto que Juanma había estado presente y que si hubiese disparado a Carlos en ese momento, quizás habría salvado la vida de Rachel. De hecho, Eva se podía imaginar el infierno que estaría pasando Juanma estuviese donde estuviese. Eva dejó a Sheila con Yuriko  y se fue a hablar  con el resto. Iban a tener que moverse.
Eva caminó hacia Silvia y se agachó para mirar a la pequeña. —Luci la llamó Lucia, no se si es el nombre que tu tenías pensado pero…
—Lucia está bien. No voy a cambiárselo… Y menos después de todo lo que ha hecho esa chica. Ella fue quien ha mantenido a mi hija con vida. Le debo mucho. Cuando la pueda ver se lo agradeceré. Eso es si es que sigue viva. ¿Se sabe algo de ellos?
Eva negó con la cabeza. —Nada. Juan y los otros están vigilando, pero no parece que haya nada ni nadie por  aquí cerca. En breves nos pondremos en camino. Lo malo es que no tenemos vehículos y tendremos que hacer todo el camino a pie. Al menos tenemos armas, aunque no muchas. Sin ellas si que podríamos  decir que estaríamos perdidos.
—Fue extraño. ¿Verdad?— dijo en ese momento Silvia. —Me refiero a como aparecieron esos caminantes. Aparecieron de repente… Y había muchos. Lo extraño es que no hicimos ruido. Es como si  supieran que estábamos ahí. ¿Crees que podrían estar volviéndose inteligentes? Piénsalo bien. No sabemos nada de estos seres, ni siquiera donde tienen exactamente su origen. Se supone que es algo vírico, pero… ¿Y si fuera otra cosa?
—Prefiero  no pensar  en ello. La verdad— respondió Eva. —Me dan escalofríos.
Estuvieron un par de horas más allí parados y enseguida se prepararon para el viaje. Según Johana estaban cerca de Juliette. Un pequeño pueblo en el que podrían establecer una base de operaciones y comenzar desde allí las búsquedas de Juanma, Luci y Mélanie.
—Escuchad. Propongo una expedición— dijo en ese momento Levine. —Vais hacia Juliette ¿No? Pues seguid. Me reuniré con vosotros allí. Me gustaría investigar un poco la zona, ya que ese rebaño no era normal. Había algo raro en ellos. Estaban como dirigidos a nosotros. También quiero ver si encontramos al resto del grupo. Puede que aun estén por la zona ¿Alguien me acompaña?
—Yo iré contigo— dijo David caminando junto a Levine. Katrina también lo hizo. —¿También vas a venir?
—Si. Quiero encontrar a mí hermano.  El tiene que estar en algún lugar en estos bosques— respondió Katrina.
—Muy bien. Pues en marcha—dijo Levine.
Levine, David y Katrina se despidieron de los otros y se separaron del grupo yéndose en la dirección contraria.
*****
Hacía poco más de una hora que se habían separado los dos grupos y Levine iba a la cabeza del suyo. Algo obvio, ya que el era el único capaz del grupo de caminar entre los muertos. Cada vez que David lo pensaba se sentía afortunado de  contar con el, de hecho, era en gran parte gracias a el que habían logrado salir de la mansión con vida. Aunque se habían separado de un grupo que huyó en autobús. Podrían estar en cualquier sitio, también estaba el hecho de que desde que habían salido del hotel no habían vuelto a ver ni a Juanma ni a Luci ni a Mélanie.
—¿Qué opinas?— le preguntó David a Katrina. —¿Crees que les encontraremos?
—Seguro que si. No hace mucho que conocí a mi hermano, pero hace lo bastante como para darme cuenta de que es fuerte. Seguramente está vivo en algún lugar y con las chicas.
—¿Sabes? Aun no logro hacerme a la idea de que seas su hermana. Nunca me lo hubiese esperado…Y la situación en la que os conocisteis… Es como si fuese cosa del destino.
—Yo también lo creo— respondió Katrina. —Nunca me lo imaginé pese a saber que tenía hermanos en alguna parte del mundo. Lo único es que uno de ellos, resultó ser un cabrón. Un cabrón que encima me violó. Me hubiese gustado matarlo con mis propias manos. Temo estar embarazada. Ojala pudiera saberlo.
—Al menos el ya ha pagado por todo lo que hizo— respondió David.
—¿Cómo  lo sabes?— preguntó Katrina. —No hemos vuelto a ver a Juanma.
—Si Carlos siguiera vivo ya lo sabríamos. El no es de los que dejan pasar las cosas. La última vez que lo vi. Juanma y el estaban cara a cara. Juanma sabía muy bien lo que estaba en juego. Estaban en juego nuestras vidas. Lo único que me preocupa es que Juanma también pueda haber muerto.
En ese momento, Levine se detuvo y les hizo una señal para que se ocultaran. David y Katrina corrieron hacia unos arboles y comenzaron a trepar rápidamente. Levine también lo hizo y se subió en uno que estaba cerca del suyo. No tuvo que pasar mucho rato antes de que el rebaño de caminantes comenzara a cruzar. Había tantos que era muy difícil contarlos.
—Van hacia el campamento. Voy a intentar desviarlos un poco. Vosotros regresad y advertirles del peligro. Aquí hay algo que me huele bastante mal— dijo Levine a medida que bajaba del árbol y comenzaba a caminar entre ellos. Este llegó hasta uno de ellos, lo cogió del brazo y tiró de el. Enseguida comenzó a silbar y más caminantes comenzaron a seguirle. Eso provocó que absolutamente todos aquellos seres comenzaran a seguirle. Cuando ya se habían alejado lo suficiente. Katrina y David bajaron del árbol.
—Es alucinante el como los maneja. Parece un pastor. Si nosotros intentásemos algo así, no duraríamos ni dos pasos.
—Venga. Regresemos tal y como nos ha dicho. Puede que los nuestros ya estén en Juliette.
*****
Eva y el resto del grupo llegaron a un  cartel donde podía verse lo que faltaba para llegar a Juliette. Se dio la vuelta para mirar al grupo y vio el cansancio en la cara de muchos. Especialmente en la de los niños. Y el frio iba en aumento.
—Ya nos queda poco. Nada más lleguemos podremos descansar— dijo Eva intentando subir los ánimos. Justo en ese momento, la pequeña Beth comenzó a toser y Mike pareció preocuparse. —Venga, adelante. Ya nos queda poco.
Todos comenzaron a pasar por delante del cartel. Todos menos Eva. Esta se descolgó la mochila del hombro y buscó algo en el interior. Segundos después sacó un rotulador y comenzó a escribir en el cartel con letras grandes: “JUANMA,  ESTAMOS EN JULIETTE”… Eva.
El grupo de Eva siguió caminando hasta que divisaron las primeras casas del pueblo. Nada más verlas, los mejores en armas del grupo se adelantaron y comenzaron a inspeccionar la zona mientras el resto del grupo esperaba en un sitio seguro.
El pueblo tenía muros y todos parecía que estaban en pie.  Lo único era que las puertas principales estaban abiertas. Eso les daba garantías de que quizás, no hubiese No Muertos allí.
*****
Juan, Johana y Mike entraron en una de las casas, una que tenía tres pisos de altura. Lo hicieron con cautela y alerta. Aunque nada más entrar advirtieron que no había olores que indicaran la muerte en aquel lugar.
—Parece despejado— dijo Mike.
—Eso parece, pero no hay que confiarse. Que cada uno se ocupe de inspeccionar uno de los pisos. Adelante— dijo Juan avanzando por el pasillo que tenían delante mientras Johana y Mike subían por las escaleras.
Juan recorrió todas las habitaciones una por una con el fusil preparado. No le quedaba mucha munición, pero le bastaba y le sobraba para abatir a cualquier ser vivo o muerto que habitara esa casa. Cuando vio que no había nada, volvió a las escaleras y se encontró con Johana y Mike.
—Todo despejado en mi piso— dijo Mike.
—Y también en el mío— añadió Johana.
—Aquí todo está bien. Traigamos a los otros.
Juan, Johana y Mike regresaron con el resto del grupo y Eva salió a su encuentro. —¿Cómo os ha ido?
—El pueblo en si parece despejado, pero lo comprobaremos mejor. De momento hay una casa que podéis usar para descansar. Seguidme— dijo Juan.
Eva y el resto del grupo fueron llevados a la casa que Juan y los otros habían inspeccionado. Nada más entrar, cerraron la puerta principal y pusieron delante un mueble.
Eva observó la casa, era bastante grande. En ella podrían quedarse unas cuantas horas, incluso días. Lo malo era que no tenían comida para nadie. Ni siquiera para los bebés.
—Podéis acomodaros. Aquí descansaremos al menos durante unas horas. Aquí esperaremos el regreso de Levine, David y Katrina— dijo Eva mirando a todos los demás.
Definitivamente, era ella quien estaba al mando del grupo en ausencia de Juanma, se sentía que lo estaba haciendo bien, pero aun le preocupaba Sheila. La cual no hablaba con nadie y se pasaba la mayor parte del tiempo con la mirada perdida. La vio pasar por su lado y meterse dentro del salón. Allí se tumbó en uno de los sofás y se hizo un ovillo.
—Ella no está bien— dijo en ese momento Vicky acercándose a Eva. —Me preocupa.
—Y a mi, pero no podemos hacer nada salvo vigilarla. Depende únicamente de ella superarlo. Ha sufrido un duro golpe.
—Vi lo que escribiste en ese cartel. ¿Crees que lo verá?— preguntó Vicky.
—No lo se. Simplemente lo puse ahí con la esperanza de que si por casualidad pasaba por aquí. Supiese que donde estamos. Supongo que soy bastante optimista.
—Yo también lo soy— afirmó Vicky. Hizo una pausa y entonces miró a Eva. —Quería pedirte perdón por las cosas que te dije en la mansión cuando no me dejaste ir con Johana. Tenías razón. Yo solo habría estorbado más.
Eva sonrió. —Te lo prohibí a ti y luego yo hice exactamente lo mismo que no quise que tú hicieras. Creo que soy muy hipócrita.
—Tal vez si. Bueno, voy con Jeremy, Beth y Cindy— dijo Vicky.
Vicky se alejó de Eva y entonces, ella sintió que las cosas habían cambiado mucho. Ya no se sentía igual, era como si parte de la fortaleza de Juanma estuviera en esos momentos en ella y entonces se dio cuenta de la enorme responsabilidad que significaba proteger a todo el grupo. En ese mismo momento, se juró a si misma que no dejaría que les ocurriera nada, bajo ningún concepto, al fin y al cabo, ella era en parte responsable de estar en aquella situación.
*****
Juan, Mike y Johana dejaron de nuevo la casa para ir a inspeccionar las otras mientras los demás terminaban de instalarse. Llegaron a una que había cercana y entraron. Era una casa muy parecida a la que habían ocupado.
—Igual  que antes. Cada uno  a una planta— ordenó Juan mirando a sus dos compañeros.
Los tres se dividieron e inspeccionaron la casa. No encontraron nada. Salieron de la casa y fueron a la siguiente. Con idénticos resultados.
Las horas avanzaban y también lo hacían ellos avanzando manzanas del pueblo. Finalmente llegaron a lo que parecía el ayuntamiento.
—Se nos hará de noche en breve. El pueblo parece vacio. Inspeccionaremos este lugar y volveremos con los otros. Al menos pasaremos la noche tranquilos. Mañana al amanecer, terminaremos de inspeccionar el lugar, pero creo que este lugar es tranquilo.
Los tres entraron  dentro a través de una ventana rota. El interior del hall no era muy distinto a lo que habían visto hasta ahora. Había muebles por el suelo tirados y papeles por todas partes. Había un cuadro con la foto de una mujer, esta imagen llamó mucho la atención a los tres. Alguien le había pintado cosas, en concreto, le habían pintado bigote, barba y un par de cuernos en la cabeza y habían pintado un poco los ojos de color rojo. También se podía ver lo que parecía una cola que acababa en punta.
—La alcaldesa supongo… Alguien no le tenía demasiado cariño. La han pintado como al mismísimo demonio. Me recuerda a mi profesora de historia… Valiente hija de puta— dijo Johana— esta vio entonces que Mike y Juan la miraban. —¿Qué? Yo también fui al instituto.
—Nadie lo puso en duda— respondió Juan.
—Además. Me follé a todo el equipo de futbol— dijo Johana con orgullo. —Todos unos inútiles.
—Ese era un detalle que creo que no necesitábamos conocer— respondió Juan yendo hacia un pasillo.
—¿Celoso?— preguntó Johana siguiéndole.
—¿Celos? ¿Qué es eso?— preguntó Juan con una  sonrisa.
Los tres fueron por un pasillo y llegaron a unas escaleras. Comenzaron a subirlas y llegaron al primer piso. Nada más llegar, vieron algo en la pared. Era un dibujo y Juan lo había visto antes. Se acercó a el y se dio la vuelta para mirar a sus compañeros.
—Ya he visto esto antes. Es un cuervo con las alas abiertas con dos  tibias cruzadas detrás de el, pero sigo sin saber que narices significa— explicó Juan poniéndole las manos por encima. Luego las retiró y se  miró las palmas. —No parece que sea muy antiguo, de hecho, parece  que tenga poco tiempo.
Mike se lo quedó mirando y tuvo una corazonada, miró entonces a Johana. —¿Puedes volver a la casa a por Silvia? Creo que se lo que puede significar. Deprisa, ve.
Johana se alejó corriendo y salió del ayuntamiento, entonces, Juan miró a Mike. —¿Cuál es exactamente tu corazonada?
—Creo que este símbolo pertenece a un grupo. A uno que se dedica a cazar personas— respondió Mike.
*****
David y Katrina estaban llegando a Juliette. Ellos corrían mientras la noche les iba cayendo  encima. Hacía horas que se habían separado de Levine, pero no les preocupaba. El contaba con algo que ellos no tenían. De repente, David escuchó algo y levantó el brazo.
—¿Qué ocurre?— preguntó Katrina.
David no respondió, simplemente cogió a Katrina del brazo y rápidamente se lanzaron a los matorrales, donde se escondieron debajo de las raíces de un árbol que había junto al camino. Ambos tuvieron que contener la respiración. No tuvieron que esperar mucho. Minutos después, escucharon el ruido de las botas de dos personas allí.
—Llámale y dile que estamos cerca de Juliette— dijo la voz de un chico. —Venga.
Hubo una pausa y entonces escucharon la voz de una chica. —Si. Soy yo. Estamos cerca de Juliette. Ese grupo, al menos parte de el está ahí… Si.  Durante la noche… Si, no interferir… Si, si… Lo se… Si. Adiós— David y Katrina se miraron el uno al otro y esta comenzó a sacar un cuchillo, pero David le cogió el brazo y negó con la cabeza.
—¿Qué cojones te pasa?— preguntó el chico.
—Que estoy harta de esto. De esta mierda. Estamos cazando personas. Joder, personas— respondió  la chica. Esto es…
—Es la forma que tenemos de sobrevivir. Nadie te obliga a ello, si estás con nosotros es por que apruebas todo lo que hacemos, pero si no estás de acuerdo, solo te queda irte, pero si te vas. Estarás por tu cuenta. ¿Quieres eso?
—No…— respondió la chica.
—Pues ya está. Ahora vamos a Juliette. Ya te conoces el camino…— dijo el chico.
David y Katrina se quedaron quietos y cuando estuvieron seguros de que se habían ido, salieron  de su escondite. David miró  a Katrina. —Tenemos que darnos prisa.
Ambos comenzaron a correr tratando de  evitar a aquellos dos. Era cierto que podrían acabar con ellos, pero no era una solución por que no estaban solos. La única solución era avisar a los otros y marcharse de Juliette.

Juliette…
20:15 horas…
Silvia ya estaba en el ayuntamiento y se quedó mirando el dibujo. —Claramente podría pertenecer a un grupo de cazadores de personas. Aunque el distintivo no me suena. Tampoco llegué a relacionarme con otros grupos  como el de A.J.
—¿Hay que preocuparse?— preguntó Johana.
—Probablemente si. Hay que avisar a los otros. Hay que contárselo todo e irnos de aquí.

*****
Algunos estaban comiendo lo  poco que tenían. Eva se había encargado de repartir la comida y agua entre aquellos que más lo necesitaban. Eso incluía a Sheila, pero esta no estaba a la vista. Buscó por toda la casa y no la encontró, fue hasta Stephanie y le preguntó.
—¿Has visto a Sheila?
—Me pareció verla antes subiendo las escaleras— respondió Stephanie mientras le daba una cucharada de puré a la hija de Silvia. —¿Va todo bien?
—Creo que no— respondió Eva.
Se alejó de Stephanie y subió corriendo las escaleras. Cuando llegó al piso superior llamó a Sheila, pero no tuvo respuesta. Iba a subir al tercer piso y entonces escuchó el sonido de un cristal romperse. Caminó hacia el baño y abrió la puerta. Al abrirla, se encontró con Sheila sentada en un rincón. Eva enfocó con la linterna y vio el espejo roto, luego  enfocó a Sheila y vio que tenía un trozo de cristal manchado de sangre en las manos.
—Déjame sola. Por favor…— pidió Sheila.
Con tranquilidad. Eva pasó al interior del cuarto de baño, cerró la puerta. Avanzó hasta poder apoyarse en el lavamanos. Entonces enfocó a Sheila  con la linterna. —¿Quieres hacerlo? Adelante. Yo no pienso impedírtelo. Depende de ti lo de ser una cobarde. Solo de ti.
—Tú no sabes nada… No puedes opinar. No tienes ni idea de lo que estoy pasando— respondió Sheila. —He perdido a la mujer a la que amaba.
—¿Acaso me conoces lo suficiente como para saber de mi? Lo único que sabes de mi, es lo que probablemente leíste en los informes de cuando llegamos  a Manhattan. ¿Acaso crees que lo conté todo? No seas ilusa. Yo tenía dos hermanas, mayores que yo… Y a ambas las perdí. Prácticamente fui testigo de ello. Se lo que es perder a  seres queridos tan bien como tu o cualquiera del grupo. No eres la única que ha perdido a gente. Comportándote así solo demuestras egoísmo. Puedes matarte si quieres, puedes cortarte las venas si así lo deseas, pero… ¿Para que? Dame un solo motivo, uno de verdad para que pueda llegar a entender esto. Todos queríamos a Rachel. Era una mujer increíble y buena, que para nada merecía morir como murió. ¿Crees que matarte tu cambiará algo? ¿Crees que matarnos cualquiera de nosotros hará que el tiempo vuelva atrás y que esto nunca hubiese ocurrido? Ojala fuera tan sencillo, pero no lo es.
—Dejaría de vivir en esta pesadilla constante. Dejaría de tener miedo cada día— respondió  Sheila.
—Dejarías de sentirlo todo— respondió Eva. —Los muertos no sienten. Y tu muerte nos afectaría a  todos aunque no lo creas. Eres la medico más brillante que he conocido. Sin ti, el grupo está perdido.
—Mélanie es medico también. Y Stephanie estaba aprendiendo. No me necesitáis.
—¿Ves a Mélanie por aquí? ¿Crees que Stephanie está preparada para operar en caso de que sea necesario? De ti dependemos la mayoría de nosotros. Además, se supone que llevas una carpeta con datos de la vacuna de Manhattan. ¿No recuerdas que querías seguir  trabajando en ella? Si sigues trabajando en ella llegará un día en que nos salvarás a todos, pero si te suicidas… No solo nos fallas a nosotros. También fallarías a Rachel. Investiga esa vacuna en su nombre. Que ese sea tu homenaje a ella. Matarte solo hace que le faltes al respeto a ella.
Sheila rompió a llorar en ese momento. —Déjame sola, por favor.
Eva se apartó del lavamanos y dejó escapar un suspiro. —Muy bien. Córtate las venas, haz lo que te de la real gana. Al fin y al cabo eso es solo decisión tuya— Eva abrió la puerta y antes de salir volvió a mirar a Sheila. —Cerraré la puerta por si decides matarte. No quiero que tu egoísmo nos mate a todos mientras dormimos. Mañana por la mañana, regresaré y en caso de que hayas tomado la salida del cobarde, te meteré una bala en el cerebro— Eva cerró la puerta y comenzó a caminar por el pasillo para regresar con los demás. Cuando llegó a los escalones escuchó el  llanto de Sheila.
Cuando Eva llegó a la planta baja, no solo se encontró con que Silvia, Johana, Juan y Mike ya habían terminado de inspeccionar las demás casas, si no también con que David y Katrina habían regresado.
—¿Dónde está Levine?— preguntó Eva.
—Se quedó atrás para desviar a un rebaño. Estará bien, pero escucha, es importante. Tenemos motivos para pensar que alguien nos está siguiendo, quizás desde antes de lo del hotel. No se lo que son, no se si son caníbales o cazadores, pero el caso es que van tras nosotros.
—Caza personas— dijo en ese momento Silvia. —Son un grupo muy similar  al de A.J. Cazan personas para después venderlas a otras comunidades. Allí los usan para cualquier cosa. Su símbolo es este— Silvia sacó un cuchillo y sobre mesa, hizo un dibujo en la madera. —Se trata de un cuervo negro con la alas abiertas sobre dos tibias cruzadas entre si.
—¿Los conoces?— preguntó Eva.
—No personalmente, pero conociendo las cosas que hacían A.J  y los otros. Dudo que estos sean amistosos. Si van tras nosotros es por que han visto algo en el grupo que pueda interesar a otras comunidades. Hombres para el trabajo, mujeres para que puedan procrear… No es para tomárselo a broma.
—Llevan siguiéndonos bastante tiempo al parecer. Puede que desde después de que recuperáramos el hotel. En la mansión Crawford había un pañuelo con ese mismo  dibujo— dijo Juan.
—Y también en el hotel— añadió Stephanie.
—Es un aviso a otros grupos. Significa que ellos nos vieron primero y que cualquier otro grupo que intente darnos caza, se las vería con ellos. Es una especie de código de honor o entre cazadores. Señalan a sus presas.
—¿Cuántos podrían ser?— preguntó Eva a Silvia.
—Eso es algo que ignoro. Puede que sean menos que nosotros y es por eso por lo que no nos han atacado todavía directamente. Lo de los caminantes en Gray… Me apuesto que fue cosa suya, quizás querían dividir al grupo— Silvia miró a su alrededor. —Y es evidente que más o menos lo han conseguido. Si van tras nosotros, es evidente que es posible que nos estén vigilando en estos momentos. No son estúpidos, no atacarán a menos que vean posibilidades. Tenemos que irnos de aquí.
—Está bien. Nos iremos mañana al amanecer. Hasta que nos vayamos, quiero ojos en cada una de las ventanas. Si se acerca alguien que no sea de los nuestros, abatidlo— ordenó Eva.
Todos asintieron y la reunión se disolvió. Las horas pasaban y Eva daba vueltas por la casa. Vio a Mike con sus dos hijos tumbados en uno de los sofás.  Jeremy dormía, pero Beth tosia mientras su padre le cantaba una canción en voz baja. Fue a donde estaban Vicky y los bebés. Los tres dormían plácidamente, pero le aterraba la idea de volver a emprender un viaje. Los niños eran demasiado jóvenes para viajar tanto y ahora dependían de ella y de sus decisiones. Eva solo esperaba no tomar decisiones equivocadas.

Día 8 de Noviembre de 2010
Día 863 del Apocalipsis…
08:00 horas de la mañana…

Eva llevaba horas despierta. La noche había transcurrido con total normalidad. Nada extraño había pasado. Todos comenzaron a levantarse y a prepararse, se acercaba el momento de partir. Aun así, ella tenía que hacer algo. Salió al salón y entonces se encontró con que Sheila había abandonado la soledad del cuarto de baño de la casa y había bajado. En esos momentos se encontraba mirando a Beth.
Eva se los quedó mirando y cuando Sheila la descubrió, movió los labios y Eva pudo ver que le daba las gracias. Después de eso, Eva salió de la casa con el rotulador en las manos. Cruzó las puertas del pueblo y se acercó a un cartel que había allí cerca. En el comenzó a escribir: “JUANMA, TENEMOS QUE IRNOS DE JULIETTE, VE HACIA EL NORTE… Eva”
Cuando Eva terminó de escribir. Vio a Silvia con su hija en brazos. —No se si es muy sensato ir dejando mensajes a Juanma. Teniendo en cuenta que nos siguen.
—Supongo que si nos siguen, da igual lo que ponga. Simplemente estoy dejándole pistas para que pueda encontrarnos.
En ese momento, ante ellas, venida directamente de entre los arbustos. Apareció una chica morena de ojos marrones. Esta vestía ropa de abrigo y en su cuello tenía un pañuelo donde se podía distinguir el dibujo que Silvia les había mostrado la noche anterior. El dibujo del cuervo. Entonces, Eva y Silvia le apuntaron con sus armas y la chica levantó los brazos.
—No me disparéis. No quiero haceros nada.
—¿Y por eso nos sigues con un grupo?— preguntó Eva. —Sabemos que perteneces a un grupo de cazadores de personas. Tu pañuelo te delata.
—Pertenezco a dicho grupo, pero no quiero haceros daño. Estoy con un compañero a unos cuarenta metros de aquí. Nos han mandado seguiros, pero yo no quiero.
—Me da igual lo que digas. ¿Acaso piensas que por decirnos eso vamos a dejar que vengas con nosotros?— preguntó Eva.
—No quiero ir con vosotros. Solo os estoy diciendo que hay un compañero mío aquí cerca. Lo que quiero es que os vayáis. Solo os estamos siguiendo nosotros dos. Si os vais ya, lo despistareis.
—¿Se supone que tenemos  que creerte?— preguntó Silvia. Entonces la chica miró a la pequeña Lucia y Silvia se percató de ello. —Ni la mires.
—Yo también tenía una hija… Murió.
En ese momento, un chico armado con dos pistolas salió  de los matorrales y les apuntó, después le sonrió a la chica. —Bien hecho Mandy. No son todos, pero por el momento estas dos y la cría nos valen— el chico se dirigió a Eva y Silvia. —Ahora haced todo lo que os digamos y no os pasará nada de nada. ¿Queda claro?
Antes de que Eva o Silvia pudieran responder o hacer nada. En la cabeza del chico se abrió un agujero rojo y también ocurrió lo mismo en la cabeza de la chica. No escucharon los dos disparos, pero si que vieron a Vicky salir por las puertas del pueblo mientras sostenía su pistola con silenciador.
—¿Quiénes eran estos?— preguntó Vicky.
—Ya no importa. Es hora de irnos de aquí— respondió Eva.
Las tres regresaron al interior del pueblo y Eva miró una última vez el mensaje que había dejado, mientras pensaba que ojala Juanma lo viera. Entonces regresó al cartel y puso una frase más: “TEN CUIDADO, CAZADORES SIGUIENDONOS”

13:00 horas del medio día…
A cinco kilómetros de Juliette…

Me quedé plantado delante de un cartel. En el se podía leer un mensaje que iba dirigido a mi. Un mensaje que había dejado Eva.
“JUANMA,  ESTAMOS EN JULIETTE”… Eva.

Eso me dio esperanzas, mi mujer, mis hijos y el resto del grupo estaban cerca. Ya quedaba menos para reunirnos.

sábado, 21 de enero de 2017

NECROWORLD Capitulo 141

Día 6 de Noviembre de 2010
Día 861 del Apocalipsis...
10:00 horas de la mañana...

Hacía unas horas que habíamos dejado atrás el hotel. En mi mente no dejaba de repetirse la misma escena una y otra vez. La escena en la que yo había matado a mi propio hermano clavándole un cuchillo en el vientre. Sentía que había perdido la humanidad que me quedaba, la que a esas alturas, debía ser poca. Después del incidente, nos habíamos detenido en una casa cerca de Gray. Aun nos quedaba alrededor de unas horas antes de llegar a la mansión Crawford. La casa donde nos encontrábamos no era muy grande, pero era lo bastante grande como para que los tres pudiéramos descansar y Mélanie pudiera curarme la herida de la mano izquierda. Mientras Luci vigilaba, Mél y yo nos encontrábamos en el baño, ella me estaba vendando la mano.
—¿Qué tal te encuentras?— preguntó Mélanie.
—Acabo de matar a mí hermano... ¿Cómo crees que me siento? Me siento como una mierda— respondí. No entiendo como he permitido que las cosas llegaran a esto. Podría haber salvado a Rachel... Y sin embargo ha muerto. Al igual que muchos otros.
—Pero también has salvado a muchos— respondió Mélanie. —A mi me has salvado— hizo una pausa y terminó de vendarme la mano. —Esto ya está.  Podemos seguir, solo que necesitaremos antibióticos para evitar que se te infecte.
Ambos salimos del baño y bajamos las escaleras, Luci nos esperaba apoyada junto a la puerta, nos miró y nos hizo un gesto con la mano para que no nos moviéramos. Yo miré en ese momento hacia la ventana y entonces vi él porque, Luci nos había dicho que paráramos. Había varios caminantes pasando por delante de la casa, desde donde yo estaba, vi pasar a al menos una docena de ellos. Cuando pasaron todos, nos reunimos con nuestra compañera.
—Era un rebaño. Puede ser que vayan hacia el hotel. Quizás los haya atraído el humo.
Los tres salimos de la casa y miramos en la dirección donde estaba el hotel, aun había humo.
—Olvidaros del hotel. Ya no hay nada que hacer. Debemos reunirnos con los demás antes de que se haga de noche. En dos horas deberíamos llegar a las puertas de la mansión. Vamos.
—Quizás deberíamos volver al hotel. Puede que podamos recuperar algún arma. Lo único que tenemos es una katana y una pistola sin balas. No es que sea mucho para defendernos— sugirió Mélanie.
—Tenemos bastante. Vamos— dije adelantándome caminando hacía el bosque.
Cuando pasé junto a ellas, Mélanie y Luci se miraron. Luci le hizo un gesto de que lo dejara estar y me siguieron adentrándose también en el bosque.

12:00 horas del medio día...
Mansión Crawford... Gray...

—Esto no puede ser. No puede ser cierto— decía yo mientras observaba la mansión Crawford desde lo alto de una colina.
Allí no había nadie de los nuestros, solo había caminantes donde quisiese que mirase. Los No Muertos habían invadido la mansión. Sin pensármelo dos veces, bajé por la colina. Llegué abajo y comencé a correr hacia la mansión, empujando y golpeando a los caminantes que se cruzaban conmigo y trataban de cogerme. A mis espaldas podía escuchar los gritos de mis compañeras, pero yo no les prestaba atención, estaba totalmente cegado por la idea de llegar hasta la maldita mansión. Llegué a las puertas de hierro y varios No Muertos centraron su atención en mi. Yo le asesté un golpe a uno de ellos y entré pasándole por encima, en ese momento comencé a gritar los nombres de Eva y Vicky, pero no obtuve respuesta, justo en ese momento, Luci y Mél llegaron junto a mí.  Luci me agarró por detrás y comenzó a tirar de mi.
—No están aquí. Tenemos que irnos— Yo me solté de Luci y corrí hacia el interior de la casa. Llegué al pasillo y solo encontré señales de lucha por todas partes. Se me ocurrió subir corriendo a la habitación que había compartido con Eva los días que había estado allí. Subí a toda velocidad, casi tropezándome en los escalones. Llegué al piso superior, corrí hasta la habitación y entré, pero allí dentro no encontré nada. Me di la vuelta y salí de nuevo al pasillo, entonces vi a Luci caminar hacia mi mientras iba acabando con caminantes.
—¿Qué coño estás haciendo? No están  aquí. Sea lo que sea lo que haya pasado aquí, nuestra gente ya no está— Luci me cogió del brazo y tiró de mi nuevamente. Me sacó de la mansión y nos reunimos con Mélanie, seguidamente, los tres comenzamos  a correr a través del bosque.
No recuerdo el tiempo que estuvimos huyendo a través del bosque, pero la noche se nos echó encima y tuvimos que parar  en una casa que nos encontramos junto a un camino.
—¿Que se supone que debemos hacer ahora?— preguntó Mélanie mirando a Luci.
Luci me miró a mí. —Estamos agotados y si seguimos así, no lograremos nada. Pasemos la noche aquí— Yo quise decirle algo, pero ella me interrumpió rápidamente. —Ya sé que estás desesperado por encontrar  a tu familia, y créeme que lo entiendo, pero no aguantaremos mucho si seguimos así. Además, mírate, estás  agotado. Pasaremos aquí la noche y mañana al amanecer seguiremos. No te preocupes, Juan y David están con ellos. No dejarán que le pase nada a nadie del grupo.
—Está bien— respondí  apoyándome en un árbol.
Los tres nos dirigimos al interior de la casa y nada más entrar, Luci cerró la puerta, me miró a mí y silbó. Repitió el silbido varias veces y no obtuvo respuesta, de haber  algún caminante allí dentro, ya lo hubiésemos visto. Con cierta tranquilidad, los tres comenzamos a caminar por la casa y llegamos a una habitación de la planta superior. Allí entramos y nos quedamos sentados.
—Quedaros aquí. Yo iré a inspeccionar el resto de la casa. Será mejor que lo hagamos ahora, así evitaremos llevarnos sorpresas desagradables— dijo Luci. Yo me levanté para seguirla. —No, tu quédate aquí. Necesitas descansar— Yo volví a sentarme y Luci salió de la habitación.
—¿Cómo te encuentras?— preguntó Mélanie.
Apenas podía verla en medio de tanta oscuridad. —No lo sé. No creí que esto acabara así, sinceramente. No solo he matado a mi hermano, también he perdido a mi familia. Ni siquiera sé donde pueden estar en estos momentos.
—Estarán bien— respondió ella. —Verás como los encontramos antes de que te des cuenta.
—Eso no lo sabes. No quiero ponerme en lo peor, pero... El hecho de no verlos allí esperándonos, después de todo... Me ha quitado esperanzas...
—Has hecho lo que debías hacer. Tu hermano era una amenaza para todos.
—Ya lo sé, pero todo esto se podría haber evitado ¿Sabes? Hace tiempo que podría haber evitado esto. Cuando aun estábamos en Manhattan, podría haber acabado con Carlos y esto no habría ocurrido. Fui un estúpido, me dejé llevar por el hecho de que Carlos era mi hermano. Todo esto que ha ocurrido, es simplemente culpa mía. Yo soy el único responsable. Es como lo de Portland... Si nosotros nunca hubiésemos ido, puede que aquel lugar siguiera en pie.
—Algún día podría haber caído del mismo modo que ha ocurrido con el hotel. Dorian nos tenía en el punto de mira. Nos hubiesen masacrado tarde o temprano.
—Desde que esto comenzó, siempre he buscado la manera de mantener a salvo a todos aquellos a los que aprecio, pero siempre ocurre lo mismo. Siempre hay alguien que tiene que morir. Estoy harto de esto Mél. Llegamos al hotel y creí que era algo definitivo, creí que ahí  podríamos echar raíces y creí que podría criar a mis hijos allí, pero de nuevo, todo se fue al infierno, de nuevo todo se estropeó. Antes pensaba que existe ese lugar donde nada de esto importará, porque estaríamos a salvo, pero ahora estoy convencido. Ese lugar no existe.
—Pues yo creo que sí. Ese lugar debe existir, no sé donde, pero me niego a tirar la toalla. No pienso rendirme, y tu tampoco deberías, porque yo creo en ti al igual que todos los demás. Cuando estaba en Portland... Escuché a algunas chicas hablar de una ciudad amurallada, no recuerdo el nombre, decían de ella que sus muros eran tan altos que nada, ni vivo ni muerto, podría cruzarlos sin autorización. En un principió creí que eran solo fantasías desesperadas de gente que busca esa tierra prometida, pero por aquel entonces creía muchas cosas, como que ya no se podía confiar en los hombres, o que un niño era incapaz de matar a alguien.
—El mundo ha cambiado— respondí. —Todo aquello que había antes ha empeorado y las cosas que nunca creímos posibles, ahora lo son. Esta es la triste vida que nos está tocando vivir.
—Aun así... Sé que algún día encontraremos ese lugar donde no debamos temer por nuestras vidas y nuestro legado pueda seguir adelante.
                                                                     *****
Luci recorrió toda la casa con la katana preparada. Al entrar había hecho la prueba, pero aun debía asegurarse en otras plantas. Cada vez que llegaba a una habitación, se paraba delante de la puerta y daba un leve golpe con los nudillos, después esperaba una respuesta que nunca llegaba. La última prueba en la planta superior, la hizo en una habitación donde había un cartel donde ponía "Prohibido el paso a los adultos", una habitación que muy probablemente pertenecía a un adolescente. Tras dar el golpe y esperar, al no escuchar nada, abrió la puerta y entró. En las anteriores habitaciones no había tenido suerte,  pero quizás en aquella encontrara algo que pudiera ser útil.
Entró con cautela e iluminó la habitación con el mechero que llevaba. La habitación estaba prácticamente nueva, aunque llena de polvo. La ventana estaba abierta y Luci fue a cerrara para evitar que siguiera entrando aire frio. Siguió iluminando la habitación y vio varios posters de "Star Wars" en la pared, en uno de ellos aparecía el protagonista de las películas esgrimiendo su sable laser. A Luci le asaltó una idea loca, ella iba por el mundo con una katana desde que este se fue literalmente al infierno, era algo así como una especie de Jedi en un mundo post apocalíptico. Sacudió la cabeza para quitarse la imagen de la mente y siguió con lo suyo. La habitación era bastante grande, quizás, demasiado para un adolescente que podría tener quince años como mucho. También era cierto que además de esa, no había visto más habitaciones que pudieran pertenecer a un niño, por lo tanto, el dueño de aquel cuarto, podría haber sido hijo único.
Luci comenzó a abrir cajones y en ellos encontró ropa interior de chico, un inhalador para el asma que parecía estar entero. También encontró algunos  petardos dentro de una caja donde se podía leer "No abrir hasta el cuatro de Julio"
Abrió más cajones, en el ultimo, debajo de una pila de libros de texto, encontró lo que todo adolescente guarda como oro en paño, un par de revistas pornográficas con dos chicas de grandes pechos en la portada. Dejó las revistas en su sitio, aunque el dueño no iba a regresar a por ellas.
Salió decepcionada de la habitación por no haber encontrado nada útil, aun así, su investigación no había terminado. Bajó hasta la primera planta y se quedó quieta al escuchar unas voces, por un momento se alarmó, pero enseguida descubrió que eran Juanma y Mélanie, estos estaban hablando y sus voces llegaban a través de un tubo de ventilación. Luci caminó por el pasillo más cercano y llegó a la cocina, allí comenzó a abrir cajones y armarios, dentro de uno de los cajones, encontró algunos tenedores y cuchillos. De los cuchillos cogió un par de los más grandes, al menos, podrían usarlos como arma si era necesario. Siguió buscando en la cocina y encontró dos latas de conserva dentro de un armario. No eran gran cosa, pero al menos les serviría para comer al menos esa noche.
Siguió buscando y encontró una caja de cerillas, las cuales le vendrían bien más adelante cuando el gas del mechero se agotara. Salió de la cocina y se quedó un rato en el pasillo, caminó hacia una puerta e hizo lo de siempre, al no obtener respuesta, abrió la puerta y entonces sintió el olor, el hedor a podredumbre era intenso, tanto, que Luci se tapó la nariz con el pañuelo que llevaba al cuello. La puerta daba al sótano.
Luci comenzó a bajar las escaleras con cautela y a cada paso que daba, el olor era mucho más fuerte. Cuando llegó abajo escuchó un gruñido y comenzó a mover el mechero en busca del origen de dicho ruido. Finalmente vio de que se trataba, atado a una de las vigas del sótano había un chico amordazado y desnudo. Su piel estaba rasgada por las cuerdas y le imposibilitaban escapar, aun asi, Luci acabó rápidamente con él, después examinó el cadáver y vio varias marcas, eran cruces que habían sido dibujadas en el cuerpo del muchacho. Luci siguió escudriñando el sótano y en un rincón encontró dos cuerpos más en avanzado estado de descomposición, prácticamente eran esqueletos. Por como vestían, a Luci le fue fácil distinguir el sexo de estos. Eran un hombre y una mujer, el hombre tenía los restos de una biblia sobre el regazo. Siguió inspeccionando el cuerpo del hombre y se dio cuenta de algo, ese hombre iba vestido como un predicador. Entonces a Luci le fue fácil imaginarse lo que había pasado allí. El muchacho se infectaría en  los primeros días y sus padres, guiándose por la religión le habían hecho un exorcismo, seguramente no habían obtenido resultados y luego ellos se habían encerrado allí al ver que todo el  mundo se volvía como su hijo. Probablemente allí murieron de hambre, aunque estos no parecía que se hubiesen reanimado.
Luci decidió que no les contaría nada a sus compañeros, no era necesario. Volvió a la planta superior y después regresó a la habitación donde Juanma y Mélanie la esperaban.
—¿Encontraste algo?— preguntó Mélanie cuando la vio entrar.
—Poca cosa— respondió Luci dejando las latas de conserva y las cerillas encima de la cama.
—¿Solo encontraste esto? ¿Dos latas?
—Solo, pero bien racionadas habrá bastante para los tres— respondió Luci.
Yo me acerqué. Cogí las latas y le di una a cada una. —Tenéis bastante para las dos.
—¿No vas a comer?— preguntó Luci.
—No tengo hambre— respondí. Seguidamente me fui a una parte de la habitación y me tumbé en el suelo donde no tardé en quedarme dormido.

Día 7 de Noviembre de 2010
Día 862 del Apocalipsis...
03:00 horas de la madrugada...

Mélanie se despertó al escuchar murmullos, levantó la cabeza lentamente y vio a Juanma en el mismo sitio que en que se había quedado dormido. Por cómo se movía, estaba teniendo alguna pesadilla.
—Lleva así un rato. Hay veces que se queda tranquilo y luego vuelve a ello. Es como si la misma pesadilla se repitiera en bucle. Hace un rato hablaba, hablaba con Lidia— dijo en ese momento Luci desde la ventana, junto a la que se había sentado para vigilar.
—¿Quien es Lidia?— preguntó Mélanie caminando hacia Luci.
—Lidia era su novia cuando estábamos en España. Murió en sus brazos porque un tipo la mató. Yo estuve presente... Y Eva.. Fue bastante duro para él, creo que aun no lo superó.
—Hay cosas que no se superan supongo— Mélanie se paró a mirar a Juanma, parecía que se había quedado tranquilo, después miró a Luci. —¿Que haremos ahora? ¿Cuál es el plan?
—Seguiremos el rastro que encontré— respondió Luci.
—¿Encontraste el rastro?— preguntó Mélanie —¿Y por qué no dijiste nada?
—Se habría empeñado en seguirlo, pese a que necesitaba descansar. Mañana al amanecer partiremos. Estamos cerca de Haddock. Pasaremos por allí y buscaremos algo que pueda servirnos, luego seguiremos el rastro. Será mejor que vuelvas a dormir.
—Mira esto. Lo encontré fuera de la mansión Crawford mientras vosotros estabais dentro— Mélanie se sacó  un pañuelo del bolsillo. Este era de color rojo y tenía un dibujo en el centro. Era un pájaro sobre dos huesos cruzados.
Luci cogió el pañuelo y lo observó. —Juraría que esto es un cuervo. —¿Donde estaba?
—Estaba atado a uno de los barrotes. Pero creo que había otro en el hotel. ¿No te parece extraño?
—En este mundo ya nada me parece extraño. Esto podría no significar nada o significar mucho. De momento guárdalo— dijo Luci. —A él no le digas nada, pero andaremos con mil ojos. No  quiero precipitarme, pero esto  del pañuelo no me da buena espina. Ahora ve a dormir. Necesitas descansar.
—Y tu también— respondió Mélanie.
—Yo aun puedo aguantar. Ya tendré tiempo de dormir cuando encontremos al resto— respondió Luci.
—¿De verdad crees que los encontraremos?— preguntó Mélanie.
—Eso espero— respondió Luci. —Eso espero...
Mélanie se fue a dormir tras despedirse de Luci. Antes de quedarse dormida miró a Juanma. El seguía dormido y parecía tranquilo, pero no tardaron en regresar a las pesadillas.
*****
Corría a través del bosque envuelto por la niebla. Huía de algo, pero no sabía de qué. Llegué a una zona sin árboles donde escuchaba gruñidos, estos me rodeaban y yo alcé un cuchillo para defenderme.
—Tranquilo— la voz de Carlos me hizo darme la vuelta, entonces me encontré cara a cara con Carlos. Este me sonrió y levantó las manos. —Tranquilo hermano, vengo en son de paz.
—¿Qué haces aquí? No deberías estar aquí— respondí apuntándole con el cuchillo.
—Quizás deberías dejar eso en el suelo antes  de que alguien se haga daño...
Antes de que mi hermano terminase de hablar, me lancé contra él y le clavé el cuchillo repetidas veces  en el estomago mientras gritaba de rabia.
—Juanma...— la voz de Eva me hizo levantar la  cabeza. Fue entonces cuando la vi sangrar por la boca. Miré a mi mano y me vi empuñando el cuchillo que tenía clavado en su vientre.
Me desperté sobresaltado y gritando, hizo falta que Luci se echara sobre mí y me calmara. Cuando me calmé, ella se quitó de encima. Yo me levanté un poco aturdido y me senté en la cama, entonces miré a mis compañeras.
—Lo siento— me disculpé.
—Es normal. Llevas con pesadillas toda la noche— respondió Luci.
—¿Qué hora es?— pregunté.
—Las 7:45 de la mañana— respondió Luci.
—Tenemos que ponernos en marcha— dije mientras me levantaba de la cama. En ese momento, Mélanie se acercó a mí para mirarme la mano. —¿Todo bien?— pregunté cuando le vi la expresión de preocupación.
Mélanie miró a Luci y luego a mi —Tengo que cambiarte los vendajes otra vez y curártelo mejor. También necesitas que te de antibióticos.
—¿Se me ha infectado?— quise saber.
—No. Aun no, pero podría infectarse. Por eso es mejor que nos pongamos en marcha ya.

08:00 horas de la mañana...

Los tres nos pusimos en pie y salimos de la habitación, en pocos minutos estuvimos en el exterior escuchando el canto de los pájaros.
—Cerca tenemos el pueblo de Haddock. Pararemos allí a buscar lo que necesitemos. Estamos como a unos quince minutos de distancia— dijo Luci. Al escucharla asentí y los tres comenzamos a caminar por el camino más cercano.
Los tres íbamos  juntos. Siempre alerta por lo que pudiera pasar, en cualquier momento podían asaltarnos caminantes o personas vivas. Eso nos pondría en serios aprietos debido a que la única que llevaba un arma era Luci, y ella sola no podría hacer demasiado si nos atacaba un grupo grande.
Habríamos avanzado unos dos kilómetros por el camino cuando divisamos algo a unos doscientos metros de nosotros. Se trataba de un gran vehículo parado en mitad del camino. Enseguida comencé a correr hacia él, con el corazón a punto de salirse de mi pecho, ya que indudablemente, ese vehículo era nuestro. Cuando llegamos, mis temores se confirmaron, era uno de los autobuses. El mismo en el que Johana y Nina se habían llevado a los niños. Abrí la puerta y retrocedí unos pasos, pero de dentro no salió nada ni nadie. Subí rápidamente y busqué por todos los asientos, quizás quedase alguien escondido, pero no fue así. Estaba completamente vacío. Luci subió también y me miró.
—Parece que no hay señales de lucha. Así que no creo que les atacaran. Lo habríamos notado enseguida.
Salí del autobús y vi a Mélanie allí de pie mirándome. Entonces  comencé a gritar nombres, con la esperanza de recibir respuesta, pero no fue así. Rodeé el vehículo buscando indicios de algo que me revelara que había pasado allí, lo único que encontré fueron las ruedas reventadas. Llame a Luci y esta vino enseguida.
—Mira esto— dije señalando las ruedas. —¿Qué crees que ha pasado? No parece un pinchazo normal.
Luci se agachó e inspeccionó la rueda, entonces me miró. —Aquí hay algo— Luci metió la mano dentro de los restos de la goma de neumático y sacó lo que parecía una flecha.  Entonces me la mostró. —¿Qué opinas?
Me levanté y miré a mi alrededor. —La flecha vino disparada de esa dirección. Por eso el autobús está en esta posición. Puede que se bajaran por si solos.
—O los obligaran a bajar— añadió Luci.
En ese momento, Mélanie nos llamó y ambos corrimos a reunirnos con ella en la parte delantera del autobús. Allí no había nada, salvo una enorme pintada con espray. El dibujo simbolizaba un ave y dos huesos cruzados detrás de ella, algo que me sonaba de haber visto antes. De repente, vi como Mélanie se sacaba un pañuelo del bolsillo, en el centro de este, se encontraba el  mismo dibujo.
—¿Que cojones es esto?— pregunté al tiempo que cogía el pañuelo y recordaba el que trató de enseñarme Stephanie en el hotel antes del ataque. —¿Donde lo encontraste?
—En las verjas de la mansión Crawford— respondió ella. —¿Qué crees que significa?
—Que aquí hay alguien más y que es posible que llevaran tiempo siguiéndonos.
—¿Hombres de tu hermano?— me preguntó Mélanie.
—Lo dudo.
Los tres seguimos caminando hasta que vimos un cartel que nos indicaba que ya habíamos llegado a Haddock. A nuestro alrededor había casas vacías  y algún que otro caminante solitario que no nos prestó atención. Caminamos por el centro de la carretera y vimos lo que parecía la fachada de un supermercado. Junto a él, había varios carteles y en uno indicaba donde había una farmacia. La cual, se podía ver que no estaba muy lejos, a unos veinte metros al otro lado de la calle.
—Vosotros ocuparos del supermercado. Yo voy a la farmacia— dijo en ese momento Mélanie.
—¿Estás segura? Podemos acompañarte— dije yo.
—Sí. Estoy segura. Así cubriremos el doble de terreno en menos tiempo— respondió Mélanie. Al ver que Luci y yo nos mirábamos, sonrió. —Tranquilos, de verdad, se apañármelas yo sola. Será entrar y salir, cuestión de minutos.
—Muy bien— dijo en ese momento Luci. —Pero si pasa algo, grita y nosotros acudiremos corriendo.  ¿Entendido?
Mélanie asintió y se dio la vuelta, se alejó de nosotros. Luci y yo caminamos hasta la puerta del supermercado y entramos con cautela. Tal como habíamos pensado en su momento, los saqueadores ya habían pasado por allí, aunque aún quedaban cosas que podríamos aprovechar. Una vez dentro, me acerqué al mostrador y miré por encima, allí vi restos de envoltorios y el teléfono descolgado. Cogí el auricular y me lo llevé al oído, aunque era evidente que no iba a haber línea. Rodeé el mostrador y miré debajo del cristal con la esperanza de encontrar un arma de fuego que hubiese pertenecido al dueño, pero no hubo suerte. Me agaché y rebusqué en un pequeño armario, allí encontré mudas de ropa dobladas y apiladas. Las fui separando y entonces debajo de todas ellas encontré una porra extensible. La cogí y la probé, aunque esta no me serviría contra los caminantes.
—¿Algo útil?— preguntó Luci saliendo de uno de los pasillos. Ella llevaba una  bolsa.
—Solo esto— dije mostrándole la porra. —¿Y tú?
En ese momento, Luci metió la mano dentro de la bolsa, cogió una botella de agua y me la pasó —Bebe. Lo necesitas. Puedes aguantar sin comer, pero no aguantarás sin beber agua. Si te deshidratas tendremos que cargar contigo.
Sin pensármelo dos veces, le quité el tapón a la botella y comencé a beber, de hecho me estaba tirando el agua por la cara. Cuando vacié la botella lancé un suspiro. —Lo necesitaba de verdad.
—También he encontrado latas de conserva. Hemos tenido suerte, la verdad.
En ese momento miré a Luci a los ojos. —Respóndeme sinceramente.
—¿Qué?— preguntó Luci.
—Ya hace rato que encontraste el rastro, pero no has querido decirme nada. ¿Por qué? ¿Es porque crees que no los encontraremos con vida? Se sincera conmigo.
—No se lo que nos encontraremos. No te dije nada porque te habrías empeñado en seguirlo y no habrías descansado... Y descanso es lo que más necesitas. Mírate, estás hecho polvo, tanto física como psicológicamente. No hubieses aguantado mucho si no nos hubiésemos parado. Lo hice por ti.
—Siempre estás haciendo cosas por mi... Y yo casi nunca te doy las gracias por ello— respondí. —Así que gracias.
—No hay de qué. Si ya lo tenemos todo, vamos a reunirnos con Mél.— No vaya a ser que te pongas sentimental.
Por primera vez desde que dejamos atrás el hotel. Había logrado sonreír.
******
Mélanie acababa de coger todo lo que necesitaba de la farmacia. Lo cierto era que había encontrado mucho más de lo que esperaba y había cogido un poco de todo.  Eso hizo que se pusiera muy contenta. Cargada con un carrito, se dirigió hacia la puerta y allí vio dos siluetas, paradas de pie. Al principio no las vio bien y pensó que eran Juanma y Luci. Ella sonrió y estuvo a punto de decir algo, quiso decirles lo que había encontrado, pero entonces su alegría duró poco. Los de la puerta eran dos hombres.
Uno de los tipos le apuntó en ese momento con una pistola. —Se que no quieres morir... Y muerta no nos sirves de nada. Asi que  se buena chica Mél... Y ven con nosotros sin armar follón.
Ella no entendía nada, pero uno de esos tipos sabía su nombre. ¿Quizás era por que fuesen quienes fuesen los habían estado siguiendo? Mélanie retrocedió unos pasos y entonces gritó a la vez que les lanzaba el carrito, cuando lo hizo, echó a correr por dentro de la farmacia. Recorrió rápidamente uno de los pasillos y cuando iba a doblar la esquina, uno de aquellos tipos le cortó el paso. Este la golpeó y ella cayó al suelo de espaldas. No tardó en ver aparecer al segundo, este se abalanzó sobre ella y entonces comenzó a gritar mientras este trataba de amordazarla.
—Cógela de las piernas... Y procura no hacerle un rasguño.
Ella intentó zafarse, pero entonces uno de ellos tiró de ella. Le ató rápidamente las piernas con una cuerda pesé a que estaba pataleando. Entonces la golpeó y se quedó inmóvil.
—Te he dicho que no la golpearas. Eso le dejará marca.
En ese momento. Dos siluetas aparecieron en el pasillo.
******
Luci y yo teníamos delante a dos tipos que tenían inmovilizada a Mélanie en el suelo. Ella apenas se movía debido a que le habían dado un golpe en la cabeza. Enseguida uno de ellos se levantó y se puso delante del otro y de Mélanie mientras nos apuntaba con una pistola. Luci también les apuntó con la katana.
—Más vale que la dejéis en paz y os larguéis de aquí— amenazó Luci.
—No. Lo que va a pasar es que tu dejarás esa espada en el suelo y vendréis voluntariamente con nosotros. Créeme que es vuestra única opción.
—Que la sueltes— repitió Luci.
Ambos comenzaron a gritarse y a amenazarse. De repente sin avisar, le quité la katana a Luci y me lancé contra el primero. Fue tan repentino que ni siquiera disparó. Le clavé la espada en el vientre y lo atravesé. Me lo quité de encima de un empujón y me lancé contra el otro, al que con un rápido movimiento le corté la cabeza. En pocos segundos ambos hombres, ambos desconocidos, yacían muertos a mis pies y su sangre estaba sobre mí. Observé sus cuerpos mientras Luci y Mélanie me contemplaban asombradas por lo que había hecho. Me agaché a inspeccionar los cuerpos y entonces vi un tatuaje. Un cuervo de color negro con las alas abiertas sobre dos tibias cruzadas entre sí.  Levanté la cabeza y miré a mis compañeras mientras Luci  ayudaba a Mélanie.

—Vámonos de aquí. Ahora.