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sábado, 17 de junio de 2017

NECROWORLD Capitulo 160

12 de Noviembre de 2010

—No estás embarazada. La regla podría no haberte venido por cuestión de estrés. Supongo que es normal viendo vuestra situación— la doctora Green miró a Katrina. –No es asunto mío, pero ya que me has pedido que lo compruebe. Creo que estoy en mi derecho de preguntar. ¿Qué es lo que te preocupaba exactamente de estar embarazada?
Katrina se quedó un rato pensativa y miró a la doctora. –Habría sido fruto de una violación. Aun peor, fue mi hermano quien me violó.
—¿Tu hermano? ¿Te refieres a Juanma? Si es un violador no quiero tenerlo aquí.
—No. No me refiero a el. Me refiero a otro hermano. El no está entre nosotros ya. Lo conocí después en… Bueno, es una larga historia, pero esa persona ahora debe estar ardiendo en el infierno. Si hubiese estado embarazada… No habría podido querer a ese hijo.
—Lo entiendo— afirmó la doctora. –Afortunadamente… Esa persona que te hizo tanto daño. Ya no está entre nosotros.

Día 24 de Diciembre de 2010
Día 909 del Apocalipsis
06:00 de la mañana. Hospital JFK…

Me encontraba en el exterior cavando tumbas para los que habíamos perdido, me encontraba yo solo. Era increíble que a nada de irnos a empezar una nueva vida, hubiese pasado todo aquello. No podía creérmelo. No podía creerme algo así. Mike y sus hijos nos habían dejado.
Terminé de enterrar los cuerpos y me decidí a volver al interior del hospital. Justo al entrar por la puerta me encontré cara a cara con Amparo.
—Siento lo de tu gente. De verdad. Especialmente siento lo de los dos niños. Tenían toda la vida por delante.
—Si… Toda la vida…— dije pasando por al lado de Amparo.
Regresé a la habitación y me encontré con Eva y Vicky. Ellas ya habían terminado de prepararse las mochilas que llevarían y se estaban ocupando de preparar a los bebés.
—¿Por qué lo has hecho tú solo?— preguntó Eva. –No tienes por que hacerlo siempre todo tu solo. Mírate, no estás en condiciones. Estás cansado y herido. Apenas has dormido. Cuando lleguemos a Thomaston, quiero que te estés quieto una temporada. No puedes seguir así.
—Cuando lleguemos a Thomaston. Muchas  cosas cambiarán— miré a los bebés un momento y luego miré a Eva de nuevo. –Voy a ir a hablar con Sheila por última vez antes de irnos.
Salí de la habitación y fui a ver a Sheila. Ella había ocupado el despacho de la doctora Green tras su muerte y pasaba la mayor parte del tiempo allí. Cuando entré, vi que estaba ojeando varias hojas de papel.
—Ya casi estamos preparados. Quizás quieras venir a despedirte— miré las hojas y pude leer las palabras de “Proyecto renacer” —¿Cómo lo llevas?
—Podría crear una vacuna a partir de estos datos, pero no será a corto plazo. Aun así, aquí en el hospital tendré más material y ayuda que en Thomaston. Al menos estaremos comunicados.
Me metí la mano en el bolsillo y saqué un trozo de papel. –Aquí está apuntada la frecuencia de la radio que usan en Thomaston. Si pasa algo, si tienes algún problema, ponte en contacto con nosotros y vendré corriendo si hace falta. También tienes los walkies. No lo olvides ¿Vale?
—Te prometo que no lo olvidaré— Sheila se levantó y vino a abrazarme. Ambos nos miramos y yo le sonreí.
—Nunca te he agradecido suficientemente lo que hiciste por mí en los túneles. Puede que sin ti y las curas que me administrabas… Puede que hubiese muerto— dije. –Echaré de menos no verte más a menudo.
Ambos salimos del despacho y bajamos al hall. Allí había varios de los nuestros y Sheila comenzó a despedirse de ellos con abrazos y besos. Ella se acercó a Eva, primero miró a los bebés y luego a mi mujer.
—¿Estás segura que quieres quedarte aquí?— preguntó Eva. –Creo que deberías venir con nosotros. Puede ser peligroso para vosotros lo de quedarse aquí. Por favor…Ven con nosotros.
Sheila negó con la cabeza. –No. Ya tomé una decisión. Además, ya lo he hablado con Juanma. Estaremos comunicados todo el rato. Será como estar al lado— Eva abrazó más fuerte a Sheila. –Cuida de esos pequeñajos. Será maravilloso verlos crecer.
—Lo haré— respondió Eva. –Te prometo que cuidaré de ellos a costa de mi vida.
Con todos allí reunidos me puse al frente. Comencé a mirarlos a todos y entonces comencé a hablar. –Ya se que hemos pasado un infierno hasta llegar hasta aquí y que lo que menos apetece ahora es volver a salir ahí fuera a recorrer kilómetros de carretera y bosque, pero es lo que debemos hacer para llegar a Thomaston y entonces empezar una nueva vida. Una vida que nos hará dejar atrás todo lo que hemos vivido. He estado allí junto a otros y os puedo asegurar que es un lugar seguro y tranquilo.  Os prometo que todo saldrá bien— miré entonces a Sheila. –Como ya sabéis. Algunos han decidido quedarse, y yo no quiero obligar a nadie a venir, pero si alguien quiere quedarse aquí, lo entenderé.
Vi como algunos se quedaban un rato pensativos y decidían cambiar de opinión y quedarse en el hospital. Otros se mantuvieron firmes en su decisión de viajar hasta Thomaston.
Todo estaba ya claro, no había nada más que hacer. Se dieron las ultimas despedidas y salimos al exterior, allí la gente comenzó a subirse a los autobuses. Me dirigí a Amparo entonces. –Toma el volante de uno de los autobuses y ponte en primer lugar. Ve marcándonos el camino de regreso.
—El mejor camino es por donde vinimos— respondió Amparo. –Así llegaremos antes.
—Entonces adelante— dije yo. Miré a los que todavía estaban abajo. –Llegó la hora. Nos vamos.
Subí al autobús y me puse al volante. Vicky iba a mi lado. –Pronto estaremos en Thomaston— dije con una sonrisa.
—Y yo volveré al colegio. Tengo ganas…— Vicky hizo una pausa. –Nunca creí que diría esto.
—Vamos. Siéntate. Nos vamos— dije encendiendo el motor. Poco después, los tres autobuses dejaban atrás el hospital JFK. Mientras salíamos del aparcamiento, miré el retrovisor y me fijé en Sheila. Ella seguía en la puerta viéndonos marchar.
*****
Habíamos recorrido una pequeña parte del camino cuando el autobús que teníamos delante comenzó a reducir la marcha y a hacernos señales con la luces.
—¿Por qué hacen eso?— preguntó Vicky situándose a mi lado.
—Vamos a parar. Pasa algo— respondí al tiempo que aminoraba y hacía la misma señal al autobús que venía detrás. Detuve el vehículo y me giré para mirar a los que iban subidos en el. –Voy a bajar. Vosotros quedaros aquí.
—Voy contigo—dijo en ese momento Vicky.
—No. Quédate aquí— respondí. Seguidamente bajé y avancé hacia el primer autobús. Cuando llegué a donde comenzaba este, vi el por que nos habíamos detenido. Juan, David, Luci, Amparo, Stephanie y Keity ya se habían bajado también. Delante de nosotros había varios troncos de árbol en medio del camino. —¿Qué ha pasado? Eso no estaba ahí ayer cuando vinimos.
Keity estaba observando la parte por donde habían sido talados. –Los han talado y puesto aquí hace poco. Fíjate— Keity señalo un rastro que indicaba que habían sido arrastrados. –Hace falta mucha gente para arrastrar estos troncos.
—¿Quién puede haber sido?— preguntó Stephanie mirándome a mí.
—Quien haya sido… Es evidente que quiere retrasarnos— dijo David. Este entonces miró a Amparo. —¿Tiene esto algo que ver contigo?
—Por supuesto que no— dijo Amparo. —¿Por qué tendría que hacer algo así? No tiene sentido.
—No. Ella no ha sido— dije en ese momento. –Esto ha sido otra persona— en ese momento fui al autobús que había estado conduciendo y subí. Una vez arriba esquivé las preguntas de mis compañeros y me acerqué a Jake. A el lo habíamos esposado en la parte trasera del autobús y estaba siendo vigilado por Marta. No creía que llevarlo esposado fuese necesario, pero así los demás que todavía no confiaban del todo en el, estarían más tranquilos.
Le quité las esposas a Jake y volví a bajar del autobús seguido por el. Nos reunimos con los que estaban abajo y le mostré los arboles.
—¿Qué se supone que debo contaros?— preguntó Jake mirándonos estupefacto. Entonces miró los troncos y luego a mi. –Son troncos de árbol.
Luci al escucharlo soltó un suspiro. –Muy ingenioso… Lo que queremos saber es quien puede haberlos puesto ahí. Sabemos que por aquí hay varios grupos de cazadores.
—Perdona, pero yo no conozco a ningún grupo de cazadores leñadores. Esto podría haberlo hecho cualquiera. Lo que es evidente es que esto lo han puesto aquí para impedirnos el paso.
En ese momento escuchamos un ruido entre los matorrales y vimos aparecer a varios caminantes. Los cuales habían sido atraídos por el sonido de los motores.
—Yo me encargo de ellos— dijo Luci avanzando hacia ellos y comenzando a lanzarles mandobles con la katana. En pocos segundos, había acabado con todos ellos y regresaba a nuestro lado limpiando la hoja de la espada. –Vendrán más. Tenemos que movernos.
—Vamos a intentar apartaros. Que bajen los demás— dije.
Al poco rato. Estábamos varios tratando de apartar los troncos. Habíamos quitado ya un par cuando comenzamos a escuchar muchos gemidos y gruñidos. Miramos a nuestro alrededor y vimos salir a varios caminantes. Venían directos hacia nosotros.
—Volvamos a los autobuses. Daremos la vuelta— dije al ver que había demasiados y que algunos miembros del grupo comenzaban a entrar en pánico. Era evidente que fuese quien fuese, estaba provocando que diéramos la vuelta.
Subimos a los autobuses y comenzamos a volver sobre nuestros pasos marcha atrás mientras observábamos a los caminantes invadir la carretera. Llegamos a un cruce y giramos hacia la derecha. Llegamos  entonces a un nuevo camino y nos volvimos a encontrar con troncos en el medio de la carretera, esta vez eran más y mucho más gruesos, incluso tenían marcas de unos ganchos. Pude entonces comprobar como muchos comenzaban a desconfiar de Amparo. Algunos intentaron agredirla y yo me puse delante.
—Escuchad. No tiene sentido que haya sido ella. Esto es otra cosa. Ella está de nuestro lado— respondí tratando de proteger a Amparo. —Ahora lo importante es que salgamos de aquí.
—El tiene razón— dijo en ese momento Keity. –Alguien ajeno al grupo es quien está haciendo esto. Alguien que sabía que íbamos a pasar por aquí. Es raro, si, pero se que ella no tiene nada que ver. Ahora subiros a los autobuses y vayámonos.
Nuevamente subimos a los autobuses. Me senté al volante y entonces, Vicky vino a preguntarme que estaba sucediendo. No pude ocultarle nada.
—Alguien no quiere que lleguemos a Thomaston— respondí. En ese momento puse una pistola en sus manos y la miré. –Toma esta pistola y úsala contra quien se acerque a ti, a tu madre o a tus hermanos. Es evidente que quieren hacernos daño, podrían aparecer en cualquier momento. Estate atenta.
—Lo haré— respondió Vicky.
Miré entonces a Eva y ella me devolvió la mirada. Con un gesto le supe hacer entender que había algo que no marchaba del todo bien.
Pusimos de nuevo los vehículos en marcha y vi como Juan, tomaba posiciones sobre el techo del autobús que teníamos delante. Desde allí podría ver si alguien nos seguía.
Retrocedimos unos casi tres kilómetros cuando nos encontramos más troncos en medio de la carretera cortándonos el paso. Aquello era increíble, no hacía tanto que habíamos pasado por allí. Eso significaba que quien los había dejado allí, aun podría estar cerca.
Nuevamente nos bajamos de los autobuses e iniciamos una pequeña reunión. Los troncos eran demasiado gruesos y pesados y no íbamos a poder quitarlos. Los autobuses habían quedado así atrapados y no había manera de usarlos para ir hacia delante o hacia atrás.
—Bien. ¿Qué hacemos?— preguntó Luci. –Ahora mismo, los autobuses no nos sirven para nada. Tampoco podemos mover los troncos. Ni cincuenta personas a la vez podríamos moverlos. Y tampoco es que dispongamos de tiempo, por que cualquier ruido que hagamos bastará para atraer caminantes. Ya sabéis, basta con que se mueva uno para que los demás lo sigan.
—Ya. Es evidente que nos tocará dejar atrás los vehículos y seguir a pie— dijo en ese momento David. –Quizás podríamos adelantarnos a Thomaston unos pocos y pedir refuerzos.
—Estamos lejos para ir a pie. No llegaríais hasta mañana. Además de que si nos están acechando, es evidente que no os dejarían avanzar— dijo Amparo. –Ir unos pocos solamente es lo más parecido a un suicidio.
—No. No nos separaremos— dije mirándolos. –Quizás, eso quieran. Que nos separemos.
—O que nos quedemos juntos— dijo Yuriko.
—Si. Eso también…— respondí. Lo cierto era que ninguno de nosotros tenía idea de con quien estábamos tratando, y por lo tanto, no teníamos ni idea de lo que cabía esperar. Ni siquiera Jake o  Silvia que eran los más familiarizados con ello, sabían quien actuaba así, llegando a la conclusión de que podrían ser un grupo nuevo en la zona con el que nunca habían tratado o cruzado. Entonces tomé una decisión.  –Que todo el mundo lleve un arma y tenga los ojos abiertos. Vamos a comer algo, y planearemos que hacer.
Disolví la reunión y me acerqué a Eva. Ella entonces me miró. –Las cosas pintan mal. ¿No?
—Tú ten los ojos abiertos— le dije. –Probablemente tengamos que seguir a pie. Nos prepararemos y partiremos— vi que se ponía nerviosa y abrazaba a los bebés, entonces me acerqué más. –No dejaré que os pase nada. Te lo prometo.
—Tengo miedo… ¿Es que nada nos puede salir bien?— preguntó Eva.
*****
Ebony se encontraba ya en el cuartel general de su grupo y lo primero que había ido a hacer, había sido tomarse un baño caliente con mucha espuma y pétalos de rosa. La bañera era grande. Escuchaba música clásica mientras dos mujeres la lavaban. Ebony estaba relajada, tanto que comenzó a sentir sueño, fue cerrando los ojos y entonces sintió dolor en uno de sus brazos, abrió los ojos y le lanzó una mirada a la mujer.
—Me has hecho daño, inútil.
—Lo siento señora— dijo la mujer con timidez.
—No importa. Sigue frotando— Ebony miró a la otra mujer. –Tu. Llena una copa de vino y tráemela. Llénala hasta arriba y procura que no se derrame ni una sola gota.
—Si, señora— dijo la mujer saliendo de la gran bañera y dirigiéndose a una mesa donde comenzó a llenar una de las copas.
La puerta se abrió de repente y entonces apareció un chico joven que no tendría más de diecisiete años. Este se quedó plantado delante de Ebony, con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Querías algo Giga?— pregunto Ebony relajándose un poco más.
—Venía a decirte algo, pero verte así ha hecho que se me olvide… ¿Necesitas compañía ahí dentro?— preguntó Giga.
—Sigue soñando. Yo solo le pertenezco a el— respondió Ebony. –De hecho, no tendrías huevos a insinuarte si el estuviera aquí. Nunca me follarás.
—Ya veremos— contestó Giga mientras miraba a la chica que llenaba la copa. –Ponme una a mí. ¡Ahora!
—Son mis esclavas personales. Tu no tienes derecho a mandarles nada, si las quieres, paga por ellas— Ebony miró a la mujer.  –No le hagas caso. Es un capullo… Bueno. Habla de una vez.
—Ram acaba de ponerse en contacto con nosotros. Pronto cogerán a ese grupo, los están dirigiendo hacia donde queríamos. De momento, no pueden seguir con los vehículos. Tendrán que cruzar por el bosque, tal y como esperábamos.
—Perfecto. Las cosas saldrán bien. Que manden ya los helicópteros— dijo Ebony mientras observaba a su esclava regresar junto a ella con la copa en las manos. –Pues ya me has dicho lo que querías decirme, puedes retirarte.
—¿Cuándo volverá el?— preguntó Giga.
—No lo se, pero eso es lo que le hace interesante. El volverá cuando lo considere oportuno. El está moviéndose para que nuestra familia crezca. El es nuestro dios y el nos guiará en el nuevo mundo que está por llegar— respondió Ebony con una sonrisa.
Giga se fue de allí y siguió tomándose el baño. Sonrió al darse cuenta que se había excitado solo de pensar en el. El nunca la había tocado, pero aun así le pertenecía, ella era para el. Entonces, Ebony agarró una de las manos de una de sus esclavas y la llevó hasta sus piernas, poco a poco, se fue metiendo la mano de su esclava entre los muslos.
—Ya sabes lo que tienes que hacer— dijo Ebony.
La esclava comenzó  a masturbarla mientras Ebony se imaginaba que era el quien estaba dentro de ella, sonrió y le dio un trago a la copa de vino mientras la otra esclava seguía lavándola.
*****
—Si salimos ahora, tardaríamos seis o siete horas en llegar a Thomaston. Antes del anochecer. Sería lo más sensato— dijo Amparo mirándome. Yo estaba cruzado de brazos apoyado en el autobús. –No podemos seguir aquí.
—Tiene razón. Debemos movernos, no debemos seguir aquí— dijo Luci mirándome también.
—Muy bien— respondí. –Pongámonos en marcha.
Repartimos armas a todos y yo me dirigí al grupo. –Vamos a ir a través del bosque. Nos abriremos en abanico y protegeremos a los que no saben disparar. Si seguimos por el bosque, llegaremos a Thomaston antes del anochecer. No os preocupéis, se que es andar mucho, pero lo conseguiremos.
Todos comenzaron a movilizarse. Yo me acerqué a Eva y cogí en brazos a Shanon mientras ella llevaba a Nathan. Ella me miró. –Saldrá bien. No te preocupes.
—Te protegeré si pasa algo. Os protegeré a todos.
Comenzamos a caminar por el bosque. Miraba en todas direcciones. No quería que nada ni nadie nos sorprendiera. Miré al extremo derecho y vi a David junto a Alicia, dirigiendo a una parte de nuestro grupo. Entonces Silvia comenzó a caminar junto a mí.
—¿Qué haremos una vez lleguemos a Thomaston?
—Nos distribuirán en casas me imagino. La casa donde nos quedamos durante nuestra estancia estaba bastante bien. Y los muros son altos y fuertes. Mucho mejor que el hotel o el hospital— miré entonces a la pequeña Lucia. –Podrás verla crecer con tranquilidad.
—Tu a ellos también— dijo Silvia mirando a Shanon y luego a Nathan. –Pero… No se, me da miedo. ¿Y si vuelve a salir mal? Nada dura eternamente.
—Te juro que haré todo lo posible para que salga bien. Ayudaré para que los muros sean más altos y fuertes si hace falta— respondí.
En ese momento escuchamos un ruido y vimos aparecer a un caminante. Rápidamente, Juan se adelantó a todos y le clavó un cuchillo en la cabeza.
—Tranquilos— dijo Juan mirándonos. Fue en ese momento, cuando algo cruzó el aire y se clavó en el cuello de Juan. Este rápidamente se llevó la mano a la zona afectada y agarró un dardo. Entonces se cayó redondo en el suelo entre convulsiones.
Nadie entendió nada y cundió el pánico en el momento que más dardos comenzaron a cruzar el cielo. Vi caer a varios que trataban de huir. Alguien gritó que corriéramos y todos comenzamos a correr. Yo agarré a Eva de la mano y comencé a correr con Vicky detrás.
Vimos a un grupo que iba delante de nosotros y una explosión los mandó volando. Eso nos hizo cambiar de dirección. Corrimos a toda velocidad junto a Silvia. Ella se adelantó un poco y vi como salía despedida hacia el cielo, quedándose colgada boca abajo. La pequeña Lucia cayó al suelo y Luci se apresuró a cogerla.
—¿Qué coño está pasando?— preguntó Luci.
—Coge a la niña y corre. Pon a salvo a Eva, Vicky y los niños— dije a medida que trepaba por el árbol. Llegué a donde estaba Silvia y corté la cuerda. Silvia cayó al suelo y yo salté. La ayudé a levantarse y ambos comenzamos a correr por el bosque. Escuché más explosiones y vi a varios de los nuestros en el suelo con dardos clavados. Algo estaba pasando y no  era bueno.
Silvia y yo seguimos corriendo y entonces una explosión justo a nuestro lado nos mandó volando por los aires. Yo choqué contra el tronco de un árbol y luego caí al suelo totalmente mareado. Vi entonces a Silvia diciéndome algo, pero apenas la escuchaba por culpa del pitido de mis oídos. Ella intentó levantarme, pero no lo conseguía.
—Vamos Juanma. ¡¡¡Vamos!!!— logré entender que me decía Silvia.
En ese momento escuché algo que parecía ser el motor de varios helicópteros. Vi como uno nos sobrevolaba. Rápidamente agarré a Silvia y la miré a los ojos. –Corre y ponte a salvo. Vamos. Olvídate de mí.
Silvia asintió y comenzó a correr alejándose de mí. Yo me encontré entonces solo. Recobré un poco el equilibrio y me puse en pie apoyándome en el árbol. Seguí escuchando explosiones y recé para que ninguna alcanzara a Eva. Comencé a correr todo lo que podía, me dolía todo el cuerpo y a veces, tenia que pararme para descansar. Me aparté del árbol donde me había apoyado y seguí corriendo. Fue entonces cuando una red salida de la nada me envolvió y me hizo caer al suelo. Traté de quitármela de encima y cuando ya casi lo había conseguido. Alguien enfundado en un uniforme negro y con casco se abalanzó sobre mí.
Yo logré quitarme la red y le golpeé. Yo  era indudablemente más fuerte que el, lo desarmé, lo lancé contra un árbol y le quité el casco. Fue entonces cuando me quedé mudo y helado. No era más que un niño. En ese momento, sentí una punzada en el cuello y sentí algo como una descarga eléctrica. Caí al suelo totalmente paralizado mientras me daban convulsiones. Cuando estas pararon, me quedé inmóvil y vi a varias personas enfundadas en trajes negros. No podía distinguirlos muy bien, pero su altura no era muy distinta del niño al que había descubierto. Intenté levantarme y entonces me golpearon. Lo siguiente que vi fue oscuridad.

12 de Abril de 2011
Las Vegas…

Se despertó y se sitió como perdido, no recordaba nada. Abrió un poco los ojos y vio que estaba metido en lo que parecía un ataúd de plástico. En su cara había una mascarilla de oxigeno. Levantó su dolorido brazo para quitarse la mascarilla y vio que tenía el brazo vendado. Debajo de las vendas notaba un hormigueo que se estaba convirtiendo en dolor. Levantó el otro brazo y vio su piel, estaba como quemada. Fue en ese momento cuando vio a una mujer al otro lado de aquel ataúd de plástico. Ella lo miró con una mueca y seguidamente abandonó la estancia.
No había pasado ni un minuto cuando la mujer regresó acompañada de un hombre. Era un hombre de mediana edad con algunas canas y una cicatriz en la cabeza. Al verlo, el hombre sonrió y se acercó al plástico. Allí tomó asiento y lo miró cada vez más sonriente.
—¿Puedes oírme? Asiente si es así— el asintió y el hombre siguió haciendo preguntas. —¿Entiendes lo que digo?— volvió a asentir. —¿Recuerdas algo?— el negó con la cabeza mientras iba notando el hormigueo por todo su cuerpo. El hombre hizo una mueca y comenzó a hablar. –Muy bien. Escucha atentamente. Estás en un lugar llamado Las Vegas. Llevas aquí varios meses. Estuviste a punto de morir, pero ya no corres peligro. Según parece, sufres de amnesia. También vamos a tener que sedarte para que el dolor no te provoque un shock. No es la primera vez que te despiertas, aunque dudo que recuerdes algo. No intentes hablar, todavía no puedes.

La mujer se acercó al plástico y metió la mano con una jeringuilla, entonces le pinchó en el brazo. El volvió a mirar al hombre y este le sonrió. –No quiero que mueras. Sinceramente, prefiero que vivas y sufras cada día. Es lo único que mereces. Tú te buscaste esto. Ahora dormirás un poco y cuando te despiertes volveremos a vernos— el hombre se levantó y fue hacia la puerta. Entonces, antes de salir, se dio la vuelta y lo miró. –Por cierto. Tu nombre es Carlos. Y vas a vivir únicamente para sufrir y yo contemplarlo. 

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