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sábado, 10 de junio de 2017

NECROWORLD Capitulo 159

Día 22 de Junio de 2008
Thomaston…
08:00 horas de la mañana.

Amparo se despertó y miró la hora en el despertador. Acababan de tocar las ocho de la mañana. Miró a su marido, el cual seguía dormido. Se levantó de la cama y fue a darse una ducha. Cuando terminó, bajó a la cocina y comenzó a prepararse una taza de café. Justo cuando iba a darle el primer sorbo, escuchó la voz de su hijo a sus espaldas.
—Buenos días mamá— dijo Martin acercándose a ella y dándole un beso en la mejilla.
—Has madrugado mucho— respondió Amparo. –Pareces muy contento.
—Tengo motivos para estarlo. Hemos sobrevivido, estamos aquí tan tranquilos— dijo Martin señalando hacia las ventanas. Amparo se acercó a la ventana de la cocina y vio como los soldados trabajaban en las vallas.
El mundo se había ido al infierno y la supervivencia al otro lado de las vallas era imposible. Había muertos vivientes, grupos de saqueadores y animales salvajes. Aunque eran pocos, los habitantes de Thomaston que habían sobrevivido habían sido llevados a una zona segura del pueblo, una zona rodeada de vallas que mantenía a los No Muertos fuera al otro lado y a salvo a la población.
En ese momento llamaron a la puerta y Amparo fue a abrir. Cuando abrió la puerta se encontró frente a frente con el capitán Rossenberg. Este la saludó con una sonrisa.
—Buenos días— saludó el capitán. –Es hora de la reunión. Espero que no se haya olvidado.
Amparo se dio una palmada en la frente. –Es cierto. Se me había olvidado. Ahora enseguida voy.
Una hora después, Amparo se presentó en la reunión. Allí estaban reunidos varios de los militares y de los habitantes. Amparo estaba sentada detrás del estrado, observando como el capitán hablaba. Entonces este le dio la palabra a ella. Amparo se puso en pie, tomó el micrófono y comenzó a hablar.
—Se que hemos vivido tiempos difíciles, y que hemos sobrevivido a un infierno. Mi trabajo como alcaldesa será manteneros con vida a este lado de las vallas y tratar de seguir con nuestras vidas. Viviremos de la ganadería y de las cosechas. Los militares nos han traído semillas y animales de granja. Si todos cooperamos, en unos meses habremos recuperado lo más parecido a una vida normal mientras ahí fuera los militares y el gobierno siguen luchando para devolver  todo a la normalidad. Será algo costoso, pero no me cabe duda de que esto acabará algún día.

Día 18 de Julio de 2008

Amparo observaba demasiada actividad militar en la zona segura de Thomaston. Vio a varios soldados correr por las calles. Vio como se llevaban a rastras a varias personas. Rápidamente salió de casa y se encontró de frente con algunos militares.
—¿Qué demonios está pasando?— preguntó Amparo.
Amparo no recibió respuesta, solo la apartaron de un empujón y entraron en su casa, un minuto después aparecieron los militares saliendo por la puerta llevándose a Martin. Este trataba de librarse de las garras de sus captores. Amparo trató de impedírselo, pero la apartaron de un empujón.
—Por su bien le aconsejo que se quede quietecita alcaldesa— la amenazó uno de los militares. –Nos llevamos a los más jóvenes. Hemos perdido a muchos hombres. Algunos han muerto y otros han desertado.
—No dejaré que os llevéis a mi hijo— dijo Amparo abalanzándose sobre un militar, pero sintió un fuerte golpe en la nuca y perdió el conocimiento.
Amparo recuperó el conocimiento. Había estado inconsciente horas. Lo primero que hizo nada más levantarse, fue correr por toda la casa llamando a gritos a su hijo. Entonces se dio de bruces con su marido Reed. Este la detuvo y trató de calmarla.
—Martin no está aquí. Los soldados se han marchado y se han llevado a los varones más jóvenes. Nos han dejado solos a nuestra suerte. Nos han condenado a morir aquí atrapados. No volveremos a ver a nuestro hijo.
Amparo se derrumbó y comenzó a llorar amargamente. Los militares, aquellos que los debían proteger, los habían abandonado a su suerte y se habían llevado a parte de los habitantes.

01:00 horas de la madrugada…

Ariadna se despertó en mitad de la noche. Fue en ese momento cuando le llegó un murmullo similar a una canción. Salió de su habitación y vio que la luz de la habitación de su hermano estaba encendida. Caminó hacia ella y allí se encontró a Amparo. Esta, estaba sentada en la cama de su hijo con una foto en las manos y cantando una canción. Reconoció la canción por que era la misma que les cantaba cuando eran pequeños.
—¿Qué haces?— preguntó Ariadna parándose en la puerta.
—Pensar…— respondió Amparo dejando de cantar y la foto en la mesita de noche de su hijo. –Pensar, pensar y pensar.
—Tu no has podido hacer nada— dijo Ariadna entrando y sentándose a su lado. –La culpa es de esos cobardes. Tú eres la que realmente nos ha protegido haciéndote cargo de esta comunidad. Ellos solo estaban ahí para aparentar protegernos. Hasta tu amigo Rossenberg ha decidido dejarnos tirados, pero aun así… No podemos rendirnos.
—No. No podemos. Vamos a prosperar. Vamos a vivir. Me eligieron como alcaldesa por que yo misma fui una soldado. Se lo que hay que hacer para sobrevivir… Y es lo que haremos. Nos mantendremos con vida y creceremos como comunidad.

Día 1 de Enero de 2009
Thomaston…

—Han pasado varios meses desde que los militares nos dejaron tirados. Creíamos que íbamos a morir, pero no solo no ha sido así, si no que además, hemos prosperado y hemos crecido. Hace un día acogimos a un convoy de personas que huían desde Los Ángeles. Hoy forman parte de nuestra comunidad. También hemos finalizado la construcción de los muros que mantendrán fuera a todo ser vivo o muerto que trate de penetrar aquí sin autorización. Os prometí que creceríamos y que prosperaríamos. Lo hemos conseguido, pero no ha sido solo gracias a mi, si no a todos vosotros.
Todos comenzaron a aplaudir, era un grupo de más de cien personas allí reunidas en la plaza del pueblo. Amparo sonrió al verlo. Lo habían logrado, habían sobrevivido y levantado muros mucho más altos y resistentes, los cuales los protegían de los  No Muertos, los cuales habían crecido en gran número al otro lado hasta formar auténticos rebaños de miles de individuos.
Amparo se bajó del escenario y enseguida fue recibida por su marido Reed.
—Gran discurso cariño. Lo cierto es que esta gente lo necesitaba— dijo Reed dándole un beso a su mujer. También Ariadna se acercó para abrazar y besar a su madre.
—Lo único que lamento es que Martin no esté aquí para verlo— dijo Amparo con pesadumbre.
—No ha vuelto. Dudo que lo haga. Nosotros debemos vivir por el. ¿De acuerdo?— dijo Reed. Todos echaban de menos a Martin, pero era evidente que el habría muerto en algún momento, si no, nada le impedía regresar. Si no había vuelto ya, ya no lo haría.
La noche llegó y Amparo había decidido montar una fiesta en su casa. La música y el ambiente era algo agradable. Los invitados hablaban entre si y se felicitaban por los trabajos que desempeñaban, los cuales hacían que el día a día en la comunidad de Thomaston fuera mucho mejor.
Amparo vio entonces a dos de sus hombres de confianza. O´Donell y Tychell. Ellos habían sido vecinos suyos desde que había llegado a Thomaston y los mismos que se habían ocupado del levantamiento de los muros. Gracias a ellos, el levantamiento de los muros había sido en tiempo record.
—Hola chicos. ¿Cómo os va?— preguntó Amparo. —¿Es de vuestro agrado la fiesta?
—Lo es alcaldesa— dijo Tychell. –Viene bien tener estos momentos de vez en cuando.
Tychell era un joven enérgico y fuerte que en sus viejos tiempos había sido quaterback de un equipo de futbol.
Por su parte O´Donell era un hombre de mediana edad que había sido amigo de Reed desde el instituto y que estaba casado con una mujer llamada Brenda, la cual no sobrevivió al primer brote.
—¿Cuál es el siguiente paso?— preguntó O´Donell.
—El siguiente paso es seguir trayendo gente a la comunidad. Se que no es algo fácil, por que podrían ser peligrosos, pero creo que cuantos más seamos, más fuertes seremos y si además son personas expertas en algo, podremos seguir avanzando y recuperando lo que una vez fue la humanidad. Simplemente, recuperarnos.
—Yo no seguiría trayendo a más personas. El mundo ha cambiado Amparo. Hay demasiados desgraciados por ahí a los que no les importa nada más que ellos. No podemos dejar entrar a cualquiera— dijo Tychell. –Se lo que sientes, pero hay que ser precavidos. No pongamos en peligro lo que hemos construido.
—Yo también te entiendo y tomaré nota de ello. Quizás deberíamos hacer una sala de detenciones para que las personas a las que traigamos pasen allí un tiempo hasta que veamos si son o no de fiar. Pero no pienso negar ayuda a todos aquellos que la necesiten. En nuestro pueblo está la salvación y el nuevo comienzo— respondió Amparo.
—Espero que no te equivoques— dijo Tychell dándole un trago a su copa.

Día 14 de Febrero de 2009

Amparo iba a tomarse una taza de café cuando alguien llamó a la puerta de su casa. Salió a la puerta y allí se encontró con uno de los vigilantes de la puerta. Era Gordon.
—¿Qué ocurre?— preguntó Amparo con una sonrisa. La cual desapareció cuando vio que el vigilante estaba serio. —¿Pasa algo malo?
—Será mejor que vengas a la puerta— respondió Gordon.
—Espera— dijo Amparo dándose media vuelta. Se acercó a un mueble y abrió el cajón. Entonces sacó una pistola  y volvió a mirar a Gordon. Sabía que eso no podía significar nada bueno.
—Mamá ¿Qué ocurre?— preguntó Ariadna bajando por las escaleras.
—Vuelve a tu habitación y enciérrate. No bajes para nada— respondió Amparo. Seguidamente salió por la puerta y comenzó a correr por la calle junto a Gordon.
Amparo y Gordon no tardaron en llegar a la puerta. Allí había congregadas varias personas, todas apuntando con sus armas a la puerta. Cuando Amparo llegó, se fijó en la gente que había al otro lado. Eran alrededor de unas dos docenas. Todos estaban sucios y el que llevaba la voz cantante se acercó un poco más a la puerta.
—¿Eres tu quien está al mando?— preguntó el líder de aquel grupo mirando a Amparo. –Nunca me habría imaginado que fuese una mujer. Debes ser alguien muy importante si tienes ese puesto. Yo soy Louise.
—Yo soy…— Tychell interrumpió a Amparo.
—No le digas tu nombre. No es necesario.
—Pasábamos por aquí y vimos que había vida al otro lado. Venimos desde Mexico. Ha sido un largo camino. Estamos hambrientos y cansados. No tenemos nada que ofrecer, pero les estaríamos eternamente agradecidos si nos dieran algo de comida. Solo pedimos eso. Comida— explicó Louise.
—¿Por esto me habéis llamado? Creí que estaba ocurriendo algo— dijo Amparo.
—Les ordenamos que se detuvieran antes de llegar a las puertas, pero no lo hicieron. Activamos entonces el protocolo de seguridad y te llamamos a ti.
—No conocíamos dicho protocolo. Por eso deben disculpar nuestro error. Solo queremos comida— dijo Louise con una sonrisa. –Estamos hambrientos.
Entonces Tychell se fijó en un hombre que estaba bastante grueso y que presentaba un aspecto muy saludable. Demasiado para estar supuestamente hambriento. De hecho, ninguno de ellos parecía hambriento, y eran bastantes como para cazar animales de los alrededores.
—Aquí hay algo que no me cuadra del todo— dijo Tychell mirando a Amparo. –Aquí hay algo raro.
En ese momento Louise se acercó más a la puerta pese a las advertencias que le hicieron. –Queremos comer.
—Dad media vuelta— dijo Tychell. –No sigan avanzando.
En ese momento, escucharon un fuerte golpe a su derecha. Amparo, Tychell y el resto de presentes miraron a su derecha y entonces vieron como uno de los muros se venía abajo entre una nube de polvo.
El ataque fue tan repentino que Amparo apenas tuvo tiempo de reaccionar. Cuando quiso darse cuenta, un arpón atravesó el cuerpo de Gordon, seguidamente varias flechas comenzaron a volar hacia ella y Tychell. Rápidamente, ambos tomaron un vehículo como cobertura y comenzaron a disparar tanto a los hombres de la puerta como a los que aparecían tras la nube de polvo. Algunos de los hombres de Thomaston habían caído abatidos a causa de las flechas y permanecían inmóviles en el suelo mientras aquellos tipos que les habían asaltado iban entrando. Amparo se asomó y abrió fuego contra un hombre que trataba de llevarse a cuestas el cuerpo de uno de los habitantes de Thomaston. Fue en ese momento cuando Amparo cayó en la cuenta de que pasaba algo raro. Esas personas se estaban llevando a aquellos que habían matado o herido. Vio entonces como Louise entraba y abatía con una flecha a una mujer que estaba en las puertas. Seguidamente entraba, se la cargaba a los hombros y huía con ella. Amparo se asomó y continuó disparando hasta que logró acertar a Louise en la espalda. Este se desplomó en el suelo y entonces Amparo salió de su cobertura disparando a todo aquel que se cruzaba en su camino. Tychell la llamaba desde detrás de la cobertura, pero ella estaba haciendo caso omiso. Fue entonces cuando más habitantes de Thomaston hicieron su aparición y comenzaron a disparar a los intrusos. Unos minutos después ya no había nadie allí, los intrusos  se habían marchado y se habían llevado con ellos varios cuerpos.
—¿Qué cojones ha pasado aquí?— preguntó O´Donell.
Amparo en ese momento apareció arrastrando a Louise, el cual todavía seguía vivo. –Llevadlo a la sala de interrogatorios— Amparo miró al resto de personas. –Vosotros volved a levantar los muros. También quiero vigías en el muro. Tres de ellos cada treinta metros. Los quiero por toda la valla.
Amparo se acercó a uno de sus compañeros caídos. Tenía una flecha atravesándole el corazón. Fue en ese momento cuando Amparo vio que se movía. Al principio creyó que se había salvado, pero entonces le vio los ojos y se percató de que estaban carentes de vida, era un muerto viviente como los que había al otro lado del muro. Sin pensárselo dos veces, le apuntó con el arma y disparó.
—¿Qué ha pasado?— preguntó Tychell acercándose a ella.
—Era un No Muerto— respondió Amparo agachándose junto al cuerpo e inspeccionándolo en busca de mordiscos, pero no encontró ninguno. Algo que le extrañó, entonces miró a Tychell. –No hay mordiscos. Es extraño.
—Tampoco estaba enfermo. Recuerdo que en el primer brote, la gente enfermaba como si fuera una gripe normal. Las cosas se complicaban y al final morían, era entonces cuando resucitaban. Esto no tiene sentido— dijo Tychell. —¿Crees que…?
—Yo no creo nada. Llevad a ese mierda a la sala de interrogatorios. Luego pasaré a verlo y le sacaré información.
Amparo se alejó de allí y regresó a su casa. Allí la estaban esperando su marido y su hija. Reed se acercó a ella y la abrazó. –Me alegro que estés bien. ¿Qué ha pasado?
—Unos tipos de fuera nos atacaron. Han matado a Gordon y a otros. Nosotros también hemos acabado con unos cuantos. Lo más extraño es que a los que hemos matado, tanto suyos como nuestros, se los han llevado— respondió Amparo.
—¿Pero tu estás bien?— preguntó Reed cogiéndola de las mejillas.
—Si. Lo estoy. Van a llevar a uno de los intrusos a la sala de interrogatorios. Iré a sacarle información— eso hizo que Reed abriera mucho los ojos.
—¿No iras a…?
—Ya se que me prometí a mi misma que nunca más, pero solo por esta vez hay que hacerlo— respondió Amparo saliendo por la puerta de nuevo.
De camino a la sala de interrogatorios. Amparo se pasó por la casa hospital y entró. Allí se encontró con una de los médicos. Esta le dedicó una sonrisa.
—He escuchado lo que ha pasado. Me alegro de que estés bien. ¿En que puedo ayudarte?
—¿Recuerdas como eran las muestras de sangre del virus durante el primer brote?— preguntó Amparo.
—Si. Todavía conservo alguna de las probetas. ¿Por qué?— preguntó la doctora.
—Sácame sangre. Hay algo que quiero comprobar— respondió Amparo.
La doctora le sacó un tubo de sangre y luego la miró. —¿Qué quieres que haga exactamente con esto?
—Que lo analices, pero quiero que sea cual sea el resultado, solamente me informes a mi. ¿Entendido?
—Entendido— respondió la doctora.
Amparo salió de la casa hospital y finalmente llegó a la antigua comisaria de policia donde tenían la sala de interrogatorios. Allí se encontró con Tychell.
—¿Ha dicho algo?— preguntó Amparo.
—Nada. Ese tío no abre la boca. Le hemos curado la herida. Solo era algo superficial— respondió Tychell. –Creo que está esperándote.
—¿Cómo lo sabes?— preguntó Amparo.
—Cuando lo sentamos, dijo: ¿Dónde está la zorra que me disparó?
—Creí que habías dicho que no había hablado— respondió Amparo mientras caminaba junto a Tychell hacia la sala.
—No ha respondido a las preguntas, pero con nosotros y contigo se despachó a gusto el cabrón— respondió Tychell. Fue entonces cuando llegaron a la sala y vieron al tipo sentado al otro lado del cristal. Este estaba esposado a la mesa. No llevaba camisa y tenía vendajes cubriéndole el torso.
—Hablaré con el— dijo Amparo. Seguidamente se separó de Tychell y entró en la sala. Allí Louise la miró con una sonrisa.
—Por fin me traen lo que yo quería. ¿Como estás?
—Mejor de lo que estarás tú. Voy a ser clara contigo. Quiero saber de que coño va esto. Si me lo dices, probablemente vivas. Encerrado, pero vivo al fin y al cabo. Puede que incluso, si prometes irte lejos, te soltemos. Tú elijes Louise. ¿Qué queríais de nosotros?
—Verás…— comenzó a decir Louise. –El mundo ahí fuera no es como a este lado del muro. Llevamos observándoos varios días y nada de lo que hay aquí dentro se parece en nada a lo de ahí fuera. La vida en el exterior es dura. Cada día es una prueba de supervivencia que puede salir bien o puede salir mal. Si sale bien, vives para ver un nuevo día… Si sale mal… Bueno… Digamos que es entonces cuando acabas deambulando por ahí como uno más de esos podridos. Perdíamos gente demasiado a menudo. Así que tomamos una decisión para no morir de hambre. Cazar para comer. Comer carne.
—De personas— respondió Amparo.
—Al principio cazábamos animales y nos gustaba, pero los animales se desplazan y no se les puede engañar tan fácilmente. Nunca tropiezan dos veces en la misma piedra. Si escapan una vez de la trampa, será imposible que caigan una segunda vez. Sin embargo… Eso no ocurre con los seres humanos. Esos caen una segunda, tercera y cuarta vez. Seamos sinceros ¿Quién iba a dudar de un grupo de personas hambrientas? Es entonces cuando hacemos nuestra jugada maestra. No hay segundas oportunidades— explicó Louise.
—Pues hoy no os ha salido muy bien— dijo Amparo.
—Lo de a suerte también afecta a estas cosas— dijo Louise. –Hay que hacer lo que sea necesario para sobrevivir.
—Sobrevivir como sea…— murmuró Amparo –Se lo que es eso. Hace unos años estuve en Afganistán. Iba en un convoy militar cuando nos emboscaron. Nos dieron por muertos y nos lanzaron a una fosa. Tuve que hacerme la muerta durante horas, escuchando como se reían de nosotros. Cuando llegó la noche salí arrastrándome como pude entre los cadáveres de mis compañeros. Salí de la fosa y maté a todos los que había allí. Cuando me encontraron… Había acabado con todos. Eso será algo que nunca olvidaré.
—Entonces me entiendes— dijo Louise mientras Amparo se levantaba de la silla y le quitaba las esposas. –Entonces entiendes que hay cosas que tenemos que hacer.
—Entiendo que hay cosas que hay que hacer, pero tu y los tuyos habéis cometido el error de atacarnos— dijo Amparo, entonces, agarró a Louise por la cabeza, se la estampó contra la mesa y le clavó un cuchillo en la cabeza. Después, salió de la sala y se encontró con Tychell.
—He hecho lo que debía— dijo Amparo.
—Si…— murmuró Tychell.

16 de Febrero de 2009

—Estas son las muestras de tu analítica— dijo la doctora pasándole unas hojas de papel a Amparo. Ella las cogió y tras leerlas la miró. –No hay duda. Tienes el virus.
—Estoy infectada entonces— murmuró Amparo. —¿Qué se supone que debo hacer ahora?
—El caso es que me extrañó que estuvieras infectada y que no presentaras los síntomas. Basándome en que muchos virus suelen mutar y adoptar nuevas características… Decidí sacarme sangre y tomar otras diez muestras de habitantes de Thomaston.
—¿Y?— preguntó Amparo.
—Todas las muestras recientes muestran síntomas de infección. El caso es que las he comparado con muestras que tomé hace unos meses. Esas muestras están limpias— explicó la doctora.
—Entonces… Creo que había acertado con la hipótesis que había barajado hace unos días. Todos estamos infectados y dará igual como muramos. Resucitaremos— Amparo lanzó un suspiro. –Esto complica mucho las cosas.
—¿Qué hacemos ahora? Podríamos convocar una reunión y decírselo a todos— dijo la doctora.
—No. Nada de eso. Si les decimos que todos tenemos el virus. Cundirá el pánico. La gente se asustará. Debemos ocultárselo para que sigan siendo felices. Por favor Ronda. No digas nada— pidió Amparo.
—No lo haré— respondió la doctora.
Amparo salió de la sala y se topó de bruces con Tychell. Este se fijó entonces en la expresión de Amparo. –¿Ocurre algo?
—No. No ocurre nada— respondió Amparo. Después se marchó de allí.

24 de Febrero de 2009

Amparo estaba en el salón de su casa junto a su marido. Ambos leyendo un libro cada uno. En ese momento, llamaron a la puerta y ella salió a abrir. Cuando la puerta estuvo abierta se encontró con Tychell, la doctora Ronda y otros miembros de la comunidad.  Todos llevaban antorchas. Amparo los miró a todos y a cada uno de ellos, a la última a la que miró fue a la doctora.
—Lo siento. Esto es algo que no podía ocultar.
Tychell se adelantó más que ninguno y se plantó delante de Amparo. —¿Por qué ocultaste algo tan importante? Todos estamos infectados ¿Y tú nos lo ocultas? ¿Qué demonios pretendes?
—¿Qué es lo que ocurre?— preguntó en ese momento Reed saliendo a la puerta. Cuando vio a Tychell con la antorcha, se alarmó. –No se lo que ha pasado, pero todo se puede solucionar.
—¿De verdad crees eso? Veo que tu mujer no te ha contado nada a ti tampoco. Díselo Amparo. Dile lo que ocurre— le espetó Tychell a Amparo.
—¿Qué ocurre cariño?— preguntó Reed.
Amparo miró entonces a Tychell y luego a Reed. –Estamos todos infectados. Si morimos, nos levantaremos como muertos vivientes y mataremos a todo aquel que se nos cruce. Ella lo sabía… Y se calló. No dijo nada. Si lo hubiese dicho desde un principio, podríamos habernos evitado problemas. Ha muerto el señor Thompson. Se ha reanimado y ha matado a su mujer y a sus hijos. Si Amparo hubiese sido sincera, podríamos evitado las muertes de la mujer y los hijos de Thompson.
—¿Y que queréis?— preguntó Amparo. —¿Habéis venido a lincharme?
—No. He venido a anunciarte que algunos nos vamos de aquí. No queremos vivir aquí. Ya no. Nos vamos y no quiero que intentes detenernos— dijo Tychell.
—¿Por qué motivo? No sobreviviréis ahí fuera— dijo Amparo.
—No queremos vivir en un sitio donde nos mienten para manipularnos. Algún día lo entenderás. Y si, sobreviviremos ahí fuera y no será gracias a ti. Adiós Amparo— Tychell se dio media vuelta y salió del porche de la casa de Amparo. Entonces Amparo salió detrás de Tychell y le apuntó con la pistola.
—No os dejaré ir. Si te los llevas, solo conseguirás que os maten— dijo Amparo con las primeras lagrimas surgiendo de sus ojos.
—Moriremos de todos modos aquí si nos ocultas cosas. No me harás cambiar de idea Amparo. Esto es un adiós.
Amparo se derrumbó por completo y comenzó a llorar en medio de la calle, viendo como parte de los habitantes de la comunidad que tanto se había esforzado en construir, se marchaban sin volver la vista atrás. Ella se maldijo entonces por haber tomado aquellas ultimas decisiones, fue entonces cuando se juró a si misma que nunca más volvería a estropear lo que habían construido.


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