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sábado, 3 de junio de 2017

NECROWORLD Capitulo 158

Día 23 de Diciembre de 2010
Día 908 del Apocalipsis…
Bosque…

Gareth caminaba por el bosque. Se paraba cada vez que escuchaba un ruido en el bosque, apuntaba con su pistola y esperaba. Cuando veía que no ocurría nada, seguía su camino. Llegó a una zona despejada y sacó la pistola de bengalas, apuntó al cielo y disparó. Seguidamente, se sentó sobre un tronco caído y esperó. No pasaron ni diez minutos cuando Gareth comenzó a escuchar ramas crujir. Gareth se levantó de golpe y comenzó a apuntar en todas direcciones. Fue en ese momento cuando escuchó un ruido a sus espaldas, se dio la vuelta rápidamente y disparó.
La bala dio en el tronco de un árbol y a su lado apareció una muchacha con rastas que le sonreía de oreja a oreja.
—Tienes muy mala puntería. No se si alegrarme o preocuparme— dijo la chica. –Con esa puntería no vivirás mucho si sigues por aquí. Llego a ser un caminante y probablemente no lo habrías contado.
—¿Quién coño eres tu?— preguntó Gareth. –No te conozco.
—No conoces ni a la decima parte de nosotros. Soy Ebony— dijo la chica presentándose y caminando hacia Gareth. En ese momento, más gente apareció allí, todos eran chicos y chicas con edades de entre diecisiete y veinte años. Gareth comenzó a apuntarles a todos. –Relájate.  Haciendo eso no empiezas con muy buen pie si quieres unirte a nosotros.
—¿Quiénes son todos estos?— preguntó Gareth.
—Son los demás miembros de nuestro grupo— respondió Ebony. Entonces se percató de algo. –Oh. Ya entiendo lo que pasa. Tú esperabas a otra persona. Quizás esperabas a nuestro líder.
—¿Dónde está el? ¿Dónde está…?— Ebony lo paró de golpe.
—No digas su nombre. No te está permitido todavía. El no está aquí todavía. Está en un importante viaje, pero si lo quieres ver lo verás. Lo primer es preparar tu ritual de iniciación.
Ebony llevó a Gareth hasta una roca, allí lo sentó y todos los demás se pusieron a su alrededor. Entonces comenzaron a hablar en un idioma que Gareth no conocía. Fue en ese momento cuando Ebony se puso delante de el y sacó un cuchillo, lo acercó al brazo del muchacho y allí le hizo un corte en forma de Z. seguidamente, sacó un frasco con una sustancia de color rojo en su interior. Ebony le quitó el tapón y sonrió a Gareth.
—¿Qué es eso?— preguntó Gareth.
—Es su sangre. La sangre de nuestro dios. Todos hemos pasado por esto— respondió Ebony.
—Pero la sangre… Esa sangre…— balbuceó Gareth.
—No te pasará nada. A ninguno nos ha pasado nada y todos la hemos bebido— dijo Ebony. Entonces se echó el contenido del frasco en la boca, seguidamente besó a Gareth y dejó caer en su boca la sangre. Seguidamente retiró la boca y miró a Gareth. –Bienvenido a la hermandad. Ahora somos hermanos. Su sangre es nuestra sangre.

Hospital JFK…

Todos nos habíamos movilizado por el interior y el exterior del hospital. Jeremy, el hijo de Mike había desaparecido. No sabíamos cuanto tiempo hacia de ello, pero era evidente que no estaba allí. Nos separamos por el interior del hospital y comenzamos a buscar sin descanso. Yo iba con Amparo, ambos subimos a la última planta y comenzamos a llamar a Jeremy a voces,  pero no tuvimos respuesta. Me acerqué a una de las ventanas, le di un puñetazo a la pared y me di la vuelta para mirar a Amparo.
—Justo cuando íbamos a irnos ocurre esto. No hay nada que nos salga bien. Y es lo último que Mike necesita. Ya lo ha pasado demasiado mal, y Jeremy es un buen chico. El como todos los demás, está bajo mi cuidado, yo soy el líder de este grupo y no he podido evitar que pasara esto. Si no lo encontramos, la reacción de Mike es imprevisible.
—¿Ese Mike es peligroso?— preguntó Amparo.
—Mike es buena persona, pero es un hombre que lo ha pasado bastante mal. Perdió a su mujer en Manhattan y casi ha perdido a su hija. Fue una suerte llegar aquí y se salvó gracias a ello. Ahora ha desaparecido su hijo…
—Escucha. Si Mike es peligroso… No puedo llevarle a Thomaston. Ya tuvimos problemas antes por culpa de gente que perdía rápidamente los estribos y que ponían en peligro a los demás. No quiero pasar por ello otra vez, no quiero exponer tanto a mi gente.
—Tu gente lleva expuesta desde hace tiempo. Este mundo es un peligro constante aunque estéis detrás de unos muros. Cuando estuve allí me di cuenta de algo y es que esos muros aunque altos, no resistirían una marea de caminantes. Por eso he estado pensando en reforzarlo un poco más, pero necesito que tú estés de acuerdo.
—¿Crees que podría pasar pese a los vigías?— preguntó Amparo.
—A los caminantes les da igual quien este vigilando. Si apareciese un rebaño, ni todos los vigías del mundo podrían hacer nada. Necesitáis muros más gruesos y fuertes. Y triplicar o incluso cuadruplicar la vigilancia día y noche. Como ya sabes, no solo hay caminantes ahí fuera. Toda precaución es poca.
—Lideras muy bien este grupo y parece que sabes muy bien como sobrevivir y defender un lugar. Ambos hemos sido militares, pero tú has vivido ahí fuera más que yo. Cuando volvamos a Thomaston, quiero que seas tu quien nos lidere. Necesito que seas tú. Se que lo harás bien. Tú eres el líder que Thomaston necesita.
—Te equivocas— respondí. –Yo no soy…
En ese momento escuchamos gritos en el primer piso y Amparo y yo bajamos a toda velocidad. Una vez llegamos vimos a Mike sobre el doctor Kirk. Este lee golpeaba violentamente y todos los demás trataban de quitar a Mike de encima del doctor. Susy se lanzó sobre Mike y este se la quitó de encima con un manotazo. Yo corrí rápidamente hacia mi compañero y me lancé contra el para detenerle, pese a ser mucho más grande que yo, conseguí quitárselo de encima al doctor y ambos rodamos casi un metro por el suelo.
—Para Mike. Detente— le dije tratando de detenerle, pero el me golpeó y me lanzó por los aires. Choqué contra uno de los pilares y sentí un fuerte dolor en la espalda. Caí al suelo y justo cuando iba a levantarme, sentí como me levantaban con rapidez. Escuchaba gritos y todo era muy confuso, miré al frente y entonces vi el puño de Mike acercándose a mi cara, sentí entonces el golpe seguido de un fuerte dolor. Seguí escuchando los gritos y entonces escuché varios disparos, Mike se detuvo y ambos caímos al suelo.
Todo giraba a mí alrededor y entonces vi a Mike caído a mi lado, sangraba por un brazo y el hombro, pero todavía vivía. Detrás de el, Amparo sostenía una pistola, ella había disparado.
Me ayudaron a levantarme y miré a mí alrededor, vi a David que examinaba el cuerpo del doctor Kirk. El levantó la cabeza e hizo un gesto de negación. Era evidente que el doctor estaba muerto. David entonces atravesó la cabeza del doctor con un cuchillo.
—Te llevo a la enfermería— dijo Luci acercándose a mi. Seguidamente miró a los demás. –Sacad a Mike fuera de mi vista antes de que me lo cargue yo misma. Y no dejéis que se muera. Ese imbécil tiene mucho  que explicar. Quiero saber que ha pasado.
*****
Me desperté tumbado en una de las camillas, me incorporé lentamente mientras me tocaba la cara, todavía hinchada a consecuencia de los golpes que Mike me había propinado. Miré por la habitación y allí vi a Eva cruzada de brazos en uno de los sillones.
—¿Cuánto hace que me quedé inconsciente? ¿Cuánto tiempo he dormido?— pregunté.
—Son las nueve de la noche— dijo Eva. –Te quedaste frito a los pocos segundos de que Luci te ayudara a levantarte. El doctor Kirk está muerto.
—Ya lo vi… Creo recordar. ¿Qué le pasó a Mike?— pregunté haciendo memoria de lo que había pasado. —¿Por qué mató al doctor?
—¿Recuerdas que estábamos buscando a Jeremy?— preguntó Eva. –Pues lo encontraron. Era un caminante y Kirk lo tenía amarrado a una de las camillas. Mike lo descubrió y por eso lo mató. Vengó la muerte de su hijo.
—Dios… ¿Y donde está ahora Mike?— pregunté tratando de levantarme, pero me mareé y casi me caí. Eva se levantó y evitó que me cayera.
—¿Qué demonios pretendes? Estás hecho un asco. Mírate— dijo Eva. Yo me miré y vi que varias vendas cubrían mi torso. –Mélanie y Sheila dijeron que tenías dos costillas rotas. Como ya he dicho, estás hecho un asco.
—Necesito ver a Mike— respondí. –Tengo que hablar con el.
—El está en otra habitación. Esposado a la camilla y vigilado por Juan. Algunos piensan que es peligroso y que ha perdido el juicio. Incluso Amparo duda de llevarlo a Thomaston. No quiere arriesgarse a que cree problemas.
—Hablaré con el— respondí. –Acompáñame a su habitación.
Eva al final aceptó y me ayudó a caminar por el pasillo. Cada paso que daba me costaba mucho. Finalmente llegamos a la puerta de la habitación y entramos, allí estaba Juan de brazos cruzados y apoyado en la pared mientras Sheila y el doctor Lopez terminaban de curar a Mike. Cuando este me vio entrar, giró la cabeza para no mirarme.
—Dejadnos a solas— dije.
—No creo que sea buena idea— dijo en ese momento Juan.
—Está esposado. Es imposible que me haga nada. No tiene motivos para ello. Dejadnos solos, de verdad, estaré bien.
Eva me miró y salió de la habitación seguida por Sheila y el doctor. Cuando iba a salir Juan, este se acercó a mi y me  dio una pistola. –Por si acaso.
Todos salieron y entonces yo me quedé a solas con Mike. Este seguía sin mirarme pese a que comencé a caminar hacia el, finalmente me senté en un sillón y me quedé observándole. Cuando este me miró y vio la pistola sonrió.
—Supongo que me lo merezco— dijo en ese momento Mike. –La he cagado. La cagué en Manhattan y perdí a Kendra. La he cagado aquí y he perdido a mi Jeremy. Es cuestión de tiempo que también pierda a mi Beth.
En ese momento, dejé la pistola en la ventana y volví a mirar a Mike. –No quiero matarte. Quiero saber que pasó. Solo eso.
—Yo los encontré. Llegué a esa sala y ese cabrón estaba con mi hijo. El estaba bien esta mañana y luego estaba muerto. Fue ese cabrón quien lo mató. Tenía más caminantes allí. Sinceramente no se que me pasó, perdí los estribos con el y luego contigo, estaba fuera de mi. Mira como te he dejado. Merezco que me pegues un tiro.
—No lo haré— respondí. –Pero lo que he venido a hablar contigo es otra cosa. Estamos a punto de largarnos hacia Thomaston y cuando llegamos con la persona que nos llevará allí, te vemos a ti matando a uno de los nuestros. Amparo está dudando si debe llevarte a ti también.
—¿Eso es un ultimátum?— preguntó Mike —¿Me estás tratando de decir que no me llevareis con vosotros?
—Algo así, pero esto es un grupo y no pienso permitir que se rompa. Hablaré con Amparo y la convenceré de que no eres un peligro. Solo te pido que no hagas que me arrepienta. Thomaston es ese sitio que hemos buscado tanto y no pienso permitir que nadie lo estropee. Ni tú, ni nadie. Ahora descansa y mañana te soltaremos— dije mientras cogía la pistola y me dirigía hacia la puerta. Justo cuando iba a salir, Mike me llamó.
—No me arrepiento de haber matado a ese cabrón— dijo Mike. –Hice lo que tenía que hacerse.
—No Mike. No lo hiciste. Había otras opciones— respondí, seguidamente salí por la puerta.
Una vez fuera, Sheila y el doctor López volvieron a entrar en la habitación y yo me reuní con Juan y con Eva, a el le devolví la pistola.
—Soltadle. Hay que enterrar a su hijo y el debe estar presente.
—¿Estás seguro? Podría haberte matado igual que mató al doctor— respondió Juan –Es mi amigo, pero eso no significa que no crea que es peligroso.
—Estoy seguro. Hazlo— le dije. Miré a Eva en ese momento. –Llévame hasta donde estaba el cadáver de Jeremy.
—De acuerdo.
Eva me llevó hasta la habitación donde habían descubierto los caminantes con los que el doctor había estado experimentando. Nada más llegar, vimos a Marta y a Keity. Habían matado a todos los caminantes excepto al que unas horas antes había sido Jeremy.
Jeremy nos miraba con sus ojos carentes de vida desde la camilla donde estaba amarrado. Pude fijarme en el mordisco, pero también en unas marcas que había sobre su cara.
—Kirk lo asfixió después de que le mordieran. Lo he leído aquí— dijo Marta pasándome unas hojas de papel. –Al parecer, Kirk trataba de recuperar los recuerdos de los muertos. Quizás a su modo estaba buscando una solución.
—En el hotel hacía lo mismo. Creí que ya lo había dejado. Tendría que haberlo vigilado más— respondí. –Esto en parte es culpa mía. —Me separé de Eva y comencé a caminar hacia Jeremy. Este me miraba mientras abría y cerraba la boca. Haciendo rechinar sus dientes. Yo saqué mi cuchillo y lo miré. –Lo siento muchacho. Lo siento mucho— seguidamente le clavé el cuchillo en la sien y Jeremy dejó de moverse. Después le quité las correas y lo cogí en brazos. –Hay que enterrarlo.
—¿Y que hacemos con el cadáver del doctor?— preguntó Eva.
—Me da igual…— respondí saliendo por la puerta.
Unos minutos después estábamos todos reunidos en el exterior. Juan y David habían cavado una tumba mientras Mike envolvía el cuerpo de su hijo en una manta. Después, el mismo cogió en brazos a su hijo y lo depositó con ternura en el hoyo. Después comenzó a hablar.
—Jeremy era un gran chico. Le encantaba el Baseball y quería ser jugador profesional. No había nada que no hiciera por su hermana. El lo daba todo por ella— en ese momento miré a Beth. Vicky estaba con ella abrazándola, la pequeña ni siquiera lloraba, tenía la vista clavada en el bulto dentro del hoyo. Volví a mirar a Mike, el cual seguía hablando. –Los fines de semana, solía ir a las residencias de ancianos a escuchar historias de los veteranos de guerra. Todos lo querían mucho— Mike no pudo seguir hablando, su voz se quebró y rompió a llorar. Seguidamente, caminó hacia Vicky, cogió en brazos a Beth y se alejó hacia el interior del hospital. Yo me adelanté en ese momento y comencé a echar tierra sobre el cuerpo cubierto  de Jeremy. Cuando acabé, todos entramos al hospital. Había que prepararse. Saldríamos hacia Thomaston al día siguiente.
*****
Eran las ocho de la tarde y me encontraba en mi habitación preparando las mochilas para el día siguiente. Shanon y Nathan dormían tranquilamente en sus cunas y yo trataba de no hacer ruido para no despertarles. Fue entonces cuando llamaron a la puerta y yo dije que pasara, pensé en un principio que podría ser Amparo para hablar del asunto de Mike, pero me llevé una sorpresa cuando fue Sheila la que apareció.
—Hola— saludó ella. —¿Cómo te encuentras? ¿Te estás tomando las pastillas para el dolor?
—Si. No te preocupes. Es curioso, pero es alucinante que desde que pasó esto, me he tomado más pastillas en casi tres años que en toda mi vida. ¿Tú ya te has preparado?
—No. Yo no voy— dijo en ese momento Sheila. Eso hizo que me la quedara mirando.
—¿Qué has dicho?— pregunté dejando la mochila. —¿Has dicho que no vienes?
—Eso mismo— dijo Sheila caminando hacia mí. Esta se plantó al lado de la cuna y observó a los bebés. –Me voy a quedar en el hospital. Algunos celadores y enfermeros han optado por lo mismo. Igual que muchos de los que sacasteis de las jaulas del refugio de los cazadores.
—Hemos estado allí Sheila. Es un buen lugar, es seguro. Es mucho mejor que este hospital. Somos un grupo— dije mirando a mi compañera.
—Ya lo se, pero no es eso— respondió Sheila sentándose. Yo me senté frente a ella.
—¿Es por Rachel? ¿Aun me culpas por ello?— pregunté.
—No. Tú no tuviste la culpa de eso. El único culpable fue tu hermano— respondió Sheila.
—Entonces… ¿Qué ocurre?— pregunté.
—Aquí hay mucha gente enferma que no sobreviviría al viaje. Algunos viven conectados a una maquina. Aquí estamos bien abastecidos de medicamentos, agua y alimentos. Contamos con las placas solares. Muchos han decidido quedarse… Y yo también. No iré a Thomaston con vosotros, pero eso no significa que no vayamos a vernos más. Ya he hablado con Amparo y vamos a crear una ruta de comercio entre el hospital y Thomaston. Nosotros fabricaremos medicamentos y vosotros nos distribuiréis alimentos para sobrevivir y municiones para protegernos. Piénsalo, es una oportunidad que puede que no tengamos si nos vamos todos. Piensa también en esa gente que no se puede ni mover. Juanma… Esto es lo mejor. Se que nos quieres mantener juntos por que somos una familia, pero esto no es una separación. Esto,  es un primer paso hacia el futuro. Crearemos un mundo nuevo.
—Supongo que no puedo obligarte a que vengas con nosotros. No lo haría— respondí. No insistí, sabía que no iba a hacerla cambiar de opinión. –Entonces la miré. Prométeme que estarás en contacto con nosotros en todo momento y que si pasa algo extraño, por mínimo que sea, nos lo harás saber. Vendremos enseguida.
—Te lo prometo— dijo Sheila. Seguidamente nos dimos un abrazo y yo la miré.
—Estás anteponiendo el bienestar de los otros al tuyo propio. Rachel estaría orgullosa de ti. Siempre lo estuvo en realidad. Esto haría que lo estuviera más todavía.
—Vosotros simplemente tened cuidado ¿Vale?
—Lo haremos— respondí.
Sheila se levantó de la camilla donde se había sentado y salió de la habitación. Yo me quedé allí sentado, asimilando lo que había pasado y lo que estaba por venir. Teníamos ante nosotros un nuevo camino hacia lo que esperábamos que fuera un futuro.

En algún lugar del bosque…
22:00 horas…

Gareth fue llevado hasta una zona sin arboles. Allí había varias tiendas de campaña y caravanas. Nada más llegar miró a su alrededor con un gesto de decepción.
—¿Qué ocurre?— preguntó Ebony.
—¿Qué es todo esto? Esto no es de lo que me habían hablado. Esto es una mierda. Aquí no hay ni protección contra los muertos— entonces señaló a un grupo de chicos que no tendrían más de diecisiete años. –Son putos críos.
—¿Y que esperabas?— preguntó Ebony. –Tranquilo. Para tu información este no es nuestro cuartel general. Está lejos, nosotros estamos aquí solo de paso. Te hemos traído para que sepas donde estamos para cuando tengas que volver. Ahora vuelve a Thomaston.
—¿Cómo?— preguntó Gareth. –Yo no quiero volver. Esto no va así, no es lo que me prometieron.
—Te prometimos que serías de los nuestros y ya lo eres. Por eso ahora tienes que cumplir tu primera misión. La de volver a Thomaston y hacer como que nada a pasado. Reúnete con los demás que están allí y comenzad a trabajar. Tenéis que hacer lo que sea para que ese grupo no llegue a Thomaston. Solo así los cazaremos.
—Cazar… ¿De que estás hablando? No, esto no me interesa. Me uní a vosotros por que no seguíais reglas. Yo paso, no quiero formar parte de esto— dijo Gareth dándose la vuelta para irse, pero entonces se encontró con un grupo que le cortaba el paso. –Dejadme pasar.
En ese momento, Ebony lo agarró por detrás y le puso un cuchillo en el cuello. Entonces comenzó a hablarle. –Quien te habló de nosotros creo que omitió algunos detalles. Una vez bebes la sangre de nuestro dios y te conviertes en nuestro hermano, ya no puedes dejar de serlo. A menos que mueras. Has sido el ultimo en llegar y debes obedecer las ordenes de tus hermanos mayores, sin embargo…— Ebony oprimió más el cuello de Gareth. –Puedes morir y dejar de ser nuestro hermano. ¿Qué quieres hacer? Vives y haces lo que debes hacer… O mueres y alimentas a los gusanos. Decide.
—Quiero vivir— respondió Gareth. En ese momento, Ebony lo soltó y lo empujó. Gareth trastabilló y cayó de bruces al suelo. Allí se dio la vuelta y miró a Ebony. Esta lo miraba con una sonrisa de satisfacción.
—Sabia decisión. Ahora regresa a Thomaston. Sigue ese camino y llegarás en unos veinte minutos. Cuando llegues te dirán lo que tienes que hacer. Si haces esto bien, yo haré que te sientas bien.
Gareth se levantó y comenzó a caminar por el camino que le habían indicado. Veinte minutos después y sin complicaciones. Llegó a las puertas de Thomaston. Allí entonces fue recibido por un grupo de chicos y chicas. Todos iban cargados con mochilas. A la mayoría los conocía de las clases en la escuela.
—¿Te manda Ebony?— preguntó uno de ellos.
—Si… Si, me manda ella— balbuceó Gareth sin dar crédito a lo que veía.
—Bienvenido a la hermandad. Ahora debemos salir a cumplir nuestra misión— respondió aquel chico entregándole una mochila.
—¿Qué es esto?— preguntó Gareth.
—Tu solo síguenos. No tenemos mucho tiempo— dijo el chico haciéndole una seña a uno de los vigías. El cual se la devolvió. Después, el grupo se adentró en el bosque.

Hospital JFK…
22:45 Horas…

Beth se encontraba tumbada en una de las camillas. Su padre estaba a su lado, este no la miraba. Llevaba así desde que habían entrado, ni siquiera habían ido a cenar con todos los demás. Beth se incorporó un poco.
—Tengo hambre papá— dijo la pequeña. Aunque Mike no le respondió seguía mirando al suelo con un puño delante de la boca. —¿Papá?
En ese momento Mike la miró. –Echo de menos a mamá y a Jeremy. Quiero volver a verlos… ¿Y tu? ¿Quieres volver a ver a tu madre y a tu hermano? ¿Quieres verlos cariño? ¿Quieres que volvamos a ser una familia?
—No te entiendo papá— respondió Beth.
Mike miró a su hija y sus ojos se llenaron de lágrimas. Seguidamente le pasó la mano por la mejilla. –Duerme cariño. Cuando te despiertes, estaremos todos juntos. No pienses en que tienes hambre. Solo duerme mi vida.
Beth asintió y se tumbó en la cama. Allí miró a su padre. –Cántame una canción— después de decir eso y dejándose llevar por el canto de Mike, la niña cerró los ojos.
Mike cantaba mientras las lágrimas corrían por sus mejillas  y cogía una almohada. Seguidamente con delicadeza, la puso sobre la cara de su hija y ejerció presión sin dejar de cantar mientras la pequeña trataba de zafarse. Mike dejó de cantar justo cuando la niña dejó de moverse, después, únicamente lloró amargamente.
*****
—Le he hecho estofado caliente a Beth y Mike. Voy a llevárselo— dijo Vicky mirándome.
—De acuerdo. Lo necesitan. Quédate con Beth esta noche si quieres— respondí. Yo me encontraba sentado en un sillón de la habitación mientras le daba un biberón a Shanon. Eva dormía junto a Nathan en otra camilla.
—¿Y que pasa con mi mochila? Tengo que preparármela— dijo Vicky.
—Ya la prepararás mañana. No te preocupes— respondí.
Vicky salió de la habitación con el estofado y comenzó a caminar por el pasillo. Podía entender como podía sentirse Beth en esos momentos y pensó que lo mejor era quedarse con ella toda la noche, hacerle compañía. No le importaba pasarse toda la noche en vela si hacía falta. Llegó a la habitación y llamó antes de entrar, pero como no escuchó nada, entró. Lo que se encontró  la dejó petrificada. Mike estaba sentado en la camilla con la mirada fija en la puerta. Detrás de el, se encontraba Beth inmóvil. Con la cara cubierta por la almohada.
—¿Qué has hecho?— preguntó Vicky mirando a Mike.
—La he enviado con su madre y con su hermano— respondió Mike dejando ver la pistola que llevaba en las manos. Eso hizo que Vicky dejara caer el estofado al suelo y apuntara a Mike con su pistola.
—Deja la pistola Mike—dijo Vicky.

En ese momento, el cuerpo de Beth comenzó a moverse. Mike también se dio cuenta de ello. Puso la pistola en la frente de Beth cuando esta asomó y apretó el gatillo. El disparo se escuchó en todo el hospital. Seguidamente, Mike se puso la pistola debajo de la barbilla y volvió a disparar. Lo ultimo que pensó antes de morir, fue que por fin la pesadilla había terminado.

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