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sábado, 13 de mayo de 2017

NECROWORLD Capitulo 155

Día 1 de Diciembre de 2010
Día 886 del Apocalipsis…
10:30 de la mañana. Hospital

—Mi comunidad es grande. Hay sitios para todos y cada uno de los que estamos aquí. Disponemos de varias casas vacías, de una escuela, de un hospital con todas las comodidades. No es tan grande como este, pero estamos bien abastecidos. Yo aquí vine a buscar algunos medicamentos que necesitábamos por que se nos habían acabado. Allí en Thomaston tenemos grandes muros que nos separan de los muertos y de los vivos. Tenemos vigías las veinticuatro horas del día— decía Amparo mientras veíamos las grabaciones de la cámara de video. Estas se estaban viendo en una pantalla grande.
Hacía días que había pasado lo del refugio de los cazadores. Los prisioneros liberados se habían adaptado bien a nosotros y al hospital, los heridos se habían recuperado por completo. Por otro lado, la doctora llevaba tiempo sin aparecer ante nosotros, según Keity, esta se había recluido en su despacho y no quería hablar con nadie. No podía culparla, todas las esperanzas de volver a estar con su hijo se habían evaporado de un plumazo.
—¿Cuántas personas viven allí actualmente?— preguntó una chica llamado Hope. Una de los prisioneros liberados. Era la que más se había adaptado a nosotros y enseguida había hecho buenas migas con nosotros.
—Alrededor de ciento veinte personas. Aunque pronto aumentará el número debido a que algunas de nuestros habitantes están a punto de dar a luz. En Enero tendremos un número bastante elevado de partos. Con vosotros seremos unos cuantos más. Es la unión lo que nos hará más fuertes y capaces de afrontar estos tiempos oscuros— respondió Amparo. –Nuestra fuente de energía consta de paneles solares, como aquí, pero tenemos unos cuantos más. Tres veces más de los que tenemos aquí.
—¿Y que ocurre con el virus?— preguntó Luci. –Me refiero a lo de si alguien muere de forma natural.
—Tenemos patrullas que están alerta siempre. Llevamos más de un año sin sufrir ninguna baja por ataque. Nada, ni vivo ni muerto, puede entrar o salir  de Thomaston. Estoy orgullosa de lo que hemos logrado construir allí. Me gustaría llevaros a todos.
—Es un buen plan— dijo en ese momento Keity. –Pero no nos olvidemos del tiempo. Aquí hay ancianos. No hace buen tiempo y algunos no llegarían vivos— Keity tenía razón. El tiempo era muy inestable, solía nevar con mucha frecuencia y había constantes tormentas de nieve. Tantas que habíamos perdido los huertos y algunas puertas de la primera planta se habían quedado bloqueadas desde el exterior. –Por no hablar de que la nieve tardará en derretirse. Muchos caminos estarán cortados. Un viaje en vehículos en estas condiciones es muy difícil. Conozco el terreno, se de lo que hablo. Es mucho más sencillo un viaje a pie.
Eso que dijo Keity me dio una idea. Caminé al frente y me puse a hablar delante de todos mirando a Amparo. –Propongo algo, si a ti te parece bien. ¿Podrías llevar a un pequeño grupo contigo hacia Thomaston. Una vez  allí veremos como podemos venir a recoger al resto.
—Me parece bien. Podemos salir cuando tú quieras. Allí en Thomaston estábamos trabajando en unos autobuses para casos como este. Por si teníamos que trasladar a varias personas.
—Me parece estupendo entonces— respondí. —¿Cuántas horas tardaríamos en llegar allí a pie?
—Unas quince o dieciséis días— respondió Amparo.
—Unas pocas más si tenemos que dar rodeos. No olvidemos lo que hay ahí fuera y los territorios que tendremos que atravesar. Tendremos que tener ojos hasta en la nuca— dijo Keity.
—Bueno. Pues esto ya está— dijo Amparo apagando la cámara donde habíamos visto imágenes de Thomaston. –Os dejo para que decidáis quienes son los que vendrán a Thomaston conmigo.
Amparo se fue a descansar y yo me quedé con el resto del grupo. No tardé en ver las caras de duda de algunos. Muchos no terminaban de  creerse lo que Amparo decía.
—No arriesgaré a Alicia a ir a un sitio del que no sabemos si es seguro. Tampoco a caminar— dijo David mirando a Alicia mientras le ponía las manos sobre la barriga. Algunos deberíamos hacer lo que has dicho. Ir con ella y ver lo que hay. Así que me apunto a la expedición.
—Pues yo también me apunto— dijo Luci. –Necesitareis a alguien que os cubra el culo cuando os de por hacer alguna estupidez. Además, odio estar aquí encerrada.
—Yo también iré. No es necesario que seamos muchos. Cuatro basta— dijo Keity.
—Muy bien— respondí mirando a los tres miembros de mi grupo que me acompañarían a mí y a Amparo. Éramos más que suficientes. Los demás se quedarían allí a cuidar de los otros. Justo en ese momento, Vicky se abrió paso entre los presentes.
—Déjame ir contigo papá. Quiero formar parte de esa expedición. Soy una mujer y se que puedo ayudar, por favor papá. Prometo que no estorbaré— dijo Vicky ante la mirada de sorpresa de todos los presentes. Yo también la miré sorprendido, sobretodo me fijé en la determinación de su mirada. Me acerqué a ella y le puse la mano en el hombro. Era evidente que ella ya no era mi pequeña. No era aquella niña que encontré, había madurado casi sin darme cuenta y hablaba como una mujer adulta.
—Se que eres toda una mujer. Por eso vendrás con nosotros. Confío en ti— respondí con una sonrisa. De todos modos no iba a dejar que le pasara nada.
Disolví la reunión y el día fue pasando rápidamente mientras fuera. La tormenta de nieve seguía azotando la fachada del hospital JFK y el bosque que nos rodeaba. Cuando esta cesara, sería cuando el grupo de reconocimiento, saldríamos hacia Thomaston.
Decidí ir a hablar con Jake a la celda donde estaba. Aunque confiábamos más en el, por seguridad y por petición de el, seguía allí donde un día estuvo encerrado.
Llegué y abrí la puerta, nada más entrar, dejé la bandeja de comida que le llevaba. Este enseguida se sentó frente a la bandeja y comenzó a comer. Cuando terminó, me miró.
—Gracias tío. Gracias de verdad. Algunos no se fían aun de mi, pero tu eres distinto. Tengo la sensación de que si estoy vivo hoy es por que tu tienes algo que ver.
—Tal vez. ¿Cómo lo llevas? Esta celda no es gran cosa, pero los demás aun no se fían de ti. Piensan que podrías traicionarnos en cualquier momento— respondí.
—No puedo culparles— respondió Jake acercándose a su colchón y sentándose frente a mi. —¿Y tu? ¿Cuál es tu opinión real sobre mí?
—¿Acaso importa a estas alturas? Los cuervos negros quedaron en el pasado, como tu relación con ellos. Te has adaptado y has seguido nuestras reglas— respondí sentándome frente a el y sacando un mapa, el cual, desplegué sobre la mesa para que Jake pudiera verlo.
—¿Y esto?
—Es un mapa— respondí.
—No me jodas… ¿En serio?— respondió Jake en tono irónico. –Me refería a que quieres que haga con esto.
—Un pequeño grupo iremos a Thomaston con Amparo— respondí. –Tomaremos estos caminos— dije marcando el mapa con un rotulador.
—Sensacional… ¿Has venido a invitarme a la expedición?— preguntó Jake. –Debes saber que está a un cojón de aquí. Más de quince horitas a pie. Todo un  paseo.
—No. Lo que quiero, es que me digas que otros grupos de cazadores hay por esa zona. Si es que los hay… Tú estabas de lleno en un grupo. Nadie lo sabe mejor que tu.
Jake cogió en ese momento una pelota de tenis y comenzó a jugar con ella mientras me miraba. La hacía rebotar en la pared y la cogía al vuelo. –¿Si te lo cuento me dejarán salir? ¿Me dejarán unirme al club? ¿Pertenecer al equipo A? Creí que teníais a un tipo que se encargaba de hacer garabatos de los emblemas de cazadores que veía y así los identificaba.
—Ese era Boggs. El ya no está… Te sugiero que no lo menciones. Su novia está aquí en el hospital y lo tiene muy reciente. Si te oye, podrías despertarte un día, desnudo en la nieve, atado y al otro lado de la valla.
Jake cogió la pelota que rebotaba y me miró. –No. Eso no me mola. Siento lo de ese tío— seguidamente dejó la pelota sobre el colchón y comenzó a señalarme varios puntos. –De camino a Thomaston os sugiero que evitéis estos dos lugares. Los dominan los “Perros salvajes” y los “Chacales”…— Jake vio que lo miraba. –Si. Son tal como sugieren los nombres, son una panda de chalados que no atienden a razones. Ross no solía tener tratos con ellos… Por que francamente, no se puede tratar con ellos. Ya estaban chalados antes, imagínate como deben estar ahora. Esos capullos tienen una guerra abierta entre ellos. Sobretodo evitad los puentes.
—Amparo no mencionó nada de ello— dije.
—Por que probablemente tu amiguita sabe como evitarlos. Puede que tuviera suerte o que simplemente os lleve a una trampa. La  cuestión es: ¿Qué es lo que piensas tú sobre lo que ha pasado?
—Ella no tiene marcas que la identifiquen como perteneciente a un grupo de esos. Según Silvia es algo obligatorio en los grupos— respondí.
—Y es cierto… Nah, tu amiguita probablemente tuvo suerte. Estarían tratando de conquistar nuevos territorios. Esa es otra, todos los grupos de cazadores, además de traficar con gente, armas y alimento. Buscan poder. Buscan controlar a otros y hacerse con el control de este país o de lo que queda de el. Ross hablaba a veces de eso. Otra posibilidad es que haya pasado otro grupo venido de otra parte y los hayan exterminado o se hayan exterminado entre ellos.
—¿Hay más grupos?— pregunté.
—Solo conozco a esos. No creo que haya más. Los otros más o menos estaban cerca de donde estábamos nosotros. Los carnívoros por ejemplo. Luego está la hermandad, pero esos operan lejos de aquí. No son una preocupación— dijo Jake.
—¿La hermandad?— pregunté.
—Ellos eran por así decirlo… Los que estaban interesados en un grupo fuerte y numeroso. Son unos comodones que hacen que otros grupos cacen para ellos. Ellos eran los que nos hicieron ir tras vosotros…— dijo Jake con una sonrisa.
—¿Y no sabes donde están?— pregunté.
Jake negó con la cabeza. –Nadie lo sabe. Nosotros os cazábamos y os llevábamos a un punto de entrega. Allí os recogían y os llevaban a dios sabe donde. Si te soy sincero, nunca los he visto en persona… Pero por lo que se de ellos. Son los más chungos de todo este tinglado. Su líder, del que he oído hablar… Bueno, eran rumores… Pero esos rumores hablan de que es un tipo que está verdaderamente chiflado. Creo que el único que había hablado directamente con el era Ross. Podríamos preguntarle… A no, espera… Que Ross está bajo metros de nieve con un agujero en la cabeza.
Cogí el mapa, lo doblé y volví a guardármelo en el bolsillo. –Gracias por tu ayuda. Aunque esperaba algo más por tu parte. Algo más de ayuda.
—Siento no haber sido más útil…— dijo Jake mientras yo me levantaba, justo cuando iba a salir por la puerta, el me llamó y yo lo miré. –Hay una cosa más. Esa hermandad, tiene un distintivo. Una letra, una Z. No se a que se refiere ni su significado real, pero si la veis. Corred sin mirar atrás. Eso quiere decir que la hermandad anda cerca.
Salí de la celda y caminé por el pasillo dándole vueltas a lo que Jake me había dicho. Lo cierto era que me había asustado con todo eso de los grupos. Era increíble como había cambiado el mundo. Ya no solo había que preocuparse por los muertos que nos superaban en número, si no también por aquellos vivos avariciosos que no respetaban la vida de los demás. De repente me vino a la mente una imagen de mi hermano y me detuve. Me apoyé en una columna y noté que me faltaba el aire. Busqué donde sentarme y allí me quedé. No sabía que me  había pasado exactamente, pero de repente me vino un presentimiento desagradable. No sabía por que, pero la idea de que mi hermano siguiera vivo me aterrorizó. Podría volver a por nosotros con más ansias de venganza que nunca. De repente escuché un ruido, levanté la cabeza y vi una botella de vidrio rodar por el suelo. Se trataba de una botella de vino vacía, detrás  de ella. Apareció la doctora Green, a la que hacía días que nadie veía.
Me levanté y caminé hacia ella. Traté de hablarle, pero ella me apartaba la cara. Enseguida me llegó el olor a alcohol que desprendía. Me imaginé enseguida lo que había pasado.
—Doctora…— no terminé la frase. Esta me apartó de un empujón y luego me escupió. Fue entonces cuando la pude mirar a los ojos. No estaba borracha, pero se le notaban los efectos de una fuerte resaca.
—Aléjate de mí. No me toques. No te atrevas a tocarme— la doctora comenzó a empujarme. –Mi niño. Mi niño está muerto y todo por tu culpa.
—Se lo que siente.  Yo…
—Y una mierda. No sabes una mierda de lo que siento. Tú no has perdido a tus hijos. Tus hijos siguen vivos. No se los ha comido uno de esos seres… Ojala se murieran. Así sabrías lo que siento. Así conocerías mi dolor— la doctora me empujó una vez más y se alejó de mi por el pasillo. Eso hizo que me sintiera todavía peor.

23:00 horas de la noche…

Muchos se habían ido a dormir después de cenar. Yo me encontraba en una de las salas de espera, mirando por la ventana. Aun no tenía sueño y en la habitación aun estaba Eva tratando de dormir a los gemelos. No dejaba de darle vueltas a todo, a lo de los grupos, a lo dela doctora. Mi mente era un ir y venir de pensamientos que me hacían plantearme muchas cosas. La seguridad del hospital y la seguridad del viaje hacia Thomaston.
—¿Nervioso?— preguntó en ese momento Amparo a mis espaldas. Yo me giré rápidamente y la vi apoyada en la pared detrás de mí. Entre las manos sostenía un vaso de plástico con café caliente.
—Más bien… No dejo de darle vueltas al tema de los grupos de cazadores. ¿En serio no sabías nada de ellos?— pregunté.
—No.  Nada— respondió Amparo. –Entiendo que estés preocupado, pero piensa en lo positivo. Thomaston. Allí podríais estar a salvo, no es por que yo viva allí y sea quien manda, pero te garantizo que es un buen lugar para vivir. Se que es lo que tu grupo y tu buscáis.
Miré entonces a Amparo. –No es que dude de ti en estos momentos, pero te aseguro que si traicionas mi confianza, si pones en peligro a mi gente o a mi familia, te juro que no dudaré en matarte, aunque tenga que morir yo también, pero te llevaré por delante.
—Es lo justo— dijo en ese momento Amparo. –Me gusta tu actitud. Eres la clase de personas que necesitamos en Thomaston. Gente que proteja con su vida aquello a lo que ama. Aunque tenga que hacer cosas que no son del todo buenas. Yo haría lo mismo que tu.
*****
La doctora Green salió de su despacho.  Había estado pensando en lo que iba a hacer y finalmente se había decidido. Cargaba con una mochila amplia y caminaba dando grandes zancadas mientras miraba a ambos lados para ver si la seguía alguien. Llegó a la puerta de la habitación donde estaba Eva. Estuvo a punto de abrir la puerta, pero se paró a escuchar. Al otro lado escuchaba a Eva cantar una nana a sus bebés.
Con mucho cuidado, la doctora Green abrió la puerta y entró. Eva aun no se había dado cuenta. Avanzó  lentamente hacia ella mientras sacaba una llave inglesa. En ese momento, sin querer le dio una patada a algo que había en el suelo y produjo ruido. Entonces, Eva se dio  la vuelta y la miró.
—Doctora… ¿Qué…?— Eva no terminó la frase. La doctora levantó el brazo y golpeó a Eva con la llave inglesa en la cabeza, dejándola inconsciente y tirada en el suelo.
La doctora avanzó hacia la cuna y se quedó mirando a los bebés. Estos le devolvieron la mirada. Una mirada inocente. No había tiempo que perder, cogió a uno de los bebés y lo metió dentro de la mochila, seguidamente cogió al otro y lo metió también. Nuevamente miró a Eva, esta seguía inconsciente y sangrando por la cabeza. La doctora pensó en rematarla en ese momento, pero finalmente no lo hizo. Salió de la habitación y cerró la puerta con llave desde fuera. Seguidamente comenzó a caminar por el pasillo. Se marchaba del hospital con los bebés, a los que criaría como sus hijos lejos de allí, lejos de todos. Nunca la encontrarían.
La doctora Green no podía bajar al hall por que no podría salir, únicamente llegó a la primera planta  y allí se encaminó hacia una de las ventanas. La abrió y entró una ola de aire frio.
Hacía mucho frio y temía que los niños murieran congelados, ya que no sabía a donde ir. Quizás pudiera refugiarse en una de las casas que había por allí cerca. Finalmente, se armó de valor y salió por la ventana, dejándose  caer  sobre el techo del camión que había pegado a la pared. Con mucho cuidado, descendió por la parte delantera y se dejó caer sobre la nieve. La doctora se hundió hasta la cintura, pero aun así, pese al frio, comenzó a alejarse del hospital.
******
Seguía hablando con Amparo. Ella estaba junto a la ventana cuando vi que se quedaba mirando algo. Yo la vi a ella y me  miró.
—¿Qué es eso? Ahí hay alguien.
—¿Qué?— pregunté levantándome de las sillas y corriendo a la ventana. Cuando llegué. Amparo me señaló a lo que se refería y efectivamente vi a alguien que se estaba alejando del hospital. No tardé mucho en reconocer de quien se trataba. Era la doctora Green, iba con el pelo ondeando al viento, con su bata de medico y cargada con una mochila.
—¿Vamos a buscarla? No sobrevivirá en medio de la tormenta— preguntó Amparo.
Yo negué con la cabeza. –No. Es su decisión. Si ella se va es por decisión propia. No conseguiríamos nada trayéndola de vuelta. Si quiere regresar que lo haga por su propio pie.
En ese momento, vi a Eva aparecer tambaleante por el pasillo mientras se tapaba con una mano parte de la cabeza por la que sangraba. En una de sus manos llevaba a rastras un extintor. Al verla, me acerqué corriendo a ella.
—¿Qué es lo que ha pasado?— pregunté.
—Ha sido Green. Me golpeó y me dejó inconsciente y encerrada. Me desperté y había desaparecido. Se ha llevado a Nathan y Shanon. Me desperté y ya no estaban— dijo Eva casi histérica. Yo no daba crédito a lo que decía.
—Acabo de verla por esa ventana. Se marcha del hospital— respondí. En ese momento, Eva me  cogió de los brazos y me miró a los ojos.
—Se está llevando a nuestros hijos— dijo Eva.
Sin pensármelo dos veces corrí hasta donde teníamos las armas. Cogí uno de los fusiles y me lo cargué al hombro. Entonces, llegó Amparo a donde estaba.
—¿Qué vas a hacer?
—Salir tras ella. No nos lleva mucha ventaja— respondí saliendo de la sala. Corrí por el pasillo con Amparo pisándome los talones y llegué a la ventana del  primer piso que estaba abierta, la misma que habría usado Green para escapar. Salí por ella y me dejé caer en la nieve. Esta me llegaba hasta la cintura. Hacía mucho frio, pero aun así avancé siguiendo el rastro en la nieve que la doctora había dejado, debía darme prisa antes de que la tormenta lo borrara.
Llegué a la valla y traté de treparla. Miré a mi alrededor y vi que había caído una parte de ella, seguramente había sido la doctora la que la había tirado. Pasé por allí y me adentré en el bosque. No tenía tiempo que perder, el frio podía ser fatal para mis hijos.
Tropecé y caí rodando, llegué a un camino y entonces vi una sombra a unos metros de mí. Rápidamente, alcé el arma y apunté.
—¡¡¡Green!!! ¡¡¡Doctora!!! Aun no ha hecho nada de lo que pueda arrepentirse. Deténgase ahora mismo y devuélvame a mis hijos. ¡¡¡Doctora!!!— volví a gritarle. Entonces la sombra se detuvo y comenzó a caminar hacia mí. No podía calcular la distancia que había entre nosotros. —¡¡¡Doctora!!!— la silueta quedó a la vista y entonces me di cuenta de que se trataba de un caminante. Este me pilló de sorpresa y no me dio tiempo a disparar.  El caminante y yo caímos al suelo, yo lo hice de bruces y mi cara se hundió en la nieve, quise levantarme y quitarme de encima al No Muerto, pero no lo logré. Sentí que todo iba a terminar, hasta que escuché un disparo. Por fin pude incorporarme, miré entonces al caminante y luego apunté a la sombra que se acercaba a mí. Entonces descubrí de quien se trataba, era Eva.
—¿Estás bien?— preguntó Eva mirándome.
—¿Qué demonios haces tú aquí?— pregunté mirándola y observando la herida de su cabeza.
—Lo mismo que tu. Busco a mis hijos. Esa zorra no andará  muy lejos— respondió Eva.
—Regresa al hospital. Yo me ocuparé de esto— dije alejándome de ella, pero aun así, ella me siguió. Yo me di la vuelta y la increpé. –Maldita sea Eva.
—Si quieres que vuelva,  de acuerdo, pero será con mis hijos en brazos. No pienso discutir contigo. No aquí, no ahora— respondió Eva. Yo entonces la cogí de la mano y ambos comenzamos a caminar, perdiéndonos en la tormenta.
—No te separes de mí—  dije apretándola entonces contra mi cuerpo.
No se cuanto tiempo habíamos estado así, pero entonces llegamos a un sitio que reconocía. Era el mismo lugar donde Eva y yo nos habíamos encontrado.
—Maldición. Hemos estado andando en círculos— dije en un estallido de rabia. Hacía demasiado frio y los bebés eran muy pequeños, podían morir de hipotermia en cualquier momento. Entonces, Eva me tiró de la manga de la chaqueta y me señaló lo que parecía una luz. Ninguno de los dos la habíamos visto antes.
—¿Qué es eso? Antes no estaba— dijo Eva.
—¡¡¡Vamos!!!— dije comenzando a correr mientras rezaba por que aquella luz no se apagara.
Eva y yo llegamos a un porche de madera y subimos rápidamente los escalones. Cruzamos la puerta y nos refugiamos en el interior, una vez dentro, cerré la puerta. Tanto Eva como yo estábamos helados.  Fue en ese momento cuando escuché un ruido que venía de arriba. Eva quiso decir algo, pero yo le pedí que guardara silencio. Poco después, ambos comenzamos a subir los escalones  de uno en uno, tratando de hacer el menos ruido posible. Cuando llegamos al piso superior, fue cuando escuchamos el llanto de un bebé. Eso nos demostraba que habíamos llegado al lugar correcto. También era evidente que cuando la doctora abandonó el hospital, sabía muy bien a donde iba.
Siguiendo el  llanto del bebé llegamos a una puerta de donde salía algo de luz. Una vez allí la abrí y fue entonces cuando encontré a la doctora con Nathan en brazos. Era el quien lloraba. Shanon estaba tumbada en la cama y arropada. Cuando nos vio, la doctora sacó una pistola y me apuntó. Eva y yo hicimos lo mismo.
—Marcharos de aquí. Dejadme en paz— dijo la doctora.
—Deja a mis hijos puta loca— dijo Eva apuntándole a la cabeza. –Te juro que dispararé.
Entonces la doctora me señaló a mí. –El tiene la culpa. Esto no habría pasado si no hubiera dejado morir a mi Warren. Por eso yo me quedaré a estos niños. Yo los criaré mejor que vosotros. Conmigo estarán a salvo, pero con el…  No.
—Siento lo de su hijo. Siento no haber podido hacer nada, pero esto no se lo devolverá— dije tratando de acercarme a ella, fue en ese momento, cuando dejó de apuntarme a mi y puso el cañón de la pistola sobre  la cabeza de Nathan. Eva y yo nos quedamos quietos.
—Si no los tengo yo, no los tendrá nadie. Primero los mataré a ellos y luego me mataré yo— amenazó la doctora. –Lo haré.
—Comprendo lo que siente doctora. Noes fácil perder hijos, yo me moriría  si los perdiera a ellos. Lo son todo para mi, son lo mejor que he hecho desde que el mundo que conocíamos dejó de existir. Nathan y Shanon  son mis hijos, y nada de lo que haga cambiará eso, aunque los crie usted. Nunca los verá como hijos suyos— dijo Eva.
En ese momento, la doctora se derrumbó y comenzó a llorar amargamente, dejando a Nathan en la cama junto a Shanon y sentándose en el suelo. Fue en esos momentos, cuando Eva corrió a coger a sus hijos.
—Vete abajo y espéranos ahí— le dije. Eva obedeció rápidamente y yo me quedé a solas en la habitación con la doctora. —¿Es consciente de lo que ha hecho?
—Estaba desesperada— respondió la doctora.
—Ha amenazado la vida de uno de mis hijos— respondí cogiendo la pistola de la doctora. –Mañana por la mañana, todos en el hospital sabrán lo que ha hecho. Nunca se lo perdonarán.
—¿Qué puedo hacer?— preguntó la doctora en ese momento.
Entonces le apunté con la pistola y le disparé tres veces. Dos veces en el pecho y una en la cabeza. Sus ojos se habían quedado clavados en mí. Salí de la habitación y bajé las escaleras. Me dirigí hasta el salón y me senté ante la mirada atónita de Eva, la cual, había escuchado los disparos.
—Regresaremos mañana al amanecer al hospital… Cuando pregunten por la doctora les diremos que no tuvimos más remedio que abatirla cuando amenazó la vida de nuestros hijos— dije sin mirar a mi mujer.
—¿Qué ha pasado ahí arriba?— preguntó Eva.

Entonces la miré. –Acabo de evitar que la doctora ponga en peligro nuestras vidas otra vez.

2 comentarios:

  1. Buenísimo el actuar de Juanma, las circunstancias lo obligan a actuar de esa forma, se habia tardado jejeje, saludos.

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