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sábado, 22 de abril de 2017

NECROWORLD Capitulo 152

Día 15 de Noviembre de 2010
Día 870 del Apocalipsis…
17:00  de la tarde. Hospital…

—Deprisa. A la enfermería— decía la doctora Green al tiempo que corría junto a la camilla que transportaba a Boggs. Entraron en el quirófano y la doctora pidió que solo se quedara el personal indispensable. Entonces miró a Sheila. –Voy a necesitarte.
—De acuerdo— dijo Sheila asintiendo.
Todos los que estaban allí salieron, dejando a Sheila, el doctor López y a la doctora Green. Marta observaba desde fuera.
—No te preocupes. Todo saldrá bien— dijo Dingan mirándola. –La doctora Green no lo dejará morir. Ya verás como se pone bien.
Marta miró a Dingan. –No lo hará. Todos moriremos tarde o temprano.
—¿Por qué dices eso?— preguntó Dingan. –Llevamos sobreviviendo desde que comenzó esto. Boggs es fuerte. Logrará salir de esto. Tienes que confiar en el.
Marta apoyó la cabeza contra la pared. –No importa lo fuertes que seamos. Nuestra hora llega cuando llega y no podemos hacer nada para evitarlo… Aun así… Boggs está donde está por culpa de otros. ¿Viste a esa tía nueva que ha llegado?
—¿La rubia?— preguntó Dingan. —¿Qué tiene que ver? Keity se la ha llevado a una de las salas  para interrogarla.
—¿No te parece oportuno? Boggs acaba herido y aparece ella en el hospital… Esa tía tiene algo que ver con lo ocurrido. Seguro que pertenece a algún grupo de  cazadores de personas. Si Boggs muere, ella pagará por todos— dijo Marta sin mirar a su compañero.
—Oh dios. Creo que no sabes lo que dices. Creo que será mejor que vayas a descansar. Yo me quedaré aquí. Te informaré de ello pase lo que pase.
Marta se alejó de la pared y salió al pasillo. Allí se sentó en una de las sillas y sacó su arma. Entonces sacó el cargador y comenzó a ponerle balas mientras en su mente aparecía la cara de la recién llegada.
******
Keity apuntó a la mujer con su fusil y la obligó a ponerse de espaldas a ella apoyada en la pared. Antes de entrar allí, la habían cacheado y le habían quitado todo lo que llevaba encima.
Glenn entró en la sala y miró entonces a Keity. –Boggs ha entrado en quirófano. La doctora hará todo lo que esté en sus manos, pero vi las caras que ponía… No tiene buena pinta.
—Lo conseguirá…— Keity se acercó a la mujer y la obligó a darse la vuelta. Entonces la miró de arriba abajo. —¿Dónde tienes el tatuaje? ¿A que grupo de cazadores perteneces?
—No se de que me hablas. No pertenezco a ningún grupo de cazadores— respondió la mujer mirando a Keity y a Glenn.
—Desnúdate— dijo en ese momento Keity con tono amenazante. 
—¿Qué?...— preguntó la mujer estupefacta, entonces miró a Glenn. –No pienso hacerlo.
—Claro que lo harás. Por que si no lo haces, te coseré a balazos y luego te quitaré la ropa yo. Tú elijes.
En ese momento la mujer comenzó a quitarse la ropa. Cuando estuvo completamente desnuda, extendió los brazos hacia los lados y comenzó a dar vueltas sobre si misma, cuando dio tres vueltas completas, se detuvo y miró a Keity. –No tengo tatuajes de ningún tipo. ¿Ya estás satisfecha? ¿O quieres seguir deleitándote la vista?
—¿Te crees muy graciosa?— preguntó Keity. –No estoy para bromas tía. Tengo a uno de mis hombres debatiéndose entre la vida y la muerte. Así que no me toques los cojones por que no estoy para gilipolleces.
—Siento lo de tu hombre, pero yo no tengo nada que ver. Salí hace un día de mi comunidad para conseguir medicamentos en este hospital. No tenía ni idea de que había gente— dijo la mujer mirando a Keity.
—¿De que comunidad hablas?— preguntó Glenn.
—Hablo de…— respondió la mujer, pero no llegó a terminar la frase. Keity la interrumpió.
—No hay ninguna comunidad. Esta viene de algún grupo de cazadores. Viaja sola… Nadie con dos dedos de frente viaja solo en este mundo. Esta tía tiene a su grupo ahí fuera en alguna parte, esperando a saltarnos encima. No te fíes.
—Pero no lleva ningún tatuaje que la identifique como perteneciente a alguno de esos grupos— replicó Glenn. –Creo que dice la verdad.
—No necesariamente tiene por que llevar tatuaje, podría ser una espía o incluso una nueva integrante a la que no le han hecho el tatuaje. O puede tenerlo oculto— dijo Keity.
—¿Oculto? No se donde— respondió la mujer.
—Puede que lo tengas metido en el culo. Quizás deba separarte las nalgas para ver  si lo tienes ahí— dijo Keity avanzando hacia la mujer. Cuando llegó hasta ella, la inmovilizó con una llave. La agarró por  el brazo y la tumbó poniéndole la bota sobre la cara. –Será mejor que hables si  no quieres que te rompa el brazo.  Créeme, no es el primer brazo que rompo y se me da especialmente bien.
—Diga lo que diga no me creerás. Me harás deño de todos modos. Mira en mi mochila. La que me habéis quitado al entrar. Ahí tengo pruebas que confirman que lo que digo es verdad. Vengo desde Thomaston. Allí llevamos viviendo mucho tiempo sin problemas.
—Thomaston está a unas cuantas horas de aquí— dijo Glenn.
—Hace un día que salí de allí. Tengo una radio. Podéis poneros en contacto con mi gente de allí. Tenéis que creerme.
—Eso no demostraría nada— replicó Keity retorciéndole más el brazo. –Las mentiras son algo habitual en vosotros. Muy bien, tú lo has querido…
En ese momento la puerta de la celda se abrió y Dingan apareció en la puerta, en su cara se veía que algo no había ido bien. Keity no necesitó que Dingan dijera nada, enseguida supo que había ido a anunciarles que Boggs no lo había superado y que había  muerto.
*****
Marta se encontraba sentada junto a la camilla donde estaba el cuerpo de Boggs. Allí con ella solo quedaba Sheila, a  doctora Green había salido de la sala hacía poco.
—Siempre has estado cuidando de mí… Y yo no he sido capaz de cuidar de ti. Esto no tenía por que haber pasado. Podíamos haber tenido una vida genial si todo esto no hubiese pasado. Podríamos haber tenido una casa bonita y varios hijos— decía Marta mientras Sheila la observaba y de vez en cuando miraba su reloj. Boggs acababa de morir y podría volver en cualquier momento. Podría haber clavado algo en su sien, pero Marta le había pedido que no lo hiciera. –Se que tenías planes para nosotros cuando todo esto acabara, pero te has ido antes de que esto se terminara. No te culpo, no podría hacerlo. Se que ahora estás en un lugar mejor… O eso quiero pensar.
En ese momento. Boggs abrió los ojos y comenzó a moverse. Intentó agarrar a Marta, pero las correas que lo mantenían sujeto a la camilla se lo impidió. Habían sido previsores.
Marta sacó el cuchillo y miró al que un día había sido su novio. –Ahora tengo que hacerlo.
—Si…— dijo Sheila. –Ya no hay vuelta atrás.
Marta acercó el cuchillo a la nuca de Boggs con intención de clavárselo, pero antes de que pudiera clavarlo, se vino abajo y comenzó a llorar y a gritar al lado de la camilla. Justo en ese momento llegó Keity. Esta se quedó observando la escena. Primero miró a Marta y luego a Boggs. Keity sacó la pistola para disparar, pero antes de que pudiera apretar el gatillo. Sheila clavó un bisturí a través de  la cuenca del ojo de Boggs, quedando este inmóvil. Después de eso, Sheila salió de la sala, dejando a Keity y a Marta  solas. Keity se dio cuenta en ese momento de la frialdad con la que había actuado Sheila.
*****
Todos nos habíamos reunido en el crematorio del hospital. Allí estábamos viendo como el  cuerpo de Boggs ardía. Yo me acerqué entonces a Keity. Esta estaba de brazos cruzados apartada del resto.
—Siento lo de tu compañero— le dije con sinceridad.
—Cuando has enterrado o incinerado a muchos amigos… Al final te acostumbras— respondió Keity mientras observaba a una Marta rota de dolor que lloraba en el hombro de la doctora Green. –Por quien de verdad lo  siento es por Marta. Le costará superar esto.
—¿Qué hay de la mujer? ¿Le habéis sacado algo?
—No demasiado. No tiene tatuajes… Y ella afirma que no pertenece a ningún grupo de cazadores. Si no que viene de una comunidad. En Thomaston— respondió Keity.
—¿Le habéis creído?
—No, pero ella dice que en su mochila hay cosas que corroboran lo que dice.
—¿Y donde está su mochila?— pregunté.
Keity y yo fuimos a la sala de las  armas, la misma sala donde habían dejado la mochila de la mujer. Una vez allí me acerqué a la mochila. La abrí y vacié el contenido sobre una de las mesas.  Cayeron varias latas de conserva, un sobre, una radio y una cámara de video. No llevaba nada más.
—¿Ha dicho cuanto hace que salió de esa comunidad?— pregunté a Keity mientras cogía una de las latas y le daba la vuelta.
—Hace un día ¿Por qué?
—Lleva muy poco en la mochila. Sabía a donde iba y cuando iba a volver. No es posible que si pretendiese volver se iba a descubrir de esta manera. Ella se plantó delante de nosotros como si tal cosa— respondí al tiempo que cogía el sobre y lo abría, del interior saqué varias fotos, parecía que las habían hecho con una cámara antigua. Comencé a ojearlas y vi varias cosas. En  una de ellas se podían ver los altos muros, en otra se veía a varias personas en una gran mesa, estaban comiendo y podía verse un cochinillo recién cocinado en el medio. En otras fotos se veía lo que parecía un colegio y varios  niños con mochila acudiendo a el.
—Parece que dice la verdad entonces. En muchas fotos pueden verse los muros— dijo Keity cogiendo las fotos para ojearlas.
Yo cogí la cámara de video y traté de encenderla, pero no iba. Solo se encendía una lucecita que indicaba que no tenía batería. –Sin batería— dije dejándola en la mesa. –Y no hay nada con lo que poder cargarla.
—Se la llevaré a Dingan.  El sabrá como encenderla… ¿Qué hacemos ahora? Parece que su historia es cierta. ¿La soltamos? ¿Qué opinas?
—Me gustaría hablar con ella— dije. –Ahora todos están ocupados.
—Pues vamos a hablar con ella— dijo Keity.
Ambos fuimos a la sala de la mujer. La sala de esta no quedaba muy lejos de la sala donde teníamos encerrado a Jake. Cuando llegamos a la sala, abrí la puerta y entré yo primero, después entró Keity. La mujer entonces se nos quedó mirando, primero me miró a mí y luego miró a Keity.
—Hola— dije.
—Hola— respondió la mujer mirándome. Entonces miró a Keity. –Siento lo de tu amigo.
—¿Quién eres en realidad?— pregunté –Hemos visto las fotos de tu mochila. ¿Qué significa?
—He dicho que vengo de una comunidad. De Thomaston. Llevamos viviendo allí mucho tiempo. Yo solo vine aquí esperando encontrar medicamentos, no tenía ni idea de que había gente. Escuchad, si no queréis darme los medicamentos así como así lo entiendo. Podemos hacer un trueque. ¿Qué queréis a cambio? Os daré lo que me pidáis.
—¿Cómo te llamas? Eres española. Como yo— le dije acercándome a ella y agachándome. Como no llevaba esposas. Keity estaba detrás de mí, preparada para disparar en cualquier momento.
—Me llamo Amparo. Y si, soy española. Fui militar y tras dejar el ejército me vine a estados unidos a vivir. Dejadme ir.
—Yo soy Juanma— entonces hice un gesto con la cabeza señalando a Keity. –Y ella es Keity. Es ella quien está al mando aquí. Vamos a ser claros contigo Amparo. No podemos fiarnos así como así de ti. Entiéndelo. Hay gente mala por ahí dispuesta a jugártela por menos o nada. ¿Cómo puedes convencernos de que eres sincera? Keity dice que no llevas tatuajes.
—Y me obligó a desnudarme para comprobarlo— respondió Amparo.
—Y recuerda que lo de separarte las nalgas sigue en pie. No nos vaciles y habla. Dinos todo lo que queremos saber— dijo Keity.
—Dices que no eres una de los cazadores… Pero… ¿Qué puedes hacer para que te creamos?  La cámara no tiene batería. Las fotos en las que no apareces podrían ser de cualquier otra persona, y la radio no nos ayuda, por que el que nos pongamos en contacto con tu gente para corroborar tu historia, puede formar parte de tu plan para cogernos a todos. Acéptalo Amparo, no estás en buena posición. Tu vida pende de un hilo.
Amparo suspiró en ese momento. –Está bien. Mi coche…
—¿Tu coche?— preguntó Keity.
—Mi coche, si. Utilicé un GPS para venir hasta aquí. En el aún está grabado el trayecto que he hecho. Ahí podréis comprobar que digo la verdad— dijo Amparo. –Solo tenéis que ir a verlo. Está a tres kilómetros de aquí. Lo aparqué para no atraer la atención de los caminantes.
—¿Un GPS? ¿En serio?— preguntó Keity. –No me lo creo.
—En Thomaston tenemos ingenieros, tenemos a gente especializada en distintos campos. Estamos muy preparados… Tenéis que creerme— suplicó Amparo.
—A la mierda. No me lo creo. Voy a cargármela, si no lo hago yo, seguramente lo hará Marta, está rabiosa por lo de Boggs— dijo Keity quitándole el seguro al arma y apuntando a Amparo. Entonces me puse yo por medio y Keity me miró. —¿Qué haces? ¿Te pones de su parte?
Cogí a Keity del brazo y me la llevé fuera. Una vez fuera de la sala, la  miré y comencé a hablar. –Podría decir la verdad. Si de verdad tiene una comunidad… ¿Sabes lo bueno que sería eso? Esto es un hospital, pero no un refugio. Si tiene  una comunidad, podríamos trasladar allí a todo el mundo. ¿Has visto esos muros? Son mucho más seguros que estas vallas. Si dice la verdad, vale la pena comprobarlo.
—¿Y que sugieres?— preguntó Keity.
—Ir a donde tiene el coche. Que nos diga el punto exacto y vamos a buscarlo— respondí.
—Yo te propongo algo mejor. Voy a la otra sala, cojo a Jake y lo traigo hasta aquí a rastras. Esos cabrones se conocen entre si aunque solo sea de vista. El la delatará, le amenazaré con matarle si no dice nada. La empatía no es lo suyo y son de los que prefieren salvar su propio culo.
—¿Y no  se te ha ocurrido pensar que Jake podría mentir?— pregunté cruzándome de brazos. –Eso que dices puede hacerse, pero cuando comprobemos lo del coche. Si encontramos el coche… Eso nos abre un abanico de posibilidades. Aquí estamos encerrados y allí podríamos disfrutar de aire puro. Vamos a por el coche, tú y yo. Podemos estar de vuelta enseguida.
—Está bien. Vamos— dijo Keity –Pero como sea mentira, juro que la mataré… Y lo haré lentamente. Estoy hasta el coño ya.
—Escucha. Haz lo que tengas que hacer y prepárate, nos vamos dentro de media hora. Solo nos vamos tú y yo. Si nos miente, por lo menos no pondremos a otros en peligro. De esto nos ocupamos tú y yo— después de eso. Entré dentro de la sala y me acerqué a Amparo mientras Keity se marchaba.
—Os prometo que os estoy diciendo la verdad— dijo Amparo mirándome. –Tú pareces más razonable que ella. Tienes que creerme.
—No me  conoces de nada. No sabes quien  soy ni lo que he hecho. Ni siquiera sabes de lo que soy capaz. Ahora quiero que me digas donde está tu coche… Y por tu bien, más te vale que me digas la verdad… Y recuerda. Si hay gente tuya esperándonos, los mataremos a todos y luego te mataremos a ti.
*****
Keity entró en el despacho de Green y se encontró a la doctora con una taza de café caliente en las manos mientras miraba por la ventana. Nada más entrar la militar, ella se dio la vuelta.
—No te he llamado. ¿Qué haces aquí?
—Lo siento doctora, pero esto es importante. Hemos estado interrogando a la prisionera…
—¿Hemos?— preguntó la doctora.
—Juanma y yo… Hemos conseguido información importante… Bueno. Aún no sabemos si dice la verdad, pero iremos a comprobarlo. El caso es que…— Keity tomó asiento. –Esa mujer dice que viene de Thomaston. Según nos cuenta, allí tiene una especie de comunidad. ¿Sabe lo que eso significa?
—Nada, no significa nada. Sabíamos de otras comunidades antes…— respondió la doctora sentándose también. –Pero nunca nos hemos puesto en contacto con ellas.
—Esta está más cerca y no parecen cazadores, de confirmarse… Podríamos dejar atrás este hospital. Los enfermos progresarían más allí. Todos estaríamos más seguros. Sus muros son altos, no son míseras vallas.
—Te estás emocionando. Piensa que eso no podría ser más que una quimera más…
—Puede ser, pero es algo que he venido pensando mientras venía hacia aquí. Aun tiene que confirmarse, pero de ser cierto…
—Olvídalo Keity— dijo en ese momento la doctora. –No nos moveremos de aquí.
Keity dio un golpe en la mesa y se levantó. Salió del despacho de la doctora y comenzó a caminar por el pasillo. No entendía como podía ser que teniendo una oportunidad así al alcance de las manos, la doctora ni siquiera pensara en aprovecharla, pero no le importaba, ella se preocupaba por todos los que estaban allí, quizás más que la propia doctora, y si en otro sitio iban a estar mejor que allí, ella se encargaría de llevárselos.
*****
Me encontraba en la habitación que compartía con Eva. Estaba poniéndome la chaqueta y los guantes, fuera hacía muchísimo frio. Justo en ese momento entraron Eva y Katrina. Estas me miraron extrañadas por lo que estaba haciendo.
—¿Qué haces?— preguntó Eva. —¿Vas a salir?
—Keity y yo. Supuestamente esa mujer, Amparo, tiene un coche cerca del hospital. Supuestamente, el GPS de ese coche corrobora la historia que nos ha contado— respondí.
—¿Qué historia?— preguntó Katrina.
—Amparo dice que viene de una comunidad… O eso dice. Keity y yo iremos  donde tiene su coche y averiguaremos cuanto de verdad hay en lo que dice. Si dice la verdad… Creo que podríamos trasladarnos allí— entonces las miré a ambas –Pensadlo bien. Aquí estamos encerrados, pero no allí. Allí podríamos estar al aire libre. Si es cierto… Le pediré que nos lleve a todos— terminé de prepararme y salí por la puerta mientras Eva y Katrina me seguían.
—¿Y vais a ir vosotros dos solos?— preguntó Eva.
—Si. Así por lo menos, si es una trampa, no arriesgaríamos más vidas. No está muy lejos de aquí. Así que si no volvemos antes del anochecer, es por que nos ha pasado algo. Por eso quiero que os preparéis. Preparaos para cualquier cosa que pueda suceder. ¿De acuerdo?
Ambas asintieron y luego abracé a ambas y besé a Eva. Salí al hall y allí me encontré con Keity. Esta me miró y me hizo un gesto. Me acerqué a ella y ambos nos dirigimos a la salida del hospital. Salimos al exterior y recorrimos todo el parking, la nieve de las últimas nevadas nos llegaba casi hasta las rodillas. Nada más salir, me fijé en los monos que había por la zona. Era evidente que estos habían quedado libres tras el apocalipsis y habían colonizado aquellos bosques y toda esa zona.
—Boggs solía darles de comer— dijo en ese momento Keity. –El era quien más los alimentaba. Ya no lo hará más… Y yo siempre le echaba la bronca por hacerlo. Que estúpida fui. Quizás, si hubiese estado más atenta… El no habría muerto. De algún modo, soy culpable de ello— Keity se quitó la mochila, rebuscó dentro y sacó unos trozos de fruta. Estos se los lanzó a los monos y estos acudieron corriendo a coger los trozos.
—No fue culpa tuya— le dije –Fue un accidente. Llegó muy mal, no podrías haber hecho nada. Entiendo lo que sientes, por que yo he estado como tu muchas veces. Ahora vamos.
Ambos seguimos caminando adentrándonos en el bosque, siguiendo el mapa, buscando el punto que Amparo nos había señalizado, supuestamente, allí tenía el coche. Cerca de una fabrica de zapatos. Nos paramos y Keity señaló en una dirección. Desde donde estábamos, podíamos ver las chimeneas de la fábrica.
—Es allí. Al menos, parece que de momento dijo la verdad— dije.
—Ojalá— dijo entonces Keity. –Se que he sido borde y dura con ella, pero a medida que decía lo que decía. En el fondo deseaba que fuera cierto. Estoy harta de vivir encerrada en el hospital. Esa comunidad es una gran oportunidad para todos, aunque Green no quiera verlo. Tarde o temprano tiene que comprender que a la larga, quedarse en ese hospital significaría nuestra muerte.
—Quieres aparentar ser dura, pero tienes tu corazoncito…— dije con una sonrisa. –A mi me pasa igual.
Llegamos a la fábrica de zapatos y entonces vimos el coche. Era de color plateado, tal y como Amparo nos había dicho. Estaba debajo de una uralita, tal y como nos había dicho Amparo. Todo encajaba de momento. Nos acercamos al vehículo y abrimos la puerta. Me metí dentro y cogí el GPS. Se lo pasé a Keity y esta lo encendió. Al poco rato me hizo una señal para que me acercara. Me puse de pie a su lado y miré a la pantalla del GPS. En ella podíamos ver el ultimo trayecto que había hecho, evidentemente veíamos que había salido de Thomaston.
—Decía la verdad. Hay una comunidad  en Thomaston— dije mirando a mi compañera.
—Volvamos al hospital antes de que se empiecen a preocupar— dijo Keity.
Ambos cerramos el coche y emprendimos el camino de regreso al hospital. Durante el camino de ida a la fábrica, habíamos ido con los ojos bien abiertos por si nos topábamos con cazadores. De regreso, estábamos haciendo lo mismo. Justo en ese momento, comenzó a nevar.

Hospital…

Marta fue a la sala donde retenían a la mujer. Nadie la había visto desde la incineración de Boggs. Ella se había recluido en una de las habitaciones poco después. Allí había llorado, dormido y tomado una decisión. Boggs había muerto al caer en una trampa puesta por los cazadores, y allí en ese momento, tenían a dos.
Abrió la puerta y entró con cuidado. No cerró la puerta para no hacer ruido. Entonces la mujer la miró.
—¿Qué es lo que quieres?
—Boggs está muerto por culpa de una de vuestras trampas. Voy a vengar su muerte— dijo Marta sacando una pistola con silenciador. y sentándose en un taburete. –Voy a matarte. Se que con eso no lograré nada,  pero al menos, será un ojo por ojo. Boggs no merecía morir.
Amparo se puso en pie y retrocedió al tiempo que Marta le apuntaba. –No tengo nada que ver con los que mataron a tu amigo. Yo vengo de…
—¡¡¡Cállate!!!— gritó Marta apuntándole a la cabeza. Justo en ese momento comenzó a escuchar pasos. Alguien se acercaba corriendo a esa sala. Tenía que hacerlo ya. Apuntó y apretó el gatillo al mismo tiempo que alguien la golpeaba a la carrera y la hacía chocar contra la pared.
Entré rápidamente en la sala mientras Keity inmovilizaba a Marta y trataba de calmarla. Corrí hacia Amparo y vi que estaba bien. La bala solo le había rozado un brazo.
—¿Estás bien?— le pregunté a Amparo al mismo tiempo que la ayudaba a ponerse en pie. Me di la vuelta y miré a Keity. –Llévatela y cálmala.
Cuando Keity se llevó a Marta, yo me quedé a solas con Amparo. Ella me miraba sentada en el taburete. Yo me senté frente a ella.
—Muy simpática tu amiga…
—Está pasando un mal momento— dije. –Hemos encontrado tu coche y por eso vinimos corriendo. Te creemos. Aunque aun no podemos sacarte de aquí, pero de todos modos, voy a garantizar tu seguridad. Nadie te hará daño.
—Muy amable…— dijo Amparo.

—Pero a cambio… Quiero que nos lleves a Thomaston. A todos.

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