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sábado, 15 de abril de 2017

NECROWORLD Capitulo 151

Día 15 de Noviembre de 2010
Día 870 del Apocalipsis…
15:00  de la tarde. Hospital…

Habían pasado varios días desde que habíamos llegado al hospital JFK. Los militares que allí vivían, habían salido a buscar suministros y nosotros, por nuestra parte nos habíamos instalado y estábamos bien. El grupo se estaba adaptando y estaba ayudando en todo lo posible. Algunos salían a cazar para traer comidas y otros estaban cultivando en el invernadero improvisado de  la terraza. Todos estaban esforzándose para que llegado el momento, la doctora no nos echara. Yo por mí parte, había intentado hablar con el rehén  varias veces sin éxito. Era imposible entrar ahí. Después de comer,  había decidido subir a la azotea del hospital. Poco después de haber subido, vi una columna de humo negro elevarse en la lejanía entre las copas de los arboles. Algo que realmente no me daba muy buena espina y que suponía que no era el único que lo había visto. En ese  momento, escuché la puerta de la terraza y me di la vuelta, entonces vi a Stephanie.
—Estás aquí. Me ha llevado un buen rato encontrarte. Fue Vicky quien me  dijo que estabas aquí. ¿Qué haces?
—Contemplar el horizonte— respondí. –Parece que se acerca tormenta— entonces señalé unas nubes muy negras que venían por el Oeste. –Va a haber una buena tormenta al parecer.
—¿Y que es eso?— preguntó Stephanie señalando la columna de humo negro.
—Apareció hace cosa de dos horas. Hay fuego allí— respondí.  –No  me gusta un pelo— entonces me di la vuelta y miré a Stephanie. —¿Me buscabas para algo?
Stephanie dejó de mirar la columna de humo negro y me miró a mí. –La doctora Green. Te estaba buscando para hablar contigo. Te está esperando en su despacho.
Cuando me dijo eso me temí lo peor. No había vuelto a hablar con ella desde mi llegada y los demás estaban muy recuperados. Incluida la hija de Mike. Yo comencé a temer  que se lo hubiera pensado mejor y que hubiese decidido echarnos ya. Eso no lo podía permitir bajo ningún concepto. Los niños no iban a sobrevivir ahí fuera. No pude evitar mostrar una mueca de fastidio, algo de lo que Stephanie se dio cuenta.
—No hay manera con esta mujer. No parece gustarle nuestra presencia aquí— dije dando un golpe en la barandilla.
En ese momento, Stephanie sacó una pistola y me la dio. Yo me quedé sorprendido debido a que desde mi llegada. Ninguno de mi grupo podía tener un arma. Según la doctora y su ayudante, no era necesario que las lleváramos. Rápidamente la cogí y me la guardé.
—¿De donde la has sacado?— pregunté alarmado —¿Te ha visto alguien?
—No. No te preocupes— respondió Stephanie. –La he sacado del almacén donde los militares guardan sus armas.
—¿Por qué lo has hecho? ¿Estás loca?— dije agarrándola del brazo. Se había arriesgado y si la hubiesen descubierto, nos  habría puesto a todos en problemas.
Ella se soltó. –No ha sido idea mía. Los demás han decidido que seas tu quien tenga el arma. Eres el líder al fin y al cabo. La gente piensa que quiere echarnos y hay que impedirlo.
Era evidente que todos temían que nos echaran de allí. Y yo al ser quien lideraba el grupo, debía intentar que eso no pasara. El hecho de haber recibido esa pistola lo dejaba claro.
—Muy bien. Iré a hablar con la doctora—dije. Me alejé de ella y entré de nuevo en el hospital. Bajé los escalones y por fin llegué al despacho. Puse la mano en el pomo y estuve a punto de entrar, pero entonces, decidí llamar primero. Lo hice y recibí respuesta enseguida. La doctora me dio permiso para pasar y yo lo hice. Una vez dentro me encontré con la doctora Green y con el doctor López. Al verme, este se levantó, se despidió de la doctora y salió dejándonos a solas.
—¿Quería verme?— pregunté.
—Así es. Toma asiento por favor. Tenemos que hablar.
Yo me senté en una silla frente a ella y puse mi mano sobre la pistola, dispuesto a usarla en cualquier momento. Aunque de verdad tenía dudas, yo no era nadie para obligarla a que nos dejara quedarnos, de hecho, amenazarla con ello solo complicaría las cosas, pero por otro lado, no era yo solo quien estaba allí, era todo un grupo con niños.
—Dígame doctora. Pero antes, de verdad, por  favor, piénseselo más. No lo haga por mí. Hágalo por los niños, piense en ellos. No nos eche, solo nos condenaría.
—No voy a hacerlo— dijo en ese momento la doctora. –He estado observando como el grupo se ha adaptado. No puedo decir que no esté contenta. Al principio tuve mis dudas, pero ahora… Creo que será mejor que os quedéis. Podéis sernos de gran ayuda.
La verdad era que no me lo esperaba. La doctora había cambiado de opinión y nos estaba permitiendo quedarnos. No pude ocultar mi alegría y sonreí. Me levanté, caminé hacia la doctora y la abracé.
—No se arrepentirá. Se lo prometo. Seremos de mucha ayuda. Ahora solo nos queda solucionar lo del rehén.
—Lo del rehén está solucionado también. En unos días será puesto en libertad. No volverá con los suyos. Mandaré a un grupo bastante lejos, llevarán al rehén con los ojos vendados y lo dejarán. Probablemente muera, pero la idea es que no regrese con los suyos. Le he estado dando muchas vueltas y será lo mejor. Esos cazadores no vendrán aquí. Luego bastará con que no entréis en su territorio.
No le veía mucho sentido a lo que decía la doctora. De hecho no lo veía nada claro, pero o acepté. La doctora había permitido que nos quedáramos y no iba a ser yo quien lo estropeara todo. Aun así seguía recordando el humo negro. Puede que la doctora dijese que no pasaría nada, pero desde luego, no iba a bajar la guardia en ningún momento.
Agradecí a la doctora su decisión y salí del despacho con una sonrisa. Iba a reunirme con el resto del grupo para informarle de la buena noticia. Íbamos  a quedarnos a vivir allí.
*****
La doctora volvió a quedarse a solas. Cuando vio que estaba segura y que nadie iba a interrumpirla, abrió el cajón de su escritorio y cogió la foto, debajo de ella había un walkie talkie. Esta cogió la foto y pasó el dedo sobre la imagen de su hijo mayor.
—Ya queda menos para estar juntos mi amor. Todo  volverá a ser como antes— se dijo a si misma mientras recordaba todo lo que había pasado hacía unos días.

Día 11 de Noviembre de 2010
Día 866 del Apocalipsis…

La doctora Green salió de la sala de detención tras la charla con Jake. Este le había contado sobre su hijo y como podría recuperarlo. Aunque al principio se quedó pensativa, pero finalmente accedió y comenzó a ir hacia el exterior, si Jake había sido sincero con ella y le había dicho la verdad, encontraría una mochila con un walkie talkie.
Recorrió rápidamente el pasillo y cuando dobló una esquina casi se dio de bruces con Keity.
—Oh dios. Keity, me has asustado— dijo la doctora llevándose la mano  al pecho.
—¿Viene de la celda del detenido?— preguntó Keity mirándola por encima del hombro.
—Si… Yo… Solo fui a ver que no estuviera enfermo ni nada. Ya sabes, soy medico. Mi trabajo es preocuparme por la salud de las personas, aunque estas no sean buena gente.
—Ya… Claro…— dijo en ese momento Keity. –Bueno doctora, evite quedarse demasiado tiempo a solas con ese tipo. Dudo mucho que sea tan desvalido como quiere aparentar. He conocido a muchos como el que parecen moribundos un minuto y al siguiente, sus pies están en tu cuello preparándose para rompértelo. No entre ahí sin alguien más. Es un consejo que le doy. Al igual que usted, yo también me preocupo de las personas. Mi trabajo es evitar que mueran de forma estúpida e imprudente.
—Ya… Lo cojo— murmuró la doctora agachando la cabeza.  –Bueno… ¿Querías algo?
—Los chicos y yo estamos listos. Mañana al amanecer partiremos en la expedición. Dingan ha terminado de arreglar una furgoneta. Creo que ya le habíamos hablado de que íbamos a salir— dijo Keity. —¿Lo recuerda? Dingan dice que necesitamos unas piezas de recambio para los paneles solares. Estaremos fuera unos tres o cuatro días. Esta es la primera vez que puedo llevarme fuera a todo mi equipo. He hablado con un par de los de ese grupo. Ellos serán los que se ocupen de la vigilancia y protección de este lugar. ¿Le parece bien?
—Si. Sin duda— dijo la doctora.
—Bien. Y recuerde, nada de entrar ahí usted sola— dijo Keity. –No queremos que le ocurra nada a usted.
—De acuerdo. Ahora si me disculpas… Tengo cosas que hacer— dijo la doctora alejándose por el pasillo y de Keity.
La doctora logró salir al exterior sin cruzarse con nadie más. Fue al lugar donde Jake le había dicho. Vio los palés y se acercó a ellos.  Su corazón latía con fuerza. Justo cuando estaba a punto de alcanzarlo, un mono salió corriendo alejándose de allí. A la doctora casi se le paró el corazón. Aun así, fue a buscar y entonces encontró la mochila de la que Jake le había hablado, la cogió y la abrió. Entonces, tal y como Jake le había dicho, dentro encontró un walkie talkie. Quiso encenderlo, pero se detuvo, no sabía como podría afrontar lo que podría descubrir. Según Jake, su hijo vivía, pero también podría ser que le hubiese mentido. Temía encontrarse con que Jake mentía y que su hijo estaba muerto o había sido  vendido. Estaba realmente aterrorizada.
Finalmente, se armó de valor y encendió el walkie talkie. Esperó unos segundos y decidió hablar. —¿Hay alguien ahí? ¿Hay alguien con quien hablar?— no tuvo una respuesta inmediata, pero aun así esperó. Fue en ese momento cuando una voz se escuchó.
—Aquí Ross. ¿Con quien hablo?
—Soy…— la doctora hizo  una pausa. Se había quedado prácticamente muda, entonces, finalmente comenzó a hablar. –Soy la doctora Green… Jake me ha dicho que…
De repente la doctora Green escuchó el silencio al otro lado y entonces una voz de niño se dejó escuchar.
—¿Mamá?
Los ojos de la doctora Green se llenaron de lágrimas en ese momento. Esa voz era indudablemente la de su hijo. Realmente estaba vivo, Jake decía la verdad. Se dejó caer de rodillas y comenzó a llorar. –Si mi amor. Soy yo… Soy mamá. ¿Estás bien?
—Si mamá, estoy bien. ¿Cuándo vas a venir?
En ese momento la voz del niño dejó de escucharse y volvió a escucharse la voz de Ross. –Tu hijo está vivo como puedes observar. Pero ahora dime… ¿Por qué me estás llamando?
—Algunos del grupo ese que perseguís… Hicieron prisionero a su hombre… A Jake… El me dijo que cogiera el walkie y…
—¿Está todo el grupo ahí?— preguntó Ross —¿Está todo el grupo en el hospital?
—Si— respondió la doctora. –Todos  están aquí.
—Muy bien. Pues escuche atentamente. Es necesario que mantenga a todo el grupo allí. Que ninguno de ellos salga del hospital. Iremos a por ellos y será mucho más fácil si están todos en un mismo sitio. Será todo mucho más rápido— explicó Ross.
—Dijeron que nos dejarían en paz. Ese fue el pacto…— replicó la doctora.
—Y  sigue en pie. A sus enfermos no los tocaremos, no nos interesan. Solo nos interesa ese grupo. El grupo de ese tipo, Juanma… Usted solo muéstrese amable con ellos. Que se les guste tanto estar ahí que no quieran irse.
—Yo… Yo…Yo les he dicho que quiero que cuando llegue el momento se marchen…
—Mal hecho. Cambie de opinión y dígales que quiere que se queden allí. Use sus armas de mujer si es necesario. Folleselos a todos si es necesario, pero que se queden allí. Es necesario. Si lo hace, si hace lo que le estoy diciendo, volverá a reunirse con su hijo y ya nunca se volverán a separar. Le doy mi palabra doctora. Se que no nos conocemos mucho, pero puede confiar  en mi. Soy un hombre de palabra. Ahora lo que tiene que hacer es guardar el walkie talkie. No volveremos hablar. Es expresamente necesario que los convenza de  quedarse y que no sospechen nada. Una vez nos los llevemos, le devolveremos a su hijo. Aunque sinceramente, le he cogido mucho cariño, es un buen chico. Preferiría que el se quedara con nosotros y que fuera usted quien se uniera a nosotros. Aquí podrá vivir tranquilamente sin tener que preocuparse de más enfermos, solo de su hijo. Piénsese eso ultimo. Hasta pronto doctora…
—Un momento. ¿Y sus niños? Vosotros no soléis querer niños. Solo a veces…
—Pues quédeselos usted. No nos interesan tampoco…— Ross cortó la comunicación y la doctora comenzó a llorar.
Jake le había dicho la verdad. Su hijo vivía y estaba a nada de recuperarlo. No tenía demasiadas opciones. Iba a tener que hacer lo que le decían.  Aunque fuese traicionar a las personas del hospital por las que tanto había luchado. Su hijo era más importante y ella ya no quería volver a equivocarse. Haría lo siguiente, entregaría a ese grupo y se quedaría en el hospital con su hijo y esos otros niños a los que criaría como suyos. Probablemente ese grupo se resistiría, al igual que Keity y los otros militares, pero también los entregaría, al fin y al cabo era ella la dueña y señora de ese hospital. Iba a tener que hacer algo para evitar que se revelaran y que fueran fáciles de atrapar.

Día 15 de Noviembre de 2010
Día 870 del Apocalipsis…
16:00 horas del medio día…
Cerca de Jackson…

Keity conducía mientras miraba a Dingan reflejado en el espejo. Marta estaba a su lado. Además de las piezas que necesitaban. Habían encontrado un camión lleno de ordenadores portátiles y otros aparatos. Dingan iba observando una caja que habían encontrado.
—Parece un niño con un juguete nuevo— dijo Marta. Entonces se dio la vuelta. —¿Me explicas otra vez que es eso?
—¿En serio hace falta que lo explique? Es un dron… Con esto. Puedo controlar el exterior desde un portátil. Imaginaros lo siguiente. Podríamos alejar a un rebaño entero solo con esto. Esos seres se guían por el sonido… Si yo cargo música en esta cosa y lo hago volar sobre un rebaño. Puedo alejarlos según me convenga. Aunque necesitará que le haga unos cuantos ajustes para que el alcance sea mayor y la batería dure más.
—Pues yo lo veo como un coche teledirigido— dijo Boggs.
—Si el mundo no se hubiese ido a la mierda. Hoy en día serían muy famosos y usados…— replicó Dingan con mal humor. –Sois vosotros los que no entendéis de tecnología. Ni lo que significa. Con esto podríamos hacer grandes cosas.
—Claro que si. Esos aparatos hoy en día se usarían para reparo de paquetes o de espionaje— respondió Keity con ironía. –Allá tu con lo que quieras hacer, pero en mi opinión es una perdida de tiempo esto.
—Reíros lo que os de la gana, pero haré grandes cosas con esto y os lo restregaré por los morros una y otra vez— dijo Dingan guardando la caja del dron en su mochila.
—Dejad de reíros de el. A mi me parece interesante y llenó de posibilidades. Dingan es nuestro experto en tecnología. Yo le daría el beneficio de la duda.  Muchas cosas del hospital son obra suya— dijo Boggs.
De repente, Keity dio un fuerte frenazo y la furgoneta se detuvo. Todos miraron en ese momento al frente y se encontraron con un enorme rebaño. Había tantos No Muertos que como llegasen al hospital y algo en el les llamara la atención, lo arrasarían.
—¿Cuántos debe haber?— preguntó Marta mirándolos a través del cristal.
—Millones— respondió Keity. –Si llegan al  hospital…
—¿Qué cojones hacemos?— preguntó Glenn
Keity miró a sus compañeros. –Hay que alejarlos. Dingan. Ese aparato tuyo. ¿Podría funcionar ahora?
—No…— dijo Dingan.
—Mucho ruido y pocas nueces— respondió Keity. –Muy bien. Agarraros fuerte. Vamos a
alejarlos.
—Eso es muy arriesgado— dijo Marta.
—Ya lo se, pero la dirección que llevan es la del hospital. Tirarán las vallas y acabarán por entrar. Aunque no hicieran daño a nadie. No podríamos salir y solo haría falta un ruido para que se dieran cuenta de la presencia de toda la gente que hay allí. Es lo que hemos hecho siempre, evitar el mayor numero de caminantes cerca de allí. ¿Estáis todos de acuerdo?
Todos asintieron y Keity apretó el claxon. Dejándolo enganchado y haciendo que el ruido llegase hasta los No Muertos. Todos en ese momento miraron al vehículo y comenzaron a avanzar. Keity había logrado atraer toda su atención, ahora quedaba lo más peligroso. Alejarlos de allí.
El vehículo comenzó a dar marcha atrás y dio un giro. Cuando los caminantes comenzaron a avanzar, ella volvió a pisar el acelerador. Llegaron a una bifurcación y entonces el vehículo se paró de repente. Keity trató de arrancarlo, pero no lo consiguió.
—¿Qué coño haces Keity?— preguntó Glenn. –Arranca de una vez.
—La puta furgoneta se ha calado— respondió Keity. Justo en ese momento el primero de los caminantes alcanzó el vehículo y comenzó a golpear al cristal. Esta miró a los demás. –Todo el mundo fuera del coche. ¡¡¡Ahora!!!
Keity y los demás salieron del vehículo y comenzaron a disparar a todo caminante que se acercaba demasiado mientras se adentraban en el bosque. Aun tenían que alejar a esos seres de allí. Llegaron a un nuevo camino y allí se pararon a descansar.
—¿Ya no nos siguen?— preguntó Glenn.
—No lo se, pero al menos los hemos alejado. Ahora somos nosotros los que estamos jodidos. Estamos a unos seis kilómetros del hospital y tenemos que caminar. Además, estamos en territorio enemigo. Los cazadores controlan este lugar. Boggs. ¿En que territorio estamos?
—En el de los carnívoros— respondió Boggs.
—Pues todos atentos— dijo Keity preparando el arma.
Los cinco comenzaron a caminar y llegaron hasta lo que parecía un campamento. El cual parecía que había sido  arrasado hace tiempo. Había vehículos abandonados, también había tiendas de campaña rasgadas y sucias. La sangre reseca estaba por todas partes y Marta no pudo evitar sentir arcadas cuando vio un cuerpo descompuesto siendo devorado por toda clase de pequeños insectos.
—¿Estás bien?— preguntó Boggs agarrando a su chica del brazo.
—Nunca me acostumbraré a esto. Odio en lo que se ha convertido el mundo. Odio tener que salir fuera…— decía Marta conteniéndose las ganas de vomitar.
—Si quieres. La próxima vez le pediré a Keity que te deje quedarte en el hospital. Seguro que no le importará. No le ha importado otras veces cuando hemos salido y tú te has quedado. Solo que como ahora está ese otro grupo, pues nos ha querido llevar a todos, pero lo hablaré con ella. No te preocupes— dijo Boggs.
—¿Qué opinas de ese grupo? Yo aun no los conozco mucho. Quiero mantener las distancias con ellos. Aunque parecen buena gente— dijo Marta. –Al menos es lo que parecen.
—Si. Son buenas personas, pero es mejor no cogerles demasiado afecto. Dudo mucho que Green les deje quedarse. Ya la conoces, si decide echarles, no habrá nada que la haga  cambiar de opinión— Boggs se quedó callado y mirando a un vehículo que parecía en buen estado. Entonces se dirigió a Keity. –Jefa. Aquí.
—¿Qué ocurre Boggs?— preguntó Keity parándose y dándose la vuelta. Entonces Boggs le señaló un coche. Este parecía nuevo y se encontraba a la sombra de un árbol.
—Voy a ver si funciona— dijo Boggs corriendo hacia el vehículo.
—No Boggs. Espera— dijo Keity, pero ya era tarde. Cuando Boggs estaba llegando al vehículo activó una trampa y una tabla de madera llena de púas salió del suelo  y atravesó el cuerpo de Boggs. Marta gritó en ese momento y todos los demás acudieron para ayudar a su compañero.
Rápidamente. Glenn y Dingan agarraron a Boggs y con cuidado lo sacaron de los pinchos. Lo dejaron en el suelo y vieron que no respiraba. Keity se lanzó sobre el cuerpo de su compañero y le tomó el pulso. Entonces miró a Marta.
—Su pulso es muy débil, pero vive. Aunque no aguantará mucho. Puede que no llegue vivo al hospital.  No puedo dejar que sufra— dijo Keity apuntándole con su fusil. Entonces Marta se interpuso. —¿Qué estás haciendo?
—Por favor. Hay que intentarlo. Hay que intentar salvarle.
Keity se quedó un momento pensativa. Dejó de apuntar a Boggs y miró a Glenn. –Ayúdame a levantarlo. No tenemos tiempo que perder— Keity y Glenn levantaron a Boggs y comenzaron a correr. Aunque Keity sabía muy bien que las posibilidades de que Boggs sobreviviera, eran muy nulas. Y si el moría, iba a tener que dispararle para que no reviviera. Marta no lo superaría nunca.

Hospital JFK…
16:45 Horas de la tarde…

Tenía a mi hijo Nathan en brazos y me encontraba junto a Eva en uno de los halls de la planta baja. Ella sostenía en brazos a Shanon. Entonces comenzaron a llegar miembros de  mi grupo. Les había pedido que se reunieran allí conmigo. Quería informarles de las últimas novedades con respecto a nuestra estancia en el hospital. Cuando todos estuvieron presentes comencé a hablar.

La doctora Green estaba oculta observando como el grupo se reunía. Justo cuando estuvieron todos, Juanma, su líder, comenzó a hablar.

—Se que desde que llegamos. Corría el rumor de que cuando nuestros heridos estuviesen recuperados, seguramente nos tendríamos que marchar— dije mirando a Mélanie. Estaba sentada en una silla de ruedas y Sheila se había encargado de traerla empujándola. –Pero eso ya no será así. He hablado con la doctora Green y nos permitirá que nos quedemos. No se a que ha venido el cambio de opinión, pero no importa. Lo importante es que podremos quedarnos a vivir aquí. Y por eso, como agradecimiento, ayudaremos en todo lo que sea necesario. También debo deciros algo, este hospital es su hogar y es ella quien manda. Así que yo dejo de ser vuestro líder. Yo ya no doy las ordenes aquí, a partir de hoy yo seguiré las ordenes de la doctora— pude ver que algunos de mis compañeros se mostraban confusos con lo que acababa de decir. –Se que os coge de sorpresa esto, pero es lo justo. Yo aquí solo soy uno más. Espero que lo  entendáis, ahora solo quiero dedicarme por completo a mis hijos.
—¿Y que ocurre con los cazadores? ¿Qué hacemos con el rehén?— preguntó Johana. —¿Te has olvidado de ellos?
—He dicho que dejo el liderazgo. No que vaya a olvidarme de esa gente. Estoy dispuesto a acabar con todos y hasta el último de ellos. Esto es ya algo muy personal— respondí.
En ese momento escuchamos un ruido y todos miramos hacia el lugar donde lo habíamos escuchado. Fue en ese momento cuando vimos una silueta parada en mitad de un pasillo. Se trataba de una mujer de unos cuarenta años y rubia. Ella nos observaba atónita, como si no esperara vernos allí. Enseguida, todos sacaron sus armas y le apuntaron, ella dejó caer su arma y entonces levantó las manos.
—No me disparéis. No sabía que aquí hubiese gente— dijo la mujer. Eso me sorprendió, por que vi que era española.
Johana se acercó a la mujer y la obligó a tirarse al suelo. Allí la inmovilizó y la cacheó. También le subió las mangas de los brazos. —¿Dónde tienes el tatuaje? ¿Dónde tienes el jodido tatuaje que te identifica como una de esos cazadores?
—No se de que me hablas. Yo no tengo ningún tatuaje. Me llamo Amparo y soy…
—Cállate. Cierra la boca— dijo Johana. Entonces me miró a mí. —¡¡Eh!! No líder. ¿Qué hacemos con esta tía? ¿Me la cargo?
Yo dejé a Nathan en brazos de Vicky y caminé hasta la mujer. Cuando llegué, me la quedé mirando y luego miré a Johana. –No. Llévala a una habitación y espósala, mantenla vigilada y luego le haré preguntas.
—Muy bien. Levanta— dijo Johana obligando a la mujer a levantarse. Entonces escuchamos un nuevo ruido. Todos apuntamos y vimos a varias siluetas corriendo por el pasillo. Enseguida nos dimos cuenta de que traían a Boggs herido.
—¿Qué ha pasado?— le pregunté a Keity cuando pasó por mi lado.

—Boggs. Está herido de gravedad. No le queda mucho— respondió Keity mirándome. Entonces ella miró a la mujer que acabábamos de coger y preguntó—¿Quién es esa?

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