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sábado, 18 de marzo de 2017

NECROWORLD Capitulo 149

Día 10 de Noviembre de 2010
Día 865 del Apocalipsis
09:00 Albergue de Cazadores…

Me encontraba en una de las cabañas observando por una de las ventanas del segundo piso. Luci y yo habíamos estado trabajando toda la noche. Habíamos estado preparándonos para lo que estaba a punto de llegar. Mélanie estaba en una de las casas también, allí estaba segura y recuperándose. Luci se me acercó en ese momento.
—Ya está. Me ha costado un poco, pero lo he conseguido. Se llevarán una sorpresa cuando entren, pero… Tengo que preguntarte algo ¿Crees que vendrán?
—Lo harán. Ellos saben que solo somos tres… En estos momentos deben pensar que tienen las de ganar, al fin y al cabo son más que nosotros. No vendrán a loco y lo harán con cautela, pero aun así, no saben lo que les espera— respondí. –No te preocupes. Saldrá bien. Ahora quiero que vayas a la cabaña donde está Mél y te quedes con ella. Si las cosas se torcieran, quiero que hagas lo que te dije. Quiero que cojas la moto y te lleves a Mél mientras yo los mantengo a raya.
Habíamos encontrado una moto en un pequeño cobertizo junto a las cabañas. Luci la había revisado a conciencia y había asegurado que funcionaba.
—¿Crees que podrás mantenerlos a raya tú solo si las cosas se tuercen?— preguntó Luci.
—Francamente no lo se, pero al menos os daré tiempo a huir— respondí.
—Tu siempre queriendo hacerte el héroe— dijo Luci con una sonrisa. –Nunca cambiarás.
—Ya ves… Ese debe ser uno de mis grandes defectos.
En ese momento, Luci se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla. –Pase lo que pase hoy… Ni se te ocurra morir. Jamás te lo perdonaría. Haz lo que has hecho siempre. Sobrevive.
Luci se despidió de mí y volvió la cabaña desde donde dispararía ella. Nada más entrar se encontró con Mélanie sentada en el colchón. Se había acabado de despertar.
—¿Cómo te encuentras?— preguntó Luci
—Bien… Pero me sabe muy mal haber estado durmiendo mientras Juanma y tú trabajabais.
—No te preocupes. Aun estás herida. Debes reponerte…— Luci hizo una pausa y miró a su compañera. –Siento haberme puesto así en el puente. Me pasé. Supongo que envidio el hecho de que tu aun tengas esa humanidad que otros hemos perdido. Tú aun ves a los caminantes como personas, al menos como personas que fueron un día. Entiendo que verlos así te duela y quieras acabar con su sufrimiento… Bueno, si es que sufren. No sabemos absolutamente nada de ellos.
—Yo también os entiendo a vosotros. Se todo lo que habéis tenido que hacer y pasar para estar aquí hoy y ahora. Os habéis tenido que acostumbrar a matar a otros, pero yo no se si sería capaz de hacerlo. No estoy preparada para un mundo así. No se si yo sería capaz de mirar a alguien a los ojos y matarle, aunque este sea un monstruo… Y me da miedo… Me da miedo el hecho de que probablemente hoy tenga que hacerlo. Seguramente lo haga.
—Si lo haces… Debes tener algo presente. No lo haces por placer, lo haces por protegerte a ti misma y a otros. Puedes sentirte culpable, es algo natural, pero entonces recuérdate a ti misma que estás viva— Luci ayudó a Mélanie a levantarse y la acompañó hasta la ventana más cercana, allí la dejó apoyada y le entregó uno de los rifles –Asegúrate de tener a esos en el punto de mira y de respirar hondo cuando vayas a disparar. Ten cuidado con el retroceso… Una cosa más.  No es necesario que los mates o te concentres en apuntar a sitios específicos. Apunta y dispara, solo eso, a veces, vale más la pena derribarles.
—Muy bien— dijo Mélanie. –No voy a defraudaros. Os lo juro.
Luci miró en ese momento a Mélanie. –Lo se. Se que no lo harás.

Bosque…

—Esos tipos dijeron que habían caído por una catarata. ¿Sabéis donde está dicha catarata?— preguntó David bajando por la escalera de mano y saliendo del tronco. Habían pasado toda la noche allí debido a que los cazadores iban y venían por la zona. Incluso habían hablado de que la chica de la katana y el tipo, habían matado a algunos de su grupo, algo que indudablemente dejaba claro que Juanma y Luci seguían vivos.
—Está a unos seis kilómetros de aquí, pero si han caído, deben estar rio abajo. En esa dirección— dijo Keity señalando en dirección Noroeste.
—Pues no perdamos más tiempo— dijo Juan descolgándose la mochila del hombro y guardándola dentro del tronco. Llevando solo con el arma y la munición.
—¿Qué estás haciendo?— preguntó Marta.
—Dejando el peso extra. Sin el iremos más rápido, estaremos más ligeros— respondió Juan.
Keity se quitó la mochila también, sacando solo la munición. –Haced lo que dice. Tiene razón. El peso de las mochilas solo nos retrasa. Tanto para avanzar como si tenemos que huir.
Todos hicieron lo que Keity ordenó y guardaron las mochilas dentro del tronco de árbol falso. Una vez lo hicieron todos,  comenzaron a avanzar. Juan entonces se acercó a Keity.
—Eres una buena líder. Todos te obedecen. Gracias a ti siguen vivos.
—Me ha costado. No te creas— respondió Kaity mientras andaban acelerando el paso. –Escucha. Quiero que te quede clara una cosa. Pase lo que pase hoy nos pondrá a todos en el punto de mira de esos cabrones. Así que todos estaremos en peligro. Así que cuando eso pase… Todos deberemos proteger el hospital, por que habrá represalias.
—Cuenta con ello— respondió Juan.
*****
Ross observaba el albergue de cazadores desde una colina. Cogió los prismáticos y escudriñó todas y cada una de las ventanas, aunque no podía ver a nadie,  pero estaba seguro de que estaban ahí. Un poco más abajo, sus hombres estaban movilizándose y adoptando posiciones para el avance, un avance que incluía vehículos, tanto motocicletas como jeeps con ametralladoras soldadas.
—Jefe— dijo uno de sus hombres acercándose. –Vengo a informarle.
—Adelante— respondió Ross.
—Nuestros hombres están listos para avanzar y atacar. Por otro lado estamos sin noticias del grupo de Jake. Deberían haber vuelto ya.
—A la mierda el grupo de Jake. Si están muertos que les jodan. Esto es mucho más importante. Avanzad y dad caza a esos tres. Recordad, pase lo que pase quiero que los cojáis vivos. No me importa si  destrozados, pero los quiero vivos.
—A la orden señor…— el cazador cogió el walkie. –Primer grupo. Avance hasta el objetivo e inicie el ataque.
*****
Seguía en la ventana cuando vi llegar a los primeros cazadores. Estos avanzaban abiertamente por el camino. Unos iban a pie y otros subidos en vehículo. Rápidamente cogí el walkie talkie para ponerme en contacto con Luci.
—Luci— dije –Aquí están. Prepárate.
—Los veo— respondió Luci.
—Pues fuego— respondí. Entonces corté la comunicación y comencé a disparar. Las primeras balas abatieron a uno de los cazadores antes de impactar en el capó del jeep. Seguí disparando y entonces el Jeep comenzó a echar humo. Algo que hizo que los cazadores comenzaran a salir de el corriendo. Pocos segundos  después el jeep explotó y los cazadores comenzaron a devolver el fuego. Rápidamente tomé cobertura y me moví hacia otra ventana. Me asomé y volví a disparar varias veces más. Mientras abría fuego, vi  como Luci y Mélanie hacían saltar por los aires otro de los jeep. No pude evitar esbozar una sonrisa por ver el buen trabajo que estaban haciendo.
De pronto, un vehículo hammer se abrió paso por el camino e irrumpió en la zona del albergue atravesando la puerta. Detrás de el, usándolo como cobertura, comenzaron a entrar más cazadores. Yo disparé a varios de ellos para derribarlos, pero lo que yo quería saber era donde estaba su líder. Este no aparecía por ningún lado. Eso me estaba frustrando, entonces apunté a uno de los cazadores y le disparé en la cabeza.
*****
Luci estaba disparando, abatió a varios cazadores. A uno de ellos lo abatió cuando trataba de ocultarse detrás del hammer. Luci miró a su derecha y vio a Mélanie, ella había disparado varias veces y se había ocultado detrás de la pared.
—Si no vas a disparar ve a la parte de abajo y prepara la moto— dijo Luci disparando y abatiendo a otro de los cazadores.
En ese momento, una lluvia de balas agujereó la pared y tanto Luci como Mélanie tuvieron que echarse al suelo.
—¿Qué es eso?— preguntó Mélanie sin levantarse.
—Esos cabrones tienen una maldita Gatling— respondió Luci al tiempo que volvía a caer una lluvia de balas. En la pared iban apareciendo agujeros. –Deprisa. Muévete— dijo Luci arrastrándose por el suelo. Mélanie intentó seguirla, pero entonces otra lluvia de balas estuvo a punto de alcanzarlas. Fue en ese momento cuando Mélanie se echó a llorar, estaba aterrorizada. Luci se puso junto a ella. –Escúchame. Se que no es fácil, se que te da miedo, pero debes luchar. Lucha  o moriremos las dos.
Mélanie miró a Luci. –No se si puedo.
Entonces Luci la cogió de las mejillas y la obligó a mirarla. –Si que puedes hacerlo… Y lo harás. Yo confío en ti. Ahora muévete.
*****
El jeep de la Gatling había aparecido de repente por detrás del hammer. Enseguida habían comenzado a disparar hacia la ventana desde donde Luci disparaba. Yo tomé cobertura y volví a moverme hacia una ventana. Me asomé, y cuando estuve a punto de disparar, me dispararon a mí y tuve que ocultarme.
—Juanma…— la voz de Luci me llamó la atención. Me arrastré rápidamente mientras nos disparaban y alcancé el aparato.
—Dime— respondí.
—Esos cabrones tienen una gatling— dijo Luci.
—La he visto— respondí. Justo entonces, me asomé, disparé, abatí a un cazador y volví a ocultarme.
—¿Cómo nos libramos de ella?— preguntó Luci.
—¿Puedes atraer toda su atención hacia ti? Así podré abandonar esta casucha y coger un buen ángulo.
—Muy bien, pero no tardes. No se cuanto podré resistir— dijo Luci.
—No te preocupes— respondí. –Acabaré con ellos.
Luci cortó la comunicación y enseguida comencé a escuchar disparos. Era Luci disparando desde la ventana, disparaba ráfagas rápidas y abatía a varios de los cazadores. Eso me dio tiempo a mí. Me levanté corriendo y bajé las escaleras. Llegué a la planta baja y corrí hacia la puerta, abrí y salí al exterior. Una vez fuera abatí a un cazador, crucé todo el patio exterior y llegué hasta una esquina, desde allí me asomé y comencé a disparar  de nuevo. Eso hizo que varios cazadores me vieran y vinieran a por mí. Eran los que estaban cerca del hammer y de la gatling. Era lo que quería. Justo cuando entraron en aquella especie de pasillo entre fachadas, yo me acerqué a una de las puertas de una de las casas y la abrí. Fue en ese momento, como para sorpresa de los cazadores, una multitud de caminantes salieron en tromba y comenzaron a caminar hacia ellos.
Lo de los caminantes fue algo que Luci y yo habíamos habíamos planeado con anterioridad. Ellos eran nuestra ayuda inesperada. Luci había conseguido aquella misma mañana atraer a varios caminantes y encerrarlos en una de las casas. El plan había funcionado y los disparos los habían excitado de tal manera que estos salieron ignorándome por completo.
Los cazadores comenzaron a enfrentarse a los caminantes mientras yo volvía a correr. Rodeé una de las casas, me asomé por la esquina y entonces un cazador se lanzó sobre mí. Este no me disparó, simplemente intentó inmovilizarme. Me golpeó y dejé caer el arma. Me defendí retrocediendo un poco y le golpeé. Este entonces intentó gritar para llamar a los demás, pero yo se lo impedí. Fui más rápido, le agarré por la cabeza y se la estampé contra el tronco de un árbol. Cogí mi fusil y me lancé a buscar una nueva cobertura detrás de una glorieta justo cuando me comenzaron a disparar. Yo les devolví el fuego rápidamente. Fue entonces cuando los abatieron, entonces vi a Mélanie apuntando desde la ventana. Por fin lo había hecho, acababa de matar a dos hombres.
Salí corriendo mientras disparaba a todos los hombres que me salían al paso. Por fin llegué al jeep donde estaba la gatling, maté al que estaba disparando desde ella y tomé posesión de ella, entonces comencé a disparar a los hombres que trataban de huir. Podría haberlos dejado escapar, pero no lo hice.
*****
Ross desde la colina observaba todo lo que estaba pasando. Sus hombres, en los que había depositado toda su confianza estaban siendo masacrados, y los estaban masacrando solo tres personas. Ross estaba sintiéndose humillado.
—Vamos a mandar a la segunda  oleada. Seguro que…—  Pero Ross le interrumpió.
—Se acabó. Ordena la retirada de todas las oleadas de la segunda a la última. Nos vamos. No arriesgaré a más hombres.
—¿Y que hacemos con los que siguen ahí abajo?
—Ellos ya no me interesan. Vámonos— respondió Ross alejándose de la colina y regresando a su coche. Sabía muy bien que las cosas se le iban a poner difíciles con los suyos tras esa decisión, pero estaba seguro que lograría seguir adelante, pero de momento, debía irse de allí y reagruparse para trazar un mejor plan.
*****
Mélanie y Luci seguían disparando desde las ventanas. Mélanie por fin había dado el paso de matar a alguien, después de eso, había apretado los dientes y había seguido disparando.
Luci iba a decirle algo cuando algo atravesó uno de los cristales de una ventana. Luci se lo quedó mirando mientras rodaba por el suelo, cuando se detuvo vio que se trataba de una granada. Con un rápido movimiento, se lanzó sobre Mélanie y ambas rodaron por el suelo mientras la granada explotaba.
*****
Vi la explosión y dejé de disparar. Una parte de la casa donde estaban Mélanie y Luci, había desaparecido. Una explosión había hecho desaparecer parte del tejado y de la fachada. Como un rayo, bajé del jeep y comencé a correr hacia la casa, pero justo antes de llegar,  tuve que frenarme y ocultarme detrás de un montón de piedras amontonadas. Un grupo de hombres había aparecido de repente y habían comenzado a dispararme.
Tenía que salir de allí y llegar hasta mis compañeras, podían necesitar mi ayuda. Me asomé rápidamente y comencé a disparar, pero no estaba consiguiendo acertar a ninguno. Volví a asomarme para disparar, pero no pude disparar, me había quedado sin munición.
Justo en ese momento, escuché una voz a mi espalda. –Ponte de pie ahora mismo cabrón.
Me di la vuelta y vi a un hombre apuntándome con un arma. Yo al verme vencido, dejé el arma sin munición en el suelo, también dejé la mochila, me puse de pie y levanté las manos. El tipo que me apuntaba era enorme, calvo y con una cicatriz que le cruzaba toda la cara. Los demás no dispararon, se limitaron a salir de sus escondrijos. Eran casi una decena.
—Ya lo tenemos— dijo uno de ellos.
En ese momento, llegaron un par de hombres. Estos iban empujando a Mélanie y Luci. Ambas estaban vivas, pero dada nuestra situación actual. Probablemente íbamos a morir pronto. Seguidamente nos obligaron a arrodillarnos a los tres. Me fijé que uno de ellos sostenía la katana de Luci mientras esta le lanzaba miradas asesinas.
—Lo siento— les dije mirándolas. –Nunca imagine que habría tantos de ellos.
—No tienes nada que sentir. Mél y yo podríamos habernos ido, pero permanecimos a tu lado. No me arrepiento. Juntos hasta el final— respondió Luci.
Quise decirle algo a Mélanie, pero ella estaba bastante más afectada y había comenzado a llorar. A ella no le dije nada, levanté un poco la cabeza y miré al de la cicatriz.
—Dejad que ellas se vayan. Ellas solo seguían mis órdenes. No las necesitáis.
Entonces el tipo me dio una patada en el estomago y yo caí de bruces. Mi cara tocó el suelo y el me puso el pie encima de la cabeza. –Cállate. De aquí no se va nadie— el tipo de la cicatriz miró a uno de sus compañeros. –Ya lo tenemos. ¿Dónde está Ross? ¿Por qué no viene?
—Se ha ido— contestó uno de los hombres. –Todos se han largado.
—Ya veo. Ha huido dejándonos tirados cuando ha visto que nos estaban dando bien. Pues que le jodan. No lo necesitamos, ahora yo estoy al mando— dijo el de la cicatriz.
—¿Cómo que tu estás al  mando? Eso deberíamos someterlo a votación— respondió otro de los hombres.  –Para empezar… Deberíamos tratar de volver con Ross y los otros.
—¿Volver?  Nos han dejado tirados. Si les importásemos algo seguirían ahí. Es evidente que ya no. Por mi que le den a Ross y a todos sus lameculos. Nosotros formaremos un nuevo grupo. Yo asumo el mando.
—Ya no tenéis por que hacer esto— dije con la cabeza aun pegada al suelo.
—¿Qué no tenemos que hacer esto?— preguntó el de la cicatriz. –Mira a tu alrededor. ¿Ves todos esos hombres a los que has matado? Muchos eran amigos míos. Yo creo que si que tenemos que hacer algo, pero no será rápido. Te lo garantizo. Ponedlos de pie.
Los tres fuimos puestos de pie. En ese momento no pude evitar recordar lo que había pasado en el desierto, cuando Rachel, Sean y yo fuimos interceptados. Entonces comencé a temblar pensando que se iba a volver a  repetir aquello. Entonces miré al de la cicatriz.
—Dejadlas ir. Haced conmigo lo que queráis, pero a ellas dejadlas.
—Claro que a ti te haremos lo que queramos. Has matado a varios de mis chicos y esto lo tienes que pagar… Pero entiende que algunos de mis chicos, yo incluido, llevamos mucho tiempo sin una mujer. Nos divertiremos con ellas antes de dejarlas en paz, alégrate. Que  lo vas a ver.
—Dejadlas…— repetí de nuevo. –Dejadlas— entonces me lancé contra el de la cicatriz. Logré golpearle, pero apenas lo moví del sitio. Los otros me apuntaron, pero este dio la orden de no disparar. Seguidamente me golpeó y tiró al suelo.
—¿Quieres pelea? Pues muy bien. Empezaremos por ti— dijo el de la cicatriz dándome patadas en el estomago. –Al fin y al cabo haremos esto mucho más divertido.
Algunos de aquellos tipos se sumaron al primero y comenzaron a darme patadas, otros simplemente sujetaban a Mélanie y Luci. Di por sentado entonces que esa vez si había llegado mi hora, fue justo en ese momento cuando se escuchó un disparo y uno de aquellos tipos cayó al suelo con un agujero en la cabeza. Entonces más disparos comenzaron a escucharse, disparos que venían desde varias direcciones. Estaban abatiendo a los cazadores. Vi a varios de ellos caer, al igual que vi a varias personas salir del bosque disparando. Aunque no podía verlos bien. Vi como uno llegaba hasta mí y me levantaba.
—¿Estás bien?— la voz que me preguntó eso era la de David. Lo miré y efectivamente era el. A el le siguieron entonces varias personas más, pude reconocer a Juan, pero también había gente a la que no conocía. En pocos segundos habían abatido  a los cazadores. David me ayudó a sentarme entonces, ahí pude recuperarme. –Descansa. Ya pasó.
—¿Cómo nos habéis encontrado?— pregunté mientras observaba como una chica vestida de militar le daba algo de agua a Mélanie.
—Salimos del hospital JFK para buscaros. Casualmente escuchamos a unos cazadores que hablaban de que os caísteis por una catarata. Nos dirigíamos a ella cuando escuchamos los disparos— respondió David.
—¿Y  estos quienes son?— pregunté mirando a los militares. Los cuales estaban observando los cuerpos de los abatidos.
—Estos son Kaity, Marta, Boggs, Dingan y Glenn. Estaban en el hospital y aparte de  acogernos, decidieron acompañarnos— en ese momento, David me puso la mano en el hombro y me miró –Eh. Todo está bien. Eva, Vicky, tus hijos y todos los demás están bien. Están esperándote en el JFK.
—Aquí hay uno vivo— dijo uno de los militares. Eso hizo que yo me levantara rápidamente y me dirigiera hacia donde había escuchado la voz. Enseguida vi a uno de los cazadores que trataba de alejarse arrastrándose por el suelo. Rápidamente, le pegué un pisotón en la pierna y este gritó de dolor. Se dio la vuelta para mirarme y vi que era el de la cicatriz.
—Por favor. No lo hagas— suplicó este.
Mientras suplicaba por su vida, una de las militares se acercó apuntándole. Aunque yo no dejé que le disparara. Miré a la militar entonces. —¿Me dejas tu arma…?
—Mi nombre es Keity… Keity Lenihan— respondió la militar dándome el arma.
—Encantado— respondí. Seguidamente, disparé al cazador a la cabeza y a bocajarro. Entonces le devolví el arma.
—¿Qué es eso?— preguntó Keity señalando uno de los bolsillos del  hombre al que acababa de matar. Yo me di la vuelta, me agaché y saqué lo que Keity señalaba. Se trataba de un walkie talkie. Con el aparato en las manos me quedé un momento pensativo, entonces finalmente lo encendí. —¿Pero que haces?
El walkie talkie estuvo un momento soltando ruido  estático, pero finalmente se escuchó una voz. —¿Ryan?
—Ryan está muerto. Quiero hablar con Ross ahora mismo— respondí.
—¿Pero quien eres?— preguntó la voz.
—Soy la presa a la que nunca debisteis acorralar. Ahora dile a Ross que se ponga… O te juro que cuando os encuentre… Y te garantizo que será pronto, pienso recordar tu voz para que cuando te tenga delante sepa quien eres para ser uno de los que mate lentamente.
Se hizo el silencio unos instantes y finalmente, la voz de Ross se dejó escuchar. –Aquí me tienes.  ¿Qué quieres?
—Se suponía que ibas a venir a por mí, pero no ha sido así. Has dejado que tus perros hicieran el trabajo. Dime una cosa Ross… ¿A cuantos de tus hombres voy a tener que matar antes de que decidas dar la cara? Hoy he matado a unos cuantos y tu no eras ninguno de ellos, por lo que se, te escaqueaste bien pronto. No entiendo como un tipo como tú puede ser el líder de un grupo, pero ya no importa. ¿Sabes por que? Por que da igual que no des la cara, se que nos acabaremos encontrando y entonces te aseguro que acabaré contigo.
—Ya veremos quien acaba con quien— respondió Ross. –No seas tan gallito chaval.
—Hasta pronto— respondí. Después corté la comunicación.
—Las cosas se van a poner bastante jodidas ¿Eh?— dijo en ese momento Keity.
—Bastante. Siento que os hayáis visto involucrados en esto— respondí. —¿Dónde está ese hospital? Mélanie y yo necesitamos que nos echen un vistazo a fondo.
—A unos kilómetros de aquí. Si nos ponemos en marcha ahora, probablemente lleguemos por la noche— respondió Keity. –Allí os atenderán bien.
—Pues en marcha— respondí. Me dirigí al resto entonces. –Mél, Luci y yo no estaríamos vivos si no fuera por que habéis aparecido. Aun así, esto aun no ha terminado. Los cazadores siguen por ahí.
Todos se prepararon y emprendimos el camino hacia el hospital JFK. De nuevo a reunirnos con el resto de nuestro grupo.

Hospital JFK…
17:00 horas de la tarde…

La doctora Green caminaba rápido por el pasillo mientras la enfermera le explicaba lo ocurrido. Mientras ambas avanzaban, podían escucharse los desgarradores gritos de dolor.
—Estaba comiendo cuando de repente comenzó a sentirse mal. Y la comida no puede ser. Es seguro que debe ser otra cosa. Me suplicó que la llamara a usted precisamente.
Ambas llegaron a la puerta  y la doctora le pidió al celador que vigilaba la puerta que la dejara entrar. Este abrió la puerta y la doctora pasó al interior a examinar al rehén. Este no paraba de gritar y retorcerse de dolor. La doctora trató de inmovilizarlo, pero fue imposible. Entonces pidió al celador que lo amarrara a la camilla y que los dejaran solos para que pudiera trabajar. El celador hizo lo que le ordenaron y salió de la sala.
Una vez el paciente estaba encima de la camilla, la doctora lo examinó y este dejó de gritar. Su expresión había cambiado por completo y su mirada estaba fija en la doctora.
—Que fácil es colar un truco tan viejo— dijo el rehén. Al ver que la habían engañado, la doctora quiso salir, pero entonces el rehén la llamó de nuevo.
—¿Qué es lo que quieres?
—Nada en particular, pero debes saber que el pregunta mucho por ti.

Al escuchar aquello. La doctora se quedó petrificada. Si eso era así, es que el aun seguía con vida y con los cazadores.

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