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sábado, 11 de marzo de 2017

NECROWORLD Capitulo 148

Día 10 de Noviembre de 2010
Día 865 del Apocalipsis…
01:00 de la madrugada. Hospital…

Los demás habían hecho un gran trabajo limpiando la zona de la planta baja y el parking subterráneo. No quedaba ni un solo caminante, también habían arreglado las vallas e inspeccionado cada zona de allí en busca de caminantes solitarios, en definitiva, todo estaba limpio y tranquilo.
Nina con toda la tranquilidad, salió a la plaza del hospital y se dirigió a una pequeña capilla que había dentro del complejo del mismo. Nada más llegar a la puerta, se dio cuenta de que estaba abierta. Alguien más estaba allí, sacó la pistola que llevaba siempre con ella y le quitó el seguro, podría regresar con los demás y avisarles, pero… ¿Y si era una falsa alarma? No quería molestarles y ella no era ninguna inútil, podría encargarse de ello.
Con cautela entró por la puerta entre abierta y enseguida vio la luz producida por las llamas de unas velas. Fue en ese momento cuando vio a alguien de rodillas cubierto con una manta delante del  altar, justo detrás del altar estaba Jesucristo en la cruz. En ese momento, Nina levantó el arma y le apuntó.
—No te muevas.  Si tienes algún  arma déjala en el suelo y levanta las manos. ¡¡¡Hazlo y saldrás de aquí con vida!!!— En ese momento, aquella persona a la que  Nina apuntaba, se dio la vuelta y la miró. Fue en ese momento cuando la muchacha se dio cuenta de que esa persona era Sheila. Nina rápidamente bajó el arma. –Oh dios. Lo siento. No sabía que eras tú. Lo siento Sheila. De verdad. ¿Qué haces aquí?
—Rezo por el alma de Rachel. Para que pueda descansar en paz.
—Yo también venia a rezar— respondió en ese momento Nina. –Vengo a rezar por que Juanma, Mél y Luci estén vivos… Y por que el grupo que salió en su busca tenga éxito.
—No sabía que eras creyente— dijo Sheila.
—No lo era…— respondió Nina –Pero en estos tiempos tan oscuros quiero creer que si he seguido viva hasta ahora es por algo. Por que alguien allí arriba a cuidado de  nosotros.
—Al parecer cuida de nosotros hasta que se cansa de hacerlo. Es entonces cuando morimos. Yo no tengo nada que agradecerle a dios…Ya no. Simplemente rezo por el alma de mi mujer. No por que crea en un dios. Un dios que es evidente que nos ha abandonado. Estamos por nuestra cuenta y todos acabaremos muertos. Solo espero que cuando llegue mi hora, me encuentre con Rachel.
—Respeto tu decisión. Espero que no te moleste que me quede a rezar contigo aquí— dijo Nina. No quería seguir conversando con Sheila sobre eso. Era evidente que había superado lo de querer suicidarse, pero también lo era que seguía en estado de shock.
*****
La doctora Green se encontraba visitando a los bebés. Silvia, Alicia y Eva estaban allí en la sala también. La doctora terminó con Christian y observó a las expectantes madres.
—Los niños están bien y disfrutan de una buena salud. Se nota que lo habéis dado todo por ellos. Os felicito. Los niños son nuestro futuro.
Silvia cogió en brazos a la pequeña Lucia y miró a la doctora. –No se lo que haría sin ella. La recuperé hace poco y ahora sería horrible perderla.
—No entiendo— respondió la doctora mirando a Silvia.
—Mi novio… Bueno, mi ex novio el cabrón decidió venderla a un tipo de Las Vegas. Luego me dijo que estaba muerta.  Cuando volví a encontrarme con el, antes de matarle, me confesó que la niña vivía y que estaba en Las Vegas— explicó Silvia omitiendo los detalles más truculentos de lo ocurrido. –No estoy dispuesta a perderla de nuevo.
—Doctora— dijo en ese momento Alicia –Como ve. Estoy embarazada. Creo que de cinco meses si no me equivoco. ¿Puede hacerme una inspección?
—Claro que si. No es problema. Acompáñame a otra sala. Es allí donde tengo el material de las ecografías— respondió la doctora Green con una sonrisa. –Te juro que he llegado a pensar que no volvería a ver una  mujer embarazada. Esto es un milagro y estaré encantada de traer a ese niño o niña al mundo.
—¿Significa eso que dejará que nos quedemos aquí?— preguntó Eva.
—Seré sincera contigo. Eso es algo que no he terminado de decidir, pero  el invierno es frio y desde luego mientras este siga. No permitiré que estos niños estén ahí fuera. Así que tenéis la estancia garantizada hasta Abril por lo menos. Para entonces esta criatura ya habrá nacido.
De repente, la puerta de la sala se abrió de pronto y apareció Mike. Este estaba jadeando. –Doctora. La necesito. Es mi hija, mi Bethy. ¡¡¡Venga!!!
La doctora miró a Alicia, le hizo un gesto de disculpa y salió junto a Mike corriendo por la puerta.

Bosque…
01:55 horas de la madrugada…

Ross le pegó una patada a la rueda de la caravana y lanzó un grito. Ante el, escrito con letras grandes, habían dejado un mensaje para el. Un mensaje donde podía leerse claramente:
“TODO CAZADOR ES CAZADO ALGUNA VEZ, TODOS LOS CAZADORES SE REUNEN EN UN LUGAR Y ES EN ESE LUGAR DONDE CONSEGUIRÉ TU CABEZA COMO UN TROFEO MÁS. TE ESTOY ESPERANDO DONDE SE REUNEN TODOS LOS CAZADORES”
—¿Qué cree que significa señor?— preguntó uno de los cazadores mirando a un furibundo Ross.
—¿Qué que creo que significa? Significa que ese cabrón quiere jugar conmigo. Se las quiere dar de listo y se va a llevar una sorpresa. Es evidente  que nos está esperando. Ese malnacido está en el albergue de cazadores.
—Ellos son solo tres. Dos de ellos son unas chicas que no tienen media hostia. Una de ellas está herida. ¿Qué más da que nos esperen? Vamos a por ellos y fin.
—No seas estúpido— dijo Ross. –Cuando  nos han dejado un mensaje así es por que saben que iremos. Ese cabrón está planeando algo. Si vamos a por el ahora. Haremos lo que quiere y entonces la habremos cagado. No le demos ese gusto y preparemos un plan— En ese momento apareció un vehículo allí. Era uno de los jeep de los cazadores. El jeep se paró y de el se bajó Jake. Un joven al que habían reclutado no hacía mucho. —¿Qué haces aquí Jake?— preguntó Ross.
Jake caminó hacia Ross y le entregó una carta. –Es de la hermandad. Se están impacientando. Dicen que necesitan hombres. Al menos uno o dos que sean fuertes y grandes. Los quieren en menos de cuarenta y ocho horas.
—Que les follen a la hermandad— respondió  Ross.
—Señor. Con todos mis respetos. No es sensato hacer eso. No nos queda munición y ellos son los mayores proveedores de ella en esta zona. Nos estamos centrando demasiado en perseguir a esa cabrón y a esas dos zorras— dijo Jake.
—Vale. ¿Qué sugieres?— preguntó Ross.
—En ese Hospital están ese tal Juan y el negro gigante ese, Mike. Puedo ir yo mismo con un grupo y coger a esos dos. Con ellos dos solo, nos los cambiarán por munición que nos durará meses. Usted siga con la caza de ese, nosotros iremos al hospital y cazaremos a esos dos. Lo haremos de forma discreta y cuando se den cuenta de que han desaparecido, usted ya habrá cazado a ese mamón.
—Muy bien. Pero que sea discreto. Ni se os ocurra fallar— advirtió  Ross.
—No se preocupe seños. Todo está bajo control. Sabemos lo que hacemos— Jake miró a un par de hombres. –Tú y tú. Venid conmigo.
Estos miraron primero a Ross y este les hizo un gesto. –Id con el.
Los dos hombres que había pedido Jake lo siguieron. Se subieron al jeep y se perdieron en la noche.
—¿Confía en Jake?— preguntó uno de los hombres.
—Si falla que no vuelva. Nosotros tenemos cosas más importantes que hacer. La presa más grande nos espera para la batalla final, pero el piensa que iremos a lo loco. Nos reorganizaremos y al amanecer le haremos una visita en ese albergue. Veamos quien es el cazador cazado. Ellos son solo tres.

Hospital…
02:45 horas de la madrugada…

La doctora Green volvió a ponerle el oxigeno a Beth. Mike estaba al lado de la camilla sosteniéndole la mano  a su hija mientras esta dormía tranquilamente.
—¿Se pondrá bien doctora?— preguntó Mike. –No se le ocurra mentirme o le juro que…— Mike entonces miró a Jeremy. Estaba sentado en el otro lado de la habitación.
—Tiene una pequeña infección que ya  he comenzado a tratarle— dijo la doctora Green señalando el gotero que le había puesto. –Le sugiero que se tranquilice y me deje hacer mi trabajo. No quiero tampoco amenazas. Entiendo que esté preocupado. Yo también lo estaría, pero su hija está ahora bien.
—Si… Lo siento doctora…— Mike miró a Jeremy en ese momento. –Hijo ¿Puedes quedarte con la doctora? Será solo un momento.
—Si papá— respondió Jeremy levantándose del  sillón donde estaba para ir a sentarse al lado de su hermana. Entonces Mike le acarició el pelo. Se levantó y se llevó a la doctora de la habitación.
—Ya he perdido a mi mujer. Le prometí que cuidaría de los niños. Así que no pienso perderlos. ¿Me entiende?
—Si, le entiendo, y le juro que estoy haciendo todo lo que puedo. Su hija está bien en estos momentos, pero podría volver a tener una recaída. Cuando llegaron aquí, su hija estaba desnutrida y deshidratada. Casi con cuarenta de fiebre. Tuvo suerte y vive, pero aun está débil. Seguirá así hasta que se recupere— entonces, la doctora Green sintió un olor a alcohol. Un  olor del que no se había dado cuenta hasta ese momento, también se fijó en la cara de Mike. —¿Ha estado bebiendo?
—¿Qué más dará eso? Es de mi hija de quien estamos hablando.
—Me importa por que usted parece un hombre que fácilmente pierde los estribos… Y más ahora que su hija está enferma. Beber no le ayudará, ni a usted ni a sus hijos. Será mejor que vaya a dormir algo, que deje la bebida ahora que está a tiempo y que en ese estado no se acerque a sus hijos.
—¿De que coño está hablando? ¿Qué me aleje de mis hijos? ¿Me toma por un maltratador? Amo a mis hijos sobre todas las cosas.
—He tratado a muchas mujeres y niños con padres que los amaban. Tanto que no había semana donde el hombre no fuera borracho a casa y los moliera a palos, a pesar de que los amara. Todos eran hombres que estaban en una situación de estrés  y que solo lo arreglaban dándole a la botella. Se alegraban la vida y se la jodian a los que tanto amaban. Si está mal, y es evidente que lo está, hay maneras mejores de superarlo.
En ese momento, Mike agarró a la doctora del cuello y la empujó contra la pared. Entonces levantó el puño con intención de golpearla. –Yo jamás haría daño a mis hijos. Nunca— Mike comenzó a apretar con más fuerza, tanta, que la doctora comenzó a notar como le faltaba la respiración. Justo en ese momento, alguien golpeó a Mike y este soltó a la doctora. Mike se tambaleó y estuvo a punto de caer, pero no lo hizo, se enderezó nuevamente para atacar a quien le había golpeado, pero cuando lo hizo, se encontró con el cañón de un rifle apuntándole a lacara, detrás estaba Johana.
—Será mejor que te relajes y dejes de liarla. Te estás pasando.
Mike miró a ambas mujeres y las señaló con el dedo. –Que os den a las dos. Yo me largo— Mike se dio la vuelta y comenzó a alejarse por el pasillo.
—¿Y que pasa con tus hijos?— preguntó Johana.
—Déjelo de momento. Ahora será imposible razonar con el. Luego llamaré a una de las enfermeras para que venga a cuidar de sus hijos— dijo la doctora mientras se levantaba del suelo masajeándose el cuello.
—¿Se encuentra bien?— preguntó Johana.
—Si— respondió la doctora. –No es la primera vez que estoy en una situación así. Aunque debo agradecerte que hayas aparecido. Podría no haberlo contado.
—No voy a justificar lo que ha hecho… Pero en parte entiéndalo, perdió a su mujer en Manhattan. Ha visto morir a amigos y ha perdido… Hemos perdido lo que era nuestro hogar. Ahora casi pierde a la niña. Es buen tío, pero ya estaba mal y la bebida lo ha empeorado. Mañana hablaré claro con el— dijo Johana.
—Mañana pediré que toda la bebida alcohólica que haya en el bar, la tiren— dijo la doctora sacando un walkie talkie. –Necesito a una enfermera en la 324.
No pasaron apenas dos minutos cuando apareció una enfermera y la doctora Green le mandó quedarse en la habitación. La doctora se fue y Johana se quedó allí, sentada en un sillón delante de la puerta, pensando. Entonces decidió ir a buscar a Mike. No quería que su comportamiento estropeara todo, pensó en donde podría estar y enseguida supo donde buscar.
*****
Tras el encontronazo con la doctora, Mike había bajado a la planta baja y había decidido ir al bar del hospital. Entró en el y fue directo a donde guardaban las bebidas alcohólicas. Llegó al armario y de  allí sacó una de las botellas que había dejado a medias unas horas antes. Salió a la barra y se sentó encima de un taburete mientras se servía un vaso hasta arriba. Cuando lo llenó, lo levantó y se dirigió a alguien.
—Un brindis por los viejos tiempos… Kendra— entonces le dio un trago. Miró al frente y vio entonces a alguien reflejado en el espejo que lo miraba. Era un chico joven. —¿Pero que coño?— Mike se dio la vuelta y vio como el joven que lo miraba a través de la ventana, se largaba. Rápidamente, Mike se bajó  del taburete y corrió hacia la ventana rota, saltó a través de ella y salió al exterior. Fue en ese momento, cuando un caminante salido de la nada, corrió hacia el y se le echó encima. Mike lo golpeó varias veces mientras otros dos se acercaban corriendo. Mike apuntó con el arma y disparó dos veces a cada uno, no los mató, pero logró derribarlos. Justo cuando iba a rematarlos, alguien le apuntó a la cabeza.
—No vayas a moverte Mike. No nos pongas esto difícil— dijo  la voz de un chico joven. Mike solo pudo verlo de reojo. Entonces otros dos tipos aparecieron de detrás de unos conteiner apuntándole con sus fusiles.
—La hostia. Que poco han durado— dijo uno de los tipos pateando y rematando a uno de los caminantes. –Es la ultima vez que cojo a uno de los prisioneros para convertirlo en podrido. No son nada divertidos.
—Cállate Gordon. Ya tenemos a uno de los que vinimos a buscar ¿Dónde pollas está el otro?
—Arrodíllate Mike. Y deja tu arma en el suelo. Hazlo de buenas ¿Vale?— dijo el  chico que estaba detrás de el, lo hizo con tono amable. Mike no tuvo más remedio que obedecer.
—¿Cómo sabéis mi nombre?— preguntó Mike.
—No es necesario que lo sepas. Solo tienes que saber que vendrás con nosotros. A propósito… ¿Dónde está Juan? También nos lo queremos  llevar a el. Digamos que los dos, sois algo así como una entrega especial.
—Entrega especial ¿Para quién?
—Para clientes, Mike— respondió el chico que le había apuntado al principio. –Todo esto lo hacemos para clientes. No es nada personal, solo son negocios. Por lo menos estate tranquilo. A tus hijos no les pasará nada, no nos interesan… Bueno. Siempre y cuando tu no nos pongas esto difícil. Ahora  se bueno y ven con nosotros.
De pronto, un disparo abatió a uno de los tipos. El tiro fue certero en la cabeza. El segundo quiso reaccionar y fue abatido también. El tercero miró a Mike, este se levantó rápidamente y le dio un cabezazo. Lo tumbó, le apuntó con el arma, justo cuando le iba a disparar escuchó la voz de Johana.
—No lo mates. Necesitamos a uno vivo. Son cazadores. Tienen ese símbolo del cuervo.
En ese momento, el chico se levantó, golpeó a Mike y echó a correr, pero antes de que recorriera diez metros. Johana le disparó en las piernas. Johana se acercó a el y esta estaba retorciéndose de dolor mientras sangraba.
—Eres una puta chiflada  Johana. Esto no va así.
—Dije que te necesitábamos vivo, pero no dije que te necesitásemos entero. Ahora quietecito o te dispararé en tus pelotitas— dijo Johana con tono amable. Poco después le vendaron las heridas y lo ataron. Los demás miembros del grupo no tardaron en acudir al lugar.
Jake se quedó mirando a todos y comenzó a hablar. –Más vale que me soltéis. No sabéis lo que estáis haciendo. Si  a mi me pasa algo…— pero Jake no terminó la frase. Johana le propinó una patada en la cara y se arrodilló delante de el. –Cariño por favor. Se bueno y cállate hasta que te preguntemos… Silvia… Ven a ver a este.
Silvia se abrió paso entre el  grupo y entonces miró al rehén. –Si. Le conozco. Solo lo vi una vez, ya hace, pero estoy segura de que es el. Estaba en un grupo de cazadores. Aunque no era el de los cuervos.
—Tú eres… Si. Tu eres la putita de A.J ¿Ya te dejaron salir de tu zulo?...— Johana volvió a golpearle. Esta vez con más fuerza.
—Por favor yogurin. Se amable o la próxima vez te haré un piercing en la picha. ¿Sabes como se hace? Cojo un hierro y te la voy atravesando poco a poco. Antes lo hacía en un local, pero he perdido algo de práctica. A lo mejor se me va un poco la mano. No puedo garantizarte que no te duela— Johana miró al resto. –Aquí fuera hace un frio que pela. Llevémoslo a dentro y ahí le sacaremos información. Vamos, levántate— Johana obligó a levantarse al rehén y lo llevaron al interior del hospital. Una vez dentro llamaron a la doctora para que lo curara. Cuando la doctora vio al rehén, se quedó mirando al resto.
—¿Qué es esto?—  preguntó la doctora arrodillándose frente al rehén para examinarle la pierna herida.
—Díganoslo usted doctora. Han entrado dos más como el a los que hemos matado. Lo que me lleva a preguntarme. ¿Por qué no hay vigilancia para impedir estas cosas?— preguntó Johana. –La vigilancia constante en estos tiempos s algo necesario. Aquí hay niños.
—Prometieron que no volverían— dijo en ese momento la doctora.
Eva en ese momento miró a la doctora. —¿Qué prometieron? ¿Y no nos había dicho nada? Esta gente va tras nosotros… ¿Y usted nos oculta que ya habían tenido contacto con ellos? Incluso una especie de trato de no agresión.
—Por favor doctora— dijo en ese momento el rehén. –Déjenme ir. Si me dejan ir, juro que los demás no vendrán a por ustedes. Ni siquiera a por  ellos.
—¿Encima  la conoce?— preguntó Eva todavía más escandalizada.
—La bala te atravesó la pierna. Tengo que curarte… Y no puedo dejar que te vayas. No me fio de tu palabra. Ya habéis faltado a ella viniendo hasta aquí. No pienso arriesgarme.
—Juro que no, no volveremos, pero déjeme ir— dijo  el rehén suplicando entre lagrimas. –Ellos confían en mí y tienen muy en cuenta mi opinión. Si yo les digo que  no vengan, no vendrán. De lo contrario, si me retienen, vendrán a buscarme y ellos no tendrán compasión. Les matarán a todos.
—Deberíamos soltarle— dijo en ese momento Eva. –No podemos arriesgarnos. Si el se queda aquí vendrán a por el. Aun estamos a tiempo. Cúrelo y libérelo.
—Ya no puedo hacer eso. Si lo suelto es cuando vendrán— respondió la doctora. –Ahora mismo estoy pensando en lo mejor para los míos.
—Y yo también. Tenemos niños aquí. Si el queda libre nos libramos de represalias, pero si lo mantenemos retenido… Es lo que haría Juanma. No ponernos en peligro.
—Juanma ya nos puso en peligro en el hotel al no entregarte a ti— dijo Mike mirando a Eva. Si el no vuelve, pensarán que está muerto y no vendrán, al menos no enseguida, pero si lo dejamos ir, vendrán todos.
—Pero Juanma…
—Juanma no está aquí, ni para decidir… Ni para cagarla— respondió Mike.
—Se quede aquí o lo dejemos ir no cambiará nada— dijo en ese momento Silvia. –Esa gente son cazadores. Todo buen cazador termina cazando a la presa. Hagamos lo que hagamos con el. Ellos terminarán viniendo a por  nosotros, pero retenerle aquí nos da tiempo.
—No  sabéis lo que estáis haciendo. Estáis cometiendo un error— dijo el rehén.
—Tal vez— en ese momento Johana comenzó a mirar a todos. –Escuchad. No sabemos si hay más de los suyos fuera del hospital. Y sinceramente me suda el coño eso, pero aun así. Quiero a gente  en las ventanas en cada planta. Mirando en todas las direcciones.
—¿Qué estás diciendo? No vais a convertir mi hospital en una fortaleza— dijo la doctora Green. –Esto es de locos.
—No tiene  muchas opciones doctora. Tanto retenerlo como soltarlo no pinta nada bien para nosotros. Para ninguno. Venga, no tenemos tiempo que perder.
Todos comenzaron a moverse y a prepararse. Johana fue hasta donde guardaban las armas. Abrió la puerta de una patada y enseguida comenzó a cargar armas en un carro para la ropa sucia. Salió del cuarto y comenzó a repartir armas a unos y a otros.
—¿Para que es esto?— preguntó un celador sosteniendo un rifle de asalto entre las manos.
—Para que te hagas un hombre, nene— respondió Johana.
—Pero yo no se disparar— respondió el celador.
Johana se paró, se dio la vuelta. Le quitó el arma al celador,  apuntó a una lata que había en un banco y disparó. Entonces, la lata salió despedida hacia arriba, cayó al suelo y rodó. –No es tan difícil. Échale huevos, apunta y dispara. No hay más. Dispones de unas veinticuatro horas como mucho para aprender.
—¿Qué está pasando?— preguntó el celador.
—Que somos una presa que no se lo va a poner tan fácil al cazador— respondió Johana sin darse la vuelta.
*****
Tras curar al herido, la doctora regresó a su despacho y Eva la siguió. Eva estaba muy enfadada por el hecho de que la doctora no hubiese dicho nada sobre que conocía a los cazadores y que tenían una especie de trato.
—¿Qué quieres Eva?— preguntó la doctora.
—Una explicación— respondió Eva. —¿No se da cuenta de que esto nos pone en peligro a todos? Puede que ese chico diga la verdad. Reteniéndolo, solo conseguimos que vengan de cualquier modo.
—Ya has oído a Silvia, tu compañera. Ella sabe de lo que habla. Son cazadores y vosotros sois la presa. Si lo dejo libre, vendrán antes. Mientras se quede, tardarán en venir. Es eso lo que tenemos que aprovechar, tiempo más que suficiente para que tu y los tuyos os vayáis. Es a vosotros a quienes persiguen— respondió entonces la doctora.
—Pensé que iba a dejar que nos quedáramos— dijo Eva.
—Eso fue antes de que metierais la pata y nos pusierais en peligro. Ahora si eres tan amable, déjame a solas para que termine de tomar una decisión.
—Pero tenemos niños— replicó Eva.
—Lo se, pero ellos estarán a salvo aquí. Los niños no les interesan. No me es fácil hacer esto, pero ahora mismo, tu grupo y tú tenéis dos opciones. Iros por las buenas sin armar mucho ruido… O ser consecuentes y entregaros vosotros mismos. Piénsalo, ahora déjame a solas.
Eva salió dando zancadas y al salir por la puerta se  encontró con el doctor López. Aunque no le prestó ninguna atención.
—¿Qué le ocurre?
—Le he dicho que o se van o se entregan. Dejando aquí a los niños— respondió la doctora Green.
—No se irán de aquí sin los niños. Sabes que no cederán y que habrá problemas.

—Ya lo se. Hay que buscar la manera de ponerse en contacto con los cuervos antes de que vengan. Hay que ponerles al corriente de la situación. Mi idea es que se los lleven de aquí, por que precisamente no se irán de aquí por las buenas. Aunque no te lo creas, me importan esos niños, creo que no están seguros con ellos.

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