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sábado, 4 de marzo de 2017

NECROWORLD Capitulo 147

Día 9 de Noviembre de 2010
Día 864 del Apocalipsis
15:00 de la tarde…

—¿Esto será necesario?— preguntó Eva al mismo tiempo que se sentaba en el sillón de una sala. Era un lugar espacioso y había estanterías repletas de libros. Mientras, la doctora Green terminaba de instalar la cámara de video. —¿Por qué grabarlo?
—Para analizarlo después con detenimiento. Entiéndelo, se  os ve buena gente, pero todo aquel que anda por ahí fuera parece buena persona hasta que demuestra tener un corazón negro como el carbón. No es nada personal, es solo por precaución. Ahora, si no es mucho pedir. Cuéntame todo sobre vosotros.
—No tenemos claro que vayamos a quedarnos aquí mucho tiempo. Solo vinimos por que la niña estaba mal. Cuando se recupere, probablemente sigamos nuestro camino— respondió Eva.
—Tengo entendido que hay tres personas de vuestro grupo a las que estáis buscando— dijo la doctora Green.
—En realidad son cuatro. Uno iba con nosotros y tuvo que irse a hacer algo. No regresó aun. Los demás… Uno de ellos es mi marido. Nos han pasado demasiadas cosas doctora… Solo quiero a mi marido de vuelta. Se que sigue vivo en algún lugar ahí fuera. El es alguien fuerte.
—Ahora mismo. Mis chicos están preparándose para salir en una expedición junto a varios de tus compañeros. No te preocupes. Ahora por favor. Cuéntame sobre vosotros.
Eva comenzó a contarle toda la historia.
*****
Keity abrió una puerta con una llave y Juan pasó a dentro. Cuando entraron, Keity se dio cuenta de que parecía que alguien había entrado antes que ellos, pero no le dio importancia. Quizás había sido alguno de los suyos.
Dentro de aquella habitación había varios fusiles de asalto, munición y granadas. Este se acercó y cogió un fusil para probarlo. Entonces miró a Keity. –Vais bien servidos. ¿Todo esto lo habéis conseguido vosotros?
—Más o menos. Fue lo poco que pudimos recuperar del campamento antes de que fuera arrasado por los caminantes. Solo sobrevivimos nosotros cinco… Bueno… Sin contar con los que desertaron antes. El ser humano suele huir cuando las cosas se complican mucho.
—Vosotros no os fuisteis— dijo Juan mientras apuntaba con uno de los fusiles. –De hecho acabasteis aquí protegiendo a enfermos y ancianos. Eso no lo hace cualquiera. Nadie quiere llevar lastre… Y menos ahora.
—Me hice militar para proteger a los que lo necesitaban. Eso incluía también el apocalipsis. Jamás abandonaría a estas personas. Pase lo que pase, esté donde esté, siempre me preocuparé por ellos.
—Me gusta esa forma de pensar. No hay muchos que actualmente piensen así. De hecho se os ve cabales. No nos cosisteis a balazos cuando nos visteis.
—Ya os lo expliqué. En un principio pensamos que erais otro grupo de cazadores. Hay muchos por ahí. Estos bosques son territorio de al menos tres grupos. Creímos que erais uno de ellos, pero entonces al ver a la niña lo descartamos. Ellos no llevan niños ni viejos.  Menos de dieciocho y más de sesenta, ya es lastre para ellos. Una vez vimos como un grupo abandonaba a un hombre ya mayor. Un hombre que por cierto está aquí. Esos mal nacidos le hicieron una encerrona y lo llevaron al bosque. Allí le rompieron las piernas para que no les siguiera… Y no quieras saber lo que  hacen con los bebés de sus mujeres cuando quedan embarazadas.
—Los venden o los matan— respondió Juan.
—Correcto— afirmó Keity. —¿Cómo lo has sabido?
—Silvia. Una de las chicas de nuestro grupo. Esa rubia que tiene una niña de casi un año. Ella pertenecía a un grupo de esos. Como no quería hacer lo que ellos hacían, pues tomaron represalias, la encerraron y sus compañeros se fueron turnando para violarla. Ella acabó quedándose embarazada, entonces, el cabrón de su novio y que también era el líder de esos anormales. Cogió a la cría y se fue a Las Vegas a venderla. Luego el muy hijo de puta dijo que la niña estaba muerta.
—Pero no lo estaba…— dijo Keity
—No lo estaba. Antes de acabar con esos desgraciados. El mamón del novio confesó que la niña vivía y donde estaba. Así que Silvia y otros miembros de nuestro grupo fueron hacia allí. Todos los acontecimientos que vinieron después nos han traído hasta aquí.
—Entiendo— respondió Keity.
—Bueno. Yo ya estoy listo. ¿Nos vamos?— preguntó Juan terminando de cargar un carrito.
Keity y Juan salieron de la sala y ella cerró de nuevo la  sala con llave. Fueron hasta el hall y allí se encontraron con el resto.
Estaban los demás militares, más David, Yuriko y Katrina. Juan se acercó a ellos y comenzó a repartir los fusiles de asalto que había cogido.
—Keity… ¿Esto no quedará muy desprotegido si vamos los cinco? Podría venir un grupo durante nuestra ausencia y…— dijo Marta, pero entonces Yuriko la interrumpió.
—No te preocupes. Se quedan de los nuestros. Ellos se encargaran de proteger a los vuestros.
—Además. Vosotros os conocéis la zona. Es mejor que venga más de uno de vosotros por si decidiéramos separarnos para cubrir más terreno. La idea es volver sobre nuestros pasos. Quizás tengamos que regresar al hotel— explicó Juan.
—¿Vivíais en un hotel?— preguntó Glenn.
—Cerca de Macon. Si— respondió Katrina.
—Muy bien chicos. Como supongo que ya habéis terminado de confraternizar, es hora de ponernos en marcha. Andando— dijo Keity. Entonces miró a Juan. –Espero que no te moleste que sea yo quien esté al mando. Si tienes algo que decir… Este es el momento.
—No. Nada— respondió Juan.
En ese momento, Keity sacó un mapa y lo puso sobre la mesa. –Muy bien chicos. Esto va dirigido a los míos.  Esto va a ser como nuestras  otras incursiones. Ya sabéis lo que toca.
—Territorio hostil— dijo Marta.
—Así es. Es probable que no traten de atacarnos. Hace tiempo que no se acercan al hospital, pero eso no quiere decir que no sigan por esta zona. Así que quiero que tengáis los ojos bien abiertos. La idea es llegar hasta Juliette. Una vez allí nos dividiríamos en cuatro grupos. ¿Lleváis los walkie talkie?— los militares se los enseñaron y Keity siguió hablando. –Si nos separamos, será en alrededores de Juliette.
En ese momento escucharon lo que parecían disparos. Todos se quedaron mirando. En ese momento, Keity se quitó el fusil del hombro, le quitó el seguro y comenzó a correr. Juan y los otros la siguieron hasta que llegaron a un ascensor. Allí vieron unas cuerdas que se descolgaban por el interior de este.
—¿Nos atacan?— preguntó Dingan.
—No. No creo— respondió Keity.
Justo en ese momento. Más disparos se escucharon en la parte de abajo. Estos venían de la planta baja. De repente apareció el doctor Lopez, el cual, no pareció sorprenderse y Keity lo miró.
—¿Tu sabes algo de esto?
—Dijeron que tratarían de no hacer mucho ruido— respondió el doctor ajustándose las gafas.
El ruido de los disparos hizo que varios curiosos aparecieran en el pasillo. Mientras, desde la planta baja seguían llegando disparos. Keity entonces se acercó al doctor y lo empujó contra la pared.
—¿Quién está ahí abajo? Quiero saber quien es el  gilipollas que está ahí abajo cazando caminantes como si eso fuera un puto coto de caza. Sabéis de sobra que el ruido atrae a más— en ese momento, el doctor López miró a Juan. Fue en ese momento cuando Keity se dio cuenta de lo que pasaba.
—Dejé bajar a dos de su grupo. Dijeron que iban a despejar la planta baja y el garaje— respondió el doctor.
—Eso debería haberlo autorizado yo. He dicho mil veces que me ocuparía de eso.
—Necesitamos la planta baja y los jardines.  Estas personas necesitan sentir el viento. Con esos seres ahí abajo no podíamos bajar— replicó el doctor.
Hacía rato que no se escuchaban disparos cuando vieron que la cuerda comenzaba a moverse. Pocos minutos después, Mike y Johana aparecieron por la puerta del ascensor. Cuando vieron a todos los que estaban allí reunidos, se los quedaron mirando.
—¿Qué cojones estabais haciendo ahí abajo además de montar un jaleo de cojones?— preguntó Keity acercándose a ellos. Entonces se plantó ante Johana y le apuntó con el dedo. —¿Quiénes os creéis que sois?
—Relájate tía. No es para tanto. Hemos despejado la planta baja de caminantes. Y hemos acabado con los pocos que había en el parking. Deberías darnos las gracias por hacer en unos minutos lo que no habéis hecho en meses— respondió Johana al tiempo que apartaba el dedo de Keity de su cara.
Keity iba a decir algo, pero Juan se le adelantó y se le puso delante. –Entiendo que eres tu quien está al mando aquí. Y entiendo tu cabreo, pero ahora no hay tiempo para esto. Tenemos que salir.
Keity miró a Juan y después al resto. –Muy bien. Vámonos.
Todos comenzaron a caminar por el pasillo. Todos salvo Juan. Este se dio la vuelta, miró a Johana con un gesto de desaprobación y luego miró a Mike. –Ya hablaremos cuando regresemos.
Juan y todos los demás bajaron a la segunda planta y allí salieron por la ventana que habían entrado cuando llegaron. Caminaron por encima del camión y saltaron al suelo. Una vez allí vieron que Mike y Johana se habían encargado de solucionar también lo de la valla. La habían reparado en su totalidad. Dingan lo vio y le dirigió una mirada a Keity.
—Puede que hayan ido a su bola, pero hay que reconocer que han hecho un buen trabajo.
—Cállate— respondió Keity. Era evidente que estaba de mal humor desde antes de los disparos y lo  ocurrido solo la había hecho cabrearse más.
Caminaron por la plaza hasta que llegaron a las tiendas de lona. Allí nuevamente vieron a los monos que habían visto cuando llegaron. Los animales se los quedaron mirando cuando los vieron acercarse. Uno de los monos se fue acercando hasta que se plantó a pocos metros de ellos. Gleen se acercó a el con tranquilidad. Se sacó una bolsa de la mochila y la dejó en el suelo. Juan pudo observar que dentro de la  bolsa había fruta troceada. En pocos segundos, Glenn se alejó y los monos comenzaron a comer.
—¿Qué se trae tu amigo con los monos?
—Les da de comer— respondió Keity. –Por eso no se van y siguen por aquí. Les dije que no lo hiciera, pero aquí todo el mundo pasa de mi cuando tiene oportunidad.
Siguieron avanzando, volviendo sobre sus pasos. Llegaron al puente y allí vieron a los cuerpos colgados. Keity evitó mirarlos. Algo de lo que Juan se percató.
—¿Los conocías?— preguntó Juan.
—Algo así— respondió Keity.
Al ver que no parecía abrirse mucho. Juan se acercó a ella y se adelantaron un poco con respecto a los demás. –Escucha. Si vamos a cooperar. Creo que deberíamos… No se. Intentar conocernos más. Charlar y hablar de nosotros.
—Escucha. Esto es una expedición para buscar a unos miembros de vuestro grupo que quizás estén muertos. Eso implica salir al exterior. Algo que no me hace especialmente feliz. Cada salida como esta, deja el hospital desprotegido. Eso sin contar que prefiero no hacerme amiga de nadie. Cuando te haces amiga de alguien, siempre pasa algo que hace que esa amistad, por pequeña que sea, se vaya a la mierda. En este caso, es la muerte ese algo que pasa. Ahora, si no te importa. Sigamos nuestro camino.
Juan se quedó atrás y se reunió con David. Este miró a Juan. —¿Qué opinas de nuestros nuevos amigos?
—Tú por si acaso no bajes la guardia. La que manda parece buena tía. Volátil, pero  buena tía. Los demás no parece que sean una amenaza. Oculta algo. Parece que conoce a los tres tíos que cuelgan  del puente como adornos de navidad. Mantente con los ojos bien abiertos.
—Lo pillo. No te preocupes— contestó David. –Tendré los cinco sentidos en alerta. Pero… ¿Qué hacemos si pretendiesen jodernos?
—Dejarles claro que no deben— respondió Juan. Entonces hizo un gesto con la cabeza señalando a Keity. –Esa tía me cae bien. Me tocaría mucho las pelotas tener que matarla.

Hospital Privado JFK
16:00 horas de la tarde…

—¿A cuantas personas habéis matado tú y los tuyos?— preguntó la doctora Green. Eso hizo que Eva mirara a la cámara.
—¿Sabe como es el mundo ahí fuera? Siempre hay que matar a alguien. Por que siempre hay alguien que quiere quitarte lo que tienes, violarte si eres mujer o simplemente matarte por que si. O cazarte para venderte, pero eso ya lo sabe.
—Se como es el mundo ahí fuera, pero no es eso lo que te he preguntado. Lo que te he preguntado es…
Eva la interrumpió. –Hemos tenido que matar a muchos. Es imposible llevar la cuenta, pero siempre ha sido algo justificado. Siempre ha sido a gente que ha intentado hacernos daño. Nunca ha sido por diversión.
—Otra pregunta— dijo en ese momento la doctora Green. —¿Esos bebés son tuyos?
—¿Qué pregunta es esa?— preguntó Eva. Se quedó unos segundos en silencio y finalmente respondió. –Si. Son hijos míos… Pero no entiendo la pregunta. Ni lo relevante que pueda ser en esta entrevista o lo que sea.
—Verás Eva— dijo la doctora levantándose y apagando la cámara. –Mis preguntas son relevantes por que en este hospital hay gente muy importante para mí. Debo protegerlos, y eso implica conocer hasta en el más mínimo detalle a las personas que vienen aquí. Voy a ser sincera contigo. Me parecéis buenas personas, tu y tu gente. Aunque algunos de ellos, como el padre de esa niña a la que estoy atendiendo… Creo que puede ser de ese tipo de personas que suelen traer problemas. No quisiera que ese hombre…
—Mike…— interrumpió  Eva.
—Mike— respondió la doctora. –No quisiera que ese hombre pusiera en peligro aquello en lo que tanto esfuerzo hemos puesto. Esto no lo hemos creado de la noche a la mañana. No quiero que por culpa de ese hombre tengáis que iros y volver a poner la vida de esos niños en peligro. Los niños son nuestro futuro.
—¿Tiene hijos doctora?— preguntó en ese momento Eva. Pregunta que cogió a la doctora totalmente por sorpresa. Al no responder, Eva insistió. —¿Tiene hijos?
—No— respondió tajantemente la doctora. Hizo una pausa y miró a Eva. –Se acabó la entrevista. Regresa  con tus compañeros y comed algo. Algunos de los enfermeros han preparado algo para que comáis. No es gran cosa, pero os servirá para reponer fuerzas.
Eva salió del despachó y comenzó a caminar por el pasillo. Pasó por delante de una puerta abierta. Allí dentro estaba Beth tumbada en una cama y Mike estaba junto a ella. Estaba contándole algo. Al lado de la cama estaba Jeremy sentado en un sillón leyendo un libro.
Cuando Mike vio a Eva, se levantó de la cama y fue a cerrarle la puerta. Eva se quedó muy parada por la reacción de Mike. Pensó en que podría abrir y entrar para hablar con el, pero pensó que quizás no valía la pena, lo mejor era dejarlo pasar.
Eva regresó al hall  y allí se encontró a Silvia dándole el biberón a su hija. Cuando la vio llegar. Silvia señaló dos biberones más. –Son para los tuyos.
—Gracias— respondió Eva caminando hacia las cunas donde estaban sus hijos. Allí estaba Vicky también. Entonces le pidió que le ayudara a darles el biberón.
—¿Cómo te fue con la doctora?— preguntó Silvia.
—Me estuvo haciendo preguntas mientras me grababa en video. Eso es algo que no me esperaba. No parece peligrosa, pero las apariencias engañan. Andémonos con ojo mientras estemos aquí ¿De acuerdo?
—Tranquila. Dormiré con un ojo abierto si es necesario. ¿Y Mike? Últimamente lo noto como muy distante con el grupo. Muy desagradable a veces— preguntó Silvia.
—Perdió a su mujer y podría haber perdido a su hija. Se le pasará. El es buen hombre. Supongo que será cuestión de unos días. Dice que quiere irse, pero no creo que lo haga. Con nosotros está seguro.
—Eso espero. Llevamos poco tiempo aquí, pero creo que podríamos que darnos. Tenemos mucho más espacio que en el hotel— respondió Silvia.
—Solo faltan Juanma, Luci y Mélanie. Cuando ellos estén con nosotros todo será perfecto. Espero que estén bien… ¿Qué demonios? Seguro que están bien. Juanma estará con ellas y estarán protegiéndose los unos a los otros. Tengo fe en ello. Confío plenamente en mi marido.
*****
La doctora Green seguía en su despacho. Ya hacía rato que se había quedado sola. Abrió entonces un cajón del escritorio y sacó una foto, la cual se quedó mirando. Las lágrimas no tardaron en brotar. Ella no quería llorar, pero no pudo evitarlo. En ese momento, alguien llamó a la puerta. Ella guardó la foto rápidamente y se secó las lágrimas.
—Adelante— dijo la doctora. Entonces fue López quien entró.
—Soy yo. No te preocupes. Vengo a decirte que tenemos despejadas la planta baja y el parking. Podríamos tenerlas operativas en poco tiempo.
—¿Quién las despejó? ¿Nuestros chicos?— preguntó la doctora.
—No… Ellos… Ellos salieron en una expedición acompañando a algunos miembros de su grupo. Los que han despejado la planta baja han sido ese hombre grande y negro, el padre de la niña ingresada y esa otra chica. Johana creo que se llama.
—Entiendo— respondió la doctora. –Les felicitaré por el trabajo. Lo haré más tarde, pero no has venido a verme solo por eso. ¿Verdad? Adelante.  Te escucho.
El doctor López comenzó a sentirse incomodo en ese momento. Se quitó las gafas y las dejó sobre el escritorio. –Los cuervos negros están persiguiendo a esas personas. Ya sabes lo implacables que son. Si los persiguen… Vendrán a por nosotros. Ya sabes lo que nos costó que nos dejaran en paz. No quiero que vuelvan a por nosotros.
—¿Estás sugiriendo que los echemos de aquí? ¿Echarlos para que no nos hagan daño a nosotros? ¿En que nos convertiría eso?
—En personas vivas— respondió López –Escucha. No quisiera hacerlo, pero tienen que irse. Si no les echas tú, tendré que hacerlo yo.
Bosque…
19:45 horas de la noche…

Habían estado horas caminando y era momento de pararse a descansar. David fue el primero en detenerse. –Descansaremos aquí.
La zona era muy similar a un pantano. Los arboles allí eran bastante altos y algunos incluso, estaban tocando  el agua con las ramas.
—No. Aquí no— dijo en ese momento Keity.
—¿Por qué no?— preguntó David.
Keity señaló en ese momento hacia arriba y todos alzaron la vista. A unos metros sobre ellos, había esqueletos humanos colgando de los arboles. Los huesos estaban totalmente limpios.
—¿Qué coño es eso?— preguntó Katrina.
—Es territorio de un grupo de cazadores— respondió Marta.
—Pero no son los que os han estado persiguiendo— añadió Keity. –Estos son otros. Lo que menos necesitamos es tener a otro grupo cazándonos en estos momentos. Sigamos. Conozco un sitio mejor. Ahí descansaremos y comeremos algo. Quizás podamos dormir algo antes de proseguir nuestro camino.
El grupo siguió caminando hasta que llegaron a una zona donde el nivel del agua era más bajo. A su alrededor había restos de vehículos semi hundidos en el barro.
—¿Qué es este lugar?—preguntó Yuriko.
—Era un campamento— respondió Keity. –Fueron atacados y este fue el resultado.
En ese momento escucharon un ruido y todos se alarmaron. Prepararon sus armas y comenzaron a apuntar en todas las direcciones.
—Tranquilos. No pasa nada— dijo Dingan. –Es eso de ahí lo que hace ruido— Dingan enfocó con su linterna y vieron una zona llena de agua. En ella y fuera, había varios caminantes. Unos estaban de pie con los pies hundidos en el barro. Otros estaban casi enterrados.
—Debe haber unas dos docenas de ellos. ¿Quién ha hecho esto?— preguntó Yuriko observándolos.
—Los cazadores suelen tirar a sus muertos aquí. Estos de los huesos… No suelen matar a los que se convierten. Cada grupo tiene sus reglas y su forma de vida. Unos cazan para comerse a otros, otros cazadores cazan para vender a las personas a otros grupos. Algunos incluso hacen trueques entre ellos. La mayoría son grupos nómadas, pero siempre suelen volver a sus territorios. Por eso tenemos que movernos rápido y salir de este territorio— dijo Boggs mirándolos a todos.
—¿Qué significaban entonces los huesos?— preguntó David.
—¿Tu que crees?— preguntó Boggs. –Este territorio es de esos que cazan a otros para comer. Estos se hacen llamar los carnívoros. Su distintivo es un collar de dientes humanos que llevan. Si hubieseis visto de cerca esos esqueletos. Habríais visto que no tienen dientes.
—Por aquí— señaló Keity.
El grupo pasó por un túnel de piedra al que accedieron al llegar a un camino. Cruzaron el túnel rápidamente y salieron de nuevo al camino. Allí Keity ordenó el alto y se acercó a un árbol. Allí encontraron un árbol de tronco grueso y hueco. Cuando Juan y los otros lo  vieron, se quedaron sorprendidos.
—Es un árbol artificial. Esta zona fue durante mucho tiempo un campo de maniobras. Esta zona esta llena de arboles como este. Id pasando y subiendo por las escaleras. Hacedlo de uno en uno— dijo Keity.
Todos comenzaron a subir. El ante penúltimo fue David, mientras este subía, fueron Juan y Keity los que se quedaron solos esperando su turno.
—Esos tres que estaban colgados… Eran compañeros míos. Estaban en el hospital con nosotros. Fue cuando los cuervos negros nos atacaron,  querían llevarse ancianos. No se para que. Nos dieron la oportunidad de rendirnos, era o unirnos a ellos como compañeros o entregarnos para ser vendidos.
—¿Solo a los militares?— preguntó Juan.
—También a los médicos. Todo el mundo necesita médicos en este mundo. Es algo muy buscado y codiciado. Decir que eres medico puede salvarte la vida en estos momentos— respondió Keity. –Esos tres quisieron unirse, pero no les bastó  con eso. Quisieron llevarse a Marta. Yo no se lo permití y los maté con mis propias manos. Los colgué ahí para advertir a los cazadores lo que les esperaba— Keity hizo una pausa y miró a Juan. –Te toca.
Juan comenzó a subir por la escalera que había dentro del tronco. Finalmente, llegó hasta la parte más alta. Allí había unas plataformas ocultas al ojo humano desde el suelo. De hecho, no podía verla nadie. Keity subió por fin y cerró la trampilla.
—¿No nos verán?— preguntó Katrina.
—Estamos en la parte más alta del árbol. Nadie nos vería desde el suelo. Aquí estaremos seguros. Ahora comamos y durmamos un poco. Tendremos que  seguir nuestro camino más tarde.
Todos cenaron y después de cenar, estuvieron hablando en voz baja. Boggs estaba junto a Marta y ambos hablaban animadamente. Entonces Boggs sacó una libreta y se la pasó a David.
—¿Qué es esto?— preguntó David.
—Es una libreta donde tengo dibujados los distintos distintivos de los grupos de cazadores. Échale un vistazo. Hay también apuntes con sus modos de vida y sus actividades— respondió Boggs.
David y Yuriko comenzaron a observar los dibujos. En la libreta vieron el cuervo con las alas abiertas, también vieron el collar de dientes humanos y no pudieron evitar ver el dibujo del tatuaje de Silvia. Aunque el que más les llamó la atención, fue un dibujo que recordaba un poco a una esvástica nazi, la diferencia con esta era que en cada punta había un símbolo extraño que recordaba a estrellas.
—¿Este cual es?— preguntó David señalando el dibujo.
Boggs dejó de hablar con Marta y miró el dibujo. –No lo se. Solo lo vi una vez. Estaba en un cadáver. Se lo habían grabado en la espalda con un cuchillo. No se sabe mucho más. Se que son cazadores, pero no se donde operan ni por donde se mueven.
—Bueno— dijo David –Solo espero no tener que encontrarme con todos.

Día 10 de Noviembre de 2010
Día 865 del Apocalipsis…
00:34 de la madrugada…

Casi todo el grupo estaba dormido cuando  Marta escuchó un ruido. El cual, venía de abajo. Eran voces, risas y discusiones. Marta comenzó a despertar al resto y todos se quedaron escuchando. Con cuidado, David y Juan se asomaron un poco por encima de la barandilla y miraron al suelo. Fue en ese momento cuando vieron varios haces de luz que provenían de unas linternas. Había al menos una docena, y por las voces, muchos eran hombres. Estos estaban conversando.
—Me cago en el  puto Ross. Estoy harto de que tengamos que ser nosotros los que hagamos el trabajo sucio. Estos bosques están llenos de podridos y nuestra munición es escasa. Si ahora nos rodease un grupo estaríamos jodidos. Además, por si fuera poco, estamos cerca del territorio de los carnívoros. No quisiera ser su menú de mañana.
—Deja de quejarte. Eres un puto quejica. Todo el santo día igual. Te juro que como sigas así. Cuando encontremos a esos tres y me haga con la katana de esa tía, te cortaré los huevos con ella. Así que cállate de una puta vez— respondió una de las voces. Al escuchar eso, David y Juan se quedaron mirando.
—Ese grupito cayó por la catarata. Una de ellos está herida por que el cabrón ese le disparó por venganza. Se honesto… ¿Quién coño sobrevive a eso? Ross está haciéndonos buscar a unos muertos.
—Nadie está muerto hasta que su cuerpo nos diga lo contrario. Ahora sigue caminando y cállate.
Juan rápidamente se dirigió a Keity. –Rápido. Tienes que decirme donde está esa catarata de la que hablan. Juanma, Luci y Mél pueden estar en problemas.


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