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sábado, 11 de febrero de 2017

NECROWORLD Capitulo 144

Día 9 de Noviembre de 2010
Día 864 del Apocalipsis…
8:00 de la mañana…

Luci apagó la hoguera y me miró, después volvió a mirar los cadáveres de los hombres  a los que  yo había matado.
—Es hora de irse de aquí. Ya hemos perdido demasiado tiempo. Estos no están solos.
Los tres salimos de la cueva y comenzamos a caminar por el bosque. Teníamos que alejarnos de allí lo más rápido posible.  Seguramente, tal y como Luci pensaba. Había más de esos hombres por la zona. Era evidente que nos iban buscando, quizás para darnos caza. Sobre todo, debíamos hacernos con armas para poder defendernos. No duraríamos mucho así, si nos rodeaban caminantes estaríamos perdidos.
Llegamos a la orilla de un rio y allí nos paramos a descansar. Teníamos hambre y necesitábamos comer algo, también necesitábamos beber agua. En la orilla del rio comenzamos a beber.
—¿Hay algo que podamos usar como botella?— preguntó Mélanie mirando  a nuestro alrededor. Sería bueno tener agua para más adelante.
—No se. Eso es algo que podría hacerse con cañas de bambú… Pero de eso no hay por aquí— respondió Luci. –Si pasamos por un pueblo, podemos pasar a ver si conseguimos algo que nos sirva. También comida, la poca que llevamos no nos durará para siempre.
Seguimos comiendo y cuando acabamos me puse de pie. Debíamos seguir, y para ello debíamos cruzar el rio. Me acerqué a la orilla y me fijé en que la corriente era muy fuerte. Iba a ser imposible cruzarlo a nado.
—¿Qué podemos hacer ahora? Esta corriente significa que hay una catarata cerca. No llegaríamos a la orilla nunca. Caeríamos antes— dijo Mélanie acercándose a donde yo estaba.
—Mirad eso— dijo Luci señalando hacia nuestra izquierda. Mél y yo nos giramos y entonces vimos lo que estaba señalando. —¿Lo veis?
Yo miré a través de las ramas de los arboles y vi una estructura. La cual debía quedar a unos seis kilómetros de donde estábamos nosotros. –Es un puente. Al menos eso creo.
—Si. Es un puente. Cruza todo el rio. Puede que esté en buenas condiciones. Si eso es así, podríamos usarlo. Venga, vamos.
Los tres nos pusimos en camino hacia el puente.
*****
Ross observaba los cadáveres de sus hombres. Estos habían sido mandados allí a vigilar a esos tres y habían encontrado la muerte. Algo que llenó a Ross de rabia. En ese momento escuchó gritos a su espalda y vio como otro de sus hombres trataba de llegar hasta los cuerpos. Era un hombre de más de cincuenta años.
—Dejadme pasar. Uno de ellos es mi hijo. Déjame verlo, Ross.
—Dejad que pase— dijo Ross mirando al hombre recién llegado.
El hombre llegó y se arrodilló junto al cuerpo de un joven. Enseguida abrazó el cuerpo y comenzó a gritar y a llorar –Lo han matado, esos cabrones lo han matado. Han matado a mi hijo— el hombre se levantó y miró a Ross. –Quiero que paguen por ello. Los quiero muertos.
—Son para venderlos. No vamos a matarlos— respondió Ross.
—Y una mierda que no. Deben pagar por esto. Mi hijo se merece un respeto.
—Tu hijo es un valiente que tendrá una fiesta en su honor cuando volvamos al cuartel general. Es así como vivimos. Vendemos a otros. No los matamos a menos que sea necesario.
—Esto es necesario. La venganza en mi necesidad— respondió el hombre.
—Si quieres vengarte de ellos me parece bien… ¿Puedes pagarlos?— preguntó Ross. Entonces el silencio del hombre lo hizo sonreír. –Ya lo suponía. Pues ya está. Recuerda a tu hijo como un valiente y vive por el.
En ese momento aparecieron dos hombres más. Uno de ellos se dirigió a Ross. –Hemos encontrado el rastro. Parece que se dirigen hacia el rio.
Ross se dio la vuelta y comenzó a caminar mientras impartía órdenes. –Todos a los vehículos. En dirección al rio. Pronto serán nuestros.
Ross y varios de sus hombres llegaron a los vehículos y se pusieron en marcha. Era un convoy de más de veinte vehículos. No tardarían en darles alcancé. Entonces, Ross recibió una llamada por el walkie talkie.
—Señor…— dijo una voz a través del walkie.
—Informe— respondió Ross cogiendo el aparato.
—Los tres objetivos se dirigen al puente. No tardarán en alcanzarlo. Podemos rodearlos e interceptarlos en el puente. No tienen escapatoria. Más arriba, cerca de la catarata hay otro puente. Podemos cruzarlo rápidamente y esperarlos al otro extremo.
—Muy bien. Adelantaros— respondió Ross. Seguidamente miró a su izquierda y  vio como varios vehículos del convoy tomaban otro camino. Entonces alzó la vista y vio los negros nubarrones que se acercaban, además de un trueno. Miró al conductor del jeep. –Esto se pone interesante. Me encanta cazar cuando hay tormenta.
—Y a mi señor. Me excita— respondió el conductor.
—Y a mi muchacho. Y a mi— respondió Ross mientras volvía a mirar los nubarrones que casi tenían encima. La tormenta avanzaba muy rápido.
*****
Luci, Mélanie y yo llegamos al puente. Este era grande, su estructura me recordaba al puente de Calatrava de Valencia. El rio quedaba a unos quince metros por debajo de nosotros. La corriente era más fuerte allí. El puente estaba casi vacío a excepción de algunos vehículos abandonados. Incluso un camión cisterna estaba medio colgando. Seguramente algún día acabaría cayendo. Pasamos junto a un coche y enseguida un No Muerto se estampó contra el cristal y comenzó a dar golpes.  Mélanie que fue la que más cerca pasó, se asuntó y dio un salto hacia atrás chocando conmigo.
—Tranquila. No puede salir de ahí. Aun lleva puesto el cinturón de seguridad y no tiene la fuerza suficiente para salir de ahí.— le dije para tranquilizarla. Observé al caminante y vi que era una chica, supe que lo era a pesar de que su piel estaba reseca. Aun tenía mechones de pelo negros y llevaba un top de color blanco, este estaba manchado de sangre. Aun podía verse el piercing que llevaba en el ombligo.
—No era más que una adolescente— dijo en ese momento Mélanie. –No podemos dejarla así— primero me miró a mi y luego a Luci.
—¿Qué quieres que haga? Acabar con ella es perder el tiempo. Ella ya ni siente ni padece. Andando— dijo Luci.
—Por favor. Me da pena verla así. Déjame la espada y lo hago yo.
Luci avanzó hacia nosotros. Sacó la espada y se la dio a Mélanie. –Hazlo rápido y sigamos— cuando vio que Mélanie dudaba, Luci la miró.  –Se supone que la idea es tuya. Se tu quien acabe con su sufrimiento. Adelante.
—Yo no… Yo…
En ese momento, Luci le quitó la katana a Mélanie. Abrió la puerta del conductor y clavó la espada en la cabeza de la muchacha No Muerta. Sacó la hoja, la limpió y miró a Mélanie. –Así es como debe hacerse. Ahora que ya lo hemos hecho, vámonos de aquí y no volvamos a hacer el paripé de el corazón humanitario— Luci comenzó a alejarse y escuchamos como murmuraba algo sobre Mélanie.
—Lo siento…— murmuró Mél. –Siento que esto os retrase, pero es que me daba pena verla así… Y… No se. Lo siento de verdad.
—¿Venís o que? Si la mojigata se quiere quedar que se quede— dijo en ese momento Luci. Eso hizo que le hiciese un gesto a Mélanie indicando que esperara  y yo caminé hacia Luci. Me paré frente a ella y esta me miró a los ojos.
—¿Se puede saber a que ha venido eso?— le pregunté agarrándola del brazo. –Ella no es como nosotros. Ella aun tiene humanidad, algo que las personas como tu y como  yo, hace tiempo que hemos perdido ¿Vas a odiarla por eso? Ella solo quería acabar con el sufrimiento de esa chica.
—Una chica que ya estaba muerta… Y claro que no es como nosotros. Las personas como nosotros sobreviven. Ella no lo hará si no espabila y se deja de chorradas. Con los caminantes hay que tener tolerancia cero y lo sabes. No podemos ir en plan buenos samaritanos.
Miré a Mélanie y luego volví a mirar a Luci. –Dale tiempo. Aprenderá con el paso del tiempo.
—Debe aprender ya o no habrá paso del tiempo para ella, por que estará muerta. ¿Qué estás mirando?— preguntó Luci en ese momento al ver que yo miraba hacia otro puente que quedaba un poco más lejos.
—Acabo de ver movimiento en ese puente— dije señalando. –Creo que eran vehículos.
Luci se dio la vuelta y entonces los vimos. Varios jeeps militares comenzaron a recorrer el otro puente. Luci me miró entonces. –Supongo que no son los nuestros ¿No?
—Para nada… Salgamos de aquí a la de ya— Me separé de Luci y comencé a caminar hacia Mélanie. Ella estaba mirando dentro de los vehículos.
—¿Qué pasa?— preguntó cuando me vio llegar. Iba a responderle cuando escuchamos un disparo y una flor roja se abrió en el muslo de Mélanie. Esta cayó al suelo y yo me lancé sobre ella arrastrándola buscando la cobertura de un coche. Mélanie gritaba y sollozaba a causa del dolor. Yo saqué la pistola con la que había logrado hacerme y miré a Luci, ella ya se había ocultado detrás de un coche.
—Me duele. ¿Me han disparado?—  preguntó Mélanie.
—Si— respondí mirándole la herida. –Dios… No hay orificio de salida. Se te ha quedado dentro.
—Hay que curarme. Necesito…
—Aquí no se curará. Hay que moverse. ¿Podrás?— busqué a Luci otra vez y la vi tumbada en el asfalto. Rápidamente le grité. —¿Ves desde donde nos han disparado?
—No— contestó Luci –El disparo vino de lejos. Tenéis que moveros.
Me arranqué un trozo de ropa y le hice un torniquete. –Con esto aguantarás.  Al menos eso espero. Voy a tener que llevarte en brazos— dije al tiempo que la levantaba en brazos— como pude, dejé caer la pistola al suelo y con el pie la empujé hacia Luci. Esta la cogió y me miró. –Le quedan muy pocas balas. Cúbrenos.
—Venga— me espetó ella.
Comencé a correr hasta donde estaba Luci y una vez allí tomé cobertura. Nadie nos disparó.
—No nos han vuelto a disparar. ¿Por qué será?— pregunté.
—No  pienso quedarme para averiguarlo— me respondió a mí. Entonces miró a Mélanie. —¿Y tu? ¿Puedes caminar?
Mélanie negó con la cabeza. –No sin ayuda.
—Pues vas a tener que hacerlo. Por que no podemos cargar contigo todo el rato. Se que  es duro, pero tienes que intentarlo. Tienes que hacer ese esfuerzo. Si eres fuerte, este es el momento de demostrarlo— Mélanie intentó ponerse de pie y cayó de bruces.
—No… No puedo— dijo ella.
—Yo cargaré con ella. Puedo hacerlo— dije mirando a mis compañeras.
—No podrás correr con ella en brazos. Serás presa fácil para esos.  No nos han vuelto a disparar. Nos quieren vivos— entonces Luci miró a Mélanie y luego a mí. –Llegados a este punto… No tenemos muchas más opciones.
—¿Qué estás insinuando?— pregunté. Me quedé un rato pensativo y entonces miré a Luci. –No. Ni hablar. No pienso dejarla aquí. Ella  irá a donde vayamos nosotros.
—Ella tiene razón. Ahora mismo solo soy un lastre para vosotros. Largaros. No  quiero que os cojan por mi culpa— dijo Mélanie con lágrimas en los ojos.
—Ni hablar. No te dejaré— respondí. La cogí en brazos y miré a Luci. –Vas a tener  que cubrirnos. En marcha.
Me puse en pie con Mél en brazos y comencé a  correr entre los coches abandonados. Luci iba a nuestro lado con la pistola en alto y apuntando en todas direcciones. Hubo un momento que se dio la vuelta y entonces gritó que nos tiráramos al suelo mientras ella disparaba. Miré hacia donde estaba disparando y vi a varias siluetas en el puente. Iban tras nosotros, pero no estaban disparando.
Luci disparó varias veces más hasta que se quedó sin balas. Entonces tiró la pistola. –Se acabó. Solo nos queda correr. Estamos a punto de alcanzar el otro extremo. Vamos— Luci cogió entonces a Mélanie y entre los dos la fuimos llevando. Estábamos a punto de alcanzar la otra parte cuando vimos un jeep aparecer. Allí se asomaron un par de hombres y nos apuntaron.
—Quedaros quietos y no os mováis.
No respondimos. En lugar de eso, nos dimos la vuelta y tratamos de volver sobre nuestros pasos, pero entonces vimos a más hombres y varios jeeps más.
—Rodeados. Estamos jodidos— dijo Luci desenvainando la katana.
Pensé rápidamente y entonces miré a mis compañeras. –No nos van a coger— dije mientras los hombres avanzaban hacia nosotros. –Tenéis que confiar en mí— ellas asintieron entre perplejas y preocupadas, pero aun así me siguieron cuando di pasos al frente y saltamos del puente los tres. Cayendo al agua y comenzando a ser arrastrados por la corriente.
La corriente era muy fuerte y aunque seguíamos bajo el agua juntos, estábamos siendo  arrastrados. Agarré fuertemente a Mélanie y comencé a nadar hacia la superficie. Logré emerger y miré hacia el puente. Allí vi a varios tipos, uno de ellos, el que parecía el jefe, me  miró directamente a los ojos y yo lo miré a el. En su mirada pude ver que esa no sería la última  vez que lo vería, supe que ese hombre no dejaría de perseguirnos.
—Juanma. La catarata— me dijo en ese momento Luci.
Era cierto, nos estábamos acercando peligrosamente hacia la catarata. Miré a Mélanie, la cual estaba semi consciente. La agarré con más fuerza y miré a Luci. –Intentemos alcanzar esa orilla.
Comenzamos a nadar con fuerza. Luci iba delante de mí. Ella no tenía que cargar con nadie. La corriente era muy fuerte, pero aun así, estábamos lográndolo.
—Ya nos queda muy poco— dijo en ese momento Luci agarrándome del brazo.
De pronto. Un tronco salido de la nada nos golpeó. Eso hizo que yo me separara de Luci y que soltase a Mélanie. El golpe fue tan fuerte que yo me hundí y fui golpeado por varias piedras. Volví a emerger a duras penas y miré a mí alrededor. No vi ni a Luci ni a Mélanie. Comencé a plantearme si no me había precipitado saltando del puente, pero tampoco podía permitir que nos cogieran esos tipos. Entonces escuché un grito y entonces vi a Mélanie unos metros por delante de mí. Con todas mis fuerzas comencé a nadar y logré llegar hasta ella, justo cuando pasábamos por debajo del segundo puente. Ya podíamos escuchar el ruido de la catarata.
—¿Dónde está Luci?— preguntó Mélanie.
—No lo se— respondí. Entonces agarré a Mélanie por las mejillas y la obligué a mirarme. –Escúchame. Agárrate con fuerza a mi espalda. Es importante que pase lo que pase no te sueltes de mí.  ¿De acuerdo?— ella quiso decir algo, pero yo no la deje. –Pase lo que pase, no te sueltes.
Llegamos a la catarata y entonces caímos. No se cuanto tiempo estuvimos cayendo, pero cuando caímos al agua, perdí el conocimiento.
*****
Ross observaba el caudaloso rio. Las presas habían logrado sobrevivir a la caída, y los habían perdido de vista después de que  un tronco los golpeara. Seguramente habrían muerto al caer por la catarata que había más adelante, pero iba a seguir buscándolos. No se iba a rendir. Ante todo, quedaba lo más importante, quería saber quien había sido aquel que había disparado y que había complicado las cosas.
—¿Quién ha sido el imbécil que ha abierto fuego? ¿Quién?— En ese momento, un chico joven se abrió paso empujando al hombre que había llorado la muerte de su hijo delante de la cueva. Cuando Ross lo vio, no pudo evitar avanzar hacia el y darle un puñetazo tan fuerte que el hombre cayó al suelo. –Pero… ¿Quién cojones te crees que eres? ¿Quién coño te mandó disparar?
—Ellos mataron a mi hijo…— respondió el hombre.
—¿Y que pollas me importa a mi eso? ¿Qué coño me importa a mi tu puto hijo? Solo fue un inútil que se dejó matar. Mis putas órdenes eran muy claras. No abrir fuego. Y vas tú, y te saltas mi orden a  la torera.
—Mi hijo…— en ese momento, Ross agarró al hombre y lo llevó a rastras hacia la cornisa del puente. Allí lo levantó por el cuello de la camisa y lo miró a los ojos.
—¿Quieres a tu hijo? ¿Lo quieres? Dime que quieres reunirte con el.
—Señor— replicó uno de los hombres de Ross.
Ross se dio la vuelta para mirarlo y hacerlo callar. Luego volvió a mirar al hombre. —¡¡¡Dilo!!!
—Quiero reunirme con el— dijo el hombre con lagrimas en los ojos.
—Muy bien— respondió en ese momento Ross. –Concedido— en ese momento, levantó al hombre y lo lanzó por encima de los hierros, haciendo que el cuerpo de aquel tipo se precipitara hacia las rocas de la orilla. Cuando chocó contra ellas, pudieron escuchar un golpe seco.
Todos miraron por encima del puente y vieron el cuerpo de  aquel hombre sobre unas rocas. Su cabeza estaba abierta como si fuera una sandia y la sangre comenzaba a caer al agua. Todos miraron en ese momento a Ross y este les devolvió la mirada.
—Quería estar con su  hijo. Pues ya están reunidos. Regresad a los vehículos y peinad toda la zona. Quiero encontrarlos, tanto vivos como muertos, me da igual, pero esto no ha terminado todavía. Es una orden… Y que sea la última vez que desobedecéis mis órdenes.
Los hombres de Ross se dispersaron y el volvió al jeep en el que solía ir. Justo en ese momento comenzó a llover con fuerza.
—¿De verdad cree que siguen vivos?— preguntó el conductor.
—Hay que buscarlos. Si están muertos quiero ver sus cadáveres. Soy un cazador y no dejo a mis presas hasta el final. ¿Viste la mirada de ese chico?
—No— respondió el conductor. –No la vi.
—En su mirada pude ver la determinación de la supervivencia. El es de los que no se rinde, de los que hace cualquier cosa para sobrevivir. Los tipos como el se creen superiores. Hay que demostrarle que no es así y que solo debe aceptar su sitio en este mundo.
******
Recuperé el conocimiento tumbado boca abajo a la orilla del rio. Estaba lloviendo. Me incorporé poco a poco y miré a ambos lados. Mélanie estaba tumbada a mi lado. Rápidamente me lancé sobre ella y le tomé el pulso. Afortunadamente respiraba todavía. Miré la herida y vi que el trozo de camisa con el que le había hecho el torniquete se le había desprendido. Rápidamente me arranqué otro trozo y le hice un nuevo torniquete.
No sabía que hora era, pero estaba haciéndose de noche. Podríamos haber estado allí horas. La levanté y la cargué a mis espaldas, enseguida noté un fuerte dolor en mi costado. Miré  y vi que tenía una rama clavada. Apreté los dientes  y me la arranqué. Tuve que contenerme para no lanzar un grito de dolor, pero aun así lo conseguí.
Comencé a caminar con Mélanie a cuestas. Yo quería ver si Luci estaba allí, pero no había manera de encontrarla. ¿Y si la habían cogido? Sacudí la cabeza para borrar esa idea de mi mente, Luci era muy fuerte y jamás se dejaría coger con vida. Seguí caminando mientras iba notando que el frio se apoderaba de mí. Tropecé y me caí de bruces. Mélanie rodó por el suelo  y ambos acabamos cubiertos de barro. Me levanté a duras penas y volví a cargar con ella. Teníamos que encontrar un lugar en el que guarecernos y entrar en calor para no morir de frio.
Recorrí varios  metros y me apoyé en un árbol para descansar. No iba a poder seguir así, totalmente dolorido, herido y muerto de frio. Dejé a Mélanie sentada y comencé a darle palmadas en la mejilla para que se despertara.
—Vamos. Despierta, no puedo cargar contigo. Yo también estoy herido. Por favor.
En ese momento ella abrió los ojos y me miró. Enseguida hizo una mueca de dolor. —¿Dónde estamos?
—Nos  estamos alejando de la orilla. No es seguro permanecer ahí. Esos tipos van a por nosotros. Ahora debemos preocuparnos por encontrar un sitio seguro… O moriremos de frio— le respondí. —¿Puedes andar? Por favor, necesito que lo hagas.
—Puedo intentarlo— respondió ella
Ambos nos sonreímos y yo la ayudé a ponerse en pie. Entonces comenzamos a andar apoyándonos el uno en el otro. Mientras caminábamos, la lluvia iba volviéndose más torrencial. Justo llegamos a un camino y allí nos paramos nuevamente.
—¿Hacia donde vamos?— preguntó Mélanie.
Miré a ambos lados del camino y luego la miré a ella. –El camino no creo que sea seguro. Debemos adentrarnos en el bosque, pero eso tampoco es que sea muy seguro que digamos. No tenemos muchas opciones.
—¿Y así como nos encontrará Luci? No sabemos donde está— dijo Mélanie. –Quizás…
No dejé que Mélanie terminara la frase. Le tapé la boca y rápidamente nos lanzamos a un lado del camino. Allí la obligué a tumbarse. Rápidamente cogí barro y comencé a untarla, después me lo puse yo. Me tumbé en el suelo y le hice la señal de que guardara silencio. No pasó mucho tiempo hasta que varios vehículos comenzaron a pasar por el camino. Yo pude contar hasta ocho vehículos. Nos quedamos un rato allí tumbados y cuando creí que el peligro había pasado, nos levantamos.
—¿Eran ellos?— preguntó Mélanie.
—Si— respondí a la vez que asentía. –Nos están dando caza.
Volvimos a adentrarnos en el bosque y a caminar entre la maleza. Ambos teníamos frio y estábamos tiritando.
—Lo siento todo. Lo siento mucho— comenzó a decir Mélanie.
—¿Qué es lo que sientes?— pregunté.
—Lo ocurrido en el puente… Lo del caminante y lo de forzarte  a dejarme. No logro acostumbrarme a este mundo. Luci tenía razón. Las personas como vosotros sobreviven, las personas como yo. No— comenzó a decir Mélanie. –Te prometo que si salimos de esta. Haré todo lo  que sea por volverme más fuerte y ser como vosotros. Una verdadera superviviente.
—Sobreviviste a lo del hotel… Y antes de eso sobreviviste al fin del mundo. Solo eso ya te convierte en una superviviente.
—No. No es cierto. Solo soy una más. Alguien que está viva gracias a los otros. Ahora mismo estoy caminando por que tú me estás ayudando. Si tu no estuvieras aquí, ya haría rato que estaría muerta. Vivo por que estás aquí.
—Ambos nos estamos ayudando mutuamente, por eso sobreviviremos los dos— respondí.
Llegamos a una zona de campo abierto. Entonces vimos  lo que parecía una caravana. Al verla aceleré el paso, tanto que incluso llegué a tropezarme. Caímos al suelo y enseguida volví a levantarme. Seguí caminando hasta que llegué a la caravana y abrí la puerta. Cuando lo hice, un caminante salió de un salto y se cayó sobre mí. Ambos caímos de espaldas y yo forcejeé con el. Este estaba a punto de morderme cuando de repente, Mélanie le pegó una patada, el  caminante se quitó de encima de mí y entonces pude ver como ella le machacaba la cabeza con una piedra. Ella entonces me miró.
—¿Ves como si que puedes?— me fui levantando y me apoyé en la caravana. Miré dentro y luego miré a Mélanie. –Está despejado— cogí de nuevo a Mélanie. Entramos dentro y cerré la puerta. Una vez dentro, tumbé a mi compañera en uno de los sofás. Rápidamente busqué en los armarios y logré encontrar un par de mantas. Una me la puse yo encima y con la otra envolví a Mélanie. –Lo primero será entrar en calor, después quiero que me guíes paso a paso para sacarte la bala.
Ambos tiritando nos acercamos el uno al otro y nos quedamos mirando por la ventana mientras la  lluvia seguía, los truenos se escuchaban cada vez más fuerte y la oscuridad iba invadiendo todo el descampado mientras yo rezaba por que Luci, estuviese donde estuviese, siguiese viva.
*****

Luci recobró la consciencia. Cuando abrió los ojos se encontró agarrada a las ramas de un árbol caído  cerca de  la orilla. Vio que era de noche y que estaba lloviendo. No sabía que hora era, pero le dio igual. Ella solo quería encontrar a sus compañeros. Nadó hacia la orilla que creyó que era la que querían alcanzar. Salió del agua y comenzó a correr por el bosque en busca de Juanma y de Mélanie… Y acabaría  con todo aquello que se cruzase en su camino.

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