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Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
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sábado, 25 de febrero de 2017

NECROWORLD Capitulo 146

Día 9 de Noviembre de 2010
Día 864 del Apocalipsis…
07:00 de la mañana…

El grupo de Eva avanzaba por la carreta en dirección a Jackson. Estaban cansados y hambrientos, también tenían frio. Eva llevaba en brazos a Shanon. A su lado caminaba Vicky con Nathan en brazos. Todos los bebés estaban abrigados. Al final de la fila iba Mike con sus dos hijos. Fue en ese momento cuando Beth comenzó a toser y se dejó caer de rodillas. Enseguida, Mike se agachó a su lado.
—Vamos Bethy. ¿Qué te pasa tesoro?— preguntó Mike intentando levantarla. Entonces le tocó la frente y notó que estaba hirviendo. Rápidamente llamó a Sheila y esta acudió corriendo. Le tocó la frente y miró a todos.
—Esta niña tiene mucha fiebre. Muchísima.
Mike la cogió en brazos y comenzó a caminar. Entonces vieron un cartel que indicaba que había un hospital cerca de allí. A unos seis kilómetros. Era como una especie de señal divina. Todo el grupo siguió caminando mientras Eva se quedaba junto al cartel, sacó el spray y comenzó a escribir un mensaje.
“JUANMA, NOS DIRIGIMOS HACIA EL HOSPITAL” Eva.
—Esperemos que nos encuentren pronto— dijo Silvia situándose a su lado. –Al menos. Quizás podamos descansar en ese hospital. Solo recemos para que el sitio no esté invadido.
—Esperemos que no. No se que tiene esa niña, pero si no podemos conseguir nada en ese hospital, morirá.  Todos podríamos morir. No tenemos de nada.
El grupo siguió avanzando. Pasaron por debajo de un puente donde podía verse una barricada, al menos lo que quedaba de ella. De las barandillas del puente colgaban tres hombres en avanzado estado de descomposición.
Juan y David se adelantaron un poco y entre los dos hicieron una obertura en la barricada para que los demás  pudieran ir pasando. Cuando todos habían pasado, cerraron la obertura.
—Esto no es cualquier cosa— dijo Juan caminando junto a David. –Esto es una zona de cuarentena. Fíjate en esas tiendas de lona. Dentro hay camillas y cajas con medicamentos.
Al escuchar eso, Mike dejó a Beth al cuidado de Katrina y corrió hacia una de las tiendas. Los demás escucharon ruidos y a Mike maldecir. Poco después volvió con los demás. –No hay nada. Está todo vacío. Esto es una mierda— regresó junto a Katrina para volver a coger a su hija en brazos. –Vámonos de aquí. Lleguemos a ese puto hospital.
El grupo siguió caminando y Juan se adelantó para hablar con Mike. —¿Qué ha sido eso de antes?
—¿A que te refieres?— preguntó Mike sin dejar de andar. Por como respondió. Se le notaba frustrado.
—A tu imprudencia. Te pusiste a buscar tu solo en esas tiendas, haciendo ruido y gritando. Apenas nos queda munición. Si hubieses atraído a un rebaño de caminantes habríamos tenido problemas.
—¿Y?— preguntó Mike.
Juan bajó la voz y siguió hablando. —¿Cómo que “Y”? Parece que se te olvida que hay más gente aquí. Tus hijos y tú no estáis solos aquí. Me parece bien que te preocupes por ellos, pero no a costa de poner en peligro a los demás. Tienes que tener la cabeza fría en estos momentos.
—Cabeza fría en estos momentos… Yo tengo dos hijos a los que cuidar… Ahora que su madre ya no está. ¿Qué tienes tú? No tienes nada.
—Tengo todo un grupo. Un grupo del que tu, formas parte también— respondió Juan.
—Por poco  tiempo. Ya estoy harto de esta mierda. Estar con vosotros solo me ha traído problemas. Encontraremos ese hospital, mi hija se curará y entonces nos marcharemos. No  permaneceré más tiempo en este grupo. Está condenado— respondió  Mike. Este había cambiado mucho en los últimos días después de lo  sucedido en el hotel. Estaba como muy encerrado en si mismo.
—Si quieres irte… No te lo voy a impedir. Pero deberías pensártelo mejor. Solos  no sobreviviréis por ahí. No tendríais posibilidades. Por favor tío, piénsalo mejor. Juanma…
—Juanma solo nos ha jodido una y otra vez. Ya lo tengo pensado, no he dejado de hacerlo. Me marcharé y fin. Espero que ni tu ni nadie intente impedírmelo. Si no, será muy desagradable para todos.
Juan iba a responder cuando escucharon a David gritar. Este estaba subido encima de un autobús abandonado y les estaba haciendo señas. –Es el hospital. Está ahí. Hemos llegado.
Juan se alejó de Mike y corrió hacia el autobús, se subió y se puso al lado de David. –Parece despejado ¿No?— preguntó Juan sacando unos prismáticos de su mochila. Observó el hospital y solo vio cadáveres por todas partes. Se notaba que había habido una gran batalla allí.
—¿Qué opinas?— preguntó David.
—Parece seguro. Quizás deberíamos acercarnos a ver. No nos acercaremos muchos. Hagamos una avanzadilla de exploración. Según lo que veamos, llevaremos a todos allí. No quiero arriesgarme a que vayamos todos y llamemos demasiado la atención.
—Muy bien. Pues vamos— dijo David bajando del autobús.
Juan bajó también y se reunieron con el resto del grupo. –El hospital está ahí al otro lado. Es un edificio de seis plantas. Parece seguro, pero no obstante hay que asegurarse. En primer lugar iremos un pequeño grupo y veremos si hay algo o alguien. El resto del grupo que se quede en esta zona. Esta parece segura y aunque aparezca alguien. No podrán acorralaros. Aun así, los que os quedéis aquí, tened los ojos bien abiertos.
Juan eligió a tres personas del grupo. Estos fueron David, Johana y Mike. Este último aceptó a regañadientes. Dejó a Beth dentro del autobús junto a su hermano, Katrina, Cindy y Vicky.
—¿A dónde vas papá?— preguntó Beth.
—Papá tiene que ir a hacer unas cosas, pero volveré en breve. Se que no te encuentras bien, pero ya verás como papá logra que te mejores— Mike miró entonces a Katrina. –Cuida de ellos. Con tu vida si es necesario.
Katrina asintió y Mike salió del autobús y se reunió con el resto del grupo que iría hacia el hospital. Atajaron por un terraplén y no tardaron en llegar  a unas vallas que no tuvieron problemas en saltar. Estas rodeaban todo el hospital. Al otro lado se encontraron lo que parecía una plaza con una estatua con un busto de John Fitzgerald Kennedy en el centro. A su alrededor tenían amplios jardines donde la naturaleza había seguido su curso y las plantas lo habían invadido todo.
—Esto está muy tranquilo— dijo David mirando a su alrededor.
—Si. Demasiado. Que nadie se separe, y tened los ojos bien abiertos y las armas listas. Disparad contra todo aquello que se acerque y no se detenga si le decís que se quede plantado.
Los cuatro fueron avanzando por la plaza mientras miraban en todas direcciones. No querían verse sorprendidos. Llegaron a un conjunto de varias tiendas y allí escucharon un ruido que venia de dentro de una de ellas. Los cuatro levantaron las armas y caminaron lentamente y con cuidado. Juan fue el primero en llegar, miró a David y le hizo una señal. Abrieron las cortinas y de repente salió corriendo un grupo de monos. Estos corrieron por la plaza y desaparecieron saltando la valla. Les dieron un buen susto.
—No me jodas. ¿Monos?— preguntó Johana.
—¿De que te sorprendes? Cuando todo se fue a la mierda, los zoológicos se quedaron sin cuidadores. Puede que dejaran libres a los animales o que estos encontraran una forma de escapar de sus jaulas. Te puedo asegurar que puede que monos no sea lo más raro que nos encontremos— respondió David. –El mundo ya no es el que era al fin y al cabo.
Siguieron su camino hasta que llegaron a las puertas acristaladas de lo que seguramente era la entrada a recepción. Mike fue el primero en llegar y trató de abrir la puerta. Sin mucho éxito. Miró a través del cristal y vio una cadena al otro lado, eso era lo que impedía que pudieran entrar. Juan se acercó a el.
—Venga. Buscaremos otra forma de entrar— Pero Mike lo ignoró y zarandeó varias veces la puerta. Eso hizo que Juan le agarrara del brazo. –Mike, joder.
—¿Qué coño es lo que quieres ahora?— preguntó Mike apartando a Juan de un empujón.
—Escucha. Entiendo que quieras entrar por que tienes a tu niñita enferma, pero si está cerrado es por algo. Solo tenemos que ser cautelosos. Ten la cabeza fría.
—¿La cabeza fría? Para ti es muy fácil hablar, por que no tienes a nadie. Solo tienes que preocuparte de mantenerle el coño caliente a esa fulana— dijo Mike señalando a Johana, la cual estaba alejada de la puerta, buscando una entrada junto a David.
—Escucha tío. Estoy siendo muy paciente contigo por que lo estás pasando mal,  pero estás cruzando una raya que no deberías. Te sugiero que lo dejes estar. De verdad.
—Claro. Es mejor ignorar a algunos. Déjame a mi— respondió Mike volviendo a zarandear la puerta para intentar abrirla. –Vamos. Muévete de una puta vez.
—Así no vas a abrirla. Déjalo ya Mike— repitió Juan.
—Que te den— respondió Mike. Entonces Juan trató de alejarlo y Mike le golpeó con la mano izquierda. Juan retrocedió un par de pasos y cayó de espaldas al suelo mientras Mike regresaba a la puerta. En la cual, justamente en ese momento, dos caminantes habían aparecido y estaban dando golpes en el cristal. Eso no disuadió a Mike. Como zarandeando la puerta no había conseguido nada. Comenzó a dar patadas en el cristal. Eso hizo que varios caminantes más aparecieran al otro lado de la puerta y otros tantos aparecieran apoyándose en la valla de hierro. Incluso algunos aparecieron subiendo unas escaleras que parecían conectar con un parking subterráneo.
Nuevamente, Juan trató de llevare a Mike, pero este volvió a apartarlo de un empujón. Entonces logró romper el cristal. Eso provocó que los caminantes del interior se lanzaran todos por esa brecha y trataran de salir todos a la vez mientras se despellejaban. Uno de ellos logró agarrar a Mike por la pierna y estuvo a punto de morderle. Solo la rápida intervención de Juan logró evitar que Mike fuera mordido. Tiró de el.
Juan y Mike comenzaron a retroceder mientras el grupo de caminantes de la puerta y los que habían llegado por la escalera avanzaba. Llegaron David y Johana. Ambos comenzaron a disparar y a abatir a los No Muertos. En ese momento, los que se apelotonaron en la valla lograron tumbarla y entrar.
*****
Eva se encontraba junto a Katrina, Silvia y Alicia cuidando de los niños  dentro del autobús cuando comenzaron a escuchar los disparos. Rápidamente se puso de pie y salió del vehículo abandonado. Vio a todos los demás que estaban mirando hacia donde  estaba el hospital.
—¿Eso son disparos?— preguntó la doctora Brown.
—Todo el mundo preparado— comenzó a decir Eva mientras hacía señas al resto. –Es posible que en breves estén aquí. Necesitarán que les cubramos.
Vicky se subió rápidamente al techo del autobús y miró entonces hacia el hospital. Allí vio a David, Johana, Mike y Juan. Estaban disparando contra varios caminantes. Sin pensárselo dos veces, bajó por el otro lado del autobús. Bajó rápidamente el terraplén hasta llegar abajo. Corrió por el asfalto hasta que llegó a las vallas. Desde allí veía al grupo de caminantes que estaba rodeando a sus compañeros. Ella comenzó a trepar por la valla y pasó por encima, se dejó caer al otro lado y entonces comenzó a disparar. Abatió a varios y eso hizo que un grupo de No Muertos comenzara a caminar hacia ella. Ella estaba sola y disparó a los que se le iban acercando, así lo hizo hasta que vio que ya no tenía munición. Se guardó la pistola y sacó un cuchillo. Evitó el abrazó de un caminante y se lanzó sobre el, clavándole el cuchillo varias veces en la cabeza. Vicky y el caminante cayeron al suelo, quedando el peso de este sobre el cuerpo de ella. Intentó quitárselo de encima mientras un par de aquellos seres se le iban acercando. Iban a alcanzarla cuando alguien los abatió. Pensó que había sido uno de sus amigos, pero no era así. Una chica vestida de militar apareció a su lado, la miró y rápidamente comenzó a disparar.  Otros  cuatro militares hicieron su aparición y comenzaron a disparar a los caminantes. No tardaron en abatirlos a todos y encañonar a Juan y a los otros.
—Tirad las armas— dijo uno de los militares. Un chico afroamericano de unos treinta años.
—Y las manos en alto. Que las veamos— añadió otra chica militar.
—Haced lo que dice— dijo Juan tirando su arma sin munición al suelo y levantando las manos.
Otro militar los obligó a arrodillarse mientras otro los cacheaba. Vicky por su lado, fue agarrada por el brazo y llevada casi a rastras hacia el grupo. Cuando se acercaron, uno de ellos miró a la chica que llevaba a Vicky.
—Keity. No llevan ninguna marca  que los identifique como cazadores.
—No lo son— dijo la chica que agarraba a Vicky del brazo. –Solo pasan por aquí.
En ese momento. Eva y los otros aparecieron al otro lado de la valla apuntando a los cinco militares.
—Dejadlos marchar o dispararemos— amenazó Eva apuntando a la chica que tenía agarrada a Vicky. Aunque eso no hizo que los militares obedecieran. La chica miró a dos de sus soldados.
—Boggs… Dingan… Abrid esa puerta y que entren. Llevan niños.
—Keity… ¿Estás segura?— preguntó uno de ellos.
—Ábrela. Ahora— dijo la chica que respondía al nombre de Keity. Los dos soldados abrieron la puerta y Eva entró seguida de  todo el grupo. Una vez dentro, la militar que parecía estar al mando se dirigió a ellos. –Por favor.  Dejad las armas en el suelo.
—¿Por qué deberíamos hacer eso?  ¿Qué te hace pensar que vamos a confiar en vosotros? No sabemos nada de vosotros. Podría ser una trampa.
—Sabemos de vosotros lo mismo que vosotros de nosotros. Aquí todos estamos igual. Dejad las armas, se os devolverán después. Una vez dentro. Créeme. Es lo más sensato que podrías hacer. No te conviene para nada empezar ahora una guerra que no vais a ganar. Lo haríais para nada— dijo Keity dejando entonces su arma en el suelo. –Mira. Las dejaremos todos.
—¿Cómo se que no me la vas a jugar?— preguntó Eva. –Podría haber más de vosotros ahí dentro.
—Los hay— afirmó Keity en ese momento –Pero la mayoría son ancianos y el resto son gente enferma que hemos mantenido vivos hasta  ahora. Acéptalo chica, aquí, ahora mismo. Solo sois vosotros los peligrosos. Por favor, haz que sea fácil.
Eva miró a los suyos y entonces dejó su arma en el suelo. Todos los demás, pese a que dudaron, hicieron lo mismo. Cuando todos estaban desarmados. Dos de los soldados comenzaron a recoger las armas.
—¿Qué pasará ahora?— preguntó Eva mirando a Keity mientras esta avanzaba hacia ellos. Pasó por al lado de Eva y se paró junto a Katrina. La cual llevaba a Beth en brazos.
Keity observó a Beth y le tocó la frente. Se dio la vuelta y miró al resto de los soldados. –Esta niña tiene mucha fiebre. Los llevaremos a dentro y que Green le eche un vistazo. Creo que podría tener algo de neumonía.
Todo el grupo avanzó por la plaza, rodearon el hospital y llegaron a un camión que estaba pegado a la pared. Allí sobre el remolque, había una escalera de mano que conectaba con una ventana del segundo piso.
—¿Qué es esto?— preguntó Eva mirando a Keity.
—Es la única  entrada al hospital. Id subiendo todos— dijo Keity.
Todos comenzaron a subir uno detrás de otro. Beth fue subida por Mike. Este la llevó en brazos. Cuando todos estuvieron arriba. Dos militares subieron la escalera y la dejaron apoyada en la pared. Entonces Keity los miró a todos.
—¿Eres tu quien está al mando aquí?— preguntó Eva.
—Así es— respondió Keity. –Y supongo que tú estás al mando de tu grupo. Muy bien. Mi nombre es Keity. Keity Lenihan. Bienvenidos al hospital privado JFK. Por favor, seguidnos. Os llevaremos a un lugar seguro.
Eva y el grupo fueron conducidos por la segunda planta hasta que llegaron a unas escaleras. Allí se encontraron con un  chico joven que parecía ser un civil. Este estaba junto a la puerta de hierro. Pareció ponerse nervioso cuando vio a todo el grupo encabezado por Eva.
—Keity… ¿Son?
—Tranquilo Travis. Son civiles. No son ningún grupo de cazadores. Los llevamos a la planta tres.
El joven se calmó y todos comenzaron a subir las escaleras. Cuando pasaron todos, el chico cerró la puerta de hierro con un candado y una cadena. Mientras avanzaban. Eva caminó rápidamente para ponerse al lado de Keity.
—¿Qué es todo esto?
—Un hospital— respondió Keity.
—No me refiero a eso. Me refiero a lo de los cazadores, me refiero a todo esto. El que nos hayáis dejado pasar así como así.
—Se a que te refieres. Bueno, de líder a líder, supongo que te debo una explicación. No  son solo zombis lo que pulula por el mundo. Hay de todo, civiles, cazadores, grupos armados, caníbales… Estos son ya casi como una nueva sociedad, saqueadores… Debemos tener cuidado con la mayoría de ellos. Hay veces que nos las hemos tenido que ver con varios de ellos, especialmente con cazadores. Aun así hay un detalle que distingue a cada grupo. De entre todos los mencionados, solo hay dos grupos que llevan niños, los caníbales y los civiles. Y vosotros no tenéis pinta de caníbales. Si lo fuerais, ya hace tiempo que os habríais matado los unos a los otros. Parecéis hambrientos. Eso me dio la certeza de que sois civiles. Aun así era necesario que nos dierais las armas, ya que no todos los civiles son amistosos. Siempre hay alguien que te la quiere jugar. No te preocupes…
—Eva— dijo la chica presentándose.
—No te preocupes Eva. Os devolveremos las armas antes de que acabe el día.
El grupo llegó a una sala. Allí había varias personas vestidas con ropa de hospital. Estaban cuidando de ancianos a los que les estaban poniendo oxigeno. También había una chica como en un corrillo, esta estaba leyendo un libro y el grupo escuchaba atentamente.
Eva y el resto se quedaron sorprendidos por todo lo que estaban viendo. Entonces Keity se dio la vuelta y miró a Eva. –Otra cosa que nos diferencia de la mayoría de la escoria que pulula por ahí es que ellos no mueven un dedo por los ancianos. Nosotros aquí nos desvivimos por ellos y hacemos todo lo posible para que el resto de su vida no sea  una desgracia.
En ese momento apareció una mujer con una bata de medico. Junto a ella había un hombre con rasgos latinos. Esta observó al grupo recién llegado y su mirada se posó en Eva. Entonces se presentó. –Soy la Doctora Samantha Green y el es el doctor Raúl Lopez. Bienvenidos al hospital privado JFK. Los que necesiten ser atendidos que  den un paso al frente.
En ese momento, Mike con su hija en brazos, se acercó a la doctora. –Mi hija. Tiene mucha fiebre.
—Es cierto— dijo Keity. –Podría tener neumonía. Muchos podrían tenerla.
—A ver. Déjame ver— dijo la doctora tocándole la frente a Beth. –Si… Tiene fiebre— entonces miró a Mike. –Por favor. Acompáñeme. El resto poneros cómodos. Tenéis pinta de haber pasado hambre. Por favor, chicos, dadles algo de comida y que recuperen fuerzas.
Las horas en el hospital iban pasando. Beth había dado positivo en neumonía y le habían puesto oxigeno. Mike no tuvo más remedio que salir de la habitación. Cuando lo hizo, se encontró con Juan.
—¿Cómo está tu hija?
—Está bien. La doctora dice que la hemos cogido a tiempo— respondió Mike tratando de sonreír.
—Me alegro de que tu hija esté bien. Ahora tengo que hablar contigo de algo importante— dijo Juan cambiando de tema.
—Si. Ya se lo que me vas a decir— respondió Mike apartándose de Juan y caminando por el pasillo. Aun así, Juan lo siguió.
—¿Y si lo sabes por que no te quedas a afrontarlo? ¿Qué coño fue lo de ahí abajo tío? ¿Es que te has vuelto loco? Fuiste imprudente, podrías haber hecho que nos mataran. Había caminantes ahí dentro y tu… Aun así. Querías entrar. ¿Estás perdiendo el juicio?
—Pero estamos vivos— dijo Mike.
—Pero no gracias a ti— respondió Juan mirando a  Mike. –Estamos vivos por que esos militares vinieron a salvarnos el culo. Gracias a ellos estamos vivos.
—Entonces ve y dales las gracias mientras les lames el  culo como has hecho y estás haciendo con Juanma.
En ese momento, Juan empujó a Mike contra la pared, le dio la vuelta y lo inmovilizó. Entonces se puso detrás de el. –Escúchame… Y escúchame bien, capullo. No pienso volver a permitir que pongas en peligro la vida de nadie. Ni siquiera por tus hijos. ¿Te ha quedado claro o no? Te lo advierto ahora por que no habrá más advertencias. Vuelve a cagarla, vuelve a perder los papeles y a actuar por tu cuenta sin pensar. Y te juro que acabaré contigo.
—¿Algún problema chicos?— la voz de Keity hizo que Juan soltara a Mike y ambos miraran a la militar.
—No. Ninguno. Solo estábamos zanjando un asunto que teníamos pendiente— respondió Juan.
—¿Y está zanjado?— preguntó Keity.
—Está hasta con candado— respondió Juan mostrando la mejor de sus sonrisas.
—Perfecto. Entonces venid conmigo— dijo Keity.
Ambos siguieron a la militar hasta una sala, allí también se encontraron con Eva, David y Johana. También estaban presentes los demás militares compañeros de Keity.
—¿Qué es esta reunión?— preguntó Juan.
—Vamos a devolveros vuestras armas. Supongo que podemos confiar en vosotros. Aun así, dejadme que os diga una cosa. Confiamos en vosotros, pero intentad algo raro y os juro que yo misma me ocuparé de esparcir vuestros sesos en esa pared de ahí.
—No intentaremos nada— dijo Eva.
—Y así lo espero. Ahora simplemente poneros cómodos. El hospital es bastante grande. Tenemos cuatro plantas en uso. De la tercera a la sexta. También usamos la terraza del hospital. Ahí tenemos nuestros cultivos y los paneles solares que nos suministran la luz.
—¿Y que pasa con la planta baja y las dos primeras?— preguntó David.
—La planta baja es un hervidero de caminantes. Hemos logrado aislarlos ahí dentro… Bueno, hasta que vuestro amigo decidió soltarles— dijo Keity mirando a Mike.
—Escaparon— respondió Mike.
—¿Y por que escaparon? Pues por que tú rompiste el cristal. Por suerte escaparon pocos y será fácil reparar esa brecha y volver a aislarlos. Al menos sabemos que nunca llegarían hasta nosotros.
—¿Y por que hay que aislarlos?— preguntó David. —¿No sería más fácil bajar ahí y acabar con ellos?
—Es una idea que Dingan ya había sugerido— dijo Keity señalando a un hombre afroamericano.
—Pero al final se echaban atrás. Ahora somos más. Podríamos tener el parking y la planta baja limpias en pocas horas. También hay que reparar esas vallas— dijo Dingan.
—Por cierto. Ya que estamos. Os voy a presentar, ese es Dingan, como ya os he dicho. Esa chica de ahí es Marta, y el joven que está a su lado es su novio Boggs.
Boggs y Marta debían tener entre veinte y veinte tres años. Ella tenía la piel blanca y una larga cabellera negra, Boggs era alto y delgado. Sus ojos eran verdes y su pelo era castaño.
—Y  ese calladito de ahí es Glenn. No habla mucho, pero es muy inteligente. Es quien se ocupa de las reparaciones de aquí. Yo soy Keity Lenihan y soy quien está al mando aquí en lo que ha protección y defensa se refiere.
Glenn era un chaval menudo, delgado y de pelo rizado. Keity sin embargo tenía el porte de una líder. Se notaba las horas de gimnasio en su cuerpo. Tenía el pelo largo recogido en una coleta y sus ojos eran los de alguien con firmeza.
Eva y los suyos también se presentaron. Entonces Keity dio por disuelta la reunión. Se iban a tener que poner manos a la obra antes de que se hiciera de noche.
Unas horas después, Eva se acercó a Juan y comenzó a hablarle en voz baja. No había nadie cerca, pero tenían que ser cautos.
—Ahora estamos aquí. Tendremos que organizarnos para buscar a Juanma. Por otro lado, no quiero que bajemos la guardia. Esta gente parece de fiar, pero aun así debemos estar atentos por si pasa algo raro.
—No te preocupes. Lo se, no dejaré que nos pillen por sorpresa— dijo Juan encendiéndose un cigarro. Había encontrado una maquina de tabaco en una de las plantas y había tenido suerte al abrirla y encontrar varios paquetes dentro. Le ofreció uno a Eva, pero esta lo rechazó. –Por otro lado. Hay algo que tengo que hablar contigo. Es Mike. Últimamente… Y no se por que, está algo descontrolado. Temo que ponga en peligro al grupo. Si eso pasa…

—Hagas lo que hagas te apoyaré— respondió Eva. –Debe entender que no solo está el en el grupo.

sábado, 18 de febrero de 2017

NECROWORLD Capitulo 145

Día 10 de Noviembre de 2010
Día 865 del Apocalipsis…
00:34 de la madrugada…

Luci corría por el bosque a oscuras volviendo sobre sus pasos. Guiándose únicamente por la luz de los relámpagos. No se quería alejar mucho de la orilla. Solo así encontraría a sus compañeros o al menos, un rastro que la llevaría hasta ellos. Primero trepó junto a la catarata y siguió corriendo cuando llegó a arriba. Siguió corriendo y entonces llegó al puente desde el que habían saltado y allí vio a varios caminantes. Estos estaban devorando los restos de un hombre. Entonces vio que este llevaba una mochila todavía. Luci tomó una decisión y se lanzó contra los No Muertos. Acabó con los dos primeros que se le acercaron con un movimiento rápido. Les  cortó la cabeza. Al siguiente que se le acercó, le clavó la espada en el pecho para mantenerlo alejado de ella. Le asestó una patada y lo hizo retroceder. El No Muerto tropezó con una piedra y cayó de espaldas, rápidamente, Luci le pisó la cabeza. Tan solo quedaba un caminante. Luci se acercó a el con paso firme y le cortó la cabeza.
Sin caminantes a la vista, Luci caminó hasta el cuerpo del hombre y lo registró. Encontró el pañuelo que lo identificaba como uno de los cazadores. También encontró una linterna, un mechero, una foto manchada de sangre donde se veía a eso hombre junto a varias personas más, probablemente su familia. Cogió la mochila y dentro encontró varios cargadores, un mapa, una caja de bengalas y un par de latas de conserva.
Luci encendió la linterna y buscó el arma que debía llevar  aquel tipo. Justo la encontró entre dos rocas. Luci cogió el rifle con mira telescópica y llegó a la conclusión de que quizás ese hombre fuese quien disparó e hirió a Mélanie.
Luci enfocó con la linterna al puente y fue alumbrando hacia arriba. Entonces vio que estaba en la zona contraria a la que iban a ir. Había vuelto sobre sus pasos. Ahora solo debía regresar, volver a bajar junto a la catarata y cruzar a nado el rio. Tenía que darse prisa, el amanecer llegaría en unas horas y entonces estarían más expuestos.
*****
Había logrado entrar en calor y poco después había comenzado a buscar dentro de la caravana. Por  lo que había podido observar, no llevaba allí mucho tiempo. Quizás alguien había pasado por allí y los caminantes habían acabado con el. Nosotros habíamos tenido suerte. Dentro de uno de los cajones de la cocina encontré varios trapos y cubiertos. En uno de los armarios encontré un cuenco, el cual deposité fuera para que se llenara de agua de lluvia, unas cerillas y unas velas. Las cuales encendí y las puse en la pequeña mesa que Mélanie tenía al lado. Tras hacer eso, me dirigí hasta la parte de los asientos y me senté al volante. Lo intenté arrancar, pero me fue imposible. Miré en la guantera y encontré varios mapas de carretera, también encontré unas gafas de sol rotas.
Regresé a la parte donde seguía Mélanie tumbada y la miré. —¿Cómo te encuentras? Salvó cubiertos no he encontrado nada que pueda servir para extraerte la bala.
—Mira dentro del baño. Debe haber un botiquín. Tú también necesitas curarte.
Me miré la herida del costado. La cual había cubierto como me había sido posible. –No es grave. Puede esperar— respondí caminando hacia la puerta que suponía que era el  baño. Abrí la puerta lentamente y enseguida me asaltó un olor nauseabundo que me hizo retroceder tapándome la nariz. Al verme, Mélanie se incorporó preocupada.
—¿Qué pasa? ¿Qué hay ahí dentro?
—Nada. No es nada— respondí. –Solo es un gato muerto.
Entré en el baño tapándome la nariz evitando el gato muerto que había dentro del lavamanos. Sobre este había un espejo, al cual me quedé mirándome. Apenas podía reconocerme a mi mismo, ensangrentado y sucio. Abrí el espejo y encontré un pequeño armario detrás de el. Allí encontré varios botes de pastillas, una caja de vendas y material de sutura.
—¿Has encontrado algo?— preguntó Mélanie. Su voz sonaba bastante débil. Yo temía que no le quedase mucho. Una herida de bala, teniendo el proyectil todavía dentro, podía causar infecciones terribles y la muerte.
Cogí todo lo que había y lo saqué fuera. Lo dejé encima de la mesa a la luz de las velas para que Mélanie pudiera verlo.
—Tendrás que guiarme paso a paso para sacarte la bala. No se como puedo hacerlo de forma segura. No pienso perderte.
—Tu también tienes que curarte— dijo en ese momento Mélanie señalando mi herida. –Cúrate tu primero. Yo te diré como.
—¿Y tu que?— pregunté. –Yo solo tengo una herida de nada. Tu una herida de bala. Tienes prioridad. Eres tu quien me tiene que curar, si te mueres ahora por esa herida de nada… ¿Qué pasará conmigo entonces?
Me quedé un rato pensativo y llegué a la conclusión de que ella tenía razón. Si a mi me pasaba algo. La condenaría a ella también. Me senté en el sofá que había al otro lado de la mesita y me quité lo que quedaba de mi camisa. Me quité lo que cubría mi herida y la observé. Pese a no parecer nada, no tenía muy buen aspecto.
—Bueno. Tu dirás— dije mirándola. –La hemorragia ha parado.
—Lo primero que tienes que hacer es limpiar la herida y luego echarte desinfectante— dijo Mélanie señalando la botella. –Échate el que necesites.
Me puse de pie y salí fuera a coger el cuenco de agua. Lo entré y volví a sentarme. Mojé un trapo y comencé a limpiar mi herida. El dolor que sentía me hizo dar un grito. Aun así, apreté los dientes y seguí limpiándola hasta que Mélanie vio que ya estaba limpia. Seguidamente cogí la botella de desinfectante y me la eché sobre la herida.
—¡¡¡¡Joder!!!!— grité. El dolor era muy penetrante, pero aun así aguanté. Cuando acabé, tras unos minutos de gran dolor, me cosí la herida siguiendo las indicaciones de mi compañera y finalmente cubrí la herida de nuevo con una gasa y me vendé el torso. Miré entonces a Mélanie. –Ahora si. Llegó tu turno. Comencemos.
Seguí las indicaciones que Mélanie me iba dando hasta que finalmente logré extraer la bala, pese a que al principio me costó un poco, pero lo conseguí. Cosí la herida alumbrándome con las velas y luego la vendé.
—Lo has hecho muy bien. Gracias— dijo Mélanie.
—No me des las gracias todavía. Esto aun no terminó. Ahora necesito que te quedes aquí mientras yo salgo un momento— dije poniéndome de pie y tapándola con la manta.
—¿A dónde vas?— preguntó Mélanie.
—Luci sigue por ahí fuera. Iré a buscarla— respondí mientras cogía un par de cuchillos. –Quiero que te quedes aquí y me esperes. La encuentre o no, regresaré antes del amanecer.
—¿Me vas a dejar sola?
—Escóndete y quédate en silencio. Nada ni nadie te encontrará… Pero si no es así. Defiéndete— le di entonces uno de los cuchillos. Si son caminantes, procura matarlos de uno en uno y evita que te acorralen. Si son cazadores… Basta con que mates a uno de ellos y te hagas con su arma. Ellos son más inteligentes que los caminantes, por eso tienes que recordar una única cosa.
—¿El que?
—Es o ellos o tu— respondí.
Me puse por encima una manta y salí por la puerta. Una vez en el exterior cerré la puerta. Miré hacia la ventana y entonces vi como Mélanie apagaba las velas, quedándose totalmente a oscuras dentro de  la caravana.
Comencé a correr bajo la lluvia hasta que  me adentré nuevamente en el bosque. Estaba regresando sobre mis pasos. No iba a dejar que Luci siguiera por ahí sola. Y si la habían capturado esos tipos, los cuales era seguro que seguían por la zona. Haría todo lo necesario por rescatarla. Mataría hasta el último de ellos si hacía falta.
*****
Luci seguía caminando por el bosque volviendo hacia abajo. Había cruzado el rio a nado una vez había llegado a la catarata. Era increíble como se había separado de sus compañeros, pero no iba a desistir en encontrarse con ellos. No podían haber ido muy lejos. Fue en ese momento  cuando escuchó un ruido y apagó la linterna. Rápidamente se ocultó detrás de un árbol y esperó. No tardó en ver aparecer a un grupo de cinco personas.
—Esto es un rollazo— dijo  una chica. –Estamos buscando una aguja en un pajar. Ross se ha obsesionado con este grupo.
—¿Hay algo con lo que no se obsesione Ross? Cuando se le mete algo en la cabeza, no hay quien se lo quite. A ver si se muere de una condenada vez. Su puto discurso de que somos cazadores me tiene harto— respondió la voz de un chico.
Luci comenzó a moverse lentamente para no ser descubierta. Tenía que salir de ahí antes de que la descubrieran. Si eso ocurría, no habría mucho que ella pudiera hacer, pero para salir, tenía que deshacerse de ellos, de todos. Algo que no iba a ser fácil. Si al menos lograba separarlos, podría acabar con ellos de uno en uno.
Luci pensó rápidamente y entonces dio con la solución. Se descolgó la mochila del hombro y sacó una de las bengalas. La encendió y la lanzó por los aires. Esta cruzó el cielo y cayó al otro lado de donde estaba ella. Entonces los cazadores se dieron cuenta.
—¿Qué ha sido eso?— preguntó la chica.
—Está allí— dijo uno de los chicos corriendo en dirección a la bengala.
—Vuelve aquí gilipollas. No debemos separarnos. Debemos ser más listos. Separarnos es como pedirle a la muerte que venga a por nosotros— dijo en ese momento la voz de un hombre.
—Tienes razón. Perdona— respondió el chico más joven.
—Recordad que ellos son tres. Es evidente que tratarán de dividirnos. Usad lo que habéis aprendido— dijo el que parecía ser el más maduro de todos.  –Recordad cuando estuvimos con aquel grupo. Quisieron dispersarnos y acabaron con la mayoría de los nuestros. Espabilad.
Luci los había subestimado. Entonces tomó una decisión. Sacó la escopeta y apuntó entre la maleza. Entonces Luci situó el punto de mira sobre la chica y puso el dedo en el gatillo.
La chica vestía un chubasquero de color negro. Su cara estaba iluminada por la tenue luz de las linternas que llevaban, pero aun así podía ver una cicatriz en su cara, hecha seguramente por un cuchillo.
Luci iba a disparar justo cuando notó que la agarraban del hombro. Rápidamente se dio la vuelta y se encontró cara a cara con un caminante. Este intentó morderla, pero Luci logró mantenerle la boca alejada de su cara. Aun así cayó de espaldas al suelo y comenzó a forcejear con el caminante. A partir de eso momento  todo fue muy confuso. Luci escuchó mucho movimiento y varios disparos. De pronto, alguien levantó al caminante y se lo quitó de encima.
Luci se levantó rápidamente y se encontró cara a cara con uno de los cazadores. Entonces, este comenzó a gritar. –Es una de ellos. Solo una…
Luci no dejó que acabara la frase. Le apuntó con el rifle y disparó. El pecho del muchacho reventó y cayó de espaldas. Seguidamente, Luci pasó por encima del chico de un salto y comenzó a correr tratando de huir del lugar mientras le iban disparando. De pronto los disparos cesaron y Luci se ocultó detrás de un árbol.
—La queremos viva. No le disparéis— dijo el hombre.
Luci en ese momento se  asomó por el tronco y vio a dos de ellos ocultos. —¿Qué es lo que queréis? ¿Por qué no nos dejáis en paz de una puta vez?
—Ríndete y entrégate. Será lo mejor— respondió la voz de otro hombre. No compliques más las cosas Luci.
Luci se sintió confusa y volvió a hablar. —¿Cómo sabéis mi nombre? ¿Quiénes sois?
De pronto, una figura salió de la oscuridad y se lanzó sobre Luci. Derribándola de un golpe. Luci entonces pudo ver la cara de su atacante. Se trataba de la  chica.
La muchacha puso sus manos sobre el cuello de Luci  y trató de estrangularla. Luci comenzó a golpearla y logró quitársela de encima. Se levantó, desenvainó la katana y le cortó la cabeza a la chica. Entonces sintió un fuerte golpe en la cabeza y cayó de bruces. Alguien la inmovilizó y le quitaron la espada mientras alguien le apuntaba a la cabeza.
—Esta zorra ha matado a Franky y a Gina. Hay que hacérselo pagar— dijo un chico joven. –Mátala Brody.
—Ross los quiere vivos. Sus órdenes son claras— dijo el hombre más maduro. Era el quien apuntaba y retenía a Luci. –Si los matamos…
—Que le follen a Ross. El ha vuelto al cuartel general. El bosque está lleno de podridos. Bastará con que digamos que se la comieron y punto— dijo otro chico señalando varias siluetas que se movían por el bosque atraídos por el ruido. –Ross nunca encontrará el cuerpo.
—Maldita sea. Tu— Brody señaló a uno de los jóvenes –Cárgate a esos podridos mientras yo decido que hacer.
—Pero…
—Que lo hagas hostia. Soy yo quien toma aquí las decisiones— respondió Brody sin dejar de apuntar a Luci.  El joven se alejó y comenzó a disparar a los caminantes mientras Brody seguía apuntando a Luci. –No sabes lo que has hecho. Ahora no me queda más remedio que matarte.
—Hazlo y deja de aburrirme— respondió Luci.
De pronto, los disparos cesaron y cuando Brody se dio la vuelta para ver que había pasado. Un disparo abatió al otro chico joven. Brody se vio rápidamente sorprendido por aquello, pero la sorpresa le duró poco cuando una silueta salió de la oscuridad por delante de el, le apuntó a la cabeza y abrió fuego.
El cuerpo de Brody cayó sin cabeza al lado de Luci. Esta por fin pudo levantarse y ver la silueta de quien le había salvado.
—¿Estás bien?— pregunté mirándola.
—¿Cómo me has encontrado?— preguntó Luci.
—No estamos muy lejos. Fue muy fácil cuando escuché los disparos— respondí.
—¿Y donde está Mélanie?— quiso saber Luci mientras se agachaba para recuperar su katana y registrar los cadáveres.
—La dejé en un lugar seguro. Regresemos junto a ella. Probablemente hay más grupos como este buscándonos. Tenemos que…— en ese momento  escuché un ruido. Me agaché junto al cuerpo del ultimo hombre al que había matado, lo registré y encontré el origen  del ruido. Era un walkie talkie.
—Adelante Brody. Quiero informe… Cambio…
Cogí el walkie talkie y miré a Luci. Nuevamente volvimos a escuchar la voz llamando a Brody. Fue en ese momento cuando apreté el botón y me dirigí al que estaba al otro lado de la línea. –No soy Brody.
—¿Y con quien hablo?— preguntó la voz.
—¿Qué coño estás haciendo?— preguntó en ese momento Luci tratando de quitarme el walkie talkie, pero yo no le dejé cogerlo.
—Hablas con Juanma— respondí –Pero supongo que eso ya lo sabes.
—¿Dónde está Brody y su grupo?— preguntó la voz.
—En estos momentos Brody está indispuesto. De hecho lo está de forma permanente. Los tipos que tienen sus sesos desparramados por el suelo no es que sean muy comunicativos.
—¿Están todos muertos?— preguntó la voz.
—Lo están. Supongo que tú eres su jefe. ¿Podrías decirme tu nombre?
Hubo un silencio algo largo y entonces escuchamos la voz de nuevo. –Soy Ross.
—Muy bien Ross. Gracias por presentarte. Ya te vi en ese puente. Como supongo que no vas a dejarnos en paz… Veo inútil decirte que dejes de seguirnos. Ya que no lo harás.
—No. No lo haré. Sois presas que no deben escapar— respondió Ross. –Esa es la emoción de la caza. Eso es lo que me  hace sentir vivo.
—Y me parece sensacional que vengas a por nosotros. Estoy deseando volver a verte. Por que cuando te vea, ten por seguro una cosa— dije apretando con fuerza el walkie.
—¿Qué es lo que tengo que tener por seguro?
—Tienes que tener por seguro que la próxima vez que te vea, será la última. Por que te voy a matar. Y te prometo que lo haré— respondí.
—Te estás metiendo en un juego peligroso chaval.  Creo que no tienes ni idea de con quien estás hablando. Lo sabemos todo sobre vosotros,  os habíamos estado vigilando.
—Entonces. Si me has estado vigilando. Si sabes todo sobre mí. Ya sabes de lo que soy capaz y de que cumplo mis promesas. Te he prometido que te mataría y así lo haré. Hasta pronto Ross— entonces corté la comunicación y lancé lejos el walkie talkie. Miré entonces a Luci. –Cojamos todo lo que nos sea útil y salgamos de aquí. Vienen más infectados.
Luci miró hacia los arboles y vio varias siluetas –Acabas de declararle la guerra a un tipo. Estás como un cencerro. Ahora vendrán a  por nosotros con todo lo que tengan.
—Ya lo se— respondí mientras le quitaba la ropa a uno de los cazadores muertos. –Eso es lo que quiero. Así los podré matar a todos.
Cuando ya tuvimos todo lo necesario, le hice un gesto a Luci y ambos comenzamos a correr por el bosque en dirección a la caravana donde nos estaba esperando Mélanie.

Cuartel general de los cazadores…
2:45 de la madrugada…

Ross dejó el walkie talkie dentro del cajón de la mesa de su despacho. Abrió otro cajón, de ahí sacó una botella de wisky y un vaso. Se sirvió un vaso y bebió un trago. Justo en ese momento, uno de sus hombres entró.
—Han vuelto todos… Todos menos el grupo de Brody.
—El grupo de Brody no volverá. Están todos muertos. Ese tipo los ha matado. Acabo de hablar con el— respondió Ross. –Ese cabrón nos ha declarado la guerra.
—¿Qué?— preguntó el joven cazador.
—Moviliza a todos los hombres y mujeres. Salimos en un par de horas. Iremos a por  ese grupo de tres. Olvidaros del resto de momento. Esos tres son el único objetivo. A estos no los vamos a vender. Los  cogeremos vivos y los torturaremos hasta la muerte. Va a pagar por  todos los que ha matado. O mejor, a el lo mantendremos vivo hasta que atrapemos al resto del grupo. Los venderemos delante de el y si hace falta los mataremos. Solo quiero hacérselo pagar. Ese puto crio no sabe con quien está jugando.
—Es y los suyos acabaron con el grupo de  A.J— respondió el otro hombre.
—A.J era un niñato prepotente. Además de muy imprudente. Nosotros no somos así. Nosotros estamos más organizados. No te preocupes. Nosotros no caeremos igual. Ahora organicémonos. La gran diversión está a punto de comenzar.
—A sus órdenes jefe— respondió el hombre. Después este se marchó y Ross siguió bebiendo. Si Juanma quería jugar, el jugaría también y no estaba dispuesto a perder.
Caravana…
2:55 de la madrugada…

Entré el primero en la caravana y entonces vi a Mélanie tumbada en el sofá. Cuando levantó la cabeza dejé que me viera.
—Tranquila. Somos nosotros— dije encendiendo la vela con una cerilla.
Luci entró detrás de mí y cerró la puerta. Después caminó por dentro de la  caravana corriendo las cortinas para que la luz de la vela no fuera tan vistosa desde fuera. Después me miró. –Tenemos que movernos cuanto antes. Aquí estamos demasiado expuestos. Así que rapidito.
Extendí el mapa de la zona sobre la mesa y comencé a señalar. –A unos seis kilómetros de aquí tenemos un conjunto de varias cabañas. Las marcan como cabañas de cazadores. Esa será nuestra siguiente parada.
—Espera— dijo Mélanie –Si ese mapa es suyo… No estaremos seguros allí tampoco. Vendrán a por nosotros.
—Ya vienen a por nosotros— respondí mirando a Luci. Eso hizo que Mélanie nos mirara a ambos.
—¿Qué es lo que pasa? ¿Hay algo que no me habéis contado?
—Juanma les ha declarado la guerra y ellos han aceptado gustosamente. Si antes se lo tomaban con calma a la hora de venir a por nosotros. Ahora vendrán con más empeño— respondió Luci –No  puedo decir que haya tomado la mejor decisión, pero como está chalado, a mi ya ni me sorprenden sus idas de olla.
—¿Te has vuelto loco? Si ¿Verdad?
—Si seguimos huyendo nos acabarán atrapando— respondí.
—Y si les plantamos cara también. Si te quedas a encararles, solo les harás más fácil el trabajo. Nos cogerán de todos modos. Debemos seguir huyendo.
—No. Hay que hacerles venir hacia donde nosotros queremos y es importante que crean que nos tienen cogidos por los huevos, pero ahí está la gracia. Que se lo crean. Así será mucho más fácil pillarlos. No podemos seguir huyendo— hice una pausa. –Tenemos que ir a esas cabañas por dos motivos. Tenemos más espacio que aquí para maniobrar. Aquí nos atraparían fácilmente. Allí por lo menos les será más difícil rodearnos, por otro lado podemos prepararles trampas. Hemos encontrado cosas muy interesantes. Podemos  ganarles.
Mélanie nos miró a ambos y Luci la miró a ella. –A mi no me mires. La idea ha sido suya.
—¿Y cuando iremos a esas cabañas?— preguntó Mélanie.
—Nos ponemos en marcha ya— respondí. 
—Pero yo no puedo caminar aun— dijo Mélanie.
—No te preocupes. Yo te llevaré a cuestas. Esos tipos deben estar organizándose todavía. Por lo tanto, aun disponemos de tiempo. Bastante además. No os preocupéis. Si las cosas saliesen mal. Ya tengo un plan B. Ante todo, pase lo que pase, no pienso  dejar que os cojan.
Hacia las tres y media de la madrugada, salimos de la caravana. No sin antes dejar una pista en la caravana. A las cuatro, llegamos a las cabañas. Estas constaban de dos pisos. Eran un total de cuatro.
—Ya estamos aquí. Ocuparemos esa de allí. La más grande— dije señalando la que era más grande. Lo cierto era que eran mucho más que cabañas, más bien parecían albergues. Me imagine que en un tiempo del pasado. Esos lugares habían sido un lugar de reposo para los cazadores que frecuentaban la  zona. También había restos de vallas por todas partes. Con Mélanie a caballo sobre mi espalda, me acerqué a una puerta corredera y con cuidado la fui corriendo.  Entramos y entonces Luci pasó por delante de mi alumbrando con la linterna.
—Será mejor que me adelante un poco y compruebe que no haya indeseables aquí dentro.
—Ve  con cuidado— le dije.
—No soy yo quien debe tener cuidado. Si no quien esté ahí dentro— respondió Luci a la vez que entraba en uno de los edificios. Entonces la perdimos de vista. Mélanie y yo nos quedamos debajo de un toldo resguardados de la lluvia.
—Es muy valiente ¿Verdad?
—Es mucho más que eso. Es una verdadera superviviente. Mucho más que yo. Y es alguien en quien tengo gran confianza. Se que siempre estará ahí si lo necesito. Del mismo modo que yo estaré ahí para ella si lo necesita.
—Hacéis buena pareja ¿Nunca te lo han dicho?— preguntó Mélanie.
—Si alguien lo dijo, ahora no lo recuerdo. La verdad— respondí.
—Despejado— dijo en ese momento Luci asomándose por una de las ventanas.
Volví a cargar con Mélanie y entré dentro del edificio que había escogido como base de operaciones. Una vez dentro, tumbé a Mélanie en un colchón y yo me acerqué a la ventana en la que se encontraba Luci. Cuando llegué me miró.
—Espero que tu plan funcione. Si nos atrapan aquí estaremos jodidos. A propósito ¿Cuál es el plan B?
—Que si las cosas se complican. Tu huyas de aquí llevándote a Mél. Yo los frenaré aquí. Me llevaré por delante a todos los que pueda— respondí lanzándole una mirada a Mélanie y descubriendo que se había quedado dormida casi instantáneamente. No puede evitar sonreír. Ella estaba muy cansada.
—Se supone que son más que nosotros. Vendrán muy preparados.

—Y confiados. Por eso les sorprenderemos. Cuando dije de venir aquí fue por que podemos usar este lugar en nuestro favor. No te preocupes. No se lo vamos a poner nada fácil.

sábado, 11 de febrero de 2017

NECROWORLD Capitulo 144

Día 9 de Noviembre de 2010
Día 864 del Apocalipsis…
8:00 de la mañana…

Luci apagó la hoguera y me miró, después volvió a mirar los cadáveres de los hombres  a los que  yo había matado.
—Es hora de irse de aquí. Ya hemos perdido demasiado tiempo. Estos no están solos.
Los tres salimos de la cueva y comenzamos a caminar por el bosque. Teníamos que alejarnos de allí lo más rápido posible.  Seguramente, tal y como Luci pensaba. Había más de esos hombres por la zona. Era evidente que nos iban buscando, quizás para darnos caza. Sobre todo, debíamos hacernos con armas para poder defendernos. No duraríamos mucho así, si nos rodeaban caminantes estaríamos perdidos.
Llegamos a la orilla de un rio y allí nos paramos a descansar. Teníamos hambre y necesitábamos comer algo, también necesitábamos beber agua. En la orilla del rio comenzamos a beber.
—¿Hay algo que podamos usar como botella?— preguntó Mélanie mirando  a nuestro alrededor. Sería bueno tener agua para más adelante.
—No se. Eso es algo que podría hacerse con cañas de bambú… Pero de eso no hay por aquí— respondió Luci. –Si pasamos por un pueblo, podemos pasar a ver si conseguimos algo que nos sirva. También comida, la poca que llevamos no nos durará para siempre.
Seguimos comiendo y cuando acabamos me puse de pie. Debíamos seguir, y para ello debíamos cruzar el rio. Me acerqué a la orilla y me fijé en que la corriente era muy fuerte. Iba a ser imposible cruzarlo a nado.
—¿Qué podemos hacer ahora? Esta corriente significa que hay una catarata cerca. No llegaríamos a la orilla nunca. Caeríamos antes— dijo Mélanie acercándose a donde yo estaba.
—Mirad eso— dijo Luci señalando hacia nuestra izquierda. Mél y yo nos giramos y entonces vimos lo que estaba señalando. —¿Lo veis?
Yo miré a través de las ramas de los arboles y vi una estructura. La cual debía quedar a unos seis kilómetros de donde estábamos nosotros. –Es un puente. Al menos eso creo.
—Si. Es un puente. Cruza todo el rio. Puede que esté en buenas condiciones. Si eso es así, podríamos usarlo. Venga, vamos.
Los tres nos pusimos en camino hacia el puente.
*****
Ross observaba los cadáveres de sus hombres. Estos habían sido mandados allí a vigilar a esos tres y habían encontrado la muerte. Algo que llenó a Ross de rabia. En ese momento escuchó gritos a su espalda y vio como otro de sus hombres trataba de llegar hasta los cuerpos. Era un hombre de más de cincuenta años.
—Dejadme pasar. Uno de ellos es mi hijo. Déjame verlo, Ross.
—Dejad que pase— dijo Ross mirando al hombre recién llegado.
El hombre llegó y se arrodilló junto al cuerpo de un joven. Enseguida abrazó el cuerpo y comenzó a gritar y a llorar –Lo han matado, esos cabrones lo han matado. Han matado a mi hijo— el hombre se levantó y miró a Ross. –Quiero que paguen por ello. Los quiero muertos.
—Son para venderlos. No vamos a matarlos— respondió Ross.
—Y una mierda que no. Deben pagar por esto. Mi hijo se merece un respeto.
—Tu hijo es un valiente que tendrá una fiesta en su honor cuando volvamos al cuartel general. Es así como vivimos. Vendemos a otros. No los matamos a menos que sea necesario.
—Esto es necesario. La venganza en mi necesidad— respondió el hombre.
—Si quieres vengarte de ellos me parece bien… ¿Puedes pagarlos?— preguntó Ross. Entonces el silencio del hombre lo hizo sonreír. –Ya lo suponía. Pues ya está. Recuerda a tu hijo como un valiente y vive por el.
En ese momento aparecieron dos hombres más. Uno de ellos se dirigió a Ross. –Hemos encontrado el rastro. Parece que se dirigen hacia el rio.
Ross se dio la vuelta y comenzó a caminar mientras impartía órdenes. –Todos a los vehículos. En dirección al rio. Pronto serán nuestros.
Ross y varios de sus hombres llegaron a los vehículos y se pusieron en marcha. Era un convoy de más de veinte vehículos. No tardarían en darles alcancé. Entonces, Ross recibió una llamada por el walkie talkie.
—Señor…— dijo una voz a través del walkie.
—Informe— respondió Ross cogiendo el aparato.
—Los tres objetivos se dirigen al puente. No tardarán en alcanzarlo. Podemos rodearlos e interceptarlos en el puente. No tienen escapatoria. Más arriba, cerca de la catarata hay otro puente. Podemos cruzarlo rápidamente y esperarlos al otro extremo.
—Muy bien. Adelantaros— respondió Ross. Seguidamente miró a su izquierda y  vio como varios vehículos del convoy tomaban otro camino. Entonces alzó la vista y vio los negros nubarrones que se acercaban, además de un trueno. Miró al conductor del jeep. –Esto se pone interesante. Me encanta cazar cuando hay tormenta.
—Y a mi señor. Me excita— respondió el conductor.
—Y a mi muchacho. Y a mi— respondió Ross mientras volvía a mirar los nubarrones que casi tenían encima. La tormenta avanzaba muy rápido.
*****
Luci, Mélanie y yo llegamos al puente. Este era grande, su estructura me recordaba al puente de Calatrava de Valencia. El rio quedaba a unos quince metros por debajo de nosotros. La corriente era más fuerte allí. El puente estaba casi vacío a excepción de algunos vehículos abandonados. Incluso un camión cisterna estaba medio colgando. Seguramente algún día acabaría cayendo. Pasamos junto a un coche y enseguida un No Muerto se estampó contra el cristal y comenzó a dar golpes.  Mélanie que fue la que más cerca pasó, se asuntó y dio un salto hacia atrás chocando conmigo.
—Tranquila. No puede salir de ahí. Aun lleva puesto el cinturón de seguridad y no tiene la fuerza suficiente para salir de ahí.— le dije para tranquilizarla. Observé al caminante y vi que era una chica, supe que lo era a pesar de que su piel estaba reseca. Aun tenía mechones de pelo negros y llevaba un top de color blanco, este estaba manchado de sangre. Aun podía verse el piercing que llevaba en el ombligo.
—No era más que una adolescente— dijo en ese momento Mélanie. –No podemos dejarla así— primero me miró a mi y luego a Luci.
—¿Qué quieres que haga? Acabar con ella es perder el tiempo. Ella ya ni siente ni padece. Andando— dijo Luci.
—Por favor. Me da pena verla así. Déjame la espada y lo hago yo.
Luci avanzó hacia nosotros. Sacó la espada y se la dio a Mélanie. –Hazlo rápido y sigamos— cuando vio que Mélanie dudaba, Luci la miró.  –Se supone que la idea es tuya. Se tu quien acabe con su sufrimiento. Adelante.
—Yo no… Yo…
En ese momento, Luci le quitó la katana a Mélanie. Abrió la puerta del conductor y clavó la espada en la cabeza de la muchacha No Muerta. Sacó la hoja, la limpió y miró a Mélanie. –Así es como debe hacerse. Ahora que ya lo hemos hecho, vámonos de aquí y no volvamos a hacer el paripé de el corazón humanitario— Luci comenzó a alejarse y escuchamos como murmuraba algo sobre Mélanie.
—Lo siento…— murmuró Mél. –Siento que esto os retrase, pero es que me daba pena verla así… Y… No se. Lo siento de verdad.
—¿Venís o que? Si la mojigata se quiere quedar que se quede— dijo en ese momento Luci. Eso hizo que le hiciese un gesto a Mélanie indicando que esperara  y yo caminé hacia Luci. Me paré frente a ella y esta me miró a los ojos.
—¿Se puede saber a que ha venido eso?— le pregunté agarrándola del brazo. –Ella no es como nosotros. Ella aun tiene humanidad, algo que las personas como tu y como  yo, hace tiempo que hemos perdido ¿Vas a odiarla por eso? Ella solo quería acabar con el sufrimiento de esa chica.
—Una chica que ya estaba muerta… Y claro que no es como nosotros. Las personas como nosotros sobreviven. Ella no lo hará si no espabila y se deja de chorradas. Con los caminantes hay que tener tolerancia cero y lo sabes. No podemos ir en plan buenos samaritanos.
Miré a Mélanie y luego volví a mirar a Luci. –Dale tiempo. Aprenderá con el paso del tiempo.
—Debe aprender ya o no habrá paso del tiempo para ella, por que estará muerta. ¿Qué estás mirando?— preguntó Luci en ese momento al ver que yo miraba hacia otro puente que quedaba un poco más lejos.
—Acabo de ver movimiento en ese puente— dije señalando. –Creo que eran vehículos.
Luci se dio la vuelta y entonces los vimos. Varios jeeps militares comenzaron a recorrer el otro puente. Luci me miró entonces. –Supongo que no son los nuestros ¿No?
—Para nada… Salgamos de aquí a la de ya— Me separé de Luci y comencé a caminar hacia Mélanie. Ella estaba mirando dentro de los vehículos.
—¿Qué pasa?— preguntó cuando me vio llegar. Iba a responderle cuando escuchamos un disparo y una flor roja se abrió en el muslo de Mélanie. Esta cayó al suelo y yo me lancé sobre ella arrastrándola buscando la cobertura de un coche. Mélanie gritaba y sollozaba a causa del dolor. Yo saqué la pistola con la que había logrado hacerme y miré a Luci, ella ya se había ocultado detrás de un coche.
—Me duele. ¿Me han disparado?—  preguntó Mélanie.
—Si— respondí mirándole la herida. –Dios… No hay orificio de salida. Se te ha quedado dentro.
—Hay que curarme. Necesito…
—Aquí no se curará. Hay que moverse. ¿Podrás?— busqué a Luci otra vez y la vi tumbada en el asfalto. Rápidamente le grité. —¿Ves desde donde nos han disparado?
—No— contestó Luci –El disparo vino de lejos. Tenéis que moveros.
Me arranqué un trozo de ropa y le hice un torniquete. –Con esto aguantarás.  Al menos eso espero. Voy a tener que llevarte en brazos— dije al tiempo que la levantaba en brazos— como pude, dejé caer la pistola al suelo y con el pie la empujé hacia Luci. Esta la cogió y me miró. –Le quedan muy pocas balas. Cúbrenos.
—Venga— me espetó ella.
Comencé a correr hasta donde estaba Luci y una vez allí tomé cobertura. Nadie nos disparó.
—No nos han vuelto a disparar. ¿Por qué será?— pregunté.
—No  pienso quedarme para averiguarlo— me respondió a mí. Entonces miró a Mélanie. —¿Y tu? ¿Puedes caminar?
Mélanie negó con la cabeza. –No sin ayuda.
—Pues vas a tener que hacerlo. Por que no podemos cargar contigo todo el rato. Se que  es duro, pero tienes que intentarlo. Tienes que hacer ese esfuerzo. Si eres fuerte, este es el momento de demostrarlo— Mélanie intentó ponerse de pie y cayó de bruces.
—No… No puedo— dijo ella.
—Yo cargaré con ella. Puedo hacerlo— dije mirando a mis compañeras.
—No podrás correr con ella en brazos. Serás presa fácil para esos.  No nos han vuelto a disparar. Nos quieren vivos— entonces Luci miró a Mélanie y luego a mí. –Llegados a este punto… No tenemos muchas más opciones.
—¿Qué estás insinuando?— pregunté. Me quedé un rato pensativo y entonces miré a Luci. –No. Ni hablar. No pienso dejarla aquí. Ella  irá a donde vayamos nosotros.
—Ella tiene razón. Ahora mismo solo soy un lastre para vosotros. Largaros. No  quiero que os cojan por mi culpa— dijo Mélanie con lágrimas en los ojos.
—Ni hablar. No te dejaré— respondí. La cogí en brazos y miré a Luci. –Vas a tener  que cubrirnos. En marcha.
Me puse en pie con Mél en brazos y comencé a  correr entre los coches abandonados. Luci iba a nuestro lado con la pistola en alto y apuntando en todas direcciones. Hubo un momento que se dio la vuelta y entonces gritó que nos tiráramos al suelo mientras ella disparaba. Miré hacia donde estaba disparando y vi a varias siluetas en el puente. Iban tras nosotros, pero no estaban disparando.
Luci disparó varias veces más hasta que se quedó sin balas. Entonces tiró la pistola. –Se acabó. Solo nos queda correr. Estamos a punto de alcanzar el otro extremo. Vamos— Luci cogió entonces a Mélanie y entre los dos la fuimos llevando. Estábamos a punto de alcanzar la otra parte cuando vimos un jeep aparecer. Allí se asomaron un par de hombres y nos apuntaron.
—Quedaros quietos y no os mováis.
No respondimos. En lugar de eso, nos dimos la vuelta y tratamos de volver sobre nuestros pasos, pero entonces vimos a más hombres y varios jeeps más.
—Rodeados. Estamos jodidos— dijo Luci desenvainando la katana.
Pensé rápidamente y entonces miré a mis compañeras. –No nos van a coger— dije mientras los hombres avanzaban hacia nosotros. –Tenéis que confiar en mí— ellas asintieron entre perplejas y preocupadas, pero aun así me siguieron cuando di pasos al frente y saltamos del puente los tres. Cayendo al agua y comenzando a ser arrastrados por la corriente.
La corriente era muy fuerte y aunque seguíamos bajo el agua juntos, estábamos siendo  arrastrados. Agarré fuertemente a Mélanie y comencé a nadar hacia la superficie. Logré emerger y miré hacia el puente. Allí vi a varios tipos, uno de ellos, el que parecía el jefe, me  miró directamente a los ojos y yo lo miré a el. En su mirada pude ver que esa no sería la última  vez que lo vería, supe que ese hombre no dejaría de perseguirnos.
—Juanma. La catarata— me dijo en ese momento Luci.
Era cierto, nos estábamos acercando peligrosamente hacia la catarata. Miré a Mélanie, la cual estaba semi consciente. La agarré con más fuerza y miré a Luci. –Intentemos alcanzar esa orilla.
Comenzamos a nadar con fuerza. Luci iba delante de mí. Ella no tenía que cargar con nadie. La corriente era muy fuerte, pero aun así, estábamos lográndolo.
—Ya nos queda muy poco— dijo en ese momento Luci agarrándome del brazo.
De pronto. Un tronco salido de la nada nos golpeó. Eso hizo que yo me separara de Luci y que soltase a Mélanie. El golpe fue tan fuerte que yo me hundí y fui golpeado por varias piedras. Volví a emerger a duras penas y miré a mí alrededor. No vi ni a Luci ni a Mélanie. Comencé a plantearme si no me había precipitado saltando del puente, pero tampoco podía permitir que nos cogieran esos tipos. Entonces escuché un grito y entonces vi a Mélanie unos metros por delante de mí. Con todas mis fuerzas comencé a nadar y logré llegar hasta ella, justo cuando pasábamos por debajo del segundo puente. Ya podíamos escuchar el ruido de la catarata.
—¿Dónde está Luci?— preguntó Mélanie.
—No lo se— respondí. Entonces agarré a Mélanie por las mejillas y la obligué a mirarme. –Escúchame. Agárrate con fuerza a mi espalda. Es importante que pase lo que pase no te sueltes de mí.  ¿De acuerdo?— ella quiso decir algo, pero yo no la deje. –Pase lo que pase, no te sueltes.
Llegamos a la catarata y entonces caímos. No se cuanto tiempo estuvimos cayendo, pero cuando caímos al agua, perdí el conocimiento.
*****
Ross observaba el caudaloso rio. Las presas habían logrado sobrevivir a la caída, y los habían perdido de vista después de que  un tronco los golpeara. Seguramente habrían muerto al caer por la catarata que había más adelante, pero iba a seguir buscándolos. No se iba a rendir. Ante todo, quedaba lo más importante, quería saber quien había sido aquel que había disparado y que había complicado las cosas.
—¿Quién ha sido el imbécil que ha abierto fuego? ¿Quién?— En ese momento, un chico joven se abrió paso empujando al hombre que había llorado la muerte de su hijo delante de la cueva. Cuando Ross lo vio, no pudo evitar avanzar hacia el y darle un puñetazo tan fuerte que el hombre cayó al suelo. –Pero… ¿Quién cojones te crees que eres? ¿Quién coño te mandó disparar?
—Ellos mataron a mi hijo…— respondió el hombre.
—¿Y que pollas me importa a mi eso? ¿Qué coño me importa a mi tu puto hijo? Solo fue un inútil que se dejó matar. Mis putas órdenes eran muy claras. No abrir fuego. Y vas tú, y te saltas mi orden a  la torera.
—Mi hijo…— en ese momento, Ross agarró al hombre y lo llevó a rastras hacia la cornisa del puente. Allí lo levantó por el cuello de la camisa y lo miró a los ojos.
—¿Quieres a tu hijo? ¿Lo quieres? Dime que quieres reunirte con el.
—Señor— replicó uno de los hombres de Ross.
Ross se dio la vuelta para mirarlo y hacerlo callar. Luego volvió a mirar al hombre. —¡¡¡Dilo!!!
—Quiero reunirme con el— dijo el hombre con lagrimas en los ojos.
—Muy bien— respondió en ese momento Ross. –Concedido— en ese momento, levantó al hombre y lo lanzó por encima de los hierros, haciendo que el cuerpo de aquel tipo se precipitara hacia las rocas de la orilla. Cuando chocó contra ellas, pudieron escuchar un golpe seco.
Todos miraron por encima del puente y vieron el cuerpo de  aquel hombre sobre unas rocas. Su cabeza estaba abierta como si fuera una sandia y la sangre comenzaba a caer al agua. Todos miraron en ese momento a Ross y este les devolvió la mirada.
—Quería estar con su  hijo. Pues ya están reunidos. Regresad a los vehículos y peinad toda la zona. Quiero encontrarlos, tanto vivos como muertos, me da igual, pero esto no ha terminado todavía. Es una orden… Y que sea la última vez que desobedecéis mis órdenes.
Los hombres de Ross se dispersaron y el volvió al jeep en el que solía ir. Justo en ese momento comenzó a llover con fuerza.
—¿De verdad cree que siguen vivos?— preguntó el conductor.
—Hay que buscarlos. Si están muertos quiero ver sus cadáveres. Soy un cazador y no dejo a mis presas hasta el final. ¿Viste la mirada de ese chico?
—No— respondió el conductor. –No la vi.
—En su mirada pude ver la determinación de la supervivencia. El es de los que no se rinde, de los que hace cualquier cosa para sobrevivir. Los tipos como el se creen superiores. Hay que demostrarle que no es así y que solo debe aceptar su sitio en este mundo.
******
Recuperé el conocimiento tumbado boca abajo a la orilla del rio. Estaba lloviendo. Me incorporé poco a poco y miré a ambos lados. Mélanie estaba tumbada a mi lado. Rápidamente me lancé sobre ella y le tomé el pulso. Afortunadamente respiraba todavía. Miré la herida y vi que el trozo de camisa con el que le había hecho el torniquete se le había desprendido. Rápidamente me arranqué otro trozo y le hice un nuevo torniquete.
No sabía que hora era, pero estaba haciéndose de noche. Podríamos haber estado allí horas. La levanté y la cargué a mis espaldas, enseguida noté un fuerte dolor en mi costado. Miré  y vi que tenía una rama clavada. Apreté los dientes  y me la arranqué. Tuve que contenerme para no lanzar un grito de dolor, pero aun así lo conseguí.
Comencé a caminar con Mélanie a cuestas. Yo quería ver si Luci estaba allí, pero no había manera de encontrarla. ¿Y si la habían cogido? Sacudí la cabeza para borrar esa idea de mi mente, Luci era muy fuerte y jamás se dejaría coger con vida. Seguí caminando mientras iba notando que el frio se apoderaba de mí. Tropecé y me caí de bruces. Mélanie rodó por el suelo  y ambos acabamos cubiertos de barro. Me levanté a duras penas y volví a cargar con ella. Teníamos que encontrar un lugar en el que guarecernos y entrar en calor para no morir de frio.
Recorrí varios  metros y me apoyé en un árbol para descansar. No iba a poder seguir así, totalmente dolorido, herido y muerto de frio. Dejé a Mélanie sentada y comencé a darle palmadas en la mejilla para que se despertara.
—Vamos. Despierta, no puedo cargar contigo. Yo también estoy herido. Por favor.
En ese momento ella abrió los ojos y me miró. Enseguida hizo una mueca de dolor. —¿Dónde estamos?
—Nos  estamos alejando de la orilla. No es seguro permanecer ahí. Esos tipos van a por nosotros. Ahora debemos preocuparnos por encontrar un sitio seguro… O moriremos de frio— le respondí. —¿Puedes andar? Por favor, necesito que lo hagas.
—Puedo intentarlo— respondió ella
Ambos nos sonreímos y yo la ayudé a ponerse en pie. Entonces comenzamos a andar apoyándonos el uno en el otro. Mientras caminábamos, la lluvia iba volviéndose más torrencial. Justo llegamos a un camino y allí nos paramos nuevamente.
—¿Hacia donde vamos?— preguntó Mélanie.
Miré a ambos lados del camino y luego la miré a ella. –El camino no creo que sea seguro. Debemos adentrarnos en el bosque, pero eso tampoco es que sea muy seguro que digamos. No tenemos muchas opciones.
—¿Y así como nos encontrará Luci? No sabemos donde está— dijo Mélanie. –Quizás…
No dejé que Mélanie terminara la frase. Le tapé la boca y rápidamente nos lanzamos a un lado del camino. Allí la obligué a tumbarse. Rápidamente cogí barro y comencé a untarla, después me lo puse yo. Me tumbé en el suelo y le hice la señal de que guardara silencio. No pasó mucho tiempo hasta que varios vehículos comenzaron a pasar por el camino. Yo pude contar hasta ocho vehículos. Nos quedamos un rato allí tumbados y cuando creí que el peligro había pasado, nos levantamos.
—¿Eran ellos?— preguntó Mélanie.
—Si— respondí a la vez que asentía. –Nos están dando caza.
Volvimos a adentrarnos en el bosque y a caminar entre la maleza. Ambos teníamos frio y estábamos tiritando.
—Lo siento todo. Lo siento mucho— comenzó a decir Mélanie.
—¿Qué es lo que sientes?— pregunté.
—Lo ocurrido en el puente… Lo del caminante y lo de forzarte  a dejarme. No logro acostumbrarme a este mundo. Luci tenía razón. Las personas como vosotros sobreviven, las personas como yo. No— comenzó a decir Mélanie. –Te prometo que si salimos de esta. Haré todo lo  que sea por volverme más fuerte y ser como vosotros. Una verdadera superviviente.
—Sobreviviste a lo del hotel… Y antes de eso sobreviviste al fin del mundo. Solo eso ya te convierte en una superviviente.
—No. No es cierto. Solo soy una más. Alguien que está viva gracias a los otros. Ahora mismo estoy caminando por que tú me estás ayudando. Si tu no estuvieras aquí, ya haría rato que estaría muerta. Vivo por que estás aquí.
—Ambos nos estamos ayudando mutuamente, por eso sobreviviremos los dos— respondí.
Llegamos a una zona de campo abierto. Entonces vimos  lo que parecía una caravana. Al verla aceleré el paso, tanto que incluso llegué a tropezarme. Caímos al suelo y enseguida volví a levantarme. Seguí caminando hasta que llegué a la caravana y abrí la puerta. Cuando lo hice, un caminante salió de un salto y se cayó sobre mí. Ambos caímos de espaldas y yo forcejeé con el. Este estaba a punto de morderme cuando de repente, Mélanie le pegó una patada, el  caminante se quitó de encima de mí y entonces pude ver como ella le machacaba la cabeza con una piedra. Ella entonces me miró.
—¿Ves como si que puedes?— me fui levantando y me apoyé en la caravana. Miré dentro y luego miré a Mélanie. –Está despejado— cogí de nuevo a Mélanie. Entramos dentro y cerré la puerta. Una vez dentro, tumbé a mi compañera en uno de los sofás. Rápidamente busqué en los armarios y logré encontrar un par de mantas. Una me la puse yo encima y con la otra envolví a Mélanie. –Lo primero será entrar en calor, después quiero que me guíes paso a paso para sacarte la bala.
Ambos tiritando nos acercamos el uno al otro y nos quedamos mirando por la ventana mientras la  lluvia seguía, los truenos se escuchaban cada vez más fuerte y la oscuridad iba invadiendo todo el descampado mientras yo rezaba por que Luci, estuviese donde estuviese, siguiese viva.
*****

Luci recobró la consciencia. Cuando abrió los ojos se encontró agarrada a las ramas de un árbol caído  cerca de  la orilla. Vio que era de noche y que estaba lloviendo. No sabía que hora era, pero le dio igual. Ella solo quería encontrar a sus compañeros. Nadó hacia la orilla que creyó que era la que querían alcanzar. Salió del agua y comenzó a correr por el bosque en busca de Juanma y de Mélanie… Y acabaría  con todo aquello que se cruzase en su camino.