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sábado, 28 de enero de 2017

NECROWORLD Capitulo 142

Día 7 de Noviembre de 2010
Día 862 del Apocalipsis
9.00 de la mañana en medio del bosque…

El grupo de la mansión Crawford encabezado por Eva había tenido que marcharse de la mansión a toda velocidad cuando una horda de caminantes  había aparecido de la nada. Todo aquello había ocurrido después de que todos, salvo Juanma, Luci y Mélanie, ellos seguían desaparecidos. Eso había provocado que el grupo se dividiera, y eso era un problema, faltaban varios de ellos y nadie sabía donde podrían estar.
Solos, sin comida y sin vehículos, Eva y otros se encontraban en medio del bosque lejos de Gray.
Juan y otros eran los que se encargaban de vigilar el improvisado campamento. Eva caminó observando a todos los del campamento. Jeremy, Beth, Cindy, Christian y Vicky estaban con Stephanie, Alicia y Nina. También se estaban ocupando de sus bebés. Mike, Juan, Johana, Katrina, David y Levine estaban vigilando para dar la voz de alarma si ocurría algo. Los dos científicos estaban sentados en un rincón, apartados de los demás, no eran de los que se relacionaban mucho con el resto. Silvia no había soltado a su hija todavía. Eva entendía muy bien aquello, esa era la primera vez que la veía después de mucho tiempo y darla por muerta. Siguió caminando y entonces vio a Yuriko junto a Sheila. La joven medico era la que más le preocupaba. Ella había visto morir a Rachel de forma cruel. Se acercó a ellas y se puso en cuclillas delante de Sheila.
—Sheila. Escucha— comenzó a decir Eva. Sheila la miró, entonces, Eva puedo ver que sus ojos estaban rojos y todavía llenos de lagrimas. No alcanzo a entender lo que estás pasando. Has vivido algo traumático y que nadie merece pasar, pero tienes que pensar ahora en ti. Rachel no querría verte así. Hazlo por ella. 
—Ella ya no está— respondió Sheila.  —La vi morir. Carlos la mató a sangre fría. Ese maldito monstruo… Y Juanma… No hizo nada. Dejó que ocurriera.
Eva no sabía que decir. Era cierto que Juanma había estado presente y que si hubiese disparado a Carlos en ese momento, quizás habría salvado la vida de Rachel. De hecho, Eva se podía imaginar el infierno que estaría pasando Juanma estuviese donde estuviese. Eva dejó a Sheila con Yuriko  y se fue a hablar  con el resto. Iban a tener que moverse.
Eva caminó hacia Silvia y se agachó para mirar a la pequeña. —Luci la llamó Lucia, no se si es el nombre que tu tenías pensado pero…
—Lucia está bien. No voy a cambiárselo… Y menos después de todo lo que ha hecho esa chica. Ella fue quien ha mantenido a mi hija con vida. Le debo mucho. Cuando la pueda ver se lo agradeceré. Eso es si es que sigue viva. ¿Se sabe algo de ellos?
Eva negó con la cabeza. —Nada. Juan y los otros están vigilando, pero no parece que haya nada ni nadie por  aquí cerca. En breves nos pondremos en camino. Lo malo es que no tenemos vehículos y tendremos que hacer todo el camino a pie. Al menos tenemos armas, aunque no muchas. Sin ellas si que podríamos  decir que estaríamos perdidos.
—Fue extraño. ¿Verdad?— dijo en ese momento Silvia. —Me refiero a como aparecieron esos caminantes. Aparecieron de repente… Y había muchos. Lo extraño es que no hicimos ruido. Es como si  supieran que estábamos ahí. ¿Crees que podrían estar volviéndose inteligentes? Piénsalo bien. No sabemos nada de estos seres, ni siquiera donde tienen exactamente su origen. Se supone que es algo vírico, pero… ¿Y si fuera otra cosa?
—Prefiero  no pensar  en ello. La verdad— respondió Eva. —Me dan escalofríos.
Estuvieron un par de horas más allí parados y enseguida se prepararon para el viaje. Según Johana estaban cerca de Juliette. Un pequeño pueblo en el que podrían establecer una base de operaciones y comenzar desde allí las búsquedas de Juanma, Luci y Mélanie.
—Escuchad. Propongo una expedición— dijo en ese momento Levine. —Vais hacia Juliette ¿No? Pues seguid. Me reuniré con vosotros allí. Me gustaría investigar un poco la zona, ya que ese rebaño no era normal. Había algo raro en ellos. Estaban como dirigidos a nosotros. También quiero ver si encontramos al resto del grupo. Puede que aun estén por la zona ¿Alguien me acompaña?
—Yo iré contigo— dijo David caminando junto a Levine. Katrina también lo hizo. —¿También vas a venir?
—Si. Quiero encontrar a mí hermano.  El tiene que estar en algún lugar en estos bosques— respondió Katrina.
—Muy bien. Pues en marcha—dijo Levine.
Levine, David y Katrina se despidieron de los otros y se separaron del grupo yéndose en la dirección contraria.
*****
Hacía poco más de una hora que se habían separado los dos grupos y Levine iba a la cabeza del suyo. Algo obvio, ya que el era el único capaz del grupo de caminar entre los muertos. Cada vez que David lo pensaba se sentía afortunado de  contar con el, de hecho, era en gran parte gracias a el que habían logrado salir de la mansión con vida. Aunque se habían separado de un grupo que huyó en autobús. Podrían estar en cualquier sitio, también estaba el hecho de que desde que habían salido del hotel no habían vuelto a ver ni a Juanma ni a Luci ni a Mélanie.
—¿Qué opinas?— le preguntó David a Katrina. —¿Crees que les encontraremos?
—Seguro que si. No hace mucho que conocí a mi hermano, pero hace lo bastante como para darme cuenta de que es fuerte. Seguramente está vivo en algún lugar y con las chicas.
—¿Sabes? Aun no logro hacerme a la idea de que seas su hermana. Nunca me lo hubiese esperado…Y la situación en la que os conocisteis… Es como si fuese cosa del destino.
—Yo también lo creo— respondió Katrina. —Nunca me lo imaginé pese a saber que tenía hermanos en alguna parte del mundo. Lo único es que uno de ellos, resultó ser un cabrón. Un cabrón que encima me violó. Me hubiese gustado matarlo con mis propias manos. Temo estar embarazada. Ojala pudiera saberlo.
—Al menos el ya ha pagado por todo lo que hizo— respondió David.
—¿Cómo  lo sabes?— preguntó Katrina. —No hemos vuelto a ver a Juanma.
—Si Carlos siguiera vivo ya lo sabríamos. El no es de los que dejan pasar las cosas. La última vez que lo vi. Juanma y el estaban cara a cara. Juanma sabía muy bien lo que estaba en juego. Estaban en juego nuestras vidas. Lo único que me preocupa es que Juanma también pueda haber muerto.
En ese momento, Levine se detuvo y les hizo una señal para que se ocultaran. David y Katrina corrieron hacia unos arboles y comenzaron a trepar rápidamente. Levine también lo hizo y se subió en uno que estaba cerca del suyo. No tuvo que pasar mucho rato antes de que el rebaño de caminantes comenzara a cruzar. Había tantos que era muy difícil contarlos.
—Van hacia el campamento. Voy a intentar desviarlos un poco. Vosotros regresad y advertirles del peligro. Aquí hay algo que me huele bastante mal— dijo Levine a medida que bajaba del árbol y comenzaba a caminar entre ellos. Este llegó hasta uno de ellos, lo cogió del brazo y tiró de el. Enseguida comenzó a silbar y más caminantes comenzaron a seguirle. Eso provocó que absolutamente todos aquellos seres comenzaran a seguirle. Cuando ya se habían alejado lo suficiente. Katrina y David bajaron del árbol.
—Es alucinante el como los maneja. Parece un pastor. Si nosotros intentásemos algo así, no duraríamos ni dos pasos.
—Venga. Regresemos tal y como nos ha dicho. Puede que los nuestros ya estén en Juliette.
*****
Eva y el resto del grupo llegaron a un  cartel donde podía verse lo que faltaba para llegar a Juliette. Se dio la vuelta para mirar al grupo y vio el cansancio en la cara de muchos. Especialmente en la de los niños. Y el frio iba en aumento.
—Ya nos queda poco. Nada más lleguemos podremos descansar— dijo Eva intentando subir los ánimos. Justo en ese momento, la pequeña Beth comenzó a toser y Mike pareció preocuparse. —Venga, adelante. Ya nos queda poco.
Todos comenzaron a pasar por delante del cartel. Todos menos Eva. Esta se descolgó la mochila del hombro y buscó algo en el interior. Segundos después sacó un rotulador y comenzó a escribir en el cartel con letras grandes: “JUANMA,  ESTAMOS EN JULIETTE”… Eva.
El grupo de Eva siguió caminando hasta que divisaron las primeras casas del pueblo. Nada más verlas, los mejores en armas del grupo se adelantaron y comenzaron a inspeccionar la zona mientras el resto del grupo esperaba en un sitio seguro.
El pueblo tenía muros y todos parecía que estaban en pie.  Lo único era que las puertas principales estaban abiertas. Eso les daba garantías de que quizás, no hubiese No Muertos allí.
*****
Juan, Johana y Mike entraron en una de las casas, una que tenía tres pisos de altura. Lo hicieron con cautela y alerta. Aunque nada más entrar advirtieron que no había olores que indicaran la muerte en aquel lugar.
—Parece despejado— dijo Mike.
—Eso parece, pero no hay que confiarse. Que cada uno se ocupe de inspeccionar uno de los pisos. Adelante— dijo Juan avanzando por el pasillo que tenían delante mientras Johana y Mike subían por las escaleras.
Juan recorrió todas las habitaciones una por una con el fusil preparado. No le quedaba mucha munición, pero le bastaba y le sobraba para abatir a cualquier ser vivo o muerto que habitara esa casa. Cuando vio que no había nada, volvió a las escaleras y se encontró con Johana y Mike.
—Todo despejado en mi piso— dijo Mike.
—Y también en el mío— añadió Johana.
—Aquí todo está bien. Traigamos a los otros.
Juan, Johana y Mike regresaron con el resto del grupo y Eva salió a su encuentro. —¿Cómo os ha ido?
—El pueblo en si parece despejado, pero lo comprobaremos mejor. De momento hay una casa que podéis usar para descansar. Seguidme— dijo Juan.
Eva y el resto del grupo fueron llevados a la casa que Juan y los otros habían inspeccionado. Nada más entrar, cerraron la puerta principal y pusieron delante un mueble.
Eva observó la casa, era bastante grande. En ella podrían quedarse unas cuantas horas, incluso días. Lo malo era que no tenían comida para nadie. Ni siquiera para los bebés.
—Podéis acomodaros. Aquí descansaremos al menos durante unas horas. Aquí esperaremos el regreso de Levine, David y Katrina— dijo Eva mirando a todos los demás.
Definitivamente, era ella quien estaba al mando del grupo en ausencia de Juanma, se sentía que lo estaba haciendo bien, pero aun le preocupaba Sheila. La cual no hablaba con nadie y se pasaba la mayor parte del tiempo con la mirada perdida. La vio pasar por su lado y meterse dentro del salón. Allí se tumbó en uno de los sofás y se hizo un ovillo.
—Ella no está bien— dijo en ese momento Vicky acercándose a Eva. —Me preocupa.
—Y a mi, pero no podemos hacer nada salvo vigilarla. Depende únicamente de ella superarlo. Ha sufrido un duro golpe.
—Vi lo que escribiste en ese cartel. ¿Crees que lo verá?— preguntó Vicky.
—No lo se. Simplemente lo puse ahí con la esperanza de que si por casualidad pasaba por aquí. Supiese que donde estamos. Supongo que soy bastante optimista.
—Yo también lo soy— afirmó Vicky. Hizo una pausa y entonces miró a Eva. —Quería pedirte perdón por las cosas que te dije en la mansión cuando no me dejaste ir con Johana. Tenías razón. Yo solo habría estorbado más.
Eva sonrió. —Te lo prohibí a ti y luego yo hice exactamente lo mismo que no quise que tú hicieras. Creo que soy muy hipócrita.
—Tal vez si. Bueno, voy con Jeremy, Beth y Cindy— dijo Vicky.
Vicky se alejó de Eva y entonces, ella sintió que las cosas habían cambiado mucho. Ya no se sentía igual, era como si parte de la fortaleza de Juanma estuviera en esos momentos en ella y entonces se dio cuenta de la enorme responsabilidad que significaba proteger a todo el grupo. En ese mismo momento, se juró a si misma que no dejaría que les ocurriera nada, bajo ningún concepto, al fin y al cabo, ella era en parte responsable de estar en aquella situación.
*****
Juan, Mike y Johana dejaron de nuevo la casa para ir a inspeccionar las otras mientras los demás terminaban de instalarse. Llegaron a una que había cercana y entraron. Era una casa muy parecida a la que habían ocupado.
—Igual  que antes. Cada uno  a una planta— ordenó Juan mirando a sus dos compañeros.
Los tres se dividieron e inspeccionaron la casa. No encontraron nada. Salieron de la casa y fueron a la siguiente. Con idénticos resultados.
Las horas avanzaban y también lo hacían ellos avanzando manzanas del pueblo. Finalmente llegaron a lo que parecía el ayuntamiento.
—Se nos hará de noche en breve. El pueblo parece vacio. Inspeccionaremos este lugar y volveremos con los otros. Al menos pasaremos la noche tranquilos. Mañana al amanecer, terminaremos de inspeccionar el lugar, pero creo que este lugar es tranquilo.
Los tres entraron  dentro a través de una ventana rota. El interior del hall no era muy distinto a lo que habían visto hasta ahora. Había muebles por el suelo tirados y papeles por todas partes. Había un cuadro con la foto de una mujer, esta imagen llamó mucho la atención a los tres. Alguien le había pintado cosas, en concreto, le habían pintado bigote, barba y un par de cuernos en la cabeza y habían pintado un poco los ojos de color rojo. También se podía ver lo que parecía una cola que acababa en punta.
—La alcaldesa supongo… Alguien no le tenía demasiado cariño. La han pintado como al mismísimo demonio. Me recuerda a mi profesora de historia… Valiente hija de puta— dijo Johana— esta vio entonces que Mike y Juan la miraban. —¿Qué? Yo también fui al instituto.
—Nadie lo puso en duda— respondió Juan.
—Además. Me follé a todo el equipo de futbol— dijo Johana con orgullo. —Todos unos inútiles.
—Ese era un detalle que creo que no necesitábamos conocer— respondió Juan yendo hacia un pasillo.
—¿Celoso?— preguntó Johana siguiéndole.
—¿Celos? ¿Qué es eso?— preguntó Juan con una  sonrisa.
Los tres fueron por un pasillo y llegaron a unas escaleras. Comenzaron a subirlas y llegaron al primer piso. Nada más llegar, vieron algo en la pared. Era un dibujo y Juan lo había visto antes. Se acercó a el y se dio la vuelta para mirar a sus compañeros.
—Ya he visto esto antes. Es un cuervo con las alas abiertas con dos  tibias cruzadas detrás de el, pero sigo sin saber que narices significa— explicó Juan poniéndole las manos por encima. Luego las retiró y se  miró las palmas. —No parece que sea muy antiguo, de hecho, parece  que tenga poco tiempo.
Mike se lo quedó mirando y tuvo una corazonada, miró entonces a Johana. —¿Puedes volver a la casa a por Silvia? Creo que se lo que puede significar. Deprisa, ve.
Johana se alejó corriendo y salió del ayuntamiento, entonces, Juan miró a Mike. —¿Cuál es exactamente tu corazonada?
—Creo que este símbolo pertenece a un grupo. A uno que se dedica a cazar personas— respondió Mike.
*****
David y Katrina estaban llegando a Juliette. Ellos corrían mientras la noche les iba cayendo  encima. Hacía horas que se habían separado de Levine, pero no les preocupaba. El contaba con algo que ellos no tenían. De repente, David escuchó algo y levantó el brazo.
—¿Qué ocurre?— preguntó Katrina.
David no respondió, simplemente cogió a Katrina del brazo y rápidamente se lanzaron a los matorrales, donde se escondieron debajo de las raíces de un árbol que había junto al camino. Ambos tuvieron que contener la respiración. No tuvieron que esperar mucho. Minutos después, escucharon el ruido de las botas de dos personas allí.
—Llámale y dile que estamos cerca de Juliette— dijo la voz de un chico. —Venga.
Hubo una pausa y entonces escucharon la voz de una chica. —Si. Soy yo. Estamos cerca de Juliette. Ese grupo, al menos parte de el está ahí… Si.  Durante la noche… Si, no interferir… Si, si… Lo se… Si. Adiós— David y Katrina se miraron el uno al otro y esta comenzó a sacar un cuchillo, pero David le cogió el brazo y negó con la cabeza.
—¿Qué cojones te pasa?— preguntó el chico.
—Que estoy harta de esto. De esta mierda. Estamos cazando personas. Joder, personas— respondió  la chica. Esto es…
—Es la forma que tenemos de sobrevivir. Nadie te obliga a ello, si estás con nosotros es por que apruebas todo lo que hacemos, pero si no estás de acuerdo, solo te queda irte, pero si te vas. Estarás por tu cuenta. ¿Quieres eso?
—No…— respondió la chica.
—Pues ya está. Ahora vamos a Juliette. Ya te conoces el camino…— dijo el chico.
David y Katrina se quedaron quietos y cuando estuvieron seguros de que se habían ido, salieron  de su escondite. David miró  a Katrina. —Tenemos que darnos prisa.
Ambos comenzaron a correr tratando de  evitar a aquellos dos. Era cierto que podrían acabar con ellos, pero no era una solución por que no estaban solos. La única solución era avisar a los otros y marcharse de Juliette.

Juliette…
20:15 horas…
Silvia ya estaba en el ayuntamiento y se quedó mirando el dibujo. —Claramente podría pertenecer a un grupo de cazadores de personas. Aunque el distintivo no me suena. Tampoco llegué a relacionarme con otros grupos  como el de A.J.
—¿Hay que preocuparse?— preguntó Johana.
—Probablemente si. Hay que avisar a los otros. Hay que contárselo todo e irnos de aquí.

*****
Algunos estaban comiendo lo  poco que tenían. Eva se había encargado de repartir la comida y agua entre aquellos que más lo necesitaban. Eso incluía a Sheila, pero esta no estaba a la vista. Buscó por toda la casa y no la encontró, fue hasta Stephanie y le preguntó.
—¿Has visto a Sheila?
—Me pareció verla antes subiendo las escaleras— respondió Stephanie mientras le daba una cucharada de puré a la hija de Silvia. —¿Va todo bien?
—Creo que no— respondió Eva.
Se alejó de Stephanie y subió corriendo las escaleras. Cuando llegó al piso superior llamó a Sheila, pero no tuvo respuesta. Iba a subir al tercer piso y entonces escuchó el sonido de un cristal romperse. Caminó hacia el baño y abrió la puerta. Al abrirla, se encontró con Sheila sentada en un rincón. Eva enfocó con la linterna y vio el espejo roto, luego  enfocó a Sheila y vio que tenía un trozo de cristal manchado de sangre en las manos.
—Déjame sola. Por favor…— pidió Sheila.
Con tranquilidad. Eva pasó al interior del cuarto de baño, cerró la puerta. Avanzó hasta poder apoyarse en el lavamanos. Entonces enfocó a Sheila  con la linterna. —¿Quieres hacerlo? Adelante. Yo no pienso impedírtelo. Depende de ti lo de ser una cobarde. Solo de ti.
—Tú no sabes nada… No puedes opinar. No tienes ni idea de lo que estoy pasando— respondió Sheila. —He perdido a la mujer a la que amaba.
—¿Acaso me conoces lo suficiente como para saber de mi? Lo único que sabes de mi, es lo que probablemente leíste en los informes de cuando llegamos  a Manhattan. ¿Acaso crees que lo conté todo? No seas ilusa. Yo tenía dos hermanas, mayores que yo… Y a ambas las perdí. Prácticamente fui testigo de ello. Se lo que es perder a  seres queridos tan bien como tu o cualquiera del grupo. No eres la única que ha perdido a gente. Comportándote así solo demuestras egoísmo. Puedes matarte si quieres, puedes cortarte las venas si así lo deseas, pero… ¿Para que? Dame un solo motivo, uno de verdad para que pueda llegar a entender esto. Todos queríamos a Rachel. Era una mujer increíble y buena, que para nada merecía morir como murió. ¿Crees que matarte tu cambiará algo? ¿Crees que matarnos cualquiera de nosotros hará que el tiempo vuelva atrás y que esto nunca hubiese ocurrido? Ojala fuera tan sencillo, pero no lo es.
—Dejaría de vivir en esta pesadilla constante. Dejaría de tener miedo cada día— respondió  Sheila.
—Dejarías de sentirlo todo— respondió Eva. —Los muertos no sienten. Y tu muerte nos afectaría a  todos aunque no lo creas. Eres la medico más brillante que he conocido. Sin ti, el grupo está perdido.
—Mélanie es medico también. Y Stephanie estaba aprendiendo. No me necesitáis.
—¿Ves a Mélanie por aquí? ¿Crees que Stephanie está preparada para operar en caso de que sea necesario? De ti dependemos la mayoría de nosotros. Además, se supone que llevas una carpeta con datos de la vacuna de Manhattan. ¿No recuerdas que querías seguir  trabajando en ella? Si sigues trabajando en ella llegará un día en que nos salvarás a todos, pero si te suicidas… No solo nos fallas a nosotros. También fallarías a Rachel. Investiga esa vacuna en su nombre. Que ese sea tu homenaje a ella. Matarte solo hace que le faltes al respeto a ella.
Sheila rompió a llorar en ese momento. —Déjame sola, por favor.
Eva se apartó del lavamanos y dejó escapar un suspiro. —Muy bien. Córtate las venas, haz lo que te de la real gana. Al fin y al cabo eso es solo decisión tuya— Eva abrió la puerta y antes de salir volvió a mirar a Sheila. —Cerraré la puerta por si decides matarte. No quiero que tu egoísmo nos mate a todos mientras dormimos. Mañana por la mañana, regresaré y en caso de que hayas tomado la salida del cobarde, te meteré una bala en el cerebro— Eva cerró la puerta y comenzó a caminar por el pasillo para regresar con los demás. Cuando llegó a los escalones escuchó el  llanto de Sheila.
Cuando Eva llegó a la planta baja, no solo se encontró con que Silvia, Johana, Juan y Mike ya habían terminado de inspeccionar las demás casas, si no también con que David y Katrina habían regresado.
—¿Dónde está Levine?— preguntó Eva.
—Se quedó atrás para desviar a un rebaño. Estará bien, pero escucha, es importante. Tenemos motivos para pensar que alguien nos está siguiendo, quizás desde antes de lo del hotel. No se lo que son, no se si son caníbales o cazadores, pero el caso es que van tras nosotros.
—Caza personas— dijo en ese momento Silvia. —Son un grupo muy similar  al de A.J. Cazan personas para después venderlas a otras comunidades. Allí los usan para cualquier cosa. Su símbolo es este— Silvia sacó un cuchillo y sobre mesa, hizo un dibujo en la madera. —Se trata de un cuervo negro con la alas abiertas sobre dos tibias cruzadas entre si.
—¿Los conoces?— preguntó Eva.
—No personalmente, pero conociendo las cosas que hacían A.J  y los otros. Dudo que estos sean amistosos. Si van tras nosotros es por que han visto algo en el grupo que pueda interesar a otras comunidades. Hombres para el trabajo, mujeres para que puedan procrear… No es para tomárselo a broma.
—Llevan siguiéndonos bastante tiempo al parecer. Puede que desde después de que recuperáramos el hotel. En la mansión Crawford había un pañuelo con ese mismo  dibujo— dijo Juan.
—Y también en el hotel— añadió Stephanie.
—Es un aviso a otros grupos. Significa que ellos nos vieron primero y que cualquier otro grupo que intente darnos caza, se las vería con ellos. Es una especie de código de honor o entre cazadores. Señalan a sus presas.
—¿Cuántos podrían ser?— preguntó Eva a Silvia.
—Eso es algo que ignoro. Puede que sean menos que nosotros y es por eso por lo que no nos han atacado todavía directamente. Lo de los caminantes en Gray… Me apuesto que fue cosa suya, quizás querían dividir al grupo— Silvia miró a su alrededor. —Y es evidente que más o menos lo han conseguido. Si van tras nosotros, es evidente que es posible que nos estén vigilando en estos momentos. No son estúpidos, no atacarán a menos que vean posibilidades. Tenemos que irnos de aquí.
—Está bien. Nos iremos mañana al amanecer. Hasta que nos vayamos, quiero ojos en cada una de las ventanas. Si se acerca alguien que no sea de los nuestros, abatidlo— ordenó Eva.
Todos asintieron y la reunión se disolvió. Las horas pasaban y Eva daba vueltas por la casa. Vio a Mike con sus dos hijos tumbados en uno de los sofás.  Jeremy dormía, pero Beth tosia mientras su padre le cantaba una canción en voz baja. Fue a donde estaban Vicky y los bebés. Los tres dormían plácidamente, pero le aterraba la idea de volver a emprender un viaje. Los niños eran demasiado jóvenes para viajar tanto y ahora dependían de ella y de sus decisiones. Eva solo esperaba no tomar decisiones equivocadas.

Día 8 de Noviembre de 2010
Día 863 del Apocalipsis…
08:00 horas de la mañana…

Eva llevaba horas despierta. La noche había transcurrido con total normalidad. Nada extraño había pasado. Todos comenzaron a levantarse y a prepararse, se acercaba el momento de partir. Aun así, ella tenía que hacer algo. Salió al salón y entonces se encontró con que Sheila había abandonado la soledad del cuarto de baño de la casa y había bajado. En esos momentos se encontraba mirando a Beth.
Eva se los quedó mirando y cuando Sheila la descubrió, movió los labios y Eva pudo ver que le daba las gracias. Después de eso, Eva salió de la casa con el rotulador en las manos. Cruzó las puertas del pueblo y se acercó a un cartel que había allí cerca. En el comenzó a escribir: “JUANMA, TENEMOS QUE IRNOS DE JULIETTE, VE HACIA EL NORTE… Eva”
Cuando Eva terminó de escribir. Vio a Silvia con su hija en brazos. —No se si es muy sensato ir dejando mensajes a Juanma. Teniendo en cuenta que nos siguen.
—Supongo que si nos siguen, da igual lo que ponga. Simplemente estoy dejándole pistas para que pueda encontrarnos.
En ese momento, ante ellas, venida directamente de entre los arbustos. Apareció una chica morena de ojos marrones. Esta vestía ropa de abrigo y en su cuello tenía un pañuelo donde se podía distinguir el dibujo que Silvia les había mostrado la noche anterior. El dibujo del cuervo. Entonces, Eva y Silvia le apuntaron con sus armas y la chica levantó los brazos.
—No me disparéis. No quiero haceros nada.
—¿Y por eso nos sigues con un grupo?— preguntó Eva. —Sabemos que perteneces a un grupo de cazadores de personas. Tu pañuelo te delata.
—Pertenezco a dicho grupo, pero no quiero haceros daño. Estoy con un compañero a unos cuarenta metros de aquí. Nos han mandado seguiros, pero yo no quiero.
—Me da igual lo que digas. ¿Acaso piensas que por decirnos eso vamos a dejar que vengas con nosotros?— preguntó Eva.
—No quiero ir con vosotros. Solo os estoy diciendo que hay un compañero mío aquí cerca. Lo que quiero es que os vayáis. Solo os estamos siguiendo nosotros dos. Si os vais ya, lo despistareis.
—¿Se supone que tenemos  que creerte?— preguntó Silvia. Entonces la chica miró a la pequeña Lucia y Silvia se percató de ello. —Ni la mires.
—Yo también tenía una hija… Murió.
En ese momento, un chico armado con dos pistolas salió  de los matorrales y les apuntó, después le sonrió a la chica. —Bien hecho Mandy. No son todos, pero por el momento estas dos y la cría nos valen— el chico se dirigió a Eva y Silvia. —Ahora haced todo lo que os digamos y no os pasará nada de nada. ¿Queda claro?
Antes de que Eva o Silvia pudieran responder o hacer nada. En la cabeza del chico se abrió un agujero rojo y también ocurrió lo mismo en la cabeza de la chica. No escucharon los dos disparos, pero si que vieron a Vicky salir por las puertas del pueblo mientras sostenía su pistola con silenciador.
—¿Quiénes eran estos?— preguntó Vicky.
—Ya no importa. Es hora de irnos de aquí— respondió Eva.
Las tres regresaron al interior del pueblo y Eva miró una última vez el mensaje que había dejado, mientras pensaba que ojala Juanma lo viera. Entonces regresó al cartel y puso una frase más: “TEN CUIDADO, CAZADORES SIGUIENDONOS”

13:00 horas del medio día…
A cinco kilómetros de Juliette…

Me quedé plantado delante de un cartel. En el se podía leer un mensaje que iba dirigido a mi. Un mensaje que había dejado Eva.
“JUANMA,  ESTAMOS EN JULIETTE”… Eva.

Eso me dio esperanzas, mi mujer, mis hijos y el resto del grupo estaban cerca. Ya quedaba menos para reunirnos.

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