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sábado, 29 de octubre de 2016

NECROWORLD Capitulo 133

Día 27 de Octubre de 2010
Día 850 del apocalipsis…
Hotel…

Entré en la enfermería con Sheila en brazos y Mélanie que estaba en ella se sobresaltó, pero cuando me vio cargando con Sheila, enseguida se puso en marcha. Se llevó rápidamente las manos al cabello y comenzó a hacerse una coleta mientras me guiaba hacia la camilla donde debía tumbar a Sheila. Una vez la tumbé, Mél miró a Stephanie.
—Necesito que me ayudes Stephanie. Los demás esperad fuera— ordenó rápidamente Mélanie.
Salí de la enfermería y me encontré con varios del grupo. Los cuales me habían visto entrar con Sheila en brazos.
—¿Esa era Sheila? ¿Qué le ha pasado?— preguntó Tamara.
—¿Y donde están los demás? Los que se fueron con ella— añadió Arianne.
No sabía que responder. Lo cierto es que había cogido a Sheila en brazos nada más ver que era ella. Todo había ocurrido tan rápido que ni siquiera me había parado a mirar si venía alguien más con ella. No respondí a las preguntas, comencé a recorrer el pasillo a paso rápido, me dirigí al exterior mientras cargaba el arma, enseguida me crucé con David y Juan.
—Vamos a salir fuera. Acompañadme— les espeté.
Ellos se miraron y enseguida me siguieron. No tardaron en alcanzarme. —¿Qué está pasando?— preguntó David.
—Sheila y otras cinco personas salieron de aquí para ir a Las Vegas, pero solo regresó Sheila. Vamos a ver si están los demás ahí fuera o por si lo contrario, alguien de Las Vegas la ha seguido.
Llegamos a las puertas y Faith nos abrió. Los tres salimos y comenzamos a observar los alrededores. No se veía a nadie. Volvimos al lugar donde había caído Sheila, esperaba encontrar algo, pero no había nada. En ese momento escuchamos un ruido a nuestra derecha y los tres apuntamos, pensamos que podría ser alguien vivo, pero no era más que un caminante al que David se encargó de abatir.
—No hay nadie— dijo Juan. –Si hubiera alguien ya lo sabríamos, para bien o para mal. Ella llegó sola hasta aquí. Les ha pasado algo y me temo que solo Sheila será capaz de decirnos que ha ocurrido. Regresemos al hotel.
Los tres comenzamos a caminar de regreso a las puertas del hotel. Yo iba pensando en que podría haber ocurrido, sobretodo, pensaba en Katrina y en que Cindy de momento no se enterase de que su madre no había regresado. Cuando cruzamos las puertas miré a Faith.
—Quiero de tres a cuatro personas en cada una de las torretas, mirando en todas las direcciones. También quiero a dos francotiradores en la terraza del hotel.
Yuriko también se acercó allí. —¿Qué está pasando?
—Puede que suframos un ataque en las próximas horas. Quiero a todo el mundo preparado— respondí. Avancé hacia la entrada mientras David y Juan se encargaban de organizar las vigilancias. Nada más entrar en el interior del edificio, vi a Cindy y a Vicky jugando con su gatito. Entonces llamé a Vicky y esta se acercó corriendo. Yo me agaché para ponerme a la altura de sus ojos. –Ha ocurrido algo. Del grupo que salió hacia Las Vegas solo regresó Sheila. No sabemos nada ni de Cloe, ni de Silvia, ni de Rachel, ni de Dylan, ni de tía Katrina. No sabemos que puede haberles pasado, no lo sabremos hasta que Sheila se despierte.
—De acuerdo— respondió Vicky asintiendo.
Entonces le puse la mano en el hombro a mi hija. –Te lo digo para que trates de que Cindy no se entere de que su madre no ha vuelto. De momento no hay motivos para que se preocupe. ¿De acuerdo?— pregunté finalmente.
—De acuerdo… Pero… ¿Y nosotros? ¿Tenemos motivos para preocuparnos?
Yo asentí. –Probablemente si— Me despedí de mi hija, la cual regresó corriendo junto a mi sobrina.
Bajé a la planta baja del hotel y me dirigí hacia donde teníamos las armas. Nada más entrar apareció Laura allí también. Desde que habíamos recuperado el hotel nos habíamos dado cuenta de que aquellos tipos habían estado malgastando la munición disparando a latas de refresco o caminantes que ellos mismos atrapaban. Eso había reducido nuestro arsenal.
—Quiero que tu te ocupes de que cada uno de los habitantes de aquí lleve un arma con el. Cuando Sheila se despierte y pueda hablar con ella, si la cosa es como pienso, quiero convocar una reunión. Ahí os explicaré el plan a seguir, pero ya te adelanto que la cosa no pinta bien.
Una hora después, Stephanie vino a buscarme para que fuera a la enfermería, Mélanie quería hablar conmigo. Acudí rápidamente y cuando entré me encontré con que Sheila seguía inconsciente.
—¿Aun no se despertó?— pregunté.
Mélanie negó con la cabeza y comenzó a explicarme la situación. –La he inspeccionado de arriba abajo. No tiene señales de agresión sexual. Nadie la ha violado. Solo está algo deshidratada y probablemente tenga un hambre de lobo cuando se despierte. Aparte de eso, solo tiene los dedos de la mano izquierda rotos. A juzgar por las esposas que cuelgan de su mano derecha… Diría que ella misma se los rompió para poder liberarse.
El hecho de que no la hubiesen violado me aliviaba, pero había otra cosa que me preocupaba. Las esposas, si había estado esposada, significaba que había sido prisionera, y si ella lo había sido, era probable que las demás también.
—¿Cuándo calculas que despertará?— pregunté.
—Es difícil saberlo con exactitud. Está agotada, podría estar así horas o despertarse de un momento a otro. Puede que ni siquiera despierte hasta mañana— respondió Mélanie.
—Nosotras vamos a estar vigilándola en todo momento. Si se despierta te avisaremos. Tú haz lo que tengas que hacer. Tranquilo, puedes confiar en nosotras— dijo Stephanie.
Yo le acaricié a Stephanie la mejilla en señal de agradecimiento. –Gracias. Lo se— En ese momento saqué dos pistolas y se las di, una a cada una. –Quiero que las llevéis en todo momento. Puede que… Es lo que pienso… Pero lo tenéis que saber. Puede que ella fuese liberada a propósito para que regresara aquí. Así ellos la seguirían y llegarían hasta nosotros. Hay que estar preparados para que no vuelva a ocurrirnos lo mismo.

21:00 horas de la noche…

Mélanie estaba sola en la enfermería vigilando a Sheila mientras cenaba. Los demás estaban todos en el salón cenando. Era su turno y Stephanie iría a relevarla a las once de la noche. Cuando terminó de cenar, decidió continuar con el inventario. Se levantó del taburete y fue a coger la libreta, justo cuando la consiguió y se dio la vuelta, se encontró con que Sheila estaba recobrando el conocimiento, pero parecía asustada. Rápidamente, Mélanie dejó la libreta y se dirigió a su compañera, eso hizo que Sheila se sobresaltara un poco al no distinguir todavía donde estaba ni con quien.
—Tranquila. Soy yo, no te preocupes. Soy yo, Mél— dijo Mélanie con voz amable. –Estás bien. Estás en el hotel.
Sheila alzó un poco la cabeza, miró a su alrededor y volvió a apoyar su cabeza en la almohada. —¿He estado inconsciente? ¿Cuánto tiempo?— preguntó.
—Unas cuantas horas. Te hemos inspeccionado Stephanie y yo. Estás bien. Solo tienes los dedos de la mano izquierda rotos, nada grave— respondió Mélanie. –Ahora es conveniente que descanses— Mélanie se agachó y cogió la botella de agua que tenía guardada para cuando Sheila se despertara, le quitó el tapón y se la ofreció. Enseguida, Sheila comenzó a beber rápidamente. Cuando terminó volvió a recostarse. –Voy a ir a por algo para que comas, vengo aho… —Mélanie no terminó la frase, Sheila la agarró del brazo.
—Necesito hablar con Juanma. Ahora.
*****
Me encontraba en el salón cenando junto a todos los demás. Estaba a punto de terminar cuando vi a Mélanie irrumpir en el salón. Algunos se la quedaron mirando como avanzaba hacia donde yo me estaba. Cuando estuvo delante de mi, se inclinó y me habló al oído.
—Sheila quiere verte. Se ha despertado. Creo que es importante.
Sin pensármelo dos veces, me levanté de la silla y seguí a Mélanie hasta la enfermería. Cuando entré, vi a Sheila tumbada en la camilla. Nada más verla, caminé con paso firme y la abracé con fuerza. No podía ocultar, ni siquiera en esos momentos, lo feliz que estaba de verla bien.
—Me alegro de que estés bien— le dije. –Mél me ha dicho que necesitas verme. Que quieres decirme algo.
—Si. Es importante. Logramos llegar a Las Vegas, pero una vez allí todo se complicó. No se como sucedió, pero fue muy rápido— comenzó a decir Sheila. –Antes de que nos diéramos cuenta ya nos habían capturado.
—¿Y las demás?— pregunté yo.
—Siguen vivas, todas menos Cloe. Ella murio. Al menos lo estaban cuando me sacaron de allí. Cinco hombres me custodiaban con la intención de que los guiara hasta vosotros.
—¿Y donde están esos tipos?— preguntó Mélanie cruzándose de brazos detrás de mi.
—Muertos. Un grupo de caminantes los masacró. No puedo decir que lo lamente. Gracias a eso logré escapar. Ahora hay algo que debes saber. Ahora mismo, y aun no se por que… Es tu hermano quien está al mando en esa ciudad.
—¿Mi hermano? ¿Y que ha pasado con Dorian?— pregunté.
—Lo poco que sabemos es que lo echaron de Las Vegas—  respondió Sheila. –Ahora mismo Dorian no importa. Lo importante es que Carlos nos ha estado torturando… Y es posible que ya sepa donde estamos… Y si lo sabe… Es posible que estén preparándose para venir o incluso ya estén de camino. Carlos únicamente quiere algo, más bien a alguien…
—¿A quien?— preguntó Mélanie. Todo aquello era nuevo para ella.
—Quiere a Eva— respondí adelantándome a la respuesta de Sheila. –A Eva y a los bebés.
—No solo eso. También quiere a Vicky. Aunque no se el porque a ella también. Lo único que se es que si viene hasta aquí. No se las llevará por las buenas, por que te quiere a ti muerto. Es un monstruo.
—A ver si lo entiendo, tienes un hermano que te quiere muerto— dijo Mélanie. —¿Y que por alguna extraña razón quiere a tu mujer e hijos.
—Nathan y Shanon son hijos suyos. Hubo un tiempo que me tomaron por muerto y Eva tuvo un desliz con el. Desde ese momento cree que Eva le pertenece— le expliqué. –Aunque no logro entender para que quiere a Vicky.
—La respuesta es sencilla— la voz de Luci nos sobresaltó a todos. Nos giramos y la vimos en la puerta. Seguidamente entró en la enfermería. –El hecho de querer a Vicky es por que solo a partir de ella o de mí. Pueden sacar una vacuna más perfecta. La que os administraron a vosotros no es de efectos permanentes. Podrían haberla sacado a partir de mi sangre, pero lo que Carlos quiere es a alguien a quien pueda dominar. Ósea, a una niña— Luci me miró. –Tu hermano es un hijo de puta chalado. Si lo que dice Sheila es cierto y ya saben que estamos aquí… Que no te quepa duda de que vendrán y lo harán armados. Dispuestos a arrasar este lugar.
—Luci tiene razón. Si Carlos viene aquí… Reducirá este sitio a cenizas. Lo haría aunque cedieras y le entregaras a Eva y a los bebés— añadió Sheila. –También matará a los rehenes… Si no es que lo hizo ya.
Me quedé un rato pensativo y entonces miré a Luci. –Estoy pensando en algo, pero será arriesgado. Pero quiero saber si puedo contar contigo. Se que lo has pasado mal y si dices que no… Lo entenderé.
—¿En que piensas?— preguntó Mélanie.
—Puede que no sirva de nada… Pero quiero intentar hablar con el. Convencerle de parar esto. Es mi hermano al fin y al cabo. Quizás pueda…
—Si te plantas delante de la puerta de su casa, si de verdad te quiere muerto… No te dejará hablar. Te matará nada más te vea… Y luego vendrá aquí a por Eva— replicó Mélanie tratando de convencernos de que lo que pensaba hacer era una locura.
—Pasará de todos modos si esperamos aquí a que venga— respondió Luci mirando a Mélanie. Entonces me miró a mí. –Si vamos a hacerlo. Adelante. Si partimos pronto, estaremos allí en las puertas al anochecer de mañana.
—Pues preparemos esa maldita reunión— respondí mientras caminaba de vuelta al hall. No podía dejar de pensar en Katrina. Todos los que estaban allí prisioneros me importaban, pero Katrina era mi hermana. Me negaba a pensar que Carlos pudiera haberla matado, de hecho, si ella había sido lista, a esas alturas, Carlos sabía que era su hermana. Quizás eso, detuviese su mano si pensaba en matarla. Quería pensar que en mi hermano aun quedara algo de lo que una vez fue.

Las Vegas…
22:45 horas de la noche…

Carlos estaba pletórico. Por fin sabía donde estaban su hermano y Eva. De hecho, había conseguido sacar más detalles. El lugar exacto donde estaba el hotel y que Eva no había tenido un hijo. Si no dos, un niño y una niña. Eso lo hacía inmensamente feliz. Iba a tener por fin una familia.
—Te traigo la cena querida hermanita— dijo Carlos entrando en la habitación en la que había metido a Katrina tras la confesión. Nada más entrar, vio a esta tumbada en la cama. –Venga, levanta. Tienes que comer algo.
—No tengo hambre— respondió Katrina. –Puedes irte.
—No digas eso. Se que hemos comenzado con mal pie, pero ahora que ya dijiste lo que quería saber, todo irá mejor para ti y las otras dos. Te doy mi palabra de que no las he matado. Siguen encerradas, pero a salvo. A ti te puse aquí por que eres mi hermana y debes tener lo mejor.
En ese momento, Katrina se levantó y miró a Carlos. —¿Lo mejor? Lo mejor sería estar de vuelta en nuestro hogar, con mi hija. Lo mejor sería que nada de esto hubiese pasado o que solo hubiese conocido a Juanma.
—No seas así. Aunque no te lo creas, has salvado la vida de muchos— respondió Carlos.
—¿Se supone que debo creerte?— preguntó Katrina. —¿Cómo se que no matarás a todos cuando llegues al hotel? Al fin y al cabo, a ti solo te interesa Eva, sus hijos y Vicky. A los demás no los necesitas. Y tampoco te importa Juanma.
—Te doy mi palabra— dijo en ese momento Carlos. –Si ceden a lo que les pediré. No pasará nada, pero si ellos iniciasen un ataque, tendré que responder. No soy estúpido.
—¿Y por que no nos sueltas ya? Ya sabes lo que querías. Ya no nos necesitas— replicó Katrina. –Déjanos ir.
—No puedo hacer eso Katrina. Lo siento— respondió Carlos. –Es esencial que permanezcáis conmigo. Vosotras sois la clave, por que seréis la moneda de cambio, vosotras tras a cambio de Eva, mis hijos y Vicky. Juanma no tendrá más remedio que ceder a lo que le pido. Tendrá que hacerlo.
—¿Crees que Juanma cederá a eso?— preguntó Katrina estupefacta. –Nunca lo hará. Nunca te dará a su familia.
—Eso ya lo se, pero si no lo hace. Amenazaré con mataros. Eso lo hará pensárselo un poco. No quisiera tener que hacerlo, pero hay veces que no hay más remedio para según que cosas.
En ese momento, Katrina cogió a Carlos de las manos. –Por favor. Tienes que prometerme que no les harás daño y que tratarás de llegar a un acuerdo no violento con Juanma. El sabe que los hijos son tuyos y no creo que quiera alejarte de ellos. Eres el padre y nuestro hermano.
—No puedo hacerte esas promesas, por que se como es el, pero haré todo lo que esté en mis manos para que la cosa no termine en un baño de sangre, pero esto ya no solo se trata de mi. Varios hombres vendrán conmigo y no puedo parecer débil ante ellos. Si Juanma me ataca, me defenderé.
—¿Y cuando pretendes ir?— preguntó Katrina.
—Estas cosas requieren su preparación. Pero creo que en unos cuantos días podremos ponernos en marcha. Ahora como algo. Yo tengo cosas que hacer, mañana por la mañana vendré a verte otra vez y espero que podamos empezar a tener esa relación de hermanos— Carlos se levantó y salió de la habitación dejando sola a Katrina.
Ella no se terminaba de fiar de el. Tenía la sensación de que Carlos se guardaba un as bajo la manga, y eso lo hacía extremadamente peligroso. Todos estaban en peligro.

Día 28 de Octubre de 2010
Día 851 del apocalipsis…
00:15 horas de la noche Hotel…

Todos estábamos reunidos en el salón. Todos a excepción de los niños, Alicia, Eva y Stephanie. Las cuales, más o menos estaban enteradas de todo, por lo tanto no era necesario que estuvieran presentes, era mejor que se quedaran cuidando de los niños, los cuales no quería que se enteraran de nada, aunque Vicky si lo sabía, en el caso de Cindy eran razones obvias. Si se enteraba de que Katrina podía estar muerta, las cosas podrían complicarse un poco.
Los observé a todos y comencé a hablar. –Supongo que todos sabéis por que estáis aquí ya. Como todos sabéis, hace unos días, seis personas de nuestro grupo partieron hacia Las Vegas para buscar a la hija de Silvia. No sabíamos nada de ellas hasta que esta tarde apareció Sheila— dije señalando a Sheila, la cual estaba sentada en una silla. Todos la miraron y ella mostró una mueca de incomodidad. –Según me informó, es mi hermano Carlos quien está al mando allí y tiene a Dylan, Rachel, Silvia y Katrina todavía como rehenes.
—¿Y que pasa con Cloe?— preguntó en ese momento Alexandra.
—Cloe murió— respondí tajantemente. –Lo siento.
Alexandra y las demás supervivientes de Portland se miraron, todas afectadas por la noticia. Ellas conocían bien a Cloe.
—¿Se sabe quien la mató?— preguntó en ese momento Faith.
—Según parece la mató Silvia, pero tuvo una buena razón— respondí.
En ese momento Sheila entró en escena. –Cloe fue golpeada brutalmente mientras la interrogaban. Hasta el punto que la dejaron tan mal que no podía ni andar. Ella le pidió a Silvia que la matara.
—¿Y como sabes eso?— preguntó Alexandra. –Podría ser una invención de Silvia.
—No tenemos motivos para dudar de ella. Si Silvia dijo que sucedió así es por que ocurrió así— respondió Sheila tratando de justificar los actos de Silvia.
—No es para eso para lo que he convocado esta reunión— les interrumpí –Lo que quiero hacer es ir a Las Vegas a intentar evitar que esto estalle demasiado. Carlos sabe donde estamos y es evidente que vendrá. Lo conozco demasiado bien, pero esta vez quiero adelantarme y tratar de llegar a un acuerdo con el. Tratar de evitar una guerra.
—Carlos quiere una guerra— dijo en ese momento David. –El es así. No le importa nadie salvo el. Intentó matarnos a Alicia y a mi, pero si vamos. Quizás puedas hacer algo, al fin y al cabo eres su hermano mayor. Puede que logres convencerle, pero no deberías hacerte demasiadas ilusiones.
—Eso ya lo se. Yo estoy decidido a intentarlo, pero no puedo hacerlo solo. Necesitaré voluntarios que me acompañen. Solo… Lo único que conseguiré es que me mate antes de que pueda abrir la boca, pero no quiero obligar a nadie a hacerlo. Quiero que seáis vosotros quienes decidáis quien quiere venir.
—¿Cuándo se partiría?— preguntó Stacy.
—Al amanecer— respondí.
—Yo iré con el. Ya lo he decidido. Si la cosa se torciera, no quiero perderme la oportunidad de decapitar a ese cabrón— dijo Luci levantando la mano.
Comencé a mirarlos a todos, uno por uno. No quería obligar a nadie, pero necesitaba un buen numero de acompañantes por si las cosas se nos complicaban una vez allí, al fin y al cabo, íbamos a plantarnos delante de las puertas de una ciudad en la que mi hermano, el que me odiaba a muerte, tenía bajo su mando.
David levantó la mano y después lo hizo Yuriko. Enseguida también lo hicieron Mike y Alexandra.
—¿Qué coño? Yo me apunto— dijo Juan poniéndose en pie y caminando para ponerse a mi lado. Este entonces se inclinó y me habló al oído. –Espero que sepas lo que haces.
Nadie más pareció apuntarse, así que continué hablando. –También intentaré que Carlos libere a los rehenes. Si todo sale bien, estaremos aquí de regreso con nuestras compañeras.
—¿Y si no sale bien?— preguntó Nina.
—Entonces deberemos prepararnos para una inminente guerra— respondí. Entonces algunos comenzaron a hablar entre ellos. Todos sabían lo que significaba una guerra. Podríamos perder de nuevo nuestro hogar, pero esta vez de forma permanente. –Aun así, no debéis preocuparos por que estamos preparados para ello. Esta visita debe ser también para ganar tiempo, por que el aun no ha salido de Las Vegas. Si vamos, mientras lo mantenemos allí, eso os dará una oportunidad a los demás para prepararos.
—Pero aquí no todos sabemos usar un arma. Yo ni siquiera se disparar. Nunca he matado a nadie— dijo en ese momento la doctora Susy Brown.
—Ya he pensado en eso— respondí. –Se muy bien que aquí hay gente que no sabe luchar. Por eso a esas personas les doy dos opciones. Seguir un curso intensivo de supervivencia o simplemente irse a otro lugar a esperar a que todo esto pase. Será allí a donde enviaré a los más jóvenes. Por aquí cerca hay casas.
—Yo conozco un lugar— dijo en ese momento Johana mirando a Nina.
—¡¡¡La mansión Crawford!!!— exclamó en ese momento la muchacha pelirroja. –Allí cabe bastante gente. Tiene túneles subterráneos en los que podemos ocultarnos si ocurre algo.
—Exacto— añadió Johana. –Puede que aun queden caminantes, pero no creo que sea algo que no podamos limpiar en poco tiempo. Puedo coger un autobús, meter a los críos allí y llevarlos.
—Muy bien. Nina y Johana os dejo al mando en ese asunto. ¿Cuándo podéis partir?
—Al amanecer— respondió Johana.
—Muy bien. Prepáralo— respondí. –Muy bien. Ya está todo más claro. Los que no se vean capaces de luchar, serán los que se vayan con ella a esa casa. Necesito que dos o tres personas con conocimiento sobre armas de fuego vayan con ellos. Corey, Scott y Paula. Os he visto en las prácticas de tiro que hicimos hace unos meses. Creo que seríais los más adecuados para ello. Recordad que tenéis niños bajo vuestra protección.
—¿Es una orden?— preguntó Corey.
—¿A ti que te parece?— se adelantó preguntando Luci.
—Entonces ya está todo claro. Mañana al amanecer, partiremos. Queda terminada la reunión.

*****
Todo estaba claro y preparado, al día siguiente, mientras unos se quedaban en el hotel para defenderlo, los demás partiríamos en dos direcciones, un grupo dirigido por Johana y Nina se irían a la mansión de la que había hablado Johana, el grupo encabezado por mi haría lo más difícil, ir hacia Las Vegas.
Subí a la habitación con intención de dormir un poco. Cuando entré, me encontré con Eva sentada en la cama, los dos bebés dormían tranquilos en su cuna. Al verme entrar, ella se dio la vuelta para mirarme. —Ya estoy al tanto de todo. Se lo que haréis.  
Yo me senté a su lado y le pasé el brazo por encima del hombro, la acerqué a mí y ella apoyó la cabeza en mi pecho. –Es lo único que podemos hacer de momento. Solo así podré teneros protegidos pase lo que pase. Por mucho que llegue al hotel no os encontrará.
—¿Crees que podrás convencerlo y llegar a un acuerdo? Sabes muy bien que querrá matarte nada más te vea— preguntó Eva.
—Francamente no lo se. El asunto no pinta demasiado bien, pero mientras pueda protegeros. No me importa nada lo que pueda pasarme a mí— respondí, seguidamente la miré y la besé.

Día 28 de Octubre de 2010
Día 851 del apocalipsis…
08:00 de la mañana… Hotel…

Todo estaba apunto, los que iban a irse a la mansión ya habían subido al autobús. Desde una de las ventanas, tanto Eva como Vicky me observaban. Vicky había insistido en quedarse en el hotel, pero yo me había negado rotundamente.
—Ya está todo listo— dijo Johana acercándose a mi.
—Bien. Pues venga, iros ya— le dije.
—No te preocupes. Me encargaré personalmente de que no les ocurra nada. Puedes confiar en mí— Johana y yo nos abrazamos, ella se subió al autobús y seguidamente se puso en marcha.
Juan se acercó a mí. –Cuidará bien de ellos. Ya lo verás.
—¿Ya te despediste de ella?— pregunté mirando a Juan.
—Claro que si. Anoche, seis o siete veces. Luego si quieres te cuento todos los detalles.
Yo sonreí y miré a mi compañero. –No gracias.
—Ya podemos irnos— dijo Luci interrumpiéndonos.
Yo me di la vuelta y los miré. –Muy bien. Pues vayamos de visita a casa de ese cabrón.

Me subí a uno de los dos coches y seguidamente comenzamos a alejarnos del hotel en dirección a Las Vegas.

sábado, 22 de octubre de 2016

NECROWORLD Capitulo 132

Día 24 de Octubre de 2010
Día 847 del Apocalipsis…
Las Vegas…

Carlos golpeó una vez más a Rachel delante de la impotente mirada de Silvia, Sheila y Katrina. Ya estaba harto. Lo había intentado por todos los medios, les había dado oportunidades y les había hecho promesas, pero no le habían hecho ni caso. Eso lo había sacado fuera de sus casillas y el mismo había decidido que ya tenía suficiente.
—Podríais haber evitado esto, pero vosotras mismas lo habéis provocado. Solo quiero saber donde está mi jodido hermano con mi jodida familia, es muy fácil contestarme a eso, pero me lo estáis queriendo poner difícil. ¿De que coño vais?— Carlos golpeó una vez más a Rachel y ella se quedó en el suelo sangrando. –Os lo estoy poniendo realmente fácil. Joder.
—No te diremos nada…— dijo Rachel desde el suelo y tratando de levantarse. Rápidamente Carlos se agachó y la agarró del pelo. Tiró hacia arriba y Rachel lanzó un quejido de dolor.
—Creo que no te he escuchado bien. Repítelo escoria…— Carlos tiró con más fuerza. –Que lo repitas maldita basura de las cloacas.
—Que no te vamos a decir nada. Por que cuando lo hagamos, nos matarás… Y luego irás a buscar a los demás y también los matarás. Eres un monstruo, un ser despreciable que no tiene corazón… Y mucho menos… Tienes palabra… Mientras no digamos nada, nos necesitas.
—Tienes razón— dijo en ese momento Carlos. –Tienes razón en que os necesito, pero no os necesito a todas vivas. Me basta con conservar a tres de vosotras. Sois cinco contando al chico que tenemos en la enfermería. Aquí ahora mismo me sobra por lo menos una— Carlos soltó a Rachel y se dirigió hacia Sheila, Katrina y Silvia. Comenzó a observarlas. Finalmente, detuvo su mirada sobre Sheila. –Tú— seguidamente Carlos se llevó la mano a la cintura y sacó un walkie talkie. –Entrad— No pasó mucho rato hasta que tres hombres entraron en la sala donde se encontraban. Enseguida, Carlos se dirigió a ellos y señaló a Silvia. –Coged a esa y marcharos de la ciudad. Coged un vehículo y que ella os guie hacia el lugar donde se ocultan los otros, cuando lleguéis, quiero que los vigiléis y hagáis un informe sobre el numero de personas que son y el armamento que tienen. Si en setenta y dos horas no habéis vuelto, daré por hecho que no os ha guiado. Entonces mataré a su novia. Soy generoso y me gusta dar oportunidades. Así que venga. Iros ya.
Los tres hombres agarraron a Sheila y la levantaron de la silla a la fuerza pese a que ella se resistió, intentó liberarse, pero no pudo. Antes de salir por la puerta, alcanzó a escuchar como Rachel le suplicaba que no los guiara.
Cuando Sheila ya no estaba en la sala, Carlos volvió a golpear a Rachel. –Si te quiere. Llevará a mis hombres a ese lugar. El amor es un arma de doble filo. Ahora, ir descansando. Nos veremos dentro de setenta y dos horas— en ese momento, Carlos sonrió. –Os propongo algo. Para que no se os haga tan aburrido… Podríais planear algo para escapar.
Pocos minutos después aparecieron varios hombres de Carlos. Las cogieron y las llevaron hasta una sala acristalada. Allí las dejaron.
*****
Silvia y Katrina estaban limpiándole la sangre a Rachel. Habían pasado quince minutos desde que Carlos las había dejado allí. La sala era bastante grande y estaba totalmente acristalada. Al otro lado, podían ver a los guardas, los cuales no les quitaban ojo de encima.
—Las cosas se nos están complicando ¿Eh?— dijo Katrina mirando a Rachel.
—Sheila no puede decirles nada. Si lo hace… Irán a matarlos y cuando no nos necesiten, nos matarán de todos modos. Vosotras no conocéis a ese cabrón de Carlos. Yo si.
—Todo es culpa mía. Si yo no me hubiese empeñado en venir a buscar a una niña que probablemente no esté ni aquí. Esto no habría pasado, seguiríamos en nuestro hogar y Cloe no estaría muerta— dijo Silvia ocultando la palabra hotel, ya que en la sala había una cámara.
—Deja de culparte— dijo Katrina mientras le limpiaba una herida de la cabeza a Rachel. Cuando vio que estaba ya sucia, miró a Silvia. –Acércame una de esas sabanas— Katrina señaló al otro lado de la sala. Silvia se dio la vuelta y vio una cama. Se puso en pie y caminó hacia ella. Justo cuando llegó, vio algo que no había visto antes cuando las llevaron. Junto a la cama, había una cuna con varias mantas de color rosa, eso hizo que se quedara petrificada. —¿Qué ocurre?— preguntó Katrina al ver que Silvia no regresaba.
—Ve a ver— dijo Rachel.
Katrina se levantó y se acercó a Silvia, entonces vio la cuna que estaba mirando su compañera. Entonces Katrina se dio la vuelta y miró a los guardas, se acercó al cristal y llamó la atención de uno de ellos. Cuando este se acercó, Katrina preguntó.
—¿Qué hace aquí esta cuna?
El guarda que era bastante joven respondió tímidamente. –No… No lo se. Creo que antes que vosotras había aquí una chica con un bebé. Una niña me parece.
—¿Y donde están?
—No lo se. Yo llevo muy poco tiempo como guarda. Empecé ayer y me han asignado esto. Yo no se nada. Lo siento.
Katrina se retiró del cristal y volvió junto a su compañera. –Puede que no fuese tu hija. Tranquila. ¿Vale?— aunque Katrina sospechaba que ciertamente, en esa cuna había estado hasta hacia poco la hija de Silvia. La pregunta era: ¿Quién era quien estaba allí con ella?
*****
Varios hombres de Carlos estaban preparándose junto a los vehículos uno era grande de color negro que iban a usar para desplazarse, se trataba de una furgoneta grande, muy parecida a las furgonetas que trasladan presos, solo una ventanilla pequeña comunicaba la parte delantera con la trasera, solo para dos ocupantes, el otro era un jeep militar de color verde. Cuando Carlos se acercó, miró a la parte trasera del vehículo y agazapada en la parte final, con la cabeza entre las rodillas, estaba Sheila sentada.
Carlos entonces se dirigió a sus hombres. Estos iban a ser cinco, todos de aspecto bastante fuerte. Ellos se estaban poniendo ropa especial para las incursiones que llevaban a cabo, eso los libraba de recibir mordiscos fatales.
—Os quiero de vuelta en setenta y dos horas como mucho si no encontráis nada. Pero si os lleva hasta allí. Quiero que os pongáis en contacto conmigo por radio. Quiero que hagáis un informe y regreséis ¿Queda claro?
—Si, señor— dijeron los hombres.
Carlos saludó a sus hombres y se iba a marchar, pero entonces se dio la vuelta. Caminó hacia el vehículo, abrió la puerta trasera, subió al vehículo, cerró la puerta y caminó para sentarse frente a ella. Cuando lo hizo, ella le miró.
—Quiero que sepas que esto no lo hago por que quiero, si no por que me habéis obligado a ello. Supongo que estás enamorada de esa chica… Lo cierto es que es bastante guapa. Si quieres volver a verla… Bueno, ya sabes lo que tienes que hacer. Lleva a mis hombres hasta donde están mi hermano y los otros, entonces te doy mi palabra de que os dejaré vivir. Por cierto, puedes estar tranquila, no dejaré que ninguna de las pollas de mis chicos la toque— seguidamente, Carlos se inclinó sobre ella y le dio un beso en la frente. –Que tengas buen viaje— Carlos salió del vehículo y miró a sus hombres, los cuales ya estaban preparados para partir. –Las órdenes son las siguientes. Iréis hasta Manhattan, y a partir de ahí que os guie.
—¿Y que hacemos con ella cuando nos diga donde están los otros? Es decir… ¿Qué hacemos cuando nos lleve al lugar?— preguntó uno de los enviados a la misión.
—No me importa demasiado lo que hagáis con ella, pero no quiero que le pase nada hasta que no os lleve al refugio de mi hermano y su gente. Al fin y al cabo solo necesito a tres de ellos y ya los tengo. Ahora partid.
Los mercenarios saludaron a Carlos y se subieron al vehículo. No tardaron mucho en abandonar la ciudad. Sheila observó desde la parte trasera como se iban alejando de Las Vegas, en ese momento, sintió que era la última vez que veía a Rachel, y eso le provocaba un gran pesar en su corazón, por que ni siquiera se había podido despedir de ella.

Día 25 de Octubre de 2010
Día 848 del Apocalipsis…
21:00 horas de la noche… En algún lugar de Georgia…

Los hombres de Carlos habían levantado el campamento en un bosque cerca de Atlanta. Era la primera vez que paraban desde que hacía casi treinta horas habían salido de Las Vegas. Desde su posición, podían ver la ciudad, o al menos lo que quedaba de ella. Sheila estaba aterrorizada. Aquellos hombres la intimidaban, y lo peor de todo es que no estaban demasiado lejos del hotel. De vez en cuando, aquellos hombres le habían ofrecido comida a cambio de que les dijera donde estaban, pero ella no había dicho nada, había aguantado, pero temía que alguno del grupo apareciese por allí o que ella, sin poder aguantar más, acabara confesando.
—Si jefe. Aun no ha dicho nada. Nos encontramos cerca de Atlanta. Mañana llegaremos a Manhattan… No… Sigue sin abrir la boca. Es más fuerte de lo que imaginaba, aunque sospecho que en cualquier momento podría derrumbarse— Sheila estaba escuchando hablar a uno de los hombres de Carlos. No tardó en verlo a través de la ventana de la puerta trasera –Si es necesario, podemos sacarle la verdad a golpes… No se, pero honestamente creo que no dirá nada por las buenas…— el tipo hizo una pausa mientras miraba a Sheila. –Está bien. Mañana a primera hora le vuelvo a llamar para informarle de nuevo y darle las novedades.
La noche fue avanzando y Sheila no quería dormir a pesar de tener sueño, dio algunas cabezadas, pero justo cuando iba a quedarse dormida, comenzó a escuchar disparos fuera. Se levantó de golpe y se acercó a la ventanilla, justo en ese momento, la cara de uno de los hombres chocó contra el cristal, seguidamente lanzó un grito y la sangre surgida de su cuello salpicó los cristales tras ser mordido por un caminante. Cuando desapareció, Sheila vio a varios caminantes en la zona. Sin saber como, habían invadido el campamento.
Sheila se fue al fondo del vehículo y se ocultó detrás de los asientos que allí había. Quiso dejar de escuchar los disparos y los gritos, pero no fue así, fuera se estaba desatando una masacre. Sin darse cuenta, se fue quedando dormida mientras lloraba de miedo.

Día 26 de Octubre de 2010
Día 849 del Apocalipsis…
9:00 horas de la mañana… Bosque cerca de Atlanta…

Sheila se despertó cuando los rayos de sol comenzaron a darle en la cara. Se sobresaltó cuando recordó lo que había pasado durante la noche. Miró hacia la ventanilla y allí vio todavía la sangre. Fuera solo escuchaba el trinar de los pájaros. Se armó de valor y se puso lentamente en pie, caminó evitando hacer ruido hasta la ventanilla y se asomó al exterior. Fuera únicamente vio a un caminante que estaba de espaldas al vehículo, no tardó en reconocer la ropa que llevaba. Se trataba de uno de los hombres de Carlos. Uno de los que había muerto y se había reanimado. Siguió observando al No Muerto hasta que este, quizás atraído por el ruido producido por algún animal del bosque, comenzó a caminar y se perdió entre los arboles. Probablemente todos los hombres de Carlos habían sufrido el mismo destino. Aunque eso a Sheila no le importaba, lo que de verdad le importaba era lo que era más complicado, lo que quería era salir de allí de alguna manera.
Sheila se miró las manos, las cuales llevaban esposadas desde que salió de Las Vegas. Miró a su alrededor intentando encontrar algo que le sirviera para quitárselas, pero no había nada. Si quería quitarse las esposas, iba a necesitar las llaves que alguno de los mercenarios muertos llevaba encima, algo bastante peligroso, por que eso significaba enfrentarse cuerpo a cuerpo a esos seres.
Para Sheila las horas pasaban lentamente en el interior de aquel vehículo, tanto que no sabía ya ni siquiera. Que día era, ni la hora. También tenía hambre, sed y frio. Se tumbó boca arriba con las manos esposadas sobre el pecho y respiró profundamente, necesitaba pensar en como salir de ahí y correr a través del bosque sin ser cazada por los No Muertos que pululaban por allí. Ya había considerado varias posibilidades, como la de lanzarse varias veces contra la puerta para abrirla, pero eso solo haría que los No Muertos que estaban alrededor y que a pesar de no ver, si podía escuchar, se lanzaran contra la puerta, así solo sería presa fácil para ellos y moriría sin poder salir de allí. Siguió dándole vueltas y entonces abrió los ojos de golpe, se puso rápidamente en pie y se dirigió a la ventanilla que comunicaba con la parte delantera y miró a través de ella, molestándose consigo misma por no haberlo pensado antes. Entonces encontró lo que buscaba, las llaves estaban puestas. Se volvió a molestar consigo misma, tendría que haber recordado que en ese nuevo mundo, eso era una regla universal cuando se salía al exterior, las llaves siempre debían estar puestas para salir de allí rápidamente si las cosas se ponían demasiado feas. Aunque a sus captores no les había servido de mucho, ya que todos estaban seguramente muertos.
Sheila miró un poco más antes de intentar lo que iba a hacer. Vio que la puerta del copiloto estaba abierta, probablemente, antes de morir, uno de sus captores había logrado llegar hasta allí. Al ver que no había nadie, metió los brazos a través de la ventanilla, tenía que alcanzar las llaves, quizás con suerte, en ese manojo también se encontraba la llave de las esposas, no solo la de las puertas. Intentó alcanzar varias veces las llaves, pero con los dos brazos era imposible. Malhumorada se retiró de la ventanilla y se sentó en el suelo, maldiciendo en voz baja.
Las horas fueron pasando mientras Sheila seguía pensando. De vez en cuando escuchaba a un No Muerto chocar contra la carrocería y ella se sobresaltaba, pero era solamente eso, uno de ellos que se chocaba, ella seguía allí sin ser descubierta. Intentó varias veces romper las esposas, incluso trató de sacar la mano, pero le fue imposible, no había manera. ¿Cómo iba a liberarse entonces? Fue en ese momento cuando algo le vino a la cabeza, una forma de sacar la mano. Sabía que iba a ser doloroso, pero era la única alternativa que le quedaba.
Buscó algo que morder, pero como allí dentro no encontraba nada, se quitó como pudo una de sus camisas y rasgó un trozo. Este lo enrolló y se lo metió en la boca. Luego, con su mano derecha agarró su mano izquierda y cerró los ojos, luego cogió un de sus dedos y se lo rompió por encima de los nudillos. El sonido al romperse fue muy leve, pero el dolor fue penetrante, tanto que casi se mareó. Las lágrimas recorrían sus mejillas, pero eso no la detuvo, tampoco el dolor. Cogió el segundo dedo y lo rompió igual que el anterior, y así lo hizo con los otros tres restantes, hasta que todos los dedos de su mano izquierda estuvieron rotos. Sheila descansó casi un minuto, pero enseguida, aun con la mano palpitándole de dolor, fue sacándola poco a poco, antes de que se le hinchara, aunque le costó, por fin la liberó. Sheila se apoyó contra el asiento y respiró tranquila. Ahora le quedaba alcanzar las llaves. Se puso en pie y nuevamente caminó hacia la ventanilla, metió la mano a través de ella y la fue llevando hasta las llaves, ahora las tenía más cerca, casi las tocaba, pero aun no era suficiente.
—Vamos…Venga— se dijo así misma.
En ese momento, se dio cuenta que un caminante estaba observándola desde el otro lado del cristal. Enseguida este comenzó a avanzar. Sheila podría haberse retirado, pero si lo hacía, todo lo que había hecho hasta ese momento habría sido en vano, por que el No Muerto ya la había visto y si retiraba ahora el brazo, ya no podría volver a intentarlo.
Sheila estiró más el brazo y rozó las llaves, mientras, el caminante llegaba al cristal y comenzaba a golpearlo tratando de alcanzarla, eso le estaba dando unos segundos preciosos, pero Sheila casi sufrió un paro cardiaco cuando el No Muerto descubrió que la puerta estaba abierta y que podría alcanzarla desde ahí.
Sheila estaba luchando contra el reloj, estiró un poco más el brazo y agarró las llaves pese al dolor de su hombro derecho. Rápidamente dio un tirón y sacó las llaves del contacto al mismo tiempo que el caminante irrumpía por la puerta del copiloto, faltaron solo unos segundos para que el caminante la agarrara.
Sheila ya había logrado lo más difícil. Había conseguido las llaves. Había tres en total, ya no le importaba la de las esposas, solo necesitaba una, la que le abriría la puerta y la que le permitiría escapar. Se acercó a la puerta y buscó el cerrojo que tenía que haber por dentro, el mismo cerrojo que usaban los guardas que iban allí con los presos. Metió la llave y la hizo girar, abriendo así la puerta.
La puerta se abrió de golpe y Sheila se lanzó hacia el exterior. Cayó al suelo sobre la mano lesionada y sintió un profundo dolor, aun así, aunque tambaleante, se puso en pie. Tenía que llegar por lo menos al jeep, pero cuando lo intentó, vio a varios caminantes, los cuales centraron en ella toda su atención. No tardaron en comenzar a avanzar hacia ella, Sheila no tuvo más remedio que retroceder y comenzar a correr por el bosque mientras se sujetaba la mano herida y las esposas aun sujetas a su mano derecha, oscilaban en el aire mientras corría.
Sheila llevaba horas caminando. Hacía rato que se había puesto nieve en la mano. Se paró junto a un vehículo abandonado. Allí se derrumbó. Lloró amargamente al recordar lo que había pasado y lo que estaría pasando en Las Vegas. Carlos podría estar tratando de contactar con sus hombres, pero estos estaban muertos. Quizás allí en Las Vegas. Carlos estaría tomando represalias con sus compañeras, quizás, incluso, mediante torturas, ya les habría sacado la verdad, quizás, Carlos ya sabía donde estaba su hermano.
Sheila dejó de llorar y siguió caminando, no tenía intención de detenerse ni para comer ni para beber. Debía llegar al hotel y avisar de lo que estaba ocurriendo. Al menos, podría detener eso. Incluso, podría reunir un grupo para ir a Las Vegas y si Carlos había matado a alguien, hacérselo pagar, lo haría ella misma si hacía falta. Ella misma le quitaría la vida a Carlos si el hubiese osado hacer daño a Rachel o a cualquiera de las otras.
Llegó al porche de una casa, allí se sentó, estaba cansada y necesitaba descansar aunque fueran solo diez minutos. Miró al cielo y se dio cuenta que estaba oscureciendo. ¿Cuántas horas habrían pasado desde que abandonó el campamento? Pensó que le quedaban más horas de sol, pero no era así. Tampoco era muy sensato seguir de noche. Se levantó del primer escalón donde se había sentado y se dirigió hacia el interior de la casa. Entró con cuidado sin hacer ruido, si había caminantes dentro, no quería que todos acudieran a su encuentro. Una vez dentro, cerró la puerta despacio y se quedó quieta escuchando, aunque en primer lugar no había sentido el hedor de la muerte, una prueba irrefutable de la presencia de cuerpos en descomposición. Caminó un poco por la entrada y decidió silbar levemente, por lo menos, eso haría reaccionar a los caminantes que pudiera haber, pero ni así recibió respuesta.
Sheila fue hasta la cocina, nada más llegar se dio cuenta de que todos los armarios y cajones estaban abiertos. Alguien habría pasado por allí y habría saqueado el lugar, lo único que encontró, fue un cuchillo dentro de uno de los cajones, aunque no estaba demasiado afilado, aun así lo cogió con su mano sana, por lo menos ya llevaba un arma con la que defenderse. Siguió buscando por toda la casa, la cual habían saqueado a conciencia, únicamente habían dejado todo aquello que no les servía para nada.
La planta baja de la casa estaba despejada y todas las puertas y ventanas cerradas. Volvió a la entrada y comenzó a subir los escalones. Tenía el cuchillo en alto, por si repentinamente era atacada, con un rápido movimiento, clavaria este en la cabeza del caminante, solo esperaba que este no se rompiese. Una vez en el piso de arriba inspeccionó todo, pasó por el baño sin ver nada. Siguió caminando por un pasillo, pasó por dos habitaciones de niños vacías y justo cuando llegó a la última puerta, al tocarla, escuchó un ruido al otro lado. Era un sonido parecido al de algo de plástico. Con cuidado abrió la puerta y entonces sintió el nauseabundo olor. Aun así no se tapó la nariz, entró en la habitación y vio una cama de matrimonio desecha y sucia. La ventana estaba abierta, y junto a esta había un parquecito para bebés, en el centro de este, había una silueta que luchaba por salir de el. Sheila miró a su alrededor, pero no vio a nadie más. Avanzó hacia el parquecito y entonces se encontró con un caminante que en su día había sido un niño o una niña, de dos o tres años. Era imposible saber su sexo por que estaba despellejado por completo. Quizás por obra de alimañas que habían entrado por la ventana. Sheila se apiadó de aquella pobre criatura y clavó el cuchillo en su cabeza. Después cubrió el cuerpo con una de las sabanas de la cama y salió de la habitación de matrimonio. La casa estaba despejada y era allí donde iba a pasar la noche. Recordó que esa casa debía tener sótano, pero no iba a bajar a inspeccionarlo.
Regresó al cuarto de baño y allí buscó en los armarios, necesitaba practicar una cura en su mano. Allí con pequeños trozos de madera y hilos, se entablilló los dedos.
Estaba muerta de hambre y sed, sus tripas rugían como un león enjaulado. Cuando sintió que se dormía, cerró la puerta del baño, se metió acurrucada dentro de la bañera con unas mantas que había sacado de una de las habitaciones y allí se quedó dormida.

Día 27 de Octubre de 2010
Día 850 del Apocalipsis…

Sheila se despertó sin saber que hora era, aunque el sol ya estaba alto en el cielo. Podría ser que fueran las doce del medio día, quizás la una o las dos. Aunque le dio igual. Salió de la bañera. Se cubrió con la manta con la que se había tapado, se la puso a modo de capa con capucha. Regresó a la habitación donde había acabado con aquel pequeño No Muerto, descubrió el cuerpo y comenzó a untarse la sangre y las entrañas de aquella pequeña criatura. Cuando terminó, salió de la casa y continuó su camino. No podía estar muy lejos del hotel, recordaba vagamente aquellos caminos.
Pasaron varias horas hasta que llegó al camino que llevaba hacia el hotel. Incluso vio un cartel que señalaba el hotel, el cual estaba a dos kilómetros. Siguió ese camino cruzándose con No Muertos que ni siquiera reparaban en ella.
Finalmente, cuando estaba a punto de desmayarse, logró divisar la fachada del hotel. Se sintió aliviada, lo había logrado. De repente vio dos siluetas borrosas corriendo hacia ella, aunque no sabía si eran reales o producto de su imaginación debido a la sed y el hambre. Cuando estaban delante, pudo ver que eran Juanma y Stephanie. Quiso decirles algo, pero entonces se desmayó.

Día 27 de Octubre de 2010
Día 850 del Apocalipsis…
18:50 de la tarde… Las Vegas…

Carlos trataba de contactar con sus hombres, los cuales se habían llevado a Sheila, pero estos no respondían y eso solo significaba una cosa. Dejó la radio y fue hacia la enfermería. Allí agarró a Dylan, lo sentó en una silla de ruedas pese a que este se resistió. Fue a la sala donde retenían a las demás. Estas pudieron comprobar que este estaba fuera de si.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?— preguntó Katrina al ver lo que estaba sucediendo.
En ese momento Carlos sacó la pistola y se la puso en la cabeza a Dylan. –Os lo voy a preguntar una vez más y no habrá más oportunidades. ¿Dónde está mi puto hermano?
—¿Qué ocurre? ¿Y Sheila?— preguntó Rachel. Aunque la única respuesta que recibió, fue un disparo que acabó con la vida de Dylan.
Carlos le dio una patada al cuerpo de Dylan y entonces señaló a Rachel. –Esa de ahí— Dos hombres entraron en la sala, agarraron a Rachel y la sacaron. La obligaron a arrodillarse delante de Carlos, este entonces le puso la pistola en la cabeza. —¿Dónde están mi hermano y los otros? Decidlo o la mato ahora mismo. Solo os quedan diez segundos. Y cuando la mate, te tocará el turno a ti— Carlos señaló a Silvia —Diez… Nueve…— Silvia y Katrina se miraron aterrorizadas. Carlos hablaba en serio. –Ocho… Siete…— Rachel cerró los ojos esperando su inevitable final mientras únicamente pensaba en Sheila.
—Están en un hotel cerca de Macon— dijo de repente Katrina.
Carlos paró de contar y empujó a Rachel contra el suelo. –Muy bien. Meted a esta ahí dentro y sacad a la otra. Sacad a mi hermana— los hombres de Carlos obedecieron la orden y sacaron a Katrina, la cual, cuando tuvo a Carlos delante, pudo ver la maliciosa sonrisa.

sábado, 15 de octubre de 2016

NECROWORLD Capitulo 131

Día 23 de Octubre de 2010
Día 846 del Apocalipsis.
15:00 horas de la tarde. Almacén…

Les había contado toda la historia. De como nos habían echado del hotel y de como habíamos llegado a ese almacén y esa situación. Después de eso, y con armas en nuestro poder, estábamos listos para recuperar lo que había sido nuestro hogar los últimos meses.
—Muy bien. El plan es el siguiente. Juan, David y Luci vendrán conmigo hasta el hotel. Mientras los demás nos seguiréis después, iréis todos armados. Nosotros cuatro los asaltaremos desde dentro, cuando controlemos la situación. Será vuestro momento de actuar. Confío en que esto saldrá bien. Creen que nos han vencido, estarán muy confiados— comencé a explicar, todos estábamos reunidos alrededor de una mesa.
—¿Los niños también?— preguntó Stephanie. Ella se mostraba bastante preocupada por los niños. Ella se había ocupado de tener en brazos al bebé de Luci desde el momento que habíamos regresado.
—No. Algunos os quedareis aquí hasta que el resto regresemos. Te dejo a ti al mando— dije mirando a Stephanie. –Confío en ti. El resto, esperareis en el bosque ocultos.
—¿Y por que solo vosotros cuatro entrareis en el hotel? Podríamos ir más— replicó Johana.
—Cuatro seremos más silenciosos que veinte. Vosotros entrareis en acción desde el exterior. Confiad en mi, se muy bien lo que estoy haciendo. Estoy dispuesto a recuperar el hotel. Ahora tenemos esta oportunidad en nuestras manos y ellos no se lo esperan. No vamos a fallar. Ellos piensan que no tenemos armas, seguramente piensan que ya estamos muertos. Son confiados y estúpidos. Se habrán acomodado.
—Muy bien. Pues no se hable más. Recuperemos ese hotel— dijo Luci alejándose tras dar un golpe sobre la mesa.
Disolví la reunión y fui a hablar con Eva y Vicky. Vicky quería acompañarme, pero la pierna aun le dolía. –Vosotras os quedareis aquí también— entonces saqué dos pistolas y les di una a cada una. –Dudo que las necesitéis, pero por si acaso— me despedí de ellas con un abrazo y un beso a cada una. Eva me susurró que tuviera cuidado y yo asentí.
Después de despedirme me reuní con David, este estaba despidiéndose de Alicia y Christian. Al verme se alejó de ellos. –Tengo pendiente pedirte disculpas por irme con tu hermano. Ha hecho falta mucho para darme cuenta de la clase de monstruo que es. Mató a Sandra y ahora es el quien parece que manda en Las Vegas.
—Tranquilo. El asunto con mi hermano ya se solucionará cuando llegue el momento. Ahora tenemos algo mucho más importante entre manos— respondí mientras caminábamos. Observé entonces a Luci, ella estaba hablando con Stephanie mientras le dejaba la niña a su cuidado. —¿Y esa niña que lleva Luci?
—Dorian se la dio. Antes de desaparecer de Las Vegas. Probablemente se la quitó a alguien.
Al escuchar eso me acerqué a Luci y Stephanie y miré a la niña. Me estaba dando la corazonada de que esa niña era la hija de Silvia. Cuando nos encontramos con Luci y David, les pregunté si habían visto a alguien nuevo allí, les pregunté si habían visto a Rachel y Sheila. A las cuales si conocían, pero su respuesta era negativa. Quizás aun no habían llegado y eso me preocupaba.
—¿Qué ocurre?— preguntó Luci.
—No. Nada. Pero creo que esta niña es hija de una chica que hasta hace unos días estaba con nosotros. El cabrón de su novio la tenía encerrada y le quitó una niña. Antes de morir, ese desgraciado confesó que la niña vivía y que estaba en Las Vegas. Ahora ella y otros están allí o de camino. Por eso os pregunté lo que os pregunté cuando regresábamos. Pero eso ya será algo que hablaremos después. Cuando hayamos recuperado el hotel.
—Yo ya estoy listo— dijo Juan acercándose a nosotros.
—Muy bien. Pues vamos— respondí. Minutos después, los cuatro estábamos caminando por las vías de vuelta al hotel. Yo estaba totalmente decidido.

Hotel…
15:55 horas de la tarde…

Jacob estaba en el jardín cubierto, sentado en una silla junto a una mesa. Sobre esta había dos tazas y una cafetera. Fue en ese momento cuando dos hombres aparecieron en el jardín empujando a Richard Levine. Este iba esposado con las manos en la espalda. Cuando llegaron a la mesa, lo obligaron a sentarse en la silla que quedaba libre.
—Quitadle las esposas— ordenó Jacob. Los hombres de Jacob le quitaron las esposas a Levine y este se acarició las muñecas. Los hombres se fueron después de que Jacob les hiciese un gesto y este sonrió a Levine. –Espero que entiendas el por que te tenemos en esa celda. No queremos arriesgarnos a que te escapes. Eres demasiado importante, tienes un don único.
—¿Me lo dices o me lo cuentas?— preguntó Levine con ironía. –Todos los que quieren utilizarme dicen lo mismo. ¿No deberíais cambiar el chip?
Jacob comenzó a reír y llenó las dos tazas. –Eres muy gracioso. De verdad. Bebe, te lo has ganado— al ver que Levine no bebía, Jacob comenzó a hablar. –Bueno, iré al grano. Aquí somos muchos y la comida no nos durará mucho. Teniendo en cuenta tu don, sería inútil no aprovecharlo, especialmente en viajes largos. Te voy a ofrecer lo siguiente, serás uno de los nuestros si nos ayudas. Quiero que mañana, salgas en una expedición junto a otros de mis hombres y traigáis comida suficiente para seguir alimentándonos. Por ahí fuera hay muchas comunidades, las hemos visto, pero no nos ha sido posible hacernos con ellas.
—Pero os habéis hecho con este hotel— respondió Levine.
—Pero eso fue por que fue fácil. Lo de esas comunidades es otra historia. No nos interesa hacernos con ellas. Este hotel es genial y nos quedaremos aquí para siempre si dios quiere. Lo que quiero de esas comunidades es otra cosa. Es armamento y comida— Levine lo miró, pero Jacob lo interrumpió antes de que pudiera hablar. –Si, ya se lo que vas a decirme, pero no lo haremos. Lo que quiero es lo siguiente. Tú puedes caminar entre los muertos. Y he visto que esos se siguen los unos a los otros. Si tú te pones al frente de un rebaño y te pones a conducirlo, no tardarás mucho en tener a todo el rebaño siguiéndote como si fueras su pastor. Lo que quiero es que lleves esos rebaños a las puertas de esas comunidades, los No Muertos harán el resto.
—Resumiendo. Queréis utilizarme para que dirija a los muertos hacia comunidades y que ellos hagan el trabajo sucio— respondió Levine recostándose en la silla.
—Eso es. Eres muy perspicaz. A cambio de que lo hagas, te sacaremos de la celda y vivirás como uno más de nosotros. ¿Hay trato?— preguntó Jacob.
Levine sonrió y negó con la cabeza –Metete los tratos por el culo. Si quieres hacer algo, hazlo, pero tendréis que hacerlo solo. Volved a disfrazaros de caminantes si os da la gana.
—No pienso dejar que mis hombres se pongan esa porquería de nuevo por encima. Así que no piensas hacerlo ¿No? Pues es una pena— Jacob levantó la mano e hizo un gesto. Segundos después, dos de sus hombres aparecieron para llevarse a Levine. –Aunque no debería, pero si cambias de opinión. Házmelo saber.
Levine fue obligado a levantarse, fue entonces cuando miró a Jacob. –No tienes ni idea de lo que habéis hecho. No creas que todo esto quedará así.
—De momento soy yo quien tiene la sartén por el mango— respondió Jacob.
Levine sonrió. –Si. Eso es lo que suelen pensar todos los gilipollas. Y cuando eso ocurre, se llevan la sorpresa de su vida.
—Dejadlo a la intemperie y desnudo. A ver si así acepta un poco más mi sugerencia.
Los hombres de Jacob se llevaron a Levine de allí y este se quedó allí solo tomando café mientras sonreía. Había ganado y no había manera que ese grupo sin armas hubiese sobrevivido ahí fuera. Demasiado frio y caminantes. Eso fue lo que pensó mientras se echaba más café en la taza.
*****
Mélanie seguía en su habitación. De vez en cuando, Kennedy aparecía por allí para tratar de hablar con ella, pero siempre se mostraba agresiva y desconfiada con el. No había nada que el pudiera hacer. El y los suyos habían condenado a muerte a todos sus compañeros, pero aun así, tenía la corazonada de que ellos seguían vivos en algún lugar por aquella zona.
La puerta se abrió y apareció Kennedy –Levántate. Vamos a dar un paseo.
—Paso— respondió Mélanie ignorándolo por completo.
—Maldita sea Mél— Kennedy se sentó a su lado. –Tienes que adaptarte a esto. Si no lo haces. Jacob podría dejar de verte útil. Si eso ocurre, ni siquiera yo seré capaz de asegurar que sigas aquí. ¿No ves que quiero protegerte? Te quiero.
Mélanie miró a Kennedy. —¿Me quieres?
—Claro que si. Desde el momento en que te conocí supe que estaríamos juntos. Se que sientes lo mismo por mi, pero lo ocurrido no te deja perdonarme, y lo entiendo.
—¿Qué siento lo mismo por ti? Lo único que yo siento por ti es asco y pena. Ahora vete de aquí, no quiero volver a verte. No me importas nada.
—Muy bien. Tu lo has querido— Kennedy se puso de pie y caminó hacia la puerta, antes de abrir se dio la vuelta y la miró. –Aprenderás a quererme. Y si no, en cuarenta y ocho horas, estarás fuera de este hotel con un agujero de bala entre las cejas.
—Prefiero eso a sentir algo por ti— respondió Mélanie.
Kennedy abandonó la habitación y se fue dando grandes zancadas por el pasillo.
Mélanie volvió a mirar por la ventana hacia el otro lado de las vallas. El bosque y el camino se extendían más adelante. Entonces vio algo que le llamó mucho la atención. Había alguien entre los arboles, podía verlo, era alguien que estaba observando el hotel. Rápidamente, Mélanie miró hacia abajo y no vio a nadie. Todos los hombres de Jacob estaban o dormidos recuperándose de la resaca o al otro lado haciendo el estúpido. Esos tipos descuidaban la vigilancia constantemente, eran unos viva la virgen. Ninguno de ellos se había percatado de que alguien los vigilaba. Mélanie se quedó un rato observando y entonces vio que era una chica, esta bajó del árbol y se reunió con una segunda persona. Fue en ese momento cuando Mélanie reconoció a la segunda persona. Era un hombre, y ese hombre era Juanma. El había regresado.
*****
—No hay nadie en la plaza principal. Ni siquiera hay vigías. Esto parece que va a ser fácil— dijo Luci reuniéndose conmigo tras bajar del árbol. –Aun así no creo que sea sensato acceder por la puerta principal.
—No. No entraremos por la puerta principal. Hay otra manera de acceder al hotel sin ser vistos. Seguidme— respondí. Seguidamente los cuatro comenzamos a rodear el hotel hasta que llegamos a una entrada al alcantarillado.
—¿Qué es este lugar?— preguntó David mirando la entrada al túnel. Después se apartó por culpa del olor. –Es una entrada de alcantarillado.
—Exacto— entonces miré a Juan. –Este es el túnel que usaba Silvia para entrar y salir del hotel cuando iba a buscar a A.J. Tiene varias salidas, una de ellas nos deja en medio de los jardines de la parte trasera del hotel. Si accedemos por ahí no se lo verán venir, ni podrán descubrirnos. Los pillaremos por sorpresa.
—Muy bien. Pues vamos— dijo Luci. —¿Algo más?
—Si— respondí yo. –Solo hay dos de los nuestros ahí dentro. Levine y una chica, Mélanie. Es necesario y vital que ellos salgan con vida pase lo que pase. El resto son todos enemigos. Si veis a cualquiera que no sea ni Levine, ni Mél. Matadlo.
Los cuatro nos adentramos en el túnel y lo seguimos hasta que yo me paré junto a una escalera de mano. Una vez allí, miré a mis compañeros.
—¿Es aquí?— preguntó David.
—Es aquí— respondí a medida que comenzaba a subir. Cuando llegué a la tapa me paré a escuchar. No se oía nada, después la levanté un poco y observé con detenimiento. Nadie.
Salimos con cuidado y cerramos la tapa. Agazapados nos acercamos a los setos y nos quedamos ocultos. Salimos de los setos y ocultándonos llegamos al cobertizo que fue el lugar de trabajo del doctor Alard. Íbamos a seguir cuando la puerta del cobertizo se abrió de golpe. Nos ocultamos rápidamente y observamos como del cobertizo salía un hombre sin camisa. Este llevaba una botella de alcohol en las manos y se le cayó al suelo cuando se desperezó. Se agachó a cogerla y le dio un trago.
Con mucho cuidado salí con intención de noquearlo, pero cuando ya casi lo tenía, este se dio la vuelta y se me quedó mirando con una mueca entre la sorpresa y estupefacción. Justo cuando iba a gritar, levanté mi fusil y le asesté un golpe en la cara con la culata. Cuando cayó al suelo inconsciente, lo agarramos y nos metimos en el cobertizo, después cerramos la puerta. Nada más entrar vimos que había otros tres tipos más dormidos entre botellas de alcohol rotas, bolsas vacías que aun conservaban restos de lo que parecía cocaína y vómitos. El olor allí dentro era nauseabundo.
—Inmovilizad a los cuatro y amordazadlos— dije mientras me acercaba al ventanuco para observar un poco más.
—Esta botella era mía— dijo en ese momento Juan levantando una botella vacía. –La estaba reservando para ocasiones especiales. Que hijos de puta.
Luci se acercó a mí y también observó a través del ventanuco. –No hay nadie por aquí… Y viendo a estos. Es fácil que muchos de ellos estén igual. No se han cortado un pelo al parecer con las fiestas.
En ese momento vi a dos hombres llevando a Levine. Estos avanzaban hacia el exterior del hotel. De repente apareció un tercer hombre, al que enseguida reconocí. Aun tenía heridas y cojeaba un poco. Era Riley, el mismo hombre al que había torturado. Rápidamente comencé a ponerle el silenciador a  la pistola y me preparé para salir, pero Luci me paró y me miró.
—Ese fue uno de los que nos jodio. Es uno de los responsables.
—¿Y vas a plantarte delante de el así?— preguntó Luci.
—Llevan a Levine. Esos planean algo— me di la vuelta y vi a los tipos que ya habían inmovilizado. –Vamos. Avanzaremos con cuidado.
******
—¿A dónde lleváis a este?— preguntó Riley mirando a Levine.
—Jacob nos ha dicho que lo saquemos fuera y lo dejemos desnudo al aire libre para ver si podemos convencerle de que haga lo que se le ha dicho.
—Olvidaros de eso ahora. Quiero que vayáis habitación por habitación y vayáis despertando a todos y cada uno de los que estén dormidos. Ya va siendo hora de que se pongan en pie— dijo Riley.
—Pareces nervioso tío. ¿Pasa algo?— preguntó uno de ellos.
—No lo se. Pero estaba mirando por la ventana de mi cuarto cuando me pareció ver a alguien mirándonos desde un árbol. No estoy seguro, pero podrían ser esos que han vuelto. Venga joder. Yo llevaré a este a su celda de nuevo.
En ese momento los dos hombres de Riley fueron abatidos ante la mirada atónita de este. Levine aprovechó ese momento para liberarse y golpeó a Riley con todas sus fuerzas. Después alzó la cabeza y vio a los que se le acercaban.
—Ya iba siendo hora de que regresarais.
Yo me acerqué a Levine, le estreché la mano y le pregunté por la situación. —¿Cómo van aquí las cosas?
—La mayoría se pegaron una buena fiesta anoche. A muchos aun les dura.
En ese momento, Riley pareció recobrar la consciencia y al vernos se quedó pálido, especialmente cuando me vio a mí. Intentó gritar, pero entonces me apresuré a taparle la boca.
—No grites o acabo contigo aquí y ahora. Ahora simplemente, responde a mis preguntas.
Obligamos a Riley a levantarse y lo llevamos a un sitio donde nadie pudiera vernos. Una vez allí lo puse contra la pared y comencé a hacerle preguntas.
—¿Dónde están tus hermanos? Te sugiero que respondas rápido.
—No lo se— respondió Riley.
—Miente— añadió Luci.
Seguidamente le di una patada en la espinilla y este intentó gritar, pero nuevamente le cerré la boca, después lo miré directamente a los ojos. –La próxima mentira que digas. Hará que te cortemos los huevos. Así que comienza a hablar.
—Jacob y Kennedy están en el despacho, creo— cuando Riley dijo eso, miré a Luci y supe que Riley decía la verdad.
—Muy bien. Pues vamos a tener una reunioncita— seguidamente amordacé a Riley y lo obligué a rrodillarse.
—Toma— le dije a Levine dándole dos pistolas. –Una es para ti. La otra es para Mél. Reúnete con ella y dásela. Después id habitación por habitación y dejad fuera de combate a los hombres de este cabrón. Después, salid y abrid la puerta principal, los nuestros deben estará al caer. Vienen refuerzos.
—Muy bien— dijo Levine. Después de eso se alejó corriendo hacia el interior del hotel.
—Voy con el— dijo David echando a correr detrás de Levine.
Yo miré de nuevo a Riley. –Hora de la fiesta amigo.
*****
Jacob estaba en el despacho del gerente, jugueteando con un pisa papeles en forma de piramide cuando Kennedy entró por la puerta. Eso hizo que su hermano mayor levantara la cabeza y lo mirara con una sonrisa. –Justo ahora iba a llamarte. Necesito hablar contigo.
—Yo vengo a hablarte de Mél— dijo Kennedy.
—Si. Precisamente es de ella de quien quiero hablarte. Siéntate.
Kennedy se sentó y comenzó a hablar. –Escucha. Necesito un poco más de tiempo con ella. Unos días, estoy seguro que la convenceré para que sea una de los nuestros. Es medico, la necesitamos.
—Un medico que no ejerce la medicina no nos sirve para nada. O está con nosotros o no lo está. Iba a echarla fuera junto a los demás, pero no lo hice por ti. Por que pensé que lograrías hacerla comer de tu mano, pero no lo has hecho. ¿Qué me impide entonces mandarla bien lejos o matarla?
—Escucha. Puedo hacerlo, solo necesito más tiempo. Solo necesito que confíes más en mí.
—Hace un rato que subí del jardín cubierto. He tenido una agradable charla con nuestro amigo Levine. Aunque el tampoco parece dispuesto a ser de los nuestros. Es una verdadera lastima, así que también tendremos que echarle. Mañana al amanecer, tanto el como Mélanie se largarán de aquí. De hecho, creo que será mejor matar a Levine. El puede caminar entre los muertos y eso le permitirá sobrevivir.
—Por favor. Dame más tiempo con ella— pidió Kennedy.
En ese momento alguien llamó a la puerta.
—Debe ser Riley— dijo Jacob –Adelante.
La puerta se abrió de repente y Riley entró, pero no lo hizo como lo haría cualquier persona. Entró  de un empujón, amordazado y con las manos detrás de la espalda. Detrás de el. Iban tres personas más.

—Hola de nuevo— dije mientras entraba detrás de Riley. Seguidamente apunté a Jacob. Este quiso sacar un arma, pero yo fui más rápido y le disparé en el hombro. Detrás de mi entraron Juan y Luci. Los que se ocuparon de inmovilizar a Kennedy.
—¿Cómo habéis logrado entrar?— preguntó Jacob mientras se tapaba la herida del hombro.
Yo dejé a Riley en manos de Juan y caminé hasta rodear la mesa tras la que se encontraba Jacob. Cuando llegué junto a el, le di la vuelta a la silla y lo obligué a mirarme. —¿Qué más da? Simplemente hemos vuelto a recuperar lo que es nuestro. Este hotel.
—Si. Tienes razón. Nunca tuvimos que arrebataros este lugar, se que hicimos mal, pero os lo podemos compensar.  Si me lo permites…— Jacob dejó escapar una mueca de dolor, luego siguió hablando. –Si me lo permites. Ambos podemos llegar a un acuerdo. Podemos trabajar juntos. He entendido que las cosas serian mucho más fáciles.
—¿Lo has entendido? ¿Ahora precisamente?— pregunté yo. –Por tu culpa… Hemos perdido a varios ahí fuera. Muertes que se podrían haber evitado de haber permanecido aquí. Yo os sugerí eso mismo, unirnos y trabajar juntos. Convivir, pero sin embargo, nos echasteis— en ese momento miré hacia el exterior a través de la ventana. Seguidamente miré a Jacob y le di la vuelta hacia la ventana para que pudiera ver como Levine, Mélanie y David abrían la puerta principal, dejando paso al resto de los nuestros. Estos rápidamente tomaron el hotel y comenzaron a sacar a todos los hombres de Jacob, a los que hicieron arrodillarse en el suelo de la entrada principal. –Observa. Es exactamente lo mismo que vosotros nos hicisteis a nosotros.
—Oye. Se lo que hemos hecho y lo siento. Nosotros somos buenas personas. Solo queremos lo mismo que todos. Solo queremos sobrevivir. Seguro que eso lo entendéis— decía Jacob –Te pido que me des una oportunidad de arreglar las cosas. Aceptamos nuestra culpa. Mira, tengo una idea… Dime cuantos de los tuyos murieron ahí fuera por nuestra culpa y yo dejaré que ejecutes al mismo número de mis hombres. Así estaremos en paz. Así equilibraremos las cosas.
—¿Equilibrar las cosas?— pregunté yo —¿Eres capaz de vender a tus hombres para así salvar tu el culo? Eso no soluciona nada. Solo te convierte en un ser despreciable. ¿Serias capaz de vender así a tus hermanos?
Jacob miró a sus dos hermanos y luego a mí. –Si así logro que todo vaya mejor… Lo haría— eso hizo que los dos hermanos de Jacob se miraran entre si.
—Escucha Jacob. Pase lo que pase. Hagas lo que hagas, nada de eso cambiará nada. Lo hecho, hecho está— respondí. –No os dejaré quedaros.
—Entonces nos marcharemos de aquí y no volverás a vernos. Nos iremos muy lejos. Tienes mi palabra— respondió Jacob. –Te lo juro. Te doy mi palabra.
—Y después de lo que acabas de decir… Sobre lo de dejar que matáramos a tus hermanos… ¿Cuánto crees que tardarán tus propios hermanos en acabar contigo?
Jacob miró a sus hermanos y luego me miró a mí. –Es verdad. Lo siento. Es solo que estoy nervioso. No se lo que digo. Lo siento, lo siento muchísimo.
—Una cosa es cierta— dije en ese momento. –Os vais a marchar y nunca os volveremos a ver. Tu gente que está ahí abajo hizo lo que hizo por que os seguía a vosotros. Sus tres líderes. Así que ellos saldrán por esa puerta en breves, pero no lo haréis vosotros. Tampoco vais a quedaros aquí.
—No se de que me estás hablando— respondió Jacob.
—Sin vosotros. Ellos no seguirán a nadie, y si dejo que os vayáis con ellos. Nada me asegura que os mantengáis alejados de nosotros. No pienso arriesgarme. Ni pienso dejar que hagáis con otras personas lo que habéis hecho con nosotros— respondí.
—Sigo sin entender— respondió Jacob.
En ese momento, miré a Juan y Luci. Les hice un gesto y estos ejecutaron rápidamente a Riley y Kennedy. Juan le disparó a Riley varias veces y Luci le cortó el cuello a Kennedy ante la mirada atónita y aterrorizada de Jacob. Este me miró a mí y trató de suplicarme, pero yo lo levanté de la silla, lo tiré sobre la mesa, cogí el pisapapeles en forma de pirámide y comencé a golpearle la cabeza con el repetidas veces, hasta que su cabeza, dejó de parecerlo. En menos de un minuto habíamos ejecutado a los tres hermanos.
*****
El resto del grupo había rodeado a los hombres de Jacob en la plaza central del hotel. Todos estaban arrodillados con las manos detrás de la cabeza, sin moverse. Malaquías entre ellos, no podía dejar de temblar. A el lo habían cogido en su habitación justo cuando iba a levantarse. La chica que iba con los otros dos, le había dado un golpe en la cabeza y junto a los otros le habían obligado a bajar.
—Mirad eso— dijo en ese momento uno de los hombres a la vez que señalaba hacia las ventanas. Todos miraron y vieron como una de las ventanas se abría de golpe. Entonces de ella caían tres cuerpos que al chocar contra el suelo, los rehenes reconocieron la ropa, eran los cadáveres de Jacob, Riley y Kennedy. Mélanie miró los cuerpos y apartó la vista cuando vio el de Kennedy, este tenía un gran corte en el cuello. Entonces miró hacia arriba y vio a Juanma, Juan y a una chica que llevaba una katana.
—Ahí están vuestros lideres— comencé a decir. –Ahora quiero que os marchéis de aquí, lejos, y que no volváis ni intentéis nada contra nosotros, por que si eso ocurre… Correréis la misma suerte que ellos— dije señalando los cuerpos. –Ahora, poneros en pie y marcharos. Intentad sobrevivir por vuestra cuenta sin aprovecharos de los demás.
Todos comenzaron a mirarse y a levantarse, algunos miraban hacia atrás mientras iban saliendo por la puerta ante la atenta mirada de mis compañeros. El ultimo en salir por la entrada fue Malaquías, el me lanzó una ultima mirada, después cerramos la puerta y aquel grupo fue desapareciendo en el camino.
—¿Qué crees que pasará con ellos?— preguntó Juan mirándome.
—¿A quien le importa? Que se pudran. Ahora recuperemos este sitio por completo y vayamos a buscar a los que nos esperan en el almacén— respondió Luci.

Día 27 de Octubre de 2010
Día 850 del apocalipsis…
Hotel… 12:00 horas del medio día…

Habían pasado varios días desde que habíamos recuperado el hotel y habíamos echado a los hombres del grupo de Jacob. A estos no los volvimos a ver después de eso. A los cuerpos de los hermanos los quemamos en la parte trasera del hotel.
Por otro lado, David, Alicia, Luci y los niños se habían adaptado rápidamente a la vida en el hotel. Incluso con la maquina de ecografías, Mélanie había descubierto que lo que esperaba Alicia era una niña.

Eva, Stephanie, Cindy, Vicky y yo estábamos paseando a los bebés cerca de las vallas tomando el sol. Hacía muy buen día, de hecho era el mejor que habíamos tenido desde hacia tiempo. Aunque yo seguía pensando en los que se habían ido a Las Vegas. Hacía demasiado que no sabíamos nada de ellos y yo estaba preocupado.
—¿Estás bien?— preguntó Eva poniéndome la mano en la espalda.
—Si. Pero no dejo de pensar en las demás. Aun no han vuelto— respondí.
—Puedes estar tranquilo. Katrina y Rachel iban también. Son con diferencia las más fuertes de ese grupo. Volverán antes de que te des cuenta.
—Eso espero— dije levantando la mirada. Entonces vi como las niñas se habían quedado mirando al camino. Yo enseguida me alarmé pensando que podría ser la gente de Jacob que había vuelto. Saqué la pistola y le hice un gesto a Stephanie para que me siguiera. Llegamos hasta las niñas y cuando miramos hacia donde ellas miraban, vimos a alguien caminando en solitario hacia nosotros. Iba caminando lentamente y envuelto en una manta manchada de sangre y vísceras. Rápidamente aparté a las niñas y les dije que fueran a avisar al resto para que se prepararan por si acaso, seguidamente, Stephanie y yo salimos por la puerta. Corrimos hacia aquel individuo y le apuntamos con las pistolas.
—Quieto y las manos a la cabeza— le dije.
Sin embargo aquel individuo siguió avanzando. No podía ver quien era, volví a dar la orden de que se detuviera, pero no hizo caso, justo cuando iba a disparar, se desplomó en el suelo. Comencé a caminar hacia esa persona pese a que Stephanie me iba advirtiendo que no lo hiciera. Yo no hice ningún caso, llegué hasta esa persona, le quité la capucha y rápidamente miré a Stephanie.
—Avisa a Mélanie. Que prepare la sala medica… ¡¡¡Vamos!!!
—¿Qué ocurre?— preguntó Stephanie estupefacta sin entender lo que estaba pasando  —¿Quién es?

—¡¡¡Es Sheila!!!— respondí al tiempo que cargaba con ella.