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sábado, 26 de noviembre de 2016

NECROWORLD Capitulo 137

—Hace tiempo que no se si tomo las decisiones correctas. De hecho, cuando tomo decisiones equivocadas es cuando muere la gente… Y esas muertes están en mi conciencia. Es como si yo los hubiese matado— decía mientras estaba tumbado en la cama de la habitación en la mansión Crawford. –No dejo de darle vueltas al asunto. Es como cuando estábamos delante de las puertas de Las Vegas. De alguna manera sentí que estaba matando a Katrina, Silvia y Rachel, pero no puedo ceder a lo que quiere Carlos. No puedo entregarle a Eva. La quiero ¿Entiendes?— giré la cabeza hacia mi derecha y miré a Lidia a los ojos.
—Si. Lo entiendo, pero a mi también me amas. Sin embargo tuviste que dejarme ir— respondió Lidia.
—La situación fue distinta. A ti te asesinaron y moriste en mis brazos. Yo no podía hacer nada. Sin embargo te vengué, se lo hice pagar a Álvaro— respondí.
—Lo se. Lo mataste a sangre fría. Lo vi, aunque fue a través de tus ojos. Ahí hiciste lo correcto, sin embargo ahora no. Si no entregas a Eva, los pondrás a todos en serios problemas. Los que no mueran volverán a vagar por ahí en busca de un hogar y morirán de todos modos. En el fondo sabes que entregar a Eva sería lo mejor.
—Sabes que no puedo hacer eso— respondí. –Aunque se la entregara… Eso no nos garantiza que Carlos nos deje tranquilos. De hecho… Se que aunque le entregase a Eva no atacaría. Y están los niños, también quiere a Shanon y Nathan. También quiere a Vicky.
—Que no quieras entregar a Vicky lo entiendo… Pero… ¿Por qué no le entregas a los gemelos? Al fin y al cabo son hijos suyos, tú no tienes ninguna responsabilidad con ellos. Quítate ese peso de encima.
—Yo soy el padre de esos niños. Así los he reconocido y así me reconocerán ellos.
—Eso claro si todos vivís lo suficiente— replicó Lidia levantándose de la cama. Se puso de pie y rodeó la cama para irse al fondo de la habitación. –Si me permites un consejo… Entrégala y pasa de todo, quítate todos los pesos de encima y se acabó. Márchate como cuando pasó lo de los rusos, después de eso te largaste. En teoría lo hiciste para protegernos de ti mismo, pero la realidad es que lo hiciste para no tener que preocuparte de nada más que de ti mismo.
—Eso no es cierto— respondí.
—Claro que lo es. ¿Y sabes cómo lo sé?— Lidia se acercó a mi y cuando estuvo frente a mi ya no era ella. Era yo mismo. –Lo se por que yo soy tu.

Día 31 de Octubre de 2010
Día 854 del apocalipsis
Mansión Crawford… 09:00 de la mañana…

Me levanté sobresaltado y miré a mí alrededor. Estaba en la habitación y la luz del día entraba a través de las ventanas. Miré a mi lado y allí vi a Eva, la cual se acababa de despertar. Me volví a tumbar en la cama. Me sentía mareado y la cabeza me dolía.
—¿Qué te pasa?— preguntó Eva.
—Solo ha sido una pesadilla— respondí. –No es nada.
—¿Quieres contármela?— preguntó Eva al tiempo que me daba un beso. Entonces ella levantó la cabeza, me miró y puso su mano sobre mi frente. –Estás muy caliente. Creo que tienes algo de fiebre.
—Pues eso no es buena señal. Ya sabes lo que pasa cando uno tiene fiebre y se muere— respondí tratando de levantarme. –Ya sería lo que me faltaba para terminar de arreglar la situación.
—No seas alarmista. Tienes fiebre, pero no la misma que se tiene cuando el virus está haciendo de las suyas. Lo que más bien tienes… Juraría que es un pequeño catarro. Voy a ir a por algo de paracetamol que trajimos. No te muevas de aquí— dijo Eva levantándose de la cama. Ella iba en ropa interior y me fijé en su trasero.
—¿Nunca te he dicho que tienes un culo precioso?— pregunté.
—No. Nunca— respondió Eva mientras se ponía los pantalones. –Está demostrado que tienes fiebre. No te preocupes, yo me encargaré hoy de cuidarte— dijo cariñosamente. Cuando se dirigió hacia la puerta para salir, la llamé y se dio la vuelta. –Dime.
—Coge a los niños y sácalos de aquí— dije. –Es más que nada para asegurarnos. Solo quiero que estén a salvo.
—No pasará nada— respondió Eva.
—Por favor— supliqué. –Imagínate que muero y me reanimo. No quiero hacerles daño.
—Como quieras— respondió Eva caminando hacia la cuna y cogiendo en brazos a los gemelos. –Ahora vengo.
Eva salió de la habitación y yo me quedé a solas. Aunque entonces escuché una voz. Levanté la cabeza y miré al fondo de la habitación. Allí sentado en un sillón vi a Molano. Este estaba totalmente ensangrentado y tenía mordiscos por todo el cuerpo.
—Buena idea lo de sacar a esos críos de aquí. No vaya a ser que te conviertas en un caminante y los tomes como tu desayuno. Ahí estuviste hábil, como cuando me mataste.
—No estás aquí— respondí.
—Claro que no. Solo estoy en tu cabeza como tantos otros— Molano se señaló a la cabeza y metió un dedo dentro de una de sus heridas. –Dime ¿Por qué sigues dándole vueltas a lo de entregarla a Carlos? Ella casi que te lo pidió si así evitaba la guerra. Ella sabe que no la matará… Y tú también lo sabes. ¿No fue eso lo que hablasteis anoche? Ella te dijo que podría convencerlo de que no os hiciera nada.
—Eva y yo ya lo hablamos anoche. Eso no cambiaria nada. Además, no quiero perderla. Ella es mi mujer.
—Eso ya lo se— respondió Molano. –Pero ella te dijo eso para evitar la guerra que se avecina. Quiere evitar el enfrentamiento que solo se cobraría vidas para nada. Ella te lo pidió ¿Por qué no lo haces? Si lo haces por su dulce coñito… Joder, no tardarás en encontrar otro. Será por chicas en el grupo, tienes un harén donde elegir.
—No lo haré— respondí.
—Tu mismo— respondió Molano.
Yo cerré los ojos y cuando los volví a abrir, Molano ya había desaparecido.

******
Corey había estado dándole vueltas toda la maldita noche desde que había escuchado la conversación en la biblioteca. Una conversación a partir de la cual había comenzado a urdir un plan. Un plan para salvar a los demás y que ya debía haber comenzado a tomar forma.
La conversación que había escuchado la noche anterior la habían tenido Juanma y Eva. El le había contado que no habían logrado disuadir al tal Carlos y que la guerra era inminente. Una guerra acabaría reduciendo el hotel a cenizas y entonces se quedarían sin hogar, lo que habían vivido cuando los nómadas volvería a ocurrir. Eva a eso, había respondido que la entregara, pero Juanma por egoísmo se había negado. Era evidente que a el, solo le importaba el mismo. Según Corey, la guerra debía evitarse y solo había una manera de lograrlo.
Corey llegó a la cocina y vio a Eva. Esta estaba preparando un desayuno, Corey se imaginó que debía ser para el gran rey del castillo.
—Hola— dijo Corey entrando en la cocina.
Eva se dio la vuelta y lo miró. –Hola. ¿Has visto por casualidad el paracetamol? Juanma tiene algo de fiebre— preguntó Eva.
—No. No lo he visto— respondió Corey cerrando la puerta de la cocina. Avanzó hacia Eva y le puso la mano en la boca al tiempo que ponía el cañón de la pistola en el vientre. Eva lo miró y el apretó todavía más. –Escucha. Seré breve y será mejor que colabores. Voy a llevarte a Las Vegas. Allí te entregaré al tal Carlos y pararé esto. Es evidente que si dependemos de Juanma estamos jodidos. Ahora te sacaré de la casa y será mejor que no intentes nada o te juro que me cargo a los críos— amenazó Corey mirando a los niños, los cuales estaban en un carrito en la cocina. –Un solo grito y lo hago. Puede que después me maten a mí, pero tú no podrás vivir con la muerte de los putos críos en tu conciencia. ¿Queda claro? Ahora andando.
Corey le quitó la mano de la boca a Eva y esta comenzó a hablar. –No podrás sacarme de aquí así como así. Te descubrirán cuando cojas un coche.
—No hay casi nadie despierto aparte de nosotros. Andando— Corey sacó a Eva de la cocina dejando allí a los niños, Corey iba detrás de Eva con la pistola en su espalda. Recorrieron el pasillo y únicamente se cruzaron con Paula.
—¿A dónde vais?— preguntó Paula.
—Vamos a dar un paseo. ¿Verdad Eva?— preguntó Corey.
Eva asintió. Se despidieron de Paula y salieron por la puerta. Paula llegó a la cocina y entonces vio a los niños. Estaban solos y eso era raro. Fue en ese momento cuando escuchó el motor de un coche. Salió corriendo y vio el vehículo en el que llegaron Juanma y Juan por la noche. Este salió a toda velocidad atravesando las verjas. Paula enseguida se dio cuenta de que aquello parecía un secuestro.
*****
Escuché el ruido de un vehículo y me levanté tambaleante de la cama, me acerqué a la ventana y vi el coche salir atravesando la puerta. Me dio tiempo a ver a Eva fugazmente en la ventanilla del copiloto. Como no entendía nada salí de la habitación, recorrí el pasillo hasta que llegué a las escaleras. Una vez allí me mareé y caí rodando. Cuando llegué abajo, Paula llegó corriendo a socorrerme. Me ayudó a ponerme en pie y enseguida le pregunté.
—¿Dónde está Eva?
—No se que ha pasado, pero Corey se la ha llevado. Creo que la estaba obligando— respondió Paula mientras me miraba la brecha de mi cabeza.
Rápidamente me aparté de ella y fui hacia la cocina, allí estaban los gemelos solos. Seguí por el pasillo y llegué a la puerta principal. Casi me caí. Me quedé apoyado en el porche hasta que apareció Juan poniéndose la camiseta. Este pasó corriendo a mi lado seguido por Johana mientras gritaba algo que no pude entender. Me quedé jadeando en la puerta mientras más de los que estaban allí salían atraídos por el ruido. Finalmente me desmayé ante la mirada atónita de Vicky y Cindy.
*****
Me desperté de nuevo en la cama. No sabía cuanto tiempo había pasado. Intenté levantarme, pero Nina me detuvo rápidamente.
—No te levantes. Tienes que descansar.
—Pero Eva… Tengo que ir a buscarla— respondí sin apenas poder abrir los ojos. Nina volvió a pararme. Enseguida me metió algo en la boca y me obligó a beber un vaso de agua. Me lo tragué y la miré. —¿Qué es lo que me has dado?
—Te he dado paracetamol. Tienes mucha fiebre— respondió Nina.
—Pero Eva…
—No te preocupes. Juan y Johana van tras el. Pronto estarán aquí. Necesitas descansar— dijo Nina. –Tienes que confiar en ellos.
Me dejé caer en la cama. Quería moverme y hacer algo, pero mi cuerpo no daba más de si. Fue en ese momento cuando una voz masculina llamó mi atención. Miré hacia la puerta, el lugar de donde provenía esta y entonces vi a Álvaro cruzado de brazos.
—¿De verdad piensas que esto va a salir bien? ¿No te das cuenta de que las historias se repiten? Eva está tan jodida como lo estuvo Lidia el día que la secuestré y me la llevé. Dudo mucho que vuelvas a verla con vida— Álvaro comenzó a caminar por la habitación y yo comencé a seguirle con la mirada. –Me surge la duda de que harás. Si Eva muere ¿A quien matarás? ¿A Corey? ¿O matarás a Juan y Johana por haberla dejado morir? ¿Los torturarás como hiciste conmigo?
—¡¡¡¡Tu no estás aquí!!!!— le grité a Álvaro.
—¿Con quien estás hablando?— preguntó Nina. –Me estás asustando.
—Claro que estoy aquí. Aunque en tu cabeza. Tengo entendido que hoy ya has hablado con un par de aquellos a los que mataste. Si van a ir pasando todos, va a tocar pedir número. Dime, tengo curiosidad ¿Qué harás una vez Eva yazca muerta a tus pies?
—Desaparece— respondí.
—No puedo irme y dejarte solo— respondió Nina. –Estás delirando. No sabes lo que dices— dijo Nina sujetándome.
—Hazle caso. No sabes lo que dices. Estás hablando con alguien que solo está en tu cabeza. Podría estar aquí de verdad, pero tu me mataste hace tiempo— rió Álvaro, este se inclinó sobre mi casi pegando su cara a la mía –Nunca te quitarás esa culpa que tienes encima y te consumirá. Mucho has durado.
Álvaro desapareció de repente y yo me quedé mirando a Nina. Intenté levantarme para ir detrás de Corey y Eva, pero Nina nuevamente me retuvo.
—No puedo dejarte ir. Aun tienes la fiebre muy alta.
—Pero…
—No te preocupes. Juan y Johana traerán a Eva de vuelta. Tienes que confiar en ella.
*****
Eva iba en el asiento del copiloto mirando a Corey. Este conducía a toda velocidad tratando de alejarse de Gray. Ella podía escapar, pero en lugar de eso, se limitó a quedarse quieta observando a su secuestrador.
—Así que este es tu plan… Conducir hasta Las Vegas y entregarme a ese cabrón. Realmente… ¿Qué esperas conseguir?
—Salvarles la vida a todos. Tú eres la clave en todo este asunto. Ese tal Carlos te quiere a ti ¿No? Pues una vez te tenga se acabaron todos los problemas.
—Eso no solucionará nada Corey. El quiere también a mis hijos y a Vicky. Puede que me entregues, pero el vendrá a buscarlos y pasará lo que quieres evitar, pero tu no lo verás por que te habrá matado. Eso si no lo hace Juanma cuando nos alcance.
—¿Juanma? El estará fuera de juego unos días— respondió Corey sin dejar de mirar al frente mientras conducía.
—¿Qué quieres decir?— preguntó Eva.
—Digamos que me he encargado de que no nos moleste. Aunque no esperaba que sobreviviera. La dosis no fue lo suficientemente alta.
—¿Me estás diciendo que tu has hecho que Juanma enfermara?— preguntó Eva. Entonces recordó que fue Paula quien les llevó la cena.
—Era la única manera de evitar que ese cabrón nos molestara. Eché drogas en su comida. Ahora debe estar jodidamente colocado. Tendrá suerte si sobrevive.
Eva no pudo contener la rabia y golpeó a Corey con todas sus fuerzas. El golpe fue tan fuerte que Corey perdió el control del vehículo y acabó saliéndose de la carretera. Atravesó una valla y se estrelló contra un poste de la luz. Con el choque, Eva se dio un golpe contra el salpicadero y Corey contra el volante.
Rápidamente y con esfuerzo, Eva volvió en si pese al mareo y salió por la puerta. Tenía que regresar a la mansión y avisar de que lo que a Juanma le pasaba era que lo habían drogado. Se arrastró primero por el suelo y luego se puso en pie para comenzar a correr, detrás de ella comenzó a escuchar los gritos de Corey, no tardó mucho en comenzar a escuchar los disparos. Aquel tipo le estaba disparando.
—¡¡¡¡Vuelve aquí jodida puta. Vais a hacer que nos maten a todos!!!!
Eva ni siquiera se dio la vuelta, fue en ese momento cuando vio un autobús que se acercaba. Era el mismo autobús con el que habían ido a la mansión. Comenzó a hacer señas y entonces escuchó otro disparo, seguido de un fuerte dolor en el muslo. Eva cayó de bruces. Estando en el suelo se dio la vuelta y vio a Corey caminando hacia ella apuntándole.
—¿No os dais cuenta? Nos estáis condenando a todos con vuestro egoísmo. Nos estáis…— Corey no terminó la frase. El no había visto llegar el autobús y fue brutalmente atropellado. Su cuerpo fue lanzado por los aires y desapareció entre unos arboles.
El autobús pasó un poco de largo y se detuvo a unos diez metros de donde estaba Eva, la puerta de este se abrió y del vehículo salió corriendo Johana a socorrerla. Cuando llegó junto a ella comprobó la herida del muslo de Eva.
—No parece grave, pero te llevaremos al hotel a que Mél o Sheila te curen.
—No— respondió Eva. –Tenemos que llevar a Juanma también. Corey le hizo algo y podría morirse.
Juan también se acercó a ellas y cuando escuchó a Eva, rápidamente les indicó que cogieran el autobús y que regresaran a la mansión. El se quedaría a terminar el trabajo.
Johana y Eva hicieron lo que Juan les dijo, se subieron al autobús y se alejaron de allí mientras Juan se quedaba.
Una vez solo, Juan comenzó a buscar el cuerpo de Corey. Finalmente lo encontró tirado entre unos arboles. Su aspecto era un desastre, tanto sus piernas como cadera, estaban destrozadas y dejaban los destrozados huesos a la vista, pero aun así, seguía vivo, aunque no podía hablar. Juan se acercó a Corey. Totalmente  sorprendido por como se aferraba a la vida.
—Vaya. Así que sigues vivo. No me lo esperaba— Corey abrió la boca, pero salvo un gemido no salió nada más. En su cara se veía el sufrimiento. –Aunque ahora sigas vivo, no te queda mucho. Te mueres… Y la verdad, después de lo que has hecho no es que me importe tu miserable vida— Juan se sentó a su lado y sacó su pistola. —¿Sabes como me ganaba la vida yo? Era asesino a sueldo. Me pagaban por matar a quien me dijeran. Si, lo se. No es algo de lo que sentirse orgulloso, tampoco es que me gustara. Mi primera victima fue un violador, el tío estuvo en prisión con una pena de más de cincuenta años. El caso es que la ley de mi país es una mierda y ese malnacido salió en libertad. El padre de la muchacha me contrató para que yo hiciese el trabajo y así lo hice. Fue mi primer encargo. Los primeros días lo pasé algo mal, había matado a una persona. Era un cabrón, si, pero matar es matar. Me estuve comiendo la cabeza hasta que un día dejó de importarme. Un día llegó mi segundo encargo, luego el tercero, el cuarto, el quinto…— Juan siguió enumerando los encargos hasta que se detuvo. –Con el tiempo me di cuenta de que a la hora de cargarme a la gente ya no sentía nada, ni alegría, ni miedo. Estuve en prisión y allí contrataron mis servicios para cargarme a otro preso, mi jefe en ese momento era un tipo que no iba a salir de prisión nunca, este no me pagó con dinero, me pagó con un abogado que ya tenía todas mis coartadas. Salí limpio de la cárcel y todo quedó como un error de la ley. Ya te dije que esta es una mierda en mi país. Después de eso seguí aceptando encargos, me mandaban, hacía el trabajo y me largaba. La mayoría de mis encargos eran ratas que merecían morir, todos habían cometido algún delito, me sentía tan bien con ello que ya no les quise cobrar. Uno de mis encargos, de los últimos, fue un hombre, un hombre que no podía moverse, estaba postrado en la cama. Creo que tenía la polio o algo así, su esperanza de vida era poca, pero mientras seguía viviendo estaba sufriendo. Su encargo no fue para que me cargara a nadie en especial. Su encargo era que lo matara a el mismo. Fue la primera vez que me encontraba con un caso así, el hombre estaba solo y salvo cuidadores, nadie se ocupaba de el. Me ofreció una gran suma de dinero que yo acepté. Sin embargo, antes de hacerlo, le pregunté  si era eso lo que quería y el me respondió que si, me dijo: “Mátame”… Y así lo hice. Después de eso me retiré y no volví a matar a nadie, no al menos hasta que ocurrió todo esto— Juan hizo una pausa y miró a Corey. El cual todavía estaba vivo. –Seguramente te estarás preguntando el por que te cuento esto… La respuesta es muy sencilla. Te veo sufrir y me recordaste a ese hombre, al cual admiro por su decisión. Se ganó todos mis respetos, por eso no me gusta ver el sufrimiento. Te lo cuento por que si tú me lo pides, te ahorraré el sufrimiento ahora mismo metiéndote una bala en la cabeza. Dime ¿Quieres que te mate?
Corey miró a Juan con ojos suplicantes e intentó hablar, pero no pudo. Entonces movió la cabeza asintiendo. Juan sonrió.
—Supongo que eso es un si. Muy bien, vamos allá.
Juan puso su pistola en la frente de Corey mientras este cerraba los ojos. Entonces Juan apretó el gatillo, pero no se escuchó ningún disparo, de hecho, ninguna bala salió del arma. Corey abrió los ojos y miró a Juan. Este lo miraba con una sonrisa, le quitó el arma de la frente, le quitó el cargador y se lo mostró, estaba vacio.
—Como ya te dije antes— Juan se levantó. –Era asesino a sueldo, tu no tienes nada para pagarme y además. Yo ya hace tiempo que me retiré. Y como no me gusta ver el sufrimiento, me largo. Calculo que aun te deben quedar unas cuantas horas, disfrútalas. Hasta nunca— dijo Juan mientras se alejaba.
*****
Eva y Johana regresaron a la mansión Crawford. Nada más llegar, subieron corriendo a la habitación y se encontraron con Nina. Juanma estaba tumbada en la cama y parecía que estaba dormido.
—¿Ya habéis vuelto?— preguntó Nina
—Ayúdame a levantarlo— le espetó Eva a Johana. –Debemos llevarlo al hotel. Necesita con urgencia un lavado de estómago.  Corey  lo envenenó para hacer más fácil lo de secuestrarme.
Johana y Eva cogieron a Juanma y lo levantaron de la cama. Bajaron rápidamente las escaleras y se subieron al autobús en el que habían llegado. Rápidamente se pusieron en marcha.
—Vamos cariño. Tienes que aguantar— decía Eva.
Abrí los ojos lentamente y entonces vi a Eva. Justo detrás de ella vi a Lidia.
—¿Dónde estoy?—pregunté.
—Te estamos llevando al hotel. Tienes  que aguantar. Ni se te ocurra morirte— decía Eva.
—Eso. Ni se te ocurra morirte. Has matado a tantos que te están esperando al otro lado para ajustar cuentas. Ya nos veremos— dijo Lidia.
Entonces cerré los ojos mientras escuchaba la voz lejana de Eva. No sé el tiempo pasó, pero cuando me desperté, me di cuenta de que estaba tumbado en la camilla de la enfermería del hotel. Miré a mi alrededor y vi a Mélanie y Sheila. Estas hablaron entre ellas y Mélanie salió, segundos después, Mél entraba seguida por Eva. Nada más entrar, Eva se acercó a mí y me dio un beso, me tocó la frente y sonrió.
—Te bajó la fiebre. Es un alivio.
—¿Qué ha pasado?— pregunté. Tenía los recuerdos algo nublados.
—Corey te drogó. Lo hizo para dejarte fuera de combate mientras me llevaba a Las Vegas, pero todo salió bien— respondió Eva. –Todos estamos a salvo. Al menos de momento.
—¿Y dónde está Corey?— pregunté.
Johana entró en ese momento en la enfermería. –La última vez que lo vi, estaba volando por los aires tras ser golpeado por el autobús. Juan se quedó allí. Supongo que a estas horas debe estar muerto. Ya está, tranquilo. Ahora lo que debes hacer es descansar.
Me levanté de la camilla y me quedé sentado. –No hay tiempo para descansar. Carlos probablemente esté de camino y él, no nos dará ni un descanso, tenemos que prepararnos para lo que está por venir. Quiero que todos sigan  preparándose.
—Yo me quedaré aquí. No pienso irme, no puedo irme otra vez— dijo Eva.
—No. Tú debes quedarte  en la mansión con los bebés. Prefiero que estés lejos de aquí cuando  todo ocurra. Bajo ningún concepto puede encontrarte aquí. ¿Entiendes?— pregunté.
En ese momento alguien llamó  a la puerta de la enfermería, le dimos permiso para entrar. Y cuando entró,  vimos que se trataba de Juan.
—Me alegro de ver que estás bien.

—Si. Y es hora de prepararnos. Vamos a terminar con esto de una vez por todas. Cuando vengan, se arrepentirán de haberlo hecho

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