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Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
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sábado, 5 de noviembre de 2016

NECROWORLD Capitulo 134

Como cada día estaba allí, ese tipo joven que acudía al orfanato con el único objetivo de meterse entre las piernas de una de las cuidadoras. Era un tipo delgado que vestía como un autentico imbécil, con una chupa de cuero, pantalones rotos y sucios y un pelo tan brillante por la gomina, que uno podía verse reflejado en el. Ese tipo se llamaba Johnny y era un autentico cretino. Un tipejo desagradable en todos los sentidos. El olor que desprendía no era mucho mejor, era olor a tabaco.
Dorian estaba sentado en las escaleras del orfanato cuando llegó este. Este apagó el cigarro que iba fumando y lo dejó caer al suelo para después pisarlo. —¿Qué pasa chaval? ¿Has visto a la zorrita por aquí?— al no responder, Johnny se inclinó hacia Dorian y el muchacho pudo notar su olor. Al no responderle, pareció que aquel cretino iba a dejarlo estar, pero entonces volvió a la carga. —¿Te ha comido la lengua el gato? ¿O es que simplemente eres retrasado?
—No suele hablar mucho. Ese chaval es hijo de dos hermanos— dijo en ese momento Judith. La cuidadora a la que buscaba ese payaso. Cuando llegó junto a Johnny, estos no tardaron nada en comenzar a comerse la boca, incluso Johnny se tomó la libertad de meter su mano por dentro de los pantalones a la cuidadora, algo que hizo que esta se estremeciese y dejase ver una mueca de placer.
—¿No está la vieja?— preguntó Johnny.
—No. Se fue a misa con los críos. Solo se quedó este, pero no nos preocupemos. Solo es un tarado— respondió Judith.
La cuidadora cogió a Johnny de la mano y se lo llevó a una de las salas. Dorian no tardó en comenzar a escuchar los gemidos de los dos. Se puso en pie y caminó hacia la puerta tras la que se habían ocultado aquellos dos y la abrió con cuidado. Fue entonces cuando los vio. Judith estaba tumbada con la falda subida y sus bragas colgando de uno de sus tobillos. Su camisa había sido desabrochada y sus pechos estaban al descubierto. Johnny estaba de pie con los pantalones bajados y moviéndose entre sus piernas, luego se inclinaba y comenzaba a mordisquear los pechos de la cuidadora. Dorian abrió más la puerta y se los quedó mirando. No pasó mucho tiempo hasta que Judith miró hacia la puerta y lo vio allí plantado. Esta le dio unas palmadas en el pecho a Johnny para que mirara, este se dio la vuelta y cuando vio a Dorian comenzó a reírse.
—¿Qué pasa chaval? ¿Se te pone dura? Ven aquí— decía Johnny sin dejar de moverse. Dorian caminó hacia ellos y se plantó al lado de Johnny. –Mira que buena está. ¿No te gustaría probar?— Johnny se retiró y agarró a Dorian, lo puso frente a Judith y le bajó los pantalones.
—¿Qué coño haces?— preguntó Judith.
Johnny pasó las manos por detrás de Dorian y las llevó a la entrepierna del muchacho. Eso hizo que abriese los ojos de par en par. –Joder. Que polla se gasta el muchacho. Cuando se le ponga dura te va a dar fuerte— en ese momento vio que Dorian tenía algo en las manos. Algo que no había visto antes. —¿Qué llevas ahí?
Dorian no respondió. Rápidamente clavó el cuchillo que llevaba en el vientre de Johnny. Este abrió los ojos todavía más y cayó de rodillas frente a el, justo en ese momento, Dorian sin pensárselo dos veces, le cortó el cuello.
Judith comenzó a gritar, pero Dorian se lanzó sobre ella y le clavó el cuchillo en el ojo antes de que esta pudiera reaccionar más.
Ninguno de los dos, ni Judith ni Johnny tardaron mucho en morir. Dorian se sentó en una silla a verlo. Fue entonces cuando si tuvo una erección. Le excitaba matar.
*****
La policía se llevó los cuerpos cuando los encontraron. Nadie culpó a Dorian, era impensable que un niño de apenas ocho años hubiese hecho algo así. El crimen fue catalogado como pasional. El tipo había matado a la chica y luego se había suicidado, primero lo había intentado apuñalándose en  el vientre y luego se había cortado el cuello. Esa fue la versión que contaron, pero la realidad era que todos pensaban que era cosa de aquel muchacho que no hablaba, pero que en su mirada se podía ver el mal.

Día 27 de Octubre de 2010
Día 850 del apocalipsis.

Desterrado. Carlos lo había echado de su ciudad y se había hecho con el control. Había encontrado un almacén en Boulder City en el que descansar y pensar. Pensar en como regresar allí y devolvérsela con creces a ese mal nacido, pero no quería matarlo ¿Para que matarlo cuando podría torturarle día si y día también? Era eso lo que prefería.
Dorian tenía hambre y sed. No había podido conseguir nada desde que había salido de Las Vegas. Había llegado hacia poco a ese almacén y no lo había inspeccionado, se puso en pie y comenzó a dar vueltas por el lugar. Encontró varias latas de conserva vacías. Cogió una del suelo y entonces vio que había restos, los cuales aun estaban frescos, eso significaba que alguien había estado allí hacia bien poco. De repente, escuchó el ruido de un motor, indudablemente acababa de llegar un vehículo. No tardó mucho en abrirse una puerta, tras ella apareció un chico joven. Era un chaval de unos veinte años, moreno de piel y con el pelo negro, algo largo debido al paso del tiempo, lo tenía recogido en una coleta. Este vestía una chaqueta vaquera y debajo de esta se podía ver una camisa de tirantes negra, llevaba pantalones largos y manchados de lo que parecía aceite de vehículo. Cuando vio a Dorian se quedó parado y seguidamente le apuntó con un rifle.
—¿Qué carajos haces aquí gringo?— preguntó el muchacho con un marcado acento Mexicano. –Esta es mi casa.
Dorian levantó las manos y mostró que estaba desarmado. –Tranquilo amigo. Solo estoy aquí de paso. Estoy solo. Puedes bajar eso, no estoy armado.
—Date la vuelta gringo— dijo el muchacho. Dorian hizo lo que le dijo y sin bajar las manos dio una vuelta sobre si mismo para que el joven viese que no llevaba armas ocultas. Aun así, el chico se acercó y comenzó a cachearlo. Cuando terminó, se alejó un par de pasos sin dejar de apuntarle.
—¿Qué haces aquí gringo?— preguntó el joven.
—Te lo acabo de decir. Solo estoy de paso. Entré aquí buscando un sitio donde pasar la noche— respondió Dorian sin bajar los brazos. –Puedes bajar el arma. No soy una amenaza para ti. Te lo prometo amigo.
—Yo no soy tu amigo gringo. Quítate la ropa— dijo en ese momento el joven.
—¿Qué?— preguntó Dorian frunciendo el ceño. —¿Qué me quite la ropa?
—Ya me escuchaste. Acá hace frio y voy a necesitar tu ropa. Dámela si no quieres que me la quite a la fuerza. Solo así saldrás de aquí con vida.
—Pero desnudo— añadió Dorian al tiempo que se quitaba la camisa. Después se quitó los pantalones y la ropa interior, quedándose totalmente desnudo. Hizo un montón con la ropa y la dejó allí. –Tendrás que venir a recogerla.
El joven se fue acercando y se agachó junto a la ropa, de vez en cuando le lanzaba miradas a Dorian. –Está limpia cabrón.  ¿De donde carajos viene alguien como tu? Pareces un pinche rico— en ese momento Dorian golpeó al joven y este cayó de bruces al suelo. Intentó levantarse, pero Dorian fue más rápido, le puso un pie en la espalda y empujó al joven contra el suelo, seguidamente le quitó el rifle y miró si tenía munición. Al ver que no había, miró al joven y sonrió. –Sabía que no había balas cabrón. Si no, hubieses disparado ¿Verdad?
—No me mates gringo. Dejaré que te vayas, todo esto estará olvidado— dijo el joven desde el suelo intentando levantarse, pero Dorian, pese a su edad, era mucho más fuerte.
—Cuando vine aquí, lo hice buscando comida— dijo Dorian mientras se agachaba y cogía un cuchillo que tenía el joven en el cinturón. Le quitó la funda y miró al joven. –Parece bueno… Pues bien, como te decía, vine aquí buscando algo para comer, pero hay veces que la comida llega sola a la puerta de tu casa. Veamos que tal corta— Dorian le cogió la cabeza al muchacho, le puso el cuchillo en el cuello y le hizo un corte. La sangre comenzó a salir como si hubiesen dejado abierto un grifo. El cuerpo del joven se quedó inerte mientras la sangre se iba extendiendo por el suelo de hormigón. Poco después separó la cabeza del joven del cuerpo y la alejó de una patada.
Dorian se vistió y cacheó el cuerpo de aquel chico, despojándolo de su ropa. Llevaba varias cosas útiles, entre ellas un mechero que estaba lleno, pero nada de munición. Quizás la tenía en el coche que había dejado fuera, la cual buscaría después. Preparó una fogata y después comenzó a cortar uno de los brazos del joven. Dorian sonrió, ya tenía la comida.

Dorian estaba dando buena cuenta del brazo del muchacho mientras miraba a la cabeza. La cual se había reanimado hacía poco menos de una hora. Los ojos del muchacho, pese a estar sin vida, observaban la escena mientras su boca se abría y cerraba provocando chasquidos. Dorian sonrió mientras masticaba un trozo de carne que se había metido en la boca.
—No me mires así chaval. Eras tu o yo… Y evidentemente no iba a ser yo. Por lo menos te recordaré como el que me salvó la vida— en ese momento, Dorian cogió una de las pertenencias del chico, era una cartera. La abrió y en ella encontró una foto. En ella, aparecía el muchacho con una chica, ambos estaban abrazados. –Es muy guapa. Veamos que más tienes aquí— Dorian siguió buscando y encontró un carné de identidad donde se veía una foto del chico y su nombre. –Carlos Sandoval… No me jodas. ¿Sabes? Un tipo llamado Carlos es el que me ha puesto en esta situación. Si no fuera por el, quizás tu habrías vivido un poco más. Así que cuando lo mande al infierno, ajusta cuentas con el ¿Quieres? Por cierto, sabes muy bien. Tienes más carne de la que pensaba.
Dorian siguió comiendo hasta que se comió el brazo entero. Aun quedaba mucho cuerpo del que alimentarse, pero no duraría mucho más. Al día siguiente ya nada sería aprovechable. Tiró los huesos que sobraron y se tumbó sobre una hamaca.

Día 28 de Octubre de 2010
Día 851 del apocalipsis…
09:00 horas de la mañana…

Dorian se despertó con las primeras luces del sol, nada más hacerlo comenzó a notar el hedor que comenzaba a desprender el cuerpo mutilado del muchacho. En el cuerpo se habían congregado algunas ratas, las cuales, por como entraban y salían del cuerpo, llevaban horas alimentándose de el.
Dorian se pertrechó bien con la ropa del chico. Salió del almacén y se encontró con el vehículo con el que había llegado el joven el día anterior. Se trataba de un Land Rover de color rojo al que se le había desprendido la mayor parte de la pintura, los cristales estaban sucios y el parachoques tenía manchas de sangre. Dorian abrió la puerta y vio que las llaves estaban puestas. Se metió dentro y abrió la guantera, allí encontró unas gafas de sol, un mapa de carreteras y unos cuantos CD´s de música grabados. Leyó los títulos: “Ramones”, “Molotov” y “Diablos locos”. No es que le gustaran esos grupos o los conociera, pero al menos el viaje no se le haría aburrido.
Iba a ponerse en marcha cuando vio aparecer a una No Muerta que se acercaba cojeando. Nuevamente sacó el cuchillo que había pertenecido al muchacho y cuando iba a quitarle la funda se lo pensó mejor. No quería mancharlo con la sangre putrefacta de uno de esos seres, podría necesitarlo después para despiezar alguna presa. Se acercó a la caminante, la agarró del cuello y no pudo evitar sonreír. Le dio dos patadas en las piernas, partiéndole así las espinillas, la muerta cayó hacia delante y el le pisó la cabeza.
Se volvió a subir al land rover y se quedó al volante mientras pensaba a donde podía ir. Fue entonces cuando tuvo una idea. Luci, ella había huido, pero se imaginaba a donde podría haber ido y el quería recuperarla. Puso en marcha el motor y comenzó a conducir hacia el Este, dirección Manhattan.

Día 30 de Octubre de 2010
Día 853 del apocalipsis…
Manhattan… 14:00 horas del medio día…

Dorian conducía por las calles de una Manhattan casi desierta. Lo único que veía eran caminantes solitarios, pero el no les prestaba atención a ellos, el solo buscaba a alguien. Era muy posible que Luci hubiese regresado allí, esperaba incluso ver algo que le indicara que estaba refugiada en alguna de las casas o edificios. Al fin y al cabo ella estaba buscando a sus amigos.
Llegó al edificio donde vivía su hermano Graham y detuvo el vehículo. Salió de el y miró hacia arriba, aun recordaba cuando Graham solía poner la sinfonía del nuevo mundo a todo volumen, con la absurda idea de conseguir mentalizar a los habitantes de que aquello era un nuevo mundo para ellos y que habían logrado sobrevivir al apocalipsis. Eso era algo que detestaba de ese maldito viejo.
Volvió a subirse al land rover, ya estaba harto de dar vueltas por Manhattan, no parecía que fuese a encontrar nada. Tomó la interestatal 87. Condujo hasta que llegó a Yonkers. Recordó una de las discusiones que había tenido con su hermano. Dorian quería extender la comunidad de Manhatan hasta allí, pero Graham se negaba. Decía que aquel lugar estaba lleno de maleantes y que era mejor no tratar de quitarles su hogar para así evitar represalias, al final, todo se quedó en nada y Yonkers nunca fue conquistado.
Condujo por las calles de Yonkers y entonces le pareció ver a alguien cruzando la carretera a lo lejos. Al principio pensó que era otro caminante, pero no, se trataba de una chica que corría mirando hacia atrás. Dorian se fijó un poco en ella y vio que era Luci. Esta desapareció en un callejón y justamente detrás apareció corriendo un tipo, el cual la iba persiguiendo. Dorian pisó el acelerador y atropelló al tipo. El cuerpo de aquel tipo salió volando y acabó chocando contra un vehículo abandonado. Dorian se bajó del vehículo y caminó hacia el herido, al llegar junto a el, vio que era un chico joven de no más de treinta años, este iba vestido de militar y en la chapa de su camisa del ejercito podía leerse Collins. Dorian observó bien el maltrecho cuerpo del muchacho. El parachoques le había destrozado las piernas y al caer sobre el coche abandonado, un hierro había atravesado su vientre.
Cuando el joven militar vio a Dorian comenzó a gritar de terror. Eso hacia que algunos caminantes comenzaran a salir de callejones y tiendas, todos iban hacia ellos. Dorian sacó el cuchillo que le había quitado al joven Mexicano, justo cuando iba a clavárselo en la cabeza se escuchó un disparo, después la cabeza de aquel chico reventó y Dorian miró  a su izquierda. Entonces vio salir a la chica que había visto antes, fue entonces cuando vio que no era Luci, aunque se le parecía muchísimo. Esta lo miró.
—Tengo un barco cerca. Vamos— dijo al tiempo que ella comenzaba a correr hacia el coche de Dorian. Ella se subió por la puerta del copiloto. El se puso al volante y ella le apuntó. –Conduce siguiendo mis indicaciones y no pasará nada. Lo único que quiero es salir de aquí.
—Me llamo…— quiso decir Dorian, pero la chica lo interrumpió.
—Que conduzcas coño.
Dorian puso el motor en marcha y pisó el acelerador para salir de allí a toda velocidad. Lo ultimo que vio antes de abandonar la calle, fue a los No Muertos comiéndose al joven soldado.
—Muy bien. ¿Hacia donde?— preguntó Dorian.
—Sigue recto. Colócate junto al rio Hudson y conduce hasta Warburton Ave. Mi barco está allí— dijo la chica.
—Puedes bajar el arma. No soy una amenaza. ¿Qué pasó con ese chico?— preguntó Dorian.
—Ese cabrón me trajo aquí con la excusa de buscar suministros, pero lo que ese desgraciado quería era violarme— respondió la chica sin dejar de apuntar a Dorian a la cabeza.
—¿Y por huías de el en lugar de matarle? Podrías haberlo hecho antes— dijo Dorian sin dejar de mirar al frente.
—No quería matarlo. Quería atraerlo a un lugar abierto y dejarlo fuera de combate, pero apareciste tú y lo atropellaste. Una vez destrozado como lo dejaste ya no había nada que hacer por el, por eso lo maté ahí. No quedamos demasiados y solo se puede ser fuerte si nos mantenemos juntos… Tuerce a la izquierda— dijo la chica.
Dorian siguió conduciendo hasta que la chica le dijo que se parara, fue entonces cuando vio un barco, más bien era un yate de color blanco que estaba parado cerca de la orilla. Nada más llegar, en la orilla, vieron a un hombre junto a una balsa. Al verlos llegar, apuntó con su fusil.
—Baja el arma Parsons. Soy yo— dijo la chica.
—Regina… ¿Dónde está Collins? ¿Y quien es ese?
—Collins está muerto. Este tipo me salvó la vida. Vendrá con nosotros.
Parsons los miró e hizo un gesto con la mano para que se acercaran. Dorian no se lo pensó y se subieron a la balsa, seguidamente se pusieron de camino al barco. No tardaron en llegar. Dorian subió a cubierta y enseguida se encontró con otro soldado, un hombre y una mujer, también había un niño de unos ocho años. La mujer no tardó en acudir corriendo a abrazar a la soldado, cuando esta miró a Dorian, la soldado lo presentó. –El es Dorian.
Dorian abrió mucho los ojos y miró a su misteriosa acompañante. Por algún extraño motivo que el desconocía, ella sabía quien era.
*****
La noche habia llegado, todos dormían salvo la soldado y Dorian. Esta estaba en la cubierta del yate. Dorian salió y se le acercó. Se sorprendía muchísimo de que no lo hubiesen encerrado, era lo más normal en esos casos. Por otro lado, necesitaba saber como era posible que esa chica supiese quien era el. Subió los escalones y enseguida esta lo miró.
—Creí que estabas dormido.
—Me cuesta dormir cuando hay secretos. Me conoces… ¿Por qué?— preguntó Dorian.
La soldado se aseguró de que no la escucharan y volvió a mirar a Dorian. –Muchos te conocen por aquí. Muchos saben quien eres y lo que tienes.
—¿Y que es lo que tengo?— preguntó Dorian sentándose frente a la soldado.
—Una ciudad con muros. Las Vegas— respondió la soldado. –Lo se por que nos cruzamos con gente. Y esas personas hablaban de esa ciudad como si fuese la tierra prometida. Algunos incluso, los que nos daban munición, llevaban una bandera con tu cara, por eso te reconocí nada más verte. Por eso no te disparé en ningún momento.
—¿Quiénes sois vosotros?— preguntó Dorian.
—Éramos SEALS, pero lo dejamos cuando todo se fue a la mierda. Fui a buscar a mi hermano, a mi cuñada y a mi sobrino. Yo los he mantenido con vida. Los demás solo me siguieron. Soy yo quien está al mando aquí. Soy la sargento Regina Stevens, el tipo al que maté era el cabo Collins. Un capullo que está mejor muerto.
—¿Y por que me has traído aquí?— quiso saber Dorian. –No lo entiendo. Podríamos haber seguido cada uno por su lado.
—Yo estoy al mando y quiero mantener a todos los que hay aquí con vida. Solo lo conseguiré si los llevo a un lugar seguro. Ese lugar es Las Vegas. Tú nos llevarás.
—Eso no será posible me temo. Un tipo se sublevó contra mí y me desterró, si me acerco a las puertas me matará. También lo hará con todos aquellos que me acompañen.
—No lo hará. Tengo un campamento cerca de Toms River. Mañana llegaremos allí y partiremos desde allí. Se que puede que sea peligroso cruzar todo el estado, pero en barco no llegaríamos nunca, además… Debemos pasar a coger el arsenal, ya que le obligaremos a que nos deje pasar. Ahora ve a dormir. Mañana será un viaje largo— Dorian se dio la vuelta y una ultima vez escuchó la voz de ella. –Me llamo Regina, por cierto.
—Encantado de conocerte— respondió Dorian con una sonrisa.

Día 31 de Octubre de 2010
Día 854 del apocalipsis…
12:00 horas del medio día…

Dorian se asomó y observó el agua. El barco hacia rato que había abandonado el rio Hudson. A la velocidad que iban, no tardarían en llegar a Toms River.
Mientras miraba al agua, se dio cuenta de que el niño lo estaba mirando, ocultó detrás de unas cajas.
—Hola— dijo Dorian al verlo. —¿Qué tal? Yo me llamo Dorian ¿Y tú?
—Me llamo Anthony. Mi tía dice que nos llevará a un lugar seguro. A una ciudad.
Dorian sonrió. –Así es. Os llevo a una ciudad.
—¿Y como es?— preguntó Anthony acercándose a Dorian.
—Tiene muchas luces. Te gustará— respondió Dorian con una sonrisa de orgullo.
En ese momento apareció Regina, miró al pequeño. –Ve con mamá. La comida esta lista— el niño miró a Dorian, le sonrió y se fue al interior del barco. Regina entonces se quedó a solas con Dorian. –Es muy buen chico. Haría por ellos cualquier cosa.
—Te entiendo. Yo hace tiempo que perdí a mi familia— respondió Dorian. –Los echo de menos.
—Te entiendo. Oye…— Regina no acabó la frase. Parsons los interrumpió.
—Estamos llegando Regi.
El yate se paró junto a un embarcadero y todos comenzaron a bajar. A ellos fueron a recibirlos otros tres soldados. Los subieron en un vehículo militar y los llevaron a un campamento, donde había cerca de unas dos docenas de soldados. Todos desertores, pensó Dorian.
Allí en el campamento pasaron varios días. Hasta que llegó el día de la partida. Esta fue el día 4 de Noviembre. Partieron al medio día después de desmontar el campamento.
Cuando llegó allí, Regina le mostró el campamento a Dorian y el armamento que llevaban. Regina tenía muy claro lo que quería hacer, entrarían en la ciudad costase lo que costase. Una vez allí, Dorian mataría a Carlos y el se haría de nuevo con el mando de la ciudad y nuevamente gobernaría con mano de hierro, ejecutando a todos aquellos que le dieron la espalda a el para unirse a Carlos. Eso era lo que más deseaba.

Día 6de Noviembre de 2010.
Día 861 del Apocalipsis…
Cerca de Macon… 15:00 de la tarde…


Regina había decidido parar y habían establecido el campamento cerca de Macon. Aquella tarde, Dorian y otros tres militares habían decidido salir a buscar la cena para esa noche. No sería hasta el día siguiente cuando partirían de nuevo.
—Te lo digo tío. Si me lo monto bien, puede que acabe tirándome a Regina— decía uno de los soldados que iba por detrás de Dorian.
—Inténtalo, y puede que ella te tire por un puente. Tiene muy mal genio— respondió otro soldado.
Dorian estuvo a punto de decirles que dejaran de decir tonterías, pero entonces vio algo que se elevaba entre las copas de los arboles del bosque. Se trataba de humo de color blanco. Los que lo acompañaban también lo vieron.
—Algo ha ardido por aquí cerca. No será nada importante. Sigamos por aquí— indicó el soldado más cercano a Dorian, pero este lo ignoró y comenzó a correr como atraído por algo. Los soldados lo siguieron corriendo a través del bosque hasta que llegaron a un lugar en el que parecía que se había librado una autentica guerra.
Uno de los soldados pisó un cartel y lo levantó mostrándoselo a los demás. –Esto era un hotel.
Dorian comenzó a caminar entre las ruinas observando los cadáveres. Incluso sonrió al reconocer a algunos de ellos. Entonces llegó a uno en concreto. Se trataba de un hombre que estaba quemado y que seguía vivo. Enseguida reconoció de quien se trataba, llamó a los que lo acompañaban y cuando estos vieron al herido, también vieron la sonrisa de Dorian. –Lo llevaremos al campamento y lo mantendremos con vida. Que no muera bajo ningún concepto— dijo Dorian.


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