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sábado, 15 de octubre de 2016

NECROWORLD Capitulo 131

Día 23 de Octubre de 2010
Día 846 del Apocalipsis.
15:00 horas de la tarde. Almacén…

Les había contado toda la historia. De como nos habían echado del hotel y de como habíamos llegado a ese almacén y esa situación. Después de eso, y con armas en nuestro poder, estábamos listos para recuperar lo que había sido nuestro hogar los últimos meses.
—Muy bien. El plan es el siguiente. Juan, David y Luci vendrán conmigo hasta el hotel. Mientras los demás nos seguiréis después, iréis todos armados. Nosotros cuatro los asaltaremos desde dentro, cuando controlemos la situación. Será vuestro momento de actuar. Confío en que esto saldrá bien. Creen que nos han vencido, estarán muy confiados— comencé a explicar, todos estábamos reunidos alrededor de una mesa.
—¿Los niños también?— preguntó Stephanie. Ella se mostraba bastante preocupada por los niños. Ella se había ocupado de tener en brazos al bebé de Luci desde el momento que habíamos regresado.
—No. Algunos os quedareis aquí hasta que el resto regresemos. Te dejo a ti al mando— dije mirando a Stephanie. –Confío en ti. El resto, esperareis en el bosque ocultos.
—¿Y por que solo vosotros cuatro entrareis en el hotel? Podríamos ir más— replicó Johana.
—Cuatro seremos más silenciosos que veinte. Vosotros entrareis en acción desde el exterior. Confiad en mi, se muy bien lo que estoy haciendo. Estoy dispuesto a recuperar el hotel. Ahora tenemos esta oportunidad en nuestras manos y ellos no se lo esperan. No vamos a fallar. Ellos piensan que no tenemos armas, seguramente piensan que ya estamos muertos. Son confiados y estúpidos. Se habrán acomodado.
—Muy bien. Pues no se hable más. Recuperemos ese hotel— dijo Luci alejándose tras dar un golpe sobre la mesa.
Disolví la reunión y fui a hablar con Eva y Vicky. Vicky quería acompañarme, pero la pierna aun le dolía. –Vosotras os quedareis aquí también— entonces saqué dos pistolas y les di una a cada una. –Dudo que las necesitéis, pero por si acaso— me despedí de ellas con un abrazo y un beso a cada una. Eva me susurró que tuviera cuidado y yo asentí.
Después de despedirme me reuní con David, este estaba despidiéndose de Alicia y Christian. Al verme se alejó de ellos. –Tengo pendiente pedirte disculpas por irme con tu hermano. Ha hecho falta mucho para darme cuenta de la clase de monstruo que es. Mató a Sandra y ahora es el quien parece que manda en Las Vegas.
—Tranquilo. El asunto con mi hermano ya se solucionará cuando llegue el momento. Ahora tenemos algo mucho más importante entre manos— respondí mientras caminábamos. Observé entonces a Luci, ella estaba hablando con Stephanie mientras le dejaba la niña a su cuidado. —¿Y esa niña que lleva Luci?
—Dorian se la dio. Antes de desaparecer de Las Vegas. Probablemente se la quitó a alguien.
Al escuchar eso me acerqué a Luci y Stephanie y miré a la niña. Me estaba dando la corazonada de que esa niña era la hija de Silvia. Cuando nos encontramos con Luci y David, les pregunté si habían visto a alguien nuevo allí, les pregunté si habían visto a Rachel y Sheila. A las cuales si conocían, pero su respuesta era negativa. Quizás aun no habían llegado y eso me preocupaba.
—¿Qué ocurre?— preguntó Luci.
—No. Nada. Pero creo que esta niña es hija de una chica que hasta hace unos días estaba con nosotros. El cabrón de su novio la tenía encerrada y le quitó una niña. Antes de morir, ese desgraciado confesó que la niña vivía y que estaba en Las Vegas. Ahora ella y otros están allí o de camino. Por eso os pregunté lo que os pregunté cuando regresábamos. Pero eso ya será algo que hablaremos después. Cuando hayamos recuperado el hotel.
—Yo ya estoy listo— dijo Juan acercándose a nosotros.
—Muy bien. Pues vamos— respondí. Minutos después, los cuatro estábamos caminando por las vías de vuelta al hotel. Yo estaba totalmente decidido.

Hotel…
15:55 horas de la tarde…

Jacob estaba en el jardín cubierto, sentado en una silla junto a una mesa. Sobre esta había dos tazas y una cafetera. Fue en ese momento cuando dos hombres aparecieron en el jardín empujando a Richard Levine. Este iba esposado con las manos en la espalda. Cuando llegaron a la mesa, lo obligaron a sentarse en la silla que quedaba libre.
—Quitadle las esposas— ordenó Jacob. Los hombres de Jacob le quitaron las esposas a Levine y este se acarició las muñecas. Los hombres se fueron después de que Jacob les hiciese un gesto y este sonrió a Levine. –Espero que entiendas el por que te tenemos en esa celda. No queremos arriesgarnos a que te escapes. Eres demasiado importante, tienes un don único.
—¿Me lo dices o me lo cuentas?— preguntó Levine con ironía. –Todos los que quieren utilizarme dicen lo mismo. ¿No deberíais cambiar el chip?
Jacob comenzó a reír y llenó las dos tazas. –Eres muy gracioso. De verdad. Bebe, te lo has ganado— al ver que Levine no bebía, Jacob comenzó a hablar. –Bueno, iré al grano. Aquí somos muchos y la comida no nos durará mucho. Teniendo en cuenta tu don, sería inútil no aprovecharlo, especialmente en viajes largos. Te voy a ofrecer lo siguiente, serás uno de los nuestros si nos ayudas. Quiero que mañana, salgas en una expedición junto a otros de mis hombres y traigáis comida suficiente para seguir alimentándonos. Por ahí fuera hay muchas comunidades, las hemos visto, pero no nos ha sido posible hacernos con ellas.
—Pero os habéis hecho con este hotel— respondió Levine.
—Pero eso fue por que fue fácil. Lo de esas comunidades es otra historia. No nos interesa hacernos con ellas. Este hotel es genial y nos quedaremos aquí para siempre si dios quiere. Lo que quiero de esas comunidades es otra cosa. Es armamento y comida— Levine lo miró, pero Jacob lo interrumpió antes de que pudiera hablar. –Si, ya se lo que vas a decirme, pero no lo haremos. Lo que quiero es lo siguiente. Tú puedes caminar entre los muertos. Y he visto que esos se siguen los unos a los otros. Si tú te pones al frente de un rebaño y te pones a conducirlo, no tardarás mucho en tener a todo el rebaño siguiéndote como si fueras su pastor. Lo que quiero es que lleves esos rebaños a las puertas de esas comunidades, los No Muertos harán el resto.
—Resumiendo. Queréis utilizarme para que dirija a los muertos hacia comunidades y que ellos hagan el trabajo sucio— respondió Levine recostándose en la silla.
—Eso es. Eres muy perspicaz. A cambio de que lo hagas, te sacaremos de la celda y vivirás como uno más de nosotros. ¿Hay trato?— preguntó Jacob.
Levine sonrió y negó con la cabeza –Metete los tratos por el culo. Si quieres hacer algo, hazlo, pero tendréis que hacerlo solo. Volved a disfrazaros de caminantes si os da la gana.
—No pienso dejar que mis hombres se pongan esa porquería de nuevo por encima. Así que no piensas hacerlo ¿No? Pues es una pena— Jacob levantó la mano e hizo un gesto. Segundos después, dos de sus hombres aparecieron para llevarse a Levine. –Aunque no debería, pero si cambias de opinión. Házmelo saber.
Levine fue obligado a levantarse, fue entonces cuando miró a Jacob. –No tienes ni idea de lo que habéis hecho. No creas que todo esto quedará así.
—De momento soy yo quien tiene la sartén por el mango— respondió Jacob.
Levine sonrió. –Si. Eso es lo que suelen pensar todos los gilipollas. Y cuando eso ocurre, se llevan la sorpresa de su vida.
—Dejadlo a la intemperie y desnudo. A ver si así acepta un poco más mi sugerencia.
Los hombres de Jacob se llevaron a Levine de allí y este se quedó allí solo tomando café mientras sonreía. Había ganado y no había manera que ese grupo sin armas hubiese sobrevivido ahí fuera. Demasiado frio y caminantes. Eso fue lo que pensó mientras se echaba más café en la taza.
*****
Mélanie seguía en su habitación. De vez en cuando, Kennedy aparecía por allí para tratar de hablar con ella, pero siempre se mostraba agresiva y desconfiada con el. No había nada que el pudiera hacer. El y los suyos habían condenado a muerte a todos sus compañeros, pero aun así, tenía la corazonada de que ellos seguían vivos en algún lugar por aquella zona.
La puerta se abrió y apareció Kennedy –Levántate. Vamos a dar un paseo.
—Paso— respondió Mélanie ignorándolo por completo.
—Maldita sea Mél— Kennedy se sentó a su lado. –Tienes que adaptarte a esto. Si no lo haces. Jacob podría dejar de verte útil. Si eso ocurre, ni siquiera yo seré capaz de asegurar que sigas aquí. ¿No ves que quiero protegerte? Te quiero.
Mélanie miró a Kennedy. —¿Me quieres?
—Claro que si. Desde el momento en que te conocí supe que estaríamos juntos. Se que sientes lo mismo por mi, pero lo ocurrido no te deja perdonarme, y lo entiendo.
—¿Qué siento lo mismo por ti? Lo único que yo siento por ti es asco y pena. Ahora vete de aquí, no quiero volver a verte. No me importas nada.
—Muy bien. Tu lo has querido— Kennedy se puso de pie y caminó hacia la puerta, antes de abrir se dio la vuelta y la miró. –Aprenderás a quererme. Y si no, en cuarenta y ocho horas, estarás fuera de este hotel con un agujero de bala entre las cejas.
—Prefiero eso a sentir algo por ti— respondió Mélanie.
Kennedy abandonó la habitación y se fue dando grandes zancadas por el pasillo.
Mélanie volvió a mirar por la ventana hacia el otro lado de las vallas. El bosque y el camino se extendían más adelante. Entonces vio algo que le llamó mucho la atención. Había alguien entre los arboles, podía verlo, era alguien que estaba observando el hotel. Rápidamente, Mélanie miró hacia abajo y no vio a nadie. Todos los hombres de Jacob estaban o dormidos recuperándose de la resaca o al otro lado haciendo el estúpido. Esos tipos descuidaban la vigilancia constantemente, eran unos viva la virgen. Ninguno de ellos se había percatado de que alguien los vigilaba. Mélanie se quedó un rato observando y entonces vio que era una chica, esta bajó del árbol y se reunió con una segunda persona. Fue en ese momento cuando Mélanie reconoció a la segunda persona. Era un hombre, y ese hombre era Juanma. El había regresado.
*****
—No hay nadie en la plaza principal. Ni siquiera hay vigías. Esto parece que va a ser fácil— dijo Luci reuniéndose conmigo tras bajar del árbol. –Aun así no creo que sea sensato acceder por la puerta principal.
—No. No entraremos por la puerta principal. Hay otra manera de acceder al hotel sin ser vistos. Seguidme— respondí. Seguidamente los cuatro comenzamos a rodear el hotel hasta que llegamos a una entrada al alcantarillado.
—¿Qué es este lugar?— preguntó David mirando la entrada al túnel. Después se apartó por culpa del olor. –Es una entrada de alcantarillado.
—Exacto— entonces miré a Juan. –Este es el túnel que usaba Silvia para entrar y salir del hotel cuando iba a buscar a A.J. Tiene varias salidas, una de ellas nos deja en medio de los jardines de la parte trasera del hotel. Si accedemos por ahí no se lo verán venir, ni podrán descubrirnos. Los pillaremos por sorpresa.
—Muy bien. Pues vamos— dijo Luci. —¿Algo más?
—Si— respondí yo. –Solo hay dos de los nuestros ahí dentro. Levine y una chica, Mélanie. Es necesario y vital que ellos salgan con vida pase lo que pase. El resto son todos enemigos. Si veis a cualquiera que no sea ni Levine, ni Mél. Matadlo.
Los cuatro nos adentramos en el túnel y lo seguimos hasta que yo me paré junto a una escalera de mano. Una vez allí, miré a mis compañeros.
—¿Es aquí?— preguntó David.
—Es aquí— respondí a medida que comenzaba a subir. Cuando llegué a la tapa me paré a escuchar. No se oía nada, después la levanté un poco y observé con detenimiento. Nadie.
Salimos con cuidado y cerramos la tapa. Agazapados nos acercamos a los setos y nos quedamos ocultos. Salimos de los setos y ocultándonos llegamos al cobertizo que fue el lugar de trabajo del doctor Alard. Íbamos a seguir cuando la puerta del cobertizo se abrió de golpe. Nos ocultamos rápidamente y observamos como del cobertizo salía un hombre sin camisa. Este llevaba una botella de alcohol en las manos y se le cayó al suelo cuando se desperezó. Se agachó a cogerla y le dio un trago.
Con mucho cuidado salí con intención de noquearlo, pero cuando ya casi lo tenía, este se dio la vuelta y se me quedó mirando con una mueca entre la sorpresa y estupefacción. Justo cuando iba a gritar, levanté mi fusil y le asesté un golpe en la cara con la culata. Cuando cayó al suelo inconsciente, lo agarramos y nos metimos en el cobertizo, después cerramos la puerta. Nada más entrar vimos que había otros tres tipos más dormidos entre botellas de alcohol rotas, bolsas vacías que aun conservaban restos de lo que parecía cocaína y vómitos. El olor allí dentro era nauseabundo.
—Inmovilizad a los cuatro y amordazadlos— dije mientras me acercaba al ventanuco para observar un poco más.
—Esta botella era mía— dijo en ese momento Juan levantando una botella vacía. –La estaba reservando para ocasiones especiales. Que hijos de puta.
Luci se acercó a mí y también observó a través del ventanuco. –No hay nadie por aquí… Y viendo a estos. Es fácil que muchos de ellos estén igual. No se han cortado un pelo al parecer con las fiestas.
En ese momento vi a dos hombres llevando a Levine. Estos avanzaban hacia el exterior del hotel. De repente apareció un tercer hombre, al que enseguida reconocí. Aun tenía heridas y cojeaba un poco. Era Riley, el mismo hombre al que había torturado. Rápidamente comencé a ponerle el silenciador a  la pistola y me preparé para salir, pero Luci me paró y me miró.
—Ese fue uno de los que nos jodio. Es uno de los responsables.
—¿Y vas a plantarte delante de el así?— preguntó Luci.
—Llevan a Levine. Esos planean algo— me di la vuelta y vi a los tipos que ya habían inmovilizado. –Vamos. Avanzaremos con cuidado.
******
—¿A dónde lleváis a este?— preguntó Riley mirando a Levine.
—Jacob nos ha dicho que lo saquemos fuera y lo dejemos desnudo al aire libre para ver si podemos convencerle de que haga lo que se le ha dicho.
—Olvidaros de eso ahora. Quiero que vayáis habitación por habitación y vayáis despertando a todos y cada uno de los que estén dormidos. Ya va siendo hora de que se pongan en pie— dijo Riley.
—Pareces nervioso tío. ¿Pasa algo?— preguntó uno de ellos.
—No lo se. Pero estaba mirando por la ventana de mi cuarto cuando me pareció ver a alguien mirándonos desde un árbol. No estoy seguro, pero podrían ser esos que han vuelto. Venga joder. Yo llevaré a este a su celda de nuevo.
En ese momento los dos hombres de Riley fueron abatidos ante la mirada atónita de este. Levine aprovechó ese momento para liberarse y golpeó a Riley con todas sus fuerzas. Después alzó la cabeza y vio a los que se le acercaban.
—Ya iba siendo hora de que regresarais.
Yo me acerqué a Levine, le estreché la mano y le pregunté por la situación. —¿Cómo van aquí las cosas?
—La mayoría se pegaron una buena fiesta anoche. A muchos aun les dura.
En ese momento, Riley pareció recobrar la consciencia y al vernos se quedó pálido, especialmente cuando me vio a mí. Intentó gritar, pero entonces me apresuré a taparle la boca.
—No grites o acabo contigo aquí y ahora. Ahora simplemente, responde a mis preguntas.
Obligamos a Riley a levantarse y lo llevamos a un sitio donde nadie pudiera vernos. Una vez allí lo puse contra la pared y comencé a hacerle preguntas.
—¿Dónde están tus hermanos? Te sugiero que respondas rápido.
—No lo se— respondió Riley.
—Miente— añadió Luci.
Seguidamente le di una patada en la espinilla y este intentó gritar, pero nuevamente le cerré la boca, después lo miré directamente a los ojos. –La próxima mentira que digas. Hará que te cortemos los huevos. Así que comienza a hablar.
—Jacob y Kennedy están en el despacho, creo— cuando Riley dijo eso, miré a Luci y supe que Riley decía la verdad.
—Muy bien. Pues vamos a tener una reunioncita— seguidamente amordacé a Riley y lo obligué a rrodillarse.
—Toma— le dije a Levine dándole dos pistolas. –Una es para ti. La otra es para Mél. Reúnete con ella y dásela. Después id habitación por habitación y dejad fuera de combate a los hombres de este cabrón. Después, salid y abrid la puerta principal, los nuestros deben estará al caer. Vienen refuerzos.
—Muy bien— dijo Levine. Después de eso se alejó corriendo hacia el interior del hotel.
—Voy con el— dijo David echando a correr detrás de Levine.
Yo miré de nuevo a Riley. –Hora de la fiesta amigo.
*****
Jacob estaba en el despacho del gerente, jugueteando con un pisa papeles en forma de piramide cuando Kennedy entró por la puerta. Eso hizo que su hermano mayor levantara la cabeza y lo mirara con una sonrisa. –Justo ahora iba a llamarte. Necesito hablar contigo.
—Yo vengo a hablarte de Mél— dijo Kennedy.
—Si. Precisamente es de ella de quien quiero hablarte. Siéntate.
Kennedy se sentó y comenzó a hablar. –Escucha. Necesito un poco más de tiempo con ella. Unos días, estoy seguro que la convenceré para que sea una de los nuestros. Es medico, la necesitamos.
—Un medico que no ejerce la medicina no nos sirve para nada. O está con nosotros o no lo está. Iba a echarla fuera junto a los demás, pero no lo hice por ti. Por que pensé que lograrías hacerla comer de tu mano, pero no lo has hecho. ¿Qué me impide entonces mandarla bien lejos o matarla?
—Escucha. Puedo hacerlo, solo necesito más tiempo. Solo necesito que confíes más en mí.
—Hace un rato que subí del jardín cubierto. He tenido una agradable charla con nuestro amigo Levine. Aunque el tampoco parece dispuesto a ser de los nuestros. Es una verdadera lastima, así que también tendremos que echarle. Mañana al amanecer, tanto el como Mélanie se largarán de aquí. De hecho, creo que será mejor matar a Levine. El puede caminar entre los muertos y eso le permitirá sobrevivir.
—Por favor. Dame más tiempo con ella— pidió Kennedy.
En ese momento alguien llamó a la puerta.
—Debe ser Riley— dijo Jacob –Adelante.
La puerta se abrió de repente y Riley entró, pero no lo hizo como lo haría cualquier persona. Entró  de un empujón, amordazado y con las manos detrás de la espalda. Detrás de el. Iban tres personas más.

—Hola de nuevo— dije mientras entraba detrás de Riley. Seguidamente apunté a Jacob. Este quiso sacar un arma, pero yo fui más rápido y le disparé en el hombro. Detrás de mi entraron Juan y Luci. Los que se ocuparon de inmovilizar a Kennedy.
—¿Cómo habéis logrado entrar?— preguntó Jacob mientras se tapaba la herida del hombro.
Yo dejé a Riley en manos de Juan y caminé hasta rodear la mesa tras la que se encontraba Jacob. Cuando llegué junto a el, le di la vuelta a la silla y lo obligué a mirarme. —¿Qué más da? Simplemente hemos vuelto a recuperar lo que es nuestro. Este hotel.
—Si. Tienes razón. Nunca tuvimos que arrebataros este lugar, se que hicimos mal, pero os lo podemos compensar.  Si me lo permites…— Jacob dejó escapar una mueca de dolor, luego siguió hablando. –Si me lo permites. Ambos podemos llegar a un acuerdo. Podemos trabajar juntos. He entendido que las cosas serian mucho más fáciles.
—¿Lo has entendido? ¿Ahora precisamente?— pregunté yo. –Por tu culpa… Hemos perdido a varios ahí fuera. Muertes que se podrían haber evitado de haber permanecido aquí. Yo os sugerí eso mismo, unirnos y trabajar juntos. Convivir, pero sin embargo, nos echasteis— en ese momento miré hacia el exterior a través de la ventana. Seguidamente miré a Jacob y le di la vuelta hacia la ventana para que pudiera ver como Levine, Mélanie y David abrían la puerta principal, dejando paso al resto de los nuestros. Estos rápidamente tomaron el hotel y comenzaron a sacar a todos los hombres de Jacob, a los que hicieron arrodillarse en el suelo de la entrada principal. –Observa. Es exactamente lo mismo que vosotros nos hicisteis a nosotros.
—Oye. Se lo que hemos hecho y lo siento. Nosotros somos buenas personas. Solo queremos lo mismo que todos. Solo queremos sobrevivir. Seguro que eso lo entendéis— decía Jacob –Te pido que me des una oportunidad de arreglar las cosas. Aceptamos nuestra culpa. Mira, tengo una idea… Dime cuantos de los tuyos murieron ahí fuera por nuestra culpa y yo dejaré que ejecutes al mismo número de mis hombres. Así estaremos en paz. Así equilibraremos las cosas.
—¿Equilibrar las cosas?— pregunté yo —¿Eres capaz de vender a tus hombres para así salvar tu el culo? Eso no soluciona nada. Solo te convierte en un ser despreciable. ¿Serias capaz de vender así a tus hermanos?
Jacob miró a sus dos hermanos y luego a mí. –Si así logro que todo vaya mejor… Lo haría— eso hizo que los dos hermanos de Jacob se miraran entre si.
—Escucha Jacob. Pase lo que pase. Hagas lo que hagas, nada de eso cambiará nada. Lo hecho, hecho está— respondí. –No os dejaré quedaros.
—Entonces nos marcharemos de aquí y no volverás a vernos. Nos iremos muy lejos. Tienes mi palabra— respondió Jacob. –Te lo juro. Te doy mi palabra.
—Y después de lo que acabas de decir… Sobre lo de dejar que matáramos a tus hermanos… ¿Cuánto crees que tardarán tus propios hermanos en acabar contigo?
Jacob miró a sus hermanos y luego me miró a mí. –Es verdad. Lo siento. Es solo que estoy nervioso. No se lo que digo. Lo siento, lo siento muchísimo.
—Una cosa es cierta— dije en ese momento. –Os vais a marchar y nunca os volveremos a ver. Tu gente que está ahí abajo hizo lo que hizo por que os seguía a vosotros. Sus tres líderes. Así que ellos saldrán por esa puerta en breves, pero no lo haréis vosotros. Tampoco vais a quedaros aquí.
—No se de que me estás hablando— respondió Jacob.
—Sin vosotros. Ellos no seguirán a nadie, y si dejo que os vayáis con ellos. Nada me asegura que os mantengáis alejados de nosotros. No pienso arriesgarme. Ni pienso dejar que hagáis con otras personas lo que habéis hecho con nosotros— respondí.
—Sigo sin entender— respondió Jacob.
En ese momento, miré a Juan y Luci. Les hice un gesto y estos ejecutaron rápidamente a Riley y Kennedy. Juan le disparó a Riley varias veces y Luci le cortó el cuello a Kennedy ante la mirada atónita y aterrorizada de Jacob. Este me miró a mí y trató de suplicarme, pero yo lo levanté de la silla, lo tiré sobre la mesa, cogí el pisapapeles en forma de pirámide y comencé a golpearle la cabeza con el repetidas veces, hasta que su cabeza, dejó de parecerlo. En menos de un minuto habíamos ejecutado a los tres hermanos.
*****
El resto del grupo había rodeado a los hombres de Jacob en la plaza central del hotel. Todos estaban arrodillados con las manos detrás de la cabeza, sin moverse. Malaquías entre ellos, no podía dejar de temblar. A el lo habían cogido en su habitación justo cuando iba a levantarse. La chica que iba con los otros dos, le había dado un golpe en la cabeza y junto a los otros le habían obligado a bajar.
—Mirad eso— dijo en ese momento uno de los hombres a la vez que señalaba hacia las ventanas. Todos miraron y vieron como una de las ventanas se abría de golpe. Entonces de ella caían tres cuerpos que al chocar contra el suelo, los rehenes reconocieron la ropa, eran los cadáveres de Jacob, Riley y Kennedy. Mélanie miró los cuerpos y apartó la vista cuando vio el de Kennedy, este tenía un gran corte en el cuello. Entonces miró hacia arriba y vio a Juanma, Juan y a una chica que llevaba una katana.
—Ahí están vuestros lideres— comencé a decir. –Ahora quiero que os marchéis de aquí, lejos, y que no volváis ni intentéis nada contra nosotros, por que si eso ocurre… Correréis la misma suerte que ellos— dije señalando los cuerpos. –Ahora, poneros en pie y marcharos. Intentad sobrevivir por vuestra cuenta sin aprovecharos de los demás.
Todos comenzaron a mirarse y a levantarse, algunos miraban hacia atrás mientras iban saliendo por la puerta ante la atenta mirada de mis compañeros. El ultimo en salir por la entrada fue Malaquías, el me lanzó una ultima mirada, después cerramos la puerta y aquel grupo fue desapareciendo en el camino.
—¿Qué crees que pasará con ellos?— preguntó Juan mirándome.
—¿A quien le importa? Que se pudran. Ahora recuperemos este sitio por completo y vayamos a buscar a los que nos esperan en el almacén— respondió Luci.

Día 27 de Octubre de 2010
Día 850 del apocalipsis…
Hotel… 12:00 horas del medio día…

Habían pasado varios días desde que habíamos recuperado el hotel y habíamos echado a los hombres del grupo de Jacob. A estos no los volvimos a ver después de eso. A los cuerpos de los hermanos los quemamos en la parte trasera del hotel.
Por otro lado, David, Alicia, Luci y los niños se habían adaptado rápidamente a la vida en el hotel. Incluso con la maquina de ecografías, Mélanie había descubierto que lo que esperaba Alicia era una niña.

Eva, Stephanie, Cindy, Vicky y yo estábamos paseando a los bebés cerca de las vallas tomando el sol. Hacía muy buen día, de hecho era el mejor que habíamos tenido desde hacia tiempo. Aunque yo seguía pensando en los que se habían ido a Las Vegas. Hacía demasiado que no sabíamos nada de ellos y yo estaba preocupado.
—¿Estás bien?— preguntó Eva poniéndome la mano en la espalda.
—Si. Pero no dejo de pensar en las demás. Aun no han vuelto— respondí.
—Puedes estar tranquilo. Katrina y Rachel iban también. Son con diferencia las más fuertes de ese grupo. Volverán antes de que te des cuenta.
—Eso espero— dije levantando la mirada. Entonces vi como las niñas se habían quedado mirando al camino. Yo enseguida me alarmé pensando que podría ser la gente de Jacob que había vuelto. Saqué la pistola y le hice un gesto a Stephanie para que me siguiera. Llegamos hasta las niñas y cuando miramos hacia donde ellas miraban, vimos a alguien caminando en solitario hacia nosotros. Iba caminando lentamente y envuelto en una manta manchada de sangre y vísceras. Rápidamente aparté a las niñas y les dije que fueran a avisar al resto para que se prepararan por si acaso, seguidamente, Stephanie y yo salimos por la puerta. Corrimos hacia aquel individuo y le apuntamos con las pistolas.
—Quieto y las manos a la cabeza— le dije.
Sin embargo aquel individuo siguió avanzando. No podía ver quien era, volví a dar la orden de que se detuviera, pero no hizo caso, justo cuando iba a disparar, se desplomó en el suelo. Comencé a caminar hacia esa persona pese a que Stephanie me iba advirtiendo que no lo hiciera. Yo no hice ningún caso, llegué hasta esa persona, le quité la capucha y rápidamente miré a Stephanie.
—Avisa a Mélanie. Que prepare la sala medica… ¡¡¡Vamos!!!
—¿Qué ocurre?— preguntó Stephanie estupefacta sin entender lo que estaba pasando  —¿Quién es?

—¡¡¡Es Sheila!!!— respondí al tiempo que cargaba con ella.

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