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sábado, 17 de septiembre de 2016

NECROWORLD Capitulo 129

Día 22 de Octubre de 2010
Día 845 del Apocalipsis.
06:15 de la mañana…

Me desperté al escuchar los gritos. No había salido de aquella sala ni para cenar. Me levanté rápidamente del suelo y corrí a abrir la puerta, pero cuando lo hice, tres caminantes se lanzaron contra la puerta. Yo la cerré rápidamente y me apoyé contra ella para impedir que los No Muertos entraran. Estos empujaban con más fuerza y yo no había comido nada, estaba débil y ellos estaban empujando, yo estaba perdiendo terreno, mientras tanto, en el almacén, seguía escuchando los gritos.
*****
Los caminantes habían aparecido de repente en el almacén, justo cuando Eva se despertaba. Enseguida comenzó a gritar y todos se despertaron. Eran más de dos docenas y estaban entrando por una puerta que se había quedado abierta. Enseguida vio a Juan y Johana haciéndoles frente con unas maderas, pero la falta de comida y el cansancio, no les permitía efectuar golpes contundentes.
—Retroceded y buscad sitios altos— dijo Juan a medida que golpeaba a un No Muerto.
Los que allí estaban, comenzaron a subir enseguida sobre los conteiner que había en el almacén. Ella cogió en brazos a los bebés y comenzó a correr seguida de Vicky. La cual cojeaba por la herida del disparo, justo detrás de ella llegaba a paso rápido un caminante al cual Eva reconoció enseguida, era Brandon. Eva llegó al conteiner y subió primero a sus hijos, Stephanie que ya estaba arriba los iba cogiendo. Eva se dio la vuelta para ir a ayudar a su hija, pero fue Blair quien apareció de repente y atravesó la cabeza de Brandon con un hierro, después cogió a Vicky en brazos y llegó hasta el conteiner. Cuando ella y Eva subieron, Eva se dio cuenta de que Blair estaba pálida.
—¿Te encuentras bien?
—No demasiado, pero te juro que no es por que me hayan mordido.
Desde lo alto del conteiner. Eva observó todo el almacén, la mayoría habían logrado subir a los conteiner y estaban a salvo, aunque vio a un hombre que se sostenía el brazo, tenía una herida sangrante. Eva siguió mirando, pero no había ni rastro de Juanma.
—¿Dónde está Juanma? ¿Lo habéis visto?— preguntó Eva mirando a Juan, que estaba en otro conteiner.
—Por aquí no está— Juan miró a su alrededor y entonces se fijó en tres caminantes que estaban dando golpes en una puerta. Eso hizo que rápidamente señalara en aquella dirección. –Allí, creo que está allí. Hay unos caminantes intentando entrar.
—¿Qué podemos hacer? Estamos atrapados nosotros también— dijo Stephanie mirando a Eva.
—Tenemos que cerrar esa puerta en primer lugar, después acabar con todos estos. Si no lo hacemos, seguirán entrando…. Y si se acumulan muchos aquí dentro, si que estaremos perdidos.— comenzó a decir Johana. —¿Algún voluntario?

*****
Los caminantes seguían ganándome terreno y yo seguía intentando que entraran, pero me estaba quedando sin fuerzas. En el momento que entrasen estaría muerto. De repente un fuerte golpe me lanzó hacia atrás y la puerta se abrió de golpe, dejando entrar a los tres caminantes. Yo retrocedí espantado y mi espalda dio contra la pared, pero aun así no estaba dispuesto a morir así, no iba a morir ahí.
El primer caminante que era el más rápido llegó hasta mí y yo le bloqueé impidiendo que me mordiera. Lo cogí de la cabeza y de un rápido movimiento lo rodeé y estampé su cabeza contra la pared. La sangre me salpicó y tenía trozos de cráneo escurriéndose entre mis dedos. Los otros dos caminantes estaban mucho más deteriorados, aunque yo seguía teniendo las de perder si no me enfrentaba a ellos de uno en uno. Retrocedí un poco y esperé a que llegase el más próximo. Cuando lo tuve cerca lo agarré de la cabeza y metí mis dedos en la cuenca de sus ojos, hundiéndoselos. Aunque no acabé con el, lo tiré al suelo y fui a por el siguiente, le di una patada a la espinilla y esta se rompió. El caminante cayó al suelo de bruces y yo le asesté una patada a la cabeza, pero estaba demasiado débil como para acabar con el. Salí por la puerta y esquivé a un cuarto No Muerto. Una vez fuera de la sala vi a toda mi gente subidos en los conteiner.
—¡¡¡Juanma!!! ¡¡¡La puerta!!!— me gritó Johana señalando hacia la puerta del almacén. La cual estaba abierta. Enseguida entendí lo que quería decir. Quería que cerrara esa puerta, así impediría que entraran más.
Comencé a correr esquivando a los caminantes que se cruzaban conmigo. Llegué hasta la puerta y nada más llegar vi a un grupo de caminantes que trataban de acceder desde el exterior. Rápidamente le puse la pierna en el pecho a uno y empujé con todas las fuerzas que me quedaban. Seguidamente cogí la puerta corredera y comencé a cerrar rápidamente, detrás de mi iba formándose un grupo de caminantes que comenzaban a caminar hacia mi.
Cerré por fin la puerta aplastándole la cabeza a un No Muerto, la sangre volvió a salpicarme.
Sin fuerzas, me quedé apoyado en la puerta de metal y me dejé caer sobre el suelo de hormigón. No podía más, escuchaba a mis compañeros gritar a los caminantes tratando de atraer su atención. Con algunos lo conseguían, pero otros siguieron caminando hacia mí. En ese momento, pese a los gritos y las suplicas de Eva, cerré los ojos y me preparé para mi inevitable final. Mi vida había llegado a su fin en ese preciso instante.

Oklahoma…
07:00 horas de la mañana…

David mirarse la hora del reloj decidió que era hora de despertar a los demás. Eran las siete de la mañana e iba siendo hora de partir. Se acercó a Luci y le tocó el hombro, esta, rápidamente volvió la cabeza y sacó un cuchillo. David se retiró un poco y puso una mano delante.
—Tranquila. Soy yo.
—Lo siento. Creí que seguía allí y que lo de escapar había sido un sueño. ¿Qué hora es?
—Son las siete. Creo que deberíamos partir ya— dijo David. –Por cierto, me ha parecido ver un vehículo. Quizás podamos usarlo.
—Muy bien. Voy al baño a echar una meada, tu despiértalas— dijo Luci poniéndose de pie mientras David arrugaba la nariz. —¿Qué pasa?— preguntó Luci.
—No… Nada. Que nunca cambiarás. Siempre tan directa— respondió David con una sonrisa.
—Hay que llamar a las cosas por su nombre, pero si te parece demasiado soez puedo decir que voy a hacer un pis— dijo Luci.
—No, no. Puedes llamar a las cosas como quieras.
—Vale. Pues voy a echar una meada de las que hacen historia.
David rió y Luci fue hacia el baño.
Luci entró por la puerta y la cerró. El interior del baño era asqueroso. Había suciedad y polvo por todas partes. Abrió todas las puertas buscando un inodoro en buen estado. Finalmente encontró uno que estaba más o menos decente, se bajó los pantalones y se situó encima para orinar. Cuando terminó salió y entonces se quedó mirando por la ventana hacia el exterior. Allí entonces vio a un perro. Se trataba de un Golden Retriever. Aunque estaba muy sucio y tenía el pelaje manchado de sangre oscura, pudo distinguir la raza. El perro estaba en el suelo mordisqueando un hueso al que aun había pegados trozos de carne. En ese momento apareció un perro de raza indefinible que intentó quitarle el hueso, entonces el Golden Retriever le gruñó y se alejó de el. Luci se apartó de la ventana y salió, entonces se encontró con que la mujer, Alicia y los niños ya estaban despiertos.
—Todo está listo. Podemos irnos— dijo David.
—Hay perros ahí fuera— dijo Luci. –He visto a dos, pero es probable que haya más.
—Si. Los vi anoche. Se cargaron a un caminante— respondió David. —¿Por qué?
—Son perros salvajes y están hambrientos— respondió Luci. Ella caminó hasta la bolsa de las armas y sacó un par de pistolas. Una se la dio a Alicia y la otra a la mujer.
—Esto… ¿Por qué?— preguntó Alicia.
—Por si tienes que matar a esos perros. Están hambrientos y nosotros somos ahora mismo lo más parecido a comida que hay por aquí. No esperes que vengan moviendo el rabo a darte la patita. Se han vuelto salvajes— respondió Luci cogiendo a la bebé en brazos. –Yo la llevaré aquí— dijo al tiempo que se hacía una especie de bolsa que cruzaba todo su pecho.
David y Luci caminaron hacia la puerta con cuidado y Luci salió la primera. Seguida por David. Nada más salir, vieron a un perro tumbado en el suelo a unos metros de ellos. Era un pastor alemán que estaba cubierto de sangre.
—Es un coche— dijo en ese momento David en voz baja tras ver que realmente era un vehículo lo que había visto. –Si corremos llegaremos.
—No podemos— respondió Luci haciéndole una señal a Alicia y la mujer para que fueran saliendo de la tienda despacio. Ellas obedecieron, cuando Alicia salió vio al perro. A unos metros más allá había un Rottwailer observándolos. –Mantened la calma. No hagáis nada que puedan tomar como un gesto agresivo.
En ese momento escucharon un gruñido y se dieron la vuelta. El Golden Retriever había aparecido a su derecha tras doblar una esquina. Este dio un par de pasos al frente y ladró una vez. Eso hizo que el Pastor Alemán se levantara también, Luci vio entonces como se le erizaba el pelo del lomo.
—Luci…— susurró Alicia
—Seguid caminando lentamente. No hagáis movimientos bruscos— dijo Luci sin mirar a nadie. Su mirada estaba clavada en el Pastor Alemán y en el Rottwailer, el cual había comenzado a caminar en su dirección. –David… ¿A cuantos metros está ese coche o lo que sea?
—No lo se, pero si no funciona… Nos quedaremos atrapados dentro si se ponen agresivos— respondió David.
Ya estaban alejados de la puerta de la tienda unos diez metros cuando aparecieron dos perros más. No eran de raza y parecían un cruce entre galgos y otra raza. Eran de color marrón oscuro, pero la suciedad los hacia parecer negros. Estaban extremadamente delgados y de sus bocas goteaba baba de un color rojizo. Estos dos mostraban los dientes amarillentos mientras los miraban fijamente.
Luci le dirigió una mirada a David. –Quítale el seguro al arma y prepárate para disparar si es necesario— Luci notó que la mujer detrás de ella se estaba poniendo nerviosa. Justo cuando iba a decirle que se tranquilizara, la mujer comenzó a correr hacia la entrada de la tienda. Los perros entonces comenzaron el ataque.

Almacén…

Los caminantes estaban a mí alrededor. Incluso a mi lado, pero ninguno de ellos reparaba en mí. Lo había dado todo por perdido demasiado pronto y no había caído en la cuenta de que estaba manchado con la sangre de caminantes y que olía como ellos. Eso me había sorprendido. Allí estaba yo, sentado en el suelo con los ojos abiertos y los caminantes dando golpes en la puerta. Probablemente pensando que yo había salido, en esos momentos, para ellos, yo no estaba allí. Me levanté poco a poco y miré de reojo a un No Muerto, una chica joven y que en vida podría haber sido muy guapa. Ella me miró a mí y seguidamente me ignoró. Retrocedí un poco y me fui alejando, llegué hasta uno de los conteiner y fui recibido por Juan.
—¿Estás bien?
—Si. Estoy bien. Dame algo con lo que acabar con ellos y esperad— respondí.  Alguien nos pasó una vara de hierro y miré a Juan. –Acabo enseguida— me di la vuelta y caminé hacia los caminantes de la puerta. Allí comencé a acabar con ellos uno por uno. Lo hacía con rabia, sin importarme que sus sesos y entrañas me salpicaran. Cuando acabé con todos. El resto del grupo bajó de los container.
—Han mordido a un hombre— dijo en ese momento Mike.
Todos miraron al hombre herido. Yo solo respondí. –Cuando muera. Atravesadle la cabeza con esto— di dándole la vara de hierro a Juan. Después me fui a la sala donde había estado antes. Allí me quité la ropa quedándome solo en ropa interior y me senté en un rincón. Allí me culpé por haberme rendido en ese momento. Había renunciado a mi vida y había optado hasta por dejar solos a Eva y a mis hijos. Me sentía como un maldito egoísta.

Oklahoma…
Área de servicio…

Todo ocurrió muy rápido. La mujer había echado a correr presa del miedo hacia el interior de la tienda. Eso fue el detonante para que los perros comenzaran el ataque, centrándose en ella. La mujer solo había llegado a la puerta cuando los animales la alcanzaron. Esta cayó al suelo y el Golden Retriever se lanzó sobre su cara, la cual comenzó a morder con frenesí mientras la mujer lanzaba agónicos gritos. Los demás perros también acudieron y comenzaron a morderle en brazos y piernas. Luci lo contempló sin poder reaccionar, simplemente miró a David y le susurró una única palabra. –Corre…
Alicia, David y Luci echaron a correr mientras los perros daban buena cuenta del cuerpo de la mujer. La cual permanecía inmóvil con los ojos abiertos de par en par y la boca abierta mostrando una mueca de terror.
Estaban llegando al coche cuando Luci miró hacia atrás y vio como el Rottwailer había dejado el cuerpo de la mujer y comenzaba a correr detrás de ellos. Luci podía ver su robusto cuerpo a gran velocidad detrás de ellos, no iba a tardar en darles alcancé. Luci se dio la vuelta y abrió fuego varias veces. Una bala atravesó una de las patas del animal, pero eso no lo detuvo hasta cinco metros después, el animal tropezó y cayó de bruces gimiendo.
Los demás perros no hicieron nada, estaban demasiado ocupados comiéndose a la mujer, solo el Pastor Alemán levantó la cabeza para mirar a los cinco humanos que huían corriendo, pero enseguida volvió a lo suyo.
Luci se acercó al Rottwailer y le pegó un tiro en la cabeza. Seguidamente se dio la vuelta y corrió detrás de sus compañeros. Finalmente cuando los alcanzó, vio que el vehículo era ni más ni menos que una furgoneta. Esta estaba debajo de una uralita y en un punto que hacía imposible que la viesen cuando llegaron el día anterior. David miró al interior y vio que las llaves estaban puestas. Se metió dentro y comprobó que hubiese combustible en el depósito. Este estaba prácticamente lleno.
—Hemos tenido suerte— dijo David. –Mucha…
—La furgoneta está prácticamente nueva. Puede que no lleve mucho tiempo aquí. Puede que alguien llegase aquí y ya no volviera a por ella— respondió Luci plantándose delante del vehículo. Abrió el capó y comprobó que el motor estuviese bien. Después fue al maletero y lo abrió, entonces descubrió varias cajas de cartón. Abrió una y vio varias botellas de agua, también vio latas de conserva. Realmente habían tenido suerte, mucha más que el dueño de aquello. Fue cuando Luci recordó el hueso que llevaba el Golden Retriever la primera vez que lo vio.
—Podemos irnos— dijo David poniéndose al volante.
Luci se puso de copiloto y Alicia detrás con los niños. Justo cuando David iba a poner en marcha el motor. El Pastor Alemán se plantó frente al coche. Seguidamente aparecieron los demás perros, todos tenían sangre en el hocico.
—Sal de aquí de una condenada vez—dijo Luci mirando a los perros.
David encendió el motor y luego pisó el acelerador. El coche avanzó y los perros se apartaron, aunque en cierto momento, David escuchó un golpe. Como si hubieran atropellado a uno, pero eso no le preocupó. La furgoneta abandonó el área de servicio y ninguno de ellos miró atrás.

Almacén…
18:00 horas de la tarde…

El hombre acababa de morir. Juan rápidamente clavó el hierro a través de su oído y miró al resto. El hombre se llamaba Justin.
—Tenemos que enterrarlo a el y a Brandon— dijo Juan mirando a Johana.
—¿Dónde está Juanma a todo esto? Desapareció hace horas.
Juan señaló a la sala. –Se volvió a encerrar ahí. No puedo culparle… Ya se culpa el suficiente— respondió Juan.
En ese momento, Stephanie se acercó a ellos y Johana la miró. —¿Qué pasa ahora?
—Es Blair. Tenemos un problema— respondió Stephanie.
Stephanie condujo a Juan y Johana hasta una sala. Allí estaba Blair totalmente tapada y tumbada en un colchón. Eva estaba con ella tocándole la frente.
—¿Qué le pasa?— preguntó Johana mirándola.
—Tiene mucha fiebre. Creo que puede haber cogido neumonía— respondió Eva, pero sin Mél o Sheila aquí… No se bien que le ocurre exactamente.
—¿Y no será que le han mordido? Si es así es mejor matarla— respondió Johana. –Yo lo haré.
—No. No tiene mordiscos. Fue lo primero que pensé y lo primero que busqué. Esto parece más algo natural. Así que tenemos la opción de salvarla. Necesitamos algo que le baje la fiebre— respondió Eva.
—Claro. Ahora me lo saco del bolsillo. Debe estar entre las armas y la comida— respondió Johana con ironía.
—No es el momento para ironías— replicó Eva. –Necesita esos medicamentos y los necesita ya. Si no se los administramos, también ella se morirá. No es algo raro lo que necesitamos. Simplemente necesitamos algo como ibuprofeno. Eso podemos encontrarlo en cualquier farmacia.
—Se te olvidan dos detalles. El primero es que ni siquiera estamos cerca de una farmacia. Para llegar a ella hay que salir. Sin armas es un suicidio. Y la otra es que aunque encontrásemos una farmacia, sería muy extraño que aun nadie la hubiese saqueado. Aceptadlo. Ella está muy jodida.
—¿A cuanto nos queda Macon de aquí si vamos a pie?— preguntó en ese momento Juan.
—A unos quince o veinte minutos— respondió Stephanie mientras mojaba un trapo en un cubo de agua, después se lo ponía en la frente a Blair. –Si se sale ahora ganaremos tiempo.
—A ver. ¿Os estáis oyendo? Quizás se vaya para nada. Tenemos otras opciones.
—Nosotros si. Ella no— respondió Juan. Enseguida miró a Stephanie. –Tengo entendido que tú estuviste aprendiendo medicina con Sheila. ¿No?
—Hasta que me puse a contar cuentos a los niños. Si. Quería estar en los grupos de incursión en busca de medicamentos, pero Juanma no me lo permitió— respondió Stephanie.
—Pues ve preparándote, por que acabas de ascender. Si sabes de medicamentos me vendrás bien para coger de paso los más necesarios. Vamos, no hay tiempo que perder.
—Creo que no me habéis entendido aun…— replicó Johana.
—Te he entendido perfectamente, pero me la suda. Voy a necesitar a dos personas más. Ven conmigo o quédate, pero deja de darme el coñazo— replicó Juan.
Juan salió de la sala seguido por Stephanie y Johana y se dirigió a Mike. —¿Qué ocurre?— preguntó Mike.
—Vamos a salir. Iremos a Macon a buscar ibuprofeno para Blair. Ha enfermado y tenemos que bajarle la fiebre como sea. Si no, se morirá. Eres un hombre fuerte, te necesitamos.
—No puedo dejar solos a mis hijos— respondió Mike. –Mo vamos armados. Podríamos no regresar…
En ese momento aparecí yo y miré a Juan. –Yo iré con vosotros. No dejaré que muera nadie más. Nos vamos ya. Partimos nada más me vista.
Me preparé poniéndome la misma ropa que me había quitado. Una vez me junté con los demás, les expliqué que si no teníamos armas íbamos a tener que pasar desapercibidos. Solo así conseguiríamos regresar sin problemas. Cuando los cuatro estuvimos preparados tras sacarles las entrañas a los caminantes que habíamos matado, salimos de allí en dirección a Macon. Yo estaba decidido a no dejar que Blair también muriese.

Macon…
18:50 horas de la tarde…

Habíamos llegado a Macon sin problemas. Ahora solo faltaba encontrar una farmacia que aun no hubiese sido saqueada. Juan y yo íbamos en cabeza.
—¿Qué tal te encuentras?— preguntó Juan. –Se muy bien como lo estás pasando, pero tienes que superarlo de una vez. Así no puedes seguir. Deja de culparte por que por mucho que seas quien nos lidere, no toda la responsabilidad es tuya. Todos tenemos la nuestra y ninguno hizo nada por lo mismo que no lo hiciste tu.
—Pero se supone que debo cuidar de todos y cada uno de vosotros. Hasta ahora solo parece que os he complicado las cosas. Aun así, llevo pensando mucho, buscando una solución. Haré lo que sea necesario para recuperar lo nuestro. No descansaré hasta que así sea.
En ese momento, Stephanie nos interrumpió. –Ahí está la farmacia— Juan y yo nos dimos la vuelta y miramos hacia nos señalaba la muchacha. La persiana metálica aun estaba echada, por lo que parecía, habíamos tenido bastante suerte.
—Démonos prisa. Blair cuenta con nosotros— dije caminando hacia la persiana. Llegamos a ella y Juan y yo comenzamos a levantarla, cuando lo conseguimos. Los cuatro entramos dentro y observamos el lugar. A diferencia de lo que parecía desde fuera, esta si había sido saqueada.
—La han saqueado. Hemos venido para nada— dijo Johana.
—No. Buscad, puede que aun quede algo de lo que buscamos. Si aquí no hay nada buscaremos otra— respondí mientras comenzaba a abrir un armario en el que no encontré nada.

Almacén…
19:00 de la tarde…

Eva dejó sobre la frente de Blair un trapo mojado. La fiebre de Blair había subido más. Blair intentó hablar, pero Eva rápidamente la cortó.
—No intentes hablar. Ahórrate esas fuerzas. Juanma, Juan, Johana y Stephanie deben estar a punto de regresar. Debes resistir un poco más.
—Corre deprisa para que ellos no te cojan. No hables para que ellos no te escuchen. Ellos están ahí fuera y saben que estamos aquí dentro— comenzó a decir Blair.
—¿Está delirando?— preguntó Vicky que también estaba allí.
—Si. Tiene la fiebre demasiado alta— respondió Eva. –Con una tan alta es normal que delire— Eva le puso la mano sobre la frente y notó que estaba ardiendo.
—Mamá— dijo en ese momento Vicky. Eva la miró. –Creo que no respira.
Eva miró nuevamente a Blair y se dio cuenta de que era cierto que no respiraba. Acababa de morir en esos precisos instantes. –Vicky. Sal de aquí.
En ese momento, Blair comenzó a abrir los ojos, pero era evidente que no era ella. Eva impidió que se levantara, cogió un hierro y se lo clavó a través del ojo. El cuerpo de Blair se quedó inmóvil de nuevo. Después de eso salió de la sala y llamó a Mike para que sacara el cadáver. Cuando lo sacó, lo dejó al lado de los cuerpos de Justin y Brandon.
—Hemos perdido a una más. Esto va de mal en peor. Si esto sigue así moriremos todos. ¿Quién será el siguiente?
—No tiene por que morir nadie más— respondió Eva mientras cubría el cuerpo de Blair con la manta. –Los enterraremos cuando Juanma y los demás vuelvan— Eva miró entonces a una de las ventanas y vio como caía la nieve, fuera se había desatado una tormenta. –Cuando Juanma vuelva, verás como encontraremos un lugar en el que vivir.
—Eso será si sobrevivimos al invierno— replicó Mike, después se alejó.
Eva miró de nuevo los cuerpos y evitó llorar, a pesar de que era de lo único que tenía ganas.

Macon…
19:15 horas de la tarde…

Habíamos encontrado varias cosas que nos podrían ser de ayuda, incluido ibuprofeno. Salimos de la farmacia y comenzamos a caminar bajo la tormenta. La temperatura había vuelto a bajar.
Caminamos hacia las afueras de Macon. Estábamos a punto de llegar a las vías cuando escuchamos el ruido de un motor. Estuvimos a punto de echar a correr sin volver la vista atrás cuando un haz de luz nos alumbró. Desde donde estábamos vimos que frente a nosotros había un vehículo grande. El motor se detuvo y entonces vimos que alguien salía por la puerta del conductor, también salió alguien más de la puerta del copiloto.
—No llevamos nada. Dejadnos en paz— les dije sin verles la cara. –No os acerquéis más o no dudaremos en mataros. No es la primera vez que lo hacemos.
—No esperaba encontrarte aquí— la voz de una chica se dejó escuchar en medio de la tormenta. Esta avanzó y se quedó de pie delante de los faros del vehículo. Fue en ese momento cuando la reconocí y corrí enseguida a abrazarla. Se trataba de Luci.
—¿Qué hacéis aquí?— preguntó la segunda persona que resultó ser David. –Nos dirigíamos a Manhattan para tratar de seguir vuestro rastro, pero no hará falta— enseguida corrí a abrazar a David al mismo tiempo que Juan y Johana se acercaban a Luci.

—Es una larga historia— dije mirando a David. Entonces vi a Alicia en el asiento trasero. También me fijé en que estaban armados. Entonces me di cuenta de que esa era la oportunidad que estaba esperando. Con ellos allí podríamos recuperar lo que era nuestro.

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