Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

Seguidores

sábado, 10 de septiembre de 2016

NECROWORLD Capitulo 128

Día 21 de Octubre de 2010
Día 844 del Apocalipsis
08:00 de la mañana. En algún lugar del bosque…

Me encontraba yo solo, apoyado en un árbol y mirando a un lago que tenía justo delante. Me puse en pie y caminé hacia la orilla. Me arrodillé y miré mi reflejo en el agua.
—Fuiste un idiota— comencé a decir. –Por tu culpa os han echado de vuestro hogar. Por tu culpa han muerto personas. Eres un líder pésimo. Te odio, te odio… ¡¡¡Te odio!!!— grité dando un golpe en el agua. La imagen se distorsionó y seguidamente comencé a llorar.
Me dejé caer de espaldas a la orilla y miré al cielo gris. Hacía frio y probablemente iba a nevar, estando a la intemperie, eso iba a ser un problema para todos, especialmente para los niños del grupo a los que yo mismo había condenado. De repente escuché un ruido y miré hacia su origen. Un caminante salió de entre la maleza y comenzó a caminar hacia mí. Yo me levanté lentamente y esperé a que llegara a donde estaba, allí lo retuve alejado de mi. Le hice una llave, me situé detrás de el y lo lancé contra el suelo, allí comencé a golpear su cabeza contra una piedra semi enterrada. Cuando acabé con el, la sangre negruzca y corrompida comenzó a correr sobre los restos de las hojas caídas.
—¿Qué haces?— la voz de Juan me hizo levantar la cabeza y mirarle, el estaba plantado frente a mi.
—Solo quería reflexionar— respondí mirando nuevamente al lago.
—Y ya de paso culparte a ti mismo ¿No?— Juan me hizo un gesto con la cabeza. –Vamos. Regresemos con los demás.
Seguí a Juan a través del bosque y a cien metros de donde estaba yo al principio, nos reunimos con los demás. Más de cuarenta personas, todos desterrados de un hogar que yo mismo les había dado y que por mi culpa habían perdido. Algunas miradas de esas personas me señalaban como culpable de todo, pero no podía negarlo por que tenían razón.
Llegué hasta Eva y me aseguré de que los bebés estuviesen bien abrigados, yo mismo me había quitado ropa para que ellos no pasaran frio. Seguidamente miré a Vicky, la herida del disparo no era grave. Aun así me agaché y cargué con ella subiéndola a mi espalda.
—Papá, puedo caminar— dijo Vicky, pero yo no le hice ningún caso. En silencio comencé a caminar. Eva me dijo algo, pero tampoco le presté atención.
—Escuchad todos. Seguiremos a pie, si alguien se cansa. Que lo diga y volveremos a parar— comencé a decir.
—El cansancio no es el problema— dijo un joven del grupo. Se trataba de Scott. –El problema es el hambre. Aquí hay gente que está hambrienta. Gente mayor, y también niños. No resistirán mucho sin comer. Necesitamos comida.
—¿Ves comida por aquí?— preguntó Juan plantándose a mi lado.
—Teníamos comida, en el hotel. Pero nos la han quitado, nos lo han quitado todo. Podríamos haber luchado y hacérselo pagar, pero el prefirió retirarse.
—Cierto, podríamos haber plantado cara, pero estábamos desarmados. Eso habría sido malo para nosotros. Toda retirada es una victoria… Y esta retirada es una oportunidad de devolvérsela, pero hay que planearlo bien. Ahora muévete. Moveros todos.
Todos comenzamos a caminar a través del bosque, justo al mismo tiempo que comenzaban a caer los primeros copos de nieve.

Hotel…

Mélanie observó caer la nieve desde la ventana de la habitación donde la tenían encerrada. No dejaba de pensar en sus amigos, aquellos que habían sido desterrados. A ella no la habían echado por que al ser medico, aquellas personas, las que les habían arrebatado el hogar, la necesitaban, pero desde luego, ella no iba a hacer nada por ellos. No estaba dispuesta a traicionar a los suyos.
La puerta de la habitación se abrió lentamente y Kennedy entró con una bandeja. Había un plato con fruta y una taza de café.
—Te traigo el desayuno— dijo Kennedy dejando la bandeja encima de una mesita y sentándose en la cama al lado de ella –Será bueno que comas algo, luego te presentaré al resto. Algunos de los chicos son un poco gilipollas, pero con el tiempo te caerán bien.
—No me interesa— respondió Mélanie fríamente. –Por mí como si me echáis de aquí también.
—No digas eso. Quise que te quedaras para poder seguir conociéndonos y quizás poder tener una relación. Se que te gusto— lo ultimo hizo que Mélanie soltase una carcajada.
—¿Qué me gustas dices? Solo te he sonreído un par de veces y charlado contigo, eso no significa que me gustes, payaso. Ahora mismo solo me das asco, tu y toda tu gente. Lárgate de aquí y déjame sola.
Kennedy se levantó de la cama y miró a Mélanie. Si no te adaptas a nosotros no puedo asegurarte que vivas tranquila. Aunque no te lo creas, solo quiero protegerte.
—¿Protegerme?— preguntó Mélanie. –Los que deberíais protegeros sois vosotros. Simplemente habéis ganado una batalla, una simple batalla, pero haciendo eso, lo único que habéis hecho es encender un fuego que difícilmente se apagará, solo habéis hecho que las llamas comiencen a extenderse. Y no hay nada que pueda parar el incendio que se os viene encima. Ahora lárgate y déjame sola.
Kennedy no dijo nada. Salió por la puerta y cerró con llave, mientras tanto, Mélanie volvió a asomarse por la ventana y vio a varios de los invasores riendo y lanzándose bolas de nieve. Estaban totalmente desprevenidos, saboreando su victoria y creyéndose que todo había acabado, pero Mélanie conocía bien a sus amigos, conocía bien a Juanma y sabía que aquello no había terminado y que allá donde el grupo estuviese. Estaría preparándose para contraatacar.
*****
Kannedy fue al despacho que un día perteneció al gerente del hotel. Allí estaban sus dos hermanos hablando. Al primero que miró fue a Riley. Entonces le sonrió.
—Tienes mejor aspecto que hace unas horas.
—Cállate. No me haces gracia— respondió Riley.
—Callaros los dos. ¿Querías algo Ken?— preguntó Jacob mirando a Kennedy.
—Es sobre Mélanie. Se niega a ayudarnos. No se que puedo hacer para convencerla de que se una a nosotros— Kennedy avanzó y se sentó mirando a su hermano mayor.
—No te preocupes. Es cuestión de tiempo. Cuando ya no tenga más remedio hará todo lo que le digamos. Aun así ella no me interesa, me interesa más ese hombre que puede caminar entre los muertos sin ser visto. Es la primera vez que veo algo así y creo que podríamos sacarle mucho beneficio. Quiero que lo cojan unos cuantos hombres y lo saquen fuera para comprobar si es cierto que eso es posible.
—Pero Mélanie…— replicó Kennedy.
—Como ya te dije, olvídate de ella de momento. Hay cosas más importantes de las que preocuparse. Lo que quiero, es hacer una fiesta, vamos a celebrar nuestra victoria. Esta noche es cuando la celebraremos. Que se preparen todos.
Riley y Kennedy asintieron. Después de eso, Kennedy salió del despacho. Iba a organizar la fiesta que Jacob quería.

Bosque…

Eran casi las doce del medio día y seguíamos caminando por el bosque. La nieve caía sobre nosotros y yo notaba como Vicky tenía frio. Me paré de golpe cuando alguien del final de la fila comenzó a gritar. La gente comenzó a apartarse y un hombre quedó al descubierto, a su lado había una señora mayor caída en la nieve. Iba a ir hacia ellos, pero Juan se me adelantó.
—Voy yo.
Juan caminó hacia el cuerpo caído y se agachó a su lado. Le tomó el pulso y alzó la cabeza, seguidamente me miró sacudiendo la cabeza en un gesto de negación. La mujer había muerto, probablemente de frio.
—Seguimos— dije mirando a todos. Algunos aceptaron a regaña dientes, otros se limitaron a seguir caminando mientras la nieve caía con más fuerza.
Seguimos avanzando y llegamos a un lugar que parecía un campo, fue en ese momento cuando varias siluetas centraron toda su atención en nosotros. Más de un centenar de caminantes estaban justo delante de nosotros. Al vernos, fue como si una descarga eléctrica recorriera sus cuerpos. Estos comenzaron a caminar hacia nosotros.
—¡¡¡Atrás!!! Todo el mundo atrás— comencé a gritar al tiempo que retrocedía.
—¿Qué pasa?— preguntó Eva que iba justo detrás de mí, pero su pregunta fue respondida cuando los primeros No Muertos comenzaron a asomarse.
—¡¡¡¡Caminantes!!!!— gritó una mujer de entra la multitud. Su grito hizo que cundiera el pánico y la gente comenzara a dispersarse mientras los caminantes iban avanzando más rápido.
Todo el grupo comenzó el descenso. Algunos que corrían delante tropezaron y comenzaron a rodar por el suelo. Yo ayudé a Nina a levantarse mientras observaba como los caminantes atrapaban a un hombre.
Iba avanzando rápidamente justo cuando vi a gente correr hacia arriba, detrás de ellos iba otro rebaño que no habíamos visto antes y el cual nos había estado siguiendo. Ese fue el momento donde las cosas se descontrolaron y la gente comenzó a perderse, algunos ya habían sido rodeados por los caminantes y otros habían desaparecido bajo una pila de cadáveres. Traté de huir en una dirección, pero entonces escuché el grito de Eva, la busque con la vista y la vi en el suelo de rodillas con uno de los bebés en brazos. A cinco metros de ella, el otro bebé estaba tendido sobre la nieve, lloraba y un caminante estaba a pocos pasos de el. Sin pensármelo dos veces comencé correr, llegué hasta el caminante y lo golpeé con todas mis fuerzas. Seguidamente cogí al bebé en brazos y corrí junto a Eva.
—¿Qué hacemos? ¿A dónde vamos?
—Sígueme— le dije a Eva. Seguidamente comencé a gritar. –Replegaos. Todos juntos. Defenderos y no dejéis que se os acerquen demasiado. Golpeadles la cabeza.
Los más cercanos comenzaron a hacer lo que había dicho mientras que otros trataban de huir sin éxito. Habíamos tenido ya al menos seis bajas.
*****
Blair se vio rodeada por varios caminantes. Ella estaba más alejada de los demás. Los cuales estaban en círculo en torno a los que no podían defenderse por ser muy jóvenes o demasiado viejos. El primero de los caminantes se lanzó sobre ella y la derribó mientras otros dos No Muertos estaban a punto de caer sobre ella. Fue en ese momento cuando una figura apareció allí y comenzó a golpear a los dos caminantes, seguidamente alguien agarró al caminante que había cogido a Blair y tiró de el. Todo era confuso, pero Blair pudo distinguir a Brandon luchando contra los caminantes que se iban acercando. Le hizo una llave a uno y cayó al suelo, seguidamente Brandon y el No Muerto cayeron rodando por una pendiente y Blair los perdió de vista.
—¡¡¡¡Brandon!!!!— gritó Blair echando a correr por la pendiente. Finalmente encontró a Brandon. Este estaba de pie y a sus pies estaba el No Muerto con la cabeza destrozada. Brandon estaba cubierto de sangre.
*****

Comenzamos a reducir el número de No Muertos mientras nos íbamos alejando. Juan y Johana estaban a mi lado y golpeaban a los caminantes que se acercaban más. Esos seres nos superaban en número, pero nosotros éramos más inteligentes y les estábamos ganando terreno. Cuando quedaban pocos comenzamos a caminar alejándonos de ellos. Otros muchos, simplemente se quedaron devorando los cuerpos de nuestros compañeros caídos.
Nos alejamos de la zona y iniciamos otro descenso, hacía mucho frio y estábamos exhaustos. Finalmente, tras descender, nos encontramos una vía de tren. La cual seguimos hasta que llegamos a un almacén que parecía vacio.
Entramos en el almacén rápidamente, pero tomando las precauciones. Una vez comprobamos que dentro del almacén no había nada ni nadie, cerramos la puerta y pudimos recuperar el aliento. También comprobé a quien habíamos perdido. La mujer que murió de frio en el camino era Grace. En el ataque de los caminantes habíamos perdido a Janice, Louise,  Joice,  Arnold,  Kennet, Jordan, Brendan y a Lisa.
—Hemos perdido a varios. ¿Qué hacemos ahora?— preguntó Juan.
—De momento vamos a buscar comida aquí. Puede que encontremos algo— respondí al tiempo que dejaba a Vicky en el suelo junto a sus hermanos y Eva.
—¿Y que hacemos con la gente? Podrían haber mordido a alguien— me dijo Juan mientras miraba a los demás, estos estaban exhaustos. Otros estaban llorando las perdidas. –Es posible que hayan mordido a alguien y eso no podemos pasarlo por alto.
Miré a Juan y lo cogí del brazo para apartarme un poco del resto, cuando estuvimos en privado comencé a hablar. –Díselo a Mike y Johana. Id revisando a las personas, si encontráis a alguien al que mordieron, llevároslo fuera y matadle.
—¿Estás seguro?— preguntó Juan. –Matarnos entre nosotros es lo último que necesitamos.
Miré a Juan. –Yo ya no estoy seguro de nada.
Me alejé de Juan y comencé a pasear por el almacén, este me sonaba de haber estado antes. Llegué hasta una sala y vi una mesa allí, estaba llena de sangre y polvo. Sobre ella había hojas de papel esparcidas. En ellas encontré dibujos, más bien eran bocetos, fue entonces cuando vi un dibujo que me llamó la atención. Era idéntico al tatuaje de Silvia. Ese era el mismo almacén donde ella había estado encerrada.
*****

Brandon se había alejado de los demás y había encontrado un baño, allí se había refugiado. Primero se lavó la cara y se tocó la frente, notó que tenía fiebre. Seguidamente se subió la manga de la camisa y observó la herida. El caminante con el que había caído rodando le había mordido durante la caída y el no había dicho nada, temía que lo mataran los otros. Sabía que guardar silencio ponía en peligro a los demás, pero tampoco quería morir. Justamente en ese momento entró Blair en el baño y el se apresuró a taparse la herida.
—Llevo un rato buscándote— dijo Blair acercándose a el y plantándole un largo beso en los labios. Entonces ella sonrió.
—¿Por qué estás tan contenta? Hemos perdido a muchos hoy. No hay motivos para estar contentos.
—Han encontrado comida. No es mucho, pero algo es algo. Si lo racionamos bien, habrá para todos— Blair observó a Brandon, parecía ausente. —¿Te ocurre algo?
—No. Nada— dijo Brandon volviendo a besarla.
*****
Estaba inspeccionando el hotel cuando hasta mi llegaron unos gritos. Acudí corriendo y vi a dos jóvenes del grupo peleándose, todos los demás estaban a su alrededor. El motivo parecía ser una lata de conservas que estaba en el suelo. Estos discutían afirmando que la lata era suya. Acudí rápidamente corriendo y me plante entre ellos. Fue en ese momento cuando uno de ellos, Corey me golpeó.
—Tú no te metas. Esto no es asunto tuyo— Caí al suelo sujetándome la barbilla mientras Juan y los otros intervenían separándolos. –Dejadme. Todo es culpa suya. Si el no hubiera dejado entrar a esa gente, si el no hubiese sido un blando y hubiese luchado, esto no habría pasado. ¡¡¡El nos ha condenado a esto!!! ¡¡¡Nos iría mejor sin el!!!— Algunos del grupo comenzaron entonces a asentir y a darle la razón a Corey. Me estaban culpando a mí.
Me levanté de repente y golpeé fuerte a Corey, tanto, que este cayó al suelo y yo me puse sobre el para seguir golpeándole una y otra vez, hasta dejarle la cara ensangrentada. Juan tuvo que separarme de el, pero yo me solté de el y los miré a todos.
—Acepto que yo soy el único responsable de esta situación. Que es culpa mía. Pero no pienso toleraros que digáis que tuvimos que enfrentarnos a ellos. Nos superaban en número y tenían nuestras armas. Un enfrentamiento habría sido lo peor para todos nosotros. Habríamos muerto. No podíamos hacer nada contra ellos. Os lo creáis o no, en ese momento os salvé la maldita vida, pero si creéis que podéis hacer algo… Podéis volver y enfrentaros o simplemente suplicar que os dejen entrar, con suerte seréis sus mascotas— miré a algunas de las chicas. –Quizás con suerte os dejen vivir y os metan en una habitación de lujo a cambio de que os abráis de piernas ¿Seguro que es eso lo que queréis? Por que es lo que habría pasado, opté por la retirada por que era lo más acertado, pero como ya he dicho sois libres de regresar allí si queréis. Os invito a que os marchéis— señalé la puerta del almacén. –Ahí tenéis la puerta. Marcharos si queréis— nadie decía nada y eso me enfureció todavía más. –¿No decís nada? Supongo que es más fácil echarle las culpas a otro. Yo soy el que más culpa y lo admito, pero os he salvado la puta vida.
—Cálmate Juanma. Por favor— dijo en ese momento Eva.
—¿Qué me calme? Estoy harto de que se me eche la culpa de todo. Simplemente estoy dándoles una opción si no están de acuerdo conmigo. Pueden marcharse, pero si se quedan, que acepten la situación— miré a todos. —¿Os ha quedado claro de una vez?
Juan levantó a Corey del suelo y le dio la lata de forma muy brusca. –Toma. Que la disfrutes. El resto descansad, luego quiero que un par de vosotros me acompañe, iremos a cazar. Yo dirigiré la partida de caza.
Juan dispersó al grupo y se dirigió a mí. –No tiene sentido que te culpes más. La situación es la que es. Si no nos hubiésemos marchado, las cosas serían peores. Probablemente nos habrían ejecutado allí mismo. Lo sabes ¿No?
—Ahora solo necesito dormir y pensar— respondí alejándome de el. Llegué hasta una puerta, la abrí y vi una sala, pasé al interior y me cerré la puerta. Allí no había nada, así que simplemente me senté en el suelo apoyado en la pared y cerré los ojos, aunque eso no impidió que comenzara a temblar. Cuando golpeaba a Corey había deseado matarlo y todavía deseaba hacerlo. Sentía mucha rabia dentro de mí.

Las Vegas…
15:00 de la tarde…

Carlos daba vueltas alrededor de una silla. En ella estaba sentada Katrina. Carlos se paró frente a ella y la miró fijamente.
—Katrina ¿Verdad? Bien, tú serás la primera que será interrogada y si dices la verdad, es muy posible que deje que te vayas tranquilamente. Incluso es posible que os deje en libertad. Vosotras no me interesáis. Solo quiero saber donde está mi hermano.
—Si te lo digo irás a matarlo— respondió Katrina mirando a Carlos a los ojos. –No pienso decirte donde está.
Carlos en ese momento le mostró un cuchillo, el cual le acercó a la cara. —¿Ves esto? Te lo volveré a preguntar. Si no respondes, te puedo asegurar que haré trizas tu bonita cara.
Katrina sin embargo, en lugar de asustarse comenzó a reír. Eso hizo que Carlos frunciera el ceño sin entender que era lo que estaba pasando.
—¿Estás seguro de que quieres hacer esto? ¿Estás seguro de que quieres matar a tu hermana?
Carlos se acercó más a Katrina. —¿De que coño hablas? ¿Mi hermana?
—¿Te sorprende? A Juanma también, pero es cierto. ¿De verdad quieres hacerme daño? Si te digo donde está Juanma, irás a buscarlo. Y matarás a todos los que hay allí para conseguir tus fines. Eso incluirá también a mi hija, tu sobrina. Puede que seas un cabrón… Pero no serias capaz de todo eso…
Carlos se separó de la silla y miró a Katrina con odio, seguidamente sacó un walkie talkie e hizo una llamada. Poco después aparecieron dos hombres allí. Uno de ellos era Butch.
—Llevadla a una celda y que se quede allí sola. Y que nadie la toque.
—¿Traemos a otra?— preguntó Butch.
—Traedme al que está herido. Ahora— respondió Carlos. Butch y el otro hombre se llevaron a Katrina. La dejaron sola en una celda y fueron a por Dylan, al cual arrastraron hasta la sala. Allí lo tiraron al suelo y Carlos lo observó. –Tienes mal aspecto. No durarás mucho si sigues así. Como supongo que no quieres morir te ofrezco algo. Aquí tenemos médicos que pueden tratarte esa pierna y salvarte la vida.
—Eso estaría muy bien— respondió Dylan con los ojos entre abiertos.
—Por eso. Estoy buscando a mi hermano Juanma. Se que tu lo conoces ¿No es así?— Dylan asintió. –Pues venga. Dime donde está y yo haré que te salven la vida.
—Solo lo haré con una condición. Vine buscando a mi hermana. Dime donde está y te diré todo lo que quieras saber. Solo cuando la vea te daré la información que quieres.
Carlos sonrió. –Muy bien. Así se habla, dime quien es tu hermana y te la traeremos hasta aquí. Adelante, haz ese pequeño esfuerzo y te doy mi palabra, no solo te curaremos, también os proporcionaré una casa a ti y a ella. Una de las más lujosas. Aunque debo decir que no esperaba que traicionases así a tu gente.
—Ellos no son mi gente. Solo estaba con ellos por que no tenía a donde ir. Iba a largarme en cualquier momento… Mi hermana… Es Claire…
Al escuchar el nombre. Carlos se quedó mudo. Recordaba ese nombre y sabía quien era ella. Claire estaba muerta y murió la misma noche que capturaron a David y Luci mientras intentaban escapar.
—Verás Dylan. Siento decirte que lo de tu hermana no puede ser. Tu hermana hace tiempo que murió, pero aun así aun puedo ofrecerte que te curen. Esta es tu oportunidad, esa gente no te importa nada. Adelante, dime donde están.
En ese momento Dylan miró a Carlos. –Sin mi hermana no hay trato. Tampoco me interesa curarme si ella que es todo cuanto tenía ya no está. Puedes hacer conmigo lo que te de la gana.
Al escuchar eso, Carlos estalló de rabia, la cual había estado conteniendo y comenzó a golpear a Dylan. Estaba perdiendo la paciencia con las prisioneras.

En algún lugar de Oklahoma…
Inter estatal 40…
18:00 de la tarde…

David le dio una patada a la rueda delantera del coche. Este se había quedado sin gasolina mientras cruzaban la inter estatal numero 40. Allí parados, mirara donde mirara no había nada. Luci se había adelantado un poco para buscar algún vehículo que aun tuviera combustible en el depósito, pero no había tenido suerte.
La pequeña lloraba y eso estaba comenzando a atraer a los No Muertos que había por allí cerca.
—¿Qué se supone que haremos ahora? No hay nadie por aquí. Tampoco vehículos que podamos atravesar. Y aun estamos lejos de Manhattan. A este paso no llegaremos nunca.
—Pues no nos queda otro remedio— respondió Luci acercándose a la mujer para coger a la pequeña en brazos. –Caminaremos hasta encontrar un lugar donde podamos descansar— en ese momento, Luci señaló un cartel que señalaba un área de servicio a unos tres kilómetros.
David sacó la bolsa de armas del maletero y se la cargó al hombro. Segundos después, todo el grupo comenzó a caminar por la carretera.
Veinte minutos después llegaron al área de servicio que señalaba el cartel. Allí pararon. Luci y David entraron los primeros y se aseguraron que no hubiese caminantes dentro. Poco después acamparon allí y comenzó a anochecer.

22:00 de la noche…

Les habían dado de comer a los niños y estos se habían quedado profundamente dormidos junto a una cansada Alicia. Tan solo Luci, David y la mujer, se habían quedado despiertos junto a las ventanas para vigilar.
—¿Cómo fue?— preguntó Luci.
—¿Cómo fue el que?— preguntó David mirando a su compañera.
—Separaros de Juanma tras la caída de Manhattan— respondió Luci.
—Carlos ofreció un lugar seguro en Las Vegas, mientras que Juanma no sabía ni siquiera a donde podíamos ir. Me fui con Carlos pensando en Alicia y en su bienestar. Ahora me doy cuenta de que no hice lo más sensato. Sabía muy bien como era Carlos, pero esperaba poder perderlo de vista una vez llegáramos allí, pero también… Lo hice pensando en ti. En encontrarte y lograr hacer algo para ayudarte. Y como son las cosas… Al final… Fuiste tu quien me ayudó a mi. De no ser por ti creo que habríamos muerto en esa jaula. Es algo que nunca podré agradecerte lo suficiente.
—Yo si se como. Quédate vigilando tú mientras yo duermo un poco. Luego cuando me despiertes para hacer el cambio, tráeme un café y estaremos en paz— dijo Luci apartándose de la ventana.
—Eso está hecho— respondió David. Seguidamente, Luci se fue a donde estaban los niños y se tumbó al lado de la pequeña. Donde no tardó en quedarse dormida.
David miró de nuevo al exterior y lo único que vio fue un caminante tambaleándose. Al cual unos perros que aparecieron de repente, rodearon y se abalanzaron sobre el para devorarlo. David en ese momento se dio cuenta de lo salvaje que se había vuelto el mundo exterior. Ya casi lo había olvidado.

Día 22 de Octubre de 2010
Día 845 del Apocalipsis
06:00 de la mañana… Almacén cerca de Macon…


Brandon se encontraba mal. Se levantó de donde estaba, sabía lo que le pasaba y no quería poner en peligro a nadie. Tambaleándose, se acercó a una de las puertas y la abrió con intención de salir y alejarse, irse bien lejos, pero entonces sus fuerzas fallaron y se derrumbó. Quedando la puerta del almacén abierta. Cinco minutos después, Brandon abrió los ojos de nuevo… Y tenía hambre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario