Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

Seguidores

sábado, 27 de agosto de 2016

NECROWORLD Capitulo 126

Día 21 de Octubre de 2010
Día 844 del Apocalipsis…
Cobertizo… 00:45 de la noche…

Poco a poco fui recuperando el conocimiento. Me encontré sentado en la misma silla donde había sentado a Riley para sacarle la verdad.  Levanté la cabeza y vi al menos a diez hombres allí, Riley estaba de pie discutiendo con uno de ellos acaloradamente.
—Déjame que lo mate. Mira todo lo que me ha hecho. Quiero cargármelo— decía Riley.
—Te ha torturado por que Kennedy y tu fuisteis descuidados y unos estúpidos. Si hubierais sido más cautelosos, no habríais levantado sospechas.
Mientras levantaba la cabeza vi como uno de ellos se me acercaba, entonces le vi la cara. Tenía la cara podrida, como si fuera un caminante. Al verlo sentí la necesidad de alejarme de el. Me eché hacia atrás y caí al suelo golpeándome la cabeza. Eso hizo que los tipos que me custodiaban me miraran. El que hablaba con Riley dejó a un lado la discusión y se acercó a mí. Se trataba de un hombre joven de casi cuarenta años. Este me levantó y me miró con una sonrisa.
—¿Quiénes sois vosotros?— pregunté yo
—Hola, me llamo Jacob. Te estrecharía la mano, pero no es posible. Supongo que te debemos una explicación. Pero seré breve. Nosotros somos por así decirlo, nómadas. Viajamos buscando sitios donde vivir, sitios grandes y con suministros. Vuestro hotel es un lugar estupendo para vivir y nos lo vamos a quedar. Y puedes estar tranquilo por que no pretendemos mataros. Nosotros no hacemos eso.
—Si queríais estar en el hotel… Solo era necesario venir a hablar con nosotros— respondí.
—Nosotros no confiamos en nadie. Ya no. Y tú lo sabes bien como es este mundo. Si hubiésemos compartido el lugar, habríais acabado echándonos de alguna manera. Por eso haremos lo siguiente. Nosotros nos quedaremos el hotel y vosotros os marchareis. Lo siento, pero es así. Nada de compartir. Lo siento.
—Mi gente no se marchará. No sin luchar— respondí mirándolo a los ojos.
—Tu gente no opondrá resistencia. Ahora se bueno y quédate aquí hasta que tu gente venga a buscarte. Reserva las fuerzas y podrás dirigirlos hacia un lugar seguro. Por cierto, mi nombre es Jacob— el tipo se puso en pie y se alejó. Agarró a Riley y se lo llevó a rastras, miró a varios de sus hombres y les comenzó a impartir órdenes. –Quedaros aquí con el vigilándole. No quiero que le toquéis un solo pelo de la cabeza. Al amanecer os quiero en las puertas del hotel para terminar lo que hemos empezado.
Salvo tres hombres, todos se marcharon de allí, incluido Riley. Se dirigían de nuevo hacia el hotel. Mis compañeros estaban en peligro si esta gente entraba.

Hotel…

Aquella noche, Vicky no había querido cenar, no tenía hambre y se había ido a dormir, pero se despertó cuando escuchó un ruido en la habitación de al lado. Se levantó y salió de su habitación. Fue a la habitación de sus padres y entonces intentó abrir la puerta, pero entonces algo se la bloqueaba. Abrió un poco la puerta y se asomó al interior, entonces vio a su madre Eva en el suelo. Entró rápidamente y trató de reanimarla, pero estaba profundamente dormida. No entendía que le pasaba.
Los bebés comenzaron a llorar y ella se acercó a las cunas a calmarlos, fue entonces cuando miró por la ventana y los vio, eran caminantes, los caminantes habían tomado el hotel. ¿Pero como? Entonces se dio cuenta de que no eran caminantes, eran personas, cientos de ellas, todas entrando en el hotel. Rápidamente comprendió lo que estaba ocurriendo, esas personas no habían sido invitadas. Volvió corriendo a su habitación, dejando antes a Eva en la cama y cerrando la puerta. Una vez en su habitación cogió su pistola, comprobó que estuviera cargada, cogió un par de cargadores más y salió. Vicky recorrió el pasillo y llegó a las escaleras, entonces allí vio al gato de Cindy. Este estaba junto a su dueña, la cual estaba entre varios escalones, se acercó a ella y comprobó que estuviera viva, lo estaba, pero profundamente dormida, como Eva. Algo les había pasado, daba igual como las zarandeara o tocara, no se despertaban. En ese momento escuchó voces abajo, pero no era nadie conocido, se asomó con cuidado y los vio, eran varios hombres, algunos de ellos estaban parados quitándose lo que parecía piel.
En efecto se quitaban piel, pero no era la suya, si no una segunda capa, esta segunda piel de la que se desprendían era pálida y tenía como postulas, como la piel de los caminantes. Fue en ese momento cuando tuvo una revelación. Recordó que aquel mismo día mientras estaba en el jardín trasero, miró a las vallas y vio a varios caminantes, aunque estos nunca se acercaban al hotel, de hecho había escuchado como los adultos comentaban sobre eso. Lo que estaba presenciando le dejaba claro que esos caminantes no eran caminantes, eran personas. Justo en ese momento entró otro hombre, a ese si lo conocía. Se trataba de Kennedy.
—Tú y tú. Seguidme. En el piso de abajo es donde guardan las armas bajo llave.
—¿Y que hacemos con los bellos durmientes?— preguntó uno de los hombres señalando a alguien a quien Vicky no podía ver. Aunque se imaginó que era algún habitante del hotel que al igual que Cindy y Eva, se había quedado dormido.
Vicky no comprendía nada. ¿Quién era esa gente? ¿Y que hacía Kennedy con ellos? ¿Quizás Kennedy y su hermano eran espías o algo parecido? Fue en ese momento cuando pensó en Carlos, su tío. ¿Y si eran personas enviadas por el? Aunque enseguida descartó la idea, de ser Carlos, ya lo habría visto. Esa gente no tenía nada que ver con el, pero entonces… ¿Quiénes eran? ¿Qué querían?
—Buscad por todo el hotel. Buscad los cuerpos, maniatadlos y amordazarlos. Luego llevadlos al hall principal. Cuando se despierten los pondremos al tanto de la situación actual. Por cierto, tened cuidado, es posible que algunos no se hayan dormido. Algunos de los que viven en este hotel son extremadamente peligrosos— respondió Kennedy.
—¿Qué hacemos si alguno se despierta y nos quiere joder?— preguntó otro hombre.
—Pues os lo cargáis y punto. Luego tirad el cadáver donde no lo encuentre nadie salvo los gusanos. No entiendo por que Jacob se empeña en no matar a ninguno. Sería muy fácil. Tu hermano no aprende.
—Si matamos a alguno y Jacob se entera, lo pasaremos mal. Incluido yo que soy su hermano. Venga, haced lo que os digo, los efectos del somnífero no durarán toda la noche. Se despertarán algo atontados, pero no me fio, si no se pueden mover, mejor. Eso nos facilitará las cosas. Venga, moveos.
Los hombres comenzaron a dispersarse y Vicky tomó una decisión. Muchos estaban fuera de combate y su padre no estaba, se había marchado, pero no sabía a donde se había ido. Tenía que ser ella quien se ocuparía de proteger a su gente.

***** 
Kennedy bajó al sótano acompañado de varios hombres. Nada más llegar, vieron como el tipo de la celda de detención se levantaba y se los quedaba mirando mientras agarraba la verja con ambas manos.
—¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?— preguntó en ese momento el hombre de la celda.
—¿Quién coño es ese? Creí que la mayoría estaban soñando con los angelitos— preguntó uno de los hombres mirando a Kennedy.
—Ese es Malaquías. Está ahí no se muy bien por que motivo. Creo que no ha comido esta noche— Kennedy se acercó a la jaula. –Si te dejamos salir… ¿Prometes portarte bien? Es evidente que si estás ahí es por que no eres amigo de estas personas. Y tampoco tienes pinta de ser peligroso. Más bien me pareces un pedazo de mierda, pero puedes sernos útil para algo. Aunque antes de dejarte salir te haré una advertencia. No intentes jodernos. ¿Dónde están las llaves de la celda?.
—Están en la enfermería. Las guardan ahí junto a las llaves del armario de armas— respondió Malaquías.
—¿Y tu como lo sabes si no sales de ahí?— preguntó uno de los hombres que acompañaba a Kennedy. –Seguro que nos la quieres jugar. Pues ni lo sueñes capullo.
—No tengo el por que mentiros— respondió Malaquías. –Lo que quiero es salir de aquí. Y haré lo que sea para conseguirlo.
Kennedy sonrió y caminó hacia la puerta de la enfermería, nada más entrar se encontró a Mélanie tirada en el suelo. Tenía una brecha en la frente y sangraba. Seguramente se había dormido de pie y al caer se había golpeado la cabeza. Kennedy pasó sobre ella y comenzó a rebuscar por los cajones, pero no encontró nada.
—Quizás las lleve ella encima— dijo uno de aquellos hombres señalándola. –Voy a verlo— dijo agachándose, pero justo antes de que pudiera siquiera tocarla, Kennedy lo apartó de un empujón. El compañero de Kennedy se dio un golpe y seguidamente lo miró. —¿Se puede saber que haces?
—Ni se te ocurra poner tus sucias manos sobre ella. No creas que  me he olvidado tus asquerosas aficiones. No entiendo como Jacob aun te mantiene en el grupo. Alejate de ella y de cualquier mujer de este grupo— le amenazó Kennedy mientras registraba a Mélanie. Pocos segundos después consiguió el manojo de llaves.
—¿Qué más te dan mis asquerosas aficiones si estas personas no nos importan lo más mínimo? Vamos a echarlos de aquí. Morirán ahí fuera de todos modos. No tienen armas.
—Nosotros tampoco las teníamos y hemos sobrevivido— respondió Kennedy. –Además, ella es medico. Nos vendrá bien para curarnos si lo necesitamos. Además, ella estaba en la lista que se le entregó a Jacob, estaba como alguien importante.
Con las llaves en su poder y con Mélanie esposada, salieron de la enfermería, le abrieron la puerta a Malaquías y luego entraron en la sala de tiro. Se dirigieron hacia el armario donde guardaban todas las armas y Kennedy comenzó a repartirlas. Justo en ese momento llegaron Jacob y Riley. Cuando Kennedy vio las heridas de su hermano, abrió los ojos de par en par.
—¿Quién cojones te ha hecho eso?
—Juanma se tomó la molestia de charlar amablemente conmigo. Estaría muerto de no ser por Jacob y los otros— respondió Riley al tiempo que cogía el arma que uno de sus compañeros le entregaba.
—Pero se lo has hecho pagar ¿No? ¿Dónde está?— preguntó Kennedy. –Si sigue vivo quiero matarlo yo mismo.
—Nadie lo tocará— intervino Jacob. —¿Qué os tengo dicho? No matamos a la gente por que si. Y si el sospechó de vosotros fue por que vosotros y nadie más, fuisteis descuidados y estúpidos. Además, ese tío solo pretendía que hablaras, no creo que pretendiese de verdad matarte. Cuando lo noqueamos había salido por que no tenía claro si matarte o no— Jacob miró entonces a Malaquías. —¿Y este quien es?
—Malaquías señor.
—Este no figuraba en la lista. ¿Por qué no está dormido como todos los demás?
—No lo añadí a la lista por que no consideré que fuera alguien importante. No está dormido por que no comió. Era un prisionero de este grupo. Ya lo habíamos visto varias veces, pero nunca antes nos habíamos prestado atención— respondió Kennedy. –Quiere unirse a nosotros.
—Este tipo no es nadie para nosotros. Propongo dormirlo como al resto o encerrarlo de nuevo. No nos puede aportar nada— dijo Riley dando unos pasos hacia Malaquías. Iba a golpearle justo cuando Jacob lo detuvo.
—Déjame que yo decida si nos puede servir de algo o no. Señor Malaquías… ¿A que se dedicaba antes de esto? Hable y por su bien espero que me convenza.
—Antes de esto era sacerdote en una orden del vaticano. Cuando esto comenzó a ocurrir, fui reclutado en un equipo de hombres religiosos y salimos de Roma para purgar al mundo del mal. Durante mucho tiempo estuvimos purgando el mal y acabando con todos los infieles que nos cruzábamos. Todo fue bien hasta que esta gente me atrapó y encerró. Son mala gente— explicó Malaquías. –Quiero ser uno de los vuestros, se cocinar… Y si tenéis niños con vosotros… Puedo enseñarles la palabra de dios.
—No me jodas. Un jodido sacerdote… No lo necesitamos para nada. Propongo que lo dejemos frito aquí y ahora— replicó Riley.
—No decides tu hermano— dijo Jacob. Seguidamente se dirigió de nuevo a Malaquías. –En nuestro grupo no tenemos ni niños ni mujeres. Los teníamos, pero los fuimos perdiendo por el camino. Al final solo hemos sobrevivido los fuertes. Pero me interesa, en mi grupo hay gente que necesita urgentemente una educación religiosa o lo que sea, y por otro lado… Me interesa eso de que sepas cocinar. Bienvenido a nuestra familia. Dadle un arma y que se de una ducha. Huele que apesta.
Los hombres se llevaron a Malaquías y los tres hermanos se quedaron solos.
—Ya hemos tomado el hotel, pero cuando esta gente se despierte no dejarán que nos hagamos con este lugar así como así. Propongo que los matemos a todos y aseguremos nuestro futuro aquí— dijo en ese momento Riley. –Y al primero que hay que matar es a Juanma. Ese cabrón me ha destrozado. Déjame volver allí y matarlo.
—Nosotros no matamos a otros. Estoy harto de repetirlo. Soy yo quien da aquí las órdenes y no quiero que nos convirtamos en monstruos desalmados. Por eso no mataremos a nadie de este grupo. Los echaremos de aquí y se acabó. Los desterraremos de su hogar, no tendrán armas y nosotros si. No se atreverán a regresar.
—Tu confianza nos costará la vida. Parece que olvidas lo que pasó— replicó Riley. –Si no hubieses sido tan confiado, si no la hubieses cagado…
Riley no terminó la frase. Jacob lo agarró del cuello rápidamente y clavó sus ojos en el al tiempo que hacia chocar a su hermano contra la pared. –Cállate. No lo digas, no quiero oírlo. Si abres la boca para decirlo o lo insinúas. Te mataré.
En ese momento escucharon disparos en los pisos superiores y algún que otro grito. Grito que enseguida reconocieron como que era perteneciente a alguien de su grupo. Algo había pasado.
*****
Seguía atado a la silla observando a los que me custodiaban. Los observé bien, eran tres dentro del cobertizo y suponía que había más de ellos fuera. Aunque no sabía cuantos exactamente. Todos vestían ropas sucias y presentaban un aspecto demacrado, como si hiciera días que no comían apenas nada. Uno de ellos estaba extremadamente delgado y de vez en cuando tosía. Parecía estar enfermo. Otro detalle importante era que ninguno de ellos llevaba armas de fuego, ni siquiera armas blancas, la única arma que parecía llevar, era como una estaca colgada del cinturón. Quizás su única defensa contra los No Muertos.
—¿Qué es lo que estás mirando tú?— preguntó uno de ellos acercándose a la silla donde estaba yo sentado. –No me gusta el modo que tienes de mirarme.
—Me tenéis aquí atado y no se lo que va a pasar conmigo. ¿Cómo quieres que os mire? No se que pretendéis, pero será mejor que lo dejéis ya— respondí mirando al que había comenzado a toser. –Tu amigo tiene mal aspecto.
—El no es asunto tuyo. Simplemente quédate quieto y calladito— dijo el hombre que se me había acercado y que en ese momento me estaba amenazando con la estaca.
—Tu amigo está enfermo. Puede morir en cualquier momento y eso hace que si sea asunto mío. Por que cuando muera y deduzco que será antes del amanecer, todos los que estamos aquí estaremos en peligro— respondí haciendo un gesto con la cabeza y señalando al hombre enfermo. El cual tenía tan mal aspecto que mucho me temía que no duraría mucho. De hecho, se había sentado en un rincón y tiritaba de frio.
En ese momento se abrió la puerta y entró otro hombre, al verlo me di cuenta de que llevaba mi pistola colgada del cinturón. Antes de que se cerrara la puerta, divisé a otros dos en el exterior montando guardia.
—¿Qué cojones pasa aquí? Jacob dijo que no habláramos con el. Además, estáis hablando demasiado alto y estáis atrayendo la atención de caminantes. Neil y Tommy acaban de cargarse a uno de ellos. Silencio.
—Esa es mi pistola— dije en ese momento. –No recuerdo habértela regalado.
—¿Vas de gracioso o que?
—Por supuesto que no. Solo resalto lo obvio. Pero da igual, vas a devolvérmela tarde o temprano, lo se— respondí con una sonrisa. Entonces en ese momento me apuntó a la cabeza con el arma y comenzó a ejercer presión en el entrecejo.
—Sigue jugando y te aseguro que te arrepentirás. Si yo quiero, ahora mismo te…— No terminó la frase. Con un rápido movimiento saqué la mano y lo golpeé, desviando el arma hacia mi derecha. Esta se disparó y sentí un fuerte dolor en el tímpano, pero aun así, agarré rápidamente el arma aprovechando la sorpresa, se la arrebaté y el trató de quietármela de nuevo, pero yo le asesté un cabezazo en la cara, este cayó de espaldas, me hice con el control del arma y abrí fuego. Primero lo abatí a el y luego a los otros tres que había dentro. El ruido atrajo a los otros dos de fuera, entraron y disparé a uno, logre abatirlo, pero cuando iba a disparar al segundo, vi que me había quedado sin balas.
El tipo se lanzó sobre mí con fiereza y ambos caímos al suelo. La pistola salió volando lejos de mí mientras aquel tipo me golpeaba. Liberé la otra mano por fin y con las dos manos lo agarré de la cabeza y le metí los dedos en los ojos. Este gritó y yo aproveché para golpearle nuevamente. Seguidamente con un rápido movimiento cogí la estaca de su cinturón y se la clavé en el cuello. Cuando me lo quité de encima, me apresuré a liberar mis pies.
Totalmente libre me puse de pie y miré a mí alrededor. Había matado a seis hombres, pero no me importaba, solo me importaba regresar al hotel y ayudar a mi gente. Los que me custodiaban no portaban armas y era probable que los que habían ido al hotel tuvieran pocas armas o ninguna. No lo sabía con certeza, pero aun así emprendí la marcha a la carrera. Tenía que llegar cuanto antes.
*****
Jacob llegó al piso donde había escuchado los gritos y nada más llegar vio a dos de sus hombres en el suelo. Otro de ellos estaba herido con un tiro en la pierna.
—¿Qué es lo que ha pasado?— preguntó Jacob mirando a su compañero, el cual estaba apoyado en la pared sosteniéndose la pierna herida. Como no respondió, Jacob le levantó la cabeza y le obligó a mirarle. –Charlie… ¿Qué ha pasado?
—Una… Una maldita niña salió de la nada y nos disparó. Huyó por aquella puerta— dijo Charlie señalando por el pasillo. Jacob miró hacia la puerta y vio el número. La numero 318.
Jacob se levantó y miró a los que habían subido con el. –Llevaros a Charlie y clavadles algo en la cabeza a Ralston y a Parsons. Que no revivan… Yo me ocupo de esto— Jacob hizo una pausa y miró a Kennedy. –Espera. Quiero que tu me  traigas a uno de los bebés de la habitación 101.
Jacob fue obedecido sin rechistar y pronto se quedó solo en el pasillo, seguidamente comenzó a caminar por el pasillo mientras hablaba. –Eres Vicky supongo. He oído hablar de ti. Creo que eres una chica muy valiente, ya no eres ninguna niña y eso es de admirar— Jacob llegó a la habitación y cuando cruzó la puerta se encontró con el cañón de un arma apuntándole a la cara. Eso hizo que sonriera y alzara las manos. –Se que no te temblará el pulso si decides matarme, pero te sugiero que no lo hagas. Aquí son muchos los que me siguen… Y no creo que tengas munición para todos. Ahora tienes dos opciones, matarme y morir o rendirte y vivir. Debo admitir que no quiero morir… Y ahora estoy a un solo paso de ello, un movimiento en falso y estaré muerto. ¿Cierto? Pero si yo muero, entonces será cuando de verdad comiencen a pasar cosas malas, yo soy el único que impide que tus amigos y tu padre mueran. Si yo muero, ellos también lo harán, por que soy yo quien está impidiendo que los maten. Mientras yo viva, ellos viven. Eso te incluye a ti y a tu padre también.
—¿Qué es lo que queréis?— preguntó Vicky sin dejar de apuntar. Jacob pudo comprobar que era cierto que el pulso no le temblaba.
—Simplemente queremos vivir, y este es el lugar perfecto, pero desgraciadamente no podemos compartirlo. Por eso tenéis que marcharos y dejarnos este lugar para nosotros. Lo entiendes ¿Verdad?
—Podéis buscaros otro sitio— respondió Vicky con el dedo en el gatillo. Estaba a punto de disparar. –Dejadnos en paz.
—No hay otros sitios, y los pocos que hay están ya ocupados. No es tan difícil hacerse con un hogar. Tu misma lo has comprobado, nos hemos acercado sin que os dierais cuenta y os hemos arrebatado vuestro hogar. Hoy al amanecer estaréis de nuevo ahí fuera. Simplemente tenéis que hacer lo mismo que nosotros.
En ese momento Vicky disparó e hirió a Jacob en un brazo. Este cayó contra la puerta y lanzó un grito de dolor, pero aun así no disparó. Simplemente puso su propia mano delante de el. Entonces, varios hombres llegaron a la puerta, todos le apuntaban, todos menos uno, este entró en la habitación con el pequeño Nathan en brazos, apuntándole con la pistola.
—Suelta la pistola criaja de mierda o me cargo al niño. ¡¡¡Ahora!!!
Vicky pensó en disparar y salvar a su hermano, pero si lo hacía, seguramente morirían los dos. No tenía nada que hacer. Dejó caer el arma al suelo y levantó las manos en señal de rendición.
—Llevadla al Hall principal con los demás. Están comenzando a despertar— ordenó Jacob.
Vicky fue inmovilizada y llevada hasta el hall, allí vio a todos los que vivían en el hotel. Estaban sentados en el medio. Rodeados, maniatados y derrotados. Vio a Johana con una herida en la cara, seguramente había sido golpeada varias veces, también vio a Mélanie curándole una herida de la frente a Eva.
Vicky fue empujada y la obligaron a sentarse junto a Juan. También el presentaba magulladuras. Al ver a la niña, este sonrió.
—Me alegro de que estés bien. Temí que hicieras que te mataran.
—¿Quién es toda esta gente? He contado más de cincuenta de ellos cuando me traían hasta aquí. Han usado a mi hermano Nathan como rehén— respondió Vicky alzando la vista para mirar a Eva. Acababan de devolverle a sus hijos. –No veo a mi padre.
—Tu padre no está aquí. Yo mismo le ayudé a llevar a ese de allí al coche— respondió Juan mirando a Riley. –Se lo llevó a un cobertizo para sacarle la verdad a golpes. Es evidente que estábamos en lo cierto en cuanto a las sospechas.
—¿Y por que está el aquí y no mi padre? ¿Crees que está muerto?— preguntó Vicky.
Juan negó con la cabeza. –No lo se. Sea lo que sea no está aquí.
En ese momento la puerta principal se abrió y entraron varios hombres empujando al doctor Alard y a la doctora Brown. Al verlos, el que mandaba bajó los escalones, ya se había curado la herida del brazo. Vicky se lamentaba por no haber apuntado mejor.
—¿Y estos quienes son?— preguntó Jacob.
—No te lo vas a creer— dijo uno de sus hombres. –Estos dos estaban en un cobertizo trabajando con caminantes. No se que coño estarían haciendo.
—¿Trabajar con caminantes? ¿Es usted científico?— preguntó Jacob.
Alard asintió con la cabeza. –Estudio a los caminantes y trato de comunicarme con ellos. Creo que es posible.
—Interesante quizás para el National geografic, pero no para mí. Ponedlos con los demás— ordenó Jacob.
*****
Llegué al hotel y me oculté detrás de un árbol para observar el interior. La luz del hall principal estaba encendida y parecía que se veía movimiento en el interior. Fuera vi a varios hombres armados. Había por lo menos diez de ellos. Iba a ser imposible entrar sin ser visto, y aunque lo lograra, no podría hacer mucho yo solo. Solo me quedaba una opción, la única factible.
Salí de detrás del árbol y caminé con decisión hacia la puerta. Nada más llegar, levanté las manos y grité que quería hablar con Jacob. Eso hizo que todos los guardas me miraran y me apuntaran.
—He dicho que quiero hablar con Jacob. Abrid la puerta— volví a decir.
Los guardas se miraron y uno de ellos caminó hasta la puerta, la abrió y me obligó a entrar. Seguidamente me llevó encañonado hasta el hall, allí entramos y todos mis compañeros se quedaron mirándome. Jacob también lo hizo, primero sonrió, pero cuando me vio manchado de sangre, la sonrisa se esfumó. Entonces caminó hacia mí.
—Me sorprende mucho que estés aquí. Deduzco que mis chicos no te han dejado irte, así que solo puedo suponer que están muertos. ¿Es así? ¿Los has matado?
—Así es— respondí.
En ese momento vi como varios de los hombres me apuntaban dispuestos a matarme. Solo un gesto de Jacob impidió que eso ocurriera.
—Bueno. Supongo que era lo más obvio que puede pasar cuando unos cuantos tipos te retienen a la fuerza y te ponen física y emocionalmente al límite. Tú intentas escapar y alguien tiene que morir. Es lógico. Pero no entiendo como es que has venido hasta aquí desarmado y con tanta sinceridad. Deduzco que quieres negociar, así que tú dirás. Te escucho.
—El hotel es lo bastante grande para todos. Podemos compartirlo o incluso ayudaros a encontrar un hogar. La unión hace la fuerza.
—Es ciertamente una buena idea. Y tú pareces sincero… Pero… ¿Y tus amigos? Ellos estarán de acuerdo? Lo sentó, ellos no me parecen tan de fiar. Seguro que aprovecharían cualquier momento para matarnos. Lo siento, pero no pienso arriesgarme. Ya he arriesgado demasiado. Además… entre tu hija y tú habéis matado a ocho de mis hombres. No es que les tuviera mucho aprecio, de hecho eran los más prescindibles y no creo que hubiesen durado mucho más… Pero si te soy sincero. Si yo dejo pasar por alto esto, mis hombres me perderán el respeto. Así que aunque me pese, debo castigarte, debo equilibrar un poco la balanza. Aun así, solo morirán siete de tu grupo. En principio eran ocho los que van a morir, pero antes de nuestra llegada, mi hermano Kennedy mató a una chica. Diana creo que se llamaba— Jacob miró a Kennedy. —¿No era así como se llamaba?— Kennedy asintió y yo sentí una profunda rabia. Me quise lanzar contra Jacob, pero entonces varios de sus hombres se lanzaron contra mí y me inmovilizaron.
—Os voy a matar a todos. Os voy a destrozar, os voy a exterminar— comencé a decir.
—Como decía antes de que me interrumpieras. Hay que equilibrar la balanza y siete de tus hombres deben morir. Es un ojo por ojo de toda la vida. Alégrate, no tocaremos ni a una sola mujer. Pero como ya te dije, nosotros no matamos, así que tendrás que hacerlo tu, pero no serás tu el brazo ejecutor— Jacob hizo un gesto con la cabeza y dos de sus hombres se acercaron a Vicky, entre los dos la agarraron y uno de ellos le puso una pistola en las manos. También escuché como otro de ellos le quitaba uno de los bebés a Eva y le apuntaba con una pistola.
—¿Qué es lo que estáis haciendo? Dejadlos en paz. Si quieres que alguien muera, mátame a mi— comencé a decir mientras me inmovilizaban. –Por favor. No les hagas daño.
Jacob hizo caso omiso de lo que le decía, simplemente me miró y sonrió. –Aquí. Ahora. Quiero que elijas a las siete personas que quieres que mueran. Elije a siete hombres de tu grupo y tu hija que es tan valiente. Será su verdugo. Es lo justo. Así que empieza a elegir.
No tenía más opciones. Levanté el brazo y señalé a Damian, obligaron a Vicky a caminar hasta el. Entonces le obligaron a disparar. El cuerpo de Damian se desplomó en el suelo. Después señalé a Clarck, Forrest, Nick, Francis y Arnold. Todos corrieron la misma suerte que Damian mientras el pulso me temblaba y las lágrimas resbalaban por mis mejillas. Vicky estaba cubierta de sangre que le había salpicado y apenas se movía por si sola, tenían que llevarla.
—Muy bien. Solo te queda uno. Elije bien— dijo Jacob.
—Mátame a mi— pedí en ese momento. –Acaba con esto matándome a mí.
—Tu no. Eso no tendría sentido. Esta gente te necesita para sobrevivir. Elige de una vez y o el que caerá será el bebé. Venga, solo uno más y esto se habrá acabado.
En ese momento vi como Levine se levantaba de su sitio. –Yo seré quien muera. Matadme a mí.
—Tenemos a un voluntario. Muy bien niña, cárgatelo— dijo Jacob.
—A el, no— dijo en ese momento Malaquías apareciendo en escena. –Ese hombre tiene un don. Uno que le permite caminar entre los muertos, puede sernos muy útil.
—¿Es eso cierto? Entonces no lo mataremos. Llevadlo a la celda de detención y vigiladlo bien— dijo Jacob. Se llevaron a Levine y Jacob volvió a mirarme. –Vuelve a quedar uno. Elije.  Venga, animo.
En ese momento alcé el brazo y señalé a Jacob. –A ti. A ti te voy a matar. Juro que lo haré, es una promesa que te hago. Te pienso ejecutar.
En ese momento Jacob alzó el arma y le disparó a Vicky en una pierna y la niña pegó un grito de dolor. Yo traté de zafarme y Jacob me golpeó. –Esto era un ojo por ojo. Ella a mi me disparó. Ahora elije de una puñetera vez o le pego otro tiro.
Con la mano temblando, la levanté y alcé el dedo señalando a Jeff. Obligaron a Vicky a levantarse y la acercaron a Jeff, donde le disparó.
—Muy bien. Y esto llegó a su fin. Ya podéis marcharos, hacedlo ordenadamente y sin empujar ni armar jaleo, por favor— dijo Jacob.
Me levanté temblando y caminé hasta Vicky. Allí le hice un torniquete y la cogí en brazos. Ambos llorábamos amargamente mientras nos empujaban hacia el exterior. Fue en ese momento cuando vi que algunos retenían a Mélanie. Dejé a Vicky en brazos de Juan y fui hacia ellos, pero me lo impidieron.
—Ella se queda con nosotros. Necesitamos un medico. Es hora de que os marchéis. Largo.
Me di media vuelta apretando los puños y caminé hacia el exterior. Todo había salido mal y habíamos perdido el único hogar que habíamos tenido en mucho tiempo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario