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sábado, 30 de julio de 2016

NECROWORLD Capitulo 122

Día 19 de Octubre de 2010
Día 842 del Apocalipsis…
Hotel… 09:00 horas de la mañana…

Había llegado la hora de que Silvia y los demás que habían decidido acompañarla, partieran rumbo a Las Vegas con la intención de recuperar a Silvia. El grupo final se había compuesto por la noche. El grupo lo formarían Silvia, Cloe, Katrina, Dylan, Rachel y Sheila. Las dos ultimas habían decidido ir por que necesitaban a un medico por si les pasaba algo, y como Rachel no quería que Sheila fuese sola, decidió acompañarla, sin embargo ellas, al ser conocidas por Carlos, permanecerían fuera de la ciudad por si pasaba algo.
Llegué al exterior y allí vi a todos reunidos mientras cargaban el vehículo que iban a usar para llegar. Laura estaba abrazando en ese momento a Silvia cuando llegué mientras Katrina confiaba a Cindy a Eva. Cuando llegué, mi hermana se me acercó y me dio un abrazo.
—Tened mucho cuidado— le dije.
—Lo tendremos. Estaremos aquí antes de que os deis cuenta. Si las cosas salen bien, regresaremos con la niña— respondió Katrina. –Vosotros cuidad de mi hija. Se que lo haréis bien.
—Descuida— respondí pasándole la mano por el hombro a mi sobrina. –Pero regresad sanos y salvos. Y si pasa algo, sea lo que sea, alejaros de allí lo antes posible.
—¿Sabes? Siento curiosidad por conocer a Carlos. Aunque se que no me presentaré a el como su hermana.
—Mejor no esperes gran cosa. Quizás antes te hubiese gustado conocerle, pero ahora…
—Lo se.
Me acerqué a Silvia y nos quedamos mirando. –Debo darte las gracias por todo. Sobretodo por permitirme llevar a cabo esto conociendo los riesgos. Te debo mucho más que la vida. No se si podré pagártelo algún día.
—Simplemente regresa— respondí. Seguidamente nos abrazamos y luego la miré. –Recupera a tu pequeña… Pero si no lo consigues, recuerda que has hecho todo lo que estaba en tus manos.
—Lo se, pero no pienso rendirme— entonces volvió a abrazarme y se acercó a decirme algo al oído. –Recuerda lo que te dije anoche. Siento no haberme acordado antes.
Me despedí de todos y cada uno de ellos. Cuando llegué a Dylan le estreché la mano. –Quizás puede sonar algo machista y no dudo de que puedan cuidarse solas, pero las protegeré con mi vida. Sobre mi hermana… Gracias por permitirme ir a buscarla y traerla. Eres el tío más legal y equilibrado que he visto en lo que ha quedado de este mundo. Gracias.
—No hay de que.
Las despedidas terminaron y los que iban a partir se subieron al vehículo. Abrimos la puerta y entonces comenzaron a alejarse por el camino. Unos minutos después regresamos a nuestra rutina diaria en nuestro hogar. Fui a trabajar al campo, a dar de comer a los animales y luego fui a la sala de tiro. Cuando entré vi allí a Riley. Cuando me vio me sonrió.
—¿Qué tal? Estoy aquí. Practicando un poco. Estos AK— 47 funcionan de perlas. ¿Dónde las conseguisteis?— preguntó Riley.
—Las conseguimos en Manhattan… Cuando aun estábamos allí. Por cierto, me ha venido bien encontrarte aquí, por que tenía que hablar contigo. De ti y de tu hermano.
—¿Si? Dime— respondió Riley dejado el arma sobre una mesa, apoyándose en ella y cruzándose de brazos mientras me miraba. —¿En que puedo ayudarte?
—Silvia— respondí mirándolo fijamente.
—Te juro que no me he acercado a ella. Si te gusta es toda tuya. Yo ni me acercaré— respondió Riley alzando las manos mientras sonreía.
—Vio a tu hermano. Lo vio hablar por el walkie talkie en un callejón una noche cuando Juan y los otros os traían hacia aquí. Y ahórrate lo de que se confundiría. Le reconoció perfectamente cuando os vio llegar. ¿Con quien hablaba? ¿No se supone que estáis solos? Según vuestra historia solo erais tres, y os capturaron en Gray, pero el hecho de que tu hermano hablara por walkie talkie con alguien, demuestra que hay más de vuestro grupo ¿Verdad?
—No se de que me estás hablando, y me ofende que nos acuses a mi hermano y a mi de ocultar cosas. Estamos solos— respondió Riley. Este se apartó de la mesa y comenzó a acercarse a mí. Justo cuando pasó por mi lado, lo agarré del brazo.
—Si te lo digo es por que quiero daros a ti y a tu hermano el beneficio de la duda, pero si me la juegas o lo intentas. Te mataré, eso te lo garantizo, así que espero que seas sincero conmigo y me cuentes la verdad. De lo contrario me veré obligado a echaros.
—¿Serías capaz de algo así?
—Si ocultando cosas nos pones en peligro a mí o a mi gente. Ten por seguro que si. Sería capaz hasta de matarte. A ti y a tu hermano. Eso te lo prometo.
—Buenos argumentos— respondió Riley dándose la vuelta para mirarme. –Pero te lo prometo. No te oculto nada. No se que vio esa chica, pero estoy seguro que lo malinterpretó. Solo estamos nosotros dos. Recuerda que os ayudamos cuando ese tío os atacó. ¿Eso lo haría alguien que quiere joderos?
—¿Tu que crees? Muchos hacen cosas extrañas para ganarse la confianza de los otros para luego jugársela. Simplemente te estoy advirtiendo de que no lo intentes.
—Mensaje captado— respondió Riley. Se dio la vuelta y salió de la sala de tiro. Seguidamente, cuando me quedé solo, comencé a practicar. Cuando terminé salí de la sala de tiro, me dirigí a mi habitación para darme una ducha y entonces me crucé con Mélanie y Kennedy. Estos iban hablando y riendo, llegaron hasta un lugar donde se toparon con Riley y mientras Mélanie seguía caminando, Kennedy y Riley comenzaron a discutir sobre algo, entonces vi a Riley lanzarme una mirada y con un gesto le indicó a su hermano que se fueran de allí,  iba a bajar justo cuando me toé con Juan y Johana.
—¿A dónde vas con esa cara de pocos amigos?— preguntó Johana.
—Esos dos. Riley y Kennedy ocultan algo. No se lo que es, pero pienso sacárselo.
—¿No te fías de ellos?— preguntó Juan.
—No lo se. Creo que ocultan algo— respondí.
—Deja que nos ocupemos de esto. Si ven que les has descubierto o algo, podrían alarmarse y entonces podría pasar algo— dijo Juan.
—Creo que es algo tarde para eso— respondí.
Juan y Johana me miraron y el me preguntó —¿Qué coño has hecho?
—Le dije a Riley que tenía la sensación de que ocultaban algo el y su hermano. Ahora los he visto hablar y cuando Riley me ha visto se han ido. Creo que me he precipitado, les he puesto en sobre aviso y serán más cautos. Si no le hubiese dicho nada, quizás podríamos haber esperado a que cometieran un error o algo. He sido un idiota.
—Uno muy grande, pero ya está hecho, simplemente estabas preocupado. Ahora simplemente hay que vigilarles con cautela y ver que sucede. Si realmente ocultan algo o no— respondió Juan.
—¿Y por que no los mandamos a tomar por culo y ya está? Que se las apañen ellos solos ahí fuera— dijo Johana.
—¿Y si luego resultan ser inocentes?— preguntó Juan. –No. Lo mejor es que los vigilemos con cautela y ya está. Si ocultan algo, da igual lo cautos que sean. Cometerán un error y entonces los pillaremos con las manos en la masa. De momento puede que tu advertencia los haya desestabilizado un poco, serán más cautos, pero a la vez serán un poco más torpes. Es cuestión de esperar.
—Muy bien. Entonces lo haremos así. Solo lo sabremos nosotros tres, no me gustaría que todos se enteraran. Sería un gran lio— respondí. Entonces pensé en Nina. —¿Y la chica pelirroja? Ella estaba allí también ¿No?
—Si, pero ella no tiene nada que ver con ellos. Era la esclava o lo que fuera de ese viejo de la mansión. Simplemente escapó con nosotros y con ellos. Por ella si meto la mano en el fuego. Si los hermanos traman algo, ella no tiene nada que ver.
Después de eso nos separamos y yo subí a darme una ducha.

Las Vegas…

Carlos condujo su coche hasta un almacén que había en Las Vegas. Detuvo el vehículo y se bajó. Caminó hacia una puerta y al cruzarla se encontró con Butch apuntándole con el arma, seguidamente respiró hondo y la bajó.
—Joder. Creí que eras otra persona.
—Nadie más sabe que estamos aquí, idiota— respondió Carlos pasando por su lado. Seguidamente Butch comenzó a seguirle entre las estanterías llenas de grandes cajas. —¿Están todos aquí?— preguntó Carlos mientras caminaba sin volver la cabeza.
—Faltan algunos, pero si. Están casi todos.
Carlos y Butch llegaron a una zona amplia, allí había gente armada y personas influyentes dentro de la ciudad. Aunque todos por debajo de Dorian. Al ver llegar a Carlos se lo quedaron mirando.
—¿Qué broma es esta?— preguntó un hombre calvo, grueso y con bigote que vestía un traje de etiqueta. —¿Nos citan para una reunión que puede cambiar algunas cosas en la ciudad y nuestro anfitrión es solo un muchacho?
Carlos ignoró las palabras de aquel hombre y los fue mirando a todos los presentes. Finalmente dio unos pasos más al frente y comenzó a hablar. –Bueno. Voy a dar por hecho que todos los que estáis aquí habéis venido por propia voluntad a sabiendas de lo que se va a hablar aquí. En esta reunión secreta. Muy bien, estamos aquí reunidos por que estamos hartos de ver a Dorian en el poder. ¿No creéis que lleva demasiado tiempo?
—¿Qué propones?— preguntó un hombre que por el acento parecía Ruso mientras estaba sentado en una silla y una chica joven con un collar le limaba las uñas de una mano.
—Hacerme con el control de la ciudad y derrocar a Dorian— respondió Carlos serenamente. –Será fácil si trabajamos juntos.
—Dar un golpe de estado— respondió el Ruso.
—Así es. Pero no lo conseguiré sin gente que trabaje para mi. He reclutado a varios ya. Gente que está harta de Dorian, pero ellos serán mi avanzadilla de fuerza, ustedes, los adinerados y con alto estatus, están aquí por que tienen influencias y fiestas privadas. Fiestas privadas a las que van los más cercanos a Dorian. Los que más le lamen el culo. Si ellos desaparecen, será más fácil quitarnos a Dorian de en medio y cuando yo esté al mando. Su estatus subirá. Extenderemos la comunidad de Las Vegas mucho más allá. Limpiaremos ciudades enteras y cada uno de ustedes ocupará un puesto muy similar al que ocupa Dorian. Ustedes me ayudan a mi y yo les proporciono hombres, protección y una ciudad, la que ustedes elijan, solo para ustedes. Riquezas.
—Ya tenemos riquezas— dijo el tipo del bigote.
—Riquezas por debajo de Dorian. Yo hablo de no tener que responder ante nadie, puto cateto— respondió Carlos. –Ahora déjame acabar y luego haz lo que te salga de la polla.
—¿Y por que debería fiarme de un niñato? Solo eres un muchacho. Tú no podrás hacer nada de lo que has prometido. Me marcho. Y Dorian se enterará de todo esto— el tipo gordo del bigote comenzó a alejarse en dirección a una puerta. Carlos le hizo un gesto a Butch, este alzó el arma y disparó al tipo en la cabeza. Matándolo al instante.
—¿Alguno más quiere ir corriendo a lamerle las pelotas a Dorian?— Nadie respondió. Carlos sonrió y continuó a hablando. –Para empezar esos que están más alrededor de Dorian protegiéndole como si fuesen un escudo, deben desaparecer. Monten una fiesta y envenénenlos a todos. Mis chicos harán desaparecer los cuerpos y se las ingeniarán para que nadie se de cuenta de que faltan.
—Pero tarde o temprano se dará cuenta de que faltan. El golpe de estado no podría ser muy tarde— dijo una mujer rubia y muy atractiva que estaba sentada en una silla alrededor de una mesa. –Esta noche hay una fiesta en uno de los casinos. Tienen un nuevo jugador en la jaula.
—¿Y como conseguiremos el veneno?— preguntó un hombre.
Carlos hizo un gesto con la mano y apareció un soldado con un maletín. Lo dejó sobre una mesa y Carlos lo abrió. Dentro había varias ampollas. Carlos cogió una y se la mostró a los demás. –Cianuro. Aquí hay más de cincuenta miligramos. Lo que supone una dosis letal. Póngansela en la bebida a sus invitados y se acabará rápido con ellos.
—¿Y por que no matar directamente a Dorian?— preguntó la mujer rubia. –Creo que eso sería mucho más fácil.
—No. Aquí hay gente que respeta a Dorian. Si ahora el muriese y yo me hiciese con el poder, tratarían de derrocarme. Quiero hacer esto sin necesidad de matar a Dorian, quiero que pierdan la confianza en el. Más que nada es por disfrute. ¿Cómo voy a disfrutar de mi victoria si el no vive para verla. Quiero darle en su orgullo. Quiero desterrarle y que vea todo lo que ha perdido. Simplemente organicen una fiesta esta noche, como las habituales… Y metan esto en la bebida— Carlos miró a Butch –Reparte las ampollas. —Butch hizo lo que Carlos le ordenó y comenzó a repartir ampollas a todos los presentes de alto estatus. Cuando todos tenían su ampolla se la guardaron. –Bien. No volveremos a tener una reunión como esta hasta que tenga el poder. ¿Os quedó claro?— Todos asintieron y Carlos alzó una mano. –Una cosa más. Ni se os ocurra traicionarme.

Hotel…
16:00 de la tarde…

Me había pasado toda la comida observando a Riley y a Kennedy. Ambos se habían sentado a la otra punta del salón y charlaban animadamente con algunas personas. También estaban siendo observados por Johana y Juan. Ellos dos y yo éramos los únicos que teníamos a los dos hermanos bajo sospecha. Teníamos la sensación de que tramaban algo y no nos podíamos descuidar. Cuando estos se levantaron de la mesa también lo hice yo.
—¿A dónde vas?— preguntó Eva mientras le daba un biberón a Shanon.
—Tengo algo que hacer— respondí. Le di un beso y me levanté de la mesa. Seguí a los dos hermanos hasta el hall. Estos se pararon y se pusieron a hablar con dos chicas que habían salido de Portland. Por como gesticulaban, estaban ligando con ellas y tratando de que los siguieran a su habitación. Rápidamente aparecí en escena y me planté ante ellos. –Chicos. Voy a salir a comprobar la zona y necesitó a dos personas que me acompañen. Ensillaremos a los caballos y saldremos a dar una vuelta. Así nos conoceremos más.
—¿Salir para que?— preguntó Kennedy.
—Para asegurarnos que no haya rebaños cerca. Si uno pasa por aquí arrasaría el lugar por muchas defensas que tengamos. Tenemos que moverlos.
—¿Moverlos como si fuéramos pastores?— preguntó Kennedy.
—Si. Os esperó en media hora en la puerta principal— respondí. Ambos asintieron y yo me alejé. Seguidamente me reuní con Juan y Johana en el piso superior junto a mi habitación. –Voy a salir fuera y me los llevaré conmigo. Quiero que entréis en su habitación y la registréis de arriba abajo. A ver que encontráis.
Riley, Kennedy y yo salimos de allí al poco rato. Juan y Johana subieron a la habitación y comenzaron a registrarla. Buscaban algo que les indicara que ocultaban algo, pero no encontraron nada. Johana miró a Juan.
—¿Qué se supone que estamos buscando? ¿Qué exactamente?
—Un walkie talkie o cualquier cosa que los deje con el culo al aire. Juanma dice que ocultan algo… Y si el lo dice es por que hay motivos para desconfiar. Aun tardarán en regresar, así que tenemos tiempo de sobras.
Juan y Johana estuvieron buscando bastante rato, pero no encontraron nada. Dejaron todo en su sitio y salieron de la habitación. Regresaron al hall y entonces vieron aparecer a Juanma y a los dos hermanos.

Me despedí de Riley y Kennedy y me acerqué a mis dos compañeros. —¿Habéis encontrado algo?— pregunté.
—Nada, ocultan algo. ¿Cómo os ha ido a vosotros? ¿Te enteraste de algo?
Negué con la cabeza. –Nada, pero creo que de verdad ocultan algo. He estado pensando, mañana por la mañana me llevaré a uno de ellos al bosque y lo interrogaré. Suena poco ortodoxo, pero solo se me ocurre eso.
—¿Y si resulta que no ocultan nada? ¿Lo habrás torturado para nada?
—Vosotros los trajisteis aquí. Y yo los acogí. Desde ese momento son mi responsabilidad, por lo tanto si no son de fiar, estoy poniendo en peligro a todos los demás. Puede que no logre nada, pero si no lo hago y luego son peligrosos. Lo lamentaré siempre. Haré lo que sea necesario para proteger a los demás.
—¿Necesitas ayuda?— preguntó Juan.
—No. Solo me mancharé yo las manos. Le sacaré la verdad. Si no lo consiguiese, vendré aquí, cogeré al hermano y lo obligaré a hablar. Si no logro nada… Supongo que no podré sacarlos vivos de allí. Creo que tendría que matarles a los dos… Aunque sean inocentes. Se que no está bien, pero si los torturo y luego dicen la verdad…
—¿Y que les dirás a los demás?— preguntó Johana.
—Los caminantes los mataron— respondí con determinación mientras veía a Kennedy hablar con Mélanie. –Si digo eso. Todos me creerán.
—¿Pero te creerás a ti mismo?— preguntó Johana.

Las Vegas…
23:00 horas de la noche…

Luci estaba dándole el biberón a la niña cuando Dorian apareció en la sala y la observó a través del cristal. Justo detrás de ella entró una mujer bajita, regordeta y de unos cincuenta años, parecía Latinoameriacana. Dorian llevaba algo debajo del brazo, se acercó a la trampilla y lo metió dentro de la celda. Luci se acercó a mirar y entonces vio lo que le había traído Dorian, se trataba de un vestido de color rojo.
—¿De que va esto?— preguntó Luci.
—Esta noche cenas conmigo. Ese vestido es para que te lo pongas. Mientras cenamos, ella se ocupará de la niña— dijo Dorian. –No aceptaré un no por respuesta. Ponte esto.
Luci no se negó. Diez minutos después ya estaba lista, salió de la celda, le dejó la niña a la mujer y Dorian le dio su brazo para que lo cogiera. Salieron a la calle donde los esperaba una limusina. Se subieron al vehículo y este los llevó hasta el mismo casino donde había ido la primera vez. Donde estaba la jaula en el centro.
—¿Qué hacemos aquí?— preguntó Luci.
—En primer lugar, cenar y luego disfrutar de los juegos de esta noche. Hoy solo tenemos a un hombre, pero promete bastante. Seguro que nos da una buena diversión.
—¿Nueva acompañante Dorian?
Luci y Dorian se dieron la vuelta para encontrarse con una mujer rubia muy atractiva. Vestía un traje de color negro muy escotado. Luci no la conocía de nada, era la primera vez que la veía.
—Te presenta a Dallana Carson. No acostumbra a venir a fiestas como esta, pero hoy hizo una excepción. ¿Qué vienes buscando?— preguntó Dorian.
—Si el concursante de esta noche sobrevive, me gustaría comprarlo para pasar el rato. Si sobrevive es por que es fuerte, y echo de menos tener a un hombre fuerte entre las piernas. ¿No vas a presentarme a tu amiguita?
—Ella es Luci. Es alguien muy especial— respondió Dorian. –Es la gran respuesta a la infección.
—¿Me la pasarás cuando te canses de ella?— preguntó Dallana.
—Eso nunca ocurrirá— respondió Dorian.
—Nunca digas nunca— contestó Dallana. –Bueno. Voy a sentarme, luego nos vemos tras los juegos. Espero que las cosas salgan bien y pueda llevarme la diversión a casa.
*****
David, Alicia y Cristian estaban dormidos. Solo David y ella se despertaron cuando escucharon el ruido de la puerta al abrirse. No tardaron en ver a cinco tipos armados aparecer delante de los barrotes. Uno de ellos sacó un manojo de llaves y abrió la puerta. Los cinco tipos entraron y agarraron a David. Este luchó para librarse, golpeó a uno de ellos, pero otro le asestó un golpe con una porra. David cayó al suelo y lo golpearon más veces. Alicia trató de pararles, pero uno de ellos la golpeó y la tiró al suelo. Una vez estuvo al suelo le dieron una patada.
—¡¡¡No!!! ¡¡¡Está embarazada!!!— gritó David. —¡¡¡Dejadla!!!
Volvieron a golpear a David y se lo llevaron a rastras, lo último que vio David fue a Alicia tirada en el suelo inconsciente o muerta mientras Cristian trataba de despertarla. Sintió que le estaban arrebatando lo poco que le quedaba.
David se vio arrastrado por varios pasillos hasta que lo llevaron a un pasillo con paja en el suelo. Allí lo dejaron tirado, segundos después una puerta se abrió ante el y el la cruzó. No tardó en encontrarse en otro pasillo largo que lo llevó hasta una jaula en el centro de una sala, al otro lado de los barrotes podía ver a gente observándole. Entonces entre la multitud vio a Luci con un vestido de color rojo sentada junto a una mesa, a su lado estaba Dorian, el cual se levantó y avanzó hasta un escenario donde había una ruleta.
—Buenas noches y bienvenidos una vez más a los juegos de la jaula. Huelga decir las normas, pero para los recién llegados— Dorian señaló a David. –Explicaré las normas. Yo giraré esta ruleta con números del uno al veinte. El número que salga marcará el número de No Muertos a los que tendrá que enfrentarse el participante de esta noche. Si muere no habrá nada que hacer, pero si sobrevive, lo hará gracias a su fuerza y valentía, y será entonces, solo entonces cuando uno de vosotros podréis pagar por su compañía y hacer uso de el como más os guste.
David miró a su alrededor y vio a dos hombres mirándolo, uno de ellos incluso le guiñó un ojo. Se estaban relamiendo al verle.
En ese momento Dorian hizo girar la ruleta y los números comenzaron a pasar mientras David tragaba saliva. Fuese cual fuese el numero de infectados que saliesen, iba a tener que enfrentarse a ellos con las manos desnudas y sin ninguna protección. Probablemente moriría ahí.
La ruleta por fin comenzó a detenerse, pasó por el cinco, por el seis, por el siete, por el ocho, por el nueve. Finalmente se detuvo en el numero diez. Diez eran los caminantes que iban a salir. La gente aplaudió y estalló en gritos de animo, otros reían y contaban chistes de como iba a morir. David los odió a todos y cada uno de ellos, vio entonces a Luci acercarse entre la multitud. Apartó a varios y llegó hasta los barrotes. David se acercó también.
—Tienes que sobrevivir a esto. Tu puedes— dijo en ese momento Luci al tiempo que dos tipos se acercaban a Luci y la agarraban para tratar de alejarla de allí, pero Luci volvió a lanzarse contra los barrotes tras golpear a uno de ellos.
—Tienes que encontrar a Alicia. La golpearon y no se si vive o no, pero si vive sácala de aquí. A ella y a Cristian. Haz todo lo necesario. Tienes que hacerlo. Prométemelo.
Luci y David se agarraron de las manos. –Lo intentaré. Haré lo necesario para sacaros de aquí. Pero tú tienes que sobrevivir a esto. Lucha y sobrevive.
Justamente en ese momento, al tiempo que nuevamente apartaban a Luci de los barrotes. Una puerta que daba a un pasillo se abrió y apareció el primero de los caminantes a los que se tenía que enfrentar David.

Día 20 de octubre de 2010
Día 843 del Apocalipsis.
Hotel… 00:15 de la noche…

Riley abrió la puerta de su habitación cuando llamaron. Nada más abrir, su hermano Kennedy entró en la habitación y Riley cerró.
—Espero que me hayas llamado por un buen motivo. Estoy trabajándome a la medico— dijo Kennedy. –Un poco más y me la habré ligado.
—Olvídate de esa tía. Hay cosas más importantes por hacer— respondió Riley. –El líder de aquí sospecha de nosotros. Todo por que esa putilla rubia te vio hablando por walkie en aquel callejón. Tenemos que adelantar nuestro plan.


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