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Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
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sábado, 18 de junio de 2016

NECROWORLD Capitulo 120

Días previos al gran pánico…

Silvia encendió el ordenador y esperó un rato, no tardó en aparecer una ventana con el nombre de su madre. Hizo click rápidamente sobre la ventana y se abrió el chat. Rápidamente comenzaron una video llamada. Silvia no pudo evitar esbozar una sonrisa cuando vio a su madre, aunque esta presentaba un aspecto cansado. Era como si llevara horas sin dormir.
—Hola mamá. ¿Cómo estás? Aquí las cosas parecen calmadas de momento— dijo Silvia con una sonrisa y tratando de ocultar los nervios. En esos días que estaban viviendo, el que no estuviera nervioso era por que no era consciente de lo que estaba pasando en el mundo.
—Las cosas aquí en España no andan muy bien. Hay muchos infectados y muchos muertos. La infección se ha extendido demasiado y nadie sabe que va a pasar. El gobierno trata de calmar a la población y de quitarle hierro al asunto, pero nadie está tranquilo. Te juro que anoche vi algo cuando bajé a tirar la basura. No se si era uno de ellos, solo volví a casa muy rápido y cerré con llave.
—Aquí hay toque de queda desde las ocho de la tarde. No podemos salir. Aaron no está ahora en casa. Salió a hacer unas cosas.
En España era de noche a esas horas y Silvia podía ver la ventana que había detrás de su madre, primero escuchó un sonido de motor y luego vio pasar un haz de luz. Su madre miró hacia la ventana, se acercó y corrió las cortinas antes de volver a sentarse delante de la pantalla.
—Era un helicóptero. Están evacuando a los vecinos. Nos quieren llevar a la base militar. A todos los que no estén infectados— dijo su madre. –Tu padre está preparando las maletas. No te imaginas lo enfadado que está. Dice que nos tendrán a pan y agua hasta que pase esto y que nos harán mear en un cubo.
—Ya lo conoces…— respondió Silvia. –Mamá… Sabes que me gustaría ir a estar con vosotros, pero todos los vuelos están cancelados. El otro día hubo un problema en el aeropuerto con los últimos vuelos cuando un grupo de personas intentaron pasar el cordón policial. Fue horrible. No dejaban de emitirlo en televisión, fue mucho más terrible que el atentado de las torres gemelas. Dispararon sobre esos hombres, en la televisión dijeron que eran terroristas, pero creo que eso no es cierto.
—Ya verás como esto pasa pronto— dijo su madre.
—No lo se. Esto…— Silvia escuchó un ruido y dejó de hablar, después miró a la pantalla. –Creo que Aaron ya ha vuelto a casa.
—¿Los has visto cariño?— preguntó en ese momento su madre cambiando la expresión de su cara. —¿Has visto a los muertos? Los muertos que caminan…— Silvia guardó silencio un momento y finalmente asintió. Realmente no los había visto en persona, pero si los había visto en televisión. –En Caceres hay muchos. Parte de la ciudad está en cuarentena y aunque los militares se enfrentan a ellos… No saben como matarlos. Las bajas son muchas y hay deserciones… No sabemos que va a pasar.— en ese momento el padre de Silvia entró en la habitación y sin mirar a la pantalla se dirigió a su mujer.
—Los militares ya están aquí. Es hora de irnos.
—Saluda a tu hija— dijo su madre. Justo cuando el padre iba a decir algo, dos militares aparecieron en escena.
—Es hora de irse. No hay mucho tiempo— dijo un militar que por la voz parecía bastante joven.
—Estaba hablando con mi hija, que vive en Chicago… — El militar no la dejó terminar la frase, tiró de ella del brazo, aunque ella trataba de zafarse.
Fue en ese momento cuando en el forcejeo golpearon la cámara y esta cayó perdiendo gran parte de visión. Silvia solo podía ver la mesa del escritorio y la cintura de un militar. De fondo escuchaba a sus padres discutir con los militares, los cuales se mostraban reacios a esperar. Fue en ese mismo momento cuando se escuchó un grito acompañado de disparos. Le pareció que alguien había gritado la palabra infectados. Más disparos se escucharon acompañados de los gritos de sus padres y de los militares. Después la pantalla se volvió oscura y la señal desapareció. Silvia trató de contactar varias veces, pero era imposible. Silvia no pudo evitar desesperarse y romper a llorar, no sabía que había ocurrido, pero se temía lo peor, y ni siquiera podía volver a España.
A.J entró en la habitación y descubrió a su novia llorando con  la cabeza entre las manos.
—¿Qué ha pasado cielo?— preguntó A.J
—Estaba hablando con mis padres y ha pasado algo. No se el que… Había infectados… No se— A.J abrazó a Silvia y le dio un beso.
—Seguro que estarán bien. Nosotros también tenemos que irnos. Buscaremos la manera de ponernos en contacto con ellos, pero ahora debemos irnos de aquí. Esta zona pronto dejará de ser segura. No te preocupes, yo te voy a proteger con mi vida, nada ni nadie te hará daño. Te quiero mi vida.

Día 11 de Octubre de 2010
Día 834 del Apocalipsis…
Hotel… 09:32 horas de la mañana…

El corazón le iba a mil por hora, podía escuchar los latidos muy por encima del sonido de los disparos. Miraba a su alrededor desde el suelo y lo veía todo como a cámara lenta mientras respiraba de forma acelerada. Miró hacia un lugar y vio como una mujer que trataba de huir era abatida de un tiro en la espalda, miró a su lado y vio a Mouse con la mirada clavada en ella, el estaba muerto. La bala le había atravesado a Mouse el cuello y luego le había atravesado el hombro a ella, la herida le ardía y sentía que la vida se le iba. Trató de gritar, pero no pudo, entonces volvió a mirar a Mouse y entonces lo vio mover la boca y las manos, por unos momentos pensó que estaba vivo, pero entonces se dio cuenta de que sus ojos habían cambiado, esta vez si estaban clavados en ella. Fue entonces cuando entre lo que parecía el sonido lejano de los disparos, este comenzó a arrastrarse hacia ella. Justo cuando estaba a punto de alcanzarla, alguien le clavó un cuchillo en la cabeza y se abalanzó sobre Silvia. Se trataba de Juanma, este la arrastró hasta que ambos quedaron a cubierto detrás del coche que Mouse iba a coger para marcharse. Juanma le cogió la cara y la miró, le habló, pero ella no escuchaba nada, solo los latidos de su corazón. Vio como Juanma hablaba con Juan, el cual estaba disparando y ocultándose, pareció que llegaron a un acuerdo, Juanma la cargó y comenzaron a caminar cubiertos por el coche, el cual, Juan estaba usando como cobertura móvil.
No sabía cuando tiempo había pasado, pero tratando de no desmayarse, se vio alzada en alto y se sintió volar mientras el suelo corría bajo ella, luego vio las puertas del hotel abrirse, los pasillos, las escaleras, la celda de Malaquías, este estaba agarrado a la verja de hierro gritando o hablando algo que no entendió, seguidamente vio como la metían en la enfermería y la tumbaban en la camilla, no tardó en ver a Mélanie acercarse a ella y con unas tijeras cortar por la zona por donde había entrado la bala, Mélanie le habló y a Silvia le pareció entender que le estaba diciendo que no se durmiera.
*****
Me senté en una de las camillas de la enfermería mientras Sheila me inspeccionaba un rasguño en el brazo. Una de las balas me había pasado muy cerca. Desde allí observaba como Mélanie trataba de salvarle la vida a Silvia, justamente en ese momento irrumpieron en la enfermería Juan y Mike.
—Fuese quien fuese quien disparaba ya no lo hace. Se ha largado… ¿Qué coño ha pasado ahí fuera? Hemos perdido a Mouse y a otras tres personas. ¿Quién narices se ha puesto a dispararnos?— preguntó Juan.
Iba a responder, pero entonces escuchamos a Silvia decir algo, como no la entendíamos, Mélanie se inclinó sobre ella para escucharla, seguidamente alzó la cabeza y nos miró. –Está diciendo el nombre de A.J, puede estar delirando a causa del shock.
Comencé a pensar que no tenía nada que ver con el shock, que era verdad que era el. Me levanté de la camilla de un salto. –Mél. No dejes que se muera.
—La bala le atravesó el hombro izquierdo. Lo tengo controlado, no te preocupes.
Asentí y salí de la enfermería seguido por Juan y Mike. Entonces comencé a hablar. –Es solo un tipo. No hay nadie más. Quiero organizar grupos, los quiero en cinco minutos. Que todos los que no puedan hacer nada que se queden en sus habitaciones. Que nadie salga fuera, el no se acercará al hotel.
—¿Y que hacemos con los caminantes? Se ha armado mucho jaleo y pronto estarán junto a las vallas— dijo Juan.
—Eso no me importa. Lo importante ahora es cazar a ese cabrón. No quiero a nadie desarmado fuera. Solo los grupos que vamos a salir. Tenemos que dar caza a ese cabrón. Os veo en el hall dentro de cinco minutos— me separé de Juan y Mike. Subí a mi habitación para hablar con Eva antes de salir, entonces me encontré con Vicky.
—¿Qué ha pasado?
—Tenemos problemas. Vamos a salir varios a por un tipo. Quiero que te encierres en tu habitación con tu madre y tus hermanos— le respondí pasando por su lado.
—Y una mierda— respondió Vicky. Yo me di la vuelta y la miré. –Ya no soy esa niña a la que había que proteger, he cambiado, me he hecho más fuerte. Quiero salir ahí contigo y matar a ese que ha intentado matar a Silvia. Quiero hacerlo, y lo haré aunque tú no me dejes, aunque tenga que salir yo sola. Deja de tratarme como a una cría.
—Muy bien. Vendrás conmigo— respondí. Después de eso entré en la habitación, hablé con Eva, le expliqué todo lo que había pasado y después salí. Bajé al hall y me encontré con todos los voluntarios que íbamos a salir. En un rincón estaban los cuerpos tapados de los que habían sido asesinados. Entre ellos Mouse. –Saldremos en varios grupos. Vicky y Katrina vendrán conmigo. Los demás formad los grupos. Escuchad, el es solo uno, pero está armado y es peligroso. No le tiembla el pulso a la hora de disparar a nadie. Es un tipo bastante fornido y no estará muy lejos de aquí. Si lo veis, disparad y preguntad después. Y si es el, no lo queremos vivo— en ese momento vi como Sheila y Mélanie parecían allí. —¿Cómo está Silvia?— les pregunté.
—Se quedó dormida. No ha sido nada grave, se recuperará pronto— respondió Sheila. —¿Qué hacemos nosotras?
—Vosotras id a vuestras habitaciones o a la enfermería y esperad. Sois las únicas especialistas en medicina que tenemos y no quiero que corráis peligros innecesarios. ¿De acuerdo?
En ese momento Riley, uno de los nuevos integrantes del grupo dio un paso al frente. –No nos conocemos mucho, pero ayudaremos en todo lo que podamos. Mi hermano y yo estamos aquí para lo que nos necesitéis.
—Muy bien. Todos en marcha— dije.
Salimos al exterior, fuimos a la puerta y la abrimos. Seguidamente comenzamos a dispersarnos en grupos por el bosque. La lluvia en esos momentos era torrencial y los truenos retumbaban por todo el bosque. La caza había comenzado y yo no estaba dispuesto a volver sin antes haberme cobrado la presa.
*****
Sheila y Mélanie regresaron a la enfermería. Cuando abrieron la puerta y entraron vieron que Silvia ya no estaba sobre la camilla. Tan solo quedaban gasas y parte de su camisa manchada de sangre, salieron de la enfermería y se encontraron con la puerta de la armería abierta de par en par. Mélanie miró a Malaquías.
—¿Has visto algo? ¿Dónde está Silvia?— preguntó Sheila.
—Ha ido a cobrarse la dulce venganza— respondió Malaquías con una siniestra sonrisa. –Eso es lo que ha ido a hacer.

Las Vegas…
10:00 horas de la mañana…

Luci se despertó tras recibir un cubo de agua fría. Abrió los ojos y nuevamente se vio en ropa interior, sentada y amarrada a la silla de hierro, en la misma mugrienta sala, la cual seguramente la habían usado las mafias de Las Vegas en otro tiempo, era ahí donde la habían estado golpeando y torturando desde el momento que ella y David habían sido capturados. Después de eso no había vuelto a ver ni a la niña, ni a David, ni a Alicia, ni al niño que ambos cuidaban. Se los habían llevado a otro sitio, quizás estarían sufriendo lo mismo que ella o algo peor.
—Venga, despierta— dijo la voz de Carlos. Seguidamente la agarró del pelo y la obligó a mirarlo. Aunque ella tenía los ojos tan hinchados a causa de los golpes que apenas podía abrirlos totalmente. –No tengo todo el puto día. ¿Comprendes?
Luci le escupió. Aun había sangre en su saliva. –Que te follen
—Que no te quepa duda de que eso será lo que haga contigo después— respondió Carlos. –Pero ahora hay que divertirse.
—¿Dónde están los demás?— preguntó Luci. —¿Los has matado como a Sandra?
—No. Todavía no… A ti no puedo matarte por que Dorian se pillaría un rebote de cojones. Creo que le gustas y que te la quiere meter. Los demás… La cría está siendo cuidada por una mujer hasta que te la devolvamos. David, Alicia y su crio están en las celdas. En teoría deberían estar muertos ya, pero hemos considerado que lo hagan a su debido tiempo. Ya sabes a que me refiero. Aunque ahora mismo hay unos muchachos muy cariñosos dando buena cuenta de David, aunque les dije que no se pasaran demasiado, que no lo mataran. Espero que no se les vaya la mano.
—Si les haces algo… Te…
En ese momento Carlos le asestó un violento puñetazo y Luci cayó al suelo con silla incluida. Luego Carlos puso el pie sobre su cabeza y comenzó a ejercer presión. —¿Qué me harás? ¿Eh? Mírate, mira tu situación. No estás en situación de amenazar a nadie.
En ese momento la puerta de aquella mugrienta sala, y Dorian la cruzó clavando la mirada en Carlos. —¿Se puede saber que estás haciendo? Ya basta. Ya has hecho suficiente. Si sigues golpeándola, la matarás, y todavía es muy importante.
—Ya le sacasteis sangre y a partir de ella sacasteis la vacuna. Ya no la necesitas— respondió Carlos mirando a Dorian.
—Aun la necesitamos. Solo con ella podremos mejorar la vacuna. Las que sacamos a partir de su sangre han resultado no ser del todo eficaces. El virus ha resultado ser más complejo de lo que imaginamos en un principio. Ella sigue sana, pero los que fueran vacunados a partir de su sangre, esa vacuna pierde el efecto pasado un tiempo. Todo depende del tipo de sangre del individuo. Por eso la necesitamos viva, por que en su sangre está la cura de la salvación. Solo en su sangre, si la perdemos a ella. Estaremos como al principio. Podemos seguir extrayéndole la sangre para elaborar una vacuna superior a la que ya se sacó.
—¿Quieres decir que la vacuna que me administraron ha perdido efectividad? ¿Quieres decir que los efectos de esta eran por un tiempo limitado? ¿Cómo lo sabes?
—Lo hemos estado viendo desde que empezamos con las pruebas. Si ahora murieras, te levantarías por que el virus seguiría estando ahí. La vacuna que te pusieron, solo lo mantenía como dormido. Aun no tenemos la vacuna perfecta, y esta solo podemos sacarla de su sangre y con mucha investigación.
—Está bien. Toda tuya— dijo Carlos saliendo de la sala. Salió a la calle y comenzó a pasear mientras una sonrisa se iba dibujando en su cara. Dorian no lo sabía, pero había otra persona como Luci. Solo una y esta estaba viva en algún lugar de los Estados Unidos. Ahora, había alguien más además de Eva con quien quería hacerse. Vicky.

Bosque…
10:30 horas de la mañana…

Silvia había escapado del hotel mientras todos los demás hablaban en el hall y planeaban salir a cazar a A.J. este estaba en algún lugar de ese bosque. No podía estar muy lejos y tampoco podía permitir que fuera otro quien lo matase. Eso le correspondía a ella. Quería ser ella quien pusiera fin a su vida.
Se tropezó y cayó al suelo, se intentó levantar y sintió un fuerte dolor en el hombro donde le habían disparado. Había perdido bastante sangre y se mareaba constantemente, de hecho seguía sangrando, y de seguir así acabaría muriendo. No le importaba, ya no le quedaba nada por lo que luchar, pero obviamente no moriría hasta que no matase a A.J. Era lo único que le importaba, matar a A.J, era lo único que le interesaba, morir le era completamente indiferente, pero de momento debía seguir viva. Miró al frente con firmeza y se fue incorporando lentamente, el agua de lluvia caía sobre ella con fuerza, pero eso no la frenaría. A duras penas lo consiguió y siguió su camino, apoyándose en los arboles cada vez que lo necesitaba, soportando el dolor de la herida que le ardía a cada paso que daba, avanzaba pese a que la vista se le nublaba, pese a que se mareaba y caía de rodillas, cuando eso pasaba volvía a ponerse en pie apretando los dientes y tratando de vencer al dolor y al cansancio. Incluso avanzó cuando comenzó a tener alucinaciones. Escuchó llorar a un bebé, incluso vio un carrito para bebés en medio del bosque, al que ignoró. Sabía que no era real, aun podía diferenciar lo real de lo que no lo era.
Se paró un momento a descansar debajo de un árbol, apoyada en el tronco. Se miró la herida y vio que las vendas que le habían puesto volvían a estar manchadas de sangre. Seguramente se le habían abierto los puntos que le habían puesto, ella sabía que esa herida había que cerrarla, solo así dejaría de sangrar. Y ella sabía como hacerlo de forma rápida. Sacó una bala y un cuchillo, cortó un poco la bala, lo suficiente para que pudiera salir la pólvora, cuando lo hizo, dejó que esta cayera sobre la herida, seguidamente buscó en sus bolsillos un mechero, el cual lo había cogido de uno de los cajones de la enfermería antes de salir, lo había hecho con la idea de que podría pasar bastante tiempo fuera del hotel y quizás necesitaría hacer una hoguera, pero en esos momentos iba a hacer otra cosa. Se llevó una manga de su chaqueta a la boca y la mordió con fuerza. Encendió el mechero y se lo acercó a la herida cubierta de pólvora. El fogonazo vino tan rápido como el dolor, pero Silvia lo soportó sin gritar, aunque no pudo evitar que las lágrimas brotaran de sus ojos.
Silvia sintió que se iba a desmayar, pero en lugar de eso, reunió fuerzas y se puso en pie para seguir su camino. Pasase lo que pasase, ese día terminaría todo con respecto a A.J.
***** 

A.J corría por el bosque. Después de su ataque inicial en el que pensaba que había matado a Silvia. Había visto a varios grupos de personas salir del hotel armadas. Todos iban a por el. no había duda, iban a cazarlo, y a la cabeza de todos ellos iba el tuerto, al cual no había podido matar, aunque lo había intentado cuando comenzó a disparar, en su lugar había matado a otros. Aunque no sabía a cuantos exactamente, se había emocionado tanto disparando que había agotado toda la munición que tenía, tan solo le quedan unas balas en la pistola y un cuchillo.
De vez en cuando escuchaba voces de aquellos que lo buscaban, entonces se escondía a esperar a que el peligro pasara. Ellos eran más que el y el no podría hacer nada contra un grupo numeroso. Aunque aun tenía en la cabeza que quería matar al tuerto. Se escondió detrás de un árbol y allí esperó, entonces escuchó una voz que parecía de una niña. Esperó oculto y entonces vio a una niña pasar, a unos metros detrás de ella vio a un tipo y a una mujer, el tipo era ni más ni menos que el tuerto. Entonces ni siquiera pensó, salió de su escondite rápidamente abordando a la niña, la golpeó para desarmarla, luego la agarró tomándola como rehén y le puso el cuchillo en el cuello.
*****
Todo ocurrió muy rápido, ni siquiera lo vi venir. Aquel tipo atacó a Vicky y en pocos segundos estaba ante nosotros con mi hija de rehén, amenazándola con un cuchillo. Katrina y yo le apuntamos con nuestras armas y el apretó más la hoja del cuchillo contra el cuello de Vicky, provocándole un pequeño corte.
—Suéltala. Deja a mi hija— dije apuntándole con el arma. Aunque este me hizo caso omiso mientras me apuntaba con su arma. –Que la sueltes.
—Mira tú por donde. El tuerto tiene una cría. Parece que al final, Silvia tiene la hija que tanto quería… Dime. ¿Cuánto hace que te la tiras?
—¿De que coño estás hablando? Solo eres un loco— entonces miré a Vicky. –No tengas miedo cariño. Todo saldrá bien. Ya lo verás.
—No le mientas a tu hija. Sabes que la voy a matar, para que lo veas, luego te mataré a ti y luego mataré a esa zorra que te acompaña.
—Estarás muerto antes de tocarla— dijo Katrina apuntándole con una flecha, pero A.J usó a Vicky de escudo humano.
—Venga. Disparadme si tenéis cojones, pero no podréis matarme si matar antes a la cría. Estáis jodidos…
De repente escuchamos una voz a las espaldas de A.J. –Aaron…— A.J se quiso dar la vuelta, pero antes de que pudiera hacerlo, alguien le disparó, este perdió el equilibrio y Vicky se soltó. Cayó al suelo, rodó sobre si misma y se alejó al tiempo que disparaban a A.J dos veces más. Este cayó al suelo y entonces vimos aparecer a Silvia con una pistola en la mano. Katrina quiso lanzarle una flecha, pero yo no se lo permití, simplemente nos quedamos mirando.
Silvia se acercó un poco más y le disparó a A.J en una mano cuando este intentó dispararle a ella. Pude ver lo aterrorizado que estaba este. Silvia le disparó tres veces más, dos en las piernas y una entre las piernas. Los gritos de A.J expresaban el dolor y la impotencia del momento. Cuando Silvia llegó junto a el se dejó caer sobre su cuerpo y le puso la pistola en la cabeza, luego apretó el gatillo, pero no salió ninguna bala. Tiró la pistola a un lado y cogió el cuchillo.
—No… No lo hagas… Por favor… No quiero morir…
—¿Recuerdas lo que me dijiste aquella vez tras la videollamada con mis padres?
—¿Qué?— preguntó A.J
En ese momento, Silvia le provocó un corte en la cara, tan profundo que se juntó con los labios, haciendo que la boca pareciera más grande. —¿Recuerdas lo que me dijiste? ¡¡¡Dímelo!!!
—Juanma. Tenemos que hacer algo. Lo va a matar— dijo Katrina queriendo caminar hacia ellos, pero yo nuevamente la detuve. —¿Qué haces? Si lo mata….
—Déjala que lo haga. Ese es su deseo… Ni tú ni yo podemos meternos en esto.
—Te dije que te protegería con mi vida, que nada ni nadie te haría daño. Te dije que te quería…— dijo A.J mientras escupía sangre.
Silvia asintió. –Si. Eso dijiste, y yo te creí… Pero hiciste todo lo contrario— en ese momento clavó el cuchillo en el estomago de A.J. –Me encerraste y te fuiste turnando con tus asquerosos amigos para abusar de mi— Silvia clavó más veces el cuchillo en el estomago de A.J. Hasta el punto de que sus tripas comenzaban a asomar. —¡¡¡¡Y me arrebataste a mi hija!!!! ¡¡¡Nuestra hija!!!! ¡¡¡¡Y la dejaste morir!!!! ¡¡¡¡Era de tu sangre!!!— Silvia clavó repetidas veces el cuchillo en el pecho y brazos de A.J. Finalmente puso el cuchillo otra vez en el cuello de A.J. –No te imaginas lo mucho que te odio…— Silvia comenzó a derramar lagrimas. –Me mataste en vida. Yo confiaba en ti.
—Nuestra hija está…— A.J no terminó la frase. Antes de que pudiera hacerlo, Silvia le cortó el cuello y la sangre comenzó a manar de las arterias seccionas del cuello de A.J. Aun así, este seguía tratando de hablar, entonces agarró a Silvia y la acercó a su boca.  Este pareció decirle algo y entonces Silvia abrió los ojos de par en par, luego lo miró y volvió a clavarle el cuchillo en la cabeza. Después de eso se levantó dejando el cuerpo de A.J. Se acercó a mí y entonces vi que sonreía.

—Mi hija… Está… Viva…— dijo con lágrimas en los ojos, pero tampoco terminó de hablar. Se desmayó y yo la agarré antes de que se cayera. Silvia por fin había llevado a cabo su venganza. A.J estaba muerto.

sábado, 11 de junio de 2016

NECROWORLD Capitulo 119

Día 10 de Octubre de 2010
Día 833 del Apocalipsis…
08:00 de la mañana…

Silvia y yo íbamos andando el uno al lado del otro por el bosque. Después de las presentaciones de los nuevos integrantes del grupo, ella y yo salimos de caza tal y como habíamos acordado horas antes. Ella no hablaba, se mantenía en silencio, simplemente me miraba de vez en cuando. No tardamos en llegar a una de las primeras trampas. Levine la había marcado en un mapa y con un pañuelo rojo en un árbol, allí entre los arbustos había una trampa para conejos, aunque esta estaba vacía. Yo me acerqué y comprobé el estado de la trampa.
—¿No ha caído nada?— preguntó Silvia acercándose.
—Si que cayó algo, pero creo que escapó. Eso, o un caminante se nos ha adelantado. Aquí hay restos de sangre— dije señalando las hojas del suelo. —¿Ves? La sangre está congelada, lo que significa que tiene poco tiempo— me levanté y miré a mi compañera. –Vamos, quizás tengamos más suerte con las otras trampas.
Volvimos a ponernos en camino, íbamos a dirigirnos hacia la siguiente trampa cuando Silvia abrió la boca por fin. —¿Cómo lo llevas?. Lo del ojo digo— dijo Silvia señalándome a la cara.
—Bien. Mél dice que no perderé el ojo, pero que me quedará una buena cicatriz. Aunque no me preocupa. Si algo tengo en mi cuerpo, son cicatrices. Me han apuñalado, disparado, golpeado… Si por cada una de las que tengo hubiese ido al hospital, creo que a estas alturas ya me habrían hecho paciente vip. ¿Y como lo llevas tu?— pregunté refiriéndome al asunto de A.J. Debe ser duro saber que quizás anda por ahí, pero no sirve de nada vengarse. Yo lo se. Lo se por que una vez me vengué de un tipo y eso no hizo que me sintiera mejor. Crucé una línea, una cosa es matar en defensa propia y otra es matar por venganza. Puede parecer lo mismo, pero no lo es.
—¿Qué ocurrió?— preguntó Silvia.
—Un tipo mató a la mujer a la que amaba. Ella murió en mis brazos. Recibió un disparo que era para mí— respondí. –Fue después de que se desatará el apocalipsis.
—Lo siento… Pero A.J es un monstruo, merece morir— respondió Silvia. –Es…— Silvia no terminó la frase, se quedó en silencio cuando el cobertizo que habíamos encontrado Vicky, Stephani y yo la mañana anterior, apareció ante nosotros. Yo me percaté de eso y la miré.
—Lo encontramos Vicky, Stephani y yo ayer por la mañana. Hay un coche dentro— seguidamente me agaché y miré las huellas de los neumáticos en la nieve. –Alguien ha estado aquí hace poco. Las huellas son muy recientes, ayer no estaban estas de aquí.
—Quizás no. Quizás ya tengan tiempo— dijo Silvia.
—No ha vuelto a nevar desde que encontramos esto. Las huellas son de hace apenas unas horas. Alguien está por aquí, pero no tiene sentido el que una persona deje aquí un coche y tenga que vivir fuera. Lo normal es que tuviera el coche muy cerca de él, hasta el punto de que quizás tenga que vivir en el vehículo. El que lo usa, lo usa de forma puntual. Lo que quiero decir es que es de alguien, alguien que vive en un lugar no muy lejos de aquí. Es fácil de deducir— Silvia rodeó el cobertizo y yo la seguí, entonces le señalé la ventana por la que había entrado Vicky.
—¿Habéis entrado?— preguntó Silvia.
—Vicky entró— respondí. –Pero no encontramos nada de gran interés. Solo un coche que se está utilizando. Quizás debamos hacernos con el. Nos vendrá bien un vehículo más.
—¡¡¡No!!!— gritó en ese momento Silvia. Yo me la quedé mirando y ella reculó un poco. –Quiero decir… Podría ser muy necesario para esa persona o personas. Si se lo robamos es posible que los estemos condenando… O peor aun. Podrían ser personas peligrosas que luego quisieran vengarse por robarles. Dejémoslo estar.
—Pareces nerviosa. Bueno, supongo que es normal estando aquí fuera— respondí. Justo en ese momento escuchamos un ruido a nuestras espaldas y un caminante surgió de entre la maleza. Seguramente atraído por el grito de Silvia. Se trataba de un hombre con barba, muy delgado y sin camisa.
—Me ocupo yo de el— dijo Silvia acercándose a el mientras sacaba un cuchillo. Agarró rápidamente al No Muerto por el cuello y le clavó el cuchillo en la cabeza.
—¡¡¡Silvia!!!— grité al mismo tiempo que veía aparecer a otro caminante por su derecha. Me lancé contra el No Muerto y chocamos contra un árbol, seguidamente cogí su cabeza y la estampé contra el tronco de un árbol. No tardaron en comenzar a surgir más caminantes. Se movían muy lentamente debido al frio, aunque eran muchos, los cuales no dejaban de salir. Silvia me ayudó a levantarme y ambos comenzamos a alejarnos del cobertizo. Corrimos alejándonos, pero enseguida nos topamos con una docena de ellos de frente. Nos dimos la vuelta y vimos a los otros que nos habían seguido. Estábamos rodeados.
—¿Qué hacemos?— preguntó Silvia mientras nos poníamos espalda contra espalda.
—Abrir fuego— respondí apuntando con el fusil y disparando al más cercano. Silvia hizo lo mismo y comenzó a disparar también.
—¿Esto no atraerá a más?— preguntó Silvia.
—Si, pero elimina los de delante solo para abrir camino— dije disparando a otro. –Corre y solo dispara cuando no tengas más remedio— Vi como Silvia abatía a otro y seguidamente echamos a correr golpeando a unos que trataban de cogernos.
Llegamos hasta un tronco caído que ambos saltamos rápidamente. Seguimos corriendo hasta que llegamos a un camino donde nos encontramos más caminantes cortándonos el paso. Comencé a disparar nuevamente hasta que se me acabó la munición. Me lleve la mano al bolsillo para sacar otro cargador, sin darme cuenta de que por mi lado izquierdo. Por el punto muerto del ojo que tenía tapado, un No Muerto se iba acercando. Noté sus dedos fríos tocándome ya la cara y me di la vuelta, en el momento justo de ver la boca de aquel ser descendiendo sobre mi cara, pude oler su aliento. No puede reaccionar, lo di todo por perdido, pero entonces apareció Silvia agarrando a aquel ser, lo alejó de mi, lo derribó y le pisó la cabeza.
—Gracias— le dije.
Volvíamos a estar rodeados. Volvimos a disparar hasta que nuevamente se nos acabó la munición. Estábamos preparados para luchar cuerpo a cuerpo justo cuando los caminantes fueron abatidos a tiros. Cuando todos los caminantes estuvieron muertos, vimos a Faith, a Alexandra y a Stacy aparecer por allí.
—Menos mal que habéis llegado chicas— dijo Silvia –Podríamos no haberlo contado.
—¿Cómo nos habéis encontrado?— pregunté yo dejándome caer sentado sobre una roca del camino.
—¿Bromeas? Escuchamos los disparos desde el hotel. Teniendo en cuenta que vosotros erais los únicos que estaban fuera, no era difícil deducir que erais vosotros los que estaban en problemas— respondió Stacy. —¿Los podridos os han jodido la cita?
—Salimos a cazar— respondió Silvia.
—¿Y tenéis las manos vacías?— preguntó Faith –No quiero meterme, pero Eva se va a cabrear, todos los tíos sois iguales.
—Regresemos a casa— dije. Nos pusimos en marcha. No tardamos mucho en llegar al hotel y una vez allí me dirigí a Silvia. –Gracias por salvarme. Creía que ya no lo contaba. Si hubiese tenido el ojo sano lo habría visto venir, pero eso no cambia que me has salvado la vida. Gracias. Te debo una.
—No me debes nada. Tú ya me salvaste la vida aquella vez en aquel camino. Estaba desorientada y podría haber muerto de haber seguido sola. Así que ya estamos en paz. Voy a ir a darme una ducha, nos vemos a la hora de la comida— Silvia se dio la vuelta y se fue hacia las escaleras, entonces la llamé y ella se dio la vuelta. —¿Qué ocurre?
—Silvia. Aunque te agradezco que me hayas salvado… Te agradecería que no me ocultaras nada. No cometas ese error.
—No te ocultó nada— respondió Silvia. Después subió las escaleras.

23:45 horas de la noche…

Como cada noche, Silvia se levantó de la cama con cuidado, era hora de como cada noche, salir de caza. Su caza particular.
La gran mayoría de los habitantes del hotel dormían y esa era la ventaja que ella aprovechaba para salir sin ser vista. Por un lado sentía en el alma mentir a Juanma, ya que el había depositado en ella una gran confianza, confianza que ella estaba traicionando en esos momentos, aun así lo que ella debía hacer era algo tan personal que no podía dejarlo pasar. A.J debía morir y ella iba a ser el brazo ejecutor. Aun así, antes de salir al exterior, necesitaba munición para sus armas.
Bajó por las escaleras al sótano del hotel, solo allí en lo que era la antigua bolera, encontraría lo que necesitaba. Durante el día había podido sustraer las llaves a quien las guardaba sin que se diera cuenta.
Llegó junto a la puerta y sacó las llaves, las puso en el cerrojo y abrió la puerta, entró con cuidado y fue hacia el armario donde guardaban todo. Justo cuando iba a coger los cargadores vio aparecer una silueta en la puerta, de repente se encendió la luz y pudo ver a Yuriko, la muchacha japonesa.
—¿Qué estás haciendo? ¿Qué haces aquí?— preguntó Yuriko avanzando hacia ella.
Silvia dudó unos momentos y respondió mintiendo. –Me toca guardia y venía a coger munición. La voy a necesitar…
—¿Tienes guardia? Creía que las guardias ya estaban completas… Le preguntaré a Juanma y veremos que me dice…— en ese momento Silvia golpeó a Yuriko con la culata de su fusil y está cayó al suelo. Seguidamente la arrastró al fondo de la sala y allí la dejó tumbada.
Con la munición conseguida se dirigió a las alcantarillas y comenzó a recorrerlas en dirección al exterior. Una noche más, iría a buscar a A.J.

23:49 horas de la noche…

Llamaron a la puerta de mi habitación y me levanté enseguida, cuando abrí la puerta me encontré con Johana. Esta me explicó que habían encontrado a Yuriko en la armería y me condujo hasta allí. Cuando llegué me encontré a Sheila curándole una herida de la cara a la joven japonesa.
—¿Qué ha pasado?— pregunté.
—Fue Silvia. No se por que lo hizo, llegué aquí y me dijo que estaba buscando munición para seguir con la guardia…
En ese momento apareció Juan allí seguido de Faith. Este me miró. –No hemos encontrado a Silvia en su habitación, pero hemos encontrado esto— en ese momento Juan me pasó un bote de desinfectante, una aguja manchada de sangre, hilo y vendas manchadas de sangre. Al verlo, Sheila se sorprendió.
—Eso me desapareció hace unos días de la enfermería. Fue Silvia quien lo cogió. No me cabe duda… ¿Pero para que lo necesitaba?
—¿Qué más da? Esa cabrona nos la ha jugado. Propongo que demos con ella y le demos su merecido. Vamos— dijo Johana.
—No…— dije poniéndome de pie. –Yo me encargo de todo. Vosotros no os preocupéis. Es cosa mía— salí de allí, me puse ropa de abrigo, cogí mis armas y salí del hotel para acto seguido comenzar a recorrer el bosque. Intuía a donde había ido Silvia.

Día 11 de Octubre de 2010
Día 834 del Apocalipsis…
00:15 horas de la noche…

Silvia había llegado al cobertizo donde guardaba el coche. Entró dentro y se subió al vehículo. Se puso al volante, y cuando se disponía a salir se encontró con una silueta.
—¿A dónde vas? ¿Por qué haces esto?— pregunté yo plantándome delante del vehículo. Seguidamente alcé el arma y le apunté. –Baja del coche Silvia. No me hagas disparar. No quiero hacerlo.
Silvia se bajó del coche y también me apuntó con su arma. –Entonces si no quieres hacerlo… Simplemente déjame ir a hacer lo que tengo que hacer. Esta es mi lucha. Es mi venganza, es mi jodida cruzada personal. A.J me lo ha quitado todo, solo vivo para matarle. Déjame pasar, si no quieres que vuelva no volveré, pero déjame hacer lo que debo hacer. No creo que me entiendas.
En ese momento bajé el arma, me la guarde y me abrí de brazos. –No pienso apartarme. Si quieres disparar, hazlo, pero no te marcharás. No dejaré que la sed de venganza te consuma, por que cuando la lleves a cabo no volverás a ser la misma. Por mucho que odies a A.J, no podrás olvidar nunca lo que has hecho. Será como si estuvieras muerta en vida.
—Ya estoy muerta en vida. Y se lo que pasará, pero no me importa. Solo quiero dar con A.J y hacérselo pagar— respondió Silvia. –Déjame hacerlo. Deja que me ocupe de ello.
—Entonces déjame acompañarte— respondí. Silvia me miró y bajó el arma.
—Nos vamos a Fort Valley— dijo Silvia en ese momento.

Fort Valley…
00:30 horas…

A.J terminó de escribir lo que estaba escribiendo en una de las paredes del refugio que había cogido en Fort Valley. Se dio la vuelta y miró a Clara. Esta estaba sobre una mesa de madera atada y desnuda. Su cuerpo estaba lleno de cortes. A.J había disfrutado como nunca, mucho más que aquella vez en aquella casa donde todos violaron a una chica y obligaron al novio a mirar debido a que le habían cortado los parpados. También disfruto matando al hermano pequeño de aquella chica, más todavía de que lo hubieran obligado a violar a su hermana mayor. Todas esas acciones terminaban con la muerte de la victima. A.J observaba a Clara, esta tenía los ojos vacios de vida y lo miraba gruñendo como si fuera un animal salvaje. No hacía mucho que había vuelto de la muerte.
—No te pongas así cariño. Sabías que era un aquí te pillo aquí te mato— A.J hizo una pausa. –Nunca mejor dicho. Ahora relájate y quizás te llame algún día. Aun estando muerta me la pones dura. Ahora entiendo a Banks…
No era que a A.J no le gustaran las violaciones, en realidad le encantaban, pero las detestaba cuando estas ocurrían sin que el diera permiso para ellas o que el no pudiera participar, por eso hizo lo que hizo con Craig. Aquel maldito, aquel maldito saco de mierda como lo llamaba el, se había pasado de la raya con la mujer del predicador, y por eso había tenido que castigarlo con dureza, haciendo así que fuera un ejemplo para todos los demás, pero ahora estaba solo, estaba por su cuenta y la verdad es que quería aprovechar cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día, cada puto siglo. Quería estar a su libre albedrio y no depender de nadie, ni siquiera estar acompañado. Sus amigos eran buenos chicos, fuertes y leales, pero en un mundo así, la lealtad no dura mucho, quizás se hubiesen aliado en algún momento para acabar con el, pero ellos ya no estaban y el se sentía como el maldito dios de ese mundo.
Se disponía a salir del refugio cuando escuchó un ruido en el exterior. Por unos momentos pensó que se trataba de algún estúpido caminante que se había tropezado y caído. Si algo había descubierto de aquellos seres era que eran torpes siempre, pero cuando hacía frio, pasaban de torpes a completos inútiles. Se acercó a una de las ventanas y observó a la calle esperando ver a algún No Muerto en el suelo intentando ponerse de pie sin éxito, pero en lugar de eso, lo que vio, fue un coche, un coche del que se bajaron dos personas, eran al parecer un chico y una chica, aunque no podía verlos con claridad. Solo podía diferenciar su sexo por la silueta y la forma de moverse, ella le resultaba muy familiar, demasiado.
Los dos desconocidos se acercaron al maletero del vehículo, lo abrieron y pareció que sacaban algo. A.J no tardó mucho en descubrir que eran linternas, fue entonces, en ese preciso instante donde vio las caras de ellos. El era un tipo joven y delgado, bastante delgado, aunque de cuerpo algo dado al ejercicio diario, su pelo era algo largo, más o menos hasta los hombros, tenía barba y unas vendas en la cara que le cubrían el ojo izquierdo. Cuando la vio a ella el corazón se le aceleró, era una chica delgada y rubia, se fijó en sus ojos, aquellos ojos que lo cautivaron la primera vez que los vio, vio sus facciones, sus labios. Esa chica era Silvia. Los pelos se le pusieron de punta a A.J, incluso se podría decir que se excito cuando al verla se imaginó a si mismo estrangulándola, sintió que la amaba todavía, la amaba tanto que deseaba verla muerta de una vez por todas, pero ya habría tiempo para eso. Antes quería averiguar que hacían allí esos dos, que estaban buscando y también quería averiguar quien era ese tipo en realidad, aquel que estaba con su novia, la madre de su hija. Incluso llegó a imaginárselos juntos en la cama retozando, eso lo puso enfermo y deseó matarlo a el también, se imaginó clavándole un cuchillo en el estomago y rajándolo hasta hacer que sus tripas salieran despedidas. A.J apretó los puños con fuerza mientras se imaginaba las salvajadas que les haría a ambos, entonces los gruñidos de Clara lo sacaron de sus pensamientos. Eso lo enfureció tanto que se dio la vuelta, corrió hacia Clara y le clavó un cuchillo en la cabeza repetidas veces. Fue en ese momento cuando se le ocurrió una idea, volvió a la pared donde había escrito y escribió algo más. Entonces pensó que debía hacer que ellos acudieran a ese lugar y vieran ese mensaje, a A.J le apetecía jugar un poco y se le había ocurrido una idea, tan macabra como brillante. Al menos para el.
*****
Fort Valley estaba desierto. No veíamos caminantes por ningún lado, seguramente los había en algún lugar, aunque estos estarían aletargados o congelados. Lo cierto era que esa noche hacía bastante frio. Silvia había querido ir hasta allí por que la noche anterior no lo rastreó todo lo que había querido. La notaba obsesionada por dar con A.J y matarle. Ese tipo le había hecho demasiado daño y yo entendía que quisiera hacérselo pagar, pero esperaba que al final no lo hiciera, matar a alguien es algo que te cambia la vida, y aunque ella había matado antes no era tan personal como lo era el hecho de acabar con A.J.
—Deberíamos volver al hotel. Aun podemos olvidarlo todo. No te hagas esto.
—No vas a convencerme— replicó Silvia. –Si quieres regresa tú. Esto es solo cosa mía. Ni siquiera tendrías que haber venido.
—Atacaste a Yuriko para hacerte con la munición. A estas alturas, todos saben lo que has hecho y están furiosos. Por eso estoy aquí, para darte la oportunidad de regresar. Dejémoslo estar, no te condenes.
—Ya estoy condenada de hace tiempo. Mi mundo comenzó a desmoronarse desde antes del Apocalipsis. A.J al principio era un hombre maravilloso, pero cambió, ni siquiera me di cuenta. Debí percatarme cuando todo esto empezó, algo cambió ese día en el y fue creciendo, convirtiéndose en una enorme bola que acabó estallando. Merece morir, no es necesario que lo apruebes, solo entiéndelo y déjame que haga lo que tengo que hacer cuando llegue el momento.
—Y yo te digo que lo medites— respondí mientras caminábamos.
No recorrimos ni veinte metros cuando escuchamos un ruido. Al principio no supimos que era, pero entonces ambos llegamos a la conclusión de que se trataba de un claxon que se había quedado accionado y estaba empezando a escucharse por toda la localidad.
En ese momento escuché gruñidos que venían de un callejón, del que segundos después comenzaban a aparecer siluetas tambaleantes.
—¿Qué hacemos? Esta cerca. Si no lo apagamos, atraerá a todos los caminantes— dijo Silvia mirándome.
Yo le hice un gesto con la cabeza y comenzamos a correr de nuevo hasta el vehículo con el que habíamos llegado a Fort Valley. Mientras corríamos veíamos a los No Muertos hacer acto de presencia, abandonando sus lúgubres escondites. Si no parábamos ese ruido, en pocos minutos, aquella calle se llenaría de caminantes y nosotros estaríamos literalmente atrapados.
Llegamos al vehículo al mismo tiempo que me daba cuenta de que comenzaba a nublarse. El tiempo advertía tormenta. Una vez allí nos dimos cuenta de que el sonido venía de un almacén cercano. Nos adentramos en el rápidamente, mirando en cada esquina. Llegamos a una amplia zona y descubrimos una camioneta, nos acercamos y sobre el claxon encontramos el cadáver de una muchacha joven, estaba desnuda y tenía el cuerpo lleno de magulladuras. La retiramos del claxon y el sonido se detuvo.
—¿Quién ha hecho esto? Por que esto está hecho con toda la intención— dije mirando a Silvia. Esta pareció que me devolvió la mirada, pero no me miraba a mí, miraba algo que tenía detrás. Me di la vuelta y vi algo escrito con sangre en la pared.

“LAS ZORRAS CONFIADAS ENCUENTRAN LA MUERTE DOLOROSA, NO SON TAN ASTUTAS COMO SE PIENSAN Y SU ESTUPIDEZ LA PAGAN CON LA MUERTE”

Y justo debajo de ese escrito, había otro más pequeño, este escrito con cortes en la pared que probablemente habían hecho con un cuchillo. Ahí podía leerse.

“SILVIA, PRONTO SABRAS LO QUE ES ARDER EN EL INFIERNO Y TODOS AQUELLOS QUE SE TE ACERQUEN ARDERÁN CONTIGO, ZORRA”

Silvia me miró y entonces vi miedo en su mirada, tan solo pudo decir una frase –Es el. Está aquí.
*****
A.J los estaba observando a los dos. Los tenía a tiro y podía disparar en cualquier momento. Matarlos a los dos y largarse de allí. Los miró a través de la mira telescópica y puso el dedo en el gatillo. Respiró hondo y situó el punto de mira sobre aquel tipo tuerto. Estaba ahí, lo tenía ahí, incluso se pasó la lengua por los labios relamiéndose al imaginarse la bala atravesando la cabeza de aquel desgraciado. Se imaginaba el chorro de sangre que saldría disparada. Sin embargo no lo hizo. No quería hacerlo así. Entonces los vio salir corriendo en dirección al exterior. No podía dejar que cogieran el vehículo. El se apresuró a salir antes, golpeó a los caminantes que se le cruzaron y llegó hasta el coche. Sacó el arma y disparó dos veces al depósito, la gasolina no tardó en comenzar a derramarse por el asfalto, sacó un mechero que había encontrado y lo encendió, seguidamente prendió la gasolina y se alejó corriendo mientras el coche ardía.
Se ocultó a esperar y entonces vio a Silvia y a aquel tipo salir, luchar contra los No Muertos y quedarse atónitos ante la escena. Los escuchó a hablar mientras veían acercarse a los No Muertos.
—Regresemos. No nos queda nada que hacer aquí. Regresemos al hotel— dijo el tipo.
Silvia pareció mostrarse reticente a eso, pero finalmente accedió y ambos comenzaron a correr esquivando a los muertos vivientes. Habían hablado de un hotel, a A.J solo le quedaba seguirlos y ver donde se refugiaban, allí acabaría con ellos dos, y si había más gente, también los mataría a ellos. Quería hacer una autentica masacre.

09:30 horas de la mañana
Hotel…

Llegamos al hotel a las nueve y media pasadas de la mañana con un agua torrencial. Lo hicimos agotados y extenuados. No habíamos parado de andar y correr desde que salimos de forma accidentada de Fort Valley. Nada más llegar nos abrieron la puerta y nos vimos a varias personas reunidas en torno a Mouse y un vehículo.
—¿Qué está pasando? ¿Qué ocurre?— pregunté mirándolos a todos.
—Mouse se marcha— respondió Juan. –He intentado convencerle de que se quede, pero no quiere quedarse. Quizás puedas convencerlo tú.
Rodeé el vehículo junto a Silvia y me planté delante de el. —¿Por qué quieres marcharte?
—Yo ya no tengo sitio aquí. Me marcharé lejos y no volveré. Llevo pensándolo desde hace tiempo, pero no lo tuve claro hasta después de la pelea— entonces este miró a Silvia, la cual estaba a mi lado. –Creo que por hoy ya tienes bastantes cosas de las que preocuparte. No soy asunto tuyo, me marcho, que os vaya bien.
En ese momento se escuchó un disparo, todo fue muy rápido. Muchos se echaron al suelo o buscaron cobertura tras el vehículo. La bala había pasado justo a mi lado tras atravesar el cuello de Mouse. El cayó y yo me tiré al suelo también. Miré a mi alrededor cuando escuché un segundo disparo y vi caer a un hombre mayor tras ver como en su pecho brotaba una flor de color rojo intenso. Quise gritar, pero entonces vi a Silvia en el suelo. De su pecho brotaba sangre, la bala le había dado de lleno y su mirada estaba perdida. La vida se le escapaba y nadie sabía que estaba pasando.


sábado, 4 de junio de 2016

NECROWORLD Capitulo 118

Día 10 de Octubre de 2010
Día 833 del Apocalipsis…
Las Vegas… 08:00 de la mañana…

David se levantó de la cama con cuidado para no despertar a Alicia ni a Cristian. Fue hacia la cocina y se tomó las pastillas que le habían recetado para el dolor del brazo. En teoría nadie sospechaba nada del plan que iban a llevar a cabo, si sospechasen, suponía que ya lo sabrían, directamente los habrían matado a todos. Se tomó las pastillas y fue a darse una ducha, en unas horas tenía que ir a hacer un trabajo, al estar herido le habían dado trabajos menores. Después de la ducha salió al salón y entonces junto a la puerta vio algo, era un papel. Se acercó, lo cogió y lo desplegó. Se trataba de una carta escrita por Claire.

“El plan lo llevaremos a cabo esta noche. No tenemos tiempo que perder, prepararos bien. Salid a las nueve de la noche de casa y nos reuniremos. Yo me reuniré con Alicia en el callejón que hay detrás de vuestra casa. Tu reunte con Luci en el campo de entrenamiento. No hace falta decirte lo importante que es esto, hazlo de una forma que no llame la atención de indeseables. Hasta entonces trata de dar con Sandra. Tanto si quiere venir como si no, que no se vaya de la lengua. Haz lo que sea necesario para que así sea”
Claire

David arrugó el papel y lo tiró dentro de una papelera. ¿Hacer lo que fuera necesario para que Sandra no se fuera de la lengua? Eso no sonaba nada bien. Justamente en ese preciso instante alguien llamó a la puerta y David fue a abrir. Cuando abrió se encontró cara a cara con un tipo al que antes solo había visto de reojo. Antes de que David pudiera decir nada, este entró y cerró la puerta ante la mirada estupefacta de David.
El tipo no era muy alto, tenía el pelo rapado, un pendiente en la oreja derecha. Sus ojos eran azul claro y eran bastante grandes, su nariz no era ni muy grande ni muy pequeña. Este vestía una chupa de cuero negra y pantalones vaqueros.
—No está nada mal tu choza. Algunos aquí tenéis más suerte que otros. Ofréceme una cerveza ¿No?— dijo aquel tipo mirando a su alrededor.
David seguía estupefacto, no comprendía nada. ¿Los habrían descubierto y por eso aquel tipo estaba allí? Lo recordaba por ser uno de los tantos matones de Dorian, aunque nunca había cruzado palabra con el. David pensó en alcanzar la pistola y matarlo allí mismo, pero esta estaba sobre el armario, un sitio seguro que Cristian nunca podría alcanzar.
—¿Quién eres?— preguntó David por fin. El tipo lo miró y abrió todavía más los ojos.
—Soy tu compañero para hoy. Me llamo Vladimir, pero todos me llaman Vlad. Ya sabes, como Vlad el empalador— el tipo de ojos de sapo comenzó a reír a carcajadas. –Si, es por que antes empalaba a los que me cargaba— volvió a reír. Eso hizo que apareciera Alicia en la puerta de la habitación con Cristian en brazos.
—¿Qué pasa aquí?— preguntó Alicia mirando a David.
—Alicia… Enciérrate en la habitación y no salgas— dijo David.
Vlad los miró a los dos rápidamente y comenzó a reír. Entonces se acercó a Alicia. David quiso ir detrás, pero este se dio la vuelta y lo miró mostrándole la pistola.
—Tranquilo hombre. Solo quiero saludar a tu hermosa mujercita. No cometas un error del que luego te puedas arrepentir— seguidamente Vlad le besó la mano a Alicia al tiempo que se presentaba y volvió a mirar a David. –Si no vas a ofrecerme una cerveza será mejor que no perdamos más el tiempo. Vístete y salgamos de aquí. Tenemos mucho trabajo que hacer.
—¿Trabajo?— preguntó David.
—Si hostias. Trabajo, job… ¿En que idioma quieres que te lo diga? Vamos… Y coge tu pistola. La vas a necesitar— respondió Vlad.
David se cambió de ropa, cogió su pistola y seguidamente salió de la habitación. Cuando llegó al salón se encontró a Vlad con Cristian sobre sus rodillas. Delante de ellos estaba sentada Alicia, entre ellos había una pequeña mesa de cristal y sobre ella estaba la pistola. Entonces ambos lo miraron y Vlad le susurró algo a Cristian, seguidamente el niño se levantó y corrió a los brazos de Alicia.
—¿Qué pasaba?— preguntó David.
—Nada. Relájate. Solo le daba consejos al crio. ¿Estas listo? Pues vámonos— dijo guardándose de nuevo la pistola.
Antes de salir, David les dio un beso a Alicia y Cristian. Cuando salió a la calle con Vlad, frente a su puerta se encontró un coche de color negro.
—¿Qué clase de trabajo vamos a hacer?— preguntó David.
—Lo verás cuando lleguemos allí. Disfruta del paseo— respondió Vlad.
David no tuvo más remedio que hacer lo que aquel tipo le dijo, se sentó en el asiento del copiloto y Vlad comenzó a conducir.
*****
Luci estaba sentada con la niña en brazos en el salón de su casa. Justamente en ese momento llegó Claire con una bolsa de deporte. La dejó sobre la mesa y miró a su compañera. –He conseguido pocas armas. Entre ellas— Claire metió la mano dentro de la bolsa y sacó la katana de Luci— eso hizo que Luci mirara a las cámaras. –No te preocupes. Me colé en la casa de Dorian e hice un apaño en los videos. Estos repiten lo mismo en bucle. Eso nos dará un tiempo precioso.
—Será muy complicado… Lo sabes ¿Verdad?— dijo Luci haciendo girar la katana. –Esto nos viene muy grande. Dorian lo tiene todo bajo control… Puede que ya sepan que tramamos algo. No me fio de que vaya a salir bien.
—Tienes que tener fe. Lo conseguiremos— dijo Claire. –No se lo verán venir. Ya lo verás.
—Y tu tienes que prometerme algo a mi— dijo en ese momento Luci. –Probablemente David y yo no salgamos de esta. Tienes que prometerme que mantendrás a Alicia y a los niños a salvo. Busca al resto del grupo, Alicia los reconocerá. No se el tiempo que eso os llevará, pero da igual. Llega hasta ellos y cuéntales lo que ha pasado… Tráelos cuando te sea posible y que arrasen este puto lugar, que acaben con todo y con todos. Prométemelo.
—Te lo prometo— respondió Claire. Seguidamente se abrazaron.
Luci guardó las armas y fue a darle el biberón a la niña. Aun faltaban horas para que el plan comenzara. Aun faltaban las cargas de explosivos que debían colocar en las vallas indicadas. Cuando estas explotaran, allí acudirían cientos de tipos armados hasta los dientes, solo estarían ella y David contra todos ellos a los que también se añadirían los caminantes que acudieran al lugar atraídos por el barullo armado.
Luci sintió ganas de llorar, pero no lo haría, no iba a permitirse ese lujo. Simplemente esperaba que cuando se armara todo aquel jaleo, Dorian fuese uno de los que acudiese, así podría matarlo de una vez por todas. De hecho la sola idea de que Dorian acudiese al lugar y ella pudiera matarlo, la excitaba. Nunca antes había deseado tanto matar a nadie, ni siquiera a Dante.
*****
Alicia estaba preparándole el desayuno al pequeño Cristian cuando alguien llamó a la puerta. Rápidamente corrió a abrir pensando que sería David que ya volvía, pero cuando abrió la puerta se encontró con la cara sonriente de Carlos.
—Buenos días ¿Puedo pasar?
Alicia no sabía que responder. –Da… David no está. Vino a buscarle un tal Vlad y se fueron a hacer no se que trabajo. Vuelve más tarde— Alicia quiso cerrar la puerta, pero Carlos puso el pie para impedir que la cerrara.
—No importa si no está. Déjame pasar.
Alicia se hizo a un lado y Carlos pasó. Llegó a un sillón y se sentó. Alicia también fue hasta otro sillón y se sentó frente a Carlos. Este no podía dejar de sonreír.
—¿En que puedo ayudarte?— preguntó Alicia tratando de contener los nervios que Carlos le provocaba. No se fiaba de el, ya no.
—Sandra está muerta— dijo en ese momento Carlos –Yo la he matado— vio como Alicia se alejaba, pero el fue más rápido y la agarró de los brazos. –Eh, eh, eh. No te preocupes. Me dijeron que os matara y te juro que iba a hacerlo… Pero… No lo necesito. A David y a ti no necesito mataros.
—¿Y por que has matado a Sandra?— preguntó Alicia con lagrimas en los ojos. –Ella estaba contigo… Era tu…
—No era nadie para mí. Era solo alguien que sustituía a Eva, pero a Eva la recuperaré pronto. Por eso Sandra debía desaparecer, pero a vosotros os necesito. Yo os prometí algo cuando os traje aquí y lo quiero cumplir… Pero Dorian es peligroso. Por eso tengo mi propio plan, pero el debe creer que estoy de su parte, por eso aproveché también lo de matar a Sandra. Lo que planeo es dar un golpe de estado, esta ciudad será mía. Echaremos a Dorian de ella.
—Estás loco— dijo Alicia.
—No. Simplemente quiero hacer las cosas bien. Quiero traer felicidad y para eso Dorian debe desaparecer. No es necesario matarle, pero si nos unimos todos, podemos desterrarle a el y a todos los que le sigan. Mi visita se debe a eso, necesito teneros de mi parte. A el no le importáis, os quiere muertos, sin embargo a mi si me importáis. Me demostrasteis lealtad al venir conmigo y dejar a  mi hermano— Carlos se levantó y se dirigió hacia la puerta. –Te dejo pensando. No tendré prisa con la respuesta. Simplemente pensad en ello— seguidamente se marchó de allí.
*****
David no quería hablar. Iba de copiloto junto a Vlad, el cual conducía el vehículo fuera de los límites seguros de Las Vegas. Cuando David salió de casa aquella mañana nunca se imaginó lo que iba a ocurrir. Todo había sucedido muy deprisa, llegaron a una casa y Vlad entró a la fuerza golpeando a un hombre de unos cincuenta años por lo menos, entonces apareció una chica a la que rápidamente Vlad disparó en la cabeza, lo mismo hizo con el tipo. Seguidamente entre los dos cargaron los cadáveres en el vehículo y dejaron la ciudad.
Vlad detuvo el vehículo en medio del desierto y allí David puso ver una especie de vertedero lleno de vehículos, electrodomésticos y cuerpos putrefactos siendo devorados por los buitres, incluso se podían ver algunos cuerpos que se habían reanimado, pero que estaban en tan mal estado que un siquiera podían moverse. David se los quedó mirando cuando salió del vehículo, rápidamente se giró y miró a Vlad.
—¿Qué es este lugar? ¿Por qué has matado a esas personas?
—¿En serio? ¿Ahora me preguntas eso? Ayúdame con los cadáveres— David no respondió. —¿Estás sordo? Ayúdame hostias— David fue con Vlad al maletero y sacaron los cuerpos. Mientras los llevaban al borde, Vlad comenzó a hacer comentarios respecto a la chica. Dijo que se llamaba Stela y que había sido una autentica pena tener que matarla. –Como te lo digo. Es una pena lo de esta tía, tenía un buen par de tetas… Y el gilipollas de Qüentin, pese a ser un jodido retrasado supo elegir bien cuando la compró, no me quiero ni imaginar a ese viejo de mierda metiéndosela a este bomboncito. Le habría perdonado la vida a ella y me la habría estado tirando yo, pero ni de puta coña la meto ahí… Lanzala— ambos lanzaron el cuerpo envuelto en plástico, el cual cayó sobre varios buitres que enseguida alzaron el vuelo espantados hasta llegar a un lugar seguro, aunque no tardaron en regresar al mismo lugar. David y Vlad cargaron el cuerpo del hombre.
—¿Por qué nos mandaron a matarlos?— preguntó David.
—Nos mandaron, pero tuve que hacer yo todo el trabajo por que tú no moviste un puto dedo. Te tendrías que haber cargado por lo menos a uno de ellos. En cuanto a la pregunta. ¿Qué coño importa? Este es mi trabajo, algunas veces me mandan matar y otras simplemente apresar para llevarlos a las celdas para hacerlos participar en los juegos de la jaula o del circuito del todos contra todos. Eso es lo más jodidamente épico que he visto. Lanzalo.
David y Vlad lanzaron el cuerpo del hombre y este acabó cayendo sobre lo que parecía la cabeza de un ciervo, quedando totalmente atravesado. Entonces David se llevó las manos a la cara para evitar el hedor de los quizás más de cien cuerpos que se pudrían allí abajo. Entonces escuchó un chasquido a sus espaldas, se dio la vuelta y vio a Vlad apuntándole con el arma.
—¿Qué estás haciendo?
—¿Qué parte de soy un matón no has entendido? Me mandaron a tu casa por orden de Dorian. Querían que en primer lugar me ayudaras a deshacerme de los cuerpos y luego te matara. Levanta las manos, aléjalas de tu arma.
—¿Por qué? ¿Por qué quieren matarme?— preguntó David queriendo ganar tiempo cuando vio a un caminante salir de detrás de una roca. Este estaba avanzando hacia Vlad. –Al menos dime eso, ya me tienes donde querías. ¿Qué más te da? Además, estoy seguro de que eso te hará disfrutar, eres un matón al fin y al cabo…
—Muy bien. ¿De verdad te creíste que le colaste tu historia de “Me han robado el vehículo”? No seas estúpido. Dorian no es imbécil, sabe que tú y tus amiguitos ocultáis algo. Os quiere a todos fuera de circulación, incluido Carlos, al que ya le dijo que os matara y que por el momento solo se cargó a la del pelo castaño. Sandra creo que se llamaba.
David sintió que el corazón le daba un vuelco. Habían matado a Sandra, en esos momentos pretendían matarlo a el, y sobretodo, temía por Alicia y Cristian que se habían quedado solos en casa. Debía regresar lo antes posible a Las Vegas y sacar a su familia de allí. Justamente en ese momento, el caminante silencioso llegó hasta Vlad, el cual se vio sorprendido y se dio la vuelta para disparar a su agresor. No tuvo que hacer un gran esfuerzo, puso la pistola debajo de la barbilla del No Muerto y le disparó, pero cuando se dio la vuelta para volver a apuntar a David, fue este quien le disparó en el cuello. Vlad cayó de espaldas con la mano tapándose la herida del cuello, David corrió hacia el y le quitó el arma. Seguidamente le apuntó a la cabeza.
—Cabrón…— seguidamente le disparó a quemarropa varias veces en el pecho. No iba a dispararle a la cabeza, prefería que se transformara, no le importaba nada. Seguidamente se subió al vehículo y comenzó a conducir de vuelta a Las Vegas. Necesitaba llegar a casa cuanto antes.
*****
Era medio día cuando David llegó a la puerta principal de Las Vegas. Los guardias le abrieron sin problemas, no parecía que se hubiesen percatado de que Vlad no estaba ahí.
David condujo a toda velocidad por la calle sin importarle a quien veía o quien le veía a el. Llegó a su casa y entró rápidamente por la puerta, allí encontró a Alicia, corrió hacia ella y la abrazó y besó.
—Ha venido Carlos— dijo ella en ese momento. –Ha dicho cosas muy raras. Dijo que había matado a Sandra y que pretendía hacerse con el control de la ciudad. He tenido mucho miedo. Están todos locos.
—Recoge al niño y ropa. Nos vamos a ir de aquí. Ese tipo, Vlad. Ha intentado matarme.
—¿Cómo?— preguntó Alicia.
—Ya te lo explicaré. Ahora tenemos que irnos a casa de Luci— dijo David.
Alicia hizo rápidamente lo que David le dijo y salieron de casa, se subieron al vehículo y David lo puso en dirección a la casa de Luci. Cuando llegaron se encontraron con Claire y Luci en la cocina.
—¿Qué ocurre?— preguntó Luci.
—Es hora de poner en marcha el plan. Las cosas parece que se nos han complicado un poco. Han intentado matarme y Carlos ha estado en mi casa mientras yo no estaba— dijo David.
—Carlos ha matado ha Sandra— añadió Alicia.
—Aun no estamos listos. Claire ha conseguido armas, pero aun nos faltan las cargas explosivas. Las necesitaremos— respondió Luci.
—Pues tendremos que ir a por ellas— dijo David. –Es lo único que nos falta ¿No? Las ponemos, las detonamos y entretenemos a los que vengan mientras Claire, Alicia y Cristian escapan. Podemos hacerlo esta misma tarde.
*****  
David y Luci lo habían estado planeando toda la tarde, estuvieron tantas horas que la noche comenzó a caer. Tenían que tenerlo bien planeado, no querían que quedara nada al descubierto. Una vez estuvo todo claro comenzaron las despedidas. David se acercó a Alicia y a Cristian y los abrazó, luego puso sus manos sobre la ya notable tripa de Alicia.
—Siento que tenga que ser así, pero… Si así logro que tengáis una vida…
—Tendríamos que habernos quedado con Juanma. Quizás estaríamos en un sitio mejor. Fui una egoísta y te arrastré conmigo— respondió Alicia.
—Eso no importa ahora. Y en su momento solo me importó que tú estuvieras bien. Ahora simplemente hay que hacer lo que tenemos que hacer— dijo David. Soltó a Alicia y a Cristian y se dio la vuelta para mirar a Luci. Esta estaba totalmente preparada.
—¿Listo?
—Lo estoy— Luci miró a Claire. –Vosotras poneros ya en marcha. Tratad de mezclaros entre la multitud y pasad desapercibidas.
—Cuenta con ello— respondió Claire.
Luci y David salieron de la casa y comenzaron a escabullirse entre los matorrales del jardín. El punto al que se dirigían era un antiguo casino que estaba siendo usado como polvorín. No tardaron mucho en llegar al lugar, desde un punto seguro observaban la parte trasera de aquel lugar, este estaba siendo vigilado por tipos armados. Había dos en un muelle de carga y otros dos en el tejado.
—Con esos ahí será difícil pasar— dijo David. –Podríamos cargarnos a uno o a dos, pero eso haría que los demás se dieran cuenta, además, es seguro que dentro deben haber más. Darían la voz de alarma.
—¿Se te ocurre algo?— preguntó Luci –Estoy abierta a sugerencias.
—Bueno. Lo que está claro es que estamos en inferioridad numérica. Hagamos lo que hagamos llamará la atención de los otros antes o después— respondió David. –Podríamos ser rápidos y habernos largado para cuando los demás lleguen, pero a estos habría que matarlos a todos. No creo que tengamos demasiadas opciones.
—Vale, pues prepárate. Ponle el silenciador a la pistola y ocúpate de los de abajo. Yo me ocupo de los de arriba— dijo Luci.
Ambos pusieron el silenciador a las pistolas y comenzaron a disparar. No tardaron mucho en lograrlo. No parecía que hubiesen llamado la atención. Salieron de su escondite y corrieron hacia la puerta trasera más cercana. Cruzaron la puerta apuntando y dispararon contra la primera persona que se encontraron. No tardaron en hacer lo mismo con otros dos tipos que aparecieron. Parecía que no había nadie más.
Luci comenzó a leer los carteles que se iban encontrando por las estanterías. Había armas de todo tipo, finalmente encontraron unos estantes donde había varios tipos de explosivo.
—Nos llevamos granadas y c—4— dijo Luci cogiendo varias cargas y granadas. David también cogió unas cuantas. Cuando tuvieron las mochilas llenas salieron de allí del mismo modo que habían entrado, apuntando en todas las direcciones. La siguiente parada era el circuito del que hablaba Luci.
*****
Claire había golpeado hasta la muerte a aquel hombre que les había salido al paso. Tuvo que hacerlo, de no haberlo hecho las habrían descubierto. Habían llegado hasta sus puestos tal y como lo habían planeado Claire y Luci. Solo les quedaba esperar.
—¿Cómo sabremos que es el momento?— dijo Alicia mirando hacia el lugar por el que tenían que salir. Estaban ocultas en una especie de caravana observando a los guardias.
—Habrá explosiones, las escucharemos y esos hombres abandonaran su puesto. Será muy fácil. Ya casi lo hemos conseguido. Un poco más y estaremos fuera de aquí— respondió Claire con una sonrisa. Justo en ese momento escucharon un ruido a sus espaldas. Ambas se dieron la vuelta y se encontraron a Carlos y a otros dos tipos apuntándoles con armas. Claire al verlos, se puso delante de Alicia con el arma en alto para protegerla.
—Llevo siguiéndoos desde que salisteis de casa. Aunque no se donde están David y Luci. ¿Seriáis tan amables de decirme donde están? Eso mejoraría un poco las cosas para todos— dijo Carlos con una sonrisa mientras miraba a Alicia.
—Que te follen— dijo Claire interponiéndose otra vez entre ellos y Alicia. En ese momento Carlos golpeó a Claire y arrinconó a Alicia.
—No juegues conmigo zorra de los cojones. O me dices lo que quiero saber o tendrás que cargar con tres muertes. Primero mataré al crio y luego le dispararé a ella en la barriga hasta que se me acabe la munición, ella y el bebé que espera morirán en el acto.
—¿Y tu eres el que quería traicionar a Dorian? Sigues siendo su perrito faldero. No eres más que un miserable— dijo Alicia. Seguidamente escupió a Carlos. El se limpió la saliva de la cara y sonrió. Entonces golpeó a Alicia y agarró a Cristian apuntándole a la cabeza.
—Tenéis tres segundos. Exactamente tres putos segundos para decirme lo que quiero saber. Y quiero saberlo ya. Uno…
—No lo hagas— suplicó Alicia.
—Dos…
—¡¡¡Juré protegerlo!!!— gritó Alicia.
—Tre…— Carlos no terminó de contar. Claire comenzó a gritar en ese mismo momento.
—Está bien. Yo te lo diré. Deja al niño, déjalos— Alicia y Claire se miraron la una a la otra. –Lo siento. No puedo permitir que os maten.
Carlos dejó a Alicia y miró a Claire. Se puso en cuclillas junto a ella –Muy bien. Empieza a cantar como si fueras un lindo pajarito. Soy todo oídos.
*****
Luci y David habían llegado rápidamente al lugar. Se habían deshecho rápidamente de los guardas de allí y habían colocado las cargas. Estaban a punto de hacerlas detonar cuando vieron varios faros acercándose. El primero en verlos fue David. Cuando Luci también los vio agarró a David y lo arrastró detrás de ella al interior de una especie de tienda, estaba totalmente vacía.
Los vehículos llegaron a la zona y enseguida comenzaron a bajar tipos armados. Luci los miraba con estupefacción. ¿Qué había pasado exactamente? Enseguida vieron que uno de aquellos tipos resultó ser Carlos. Este se bajó de un vehículo con un megáfono entre las manos. Lo encendió y se lo llevó a la boca.
—Buenas noches David y Luci. Se que estáis en algún lugar de este circuito. Os recomiendo que deis la cara o de lo contrario... —En ese momento aparecieron dos hombres empujando a Claire y Alicia. Alicia llevaba a Cristian en brazos. Las obligaron a arrodillarse y les apuntaron a la cabeza con sus armas. –Como podéis ver tengo toda la situación bajo control. Puede que me tengáis a tiro, no lo dudo, pero si disparáis alguna bala perdida podría acabar con ellas y si me mataseis, ellas también morirían. Se puede decir que os tengo entre la espada y la pared. Os voy a dar la oportunidad de salir y entregaros pacíficamente. Si no lo hacéis… Bueno, está bastante claro lo que ocurrirá. Para demostraros que voy en serio— Carlos le puso la pistola en la cabeza a Claire y sin pestañear disparó. –Como veis he matado a alguien que apenas os importa. Alguien a quien conocíais de hace poco— Carlos cogió a Cristian en brazos y le puso la pistola en la cabeza. –Puedo seguir. De vosotros depende que…
—Suéltalo— dijo David saliendo de su escondite, desarmado y con las manos en alto. –Nos entregamos, pero déjalos— Luci salió detrás de David también. Ambos lo hicieron completamente desarmados, estaban totalmente a merced de Carlos y los otros.

—Habéis tomado la decisión acertada. Subid a los vehículos y no arméis mucho follón. Es hora de regresar a casa. Quiero que sepáis que de todos modos, esto… No es nada personal.