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Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
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sábado, 28 de mayo de 2016

NECROWORLD Capitulo 117

Día 10 de Octubre de 2010
Día 833 del Apocalipsis…
00:45 de la madrugada… En algún lugar de Georgia…

Silvia llegó al cobertizo donde guardaba el coche que había encontrado la noche anterior. Con el cubriría el doble de terreno y le daría tiempo de volver al hotel antes del amanecer. La noche anterior le fue por los pelos, tuvo que hacerse un corte en la mano para poner sangre en los barrotes de las vallas del hotel para atraer a ellos a un grupo de caminantes cercanos. Solo así lograría distraer la atención de los guardas y entrar dentro del hotel nuevamente sin ser vista. Aunque no contaba con que avisaran a Juanma. Este por poco la había descubierto cuando se acercó a la alcantarilla abierta. Ella tuvo que esconderse detrás de unos matorrales. Si la hubiesen descubierto le habrían hecho preguntas y ella habría acabado diciendo la verdad, lo que podría haber terminado con su destierro del hotel. Sabía que era arriesgado, pero tenía fe en que encontraría a A.J, lo mataría y después volvería al hotel donde viviría feliz siempre, una vez consumada su venganza.
Con cuidado abrió la puerta y se metió dentro del cobertizo. Cerró la puerta y sobre el capó del vehículo extendió un mapa de todo el estado de Georgia. A.J tenía que estar en algún lugar de el. Pensó que lo mejor para empezar la búsqueda de esa noche, era regresar al almacén donde la tuvieron retenida cierto tiempo, aunque no sabía cuanto. Quizás A.J había regresado. Primero iría hacia ese almacén y luego iría hasta Macon. Desde allí iría a Warner Robins y si le daba tiempo buscaría por Fort Valley. Tomaría la 475. Tenía entendido que esa autopista estaba bastante más despejada que las otras. Aunque seguramente habría más vehículos abandonados, lo cual le vendría de perlas por si tenía que cambiar de vehículo en algún momento.
Guardó el mapa y seguidamente comprobó sus armas. Las había tenido que robar esta vez, después de perder las suyas durante la primera salida que hizo, donde se vio sorprendida por un grupo de caminantes. Tuvo que huir, eso le provocó una caída y un buen corte en un brazo al caer sobre una chapa de metal. Una herida que ella misma se había tenido que coser.
Con los cargadores del fusil y la pistola llenos. Se guardó la pistola en el cinturón y dejó el fusil en el asiento del copiloto. Con todo listo se sentó al volante y saco el coche del cobertizo. Se salió del vehículo para cerrar las puertas del cobertizo y regresó, seguidamente se puso en marcha en dirección a Macon.

En algún lugar de Georgia…

A.J se despertó cuando escuchó abrirse una puerta. No tardó en ser alumbrado por una linterna. Detrás de ella se encontraba la chica. Esta enseguida le pasó una bandeja con algo de comida. Al verla, A.J dudó un poco, no sabía si aceptarla, pero finalmente el hambre ganó la batalla y el se lanzó sobre la bandeja como un lobo hambriento. Masticó tan rápido que ni siquiera sabia que tipo de carne estaba comiendo.
—¿Es pollo?— preguntó el cuando terminó.
—¿A ti te parece que era pollo? No hay gallinas por aquí, pero ratas hay muchas— respondió la chica. –No hay mucho donde elegir— en ese momento la chica le pasó una botella de agua. A.J se la bebió de un trago.
—¿Estáis alimentándome para comerme después?— preguntó entonces A.J –La jugada os ha salido redonda. Espero atragantaros.
—A decir verdad… Aun se está debatiendo eso. Algunos se niegan a ello, pero no pueden evitar estar hambrientos. Necesitan comer y las ratas no es que hagan mucho. De hecho creo que me matarían si se enterasen que te he dado de comer.
—¿Y por que me has dado de comer si para ti puede suponer un problema? No lo entiendo. Por cierto, aun no se como te llamas.
—Me llamo Clara— respondió la chica.
—Deja que me vaya Clara— dijo en ese momento A.J –No cometáis el error de comer carne humana. Eso no os hará distintos de esos seres de ahí fuera. Os hará iguales o peores. Ellos no piensan, los humanos si. No tenéis por que hacer esto.
—Yo no tomo aquí las decisiones. Por mucho que dijera, no me harían caso. No serviría de nada. Lo siento— respondió Clara.
—No es necesario— dijo A.J –Solo tienes que conseguir las llaves de la perrera y dejarme ir. Me alejaré de aquí y nadie me verá.
—Si te vas sospecharán de mí… Y me matarán. Aquí hay reglas ¿Sabes? Y las reglas se cumplen. El mundo es así…
—Si te da miedo que te hagan algo… Puedo llevarte conmigo… Tengo una comunidad con más gente. Serás acogida allí. Solo tienes que traerme unas putas llaves. No pido más. Hazlo y ya no tendrás que preocuparte por estúpidas reglas. Tienes que creerme, solo soy un buen hombre que no merece esto y tú eres una buena chica que merece algo mejor. En mi comunidad estamos bien organizados. Hay hombres, mujeres y niños.
—Yo quería ser profesora— respondió la chica.
—Genial. Por que los niños necesitan aprender. Esto no durará siempre y puede que sean tus enseñanzas las que perduren en un futuro. Suéltame y nos largaremos de aquí.
—Esto no gustará nada a mi padrastro… Quiere que le llame papá… Pero yo lo detesto, detesto hacerle buena cara… Dejó morir a mi madre… Joe es un cabrón.
—¿El tío alto? El que me trajo aquí… ¿Ese es tu padre?
—Ese es Wayne… Es un cabrón salido que nos espía a las mujeres mientras nos duchamos. Cualquier día podría hacer algo, se está descontrolando. Fue el quien sugirió al resto lo de comernos tu carne. Temo que acaben cediendo.
—No cederán si nos vamos de aquí. ¿Ahora duermen?— preguntó A.J.
—Todos menos Donnie y Frank. Ellos son los que hacen guardia esta noche— respondió Clara. –Mañana dicen que quieren madrugar para votar que hacer contigo.
—Entonces no tenemos tiempo que perder. Tienes que ayudarme— dijo A.J.
—¿Cumplirás lo que has dicho?— preguntó Clara.
A.J se llevó la mano al pecho. –Te lo digo de corazón.
Clara se marchó de aquella sala y tardó aproximadamente diez minutos en regresar. Lo hizo con las llaves en la mano. Cuando le abrió la jaula a A.J el perro comenzó a ladrar. Eso llamaría la atención de los demás habitantes de aquel lugar, sin embargo, A.J comenzó a buscar algo por allí ante la incomprensión de Clara.
—¿Qué es lo que haces?— preguntó ella mirando hacia la puerta. –Los ladridos del perro despertarán a los demás.
En ese momento A.J la miró mientras arrancaba un trozo de cristal de la ventana más cercana, la cual estaba ya rota. –Necesito algo con lo que podamos defendernos. Por lo que pueda pasar— en ese momento Clara sacó un cuchillo y se lo entregó a A.J. Este sonrió. –Si, esto servirá— seguidamente se acercó a la jaula del perro y cuando este se lanzó contra los barrotes, A.J le clavó el cuchillo en la cabeza.
—¿Por qué has hecho eso?— preguntó Clara sorprendida.
—No me gustan nada los perros— respondió el.
En ese momento escucharon pasos fuera. A.J corrió a ocultarse rápidamente. La puerta se abrió y entró un hombre, este se quedó mirando a Clara, justo cuando iba a decirle algo, A.J lo sorprendió por la espalda y le cortó el cuello, haciendo que la sangre salpicara a la muchacha. Aquel tipo cayó al suelo de bruces y comenzó a convulsionarse mientras se desangraba con los ojos muy abiertos. El charco de sangre llegó hasta los pies de Clara, esta estaba tan sorprendida que no podía articular palabra.
A.J comenzó a rebuscar entre las pertenencias de aquel tipo y se quedó con una pistola, el fusil y varios cargadores.
—Has matado a Donnie— dijo Clara con la voz temblorosa.
—El nos habría matado a los dos. A mí por escaparme y a ti por soltarme— al ver que Clara no reaccionaba se acercó a ella y la cogió de las mejillas. —¡Eh! Necesito que te centres. Te necesito para salir de aquí. Vamos— Clara asintió y ambos salieron de la sala. Ella iba a cerrar la puerta, pero A.J no se lo permitió. –No la cierres. Se reanimará dentro de un rato, eso nos hará ganar tiempo y reducirnos los problemas.
Dejaron la puerta abierta y avanzaron por el pasillo siguiendo las indicaciones de Clara. No tardaron en llegar a una puerta que daba a un garaje. Entraron en el y A.J vio una camioneta al lado de una furgoneta con el logo de la clínica. A.J inspeccionó el lugar y enseguida tuvo una idea. Caminó hacia la puerta del garaje y comenzó a abrirla. Cuando estuvo abierta vio el camino y las siluetas de algunos caminantes en la lejanía.
—¿Qué vas a hacer ahora?— preguntó Clara al ver como A.J caminaba hacia la furgoneta de la clínica. Comprobó que la puerta estaba abierta y la abrió. Entonces comenzó a tocar el claxon hasta que lo dejó atascado, se dio la vuelta y con un gesto le indicó a la chica que fuera a la camioneta. Ella subió en el asiento del conductor, pero entonces apareció A.J y de un empujón la quitó del volante. Seguidamente se subió el, arrancó el motor y pisó el acelerador. La camioneta salió de allí a toda velocidad mientras los caminantes comenzaban a invadir la clínica. De hecho, también escucharon los primeros disparos de los supervivientes condenados.

Macon…
02:00 horas de la madrugada…

Silvia iba conduciendo por las calles de la ciudad con los focos encendidos. Sabía que un vehículo en esos días podría ser muy codiciado y conocía muy bien a A.J como para saber que si andaba por allí solo, no dejaría escapar la oportunidad de hacerse con un vehículo. Lo que estaba haciendo era algo así como un reclamo.
No tardó en llegar a una calle bloqueada por dos autobuses escolares, detrás de ellos había varias vallas de hierro montadas unas sobre otras. No le cabía duda de que era una barricada creada para frenar el avance de los muertos. Se imaginó el caos en aquella zona viendo a los supervivientes sufriendo mientras una horda de aquellos seres trataba de darles caza. También le deprimía que no hubiese señales de vida al otro lado, eso era señal de que la barricada no había servido de nada, los muertos habían encontrado una manera de entrar y lo habían arrasado todo. Silvia trepó por un lateral del autobús y se quedó de pie sobre el techo de este, al otro lado vio varias tiendas de lona del ejercito y del CDC. Sin embargo no había cuerpos, enfocó con la linterna en varias dirección y descubrió un brazo esqueletizado sosteniendo todavía una pistola. Pensó que podía hacerse con ella y bajó por el otro lado, no sin antes asegurarse de que no había nadie cerca. Llegó junto al brazo y le quitó la pistola, miró el cargador y vio que estaba lleno. En el cañón de la pistola podía leerse la palabra Magnum. Ella no sabía mucho de armas, pero sabía que la Magnum era mucho más potente que la pistola que ya llevaba.
En ese momento escuchó algo, en un principio pensó que eran caminantes, pero lo descartó cuando escuchó voces. Voces humanas, de personas vivas. Rápidamente fue a ocultarse y esperó. No tardó en ver varias siluetas aparecer por detrás de una tienda de lona del CDC. Eran un total de nueve personas. Iban hablando tranquilamente. Ella los observó y escuchó algo que le llamó la atención. Estaban hablando del hotel… Y ella solo sabía de un hotel. Su hogar. ¿Quiénes podían ser? En la oscuridad no podía ver sus caras, y además iban cubiertos con lo que parecían unas capas. Entonces vio a uno de ellos que les hacia un gesto y seguidamente se separaba del grupo, los cuales se habían sentado en el interior de una tienda. Silvia podría haber ignorado aquello, pero no pudo. Con mucha cautela se escabulló de su escondite y siguió al solitario superviviente. Lo siguió hasta un callejón donde ella se ocultó detrás de un contenedor. En un principio solo lo vio orinar, pero cuando acabó pareció sacarse algo del bolsillo. Era un walkie talkie.
—Soy yo… Si, ya se que ha pasado bastante tiempo, pero hemos tenido algunos problemas. Tranquilo…— Silvia no lograba escuchar a la persona que estaba al otro lado de la línea –Tengo que decirte algo… Si, joder, escucha…— en ese momento aquel tipo se dio la vuelta y vio a Silvia oculta. Cortó la comunicación rápidamente y comenzó a gritar. Eso hizo que Silvia saliera corriendo a toda velocidad.
Silvia no tardó en llegar a la barricada, la volvió a pasar y se metió dentro del coche rápidamente, lo puso en marcha y se alejó rápidamente de allí, mientras se alejaba le dio tiempo a ver por el retrovisor a tres personas en lo alto del techo del autobús. Ninguno de ellos era A.J, pero tampoco se fiaba. Por el momento tenía que seguir con el plan. Faltaban unas pocas horas para que amaneciera y quería estar de vuelta antes de que eso ocurriera.

Fort Valley…
04:00 de la madrugada…

El cartel que indicaba que estaban entrando en Fort Valley estaba tirado en el suelo y cubierto de nieve. A.J detuvo el vehículo y se quedó mirando el pueblo, seguidamente miró a Clara. Esta estaba llorando.
—¿Por qué lloras ahora?— preguntó el.
—Los hemos matado. Hemos matado a personas— respondió ella. –Yo nunca…
—Pues acostúmbrate. Este mundo es así. O matas o te matan… Y yo se lo que me conviene. No quiero morir… Y menos en un mundo que está hecho para tíos como yo. Cuando uno sobrevive solo no puede dejar que cualquiera le joda.
—¿Sobrevivir solo?— preguntó en ese momento Clara. –Se suponía que estabas en una comunidad… ¡¡¡Me mentiste!!!
—Necesitaba que me sacaras de ahí. Además, fue una mentira a medias. Deberías agradecerme el que te haya sacado de ahí. Por lo visto eras la única tía de ahí. Con el tiempo los hombres tienen necesidades… Y tú ahí eras un blanco fácil. Se habrían turnado para metértela, incluido tu padrastro.
—¿De que estás hablando?— preguntó Clara estupefacta. Para ella era como si aquel tipo hubiese cambiado de repente. Vio miedo en sus ojos cuando estaba en la jaula, pero ahora el miedo había desaparecido y en su lugar había frialdad. Una frialdad que estaba comenzando a aterrorizarla. Comenzaba a preguntarse si había hecho lo correcto. —¿Quién eres en realidad?
—Me llamo A.J y soy un superviviente del apocalipsis. Como tu— respondió el con una sonrisa. –Ahora es cosa tuya ser de ayuda o un lastre.
—Llévame a mi casa. Quizás quede alguien vivo. Solo déjame allí— dijo ella comenzando a llorar. A.J la miró con una sonrisa burlona. –Por favor.
—Ya veo. Solo serás un lastre— en ese momento A.J la golpeó y la dejó inconsciente.

Cuando Clara recuperó la consciencia se encontró atada a una viga de lo que parecía un garaje, también estaba amordazada. Miró a su alrededor y vio la camioneta, pero ni rastro de A.J, solo lo escuchaba silbar algo. Intentó gritar, pero solo pudo dejar escapar unos murmullos, aunque estos hicieron que el silbido cesara. Seguidamente escuchó pasos y A.J apareció paseando por la derecha con una sonrisa de oreja a oreja.
—No intentes hablar. Deja que lo haga yo— A.J se puso en cuclillas delante de ella y le quitó la mordaza, esta entonces intentó morderle, pero A.J retiró la mano rápidamente. –Ojo con lo que intentas bonita. Será mejor que no intentes gritar, nadie vendrá a ayudarte. Conseguirás todo lo contrario, únicamente atraerás a caminantes… Y la verdad, no seré yo quien salga perjudicado.
—Por favor… Déjame ir… No se lo diré a nadie…
—Pues claro que no se lo dirás a nadie. ¿A quien coño se lo vas a decir si todos están muertos? No seas estúpida Clara… Verás. Tengo algo muy importante que hacer. Tengo que encontrar a alguien que me ha jodido mucho. Una zorrita estúpida que pensó que podría darme por culo… Pero me cago en la puta, que me parta un rayo si no se lo hago pagar. Por que se que me la encontraré, y cuando lo haga, juro por mis cojones que se lo haré pasar mal— A.J sacó en ese momento un cuchillo, cuya hoja pasó por la cara de Clara, finalmente le provocó un corte antes de retirarlo. –Tu me recuerdas mucho a ella si te soy sincero, por eso creo que podré practicar un poco contigo lo que le haré cuando la agarré. Quizás lo primero que haga sea follarmela por delante y por detrás para recordar viejos tiempos. Quizás lo haga durante días. Cuando me canse de metérsela, le meteré otras cosas, cosas como este cuchillo. Pienso agrandarle el coño con el, se lo pienso meter hasta la empuñadura. Espero que eso no la mate, por que me joderia todos los planes que tengo… Y eso me tocaría mucho la polla— A.J comenzó a reír –Me cago en mi puta madre… Disculpa que sea tan mal hablado y explicito, pero cuando estoy eufórico no vigilo ni me vocabulario ni mis actos.
—Estás loco— dijo en ese momento Clara. –Estás completamente loco. Eres un monstruo.
—Hay que ser un monstruo para sobrevivir a los monstruos que hay ahí fuera. En este mundo solo sobrevives si aparcas tus sentimientos y la culpa a un lado. Eso ya no sirve para nada. A los podridos no les importa quien o que seas, te destripan y se acabó. Pues lo mismo tenemos que hacer nosotros. Maldita sea, me siento como la puta alfa y la omega. Me siento como si fuera el puto rey de este mundo, conmigo empezó y acabará todo. Puedo hacer todo lo que siempre he querido hacer desde que me cagaba en los calzoncillos. Ahora solo tengo que pensarlo y hacerlo, veo a una tía y me la quiero follar, pues me la follo, veo a alguien a quien quiero matar y lo mato. Dios o lo que quiera que haya provocado esto, me ha servido el mundo en bandeja de plata para que pueda sacudirme la polla como quiera y donde quiera. Este es mi mundo, es mi puto mundo ideal.
—Estás loco— dijo en ese momento Clara con lágrimas en los ojos.
—Tal vez— respondió A.J –Pero debo ser sincero contigo. Debo admitir que me habías gustado. Podríamos haber tenido algo, incluso veía posible una casa en una pradera con unos cuantos críos, algún perro y un jodido campo donde plantar girasoles… Pero me demostraste que eras débil, que no estabas a la puta altura, no estabas a mi jodida altura. Lo único que me queda hacer es hacer lo que mejor se me da. Lo siento, pero es así. Espero por lo menos hacerte disfrutar antes de que llegue tu inevitable final. Debo practicar por que estoy algo oxidado— A.J se puso de pie y se quitó el cinturón. –Es hora de comenzar a trabajar.

Cobertizo…
05:50 de la madrugada…
Silvia había regresado al cobertizo, no había tenido suerte esa noche, pese a que había ido a todos los sitios que tenía planeados, incluido Fort Valley. Con gran frustración, todavía dentro del vehículo golpeó varias veces el volante. ¿Qué más podía hacer para dar con A.J? Ese mal nacido debía estar en algún maldito lugar, era evidente que alguien como el seguía vivo ¿Dónde estaba entonces? Era como si se lo hubiese tragado la tierra. Silvia dio un último puñetazo en el volante y salió del vehículo.
Salió del cobertizo y caminó por el bosque regresando al hotel, no tardó en llegar a la alcantarilla que usaba siempre. No tardó en llegar a las escaleras de mano que daban a la entrada de alcantarilla del hotel. Las subió y abrió la tapa con cuidado para no ser descubierta. Salió al exterior y se escabulló entre los matorrales de los jardines. Con mucho cuidado se adentró en el hotel y entonces se encontró de frente con Juanma.
*****
Miré a Silvia con el único ojo que en esos momentos podía usar, ella me devolvió la mirada y noté que estaba nerviosa por algo, era como si hubiese visto un fantasma.
—¿Has madrugado?— pregunté.
—Si…Si. Salía dar un paseo y ahora me dirigía a la cocina a tomarme algo para desayunar. Tu también has madrugado ¿Eh?— respondió Silvia. Aunque pude notar cierto tono de nerviosismo en su voz. Algo le ocurría.
—¿Te apetece que nos tomemos un café caliente?— le pregunté. Ella aceptó enseguida y ambos entramos en la cocina. Allí comencé a prepararlo. De vez en cuando me ajustaba la gasa del ojo para evitar que se me cayera. Después seguramente tendría que ir a cambiarme las vendas y la gasa. Cuando terminé de hacer el café saqué dos vasos y los llené, uno de ellos se lo pasé a Silvia. —¿Qué tal lo llevas?
—¿A que te refieres?— preguntó ella.
—Todo el asunto de A.J… La niña… Todo— respondí dando un trago de café. –Supongo que es duro para ti, pero tienes que superarlo.
—Estoy en ello. A.J ya no me preocupa, está solo. Ya no es una amenaza para mí ni para nadie. Puede que haya muerto. Se lo habrán comido los caminantes o habrá muerto de frio. Esta noche ha hecho bastante.
—¿No funcionaba la calefacción en tu habitación?— pregunté en ese momento. Ella me miró rápidamente.
—Bueno. Quiero decir… Que supongo que ha hecho frio. Desde mi ventana vi a los guardas pelándose de frio. Así que supongo que estaríamos a uno o dos grados bajo cero. Una pasada…
—Silvia… Aquí soy yo quien está al mando. Debo preocuparme por todos y cada uno de los que viven en este hotel. Eso te incluye también a ti. Eres una más de los nuestros, has entrado a formar parte de lo que es esto… Somos una familia… No me ocultes nada— dije –No lo hagas.
—No te oculto nada— respondió Silvia. Aunque para si misma pensaba que seguramente Juanma sospechaba algo. Ella había cometido un error y eso podría haber hecho que el sospechara. –Te juro que no te oculto nada.
—Espero que así sea— respondí dándole otro trago al café. –Por cierto. Luego quiero salir a cazar y se que se te da bien disparar. ¿Te gustaría venir conmigo? Será difícil que le de a algo con un ojo vago. Me vendría bien que me ayudaras.
—¿No solías llevarte a Vicky y a Stephani?— preguntó Silvia.
—Anoche ya les di otras tareas para hoy. Quiero que seas tu quien me acompañe— respondí terminándome el café. –Sube a prepararte, nos iremos dentro de tres cuartos de hora. También quiero comprobar las trampas que Levine puso ayer por la mañana, con suerte, esta noche comeremos pescado. Me apetece, hace tiempo que no como nada de pescado.
Silvia y yo salimos de la cocina y justo cuando estábamos en el hall, vimos como abrían la puerta principal dejando paso a varias siluetas. Eso hizo que Silvia y yo saliésemos corriendo hacia la puerta que Rachel y Stacy estaban abriendo. Cuando llegamos junto  a las siluetas, estas retiraron las capuchas y el grupo que había ido a Gray quedó al descubierto. Con ellos iban dos hombres y una muchacha pelirroja. Nos los presentaron, los dos hombres eran hermanos y sus nombres eran Kennedy y Riley, la chica no guardaba relación con ellos, su nombre era Nina.

Silvia se quedó mirando al que se había presentado como Kennedy. Era el mismo que había visto en aquel callejón. Y que el la había visto a ella, pero este, aunque en esos momentos en el hall la miró no pareció reconocerla, lo cierto era que estaba demasiado oscuro, aun así no podía estar segura, pero si la había visto y la delataba, estaría en un buen lio. 

sábado, 21 de mayo de 2016

NECROWORLD Capitulo 116

Día 9 de Octubre de 2010
Día 832 del Apocalipsis…
07:00 horas…
Bosque cerca del hotel…

Vicky, Stephany y yo habíamos salido temprano a cazar. Eran las siete de la mañana y hacía bastante frio. Los tres caminábamos por un sendero, con todos los sentidos alerta. Había nieve por todas partes, incluso pudimos ver a algunos caminantes cubiertos de nieve, totalmente congelados, aunque al vernos, trató de levantar el brazo, aunque tenía muchas dificultades. Yo lo vi y enseguida miré a mi hija y a Stephany.
—Quedaros aquí— les dije al tiempo que sacaba un cuchillo. Llegué junto al No Muerto y le clavé el cuchillo en la cabeza, después lo saqué de un tirón.
—No era una amenaza— dijo en ese momento Stephany. –Podríamos haberlo ignorado.
—Estamos cerca de casa… Se podría haber descongelado y haber llegado hasta las puertas. Quizás junto a muchos más. Siempre que vemos a uno aletargado, acabamos con el— explicó Vicky. –Es mejor.
—Entiendo— respondió Stephany. –Solo creí que no era necesario.
—Siempre es necesario— dijo Vicky dando un paso al frente sacando el cuchillo. Se adentró entre los arboles y yo la seguí con la mirada hasta que vi como hacía lo mismo que había hecho yo. –Ahí tienes uno. Ocúpate tu— dijo Vicky señalando hacia un árbol mientras miraba a Stephany.
Stephany avanzó entre los arboles y vio a otro caminante atrapado entre unas ramas. Este trataba de moverse, al ver a Stephany alargó el brazo para cogerla. Ella se alejó un poco para evitar que pudiera cogerla. Lo cierto era que tenía miedo, no quería arriesgarse a que la cogiera y le mordiera, por que entonces estaría perdida. Había visto ya muchas veces lo que pasaba y que no había solución posible, ni siquiera amputando la zona afectada.
—¿Vas a hacerlo o que?— la voz de Vicky hizo que Stephany se diera rápidamente la vuelta. –Es solo acercarse y clavárselo en la cabeza. Está medio congelado, no es peligroso, tu misma lo dijiste antes. ¿Te vas a cagar ahora?
—Yo no me cago— respondió Stephany. –Es solo que…
—Que tienes miedo. Para esto podrías haberte quedado en el hotel contándoles cuentos a los demás niños junto a Diana. Se te daría mejor que esto— dijo Vicky al tiempo que le daba una patada en el brazo al caminante. Este se partió con un crack y seguidamente Vicky le clavó el cuchillo en la cabeza. –Bueno, no pasa nada. No todos tenemos las mismas agallas. Unos crecemos antes que otros.
—¿Qué insinúas?— preguntó Stephany. –No me gusta la forma que tienes de hablarme. Solo eres una cría. Eres más joven que yo.
—Y también más valiente— añadió Vicky.
Me acerqué al verlas discutir y las miré a ambas. –Hemos salido a cazar. No a que discutáis. Seguid y os mandaré de vuelta al hotel. ¿Está claro?
Seguimos nuestro camino con Vicky delante, entonces Stephany se me acercó. –Siento lo que te diré, pero tu hija necesita modales. Quizás un par de bofetones bien dados. No puede hablar así a la gente.
—Ha vivido mucho. La mayoría de cosas malas. Ha tenido que madurar muy deprisa— le expliqué a Stephany. –Hace unos meses seguía siendo una niña. Dio un cambio muy drástico. Con esto no quiero decir que tú seas inmadura, pero ella ha hecho cosas que tú nunca has hecho. ¿Has matado a alguien alguna vez? Ella si— entonces comencé a contarle a Stephany todo lo que había vivido con Vicky desde el momento que la encontré en aquella perrera. Seguimos andando el largo camino hasta que llegamos a lo que parecía una pequeña casa con un cobertizo al lado. Los tres nos la quedamos mirando. Habíamos explorado los alrededores del hotel, pero nunca habíamos dado con ese lugar. Vicky fue la primera en acercarse al cobertizo, seguidamente nos miró.
—Está cerrado. Y aquí hay huellas de neumático— dijo Vicky cogiendo el candado. Cuando Stephany y yo llegamos junto a mi hija, inspeccioné todo lo que me llamó la atención. —¿Qué opinas?
—Que alguien ha estado usándolo hace poco. Horas en realidad.
—Iré a mirar— dijo Vicky rodeando el cobertizo. Yo la seguí para evitar que le pasara nada. Llegamos junto a unos bidones y vi como Vicky me señalaba una obertura cerca del techo de uralita. –Si me aúpas quizás pueda ver lo que hay dentro.
—Vale, pero con cuidado. Súbete a mis hombros— dije mientras me agachaba. Vicky se subió a mis hombros y yo me levanté poco a poco hasta que ella pudo asomarse, mientras, Stephany vigilaba. Alcé un poco la cabeza y pregunté. —¿Ves algo?
—Hay un coche. Y huele a gasolina. Lo han usado hace poco— respondió Vicky. –Voy a entrar a inspeccionarlo.
—No será necesario. Baja— dije agachándome de nuevo. Entonces Vicky bajó.
—¿No nos lo llevamos?— preguntó Stephany. –Podría sernos útil.
Yo negué con la cabeza. –Pertenece a alguien y lo están usando. No quiero que alguien pueda tener problemas por nuestra culpa. Dejémoslo aquí.
—Si pertenece a alguien que se joda. Nosotros lo aprovecharemos mejor. Rompemos el candado y listo— dijo en ese momento Vicky.
—Esa boca— dije. –No nos lo llevamos. Piensa que es nuestro y es nuestra única posibilidad para sobrevivir… Sigamos nuestro camino.
—¿Y si pertenece a ese tal A.J?— preguntó Stephany. —¿No será peligroso?
—Aunque pertenezca a el no importa. Estamos a unos tres kilómetros del hotel. Aunque le pertenezca a el no corremos peligro. El está solo y hemos aumentado las guardias. Tendría que estar loco para atacarnos, le superamos en número, de largo además. Venga sigamos.
Estuvimos cazando hasta el medio día. Regresamos al hotel con varias piezas. Habíamos cazado varias liebres, un par de faisanes y un jabalí. Cruzamos las puertas del hotel y varios vinieron a recibirnos. Dos de los primeros en llegar fueron las hermanas Tamara y Arianne, estas se quedaron mirando el jabalí.
—Tiene buena pinta. Hace dos días cuando estaba de vigilancia vi a un grupo de ellos. Supuse que no andaban muy lejos— dijo Arianne. –Estaré encantada de cocinarlo para esta noche. Llévalo a la cocina.
—Si. Hoy comeremos carne. Los cerditos aun son demasiado jóvenes— respondí cargando el jabalí a mis espaldas. Caminé hacia el interior del hotel y llegué a la cocina. Antes de entrar escuché ruido, dejé el jabalí en el suelo y saqué el fusil. Entré con cuidado en la cocina y descubrí a Mouse dando patadas a las puertas de los armarios que abría. Bajé el arma y me dirigí hacia el. —¿Qué estás haciendo?
—Buscar una puta botella de buen alcohol. Se me ha acabado y lo necesito— respondió Mouse sin mirarme, aunque por la voz y por como hablaba pude deducir que ya iba borracho perdido.
—Me parece que por hoy ya has bebido demasiado. Te recomiendo que te vayas a dormir. Mañana será otro día y pensarás con más claridad.
—¿Es una orden?— preguntó Mouse levantándose y dándose la vuelta para mirarme. –Por que si lo es. Te la puedes meter por el culo. Si no vas a darme una botella, será mejor que te des media vuelta y te largues.
—No estás bien. Desde lo de Jill…
—Ni se te ocurra decir su nombre. No tienes derecho a ello. Lárgate— dijo Mouse dándose la vuelta y abriendo otro armario. Allí por fin encontró una botella de wisky. La puso sobre la mesa y cogió un vaso. Abrió la botella y enseguida comenzó a llenárselo. Se lo llenó tanto que incluso se le salió, seguidamente cogió el vaso y dio un largo trago, volvió a mirarme. —¿Sigues aquí? Lárgate y déjame solito con mis miserias. Esto es un asco. No se tu, pero yo ya me di cuenta…
—¿De que?— pregunté yo. –Mira John, no se de que hablas, pero esta conversación deberíamos tenerla cuando estés sobrio. Ahora no sabes lo que dices.
—Se muy bien lo que digo. Me di cuenta de que dará igual lo que hagamos. Todos vamos a morir. Ya han muerto varios de los nuestros y nosotros no seremos menos, moriremos. Lo más gracioso de todo es que tu serás el ultimo en morir por que todos los demás habremos muerto por tu culpa. Quizás te suicides. Pero antes verás morir a tu hija, a tu mujer y a ese par de preciosos bebés hijos de tu hermano. Incluso puede que te los cargues tu mismo. Apostaría por ello. Ya te lo dije, ahora lárgate.
—No dejaré que nadie muera… Y cuidaré a esos niños como si fueran míos. Aunque sean hijos de mi hermano, son de mi sangre al fin y al cabo. Ahora deja eso— dije acercándome a coger la botella, pero Mouse fue más rápido y la alejó de mí. –Ni lo intentes cabrón.
—El alcohol no te ayudará. Solo te pondrá peor, Jill no querría verte así. Hazlo por ella, deja de beber así. Vuelve a ser tu, se esa persona en la que confié en los túneles y el hombre que me ayudó cuando fuimos a por Levine. Vuelve a ser el.
—No digas su nombre— dijo Mouse señalándome –No lo digas.
—Jill era una mujer valiente y te quería. Fue una desgracia que muriera, se avergonzaría de verte en este estado— dije acercándome más.
—¡¡¡¡No digas su nombre!!!!— gritó Mouse al tiempo que cogía el cuello de la botella y la usaba para golpearme con ella en la cara mientras esta reventaba en pedazos.
Me tambaleé a consecuencia del dolor y del mareo que esta me había producido. Caí de lado sobre una de las encimeras y las cazuelas que había sobre esta cayeron al suelo. Alcé un poco la cabeza al tiempo de ver como Mouse se lanzaba contra mi. Reuní las fuerzas que tenía y me aparté en el ultimo momento, seguidamente le asesté una patada en el estomago, tan fuerte que Mouse vomitó y luego cayó de bruces. A trompicones me acerqué a el y me deje caer, una vez estuve sobre el, comencé a darle puñetazos en la cara. Justo cuando iba a darle uno más, algunos entraron en la cocina y nos separaron. No me enteré de mucho, solo que me levantaron en volandas y vi a Mélanie mirándome a la cara, seguidamente, antes de desvanecerme, la vi a ella dando ordenes.
Cuando recuperé la consciencia vi que estaba tumbado en la camilla de la enfermería, aunque notaba algo raro. Me llevé la mano a la cara y descubrí que había una venda en mi cabeza y unas gasas sobre mi ojo izquierdo. Quise quitármelo, pero entonces escuché la voz de Mélanie.
—No te lo quites.
—¿Qué ha pasado?— pregunté tratando de encontrarla, giré la cabeza hacia la izquierda y allí la vi a ella. Justo detrás vi a Mouse tumbado en otra camilla con la cara hinchada y siendo atendido por Sheila. –No recuerdo mucho.
—Y no me sorprende. Estabas totalmente ido cuando os separamos. Ahora escucha, te he sacado algunos cristales de la cara. Creemos que no has sufrido daños en el ojo y por lo tanto no lo perderás, pero hasta dentro de unos días no estaremos seguros. De momento es mejor que lleves esto así. Aunque debo decirte que te quedará una buena cicatriz.
—¿Y el?— pregunté mirando a Mouse.
—Nariz y dientes rotos. Te ensañaste— respondió Mélanie. —¿Por qué os peleasteis?
—Creo que por algunas diferencias— respondí tratando de levantarme de la camilla, pero el mareo me lo impidió. Mélanie me empujó y me ordenó que me acostara. Justamente en ese momento, la puerta de la enfermería se abrió y vi entrar a Katrina, Eva, Cindy y Vicky. Al verlas intenté sonreírles, pero la cabeza comenzó a dolerme a horrores.
—Está bien, pero tendrá que estar tomando antibióticos unos cuantos días. Y dejar de salir por ahí. Quiero que se evite infecciones innecesarias.
—Oye Mél— dijo en ese momento Sheila. —¿Has cogido tu el hilo y la aguja? También falta una botella de desinfectante. No lo encuentro.
—¿Estás segura? Bueno, de todos modos en el almacén hay de todo eso. Coge lo que necesites— respondió Mélanie. Después, esta siguió hablando con mi mujer y mi hermana mientras las niñas se acercaban a mí. Vicky me miró y luego miró a Mouse, el cual seguía dormido.
—Tendrías que haberle matado. Mira lo que te ha hecho.
—No— respondí –Lo está pasando muy mal. Se le fue de las manos, a los dos se nos fue.
—Ahora vas a parecer un pirata— dijo Cindy.
Yo acaricié la mejilla de Vicky y les sonreí a las dos. –Y con un poco más de barba ya podréis comenzar a llamarme barba negra.
Las niñas rieron ante el chiste. Poco después se fueron, Mélanie me suministró una dosis de calmantes para el dolor y yo me quedé completamente dormido.

En algún lugar de Georgia…
16:00 hora de la tarde…

—No se marchan. Hay algo que los hace permanecer por la zona. Quizás sean alimañas— decía Johana mirando por el ojo de buey de la buhardilla. Juan se asomó también y observó al menos cuatro docenas de caminantes en el exterior. Entre los arboles había más.
—No podemos seguir mucho más tiempo aquí. La comida que cogimos del autobús antes de partir se nos está acabando. Y nos queda poca agua. Podríamos bajar y abrirnos paso, pero hay demasiados y nos acabarían rodeando en cualquier momento.
—¿Y que sugieres?— preguntó Mike.
—No se. Dejadme pensar— respondió Juan. Este se alejó de la ventana y se sentó en un rincón. Solía hacer eso a la hora de necesitar idear planes. Por otro lado, los hermanos estaban en corrillo hablando en voz baja. Como si no quisieran que nadie se enterase de lo que estaban hablando. Blair y Brandon se habían quedado dormidos en una parte detrás de un montón de muebles. Brendan se había quedado dormido junto a un maniquí. Nina estaba sentada en silencio con la cabeza entre las rodillas.
—Quizás podríamos avanzar corriendo, pero somos muchos y eso podría salir mal. Si fuéramos menos— comentaba Johana.
—Podríamos serlo— respondió Mike en voz baja. –Somos cuatro de más. La chica y los tres hermanos. No son de los nuestros.
—¿Estás proponiendo que los dejemos? Juan nunca lo haría. El no es así… Y yo hace tiempo que dejé de pensar solo en mi. Tu ahora, sin embargo, te noto distinto.
—Quiero volver a ver a mis hijos. Eso es todo, me necesitan. No quiero morir aquí— respondió Mike. –Lo único que digo es que hagamos lo que sea necesario. Primero somos nosotros. Ya hemos pasado por mucho y…— Mike no terminó la frase, escuchó un ruido que todos escucharon. Johana se acercó más a la ventana al tiempo que un jeep salía de entre los arboles atropellando a varios caminantes. Sobre el iban cuatro tipos, estos estrellaron el vehículo contra un árbol y los ocupantes saltaron mientras disparaban a los No Muertos que iban llegando atraídos por el ruido.
—¿Qué cojones está pasando?— preguntó Juan levantándose de golpe. Justo cuando llegó junto a la ventana, el jeep explotó causando tanto ruido que los que estaban durmiendo se despertaron de golpe. No tardaron en escuchar como los cristales de la casa se rompían.
—Están entrando. Esos gilipollas se han metido en la casa y han atraído a los caminantes. ¡¡¡Mierda!!!— gritó Juan. Seguidamente escucharon pasos a la carrera en el piso de abajo, también escucharon gritos y disparos. Escucharon voces que hablaban en otro idioma. Quizás eran polacos.
En el exterior, iban llegando caminantes de cada rincón. Estaban todavía peor, los caminantes estaban invadiendo la casa y cada momento que pasaba, su problema se iba complicando.
—Estamos jodidos. ¿Qué hacemos ahora?— preguntó Brendan.
Juan se dio varias palmadas en la frente y entonces pareció que tuvo una idea. –Necesito que me ayudes Mike. ¿Puedo contar contigo?
—Si. Dime— respondió Mike.
—Ya se como podemos salir de aquí, pero necesitamos actuar ya— dijo Juan avanzando hacia la trampilla. Justo en ese momento escucharon carreras y gritos en el piso de abajo. Seguidamente vieron como la trampilla descendía y surgía la cabeza de un hombre, al verlos, este gritó y les apuntó con el arma. Antes de que pudiera disparar, Juan corrió hacia el y le asestó una patada en la cara. El hombre Polaco se vio lanzado hacia atrás y cayó por las escaleras donde fue atrapado por varios caminantes. –Ayúdame a coger dos de ellos— dijo Juan a Mike. Ambos bajaron y abatieron a dos caminantes. Seguidamente los subieron a la buhardilla y cerraron la puerta. Al verlos Nina se tapó la nariz para que el olor a descomposición no entrase en sus fosas nasales.
—Será mejor que te acostumbres a su olor cariño— dijo Johana acercándose a Juan. —¿Vas a hacer lo que estoy pensando?.
Juan sacó su cuchillo y lo clavó en el estomago de uno de los caminantes. Abrió un boquete y dejó las oscuras tripas al descubierto. –Es lo único que podemos hacer para salir de aquí. Aunque no es muy higiénico.
—¿Qué vamos a hacer?— preguntó Kennedy.
Johana le dijo a Blair que la acompañara y comenzaron a sacar mantas. –Nos cubriremos con ellas y las untaremos con las tripas de los caminantes. Así pasaremos a través de ellos sin llamar la atención.
—¿Funcionará?— preguntó Blair mientras se ponía una de las mantas por encima.
—Si, pero una vez ahí abajo, habrá que mantener la calma— respondió Johana poniéndose encima la manta y comenzando a untarla al mismo tiempo que Juan y Mike hacían lo mismo.
—No pienso hacer eso. Debe haber otra manera— decía Nina. –Es asqueroso.
—Seguramente hay otras maneras… Pero esperate a encontrarlas. No nos queda tiempo— respondió Johana cogiendo una manta y echándosela por encima a la joven. Seguidamente comenzó a untar las entrañas del No Muerto por encima de Nina. La muchacha pelirroja no pudo ocultar su expresión de repulsa.
—Nosotros también— dijo Riley mirando a sus hermanos.
No tardaron en estar todos preparados. Juan los miró a todos y comenzó a dar indicaciones. –Lo que tenemos que hacer ahora es bajar la trampilla y bajar al piso de abajo. Caminaremos lentamente sin llamar la atención. Olemos como ellos y no deberían molestarnos. En ningún momento debéis perder la calma, y mucho menos dentro de la casa, por que si hay que correr, nos tropezaremos los unos con los otros.
—No estoy seguro de que vaya a funcionar— dijo Stephan.
—Pues entonces quédate— respondió Brendan al tiempo que veía como Nina vomitaba. –Si algo falla estaremos jodidos.
Juan respiró hondo consciente del gran riesgo que tenían. Seguidamente hizo bajar la trampilla y seguidamente comenzaron a bajar en fila india las escaleras. Cuando llegaron al piso de abajo vieron caminantes a ambos lados. Algunos estaban comiéndose los intestinos de dos hombres, el que había sido golpeado por Juan y otro. El grupo comenzó a caminar lentamente sin hablar. De vez en cuando los No Muertos los miraban, pero más allá de eso no les hacían ningún caso. Llegaron a las escaleras que habían subido anteriormente y vieron restos de sangre en los escalones, cuando llegaron al piso inferior vieron varios caminantes deambulando por el salón. Se percataron de que todas las ventanas se habían roto y las puertas estaban todas abiertas. Dentro de la casa había alrededor de veinte caminantes.
Mientras caminaban hacia la puerta, Juan vio como Stephan comenzaba con un ataque de ansiedad. Si se dejaba llevar por el pánico estarían perdidos todos. Juan retrocedió unos pasos y se puso a la altura de su compañero. –Si pierdes la calma harás que nos maten. Tranquilízate, joder.— siguieron caminando y por fin llegaron al exterior. Fuera, el número de No Muertos era todavía mayor. Había cientos, quizás miles. Avanzaron chocándose con ellos, en más de una ocasión, alguno se les quedó mirando fijamente antes de seguir su camino sin rumbo.
—Lo conseguiremos. Mantened la calma y lo conseguiremos— dijo Johana en voz baja mirando a Nina. La cual estaba haciendo todo lo posible para no gritar y salir corriendo. Justo en ese momento escucharon a alguien diciéndoles que se quedaran quietos. Todos alzaron la vista y sobre el tejado de la casa, atrapado, había un hombre, este se puso en pie y les apuntó con el fusil.
—Quietos. Quietos— repetía aquel hombre una y otra vez. Eso hizo que los caminantes de alrededor se excitasen más todavía y caminaran hasta quedar debajo del lugar donde estaba aquel hombre. –No moverse… Sacadme de aquí o yo disparar. Juan se dio cuenta de que aquel tipo se había dado cuenta de la jugada que habían empleado y ahora también el se quería beneficiar de ella, aunque no parecía comprender que era imposible ayudarle. Juan intentó que bajase el arma haciéndole señas, pero este no pareció entender. Aquel hombre estaba en estado de pánico. –Vosotros sacar de aquí o yo matar a todos— en ese momento aquel tipo apuntó directamente a Stephan.
Al ver que le apuntaban, Stephan no pudo contenerse y se orinó en los pantalones. Repentinamente alzó su fusil y disparó a aquel tipo. El disparo hizo que sus compañeros se tapasen los oídos. Nina comenzó a gritar y echó a correr apartando a los caminantes. También Stephan lo intentó, corrió hacia su derecha alejándose del grupo. Creyó escuchar a su hermano Riley llamándolo, creyó escuchar disparos, pero nada de eso importaba, simplemente corrió mirando en todas las direcciones, pero lo único que veía eran muertos que por alguna razón que el no comprendía, habían puesto interés en el. mientras corría chocó con dos caminantes y cayeron al suelo los tres, la manta quedó por el suelo cuando el se alejó rodando. No tardó en verse rodeado. Fue entonces cuando el pánico hizo acto de presencia. Comenzó a disparar y a golpear mientras escuchaba gritos, creyó ver a Riley avanzando hacia el, pero entonces un No Muerto apareció ante el y le mordió en la cara arrancándole la mejilla. Stephan quiso gritar, pero entonces desapareció entre una avalancha de aquellos seres.
Riley vio desaparecer a su hermano. Ya no podía hacer nada por el. Se dio la vuelta y siguió al resto alejándose de allí. No tardaron en alcanzar a la muchacha pelirroja. La cual se había subido a un árbol.
Se habían alejado del rebaño, pero habían perdido a uno de ellos. Aunque Riley y Kennedy, pese a ser hermanos del chico que había muerto, se mantuvieron fríos como el hielo.
—Siento lo de vuestro hermano, pero no podíamos hacer nada. Ahora tenemos que seguir. Con suerte llegaremos al hotel a la madrugada— dijo Juan. Y así siguieron el camino todos juntos, esperando que nada los volviera a retrasar.

Hotel…
23:45 horas de la noche…

La gran mayoría de los habitantes del hotel o dormían o se habían quedado en el gran comedor hablando o tomándose algún café. Silvia solo tenía preocupación por los que vigilaban, pero si lo hacía como la noche anterior, nadie la vería salir del hotel. Como cada noche después de lo ocurrido en el área de servicio Marcus Bikers, ella salía a buscar a A.J. El estaba en algún lugar y ella daría con el, entonces lo mataría. Cuando eso ocurriera podría estar tranquila y vivir apaciblemente con sus compañeros. Por eso salía siempre de noche, lo hacía para no ser vista y así no arriesgarse al destierro, por eso siempre volvía al amanecer.
Bajó a la enfermería y entonces se encontró cara a cara con un hombre con la cara hinchada. Le llevó un buen rato reconocerlo, pero se trataba de Mouse. Hacía unas horas que se había enterado de la pelea con Juanma. Mouse la miró de arriba abajo.
—Una noche más… Te largas de aquí. No se que coño haces en el exterior, pero cuando te descubran estarás jodida— dijo Mouse alejándose de ella. Fue cuando Silvia se percató de que de alguna manera, Mouse sabía que se fugaba cada noche.
—No se lo digas a nadie— pidió Silvia. –Por favor.

—¿Decírselo a alguien? Descuida, no tengo tal intención. Haz lo que te de la gana. No es asunto mío— Mouse desapareció y Silvia siguió su camino. Pasó por delante de la celda donde Malaquías roncaba y salió al exterior. Hacía frio y tubo que subirse el cuello de la chaqueta. Caminó ocultándose hasta que llegó a la alcantarilla, abrió la tapa y entró. Tras recorrer los túneles de alcantarillado salió al bosque y una vez fuera comenzó a correr hacia el cobertizo donde guardaba el coche que utilizaba para desplazarse.

sábado, 14 de mayo de 2016

NECROWORLD Capitulo 115

Día 8 de Octubre de 2010
Día 831 del Apocalipsis
Bosque…06:45 horas de la mañana…

—Mis hermanos y yo llegamos a Gray en busca de provisiones. Teníamos entendido que allí se fueron tan deprisa que los supermercados se quedaron llenos. Acudimos con la esperanza de hacernos con bastantes latas de alimentos imperecederos. No llevábamos ni treinta minutos allí cuando una tía salió por una esquina. Era una chica guapísima, esta nos miró y nosotros la miramos. Esta echó a correr y nosotros la seguimos, fue entonces cuando nos cogieron, nos drogaron y nos metieron en las celdas, de eso hace más o menos una semana— explicaba Riley a Juan. Los demás dormían y eran ellos quienes se habían quedado de vigilancia en la cueva que habían encontrado. Fuera había dejado de nevar.
—¿Estáis vosotros solos? Quiero decir. ¿No tenéis grupo?— preguntó Juan.
—Solo nosotros tres. Hoy en día no se puede confiar en nadie. Confías en alguien y te la clavan cuando menos te lo esperas. Aquí solo se puede confiar en la familia.
—Pues en nosotros si has confiado— respondió Juan.
—Nos habéis salvado. Creo que os habéis ganado nuestra confianza— respondió Riley.
En ese momento los que estaban durmiendo comenzaron a despertarse y Juan los observó. –Bien. Esto quiere decir que ya podemos ponernos en marcha. Al paso que vamos, si seguimos a este ritmo, llegaremos al anochecer a nuestro hotel.
Unos treinta minutos después se pusieron en marcha a través del bosque. No habían tenido problemas durante la noche y de día tenían mejor visión de todo. Estuvieron andando una hora entera hasta que llegaron a un riachuelo donde se pararon a llenar las botellas de agua que llevaban. Las tres chicas se alejaron un poco para lavarse un poco mientras los chicos se quedaban por la zona vigilando para no sufrir ataques de caminantes.
—¿Qué hacías exactamente en esa casa?— preguntó Blair mirando a Nina. La cual estaba lavándose la cara. –Puedo deducir que cuidabas a ese hombre, pero no creo que estuvieses muy unida a el. No vi que derramaras ni una sola lagrima con su muerte.
—Llevaba en esa casa desde que comenzó todo. Durante una noche de tormenta, tenía hambre y estaba herida. Me desmayé justo en la entrada. Cuando me desperté estaba tumbada en una cama. Me habían cambiado la ropa. Aun quedaban varios de sus habitantes… Los que luego fueron muriendo o se mataron entre ellos. Aquello con el tiempo se convirtió en una casa de locos. Hace unos meses llegó aquel tipo con aquel grupo de presos y fueron acogidos en la casa, el señor Crawford enfermó y la única persona que se preocupaba por mi, murió. Desde ese día no fui más que la cuidadora del señor Crawford. Pese a su enfermedad me sometió a todo tipo de vejaciones. ¿Qué si lamento su muerte? En absoluto.
En ese momento escucharon un ruido entre los matorrales. Johana se puso en pie y observó el lugar del que vino el ruido. No tardó en ver a varios caminantes andando entre los arboles hacia ellas.
—¿Qué hacemos?— preguntó Nina sacando el arma que le habían cedido. —¿Los matamos?
—Yo me encargo de ese. Tu Blair encárgate del otro. Luego esperaremos a que vengan los demás. Solo nos cargamos a los más cercanos— dijo Johana sacando el cuchillo.
—¿Con cuchillos?— preguntó Nina.
—Ahorramos balas— respondió Johana cruzando el riachuelo. Llegó hasta el primer caminante, lo golpeó y lo estampó contra un árbol. Seguidamente le clavó el cuchillo en la cabeza. Miró a Blair haciendo lo propio con otro. Con un rápido movimiento con el machete le cortó media cabeza. Iban a ir a por los otros cuando vieron a varios caminantes más. Muchos más de los que habían imaginado. Fue entonces cuando escucharon los disparos efectuados por los chicos. Eso hizo que Nina entrara en pánico y comenzara a gritar, lo cual hizo que los caminantes se excitaran más. Johana pasó corriendo por el lado de Nina y la cogió del brazo. –Es un rebaño. Tenemos que salir de aquí.
Las chicas salieron corriendo y se encontraron con los chicos, los cuales también habían emprendido la huida. Llegaron a un camino.
—Por aquí cerca hay una casa. Recuerdo haberla visto de camino a Gray— dijo en ese momento Kennedy. –Podremos refugiarnos ahí hasta que el rebaño pase de largo.
No tardaron en ver la casa. Todos aceleraron el paso y cruzaron corriendo las puertas. Rápidamente las cerraron y usaron unos muebles para bloquear las puertas. Seguidamente se ocultaron y observaron por la ventana. No tardaron en ver surgir a los primeros caminantes, los que encabezaban el rebaño. En menos de cinco minutos, había más de un centenar de caminantes pasando por al lado de la casa. Nina tuvo que taparse los oídos para no tener que escuchar los gruñidos y los gemidos. Stephan, el más joven de los hermanos se acercó a Kennedy y este le ayudó a calmarse. Lo único que podían hacer era guardar silencio hasta que el peligro pasara. Escucharon como algunos de aquellos seres habían llegado al porche y estaban dándose golpes contra las paredes.
—Mantened la calma. Basta con que uno nos descubra para que empiecen todos a tratar de entrar. Entonces estaremos jodidos. Mantened la calma— dijo Juan en voz baja.
Nina quiso asomarse para ver, pero rápidamente Johana se lo impidió, justo en ese momento un caminante pegó la cara al cristal, escudriñando el interior de la casa. Segundos después se apartó y siguió su camino.
—Si llega a verte estaríamos jodidos. Tienes que tener cuidado— le espetó Johana a la muchacha. –Hay muchos. No podremos salir hasta que no pasen— en ese momento, Johana escuchó una respiración agitada a sus espaldas, se dio la vuelta y vio a Stephan respirar agitadamente mientras su hermano Kennedy trataba de calmarlo. Estaba sufriendo un ataque de ansiedad. –Haz lo que sea para que no entre en pánico.
—Cálmate Stepahn. Si no nos oyen no nos descubrirán. Estaremos a salvo— decía Kennedy. –Vamos hermano— sin embargo, Stephan no se tranquilizaba. El ataque de ansiedad iba en aumento.
—Tengo que salir de aquí. No lo soporto— decía Stephan empujando a su hermano. Seguidamente se alejó reculando y haciendo ruido. Ruido que estaba llegando hasta los caminantes. Uno de ellos se acercó a la puerta y comenzó a rascar. –Dejadme salir.
—Cállate—dijo Brendan mirando al más joven de los hermanos. –Cállate, joder.
En ese momento Juan se levantó rápidamente, se acercó a Stephan y lo golpeó con la culata del fusil, dejándolo inconsciente al instante. Seguidamente lo agarró y se ocultó detrás de un mueble al tiempo que otro caminante miraba por la ventana. No podían arriesgarse a ser vistos, un grupo tan grande arrasaría la casa. Juan miró a su alrededor y al fondo del salón vio unas escaleras, entonces comenzó a hacer señas. Quería que lo siguieran con cautela, si llegaban hasta las escaleras y las subían, estarían mucho más seguros. Se cargó a Stephan sobre los hombros y avanzó en cuclillas seguido de Johana. Todos poco a poco fueron siguiendo el camino marcado por Juan, parándose cada vez que un No Muerto amenazaba con descubrirlos. Aunque les costó, no tardaron en llegar todos a las escaleras. Una vez allí comenzaron a subir los escalones poco a poco. Cuando estuvieron en el piso superior, avanzaron por un pasillo hasta que Mike encontró la entrada a la buhardilla. Mike tiró de la cuerda y la trampilla se abrió. Subieron por ella y allí se refugiaron, ningún ruido que hicieran allí llegaría a los caminantes. Johana se acercó al ojo de buey y miró, desde allí vio como el rebaño seguía cruzando el bosque.
—¿Estaremos aquí hasta que pasen todos? ¿Cómo lo sabremos?— preguntó Nina.
—Solo nos queda esperar. Ahí fuera siguen pasando. ¿Es la primera vez que ves algo así? Acojona ¿Verdad?— preguntó Johana.
—Nunca vi un grupo tan grande. Ni nunca lo he pasado tan mal. Es la primera vez que siento tanta tensión en una situación como esta…— respondió Nina.
Juan tumbó a Stephan sobre un montón de mantas y se volvió hacia los hermanos de este. –Siento haberle pegado, pero no me quedó otra opción. Ahora esperaremos.
—¿Cuánto tiempo?— preguntó Riley.
—Una o dos horas. El tiempo suficiente para asegurarnos— respondió Juan acercándose también al ojo de buey junto a Johana. –Son realmente muchos. Puede que estén emigrando.
—Ni idea, pero desde luego son muchos. No habríamos durado nada con todos esos. De momento descansemos.
—Yo me quedo aquí vigilando. Os avisaré si veo algo— dijo Johana.
—¿Quieres que te acompañe en la vigía?— preguntó Juan. –No me importa.
—No. Descansa. Aun no has dormido desde que salimos de la mansión Crawford. Lo necesitas— respondió Johana. Juan la besó y se alejó, se sentó en un rincón y se quedó dormido rápidamente.

Las Vegas…
13:00 del medio día…

Luci observó el regreso del convoy en el que David se había ido a primera hora de la mañana. Antes de irse había contado el número de vehículos, habían sido un total de ocho. En el regreso volvió a contarlos, había siete, lo cual indicaba que David había cumplido con éxito. Esperó un poco más y vio salir a los hombres que habían partido, finalmente vio salir a David. Se fijó en el y presentaba el aspecto de alguien al que habían dado una paliza. Tenía cortes por toda la cara y llevaba un brazo vendado. En ese momento apareció Dorian también, el cual se acercó a David con un gesto de preocupación. Luci se fue acercando un poco para tratar de escuchar lo que decían.
—¿Qué cojones ha pasado?— preguntó Dorian.
—Llevaba uno de los vehículos y vi una farmacia con la persiana echada. Lo que quería decir que no había sido saqueada. Así que pedí permiso a mi superior y decidí pararme en ella mientras mis compañeros iban a hacer su trabajo. Me confié mientras cargaba el vehículo. Un tipo enorme salió de la nada y me atacó. Me golpeó varias veces, me disparó y se llevó el coche. Lo siento, no pude hacer nada— explicó David. Luci se fijó y se dio cuenta de que estaba mintiendo, tal y como le habían dicho que hiciera, pero nadie había contado con que fuera el mismo Dorian quien lo interrogara, la expresión de este era un autentico poema, era como si no se estuviese creyendo ni una sola palabra de lo que David le estaba diciendo. Luci rezó para que no fuera así.
—Bueno. Esas cosas pasan. No sería la primera vez, aunque espero que sea la última. Ve a que te vea el medico y tomate el resto del día libre— dijo Dorian. David se lo agradeció y caminó por su lado, entonces Dorian volvió a hablar. –Pero es extraño que no te haya matado y que solo te haya disparado en el brazo. El mundo ha cambiado, pero hay errores que no pueden cometerse. En fin, como ya te dije antes, espero que sea la última vez.
Luci también decidió que era momento de largarse, esperó unos veinte minutos, el tiempo que tardarían en curar a su compañero. Tenía que reunirse con David para confirmar que el plan había sido llevado a cabo. Se dio media vuelta y se metió en un callejón. Recorrió el callejón hasta que llegó a una esquina, allí se asomó y esperó a que llegara David, sin que nadie la viera, salió cuando David pasaba junto a la esquina, lo agarró y tiró de el. Este al principio trató de zafarse, pero Luci lo encaró y le pidió que guardara silencio. Luci se volvió a asomar por la esquina, se aseguró que no viniera nadie y se acercó a David. –Estás hecho un Cristo. ¿Qué has hecho?
—Se suponía que tenía que sonar convincente ¿No? Pues eso hice— respondió David.
—¿Dejaste el coche donde debe estar?— preguntó Luci.
—Si. En el sitio que me dijisteis. Casi me descubren, pero todo está bien. ¿Qué más nos queda?
—En primer lugar vuelve a casa y recupérate. En un par de días podremos llevar a cabo el plan. No podremos hacer mucho estando tan fastidiado. Recupérate, pero ahora escucha, es esencial que no nos veamos hasta entonces, podrían sospechar.
—Está bien— respondió David. –Pero… Hay algo. Sobre Sandra… Ya se lo que se dijo, pero no podemos irnos sin ella. Juanma no la dejaría aquí. Me da igual que esté con Carlos. Este lugar no es bueno para ninguno de nosotros.
Luci se quedó un rato pensativa, pero finalmente volvió a mirar a David. –Está bien. La pondremos en sobre aviso… Y esperemos que no le de por contarle nada al cabrón.
—Esperemos…— respondió David. Lo cierto es que no estaba muy seguro si podían confiar del todo en Sandra.

En algún lugar de Georgia…

A.J se despertó cuando sintió el agua fría sobre el. se despertó de repente y al intentar incorporarse se dio un fuerte golpe en la cabeza con las rejas que tenía encima. Reculó un poco hasta que su espalda chocó contra unos barrotes y se retiró cuando un perro se lanzó contra los barrotes contra los que había chocado, aunque el animal estaba en una jaula y no logró alcanzarlo, a decir verdad, el también se hallaba metido en una jaula, demasiado pequeña como para que cupiera entero dentro de ella. Miró a su alrededor y entonces vio a un hombre alto con el pelo rizado y alborotado, era moreno de piel y la barba que tenía delataba que hacia días que no se afeitaba.
—Ya era hora de que te despertaras. Creí que nos habíamos pasado con el sedante— A.J reconoció la voz al instante, era el mismo tipo alto que lo había capturado en el bosque. Aunque no sabía cuanto tiempo había pasado desde entonces.
—¿Dónde estoy?— preguntó A.J un tanto confuso. La cabeza le dolía muchísimo. Se llevó la mano a la cabeza y notó que le habían puesto algo. se trataba de una gasa. —¿Qué me habéis hecho?
—Te han curado la herida de la cabeza. Aunque bajo mi punto de vista no era necesario. Teníamos que haber empezado a comerte desde hace ya horas, pero son demasiado escrupulosos. Aunque ahora mismo están debatiendo que hacer contigo, si te matan y te comemos o simplemente te matamos.
—¿Y no sería más fácil dejarme libre? Yo a vosotros no os he hecho nada. Me marcharé y olvidaré esto— respondió A.J.
—Si. Claro… En este mundo ya no te puedes fiar de nadie. Podríamos dejarte libre y a las pocas horas regresar con un grupo para robarnos lo poco que tenemos y violar a nuestras mujeres. Sabemos muy bien como funcionan ahora las cosas. Pase lo que pase, tu no saldrás vivo de aquí— dijo aquel tipo alto señalando a A.J.
En ese momento se abrió la puerta y entró una chica joven muy guapa, aunque muy delgada. A.J supuso que se debía a lo poco que comían en esa casa o donde estuviera. Por donde se encontraba en esos momentos, podría jurar que era una perrera. De hecho pensó que se encontraba en una clínica veterinaria a juzgar por unos paquetes que divisó en un rincón.
—Mi padre quiere que vayas. Quieren escuchar tu opinión— dijo la chica.
—¿Otra vez? ¿Cuántas más veces más voy a tener que decirlo? Este tío nos vendrá bien como alimento— respondió el tipo. –Muy bien. Vigílalo hasta que yo vuelva, pero ni se te ocurra abrirle la puerta.
—¿Te crees que soy estúpida?— preguntó la chica haciéndose a un lado un mechón de pelo.
—Ya conoces mi opinión al respecto. ¿Estúpida? No, lo que eres es completamente gilipollas, pero tú a tu royo. Ahora volveré— el tipo alto salió de la sala y A.J se quedó a solas con la muchacha. Esta dejó ver el arma que llevaba, pasó junto a la jaula sin dejar de mirar a A.J y se sentó sobre los paquetes. Allí se encendió un cigarro.
—¿Fumas?— preguntó ella.
A.J negó con la cabeza y volvió a mirar a alrededor. —¿Dónde estoy?
—En nuestro refugio. Aunque lamento que no te haya tocado la suite de lujo. Es una putada dormir ahí. ¿Cómo te llamas?
—Aaron Jackson… Pero todos me llaman A.J… Bueno… Me llamaban…
—¿Tus compañeros te llamaban así? ¿Y que les ha pasado? ¿Están muertos?— preguntó la chica echando humo. –Lo cierto es que las cosas ahí fuera cada día están peor. Los muertos están por todas partes. Por cada humano hay miles de ellos. No quiero ni imaginarme el número tan reducido de personas que habrá quedado en todo el mundo.
—¿Y tu como te llamas?— preguntó A.J mirando a la chica. La chica iba a responder justo cuando la puerta se abrió y entró un hombre bastante más mayor que el primero.
—Te dije que no hablaras con el. Sal de aquí ahora mismo— la chica salió por orden de aquel hombre y seguidamente lo hizo el. Este ni siquiera miró a A.J.
A.J estaba solo y atrapado. Aquellas personas estaban decidiendo que hacer con el, pero no parecía que fueran a perdonarle la vida. Tenía que planear algo para salir de allí.

Hotel…
23:00 de la noche…

Habíamos acabado de cenar. No había visto a Silvia en todo el día, en realidad no la había vuelto a ver desde que habíamos regresado, eso hacía que me preocupara. Me levanté de la silla del comedor tras darle un beso a Eva. Salí al pasillo y me encontré con las niñas tumbadas en el suelo sobre una alfombra y dibujando, ellas hacía rato que habían acabado de cenar.
—¿A dónde vas papá?— preguntó Vicky levantándose del suelo.
—Voy a ver a Silvia. No la he visto en todo el día. Quiero saber si está bien. Me preocupa— respondí.
—Cindy y yo la vimos esta mañana. Tenía muy mal aspecto, creo que estaba enferma.
—¿De verdad?— pregunté sorprendido. Me di media vuelta y me dirigí a las escaleras, no tardé en ver a Vicky detrás de mí. —¿Qué haces?
—Quiero acompañarte— respondió mi hija. –Ella nos habló muy mal esta mañana.
Llegamos a la habitación 113 y llamé, pero no tuve respuesta alguna. Miré a Vicky y enseguida me llevé la mano al cinturón para coger la pistola. Si era verdad que estaba enferma, podría haber muerto mientras estaba allí dentro, ahora podría ser una caminante. Vicky hizo lo mismo con su pistola. Seguidamente puse la mano sobre el pomo y cuando iba a abrir la puerta escuché que alguien me llamaba por mi nombre al final del pasillo. Me di la vuelta y vi a Alexandra.
—¿Qué ocurre?— pregunté.
—Tenemos un problema en una de las vallas. Hay una horda de caminantes. Creemos que no son una amenaza, pero no queremos arriesgarnos— respondió Alexandra.
Solté el pomo de la puerta y tanto Vicky como yo avanzamos hasta encontrarnos con Alexandra. Después la seguimos hasta el exterior, una vez fuera fuimos hasta las vallas, donde vimos una multitud de caminantes metiendo los brazos y gruñendo. Allí estaban Faith y Stephany clavándoles unas lanzas en la cabeza, pero por cada uno que mataban llegaban dos más.
—¿Desde cuando están ahí?— pregunté.
—Desde hace unos minutos. Parecen muy excitados, lo cual es extraño. Con el frio que hace… ¿No deberían estar como aletargados?— preguntó Alexandra.
—Sea lo que sea me da igual. Situémonos a lo largo de toda la valla para atraer su atención. Si los separamos será más fácil acabar con ellos. Vamos— dije haciendo unas señas a Stephany y Faith.
Vicky y yo avanzamos junto a la valla haciendo que algunos caminantes se fijaran en nosotros. Estábamos separando al grupo. Cuando apartamos a unos cuantos comenzamos a eliminarlos poco a poco. No tardamos mucho en lograrlo, una vez estuvieron todos muertos me dirigí a la parte donde se habían concentrado todos. Allí encontré lo que perfectamente podía haberlos atraído.
—¿Eso es sangre?— preguntó Vicky.
Me llevé una mano a los bolsillos y saqué un guante de trabajo. Seguidamente pasé un dedo sobre la mancha y luego la miré. –Es sangre fresca, no está coagulada aun. No pertenece a los caminantes. Si no a alguien vivo.
—¿Eso fue lo que puso como locos a los caminantes? ¿De quien puede ser?
—Da igual eso. Simplemente vigilad bien. No quiero arriesgarme a que alguien de fuera quiera jodernos. Si veis algo sospechoso dad un aviso, si es alguien y no os hace caso… Simplemente disparad— dije.
Me di la vuelta y me fui de nuevo hacia el hotel seguido por Vicky, fue entonces mientras caminaba cuando vi algo que me llamó la atención. Miré a Vicky. –Quédate aquí, pero saca tu arma por si acaso— Vicky obedeció y yo me encaminé a través de los jardines, pasé junto a un cobertizo de la luz y alumbré con la linterna al suelo. Allí vi una alcantarilla medio abierta. Me acerqué un poco más y me asomé al interior alumbrando, pero no había nada ni nadie. Cerré la alcantarilla y volví junto a mi hija.
—¿Qué había pasado?— preguntó Vicky.
—Nada. Alguien dejó la alcantarilla abierta, pero no es nada grave. Venga, vayamos a dormir. Mañana madrugaremos para ir a cazar. ¿Te apuntas?
—Por supuesto— respondió Vicky con una sonrisa.
Llegamos a nuestras habitaciones. Vicky se metió en la suya y yo entré en la mía. Eva estaba leyendo un libro y los bebés dormían tranquilamente, al menos así estarían un par de horas. Iba a meterme en la cama justo cuando recordé que antes de que me llamaran iba a ir a ver como estaba Silvia.
—¿A dónde vas?— preguntó Eva dejando el libro a un lado.
—Hay algo que quiero comprobar. Ahora vengo— salí de la habitación y recorrí el pasillo hasta que llegué a la habitación 113 nuevamente. Iba a abrir la puerta justo cuando esta se abrió un poco y vi a Silvia, aunque no abrió toda la puerta. —¿Estás bien?
—Si. Estaba durmiendo…— respondió Silvia.
—Vale. Solo quería saber como estabas y si necesitabas algo— respondí.
—Estoy bien. No necesito nada, buenas noches— iba a decir algo, pero entonces Silvia me cerró la puerta en las narices.
No quise molestarla, me di media vuelta y regresé a mi habitación. Allí no tardé en quedarme dormido. El día siguiente iba a ser un día de caza.
*****
Silvia se dejó caer sobre la cama. Le había ido de bien poco y casi la habían descubierto. Esta vez no había podido hacer mucho, pero había logrado más facilidades. La próxima vez cubriría más terreno más rápidamente.

En algún lugar cerca de Las Vegas…

Sandra se bajó del vehículo cuando Carlos lo detuvo. Justo delante de ellos había una estación de trenes. Se dio la vuelta y miró a Carlos.
—¿Es aquí?— preguntó ella. Volvió a mirar hacia la estación de trenes –No se. Cuando hablaste de cita romántica pensé en algo así como una cena a la luz de las velas y de la luna. Este lugar no es muy romántico que digamos, pero supongo que lo que cuenta es la intención— en ese momento Sandra escuchó un chasquido a sus espaldas, se dio la vuelta y se encontró a Carlos apuntándole con la pistola. —¿Qué es lo que haces?
—Coge tu pistola con la punta de los dedos, que yo la vea y déjala en el suelo— dijo Carlos. –No es ninguna broma.
Sandra aun sin entender lo que estaba pasando hizo lo que Carlos le pidió. Dejó la pistola en el suelo y seguidamente alzó las manos. —¿Por qué haces esto? Si lo haces por lo que te dije esa mañana en el solar…
—Lo hago por que lo tengo que hacer. Dorian no confía en vosotros y no se os puede permitir que sigáis viviendo— respondió Carlos apuntando con su arma.
—Vosotros… ¿Te refieres a David, Alicia, Luci y yo?— preguntó Sandra dando unos pasos hacia atrás.
—Alicia, David y tu. Las cosas son así. No pienso arriesgarme a que siguiendo vivos vosotros me jodais los planes que tengo. Lo siento, pero tengo que matarte. A ellos también los mataré, pero con ellos no seré como contigo. Me has dado muy buenos meses y has sido una buena sustituta de Eva. Debo agradecértelo, por eso estoy permitiendo que conozcas mis razones.
—No tienes por que hacer esto. No seré ninguna molestia para ti ni para Dorian— respondió Sandra. –Te juro que…— entonces Carlos le disparó y Sandra cayó de espaldas mientras la sangre comenzaba a formar una mancha roja en el pecho. Miró a la luna y no tardó en ver a Carlos, este se guardó la pistola y se agachó junto a ella. Cogió sus mejillas y se agachó para darle un beso en la boca, seguidamente alzó la cabeza y escupió para quitarse el sabor a sangre. –Lo siento, pero me agradecerás el hecho de que te encontraras con tu querido perro— seguidamente le rompió el cuello a Sandra. Volvió al coche y cogió el walkie talkie. –Aquí Carlos. Acaba de caer la primera. Quedan dos.

La voz de Dorian sonó al otro lado. –Tres, el niño también debe morir.