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sábado, 30 de abril de 2016

NECROWORLD Capitulo 113

Día 21 de Abril de 2010
Día 662 del Apocalipsis…
En algún lugar cerca de Macon…

—Vamos Silvia empuja. Ya casi está fuera. Solo un esfuerzo más— decía la medico que estaba asistiendo el parto de Silvia.
Silvia había quedado embarazada de A.J hacía nueve meses exactos, pero ella no quería tener un hijo con el. Detestaba a A.J y cualquier cosa que tuviera que ver con el. Detestaba a los amigos de este que se habían estado turnando para abusar de ella, con todo el permiso de A.J, el cual muchas veces observaba en un rincón de las habitaciones donde la metían cada vez que se trasladaban, con la excusa de que estaba ahí para evitar que las cosas se desmadraran.
Silvia no quería dar a luz a un bebé que también era de A.J. No creía que pudiera amarlo, pero no podía mantenerlo dentro, se había puesto de parto y no había marcha atrás. Apretó los dientes con fuerza y miró fijamente a A.J, el cual la observaba cruzado de brazos en una esquina. Lo odió con más fuerzas todavía a medida que empujaba, hizo un último esfuerzo y el bebé salió. Por unos momentos deseó que no respirara, pero entonces escuchó el llanto y miró a la doctora, la cual le devolvió la mirada con una sonrisa. La medico cortó el cordón umbilical y envolvió al bebé con una manta, seguidamente se la puso a Silvia en brazos. En ese momento, cuando Silvia vio al fruto de sus entrañas, lo olvidó todo, dejó el odio. Solo tenía ojos para el bebé que acababa de nacer.
—Es una niña— dijo en ese momento la medico. La cual no podía contener las lágrimas. Eran lágrimas de alivio, de haber traído un bebé al mundo, pero no eran lágrimas de compasión. Por que ella misma había permitido que abusaran de Silvia constantemente. Así era como la doctora del grupo se había librado de ser un maldito objeto sexual de un puñado de cerdos.
Silvia observó detenidamente a su hija y se dio cuenta de que se le parecía muchísimo. Había heredado todos los rasgos de ella, ninguno del monstruo de su padre… Y fue precisamente este el que se acercó y se la arrebató de los brazos.
—Devuélveme a mi hija. Es mi hija— decía Silvia tratando de agarrarla, pero A.J se apartó bruscamente. —¡¡¡¡Devuélvemela!!!!
—Aséala. Y cuando la hayas aseado, vuelve a atarla— dijo A.J mirando a la medico. –Cuanto antes esté disponible, mejor.
—Si— respondió la doctora.
—¡¡¡Mi hija!!!— gritó nuevamente Silvia. Fue en ese momento cuando A.J la miró como una sonrisa.
—Tú no has tenido ninguna hija— después de eso, A.J salió por la puerta y Silvia no volvió a ver a su hija.

Día 7 de Octubre de 2010
Día 830 del Apocalipsis…
Las Vegas… 08:00 de la mañana…

El llanto de la niña despertó a Luci. Esta se levantó rápidamente de la cama y se acercó a la cuna. La cogió en brazos y la estuvo acunando, pero esta no dejaba de llorar. Era evidente que tenía hambre. Salió de la habitación y se encontró con Claire.
—¿Tiene hambre?
—Eso parece. Los pañales los tiene limpios. Ahora iba a prepararle el biberón— respondió Luci. –No me acostumbro a esto.
—No te preocupes. Por eso estoy aquí para ayudarte— respondió Claire. Ambas bajaron a la cocina y mientras Luci se sentaba en una silla. Claire preparaba el biberón. –Es evidente que Dorian te dio a la niña para tenerte cogida por las pelotas. Es un cabrón muy listo. Sabe que no correrás riesgos teniendo a la cría al lado.
—Eso no me impedirá largarme de aquí. No se como lo haré, pero me marcharé de aquí. La niña solo me ha dado fuerzas. Quiero alejarla de el.
—Es muy peligroso salir ahí fuera con una niña tan pequeña. Sus lloros atraerían a los caminantes. No se si duraríais mucho ahí fuera. Aquí estáis a salvo.
—Pero aquí hay seres mucho peores que los caminantes. Además, en algún lugar de Georgia están mis amigos. Volveré con ellos cueste lo que cueste, y la niña vendrá conmigo.
—Sabes que Dorian no te permitirá marcharte— respondió Claire mirando a Luci.
—Dorian no estará vivo para entonces. También me ocuparé de el.
—Estás loca. Ahora es mucho más difícil escapar. No lo conseguirás.
—Al contrario. Antes estaba sola. Ya no lo estoy— respondió Luci pensando en David y en Alicia. No contaba con Sandra por que ella se había unido voluntariamente a Carlos. –Lo he pensado mucho. Ahora tengo más opciones que nunca, tú puedes venir con nosotros, tu hermano sigue por ahí en algún lugar. Créeme, lo conseguiremos.
*****
Dorian se encontraba sentado en una sala llena de televisores. En una se veía a David y a Alicia jugando con el niño. En otra estaba Sandra todavía acostada, pero el no prestaba atención a esas, el solo miraba la pantalla donde se veía a Luci con la niña en brazos hablando con Claire. Alargó la mano y subió el volumen para escuchar lo que estaban diciendo. A medida que las escuchaba no podía evitar sonreír. ¿De verdad pensaban que iban a poder escapar? El no era tan estúpido como para permitir tal cosa. Luci le pertenecía y el sabía muy bien como hacer de ella lo que quería. La niña era su seguro.
—¿Qué haces?
La voz que escuchó a sus espaldas le sorprendió. Se dio la vuelta y se encontró a la periodista observándolo. Aun llevaba puesta la camisa de el. Pensó que estaba dormida todavía después de haber pasado la noche juntos.
—¿Qué coño haces todavía aquí? Quítate mi camisa. Vístete y márchate— Dorian se dio la vuelta y siguió mirando las pantallas.
—¿Estas espiando a mis compañeros? ¿A los que vinieron conmigo?— volvió a preguntar Tina Morales sin apartar la mirada de las pantallas. —¿Por qué lo haces?
—¿Estás sorda acaso? Te dije que te largaras. Largo— dijo Dorian mirando a Tina de reojo. Esta no tuvo más remedio que obedecer. Justo antes de salir de la habitación, Dorian la llamó. –No quiero que le digas a nadie ni una palabra de esto.
Tina asintió y se marchó de allí. Fue en ese momento cuando Dorian cogió un walkie. Enseguida una voz se escuchó al otro lado. –Dígame señor.
—La señorita Morales ha visto algo que no debía. Aseguraros de que no abre esa dulce boquita. Me da igual lo que hagáis, pero que no abra la boca.
—A sus ordenes señor.
Dorian cortó la comunicación y volvió a mirar la pantalla donde aparecía Luci. En esos momentos estaba dándole el biberón a la pequeña.

Hotel…
08:30 horas de la mañana…

El coche que conducía cruzó las puertas del hotel. Habíamos regresado al hotel. Llevé el coche hasta donde estaban los demás. Aparqué y nos bajamos. Silvia no hablaba, se bajó y se largó hacia el interior mientras Yuriko se acercaba a mí. Cuando la tuve delante se dio la vuelta y miró a Silvia hasta que desapareció en el interior del hotel.
—¿Qué le pasa?— preguntó Yuriko.
—Ha tenido una noche dura. Todos la hemos tenido. Hemos perdido a Zacarías y a una niña. La cría murió en sus brazos. Se culpa por ello. Fue su antiguo novio quien mató a la niña. La apuñaló y luego se fue— respondí mirando hacia la puerta por la que había desaparecido Silvia.
—Es duro… Si.
—Bueno. Te veré más tarde en la comida. Voy a ver a mis hijos— respondí. Seguidamente me alejé y entré en el hotel. Fui hacia la enfermería, de camino a ella pasé por delante de la celda donde teníamos a Malaquías. Al verme este sonrió. —¿Ocurre algo?— le pregunté.
—He escuchado cosas. Se que habéis perdido a Zacarías. Una pena, era un buen hombre… Y lo habéis dejado allí. No lo habéis traído. Bueno, supongo que no había demasiado tiempo, teníais que salvar a esa niñita. Una niñita que por cierto ha muerto. Que pena… ¿Verdad?— preguntó Malaquías con tono malicioso. Trataba de hacerme sentir culpable. Por eso mismo me acerqué a la celda y di una palmada.
—Si pretendes salir de aquí… No me lo estás poniendo nada fácil. Al contrario. Vas de culo. Hoy de momento te quedas sin cena— respondí con una sonrisa.
Me alejé de la celda y entré en la enfermería. Allí no estaba Eva, solo vi a Mélanie dándole el biberón a uno de los bebés, se trataba del niño. La niña estaba en una de las cunas. Cuando Mélanie me vio sonrió.
—¿Has vuelto ahora?— preguntó ella.
—Hace escasos minutos. Pensé que los bebés estaban en la habitación, pero me dijeron que estaban aquí. Lo que ocurre es que esperaba encontrarme a Eva. ¿Dónde está?
—En la habitación. No se tomó demasiado bien que no volvieras junto a todos los demás. Estaba de mal humor y por precaución para ti le dije que se acostara. Yo me presté voluntaria para darles el biberón a estos gamberretes— respondió Mélanie mirando de nuevo a mi hijo. Yo me acerqué un poco más y le pedí que me lo dejara coger. Cuando lo cogí en brazos comencé a darle el biberón. Mélanie me miró y sonrió todavía más. –Pareces otro con el niño en brazos. Es la primera vez que te veo así.
—No he tenido mucho tiempo para estar con ellos… Espero que eso cambie a partir de ahora. No más salidas, las cosas ahí fuera están un tanto jodidas. Tengo que permanecer aquí con mi familia, y ponerles nombre a estos pequeños— respondí sin dejar de mirar al niño.
—Eva aun no se ha decidido. Hemos hablado un poco de ello, eso si, pero no hay manera. ¿Has pensado tu en algo?— preguntó ella.
Comencé a moverme y me senté en una silla, ahí seguí dándole el biberón. –Mientras Eva estaba embarazada hablábamos de esto cada día, de que nombre elegir si era niño o niña. Nunca nos pusimos de acuerdo, pero cuando vimos que venían gemelos… En fin. Aunque no te lo creas venía pensando en esto mismo cuando regresaba y creo que ya lo tengo claro. Me gustan los nombres Shannon para ella y Nathan para el— miré a Mélanie. —¿Qué te parecen?
—A mi me gustan, pero creo que eso deberías hablarlo con Eva. Siempre y cuando sobrevivas al encontronazo. Te advierto que está cabreadísima… Pero vamos. A mi me gustan.
En ese momento escuchamos el ruido de disparos amortiguados por las paredes insonorizadas. Miré a Mélanie y le di a mi hijo para que lo cogiera en brazos. Salí de la enfermería y caminé hacia la sala de tiro. Una vez dentro encontré a Silvia practicando tiro. Cuando me vio entrar me miró, pero aun así no dejó de disparar. Estaba haciendo blancos perfectos.
—Muy buena, pero creo que deberías descansar. Dormir.
—Si duermo veo a esa niña muriendo en mis brazos y a A.J riéndose de mí mientras escapa. Eso no hubiese sucedido si yo hubiese estado más preparada, pero se que no volverá a suceder. Saldré a por el.
—¿Qué saldrás a por el? ¿De que estás hablando? Se escapó, podría estar en cualquier parte. Buscarlo ahí fuera sería como buscar una aguja en un pajar. Y están los caminantes. No puedes salir.
—A.J ya no tiene a uno de los tuyos con el. Ha dejado de ser asunto tuyo, yo tampoco lo soy. Así que déjame que haga las cosas a mi manera— respondió Silvia dejando de disparar y mirándome.
—A.J ha desaparecido. Quédate aquí y olvídate de el. Ahora está solo y no es tan peligroso— respondí yo.
—Tú no lo conoces. No sabes aun de todo lo que es capaz ese cabrón. Merece morir.
—Tal vez, pero no dejaré que corras peligros ahí fuera ni que nos pongas en peligro a nosotros. No dejaré que te largues. Esta es ahora tu casa ¿Quieres seguir permaneciendo en ella?— pregunté.
Silvia comenzó a llorar. –Si, pero A.J…
—Olvídate de el y comienza de nuevo. Haz una vida nueva. A.J forma parte del pasado. Como mi hermano que tanto daño nos ha hecho a los demás. Aquí estamos empezando de cero.
—Está bien. Tienes razón— dijo Silvia dejando el arma. –Empezaré de cero. Este es ahora mi hogar. Gracias— en ese momento abracé a Silvia. Cuando la volví a mirar le dije que se fuera a descansar, que lo necesitaba. Ella obedeció sin rechistar, aunque tenía la ligera sospecha de que la cosa con A.J aun no había terminado. El estaba en algún lugar ahí afuera, y era peligroso, por eso iba a hacer que el número de guardianes aumentara.
Me despedí de Silvia y subí a mi habitación, nada más entrar me encontré con Eva saliendo del baño, al verme saltó sobre mi para abrazarme, seguidamente me soltó y me pegó un sonoro bofetón que hizo que viera las estrellas.
—Sabía que estabas enfadada, pero joder…
—Eso por hacer que me asustara. No te imaginas lo que sentí cuando los vi regresar y vi que tú no estabas. Casi me da algo. No vuelvas a hacer eso nunca más.
—Había que enterrar a esa niña. Tal como estaba Silvia en esos momentos no pude esperarme a llegar aquí para enterrarla, además, les dije que te dijeran que venía detrás para que no te asustaras— respondí mientras me masajeaba la mejilla que Eva había golpeado.
—Y así fue. Me lo dijo Stephani, pero aun así me preocupé. Tengo miedo de perderte. Es muy fácil morir ahí fuera— dijo Eva señalando hacia la ventana de nuestra habitación.
—Lo se, pero estate tranquila. ¿Vale?— Eva asintió y ambos caminamos hacia la cama, nos sentamos y le conté todo lo que había pasado. También le conté que les había puesto nombre a los gemelos, nombres con los que Eva estuvo de acuerdo. También le conté que iba a dar una reunión a la hora de la comida.
Cuando llegó la hora de la comida, con todos reunidos en el gran comedor, pedí silencio y me puse donde todos pudieran verme.
—Muy bien, puede que algunos ya sepáis lo que ha pasado esta noche, pero debo poneros al corriente de algo— entonces comencé a contarles cual sería nuestro siguiente paso para estar más seguros en nuestro hogar.

En algún lugar de Georgia…
15:00 horas del medio día…

Estaba solo y sin armas a excepción de un mísero cuchillo. Sin comida, sin nada. A.J había abandonado el área de servicio. Antes de salir de allí había intentado coger la autocaravana, pero el depósito había sido dañado durante el tiroteo. Había caminado durante horas esquivando caminantes solitarios y en grupo. Nunca antes se había sentido así como en esos momentos, siempre se había visto arropado y apoyado por sus compañeros, pero ahora todos ellos estaban muertos, y solo había unos responsables de que ahora estuviera así.
Llegó a un camino y observó a un grupo de caminantes a su derecha. Eran cinco en total, estaban comiéndose los restos de alguien, del que a juzgar por el largo cabello rubio se trataba de una mujer, y al lado de esta, debajo de uno de los No Muertos, había una pistola. A.J se quedó mirando el arma mientras decidía si hacerse con ella o directamente alejarse, era posible que aun hubiese munición, aunque también podría ser que no. Justamente en ese momento, vio como los No Muertos centraban toda su atención en el. Los cinco caminantes se levantaron y comenzaron a caminar.
Los caminantes se movían lentamente, y al verlos, A.J entró en una especie de frenesí, quizás provocado por la descarga de adrenalina.
—Venga. Venid a por mi, cabrones infectos. ¡¡¡Venga!!!
El primero de los caminantes llegó hasta el y A.J lo golpeó. Si algo bueno tenían esos seres era que eran estúpidos y no podían coordinar ataques, eso a los supervivientes les daba ciertas ventajas. Una vez el primer No Muerto estuvo en el suelo, A.J lo pateó aplastándole el cráneo, fue a por el segundo con el cuchillo en la mano y le atravesó la cabeza. Tan solo quedaban tres de esos seres, uno de ellos, una chica se acercó y A.J la rodeó tratando de confundirla, seguidamente la cogió de la cabeza y la estrelló contra el tronco de un árbol, haciendo que trozos de cráneo, cerebro y sangre negruzca lo salpicaran. Los otros dos caminantes trataron de agarrar a A.J, pero esté pasó a través de ellos, dio una voltereta en el suelo, alcanzó la pistola y apuntó, entonces apretó el gatillo y disparó dos veces, dándoles en la cabeza a ambos.
Con los cinco caminantes muertos, A.J lanzó un grito de victoria. Miró el cargador y vio que todavía quedaban cinco balas. No eran suficientes, pero al menos le servirían de algo, y la pistola quizás le sirviera para intimidar a otros supervivientes solitarios si se encontraba con ellos, después de eso miró el cadáver de la chica que se estaban comiendo.
—Gracias por el arma encanto. Espero que a mi me vaya mucho mejor que a ti— entonces A.J se miró la ropa y vio que estaba muy sucio. –Joder. Cuanta mierda. Necesito un baño.
A.J caminó por el bosque. Escuchaba agua, no podía estar muy lejos de una cascada. Allí se limpiaría y se quitaría toda la porquería que llevaba encima.
Por fin lo encontró, era un pequeño lago con una cascada, dejó bien escondida la pistola y se lanzó de cabeza, el agua estaba fría, pero no le importó. Lo único que quería era quitarse de encima toda aquella mugre que olía a rayos. Cuando terminó de darse el baño, salió del agua, recuperó la pistola y se tumbó al sol sobre una roca, le hizo gracia el hecho de imaginarse a si mismo como un lagarto tomando el sol, y aunque aun tenía frio, estaba a gusto. Estaba cerrando los ojos cuando escuchó romperse una rama, abrió los ojos de repente y vio salir a un No Muerto de entre la maleza, era un hombre sin camiseta y con pantalones de pana. Tenía una larga barba de color rojo, este avanzaba hacia A.J.
—¿Es que no me vais a dejar tranquilo?— preguntó A.J levantando la pistola. Podría ahorrar una bala y matarlo con el cuchillo, pero no quería arriesgarse a mancharse otra vez. Entonces disparó y la cabeza del caminante reventó a cinco metros de el.
A.J esperó a que su ropa estuviera seca y se levantó de la roca, lo siguiente que necesitaba era encontrar comida. Le bastaba con cazar algo, aunque fuera una ardilla o cualquier cosa comestible. Recordó aquellos días en los que se pasaba el día entero viendo videos de “El ultimo superviviente” en You Tube. Aunque hasta ese momento no imaginó que eso pudiera servirle para algo.
A.J se adentró de nuevo en el bosque y se detuvo nuevamente al escuchar ruidos. Se escondió detrás del tronco de un árbol y esperó. Entonces vio aparecer a un jabalí, uno enorme. La suerte le sonreía, apuntó con el arma y apuntó a la cabeza, solo tenía esa oportunidad. Apretó el gatillo y disparó al animal abatiéndolo, después de acercó a el y comprobó que estuviera muerto, clavó el cuchillo en un costado del animal y cortó. Hizo un buen corte, abrió y cortó un trozo de carne, nunca había comido carne cruda, pero no tenía otra opción. Si no comía, moriría, y no podía morir hasta que no lograse vengarse de los que lo habían arrastrado a eso, no podía morir hasta vengarse de Silvia.
Cuando terminó de comer se puso en pie y siguió caminando, llegó junto a un árbol y se paró a descansar, pero justo cuando se apoyó en el árbol sintió como si se elevará, dio una vuelta de campana, su cabeza chocó contra el suelo y seguidamente se elevó en el aire, antes de perder el conocimiento vio que estaba colgando boca abajo. Había caído en una trampa.

Hotel…
20:00 horas de la noche…

La reunión de Juanma a la hora de comer había dado sus frutos. Les había contado todo sobre A.J y había dicho que este estaba en algún lugar perdido, solo y desarmado, pero que aun así debían estar alerta. Dicho y hecho se habían organizado patrullas de cuatro personas que se habían situado en cada punto de las vallas del hotel, comunicados entre si con walkie talkies, una vigilancia tan fuerte que nadie podría entrar ni salir sin ser descubierto. Habían repartido también a los perros. A pesar de todo, Silvia, por estar vinculada con A.J, había sido apartada de todo lo que tenía que ver con el, así ella se había visto enclaustrada en su habitación, la numero 113. Desde la ventana observaba el ir y venir de los guardias, también vio a Juanma salir a impartir ordenes. No podía culparle por la decisión que había tomado, pero ella no quería ser apartada, necesitaba estar ahí y cumplir su venganza, era cosa suya, solo descansaría cuando acabara todo, pero tenía que acabarlo ella. A.J la vía hecho caer en un infierno mucho peor que el infierno que se había desatado en la tierra, se lo había quitado todo.

Hace algunos meses…

Silvia abrió los ojos desorientada. La cabeza le dolía y tenía la vista nublada, apenas veía lo que tenía delante, tan solo la tenue luz de una vela en la oscuridad. Trató de incorporarse, pero se vio atada de pies y manos, como siempre. Entonces recordó su embarazo, se miró la barriga y vio que esta había menguado, entonces recordó que el parto ya se había producido, aunque le fue imposible averiguar cuando, su cabeza era una vorágine de recuerdos mareantes y elementos que no sabía si habían sido reales o partes de algún sueño. De repente sintió arcadas, se giró todo lo que pudo y vomitó.
—Lo has puesto todo perdido— la voz de A.J la sobresaltó. Lo buscó, pero no lo encontró, no hasta que este salió de la oscuridad a escasos centímetros de ella. Este se puso en cuclillas junto a ella y limpió los restos de bilis de la comisura de los labios.
—¿Qué ha pasado? ¿Dónde está mi hija? ¿Cuánto tiempo ha pasado…?— balbuceó Silvia.
—Demasiadas preguntas. Aunque puede que con lo que te voy a decir ahora responda algunas de ellas. Empecemos, la realidad es la siguiente: Del amor al odio hay solo un paso, un paso que tu decidiste dar hace tiempo cuando pensaste que sería mejor dejarnos y marcharte, hace tantos días de eso que ya ni me acuerdo. Podrías haber seguido como hasta antes de todo eso, disfrutando de mi amor, pero decidiste cruzar esa línea y por lo tanto te mereces todo lo que te está pasando ahora, y siento tener que ser yo quien te diga estas cosas, pero es así.
—Mi hija…
—Nuestra hija. Supongo que comprendes la situación en la que estamos. Apenas tenemos comida, agua, armas… Los recién nacidos en este mundo ya no solo son un lastre, si no que desde el momento en que nacen, su vida pende de un hilo, y por lo tanto hace que nuestras vidas también pendan de un hilo. Su llanto podría atraer caminantes. Algo que no nos conviene, ni aunque sean pocos, detrás de unos pocos siempre viene un rebaño.
—¿Qué has hecho con ella? Quiero verla… Por favor…— lloró Silvia intentando agarrar a A.J, pero este apartó sus limitadas manos de un manotazo. –Es tu hija también.
—Silvia, Silvia, Silvia. Lo que quiero decirte es que los recién nacidos no tienen sitio en este mundo. Nuestra hija ya no existe… Está muerta…
La noticia sentó como una puñalada a Silvia. No podía creer lo que A.J acababa de decirle. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué le había sucedido? Muchas preguntas como ese se formulaba a si misma sin encontrar respuestas. Se sentía completamente destrozada.
—Devuélvemela… Te lo suplico…
—Nuestra hija está muerta, acéptalo… Y acepta también que nos perteneces. Estás aquí por que eres lastre y solo tenias dos opciones, la muerte o tu situación actual… Si estás aquí es por que estoy siendo humanitario contigo y no quiero que mueras. Estas son las reglas de este nuevo mundo, y todos tenemos que tener nuestro sitio. Ahora duerme y recupérate, los demás están deseando estar contigo.

Después de eso, A.J apagó la vela y salió de donde se encontraban, dejando a Silvia sola y hundida en la oscuridad. Estaba tan oscuro que Silvia no pudo ver la sonrisa de satisfacción de A.J. El había querido hundirla emocionalmente y el llanto amargo de ella le reveló que lo había conseguido. Eso le divertía.

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