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sábado, 16 de abril de 2016

NECROWORLD Capitulo 111

Primeros días del gran pánico…
Charleston… 10:00 de la mañana
South Windermere Shopping Center

Definitivamente el mundo se estaba yendo al infierno y eso se notaba mirase donde mirase. Silvia se encontraba en el aparcamiento de un centro comercial en Charleston, dentro de su coche esperando a A.J, su novio, el cual había conocido por internet y ella había decidido dejarlo todo por el y dejar España, este estaba dentro del centro comercial abasteciéndose de provisiones, tenía el plan de quedarse en casa hasta que todo pasase, si es que pasaba. Observaba el ir y venir de la gente cargando con todo lo que había podido saquear. No era extraño ver a hombres corpulentos cargados con televisores de muchas pulgadas o a mujeres con carros de la compra llenos hasta rebosar. Tampoco faltaban las familias enteras llenando sus vehículos hasta los topes con todo tipo de cosas. Desde luego era un caos, algo que nunca había imaginado que vería, ni siquiera cuando se comenzó a hablar de aquel virus semejante a la gripe, pero aquel virus en esos últimos días había pasado a un segundo plano, lo que de verdad asustaba a la gente en esos momentos eran los muertos.
Los muertos que tanto aterrorizaban a la gente eran aquellos que habían sufrido el virus y que tras morir habían vuelto a la vida y se estaban multiplicando de forma exagerada, reduciendo al mismo tiempo el número de la población humana. La gente no sabía que hacer para acabar con ellos, todo eran conjeturas y teorías que nunca llegaban a buen puerto.
Silvia sacó su teléfono móvil y marcó el número de casa de sus padres, a esas horas estarían despiertos, lo intentó varias veces, pero la línea estaba completamente muerta. Lo había intentado un día antes por internet, pero también la línea estaba muerta, todo se estaba yendo a pique. Frustrada tiró el teléfono móvil al asiento de atrás, justo en ese momento vio pasar varios helicópteros, ella bajó la ventanilla y se asomó para ver que dirección tomaban, miró hacia unos arboles y mucho más allá, donde estaba la zona de residencias, vio humo. Salió del coche y escuchó a una mujer hablar de que acababa de hablar con su hija, la cual le había estado contando por el móvil que el ejército estaba bombardeando las calles de San Francisco con Napalm, que la situación era insostenible. Vio a otros hombres que comenzaban a vocear que un grupo de muertos avanzaba por la autopista y que su número iba creciendo a medida que avanzaban.
El pánico comenzó a cundir, tanto que un hombre que pasaba corriendo cargado con unas cajas, fue arrollado por un vehículo que también trataba de huir. Escuchó disparos en algún lugar del aparcamiento y también una explosión a la que siguió una columna de fuego que venia de la autopista.
Silvia escuchó más disparos y vio a un grupo de personas subidas encima de un vehículo, no las llevaban, estaban tratando de hacerse con el vehículo. De un tirón sacaron al conductor y cuando este estuvo en el suelo lo patearon y golpearon mientras otros luchaban entre si. Silvia pensó que debía volver a su coche, se dio la vuelta y caminó hacia el, se metió dentro al mismo tiempo que un tipo grande con gorra se acercaba a ella e intentaba abrir la puerta, pero ella cerró con el seguro.
—Deme su coche— le amenazó el tipo dando golpes en la ventanilla que Silvia acababa de subir rápidamente. –Deme el puto coche, lo necesito.
—No. Déjeme en paz— respondió ella totalmente asustada.
En ese momento el tipo sacó una porra y golpeó el cristal haciendo que este reventase. Seguidamente metió el brazo y agarró a Silvia del pelo, tiró de ella y comenzó a sacarla del coche. Ella gritaba y braceaba, no tardó en verse en el asfalto. Justo entonces el tipo comenzó a cachearla en busca de las llaves.
—¿Dónde están las jodidas llaves?— preguntó el hombre cada vez más agresivo. La agarró del pelo varias veces y la zarandeó. De repente, vio una segunda silueta llegando a donde estaban y abalanzándose sobre aquel tipo.
A.J había llegado como un rayo, había dejado ir el carro con provisiones y se había enzarzado en una pelea con aquel grandullón. Con un rápido movimiento le arrebató la porra con la que había roto el cristal aquel tipo instantes antes y con un rápido movimiento lo golpeó. El tipo cayó primero sobre el capó tras dar una vuelta sobre si mismo, después A.J lo golpeó repetidas veces hasta que dejó de moverse. Seguidamente A.J ayudó a Silvia a levantarse.
—Vamos. Tenemos que irnos de aquí— dijo A.J recuperando el carro y dirigiéndose al maletero del coche mientras Silvia observaba el cuerpo de aquel hombre. Vio su cabeza y descubrió la brecha de la que manaba sangre. –Oye, esto ya esta. Vámonos— dijo A.J agarrándola del brazo y dándole la vuelta, en ese momento ella vio la pistola que tenía sujeta al cinturón.
—¿De donde la has sacado?— preguntó ella.
—Se la quité a un poli muerto. Venga, sube al coche— le espetó A.J. Ambos subieron al vehículo y A.J lo puso en marcha, echaron marcha atrás golpeando a un coche que también salía, pero no hicieron ningún caso. Cuando tomaron la autopista, Silvia estaba aun conmocionada por lo que acababa de sucederle. El se dio cuenta de ello y enseguida le cogió la mano. –No temas cariño, ya pasó. No dejaré que te pase nada, yo te protegeré siempre. Eso hizo que Silvia sonriera, era cierto, el la protegería hasta el final, o eso creía.

Día 7 de Octubre de 2010
Día 830 del Apocalipsis…
Bosque…
03:47 horas de la madrugada…

Los caminantes se nos acercaban y nos rodeaban, ni Silvia ni yo teníamos armas. Mejor dicho, ninguno de los dos tenía munición. Sin pensármelo dos veces miré a Silvia y le puse a la niña en brazos, seguidamente la miré.
—Corre y no te detengas ante nada. Solo corre, yo te abro el camino— ella intentó decir algo, pero antes de que pudiera hacerlo, blandí el fusil en el aire y golpeé al caminante más cercano al tiempo que ella comenzaba a correr.
Seguía de cerca a Silvia mientras iba golpeando a caminantes, no me importaba si los mataba o no, lo único que quería era dejar el camino libre. Ni siquiera me fijaba en el sexo o la edad de aquellos seres, simplemente los golpeaba fuertemente, siempre sin perder de vista a Silvia. El tiempo jugaba en nuestra contra, y todavía más en contra de aquella niña.
Llegamos a una zona rodeada de arboles, allí había varios caminantes más. Nos estaban rodeando, algunos de los que había golpeado antes se habían levantado y nos habían seguido. Golpeé a uno que tenía delante y cuando estuvo en el suelo le pisé la cabeza, iba a golpear a otro cuando escuché gritar a Silvia. Dos caminantes la habían acorralado contra el tronco de un árbol y ella se defendía dándoles patadas, cuando vi que uno la agarraba y trataba de morderla, me lancé contra el y ambos caímos al suelo. El movimiento hizo que el que aun estaba atacando a Silvia perdiera interés en ella y viniera a por mí. Golpeé varias veces al que había en el suelo y entonces noté como me agarraba el otro, yo estaba agotado ya y no me dio tiempo a reaccionar, incluso llegué a notar el aliento del No Muerto. En ese momento cerré los ojos dándolo todo por perdido, pero no ocurrió nada, lo único que sucedió fue que una flecha atravesó el aire y se clavó en la cabeza del No Muerto. Abrí los ojos y entonces vi a Katrina allí con el arco en la mano.
—Seguidme por aquí. ¡¡¡Venga!!!— me espetó Katrina.
Volví a coger a la niña en brazos y los tres comenzamos a correr. Cuando llegamos al área de servicio nos encontramos con los demás, con ellos estaba Levine, lo habían encontrado. Ellos se acercaron preguntando que había pasado, pero no había tiempo que perder. Había que llevar a esa niña al hotel, pero estábamos bastante lejos, temía que no lo lográramos.
—Tenemos que ir hacia los coches. Corred.
Comenzamos a correr todos, de regreso a los vehículos. Mientras corríamos me di cuenta de que estábamos todos salvo Zacarías. No hice preguntas, me imaginaba lo que podía haber pasado con el. Cuando llegamos a los vehículos nos montamos rápidamente y emprendimos el viaje de vuelta.
Silvia y yo nos habíamos subido en la parte trasera de uno de los coches, allí le taponamos la herida a la pequeña, entonces miré a Silvia. La cual miraba a la pequeña como en estado de shock, entonces alzó la vista y me miró a los ojos.
—Le prometí que no dejaría que le pasara nada. No se puede morir.
—No lo hará— le respondí. Aunque lo cierto era que la cosa no pintaba nada bien. Aun nos quedaba mucho camino y era probable que esa niña no llegara viva al hotel.

Día 238 del Apocalipsis
12:00 de la mañana… Ladson…

Habían pasado muchísimas cosas desde aquel episodio en el centro comercial de Charleston. Cuando se largaron de allí, A.J y Silvia regresaron a su casa y se unieron al grupo de amigos de A.J. Silvia no soportaba ni a la mitad de ellos, pero en esos tiempos difíciles la unión hacía la fuerza, después de eso se largaron de casa y estuvieron viajando hasta que habían llegado a Ladson donde se habían refugiado en una escuela. Durante su viaje habían encontrado a otros que desvalidos y hambrientos se habían unido a ellos formando un grupo aun mayor. Silvia había conocido a una chica joven llamada Annabelle. Habían hecho buenas migas y ambas habían decidido ocuparse del reparto de comida, muchas veces intercambiaban confidencias.
—Me gusta Connor. El amigo de tu novio, pero no se si decirle algo. Tú lo conoces más. ¿Qué tal es? Así a simple vista parece buen tipo, pero tú me puedes aconsejar.
Silvia estaba apuntando en una lista las raciones que le tocaban a cada uno y entonces miró a su amiga. –A veces es un poco tosco, pero no es mal tío. Hace muy buenos tatuajes por cierto.
Annabelle sonrió. —¿Si? Quizás le pida que me tatúe algo. Siempre he tenido ilusión por hacerme un tribal en el culo…— esa confesión hizo que las dos amigas comenzaran a reír a carcajadas. Silvia no recordaba haberse vuelto a reír así desde que los muertos habían vuelto a la vida. Incluso lo había olvidado por unos momentos.
El hecho de que los muertos caminaran y se comieran a los vivos hacía de su día a día un tormento. Siempre que algunos miembros del grupo salían a recolectar, siempre había alguno que no volvía. Incluso una vez uno de ellos había resultado mordido, ellos creyeron que podían salvarle la vida, pero no fue así, no sabían lo que iba a pasar y murió por la noche. Ese error provocó dos muertes más.
Mientras las chicas hablaban vieron como Alex llegaba a la cocina, este se las quedó mirando. –Vamos al hall. Tenemos una reunión importante.
Las dos chicas se miraron y siguieron a Alex hasta una de las aulas, allí todos estaban reunidos, A.J estaba en el centro con los brazos en jarras. Cuando Silvia entró, este la miró y ella le sonrió, sin embargo el no le devolvió la sonrisa, no era la primera vez, llevaba tiempo notándolo distante, más frio. Aunque ella pensó en todo momento que eso se debía al estrés de la situación o por el estrés de ser el líder de aquella pequeña comunidad que con el paso del tiempo había ido aumentando.
—Os he reunido a todos por que tenemos un problema. Un problema bastante grave. Las existencias se nos están agotando, no tenemos comida para todos y los supermercados de alrededor están todos saqueados. Podríamos ir más lejos, pero eso es peligroso. Hoy hemos perdido a Shane en una incursión— decía A.J. Lo que decía era cierto, Shane no había vuelto. Seguramente lo habían devorado. Silvia siguió escuchando lo que decía su novio.
—¿De que estás hablando?— preguntó un hombre del grupo.
—Hablo de que somos treinta personas aquí y que no hay comida ni agua para todos. Además, tengo la certeza de que alguien ha estado robando comida y agua. ¿Qué como se soluciona esto? Es evidente. Reduciendo el personal.
Todos comenzaron a hablar a la vez, una mujer en concreto fue la que se dirigió a A.J. —¿Vas a echar a gente de aquí? No puedes hacer eso. Matarás a esas personas.
Silvia miró a la mujer, iba a decirle algo para negar tal cosa, pero A.J se le adelantó y reveló que la mujer no se equivocaba. –Muy bien, pues es así, pero lo haremos por sorteo. Aquí mando yo y soy yo quien lo decide— en ese momento A.J le hizo un gesto a uno de sus amigos. Se trataba de Craig, un tipo enorme que a Silvia no le gustaba nada. Este se acercó y entregó una bolsa a A.J, este metió la mano y sacó dos piedras de ella, una de color blanco y otra de color negro, seguidamente se las mostró al grupo. –Así es como funcionará. Cada uno sacará una piedra de la bolsa y aquellos que la cojan negra tendrán que marcharse de aquí. Hay un total de treinta piedras. El sorteo nos excluye a mis amigos, a mi novia, a la medico y a mi.
—¿Y por que eso os excluye a vosotros? ¿Por qué?— preguntó un chico joven del grupo. ¿Es que los demás no tenemos derechos?
—Que yo sepa— comenzó a decir Banks saliendo en defensa de A.J. El era otro que a Silvia no le gustaba nada, le había visto disfrutar matando caminantes y intentando manosear a las chicas, incluso ella estaba segura de que el había tenido algo que ver con el suicidio de una chica hacía cosa de un mes. –Tu lo único que haces es quedarte sentado esperando a que los demás te traigamos la comida, comida que no has hecho nada para ganarte. Y como tu, aquí hay muchos.
—Cierto. Aquí los que no contribuyen, sobran totalmente— continuó A.J –Quiero hacer esto fácil. Sacad una jodida piedra y aceptad vuestro destino. Y por vuestro bien, espero que no nos pongáis demasiados problemas. Venga— dijo A.J zarandeando la bolsa.
Todos los que no pertenecían al grupo principal de A.J comenzaron a pasar por la bolsa a meter la mano, aunque ninguno miró la piedra para conocer su destino, la última fue Annabelle. Esta metió la mano temblorosa y seguidamente la sacó sin mirarla.
Silvia por su parte tenía el corazón en el puño, no sabía que decir o hacer, aquello la había cogido tan de sorpresa que estaba descolocada.
A.J se quedó sentado mirando a todos los demás. –Descubrid vuestras piedras y aceptad el destino que os ha tocado.
Todos comenzaron a abrir sus manos, todos comenzaron a descubrir la piedra de color negro, el pasaporte de salida de allí. Y eso hizo que algunos se derrumbaran por completo, lloraban y gritaban de frustración. Fue entonces cuando le tocó el turno a Annabelle, ella abrió lentamente la mano y encontró la piedra de color negro.
—No… No… No— comenzó a decir mientras Silvia la abrazaba.
—Muy bien. Esto es así. Hora de largarse— dijo A.J. Silvia vio en ese momento que su novio trataba de disimular una sonrisa de satisfacción.
—Déjame ver esa bolsa. No es posible que a todos los que no son de tu grupo nos haya tocado la piedra de color negro. Seguro que estaba amañado— dijo un hombre caminando dando zancadas en dirección a A.J, pero este no pudo dar demasiados pasos antes de que algunos de los amigos de A.J se pusieran por el medio y le apuntaran con las armas. —¿De que va esto?
—Hora de marcharse todos los elegidos. No hagáis un drama de esto— seguidamente miró a Silvia y Annabelle, las cuales seguían abrazadas. –Vosotras también, terminad de despediros.
Veinte minutos después, todos los elegidos fueron expulsados de allí sin darles tiempo a defenderse o expresar argumentos por los que debían quedarse. Después de eso, Silvia se quedó a solas llorando en la cocina, se sentía rabiosa y decidió que iría a hablar con A.J. Salió de la cocina y se dirigió hacia uno de los despachos, en concreto fue a aquel que A.J había ocupado, cuando llegó a la puerta y estuvo a punto de abrirla escuchó unas voces al otro lado. Una de ellas era la de A.J, la otra parecía la de Jaden. Otro de los amigos de A.J, un tipo que desde el principio le pareció un ser sin escrúpulos.
Silvia no pudo evitar pegar la oreja para escuchar la conversación que los dos amigos estaban manteniendo.
—Sal tras ellos. No pueden haber ido muy lejos. Así nos ahorraremos posibles problemas. No dejes que escape ninguno de ellos— decía A.J. –Y no te preocupes. Nadie tiene por que enterarse de esto.
—¿Y las chicas?— preguntó Jaden.
—Haz con ellas lo que quieras— respondió A.J
La puerta se abrió de repente y Jaden salió al pasillo encontrándose de frente con Silvia. La miró con una sonrisa mientras pasaba a su lado y entonces ella se quedó mirando a A.J.
—Dime que no es cierto lo que acabo de escuchar— dijo Silvia entrando en el despacho y cerrando la puerta detrás de ella. –Dime que no has enviado a Jaden como verdugo.
—Es justo lo que has oído, pero entiéndelo, se trata de librarnos de lastre. Eso eran esas personas. Nos retrasaban, y si mandé a Jaden detrás fue por que no confío en ellos. Podrían buscar venganza mientras dormimos. ¿Quieres eso?
—¿Por qué piensas que harían eso? No lo sabes.
—Por eso he mandado a Jaden. Aseguro nuestra supervivencia, incluida la tuya.
—Tu antes no eras así, has cambiado y me estás dando miedo— respondió Silvia acercándose a su pareja y dándole golpes con el dedo en el pecho. —¿Qué cojones te ha pasado? Odio en lo que te estás convirtiendo. Me das asco.
En ese momento A.J levantó la mano y le asestó un sonoro bofetón a Silvia. –Te recuerdo que si no estás con ellos es por que yo no quise. Y si quieres seguir aquí, más te vale contribuir. O te largaré. Ahora vete a seguir racionando la comida que tenemos, y maquíllate, eso te dejará un moretón— seguidamente A.J se largó de allí dejando a Silvia sola. Entonces ella se echó a llorar.
En una situación normal, ella se hubiese largado, se consideraba fuerte para no dejar que aquel tipo le volviera a pegar, pero en ese mundo… Si se iba sola en medio de ese mundo, seguramente moriría, no se sentía preparada para afrontar en soledad el mundo hostil del exterior.
Aquella noche, Jaden volvió a la madrugada, lo hizo con tranquilidad y con una sonrisa, a pesar de las manchas de sangre de su ropa. Cuando se encontró con A.J se abrazaron. Fue en ese momento cuando Silvia tomó una decisión, algún día no muy lejano dejaría ese grupo para no volver jamás, pero hasta que ese día llegara, se iba a preparar bien, y lo haría en secreto, por que sabía que A.J no se lo permitiría.

Día 7 de Octubre de 2010
Día 830 del Apocalipsis…
En algún lugar de la carretera…
04:30 horas de la madrugada…

Estábamos a nada de llegar al hotel cuando noté que la niña ya no respiraba. Mi mirada se cruzó con la de Silvia, cuyos ojos se habían ido llenando de lágrimas al notar que la pequeña se había quedado sin pulso. Seguidamente miré a Faith, ella era la que conducía.
—Detén el vehículo— le dije.
—Pero… Estamos a punto de llegar— replicó ella.
—¡Que lo detengas!— le grité.
Faith hizo caso a lo que le dije y tras hacerles una señal a los demás coches, nos detuvimos a un lado de la carretera. Allí Silvia y yo bajamos a la niña y la dejamos en el suelo con delicadeza.
—¿Qué es lo que ha pasado?— vino preguntando Stephani, pero no hizo falta que le respondiera, cuando vio el cuerpo sin vida de la niña, comprendió enseguida que había ocurrido.
—Le prometí que la salvaría— decía Silvia entre lágrimas. Ella se tumbó sobre la niña rompiendo a llorar amargamente. Justo en ese momento vi como la niña comenzaba a regresar. Rápidamente cogí a Silvia de los hombros y la alejé de la pequeña mientras Mouse sacaba un cuchillo y se lo clavaba a la niña en la cabeza.
Abracé a Silvia fuertemente mientras ella se deshacía en lágrimas, entonces miré a Mouse. –Vosotros regresad al hotel y dejad aquí un coche. Yo me quedaré con ella y enterraremos a la niña, luego hablaré con ella.
—¿Estás seguro?— preguntó Katrina.
—Si. Decidle a Eva que estoy bien y que volveré enseguida— respondí.
En ese momento se me acercó Dylan y me pasó un fusil y una pistola con munición. –Por si acaso.
—Gracias— le respondí. Cuando se fueron y yo me quedé a solas con Silvia la miré. –Enterremos a la pequeña y luego volvamos a casa. No es culpa tuya que haya muerto, hiciste lo que pudiste. Y si tú eres responsable de su muerte, yo también lo soy.
—Siento haberme ido. Creo que he complicado las cosas— dijo ella.
Ambos comenzamos a cavar en la tierra mojada por la lluvia que seguía cayendo sobre nosotros. Cuando tuvimos el hoyo listo, deposité el cuerpo de la niña y seguidamente comencé a cubrirlo con tierra. Cuando terminamos, nos subimos al coche y emprendimos el camino de regreso al hotel.
—Ese cerdo de A.J se me ha escapado. No tienes ni idea de lo mucho que odio a ese cabrón— dijo ella mientras miraba por la ventana con la mano apoyada en el mentón.
—Algún día tendrás tu venganza, pero de momento regresaremos a casa. Ahora el está solo y sus posibilidades de sobrevivir se han reducido. Puede que muera el solo, y si no es así… Puede que puedas cargártelo tu misma.
—Pues espero que no muera el solo— respondió Silvia con frialdad.

Día 325 del Apocalipsis…
Ladson… 00:45 de la madrugada…

Habían pasado muchas cosas desde el día que había pasado lo de las piedras y más de quince personas entre las que estaba Annabelle, habían sido expulsadas del colegio donde estaban refugiados. En esos días las cosas habían ido a peor. No habían acogido a nadie más, al contrario, Jaden les había dado una idea. La idea de cazar a otras personas para venderlas a otras comunidades, pero no eran personas cualesquiera. Eran personas asiáticas, latino americanos y afro americanos principalmente. Todos se habían tatuado y la habían tatuado a ella. Se trataba de un tatuaje bastante tétrico. Una calavera con una cruz en la frente con una serpiente saliéndole de la boca.
Ella no participaba en esas cacerías nunca, no quería tener nada que ver, solo buscaba el momento adecuado para escapar de allí, había estado haciendo ejercicio en secreto, y esa noche era el momento que tanto había estado esperando. Esperó a que estuvieran dormidos todos y salió del despacho donde compartía cama con A.J. Lo hizo con cautela para no despertarlo.
Llegó a donde tenía escondido su equipaje y lo dejó caer por una ventana. Seguidamente saltó ella. Se encontraba en el patio del colegio, se colgó sus cosas y arma al hombro y corrió hasta la valla, cuando llegó la saltó y se alejó corriendo por la calle evitando a los No Muertos que deambulaban por allí.
Las calles estaban prácticamente vacías a excepción de los caminantes. Por fin llegó a una tienda de ropa que tenía las puertas abiertas, decidió pararse y coger algo. Lo iba a necesitar para las noches frías, ya que iba a pasar bastante tiempo a la intemperie.
Nada más entrar sintió el olor que desprendían los caminantes, seguidamente escuchó un ruido, enfocó con su linterna y vio a una No Muerta clavada a la pared, estaba desnuda y en su vientre había escrita una palabra, la cual parecía hecha con un cuchillo. En su vientre, alguien había escrito la palabra “Zorra”.
Silvia se apiadó de ella y se fue acercando para darle una muerte digna. Vio entonces varios mordiscos en el cuerpo de esta, pero entonces le vio la cara y se dio cuenta que la conocía. Silvia retrocedió con la mano tapándose la boca, aquella chica era Annabelle.
No podía dejarla así, sacó la pistola y le apuntó a la cabeza, seguidamente disparó. Se podía imaginar que Jaden seguramente la había violado y luego la había clavado a la pared a su suerte. Por como estaba clavada, aquel salvaje se aseguró de que no pudiera escapar.
Cogió un par de mudas y unas mantas y salió de la tienda. Recorrió varias calles y llegó a un parking. Allí había un coche que parecía estar en buen estado, a diferencia de los que había visto en la calle. Decidió que ese sería el que cogería y luego se alejaría de allí rápidamente.
Llegó hasta el coche y abrió la puerta con gran facilidad, buscó en la guantera una vez estuvo dentro, allí encontró las llaves. Las cogió y las puso en el contacto, las giró y el motor arrancó con un rugido. Lo había conseguido, estaba tan contenta que comenzó a reír a carcajadas.
—¿Te hace gracia?— La voz hizo que Silvia dejara de reír de repente. Abrió los ojos y entonces se encontró cara a cara con A.J. Seguidamente le dio un golpe en la cara y tiró de ella hasta sacarla del vehículo. Cuando la tiró al asfalto se la quedó mirando.
—¿Pensabas que ibas a escapar de mi? ¿En que mundo vives? De mi no escapa ni dios. Joder— dijo A.J. Después le asentó otro golpe y Silvia quedó inconsciente.

Día 7 de Octubre de 2010
Día 830 del Apocalipsis…
Área de servicio Marcus Vickers…
06:00 de la mañana…

A.J regresó al área de servicio. Una vez allí descubrió lo que eran los restos de sus amigos. Vio a Connor y a Alex inclinados sobre un cuerpo que identificó como los restos de Lou. Ambos se lo estaban comiendo. Lo que A.J sintió en ese momento fue un ataque de rabia. Silvia había llegado allí con otro grupo. Un atajo de desgraciados que los habían ido a cazar, seguramente los amigos de aquel tipo que caminaba entre los muertos. Se acercó a los que habían sido sus amigos y comenzó a golpearlos salvajemente hasta que ambos se quedaron inmóviles. Seguidamente se puso de pie al tiempo que dejaba de llover. Miró al horizonte y se juró a si mismo que los mataría a todos le costase lo que le costase.

Día 21 de Abril de 2010
Día 662 del Apocalipsis…
En algún lugar cerca de Macon…

A.J tenía en brazos a la niña que acababa de tener Silvia. Era una niña sana. La miraba con una sonrisa en los labios.
—¿Qué harás con ella? Es demasiado pequeña. Solo nos traerá problemas— dijo Alex mirándola. –Deberíamos hacer algo con ella. Necesitamos armas, munición y comida. Dentro de un rato salimos hacia Las Vegas con el cargamento.
—Por ella nos darán un buen pellizco. Se la venderemos a ese cabrón de Dorian. No me interesa llevar este lastre.
—¿Y que le dirás a la madre?
—¿Acaso importa? Pero si tanto te interesa saberlo… Le diré que está muerta. Al fin y al cabo a ella también tendremos que matarla algún día. Solo la tenemos ahí para satisfacernos. Llegará un día que no valga ni para eso, mientras tanto dejaré que sigáis disfrutando de ella como la he disfrutado yo.
—Tu mismo. Aunque opino que deberíamos matarla ya. Nunca se sabe lo que puede pasar. Si se escapase podría matarnos.

—Eso nunca pasará Alex. Ella no tiene cojones de matar a nadie— respondió A.J muy seguro de si mismo. –Ella no es como nosotros, no está hecha para este mundo.

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