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Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
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sábado, 30 de abril de 2016

NECROWORLD Capitulo 113

Día 21 de Abril de 2010
Día 662 del Apocalipsis…
En algún lugar cerca de Macon…

—Vamos Silvia empuja. Ya casi está fuera. Solo un esfuerzo más— decía la medico que estaba asistiendo el parto de Silvia.
Silvia había quedado embarazada de A.J hacía nueve meses exactos, pero ella no quería tener un hijo con el. Detestaba a A.J y cualquier cosa que tuviera que ver con el. Detestaba a los amigos de este que se habían estado turnando para abusar de ella, con todo el permiso de A.J, el cual muchas veces observaba en un rincón de las habitaciones donde la metían cada vez que se trasladaban, con la excusa de que estaba ahí para evitar que las cosas se desmadraran.
Silvia no quería dar a luz a un bebé que también era de A.J. No creía que pudiera amarlo, pero no podía mantenerlo dentro, se había puesto de parto y no había marcha atrás. Apretó los dientes con fuerza y miró fijamente a A.J, el cual la observaba cruzado de brazos en una esquina. Lo odió con más fuerzas todavía a medida que empujaba, hizo un último esfuerzo y el bebé salió. Por unos momentos deseó que no respirara, pero entonces escuchó el llanto y miró a la doctora, la cual le devolvió la mirada con una sonrisa. La medico cortó el cordón umbilical y envolvió al bebé con una manta, seguidamente se la puso a Silvia en brazos. En ese momento, cuando Silvia vio al fruto de sus entrañas, lo olvidó todo, dejó el odio. Solo tenía ojos para el bebé que acababa de nacer.
—Es una niña— dijo en ese momento la medico. La cual no podía contener las lágrimas. Eran lágrimas de alivio, de haber traído un bebé al mundo, pero no eran lágrimas de compasión. Por que ella misma había permitido que abusaran de Silvia constantemente. Así era como la doctora del grupo se había librado de ser un maldito objeto sexual de un puñado de cerdos.
Silvia observó detenidamente a su hija y se dio cuenta de que se le parecía muchísimo. Había heredado todos los rasgos de ella, ninguno del monstruo de su padre… Y fue precisamente este el que se acercó y se la arrebató de los brazos.
—Devuélveme a mi hija. Es mi hija— decía Silvia tratando de agarrarla, pero A.J se apartó bruscamente. —¡¡¡¡Devuélvemela!!!!
—Aséala. Y cuando la hayas aseado, vuelve a atarla— dijo A.J mirando a la medico. –Cuanto antes esté disponible, mejor.
—Si— respondió la doctora.
—¡¡¡Mi hija!!!— gritó nuevamente Silvia. Fue en ese momento cuando A.J la miró como una sonrisa.
—Tú no has tenido ninguna hija— después de eso, A.J salió por la puerta y Silvia no volvió a ver a su hija.

Día 7 de Octubre de 2010
Día 830 del Apocalipsis…
Las Vegas… 08:00 de la mañana…

El llanto de la niña despertó a Luci. Esta se levantó rápidamente de la cama y se acercó a la cuna. La cogió en brazos y la estuvo acunando, pero esta no dejaba de llorar. Era evidente que tenía hambre. Salió de la habitación y se encontró con Claire.
—¿Tiene hambre?
—Eso parece. Los pañales los tiene limpios. Ahora iba a prepararle el biberón— respondió Luci. –No me acostumbro a esto.
—No te preocupes. Por eso estoy aquí para ayudarte— respondió Claire. Ambas bajaron a la cocina y mientras Luci se sentaba en una silla. Claire preparaba el biberón. –Es evidente que Dorian te dio a la niña para tenerte cogida por las pelotas. Es un cabrón muy listo. Sabe que no correrás riesgos teniendo a la cría al lado.
—Eso no me impedirá largarme de aquí. No se como lo haré, pero me marcharé de aquí. La niña solo me ha dado fuerzas. Quiero alejarla de el.
—Es muy peligroso salir ahí fuera con una niña tan pequeña. Sus lloros atraerían a los caminantes. No se si duraríais mucho ahí fuera. Aquí estáis a salvo.
—Pero aquí hay seres mucho peores que los caminantes. Además, en algún lugar de Georgia están mis amigos. Volveré con ellos cueste lo que cueste, y la niña vendrá conmigo.
—Sabes que Dorian no te permitirá marcharte— respondió Claire mirando a Luci.
—Dorian no estará vivo para entonces. También me ocuparé de el.
—Estás loca. Ahora es mucho más difícil escapar. No lo conseguirás.
—Al contrario. Antes estaba sola. Ya no lo estoy— respondió Luci pensando en David y en Alicia. No contaba con Sandra por que ella se había unido voluntariamente a Carlos. –Lo he pensado mucho. Ahora tengo más opciones que nunca, tú puedes venir con nosotros, tu hermano sigue por ahí en algún lugar. Créeme, lo conseguiremos.
*****
Dorian se encontraba sentado en una sala llena de televisores. En una se veía a David y a Alicia jugando con el niño. En otra estaba Sandra todavía acostada, pero el no prestaba atención a esas, el solo miraba la pantalla donde se veía a Luci con la niña en brazos hablando con Claire. Alargó la mano y subió el volumen para escuchar lo que estaban diciendo. A medida que las escuchaba no podía evitar sonreír. ¿De verdad pensaban que iban a poder escapar? El no era tan estúpido como para permitir tal cosa. Luci le pertenecía y el sabía muy bien como hacer de ella lo que quería. La niña era su seguro.
—¿Qué haces?
La voz que escuchó a sus espaldas le sorprendió. Se dio la vuelta y se encontró a la periodista observándolo. Aun llevaba puesta la camisa de el. Pensó que estaba dormida todavía después de haber pasado la noche juntos.
—¿Qué coño haces todavía aquí? Quítate mi camisa. Vístete y márchate— Dorian se dio la vuelta y siguió mirando las pantallas.
—¿Estas espiando a mis compañeros? ¿A los que vinieron conmigo?— volvió a preguntar Tina Morales sin apartar la mirada de las pantallas. —¿Por qué lo haces?
—¿Estás sorda acaso? Te dije que te largaras. Largo— dijo Dorian mirando a Tina de reojo. Esta no tuvo más remedio que obedecer. Justo antes de salir de la habitación, Dorian la llamó. –No quiero que le digas a nadie ni una palabra de esto.
Tina asintió y se marchó de allí. Fue en ese momento cuando Dorian cogió un walkie. Enseguida una voz se escuchó al otro lado. –Dígame señor.
—La señorita Morales ha visto algo que no debía. Aseguraros de que no abre esa dulce boquita. Me da igual lo que hagáis, pero que no abra la boca.
—A sus ordenes señor.
Dorian cortó la comunicación y volvió a mirar la pantalla donde aparecía Luci. En esos momentos estaba dándole el biberón a la pequeña.

Hotel…
08:30 horas de la mañana…

El coche que conducía cruzó las puertas del hotel. Habíamos regresado al hotel. Llevé el coche hasta donde estaban los demás. Aparqué y nos bajamos. Silvia no hablaba, se bajó y se largó hacia el interior mientras Yuriko se acercaba a mí. Cuando la tuve delante se dio la vuelta y miró a Silvia hasta que desapareció en el interior del hotel.
—¿Qué le pasa?— preguntó Yuriko.
—Ha tenido una noche dura. Todos la hemos tenido. Hemos perdido a Zacarías y a una niña. La cría murió en sus brazos. Se culpa por ello. Fue su antiguo novio quien mató a la niña. La apuñaló y luego se fue— respondí mirando hacia la puerta por la que había desaparecido Silvia.
—Es duro… Si.
—Bueno. Te veré más tarde en la comida. Voy a ver a mis hijos— respondí. Seguidamente me alejé y entré en el hotel. Fui hacia la enfermería, de camino a ella pasé por delante de la celda donde teníamos a Malaquías. Al verme este sonrió. —¿Ocurre algo?— le pregunté.
—He escuchado cosas. Se que habéis perdido a Zacarías. Una pena, era un buen hombre… Y lo habéis dejado allí. No lo habéis traído. Bueno, supongo que no había demasiado tiempo, teníais que salvar a esa niñita. Una niñita que por cierto ha muerto. Que pena… ¿Verdad?— preguntó Malaquías con tono malicioso. Trataba de hacerme sentir culpable. Por eso mismo me acerqué a la celda y di una palmada.
—Si pretendes salir de aquí… No me lo estás poniendo nada fácil. Al contrario. Vas de culo. Hoy de momento te quedas sin cena— respondí con una sonrisa.
Me alejé de la celda y entré en la enfermería. Allí no estaba Eva, solo vi a Mélanie dándole el biberón a uno de los bebés, se trataba del niño. La niña estaba en una de las cunas. Cuando Mélanie me vio sonrió.
—¿Has vuelto ahora?— preguntó ella.
—Hace escasos minutos. Pensé que los bebés estaban en la habitación, pero me dijeron que estaban aquí. Lo que ocurre es que esperaba encontrarme a Eva. ¿Dónde está?
—En la habitación. No se tomó demasiado bien que no volvieras junto a todos los demás. Estaba de mal humor y por precaución para ti le dije que se acostara. Yo me presté voluntaria para darles el biberón a estos gamberretes— respondió Mélanie mirando de nuevo a mi hijo. Yo me acerqué un poco más y le pedí que me lo dejara coger. Cuando lo cogí en brazos comencé a darle el biberón. Mélanie me miró y sonrió todavía más. –Pareces otro con el niño en brazos. Es la primera vez que te veo así.
—No he tenido mucho tiempo para estar con ellos… Espero que eso cambie a partir de ahora. No más salidas, las cosas ahí fuera están un tanto jodidas. Tengo que permanecer aquí con mi familia, y ponerles nombre a estos pequeños— respondí sin dejar de mirar al niño.
—Eva aun no se ha decidido. Hemos hablado un poco de ello, eso si, pero no hay manera. ¿Has pensado tu en algo?— preguntó ella.
Comencé a moverme y me senté en una silla, ahí seguí dándole el biberón. –Mientras Eva estaba embarazada hablábamos de esto cada día, de que nombre elegir si era niño o niña. Nunca nos pusimos de acuerdo, pero cuando vimos que venían gemelos… En fin. Aunque no te lo creas venía pensando en esto mismo cuando regresaba y creo que ya lo tengo claro. Me gustan los nombres Shannon para ella y Nathan para el— miré a Mélanie. —¿Qué te parecen?
—A mi me gustan, pero creo que eso deberías hablarlo con Eva. Siempre y cuando sobrevivas al encontronazo. Te advierto que está cabreadísima… Pero vamos. A mi me gustan.
En ese momento escuchamos el ruido de disparos amortiguados por las paredes insonorizadas. Miré a Mélanie y le di a mi hijo para que lo cogiera en brazos. Salí de la enfermería y caminé hacia la sala de tiro. Una vez dentro encontré a Silvia practicando tiro. Cuando me vio entrar me miró, pero aun así no dejó de disparar. Estaba haciendo blancos perfectos.
—Muy buena, pero creo que deberías descansar. Dormir.
—Si duermo veo a esa niña muriendo en mis brazos y a A.J riéndose de mí mientras escapa. Eso no hubiese sucedido si yo hubiese estado más preparada, pero se que no volverá a suceder. Saldré a por el.
—¿Qué saldrás a por el? ¿De que estás hablando? Se escapó, podría estar en cualquier parte. Buscarlo ahí fuera sería como buscar una aguja en un pajar. Y están los caminantes. No puedes salir.
—A.J ya no tiene a uno de los tuyos con el. Ha dejado de ser asunto tuyo, yo tampoco lo soy. Así que déjame que haga las cosas a mi manera— respondió Silvia dejando de disparar y mirándome.
—A.J ha desaparecido. Quédate aquí y olvídate de el. Ahora está solo y no es tan peligroso— respondí yo.
—Tú no lo conoces. No sabes aun de todo lo que es capaz ese cabrón. Merece morir.
—Tal vez, pero no dejaré que corras peligros ahí fuera ni que nos pongas en peligro a nosotros. No dejaré que te largues. Esta es ahora tu casa ¿Quieres seguir permaneciendo en ella?— pregunté.
Silvia comenzó a llorar. –Si, pero A.J…
—Olvídate de el y comienza de nuevo. Haz una vida nueva. A.J forma parte del pasado. Como mi hermano que tanto daño nos ha hecho a los demás. Aquí estamos empezando de cero.
—Está bien. Tienes razón— dijo Silvia dejando el arma. –Empezaré de cero. Este es ahora mi hogar. Gracias— en ese momento abracé a Silvia. Cuando la volví a mirar le dije que se fuera a descansar, que lo necesitaba. Ella obedeció sin rechistar, aunque tenía la ligera sospecha de que la cosa con A.J aun no había terminado. El estaba en algún lugar ahí afuera, y era peligroso, por eso iba a hacer que el número de guardianes aumentara.
Me despedí de Silvia y subí a mi habitación, nada más entrar me encontré con Eva saliendo del baño, al verme saltó sobre mi para abrazarme, seguidamente me soltó y me pegó un sonoro bofetón que hizo que viera las estrellas.
—Sabía que estabas enfadada, pero joder…
—Eso por hacer que me asustara. No te imaginas lo que sentí cuando los vi regresar y vi que tú no estabas. Casi me da algo. No vuelvas a hacer eso nunca más.
—Había que enterrar a esa niña. Tal como estaba Silvia en esos momentos no pude esperarme a llegar aquí para enterrarla, además, les dije que te dijeran que venía detrás para que no te asustaras— respondí mientras me masajeaba la mejilla que Eva había golpeado.
—Y así fue. Me lo dijo Stephani, pero aun así me preocupé. Tengo miedo de perderte. Es muy fácil morir ahí fuera— dijo Eva señalando hacia la ventana de nuestra habitación.
—Lo se, pero estate tranquila. ¿Vale?— Eva asintió y ambos caminamos hacia la cama, nos sentamos y le conté todo lo que había pasado. También le conté que les había puesto nombre a los gemelos, nombres con los que Eva estuvo de acuerdo. También le conté que iba a dar una reunión a la hora de la comida.
Cuando llegó la hora de la comida, con todos reunidos en el gran comedor, pedí silencio y me puse donde todos pudieran verme.
—Muy bien, puede que algunos ya sepáis lo que ha pasado esta noche, pero debo poneros al corriente de algo— entonces comencé a contarles cual sería nuestro siguiente paso para estar más seguros en nuestro hogar.

En algún lugar de Georgia…
15:00 horas del medio día…

Estaba solo y sin armas a excepción de un mísero cuchillo. Sin comida, sin nada. A.J había abandonado el área de servicio. Antes de salir de allí había intentado coger la autocaravana, pero el depósito había sido dañado durante el tiroteo. Había caminado durante horas esquivando caminantes solitarios y en grupo. Nunca antes se había sentido así como en esos momentos, siempre se había visto arropado y apoyado por sus compañeros, pero ahora todos ellos estaban muertos, y solo había unos responsables de que ahora estuviera así.
Llegó a un camino y observó a un grupo de caminantes a su derecha. Eran cinco en total, estaban comiéndose los restos de alguien, del que a juzgar por el largo cabello rubio se trataba de una mujer, y al lado de esta, debajo de uno de los No Muertos, había una pistola. A.J se quedó mirando el arma mientras decidía si hacerse con ella o directamente alejarse, era posible que aun hubiese munición, aunque también podría ser que no. Justamente en ese momento, vio como los No Muertos centraban toda su atención en el. Los cinco caminantes se levantaron y comenzaron a caminar.
Los caminantes se movían lentamente, y al verlos, A.J entró en una especie de frenesí, quizás provocado por la descarga de adrenalina.
—Venga. Venid a por mi, cabrones infectos. ¡¡¡Venga!!!
El primero de los caminantes llegó hasta el y A.J lo golpeó. Si algo bueno tenían esos seres era que eran estúpidos y no podían coordinar ataques, eso a los supervivientes les daba ciertas ventajas. Una vez el primer No Muerto estuvo en el suelo, A.J lo pateó aplastándole el cráneo, fue a por el segundo con el cuchillo en la mano y le atravesó la cabeza. Tan solo quedaban tres de esos seres, uno de ellos, una chica se acercó y A.J la rodeó tratando de confundirla, seguidamente la cogió de la cabeza y la estrelló contra el tronco de un árbol, haciendo que trozos de cráneo, cerebro y sangre negruzca lo salpicaran. Los otros dos caminantes trataron de agarrar a A.J, pero esté pasó a través de ellos, dio una voltereta en el suelo, alcanzó la pistola y apuntó, entonces apretó el gatillo y disparó dos veces, dándoles en la cabeza a ambos.
Con los cinco caminantes muertos, A.J lanzó un grito de victoria. Miró el cargador y vio que todavía quedaban cinco balas. No eran suficientes, pero al menos le servirían de algo, y la pistola quizás le sirviera para intimidar a otros supervivientes solitarios si se encontraba con ellos, después de eso miró el cadáver de la chica que se estaban comiendo.
—Gracias por el arma encanto. Espero que a mi me vaya mucho mejor que a ti— entonces A.J se miró la ropa y vio que estaba muy sucio. –Joder. Cuanta mierda. Necesito un baño.
A.J caminó por el bosque. Escuchaba agua, no podía estar muy lejos de una cascada. Allí se limpiaría y se quitaría toda la porquería que llevaba encima.
Por fin lo encontró, era un pequeño lago con una cascada, dejó bien escondida la pistola y se lanzó de cabeza, el agua estaba fría, pero no le importó. Lo único que quería era quitarse de encima toda aquella mugre que olía a rayos. Cuando terminó de darse el baño, salió del agua, recuperó la pistola y se tumbó al sol sobre una roca, le hizo gracia el hecho de imaginarse a si mismo como un lagarto tomando el sol, y aunque aun tenía frio, estaba a gusto. Estaba cerrando los ojos cuando escuchó romperse una rama, abrió los ojos de repente y vio salir a un No Muerto de entre la maleza, era un hombre sin camiseta y con pantalones de pana. Tenía una larga barba de color rojo, este avanzaba hacia A.J.
—¿Es que no me vais a dejar tranquilo?— preguntó A.J levantando la pistola. Podría ahorrar una bala y matarlo con el cuchillo, pero no quería arriesgarse a mancharse otra vez. Entonces disparó y la cabeza del caminante reventó a cinco metros de el.
A.J esperó a que su ropa estuviera seca y se levantó de la roca, lo siguiente que necesitaba era encontrar comida. Le bastaba con cazar algo, aunque fuera una ardilla o cualquier cosa comestible. Recordó aquellos días en los que se pasaba el día entero viendo videos de “El ultimo superviviente” en You Tube. Aunque hasta ese momento no imaginó que eso pudiera servirle para algo.
A.J se adentró de nuevo en el bosque y se detuvo nuevamente al escuchar ruidos. Se escondió detrás del tronco de un árbol y esperó. Entonces vio aparecer a un jabalí, uno enorme. La suerte le sonreía, apuntó con el arma y apuntó a la cabeza, solo tenía esa oportunidad. Apretó el gatillo y disparó al animal abatiéndolo, después de acercó a el y comprobó que estuviera muerto, clavó el cuchillo en un costado del animal y cortó. Hizo un buen corte, abrió y cortó un trozo de carne, nunca había comido carne cruda, pero no tenía otra opción. Si no comía, moriría, y no podía morir hasta que no lograse vengarse de los que lo habían arrastrado a eso, no podía morir hasta vengarse de Silvia.
Cuando terminó de comer se puso en pie y siguió caminando, llegó junto a un árbol y se paró a descansar, pero justo cuando se apoyó en el árbol sintió como si se elevará, dio una vuelta de campana, su cabeza chocó contra el suelo y seguidamente se elevó en el aire, antes de perder el conocimiento vio que estaba colgando boca abajo. Había caído en una trampa.

Hotel…
20:00 horas de la noche…

La reunión de Juanma a la hora de comer había dado sus frutos. Les había contado todo sobre A.J y había dicho que este estaba en algún lugar perdido, solo y desarmado, pero que aun así debían estar alerta. Dicho y hecho se habían organizado patrullas de cuatro personas que se habían situado en cada punto de las vallas del hotel, comunicados entre si con walkie talkies, una vigilancia tan fuerte que nadie podría entrar ni salir sin ser descubierto. Habían repartido también a los perros. A pesar de todo, Silvia, por estar vinculada con A.J, había sido apartada de todo lo que tenía que ver con el, así ella se había visto enclaustrada en su habitación, la numero 113. Desde la ventana observaba el ir y venir de los guardias, también vio a Juanma salir a impartir ordenes. No podía culparle por la decisión que había tomado, pero ella no quería ser apartada, necesitaba estar ahí y cumplir su venganza, era cosa suya, solo descansaría cuando acabara todo, pero tenía que acabarlo ella. A.J la vía hecho caer en un infierno mucho peor que el infierno que se había desatado en la tierra, se lo había quitado todo.

Hace algunos meses…

Silvia abrió los ojos desorientada. La cabeza le dolía y tenía la vista nublada, apenas veía lo que tenía delante, tan solo la tenue luz de una vela en la oscuridad. Trató de incorporarse, pero se vio atada de pies y manos, como siempre. Entonces recordó su embarazo, se miró la barriga y vio que esta había menguado, entonces recordó que el parto ya se había producido, aunque le fue imposible averiguar cuando, su cabeza era una vorágine de recuerdos mareantes y elementos que no sabía si habían sido reales o partes de algún sueño. De repente sintió arcadas, se giró todo lo que pudo y vomitó.
—Lo has puesto todo perdido— la voz de A.J la sobresaltó. Lo buscó, pero no lo encontró, no hasta que este salió de la oscuridad a escasos centímetros de ella. Este se puso en cuclillas junto a ella y limpió los restos de bilis de la comisura de los labios.
—¿Qué ha pasado? ¿Dónde está mi hija? ¿Cuánto tiempo ha pasado…?— balbuceó Silvia.
—Demasiadas preguntas. Aunque puede que con lo que te voy a decir ahora responda algunas de ellas. Empecemos, la realidad es la siguiente: Del amor al odio hay solo un paso, un paso que tu decidiste dar hace tiempo cuando pensaste que sería mejor dejarnos y marcharte, hace tantos días de eso que ya ni me acuerdo. Podrías haber seguido como hasta antes de todo eso, disfrutando de mi amor, pero decidiste cruzar esa línea y por lo tanto te mereces todo lo que te está pasando ahora, y siento tener que ser yo quien te diga estas cosas, pero es así.
—Mi hija…
—Nuestra hija. Supongo que comprendes la situación en la que estamos. Apenas tenemos comida, agua, armas… Los recién nacidos en este mundo ya no solo son un lastre, si no que desde el momento en que nacen, su vida pende de un hilo, y por lo tanto hace que nuestras vidas también pendan de un hilo. Su llanto podría atraer caminantes. Algo que no nos conviene, ni aunque sean pocos, detrás de unos pocos siempre viene un rebaño.
—¿Qué has hecho con ella? Quiero verla… Por favor…— lloró Silvia intentando agarrar a A.J, pero este apartó sus limitadas manos de un manotazo. –Es tu hija también.
—Silvia, Silvia, Silvia. Lo que quiero decirte es que los recién nacidos no tienen sitio en este mundo. Nuestra hija ya no existe… Está muerta…
La noticia sentó como una puñalada a Silvia. No podía creer lo que A.J acababa de decirle. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué le había sucedido? Muchas preguntas como ese se formulaba a si misma sin encontrar respuestas. Se sentía completamente destrozada.
—Devuélvemela… Te lo suplico…
—Nuestra hija está muerta, acéptalo… Y acepta también que nos perteneces. Estás aquí por que eres lastre y solo tenias dos opciones, la muerte o tu situación actual… Si estás aquí es por que estoy siendo humanitario contigo y no quiero que mueras. Estas son las reglas de este nuevo mundo, y todos tenemos que tener nuestro sitio. Ahora duerme y recupérate, los demás están deseando estar contigo.

Después de eso, A.J apagó la vela y salió de donde se encontraban, dejando a Silvia sola y hundida en la oscuridad. Estaba tan oscuro que Silvia no pudo ver la sonrisa de satisfacción de A.J. El había querido hundirla emocionalmente y el llanto amargo de ella le reveló que lo había conseguido. Eso le divertía.

sábado, 23 de abril de 2016

NECROWORLD Capitulo 112

Día 6 de Octubre de 2010
Día 829 del Apocalipsis…
Afueras de Gray… 15:00 de la tarde…

Juan se vio llevado en camilla por unos pasillos con paredes de piedra. Era algo así como una cueva por todo lo que había visto. Detrás de el también llevaban a Mike y a Brendan, los cuales gritaban y maldecían a sus captores, Juan sin embargo guardaba silencio, para el, gritar y maldecir no serbia de nada, eso no los salvaría de morir si había llegado su momento. Los que los llevaban eran personas de todo tipo, cuyo comportamiento estaba alejado de toda normalidad, a un lado de la camilla podía ver a una mujer que iba desnuda cubriendo su rostro con una mascara de porcelana. A otro lado había un hombre con barba que no dejaba de reír. También vio a un niño que daba saltos delante de las camillas mientras avanzaban, estaba como divirtiéndose.
De pronto dejaron a tras las paredes de roca y entraron en lo que parecía un pasillo normal, siguieron adelante y cruzaron unas puertas dobles. En esos momentos se encontraban en un pasillo que parecía el de una casa, había cuadros y adornos antiguos sobre muebles a ambos lados. También vio varias puertas cerradas. En ese momento pasaron por una que estaba entre abierta y entonces Juan divisó algo en el interior, había una mujer vestida de doncella poniéndole un respirador a un hombre viejo que estaba sentado en una silla de ruedas. Estaban en medio de una lujosa habitación con una gran cama.
Siguieron por aquel pasillo que se le antojó larguísimo y llegaron a lo que parecía la cocina, aunque esta por el aspecto, parecía que hacía tiempo que no se usaba para cocinar. Pusieron las camillas una al lado de la otra y entonces apareció el tipo con pintas de medico que vieron cuando estaban colgados del techo.
—¿Quién era ese viejo al que le estaban poniendo un respirador? ¿De que va todo esto?— preguntó Juan desde la camilla.
—¿Lo viste? Creí que estarías igual que tus compañeros. No me imaginaba que alguien tuviera tanta entereza en un mundo como este, y mucho menos si está con la incertidumbre de lo que le va a suceder. Ese era el señor Crawford. Se muere— respondió el doctor.
—Pues me la suda— respondió Juan al tiempo que veía que llegaban más camillas. Sobre ellas iban hombres y mujeres a los que no conocía de nada, seguramente eran personas que al igual que ellos habían sido capturados. —¿Nos matáis a nosotros para que el viva?
—Muy perspicaz joven, pero no es tan sencillo— el doctor se acercó a una bandeja y sacó una jeringuilla y un tubo transparente. –Al principio de la pandemia que hizo que los muertos caminaran, uno de los mayores vectores de infección fueron los trasplantes de órganos. Es decir, una persona que en un principio hubiese sido inmune al contagio por aire, se infectaba al instante de recibir el órgano de una persona que ya habría sido infectado. Aquí hay diez personas, dos de vosotros no tenéis el virus en el organismo desde que os vacunaron en Manhattan— dijo el doctor señalando a Juan y a Mike. –Vosotros dos sois especiales.
—¿Va a desangrarnos para curar a los otros?— preguntó Mike.
—Se puede decir de esa manera, si— respondió el doctor. –Pero lo que yo quiero hacer hoy aquí es lo contrario. Quiero infectar a los otros con vuestra sangre. Vuestra sangre en su organismo purificará la suya y por lo tanto sus órganos. Los que luego usaré para trasplantes para el señor Crawford.
—Ese viejo no vivirá mucho más aunque le hagas mil trasplantes. Tiene los días contados— dijo Juan. –Además, ya te recuerdo. Tú eres el Dr. Desmond Locke. Te metieron en el carguero prisión por tener ideas enfermizas y experimentar con pacientes en el hospital de Manhattan, antes de que la ciudad cayera. Eres un chalado, a tu lado… A tu lado Hannibal Lecter es un tío normal y corriente.
El doctor comenzó a reír a carcajadas y se acercó a Juan. Entonces se sentó a su lado. –Me ha hecho gracia eso que acabas de decir, pero no soy ningún loco. Los demás no supieron ver mi talento. Tampoco les gustó que alguien les superara en conocimientos. Graham pensó que era mejor quitarme de en medio. No tuvo cojones de mandar mi ejecución y optó por mandarme a ese infierno, pero allí prosperé y me hice un nombre entre los reclusos que hoy aquí me acompañan. Son mis fieles seguidores.
—¿Eso es lo que son ese atajo de locos que hemos visto? ¿Presos?— preguntó Mike
—Así es. Logramos escapar cuando el barco se puso en marcha y chocamos contra el muelle. Desde entonces estuvimos viajando hasta que llegamos a Gray. Una vez aquí el señor Crawford nos acogió. Ahora nos encontramos en su mansión. Bueno, en una parte de ella. A veces me pierdo entre tanto pasillo— el doctor miró a su alrededor y luego volvió a mirar a Juan. –Esto era la cocina, pero ya no la usan, me la dejaron para que pudiera llevar a cabo mis investigaciones. Llevo aquí desde que cayó la ciudad más o menos— en ese momento el doctor se dio una palmada en la frente. –Bueno, creo que ya hablé demasiado. Es hora de empezar a trabajar— El doctor se levantó y cogió de nuevo la jeringuilla. Entonces se acercó a Juan y acercó la punta de la jeringuilla a su brazo. Juan intentó soltarse, pero estaba fuertemente amarrado a la camilla. –Oh, trata de relajarte. O te dolerá más de lo que pretendo— justamente cuando iba a clavarle la jeringuilla apareció un tipo delgado y con muchas ojeras. También le faltaban mechones de pelo, era como si se los hubiese arrancado. El doctor se acercó a el. —¿Qué ocurre? Estoy en medio de algo importante.
Aquel tipo flacucho comenzó a decirle algo al doctor. Segundos después miró a Juan y a los otros y seguidamente salieron de la cocina, cerraron la puerta y tanto Juan como Mike escucharon el ruido de las llaves. Los habían encerrado.
*****
Johana, Brandon y Blair se habían detenido en una de las casas. Desde que habían salido de la otra no habían sido atacados, por eso habían decidido cambiar un poco el plan. Johana sacó una caja de su mochila y la puso encima de la mesa, la abrió y sacó lo que parecía un botón.
—¿Qué es eso?— preguntó Blair.
—Un localizador. Lo conseguimos hace un par de meses en una incursión en una base militar. Siempre lo llevo encima por si hace falta. El plan es que uno de nosotros se lo ponga y salga ahí. Lo cojan y a los que quedemos, nos lleve hasta el lugar exacto— explicó Johana –Pero solo puede ser uno de nosotros.
—Seré yo— dijo en ese momento Brandon quitándose la camiseta y cogiendo aquella especie de botón. Le quitó la parte de detrás y el botón se pegó a su piel como si fuera un adhesivo. Seguidamente Johana sacó el otro aparato y comprobó que funcionara. No tardó en comenzar a parpadear una luz roja que marcaba la posición de Brandon.
—Funciona— dijo Johana con una sonrisa. –Muy bien, es hora de ponerse a ello entonces, pero… ¿Estás seguro? Puedo hacerlo yo si quieres.
—No. Vosotras quedaros aquí, cuando me cojan seguidnos— respondió Brandon.
En ese momento Blair se acercó a Brandon y le dio un beso en los labios. –Ten mucho cuidado— Brandon sonrió y seguidamente salió por la puerta mientras las dos chicas lo observaban.
—No te preocupes. No estará mucho rato en manos de esos locos— dijo Johana dándole una palmada en la espalda a Blair. –Iremos tras el en el momento que lo cojan— entonces Johana vio a varios caminantes que habían aparecido por la calle. –Y me parece que vamos a tener una ayuda extra— segundos después escucharon un grito que provenía de la calle por la que había desaparecido Brandon, seguidamente el localizador comenzó a emitir señal, alejándose rápidamente de allí –Hora de comenzar a correr.
*****
El doctor Desmond Locke llegó a la habitación del señor Crawford y fue recibido por su asistenta. Una joven muy guapa que tras el fin del mundo no se había separado de el y había estado allí para todas las necesidades de este, incluidas las sexuales. Su nombre era Nina y tenía una larga cabellera pelirroja, sus ojos verdes se clavaban intensamente en todo aquel al que miraba.
—¿Crawford quiere verme?— preguntó el doctor. —¿Qué le ocurre?
—Será mejor que pase usted mismo doctor— respondió la joven asistenta.
Desmond pasó al interior de la habitación y enseguida le llegó olor a sangre. Miró al suelo y vio varios pañuelos con manchas rojas, sangre indudablemente. El señor Crawford lo esperaba al final de la habitación. La edad no perdonaba y a sus noventa años, el señor Crawford se negaba a despegarse de la vida a pesar de que el cáncer de pulmones lo seguía consumiendo día a día.
—¿En que puedo ayudarle señor Crawford?
—Mi tiempo se acaba— respondió Crawford al mismo tiempo que se quitaba el respirador. –Lo presiento, pero no quiero morir. Los necesito ya.
—Los estoy preparando. Cuando lo tenga todo listo podré trasplantarle unos pulmones sanos. Si se los pusiese ahora. La infección dejaría de estar latente, directamente enfermaría hasta morir y entonces…
—Todos morimos al fin y al cabo. Extráele los pulmones a uno de los dos de Manhattan y pónmelos a mí. No son necesarias tantas pruebas…
—Eso… Adelantaría las cosas… Y los riesgos… Y no quiero correr riesgos.
—Haz lo que te pido. Si lo haces, me pase lo que me pase… Ella será tuya— respondió en ese momento Crawford.
—¿Ella?
—Nina. He visto como la miras. Se que la deseas desde que llegaste con tu gente. Te he descubierto muchas veces espiándonos mientras ella me daba placer. Aunque nunca te dije nada. Ahora solo te pido que corras esos riesgos, solo quiero vivir más. Y si muero, la mansión Crawford será tuya.
—¿Habla en serio? Señor Crawford… No se que decir…
—Solo intenta salvarme la vida. Es lo único que pido y necesito. Conservar la vida— Crawford tosió y escupió sangre. Desmond se apresuró a ponerle el respirador y entonces Crawford le agarró la mano. –Te necesito. No solo eres mi medico, eres mi amigo ¿No es así?
Desmond asintió. –Si. Lo soy.
—Entonces hazlo— pidió Crawford.
Desmond salió de la habitación y se cruzó con Nina. La cual le dedicó una sonrisa, el se la devolvió y siguió su camino por el pasillo con un único pensamiento. A Crawford le quedaba lo justo y no había mucho que hacer por el, aun así, haría que lo pareciese. Llegó a la cocina donde estaban sus pacientes como a el le gustaba llamarlos. Eran diez en total, dos de ellos eran increíblemente importantes.
—¿Ya estiró la pata el viejo?— preguntó Juan desde la camilla.
Desmond sonrió. –No. Quiere los pulmones de alguien que ya no tenga el virus en su organismo. Y esos sois vosotros— dijo señalando a Mike y a Juan. –Sin embargo…— Desmond avanzó hacia una mesa y cogió un gran cuchillo, seguidamente se acercó a Mike. Cuando Mike lo vio acercarse comenzó a tratar de librarse, pero era imposible soltarse.
—No te acerques a mi maldito loco. Aléjate de mí, aléjate cabrón.
—No tengo intención de ponerle vuestros pulmones. Sois demasiado importantes como para desperdiciaros tan pronto. Crawford está en las ultimas, soy medico y veo esas cosas. No durará más de una semana, pero como medico debo interpretar mi papel a la perfección.
El doctor alzó el cuchillo y lo clavó en el vientre de uno de los que estaban allí, seguidamente comenzó a cortar. La victima no pareció enterarse, todos salvo Juan, Mike y Brendan estaban drogados.
—Estás como un cencerro jodido carnicero. Tu no eres un medico, eres un jodido loco— dijo Brendan desde su camilla.
Mientras el doctor trabajaba, Juan vio a un niño entrar en la sala. Este tendría unos ocho o nueve años. Lo había visto ya antes. Este se acercó a Juan y entonces cogió un bisturí de una bandeja, seguidamente miró a Juan con una sonrisa. Poco a poco se fue acercando y le provocó un corte en el brazo a Juan, el cual no pudo evitar lanzarle una mirada de rabia al tiempo que el niño se reía a carcajadas. Eso hizo que el medico se girara y mirara al muchacho.
—Maldita sea Robert. Te he dicho un millón de veces que no quiero que estés aquí. Lárgate a tu habitación. Este sitio no es para niños.
—Pero yo también quiero ayudar a mi abuelo— respondió el niño agachando la cabeza.
—Para eso ya estoy yo. Deja el bisturí en su sitio y vete— El niño obedeció sin rechistar y se largó de allí, antes de salir por la puerta volvió a mirar a Juan y le sacó la lengua. El medico se acercó a Juan y con una gasa comenzó a limpiarle la herida del brazo. –Es el nieto del señor Crawford. El pobre anda perdido desde que vio morir a sus padres a manos de los caminantes… Y en mi ha visto un modelo al que imitar.
—Tu cordura si que anda perdida puto chiflado— le espetó Juan al medico.
—No te pases muchacho… Si tu y el gigantón negro vais a seguir con vida es por que yo quiero, pero puedo prescindir de uno se a mi se me antoja. Eso que te quede claro— en ese momento, algunos de los otros que estaban en las camillas comenzaron a despertar. Eso hizo que el medico se mirara el reloj y suspirara. –Se les está pasando el efecto de los sedantes. Creo que van a necesitar otra dosis… Y vosotros también. La necesitareis para ser trasladados y…— de pronto sonó el walkie del medico y este lo sacó rápidamente. —¿Qué ocurre ahora?
La voz de un hombre sonó al otro lado. –Traemos a otro. Hemos cazado a otro conejo.
El doctor miró a Juan y se dio la vuelta. —¿Otro? Vale, pues traédmelo aquí. O llevadlo directamente a las celdas del sótano, allí mejor… Y no quiero que sufra daños— el medico cortó la comunicación y volvió a mirar a Juan. –Jodidos locos. Son eficientes, pero a veces solo dan problemas. Tendría que haber dejado que se pudrieran en ese carguero. Parece que traen a otro de vuestros amigos. No me importaría que fuera una de las mujeres. Siempre he querido tener un aren.
—Juro que te mataré— respondió Juan. –Te lo prometo.
—No. No lo harás. Ahora debo terminar de sacar los pulmones de ese— dijo señalando el cuerpo del hombre al que había matado. Seguidamente volvió al trabajo.
*****
Al mismo tiempo que le seguían el rastro a Brandon. Johana y Blair iban llamando la atención de todos los caminantes que veían, hasta el punto de que ya había más de dos docenas siguiéndolas a través del bosque. Por fin llegaron hasta la entrada de una cueva donde vieron varias huellas, unas encima de otras.
—Podrían ser de caminantes— dijo Blair sin perder de vista a los No Muertos que estaban comenzando a llegar a la entrada de la cueva.
—Podrían serlo, pero los que se han llevado a Brandon han pasado por aquí. Vamos. Y que esos nos sigan— dijo Johana dando unos pasos al frente.
Las dos mujeres entraron más en la cueva con los caminantes pisándoles los talones. Entonces vieron que esta comenzaba a estrecharse, no tardaron en recorrer un pasillo de paredes blancas, dejando atrás el pasillo de pared de roca. Llegaron a unos barrotes con un interruptor al otro lado. Seguidamente Blair lo pulsó y los barrotes les dejaron paso. Cruzaron una puerta y la dejaron abierta, por esta comenzaron a pasar los primeros No Muertos.
—¿Qué es este lugar?— preguntó Blair mirando el pasillo en el que se encontraban. –Parece el pasillo de una casa.
—Eso es lo que es. Vamos— respondió Johana.
Ambas comenzaron a correr por el largo pasillo. Mientras corrían, una puerta se abrió y apareció una chica pelirroja empujando una silla de ruedas donde había un anciano sentado con un respirador. Al verlas abrió los ojos de par en par. La chica al ver que iban armadas levantó las manos.
—Por favor. No me hagáis nada.
—Estamos buscando a unos amigos. ¿Dónde están?— preguntó Johana apuntando a la chica con su fusil. Habla o te juro que tu pelo no será lo único rojo que se esparza por las paredes.
En ese momento el anciano alzó la mano empuñando una pistola, con toda la intención de disparar a Johana, pero esta fue mucho más rápida y descargó una bala en el pecho del anciano. Eso hizo que los caminantes se guiaran más por el pasillo, al verlos, la chica de cabellos rojos pegó un grito de horror. –Llévanos con ellos ahora, y no quiero nada de juegos.
La chica les pidió que la siguieran mientras los No Muertos seguían su camino, aunque algunos de ellos se habían detenido para comerse al anciano.
*****
El doctor Desmond Locke ya había terminado de extraer los pulmones y los había puesto en una nevera portátil. Justamente en ese momento escucharon el disparo. El que lo había efectuado no andaba muy lejos, y en efecto así era. Las puertas de la cocina se abrieron y dejaron paso a tres mujeres, una de ellas era Nina. Otra simplemente le apuntó mientras Nina y la otra chica bloqueaban la puerta. La cual comenzó a moverse, alguien la aporreaba desde el otro lado.
—¿Qué está pasando aquí?— preguntó el doctor.
Johana no respondió, caminó hacia el y le asestó un violento golpe con la culata del fusil. El medico cayó al suelo y luego ella le apuntó. —¿De que va todo esto cabrón?
—Que te follen zorra.
—Respuesta incorrecta— respondió Johana al mismo tiempo que le asestaba un golpe en la cara dejándolo inconsciente. Rápidamente se dio la vuelta y comenzó a quitarle las correas a Juan. Este se soltó, le dio un beso y saltó de la camilla para ir a ayudar a Mike y Brendan. Mientras, Johana ayudaba a los desconocidos que había en otras camillas. —¿Nos los llevamos a todos?
—Si— respondió Juan.
Mike y Brendan también se levantaron de las camillas y liberaron también a los que estaban allí. Mientras la puerta seguía siendo aporreada por los caminantes que había al otro lado.
—¿Hay otra puerta para salir de aquí?— preguntó Blair mirando a la chica pelirroja.
—No. Solo esta puerta— respondió la muchacha.
—Habrá que luchar entonces— respondió Mike cogiendo un cuchillo que encontró encima de una encimera. Encontró otros, los cuales distribuyó entre los que estaban allí.
—¿Y Brandon?— preguntó Brendan a Blair.
—Se lo llevaron. Gracias al localizador que llevaba encontramos este sitio. Trajimos caminantes para allanarnos el camino— respondió Blair.
—Supongo que el doctor carnicería se refería a el cuando dijeron que lo llevaran a las celdas del sótano— respondió Juan.
—Esas celdas se donde están. Os llevaré hasta ellas— dijo uno de los liberados. –Me llamo Riley. Y no me importará ayudaros. Nos habéis sacado de aquí— este señaló a dos hombres más. –Ellos son mis hermanos: Kennedy y Stephan.
En ese momento la puerta cedió y los caminantes comenzaron a entrar en tromba en la cocina. Blair y Johana disparaban a los que entraban. Una de ellos, una mujer desnuda con una mascara entró rápidamente, esta estaba llena de mordiscos y por como se movía, hacía poco que había resucitado. Johana la recibió con una patada y la derribó, seguidamente le pisó varias veces la cabeza.
Algunos de los hombres que habían liberado aun estaban grogui por las drogas, estos fueron presa fácil de los caminantes y desaparecieron bajo una avalancha de ellos, sus gritos fueron desgarradores. Solo tres de ellos, los tres hermanos lograban defenderse.
Cuando acabaron con los caminantes, el grupo salió al pasillo y Johana sacó el aparato para localizar a Brandon. El punto rojo no quedaba demasiado lejos.
—Tu con nosotras— le dijo Johana a Riley. –Los demás buscad una salida de aquí. Hemos armado mucho jaleo, es cuestión de tiempo que los No Muertos de los alrededores acudan aquí como moscas.
—Yo tengo que encontrar a un niño. Es solo un crio que no tiene culpa de nada— dijo en ese momento la chica de cabellos rojos.
—Muy bien. Yo te acompaño— dijo Juan. –Venga, no perdamos tiempo.
Los tres grupos se separaron. El tiempo corría en su contra.
*****
Juan y la chica pelirroja vestida de doncella comenzaron a recorrer pasillos. Los caminantes habían invadido la mansión Crawford y se los encontraban por todos los rincones devorando los restos de los que habían acompañado al medico. Todos los presos estaban muertos. Llegaron por fin a la habitación del niño y cuando abrieron la puerta se encontraron a tres No Muertos sobre el cuerpo del niño, uno de ellos aun sostenía entre sus manos uno de sus riñones. La muchacha pelirroja se llevó las manos a la cabeza y Juan al ver que ya no había nada que hacer la cogió del brazo y tiró de ella.
Llegaron a una ventana y Juan la abrió. –Vamos.
La chica salió primero y Juan la siguió. Avanzaron por el tejado hasta que llegaron a una zona por la que ya no podían avanzar más. Fue en ese momento cuando Juan vio la piscina. Había agua, pero estaba sucia.
—¿Qué hacemos ahora?— preguntó la chica
—Saltaremos. No te preocupes. Llegaremos. Solo coge carrerilla.
La chica hizo lo que Juan había dicho. Se echó unos pasos hacia atrás y de repente corrió hasta el borde y saltó. Juan la siguió y ambos cayeron al agua. Emergieron rápidamente y nadaron hasta la orilla. Cuando salieron escucharon un grito y Juan se dio la vuelta para ver a un tipo con barba correr hacia el con un cuchillo en la mano.
El tipo se lanzó sobre Juan y ambos cayeron al suelo, sin embargo, Juan era mucho más fuerte y le ganó terreno, le arrebató el cuchillo y se lo quitó de encima, seguidamente se subió sobre aquel tipo y comenzó a golpearle, haciendo que la sangre salpicara el césped y la piedra del borde de la piscina. Le golpeó hasta que dejó de moverse.
Juan dejó el cuerpo sin vida del tipo y tanto el como la chica comenzaron a correr en dirección al bosque. Desde su posición vieron a unos cuantos caminantes avanzando hacia la casa, también vieron a Blair y a los otros avanzar disparando a los No Muertos con los que se cruzaban, segundos  después vio aparecer a Riley, Johana y Brandon.
—Vamos. Les alcanzaremos— dijo Juan mirando a la muchacha. La cual le dedicó una sonrisa de alivio. De alguna manera, Juan comprendió que habían sacado a esa chica de un infierno.
*****
El doctor Desmond Locke recuperó la consciencia tumbado en el suelo de la cocina. Estaba rodeado de cadáveres. Incluso vio que algunos estaban volviendo a la vida. Se intentó incorporar poco a poco para no hacer ruido. Había tenido mucha suerte, de nuevo había sobrevivido, no lo habían matado y se sentía afortunado por ello.
Se puso en cuclillas y comenzó a avanzar, llegó hasta la puerta y salió al pasillo. No podía contener la alegría, así que comenzó a correr por el pasillo, tenía que salir de aquella maldita casa. Ya no le importaba nada ni nadie. Dobló una esquina y tropezó con algo, cayó de bruces al suelo y la respiración se le cortó. En ese momento escuchó un jadeo y se dio la vuelta a tiempo de ver como el señor Crawford se abalanzaba sobre el con la boca abierta y con los ojos carentes de vida. Fue lo último que vio antes de morir.
*****
Los grupos se reunieron en uno de los caminos. Los conocidos se abrazaron y felicitaron por lo que habían logrado. Seguidamente decidieron volver hacia el autobús. El cual les esperaba en el mismo sitio donde lo habían dejado.
—¿A dónde nos lleváis ahora?— preguntó Riley.
—A un lugar seguro— respondió Juan. –Os llevamos a nuestro refugio.
—¿De verdad es un sitio seguro?— preguntó Stephan.
—Lo es. Estamos bien organizados— respondió Blair.
—¿Y nos acogerán?— preguntó Stephan nuevamente.
—Por supuesto— respondió Johana.

Llegaron al autobús y se pusieron en marcha de regreso a casa. Les quedaba un largo camino todavía. Ya habían dejado atrás lo que era una pesadilla.