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sábado, 5 de marzo de 2016

NECROWORLD Capitulo 107

Día 5 de Octubre de 2010
Día 828 del Apocalipsis
Hotel… 08:00 de la mañana…

Dejé a uno de los bebés en el cesto, uno al lado del otro, un niño y una niña. El parto había ido a la perfección y había sido natural. Los bebés estaban sanos. Me di la vuelta y miré a la cama donde estaba Eva, esta me observaba con una sonrisa. Miré a un lado y vi a Melanie en otra cama, dormida. Estaba agotada. Me acerqué a donde estaba y la cubrí con una manta.
—Está agotada— dijo Eva con una sonrisa.
—Y tu también. Necesitas descansar un poco, duerme y ya te despertaré a la hora de darles el pecho. Descansa, de verdad, yo me ocupo de todo— dije.
—¿No ibas a salir a poner unas trampas?— preguntó Eva.
—Eso era antes. Ahora debo quedarme aquí, es mi obligación como padre— respondí caminando hacia la cama. Una vez allí me senté en la silla que había al lado y le cogí la mano. –No saldré de momento. Los demás pueden hacerlo, tengo que quedarme aquí contigo.
—Juanma, ellos no…
—Eva. Son mis hijos, puede que no sean mis hijos biológicos, pero llevan mi sangre también, ellos crecerán y a sus ojos seré yo su padre. Ellos nunca sabrán de Carlos— respondí. –Merecen tener una familia y vivir felices.
—Tuve pesadillas antes de romper aguas. Entre sueños donde nacían muertos… Soñé con Carlos. El venía y con un cuchillo me abría el vientre para sacármelos. Tengo miedo de que vuelva.
—Hace más de siete meses que no lo vemos. Dudo que volvamos a verlos, podría estar muy lejos de aquí. Y si vuelve… Me ocuparé de que no te haga daño, ni a ti ni a nadie.
En ese momento se abrió la puerta de la enfermería y vi entrar a Katrina, Cindy, Vicky, Sheila, Rachel, Stephany y a Diana. Nada más estar dentro, mientras las niñas iban a ver a los bebés en compañía de Stephany y Diana. Mi hermana se acercaba a mi y me daba un abrazo.
—Felicidades hermano.
—Gracias ¿Cuándo os habéis enterado?— pregunté al tiempo que le devolvía el abrazo.
—Hace un rato. Nos lo dijo Sheila… Y ve preparándote. Que dentro de un rato lo sabrán todos y empezarán las visitas— respondió Katrina –Pero veo que Eva está cansada, por eso si te parece, les digo que esperen a que ella esté mejor.
—Te lo agradecería, la verdad— dijo Eva desde la cama.
Me acerqué a Vicky y le puse la mano en el hombro. —¿Quieres cogerlos en brazos?
—¿Puedo?— preguntó Vicky.
—Claro. Eres su hermana mayor— respondí mientras cogía a la niña en brazos y la depositaba en brazos de Vicky. –Es una niña.
—¿Puedo coger en brazos al otro bebé?— preguntó Cindy.
Seguidamente cogí al niño en brazos y se lo dejé a mi sobrina. Ambas niñas sonreían con los bebés en brazos. Observando la escena sonreí, era como estar viviendo una vida normal donde nada del fin del mundo había ocurrido. Deseaba que eso fuera el principio de nuestra verdadera vida fuera de todo lo demás, lejos de los No Muertos y de otras personas que disfrutan haciendo el mal. Por fin comenzábamos a vivir de verdad.

Gray…
08:10 de la mañana…

Johana, Juan, Blair y Brandon regresaron a los vehículos. No habían encontrado a nadie en todo el pueblo, aunque si habían encontrado indicios de que hasta no hace mucho, allí había habido gente. Quizás se habían marchado o solamente estaban de paso.
Cuando llegaron comenzaron a buscar a Mike y a Brendan, pero no había ni rastro de ellos. Los buscaron en el interior del autobús, pero nada.
—Mirad esto— dijo Blair mirando algo en el suelo.
Cuando los demás se acercaron vieron que se trataba de una mancha de sangre. Juan la tocó y vio que era reciente.
—¿Qué creéis que ha pasado? No hay señales de lucha— dijo Brandon.
—Puede que los sorprendieran. Pero la pregunta es… ¿Quiénes fueron y donde están nuestros compañeros? Si hubieran sido caminantes habríamos visto los restos y seguramente seguirían por aquí. Además, los hubiésemos escuchado— explicó Johana.
—¿Personas?— preguntó Blair.
—Es probable, pero es extraño. No se han llevado nada. Solo a Mike y Brendan. Y es raro, por que son dos tipos enormes, haría falta un regimiento entero para reducirles— respondió Juan. –Por eso creo que los sorprendieron.
—¿Llevarán encima el walkie talkie?— preguntó Brandon.
Rápidamente Juan cogió el walkie que llevaba y trató de contactar con sus compañeros desaparecidos. —¿Mike? ¿Brendan? ¿Alguno me recibe? ¿Mike? ¿Brendan?– Nadie respondió. Juan siguió probando y entonces se escuchó un ruido como si alguien cogiera el walkie talkie. Todos se quedaron escuchando y entonces les llegó un sonido. Parecía música. Música antigua que parecía salir de un aparato antiguo.
—¿Qué coño es esto?— preguntó Blair —¿Música? Suena como música antigua.
—Mike, Brendan. ¿Me recibís?— preguntó Juan nuevamente. –Respondedme joder. Mike… Brendan… ¿Estáis en peligro?
—¿Estáis en peligro?— de repente se escuchó esa voz como si fuera la de un niño seguida de varias risas y más voces que repetían lo mismo una y otra vez como si fueran un siniestro eco.
Juan miró a sus compañeros y volvió a preguntar. —¿Quién eres y que quieres?
—¿Quién eres y que quieres?— repitió la voz seguido de repeticiones de diferentes grados. Algunas eran de hombres. —¿Quiénes sois y que queréis? ¿Quiénes somos y que queremos? ¿Quiénes son y que desean? ¿Quieren sus entrañas?
—No estoy para bromas. ¿Quién coño eres y donde están nuestros amigos?— preguntó Juan –Responde, maldita sea.
—Somos legión— respondió la voz antes de que el sonido al otro lado estallara en risas. –Somos muchos y estamos en todas partes. Esperamos…
—¿Dónde están nuestros amigos?— volvió a preguntar Juan mientras observaba a los que estaban con el, pudo ver que Blair comenzaba a mostrar signos de estar aterrorizada. No era para menos, esas voces al otro lado eran siniestras. –Si nos devolvéis a nuestros amigos sanos y salvos no os pasará nada.
Hubo una pausa y se escuchó la voz, pero era una diferente, era una que parecía la de un hombre adulto. –No sanos y salvos.
—Si les habéis hecho daño os daremos caza panda de tarados. ¿Dónde estáis?
—Estoy muy cerca de ti— respondió lo que parecía la voz de una anciana. –Puedo oler tu miedo— de nuevo una nueva voz. Parecía una chica joven. —¿Cómo son vuestras entrañas? Dejadnos verlas…— otra voz se puso al aparato –… Y comérnoslas.
En ese momento el bosque que los rodeaba pareció llenarse de sonidos. Vieron salir volando a un pájaro y Blair creyó ver unos ojos negros observándola tras unos matorrales.
—Mirad eso— dijo Johana señalando la carretera. A unos diez metros de ellos apareció una silla de ruedas. Esta parecía salir del bosque. Sentada en la silla iba una muñeca que parecía mirarles.
—Salgamos de aquí. Esto parece el bosque de los mil lunáticos— dijo Brandon subiendo al autobús para ponerlo en marcha. –Esos cabrones sean quienes sean… Están jugando con nosotros. Subid al puto autobús.
Juan cortó la comunicación y corrió rápidamente al kuad mientras Johana y Blair subían al autobús. No sabían nada de Mike y Brendan, era posible que estuvieran muertos, pero si estaban vivos… Estaban en manos de varias personas, las cuales por lo que habían escuchado, les superaban en número.
Los vehículos salieron de allí rápidamente. Justo cuando estaba apunto de abandonar la zona de Gray, vieron algo en el camino. Eran luces parpadeantes. De repente una explosión hizo saltar trozos de asfalto por los aires y Juan cayó del kuad a pocos metros del autobús. El gran vehículo se detuvo y Johana bajó corriendo a socorrer a Juan, el cual se levantó aturdido. Cuando el polvo se disipó vieron un gran cráter por el que era imposible pasar.
—¿Os gustan las explosiones? A nosotros si— de nuevo la voz de lo que parecía un niño volvió a escucharse en el walkie talkie. –Nunca podréis escapar de aquí. Tendréis que quedaros con nosotros, para siempre.
—¡¡¡Que os follen!!!— gritó Juan en pleno arranque de ira.
—No Juan. Nosotros te follaremos a ti, también nos follaremos a Johana, Brandon y Blair.
—¿Saben nuestros nombres? ¿Pero como?— preguntó Blair.
—Daremos la vuelta. Atravesaremos Gray y saldremos de aquí— dijo Juan volviendo al kuad. –Venga, salgamos de aquí.
Los vehículos dieron la vuelta y comenzaron a regresar al centro de Gray, mientras avanzaban creían ver cientos de ojos observándolos desde las casas. Incluso a Juan le pareció ver a alguien con una corona de espinas mirándolo desde una de las ventanas. Sintió que se volvía loco y veía visiones. ¿Qué estaba pasando?
De repente Juan sintió una punzada en el cuello. Eso le hizo parar el kuad de golpe y casi fue arrollado por el autobús. El gran vehículo se detuvo y se bajó Johana.
—¿Se puede saber que te pasa?
Juan se llevó la mano al cuello y tocó algo. lo cogió y cuando lo miró vio que era un dardo. Fue en ese momento cuando comenzó a ver doble a Johana y a escuchar su voz como distorsionada. La miró a los ojos y vio como sus corneas reventaban y comenzaban a sangrar. Estaba alucinando.
Johana trató de ayudarlo al mismo tiempo que Blair se bajaba del autobús. —¿Qué es lo que le pasa?
—Le han disparado un dardo, creo que lo han drogado— respondió Johana. Entonces vio como un dardo se clavaba en el brazo de Blair.
—Salid de aquí. Sube al autobús— comenzó a decirle a Johana mientras la empujaba.
Brandon bajó del autobús y comenzó a llevar a Blair al interior del vehículo mientras Juan recibía otro dardo en el brazo.
Johana quiso ayudar a Juan, pero entonces vio un dardo pasar zumbando a su lado. Finalmente no tuvo más remedio que dejar a Juan y subir al vehículo.
Juan vio alejarse al autobús a medida que veía como su mundo se distorsionaba. Se quedó tumbado en el asfalto mirando hacia arriba, no tardó en ver a alguien mirándolo desde arriba. Se trataba de una cara en llamas que al sonreír dejaba ver unos dientes negros y podridos.
—¿Quién eres?— preguntó Juan.
—El diablo— respondió aquel tipo. –Soy el demonio hecho carne.

Columbus…
10:00 de la mañana…

El grupo de A.J ya estaba listo para salir. Ni siquiera habían movido el cuerpo de Chris del sitio. Lo habían dejado donde había sido abatido por las balas de A.J.
—¿A dónde iremos ahora A.J?— preguntó Connor.
—Buscaremos al grupo de Marti. Deben estar en alguna parte. Quiero que les haga pagar el haberlo dejado tirado. Quiero que los mate. Es uno de los nuestros y a uno de los nuestros nadie se la juega. Luego quiero que le hagas el tatuaje.
—Estás obsesionado con ese tío. Nunca antes te había visto así con ninguno de nosotros. ¿Qué coño te pasa?
—Ese tío tiene algo. Aun no lo se, pero tiene algo— respondió A.J mientras observaba a Marti recoger su mochila –Averiguare que es.
—Yo creo que no tiene nada de especial. Son solo imaginaciones tuyas— respondió Connor –Por el incluso mataste a Chris. Se suponía que era tu amigo.
—Chris estaba perdiéndome el respeto. Era un maldito peligro para todos.
—No. Tú creías que era un peligro— respondió Connor.
El grupo de A.J salió del colegio y emprendió de nuevo el viaje dejando atrás a los caminantes que trataron de alcanzarlos.
Levine iba en su moto, seguía dándole vueltas a como dar esquinazo a aquellos tipos. No iba a poder hacerlo poniendo la moto a toda velocidad, ya que lo alcanzarían fácilmente y entonces todo acabaría para el, el no quería morir a manos de aquellos salvajes. Les tenía miedo a decir verdad.
Estuvieron viajando hasta que cuando tocó la una del medio día pararon a comer. Buscaron un lugar tranquilo en medio del bosque y allí prepararon el perímetro de seguridad por si aparecían caminantes.
—Bien chicos. Comeremos y descansaremos aquí. Luego que Connor le haga el tatuaje a Marti, pero ahora a lo importante. Hora de papear.
A.J y los suyos comenzaron a comer mientras e contaban chistes verdes los unos a los otros. También hablaban de mujeres y sexo. Todo parecía normal hasta que salió el tema de la gente a la que habían matado. Cada uno contaba los detalles más escabrosos de sus actos a la hora de matar a alguien. Los peores eran los de A.J. Esta lo contaba y parecía disfrutar al mismo tiempo.
—Pronto, cuando demos con ella me encantará arrancarle la piel a tiras. También pienso sacarle los ojos. Silvia se arrepentirá de habérmela jugado así— decía A.J
—Pero dejarás algo para nosotros ¿No? A mi me gustaría follarmela antes de matarla. Darme una alegría antes… Ya me entiendes— dijo Craig con la boca llena. Eso hizo que A.J cogiera una piedra del suelo y se la lanzara a Craig.
—No me gusta que hables con la boca llena gordo de mierda. Ten un poco de educación y deja de mostrar lo que te estás comiendo. Que asco de tío, joder. ¿Tú no te das cuenta de lo cerdo que eres? ¿O eres demasiado subnormal como para enterarte?— preguntó A.J, entonces este miró a Levine. –Antes de matarla que la pruebe Marti. Que es el nuevo. ¿Te apetecería tirártela? Está buenísima, tiene una cicatriz de la cesárea que se le practicó, pero está buena igual.
—¿Cesárea? ¿Estaba embarazada?— preguntó Levine.
—Si. La preñé sin querer. Vamos, que fue un accidente… Y como no pude hacer que lo abortara, pues al final lo tuvo— respondió A.J con una sonrisa. –Era una cría. Era mi jodida hija.
—¿Y donde está?— preguntó Levine, aunque temía la respuesta.
—Se la vendí a un tipo en Las Vegas. Ese cabrón se encaprichó de ella en cuanto la vio. Imagino que le van los recién nacidos, vete tu a saber. Con nosotros habría sido un estorbo y seguramente ese cerdo de ahí habría intentado tirársela. A Craig le encantan los niños. Demasiado, tenía su PC lleno de pornografía con críos. Es un puto enfermo ¿Verdad gordinflón?  ¿A que te habrías querido follar a mi hija? Puto saco de grasa— A.J hizo una pausa para masticar un trozo de carne y miró a Levine otra vez. –No hablas mucho. ¿Por qué no cuentas algo de quien eres? Cuéntanos a cuantas personas te has cargado. Todos nos hemos cargado a alguien.
—Hace tiempo maté a unos tipos que me hicieron daño. Desde entonces no volví a matar a nadie. No es algo que me guste.
—Pues a mi es algo que me la pone muy dura. Me encanta ver esos ojos suplicantes y llorosos cuando estás a punto de rajarles las tripas— dijo Fuller. –Me hace sentirme poderoso el hecho de tener la vida de las personas en mis manos. Y ahora me jode que por culpa de esos bichos, las personas se estén acabando. Al final no quedará nadie a quien matar. Eso es una putada.
En ese momento se escucharon unos disparos y unos gritos. El grupo de A.J se puso en pie y escuchó con atención. Rápidamente comenzaron a recorrer el bosque y llegaron a un camino donde vieron una caravana rodeada de caminantes. En el tejado había una mujer y una niña mientras que en tierra, tres hombres luchaban contra los No Muertos que los rodeaban. Eso hizo que Fuller se sentara sobre una roca.
—Me apuesto tres cigarrillos a que no lo consiguen— dijo Fuller sacando los tres cigarros del paquete. —¿Alguien mejora la apuesta?
En ese momento Levine comenzó a correr hacia el grupo mientras sacaba un machete. Cuando llegó a los primeros caminantes comenzó a clavarles el machete en la cabeza.
—¿Pero que hace ese tío?— preguntó Alex.
—Pues no se le da mal lo de matar podridos— dijo en ese momento Craig.
A.J no dijo nada, simplemente comenzó a caminar y cuando llegó junto a Levine, comenzó a ayudarle a matar No Muertos. Habían acabado con la mayoría cuando vieron como uno de aquellos seres mordía en el cuello a uno de los tres hombres. Levine agarró al No Muerto y tiró de el para separarlo del herido, seguidamente le clavó el machete en la cabeza, luego le puso el pie en el pecho y lo empujó. Segundos después ya no quedaba un solo No Muerto en pie.
Con todo más tranquilo, Levine se acercó al herido y comprobó la herida, luego le miró a los ojos. —Eres consciente de lo que te ha pasado ¿Verdad?— el herido asintió. –Entonces… ¿Qué es lo que quieres hacer? Te dejo a ti la decisión.
Justo en ese momento el resto del grupo de A.J se acercó y ayudó a bajar a la mujer y a la niña que estaban en el techo de la caravana, después comenzaron a observar al herido.
—Si se va a convertir… ¿No sería mejor cargárselo ahora?— preguntó Connor.
Levine ni siquiera se molestó en mirar a su compañero. Se sacó un cuchillo del cinturón y miró al herido, también miró a los familiares. –Tengo que hacerlo. Trataré que sea rápido e indoloro. Es lo único que puedo hacer por el.
En ese momento el hombre más mayor de aquel grupo. Un tipo con gafas y entradas comenzó a rezar algo, a lo que el resto de sus acompañantes le siguieron mientras la vida de su herido se iba apagando. Cuando terminaron, el que parecía el jefe miró a Levine y asintió, fue entonces cuando rápidamente Levine introdujo el cuchillo por el oído y el cuerpo quedó inerte.
—Lo lamento— dijo Levine levantándose y mirando a aquella familia. —¿Quién era?
—Era mi hermano. Gracias por haberlo hecho. Yo no habría sido capaz. Me llamo Adam— este tendió la mano y Levine se la estrechó presentándose como Marti. –Si no hubiesen llegado a aparecer, creo que habríamos muerto todos. Que dios les bendiga.
—Eh tío. ¿A que vino el rezo de antes? ¿Eres un puto cura?— preguntó Craig.
—Soy pastor— respondió Adam.
—La puta…— murmuró Craig. Luego miró a la esposa e hija del pastor —¿No se supone que  no podéis casaros? Y tienes buen gusto. Tu mujer está…
—Se educado Craig— dijo A.J pasando por su lado. Seguidamente este se plantó delante del pastor y le tendió la mano para estrechársela. –Me llamo A.J… Y estos son mis amigos. Superman— dijo señalando a Levine. –El que os ha salvado se llama Marti— entonces A.J comenzó a señalar al resto de compañeros. –Estos son Alex, Fuller, Connor, Craig y Lou  ¿A dónde se dirigen? No parecen que vayan muy cargados.
—A ningún sitio en concreto. Solo tratamos de sobrevivir y alejarnos de esos monstruos todo lo posible— respondió el pastor.
En ese momento A.J escuchó como la niña le decía a la madre que tenía hambre, seguidamente se descolgó la mochila y sacó una lata de melocotones. Se acercó a la niña y se la dio. –Toma. Come un poco pequeña.
La niña cogió la lata y sonrió a A.J. Su padre enseguida intervino. –Discúlpela. No suele hablar con desconocidos. Es algo tímida. Sobre lo que han hecho, me gustaría agradecérselo de alguna manera. Me gustaría que se unieran a nosotros. Por favor.
Levine no quería, temía por las vidas de aquellas personas estando cerca de aquellos locos. También temía por la niña, Craig la miraba de forma lasciva. Una forma que no gustaba nada a Levine. Quiso impedirlo, pero entonces A.J comenzó a hablar.
—Claro que si pastor Adam. Mis amigos y yo estaremos encantados de acompañarles y ayudarles en todo lo que nos sea posible. En estos tiempos es mejor que los humanos de buen corazón nos unamos y seamos fuertes juntos. El pastor sonrió y comenzó a presentar a su familia. Su mujer se llamaba Margaret y era bastante más joven que su marido, al menos diez años, su hijo se llamaba Stuart y su hija Briana. A.J sonrió de nuevo. –Es un placer conocerles, desde ahora pueden contar con nosotros para lo que sea. Les ayudaremos. Les prometo que con nadie estarán más a salvo que con nosotros.
Levine comenzó a temblar, estaba deseando decirles que se marcharan de allí, que huyeran lo  más lejos posible, que eran peligrosos y que acabarían matándolos, pero si lo hiciera… Eso no solucionaría nada. Solo empeoraría las cosas. Simplemente no hizo nada y solo por eso se sintió inútil y mal.

Las Vegas…
17:00 horas de la tarde…

Dorian entró en el almacén donde lo habían citado. Sus hombres de confianza al verlo se quedaron firmes, de la misma manera que se saluda a un militar de rango superior. Al final del almacén había un hombre sentado y atado de pies y manos. Cuando Dorian se acercó lo agarró de los cabellos y le levantó la cabeza para mirarlo. Sus hombres le habían dado una buena paliza.
—Doctor Stark. Mí querido doctor… En menudo aprieto nos encontramos. No solo se está retrasando con la fabricación de la vacuna. Si no que también me oculta información y trata de robarme. ¿Por qué? ¿Por qué lo ha hecho? ¿Sabe lo que le puede pasar? ¿Acaso ha olvidado como se paga aquí la traición?— decía Dorian mientras daba vueltas alrededor de la silla donde estaba el doctor. –Es una pena que usted ponga fin a nuestra relación de esta manera.
—No lo haga Dorian. Se que me he equivocado y se que he hecho mal, pero no me mate. Solo escúcheme y comprenderá mis motivos. Solo quería volver a mi antiguo laboratorio en San Francisco para avanzar más, le habría traído resultados. Aquí no tengo el material necesario. No puedo avanzar con lo poco que tenemos.
—Me habrías traído resultados o simplemente se los habrías vendido a otros. ¿Tan poco te gusta vivir aquí? ¿Tan poco te gusta mi forma de ser? ¿Eh doctor?
—Por favor jefe…No… Se lo prometo. Yo le soy leal.
En ese momento Dorian le cortó el cuello al doctor con un rápido movimiento. La sangre no tardó en comenzar a brotar y a empapar el suelo y a Dorian. Seguidamente el líder miró al resto de sus hombres. —Este dádselo a los caminantes.
—¿Y que hacemos con su cómplice?— preguntó uno de sus hombres señalando a una chica que estaba amordazada y amarrada en el suelo. Esta miraba a Dorian con los ojos muy abiertos.
—A ella prepárenla para la cena de hoy. Tengo invitados vip.
—¿Hacemos lo de siempre?— preguntó uno de sus hombres.
—Por supuesto— respondió Dorian saliendo del almacén.
Cuando Dorian regresó al Caesar Palace se encontró con la periodista Tina Morales. La cual lo esperaba como siempre en la puerta de lo que era su habitación. Cuando lo vio se acercó a el y le plantó un beso en los labios.
—¿A que ha venido esto señorita Morales?— preguntó Dorian.
—Creí que…— murmuró la periodista. –No se. Después de aquello…
—Solo nos hemos acostado un par de veces. Esto no significa que vayamos a casarnos. No te confundas. He tenido una tarde algo molesta y lo último que necesito es echar un polvo. Quizás cuando descanse, te llame para pasarlo bien juntos— Dorian apartó a un lado a la periodista. Entró en la habitación y cerró la puerta detrás de el. Dejando a Tina Morales fuera.

Gray…

Juan abrió los ojos lentamente y se encontró con que estaba colgado del techo. Tenía los brazos levantados y las muñecas estaban apresadas por unos brazaletes. Le habían quitado la camisa y habían hecho algunos cortes en su pecho. Miró alrededor y vio a Mike y a Brendan. Ambos estaban colgados igual que el y también les habían hecho cortes en el pecho. La cabeza le daba vueltas y le llegaba el olor a podrido, era como si hubiese algún caminante cerca. Aun así sacó fuerzas para llamar a sus compañeros, los cuales aunque tardaron, acabaron escuchándole.
—¿Dónde coño estamos? ¿Qué es este lugar? Me da todo vueltas— dijo Brendan.
—Nos han drogado— respondió Juan. –Lo ultimo que recuerdo es que hablaba por el walkie talkie. Lo demás está borroso. –Juan intentó varias veces liberarse, pero no tuvo éxito. Seguidamente miró a su alrededor  y vio las paredes del lugar. Eran de piedra. Las luces que había allí eran antorchas colgadas en la pared. –Parece que estamos en una cueva, pero ni idea de donde estamos exactamente. Esto no tiene sentido.
—Estamos en un apuro de los gordos— dijo Mike mientras pensaba en sus hijos. —¿Dónde están Johana, Blair y Brandon?
—Puede que lograran escapar. De lo contrario estarían aquí— respondió Juan.
En ese momento escucharon un ruido. Era como si alguien avanzase por la cueva en dirección a ellos. Fue entonces cuando apareció un hombre con un carrito. Este se plantó delante de Juan y sacó una jeringuilla, seguidamente se la clavó en el brazo y le sacó sangre. Este hombre repitió lo mismo con Brendan y Mike sin mediar palabra. Cuando se iba a ir, Juan comenzó a llamarle.
—¡¡¡Eh!!! ¿Quién eres? ¿De que va todo esto? ¡¡¡Eh!!! ¿Me estás escuchando? ¡¡¡Eh!!!
Aquel tipo ni siquiera se dio la vuelta. Siguió a lo suyo y se marchó de allí. No sabían cuanto rato u horas habían pasado cuando apareció otro hombre. Este era mayor y llevaba puesta una bata de medico. Este apareció allí y se plantó en el medio de la sala. Entonces miró a Juan y sacó una pequeña linterna para observarle las pupilas. Luego le obligó a abrir la boca.
—¿De Manhattan?— preguntó aquel hombre. –Increíble, pensé que no había habido supervivientes. Esto es todo un hallazgo— al ver la expresión de Juan. Aquel tipo sonrió y se puso las gafas que llevaba en el bolsillo de la bata. –Supongo que te sorprende que sepa que sois de allí. Lo se por que he analizado vuestra sangre— entonces señaló a Mike. –La tuya y la suya están libres del virus, pero no la de el. Eso significa que no es de allí. Sois los primeros especímenes de Manhattan que veo desde hace mucho tiempo. Esto es maravilloso. Ahora tengo que irme, pronto volveré y tendréis las respuestas pertinentes. Por cierto, si en algún momento recibís la visita de alguien. No os preocupéis. Suelen ser muy tranquilos a menos que les diga que sean chicos malos.
Cuando aquel medico o lo que fuera se marchó sin decir nada más, Juan y los demás se quedaron allí en silencio. Aunque en su interior todos se hacían las mismas preguntas. ¿Qué pasaba allí? ¿Quién era esa gente? ¿Dónde estaban exactamente?

Hotel…

El hotel estaba en silencio y a oscuras. Yo caminaba por el pasillo en dirección a la enfermería. Cuando llegué a la puerta vi que estaba cerrada. Puse la mano en el pomo y me quedé quieto escuchando. Fue en ese momento cuando escuché una voz de hombre, parecía que estaba cantando algo, reconocí la voz, el corazón me dio un vuelco y la abrí de golpe. Al entrar vi a mi hermano en medio de un haz de luz con uno de los bebés en brazos.
—¿No es increíble? Se parecen tanto a mí… Eso es algo que discutí con Eva. No estaba de acuerdo.
En ese momento una nueva luz se encendió iluminando la cama donde estaba Eva acostada, pero no se movía, estaba muerta. Alguien había cortado sus mejillas y había confeccionado una sonrisa macabra. Quise abalanzarme sobre ella, pero no pude moverme del sitio, era como si una misteriosa fuerza me mantuviera allí.
—¿Qué has hecho?— pregunté. Sentía como la rabia crecía dentro de mí.
—Solamente he hecho que se callara para que no me llevara la contraria. Se estaba poniendo muy pesada— respondió Carlos sin mirarme. Toda su atención estaba puesta en el bebé que tenía en brazos. –Me gusta como tienes este lugar. Pero tú no te mereces esto. Tú no te mereces esta familia.
En ese momento comencé a sentir calor y la luz creció. Comencé a ver como la enfermería comenzaba a arder. De repente me vi trasladado de nuevo a Puzol, tenía a mi hermano frente a mi, seguidamente sentí un dolor en el estomago y vi un puñal sostenido por mi hermano clavado en mi. Lo miré y me sonrió. Seguidamente, yo también comencé a arder.

23:00 horas…

Me desperté de golpe gritando y me encontré en la enfermería. Estaba tumbado en una camilla al lado de la de Eva y yo sudaba a mares. Cuando la miré, vi que estaba dándole el pecho a uno de los bebés. Ella me miró.
—¿Una pesadilla?
—Una horrible— respondí sentándome en la camilla y pasándome las manos por la cabeza.
—¿Soñaste con Carlos?— preguntó Eva. –Yo a veces también sueño con el. Le tenemos demasiado miedo. Ahora más que nunca. Tengo la sensación de que el nos anda buscando. Que sabe que ya puedo haber dado a luz. Tengo la sensación de que puede estar cerca. No se me va de la cabeza.

Me puse en pie y caminé hacia ella. Llegué ahí y me senté. Le cogí la mano a mi mujer. –Te prometo que haré lo imposible para que no nos encuentre. No permitiré que nos haga daño. 

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