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sábado, 20 de febrero de 2016

NECROWORLD Capitulo 105

Día 4 de Octubre de 2010
Día 827 del Apocalipsis…
Bosque… 08:00 de la mañana…

Levine había pasado la noche con aquellos tipos. Antes de dormirse lo habían estado acribillando a preguntas. ¿De donde venía? ¿A dónde iba? ¿Si tenía algún grupo? ¿Si tenía un refugio? ¿Si había chicas en el?. Levine las contestaba con cautela y daba respuestas precisas. Tenía que evaluar antes a aquellos tipos, no terminaban de darle buena espina. Cuando se despertaron al día siguiente pretendió irse, pero A.J siempre estaba detrás de el.
—¿Te vas a ir? ¿Así? Ni siquiera sabemos tu nombre tío. Podrías acompañarnos. Seguro que tienes un grupo. Nosotros podemos ser un buen aporte para el. Por si no te has dado cuenta, este mundo está hecho para nosotros. Este mundo necesita tíos como nosotros para seguir girando.
Levine se quedó un rato pensativo. –Está bien. Os llevaré a mi refugio. Yo os guiaré hasta el— dijo cogiendo su motocicleta.
Bajaron al camino donde aquellos tipos tenían sus motos, también tenían una furgoneta. Dentro de ella se escuchaban ruidos. Entonces de el salió Banks poniéndose el cinturón. Antes de que cerrara la puerta trasera, Levine pudo ver movimiento allí dentro.
—¿Qué es lo que estaba haciendo?— preguntó Levine.
A.J no respondió, se acercó a Banks y le dio una bofetada. Seguidamente abrió la puerta de la furgoneta y Levine vio a una caminante con la cabeza fija en un sitio para que no pudiera moverla en ninguna dirección, también estaba atada de pies y manos.
—Me cago en tu puta madre pedazo de mierda— dijo A.J dándole empujones a Banks. –Estoy hasta la punta de la polla de tu jodido fetichismo. Deja de follarte putos muertos— A.J lo tiró al suelo y comenzó a patearlo. –Están muertos, están muertos asqueroso montón de mierda— en ese momento A.J dejó de patearlo y se dirigió a la parte trasera de la furgoneta. Sacó un machete y le cortó la cabeza a la caminante, seguidamente la agarró del pelo y comenzó a balancearla ante la cara del tal Banks. Los demás miembros del grupo no hacían nada, solamente miraban y se reían como disfrutando de la escena. Fue entonces cuando A.J agarró la cabeza de Banks y la juntó con la de la No Muerta. –Si tanto te gustan estos bichos cómele los morros, cómeselos.
Banks comenzó a gritar al mismo tiempo que la cabeza masticaba sus labios y parte de sus mejillas. Cuando comenzó a sangrar, A.J separó la cabeza de la No Muerta y la lanzó bien lejos de una patada digna de un futbolista. Eso hizo que los demás comenzaran a reír a carcajadas.
—Si tanto te gustan… Ahora serás uno de ellos. ¡¡¡Chicos!!! Repartiros todas las pertenencias de este mamón y luego nos iremos— dijo A.J al tiempo que le quitaba la pistola a Banks. Seguidamente el herido fue rodeado por sus compañeros, de vez en cuando se escuchaban golpes. A.J se acercó a Levine. –Siento que hayas tenido que presenciar algo así, pero ese cabrón era un puto cerdo. Se follaba muertos y no siempre eran tías. Una cosa es hacérselo con una tía viva con o sin su consentimiento, pero eso es una cerdada. Ya se lo había dejado pasar mucho tiempo. Hoy a sido el acabose, por cierto, toma— A.J le cedió un puñal donde podía verse simbología nazi. –Te lo regalo.
Levine cogió el puñal y se lo guardó. –Gracias A.J.
Cuando los otros habían acabado de desvalijar a Banks lo levantaron y lo tiraron por un terraplén. Levine se asomó para ver el maltrecho cuerpo de Banks.
—No te preocupes. Está vivo. Si tanto le gustan los caminantes que sea uno de ellos. Y no me cabe duda de que lo será. Ese mariconazo no tiene huevos a suicidarse. Bueno. ¿Nos llevarás a tu refugio?
Levine asintió, pero era evidente que no podía llevar a esos tipos al hotel, no podía llevar a esos monstruos allí. Lo peor era que el hotel no estaba muy lejos de allí. Levine iba a tener que arriesgar su vida como nunca antes lo había hecho. –Muy bien, seguidme. Os llevaré a mi refugio. Está en Columbus— Levine no podía arriesgarse a dar una ubicación demasiado lejana, pero Columbus estaba lo bastante alejada de sus amigos.
—¿Columbus? ¿En serio?— preguntó A.J –Hemos pasado por allí varias veces y salvo muertos no hemos visto otra cosa, pero bueno, si tú lo dices— A.J miró a sus chicos. –Muy bien mis queridos degenerados. Hora de ponernos en marcha. Rumbo a Columbus.
Todos se subieron a los vehículos y emprendieron el viaje a Columbus. Levine miró hacia atrás y pensó en la posibilidad de no volver a ver a sus amigos y también comenzó a pensar en algo. Tenía menos de dos horas para pensar en algo, una vez llegaran allí comenzarían las preguntas.

Hotel…

El grupo que iba a salir para seguir buscando supervivientes ya estaban preparados para irse. Juan, Mike y Johana iban  a ser los  líderes del grupo. Les acompañaban Brandon, Brendan y Blair iban a ir con ellos. Iban a llevarse uno de los dos autobuses y un kuad.
—Lleváis comida para una semana— dijo Janice. Una mujer de más de cincuenta años, había sido una de las supervivientes de Manhattan y en el hotel era nuestra cocinera oficial.
—Muchas gracias— respondió Johana cogiendo las cajas de comida del carro que había traído la mujer.
Eva y yo estábamos allí despidiéndoles. –Id con cuidado. Si dentro de una semana no habéis encontrado a nadie regresad— les pedí. –No os arriesguéis en vano.
—No te preocupes. Los dioses están hoy de nuestro lado— respondió Juan. –Siempre lo están. Nos veremos pronto tío.
Nos despedimos de ellos y seguidamente se marcharon de allí. Cuando se marcharon volví al interior del hotel. Cuando entramos vimos como André y Sally se dirigían a la enfermería, al verlos no pudimos evitar preocuparnos.
—¿Va todo bien?— preguntó Eva.
—Si— respondió Sally. –Solo vamos a la enfermería por consejo de Melanie. Cree que será mejor que como estoy a punto de dar a luz me quede allí. ¿Quieres acompañarme?
Eva me miró a mí. –Ve con ella. Yo tengo cosas que hacer. Estoy pensando en ir a poner trampas para cazar. Puede que me lleve a Vicky.
Eva se fue con André y Sally. Yo por mi parte salí a la parte trasera, allí vi a Vicky jugando con un balón junto a los hijos de Mike, Cindy y los demás niños. También estaban allí Diana y Stephany. Cuando me vieron acercarme, Vicky me lanzó en balón. Lo recibí e intenté hacerme unos toques, pero este se me fue.
—Que malo eres con el balón papá— dijo Vicky recogiéndolo y mirándome.
—El balón y el futbol no son lo mío— respondí. –Escucha, voy a salir a poner unas trampas para cazar. ¿Quieres venir conmigo?
—Ahora estoy jugando papá. Lo siento— respondió Vicky pasándole el balón a otro niño.
Entonces Stephany se me acercó. –Yo puedo acompañarte si quieres. Me interesa aprender a hacer trampas… Y me vendría bien estirar las piernas fuera del hotel. Prometo no ser un estorbo… Y no me vas a convencer para quedarme.
—Está bien— respondí. –Pero tienes que hacer todo lo que yo te diga. Venga, ve a prepararte. Nos vamos en unos diez minutos.
Me quedé un rato allí mientras Stephany iba a prepararse, entonces vi a Zacarías pasar por mi lado. Desde lo ocurrido con los Amish apenas se le había visto. Habían muerto todos aquellos con los que había convivido durante años, por lo tanto entendía que estuviera triste. Me fui detrás de el y lo paré.
—Perdona. Espero no molestarte— le dije.
—No te preocupes. Dime— respondió Zacarías.
—No hemos hablado nada desde que quemamos a los fallecidos. ¿Estás bien? Me preocupas. No se te ha vuelto a ver hasta ahora. Se que no ha pasado mucho, pero…
—Solo he estado reflexionando. Había buenos amigos míos ahí. No merecían acabar así. He estado pensando en que no tenemos por que quemarlos. Quiero construir un cementerio para que los nuestros puedan tener un entierro digno. Lo construiré lejos de los campos para que las hortalizas no se vean afectadas. No te preocupes. Lo tengo bien pensado. No habrá problemas de ningún tipo.
—Me parece bien si esa es tu voluntad, busca a alguien que te ayude con ello— dije dándole una palmada en el hombro. –Yo ahora voy a salir a colocar unas trampas, pero cuando vuelva estaré ahí ayudándote. De hecho hace tiempo que tendríamos haberlo construido.
—Gracias. Por cierto, puede que no sea asunto mío, pero estaba buscando un sitio donde construir el cementerio y pasé por el laboratorio de Alard… Dentro se escuchaban gruñidos y gemidos. Fue esta mañana cuando todos dormíais.
—¿Miraste que era?— pregunté mirando hacia el laboratorio. –Bueno. No importa, seré yo mismo quien se encargue de ello. Hasta luego.
Zacarías y yo nos separamos. Yo me dirigí corriendo hacia la puerta del laboratorio e intenté abrir la puerta, pero esta estaba cerrada con llave. Aun así sabía que estaban dentro, comencé a dar golpes en la puerta. Entonces se abrió y Susy salió a mi encuentro sin dejarme pasar.
—El doctor está ocupado en estos momentos— dijo la ayudante del doctor Alard. Entonces noté en ella el olor a descomposición. Lo que delataba que había estado cerca de caminantes. –Por favor, vuelve más tarde. El doctor te atenderá entonces.
—Yo estoy aquí al mando. Déjame pasar— respondí. Como veía que no hacía caso, aparté a Susy y entré en el laboratorio pese a los intentos de la chica por detenerme. Cuando entré vi al doctor con un libro delante de dos caminantes.
La imagen que estaba viendo me dejó atónito, pero mucho peor fue reconocer a los dos caminantes. Eran aquellos hombres a los que habían mordido durante el brote. Los que se suponía que habían muerto y echados a la hoguera. Cuando el doctor me vio se me acercó.
—Esto no es lo que parece. Si podemos hablarlo…
—¿Qué es esto doctor? Creí haber dejado claro que no quería caminantes aquí. Son peligrosos, además. Estos dos hombres formaban parte del grupo. Deberían estar en la hoguera. ¿Qué están haciendo aquí?— sentía que estaba a punto de estallar de rabia.
—Estamos teniendo avances. Creemos que cuanto menos tiempo lleven muertos, más posibilidades tienen de recordar. Mira esto— el doctor volvió a la mesa donde había dejado el libro. Al otro lado de la mesa los dos caminantes intentaron agarrar al doctor. –Pueden reconocer palabras y momentos. Solo hay que estimular su cerebro. Podríamos recuperarles. Ya no habría que matarles. Déjame demostrarte la teoría. Mirad chicos, carpa de circo… Carpa de circo. —El caminante se echó hacia delante y trató de agarrar al doctor otra vez. —¿Lo ves? Lo he escuchado. Ha sido muy leve, pero ha repetido la palabra carpa. Acércate para poder escucharlo.
—No ha dicho nada doctor. Estos seres ya no conservan nada de lo que eran. Son monstruos. Maldita sea— dije consumido por la furia. Aquellos caminantes no habían dicho nada. Solo estaban excitados y tratando de agarrar al doctor. Seguidamente saqué mi arma y disparé dos veces. Las cabezas de los caminantes estallaron y los cuerpos se desplomaron ante la mirada atónita del doctor. –Se lo diré una ultima vez Alard. Solo una. Esta investigación no sirve, no quiero que vuelva a meter caminantes aquí y menos a gente que fue de nuestro grupo. Son peligrosos, vuelva a desobedecerme y lo echaré de aquí después de tirar su laboratorio abajo. Ahora limpie esto y denles un digno entierro a estos hombres.
Salí del laboratorio y me encaminé hacia el hall del hotel. Allí estaba esperándome Stephany. Cuando me vio llegar frunció el ceño. –Pareces enfadado. ¿Qué pasa?
—No es nada. Vámonos— respondí.
Fuimos hacia donde estaban los vehículos. Allí estaban Yuriko y Silvia trabajando arreglando un coche. Cuando nos vieron llegar se pusieron en pie para recibirnos.
—Dentro de poco podremos contar con otro coche. ¿Cuál te llevaras esta vez?
—Me llevo el mismo que la otra vez. No nos vamos muy lejos al fin y al cabo ni tardaremos en volver— respondí.
Íbamos a subir al coche cuando escuchamos un grito que venia del interior del hotel. Me giré rápidamente y vi a Eva saliendo por la puerta. Cuando la vi el corazón me dio un vuelco. Estaba manchada de sangre. Corrí hacia ella y cuando estuve delante vi que la sangre no era suya.
—¿Qué está pasando?— pregunté agarrándola de las manos y esperando que se tranquilizara.
—Es Sally. Parecía que se había puesto de parto, pero hay complicaciones.

En algún lugar de Georgia…
08:45 horas…

El grupo de A.J se había detenido en medio de un camino. Había un tren parado en la vía que no les permitía cruzar. Todos se bajaron de las motos y se quedaron mirando a los vagones.
—Perfecto. ¿Cómo movemos este puto trasto?— preguntó Chris. –Esto nos jode el viaje— entonces miró a Levine. –Tu nos estas guiando y se supone que habías pasado por aquí. Ya podrías habernos avisado que el camino estaba cortado ¿O es que se te había olvidado? Que cabrón.
—Mierda Chris. Deja de quejarte como una puta nenaza y buscad una forma de moverlo. Mientras voy a hablar con nuestro guía. Ven conmigo, demos una vuelta por aquí mientras mis chicos hacen su trabajo— dijo A.J mirando a Levine.
—¿Y por que vosotros no hacéis nada?— preguntó Chris.
—Por que el capitán, o sea, yo, nunca trabaja al lado de sus hombres. Y el es nuestro guía, tiene el privilegio sagrado de tocarse los huevos a dos manos por que así se lo permito. Además, el que manda aquí soy yo. Dudo que tenga que darle explicaciones a alguien que no llega ni al nivel de segundón. Ahora poneros manos a la obra. Me gustaría que quitarais el puto tren de ahí antes de una hora. ¿Vale?
—Que te den por culo— dijo Chris casi en un murmullo.
Levine y A.J se alejaron de allí. Mientras caminaban, A.J comenzó a contarle cosas. –Antes éramos más, pero como ya sabes, este mundo ha cambiado mucho. Parece una puta jungla, es tan chunga que ni el mismísimo Bruce Willis duraría más de dos días. Nosotros seguimos vivos por que somos tíos con un par de cojones que no se acojonan con nada. Somos fuertes y no tenemos miedo de apretar el gatillo cuando es necesario. Los demás que ya no están con nosotros ya no lo están por la sencilla razón de que eran unas putas nenazas. Están mejor muertos.
—¿A dónde os dirigíais cuando me encontrasteis?— preguntó Levine. –Cuando te acercaste parecía que ibas buscando a alguien. Y al verme pareciste llevarte una decepción. Me da la impresión de que no era lo que esperabas.
—Estamos buscando a una chica— respondió A.J
—¿A una chica?— preguntó Levine frunciendo el ceño.
—Si. A una puta. Esa zorra era mi chica y se ha escapado. Antes de escapar se cargó a tres de los nuestros. No es que me importen demasiado, pero aquí mando yo y me jode que alguien la lie parda y se cargue a gente. Aquí el único que tiene derecho a matar a otros del grupo soy yo. Es mi única puta regla de convivencia y por mis cojones que se tiene que respetar. Si no se respetan mis normas la pringas.
—¿Cómo le pasó a ese tipo?— preguntó Levine.
—¿Banks? Pues más o menos. Ese anormal sabía de sobras que no me gusta eso de la necrofilia. Es algo asqueroso joder. El muy mamón escondió a una monstruo de esos y la llevaba en su furgoneta para tirársela de vez en cuando. No había dicho nada. ¿Y que puedes contarme de ti? Dime tu nombre al menos.
Levine se quedó un rato pensativo y respondió –Me llamo Marti. Marti Brown.
—Bien Marti Brown. ¿Cómo es que has sobrevivido a esto? No te ofendas, pero no parece que seas alguien con mucha fuerza física. Me parece extraño. Los tíos como tu no suelen durar mucho. Acaban despedazados en algún lado o dando tumbos por ahí como uno más de esos montones de mierda.
—Bueno. Vosotros tenéis vuestros métodos. Yo tengo los míos. Además, eso no tiene nada que ver. Cada uno sobrevive como puede— dijo Levine
—¿Y como es tu grupo? ¿Es numeroso?— preguntó A.J –Aunque realmente lo que más me interesa de ese grupo tuyo es comerciar. No te voy a mentir. Estamos faltos de armas y munición. Quizás podamos intercambiar algo. Nosotros solemos cazar gente, especialmente negros y panchos. Los vendemos como esclavos a comunidades. La idea es saber donde está tu refugio y llegar a un acuerdo, dos días después volveríamos con la mercancía.
—¿Tenéis ahora a gente?— preguntó Levine.
—Ahora mismo no— respondió A.J –Pero también hacemos pedidos.
Levine tenía claro que estaba en compañía de unos locos sádicos. De ninguna manera debían encontrar el hotel. Lo malo era el que haría cuando llegaran a Columbus, por que era evidente que allí no iban a encontrar al grupo. Cuando eso ocurriera. A.J querría matarlo como venganza, aunque tal como había pensado, el tendría que acabar antes con ellos. Con todos.

Hotel…
09:00 de la mañana…

Llegué a la enfermería y vi a André cogiendo de la mano a su esposa mientras esta gritaba de dolor. La camilla donde estaba tumbada estaba llena de sangre.
—¿Qué está pasando?— pregunté al ver la escena. Enseguida sin pensármelo me acerqué para ayudar a Melanie y Sheila. Las cuales estaban tratando de inmovilizar a Sally. La cual estaba moviéndose histéricamente por culpa del dolor.
—Estábamos escuchando al bebé cuando de repente dejó de moverse. No sabemos que pasó. Entonces de repente empezaron los dolores— dijo Melanie tratando de inmovilizarla sin éxito. –Tienes que ayudarme a sujetarla. Así no podremos sacar al bebé. Voy a tener que practicarle una cesárea— dijo Melanie preparando el material quirúrgico. Eso hizo que André comenzara a ponerse nervioso.
Me fijé en la barriga de Sally y vi movimiento. Manos y pies estaban moviéndose en su útero. Era una imagen escalofriante.
—¿No la sedáis?— preguntó André
—No hay tiempo— respondió Sheila. –Podríamos perderlos a ella y al bebé.
—No. No podéis abrirla. La matareis— dijo André apartándonos a empujones. Yo intenté inmovilizarlo, pero este me golpeó y me empujó contra un armario. Seguidamente se lanzó sobre Melanie e intentó golpearla, pero yo me lancé contra el y lo inmovilicé por detrás. –Suéltame. Déjame.
—Juanma. Llévatelo fuera. Aquí no está ayudando— dijo Melanie volviendo a su puesto.
Yo me fui hacia fuera tirando de André. Una vez fuera intentó agredirme para volver a entrar, pero yo logré esquivarle y asestarle un fuerte puñetazo. El cual lo hizo caer al suelo.
—Es mi mujer. Se va a morir— dijo André.
—Nosotros ahí lo único que hacemos es estorbar— respondí mientras escuchábamos los desgarradores gritos de Sally. Dentro con ella seguían Eva, Sheila y Melanie.
*****
Eva y Sheila se apresuraron a inmovilizar a Sally. No había tiempo para meterle un tranquilizante. Iban a tener que sacar al bebé. En ese momento vieron como los ojos de Sally se ponían en blanco. Señal de que había entrado en shock. Melanie llevó el bisturí al vientre de la mujer y comenzó a hacer la incisión. Cuando la abrió metió las manos y sacó al bebé con suavidad, este se movía frenéticamente, pero no lloraba, solo emitía unos sonidos parecidos a gruñidos. Cuando Melanie lo miró sintió que se le paraba el corazón. No creía posible aquello que estaba viendo. Lo envolvió en una mantita y lo metió en un cesto.
—¿Qué es lo que pasa Mel?— preguntó Eva
Melanie miró a Eva y a Sheila. Tenía los ojos llorosos. Aun así dejó al bebé en un cesto que tenían preparado para el momento y se lanzó sobre Sally. Tenían que detener la hemorragia antes de que fuera demasiado tarde. Cuando la cerraron, fue Melanie la que salió de la enfermería.
—¿Cómo ha ido?— preguntó André. —¿Cómo están?
Melanie se quedó dubitativa, no parecía atreverse a hablar, pero finalmente comenzó a hablar. –Hemos hecho todo lo que hemos podido… Pero… El bebé nació muerto.
—Eso no puede ser. Juro que escuché ruidos ahí dentro— dijo André.
—Yo también lo he escuchado— respondí al mismo tiempo que la puerta se abría y salía Eva llorando directa a abrazarme. —¿Qué ocurre? Eva… ¿Qué pasa?— solté a Eva y entré en la enfermería. Cuando entré vi a Sheila junto a una inconsciente Sally. Miré al cesto donde debía estar el bebé y avancé hacia el. Cuando estuve casi encima vi la mantita moviéndose.
Aparté la mantita con cuidado y vi al recién nacido, era una niña. Tenía los ojos abiertos y parecía mirarme mientras levantaba los brazos hacia mí. Sus ojos carentes de vida, la falta de respiración, el color pálido de su piel revelaron la terrible realidad. El bebé estaba muerto. Fue en ese momento cuando escuché el llanto y los gritos del exterior. Era evidente que André se había enterado de todo.
Con la mano temblorosa saqué la pistola de mi cintura, le puse el silenciador y apunté a la criatura. Puse el cañón sobre su cabeza, aparté la vista, cerré los ojos y disparé.
Salí de la enfermería y abracé a Eva. Melanie estaba sentada en las escaleras cubriéndose la cara con las manos y André estaba en el suelo en posición fetal sumido en el más amargo de los llantos. ¿Qué le diríamos a Sally cuando despertara? ¿Cómo explicarle a una madre que el bebé que con tanta ilusión esperaba había muerto y se había reanimado dentro de ella?

En algún lugar de Geaorgia…

A.J y Levine habían llegado a la orilla de un rio. A su derecha podía verse un puente por el que pasaba el tren. En el había habido un derrumbamiento y los escombros estaban esparcidos por casi toda la zona.
—Mira. Fíjate. Podríamos atajar por aquí y así no haría falta mover el tren. Eso sería lo más fácil, pero entonces esos mentecatos tendrían una excusa para no mover el culo… Putos vagos de mierda…— decía A.J. –Mejor que trabajen. ¿Qué más me cuentas de ti Marti? ¿Tienes novia en el refugio? Ya sabes, alguna zorrita que te caliente la cama por las noches. ¿O lo tuyo son los maromos? ¿No irás a decirme que eres el último marica que queda sobre la faz de la tierra? Eso sería la hostia.
—No tengo a nadie y tampoco soy gay— respondió Levine. –Así no tendré que lamentar perdidas. Intento ligarme lo menos posible a la gente. Al menos es lo que hago desde hace tiempo.
—Tienes razón. Cojones, yo siempre lo he visto así desde que estamos viviendo esta pesadilla. Aunque si te soy sincero no veo que esté tan mal. Cuando tenía novia… La zorra a la que buscamos, pasaba mucho tiempo preocupándome por ella. La quería y todo eso, pero tras una discusión por que no quería formar parte de lo que éramos. A la mismísima mañana siguiente, me levanté y dije que la follaran.
—¿Y que haréis cuando la encontréis?— preguntó Levine.
—¿No es evidente? La mataremos lentamente, pero primero nos la tiraremos mil veces. La haremos sufrir. Quizás tengas suerte y la encontremos por el camino, así quizás puedas tirártela tu también. Te garantizo que disfrutarás como nunca.
—No me interesa— respondió Levine tirando una piedra al rio.
—Eres raro de cojones, pero me caes bien. Y eso en estos tiempos es una suerte, si no, ya te habría matado— dijo A.J
Levine se dio la vuelta y miró a su compañero. —¿En serio? ¿A cuantos has matado desde que comenzó esto? Me refiero a personas.
A.J comenzó a reír a carcajadas, era como si le hubiesen contado un chiste divertidísimo. –Pues si te soy sincero ni me acuerdo. Me cago en la puta, me he cargado a tantos que incluso he perdido la cuenta y todo. Justo unas horas antes de encontrarte me cargué a unos cuantos que tenían montado un campamento. Los muy capullos no se lo esperaban. Fue la hostia.
—¿Y por que lo hiciste?— preguntó Levine dándose la vuelta para mirar a A.J —¿Por qué matar a otros si no es en defensa propia? No veo la necesidad.
—¿Por qué? Se pusieron gallitos y les di por culo. Por eso. Además, eran débiles y como débiles que eran, no merecían vivir. Por eso los maté— respondió A.J.
En ese momento A.J se puso de pie con una sonrisa en los labios y señaló al otro lado del rio. Levine miró hacia donde señalaba y entonces vio a un caminante surgir del agua poco a poco. Era posible que estuviera en el fondo y que los había escuchado hablar. Cuando A.J lo vio comenzó a caminar hacia la orilla para ir a su encuentro.
—¿Qué vas a hacer?— preguntó Levine cuando vio a su compañero plantarse a su lado.
—¿Qué crees tu? Voy a cargármelo. Me divierte, aunque no es tan divertido como matar a personas vivas. Ya me entiendes, estos bichos a diferencia de los vivos no sienten ni miedo ni dolor. Simplemente son más sosos.
Levine comenzó a retroceder mientras A.J esperaba que el No Muerto llegara a la orilla. Sin que lo viera, Levine comenzó a sacar el cuchillo que guardaba, en esos momentos tenía la oportunidad de matarlo y huir de allí dejando a esos mal nacidos atrás. Quizás no volverían a donde lo habían encontrado, de hecho, Levine no los consideraba lo bastante inteligentes como para regresar al mismo lugar.
A.J silbaba y llamaba al No Muerto, el cual cada vez estaba más cerca. Por su parte, Levine estaba a punto de clavar el cuchillo en la cabeza de aquel tipo. Justo cuando estaba a punto escuchó una voz a sus espaldas, se dio la vuelta y se encontraron con Chris.
—¿Qué cojones quieres?— preguntó A.J ignorando al No Muerto.
—Ya vamos a quitar el tren. Hemos cambiado la batería y lo hemos puesto en marcha. Ya podemos seguir nuestro camino— dijo Chris. Entonces se fijó en el caminante. —¿Qué coño estáis haciendo?
—Ahora nada. Has venido aquí a joderme la diversión— respondió A.J. seguidamente apuntó al No Muerto a la cabeza y disparó. La bala atravesó la cabeza de aquel ser y esté se desplomó, seguidamente se lo llevó la corriente. –Venga, vámonos— A.J le pasó la mano por encima del hombro a Levine y se lo llevó consigo.
Cuando quitaron el tren pudieron proseguir con su viaje hacia Columbus. El tiempo de Levine para pensar algo se estaba agotando mucho más deprisa de lo que el pensaba.

Hotel…
10:00 de la mañana…

La noticia de la muerte del bebé de Sally había corrido como la pólvora. Era la segunda desgracia en poco tiempo y la gente había comenzado a sentirse intranquila.
Habíamos estrenado el cementerio construido por Zacarías con una pequeña tumba. Y mientras André permanecía al lado de su esposa, Melanie se culpaba a si misma en su habitación. No había podido hacer nada para impedirlo. Yo por mi parte me encontraba en la habitación con Eva, ella estaba en estado de shock. Estaba muy asustada. Tenía miedo a que le pasara igual que a Sally.
—Hay veces que pienso que han dejado de moverse. Temo que así sea, que hayan muerto y se reanimen dentro de mí destrozándome por dentro como le ha pasado a Sally. Tengo muchísimo miedo Juanma. Estoy aterrorizada.
Cogí la mano de Eva y la puse sobre su vientre, esperamos un rato y notamos como se movían los bebés. –Ellos siguen bien. Lo que ha pasado con el bebé de Sally ha sido una desgracia, pero no tiene por que pasarte lo mismo a ti.
—Pero si me pasa, tú no podrás hacer nada para impedirlo… Vi a la hija de Sally. Esa pobre niña que ni siquiera había comenzado a vivir… Parió uno de esos monstruos. No soportaré que me ocurra eso mismo, no lo soportaré.
—No te va a suceder— respondí
En ese momento llamaron a la puerta de mi habitación, me levanté tras darle un beso a Eva y abrí. Allí estaba Sheila. Detrás de las gafas pude ver sus ojos convertidos en un mar de lágrimas.
—Es Sally. Estaba a solas con su marido en la enfermería. Cuando he vuelto para ver como estaban he visto que ella había muerto y que André se ha suicidado. He tenido que clavarles algo en la cabeza para que no se reanimaran— respondió Sheila entre sollozos.
—Bien hecho— respondí llevándome una mano a los ojos. Lamentaba profundamente lo ocurrido aunque no los conocía mucho. Eran muy buenas personas.
—¿Qué es lo que pasa?— preguntó Eva desde la cama.
Me di la vuelta y la miré. Pensé que iba a ser mejor mentirle para no preocuparla, pero iba a descubrirlo tarde o temprano, así que fui totalmente sincero. –Sally ha muerto y André se ha suicidado— en ese momento escuché a Eva sollozar y esconderse debajo de las mantas. Entonces miré a Sheila. –Ahora iré y los enterraré. Yo me encargo de ello.
El funeral de André y Sally se hizo unos treinta minutos después de que fueran encontrados. Todos estábamos allí reunidos salvo Mouse. Eva lloraba  desconsoladamente en mi hombro, yo volví la vista atrás para mirar a Melanie, estaba apartada del resto, seguramente se sentía terriblemente culpable por lo que había sucedido. Cuando el funeral terminó, Eva se fue con Vicky y yo me acerqué a Melanie.
—¿Cómo estás? – le pregunté. Aunque conocía más o menos cual iba a ser la respuesta.
—¿Cómo crees tú? No he podido salvar a un bebé y tampoco he podido salvar a la madre. Yo soy la responsable de esas tres muertes. Puede que no directamente, pero yo los he matado.
—Eso no es cierto— respondí. –Hiciste todo lo que pudiste. Ahora no puedes venirte abajo. Te necesitamos aquí. Te necesitamos entera.
—¿Me necesitáis?— preguntó Melanie. –En absoluto. Lo mejor va a ser que coja mis cosas y me marche de aquí. Esto es algo parecido a lo de Luke. Es peligroso ponerse en mis manos, así que si yo no estoy aquí será mejor para todos.
—Si te vas tu sola… No sobrevivirás ahí fuera— respondí.

—Bueno. Si así tiene que ser, que así sea— respondió Melanie. Seguidamente se dio la vuelta y se alejó.

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