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sábado, 13 de febrero de 2016

NECROWORLD Capitulo 104

Día 3 de Octubre de 2010
Día 826 del Apocalipsis…
Hotel… 07:00 de la mañana…

Sonó el despertador y me apresuré a apagarlo para que Eva no se despertara, pero si que despertó.
—¿Qué hora es?— preguntó ella.
—Son las siete. Tengo que ir a regar los campos de cultivo. Tú sigue durmiendo. A las nueve vendré a traerte el desayuno. Ahora sigue durmiendo— respondí a medida que me vestía. Cuando terminé me di la vuelta y me incliné sobre Eva para darle un beso. Después salí de la habitación y recorrí el pasillo hasta las escaleras.
Todo el hotel estaba en silencio, solo en el exterior se escuchaba al gallo del corral. Llegué al hall principal y salí por la puerta trasera, caminé hacia los campos y lo primero que me sorprendió fue no ver a los Amish trabajando. Normalmente eran los que más madrugaban para ir a alimentar a los animales y a trabajar en los campos. Solo vi a Zacarias cosechando.
—Buenos días— me saludó Zacarias.
—¿Solo estás tú? Es extraño. ¿No se supone que los demás Amish ya deberían estar trabajando? Sois como un reloj— respondí.
—Si. Yo también lo veo extraño. Has pasado por delante de la sala de baile. ¿Sigue la puerta cerrada?— preguntó Zacarias.
—Pasé por delante, pero no me fijé. Aunque si, diría que estaba cerrada.
—Pues es extraño— dijo Zacarias mirando hacia el hotel.
—Bueno. No importa, tampoco es necesario que madruguen tanto. Que sigan durmiendo. Voy a regar— respondí alejándome de Zacarias. Fui hasta la bomba de agua, la cual estaba cerca del laboratorio de Alard. La luz del laboratorio estaba encendida, así que suponía que estaba trabajando allí.
Abrí la bomba de agua y entonces el agua comenzó a fluir regando todos nuestros campos. Me gustaba hacerlo, me traía bastante tranquilidad. Me sentía bastante orgulloso de como estaban saliendo las cosas en la comunidad.
Mientras los campos se regaban fui a ver a los perros, los había escuchado ladrar. Cuando llegué a la zona donde estaban vi que estaban ladrando a tres caminantes que se habían quedado ensartados en las estacas al otro lado de la valla. Teníamos cuatro pastores alemanes, los habíamos encontrado vagando solos y casi en los huesos. En el hotel los teníamos atados a unos postes junto a sus respectivas casetas.
—Calma chicos— les dije mientras cogía una vara de hierro que había en el suelo. Usábamos esas varas para atravesar a distancia las cabezas de los caminantes. Con ella en las manos comencé a atravesar sus cabezas. Cuando estuvieron muertos salí fuera y retiré los cuerpos, los aparté de las estacas y los dejé en el suelo. Volví a entrar, cogí una botella con gasolina y rocié los cuerpos con ella, luego encendí una cerilla y les prendí fuego. No me importaba que se viera la columna de humo. Nosotros estábamos bien preparados y éramos numerosos, muchos más que cualquier otro grupo que fuera por allí, muchos más que el grupo al que pertenecía Silvia.
*****
El despertador de Stephany sonó. Abrió los ojos y lo apagó. Seguidamente miró a Diana. La cual seguía dormida abrazada a un oso de peluche al que le faltaban ambos ojos. Seguidamente se vistió y salió de la habitación. Iba a ir al restaurante para desayunar, se había enterado de que ese mismo día iba a salir un grupo a buscar supervivientes y ella quería estar en el. Cuando llegó al hall se fijó en que la puerta de la sala de baile donde dormían los Amish estaba un poco abierta, de dentro venía un ruido y también salía un olor raro. Aunque no le dio mucha importancia, los Amish eran agricultores y era normal que olieran así. A campo. Mientras caminaba se dio cuenta de que había un rastro que iba hacia el restaurante, parecía sangre, pero tampoco le dio importancia. Entró al restaurante y caminó hasta la cocina, entonces vio a alguien más de espaldas a ella. Se fijó en sus ropas, era una Amish, pero tenía algo extraño.
—¿Hola?— preguntó Stephany.
La Amish se dio la vuelta rápidamente y cuando Stephany la vio dio un grito.
*****
Estaba viendo como se calcinaban los cuerpos de los caminantes que había matado cuando escuché el grito. Seguidamente escuché disparos que parecían venir desde varios puntos del hotel. Rápidamente dejé de mirar los cuerpos y volví a entrar corriendo. Me crucé con Zacarias.
—¿Qué está pasando?— preguntó Zacarias al verme pasar corriendo a su lado.
Cuando estaba llegando vi a varias personas salir corriendo y gritando. También vi a Eva junto con Vicky. Después escuché más disparos.
—¿Qué está pasando?— pregunté acercándome a ellas y escoltándolas hasta un lugar seguro.
—Hay caminantes ahí dentro— respondió Vicky.
—Muy bien. Quedaros aquí— me di la vuelta y vi a Juan y a Mike. –Sacad a todos los que estén vivos del hotel. Luego veremos los que han sido mordidos. Seguidamente saqué mi pistola y entré corriendo al hall principal. Nada más entrar un No Muerto corrió hacia mí, pero antes de que pudiera alcanzarme le disparé en la cabeza. Cuando su cuerpo yacía a mis pies me fijé en que era un Amish. Este presentaba un mordisco en el brazo. En ese momento escuché gritos que venían de la cocina, corrí hacia ella y cuando llegué vi a Stephany subida en lo alto de uno de los armarios de hierro mientras tres caminantes trataban de alcanzarla, uno de ellos la había agarrado del pelo y estaba tirando. Rápidamente abrí fuego y acabé con los tres. Corrí hacia donde estaba y la ayudé a bajar, esta me abrazó llorando.
—¿Estás bien? ¿Te han mordido?— le pregunté. Ella negó con la cabeza. –Salgamos de aquí. Te llevaré a un lugar seguro— salí con ella de la cocina. Una vez en el hall vi a un hombre que había salido con nosotros de Manhattan, estrellarse contra un cristal de las puertas tratando huir y a dos caminantes abalanzándose sobre el. Cuando comenzaron a morderle estaba perdido. Sin poder hacer nada salí al exterior y cerré la puerta.
—¿Está todo el mundo aquí fuera?— pregunté.
—La mayoría, pero el interior está lleno de caminantes. Aunque puede que aun queden supervivientes en el interior. Ni Sally ni su marido están aquí. Puede que estén en su habitación todavía— respondió Juan.
—Pero… ¿Qué demonios ha pasado?— preguntó Silvia. —¿De donde salieron esos caminantes?
—Todos los que he visto eran Amish— dijo en ese momento Mike. –Alguno podría haber muerto en la sala de baile. Con las puertas cerradas… Eso debe haber sido una masacre.
—Muy bien— comencé a dar órdenes. –Que se pase lista y que se vea quienes faltan. Entraremos a limpiar el hotel y a salvar a los que estén aun dentro.
—Diana sigue dentro— dijo Stephany.
—No te preocupes. La sacaré de ahí. Los que sigan en sus habitaciones mientras no hagan ruido estarán a salvo— contesté.
—Hay gente a la que han mordido. ¿Qué hacemos?— preguntó Dylan.
—De momento aisladlos. Ahora necesito voluntarios para entrar— respondí.
Rápidamente, Juan, Johana, Mike y Yuriko se presentaron voluntarios. Enseguida les expliqué lo que íbamos a hacer. Lo primero era conseguir armas. Íbamos a tener que bajar al sótano por las escaleras y entrar en la bolera, después saldríamos a eliminar a los caminantes y a salvar a los que pudieran ser salvados.
Los cinco corrimos hacia la puerta que llevaba directa al sótano. Cuando entramos tras cerrar la puerta, nos encontramos con la celda donde estaba Malaquías, al vernos, este se asomó. Parecía que no se había enterado todavía de nada.
—¿Qué es lo que ha pasado? He escuchado disparos. ¿Hay muertos dentro?— ninguno de nosotros le respondió. Estábamos apuntando en todas direcciones por si era necesario abrir fuego. —¡¡¡¿Qué es lo que pasa?!!!
—Cállate hostias. ¿O quieres atraer a todos los No Muertos del hotel?— respondió Juan apuntándole a la cabeza. Eso hizo que Malaquías se pusiera histérico y comenzara a suplicar que no lo matara. –Que te calles.
En ese momento escuchamos un grito y el sonido de varios pies a la carrera. No tardamos en comenzar a ver caminantes bajando las escaleras en dirección a nosotros. Juan y yo abrimos fuego en ese momento mientras Mike, Johana y Yuriko corrían hacia la bolera, pero la puerta estaba cerrada con llave.
—Las llaves las tengo yo— grité.
Yuriko volvió hacia mí y metió la mano en mi bolsillo, seguidamente sacó la llave y volvió a la puerta. Cuando la abrieron entraron y seguidamente Juan y yo fuimos retrocediendo hasta ella. Cuando la cruzamos la cerramos. Al otro lado los caminantes la golpeaban.
—Si la mayoría son Amish podemos deducir que hay al menos treinta y cinco caminantes. A los que se sumarian los que han muerto al ser atacados. Eso elevaría la cifra a más de cuarenta, puede que cincuenta. Puede que menos si contamos a los que hemos abatido— expliqué.
—Al menos los que sigan dentro de su habitación habrán sobrevivido. Fue buena idea esa de establecer la norma de cerrar con llave desde dentro. Si hay alguien ahí dentro basta con que no salga. Eso lo mantendrá a salvo— dijo Yuriko.
La norma a la que Yuriko se refería era una que habíamos establecido al poco de llegar. Dado que a diferencia nuestra, había mucha gente que aun tenía el virus en su organismo. Si uno de los que no estaban vacunados moría nos ponía en peligro a los demás. Por eso cada uno de los habitantes se encerraba con llave en el interior de su habitación. Aunque hasta ese momento no había pasado nada.
—Bien. ¿Cómo salimos ahora? Debe haber una docena ahí fuera— dijo Mike
—No podemos salir por ahí. Eso está claro— señalé hacia el final de la bolera –Por allí hay un tubo de ventilación por el que podremos salir. Coged armas y las repartiremos. Cuantos más seamos los que están fuertemente armados, mejor.
Fuimos hasta el final de la bolera. Entramos al tubo de ventilación y salimos al exterior, allí nos reencontramos con el resto de la gente. Fue entonces cuando vi a Alard por allí. No se que me ocurrió, pero al verlo corrí hacia el, y cuando lo tuve delante le asesté un puñetazo. Susy enseguida se puso delante de mí.
—¿Qué es lo que ha hecho?
—El no hizo nada. El no tiene nada que ver con este brote— respondió la ayudante del científico. Por favor, detente.
—El es el único que tenía caminantes en el laboratorio. Seguramente mordieron a alguien. Si no. ¿Cómo se explica esto?
En ese momento escuché un grito. Cuando me volví en esa dirección, vi a una chica tumbada en el suelo y a Melanie sobre ella intentando reanimarla. De repente la chica la agarró del pelo y trató de morderla. Tuve que actuar rápido, alzar el arma y disparar. La cabeza de la chica estalló. —¿Cuántos mordidos hay?
—Dos más— respondió Brandon señalando a dos hombres. De los que habían salido de Manhattan. Me acerqué a ellos y vi que uno de ellos tenía un mordisco en la nuca y el otro en la pierna. No había nada que hacer por ellos. Simplemente me arrodillé delante de ellos y les pedí perdón por no haber previsto algo así. Luego me levanté y pedí a otros que se los llevaran a un lugar apartado. Que allí esperaran a que murieran y luego les clavaran algo en la cabeza. Me quedé con los nombres, eran Bob y Donnie. La chica a la que había disparado era Jasmine, era de la comunidad de Portland.
—¿Quiénes faltan?— pregunté mirando a los demás.
—Faltan Mouse, Diana, Prudence, Malaquías, Katrina, Cindy, Sally y André— respondió Eva. Cuando escuché el nombre de mi hermana y de mi sobrina se me heló la sangre.
Enseguida comencé a repartir las armas. Íbamos a entrar e íbamos a acabar con todos los caminantes. Aunque me aterrorizaba la idea de encontrarme con Katrina y con Cindy convertidas en uno de esos seres.
Miré el mapa del hotel, en el teníamos apuntados quienes estaban en cada habitación.
—Muy bien. Debemos acceder a estas habitaciones. La ciento tres donde están Katrina y Cindy, la ciento once donde está Diana, la doscientos uno donde están André y Sally, la trescientos veinte donde está Mouse, la doscientos doce donde está Prudence y el sótano donde está Malaquías.
—¿Y por que no dejas que ese puto gordo se pudra?— preguntó Johana
—No lo dejaremos a su suerte haya hecho lo que haya hecho— respondí. Entonces miré, estaba buscando a Levine. Entonces recordé que hacía un par de días que había salido a buscar supervivientes aprovechando su don. Si estuviese allí las cosas serian mucho más fácil. Íbamos a tener que arreglárnoslas solos.
*****
Katrina se pegó a la puerta y escuchó. Seguidamente se dio la vuelta y miró a Cindy. La niña estaba aterrorizada y acurrucada sobre la cama con su gatito en brazos. Katrina se había enterado desde el primer momento de lo que pasaba, pero cuando habían querido escapar habían visto caminantes en el pasillo, eso les impidió salir.
—No te preocupes cariño. Mamá no dejará que te pase nada. Saldremos de aquí— seguidamente Katrina se acercó a la ventana de la habitación. Era imposible salir por ahí, tampoco veía a nadie por esa zona. Su única salida era por la puerta.
Katrina suponía que la mayoría habían salido y habían aislado a los caminantes en el interior. Era una buena jugada, lo malo es que ellas también se habían quedado dentro, seguramente Juanma ya estaba movilizándose para entrar a buscarlas.
—¿Qué haremos mamá?— preguntó Cindy al ver como cogía el arco.
—Lo primero. Escóndete debajo de la cama por si entran monstruos— dijo Katrina cogiendo a su hija de los hombros. –Esto terminará antes de que te des cuenta— Katrina le dio un beso a su hija y esta se escondió debajo de la cama.
Con Cindy escondida, Katrina se volvió a poner junto a la puerta y puso la mano en el mango. Seguidamente abrió lentamente la puerta. Se asomó un poco y miró a ambos lados del pasillo. Estaba vacio. Aun así no le dijo a Cindy que saliera. –Ahora vengo cariño— entonces cerró la puerta.
Katrina siguió el pasillo con una flecha preparada. Quizás no fuera tan potente como un arma de fuego, pero era silencioso. Las puertas del pasillo, las de las habitaciones que estaban ocupadas, estaban todas abiertas. Habían salido a toda velocidad. Katrina quería buscar más supervivientes, era seguro que otros se habían quedado atrapados. En ese momento cuando llegó a las escaleras vio a una mujer caer rodando. Era Prudence, la había conocido el día anterior, era del grupo que habían traído.
Prudence se cubría el cuello mientras la sangre salía a borbotones, entonces en lo alto de las escaleras apareció un Amish con la cara manchada de sangre. Por su barba chorreaba una mezcla de saliva y sangre, en sus ojos no había vida. Katrina alzó el arco rápidamente y dejó ir la flecha, esta emitió un silbido y atravesó la cabeza del Amish quedando clavada en la pared. Cuando Katrina volvió a mirar el cuerpo de Prudence vio que había muerto, sin pensárselo dos veces sacó una flecha y se la clavó a través del ojo.
En ese momento Katrina escuchó disparos en el piso inferior. Se iban acercando a su posición. Seguramente eran Juanma y los otros. Regresó corriendo a la habitación, cogió a Cindy con intención de volver a las escaleras, justo cuando iba a salir vio a varios No Muertos bajando a la carrera por las escaleras. Corrían hacia el grupo que estaba disparando.
*****
—¡¡¡Ahí vienen más!!!— gritó Mike abriendo fuego sobre los caminantes.
Todos comenzamos a disparar, cuando los abatimos comprobé que ninguno de ellos fuera Katrina. Cuando lo comprobé subí al piso y me encontré con el cadáver de una mujer a la que enseguida reconocí como Prudence. Cuando Brendan llegó a mi lado la vio.
—Era una gran mujer.
—Lo siento— respondí. Luego miré escaleras arriba y vi un caminante con una flecha en la cabeza. Eso solo podría haberlo hecho Katrina. Iba a llamarla, pero entonces la vi venir con su hija en brazos por el pasillo. Cuando llegó junto a mi, las abracé a ambas. —¿Estáis bien? ¿Estáis bien las dos?
—¿Qué es lo que ha pasado?— preguntó Katrina. —¿De donde han salido?
—El brote surgió de la sala de baile. Creemos que uno de los Amish murió durante la noche. Hemos perdido a todos los Amish y a algunos más— respondí. –Ahora lleva a la niña a fuera. El hotel está casi limpio.
Katrina se marchó y yo fui corriendo a la habitación de Diana. Una vez allí le pegué una patada a la puerta y entré. Encontré a la chica en un rincón de la habitación acurrucada. –Vamos ven cariño. Salgamos de aquí— Diana se levantó y corrió hacia mi.
Salimos de la habitación y cuando estábamos llegando hasta las escaleras vi como dos caminantes caían rodando por las escaleras. Miré a lo alto y vi a Mouse, en la mano tenía un cuchillo del que goteaba sangre, en la otra sostenía una botella de vino.
—Los otros dos pisos están despejados. Vuelvo a mi cueva— dijo Mouse dándose la vuelta y subiendo nuevamente las escaleras.
Subí rápidamente y me encontré por los pasillos a André y a Sally. Estos acababan de salir de la habitación. —¿Estáis bien? ¿Os han mordido?— les pregunté.
—No. Estamos bien, solo un poco asustados— dijo André. Sally no dijo nada, estaba completamente aterrorizada.
Seguimos dando vueltas por el interior del hotel y acabamos con dos o tres caminantes más. Cuando ya habíamos acabado con todos los sacamos fuera donde hicimos una hoguera. Yo dije unas palabras en su nombre y seguidamente di por terminado el funeral. Habíamos perdido unas cuarenta personas en ese imprevisible brote. Nuestro número había descendido a ochenta personas en total.
Antes de prender fuego a los cadáveres, gracias a Melanie y Sheila habíamos descubierto lo que probablemente había ocasionado aquello. Una de las chicas Amish, una muchacha de veinte años llamada Kora había sido picada por una avispa. Era alérgica y no había dicho nada y se había acostado. Su muerte había llegado por la noche y eso había desencadenado el desastre. Supimos que era ella por que cuando encontramos su cadáver, el brazo afectado por la picadura estaba hinchado y casi deformado. Al parecer, la alergia y la picadura había provocado una reacción con el virus latente en su interior.
Horas después nos movilizamos para limpiar el hotel. A la hora de la cena todo estaba limpio. Salvo en nuestros corazones, no había rastro de lo que había pasado. Después de cenar, en silencio, cada uno volvió a su habitación.
Yo me tumbé en mi cama junto a Eva. Como no decía nada. Esta comenzó a hablar.
—Se como te sientes. Pero esto que ha pasado no ha sido culpa tuya. No podías hacer nada para impedirlo. Esa chica no dijo nada. Ella es la responsable.
—Pero aun así. Si no evitamos cosas como esta, la gente no se sentirá segura. Es todo lo contrario a lo que quiero conseguir aquí. No quiero que mi gente tema por sus vidas en su propio hogar— le dije a Eva. –Esto solo hace que tengamos que mejorar la seguridad del lugar.
—Sheila sigue estudiando los documentos que rescató de Manhattan sobre la vacuna. Quizás pronto ella pueda elaborar una. Así podríamos vacunar a todos los que no la tengan. Incluso podría mejorarla y volvernos inmunes o incluso invisibles para ellos. Al igual que Levine. Quizás el cuando vuelva pueda colaborar con ello, tienes que pedírselo.
—No quiero convertir a Richard en una cobaya. No quiero que vuelva a estar como cuando estábamos en Manhattan— respondí. –No quiero ser así. Tendremos que ser pacientes y esperar que Sheila halle una cura definitiva.
En ese momento llamaron a la puerta. Yo me puse en pie y fui a abrir. Cuando la abrí me encontré con Juan.
—¿Qué ocurre?— pregunté.
—Hemos visto algo desde la torre. Creo que será mejor que vengas— respondió Juan.
Salí de la habitación tras darle un beso a Eva. Cuando Juan y yo llegamos a la torre, subimos y allí Yuriko que también estaba de guardia me pasó unos prismáticos. Era de noche, pero aun así querían mostrarme algo. Cuando miré a través de ellos vi un resplandor en la lejanía. También podía distinguirse algo de humo.
—Parece un incendio— dije sin dejar de mirar. –Podrían ser nuestros amigos— dije refiriéndome a los tipos con los que estaba antes Silvia.
—¿Quieres que nos acerquemos a ver que es?— preguntó Juan.
—Si, vamos. Cogeremos uno de los coches y lo detendremos a una distancia prudencial pero cerca de ese lugar.
Juan y yo bajamos de la torre. Cogimos uno de los coches y nos fuimos del hotel. En mi interior esperaba que no fuera nada malo. Eso los dejaba muy cerca de nosotros, pero por otro lado, si eran ellos podríamos acabar con ellos en ese preciso instante.


Día 4 de Octubre de 2010
Día 827 del Apocalipsis.
Las Vegas… 00:45 horas de la noche…

Carlos entró en el local donde había sido citado por Dorian. Cuando entró vio varias mesas que estaban dispuestas alrededor de una jaula en cuyo interior había un hombre de raza negra luchando por su vida contra dos caminantes. Aunque aquello no duró mucho, un tercer No Muerto apareció venido de un pasillo de barrotes. Este pilló al tipo desprevenido y hundió sus dientes en la nuca del afroamericano, eso hizo que finalmente los caminantes se hicieran con el y que muchos de los asistentes comenzaran a gritar.
Carlos divisó la mesa donde estaba Dorian y se acercó a ella, cuando llegó se encontró con que la periodista Tina Morales también estaba allí como acompañante de Dorian. Cuando el líder de la comunidad de Las Vegas vio a Carlos le dijo que se sentara.
—¿Para que me has citado aquí? Espero que sea para hablar de la expedición que te propuse— dijo Carlos quitándole la cerveza de las manos a un hombre que tenía sentado al lado. Luego le dio un trago ante la mirada estupefacta del hombre al que se la había robado.
—Más bien te he traído aquí para que disfrutes de la velada. Nunca habías venido a una de estas ¿Verdad?— preguntó Dorian.
—No he venido por que no me interesaba en absoluto. Tengo ya muy visto eso de ver a gente caer y ser devorada por esos monstruos. Y lo he visto de cerca además. ¿Hay trato con la expedición? ¿Si o no?
Dorian sonrió cuando vio que un segundo participante. Un chico joven entraba en la jaula, luego miró a Carlos. –De acuerdo. Puedes llevar a cabo tu expedición si es lo que quieres, pero solo puedes llevarte diez hombres. No más.
—Son más de los que necesito, pero de acuerdo. Al fin y al cabo solo es una expedición para encontrar  a mi hermano y ver donde se oculta. No les atacaremos ni nada. No me interesa eso de momento.
—¿Te llevarás a algunos de los que vinieron contigo?— preguntó Dorian. –Luci te vendría bien. Sabe rastrear muy bien.
—Solo me llevaré a Butch. Luci y los demás que se queden aquí. Ellos nunca colaborarían en lo de buscar a mi hermano. Me llevaré a nueve de los tuyos.
—Muy bien. Por cierto, cambiando de tema. ¿No quieres ganar dinero? Puedes apostar a favor o en contra de ese chico. Se va a enfrentar a nueve caminantes seguidos.
Carlos negó con la cabeza. –No me interesa. Tengo cosas más importantes que hacer esta noche— Carlos se terminó la cerveza. Se levantó de la silla y salió del local.
—Carlos es muy cabezota— dijo la periodista. –Acabará dando con su hermano… Y si te descuidas acabará arrebatándote el puesto de líder de esta ciudad.
Dorian rió. –Antes de que pueda ocurrir eso. Su cabeza estará colgada en mi habitación entre un ciervo y un jabalí.

En algún lugar del bosque no muy lejos del Hotel…

Juan y yo habíamos llegado. Aparcamos el vehículo como a unos cincuenta metros de donde estaba el fuego y seguimos a pie. Cuando llegamos al lugar exacto descubrimos un campamento destrozado y una caravana ardiendo. Había señales de lucha por todas partes. Era evidente que no habían sido caminantes. Me acerqué un poco a la caravana y vi en el asiento del conductor a un esqueleto carbonizándose, no hacía mucho había sido una persona. Inspeccionamos el campamento a conciencia, entonces escuchamos un ruido a unos metros sobre nosotros, levantamos las cabezas y alumbramos con nuestras linternas. Entonces descubrimos a varios caminantes colgados del cuello. Había al menos ocho, hombres, mujeres e incluso niños.
—Fíjate en ellos— dijo Juan alumbrándolos. –Son muertos recientes. ¿Crees que han sido los que tenían encerrada a esa chica que encontrasteis Mel y tú?
—No me cabe duda. Esto está hecho por unos sádicos, como lo de aquella casa…— respondí. –Lo que más me preocupa es el hecho de que esto no está muy lejos del hotel. Cualquier día podrían encontrarnos. Y hoy hemos armado mucho jaleo, también hemos encendido fuego. Esas columnas de humo podían haberse visto a kilómetros.
—Bueno. Solo son ocho. Puede que ya nos hayan estado espiando. Les superamos en número. Puede que sean unos cabrones sádicos, pero tampoco creo que sean estúpidos. Vamos, bajemos a estos infelices y démosles un entierro digno.
Entre Juan y yo bajamos a los caminantes después de abatirlos y luego los enterramos. Seguidamente regresamos al vehículo y emprendimos el camino de regreso al hotel.
—Será mejor que no digamos nada de momento. Lo último que necesita la gente es alarmarse para nada. Aun así quiero que las guardias sigan. También quiero que los que estáis en las torres llevéis chalecos antibalas.
—Mañana al amanecer saldré con un grupo a buscar supervivientes. Estaremos fuera unos días. Puede que nos encontremos con esos indeseables. Acabaré con ellos si me los cruzó. Esos tres nuevos, los dos militares y el tipo grandote dicen que están en el grupo. También me quiero llevar a Johana. Deberás pedirle a otro que se encargue de la instrucción de tiro.
—De eso puedo ocuparme yo. ¿Ya tenéis marcado algún destino?— pregunté.
—Iremos a Gray. Cuando encontramos al grupo de Prudence, hablaron de que creían que había un grupo allí. No perdemos nada por ir a ver— respondió Juan. –Tengo entendido que le has encargado al tal Jordan que fabrique una radio. Tiene pinta de cerebrito, seguro que lo consigue.
Juan y yo regresamos al hotel. Cuando dejamos el vehículo en su sitio, cada uno se fue a su habitación. Cuando entré en la mía me di cuenta de que Eva ya llevaba rato dormida. Con mucho cuidado me cambie de ropa y después me tumbé al lado de mi mujer, donde no tardé en quedarme dormido, ni tampoco tardaron en llegar las pesadillas habituales.

En algún lugar del bosque…

Richard Levine estaba regresando al hotel. No había tenido éxito en su misión de encontrar gente. Había dado mil vueltas subido en la motocicleta que en esos momentos descansaba apoyada en un árbol. Iba a dormir tranquilamente en aquella arboleda e iba a seguir el viaje de vuelta al día siguiente. Se descolgó la mochila del hombro y sacó un par de ardillas que había cazado. Encendió una hoguera y les quitó la piel. Esa iba a ser su cena. Cuando consideró que las ardillas ya estaban bastante hechas las sacó del fuego y comenzó a comer.
Richard Levine ya se había comido una ardilla cuando escuchó ruido entre los matorrales. Quizás podía ser un animal atraído por el olor. Sacó su arma y esperó. En ese momento un hombre de unos treinta años de pelo rapado y ojos azules salió de entre la maleza. Por como vestía, se podía decir que era un motero, al ver a Levine levantó las manos y sonrió. Levine también se sorprendió, no esperaba encontrar a nadie, quizás al final la misión no iba a ser un fracaso.
—Buenas noches— dijo el joven. –Perdona, vi el resplandor del fuego y no pude evitar acercarme. Hace mucho que no vemos a nadie vivo.
—¿Vemos?— preguntó Levine.
—Chicos. Es solo un tío, podéis salir— dijo el joven. Segundos después, siete hombres más salieron de entre los arbustos. Todos tenían pinta de moteros. Al verlos, Levine dejó que ellos vieran el arma.
—Lo primero… Sois más que yo. Eso es obvio. Por lo tanto yo estoy jodido si esto terminase en un tiroteo, pero uno de vosotros también lo está. Así que os sugiero que si venís con malos humos os deis media vuelta y no me jodais. ¿O queréis averiguar a quien de vosotros me llevo por delante— amenazó Levine.
—Bajad las armas chicos y sentaros— ordenó el primero que había llegado. –Estos son, Chris, Lou, Banks, Alex, Fuller, Connor… Y ese gordinflón de ahí es Craig, pero todos lo llamamos zampabollos. ¿Cuál es tu nombre?— dijo aquel joven mientras iba señalando a sus compañeros uno por uno.
—No creo necesario que lo sepas de momento— respondió Levine. Siempre antes de acoger a alguien había que asegurarse de que eran gente normal y que no representaban un peligro, y en ellos había algo que no gustaba a Levine. Aunque no sabía bien que era.

—Bien “No creo necesario que lo sepas de momento”, es un placer conocerte. Fuera coñas. Supongo que no dirás tu nombre, ya que nos acabas de conocer. Lo entiendo y es sensato. ¿Te importa si te acompañamos en la cena? Aun no hemos comido nada. Llevamos viajando muchas horas con nuestras motos. Las hemos dejado aparcadas en el camino de ahí abajo— aquel joven sacó un trozo de carne envuelto en papel, enseguida comenzó a calentarlo al fuego de la hoguera. –Por cierto, no me he presentado formalmente. Me llamo A.J y soy el líder de esta banda de capullos, salidos y estúpidos.

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