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Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
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sábado, 27 de febrero de 2016

NECROWORLD Capitulo 106

Día 4 de Octubre de 2010
Día 827 del Apocalipsis
Las Vegas… 10:00 de la mañana…

Carlos se subió a un escenario que habían preparado en un descampado junto a un edificio, todo apartado de la zona más habitada de la ciudad. Detrás de el había una enorme pantalla en donde enseguida apareció una foto en grande de su hermano y seguidamente comenzaron a pasar varias fotos. Carlos cogió un micrófono y comenzó a hablar a los presentes. Los que iban a acompañarle en la expedición.
—Algunos no me conocéis, otros si. Vamos a llevar a cabo una expedición peinando gran parte de los Estados Unidos. Buscamos a este hombre— Carlos señaló la foto de su hermano que aparecía detrás. –Este hombre es mi hermano y tiene en su poder algo que me pertenece. No tengo la menor idea de donde puede encontrarse, pero lo encontraremos— en ese momento aparecieron más fotos de su hermano con otras personas, en una de ellas aparecía Eva. – Esta es Eva. La mujer que lleva dentro a mi hijo y la mujer por la que llevamos a cabo la expedición. En realidad es a ella a quien quiero recuperar, pero mi hermano está rodeado de gente que dará su vida por el y que lucharán, por eso os necesito. Pero no atacaremos cuando los encontremos, cuando demos con ellos, mientras que un grupo se queda allí vigilándolos y evaluando la situación, otro grupo regresará aquí a por refuerzos, será entonces cuando comencemos el ataque. No importa a los que matéis, pero nadie, bajo ningún concepto puede matar ni a mi hermano ni a Eva, ambos deben ser traídos a Las Vegas. Muy bien, con todo esto claro, saldremos en unos minutos. Gracias— dijo Carlos
Carlos se bajó del escenario y tras darle una palmada en la espalda a Butch, se adentró en el edificio, fue entonces cuando se encontró con Sandra.
—¿De que va todo esto?— preguntó ella. Tenía los brazos cruzados.
—Solo quiero recuperar a mi hijo y nada más. Mi hermano es para Dorian— respondió Carlos. –Vuelve a casa. No deberías estar aquí.
—Se suponía que ya habías olvidado todo esto. Se suponía que ibas a dejarlos tranquilos. Aquí tenemos una vida, y se supone que es una vida juntos. Déjales.
—Oh Sandra. No me digas que estás celosa de Eva. No te preocupes. Solo quiero a mi hijo y nada más, pero Eva tiene que estar aquí también. Al fin y al cabo es su madre. Bueno ya hablaremos, ahora tengo que irme de aquí. Ya hablaremos— Carlos le dio un beso a Sandra y seguidamente se marchó de allí dejando sola a Sandra.
Carlos salió del edificio y allí se encontró con todos lo que iban a ir con el, todos estaban ya preparados. Se subió a uno de los jeep y ordenó que comenzaran a moverse. Seguidamente abandonaron las puertas de seguridad de Las Vegas. Carlos sonreía satisfecho y recordaba a Eva. Pronto volvería a ser suya, pero para ello, Sandra debía desaparecer, aunque ya se encargaría de ello más adelante, no corría prisa.

Columbus…
11:00 de la mañana…

—Ya hemos llegado. ¿Dónde está tu refugio Brown?— preguntó Fuller. –Venga, no te lo calles. No hemos hecho el viaje en vano. Las motos están casi vacías.
Habían tardado más de lo esperado, pero finalmente habían llegado a la ciudad donde supuestamente estaba el refugio de Levine. Había estado pensando durante todo el trayecto en como darles esquinazo y había pensado en varios lugares de la ciudad.
—Están en el colegio. Mi refugio está en el colegio— respondió Levine rápidamente. –Están en la parte interior.
—La hostia. Que listos, claro, los colegios tienen vallas y eso impedirá el paso de los podridos. Jodidamente inteligentes. Venga, vamos. No está muy lejos ¿No?— preguntó A.J.
—No. No lo está— respondió Levine poniendo en marcha su moto.
Todos hicieron lo mismo y reanudaron la marcha justo cuando vieron que varios caminantes llegaban por la calle atraídos por el ruido de antes.
No pasó mucho tiempo hasta que llegaron a las puertas del colegio, estas estaban cerradas a cal y canto. Levine y sus acompañantes se bajaron de las motos y se plantaron delante de la puerta.
—¡¡¡Wilma estoy en casa!!! ¡¡¡Abre la jodida puerta!!!— comenzó a gritar Craig, después comenzó a carcajearse. Eso hizo que A.J se acercara a el y le diera un golpe, lo tirara al suelo y luego le apuntara a la cara con su arma.
—Vuelve a hacer eso maldita bola de grasa y te vuelo la puta cabeza. Cada día me das más asco— A.J se dio la vuelta y miró a Levine. –Parece que no hay nadie. ¿Seguro que es aquí?
A Levine le sudaban las manos y trataba de ocultar su miedo. Por supuesto que no era allí. Se habían alejado varios kilómetros de donde estaba el verdadero refugio. No había planeado bien las cosas y ahora estaba entre la espada y la pared. –Si que es aquí.
—¿Y no tienes llaves para esto?— preguntó Fuller cogiendo el candado con una mano para mostrárselo a Levine. –Tío, tu dirás lo que quieras, pero a mi este antro me parece que está vacio. No se oye nada que venga de dentro, ni huelo chochitos, si los hubiera los olería. Tengo un don para eso.
—No habrás sido tan estúpido como para engañarnos ¿No? Eso no te conviene tío. Venga, ábrenos la puta puerta— dijo Chris. —¡¡¡Venga!!!— dijo levantando el arma y apuntando a Levine.
Levine era la primera vez que sentía tanta presión. No había sentido algo así ni cuando estaba retenido en Manhattan. Al menos allí sabia que no lo iban a matar por que lo necesitaban vivo, pero aquellos tipos eran unos enfermos y les daba exactamente lo mismo meterle una bala en el cerebro.
—Baja la jodida arma Chris. Lo estás acojonando. Seguro que hay una explicación para todo esto. ¿Verdad Marti? Propongo que entremos y veamos que a pasado. Fuller suelta eso— Fuller soltó el candado de la puerta y A.J disparó. El candado cayó al suelo y la puerta quedó abierta. –Venga, entremos dentro.
Todos entraron junto con los vehículos. Seguidamente cerraron la puerta para que no entrara ningún caminante. Una vez en el patio se dirigieron a las puertas principales y entraron. Allí había silencio.
—Parece que no hay nadie aquí. Parece que no lo ha habido en mucho tiempo— dijo Alex acercándose a la recepción.
—No usábamos esta zona muy a menudo. Es posible que hayan escuchado a vuestro amigo y se hayan escondido. Aquí no solemos fiarnos de los desconocidos. No es aconsejable— respondió Levine.
—¿Si? Pues yo creo que nos has mentido. Pareces nervioso— dijo Chris plantándose delante de el. —¿Crees que no lo he notado? Los media mierda como tu se ponen nerviosos enseguida y sobre todo cuando están mintiendo.
—¿Nos has mentido Marti?— preguntó A.J con tono serio detrás de el.
Levine se dio la vuelta. –No, no lo hice.
—¿Seguro? Por que estoy teniendo mucha paciencia. No quieres ver como soy cuando la pierdo. ¿Qué está pasando aquí? ¿Dónde está tu gente?
—Es posible que se hayan marchado, llevo mucho tiempo fuera— respondió Levine intentando ganar tiempo. No iba a poder escapar así como así, no sin recibir un balazo. –Puede que pasara algo y se marcharan rápidamente.
—¿Dejándote por ahí? ¿Te crees que somos idiotas?— preguntó Chris poniéndole el cañón de su fusil en la cabeza. –Ya estoy harto de mentiras y gilipolleces. Voy a cargarme a este cabrón.
—Baja el arma Chris— dijo A.J con tono serio.
—¿Por qué? Este cabrón nos está tomando el pelo. Y no soporto que me tomen por idiota. Voy a cargármelo.
En ese momento A.J levantó el fusil y apuntó a Chris. —¿Es que no me has oído? Baja el jodido fusil o te mato aquí y ahora. Aquí el único que decide quien muere soy yo. Tu no tienes ni voz ni voto. Baja el arma, puto zumbado.
Chris miró a A.J por el rabillo del ojo y bajó el arma. Seguidamente se dio la vuelta y se apartó de Levine. Entonces el líder de aquel grupo se acercó a Levine. –Vamos a buscar a tu gente por aquí. Veremos si siguen por aquí. No os separéis, no quiero que nos tomen por asaltantes.
Levine y el grupo comenzaron a inspeccionar el colegio entero sin encontrar señales de vida allí dentro. Mientras el tiempo pasaba, el de Levine se agotaba. No sabía que hacer, no le quedaban más ideas. Había contado con dar esquinazo a aquellos tipos una vez llegaran de alguna manera, pero no había podido, no le quitaban ojo de encima. Cuando pasaron por el baño, Levine se dio cuenta de un detalle que quizás le permitiría escapar.
Finalmente tras inspeccionar todo el colegio, llegaron a un hall donde algunos se sentaron victimas del cansancio. Levine se quedó de pie. Entonces A.J se le acercó.
—Parece que se fueron tus amigos. Menudos cabrones ¿Eh? No te preocupes por estos. Nadie te tocará, yo te creo. Se como es la gente, se ven apurados y huyen. Seguro que están por ahí en algún lugar. Ya los encontraremos. La pregunta es: ¿Qué quieres hacer con ellos cuando los encontremos? Se lo que haría yo, pero no se que es lo que harías tú.
—No haría nada— respondió Levine sentándose.
—¿Qué no harías nada? ¿Te dejan tirado y no harías nada? Esos como mínimo merecen ser descuartizados. Cuando los encontremos será la mar de divertido.
—No los encontraremos— dijo Levine. –Deben estar lejos de aquí.
A.J miró a sus compañeros. Todos se habían tumbado y comenzaban a dormirse. –Venga. Dejemos que estos gilipollas duerman, nosotros demos un jodido paseo. Se me borrará la raja del culo como siga sentado aquí.
Ambos se levantaron y salieron por una puerta del hall. Se encontraban en el exterior. Al final podían ver las vallas del colegio y a varios muertos al otro lado metiendo los brazos entre los barrotes. Todos tenían la vista clavada en ellos.
—¿Cuál crees que es el origen de estos seres? Yo siempre me lo he preguntado. Antes de que el mundo se fuera a la mierda, cuando salían pequeñas noticias sobre ello, pensé que eran drogatas que se ponían hasta el culo, pero luego todo cambió. Entonces esos bichos estuvieron por todas partes, aunque no fue hasta pasados unos meses cuando me di cuenta de que el mundo se había terminado y que mis chicos y yo habíamos sobrevivido por una razón. Sobrevivimos por que somos aptos para ello. Desgraciadamente, también han sobrevivido no tan aptos, fue entonces cuando decidí que era mejor eliminar a esas personas no aptas o en su defecto, devolverles a sus orígenes. Creo que esos seres vinieron para que yo pudiera llevar esta vida. Sin ellos, yo seguiría llevando la misma condenada rutina día tras día, aguantando a un jefe cabrón que además era negro. Ese hijo de puta fue al primero que busqué, pero ya era uno de esos seres. Ese hubiera preferido que estuviera vivo, quería que viera como lo mataba lentamente. ¿Y tu? ¿A cuantas de esas cosas te has cargado? ¿Y a cuantas personas?
—Solo a las justas y necesarias— respondió Levine sin dejar de mirar a las vallas. Donde el número de aquellos seres se estaba incrementando. Pronto habría cientos de ellos allí fuera.
—Creo que por hoy deberíamos quedarnos aquí. Mañana ya saldremos de viaje. También, ahora que eres uno de los nuestros tendremos que hacerte el tatuaje que nos simboliza— dijo A.J.
—¿Qué tatuaje?— preguntó Levine.
—Ah claro. Aun no lo has visto— A.J se subió la manga y dejó al descubierto un tatuaje. Era una calavera con una cruz en la frente y una serpiente saliéndole de la boca. –Es la hostia ¿Verdad? Nos las hizo Connor, el tío es un fenómeno. En su moto lleva todo el material necesario. Ya te lo hará hoy o mañana.
—No me interesa— dijo Levine. Si se levantaba la manga y les mostraba el brazo, estos verían las marcas de los mordiscos y descubrirían su don. –Nunca me han gustado los tatuajes. Así que sintiéndolo mucho, paso.
—Bueno. Eso del tatuaje no es opcional. Te lo tienes que hacer si o si. Es nuestro símbolo, y cada vez que uno llega al grupo debe tatuarse. ¿O es que eres de esos maricas que le tienen miedo a las agujas? No es para tanto, duele de cojones, en eso no te voy a engañar, pero es un dolor que se pasa enseguida. No te preocupes.
Levine se sentía entre la espada y la pared, pero tenía esa posibilidad de escapar de noche mientras aquellos tipos dormían, incluso podría matarles, al fin y al cabo eso era lo más sensato.

Hotel…
12:00 del medio día…

Silvia estaba sentada en uno de los bancos del jardín interior mientras se fumaba un cigarro, era el último que le quedaba. Cuando ese se terminara, oficialmente dejaría de fumar. Entonces vio a Vicky acercarse, cuando estuvo a su lado, la niña señaló el tatuaje de su brazo.
—Mola un montón. ¿Qué significa?
—No tiene un significado específico. No me lo hice por voluntad propia, me obligaron a hacérmelo y ahora es imposible quitármelo— respondió Silvia.
—Pues a mi me gusta. Cuando era más pequeña quería hacerme uno, pero mi madre no me dejaba. Quería tatuarme una mariposa de colores.
—¿Tu madre? ¿La rubia embarazada? Es guapa, pero no te pareces a ella.
—Eva no es mi verdadera madre. Es la tercera que tengo, mi madre biológica murió hace tiempo. Mi segunda madre murió y ahora es Eva mi madre— respondió Vicky.
—¿Y es Juanma tu padre biológico?— preguntó Silvia dando por terminado el cigarro.
—Tampoco, pero como si lo fuera. Vivo gracias a el. ¿Por qué apenas hablas con la gente? Te he visto muy sola desde que llegaste.
—Eso no es cierto. Hablo con tu padre, con la medico de ojos verdes que no recuerdo como se llama. Creo que es Meredyt y con la chica japonesa. Yuriko— respondió Silvia.
—Se llama Melanie la doctora— rectificó Vicky.
—Eso. Melanie— dijo Silvia. –Aun no me he quedado con los nombres de todos— en ese momento, Silvia vio pasar a Melanie por la recepción del hotel cargada con una mochila. Juanma iba a pocos pasos por detrás. –Hablando del rey y de la reina de Roma.
*****
—Si te marchas no sobrevivirás. Tienes que quedarte. Te necesitamos aquí. Te suplico que te quedes— le iba diciendo mientras caminaba detrás de ella. –Ahí fuera solo podrás encontrar la muerte. No puedo permitir que tu también mueras.
—Pero si me quedo pondré las vidas de otros en peligro. Los demás me miran como si ya no confiaran en mí. Tú también me miras como ellos. Todos me culpan de la muerte del bebé y de las muertes de Sally y André. ¿O es que el día que Eva vaya a dar a luz la dejarás en mis manos? Yo creía que lo tenía todo controlado y mira lo que pasó.
—El bebé de Sally murió y se reanimó dentro de ella. Tú ni podías prevenirlo ni impedirlo. No fue culpa tuya. Sally murió por los daños internos que sufrió. No fuiste la responsable. Por favor, quédate.
—No me vas a convencer— respondió ella.
—Muy bien. Entonces me voy contigo. Por que yo soy el líder de esta comunidad y soy tan responsable como tu— dije. –Así pagaremos por nuestros errores. Iremos a buscar nuestra propia muerte, por que es lo único que nos aguarda a los dos ahí fuera.
—Tú eres los cuatro pilares que sostienen esta comunidad. Si tu no estás se vendrá abajo, y Eva te necesita a su lado. ¿Qué me hace tan importante para que insistas tanto en que me quede? ¿Por qué?
—Por que tú al igual que tantos otros sois mi familia. Os necesito cerca por que sin vosotros estoy perdido. Por favor, quédate. Si no te quedas si que podrás decir que eres responsable de la muerte de alguien. De la tuya… Y de la mía. ¡¡¡Quédate!!!
En ese momento vimos a Eva acercándose a nosotros. –Yo también quiero que te quedes y que seáis Sheila y tu quien me ayuden a traer a mis hijos al mundo. Comprendo muy bien como te sientes, yo perdí a gente muy importante para mí. Muchas veces pienso que podría haber hecho algo para que siguieran vivas mis hermanas. Las recuerdo cada día y me culpo por no haber impedido sus muertes.
En ese momento Melanie rompió a llorar y se dejó caer al suelo. Eva y yo nos acercamos a ella y la ayudamos a levantarse. Entonces miré a Eva. –Llévala a su habitación y que duerma un poco. Lo necesita.
Eva asintió y se fue con Melanie hacia las escaleras directas a la habitación de ella. Me quedé solo en el hall y me llevé las manos a la cabeza. Seguidamente me senté en uno de los escalones. Un minuto después vi que alguien se acercaba y se sentaba a mi lado, cuando miré a esa persona vi que se trataba de Silvia.
—He visto como la convencías de quedarse. Bien hecho. No habría sobrevivido ahí fuera… Y menos con A.J y los suyos dando vueltas por ahí. Hubiese sido terrible que hubiesen dado con ella— comenzó a decirme Silvia.
—Está mal escuchar conversaciones ajenas— dije.
—Lo se, pero hay veces que no se puede evitar. De hecho quise convencerla yo diciéndole que a mi me había salvado la vida. Estaba bastante jodida cuando me encontrasteis, pero tú te me adelantaste. Hoy está siendo un día bastante raro.
—Hacía mucho tiempo que no teníamos un día así. Casi los había olvidado.
—Los días como estos siempre están ahí, pero no todos nos tocan directamente— respondió Silvia. –Cuando estaba con A.J… Vi muchas veces días así para otras personas. Así fue durante bastante tiempo… Hasta que dije basta… Y cuando lo dije, acabé siendo el juguete sexual de toda la pandilla. Los odio por ello y los mataría a todos con mis propias manos. Esa gente son monstruos. Son incluso más monstruos que los propios caminantes. Dudo mucho que vengan hasta aquí y nos provoquen, no lo harían ni aunque me vieran, saben que tienen las de perder. Sin embargo, reza para que no cojan a nadie del grupo a solas. Les encanta matar a otros, da igual que sean hombres, mujeres o niños. Los matan y punto, y ahora están ahí fuera, en algún lugar… Y me buscan. Al final esa búsqueda los traerá aquí.
—Creo que me estás sugiriendo algo, pero no se el que— dije mirando a Silvia.
—¿No es evidente? Ellos están cazando. Cacémosles nosotros a ellos. Con ellos fuera de circulación estaremos mucho mejor— dijo Silvia. –Vosotros sois el grupo más fuerte que he visto en mucho tiempo. Podemos hacerlo.
—¿Quieres vengarte?— pregunté
—Quiero proteger a otros y por supuesto vengarme— respondió Silvia. –No es un simple capricho, pero quiero ver a A.J muerto.
—Ellos no vendrán aquí. Eso es evidente… Pero son cazadores como bien dices. Nos encontrarán y esperarán para ir cazándonos poco a poco… Así que prepararé una expedición de búsqueda y captura. Te volveré a necesitar.
—Estoy en ella desde el principio— respondió Silvia.

Columbus…
23:00…

La cena había terminado y todos salvo Chris, A.J y Levine estaban dormidos en partes distintas del aula que habían escogido para dormir. Hablaban y discutían mientras bebían sin parar de una botella de Bourbon. Levine no quiso beber nada.
—…Y me la tiré. Estaba borracha, pero me dio igual. Justo cuando estaba a punto de acabar. La tía se puso a vomitar. Estuve a punto de parar y echar la pota yo también, pero la hostia. Se movía tanto mientras vomitaba que me estaba estrujando el manubrio cosa mala…— decía Chris mientras movía la botella que tenía en la mano
—Estás mintiendo cabrón— respondió en ese momento A.J –No me lo creo. Garantizo que es mentira. Tú eres muy mentiroso, como cuando dijiste que te habías tirado a mi hermana.
—Es que me tiré a tu hermana. Y también me tiré a tu madre— respondió Chris pasándole la botella a A.J, este le dio un trago a la botella y miró a su compañero fijamente. Parecía que iba a levantarse y a romperle la botella en la cabeza, pero en lugar de eso comenzó a reír, seguidamente le puso la botella delante a Levine. –Marti. No seas soso y dale un trago a esto. Está de cojones.
—No me gusta el alcohol— respondió Levine apartando la botella.
—Me ofendes rechazando esta botella. Venga hombre…
—Pasa de el. Este tío es gilipollas además de soso. Y no hace más que mirarnos. Me da que es marica y está esperando a que caigamos dormidos para darnos por el culo. Juraría que antes me estaba mirando el paquete. ¿Qué pasa? ¿Te gustaría saborear mis cojones?
—¿Es eso cierto? ¿Eres marica Marti?— preguntó A.J –No es que me moleste… Siempre y cuando me respetes y dejes que corra el aire. Si te van las pollas, siempre puedes decírselo a Craig. Tengo la sensación de que al puto gordo le has gustado— dijo A.J. Seguidamente el y Chris comenzaron a reírse, después le dio un pequeño empujón a Levine. –Era broma hostia. Riete un poco, estamos entre amigos… Y encima, mañana llevarás nuestro símbolo.
—Tengo que ir al baño— dijo Levine levantándose.
—Pero mea. Ni se te ocurra pajearte pensando en mí… O te juro que te cortaré la polla y te la haré tragar.
Cuando Levine salió del aula se dirigió al baño. Cuando llegó vio un ojo de buey abierto. Podría salir por allí sin hacer ruido. Lo abrió con cuidado y trató de salir por el, pero le estaba costando mucho. Era un poco más pequeño. Se separó un poco y comenzó a quitarse la camiseta.
—¿Qué coño haces?— la voz de Chris lo sorprendió de repente. Cuando se dio la vuelta lo vio allí de pie alumbrándolo con la linterna. –Decías que ibas a mear, pero yo no te veo meando. ¿Pretendías escapar? Dime Cabrón. ¿Querías escapar?— Chris le apuntó con la pistola. –Contesta hostias.
—Estás borracho— dijo Levine.
—Estaré borracho, pero no soy gilipollas. ¿Intentabas salir por esa ventana?— preguntó Chris acercándose al ojo de buey y cerrándolo rápidamente. Luego miró a Levine. –No me gustaste desde el principio. Tu ocultas algo— seguidamente agarró a Levine y comenzó a estrangularlo.
Levine trataba de quitárselo de encima, pero el agarre de aquel tipo era demasiado fuerte. Poco a poco iba perdiendo, el aire se le escapaba y la vista se nublaba. Fue entonces cuando se escuchó un disparo y Levine cayó al suelo, miró a la puerta y vio a A.J. Luego miró a sus espaldas y vio a Chris apoyado en la pared mientras se tapaba el brazo. En el lugar donde le habían disparado.
—¿Qué estás haciendo? ¿Has perdido la puta cabeza?— preguntó Chris.
—¿Qué que hago yo? ¿Qué haces tú? Pretendías matar a Marti. Es de los nuestros.
—El no es de los nuestros. Yo si lo soy. Este hijo de puta pretendía escapar, quería jugárnosla. Nos está tomando el pelo y tú estás tan ciego que no lo ves. Este tío oculta algo. No me fio de el. Dispárale y mátalo.
A.J miró a Levine y le apuntó con el arma. —¿Es cierto eso? ¿Querías escapar? ¿Querías dejarnos tirados? ¡¡¡¡Habla!!!!
—Solo quería mear y el me atacó. Está loco…— dijo Levine señalando a Chris… Los tipos como el son peligrosos. Algún día perderá el norte y os matará a todos mientras dormís.
Levine estaba echándole el muerto encima a Chris, tenía que hacer lo necesario para salir vivo de allí. Aunque tuviera que hacer que mataran a otro.
—No le hagas caso A.J. Sabes que yo nunca te haría daño… Somos amigos.
En ese momento, A.J levantó el arma y disparó a Chris en la cabeza, después bajó el arma y miró a Levine. –No tolero que nadie que no sea yo intente joder a otro— entonces señaló a Chris. –Y el ya se estaba pasando de la ralla y se estaba volviendo indisciplinado. Cada vez me costaba más manejarlo— Levine quiso hablar, pero A.J le señaló con el dedo. –No digas nada Marti. No quiero tener que matarte a ti también. Ahora vuelve a la jodida clase y duérmete.
En ese momento, atraídos por los disparos, llegaron al baño Lou, Fuller, Craig, Connor y Alex. Estos al ver el cuerpo de Chris, se quedaron mirando a A.J.
—¿Qué es esto? ¿Quién ha hecho esto?— preguntó Connor
—Le maté yo— dijo A.J –Intentó matar a Marti. Se volvió loco. Ahora regresad y dormid. Mañana por la mañana nos largaremos de aquí. Y lo digo desde ya, aquí el único que decide sobre la vida de los demás soy yo. No volveré a repetirlo.
Todos comenzaron a salir del baño, cuando Levine iba a salir, notó como A.J lo agarraba del brazo. –Te aconsejo que no intentes volver a escapar. Ahora eres de los nuestros y mi grupo no lo abandona nadie. Si eres de los nuestros, mueres siendo de los nuestros. Que no se te olvide Marti. Yo no necesito dormir, te esposaré a mi si es necesario.
Levine regresó al aula recordando las palabras de A.J. No iba a ser tan fácil escapar después de todo.

Gray, Tennessee…
23:45 horas de la noche…

Habían llegado y habían dejado los vehículos a las afueras de Gray. Juan iba montado en el kuad. Cuando lo detuvo se acercó al autobús de donde se bajaron el resto de sus compañeros.
—¿Por qué dejamos aquí los vehículos? ¿No seria más fácil entrar en la ciudad con ellos?— preguntó Blair. –Eso también me extrañó cuando nos rescatasteis.
—Por el momento no. También es mejor que alguien se quede aquí, más que nada por si pasa algo. Normalmente siempre llevamos a cabo este procedimiento en misiones de este tipo. ¿Te quedas tu Mike?— preguntó Juan.
—Si. No hay problema— respondió Mike mirando alrededor. –Si alguien intentase algo raro le daré un buen recibimiento.
—Así se habla. Brendan. Quédate con el. Así os cubriréis las espaldas el uno al otro. Ambos sois igual de anchos— bromeó Juan. –Los demás nos adentraremos, es probable que volvamos antes del amanecer.
—Nos llevamos un walkie talkie. Quedaros uno vosotros— dijo Johana sacando un par de walkie talkies de su mochila. Uno se lo dio a Mike y el otro se lo puso ella en la cintura. –Así estaremos conectados en todo momento.
Ese era el procedimiento habitual en esas misiones. Dejar los vehículos en las afueras y solo entrar unos cuantos miembros del equipo, siempre comunicados a través de unos walkie talkie. Así si ocurría algo podían pedir ayuda desde cualquiera de los dos puntos. Así lo habían hecho siempre desde que habían llegado al hotel, era lo que mejor resultado les había dado.
Juan, Johana, Brandon y Blair prepararon sus armas y se adentraron en Gray amparados por la oscuridad de la noche. Gray no era una ciudad, era un pueblo y la zona en la que se encontraban estaba compuesta por varias casas particulares muy separadas entre si. Era un lugar donde el número de No Muertos era menor. En definitiva era un buen lugar para que un grupo de supervivientes pudiesen haberse ocultado.
—Es probable que de haber supervivientes, estos estén en algún punto común. Un lugar donde no estén apretados. Un supermercado por ejemplo. Deberíamos empezar por ellos— sugirió Juan.
—Pues vayamos a ellos. Según el mapa, cerca de aquí hay uno— dijo Johana mirando el mapa alumbrándose con una linterna. –Esperemos que no hayamos hecho el camino en vano. Esperemos que podamos encontrar a más gente.
*****
Mike y Brendan estaban jugando a las cartas subidos en el techo del autobús. Aun así estaban atentos a todo lo que les rodeaba. Mike iba a sacar una buena mano cuando escucharon un ruido entre los matorrales.
—¿Has oído eso?— preguntó Brendan encendiendo la linterna y apuntando hacia el bosque. Seguidamente escucharon otra vez el ruido, era algo que se movía rápido y en dirección a ellos. Cada vez estaba más cerca. De repente un chico joven salió de entre los arbustos. Mike se fijó en el, el joven iba totalmente desnudo y tenía cortes, seguramente provocados por las ramas.
—¿Pero que cojones?— preguntó Brendan al mismo tiempo que apuntaba al joven.
—Tenéis que salir de aquí. Ellas vienen. ¡¡¡Ellos vienen!!!
—¿Pero de que estás hablando?— preguntó Brendan.
De pronto el chico tuvo como un espasmo y la punta de un arpón atravesó su pecho. Después algo tiró de el y desapareció dejando a Mike y a Brendan estupefactos. Rápidamente Mike cogió el walkie talkie y justo cuando iba a hablar notó como una cuerda caía sobre su cuello. Enseguida notó como tiraban de el, primero cayó sobre el techo y luego al asfalto. Escuchó gritar a Brendan y trató de ponerse en pie, pero entonces apareció alguien allí. Era una mujer, llevaba mascara, estaba desnuda y sostenía un cuchillo. –Los quiero vivos. Son perfectos.
Lo siguiente que vio Mike fue una capucha descendiendo sobre su cara. Después sintió un pinchazo y se desmayó.
Día 5 de Octubre de 2010
Día 828 del Apocalipsis…
Hotel… 04:00 de la madrugada…

Eva se despertó de golpe al sentir un dolor en el vientre. Había tenido pesadillas hasta ese momento, pesadillas donde sus hijos nacían muertos y llenos de gusanos. Una nueva punzada de dolor la hizo inclinarse sobre si misma, seguidamente notó algo mojado en el colchón. Enseguida supo que era, miró a su lado y comenzó a zarandear el hombro de su marido.
Me desperté de golpe cuando noté que me tocaban el hombro, encendí la luz de la lámpara de la mesita de noche. Me di la vuelta y miré a Eva, también noté que el colchón y las mantas estaban mojadas, pero no era sangre.
—¿Qué pasa Eva?

—Acabo de romper aguas. Estoy de parto.

sábado, 20 de febrero de 2016

NECROWORLD Capitulo 105

Día 4 de Octubre de 2010
Día 827 del Apocalipsis…
Bosque… 08:00 de la mañana…

Levine había pasado la noche con aquellos tipos. Antes de dormirse lo habían estado acribillando a preguntas. ¿De donde venía? ¿A dónde iba? ¿Si tenía algún grupo? ¿Si tenía un refugio? ¿Si había chicas en el?. Levine las contestaba con cautela y daba respuestas precisas. Tenía que evaluar antes a aquellos tipos, no terminaban de darle buena espina. Cuando se despertaron al día siguiente pretendió irse, pero A.J siempre estaba detrás de el.
—¿Te vas a ir? ¿Así? Ni siquiera sabemos tu nombre tío. Podrías acompañarnos. Seguro que tienes un grupo. Nosotros podemos ser un buen aporte para el. Por si no te has dado cuenta, este mundo está hecho para nosotros. Este mundo necesita tíos como nosotros para seguir girando.
Levine se quedó un rato pensativo. –Está bien. Os llevaré a mi refugio. Yo os guiaré hasta el— dijo cogiendo su motocicleta.
Bajaron al camino donde aquellos tipos tenían sus motos, también tenían una furgoneta. Dentro de ella se escuchaban ruidos. Entonces de el salió Banks poniéndose el cinturón. Antes de que cerrara la puerta trasera, Levine pudo ver movimiento allí dentro.
—¿Qué es lo que estaba haciendo?— preguntó Levine.
A.J no respondió, se acercó a Banks y le dio una bofetada. Seguidamente abrió la puerta de la furgoneta y Levine vio a una caminante con la cabeza fija en un sitio para que no pudiera moverla en ninguna dirección, también estaba atada de pies y manos.
—Me cago en tu puta madre pedazo de mierda— dijo A.J dándole empujones a Banks. –Estoy hasta la punta de la polla de tu jodido fetichismo. Deja de follarte putos muertos— A.J lo tiró al suelo y comenzó a patearlo. –Están muertos, están muertos asqueroso montón de mierda— en ese momento A.J dejó de patearlo y se dirigió a la parte trasera de la furgoneta. Sacó un machete y le cortó la cabeza a la caminante, seguidamente la agarró del pelo y comenzó a balancearla ante la cara del tal Banks. Los demás miembros del grupo no hacían nada, solamente miraban y se reían como disfrutando de la escena. Fue entonces cuando A.J agarró la cabeza de Banks y la juntó con la de la No Muerta. –Si tanto te gustan estos bichos cómele los morros, cómeselos.
Banks comenzó a gritar al mismo tiempo que la cabeza masticaba sus labios y parte de sus mejillas. Cuando comenzó a sangrar, A.J separó la cabeza de la No Muerta y la lanzó bien lejos de una patada digna de un futbolista. Eso hizo que los demás comenzaran a reír a carcajadas.
—Si tanto te gustan… Ahora serás uno de ellos. ¡¡¡Chicos!!! Repartiros todas las pertenencias de este mamón y luego nos iremos— dijo A.J al tiempo que le quitaba la pistola a Banks. Seguidamente el herido fue rodeado por sus compañeros, de vez en cuando se escuchaban golpes. A.J se acercó a Levine. –Siento que hayas tenido que presenciar algo así, pero ese cabrón era un puto cerdo. Se follaba muertos y no siempre eran tías. Una cosa es hacérselo con una tía viva con o sin su consentimiento, pero eso es una cerdada. Ya se lo había dejado pasar mucho tiempo. Hoy a sido el acabose, por cierto, toma— A.J le cedió un puñal donde podía verse simbología nazi. –Te lo regalo.
Levine cogió el puñal y se lo guardó. –Gracias A.J.
Cuando los otros habían acabado de desvalijar a Banks lo levantaron y lo tiraron por un terraplén. Levine se asomó para ver el maltrecho cuerpo de Banks.
—No te preocupes. Está vivo. Si tanto le gustan los caminantes que sea uno de ellos. Y no me cabe duda de que lo será. Ese mariconazo no tiene huevos a suicidarse. Bueno. ¿Nos llevarás a tu refugio?
Levine asintió, pero era evidente que no podía llevar a esos tipos al hotel, no podía llevar a esos monstruos allí. Lo peor era que el hotel no estaba muy lejos de allí. Levine iba a tener que arriesgar su vida como nunca antes lo había hecho. –Muy bien, seguidme. Os llevaré a mi refugio. Está en Columbus— Levine no podía arriesgarse a dar una ubicación demasiado lejana, pero Columbus estaba lo bastante alejada de sus amigos.
—¿Columbus? ¿En serio?— preguntó A.J –Hemos pasado por allí varias veces y salvo muertos no hemos visto otra cosa, pero bueno, si tú lo dices— A.J miró a sus chicos. –Muy bien mis queridos degenerados. Hora de ponernos en marcha. Rumbo a Columbus.
Todos se subieron a los vehículos y emprendieron el viaje a Columbus. Levine miró hacia atrás y pensó en la posibilidad de no volver a ver a sus amigos y también comenzó a pensar en algo. Tenía menos de dos horas para pensar en algo, una vez llegaran allí comenzarían las preguntas.

Hotel…

El grupo que iba a salir para seguir buscando supervivientes ya estaban preparados para irse. Juan, Mike y Johana iban  a ser los  líderes del grupo. Les acompañaban Brandon, Brendan y Blair iban a ir con ellos. Iban a llevarse uno de los dos autobuses y un kuad.
—Lleváis comida para una semana— dijo Janice. Una mujer de más de cincuenta años, había sido una de las supervivientes de Manhattan y en el hotel era nuestra cocinera oficial.
—Muchas gracias— respondió Johana cogiendo las cajas de comida del carro que había traído la mujer.
Eva y yo estábamos allí despidiéndoles. –Id con cuidado. Si dentro de una semana no habéis encontrado a nadie regresad— les pedí. –No os arriesguéis en vano.
—No te preocupes. Los dioses están hoy de nuestro lado— respondió Juan. –Siempre lo están. Nos veremos pronto tío.
Nos despedimos de ellos y seguidamente se marcharon de allí. Cuando se marcharon volví al interior del hotel. Cuando entramos vimos como André y Sally se dirigían a la enfermería, al verlos no pudimos evitar preocuparnos.
—¿Va todo bien?— preguntó Eva.
—Si— respondió Sally. –Solo vamos a la enfermería por consejo de Melanie. Cree que será mejor que como estoy a punto de dar a luz me quede allí. ¿Quieres acompañarme?
Eva me miró a mí. –Ve con ella. Yo tengo cosas que hacer. Estoy pensando en ir a poner trampas para cazar. Puede que me lleve a Vicky.
Eva se fue con André y Sally. Yo por mi parte salí a la parte trasera, allí vi a Vicky jugando con un balón junto a los hijos de Mike, Cindy y los demás niños. También estaban allí Diana y Stephany. Cuando me vieron acercarme, Vicky me lanzó en balón. Lo recibí e intenté hacerme unos toques, pero este se me fue.
—Que malo eres con el balón papá— dijo Vicky recogiéndolo y mirándome.
—El balón y el futbol no son lo mío— respondí. –Escucha, voy a salir a poner unas trampas para cazar. ¿Quieres venir conmigo?
—Ahora estoy jugando papá. Lo siento— respondió Vicky pasándole el balón a otro niño.
Entonces Stephany se me acercó. –Yo puedo acompañarte si quieres. Me interesa aprender a hacer trampas… Y me vendría bien estirar las piernas fuera del hotel. Prometo no ser un estorbo… Y no me vas a convencer para quedarme.
—Está bien— respondí. –Pero tienes que hacer todo lo que yo te diga. Venga, ve a prepararte. Nos vamos en unos diez minutos.
Me quedé un rato allí mientras Stephany iba a prepararse, entonces vi a Zacarías pasar por mi lado. Desde lo ocurrido con los Amish apenas se le había visto. Habían muerto todos aquellos con los que había convivido durante años, por lo tanto entendía que estuviera triste. Me fui detrás de el y lo paré.
—Perdona. Espero no molestarte— le dije.
—No te preocupes. Dime— respondió Zacarías.
—No hemos hablado nada desde que quemamos a los fallecidos. ¿Estás bien? Me preocupas. No se te ha vuelto a ver hasta ahora. Se que no ha pasado mucho, pero…
—Solo he estado reflexionando. Había buenos amigos míos ahí. No merecían acabar así. He estado pensando en que no tenemos por que quemarlos. Quiero construir un cementerio para que los nuestros puedan tener un entierro digno. Lo construiré lejos de los campos para que las hortalizas no se vean afectadas. No te preocupes. Lo tengo bien pensado. No habrá problemas de ningún tipo.
—Me parece bien si esa es tu voluntad, busca a alguien que te ayude con ello— dije dándole una palmada en el hombro. –Yo ahora voy a salir a colocar unas trampas, pero cuando vuelva estaré ahí ayudándote. De hecho hace tiempo que tendríamos haberlo construido.
—Gracias. Por cierto, puede que no sea asunto mío, pero estaba buscando un sitio donde construir el cementerio y pasé por el laboratorio de Alard… Dentro se escuchaban gruñidos y gemidos. Fue esta mañana cuando todos dormíais.
—¿Miraste que era?— pregunté mirando hacia el laboratorio. –Bueno. No importa, seré yo mismo quien se encargue de ello. Hasta luego.
Zacarías y yo nos separamos. Yo me dirigí corriendo hacia la puerta del laboratorio e intenté abrir la puerta, pero esta estaba cerrada con llave. Aun así sabía que estaban dentro, comencé a dar golpes en la puerta. Entonces se abrió y Susy salió a mi encuentro sin dejarme pasar.
—El doctor está ocupado en estos momentos— dijo la ayudante del doctor Alard. Entonces noté en ella el olor a descomposición. Lo que delataba que había estado cerca de caminantes. –Por favor, vuelve más tarde. El doctor te atenderá entonces.
—Yo estoy aquí al mando. Déjame pasar— respondí. Como veía que no hacía caso, aparté a Susy y entré en el laboratorio pese a los intentos de la chica por detenerme. Cuando entré vi al doctor con un libro delante de dos caminantes.
La imagen que estaba viendo me dejó atónito, pero mucho peor fue reconocer a los dos caminantes. Eran aquellos hombres a los que habían mordido durante el brote. Los que se suponía que habían muerto y echados a la hoguera. Cuando el doctor me vio se me acercó.
—Esto no es lo que parece. Si podemos hablarlo…
—¿Qué es esto doctor? Creí haber dejado claro que no quería caminantes aquí. Son peligrosos, además. Estos dos hombres formaban parte del grupo. Deberían estar en la hoguera. ¿Qué están haciendo aquí?— sentía que estaba a punto de estallar de rabia.
—Estamos teniendo avances. Creemos que cuanto menos tiempo lleven muertos, más posibilidades tienen de recordar. Mira esto— el doctor volvió a la mesa donde había dejado el libro. Al otro lado de la mesa los dos caminantes intentaron agarrar al doctor. –Pueden reconocer palabras y momentos. Solo hay que estimular su cerebro. Podríamos recuperarles. Ya no habría que matarles. Déjame demostrarte la teoría. Mirad chicos, carpa de circo… Carpa de circo. —El caminante se echó hacia delante y trató de agarrar al doctor otra vez. —¿Lo ves? Lo he escuchado. Ha sido muy leve, pero ha repetido la palabra carpa. Acércate para poder escucharlo.
—No ha dicho nada doctor. Estos seres ya no conservan nada de lo que eran. Son monstruos. Maldita sea— dije consumido por la furia. Aquellos caminantes no habían dicho nada. Solo estaban excitados y tratando de agarrar al doctor. Seguidamente saqué mi arma y disparé dos veces. Las cabezas de los caminantes estallaron y los cuerpos se desplomaron ante la mirada atónita del doctor. –Se lo diré una ultima vez Alard. Solo una. Esta investigación no sirve, no quiero que vuelva a meter caminantes aquí y menos a gente que fue de nuestro grupo. Son peligrosos, vuelva a desobedecerme y lo echaré de aquí después de tirar su laboratorio abajo. Ahora limpie esto y denles un digno entierro a estos hombres.
Salí del laboratorio y me encaminé hacia el hall del hotel. Allí estaba esperándome Stephany. Cuando me vio llegar frunció el ceño. –Pareces enfadado. ¿Qué pasa?
—No es nada. Vámonos— respondí.
Fuimos hacia donde estaban los vehículos. Allí estaban Yuriko y Silvia trabajando arreglando un coche. Cuando nos vieron llegar se pusieron en pie para recibirnos.
—Dentro de poco podremos contar con otro coche. ¿Cuál te llevaras esta vez?
—Me llevo el mismo que la otra vez. No nos vamos muy lejos al fin y al cabo ni tardaremos en volver— respondí.
Íbamos a subir al coche cuando escuchamos un grito que venia del interior del hotel. Me giré rápidamente y vi a Eva saliendo por la puerta. Cuando la vi el corazón me dio un vuelco. Estaba manchada de sangre. Corrí hacia ella y cuando estuve delante vi que la sangre no era suya.
—¿Qué está pasando?— pregunté agarrándola de las manos y esperando que se tranquilizara.
—Es Sally. Parecía que se había puesto de parto, pero hay complicaciones.

En algún lugar de Georgia…
08:45 horas…

El grupo de A.J se había detenido en medio de un camino. Había un tren parado en la vía que no les permitía cruzar. Todos se bajaron de las motos y se quedaron mirando a los vagones.
—Perfecto. ¿Cómo movemos este puto trasto?— preguntó Chris. –Esto nos jode el viaje— entonces miró a Levine. –Tu nos estas guiando y se supone que habías pasado por aquí. Ya podrías habernos avisado que el camino estaba cortado ¿O es que se te había olvidado? Que cabrón.
—Mierda Chris. Deja de quejarte como una puta nenaza y buscad una forma de moverlo. Mientras voy a hablar con nuestro guía. Ven conmigo, demos una vuelta por aquí mientras mis chicos hacen su trabajo— dijo A.J mirando a Levine.
—¿Y por que vosotros no hacéis nada?— preguntó Chris.
—Por que el capitán, o sea, yo, nunca trabaja al lado de sus hombres. Y el es nuestro guía, tiene el privilegio sagrado de tocarse los huevos a dos manos por que así se lo permito. Además, el que manda aquí soy yo. Dudo que tenga que darle explicaciones a alguien que no llega ni al nivel de segundón. Ahora poneros manos a la obra. Me gustaría que quitarais el puto tren de ahí antes de una hora. ¿Vale?
—Que te den por culo— dijo Chris casi en un murmullo.
Levine y A.J se alejaron de allí. Mientras caminaban, A.J comenzó a contarle cosas. –Antes éramos más, pero como ya sabes, este mundo ha cambiado mucho. Parece una puta jungla, es tan chunga que ni el mismísimo Bruce Willis duraría más de dos días. Nosotros seguimos vivos por que somos tíos con un par de cojones que no se acojonan con nada. Somos fuertes y no tenemos miedo de apretar el gatillo cuando es necesario. Los demás que ya no están con nosotros ya no lo están por la sencilla razón de que eran unas putas nenazas. Están mejor muertos.
—¿A dónde os dirigíais cuando me encontrasteis?— preguntó Levine. –Cuando te acercaste parecía que ibas buscando a alguien. Y al verme pareciste llevarte una decepción. Me da la impresión de que no era lo que esperabas.
—Estamos buscando a una chica— respondió A.J
—¿A una chica?— preguntó Levine frunciendo el ceño.
—Si. A una puta. Esa zorra era mi chica y se ha escapado. Antes de escapar se cargó a tres de los nuestros. No es que me importen demasiado, pero aquí mando yo y me jode que alguien la lie parda y se cargue a gente. Aquí el único que tiene derecho a matar a otros del grupo soy yo. Es mi única puta regla de convivencia y por mis cojones que se tiene que respetar. Si no se respetan mis normas la pringas.
—¿Cómo le pasó a ese tipo?— preguntó Levine.
—¿Banks? Pues más o menos. Ese anormal sabía de sobras que no me gusta eso de la necrofilia. Es algo asqueroso joder. El muy mamón escondió a una monstruo de esos y la llevaba en su furgoneta para tirársela de vez en cuando. No había dicho nada. ¿Y que puedes contarme de ti? Dime tu nombre al menos.
Levine se quedó un rato pensativo y respondió –Me llamo Marti. Marti Brown.
—Bien Marti Brown. ¿Cómo es que has sobrevivido a esto? No te ofendas, pero no parece que seas alguien con mucha fuerza física. Me parece extraño. Los tíos como tu no suelen durar mucho. Acaban despedazados en algún lado o dando tumbos por ahí como uno más de esos montones de mierda.
—Bueno. Vosotros tenéis vuestros métodos. Yo tengo los míos. Además, eso no tiene nada que ver. Cada uno sobrevive como puede— dijo Levine
—¿Y como es tu grupo? ¿Es numeroso?— preguntó A.J –Aunque realmente lo que más me interesa de ese grupo tuyo es comerciar. No te voy a mentir. Estamos faltos de armas y munición. Quizás podamos intercambiar algo. Nosotros solemos cazar gente, especialmente negros y panchos. Los vendemos como esclavos a comunidades. La idea es saber donde está tu refugio y llegar a un acuerdo, dos días después volveríamos con la mercancía.
—¿Tenéis ahora a gente?— preguntó Levine.
—Ahora mismo no— respondió A.J –Pero también hacemos pedidos.
Levine tenía claro que estaba en compañía de unos locos sádicos. De ninguna manera debían encontrar el hotel. Lo malo era el que haría cuando llegaran a Columbus, por que era evidente que allí no iban a encontrar al grupo. Cuando eso ocurriera. A.J querría matarlo como venganza, aunque tal como había pensado, el tendría que acabar antes con ellos. Con todos.

Hotel…
09:00 de la mañana…

Llegué a la enfermería y vi a André cogiendo de la mano a su esposa mientras esta gritaba de dolor. La camilla donde estaba tumbada estaba llena de sangre.
—¿Qué está pasando?— pregunté al ver la escena. Enseguida sin pensármelo me acerqué para ayudar a Melanie y Sheila. Las cuales estaban tratando de inmovilizar a Sally. La cual estaba moviéndose histéricamente por culpa del dolor.
—Estábamos escuchando al bebé cuando de repente dejó de moverse. No sabemos que pasó. Entonces de repente empezaron los dolores— dijo Melanie tratando de inmovilizarla sin éxito. –Tienes que ayudarme a sujetarla. Así no podremos sacar al bebé. Voy a tener que practicarle una cesárea— dijo Melanie preparando el material quirúrgico. Eso hizo que André comenzara a ponerse nervioso.
Me fijé en la barriga de Sally y vi movimiento. Manos y pies estaban moviéndose en su útero. Era una imagen escalofriante.
—¿No la sedáis?— preguntó André
—No hay tiempo— respondió Sheila. –Podríamos perderlos a ella y al bebé.
—No. No podéis abrirla. La matareis— dijo André apartándonos a empujones. Yo intenté inmovilizarlo, pero este me golpeó y me empujó contra un armario. Seguidamente se lanzó sobre Melanie e intentó golpearla, pero yo me lancé contra el y lo inmovilicé por detrás. –Suéltame. Déjame.
—Juanma. Llévatelo fuera. Aquí no está ayudando— dijo Melanie volviendo a su puesto.
Yo me fui hacia fuera tirando de André. Una vez fuera intentó agredirme para volver a entrar, pero yo logré esquivarle y asestarle un fuerte puñetazo. El cual lo hizo caer al suelo.
—Es mi mujer. Se va a morir— dijo André.
—Nosotros ahí lo único que hacemos es estorbar— respondí mientras escuchábamos los desgarradores gritos de Sally. Dentro con ella seguían Eva, Sheila y Melanie.
*****
Eva y Sheila se apresuraron a inmovilizar a Sally. No había tiempo para meterle un tranquilizante. Iban a tener que sacar al bebé. En ese momento vieron como los ojos de Sally se ponían en blanco. Señal de que había entrado en shock. Melanie llevó el bisturí al vientre de la mujer y comenzó a hacer la incisión. Cuando la abrió metió las manos y sacó al bebé con suavidad, este se movía frenéticamente, pero no lloraba, solo emitía unos sonidos parecidos a gruñidos. Cuando Melanie lo miró sintió que se le paraba el corazón. No creía posible aquello que estaba viendo. Lo envolvió en una mantita y lo metió en un cesto.
—¿Qué es lo que pasa Mel?— preguntó Eva
Melanie miró a Eva y a Sheila. Tenía los ojos llorosos. Aun así dejó al bebé en un cesto que tenían preparado para el momento y se lanzó sobre Sally. Tenían que detener la hemorragia antes de que fuera demasiado tarde. Cuando la cerraron, fue Melanie la que salió de la enfermería.
—¿Cómo ha ido?— preguntó André. —¿Cómo están?
Melanie se quedó dubitativa, no parecía atreverse a hablar, pero finalmente comenzó a hablar. –Hemos hecho todo lo que hemos podido… Pero… El bebé nació muerto.
—Eso no puede ser. Juro que escuché ruidos ahí dentro— dijo André.
—Yo también lo he escuchado— respondí al mismo tiempo que la puerta se abría y salía Eva llorando directa a abrazarme. —¿Qué ocurre? Eva… ¿Qué pasa?— solté a Eva y entré en la enfermería. Cuando entré vi a Sheila junto a una inconsciente Sally. Miré al cesto donde debía estar el bebé y avancé hacia el. Cuando estuve casi encima vi la mantita moviéndose.
Aparté la mantita con cuidado y vi al recién nacido, era una niña. Tenía los ojos abiertos y parecía mirarme mientras levantaba los brazos hacia mí. Sus ojos carentes de vida, la falta de respiración, el color pálido de su piel revelaron la terrible realidad. El bebé estaba muerto. Fue en ese momento cuando escuché el llanto y los gritos del exterior. Era evidente que André se había enterado de todo.
Con la mano temblorosa saqué la pistola de mi cintura, le puse el silenciador y apunté a la criatura. Puse el cañón sobre su cabeza, aparté la vista, cerré los ojos y disparé.
Salí de la enfermería y abracé a Eva. Melanie estaba sentada en las escaleras cubriéndose la cara con las manos y André estaba en el suelo en posición fetal sumido en el más amargo de los llantos. ¿Qué le diríamos a Sally cuando despertara? ¿Cómo explicarle a una madre que el bebé que con tanta ilusión esperaba había muerto y se había reanimado dentro de ella?

En algún lugar de Geaorgia…

A.J y Levine habían llegado a la orilla de un rio. A su derecha podía verse un puente por el que pasaba el tren. En el había habido un derrumbamiento y los escombros estaban esparcidos por casi toda la zona.
—Mira. Fíjate. Podríamos atajar por aquí y así no haría falta mover el tren. Eso sería lo más fácil, pero entonces esos mentecatos tendrían una excusa para no mover el culo… Putos vagos de mierda…— decía A.J. –Mejor que trabajen. ¿Qué más me cuentas de ti Marti? ¿Tienes novia en el refugio? Ya sabes, alguna zorrita que te caliente la cama por las noches. ¿O lo tuyo son los maromos? ¿No irás a decirme que eres el último marica que queda sobre la faz de la tierra? Eso sería la hostia.
—No tengo a nadie y tampoco soy gay— respondió Levine. –Así no tendré que lamentar perdidas. Intento ligarme lo menos posible a la gente. Al menos es lo que hago desde hace tiempo.
—Tienes razón. Cojones, yo siempre lo he visto así desde que estamos viviendo esta pesadilla. Aunque si te soy sincero no veo que esté tan mal. Cuando tenía novia… La zorra a la que buscamos, pasaba mucho tiempo preocupándome por ella. La quería y todo eso, pero tras una discusión por que no quería formar parte de lo que éramos. A la mismísima mañana siguiente, me levanté y dije que la follaran.
—¿Y que haréis cuando la encontréis?— preguntó Levine.
—¿No es evidente? La mataremos lentamente, pero primero nos la tiraremos mil veces. La haremos sufrir. Quizás tengas suerte y la encontremos por el camino, así quizás puedas tirártela tu también. Te garantizo que disfrutarás como nunca.
—No me interesa— respondió Levine tirando una piedra al rio.
—Eres raro de cojones, pero me caes bien. Y eso en estos tiempos es una suerte, si no, ya te habría matado— dijo A.J
Levine se dio la vuelta y miró a su compañero. —¿En serio? ¿A cuantos has matado desde que comenzó esto? Me refiero a personas.
A.J comenzó a reír a carcajadas, era como si le hubiesen contado un chiste divertidísimo. –Pues si te soy sincero ni me acuerdo. Me cago en la puta, me he cargado a tantos que incluso he perdido la cuenta y todo. Justo unas horas antes de encontrarte me cargué a unos cuantos que tenían montado un campamento. Los muy capullos no se lo esperaban. Fue la hostia.
—¿Y por que lo hiciste?— preguntó Levine dándose la vuelta para mirar a A.J —¿Por qué matar a otros si no es en defensa propia? No veo la necesidad.
—¿Por qué? Se pusieron gallitos y les di por culo. Por eso. Además, eran débiles y como débiles que eran, no merecían vivir. Por eso los maté— respondió A.J.
En ese momento A.J se puso de pie con una sonrisa en los labios y señaló al otro lado del rio. Levine miró hacia donde señalaba y entonces vio a un caminante surgir del agua poco a poco. Era posible que estuviera en el fondo y que los había escuchado hablar. Cuando A.J lo vio comenzó a caminar hacia la orilla para ir a su encuentro.
—¿Qué vas a hacer?— preguntó Levine cuando vio a su compañero plantarse a su lado.
—¿Qué crees tu? Voy a cargármelo. Me divierte, aunque no es tan divertido como matar a personas vivas. Ya me entiendes, estos bichos a diferencia de los vivos no sienten ni miedo ni dolor. Simplemente son más sosos.
Levine comenzó a retroceder mientras A.J esperaba que el No Muerto llegara a la orilla. Sin que lo viera, Levine comenzó a sacar el cuchillo que guardaba, en esos momentos tenía la oportunidad de matarlo y huir de allí dejando a esos mal nacidos atrás. Quizás no volverían a donde lo habían encontrado, de hecho, Levine no los consideraba lo bastante inteligentes como para regresar al mismo lugar.
A.J silbaba y llamaba al No Muerto, el cual cada vez estaba más cerca. Por su parte, Levine estaba a punto de clavar el cuchillo en la cabeza de aquel tipo. Justo cuando estaba a punto escuchó una voz a sus espaldas, se dio la vuelta y se encontraron con Chris.
—¿Qué cojones quieres?— preguntó A.J ignorando al No Muerto.
—Ya vamos a quitar el tren. Hemos cambiado la batería y lo hemos puesto en marcha. Ya podemos seguir nuestro camino— dijo Chris. Entonces se fijó en el caminante. —¿Qué coño estáis haciendo?
—Ahora nada. Has venido aquí a joderme la diversión— respondió A.J. seguidamente apuntó al No Muerto a la cabeza y disparó. La bala atravesó la cabeza de aquel ser y esté se desplomó, seguidamente se lo llevó la corriente. –Venga, vámonos— A.J le pasó la mano por encima del hombro a Levine y se lo llevó consigo.
Cuando quitaron el tren pudieron proseguir con su viaje hacia Columbus. El tiempo de Levine para pensar algo se estaba agotando mucho más deprisa de lo que el pensaba.

Hotel…
10:00 de la mañana…

La noticia de la muerte del bebé de Sally había corrido como la pólvora. Era la segunda desgracia en poco tiempo y la gente había comenzado a sentirse intranquila.
Habíamos estrenado el cementerio construido por Zacarías con una pequeña tumba. Y mientras André permanecía al lado de su esposa, Melanie se culpaba a si misma en su habitación. No había podido hacer nada para impedirlo. Yo por mi parte me encontraba en la habitación con Eva, ella estaba en estado de shock. Estaba muy asustada. Tenía miedo a que le pasara igual que a Sally.
—Hay veces que pienso que han dejado de moverse. Temo que así sea, que hayan muerto y se reanimen dentro de mí destrozándome por dentro como le ha pasado a Sally. Tengo muchísimo miedo Juanma. Estoy aterrorizada.
Cogí la mano de Eva y la puse sobre su vientre, esperamos un rato y notamos como se movían los bebés. –Ellos siguen bien. Lo que ha pasado con el bebé de Sally ha sido una desgracia, pero no tiene por que pasarte lo mismo a ti.
—Pero si me pasa, tú no podrás hacer nada para impedirlo… Vi a la hija de Sally. Esa pobre niña que ni siquiera había comenzado a vivir… Parió uno de esos monstruos. No soportaré que me ocurra eso mismo, no lo soportaré.
—No te va a suceder— respondí
En ese momento llamaron a la puerta de mi habitación, me levanté tras darle un beso a Eva y abrí. Allí estaba Sheila. Detrás de las gafas pude ver sus ojos convertidos en un mar de lágrimas.
—Es Sally. Estaba a solas con su marido en la enfermería. Cuando he vuelto para ver como estaban he visto que ella había muerto y que André se ha suicidado. He tenido que clavarles algo en la cabeza para que no se reanimaran— respondió Sheila entre sollozos.
—Bien hecho— respondí llevándome una mano a los ojos. Lamentaba profundamente lo ocurrido aunque no los conocía mucho. Eran muy buenas personas.
—¿Qué es lo que pasa?— preguntó Eva desde la cama.
Me di la vuelta y la miré. Pensé que iba a ser mejor mentirle para no preocuparla, pero iba a descubrirlo tarde o temprano, así que fui totalmente sincero. –Sally ha muerto y André se ha suicidado— en ese momento escuché a Eva sollozar y esconderse debajo de las mantas. Entonces miré a Sheila. –Ahora iré y los enterraré. Yo me encargo de ello.
El funeral de André y Sally se hizo unos treinta minutos después de que fueran encontrados. Todos estábamos allí reunidos salvo Mouse. Eva lloraba  desconsoladamente en mi hombro, yo volví la vista atrás para mirar a Melanie, estaba apartada del resto, seguramente se sentía terriblemente culpable por lo que había sucedido. Cuando el funeral terminó, Eva se fue con Vicky y yo me acerqué a Melanie.
—¿Cómo estás? – le pregunté. Aunque conocía más o menos cual iba a ser la respuesta.
—¿Cómo crees tú? No he podido salvar a un bebé y tampoco he podido salvar a la madre. Yo soy la responsable de esas tres muertes. Puede que no directamente, pero yo los he matado.
—Eso no es cierto— respondí. –Hiciste todo lo que pudiste. Ahora no puedes venirte abajo. Te necesitamos aquí. Te necesitamos entera.
—¿Me necesitáis?— preguntó Melanie. –En absoluto. Lo mejor va a ser que coja mis cosas y me marche de aquí. Esto es algo parecido a lo de Luke. Es peligroso ponerse en mis manos, así que si yo no estoy aquí será mejor para todos.
—Si te vas tu sola… No sobrevivirás ahí fuera— respondí.

—Bueno. Si así tiene que ser, que así sea— respondió Melanie. Seguidamente se dio la vuelta y se alejó.