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sábado, 23 de enero de 2016

NECROWORLD Capitulo 101

Día 1 de Octubre de 2010
Día 824 del Apocalipsis…
Hotel…

Habían pasado varios meses desde que habíamos llegado al hotel, en el cual nos habíamos establecido y formado nuestra comunidad. Una comunidad de casi cien personas. En el exterior habíamos establecido un perímetro de seguridad compuesto por estacas cruzadas entre ellas para impedir que los caminantes se acercaran demasiado a las vallas, cuando lo intentaban, se quedaban ensartados hasta que en los turnos de limpieza los eliminábamos. También habíamos construido una puerta a unos seis metros de la puerta principal, nunca dejábamos las dos puertas abiertas, siempre cerrábamos una antes de abrir la otra. En el interior habíamos construido dos torres de vigilancia de seis metros de altura similares a la que había en la aldea Amish.
El interior del edificio estaba tal cual lo habíamos encontrado, únicamente habíamos convertido la sala de baile en una habitación común para los Amish, tal cual nos habían pedido, la bolera la habíamos convertido en un campo de tiro y en nuestra armería. Allí enseñábamos a disparar a la gente, Johana era la instructora de tiro.
Nos habíamos distribuido en habitaciones a lo largo de los tres pisos, veinte habitaciones por cada planta.
Nuevamente en la parte trasera del hotel, habíamos convertido los jardines en campos de cultivo donde cultivábamos todo tipo de frutas y verduras, lo regábamos gracias a las torres de agua del hotel, la misma agua que utilizábamos para beber. Las canchas de baloncesto y de tenis las habíamos convertido en establos y corrales para los animales que habíamos conseguido, poseíamos ganado y caballos. También gallinas y conejos, además de cerdos y una vaca, la cual nos suministraba la leche. También habíamos construido varios cobertizos en el exterior donde guardábamos herramientas de trabajo. Uno de ellos era donde el doctor Alard, un científico que habíamos encontrado unas semanas después de que nos estableciéramos, llevaba acabo sus experimentos y sus estudios sobre los caminantes.
El jardín del interior del hotel lo habíamos convertido en una especie de lugar de relax donde íbamos a descansar. En el spá, gimnasio y piscina hacíamos ejercicio diario para estar fuertes y preparados para cualquier cosa.

10:00 de la mañana…

Salí de la cocina con un plato con algunos trozos de pan untados con mermelada y un par de manzanas que había cogido de los arboles que habíamos plantado. Bajé los escalones hacia la planta baja y me acerqué a la celda de detención que habíamos construido para encerrar a Malaquías. Cuando este me vio dejó de leer el libro y lo dejó sobre el colchón, se levantó y sacó la bandeja para que situara el plato.
—Buenos días— saludé con la mano al mismo tiempo que dejaba el plato y este lo recogía.
—Buenos días— respondió el antes de darle un bocado al trozo de pan. –Pensé que no vendría nadie. ¿Cuándo me vais a dejar salir de aquí. Necesito estirar las piernas.
—Ya lo decidiremos. Aun no has pagado por tus mentiras. Simplemente da gracias a que no se pidió tu ejecución. Si yo fuera tu me sentiría afortunado.
—Sabía que no me matarían. Dios me protege.
—Si, pero dios no es el que manda aquí. Ahora come, quizás dentro de un rato vuelva para hablar contigo. Ahora debo ir a ver a Eva a la enfermería.
—¿Cómo se encuentra tu esposa?— preguntó Malaquías.
—¿Interesado? Pues está bien. Está a punto de dar a luz y esos gemelos no parecen querer quedarse mucho tiempo más ahí dentro.
Me alejé de la segura celda de Malaquías. Una celda que habíamos construido a conciencia para impedir que se fugara. Entré en la enfermería y allí vi a Eva tumbada en la camilla con la abultada barriga mientras Melanie comprobaba el estado de los bebes gracias a un aparato de ecografías que habíamos sacado de un hospital durante una incursión. Me acerqué a ellas y agarré a Eva de la mano mientras observaba en la pantalla a los dos bebés. Hacía poco más de dos meses que Eva llevaba gemelos. Al fondo de la enfermería estaba Sheila elaborando una lista con medicamentos que íbamos a tener que buscar en la próxima incursión, a la cual íbamos a ir Sheila y yo  en pocos minutos.
—¿Cómo los ves?— le pregunté a Melanie.
—Están perfectos. Cualquier día rompes aguas— dijo Melanie mirándonos a ambos.
Iba a decir algo cuando escuché a Vicky. Esta apareció gritando en la puerta de la enfermería, la miré rápidamente. —¿Qué ocurre?
—Ya están aquí. Han vuelto— respondió mi hija.
Rápidamente miré a Eva y ella me miró a mi. –Ve. Esto es cosa tuya.
Salí corriendo de la enfermería y acompañé a Vicky hasta el exterior, una vez fuera vi como cerraban las puertas detrás del autobús y del kuad que acababan de llegar. Del kuad se bajó Alexandra y del autobús se bajaron Juan y Rachel, ella se sostenía el brazo.
—¿Qué es lo que ha pasado?— pregunté mirando a Alexandra.
—Nos atacaron unos caminantes y aunque no sufrimos bajas, Rachel tuvo una mala caída y se rompió el brazo— respondió Alexandra haciendo que el temor que tenía de que la hubiesen mordido desapareciera.
—Muy bien. Que la lleven a la enfermería— dije mientras observaba a Katrina bajar del autobús mientras les hacía señas a un grupo de personas. Me acerqué a ella y le di un fuerte abrazo, luego miré a las personas.
—Trece en total— dijo mi hermana.
Me quedé mirando al grupo. Todos eran jóvenes de veinte a cuarenta años, no había niños. Había ocho hombres y cinco mujeres, a los que me dirigí. –Bienvenidos. Mi nombre es Juanma y soy el líder de este lugar, aquí podréis vivir con nosotros y tener mejor futuro que ahí fuera. Si alguno de vosotros tiene heridas o sigue algún tratamiento que pasen por la enfermería. Supongo que ya se os ha advertido que no toleraremos ningún acto de sublevación ni nada extraño, si estáis aquí es por que habéis aceptado esas condiciones. Por lo tanto espero que cumpláis las reglas. Nuevamente bienvenidos. Ahora iréis a la recepción donde algunos de mis hombres os entrevistarán para saber un poco más de vosotros.
En ese momento llegaron Johana y Yuriko, las cuales escoltaron a los nuevos hacia el interior. Yo mientras me quedaba allí junto a mi hermana y Vicky.
—¿Cómo ves a nuestros nuevos inquilinos?
—Bueno. Son como nosotros, solo buscan sobrevivir. Bueno hermanita, ve al jardín interior. Cindy está allí jugando con su gatito. No dejaba de preguntar cuando volverías. Se llevará una grata sorpresa cuando te vea aparecer.
Katrina se marchó y yo me quedé allí con mi hija. Esta me miró. —¿Vas a salir?
—Si. Pero tu no vienes, así que no intentes convencerme. Mejor ve a dar de comer a los perros o a jugar con los demás niños. O mejor, Diana y Stephany han propuesto la actividad de contaros cuentos. Podrías ir y distraerte.
—Los demás niños juegan a juegos de niños. Yo paso de esas chorradas. No soy una cría— respondió mi hija cruzándose de brazos con un gesto de indignación.
—Tienes catorce años. Que yo sepa hasta que no cumplas los dieciocho años sigues siendo una niña. Cuando tengas los dieciocho ya podrás decir que esas cosas son de críos.
—Pues vale, pero lo que no soy es gilipollas— respondió Vicky.
—Esa boca…— Entonces le puse la mano en el hombro. –Solo quiero que vayas para que Diana no esté triste, ya sabes como es y lo mucho que te quiere. Le romperías el corazón, ve con ella y si no quieres escuchar el cuento, al menos ayúdala con el. Te lo agradecerá mucho… Y yo también.
—Muy bien— respondió Vicky. –Pero ten cuidado ahí fuera.
—Lo haré. No te preocupes por eso.
*****
Katrina entró en el jardín interior del hotel y vio a su hija jugando con el gatito que había encontrado hacia tiempo merodeando por el hotel. A su alrededor había gente paseando mientras la niña le lanzaba un ovillo de lana, cuando vio a su madre corrió a abrazarla.
—Hola preciosa. Te he echado de menos. ¿Cómo estás?
—Estoy bien. Aunque confieso que tenía miedo de que no volvieras, pero el tío Juanma me ha cuidado mucho. El otro día me enseñó a ordeñar a la vaca y la prima Vicky me quiere enseñar a disparar, dice que necesito aprender.
—Tu prima tiene mucha razón, pero para eso prefiero esperar, pero aprenderás, eso te lo garantizo cariño. De momento mira lo que te he traído— dijo Katrina descolgándose la mochila que llevaba y abriéndola, del interior sacó una caja, la cual se la entregó enseguida a su hija, se trataba de una Nintendo DS. También le entregó un par de juegos, Cindy las cogió rápidamente.
—Gracias mamá. ¿Dónde la has conseguido?
—En una tienda por la que pasamos. Me acordé de que siempre quisiste una, así que te la he traído, y como tenemos luz no tendrás que preocuparte por cargar la batería. Lo malo es que no se si los juegos serán de tu agrado.
—No importa— respondió Cindy.
—Ahora voy a ir a darme una ducha y a dormir. Necesito descansar. Luego te veo cariño— Katrina le dio un beso en la frente a su hija y se dirigió a su habitación.
*****
Regresé a la enfermería y enseguida me encontré con una pareja. Eran Sally y su marido André, el quince años mayor que ella. Sally era la única mujer embarazada además de Eva, esta estaba casi a punto de dar a luz. Ya había salido de cuentas. Los habíamos encontrado hacía un mes en una tienda de campaña en medio del bosque y enseguida los habíamos llevado con nosotros. Cuando entré en la enfermería me encontré con Melanie.
—¿A dónde vas?
—Voy a ver si Sheila está ya lista para irnos— respondí tratando de entrar, entonces Melanie me cogió del brazo. —¿Qué haces?
—Disculpa, pero hoy seré yo quien te acompañe en esa incursión. Sheila está ocupada con el brazo de Rachel. Así que seré yo quien te acompañe.
Yo sabía que Melanie no estaba acostumbrada a disparar y que se ponía demasiado nerviosa cuando se le acercaban caminantes, algo que podría acabar con su muerte. –No hace falta, se lo diré a otro. Tú será mejor que te quedes atendiendo a Sally, le pediré a otro que me acompañe. No hace falta que vengas conmigo.
En ese momento Melanie me puso la lista de medicamentos en la cara y me pidió que leyera uno. Lo intenté y era impronunciable, ella lo leyó al instante. —¿Ves? Es imprescindible que te acompañe. Y no te preocupes por lo de disparar ¿Vale?
No iba a poder convencerla de que se quedara, así que finalmente asentí con la cabeza y le permití que me acompañara. Primero pasamos por la armería y cogimos dos fusiles, dos pistolas y munición de sobra, seguidamente ambos salimos del hotel y caminamos hacia el aparcamiento donde estaba Yuriko trabajando en el motor de una de las motos que teníamos.
De camino al aparcamiento nos cruzamos con Stephany. Era una chica morena de pelo largo de dieciocho años que habíamos encontrado en una universidad. Había estado refugiada allí casi desde el inicio de todo.
—Hola— nos saludó. —¿A dónde vais?
—Vamos a Macon. Vamos a llevar a cabo una incursión en una farmacia para traer unos medicamentos que se nos han acabado.
Entonces Stephany me miró a mí. —¿Puedo ir con vosotros? He mejorado disparando, podría ayudaros. Déjame ir Juanma, por favor.
Yo me crucé de brazos y la miré. –Lo siento, pero no. Es una pequeña incursión y basta con que vayamos dos. Además ¿No ibas a estar contándoles un cuento a los niños junto a Diana? Pues ve y haz eso. No es necesario que salgas en incursiones.
—Por favor. No seré un estorbo, te lo prometo— dijo Stephany juntando las manos como si fuera a rezar. –Por favor.
—¡¡¡Dije que no!!!— el grito dejó muda a Stephany, la cual se alejó dando grandes zancadas. Eso hizo que Melanie me mirara.
—Creo que te has pasado un poco. Solo quería ayudar.
—Ya me acompañas tú. No necesito a nadie más. De hecho tú no deberías venir tampoco.
—¿Y Sheila si? Que yo sepa no hay tantas diferencias entre nosotras.
—Mira, da igual, terminemos con esto cuanto antes.
 Seguimos nuestro camino y cuando Yuriko nos vio llegar se puso de pie y se limpió la grasa de motor de la cara.
—¿Cómo lo llevas?— le pregunté a la joven japonesa.
—Bien, bien. Está ya arreglado. ¿Qué os vais a llevar?
Caminé hacia un coche de color rojo, un Ford. Abrí el maletero y de el saqué un mapa. Íbamos a dirigirnos a Macon a saquear una farmacia que teníamos señalada desde hacia tiempo, esperábamos que nadie se nos hubiese adelantado. Una vez elegido el coche nos subimos y salimos de nuestro refugio en dirección a la ciudad.

Llevábamos diez minutos de viaje cuando Melanie comenzó a hacerme preguntas. –Nos conocemos desde Portland, unos seis meses más o menos, y nunca hemos hablado mucho, apenas se nada de ti. Se que lideras muy bien y que por tu grupo harías cualquier cosa, incluso matar a otros, pero no se que hacías antes de esto.
—Es pasado. No creo que merezca la pena hablar de ello— respondí.
—…Y algo arisco también. Se me olvidaba. De mi si sabes que era cirujana en San Francisco y que llegué a Portland después de que el mundo se fuera al infierno. Venga, rompo yo el hielo. ¿Sabes cuando vi por primera vez un caminante?— Yo seguía conduciendo y no respondí. –Llegó una mujer, se suponía que su marido le había dado una paliza y le había arrancado media cara a mordiscos. Otros médicos y yo estábamos tratando de arreglar el estropicio, fue entonces cuando la mujer murió en quirófano. Te juro que me culpé como nunca me había culpado. No pasaron ni tres minutos desde su muerte cuando repentinamente abrió los ojos y se lanzó sobre una de las enfermeras. El caos en el quirófano se desató. Logré salir de allí por los pelos. Después de un tiempo sobreviviendo con otros grupos y de ver morir a otros, llegué a Portland donde Amanda Kramer me acogió y viví en paz hasta que nuestros caminos se cruzaron… Oh, no creas que te culpo por ello, simplemente digo que fue esa casualidad. Creo que Portland había caído tarde o temprano.
No dije ni una palabra. Seguí conduciendo hasta que llegamos a Macon. Allí detuve el coche delante de la farmacia que teníamos señalada, todo parecía estar exactamente igual que cuando la encontramos. Salimos del vehículo y le indiqué a Melanie que le quitara el seguro a su pistola por si acaso nos atacaban. Aunque en principio, todo parecía estar tranquilo. Nos acercamos a la puerta de hierro y agarré el candado.
—Sigue igual. No parece que nadie haya estado aquí.
—¿No entrasteis cuando la encontrasteis?— preguntó Melanie mirando alrededor.
—No fue necesario. Aquí como en el hotel, se marcharon cuando todo comenzó a ocurrir. Aunque también podría ser que cerraran antes de que pasara y luego no volvieran. Aun así me da igual, lo importante es que podamos abastecernos nosotros— Con sumo cuidado rompí el candado y con mucho más cuidado subí la persiana metálica. Pasé al interior y justo cuando Melanie iba a pasar se lo impedí. –Prefiero que te quedes vigilando el coche, no sería nada bueno que alguien nos lo robara.
—¿Acaso ves a alguien por aquí señor arisco de pocas palabras? ¿O simplemente es que eres sobre protector con el género femenino? Eso te convertiría en un poco machista. Simplemente cojamos lo que hemos venido a buscar, lo hagamos rápidamente y nos marchemos. Es tan sencillo como eso.
—Muy bien— dije cerrando con cuidado la persiana para no hacer ruido. Una vez dentro encendimos las linternas para ver en la oscuridad, enseguida también nos llegó el olor. El olor nauseabundo de la carne en descomposición, miré a Melanie y vi como esta se apoyaba en la pared, seguidamente se inclinó y vomitó. Cuando terminó me miró.
—Estoy bien. No te preocupes… Es ese olor, no me acostumbro.
Busque por la farmacia el origen del hedor, entonces encontré el cuerpo detrás del mostrador. Era aparentemente el cuerpo de una mujer, su cabeza había desaparecido, tan solo había un charco negro de sangre reseca y trozos de cráneo esparcidos por todas partes, sobre su pecho entre sus manos descansaba un rifle de caza. El cuerpo llevaba bastante tiempo así y estaba reseco, si algo lo identificaba como que había sido una mujer era la ropa.
Melanie la alumbró con la linterna y se tapó rápidamente la boca, entonces la miré. –Si te da asco no se por que la miras. Venga, ahora debemos buscar lo de la lista.
Ambos fuimos a la parte trasera de la tienda y comenzamos a buscar lo de la lista, cuando terminamos salimos y me acerqué al cuerpo a coger el arma. Esta aun tenía balas. Salimos de la farmacia y regresamos al coche. El sol pegaba fuerte y hacía bastante calor.
—Siento haber vomitado. Pero fue el olor a putrefacción. No lo soporto— dijo Melanie disculpándose. –Quizás me tendría que haber quedado en el coche. Así te habrías evitado la molestia de verme echar la pota.
—No quería que vinieras por que temo que pueda pasarte algo por no estar acostumbrada a disparar. Estoy harto de perder a gente. Llevamos desde que llegamos al hotel sin perder a nadie. Quiero que siga siendo así.
—La gente muere. No puedes pretender proteger a todos en todo momento. Todos morimos al fin y al cabo. Se lo que se siente cuando tomas la responsabilidad de vidas que luego se te escapan de las manos. Conozco ese dolor, fuerte con desconocidos, insoportable con amigos y familia. Pero por eso mismo debes dejar de cargar tantas responsabilidades sobre tus hombros, puedes ejercer de líder sin necesidad de hacer todo eso y cargar sobre tus hombros la responsabilidad de la vida de los demás.
—Volvamos a casa— dije entrando al coche.

Iniciamos el camino de regreso. Habíamos escogido otro camino, fue en ese momento cuando Melanie me hizo detener el vehículo al divisar una casa enorme casi oculta entre los arboles. En el tejado de color oscuro podía leerse “HELP” con letras grandes y rojas –Creo que deberíamos inspeccionarla. Quizás podamos conseguir algo que nos resulte útil. Quizás encontremos a alguien con vida. ¿No se supone que cuantos más seamos, más fuertes seremos? Puede que haya alguien viviendo ahí.
Miré a mi compañera. –Muy bien, pero mantente cerca.
—Pensé que ibas a decirme que me quedara en el coche— respondió Melanie con una sonrisa.
—Bueno. Esta vez al ser un sitio desconocido es más que probable que te necesite cubriéndome. Solo espero que tengas buena puntería y no termines disparándome— Melanie dejó de sonreír y yo me apresuré a contestar –Era una broma.
Salimos del vehículo y comenzamos a andar por un camino de piedras que nos llevaba hacia la casa. Ambos llevábamos las pistolas preparadas. No tardamos en encontrarnos ante la enorme casa tras cruzar unas grandes puertas de hierro que estaban unidas a muros de piedra. Tenía el porche enorme y justo al lado había un invernadero. Me acerqué a el y vi que había cosas plantadas, las habían estado cuidando hasta hacía relativamente poco.
—Aquí hace poco que han plantado— dije señalando unas plantas. –Puede que haya gente viva dentro.
—Bien— respondió Melanie adelantándose, pero yo la detuve.
—Pero con cuidado. No sabemos quienes son, ni cuantos son. Podrían no ser amistosos. Es conveniente que los veamos a ellos antes que ellos a nosotros.
—¿Estrategia militar?— preguntó Melanie.
—Algo así.
Ambos rodeamos la casa mirando por las ventanas hacia el interior, pero no parecía haber nadie dentro. Llegamos a la parte trasera y encontramos una glorieta, también vimos leña. Parecía que alguien la había estado cortando recientemente, sin embargo no había señales de vida de ningún tipo. Me fijé en la puerta trasera y vi que esta estaba abierta. Miré a Melanie y le hice una señal para que me siguiera.
Entramos por la puerta y nos vimos en la cocina, la cual estaba impoluta.
—Es como si alguien hubiese estado aquí hace poco— dijo Melanie. –Y tampoco huele a podrido como debería ser.
Melanie tenía razón. No había olor a descomposición, no al menos en la cocina. Me acerqué a la puerta de la despensa y la abrí con cuidado. Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando vimos que había varias botellas de agua y latas de conserva. En ese momento Melanie se acercó a la nevera y al abrirla sintió el frio, también vio la luz que salía de esta. Era evidente que en la casa había corriente eléctrica.
—Si hay luz es por que aquí hay o había gente. Además, las puertas de hierro estaban abiertas. La pregunta es donde están las personas que había aquí.
—Es evidente que ya no están aquí, probablemente pasara algo y se marcharan— le expliqué.
—Dejando todo esto así? Lo dudo. Veamos el resto de la casa.
Abrí con cuidado la puerta de la cocina y nos encontramos en un pasillo. Lo recorrimos y encontramos un salón. Allí vimos algo en el suelo, se trataba de un charco de sangre. Caminamos con cuidado hacia el y al tocarlo vi que estaba fría.
—Está coagulada…— dijo Melanie. –Es de no hace mucho. Quizás tenga un día, dos como mucho.
En ese momento escuchamos un ruido sobre nuestras cabezas. Un ruido similar a pasos, lo que significaba que había alguien en el piso de arriba. Nos miramos y seguidamente comenzamos a subir las escaleras. Mientras caminaba escuché la respiración de Melanie, no me hacía falta darme la vuelta y mirarla para saber que estaba muerta de miedo, pensé en decirle que volviera al coche, pero eso no era muy sensato a esas alturas.
Una vez en el piso superior nos paramos a escuchar. Nuevamente escuchamos el ruido. Venia de nuestra derecha, donde había una puerta doble de color blanco cerrada. En silencio me acerqué y pegué la oreja a la puerta de madera, el ruido venía del otro lado. Me di la vuelta y miré a Melanie.
—Prepárate— le dije mientras agarraba el pomo.
Abrí la puerta de repente y enseguida nos asaltó el olor a descomposición. También las moscas comenzaron a zumbar a nuestro alrededor. La imagen era dantesca. Eran tres personas, había un hombre tumbado boca abajo en el suelo con una toalla manchada de rojo envolviendo su cabeza. Había un segundo chico encadenado a la pared mirando hacia la cama, este era un caminante. Le habían arrancado los parpados y le habían puesto la cabeza fija para que no pudiera evitar mirar a la cama, lo habían hecho con unos hierros, el pobre desgraciado solo podía dar golpes con los pies. En la cama había una chica, estaba desnuda y atada de pies y manos, sus piernas estaban separadas y en sus ingles había cortes. Ambos se habían puesto frenéticos con nuestra llegada. Luego vimos unas palabras en la pared escritas con sangre.

“VERÁ A SU PERRA ETERNAMENTE, EL NUNCA CERRARÁ LOS OJOS”
“LA PERRA CONSERVARÁ UN GRATO RECUERDO DE NUESTRO PASO POR ESTA CASA”
“EN ESTE MUNDO SOLO SOBREVIVEN LOS FUERTES Y LOS PERFECTOS, ELLOS ERAN DEBILES E IMPERFECTOS, ENCONTRARON EL DESTINO QUE MERECIAN”

—Vámonos de aquí Juanma— dijo Melanie tirando de mi brazo.
No quise discutir. Sin embargo no podíamos irnos de allí y dejarlos así. Apunté con mi arma a la chica y le disparé en la cabeza. Seguidamente hice lo mismo con el chico No Muerto que estaba encadenado. Pronto el silencio volvió.
—Ya podemos irnos— dije saliendo por la puerta en dirección a las escaleras. Yo iba delante, justo cuando iba a poner el pie en el primer escalón sentí un fuerte golpe, entonces caí por las escaleras rodando, perdí las armas mientras caía, también escuché los gritos de Melanie, aunque no entendí lo que decía.
Llegué a los pies de la escalera totalmente dolorido, fue entonces cuando vi lo que me había golpeado, era un niño. Este me miró a mi y yo lo miré a el a los ojos, pero a diferencia de los míos, los suyos no tenían vida. Rápidamente se lanzó contra mí. Entonces un disparo se escuchó y la cabeza del niño estalló. Miré hacia lo alto de las escaleras todavía aturdido, allí vi a Melanie con el arma en alto y con humo saliendo del cañón, ella me había salvado la vida. Me levanté rápidamente, cogí mis armas y la miré.
—El ruido atraerá a más. Tenemos que irnos de aquí cuanto antes— dije corriendo hacia ella y cogiéndola del brazo. Seguidamente la arrastré detrás de mí y salimos a toda velocidad por la puerta principal. Recorrimos el camino de piedra hasta que llegamos al coche, justo en ese momento tras caminantes salían también al camino.
Nos subimos rápidamente al coche y puse el motor en marcha, seguidamente pisé el acelerador y salimos de allí a toda velocidad.
Recorrimos bastante camino cuando de repente detuve el vehículo, entonces Melanie me miró sorprendida. —¿Estás bien?
—Yo era soldado. Estaba de permiso cuando esto nos estalló en las narices. Enseguida me vi metido en el papel de líder sin comerlo ni beberlo. Algo que yo no quería ser. Tome decisiones que llevaron a gente que me importaba a la muerte. Perdí a mucha gente, demasiada. Siento como si lo de perder gente fuera una maldición que me persigue, una maldición que se ríe de mi en la cara y que de vez en cuando me pega una hostia. Tu nunca habías salido en una incursión, por eso no quería que vinieras, por lo mismo que le dije a esa chica que no viniera. Pensaba que moriríais por que este mundo no está hecho para algunos de vosotros… Y ahora resulta que has tenido que salvarme la vida. Estaba aturdido y desarmado, ese niño me habría mordido si no llegas a estar tú.
—Solo hice lo que tenía que hacer. Aunque si te soy sincera… Aun me tiemblan las rodillas. Ni siquiera se como he sido capaz de acertarle en la cabeza. Creo que ha sido pura suerte. Sin embargo se que hice bien.
—Te agradecería que no contaras nada de esto, ni tampoco de lo ocurrido en esa casa. No quiero que los demás piensen que su líder tiene dudas, eso los desmoralizaría… Y las cosas ahora van más o menos bien.
—No contaré nada, te lo prometo, pero te voy a pedir que me prometas algo.
—¿El que?— pregunté volviéndome hacia ella.
—Que serás más positivo y menos arisco. Se tu mismo y actúa según tu criterio. Vendrán tiempos duros y la gente necesitará que estés ahí. Ahora quiero aclarar algo. Lo que hemos visto en esa casa…
—Si. Ya lo se, está hecho por la mano del hombre. Y es algo que ha ocurrido hace relativamente poco. Esas personas se vieron asaltadas por un grupo seguramente. Y estamos cerca del hotel. Lo que quiere decir que esos indeseables podrían encontrarnos. No sabemos cuantos son y eso podría traernos problemas bastante serios. Lo lógico es que convoquemos una reunión y aumentemos las guardias. También quiero que todos aprendan a disparar, tienen que aprender a defenderse.
—Yo me esforzaré en aprender a disparar mejor— respondió Melanie.
Volví a poner en marcha el coche y seguí conduciendo. Estábamos llegando al hotel cuando vimos a alguien caminar por un lado de la carretera. Estaba de espaldas a nosotros y era una chica rubia con el pelo largo. Caminaba en línea recta y totalmente erguida, no se tambaleaba. Al verla comencé a reducir la velocidad y me situé a su lado. Miré a la chica con atención. Era delgada y llevaba una chaqueta azul con manchas oscuras, me fijé en sus manos y las vi de color rojo, se trataba de sangre.
—¿Es una No Muerta?— preguntó Melanie.
—¡¡¡Eh!!!— le grité. Entonces la chica que hasta entonces no nos había prestado atención me miró, entonces yo vi sus ojos. Eran de color marrón, pude fijarme en sus rasgos faciales manchados de sangre. A simple vista me pareció preciosa, y lo más importante es que estaba viva. Detuve el vehículo rápidamente y me bajé del vehículo, también ella se detuvo al verme bajar.
—Hola— la saludé. Aunque ella no respondió. Se limitó a mirarme fijamente. Entonces me fijé en el cuchillo que llevaba en la mano derecha, el cual no había visto antes. Este estaba manchado de sangre. —¿Qué haces por aquí? Yo me llamo Juanma ¿y tú?
La chica siguió sin responder, simplemente me apuntó con el cuchillo, algo que hizo que Melanie saliera del coche apuntándole con el arma. –Ten cuidado. Creo que no entiende lo que le dices.
La chica comenzó a mirarnos a los dos rápidamente. Parecía que en cualquier momento iba a saltar sobre uno de los dos. Fue entonces cuando habló y yo descubrí que al igual que yo era española. –Alejaros de mi. Alejaros u os mato a los dos. Ya he matado antes y no me costará nada abriros en canal— entonces dio unos pasos hacia mi. –Tu no te acerques a mi.
Levanté las manos para que viera que no tenía nada en ellas y que no iba a hacerle daño. –Escucha. Tenemos un hogar no muy lejos de aquí. Allí tenemos comida y medicamentos. Si vienes con nosotros tendrás más posibilidades de sobrevivir que aquí fuera. Vagando por ahí no durarás mucho. Hay muchos caminantes.
—Los humanos son mucho peores. Lo se, no pienso fiarme de vosotros— dijo la chica. Entonces vi como se llevaba una mano al bolsillo y sacaba una pistola, con la que me apuntó. –Fuera de mi camino.
—Está bien. Si es lo que quieres… Te dejaremos en paz.
Justo en ese momento vi como Melanie se lanzaba sobre la chica y le propinaba un fuerte codazo en la cara dejándola inconsciente. Con la chica noqueada la registramos y encontramos su documentación. Se llamaba Silvia y era española. Entonces vi otra cosa que me llamó la atención, se trataba de un tatuaje. Era una calavera con una cruz en la frente y con una serpiente saliéndole de la boca. Yo ya había visto antes ese tatuaje, pero no recordaba donde.
—Juanma, esta chica tiene diversas heridas. Creo que podrían haberla violado. Debemos llevarla al hotel. Ayúdame.

Yo asentí y ayudé a Melanie a llevar a la chica al coche, cuando la subimos salimos a toda velocidad de allí para regresar a nuestro hogar.

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