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sábado, 20 de junio de 2015

NECROWORLD Capitulo 80

Día 25 de Enero de 2010
Día 582 del Apocalipsis…
Manhattan… Calles… 08:40…

Carlos estaba cerca de las afueras de lo que había sido la zona segura de la ciudad. Se había escondido en una de las casas, desde allí podía ver el desfile de No Muertos, los cuales se dirigían todos hacia los disparos, estos habían empezado hacía apenas unos minutos. El plan de su hermano había dado comienzo como estaba previsto, en esos momentos su hermano y los demás estaban en medio de un tiroteo con el bebé y su gente. Podría haber avisado al bebé de lo que iba a pasar, pero optó por no hacerlo, tanto le daba que su hermano y aquel enano asqueroso se mataran el uno al otro. De hecho, no había avisado al bebé por que quería que acabara muerto. A Carlos le daban igual las bajas en ambos bandos, a el solo le interesaba Eva y el hijo que ella llevaba en sus entrañas. Ella posiblemente no aceptaría estar con el al principio, pero haría que lo amara, aunque tuviera que obligarla, pero antes de llevársela había otra cosa que tenía que hacer.
*****

Con el tiroteo iniciado, Rachel, David y yo habíamos salido de las alcantarillas. Nos habíamos ocultado detrás de una de las estatuas, concretamente la central. Comencé a darles indicaciones de avance. Teníamos que entrar allí dentro de alguna manera. Había dos puertas, una grande y doble que teníamos prácticamente enfrente y otra más pequeña que estaba a nuestra izquierda, bastante alejada de nosotros. Esa iba a ser la que íbamos a usar para entrar.
—Tenemos que alcanzar esa puerta— les dije a ambos. –Creo que esa puerta da directamente a la habitación del padre Kaleb. Es decir, el lugar donde se cambia de ropa. Es evidente que entrando por ella accederemos al interior de la iglesia.
—Muy bien. Vamos allá— dijo Rachel.
Justo cuando íbamos a salir, unas balas impactaron en la estatua muy cerca de mi cabeza. Me retiré rápidamente y me escondí.
—Adiós al factor sorpresa. ¿Qué hacemos ahora?— preguntó David mirando un poco por encima de la plataforma cuadrada de piedra que sostenía la estatua. Entonces vio a al menos tres hombres apostados en las ventanas. –Hay tres tipos. Esos nos han visto.
—Tenemos que alcanzar esa puerta como sea— respondí asumiendo que nuestra parte del plan se había torcido. Entonces noté la mano de Rachel en mi hombro.
—Basta con que la alcance uno de nosotros mientras los otros dos lo cubren. ¿Te ves capaz?— me preguntó Rachel. –Tendrás que ser rápido.
—Si me cubrís quizás lo consiga— les respondí mientras miraba la puerta que debía alcanzar. –Solo son diez metros.
—Entonces corre— dijo David. Entonces este salió rodando y disparando hasta que logró ocultarse detrás de un banco de piedra que se encontraba junto a unos setos. Desde allí siguió disparando a las ventanas. En una de las ráfagas acertó a uno de los tipos de las ventanas, el cual emitió un grito.
En ese momento me puse de pie y comencé a correr en dirección a la puerta. Mientras iba a la carrera vi como la puerta grande doble se abría un poco y asomaba un tipo enorme. Este comenzó a dispararme, obligándome a tirarme al suelo dentro de uno de los jardines. Rodé sobre mi mismo hasta que me puse a cubierto junto a un árbol. Me puse de pie y comencé a disparar a aquel tipo. Aunque no estaba dando ni una, fue entonces cuando vi a Rachel ponerse en pie y apuntar a la puerta. Abrió fuego y vi como un trozo de esa puerta saltaba convertida en astillas, seguida de un chorro de sangre que surgió del cuello de aquel grandullón. Con aquel tipo abatido volví a correr y por fin alcancé la puerta. La abrí de un empujón y me colé dentro. Cerré la puerta detrás de mí y me quedé en silencio. Me encontraba en una sala bastante grande, en un lado había un vestidor con varias togas, también había una pequeña mesa redonda con una biblia sobre ella, en otro lado había una cama, me imaginaba que era donde el padre Kaleb descansaba entre las misas, al fondo había una puerta de color rojo. En ese momento escuché un ruido y yo me oculté rápidamente, la puerta de color rojo se abrió de golpe y un tipo joven entró corriendo, estaba como aterrado. Yo salí de repente y lo derribé con la culata de mi fusil, cuando este estuvo en el suelo me miró y yo le apunté a la cara.
—Será mejor que me digas donde tenéis a los rehenes. O te juro que no tendré miramientos en dispararte. Sabes que lo haré. Elije… No tienes demasiado tiempo.
—No me mates por favor. Te diré donde están. No me interesa para nada esta guerra. Solo quería marcharme mientras el bebé y sus hombres están ocupados— entonces le apreté el cañón del fusil contra la barbilla. –Dime donde están los rehenes.
*****

Juan y los demás no paraban de disparar. Cada dos por tres alguno de ellos tenía que recargar, pero siempre había alguien para cubrirle. Estaban consiguiendo ganar mucho tiempo y sobre todo acabar con hombres de el bebé. Estos no parecían ser muy hábiles con el manejo de las armas, algo que estaban demostrando.
Juan recorrió unos pasos y se acercó a Mario, el hombre Mexicano. Este necesitaba recargar el arma y fue Juan quien comenzó a cubrirle.
—Recarga rápido, a mi se me está acabando— le dijo Juan al tiempo que disparaba.
La mayoría del grupo se había apostado en ventanas y portales. Desde allí podían disparar con un perfecto ángulo de visión. Cuando Mario terminó de recargar, Juan hizo lo propio, se agachó y comenzó a recargar su arma todo lo rápido que podía. Desde su posición pudo ver a Johana y a Enrique disparando desde una de las ventanas. Entonces vio algo extraño. Ambos habían cambiado su expresión, incluso Johana se había quedado pálida, esta había comenzado a hacer gestos con una mano. Juan se asomó en ese momento por su ventana y vio lo que parecía ser la punta de un lanzacohetes asomar. De repente el cohete salió disparado en dirección a Johana y Enrique.
—¡¡¡Salid de ahí!!!— gritó Juan, pero ya era demasiado tarde. El cohete impactó en la ventana haciendo que comenzaran a caer escombros y levantando una nube de polvo que hizo desaparecer a Johana y al muchacho. Juan solo podía escuchar los gritos de Johana casi ensordecidos por el sonido de los disparos. Cuando la nube de polvo comenzó a disiparse pudo comprobar que Johana estaba en el suelo junto a Enrique. El muchacho estaba ensangrentado y semi enterrado por los escombros. No se movía.
—Mi hijo. Mi hijo— repetía Mario una y otra vez. Totalmente fuera de si al ver el estado de su hijo. Este salió de su cobertura. Juan intentó detenerlo sin éxito.
—Vuelve Mario. No lo…— la frase de Juan se cortó cuando vio como una bala atravesaba la cabeza del Mexicano. Juan lanzó un grito de rabia y se asomó por la ventana para comenzar a disparar de nuevo. Concentró todos sus esfuerzos en el portador del lanzacohetes.
El tipo que llevaba el lanzacohetes había abandonado su puesto. Instantes después volvió a asomar el cohete. Juan disparó varias ráfagas hasta que consiguió que el cohete explotara sin ni siquiera salir del lanzador. La explosión fue tan fuerte que abrió un gran agujero en la pared de la iglesia haciendo que los que estaban allí salieran despedidos hacia atrás. Juan pensó en esos momentos que quizás los dioses no estaban tan de su parte como el pensaba, pero aun así siguió disparando. Juanma, Rachel y David debían alcanzar su objetivo.
*****
El bebé consideraba que estaba viendo aquella guerra desde una zona privilegiada. Se estaba manteniendo al margen y ya había visto caer a varios de los hombres que le habían jurado lealtad. Los mismos que sin rechistar le habían seguido hasta allí. Protegido por dos de sus hombres más leales no tenía nada que temer, ellos serían capaces de recibir una bala si era necesario. Se sentía tan a salvo que ni siquiera se sobresaltó cuando vio a varios de sus muchachos saltar por los aires tras la explosión del cohete.
—Jefe. Creo que deberíamos marcharnos de aquí. Las cosas no pintan nada bien. Si salimos por el jardín quizás tengamos una oportunidad. Las alcantarillas son nuestra mejor vía de escape— dijo uno de sus hombres.
—Un hombre como yo jamás pisará las alcantarillas. No quiero mancharme— respondió el bebé. –Nos quedaremos aquí hasta que pase todo.
En ese momento uno de los hombres agarró al bebé de un brazo y tiró de el. –No me importa si se enfada. Tenemos que salir de aquí.
—Suéltame puto gorila. Soy tu jefe y tienes que hacer lo que yo te diga— pero nadie parecía escucharle. Tenían que huir de allí, era evidente que tenían las de perder. Aquella guerra no se estaba decantando precisamente a su favor.
Justo en ese momento vieron a uno de ellos. Este había logrado entrar dentro, seguramente desde el jardín, desde el mismo lugar por el que pretendían huir… y llevaba a uno de sus hombres como rehén. Al verlo, Jonah Snyder sacó su pistola y abrió fuego sobre aquellos dos.
*****
Aquel hombrecillo sacó su arma y abrió fuego. Yo logré evitar las balas lanzándome al suelo y ocultándome detrás de los bancos de la iglesia, pero mi rehén no tuvo tanta suerte. Las balas acabaron estrellándose en el pecho de aquel hombre, el cual cayó de espaldas con el pecho agujereado. Desde mi posición vi como un charco de sangre comenzaba a formarse debajo de el. Afortunadamente ya me había revelado donde estaban los rehenes. Solo tenía que pasar al fondo de la iglesia, pasar por un largo pasillo, al final encontraría una puerta cerrada con llave, la cual encontraría puesta.
Me asomé y abrí fuego contra el hombrecillo y sus dos gorilas, logré abatir a uno, pero el otro cogió en brazos al bebé y se lo llevó lejos del alcancé de mis balas. No tardé en perderlos de vista cuando se metieron por otro pasillo, podía seguirles y acabar con ellos, pero tenía una misión más importante. Me puse de pie y corrí hacia el pasillo que me habían indicado, cuando llegué a el me lo encontré vacio, y al final de este vi la puerta. Iba a comenzar a correr hacia ella justo cuando escuché unos gritos a mi izquierda, los cuales venían de una sala, los cuales identifiqué enseguida como los gritos de Diana.
*****
Los gritos de la chica lo estaban poniendo de los nervios. Morris la había sacado de la sala donde estaban todos los rehenes momentos antes de que comenzara el tiroteo. Quería pasar un buen rato con ella antes de largarse de allí, la primera vez lo había disfrutado tanto que no quería marcharse de allí sin probarlo otra vez, tanto le daba lo que estaba pasando fuera y dentro de la iglesia.
Morris comenzó a quitarle la ropa que llevaba puesta mientras la chica emitía gritos. Para callarla, Morris la abofeteó y luego le mostró un cuchillo, el cual le puso en el cuello.
—Vuelve a gritar y te corto el cuello. Ahora compórtate y deja que te folle tranquilamente. Supongo que tu cabeza desquiciada no entiende que lo disfrutas. Algún día lo entenderás— Morris clavó el cuchillo al lado de la cara de la chica. Cuando logró quitarle las bragas e intentó penetrarla escuchó un ruido a su izquierda. Se giró y entonces vio el negro cañón de un arma apuntándole a la cabeza. Y al que había comenzado a ser líder de la comunidad detrás de ella.

—Deja a esa chica en paz si no quieres que tus sesos queden desparramados por toda la sala. Hoy es uno de esos días en los que me da igual matar a más de uno— dije sin dejar de apuntar. Entonces el tipo se dio la vuelta para mirarme.
—¿Me vas a disparar? No creo que tengas agallas para hacerlo. Demasiado se ha liado ahí fuera como para que…— el tipo gordo no terminó la frase, de repente lanzó un grito y su cara se contrajo por el dolor.
Cuando el tipo cayó de bruces y se quedó inmóvil vi el cuchillo que tenía clavado en la espalda. Detrás de el vi a Diana de pie y quieta, su cara mostraba una expresión de miedo. Entonces comprendí lo que había ocurrido. Ella me miró y antes de que pudiera decir nada la abracé y apreté fuerte contra mi pecho.
—Escucha pequeña. Se que me comprendes. Voy a sacarte a ti y a los demás de aquí. Tenemos que darnos prisa— los dos salimos de la sala y nada más salir nos dispararon. De un empujón volví a meter dentro de la sala a Diana y yo comencé a disparar al que nos atacaba. Este se había ocultado detrás de una columna de mármol mientras que yo estaba oculto junto a la puerta.
Me asomé varias veces para disparar, hasta que finalmente en un descuido que tuvo, logré acertarle en plena cabeza. Con el tipo ya muerto me di la vuelta para coger a Diana. Seguidamente los dos comenzamos a correr por el pasillo y llegamos a la puerta. Al llegar cogí la lleve que todavía estaba en la cerradura y empujé la puerta. Al abrirla vi a todos los que había allí, realmente había más de los que esperaba. Entonces vi como Diana pasaba por detrás de mí y corría a los brazos de su hermano.
—¡¡¡Juanma!!!— exclamó en ese momento Jill —¿Qué es lo que está pasando?
—Os lo explicaré luego todo, pero ahora tenemos que salir de aquí. Tenemos que salir al jardín— le respondí. –Deprisa.
Todos comenzaron a desfilar por delante de mí. Todos pusimos rumbo hacia el jardín. Comenzaba otra parte del plan, pero proteger a cuarenta y tantas personas mientras iban bajando a las alcantarillas y había otros tantos disparándonos no iba a ser fácil.
*****
En el exterior, el resto del grupo comenzaba a notar que cada vez había menos tiradores del bando contrario. Juan y Johana habían abandonado sus puestos para unirse a Butch y a Mike en un piso superior. Desde allí tenían a tiro a otros del bando contrario que antes no tenían. Entonces escucharon el grito de Yuriko.
—¡¡¡¡Caminantes!!!!
Juan y Johana miraron a la calle y vieron a docenas de No Muertos irrumpiendo en la calle. Todos avanzando hacia su zona. No tardarían mucho en invadir toda la zona. Algo de lo que también se dieron cuenta los del bando enemigo, los cuales comenzaron a retirarse viendo peligrar su vida.
—Tenemos que salir de aquí. Si nos rodean estaremos perdidos— dijo Johana.
Juan miró a los No Muertos y asintió. Les hizo un gesto a Mike y a Butch. Los cuales se pusieron en pie y comenzaron a retroceder. Iban a tener que bajar a la calle y a tener que huir. Los cuatro salieron del piso que habían tomado como refugio para disparar, al salir al pasillo se encontraron con Yuriko. También vieron a Mouse llegar por el pasillo.
—Se me ha acabado la munición— dijo Mouse juntándose con sus compañeros.
—Ya nos vamos. Juanma y los suyos ya deben haber completado su parte del plan— dijo Juan. –Nos largamos de vuelta a los autobuses.
Todo el grupo comenzó a bajar las escaleras. Cuando llegaron a la calle vieron a los No Muertos. Estos ya habían llegado, algunos incluso habían comenzado a entrar en la iglesia por el agujero que había dejado la explosión. Eso hizo que los hombres de El bebé comenzaran a retirarse también, algunos, los más lentos caían ante los No Muertos.
Fue lo primero que vi cuando abandonamos el pasillo donde estaban los rehenes, algunos de los captores se chocaban con nosotros en su huida.
—¡¡¡Juanma!!!— me gritó David desde la sala por la que había entrado. El y Rachel, que estaba justo detrás habían alcanzado la puerta. Enseguida comenzaron a disparar a los No Muertos. –Tenemos que salir de aquí— en ese momento David disparó a un caminante que se acercó demasiado. –Daros prisa.
En ese momento como salido de la nada vi al bebé disparando contra nosotros. Algunos nos agachamos a tiempo, pero otros no tuvieron tanta suerte y fueron abatidos por los disparos. No pude fijarme bien en quienes habían caído.
—Seguid agachados. Avanzad hasta David y Rachel. Yo os cubro— dije al tiempo que disparaba y observaba como el grupo avanzaba en fila. Los primeros ya estaban siendo escoltados por mis dos compañeros. Pude ver como Parker, el novio de Sandra me lanzaba una ultima mirada. Yo le hice un gesto para que siguiera adelante
Él bebé no era un gran tirador y parecía estar solo, por lo que podía deducir que su gorila había muerto, probablemente asesinado por el. Jonah Snyder en lugar de salir de allí para salvar la vida había decidido volver sobre sus pasos para acabar con aquellos que habían osado atacarle.
Mientras tenía el tiroteo con el bebé comprobé que varios No Muertos se me estaban acercando por detrás. Tenía que moverme o estaría atrapado. Fue en ese momento cuando vi unos cuerpos entre los abatidos que me resultaron familiares. Eran Paul y Diana. Dejé de disparar al bebé y me acerqué a ellos pensando que estaban muertos, pero cuando estuve a su lado vi que Diana todavía se movía. El que estaba muerto era Paul, la bala que había acabado con su vida le había atravesado el cuello, seguramente tratando de proteger a su hermana.
—Diana. Tenemos que salir de aquí— le dije ayudándola a levantarse. Esta intentó coger a su hermano, no parecía que quisiera marcharse sin el. Entonces agachados detrás de los bancos de la iglesia le agarré la cara con ambas manos y la obligué a mirarme. –Ya no podemos hacer nada por el ¿Entiendes? Está muerto.
La muchacha pareció entenderme y cuando íbamos a emprender el camino de huida me encontré con el bebé apuntándome con su pistola. Miré a mi espalda y vi a los No Muertos cada vez más cerca. Estábamos atrapados.
—¿No podías dejarlo estar? Lo has estropeado todo— me decía el bebé mientras yo me ponía a Diana detrás de mi y no perdía de vista a los caminantes que cada vez estaban más cerca de nosotros. –Todo era perfecto hasta que llegasteis aquí a joder.
Podía dispararle, pero me daba la impresión de que no me quedaban balas. Y si me veía intentar recargar dispararía contra nosotros. Entonces intenté convencerlo. –Aun podemos irnos todos juntos de aquí.
—Tira el arma al suelo— dijo en ese momento el bebé.
Lancé una nueva mirada a los No Muertos, estaban ya muy cerca. Entonces mientras me movía acercándome a la pared con Diana detrás, tiré el fusil al suelo. –A unas calles de aquí nos esperan tres autobuses. Puedes venir con nosotros… O al menos deja que ella se vaya. Decídete ya o acabaremos sin poder salir de aquí.
—No me interesa. Lo único que quiero es ver como os despedazan— decía el bebé mientras daba unos pasos hacia mi fusil. Entonces me di cuenta de que el tampoco parecía que tuviera balas en su pistola. Aun así no quería arriesgarme.
En ese momento como salido de la nada. Un caminante apareció corriendo por detrás de el bebé y lo derribó. Enseguida comenzó a morderle en el cuello. Haciendo que la sangre comenzara a brotar manchando el suelo y su traje de etiqueta de color blanco.
Sin pensármelo dos veces cogí nuevamente a Diana y comencé a correr hacia la salida, cuando llegamos al jardín. Justo cuando llegamos vi como una verja que había en el jardín cedía dejando paso a varios caminantes, los cuales entraron en tromba directos hacia nosotros y cortándonos en paso hacia la alcantarilla. Detrás de nosotros comenzaban a aparecer también más No Muertos. Nos estaban rodeando.

Manhattan… Calles…
Autobuses…
09:20… de la mañana…

Eva vio que los autobuses ya estaban llenos y que no faltaba nadie. Nadie salvo Juanma. De el no había ni rastro, David y Rachel habían vuelto sin el.
—¿Dónde está Juanma? ¿No estaba con vosotros?— preguntó Eva totalmente fuera de si.
—Nosotros escoltamos a los rehenes hacia aquí. Creíamos que venía justo detrás— respondió David. –Voy a volver a buscarlo.
—Déjalo. Voy yo— dijo en ese momento Parker levantándose del asiento que había ocupado junto a Sandra y su perro. Sandra intentó detenerlo, pero el la miró. –Estaré de vuelta enseguida. Además, el nos ha salvado.
Parker cogió un fusil totalmente lleno de munición y salió del autobús, entró de nuevo en la alcantarilla y comenzó a recorrerla. No tardaría mucho en llegar a la boca de alcantarilla por la que el y los otros habían entrado. Tenía que darse prisa antes de que ocurriera algo irremediable. No iba a dejar que murieran. La última vez que lo había visto había sido cuando se quedaba atrás para ayudar a la chica con asperger. Era muy probable que estuvieran atrapados.
*****

Diana y yo nos habíamos subido a la estatua del centro del jardín. Bajo nosotros había casi tres docenas de No Muertos. Todos alzaban los brazos para intentar cogernos. Yo no tenía ya armas, y Diana tampoco, estábamos atrapados. No había manera de salir de ahí de una pieza, estábamos totalmente atrapados, sin posibilidades. Miré a Diana y pude ver el miedo en sus ojos.
—Lo siento…— le dije –Lo siento de verdad. Siento lo de tu hermano y siento que estemos aquí atrapados. No soy ese ángel salvador que tú pensabas. Lo siento…— no dejaba de pensar que acabaríamos muertos. Quizás nuestros compañeros pensando que habíamos muerto se habían marchado. Pensé en quitarnos la vida, primero abrazaría a Diana y la asfixiaría apretándola contra mi pecho. Luego, seguramente me dejaría caer sobre los No Muertos y todo acabaría. Fue en ese momento cuando una ráfaga de balas abatió a varios caminantes, estos cayeron y yo miré hacia la alcantarilla. Fue en ese momento cuando vi a Parker. Este había surgido de la nada. Volvió a disparar y abatió a los que teníamos debajo. En ese momento vi nuestra oportunidad. —¡¡¡Diana!!! Vamos. Corre hacia Parker.
La muchacha asintió y comenzó a bajar. Pasó por mi lado y cuando tocó el suelo, yo me dejé caer a su lado. Ambos comenzamos a correr hacia Parker mientras los caminantes trataban de atraparnos. Yo tuve que empujar y golpear a varios para impedir que nos cogieran mientras Parker les disparaba.
—¡¡¡Corred!!!— gritó Parker saliendo a nuestro encuentro sin dejar de disparar. Una de sus balas abatió a uno que estuvo a punto de morderme.
Diana llegó a la alcantarilla y comenzó a descender. Detrás comenzó a bajar Parker. Cuando yo estaba a punto de alcanzar la boca de alcantarilla noté como me agarraban del tobillo. Caí de bruces y al darme la vuelta vi a una No Muerta que se estaba abalanzando sobre mi. Lo hizo tan rápido que en pocos segundos la tuve encima intentando morderme, solo pude impedírselo agarrándola del cuello y alejándola de mí, pero el peligro estaba también en los que se iban acercando. De repente vi como el pie de alguien pateaba a la caminante, liberándome de su presa. Entonces la mano de Parker me agarró y me ayudó a ponerme en pie.
—Salgamos de aquí.
Los dos comenzamos a correr. Yo iba delante, estaba ya entrando a la alcantarilla cuando un caminante de pequeño tamaño alcanzó a Parker, este le mordió en el costado y Parker le golpeó en la cabeza con la culata de su fusíl, entonces vi que aquel caminante era el bebé. Ayudé a Parker y ambos caímos al interior de las alcantarillas. Al caer me hice bastante daño en las piernas, pero aun así ayudé a Parker a ponerse en pie.
—Venga vamos— le dije.
—Me han mordido… Me han mordido— repetía Parker una y otra vez con los ojos salidos de sus orbitas, pero yo no le hice caso. Estaba concentrado en salir de allí. Seguimos a Diana hasta que salimos al exterior junto a los autobuses. Una vez allí subí con Parker a uno y enseguida estos se pusieron en marcha. Comenzamos a alejarnos de la zona mientras Eva y Vicky se abrazaban a mí. Pude ver también como Sandra abrazaba a Parker, el cual seguía sangrando pese a que Sheila le presionaba la herida. Por sus caras era evidente que lo estaban perdiendo.

Las Vegas…
10:00 de la mañana…

Luci seguía en la sala médica. No había podido salir de allí en ningún momento y salvo cuando le llevaban la comida, se pasaba la mayor parte del tiempo sola, de hecho esa mañana aun no habían ido a llevarle el desayuno y estaba hambrienta. Siempre vigilada por la cámara de vigilancia, la cual siempre estaba sobre ella. En ese momento la puerta de la sala se abrió y entró una chica a la que no había visto nunca, esta llevaba una bandeja con tostadas, zumo y café. Ella era delgada y rubia, sus ojos eran azules y debía tener unos veinte años más o menos.
—Hola— dijo la chica con timidez.
Luci se incorporó en la camilla con cuidado y se sentó dejando los pies colgados. Entonces miró a la chica. –Aun es pronto para la merienda y tarde para el desayuno. Tú eres nueva ¿No?
—Bueno… Podría decirse que si. Ahora te traje yo el desayuno por que quería conocerte— contestó la chica. –Se habla mucho de ti y hay rumores.
—Vaya. Así que tengo fans… ¿Qué rumores?— quiso saber Luci.
—Se habla de que vienes de Manhattan y que habías estado en una prisión en un barco ¿Es eso cierto?— preguntó la chica –Necesito saberlo.
—Si. Así es— respondió Luci cogiendo una de las tostadas.
—¿Y allí había algún chico llamado Dylan? Necesito saberlo. ¿Lo conociste?
Luci asintió recordando a Dylan… Y también la última vez que lo vio. –Si. Conocí a Dylan. ¿Por qué? ¿De que lo conoces tú?
—Es mi hermano. Yo soy Claire— en ese momento la chica con una mano le pasó otra tostada. Cuando Lucí la cogió notó algo en la parte inferior. Algo parecido a un papel, el cual se escondió rápidamente antes de que lo captara la cámara. Entonces la chica volvió a hablar. –Bueno. Tengo que irme, un placer,
La chica se levantó y salió de la sala. Luci terminó de desayunar y procurando que la cámara no la viera leer el papel que le habían pasado en secreto, se tumbó de espaldas a la cámara y se hizo un ovillo, entonces desdobló el papel y comenzó a leerlo para si misma.
“Deseo salir de aquí con todas mis fuerzas. Esta ciudad es una pesadilla. Si mi hermano está vivo y puedes llevarme con el te ayudaré a escapar”
Luci no podía creérselo. Esa chica podría ayudarla a escapar de allí. No estaba sola al final. Entonces volvió a recordar la última vez que vio a Dylan allí encadenado junto a Warren. No sabía si seguía vivo, pero iba a tener esperanzas. El hecho de escapar iba a ser un autentico bofetón en las caras de Dante y de Dorian.

Manhattan… Vallas de la ciudad…

Habíamos parado junto a las vallas. Más concretamente en la zona que separaba la comunidad de Manhattan de la zona infestada. Allí de momento no había caminantes. Al menos no de momento, tampoco íbamos a permanecer mucho rato allí. Estábamos esperando a Juan y a Mike, cada uno de ellos había ido a hacer algo. Juan había decidido ir a por las chicas de Portland y Mike por su parte había ido a por sus hijos. Mientras tanto los demás recuperábamos fuerzas.
Sheila por su parte estaba tratando de salvar la vida de Parker, el cual había comenzado a entrar en estado febril. Por la expresión de Sheila se podía adivinar que a este no le quedaba mucho, algo que también podía ver en el rostro de Sandra.
—Por favor. No me dejes— decía Sandra agarrándolo de la mano. –Tienes que aguantar.
—Sabes que ya no se puede hacer nada— Parker tosió y escupió sangre. –Al menos podemos despedirnos. Es un privilegio que otros no han podido tener.
—Pero no quiero quedarme sola.
—No estás sola. Sigues teniendo a tus amigos. Ellos aun viven— respondió Parker tocándole la mejilla a Sandra. Entonces ella intentó darle un beso y el no la dejó. –Si me besas te infectarás. Créeme que no merece la pena.
Si no me hubiese empeñado en ir a por mi perro… Podría haber estado más tiempo contigo. Soy una estúpida. Te quiero Parker.
—Y yo a ti preciosa. Prométeme que vivirás por los dos— Parker tosió de nuevo y Sandra lo abrazó. –Tienes que prometerme que vivirás. No me queda mucho.
—Te lo prometo— respondió Sandra.
—Muchas gracias… Tesoro…— en ese momento Parker cerró los ojos y su cabeza cayó hacia un lado. Había muerto.
Yo vi todo lo ocurrido y caminé hacia ellos. Cuando estuve cerca Sandra me miró. –Deja que lo haga yo— dijo sacando un cuchillo de su cintura. En ese momento lo clavó en la cabeza del que hasta ese momento había sido su novio y que había acabado así por venir a salvarme.
—Lo siento Sandra… Yo…
—No importa. Ahora solo importa el camino que tenemos por delante. ¿Podemos irnos?
En ese momento vi aparecer el camión conducido por Juan, unos segundos después apareció Mike con sus dos hijos. Ya estábamos todos y podíamos largarnos. Fue en ese momento cuando vi aparecer a una tercera figura que venia en dirección a nosotros. Cuando lo vi con claridad me llevé la mano a la cintura esperando coger mi pistola, pero no la llevaba. Cuando la figura llegó hasta nosotros, todos pudimos comprobar que era mi hermano. Entonces este sacó un pañuelo blanco. Algunos, incluido David le apuntaron. Eva observaba desde uno de los autobuses.
—¿Qué estás haciendo tu aquí? ¿Qué es lo que quieres?— le pregunté acercándome sin miedo a que me disparara. De hecho estaba tan furioso que me daba igual, estaba deseando matarlo con mis propias manos.
—Relájate hermanito. Solo he venido a hablar y luego me marcharé.
—Creo que has perdido todo el derecho a hablar después de lo que hiciste— respondí a medida que varias personas comenzaban a bajar de los autobuses. Muchos eran de los rehenes y desconocidos, los otros eran mis compañeros, todos parecían esperar a ver que era lo que Carlos quería.
—Soy consciente de lo mucho que habéis perdido. Amigos… Familia… Lo lamento de veras. Lo siento muchísimo. Como habéis visto, esta ciudad es irrecuperable, los No Muertos campan a sus anchas por ella. Seguramente lo estáis siguiendo a el por que os ha prometido que buscará un sitio donde vivir mejor y empezar de cero. Un lugar donde recuperar vuestras vidas. Y no me cabe duda de que lo encontrará. Sin embargo… Hasta que eso ocurra podrían pasar días, semanas, meses… Años. Muchos de vosotros es posible que no sobreviváis tanto tiempo.
—¿Qué es lo que pretendes?— le pregunté a Carlos, pero este no me respondió. Siguió hablando.
—Yo he venido aquí para proponeros que quien quiera seguirme que lo haga. Yo se de un lugar muy similar a este. Un lugar donde podréis empezar de cero y recuperar vuestras vidas. No es un lugar que esté cerca, pero os aseguro que yo si se a donde voy y lo que quiero. Por eso, sois libres de venir conmigo. Podríamos estar allí en unos días.
A mis espaldas escuché a la gente comenzar a murmurar. Incluso algunos comenzaron a pasar para unirse a Carlos. Una de ellas, una de los primeros fue la periodista Tina Morales, seguida de Butch.
—¿Qué coño estás haciendo?— preguntó Johana.
—El sabe muy bien a donde quiere ir. Yo me largo con el.
—¿Y a donde pretendes llevarles?— le pregunté a mi hermano.
—A Las Vegas. Por supuesto.
La revelación de mi hermano hizo que surgieran nuevos murmullos y que más gente pasara a su lado. Yo no pude evitar comenzar a tratar de convencer a los otros que eso no era buena idea. –Puede que allí tengan recursos, pero el que manda allí es un verdadero monstruo. No os dejará pasar. Os mataran.
—Y si van contigo morirán. Yo les estoy ofreciendo la oportunidad que no puedes ofrecerles tu a corto plazo.
En ese momento vi a Sandra pasarse a su lado mientras tiraba de su perro. Cuando estuvo junto a mi hermano me miró. –Lo siento, pero yo ya estoy harta de ir de un sitio a otro. Yo no dudo que algún día encuentres ese lugar, pero yo no estaré ahí para verlo.
Entonces vi a Alicia que caminaba con el bebé en brazos dispuesta a pasarse al otro lado, David salió detrás de ella. —¿Qué estas haciendo? No puedes irte con el.
—Solo estoy aceptando su propuesta. Se la clase de persona que es, pero ahora mismo su idea me parece la más razonable— Alicia se soltó de David y se plantó junto a Carlos.
David me miró. –No puedo dejar que se vaya ella sola con el. No puedo dejar así a mi familia… Lo siento…— David también se plantó junto a Carlos.
—¿Nadie más?— preguntó mi hermano. –No rechazaré a nadie.
Varias personas más se pasaron a su lado y yo me sentí derrotado. Mi hermano estaba dividiendo al grupo. Sentí tanta rabia que caminé hacia el con los puños cerrados con la intención de darle una paliza, pero entonces vi como Butch me apuntaba directamente a la cabeza.
—Quieto ahí. Déjalo estar y acéptalo capullo. No puedes obligar a nadie a quedarse a tú lado.
En ese momento David se puso delante de mí agarrándome de los hombros. –Yo cuidaré de los nuestros, pero ahora no hagas nada. No empeores esto… Y no nos guardes rencor.
En ese momento me di la vuelta, miré a los que habían decidido quedarse y luego miré a uno de los autobuses escolares. –Necesitareis un transporte— me había rendido. Había jurado que la próxima vez que viera  a mi hermano lo mataría, pero una vez más no estaba teniendo agallas para hacerlo. Ese acto podría hacer que más gente se pasara a su lado. –Vosotros ganáis. Podéis iros. Podéis coger la mitad de todo lo que tenemos.
Los del bando de mi hermano comenzaron a desfilar por nuestro lado bajo la débil lluvia que se nos había quedado acompañando.
Cuando ya habían cogido su parte y se habían subido al autobús que les había cedido. El vehículo comenzó a alejarse de allí. Ninguno de ellos salvo David volvió la vista atrás. Cuando su autobús desapareció, yo me dejé caer de rodillas, lloré y golpeé el suelo. Entonces noté una mano en mi espalda, alcé la cabeza y vi a Diana. Está entonces se agachó y me puso las manos en las mejillas, seguidamente se nos acercó Eva.
—Tenemos que irnos Juanma.

Yo asentí y caminé hacia los autobuses. La gente comenzó a ocupar sus puestos. Seguidamente los dos autobuses comenzaron a alejarse. Yo volví la mirada atrás y vi el cuerpo de Parker en el suelo cubierto con una manta. Y detrás de el, lo que había sido nuestra casa hasta ese momento. Nuestra lucha por la supervivencia volvía a comenzar.

sábado, 13 de junio de 2015

NECROWORLD Capitulo 79

Día 24 de Enero de 2010
Día 581 del Apocalipsis…
Bloque de apartamentos…
10:45 de la mañana…

La ambulancia cruzó las puertas del garaje y terminó aparcada junto a uno de los autobuses escolares. Bajé de ella rápidamente y enseguida me vi asaltado por Eva y Vicky. Las cuales aparecieron rápidamente. Las dos se abrazaron a mí.
—¿Qué ha pasado? Hemos escuchado una fuerte explosión. Creíamos que os había pasado algo— dijo Eva apartándose un poco de mi para poder mirarme.
—Estamos bien, pero la explosión fue en el Garden— respondí al mismo tiempo que Butch y Mike salían de la ambulancia. Eva se los quedó mirando. –Nos encontramos con ellos por casualidad.
—Oye gran jefe— dijo Butch —¿Me puedes decir donde puedo encontrar un baño en el que pueda cagar. Llevo aguantándome las ganas desde que salimos de nuestra madriguera— en ese momento vio a Johana. –Hombre Johana. Pensaba que no volvería a verte.
—Escuchad. Hay que distribuir todo lo que hemos traído entre los autobuses. Al igual que los alimentos, mantas y ropa de abrigo. Por otro lado quiero que en todo momento, cada uno lleve un arma, me refiero a una pistola. Por lo que pueda pasar. Yo voy a contarles el plan a Butch y a Mike.
—Empiezas a parecer un disco rayado contando el plan a todos. Yo que tu iría pensando en dejarlo grabado en una grabadora o algo— dijo en ese momento Juan. El cual acababa de bajar de los apartamentos. –Me alegro de ver que os ha ido bien.
—Vosotros tampoco habéis tenido problemas por lo que veo— respondí. –Me alegro. Luego más tarde convocaré una reunión con todos los que estamos aquí. Será mañana por la mañana cuando iniciamos el ataque. Quiero que descanséis y comáis.
—Bien. Tengo ganas de dar caña a esos cabrones. Me alegro de que mañana sea el gran día— respondió Juan. –Y luego diremos adiós a la ciudad. Un día completo.
En ese  momento se me ocurrió una idea y me acerqué a Juan. —¿Sería posible que te adelantaras? Me refiero a ir hasta donde están Sandra y los otros. Hay que avisarles de cuando será el ataque. No tienen ni idea.
—No hay problema. Si salgo ahora llegaré en unas dos o tres horas aproximadamente. Puede que menos si no me pierdo— respondió Juan.
—No se perderá si voy con el. Me conozco muy bien los túneles— dijo en ese momento Sheila entrando en la conversación. –Si le acompaño llegaremos antes.
Juan y yo nos miramos. Luego la miré a ella. –Muy bien, pero tened cuidado.
Ambos. Juan y Sheila comenzaron a alejarse en dirección a la alcantarilla mientras los demás iban haciendo lo que les había dicho. Distribuyendo armas, comida, mantas y topa de abrigo entre los tres autobuses. Obviamente había gente del grupo que no estaba allí. A los que más me sorprendió no ver fue a mi hermano y a Eva. Ninguno de los dos estaba allí, lo que hizo que tuviera un mal presentimiento. Entonces comencé a correr en dirección a mi apartamento.
*****

Eva estaba sola en el apartamento, metida en la cocina preparando otra mochila con latas de conserva. Aun había muchas. En ese momento escuchó un ruido, pero no le hizo demasiado caso, seguramente había sido alguien del grupo que había entrado a por algo. Siguió con su tarea hasta que escuchó una voz familiar a sus espaldas.
—Lo que podríamos haber tenido tu y yo y que desgraciadamente no ha podido ser.
Eva se dio la vuelta y se encontró con Carlos, el cual dio unos pasos y entró en la cocina, seguidamente cerró la puerta detrás de el. Entonces se llevó un dedo a los labios.
Eva rápidamente se llevó la mano a la cintura esperando encontrar su pistola, pero no estaba, entonces recordó que la había dejado en el salón sobre una de las mesas.
—Aléjate de mí— dijo Eva. –Si no te vas…
—¿Qué harás? ¿Gritarás?— preguntó Carlos. –No armes escándalos innecesarios— Eva entonces quiso pedir ayuda, pero antes de que pudiera gritar, Carlos se lanzó sobre ella y le tapó la boca con la mano. Eva intentó zafarse, pero Carlos era demasiado fuerte para ella, la presa que ejercía sobre ella inmovilizándola, era brutal . Entonces se acercó más a ella. –Nadie podrá ayudarte ahora. Cállate, necesito hablar contigo. No voy a hacerte daño, te recuerdo que llevas a mi hijo en tus entrañas. Y yo a ti jamás te haría daño. Lo único que quiero es volver a sentir tu calor.
En ese momento Eva sintió como la mano de Carlos acariciaba sus muslos y se iba directamente a su pubis. Notó como este llevaba la mano hasta su vientre y luego la deslizaba dentro del pantalón, no tardó en empezar a palpar su vagina, introduciéndole en ese momento dos de sus dedos.
—Se que lo estás deseando. Y yo también… Y lo ocurrido hoy en el Garden me ha puesto cachondo perdido— En ese momento retiró la mano y le dio la vuelta y la tumbó sobre la mesa de la cocina mientras comenzaba a quitarle los pantalones y las bragas. El también comenzó a quitarse los suyos. –No te resistas y deja que ocurra. Será rápido.
*****
Llegué al apartamento de David a toda velocidad. Entré cruzando la puerta y vi a Vicky con Cristian. Yuriko estaba doblando unas mantas.
—¿Habéis visto a Eva?— pregunté casi en un balbuceo. Yuriko negó con la cabeza.
Salí del apartamento de David. En el de Sheila y Rachel no estaba, así que solo podía estar en un lugar. Corrí hacia mi apartamento y traté de abrir la puerta, esta no se movió, estaba cerrada desde dentro con llave. Entonces me imaginé lo peor. Me alejé unos pasos y entonces con el pie por delante me lancé contra la puerta haciendo que esta se abriera con un golpe seco. Me lancé hacia el interior y escuché un ruido que venía de la cocina, sin pensármelo dos veces corrí hacia ella y abrí la puerta. Entonces los vi.
Carlos estaba sobre Eva. Ninguno de los dos llevaba pantalones, y la expresión de Eva era de rendición con lágrimas en los ojos mientras Carlos la inmovilizaba.
No se lo que me ocurrió. Lancé un grito y entonces me lancé contra mi hermano totalmente furioso, lo agarré por el cuello de la camisa y tiré de el con todas mis fuerzas. Lo lancé contra la nevera y luego yo me lancé contra el para propinarle un puñetazo, este lo esquivó y yo estrellé mi puño contra la puerta superior de la nevera, sintiendo un dolor agudo. Momento que mi hermano aprovechó para agarrarme y comenzar a propinarme varios puñetazos en el costado. Ambos caímos sobre la mesa donde segundos antes había estado Eva. Rodamos sobre ella y caímos al suelo. Yo caí de espaldas y mi hermano sobre mí. Intenté incorporarme, pero el me agarró la cabeza con ambas manos y me la estampó primero contra la pata de la mesa, luego contra la pared y finalmente contra el suelo. Sentí como si estuviera a punto de perder el conocimiento.
—Esta es la última vez que te metes en mi camino. Deja de joderme la vida— dijo mi hermano dándome varios puñetazos en la cara.
No se como conseguí alzar la rodilla y asestarle un rodillazo en la entre pierna, pero este lanzó un grito de dolor cuando ocurrió. Agarré su cabeza con ambas manos y le propiné un cabezazo en plena cara. El cayó hacia atrás y yo me arrastré fuera de su alcancé mientras buscaba en mi cintura la pistola que aun llevaba encima. Cuando la agarré, desenfundé rápidamente y apunté a mi hermano con intención de disparar a pesar del mareo que llevaba encima.
Disparé tres veces y ninguna de ellas acerté. Las tres balas acabaron incrustadas en los muebles de la cocina mientras mi hermano a duras penas salía de la cocina. Me levanté lo más rápido que pude para ir tras el. Salí al salón y de repente mi hermano apareció de repente asestándome un golpe con una silla. Caí al suelo perdiendo la pistola. Entonces sentí una fuerte patada en el estomago, tan fuerte que noté que me quedaba sin respiración. Cuando quise darme cuenta, mi hermano estaba de pie a mi lado, con uno de sus pies pisándome el pecho y apuntándome con mi pistola.
—Aquí se acaba tu vida. Lo siento hermanito— entonces mi hermano apretó el gatillo, pero ninguna bala salió del arma. Esta se le había encasquillado. –Joder… Mierda— comenzó a trastear con el arma para intentar que funcionara correctamente, pero entonces comenzaron a escucharse voces en el pasillo.
Los demás que seguramente habían escuchado el ruido y los disparos que yo había efectuado habían acudido rápidamente. Mi hermano asaltado por el pánico comenzó a mirar en todas direcciones, seguidamente se alejó hacia la ventana, la abrió y salió por ella. Desapareciendo en la escalera de incendios bajo la lluvia. Segundos más tarde apareció David en la puerta seguido por todos los demás.
David se apresuró a ayudarme a incorporarme mientras otros entraban en la cocina para comprobar el estado de Eva.
—¿Qué ha pasado?— preguntó David, pero yo no respondí. Me puse de pie y apartando a todos fui directo a la cocina donde me encontré a Eva en el suelo en un rincón mientras era atendida por Alicia.
Me fui acercando mientras las lágrimas comenzaban a surgir en mis ojos. Me arrodillé ante ella y seguidamente la abracé. –Lo siento. Todo es culpa mía, si no lo hubiese dejado. Si lo hubiese cargado cuando tenía que haberlo hecho. El no te habría…
Entonces sentí las manos de Eva en mi cara. –Estoy bien. Llegaste justo a tiempo— En ese momento nos abrazamos sin dejar de llorar.
Afortunadamente no había pasado nada, pero pensar que de haber tardado más podría haber violado a Eva, me mataba. Eso no habría sucedido si no hubiese decidido darle esa oportunidad. Yo era el responsable.
Mike entró en la cocina en ese momento. –Lo hemos perdido en las calles. No sabemos donde está, pero va desarmado. No podrá llegar muy lejos así.
Pero Mike se equivocaba. Sabía muy bien como se las arreglaba mi hermano y sabía muy bien que no iba a morir así como así. El iba a seguir al acecho, esperando a poder volver a por más. A volver a por Eva. No nos dejaría en paz.
Minutos después María me comenzó a curar las heridas. Afortunadamente Eva no había sufrido daños, solo había que tenido que tomarse un par de valerianas para quitarse los nervios producidos por el susto.
—Te ha dado una buena ese chico. Esto te va a doler— en ese momento María me echó alcohol sobre la herida que tenía en la cabeza. Yo reprimí el grito de dolor.
—Ese chico es mi hermano. Al menos lo era— respondí. –Uno más de esos casos de gente que tras el fin del mundo pierde el norte.
—Antes de nuestro encuentro. Mucho antes estuvimos en un grupo más grande a las afueras de Atlanta. Todo iba bien. No pasábamos hambre ni frio. Nos dirigía un hombre. Su nombre era Kevin Lomax. Un buen tipo en apariencias. Al menos así es como se mostraba al principio. Tras el primer mes… — hizo una pausa para ponerme el primer punto. —… Tras el primer mes algo cambió y no nos dimos cuenta. Una chica del campamento desapareció. Había dejado una carta donde decía que se había marchado para intentar encontrar a su familia. Todos creímos en ello y por supuesto nadie hizo preguntas… Hasta que desapareció otra chica…
—Creo que ya se por donde van los tiros— dije antes de sentir una punzada de dolor con el segundo punto.
—Cuando desapareció la segunda chica la gente del grupo comenzó a murmurar. Hablaban del extraño comportamiento de Kevin con la desaparición de las chicas. Tenía una gran habilidad para tener siempre una respuesta para todo… Y para la caza. Un día cuando volvíamos a estar faltos de carne… Desapareció una tercera chica y la alarma saltó entre la gente del grupo. Como siempre, Lomax tenía explicaciones para todo. Una noche, mi hermano, el cual ya no está entre nosotros, lo siguió al bosque y vio como primero violaba a una de las chicas del campamento, la asesinaba y luego la iba descuartizando. Metiendo brazos y piernas en una bolsa. Ese cabrón era un loco que asesinaba a chicas tras violarlas y luego nos las daba de comer. No se cuanto tiempo estuvimos comiendo carne humana.
—¿Sigue vivo? Me refiero al tal Lomax…
—No lo sabemos. Nosotros nos marchamos después. Puede que siga vivo y puede que no. Espero que ese cabrón haya encontrado una muerte lenta y dolorosa— En ese momento María terminó de ponerme los puntos. –Esto ya está. Como nuevo.
—Gracias— respondí.
—Gracias a ti por acogernos en tu grupo. No nos quedaba demasiado cuando nos encontramos. Cuando todo comenzó a ocurrir salimos de Ciudad de México para cruzar la frontera. Esperando que las cosas fueran mejor aquí. Nunca desde entonces habíamos tenido suerte con otras personas. Perdí a muchos familiares por el camino. Ahora veo que aquí en este grupo tenemos una posibilidad— dijo María.
—Yo también he perdido a mucha gente. Demasiada, ningún grupo está a salvo realmente. Siempre habrá problemas y siempre perderemos a alguien.
—Lo se. Pero creo sinceramente que en este grupo nuestra esperanza de vida se alargará— respondió María. –Lo pienso de verdad.
María estaba mostrando tener fe en que permaneciendo con nosotros todo iría mejor. Sin embargo yo empezaba a tener dudas, tenía malos presentimientos sobre como terminaría el ataque. Esas cosas no suelen acabar bien del todo para nadie.

Manhattan… Túneles…
13:00 horas del medio día…

Mouse golpeó de nuevo al profesor y este cayó de lado tosiendo, enseguida escupió varios dientes bañados en sangre y saliva. Mouse lo agarró de nuevo y volvió a preguntar.
—No te lo repetiré más. ¿Por qué has matado a esa chica? No tenias el por que hacerlo— dos puñetazos más tumbaron al profesor que desde que había comenzado la tortura no había dicho nada. A pesar de que Mouse se había esmerado en intentar sacarle la verdad.
Mouse estaba recordando sus viejos tiempos. Aquella vez que fue el encargado de torturar a personas acusadas de cualquier cosa. El ejercito y la policía especialmente eran los que contrataban sus servicios, por que el era el mejor. Algo que dejó para siempre, o eso creía. En esos momentos lo invadía la ira, quería sacarle la verdad, quería saber el porque había acabado con la vida de la muchacha, pero no lo estaba consiguiendo.
—¡¡¡¡¡Habla de una puta vez!!!!!— le gritó Mouse al profesor, pero este siguió mudo. –Muy bien. Tu lo has querido así— Mouse agarró al profesor y lo llevo a rastras hasta el borde del agua. Una vez allí le hundió la cabeza, esperó un poco y cuando comenzó a bracear el profesor, le sacó la cabeza.
—…O no ui…— balbuceó entonces el profesor mientras tosía agua sucia y sangre.
Mouse se quedó escuchando. —¿Yo no fui? Respuesta incorrecta— volvió a hundir la cabeza del profesor y repitió lo mismo de antes varias veces más. –Sabes que quiero la verdad. Solo así es posible que te perdone la vida, solo puedes haber sido tú. Dime que fuiste tú y perdonaré tu miserable vida…¡¡¡Dilo!!! ¿Por qué la mataste?
*****

Ni Sandra ni los niños veían lo que estaba haciendo Mouse con aquel profesor, pero podían escucharlo. Escuchaban las voces que daba Mouse, eran tan altas que Sandra temía que los descubriesen. Mouse se estaba excediendo y estaba poniendo en peligro a todos. Sandra se estaba planteando seriamente en ir personalmente y terminar con aquello.
—Quiero que pare— dijo en ese momento Rebeca tapándose los oídos. Sandra se acercó a ella y la abrazó con fuerza. Se fijo que había más niños en la misma situación. Todos se estaban tapando los oídos para no escuchar lo que estaba pasando, todos menos uno.
Ese niño que permanecía en silencio y con la mirada perdida hacia la oscuridad. Sandra le acarició el cabello a Rebeca y le pidió que se calmara. Seguidamente se acercó al niño, este la miró y le sonrió.
—¿Cómo te llamas?
—Andy— respondió el niño. —¿Qué crees que le está haciendo?
Sandra alzó la vista en la dirección en la que venían los golpes y la voz de Mouse. –No lo se… Puede que le esté pegando para que diga la verdad. Tú no deberías estar escuchando eso. ¿Por qué no vas con tus amigos?
—Ese hombre es mala persona y un mal profesor. Merece que lo maten— dijo Andy volviendo a mirar hacia la oscuridad. –Bebía mucho y nos pegaba a veces a los alumnos.
Sandra no se esperaba para nada esa frialdad en un niño de esa edad. Aunque se podía imaginar que ese niño había visto cosas terribles. Como todos al fin y al cabo, aunque ese niño mostraba una expresión extraña. Casi como si estuviera disfrutando de lo que escuchaba. Sandra escuchó en ese momento un grito desgarrador y quiso llevarse de allí a Andy, pero cuando lo tocó. Este se revolvió y le lanzó una mirada.
—No vuelvas a tocarme puta de mierda.
Sandra no se esperaba para nada aquella reacción. Y mucho menos la mirada que aquel niño le dedicó. La encontró fría y cargada de odio.
*****

Mouse retiró la cabeza del profesor de debajo del agua y se dio cuenta de que no respiraba. Intentó reanimarlo varias veces dándole golpes en el pecho. Seguramente se había pasado y lo había ahogado.
—Vamos hijo de puta. Respira… ¡¡¡¡Respira!!!!
—¿Mouse?— la voz conocida de Sheila le hizo alzar la cabeza. Cuando lo hizo se encontró cara a cara con Sheila y otro hombre de aspecto fuerte. Ambos lo miraban sorprendidos. —¿Qué estás haciendo?— preguntó nuevamente Sheila.
—Este cabrón es un asesino. Mató a una chica. Yo solo trataba de sacarle la verdad— respondió Mouse mientras veía como el hombre que había llegado junto a Sheila se acercaba para tomarle el pulso al profesor. Cuando lo hizo miró a Mouse y luego a Sheila.
—Este está muerto— miró a Mouse. –Me temo que te has excedido un poco. Le has dejado la cara hecha un Cristo.
—¿Qué hacéis vosotros aquí?— preguntó Mouse mirando a ambos. –No esperábamos a nadie.
—Nos ha mandado Juanma. Quiere que os digamos que mañana por la mañana comenzará el ataque. Vinimos para avisaros. Sabremos que tenemos que movernos en esta dirección cuando comiencen los disparos. Sheila llevará a los niños hasta los autobuses mientras tú y yo nos unimos al grupo de ataque y distracción. Supongo que ya sabes de qué va la cosa. Por cierto, me llamo Juan— entonces se agachó, desenvainó el cuchillo y lo hundió en la cabeza del cadáver del profesor. Sheila y Mouse lo miraron extrañados. –Por si acaso.

Manhattan… Bloque de apartamentos…
18:45 de la tarde…

Estaba anocheciendo y parecía que la tormenta estaba amainando. Yo me encontraba frente a una de las ventanas mientras sostenía un vaso donde se estaba diluyendo una aspirina efervescente para el dolor. Tras la pelea había llevado a Eva a acostarse y yo aunque dolorido había ido a seguir trazando el mapa, después había decidido descansar observando la lluvia. No podía evitar echarme las culpas de lo ocurrido, por que evidentemente había sido únicamente culpa mía.
Alicia entró en el apartamento y pasó por detrás de mí en dirección a la habitación. Me di la vuelta y la miré. Vi que llevaba una bandeja y sobre ella una taza de café y varias tostadas en las que había untada mermelada. –Eva duerme— le dije.
—Lo se. Pero le traía esto para cuando se despierte— respondió Alicia.
Miré el vaso y vi que la aspirina había desaparecido, entonces me lo bebí de un trago para evitar notar demasiado el sabor amargo de esta. Dejé el vaso sobre la mesa y me acerqué a Alicia. –Yo se lo llevaré.
—¿Qué es lo que te pasa? Confiaste en tu hermano a sabiendas de que no se podía. Y luego hace esto. No deberías haberlo traído hasta aquí. Simplemente. ¿Ahora vas a proteger a Eva de todos? Prácticamente se la serviste en bandeja. Te confiaste demasiado y ya deberías haber aprendido de ello.
—Me confié por que es mi hermano. Creí que podía hacer que volviera a ser el que era. Pero ya está perdido… La próxima vez que vuelva a verlo acabaré con el. Ni siquiera me lo pensaré. No dejaré que os haga daño a ninguno, ni siquiera dejaré que se os acerque.
—Estuvo hablando conmigo durante la noche— declaró en ese momento Alicia.
—¿Y que te dijo?— pregunté sorprendido.
—Nada importante. Se dedicó a hablarme de la diferencia entre la vida y la muerte. Me habló de que yo tengo un hijo del que preocuparme y que no debería arriesgar su vida vagando por ahí como tú propones. Esperando a encontrar un lugar donde establecernos. Me dijo que el si sabía de un lugar en el que vivir tranquilos y seguros.
—¿Qué lugar?— pregunté. —¿Te lo dijo?
—No me dijo más. Solo dijo eso… Y creo que tenía razón…— respondió Alicia.
—¿Cómo puedes confiar en mi hermano después de lo que ha hecho?— pregunté –El no sabe nada. Ese lugar que dice no existe. ¿Acaso no confías en mí?
—Claro que confío en ti, pero es evidente que no sabes a donde ir. Simplemente quieres confiar en la suerte de encontrar un lugar en el que establecernos y vivir. Sin embargo tu hermano si que parece que sabe lo que quiere hacer. Al menos cuando estaba aquí. No se… Mira, da igual. Voy a descansar, mañana será un día largo.
Alicia se marchó de mi casa y yo me quedé solo en el salón. Me dejé caer en el sillón y me llevé las manos a la cabeza. Sentía que estaba perdiendo la confianza de los míos, y tampoco les faltaba razón. Hasta ese momento nada de lo que habíamos intentado nos había salido bien. Todo, absolutamente todo nos había salido mal y lo peor de todo era que se había pagado con vidas humanas. Recordé con tristeza que los únicos que quedábamos del grupo inicial éramos Alicia, David y yo. Y del grupo que sobrevivimos en Madrid tampoco quedábamos muchos. Eva, Vicky, Sandra y Cristian además de nosotros. Luci estaba en paradero desconocido de camino a Las Vegas o incluso ya estaría allí en las garras de Dorian. Ese era otro asunto que iba a solucionar, cuando pusiera a todos los demás a salvo, escogería un grupo con el que ir a Las Vegas para terminar lo que empecé y salvar a Luci si es que todavía seguía viva.
Apoyé la cabeza en un costado del sillón y cerré los ojos, quedándome dormido al instante. Tuve sueños en los que me volvía a encontrar en Puzol, aunque las casas, todas estaban en llamas y derritiéndose como si fueran cera. Sentía el olor de la carne descompuesta ardiendo, y entonces escuché una voz que me llamaba por mi nombre. Seguí la voz y entonces en lo alto de una especie de montículo en llamas vi a mis padres y a mi otro hermano de pie. Entonces se escuchaban disparos y estos caían abatidos sobre las llamas, enseguida comenzaban a derretirse como si fuesen muñecos de cera, dejando al descubierto sus calaveras. Entonces sentí una presencia a mis espaldas, cuando me di la vuelta me encontré cara a cara con mi hermano. Fue cuando sentí un fuerte dolor en el vientre, miré y vi como mi hermano me había clavado un gran cuchillo. La sangre que manaba de la herida comenzó a chorrear empapando mi ropa.
—Bienvenido a mi infierno hermanito— dijo mi hermano con tono cruel. –Aquí te quedarás para siempre.
En ese momento mi sangre se encendió como si fuera gasolina y las llamas me envolvieron, provocándome calor y gran dolor mientras escuchaba las carcajadas de mi hermano, el cual en esos momentos parecía haber aumentado en tamaño y parecía mirarme desde arriba. Entonces la visión cambió y vi a Eva mirándome, su vista estaba clavada en mi y en sus brazos sostenía  un bebé que se agitaba y arañaba su cara con las uñas podridas. En su vientre pude ver una mancha de sangre, era como si le hubiesen provocado un corte.
Un trueno me despertó de golpe y alcé la cabeza. Volvía a estar en mi apartamento, totalmente a oscuras. Miré mi reloj y vi que ya eran las nueve de la noche. Me levanté todavía con las imágenes de esa pesadilla en la mente. Me asomé a la habitación y comprobé que Eva seguía durmiendo. No quería despertarla, pero aun así entré casi de puntillas. Me acerqué a la cama y entonces escuché la voz de Eva.
—Estoy despierta. Hace rato que lo estoy…
Yo avancé hasta que me senté en la cama junto a ella. –No dejo de pensar en lo ocurrido con mi hermano. Yo soy el único responsable de ello. Nunca debí dejar que se quedara… Y mucho menos confiar en que estaría de nuestro lado. Te he puesto en peligro. Os he puesto a todos. Conoce nuestro plan y nada le impide ahora poner en sobre aviso a la gente de El Bebé. Como venganza
—Puede que lo haga y puede que no— respondió Eva. –Eso no impide que el plan se lleve a cabo. Afortunadamente no llegó a pasarme nada a mí tampoco.
—Pero podría haber sucedido— dije dándome la vuelta para mirarla. –Aun así, te juro desde este mismo momento que el para mi ha dejado de ser mi hermano… Por eso, la próxima vez que lo vea no dudaré en matarle.

Manhattan…
Madison Square Garden…

Carlos llegó al gran estadio. De este aun surgía una columna de humo a causa de la explosión de la mañana. La lluvia no había dejado que el incendio se propagara por el resto del edificio. Entró por la puerta que había entrado aquella misma mañana y recorrió el mismo camino que había recorrido hasta el lugar de la explosión. Una vez allí le asaltó el olor de cuerpos quemados y de sangre. Incluso pisó lo que parecía una oreja calcinada. Entonces escuchó unos murmullos entre los cascotes. Siguió caminando y vio al tipo rubio sentado en el suelo y apoyado a la pared, su pelo rubio había cambiado a un color marrón, una mezcla de polvo y sangre. El tipo lo miró y Carlos retrocedió cuando vio que tenía un fusil en las manos, pero cuando vio que no lo alzaba volvió a acercarse mientras ese hombre murmuraba algo en alemán. No parecía tener mucho sentido lo que decía, seguramente estaba delirando.
—Los escorias me dais un asco tremendo, pero debo admitir que sois muy resistentes. Tu al menos sigues vivo— dijo Carlos observando los cuerpos de los demás. Entonces se fijó en uno de los cadáveres, el más cercano al herido. Este cuerpo tenía un agujero en la cabeza, lo que hizo que Carlos soltara una carcajada. –No me jodas. A ver, déjame ver. –Carlos comenzó a inspeccionar las heridas del miembro de la guerrilla que seguía vivo, hasta que encontró lo que buscaba, lo encontró en su costado. Se trataba de un mordisco. –Te ha dado un buen mordisco. Por eso estás así, has perdido algunos dedos, pero no deliras por eso. Estás delirando por que la infección comienza a extenderse por tu cuerpo. Pueden quedarte un par de horas como mucho. No te preocupes, aunque os deteste a ti y a los tuyos te haré el favor de no dejar que te conviertas en un caminante. Soy alguien generoso después de todo— Carlos agarró del pelo al tipo y este le dijo algo mirándole directamente, pero lo dijo en alemán –No se que es lo que me has dicho, pero seguro que es algo encantador— Carlos apretó la cabeza de aquel hombre contra su pecho mientras cogía la pistola que este llevaba en su cintura, seguidamente la acercaba a la sien de este y apretó el gatillo.
La bala atravesó la cabeza del miembro de la guerrilla que había dirigido todo el ataque a Manhattan. Seguidamente Carlos lo empujó para alejarlo de el y luego lo registró para ver que más llevaba además de la pistola y el fusil que todavía sujetaba con su mano sana. Carlos había regresado al Madison Square Garden. Sabía que quizás no dentro de la sala donde había hecho detonar la bomba, pero sabía que los tipos aun debían conservar las suyas, la explosión no los había alcanzado de lleno, no al menos a los que vieron en principio. Ahora ya tenía lo que necesitaba, aun no había dicho su ultima palabra en todo el asunto, aun le quedaba algo por hacer.

Día 25 de Enero de 2010
Día 582 del Apocalipsis…
08:00 de la mañana…

La noche había pasado rápidamente. Con las primeras horas del amanecer habíamos comenzado a movilizarnos en el garaje para partir. Había vuelto a comenzar a llover con fuerza. En unas pocas horas si todo salía bien, estaríamos alejándonos de Manhattan con los rehenes rescatados. ¿Dirección y lugar al que dirigirnos? Eso era algo que todavía no sabíamos ninguno de nosotros. Todos comenzamos a subir a los autobuses, David, Rachel y yo íbamos en uno, cuando llegáramos a la calle donde se quedarían, los tres bajaríamos y entraríamos en las alcantarillas para salir por la boca de alcantarilla ubicada en el jardín de la iglesia para sacar a los rehenes de dentro mientras los captores estaban ocupados con el tiroteo.
Los tres autobuses salieron del garaje y Rachel comenzó a dar indicaciones, nos cruzamos con varios caminantes. Eran pocos y no eran un problema, aunque era evidente que cuando el ruido comenzase, todos los de la ciudad acudirían al punto exacto, al menos los que se quedaran en los autobuses esperando estarían a salvo. Los que más peligro correrían seriamos los demás, ya que estábamos más expuestos para cuando llegaran las hordas de No Muertos.

08:30

Llegamos a la calle indicada. La iglesia estaba a un par de calles de nosotros. Si nos asomábamos a una de las calles podíamos verla. Comencé a dar indicaciones al grupo de ataque de distracción, los cuales comenzaron a avanzar por las calles en dirección a la iglesia. Por nuestra parte, David, Rachel y yo entramos en las alcantarillas y avanzamos hasta que nos encontramos con Juan, Sheila, Mouse, Sandra y los niños.
—Muy bien. Sheila y Sandra, comenzad a trasladar a los niños. Juan, Mouse, necesito que vosotros ocupéis posiciones en la superficie. Cuando estéis organizados quiero que disparéis un par de veces al aire. Eso atraerá a los de dentro. Exigidles que liberen a los rehenes. Se negarán, no los entregaran. De hecho os atacarán. Esa será nuestra señal para comenzar nuestra parte— les expliqué.
Todos estuvieron de acuerdo y comenzaron las despedidas. Vi como Sheila y Rachel tenían una despedida un tanto fría. Antes de irse miré a Juan.
—¿Qué ocurre? ¿Algo que decirme?
—Es una pregunta más bien— le respondí. —¿Crees que hoy los dioses están de nuestro lado?
Juan sonrió. –Los dioses siempre están de nuestro lado. Solo hay que saber cuando tenerlos contentos. Esto es una de esas cosas. Todo saldrá bien. Ahora vamos.
Mientras David, Rachel y yo tomamos posiciones mientras Juan y Mouse subían a la superficie.
*****
Juan y Mouse tomaron posiciones y fue precisamente Juan quien disparó al aire. No tardaron en abrirse un par de ventanas de la iglesia. Cuando se abrieron, Juan comenzó a hablar.
—Hemos venido a por los rehenes que tenéis. Dejadlos ir y nadie saldrá herido.
La respuesta a Juan no tardó en llegar, pero lo hizo en forma de bala que acabó estrellándose a su lado. No tardaron en abrirse más ventanas en la iglesia de las que se asomaban los cañones de varios fusiles.
—Parece que la negociación a sido corta— dijo Mouse mirando a Juan.
—Comienza el baile— Juan se asomó y al mismo tiempo que disparaba ordenó el fuego.

*****
El sonido de los disparos nos hizo que nos miráramos. Era el momento de salir al jardín y rescatar a los nuestros.
—Que nada haga que os echéis atrás. Ya sabéis a lo que hemos venido. Tenemos que sacarles de ahí y largarnos a toda velocidad. Y no abandonéis las coberturas a menos que sea estrictamente necesario. ¿Queda claro?

David y Rachel asintieron. Entonces miré hacia arriba, puse mis manos en la tapa y empujé hacia arriba dejando que el agua de la lluvia me empapara al mismo tiempo que el sonido del tiroteo se hacía más audible.