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sábado, 7 de noviembre de 2015

NECROWORLD Capitulo 94

Día 20 de Abril de 2010
Día 661 del Apocalipsis
Bosque… 00:20…

Yuriko, Juan y yo habíamos sido obligados a arrodillarnos mientras aquellos tres tipos hablaban sobre lo que hacer con nosotros. No parecía que estuvieran decididos todavía.
—Deberíamos llevárselos a Alaric. Que el decida que hacer con ellos, está claro que son de ese grupo de recién llegados. Acabemos con esto.
—¿No se supone que nuestro trabajo es impedir que esta gente y los de la aldea salgan de ella cuando les apetece? Si se los llevamos a Alaric, este pondrá nuestras cabezas en una pica. Yo sugiero que nos los carguemos aquí y ahora y nos deshagamos de los cadáveres. Lo tenemos extremadamente fácil.
—¿Y que hacemos con ella?— preguntó el que estaba reteniendo a Yuriko. –Estoy harto de esperar a la ofrenda. Siempre nos dicen que pronto y nunca llega. Estoy harto de esperar. Quiero tirarme a este rollito de primavera.
Me los quedé mirando mientras discutían. No entendía nada de lo que estaban hablando. ¿Qué era eso de la ofrenda? Entonces me fijé en Juan. Me estaba haciendo señas, quería que mirara a mi derecha. Lo hice y vi una piedra de buen tamaño que cabía perfectamente en mi mano. Miré a mi izquierda y vi al que me retenía, no me estaba mirando. Con un rápido movimiento agarré la piedra y me lancé contra el tipo, seguidamente le golpeé con la piedra varias veces en la cabeza. Eso hizo que los otros dos me miraran, momento que Juan aprovechó para levantarse y golpear al que lo retenía a el, seguidamente le arrebató la ballesta y la usó para disparar al que retenía a Yuriko. La flecha salió disparada y se le incrustó a este en el pecho, haciéndolo caer de espaldas. Yuriko se lanzó sobre aquel tipo y comenzó a golpearle. Yo me acerqué a ella tras recoger nuestras armas y tiré de ella para alejarla de aquel tipo.
—Tenemos que largarnos de aquí. Antes de que lleguen más— le dije a Yuriko. Seguidamente los tres comenzamos a correr a través del bosque hasta que llegamos al muro de la aldea. Rápidamente lo saltamos y llegamos al otro lado, fue entonces cuando nos vimos enfocados por una linterna.
—¿Qué estabais haciendo vosotros fuera de la aldea? ¡¡¡Está prohibido salir de noche!!!— la voz era la de Malaquías. El hecho de que hubiésemos salido de la aldea lo estaba poniendo histérico. –Tengo unas normas. Unas normas que deben cumplirse, que todos deben cumplir. Ahora llegan unos nuevos y se las saltan a la torera. ¡¡¡Son mis normas!!!
Los gritos de Malaquías estaban atrayendo la atención de todos. Estaba despertando a la gente. Y todos estaban acudiendo a donde estábamos. La primera en llegar fue Johana.
—¿Qué está ocurriendo aquí?— preguntó Johana mirándonos a todos. Malaquías volvió a gritar totalmente fuera de si. –Cálmate un poco jefe Wigum. Quizás si te calmas podamos entender lo que está pasando aquí. Deja de gritar, estás despertando a la gente.
—¡¡¡Cállate ramera!!! ¿Te crees que no te he visto en el granero con unos y otros? Me das asco.
—Sigue así y el asco será el menor de tus problemas— le amenazó Johana mientras le apuntaba con el dedo.
En ese momento me abrí paso a través de ellos y miré a Malaquías. –Fuimos a comprobar algo importante y nos encontramos con tres tipos que estaban matando caminantes, cuando nos retuvieron hablaron de una ofrenda o de algo así. Tengo la sensación de que hablaban de algo relacionado contigo. También mencionaban a un tal Alaric— Entonces noté como Malaquías parecía ponerse tenso al mismo tiempo que iba llegando gente. Incluido Levine. —¿Te suena ese nombre?
—No se de que me estás hablando— respondió en ese momento Malaquías. Entonces miró a su gente. –Por favor. Iros a dormir, todo está bien. Mañana a primera hora rezaremos para agradecer que nuestros nuevos amigos aunque imprudentes estén bien.
La multitud comenzó a dispersarse para volver a sus casas, todos salvo mi grupo. Entonces volví a mirar a Malaquías. –Será mejor que seas sincero con nosotros.
—No se de que me estás hablando. Id a dormir. Mañana habrá que rezar para dar gracias por que estáis bien— sin decir nada más vimos como Malaquías volvía a su casa.
—Se ha puesto nervioso cuando has mencionado a ese tal Alaric. Oculta algo— dijo Juan.
—Habrá que tener los ojos bien abiertos y tendremos que tener bien vigilado a Malaquías. Ahora hay que ir a dormir. Descansad. Tu también Yuri— le dije a Yuriko finalmente.
Volví a la tienda que compartía con Eva y al entrar me encontré con su mirada de ojos azules. —¿Qué ha pasado con Malaquías? Sus gritos llegaban hasta aquí.
—Ocurrió algo en el bosque y cuando llegamos aquí nos la montó. Creo que nos oculta algo. Ahora mismo este lugar no me parece tan seguro como antes. Aun así iré con pies de plomo. Aquí hay algo raro, pero ya hablaré mañana con todos y expresaré lo que pienso y pediré opiniones a los demás.

Aldea Amish… 09:00 de la mañana…

Eva y yo salimos de la tienda cuando escuchamos la grabación del sonido de las campanas. Nada más salir vimos al resto de aldeanos que iban directos a la pequeña iglesia. Allí en la puerta vimos al padre Kaleb, el cual parecía bastante integrado. También vimos a Malaquías avanzando hasta la iglesia seguido por las mismas chicas que había visto ya varias veces con el.
—Parece todo bastante normal. ¿Crees de verdad que oculta algo? No parece peligroso.
—Se puso muy histérico cuando nos vio. Yo si creo que oculta algo— respondí. En ese momento me di cuenta de que Malaquías le hacía una señal a Diana. La cual como siempre estaba al cuidado de los niños. Esta le dijo algo a Vicky y seguidamente fue a hablar con nuestro anfitrión. Miré a Eva. –Échales un ojo a los niños. Voy a ver que es lo que le está diciendo a Diana.
Eché a correr y llegué junto a ellos. Malaquías volvió a ponerse tenso. Como si le molestara allí mi presencia. –Diana— le dije mirándola. –He visto que una de las vacas va a dar a luz. ¿Te interesa verlo? Ve y enseguida voy yo para ayudar a nacer al ternero.
Diana asintió con una sonrisa y se marchó olvidando por completo que Malaquías le quería decir algo. —¿Qué iba a decirle? Le recuerdo que habíamos hecho un trato, de mi grupo me encargaba yo.
—Y yo había puesto una norma muy clara. No salir de la aldea de noche— respondió Malaquías. –Y tú te la saltaste como te dio la gana. Es peligroso salir ahí fuera.
—¿Quiénes son esos tipos? Tuvimos que matar a tres hombres anoche. Se que lo sabe. Dígame la verdad— le exigí.
—Ahora debemos rezar. Te lo contaré todo esta noche. Ven a mi casa tu solo.
Malaquías se alejó de mí y entró en la pequeña iglesia. Cuando pasó junto al padre Kaleb me dio la impresión de que le dijo algo. La reacción del sacerdote fue mirarme y negar con la cabeza. Después de eso fui al establo donde me encontré con Diana y el dueño de la vaca que estaba a punto de dar a luz. Diana estaba allí como una niña pequeña esperando aquel pequeño milagro. Cuando llegué me miró con una sonrisa.
—Está a punto de nacer. Es la primera vez que lo veo. ¿Si es un chico podemos llamarle Paul? A mi hermano le gustaría.
—Díselo a… Perdón, no recuerdo su nombre.
—Me llamo Zacarías. Y me parece bien el nombre de Paul— respondió el hombre mientras se acariciaba la barba.
—¿Le queda mucho?— pregunté agachándome para acariciarle la cabeza a la vaca.
—Es cuestión de una o dos horas de que la cabeza empiece a asomar. No me importa si la chica se quiere quedar a verlo. Si algo necesitamos en esta vida es algo con lo que distraernos. Nunca se sabe cuando será nuestro último día.
—Usted… ¿Sabe algo de Malaquías? Me gustaría saber cosas sobre el. Creo que hay cosas bastante raras en el. Oculta cosas.
Zacarías me miró y se puso de pie. Me cogió del brazo y me llevó a un lugar apartado del granero. –Aquí algunos están esperando a que alguien hable mal de ese tipo para ir corriendo con el cuento. Tienes que tener cuidado al hablar con la gente que no es de tu entorno. Malaquías no es de los nuestros. Llegó un día prometiendo cosas después de que lo echaran de aquí tras su primera llegada.
—Un momento. ¿De que está hablando? ¿Primera llegada? Se que no es de los suyos, pero…
—Mira. Si algo he aprendido es que Malaquías es alguien al que se le da de miedo la mentira y lo de embaucar a la gente. Tras ser expulsado la primera vez apareció haciendo promesas. Promesas que incluían el que los demonios no llegarían hasta nosotros. Algo que misteriosamente ocurrió. Desde ese entonces fue ganando adeptos que lo adoraban y rezaban junto a el. Antes de su llegada sufríamos ataques constantemente. Según Malaquías  el rezo a los arcángeles hacía que los demonios no se acercaran. En mi más sincera opinión esto no son más que chorradas. No me creo nada eso de que con solo rezar hayamos desaparecido para esos seres. Si no, nos habría hecho quitar todas las vallas, habría dicho algo, pero nadie hace caso a un viejo.
Iba a decir algo cuando vi a Eva entrar corriendo en el granero. Jadeaba y se tocaba el vientre con una mano, pensé que le había pasado algo, me alejé de Zacarías y llegué junto a ella.
—¿Qué pasa? ¿Le pasa algo al bebé?
—No. Son los niños. Los perdí de vista unos segundos y cuando me quise dar cuenta habían desaparecido algunos. Los he buscado por toda la aldea y no los he visto.
—¿Quiénes han desaparecido?— pregunté totalmente preocupado y temiendo por encima de todo uno de los nombres.
—Vicky, Jeremy, Beth, Rebeca, Cindy y Luke— respondió Eva.

Bosque…

Vicky y los demás niños habían salido de la aldea por un pequeño túnel que pasaba por debajo del muro. Algunos de los niños de la aldea les habían hablado de unas cataratas que tenían que ver. Esperaron a que Eva se descuidase para poder ir, se metieron por aquel agujero y salieron al bosque. Los demás no tenían miedo, ya que los caminantes nunca se acercaban por allí, pero aun así, Vicky llevaba el arma tal y como le habían enseñado. Luke era el que encabezaba aquella pequeña expedición. Vicky en un principio no quería, pero al final había cedido.
—¿Está muy lejos esa catarata?— preguntó Cindy.
—Está cerca— respondió Luke dándose la vuelta. —Llegaremos pronto si la niña de papá no se da la vuelta después de rajarse para contárselo a su papá que no es su papá de verdad.
Vicky que lo había escuchado y se había dado cuenta de que lo decía por ella, corrió y se plantó delante de Luke. —¿Eres tonto o que te pasa? ¿Por qué eres así? No tienes por que decir eso. El es mi padre aunque no llevemos la misma sangre.
—Tus verdaderos padres están muertos. Igual que los míos— respondió en ese momento Luke. –Ahora vamos a seguir. Las cataratas deben estar cerca. En ese momento Vicky lo agarró por el cuello de la camisa. –Vuelve a hablar así y te romperé la cara.
Luke se soltó y puso las manos en alto. –Vale, vale. Tranquila. No quiero cabrearte. Eres igual de chunga que tu padre.
Vicky sintió ganas de golpearle, pero aun así no lo hizo, se apartó y todos siguieron el camino hacia las cataratas. Se fue junto a Cindy y comenzó a hablar con ella.
—Luke me saca de mis casillas. Le rompería la cara sin pensármelo dos veces. Menudo capullo. Se cree que puede hablarnos como le venga en gana. Se cree el líder— comenzó a decir Vicky mirando a su prima.
—No le hagas caso. Es un criajo de mierda. Me lo imagino jugando sin parar a los videojuegos antes de todo esto. Sería de los que sacan malas notas en el colegio— respondió Cindy. –Algún día se llevará una sorpresa desagradable.
—A mi tampoco me cae bien— dijo en ese momento Rebeca acercándose a Vicky y Cindy. Jeremy y Beth iban unos pasos por detrás hablando.
De pronto Luke se paró y se dio la vuelta para mirar a los demás. —¿Estáis oyendo eso? Son las cataratas. Vamos— dijo comenzando a correr entre los arboles.
Jeremy y Beth comenzaron a correr también dejando a Vicky, Cindy y Rebeca atrás. Enseguida también ellas comenzaron a correr hasta que llegaron a unas rocas desde las que pudieron ver una pared rocosa y una enorme catarata.
—Joder. Que bonito— dijo Luke acercándose para tocar el agua. Cuando la tocó se dio la vuelta. –Está muy buena, podemos bañarnos. Vamos a pasárnoslo bien.

Aldea Amish…

Cargué varias armas y las fui repartiendo entre los que iban a acompañarme. Katrina estaba preparándose flechas mientras James no dejaba de lanzar críticas a Eva por haber perdido de vista a los niños.
—Eres una gilipollas. ¿Qué te costaba tenerlos vigilados? Se supone que aquí deberíamos estar seguros. Debería romperte la cara— dijo James avanzando hacia Eva con la mano en alto. Entonces yo me puse delante y lo aparté de un empujón. –Si quieres seguir respirando te aconsejo que bajes esa mano. Deja de quejarte y haz algo por ayudarnos— en ese momento le pasé el fusil que estaba cargando.
—Si encontramos a mi hija, y está muerta te mataré. A ti y a tu zorra— respondió James agarrando el fusil. –Te lo juro.
En ese momento me planté ante el y le hablé en voz baja. –Te aseguro que estoy deseando que lo intentes. Se la clase de cabrón que eres.
—Nosotros ya estamos listos— dijo Mouse mientras miraba a Jill.
—No nos deben llevar mucha ventaja— dije mirando a Juan y a Yuriko. –Vosotros buscad a los niños por la zona Sur, Johana ve con ellos. Nosotros nos ocuparemos de la zona Norte. Mouse y Jill llevaros a Laura y ocuparos de la zona Oeste. Rachel, Alexandra, Ben y Faith encargaros de la zona Este. Si los encontráis lanzad una bengala para que lo sepamos.
Todos estuvieron de acuerdo. Mike vendría en mi grupo y ya estaba preparándose con toda la artillería pesada. Entonces me fijé en que le temblaban las manos. Me acerqué a el y lo miré. —¿Estás bien? Si no estás para venir puedes quedarte. Te prometo que traeremos a Jeremy y a Beth sanos y salvos.
—No. Quiero ir— dijo Mike. –Sol estoy nervioso. Ya perdí a Kendra, no se lo que haría si perdiera a mis hijos también. Son lo único que me queda. Tengo que ir.
Yo asentí y miré al grupo. –Escuchadme todos. Como ya dije, si encontráis a los niños disparad una bengala, pero si veis a alguien raro y que no sea amistoso. Disparad.
Todos se miraron extrañados sin comprender que era a lo que me refería, entonces les conté lo que había pasado aquella noche. Muy pocos lo sabían. –Anoche nos atacaron tres tipos. Creemos que podrían haber sido los mismos que mataron seguramente a los que nos seguían. Eran tres, pero seguramente hay más. Tened cuidado.
Todo el grupo de búsqueda salimos de la casa con intención de largarnos a buscar a los niños, fue en ese momento cuando Malaquías se acercó corriendo a nosotros. –Esperad. No podéis marcharos, no es seguro caminar por el bosque. Los niños aparecerán y si no aparecen es por que dios cree que están mejor con el. No arriesguéis vuestras vidas, no…
Malaquías no terminó de hablar, Katrina se acercó a el y le propinó un fuerte puñetazo. Tan fuerte que a pesar de su tamaño, Malaquías cayó al suelo como un saco de patatas. –Mi hija debe estar con su madre y no con dios.
En ese momento, una de las chicas que siempre seguía a Malaquías apareció para socorrerlo, entonces está miró a Katrina. –Si salís así podríais enfurecer a los Arcángeles. Necesitamos su protección. No nos condenéis.
Nadie escuchó a la chica. Todos nos dirigimos a la puerta y los aldeanos que había allí nos la abrieron para que pudiéramos salir. Entonces se nos acercó Levine. –Dejad que os ayude. Peinaré todo el bosque.
—Muy bien. Vamos— le dije mientras a lo lejos escuchaba los gritos y advertencias de Malaquías. Nuevamente volvía a estar histérico. Había algo en el bosque relacionado con aquellos tipos y el hecho de que saliéramos que le aterraba. ¿Qué demonios estaba ocultando?
Los grupos nos separamos en las direcciones que debíamos tomar, mientras en la aldea. Eva y otros los buscaban allí dentro, si los encontraban harían sonar la grabación de las campanas.

Cataratas…

Vicky emergió del agua y se apoyó en una roca mirando a Cindy. Hacía tiempo que no se bañaba de esa manera, era como haber vuelto a esos días en los que iba a la piscina con su madre. Detrás de ella vio como Jeremy se lanzaba en bomba seguido de su hermana.
—¿Por qué no te bañas?— preguntó Vicky.
—Por que no se nadar— respondió Cindy. En ese momento alguien le puso un collar de flores por detrás, cuando se dio la vuelta vio a Rebeca, la cual acabó sentándose a su lado.
—No te preocupes. Yo tampoco se nadar. A mi se me da mucho mejor hacer collares con flores. Hay un campo con flores muy bonitas aquí cerca ¿Quieres que te lleve?— preguntó Rebeca.
Cindy asintió con una sonrisa y entonces señaló su montón de ropa. –Coged mi pistola por si pasa algo. Está ahí, debajo de mi ropa. Rebeca sabe disparar.
Rebeca asintió y se levantó, rebuscó entre la ropa de Vicky y entonces la miró. –Aquí no está. No está la pistola.
—¿Cómo que no está?— preguntó Vicky saliendo del agua. Avanzó hacia la ropa y comprobó que efectivamente la pistola había desaparecido. Entonces miró a su alrededor como si hubiese tenido una corazonada. Luke también había desaparecido.

Bosque…
—Siento lo de James. Está preocupado por Cindy. Eso es todo— decía Katrina mientras se situaba a mi lado. –Seguro que lo lamenta.
Miré de reojo a mis espaldas y vi a James a tres metros por detrás de mí caminando junto a Mike. —¿Igual que lamenta darte de hostias? El sabía muy bien lo que quería decir. Es un cabrón y los cabrones no se lamentan. No saben lo que es eso.
—James es asunto mío— respondió Katrina. –No volverá a tocarme.
En ese momento me detuve al ver los cadáveres de los hombres a los que habíamos matado. Uno de ellos tenía la cabeza machacada, era el que yo había matado. Otro permanecía en el suelo y tenía la rama de un árbol atravesándole la cabeza. Faltaba uno.
—¿Qué es esto?— preguntó Mike llegando a nuestra altura y parándose a observar los cadáveres.
—Fuimos Yuriko, Juan y yo, pero eran tres. Falta uno.
Katrina se agachó y descubrió unas huellas hechas por una bota. –Puede que resucitara y se alejara. Estos tienen la cabeza destrozada, es evidente que no pudieron reanimarse.
—También es posible que no estuviera muerto— dije yo.
Todos me miraron y yo ordené que siguiéramos caminando. Teníamos que encontrar a los niños antes de que ocurriera algo irremediable. No deberían llevarnos mucha ventaja. Aunque desconocía los motivos por los que habían abandonado la aldea y el por que Vicky había ido con ellos sin decirme nada. Lo normal habría sido que hubiese venido a contármelo. Algo había pasado.
*****
Vicky, Rebeca, Cindy, Jeremy y Beth comenzaron a buscar a Luke. Este tenía el arma y eso solo podría traerles problemas. Todos sabían que estaba obsesionado con matar caminantes, y con la pistola de Vicky en sus manos había ido a buscarlos, lo cual podía terminar atrayendo a una inmensa horda.
—Deberíamos volver a la aldea y decirle a nuestros padres lo que ha pasado. Será más fácil— dijo Jeremy. –Ellos se pueden encargar de esto.
—Si, seguro que nuestros padres estarán encantados. A estas horas deben estar buscándonos y no precisamente muy contentos. Los mayores tienen sus normas y nosotros nos las hemos saltado. Si todavía existiesen los castigos, nos dejarían sin salir a la calle hasta que fuésemos a la universidad— explicó Cindy. –Y mi padre es de los que castiga con ganas— dijo a medida que le mostraba una herida en el costado.
—Mi padre… El de verdad. Nunca me castigó así… El tuyo se ha pasado.
—Está estresado— respondió Cindy.
—No. Lo que pasa es que le gusta sacar la mano a pasear. Y eso solo lo hacen los mal…— Vicky no terminó la frase. Unos disparos cercanos hicieron que ella diera un grito y todos comenzaron a correr.
*****
Nos paramos de repente cuando escuchamos los disparos, nos miramos y seguidamente comenzamos a correr en dirección a los disparos. El sonido de estos parecía venir de todo el bosque. Con lo cual iba a costarnos un poco averiguar el punto exacto.
Íbamos corriendo cuando Katrina me adelantó y a unos diez metros por delante de mi la vi desaparecer. Fue como si se la tragara la tierra. Yo aceleré el paso seguido por James y llegamos al borde de un foso. Desde ahí vimos a Katrina en el suelo mientras unos caminantes que la habían visto comenzaron a acercarse.
Katrina se levantó y comenzó a plantarles cara mientras nosotros comenzamos a sacar nuestras armas. Entonces vimos a más caminantes surgir de entre la maleza en dirección a nosotros, nos estaban rodeando.
Un caminante se me acercó demasiado y yo tuve que golpearle en la cabeza mientras veía como mi hermana luchaba por su vida mientras James no hacía nada. Se limitaba a  retroceder alejándose de nosotros. Fue entonces cuando se dio media vuelta y comenzó a correr. Mike comenzó a llamarlo mientras luchaba contra los caminantes.
Acabé con varios caminantes y me tumbé en el suelo extendiendo mis brazos hacia el interior del foso. Llamé a Katrina y después de que esta tumbara a un caminante se dio la vuelta y me agarró los brazos, entonces la ayudé a subir.
—¿Dónde está James?— preguntó Katrina.
—Ese capullo se ha largado. Nosotros tenemos que irnos también— dije al tiempo que golpeaba a otro No Muerto.
Comenzamos a correr esquivando a los caminantes que salían a nuestro paso mientras seguían los disparos que habíamos escuchado mientras en mi mente veía a Vicky disparando a los caminantes. No me cabía duda alguna de que esos disparos estaban siendo efectuados por su pistola.

Aldea Amish…

Diana estaba triste. Se sentía mal por la desaparición de los niños. Era ella quien debía cuidarlos, pero en lugar de eso había estado viendo dar a luz a una vaca. Fue hacia donde guardaban las armas y cogió una pistola, se la guardó en la cintura y se encaminó hacia la puerta, cuando llegó se encontró con uno de los jóvenes guardas.
—No se puede salir. Es peligroso estar ahí fuera. ¿No oyes esos disparos? Vuelve con los tuyos y espera a que el resto regrese.
Sin embargo, Diana hizo caso omiso y siguió andando hacia la puerta, cuando llegó corrió el pestillo y abrió la puerta pese a los gritos y advertencias del joven guarda. El cual se cansó de llamarla y cerró la puerta detrás de ella.
Diana caminó un buen rato por el bosque hasta que llegó a un campo de flores de varios colores. No lo había visto nunca, ni cuando llegaron a la aldea. Le parecía precioso, comenzó a caminar por el con la esperanza de que los niños estuvieran allí atraídos por su belleza, los llamó, pero no hubo respuesta de ninguno de ellos, volvió a llamarlos sin pensar en que eso podría ser peligroso. Fue en ese momento cuando alguien le habló a sus espaldas, se dio la vuelta y ante ella se encontró a un chico joven vestido totalmente de blanco, era delgado y alto, de piel muy blanca, labios rosados y ojos azules como el cielo y larga cabellera dorada. Instintivamente y tal como le habían enseñado, Diana alzó el arma. El chico alzó las manos y le mostró las palmas.
—No dispares. No soy un enemigo. Puedes bajar el arma… Diana...— su voz sonaba tranquila, casi melódica. –Por favor. Baja el arma. Mi nombre es Alaric y no quiero hacerte ningún daño. No deberías estar aquí sola Diana.
Diana bajó el arma lentamente sin dejar de mirar al extraño joven. —¿Cómo sabes mi nombre? ¿Quién te lo ha dicho? ¿Qué haces aquí?
En ese momento el joven comenzó a caminar entre las flores hacia ella, entonces Diana se dio cuenta de que iba descalzo. Sus pies estaban limpios y a ella se le antojaba un ángel, uno de esos de los que había oído hablar alguna vez a las chicas de la aldea cuando pasaban por allí mientras ella vigilaba a los niños.
—Llevo vigilándote mucho tiempo desde que llegaste a la aldea. Debes regresar, es peligroso estar aquí fuera.
—Eres un ángel…— dijo en ese momento Diana. Entonces vio la sonrisa del joven.
—Soy un arcángel y hay otros como yo— el arcángel se acercó y tomó las manos de Diana. –Te llevaré conmigo, pero aun no es el momento. Únete a las chicas de la aldea y llegado el momento, cuando estés preparada. Malaquías os traerá a nosotros para que os salvemos— Alaric acarició la mejilla de Diana y entonces acercó sus labios a los de la chica y la besó. Cuando se retiró la sonrió. –Vas a ser mi favorita. Ahora regresa a la aldea y habla con Malaquías. Venga ve— dijo al tiempo que hacia un gesto con la mano apuntando en la dirección que estaba la aldea.

Bosque…

Vicky y los demás llegaron a un lugar rodeado de arboles donde había varios cuerpos de caminantes tirados en el suelo. En el centro de todos ellos estaba Luke con la pistola en sus manos. Cuando los vio llegar los miró con una sonrisa.
—¿Lo veis? He matado caminantes. Os he protegido.
Vicky comenzó a caminar hacia Luke y le tendió la mano. –Dame la pistola. Venga.
—Claro— dijo Luke entregándosela. –Aunque ya no queda nada de munición.
En ese momento Beth comenzó a gritar y señaló hacia las espaldas de Luke. Este se dio la vuelta y vio a varios caminantes más salir de la maleza caminando hacia ellos.
—¡¡¡Corred!!!— gritó en ese momento Vicky
Comenzaron a correr y mientras Jeremy, Beth y Cindy se iban por un lado, Vicky, Rebeca y Luke se iban por otro mientras esquivaban a los caminantes que les iban saliendo al paso. Fueron tan rápido que al saltar por encima de un tronco cayeron rodando por una pendiente de rocas y hojas secas. Al caer, Vicky se torció un tobillo y cayó de espaldas, Rebeca y Luke cayeron a unos metros de ella.
Rebeca quedó inconsciente mientras que Luke se levantaba. Este miró a Vicky y luego miró a Rebeca. Fue en ese momento cuando de su bolsillo sacó un cuchillo y comenzó a avanzar hacia Rebeca. Se agachó y entonces clavó el arma en la cabeza de Rebeca ante la mirada atónita de Vicky, la cual comenzó a gritar.
—Lo he tenido que hacer. Así cuando se muera no resucitará. Siempre es así— decía Luke al tiempo que caminaba hacia Vicky con el cuchillo ensangrentado. –No quería que esto acabará así Vicky. Me gustabas, pero no puedo cargar contigo y quedarte aquí solo puede terminar con tu muerte. No te preocupes, yo seré más rápido que los caminantes y luego no resucitarás.
—Fuiste tú. Tu eres el asesino…— decía Vicky mientras retrocedía arrastrándose. Entonces Luke se lanzó sobre ella y la agarró del cuello, le puso la cabeza de lado y alzó el cuchillo. En ese momento Vicky comenzó a gritar pidiendo ayuda.
*****

Ya no se escuchaban los disparos. Habíamos perdido el rastro. Justo en ese momento vimos aparecer entre la maleza a Jeremy, a Beth y a Cindy. Los cuales enseguida corrieron a abrazar a sus respectivos padres. Yo me acerqué a mi sobrina y la agarré de los brazos.
—¿Dónde está Vicky?— justamente en ese momento comencé a escuchar los gritos de ayuda de mi hija. No estaba muy lejos de nosotros. Solté a Cindy y comencé a correr, antes de desaparecer entre la maleza les pedí que lanzaran la bengala.
Atravesé toda la maleza que se me ponía por delante siguiendo los gritos de mi hija. Esquivé caminantes y finalmente llegué a un árbol caído, al otro lado había una especie de foso, en el fondo estaba Rebeca muerta con un agujero en la cabeza y un charco de sangre debajo de ella, y  a unos metros de ella estaba Luke sobre Vicky mientras ella trataba de quitárselo de encima, este sostenía un cuchillo y estaba intentando clavárselo en la cabeza, sin pensármelo dos veces di un saltó al foso, corrí hacia ellos y agarré a Luke. En el forcejeo este me hizo un corte en el brazo y yo lo tiré a un lado, ayudé a Vicky a levantarse y seguidamente apunté a Luke con la pistola.
—Tira ese cuchillo Luke— le dije al mismo tiempo que miraba el cuerpo de Rebeca. No podía creerme que ciertamente el autor de esos asesinatos fuera Luke. Estaba demasiado claro que era el.
—Tiene que hacerse. Si no, vuelven. Solo quiero protegeros a todos como un hombre.
—Tira el cuchillo o disparo— le amenacé.
En ese momento Luke sonrió y dejó caer el cuchillo. –Lo siento. Pensé que os parecería bien. Solo quería hacer las cosas bien. Espero que no me caiga una bronca muy gorda por esto. Prometo no hacerlo más ¿Vale?

Luke estaba actuando como si nada, como si lo que había estado haciendo no fuera nada del otro mundo. En esos momentos me estaba planteando que hacer con el. Justo en ese momento Mike, Katrina, Jeremy, Beth y Cindy llegaron al lugar. También ellos se quedaron mirando la escena. Luke se dio la vuelta y los miró con una sonrisa. —¿A que vosotros entendéis que cuando alguien se va a morir hay que clavarle algo en la cabeza para que no resucite?

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