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sábado, 19 de septiembre de 2015

NECROWORLD Capitulo 89

Día 28 de Marzo de 2010
Día 638 del Apocalipsis…
Las Vegas… 23:00 horas

La puerta de hierro se abrió y Luci fue obligada a salir. Cuando salió al escenario fue deslumbrada por los focos del local, el mismo donde la noche anterior había visto luchar a Tom. Aunque en esos momentos era algo diferente, solo estaba ella. Ella era la única que iba a concursar. Dorian la había amenazado con matar a sus amigos si se dejaba matar o si intentaba escapar, ciertamente estaba entre la espada y la pared.
Luci estudió su alrededor, desde el escenario todo se veía diferente, la jaula parecía mucho más grande y el local parecía mucho más lleno que la noche anterior. Los vigilantes se paseaban por las pasarelas con el fusil en las manos. Aunque no la hubiesen amenazado iba a ser imposible escapar.
Dorian subió al escenario en ese momento y cogió el micro. Con el que comenzó a hablar al público. –Buenas noches a todos. Hoy es una noche muy especial por que tenemos una concursante que es un autentico diamante en bruto. Está curada del virus y hoy se jugará la vida para proporcionarnos diversión— Dorian cogió a Luci del brazo y la acercó a el. –Venga cariño, saluda a tu público. Hoy están aquí únicamente por ti.
Luci alzó la cabeza y miró al público, entonces alzó el brazo con el puño cerrado. Si iba a tener que jugar, iba a tener que darlo todo.
—Así me gusta. Rebosando valentía por todos tus poros. Como hoy es una noche especial y no queremos que sufras daños… No demasiados… Te hacemos entrega de tu preciada katana— dijo Dorian haciendo un gesto. Entonces apareció una chica que le entregó a Luci su espada. Por unos momentos pensó en rebanarle la cabeza a Dorian, pero no lo hizo. –Muy bien. Ha llegado el momento. Entra en la jaula.
Luci sin decir nada avanzó hacia la entrada de la jaula, entró y vio como cerraban la puerta detrás de ella. Habían añadido cosas a la jaula. En el medio había como un tablado de madera que tenía un metro y medio de alto, dos metros de largo y poco más de un metro de ancho. Seguramente la habían puesto ahí para que aquello fuera mucho más divertido.
—Mirad aquí— dijo en ese momento Dorian acercándose a la ruleta. –Ahora la suerte decidirá a cuantos caminantes tiene que enfrentarse nuestra concursante. Dejemos que la suerte decida— Entonces Dorian hizo girar la ruleta a gran velocidad.
Luci veía pasar los números del uno al veinte por debajo de la flecha, en el momento que esta se detuviera y la flecha marcara un número, la suerte estaría echada. Ese sería el numero de caminantes al que tendría que enfrentarse seguidos, al igual que había hecho Tom.
La ruleta comenzó a pararse, entonces para sorpresa de todos y para desgracia de Luci. El numero veinte quedó señalado, iba a tener que enfrentarse a veinte No Muertos seguidos. Escuchó como la gente comenzó a aplaudir y a gritar emocionados. Luci los odió con todas sus fuerzas, tendrían que estar ellos allí dentro metidos, seguramente la gran mayoría se harían de todo encima.
—Ni más ni menos que veinte caminantes. Esta noche querido público estamos de suerte. ¡¡¡¡Que comience la diversión!!!!— exclamó Dorian al mismo tiempo que el público parecía enloquecer.
Luci escuchó un ruido metálico y vio llegar al primero de los caminantes. El cual al verla aceleró el paso. Luci preparó la katana y cuando lo tenía a un metro más o menos, lanzó un corte que prácticamente le cercenó media cabeza. El No Muerto se desplomó en el suelo, justamente en ese momento vio aparecer al segundo, el cual la pilló totalmente desprevenida. Tuvo que retroceder unos pasos para impedir que la alcanzara. Se subió al tablado justo en el momento que otros dos caminantes entraban en la jaula.
Luci le asestó una patada al primero, haciendo que se chocase contra los otros dos. Seguidamente lanzó un mandoble y les cortó la cabeza a dos. El tercero había caído de espaldas. Lucí bajó del tablado con intención de clavarle la punta de la espada en la cabeza, pero entonces un caminante de los rápidos llegó corriendo por el pasillo. Luci logró esquivarlo en el último momento y este chocó contra el tablado.
Con un rápido movimiento mató al caminante derribado mientras el otro se recuperaba y se daba la vuelta para ir a por ella. Momento en que liberaban a dos caminantes más. ¿Qué demonios pretendían? ¿Acaso querían matarla? Miró a Dorian y lo vio sentado con una sonrisa en los labios. Aquel desgraciado estaba disfrutando con el espectáculo ofrecido.
Luci mató al caminante rápido y se dio la vuelta para acabar con los otros dos, pero estos eran más rápidos de lo que pensaba, y cuando quiso darse cuenta ya los tenía encima. Uno la golpeó y esta cayó al suelo perdiendo la katana, la cual salió volando y cayó al otro lado del tablado, tuvo que lanzar una patada a uno de ellos para frenarlo.
Se puso boca abajo y trató de arrastrarse para alcanzar la espada, pero uno de los caminantes se le echó encima. Luci forcejeó con el mientras otro No Muerto avanzaba hacia la jaula.
Agarró la cabeza del que estaba forcejeando con ella y la estampó contra la pata del tablado. El cráneo del monstruo se hundió sin problemas, quedando totalmente muerto
Se arrastró alejándose de los dos caminantes que se habían juntado, pasó por debajo del tablado y alcanzó la katana, seguidamente posó las palmas de la mano debajo del tablado y empleó todas sus fuerzas en levantarlo para usarlo de cobertura. Bloqueó a los dos No Muertos y luego les clavó la katana en la cabeza a ambos. Entonces vio llegar a otros cuatro caminantes, lanzó una mirada a Dorian, el cual seguía con su sonrisa, disfrutando.
Luci usó el tablado como muralla, los No Muertos fueron tan estúpidos que en lugar de rodear el tablado, se chocaron contra el. Él tablado estaba resultando ser una autentica barrera. Luci aprovechó para ir matándolos rápidamente.
                                                                     *****
Dorian estaba disfrutando con el espectáculo, pero aun así necesitaba más. Llamó a uno de los encargados de los caminantes y le ordenó que soltara seis más a la vez. El hombre asintió. Al poco rato los seis caminantes aparecieron y Luci comenzó a luchar a la desesperada, más todavía cuando estos la rodearon. Se le notaba que era una experta con la espada. Derribó a uno de ellos y le clavó la espada en la cabeza. Después huyó de los otros cinco que pugnaban por alcanzarla.
—Se defiende muy bien. Demasiado— dijo en ese momento Dante apareciendo al lado de Dorian. —¿No lo ves? Si escapa nos dará problemas. Hay que acabar con ella, provócale una descarga para que esos bichos acaben con ella. Ya no la necesitamos para nada.
—No tengas miedo. La tengo justo donde quiero. No hará nada que yo no le diga. La tengo comiendo de mi mano.
—Esa no come de la mano de nadie. Es incontrolable— respondió Dante al tiempo que veía como Luci mataba al tercero de los No Muertos cortándole la cabeza. Los otros tres estaban como peleando entre ellos para cogerla. –Muerto el perro se acabó la rabia.
—¿Qué quieres decir con eso?— preguntó Dorian. –Sabes que no me gustan los refranes.
—Quiero decir que si nos la quitamos de en medio ahora. No tendremos que preocuparnos por ella después. Es imprevisible. Además, si es por su sangre, se la podemos sacar después de muerta. Ya no la necesitamos, joder.
—Aquí mando yo y se hará lo que yo diga. Como siempre, es la única forma de prosperar, y si no te parece bien. Te invito a marcharte de mi ciudad para no volver.
Dante hizo una mueca de rabia y se marchó de allí dando grandes zancadas. Entonces Dorian le hizo un gesto a uno de sus hombres. Este se acercó y Dorian comenzó a hablarle al oído. –Dante empieza a ser un problema. Reúne a tus chicos. Ya sabes lo que tenéis que hacer.
—Si señor— respondió el hombre antes de marcharse.
Dorian volvió a observar el espectáculo, donde Luci acababa de matar al sexto caminante del grupo que le habían sacado. Se dejó caer al suelo agotada,  justo al mismo tiempo que le mandaban los últimos tres caminantes. Al verlos se ayudó de la espada para ponerse de pie.
*****
Luci no podía más, había matado a diecisiete No Muertos seguidos. Entonces vio a tres más avanzar hacia ella. Se ayudó de la espada para ponerse de pie y los recibió. Al primero lo decapitó y al segundo le asestó una patada para derribarlo y así acabar con el tercero, justo cuando iba a matarlo lo reconoció, era Lazarus, el marido de Isabella. Dudó por unos instantes, pero finalmente le clavó la espada a través de la boca y lo tiró el suelo, seguidamente se la sacó y decapitó al otro. Había acabado con todos. Entonces lanzó un grito de victoria y se dejó caer al suelo completamente cansada. Había sido una autentica masacre y a Luci le estaba costando respirar, entonces vio como la puerta de la jaula se abría dejando paso a Dorian.
—Lo has hecho muy bien. Todos han disfrutado con tu actuación  —Luci trató de ponerse en pie para atacar a Dorian, pero entonces sintió una fuerte descarga eléctrica, la cual la dejó mareada en el suelo. –Te has ganado un merecido descanso. Hora de dormir, mañana será otro día— dijo al tiempo que sacaba una jeringuilla y se la clavaba en el cuello. Ella se quedó dormida unos segundos después.
Un minuto después, dos hombres entraron en la jaula y se la llevaron a cuestas. El debut de Luci había acabado bastante bien. Seguía viva, y eso hacía muy feliz a Dorian.

Día 29 de Marzo de 2010
Día 639 del Apocalipsis…
Macon… 07:15 de la mañana…

Estábamos entrando en Macon. Nos habíamos estado turnando Juan, Johana, Ben y yo para conducir el auto caravana. El ultimo en tomar el volante había sido yo y estaba conduciendo con Katrina a mi lado. Durante el trayecto, Katrina había estado investigando la libreta que había encontrado. En ella había descubierto varias cosas. Estaban apuntados todos nuestros nombres, aquellos con los que nos llevábamos mejor o peor, aquellos que tenían alguna relación sentimental o de parentesco. Según Katrina, esas personas nos estaban siguiendo prácticamente desde que habíamos salido de Manhattan. Lo sabían todo sobre nosotros, incluidos Katrina y su familia.
—¿Quiénes crees que son y para que nos siguen?— preguntó Katrina desde el asiento del copiloto. —¿Alguna idea?
—Alguna, pero ya te lo contaré cuando lleguemos. De momento no quiero que nadie diga nada sobre el asunto. No quiero que cunda el pánico después de lo que hemos pasado y que aun nos queda por pasar, de todos modos si que tendremos que estar con los ojos bien abiertos por lo que pueda pasar— comencé a reducir la velocidad cuando me pareció ver el autobús escolar junto a una gasolinera. Esperaba de corazón que fueran Eva y los otros.
Cuando estuvimos más cerca vi salir a varias personas a la carretera, las cuales comenzaron a ocupar posiciones. Detuve el vehículo poco a poco y me los quedé observando, enseguida reconocí a Rachel, Jill y Mouse. No puede evitar sentir una enorme alegría, aun así no salí de golpe, me lo tomé con calma y saqué por la ventana un pañuelo de color blanco para mostrarles que íbamos en son de paz y que íbamos a salir. Salí del vehículo poco a poco y los saludé, cuando me reconocieron bajaron las armas y comenzaron a avisar a los demás, incluida Eva, la cual vino corriendo a abrazarme seguida por Cindy, la cual llegó junto a su madre y ambas se fundieron en un abrazo.
—Estaba muy preocupada. ¿Estás bien? ¿Dónde está Vicky?— preguntó Eva mientras me abrazaba con fuerza, tanta, que casi me dejó sin respiración.
En ese momento Vicky salió corriendo del gran vehículo y también abrazó a Eva. En ese momento me acerqué a Katrina.
—Intenta  contactar con tu madre mientras yo escojo a dos personas para que nos acompañen. Prepárate, nos vamos dentro de veinte minutos.
—Acabas de llegar— dijo Eva mirándome. –No puedes coger e irte a la primera de cambio. Deberías descansar. Todos deberíais. Además, tú tienes una familia de la que cuidar.
—Voy a volver enseguida. Solo tenemos que ir a la ciudad. A la comisaria, recoger a la madre de Katrina y regresar. Estamos cerca, no deberíamos tardar mucho en regresar. Tranquila, estaré aquí antes de que te des cuenta. Te lo prometo— dije mientras me acercaba para darle un beso, entonces esta apartó la cara.
—Mira. Haz lo que quieras— entonces miró a Vicky. –Ven, voy a prepararte el desayuno. Necesitas comer algo— Eva se llevó a la niña y yo me las quedé mirando mientras se alejaban.
—No te preocupes. En el fondo sabe que tienes que hacerlo, sabe que es tu obligación como líder del grupo. A propósito, yo me voy con vosotros a la comisaria. No me va lo de quedarme sentado— dijo Juan apareciendo a mi lado.
—Muy bien. Voy a ayudar a llevar a Tamara con Melanie y Sheila— dije dándole una palmada en el hombro. Seguidamente caminé hacia el auto caravana y me encontré con Melanie, la cual venia siguiendo a Arianne. Cuando las vi me acerqué. –Le hemos estado dando antibióticos para que la mano no se le infectara.
—Ya me lo ha dicho Arianne. Aun así no se si podremos salvarle la mano. La bala se la destrozó. Sheila y yo trataremos de hacer todo lo que podamos, pero no tiene buena pinta— me dijo Melanie. –Además, para intentar salvársela tendríamos que estar en un lugar sin necesidad de ir moviéndonos constantemente. Solo así podríamos tratársela en condiciones. Y no hace falta que te diga que este no es el lugar adecuado, tampoco lo es para amputar.
En ese momento se me ocurrió una idea. –Oye. Vamos a salir un grupo de cuatro personas hacia Macon. Es para lo que ya te comenté. Probablemente necesite ayuda médica esa mujer. ¿Nos acompañarías?
Arianne miró a Melanie y luego ambas me miraron a mí. –Vale. Os acompañaré— entonces miró a Arianne. –Estaremos aquí enseguida. Además, Sheila se basta para mantenerle la mano. Aunque estuviéramos las dos no podríamos hacer mucho más.
Arianne aceptó a regañadientes y se fue a buscar a Sheila.
Veinte minutos después ya estábamos listos los cuatro. Juan, Katrina, Melanie y yo. Íbamos a usar uno de los coches para llegar antes. Por otro lado, Katrina no había logrado contactar con su madre, lo cual no era precisamente alentador. Sin esperar más nos dirigimos a la ciudad. Esperando no tener demasiados problemas y volver cuanto antes junto a los demás, aun tenía pendiente el contarles a los demás que esos hombres que había descubierto que nos seguían, eran en realidad hombres de Dorian. No me cabía duda de ello.
*****
Eran las 7:45 de la mañana cuando llegamos al centro de Macon. Katrina nos había dado indicaciones de como llegar al lugar. Teníamos la suerte de contar con alguien que conociera la zona. Eso nos ahorraría tiempo.
Detuve el vehículo a un par de calles, salimos de el y nos asomamos a una esquina. Desde allí vimos la comisaria y muchísimos caminantes delante, intentando entrar. Una vez allí, Katrina trató de contactar con su madre para saber si estaba dentro. El primer intento no salió bien, esperó unos segundos y lo volvió a intentar, pero nuevamente fracasó en el intento. No había respuesta de su madre.
—No responde. Deberíamos dejarlo estar y volver con los demás— dijo Juan
En ese momento escuchamos un chasquido y enseguida la voz de una mujer. —¿Katrina?
Katrina respondió rápidamente. –Si mamá. Soy yo. Ya estoy en Macon, estamos muy cerca de la comisaria. Estamos viendo la fachada, hay muchos caminantes fuera. ¿Estás a salvo?
Hubo una pequeña pausa y entonces volvimos a escuchar la voz de la madre de Katrina. –Si. Estoy a salvo, estoy en el despacho principal. No hay muertos en el interior.
—Muy bien mamá. Ahora necesito que me digas si el callejón de detrás de la comisaria está vacio. No podemos entrar por la puerta principal, así que tendremos que entrar por la puerta trasera.
—¿El callejón es seguro?— preguntó Melanie.
—Ese callejón es de la comisaria. Hay dos verjas en ambos lados, por los que no se puede pasar sin autorización. En el centro hay una entrada de alcantarilla, entraremos por ahí si es seguro el callejón— respondió Katrina.
—¿Vamos a entrar en las alcantarillas?— preguntó Melanie.
—No me digas que te da reparo entrar ahí. Seguro que te has visto metida en sitios peores. No es el momento de ser tiquismiquis. Además, será entrar y salir— respondió Juan.
—Si. Es seguro. Solo hay dos caminantes. Son dos policías que murieron ahí. Ambos están alejados de la tapa. No deberían daros problemas.
—Bien mamá. Ya vamos— dijo Katrina cortando la comunicación. Entonces nos miró a nosotros. –Aquí hay algo raro. Mi madre tiene prácticamente el camino despejado si sigue el mismo trayecto que vamos a tomar nosotros. Creo que la están reteniendo. Además, la conozco muy bien, esa forma de hablar, parecía nerviosa por algo.
Me sorprendió lo intuitiva que era Katrina, entonces le pregunté. —¿Qué sugieres entonces? ¿Entramos?
—Sea quien sea el que está reteniendo a mi madre no sabe que vamos varios. Así que solo entraremos dos. Los otros dos estarán ocultos. Esto va a ser parecido a una operación policial. Venga, vamos.
Los cuatro cruzamos la calle y llegamos a otro callejón, donde encontramos una entrada a las alcantarillas. Por ella descendimos rápidamente. Recorrimos los túneles y llegamos hasta una escalerilla de mano.
—Fin de trayecto. Hemos llegado— dijo Katrina mirando hacia arriba. –Primero saldremos Juanma y yo y acabaremos con esos dos de ahí arriba. Venga, vamos.
Katrina y yo salimos de la alcantarilla, frente a nosotros estaba la puerta trasera de la comisaria. También vimos a los dos caminantes, uno a cada lado. Katrina alzó el arco y lanzó una flecha a uno y luego al otro. Despejando el camino sin alertar a los demás caminantes que había en la calle. Si se apelotonaban muchos en las verjas del callejón podrían tirarlas abajo.
Caminamos hacia la puerta trasera y enseguida descubrimos que estaba abierta. Desde allí les hicimos una señal a Juan y a Melanie. Los cuales salieron rápidamente y se ocultaron junto a nosotros y unos contenedores.
—Muy bien. Escuchad, no se ni quien, ni cuantos retienen a mi madre ahí arriba. De momento solo subimos Juanma y yo. Si necesitásemos ayuda os mandaremos una señal.
—¿Y que señal será?— preguntó Melanie. Me fijé en que le temblaban las manos con las que sostenía la pistola. Rápidamente puse mi mano sobre las suyas para que dejara de temblar. –Gracias— me dijo.
—No me las des. No puedes temblar a la hora de la verdad o podrías acabar muerta— le dije retirando la mano. –No te permitas el lujo de morir a estas alturas— entonces miré a Katrina y con un gesto le indiqué que ya estaba preparado.
Ambos entramos con cautela apuntando en todas direcciones. Caminamos hacia unas escaleras y llegamos a una puerta blindada que estaba entre abierta. La cruzamos y nos vimos metidos en los calabozos. Allí el olor era nauseabundo, de repente varios brazos surgieron de entre los barrotes intentando atraparnos. Tuvimos que quedarnos en el medio del pasillo para evitar que nos cogieran.
—Los dejaron aquí cuando aun no sabían que estaba pasando y nunca más salieron. Me dan pena— explicó Katrina. –Venga, sigamos.
Recorrimos el pasillo de los calabozos mientras observábamos a los No Muertos que había encerrados. Incluso en algunas celdas había hasta seis de ellos. Llegamos a otras escaleras y las subimos hasta que llegamos al hall principal de la comisaria. Allí todo estaba desordenado. Había papeles por el suelo, algunos manchados de sangre. También había ordenadores tirados por el suelo. Aquel lugar presentaba el aspecto de un sitio del que habían salido a toda velocidad.
Katrina se alejó de mi y caminó hacia un escritorio, allí cogió una foto. En ella aparecía un hombre mayor de unos setenta años junto a una mujer y junto a la mismísima Katrina con unos años menos.
—Esta era mi mesa— dijo en ese momento Katrina. –La mujer es mi madre. Y ese hombre es mi abuelo. También era poli— entonces vi lagrimas en sus ojos –Lo echo tanto de menos, pero al menos no vive para ver esto que nos está pasando.
En ese momento escuchamos un ruido. Entonces Katrina corrió hacia unas escaleras y comenzó a subirlas. Yo la seguí rápidamente y llegamos a una puerta del piso superior, la cruzamos y entramos en un despacho. Allí encontramos a alguien sentado en un sillón de espaldas a nosotros. Solo le veíamos el pelo.
—¡¡¡Mamá!!!— gritó en ese momento Katrina lanzándose sobre el sillón para darle la vuelta. Cuando lo giró se encontró con su madre amordazada y con explosivos por todo el cuerpo. Aun así no se retiró y le quitó la mordaza. Justamente en ese momento alguien apareció a mi lado apuntándome con una pistola directamente a la cabeza.
Miré a aquel tipo de reojo, pude ver que debía tener unos cuarenta años, era grueso, tenía los ojos verdes y era aparentemente pelirrojo, aunque una gorra de Baseball cubría su cabello. Vestía una camisa de manga corta azul con rayas blancas. Con una mano me apuntaba a la cabeza y con la otra sostenía un detonador.
—Tirad las armas los dos o os juro que saltaremos por los aires— amenazó el tipo. Katrina hizo lo que le ordenó y dejó caer el arco. Yo dejé el fusil en el suelo y también la pistola. –Tú. Vete a esa esquina— me dijo. Yo obedecí y me fui a una esquina sin dejar de mirar a Katrina, la cual no se había apartado de su madre. Esta aun no había dicho nada. Cuando el tipo miró a Katrina, lo hizo con una sonrisa. –Me alegro de verte Katrina. Ha pasado mucho tiempo, mucho tiempo buscándote… Y por fin he dado contigo. Con la zorra que mató a mi hermano.
Entonces recordé lo que Katrina me había contado la primera vez, el motivo por el que dejó la policía. Ella había matado a un hombre que maltrataba a su mejor amiga. Ese tipo era el hermano del hombre asesinado por Katrina.
—Oye— comencé a decir mientras levantaba las manos y mirando al tipo. –Entiendo lo que sientes. No es fácil perder a un hermano y menos asesinado, pero esto… Esto no solucionará nada. No lo traerá de vuelta. Esto que estás haciendo no tiene ningún sentido. Ahora lo único que cuenta es tratar de sobrevivir.
El tipo sonrió, me miró y luego miró a Katrina. —¿Quién es este gilipollas?— el tipo se acercó a mi y me puso la pistola en la cabeza otra vez –No vuelvas a abrir esa bocaza si yo no te lo ordeno— me dio un golpe y caí de rodillas el suelo, luego me dio un rodillazo en la cara. –Ahora quédate callado si no quieres que te mate.
—Déjalo en paz Mickey— dijo en ese momento Katrina. –Esto es entre tú y yo. Ni el ni mi madre tienen nada que ver con esto. Déjalos que se vayan. Yo me quedaré aquí contigo.
En ese momento vi como aquel tipo hacia un gesto raro con la cabeza, abría y cerraba los ojos varias veces y se daba palmadas en la cabeza varias veces, luego apuntó a Katrina. —¿Quién es este tío?— preguntó refiriéndose a mi. —¿Qué significa para ti? ¿Que te une a el? Dímelo o moriremos todos. Te aconsejo que me digas la verdad.
Katrina me miró. –El es mi hermano.
La revelación de Katrina hizo sonreír a aquel tipo. Nuevamente me volvió a mirar a mí y sonrió. –Vaya. Eso solo hace que mejorar las cosas. Vas a saber lo que se siente al perder a un hermano. Ya que al parecer tu eres la única que no lo sabe.
—Mickey. No tienes por que hacer esto. Tienes que entender que tú hermano no era una buena persona. Quizás no merecía morir, pero estaba tan furiosa que ni me le pensé. El maltrataba a su mujer. Era mala persona. Déjanos ir. Formamos parte de un grupo mucho más grande que nos espera a las afueras de Macon. Si dejas esto lo olvidaremos todo y te acogeremos con nosotros. O al menos, cógeme solo a mí. Ni el, ni mi madre tienen nada que ver con esto— comenzó a decir Katrina mientras se le acercaba con las manos en alto. –No tiene por que morir nadie que no sea yo. Esto va conmigo. Con nadie más.
En ese momento el tipo apuntó a Katrina con la pistola. –No tienes ni idea del infierno que he tenido que pasar para encontrarte. Mataste a mi hermano y te marchaste. En ese momento perdí la esperanza de darte tu merecido. Y cuando comenzó a ocurrir esto… Quise terminar con todo. Quise matarme, pero no tuve agallas para ello. Vagué por ahí buscando la muerte, me acerqué a esos seres con la esperanza de que me dieran la muerte que tanto ansiaba, pero me ignoraron. Daba igual que los golpeara. Entonces lo comprendí… Yo debía vivir para cumplir con mi venganza. Llámalo fuerza divina o como quieras. Durante todo este tiempo he estado sobreviviendo, esperando mi oportunidad y deseando tenerte cara a cara. Cada día venía a la comisaria, deseando encontrarte… Pero tú nunca estabas… Hasta que un día vía tu queridísima madre. Entonces vi la oportunidad, lo sabía todo de ti y de tu familia. Conocía esa manía de tu hija de hablar con su abuela por walkie talkie. Fue entonces cuando llegué hasta la zorra de tu madre y la obligué a ponerse en contacto contigo. El resto vino solo.
—Eso es un don— comencé a decirle. –Eres invisible para esos seres. Nos vendrías muy bien en el grupo, puedes ayudarnos. Solo quítale los explosivos a esa mujer y ven con nosotros.
—¿Por qué debería hacerlo? No me interesa unirme a nadie— en ese momento volvió a abrir y cerrar los ojos. Entonces comenzó a hablar, pero no parecía que se dirigiese a ninguno de nosotros. –Cállate. Maldita sea. Déjame hacer las cosas a mi manera. Puedo hacerlo yo solo.
Era evidente que ese hombre tenía algún problema mental, y el descubrimiento del don de ser invisible para los No Muertos no lo ayudaba con ello. Lo había empeorado todavía más. Por otro lado no podía evitar pensar que yo podría haber acabado igual, o incluso aun podía acabar así si las alucinaciones seguían. De momento estaba manteniéndolas a raya. Aun así, lo que estaba presenciando podía utilizarlo en mi favor.
—¿Con quien hablas Mickey? ¿Puedo llamarte Mickey?
El tipo volvió a apuntarme y caminó de nuevo hacia mí, me golpeó en la cabeza con la pistola y comenzó a gritar. –Tú no puedes llamarme nada cabrón. Yo no soy tu amigo, no me hables como si lo fueras o como si te importara algo. Ya no queda nadie al que yo le importe. Tenía a mi hermano y esa puta lo mató… ¡¡¡Y ahora mismo vamos a saltar todos por los aires!!!
—Se que oyes voces— le dije. –Yo también las escuchaba y veía a personas que estaban muertas, me hablaban y me atormentaban, pero yo se hacer que se vayan. ¿Quién es quien te habla? ¿Es tu hermano? ¿El es quien quiere que hagas explotar los explosivos? ¿El te obliga?
—Cállate. Tú no sabes nada. No tienes ni puta idea— Mickey volvió a golpearse con la mano la cabeza y se giró a un punto vacio. –Cállate, cállate tú también. Déjame hacer esto a mi manera.
—Se que no quieres morir— dije –Por eso no haces detonar los explosivos. Por que no quieres morir y sabes que si nos disparas a uno de los dos. El otro se lanzará sobre ti. No contabas con que viniera alguien más con ella. Eso trastocó tus planes. Aun tienes una oportunidad. Esto puede acabar bien. No tienes por que hacer caso a lo que tú hermano te susurra, el no está ahí. Solo está en tu cabeza.
—Yo no estoy loco. ¡¡¡Cállate!!! Deja de hablarme. Callaros todos. Dejadme en paz. ¡¡¡Silencio!!!— podía verle las venas de la frente a punto de estallarle. Estaba al límite.
—Mickey— dijo en ese momento Katrina.
En ese momento el tipo se dio la vuelta y apretó el gatillo. El disparo se escuchó por toda la comisaria y por toda la calle. Este también llegó a oídos de Juan y de Melanie.

En algún lugar entre Prescott y Phoenix…

David se despertó de golpe. Alzó la cabeza y se encontró con Carlos. Este le pasó una botella de agua para que bebiera un trago. David la aceptó rápidamente, tenía la garganta seca. Cuando bebió volvió a mirar a Carlos. Estaban como en una sala de paredes de hormigón.
—¿Qué ha pasado? ¿Dónde estamos? ¿Dónde están Sandra y los otros?
—No lo se. Me desperté aquí hace un rato. No se ni siquiera que hora es. Tampoco se si estamos bajo tierra o en algún sitio alto. Aquí no hay ventanas. Esos cabrones nos la han jugado bien. Son unos putos caníbales, yo pensaba que ya se habrían muerto de hambre.
—Tenemos que salir de aquí— dijo David levantándose, pero las piernas le fallaron y cayó de rodillas. Carlos lo ayudó enseguida.
—La droga que nos suministraron aun te está haciendo efecto. Quédate un rato sentado hasta que se te pasen los efectos. Necesito que estés al cien por cien. Tengo un plan para salir de aquí. Estos no tienen ni idea de con quien están jugando.


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