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sábado, 12 de septiembre de 2015

NECROWORLD Capitulo 88

Día 28 de Marzo de 2010
Día 638 del apocalipsis…
08:00 de la mañana…
Arizona…

Carlos despertó al resto del grupo. Era hora de continuar su viaje, tal y como había decidido el día anterior, su siguiente parada iba a ser Prescott. Allí tratarían de buscar pistas sobre el paradero de los hermanos desaparecidos, quizás si los encontraban, eso les acercaría más al autor del asesinato del perro. Cuando Sandra salió de la tienda de campaña, Carlos se acercó a ella.
—¿Cómo te encuentras? ¿Has podido dormir?
—A ratos. El que estuviera vigilando no hacía más que pasearse entre las tiendas. No se que hora era— respondió Sandra. –Puede que las dos o las tres de la madrugada.
—A esas horas era yo quien estaba de vigilancia. No me moví de la camioneta— dijo en ese momento Butch— entonces señaló a David y a Kyle. –Puede que fuese alguno de estos levantándose a mear o a plantar un pino.
—No— respondió Kyle –yo no me levanté, a esas horas estaba roncando. Quizás eran caminantes solitarios. Aunque nos habríamos enterado.
—Tu eres tan gilipollas que no te enterarías aunque te pasaran por encima— le espetó en ese momento Butch. Entonces vio como Carlos se agachaba junto a la tienda de campaña donde había estado durmiendo Sandra. —¿Qué estás haciendo?
—Aquí hay huellas. Parecen pies de adulto, un cuarenta y cuatro. No parecen de caminante. El que las ha dejado caminaba normal, además de que no emitió sonidos de ningún tipo. Estas huellas dudo que estuvieran antes, y queda descartado que fuera uno de nosotros o un caminante— explicó Carlos.
—¿Qué quieres decir?— preguntó Butch.
—Que alguien ha estado esta noche en nuestro campamento. Alguien desconocido— dijo en ese momento David a medida que Carlos volvía a ponerse de pie y miraba a Butch.
—Eso no puede ser, he estado atento en todo momento— replicó rápidamente Butch.
—No lo has estado lo suficiente. Es evidente que alguien ha estado aquí esta noche. Comprobad si falta algo.
Todos comenzaron a revisar sus mochilas y las provisiones. No parecía que faltara nada. Todo estaba correcto y en su sitio.
—Puede que solo estuviera de paso y que no quisiera meterse en líos, por eso no hizo nada— dijo Sandra. –Era solo uno ¿No?
—Es lo que parece, pero no se, es extraño. Un tipo así que calza un cuarenta y cuatro es bastante grande. Alguien así podría hacer de nosotros lo que quisiese. Aquí hay algo extraño— siguió diciendo Carlos. –Venga, todos a la camioneta. Tenemos que ir a Prescott.
Se subieron a la camioneta y se pusieron en marcha.
 Cuando llegaron a Prescott detuvieron la camioneta junto a una casa. Se encontraban en una zona que en otros tiempos no era muy poblada, vivía gente, pero no tanta como en el centro. Lo de ir al centro no entraba en sus planes.
—Aquí no hay ni un alma— dijo Butch bajándose de la camioneta. –Mejor así. Menos podridos contra los que disparar— entonces miró a Carlos. —¿Dejo el motor encendido?
—Vuelve a dentro— ordenó Carlos, entonces señaló un garaje abierto –Métela en ese garaje de ahí. Tomaremos esa casa como refugio para hoy y mañana, quiero peinar toda la zona. Los Spencer tienen marcadas trampas en esta zona. Debieron pasar por aquí antes de desaparecer.
Cuando Butch metió la camioneta en el garaje apagó el motor y con mucho cuidado cerró la puerta. Los demás se bajaron enseguida, siempre con las armas preparadas. No sabían lo que podía suceder.
—¿Estaremos seguros aquí? En Manhattan nos advirtieron sobre la peligrosidad de los lugares cerrados— explicó Kyle. –Yo no permanecería mucho tiempo aquí.
—De verdad… No me jodas…— dijo Butch –No entiendo como metieron a tipos como tú en equipos. Gracias a cobardes como tú muere gente.
—Para ya. Hemos venido a lo que hemos venido. No quiero discusiones estúpidas— dijo Carlos caminando hacia la puerta que daba al interior de la casa. Tocó el pomo y comprobó que estaba abierta, pero aun así no la abrió. Pegó la oreja y se quedó escuchando, pero al otro lado no se escuchaba nada. –Voy a abrir. Seguidme diez segundos después.
Carlos abrió la puerta y se metió dentro con el arma por delante. Diez segundos después los demás lo siguieron hasta un pasillo iluminado por la luz del día. Las paredes del pasillo estaban llenas de fotos enmarcadas, ahí aparecía una familia feliz. El matrimonio, sus dos hijos, un niño y una niña. Y el perro.
Carlos apareció doblando una esquina y sobresaltándolos. –Planta baja despejada. Butch, David, subid al piso superior. Si veis un caminante intentad no disparar. No quiero atraer a más indeseables.
David y Butch hicieron lo que Carlos les había ordenado y subieron al piso superior, diez minutos escasos después bajaron al piso inferior, donde se encontraron con el resto del equipo.
—Despejado también. Los armarios están vacios. Se marcharon perdiendo el culo. Hicieron las maletas y no volvieron la vista atrás— dijo David. –Por eso la puerta del garaje estaba abierta. Podemos quedarnos aquí por ahora.
—Bien, lo primero es lo primero. Hay que tapiar puertas y ventanas del piso inferior— dijo Carlos.
Hacia el medio día habían fortificado toda la casa. Habían bloqueado la  puerta principal con varios muebles y la puerta trasera que daba al jardín la habían tapiado con maderas que habían encontrado en el garaje. También tapiaron las ventanas de la planta baja, de tal manera que si encendían alguna luz, esta no se vería fuera.
—¿Qué hora tenemos?— preguntó Carlos.
Butch se miró el reloj. –Es la una menos cuarto. Hora de comer y recuperar fuerzas.
Carlos asintió. No habían comido nada desde que habían desmontado el campamento para seguir con el viaje y sus tripas estaban comenzando a reclamar la comida del día.
Despejaron una mesa y allí Sandra comenzó a poner unos platos, cubiertos y vasos que había sacado de la cocina. Mientras lo hacía se sintió como si no hubiese ocurrido nunca nada, pero cada vez que alzaba la cabeza y miraba las ventanas tapiadas volvía a la triste realidad. El mundo que conocía se había terminado y nunca volvería a ser como antes.
La comida transcurrió en silencio, nadie hablaba, todos estarían pensando en el siguiente paso y en que les depararía el futuro en Las Vegas cuando llegaran, fue en ese momento cuando Carlos rompió el silencio.
—Estaba pensando… ¿Y si inspeccionamos un par de calles y luego creamos un perímetro de seguridad? Luego podríamos traer aquí al resto del grupo. Aquí estaríamos mejor que en esa área de servicio. Podríamos distribuir a la gente en las casas. Nos vendrá bien hasta que podamos ir a Las Vegas. Además, no estamos demasiado lejos. Para la negociación podríamos ir un grupo armado mientras los demás nos esperan aquí, será una buena manera de mantener a salvo a aquellos que no quieran verse metidos en un fuego cruzado— Carlos miró a David. –No nos olvidemos que tenemos niños en el grupo. Antes de comer subí al tejado y con los prismáticos observé este barrio. Creo que con unas ocho o diez casas para todos tendríamos más que suficiente. Solo tendríamos que levantar unas vallas para impedir que los muertos puedan pasar. Podríamos vivir aquí un cierto tiempo. ¿Qué os parece?
—Que podría ser— dijo Sandra –Algo así como la prisión de Alcoy. Estas casas parecen cómodas y nosotros no somos demasiados. Podríamos estar viviendo aquí durante meses. Podríamos intentarlo.
—Yo incluso me quedaría. Lo de Las Vegas nunca me ha parecido buena idea— dijo David. Dudo mucho que allí podamos vivir mejor que en Manhattan, y menos a las ordenes de una especie de dictador psicópata. Tenemos medios para sobrevivir por nuestra cuenta. Piénsalo Carlos.
Carlos se quedó un rato pensativo. En cierto modo David estaba en lo cierto. Dorian era un tipo peligroso y del que uno no se podía fiar. Quizás David tenía razón.
—Muy bien— dijo Carlos –Te prometo que lo pensaré. ¿Alguien más tiene algo que decir?
Nadie dijo nada más. Justo en ese momento escucharon un ruido, un ruido similar a unos golpecitos en la puerta, era como si alguien estuviera llamando a la puerta. Todos se miraron tras los primeros toques, pero cuando volvieron a llamar, se levantaron rápidamente y cogieron las armas. Carlos seguido de Sandra caminó hacia el pasillo y desde allí miraron a la puerta principal. Entonces volvieron a escuchar los golpecitos.
—Por favor. Dejadme entrar. Estoy sola.
La voz de una chica hizo que se miraran los unos a los otros. Carlos miró primero a Sandra y luego hacia la puerta. –No tenemos nada. Márchate. No tenemos nada que pueda interesarte.
—Por favor. Estoy embarazada…— dijo en ese momento la chica.
—Nos da igual. No podemos ayudarte. Márchate— dijo Carlos.
—Por favor. No sobreviviré sola, ni tampoco mi bebé. Por favor… No soy peligrosa.
—Carlos— dijo en ese momento David –Debemos dejarla pasar, no podemos dejarla ahí sola. Si muere lo lamentaremos, está embarazada. No lo hagas por ella, hazlo por el bebé que está esperando. ¿Acaso dejarías a Eva?
—No es lo mismo— dijo Carlos mientras veía caminar a David hacia la puerta. –Un momento. ¿A dónde vas?— Carlos le apuntó. –No te dejaré abrir esa puerta.
—Si quieres detenerme será mejor que dispares, pero si lo haces atraerás a los caminantes que pueda haber por aquí— dijo David cuando ya estaba junto a la puerta. Este miró por la mirilla y allí vio a una mujer joven de menos de treinta años, tenía una larga melena negra y sucia, los pelos casi que le cubrían la cara. Observó su cuerpo y vio la abultada barriga, lo del embarazo era cierto y de hecho debía haber salido ya de cuentas.
—No lo hagas— dijo Carlos nuevamente. –No podemos confiar en nadie que no seamos nosotros.
Pero David hizo caso omiso, quitó los muebles de la puerta y la abrió. Entonces la chica pasó al interior de la casa. Enseguida esta se vio encañonada por Carlos.
—Intenta algo y te mato. Te lo juro, me da igual que estés embarazada— la amenazó Carlos. La chica lo miró y enseguida asintió.
Sandra caminó al encuentro de la chica y la cogió de la mano, seguidamente se la llevó al salón mientras le decía a Kyle que le trajera un barreño con agua y un trapo para poder limpiar a la muchacha. Cuando se lo llevó comenzó a quitar la suciedad de la cara de la joven.
—¿Cómo te llamas?
—Dennise. Me llamo Dennise Wyatt— respondió la chica.
—¿Y desde donde vienes Dennise?— preguntó Sandra. –Me parece increíble que hayas sobrevivido tanto tiempo sola. ¿De cuanto estas?
—Soy de Ohio. Sobreviví por que estaba con un grupo con mi marido, pero hace unos días todos murieron cuando nos atacó un grupo de hombres. Solo yo conseguí escapar. Desde entonces he estado vagando sola. Ahora mismo estoy de nueve meses, debo estar a punto de parir— respondió Dannise. –No quiero estar sola.
Sandra miró a Carlos, el cual junto a Butch habían guardado las distancias y se habían ido a la otra punta del salón, allí parecía que estaban teniendo una conversación en voz extremadamente baja, luego volvió a mirar a la chica. –No te preocupes. Ahora estás con nosotros. Te llevaremos con nuestro grupo. Ahora estamos de paso por aquí.
—Necesito pediros un favor. El grupo en el que estaba y fue atacado formaba parte de otro grupo más grande. Este grupo está en Phoenix. Tengo que llegar hasta ellos. Mi grupo se separó por problemas que tuvimos, pero a mi volverán a aceptarme. Allí tenemos un medico que podría ayudarme en el parto.
—Phoenix está a casi dos horas de aquí— dijo Kyle. Podríamos llevarla.
—Si, por favor. Mi gente es muy buena, les recompensarán. Por favor, el medico de allí es mi única oportunidad para traer este bebé al mundo. Por favor— Dennise miró a Carlos. –Se lo suplico. Usted es el jefe de este grupo. Ayúdeme.
Carlos se quedó mirando a la mujer, se quedó pensativo, miró a Sandra y notó que ella no iba a aceptar una negativa a ayudar a una chica embarazada, entonces  asintió. –Muy bien. La ayudaremos.
Unos minutos después estaban abandonando la casa subidos a la camioneta en dirección a Phoenix. Allí dejarían a la chica y volverían a su campamento para volver a Prescott. Allí se establecerían un tiempo antes de ir hacia Las Vegas.

Las Vegas…
15:45 de la tarde…

Luci recobró la consciencia en el momento que le echaron el cubo de agua fría por encima. Abrió los ojos y se encontró con dos de los gorilas de Dorian. Ella estaba amarrada a una silla en medio de una sala con un enorme ventilador en un lado y aun llevaba puesto el vestido de noche que se había puesto la noche anterior para salir con Dorian. No sabía cuanto hacía que estaba allí, ni el tiempo exacto que había pasado desde que Dorian le había pateado. Entonces uno de ellos salió de la sala y entró pocos segundos después con su jefazo.
—Por fin te despiertas. No esperaba que te quedaras tan k.o después de las descargas— dijo Dorian acercándose a Luci. La cogió del pelo y la obligó a mirarle. –Siento haber jugado contigo de esa manera, pero solo trataba de divertirme un poco contigo. Eres muy sosa tía.
—¿Qué me habéis hecho?— preguntó Luci. —¿Qué fue esa descarga?
—Supongo que has notado ese bulto que tienes bajo la piel. Nos permitimos implantarte un chip. Con el impediremos que te pases de la raya o intentes escapar. Digamos que te estamos domando.
—Doma a tu puta madre cabrón.
—Me encantaría, pero está muerta. Las dos lo están, mi madre biológica, la cual habría sido una fabrica de degenerados si no hubiese muerto cuando me parió y la adoptiva, una estúpida de mierda que mimó demasiado a sus otros dos hijos. Si la hubiese podido enseñar como dios manda… Habría ahogado a esos dos maricas en la bañera. Desgraciadamente no fue así y los dejó crecer. Yo intenté solucionarlo un día, pero solo me dio tiempo a cortarle una pierna al gilipollas de Graham, pero no he venido aquí a hablarte de mi vida. He venido aquí a contarte algo mucho más interesante. Es tan cojonudo que solo de pensarlo hace que se me ponga dura de golpe.
—¿Si te dijera que no me importa serviría de algo?— preguntó Luci.
—Muy graciosa— dijo Dorian con una sonrisa. –Lo que he venido a contarte es que espero que tomaras nota de lo que viste en la jaula, por que esta noche es tu debut. Me encantará ver lo que eres capaz de hacer. Aun así vas a tener un trato especial, aunque sobrevivas nadie te tocará. Y va a ser difícil, por que Quentin se relame contigo, y está deseando echarte un buen polvo. Ya se ha cansado de Estela. Aun así no dejaré que te pongan la mano encima, ni el ni nadie.
—Méteme ahí y te juro que me dejaré matar— amenazó Luci. –Lo que sea por joderte.
—Tu misma. Entonces no morirás solo tú. Por si lo has olvidado tengo vigilados a tus amigos. Una orden mía y serán masacrados. Además, debo decirte que ha ocurrido algo. Los caminantes los atacaron donde estaban refugiados y algunos han muerto. Unos se han largado y se dirigen hacia Macon. Los otros, los rezagados entre los que se encuentra Juanma están en estos momentos tratando de alcanzar a los otros. En teoría se encontrarán en Macon. A no ser que les diga a mis chicos que los intercepten y se los carguen. Puedo hacerlo, solo ponme a prueba. Entonces te mostraré sus cabezas, las cuales pienso guardar como trofeo. ¿Te queda claro? Así que esta noche te aconsejo que nos des un buen espectáculo y no se te ocurra intentar joderme. Ni viva ni muerta— Dorian miró a sus dos hombres. –Soltadla y llevadla a la celda, que coma para que esta noche esté en forma.
Los dos gorilas le quitaron a Luci las correas y se la llevaron de la sala. Cuando Dorian salió se encontró con Dante, el cual no parecía que hiciese mucho que había llegado.
—Nos va a dar problemas. Con la sangre que le sacamos ya nos sobra para sacar vacunas durante los próximos diez años. Mantenerla viva es una perdida de tiempo. Si lo que quieres es tirártela adelante, hazlo y luego córtale la puta cabeza.
—Todo a su tiempo. No tengas tanta prisa. Además, estamos trabajando en un nuevo juego en la zona nueva. Un juego en el que quiero que participe. Créeme, valdrá la pena. Quiero sacarle todo el partido posible.
—Tú verás, pero luego no digas que no te lo he advertido. Esta tía se nos puede ir de las manos en cualquier momento, y cuando eso ocurra, tú serás el único responsable.
—Aceptaré entonces mi culpa— dijo Dorian. Segundos después se marchó de allí dejando a Dante a solas.

En algún lugar de Georgia…

Me desperté justo cuando la auto caravana se detenía junto a una gasolinera. Había estado durmiendo desde que habíamos salido de Mahwah. Miré a mi alrededor y vi a Juan preparando su fusil para salir del vehículo.
—¿Qué ocurre?— pregunté. —¿Vicky sigue dormida?
—Hemos parado a repostar, serán solo unos minutos. Y si, la chiquilla sigue dormida. Bueno… Lo estaba. Se está despertado— dijo Juan. –Oye, será mejor que hables con ella sobre lo de está noche. Ambos lo necesitáis, tu para perdonarte y ella para que te perdone— Juan miró a Johana y a Ben. –Venid conmigo. Vamos a llenar unas cuantas garrafas para el camino. No vaya a ser que nos quedemos tirados a medio camino o en medio de un rebaño de cabrones. Ya sabéis, lo de siempre. Ojos abiertos, oídos alerta y fe en los dioses para que estén de nuestra parte.
Una vez en la calzada escuché como Johana le decía algo a Juan acerca de sus dioses, pero no lo entendí muy bien. Me levanté del asiento del copiloto y fui hasta el fondo del auto caravana para hablar con mi hija. Por el camino miré por la ventana y vi a Katrina montando guardia en el exterior. Arianne estaba cuidando de Tamara sentada al lado del colchón donde la habíamos tumbado. Cuando llegué junto a Vicky le sonreí.
—Buenos días princesa ¿Me puedo sentar?— Vicky asintió y yo me senté a su lado. —¿Qué tal has dormido? Espero que hayas tenido dulces sueños— al ver que no hablaba me apresuré a pedirle disculpas por el bofetón. –Siento haberte pegado, pero fuiste muy imprudente con lo que hiciste. Podría haberte pasado algo. Ya no hablo solo de caminantes. Hay muy mala gente por ahí, y estos son más listos que los No Muertos. Y van armados.
—Papá. Tuve cuidado, aunque tu no te lo creas se cuidar de mi misma. He aprendido muy bien de todos. Te prometo que tuve mucho cuidado con la salida. Incluso me las ingenié para quitarme de en medio a varios caminantes sin necesidad de disparar. Se muy bien lo que me hago.
—Aun así debes prometerme que nunca más volverás a hacer algo parecido. También necesito que me perdones. Yo prometo no volver a pegarte.
En ese momento la niña puso la palma de la mano para que se la estrechara. –Entonces hagamos ese trato. Yo no volveré a hacer eso y tú no volverás a pegarme.
—Trato hecho— le respondí al tiempo que le estrechaba la mano. Seguidamente la abracé y le besé en la frente. —¿Quieres salir a estirar las piernas?
Vicky asintió y ambos salimos del auto caravana. Cuando pusimos los pies sobre el asfalto noté que este estaba caliente. Las temperaturas estaban comenzando a subir. Pronto los No Muertos serían más activos y por supuesto más peligrosos.
Miré hacia la gasolinera al otro lado de la autopista y vi como Juan, Ben y Johana estaban llenando unas garrafas. Al otro lado por detrás de nosotros había maizales bastante altos. Entonces Katrina se acercó a nosotros.
—Llegaremos a Macon dentro de unas seis o siete horas. Siempre y cuando nada nos frene. Cuando lleguemos buscaremos a los demás en las afueras, luego iremos a buscar a mi madre a la comisaria. Dios, espero que esté viva. Creí que estaba muerta hasta que escuché su voz. Debo agradecerte que aun siendo un viaje tan largo aceptaras ir hasta Macon.
—No tienes que agradecerme nada. Eres mi hermana, además, puede que allí en la comisaria encontremos armas y provisiones. No nos vendrá mal lo de ir.
—Papá… ¿Puedo mirar a ver si hay algo dentro de aquel coche?— dijo Vicky señalando un coche de color blanco que estaba en la cuneta. Yo lo miré y luego miré a mi hija.
—Vale, pero ve con cuidado.
Vicky le quitó el seguro al arma y caminó hasta el vehículo para inspeccionarlo mientras yo me quedaba con Katrina vigilando. Decidí subirme a lo alto del auto caravana para mirar con los prismáticos, necesitaba ver que teníamos por delante. Varios metros hacia delante había varios vehículos abandonados en medio de la calzada, pero no iban a suponernos un obstáculo pasar. Seguí mirando por los maizales y entonces vi algo que me llamó la atención. Me quité los prismáticos de la cara y bajé por la escalerilla de mano con cuidado. Miré a Katrina y me puse el dedo en los labios para que guardara silencio. Luego miré a Vicky, la cual estaba volviendo del vehículo que había ido a inspeccionar. Le hice un gesto con la mano para que se acercara.
—¿Qué ocurre?— preguntó Vicky.
—Quédate aquí con tía Katrina— respondí al tiempo que le quitaba el seguro a mi fusil. Seguidamente rodeé el vehículo y me adentré entre los maizales. Los recorrí lentamente recordando la localización exacta a la que me dirigía. No tardé en llegar en silencio. Cuando llegué me encontré a un tipo agazapado tomando notas en una libreta. Entonces le puse el cañón de mi arma en la nuca.
—No te muevas. Levanta las manos y ponlas donde pueda verlas. Te juro que no dudaré en disparar. —El tipo hizo lo que le ordené dejando la libreta en el suelo. Luego levantó las manos y se las puso detrás de la cabeza.  —Ahora ve dándote la vuelta, quiero verte la cara— justo cuando se daba la vuelta hizo un rápido movimiento, me golpeó en el estomago con el codo y agarró el cañón del arma, hizo que apuntara hacia arriba justo cuando le quise disparar. El disparo se debió escuchar en varios kilómetros a la redonda.
El tipo forcejeó conmigo y me arrebató el arma, me golpeó en la cara con la culata y me derribó. Justo cuando pensé que estaba a su merced y que iba a acabar conmigo, tiró el fusil hacia un lado y salió corriendo entre los maizales.
Yo me levanté todo lo rápido que pude y en lugar de ir a por el fusil saqué mi pistola y comencé a correr entre los maizales detrás del tipo, al que estaba perdiendo. Mientras corría escuchaba las voces de mis compañeros llamándome, pero no les presté atención. Quería cazar a aquel tipo por que era obvio que nos estaba siguiendo.

En algún lugar entre Prescott y Phoenix…

Butch conducía la camioneta en silencio con Carlos y la chica al lado. El no decía nada, pero Carlos estaba interrogando a la chica. Más bien la estaba investigando.
—Aun no entiendo como has podido sobrevivir tu sola en ese estado. Este mundo ya no es fácil. ¿De que te alimentabas?
—No estoy orgullosa de ello, pero muchas veces me he visto obligada a comer cosas podridas como carne y fruta. Incluso he tenido que cazar pequeños pájaros y roedores, me los tenía que comer crudos. No ha sido fácil.
—¿Y como sabias que estábamos en esa casa?. Fuimos muy cuidadosos a la hora de ocuparla. Nos aseguramos de que no nos viera nadie.
—Os vi desde otra casa. Os estuve vigilando antes de presentarme, quería saber si erais buenas personas. Hoy en día no te puedes fiar de nadie— respondió la chica.
—En eso tienes razón. Nunca sabes quien va a intentar joderte— dijo en ese momento Butch mirando a Carlos. –Tu sabes muy bien de que va eso ¿Verdad?— en ese momento Butch frenó en seco y Carlos se dio un golpe contra el salpicadero. Cuando levantó la cabeza miró a Butch.
—¿Se puede saber que coño estás haciendo?
—Mira— dijo Butch señalando varios vehículos y un tanque parados en mitad de la carretera. No tardaron en aparecer varias personas armadas desde varios puntos. Entonces Carlos notó como alguien le ponía una pistola en la cabeza. Miró a la chica, era ella quien le estaba apuntando.
—Lo siento. Esto no lo hacemos por gusto. Solo lo hacemos para sobrevivir. Dejad las armas y salid del coche.
Carlos y Butch hicieron lo que Dennise les había ordenado, dejaron las armas y salieron de la camioneta con las manos en alto. A ellos no tardaron en unirse David, Kyle y Sandra. Una vez allí se vieron rodeados por varios tipos armados que comenzaron a cachearlos. Entonces Carlos reparó en uno de ellos, un tipo grande y fornido. Con un tatuaje de un águila en el brazo derecho. Ese debía haber sido el tipo que había estado en su campamento, lo cual delataba que esas personas los habían estado siguiendo.
—Buena pesca Claudia— dijo el grandullón mirando a la supuesta Dennise. La cual se levantó el vestido y dejó caer una barriga falsa hecha de goma espuma. –Hoy en estos días uno no se puede fiar de nadie, ni siquiera de una embarazada.
—¿Qué queréis?— preguntó Carlos.
—Sobrevivir. Exactamente lo mismo que quieren todos.
—Robarnos las armas no garantizará vuestra supervivencia— dijo en ese momento Kyle
—No queremos vuestras armas capullo. De eso tenemos de sobra. Lo que queremos es vuestra carne. Con vosotros tenemos para sobrevivir varios meses— el tipo miró a varios de sus hombres y con un gesto de cabeza les ordenó que les inyectaran algo en el cuello. Cuando Carlos sintió el pinchazo miró al líder de aquel grupo, este tenía una sonrisa en los labios. Poco después sintió que las fuerzas le abandonaban. No tardó en quedarse totalmente dormido al igual que el resto de sus compañeros. Seguidamente los ataron y los subieron a un vehículo. Luego los captores se marcharon de allí contentos con la caza del día.

En algún lugar de Georgia…

Corrí por los maizales hasta que llegué a una carretera secundaria. El tipo al que estaba persiguiendo había desaparecido sin dejar rastro. Entonces escuché el ruido de un motor y vi una furgoneta de color negro salir de allí. Sin pensármelo dos veces apunté con mi pistola y comencé a disparar contra el vehículo, pero aquello no sirvió de nada. La furgoneta se alejó de allí. Justo en ese momento apareció Katrina a mi lado.
—¿Qué ha pasado? ¿Por qué disparabas?
—Había un tío entre los maizales. Estaba escribiendo algo en una libreta. Creo que nos estaban siguiendo y vigilando— respondí. Entonces vi aparecer a varios caminantes que salían de otro campo de maíz en dirección hacia nosotros. Seguramente atraídos por los disparos.
—Creo que deberíamos largarnos de aquí— dijo Katrina poniéndome la mano en el hombro. Yo asentí y ambos nos metimos en el campo de maíz en dirección al auto caravana.
Por el camino me paré en el lugar donde el tipo me había derribado. Allí recuperé mi fusil y también cogí la libreta donde aquel desconocido estaba tomando notas. Aunque no la miré, era más importante regresar al vehículo para continuar con el viaje.
Nos encontramos con Juan, Johan y Ben que habían sacado todo el combustible que podían y que habían escuchado los disparos. No explicamos nada, nos subimos rápidamente y Juan pisó el acelerador al tiempo que los No Muertos llegaban a la carretera. Algunos incluso trataron de seguir a nuestro vehículo.

Macon…
22:00…

Habían llegado a Macon después de estar conduciendo sin parar después de abandonar Mahwah tras el ataque de los No Muertos. Aunque aun faltaba gente en su grupo.
Rachel detuvo el autobús en una gasolinera y bajó para hacerles una señal a los demás vehículos. Iban a quedarse acampados allí. Eva también bajó y se quedó mirando a Rachel.
—¿Crees que Juanma y los que faltan están de camino?
—Seguro que si, solo que les llevamos varias horas de ventaja. No te preocupes, puede que nos reencontremos con ellos dentro de unas horas o incluso mañana al amanecer. Ellos seguirán esta misma carretera, nos encontraremos con ellos si o si— respondió Rachel. Entonces se alejó de Eva y comenzó a impartir órdenes entre los demás. –Pasaremos la noche aquí. Montaremos guardias de cuatro personas durante dos horas. Melanie y Sheila, espero que no os importe quedaros toda la noche de guardia para cuidar de los heridos.
—No hay problema— respondió Sheila dándole un beso en los labios a su pareja.
Otros se apresuraron a inspeccionar el interior de la tienda, la cual encontraron despejada. Informaron a las dos médicos y estas pidieron enseguida que las ayudaran a llevar a los heridos al interior.
Mientras los demás se iban preparando para pasar allí la noche, Eva se quedó en su cama mirando por la ventana, miraba la carretera, esperando ver los faros de algún vehículo acercándose y deseando que se tratara de Juanma y los otros. Ella se había dado cuenta de que Vicky no estaba con ellos cuando se largaron a toda velocidad. Sentía que la pequeña estaba con su padre a salvo.
—Mi madre está con ellos también— Eva se dio la vuelta y vio a Cindy, la hija de Katrina.
—Si. Cuidaran de ella, no te preocupes— respondió Eva. –Volveremos a verles pronto.
—¿Eres mi tía?— preguntó en ese momento Cindy. –Es que me ha parecido escuchar que tu marido y mi madre han descubierto que son hermanos. Si lo son, entonces eres mi tía.
Eva sonrió. –Si. Supongo que lo soy.
—Nunca he tenido una tía. Mi padre solo tenía un hermano que nunca se casó y mi madre no había tenido ningún hermano hasta ahora. Quizás esté mal, pero me siento feliz por haber descubierto que tengo más familia. Incluso una prima.
—Yo también me siento feliz— respondió Eva. –Bueno. Ahora ve a dormir. Necesitas descansar.
—¿Puedo dormir contigo?— preguntó en ese momento Cindy. –No me gusta dormir con mi padre. Hace mucho tiempo que es diferente.
Eva no supo como interpretar aquello, pero asintió y Cindy se acercó a ella, se sentó a su lado y apoyó la cabeza en su hombro. Luego posó su mano sobre el vientre de Eva. –También estoy feliz por este bebé. También va a ser mi primo. Vamos a ser una familia.

Cindy no tardó en quedarse dormida cuando ambas se tumbaron en la cama, sin embargo Eva no pudo. No podía dejar de pensar en Juanma. Se incorporó nuevamente y miró por la ventana para ver si venia algún vehículo por la carretera, pero nuevamente no obtuvo resultados. Lo que si le pareció ver fue a James con la vista clavada en ella desde el exterior. Parecía estar totalmente ido.

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