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Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
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sábado, 26 de septiembre de 2015

NECROWORLD Capitulo 90

Día 29 de Marzo de 2010
Día 539 del Apocalipsis
Macon… 10:00 de la mañana…

Katrina yacía en el suelo con una herida en el hombro. Estaba a los pies de su madre, la cual ni siquiera podía moverse. Yo intenté adelantarme hacia ella, pero nuevamente fui encañonado por Mickey. —¡¡Eh!! ¿Quién te ha dicho que podías moverte. Quédate en tu puto sitio o te aseguro que esta vez no fallaré ni será un aviso.
—Tranquilo— dijo en ese momento Katrina incorporándose lentamente contra uno de los muebles. –La bala ha entrado y ha salido. Se curará. Solo necesito hacerme un torniquete.
En ese momento la madre de Katrina comenzó a hablarle a Mickey. –Por favor. Déjales que se vayan. Entiendo como te sientes, pero esto no te traerá de vuelta a tu hermano. Lo que pasara es ya agua pasada.
—Pero callará las voces de mi cabeza. Me dejarán en paz si mató a Katrina. Esto tiene que acabar aquí y ahora. Tiene que morir, debe hacerlo.
—¿Y que crees que pasará? Se irán esas voces y vendrán otras a atormentarte. Vendrán las nuestras para atormentarte eternamente. ¿Quieres que ocurra eso? No te atreverás a detonar esos explosivos. Ya lo habrías hecho, no quieres morir.
En ese momento apareció Juan por detrás de Mickey y con un rápido movimiento le cortó la mano con un machete. La misma mano en la que sostenía el detonador. El miembro cercenado de Mickey cayó al suelo mientras Mickey gritaba de dolor y caía al suelo. Yo me apresuré y le di una patada a la pistola de Mickey, luego cogí la mano amputada y me hice con el detonador. Rápidamente lo guardé en un cajón mientras Juan y Melanie entraban en la sala. Mientras Melanie corría a socorrer a Katrina, Juan agarraba a Mickey y lo inmovilizaba.
—Me alegro de veros. Tienes que ayudarme. Hay que quitarle estos explosivos— dije señalando los explosivos que la madre de Katrina tenía por todo el cuerpo. Justo cuando iba a quitárselos Juan me lo impidió.
—No intentes quitárselos ni moverla. Si lo haces saltaremos por los aires.
—¿Y que se supone que tenemos que hacer?— pregunté. –Yo no tengo ni idea de desactivar explosivos. ¿Y tú?
Juan negó con la cabeza. –No, ni puñetera idea, pero Mouse si. Recuerdo que me comentó algo una noche que estábamos de vigilancia. Tenemos que ir a por Mouse y traerlo aquí. Solo así tendremos una oportunidad, pero no es lo único. Hay que llevarse de aquí a Katrina. Necesita ser atendida de urgencia.
Me quedé un rato pensativo y miré a Katrina y a Melanie, avancé hacia ellas y me agaché. Le aparté el pelo de la cara a mi hermana y comencé a hablar. –Ahora te van a llevar al campamento para curarte. Te irás con Juan y con Melanie. Después vendrá Juan otra vez y traerá a Mouse para desactivar esos explosivos. Es necesario que lo hagamos. Aquí ahora mismo no hay nadie que sepa desactivar estas cosas. Y tú necesitas que te curen eso.
—Pero mi madre…— replicó Katrina.
—No te preocupes cariño. Estaré bien. Aquí tu hermano se quedará para hacerme compañía. ¿Verdad?— dijo la madre de Katrina mirándome.
—Si. Yo me quedo aquí hasta que regresen— respondí.
Katrina asintió con resignación. –Está bien. Por favor. Cuida de ella.
—Te lo prometo— respondí.
Juan y Melanie alzaron a Katrina y se la llevaron del despacho en dirección al callejón mientras yo me quedaba allí con su madre. La miré a los ojos y confirmé lo que llevaba rato imaginándome. Además, se le notaba en la cara, estaba pálida y sudaba, seguramente tenía fiebre. Me acerqué a ella y esta me sonrió.
—No te pareces en nada a tu padre. Nunca conocí a tu madre, pero es evidente que te pareces a ella. Siento haberme liado con tu padre cuando tu madre ya estaba embarazada de ti, pero no me enteré hasta mucho después.
—¿Cuánto hace que le mordieron?— pregunté tajantemente.
—Te has dado cuenta… Me mordieron hace horas. Intenté escapar y me mordieron. No he querido decir nada por no preocupar a mi hija. No merece la pena quitarme estos explosivos. Voy a morir de todos modos. Tú deberías marcharte de aquí ahora que aun puedes. No hay nada que hacer. Márchate.
—Aun le queda tiempo y yo le hice una promesa a su hija. Mouse vendrá aquí, le desactivará esos explosivos y la llevaremos al campamento. Al menos podrá despedirse de su hija, de su nieta y de su yerno. Todos están bien.
—¿James sigue vivo?— preguntó en ese momento la madre de Katrina.
—Si— respondí. —¿Ocurre algo con el?
—Ese hombre no es ningún padre modélico ni un marido ejemplar. Mi hija está cegada con el por el miedo. No quería que se fuera con mi hija de viaje cuando ocurrió lo que ocurrió, pero no pude impedirlo. Tienes que cuidar de mi hija y de mi nieta. Haz lo que tengas que hacer para que ese hombre no les haga daño ni se siga aprovechando del miedo de mi hija.
James nunca me había hecho gracia. Desde el primer momento había algo en el que no me expresaba nada de confianza. Sabía que guardaba algo y que no era bueno. La madre de Katrina me estaba abriendo totalmente los ojos. Ese hombre era un peligro para mi hermana y mi sobrina. Ahora también para el resto del grupo. ¿Y si había sido el quien había matado a Andy y a Larry? Si había sido el… Iba a tener que deshacerme de ese peligro. Iba a tener que vigilar a James y seguramente iba a tener que matarle.

Macon… Campamento…

Diana jugaba con los niños. Siempre bajo la vigilancia de Jill y Faith. Las cuales vigilaban desde lo alto del autobús para que no ocurriera nada malo o se acercaran caminantes. De repente vieron aparecer el vehículo que se habían llevado los demás, iba a toda velocidad hacia el campamento. Jill bajó de un salto y comenzó a dar ordenes a los demás para que se prepararan por si había que luchar o incluso huir. Eva se acercó corriendo a los niños y entre ella y Diana los pusieron a cubierto.
Cuando el vehículo llegó vieron como Melanie bajaba con Katrina a cuestas. Cuando James la vio sangrando se acercó corriendo.
—¿Qué ha pasado? ¿La han mordido?
—Le han disparado. Quítate de en medio. Me estorbas— respondió Melanie apartando a James de un empujón. —¡¡¡Sheila!!!
Sheila se acercó corriendo seguida por Rachel. Esta cogió a Katrina por las mejillas. —¿Qué tenemos?
—Herida de bala en el hombro, con orificio de entrada y salida. No parece grave, pero hay que curarla— respondió Melanie sin dejar de avanzar.
Mientras, Juan corrió a buscar a Mouse. –Me dijiste que sabias desconectar explosivos ¿No? Pues si es así necesito que vengas conmigo a un lugar. Es estrictamente necesario.
—¿Qué está pasando? Traéis a Katrina herida y no hay rastro de Juanma. ¿No se supone que ibais a por la madre de esta? ¿Qué cojones está ocurriendo aquí.
—Te lo contaré por el camino, pero no hay tiempo que perder. Tenemos que salir de aquí a la de ya. Vamos.
Juan y Mouse corrieron de nuevo hacia el coche y se subieron de un salto. Segundos después, el coche salió disparado de vuelta a la comisaria de Macon mientras James los observaba alejarse con recelo. Ahí había algo que no funcionaba. Algo que no le cuadraba. Algo que tenía que ver con su suegra, a la que odiaba y que desde la primera llamada había estado deseando que la encontraran muerta.

Macon… Comisaria…

Me acerqué a la sala donde habíamos encerrado a Mickey y lo observé a través del cristal. Estaba tirado en el suelo mientras se cubría el muñón con un trapo. Este movía los labios, parecía que estaba hablando con alguien. Antes de entrar en la sala donde estaba aquel tipo, miré a la madre de Katrina, ella estaba inmóvil y con fiebre, pero aun seguía consciente, le hice un gesto y ella asintió con la cabeza. Abrí la puerta y entré. Me acerqué a el con cautela y me quedé de pie a unos dos metros de el.
—Voy a tratar de curarte eso. No quiero que hagas nada. Si lo haces acabaré contigo. ¿De acuerdo? ¿Quedó suficientemente claro? No quiero volver a repetírtelo. Y tampoco me quiero ver obligado a matarte. Eres un pobre loco y no merece la pena. Además… Tú don…
—Mi don… Esto no es un don. Es una maldición. Una jodida maldición que no me ha traído nada bueno. No me ayuda el que tenga que estar escuchando la voz de mi hermano día y noche. Diciéndome que haga cosas. Como matar a gente, como buscar y encontrar a Katrina para vengar su muerte.
—Tú hermano está muerto. Esas voces que escuchas son solo producto de tu imaginación. No existen, no tienes el por que obedecerlas. Debes ignorarlas. Se de lo que hablo. A mi también me ha pasado por el peso de la culpa he estado cargando. También veía a personas que estaban muertas, tanto amigos como gente a la que he tenido que matar en defensa propia o en defensa de los míos. Tú don podría sernos muy útil a la larga— dije a la vez que empezaba a sacar el material de un botiquín que había encontrado en el despacho. Iba a tratar de curarlo, algo había aprendido de Sheila y Melanie.
Cuando comencé. Mickey dejaba ver muecas de dolor, pero no se quejaba. Me sorprendía que no hubiese entrado en shock todavía. Debía ser un hombre muy fuerte, aunque la fuerza no servía de mucho en una mente perturbada. Y la de ese hombre era una ruina total. Ciertamente podría sernos de ayuda, pero al mismo tiempo era un riesgo enorme el llevarlo con nosotros. Terminé de curarle y salí de la sala donde estaba encerrado, la cura que le había hecho debía hacerle aguantar. Había conseguido detenerla la hemorragia, justo en ese momento llegaron Juan y Mouse a la comisaria.
—Se lo he contado todo mientras veníamos— dijo Juan acercándose a mi. Mientras, Mouse se acercaba a la madre de Katrina, primero la saludó y luego inspeccionó los explosivos con cuidado. Luego nos miró.
—Ya había visto este tipo de explosivos. Una vez activados son sensibles al movimiento. Hay tres maneras de detonarlos. Con un detonador— dijo Mouse señalando la mano que seguía en el suelo sosteniendo el detonador todavía. –Moviéndola o cortando un cable que no se debe.
—¿Podrás desconectarlo? Es importante— respondí.
Mouse se rascó la cabeza. –Si, pero hay que ir con tanto cuidado que podría llevarnos horas. Ósea, tiempo. Creo que eso es lo único que no tenemos. Esta mujer está ardiendo.
—Le han mordido— respondí. Cuando lo dije, Mouse y Juan me miraron.
—¿Qué la han mordido? Entonces que sentido tiene que le quitemos los explosivos. Va a morir de todos modos. Por no hablar de si se convierte mientras se los quito. Se moverá para pegarme un mordisco y entonces explotará todo. Supongo que no es necesario que te diga lo que pasará entonces, pero por si acaso te recordaré que eso nos matará. No nos encontrarán ni los del C.S.I. El cargamento es tan grande y potente que la explosión no solo mandaría a tomar por culo la comisaria, si no que también varios metros a la redonda. El que ha hecho esto parece que sabia muy bien lo que quería hacer.
—En realidad no. Es un tipo que está loco. Según el, lo hizo por orden de su hermano. El cual está muerto, oye su voz dentro de su cabeza— expliqué.
—Hay hermanos que son unos cabrones. Y eso tú lo sabes bien. Así que no es nada nuevo— Mouse se agachó de nuevo y comenzó a inspeccionar el explosivo de nuevo sin tocarlo. Había que tener extremo cuidado. –Aquí hay unos cables, cortar uno de ellos es el primer paso para desactivarlo, cortar el equivocado es el paso directo a regresar al campamento por fascículos. Bueno, creo que va siendo hora de que nos pongamos manos a la obra. Esto va a ser largo, habrá que ser cuidadosos y pacientes.

Las Vegas…

Luci despertó en su celda como de costumbre. Se incorporó lentamente aun con los recuerdos de la noche anterior repitiéndose en su cabeza. Había sobrevivido casi de milagro. Fue en ese momento cuando descubrió que no estaba sola en la celda. Había alguien más. Se trataba de un hombre que vestía una camisa de color blanco con manchas de sangre, y que le era muy familiar. Se levantó de la litera y caminó hacia el, se agachó y le levantó la cabeza para verle la cara. Entonces como si se asustara de repente se retiró. Ese hombre era Dante. ¿Qué hacía ahí? ¿Qué le había pasado?
Dante alzó la cabeza y la miró a pesar de su ojo morado e hinchado. –Ya te has despertado ¿eh? Ya iba siendo hora. Yo llevo aquí sin poder moverme horas. Desde poco después de que sobrevivieras en la jaula.
En ese momento, Luci lo agarró del cuello y lo obligó a levantar la cabeza para mirarla. Tenía la oportunidad para acabar con el, hacer lo que tanto deseaba, por su culpa estaba ella ahí.
—¿Qué haces tu aquí?
—Dorian ha decidido poner fin a nuestra amistad y me ha traicionado. Pensó que sería divertido dejarme tirado en tu celda para ver si me matas.
—Es lo que debería hacer— respondió Luci apretándole el cuello, deseaba tener algo con que rajárselo de parte a parte. –Tú eres el causante de que esté aquí.
—¿Y que te impide hacerlo? Estoy en tus manos. Si no lo haces ahora moriremos más tarde de todos modos. De aquí nadie sale con vida a menos que Dorian quiera. Ni siquiera tú. Estás tan jodida como yo, o más.
—No. Tu ahora mismo estás donde te mereces— dijo Luci levantándose. –Me das pena, y verte así me reconforta. No voy a matarte, no me merece la pena. Ya no. Tampoco podrás hacerme nada. Ahora mismo no eres más que un pobre hombre sin poder. Solamente eres un miserable. Matarte no serviría de nada. Prefiero que vivas así sintiéndote el despojo que eres. Si quieres morir matate tu solo.
En ese momento escucharon a alguien dar palmas, fue en ese momento cuando vieron aparecer a Dorian con una sonrisa de oreja a oreja, seguido por varios de sus hombres. A los que Dante enseguida reconoció como los autores de la paliza que le habían pegado.
—Te juro que pensé que lo ibas a matar en cuanto lo vieras en tú misma celda, pero preferí confiar en tu criterio y aposté que no lo harías. Me has hecho ganar dos de los grandes. Gracias— dijo Dorian mirando a Luci.
—Me alegro. Así te dará más gusto cuando te los metas por el culo. ¿Qué está haciendo el aquí?— preguntó Luci mirando al maltrecho Dante. –Ya es tarde para los regalos de navidad. Y este es de los que sobran por que no te lo he pedido.
Dorian sonrió y con un gesto hizo que dos de sus hombres entraran dentro de la celda. Luci no intentó nada. Con aquello bajo su piel no podría hacer mucho. Ambos tipos cogieron a Dante, este en un principió intentó resistirse, pero uno de ellos le pegó un puñetazo en el estomago. Seguidamente lo sacaron de la celda y se lo llevaron de allí mientras Dorian se quedaba con Luci.
—Soy consciente de las cuentas que tienes pendiente con el. Y por eso aunque no me lo pidas te voy a hacer un regalo. Dentro de poco tú y otros muchos de los aquí presentes seréis participes de un nuevo juego. Os gustará. Será un buen momento para que podáis conoceros mejor todos vosotros. Hasta entonces no será necesario que salgáis para ir a la jaula, se os alimentará bien para que estéis fuertes.
Dorian se marchó de allí y entonces Luci miró a Isabella. Iba a decirle algo cuando Tom la interrumpió. –Isabella. Lazarus está muerto, era un No Muerto. Fue uno de los que le sacaron a ella anoche. Lo siento.
Isabella se quedó pálida, seguidamente desapareció en la oscuridad de su celda. Lo único que escucharon Luci, Tom y los demás fueron sus sollozos.
—¿Por qué lo has hecho?— preguntó Luci.
—Por que hay que ser claros y sinceros. ¿Acaso tú se lo habrías dicho así? No importa. Estuviste sensacional anoche. Tienes suerte de que no te pongan en venta o alquiler. Eso que viste en aquella mansión no es más que la puntita del iceberg. Hay mucho más y mucho más es lo que está por venir. He escuchado rumores.
—Rumores… ¿De que?— preguntó en ese momento Jack desde la celda que tenía Luci al lado. —¿De que estás hablando?
—Cuando tienes un ama que te exhibe en su casa como un trofeo para que te manoseen todas sus putas amigas, llegas a escuchar cosas que se les escapan y que tú nunca deberías escuchar. En este caso yo. Lo que he escuchado es que nos van a meter a todos en un recinto cerrado con caminantes. El objetivo no es otro que matarnos entre nosotros mientras sobrevivimos a los caminantes. ¿Alguno ha leído la novela Battle Royale o visto la película? Solo uno de nosotros podrá salir de ahí con vida. Parece que quieren librarse de nosotros de una tacada. Son unos hijos de la gran puta sádicos.
—Supongo que hay un premio entonces— dijo Luci. —¿Cuál es?
—La libertad. No dejarán que nos vayamos de Las Vegas, por supuesto, pero se nos permitirá vivir como ellos. Aunque claro, solo podrá ser uno. Nos darán una casita donde vivir una vida tranquila. No quiero intranquilizaros, pero os aseguro que cuando llegue ese momento no seré yo quien muera.
Luci no respondió. Se fue al fondo se su celda y se sentó en su cama para pensar. Tom había sido claro con lo que había dicho aunque no había especificado. Iban a entrar todos en un recinto y solo uno de ellos podría salir, lo que significaba que todos los allí presentes iban a tener que luchar con uñas y dientes hasta la muerte. Era un juego de morir o matar, en el que seguramente todos jugarían aunque no quisieran. Desde ese momento, aunque Luci no sabía cuantas personas había allí abajo encerradas, sabía que en esos momentos todos eran enemigos. Gente que iba a pugnar por la libertad que tanto ansiaban… Y por supuesto. Luci iba a hacer lo mismo. No se iba a dejar matar, no quería morir, ya no.

En algún lugar de Arizona…

Carlos le había contado a David su plan. El cual consistía en esperar a que fueran a por ellos para llevarlos al matadero. En el momento que cruzaran la puerta, ambos se abalanzarían sobre ellos para luchar con uñas y dientes. Algo que no convencía a David y que a su parecer, más que un plan era una forma de ir a la desesperada y de suicidarse estúpidamente. Ciertamente para el, Carlos no sabía que demonios hacer, se encontraba entre la espada y la pared y era demasiado orgulloso como para admitirlo.
Desde el momento que le había contado su plan ya no habían vuelto a hablar. Cada uno se había ido a una parte de la sala vacía en la que estaban. David se había apoyado en una esquina y se estaba quedando dormido, justo en ese momento escuchó un ruido y vio como Carlos se levantaba para ir hacia la puerta, quería poner en marcha su “plan”, pero antes de que pudiera hacer nada, la puerta se abrió de golpe y una mujer pelirroja y delgada le apuntó con un arma, mientras un hombre apuntaba a David.
—Ni se te ocurra mover un musculo capullo— dijo la pelirroja.
—¿Quién de los dos es David?— preguntó el hombre.
David se acercó con las manos en alto y habló. –Yo soy David.
—Date la vuelta— dijo el hombre. David hizo lo que le mandaron y notó como le ponían unas esposas. –Vienes con nosotros. Hay alguien que quiere verte.
David no entendía nada, pero aun así se fue con ellos. Antes de salir miró a Carlos, el cual se quedó solo en aquella sala. Imaginaba que estaba tan rabioso que estaría gritando y dando golpes, pero no se le escuchaba. Entonces David se dio cuenta que no era la única sala, había muchas más. Se dio cuenta también de que aquello eran salas insonorizadas y que debían estar en algún bunker. Solo le faltaba saber quienes eran aquellas personas y que querían en realidad además de comérselos.
Metieron a David en una sala que parecía una de esas que hay en las cárceles para que los presos puedan comunicarse con sus familiares. Lo obligaron a sentarse y esperar. Esperó unos minutos hasta que al otro lado del cristal se abrió una puerta y apareció una chica a la que David enseguida reconoció. El impacto fue tan grande que se levantó de golpe de la silla.
—¡¡¡Alicia!!!
En ese momento un hombre obligó a David a sentarse a la vez que le ponía el cañón de su arma en la nuca.
—No se preocupe. No hará nada. ¿Nos pueden dejar solos?
El hombre asintió y David se quedó a solas con Alicia, aunque separados por un cristal.
—¿Qué demonios está pasando aquí? ¿Quién es esta gente? ¿Qué haces tú aquí?
—Es una larga historia, pero te puedo decir que esta gente son caníbales como ya sabéis tú y los demás, pero no parecen tan malos, no se comen a todos. Lo primero que tienes que saber es que Cristian y yo estamos a salvo. Cuando me vieron con el niño y se enteraron que estaba embarazada me sacaron de la celda. No son unos locos, solo tratan de sobrevivir, y esta es una de esas maneras, aunque sea algo drástico.
—El canibalismo es de locos— respondió David. –Carlos estaba conmigo en la celda, pero no se que ha sido de Butch, Sandra y Kyle. Puede que ya los hayan matado.
—No. Ellos siguen vivos. Aun tienen lo que ha sobrado de otras personas a las que han capturado— dijo en ese momento Alicia con un hilillo de voz. –Fueron los Spencer quienes nos vendieron para escapar. Ellos les dijeron donde estábamos y vinieron, fueron estas personas quienes mataron al perro de Sandra. Querían crear confusión para separar al grupo y lo consiguieron. La primera noche tras vuestra marcha vinieron al campamento aprovechando que la mayoría de los que sabían disparar de habían ido. Luego os siguieron. Les he pedido que me dejaran verte cuando me he enterado que estabais aquí.
—¿Qué se supone que debemos hacer ahora?— preguntó David.
—Nos dejaran ir a algunos, pero otros deberán quedarse. Quieren a diez de nosotros ya que ellos son muchas bocas que alimentar y tienen niños. Nosotros podemos irnos si queremos. No nos retendrán.
—¿Y tu te has fiado de su palabra? Se comen a la gente. ¿Qué crees que pasará cuando se coman a los diez que quieren que les dejemos? Cuando necesiten más carne vendrán a por nosotros. Esta gente no tiene palabra, su palabra es una mierda. Solo están jugando con nosotros. ¿No te das cuenta?
En ese momento se abrió la puerta de la parte de David y un hombre entró. Agarró a David del brazo y se lo fue llevando de allí. David quiso decirle algo más a Alicia, pero no pudo. Cuando salió al pasillo para ir de vuelta a la sala se cruzó con Carlos y la chica pelirroja. ¿A dónde llevaban a Carlos? ¿Y por que este parecía tan sereno? Algo raro había en todo aquello. ¿Y si Carlos los había vendido a todos para salvarse el? El no era ese tipo de personas de los que uno se podía fiar, era mezquino y en ocasiones cruel, pero… ¿Habría sido capaz de venderlos? ¿Habría sido capaz de traicionarles?

Macon… Comisaria…
18:30 horas…

La salud de la madre de Katrina parecía haber empeorado. Al mismo tiempo Mouse parecía que estaba terminando. Solo le quedaba quitar un cable de los dos que tenía delante. Uno podría mandarnos al otro barrio, y el otro nos permitiría quitarle los explosivos a la mujer. En esos últimos momentos, Mouse había comenzado a sudar.
—¿Cómo vas?— preguntó Juan tocándole el hombro a Mouse, el cual se sobresaltó de golpe. Le lanzó una mirada a Juan y este se retiró. –Lo siento.
—No vuelvas a hacer eso nunca. Aquí tenemos un serio dilema, una puta apuesta de vida o muerte. Imagínate que se me va la mano y quito por error el que no es. ¿Quieres morir?— Mouse volvió al trabajo mientras yo me fijaba en los colores de los cables. Uno era de color negro y el otro de color azul oscuro.
—¿Cuál dirías que es? Yo no lo tengo muy claro.
Mouse se limpió el sudor de la frente con un pañuelo y me miró. –Ni yo, pero estoy seguro que con quitar uno esto estará solucionado— En ese momento Mouse se quedó quieto y me lanzó una mirada. —¿Y si se lo preguntas al esquizofrénico de ahí dentro? El la puso, el debe saber cual de los dos hay que quitar. Digo yo.
—Voy— dije dándome la vuelta. Caminé hacia la sala donde Mickey estaba encerrado, abrí la puerta y lo que me encontré me dejó estupefacto. Mickey estaba en el suelo tumbado boca abajo con los ojos abiertos y un charco de sangre bajo su cara. El muñón estaba al descubierto y los dedos de la otra mano estaban manchados de sangre. Mickey estaba muerto. Alcé la vista y me fijé en algo que había escrito en la pared con letras de color rojo.
“Demonios en todas partes. En el exterior me ignoran, en mi cabeza me atormentan. Solo una manera de evadirse. Para dejar de escucharlos pasa al otro lado, solo así sus voces se callarán”
Me acerqué al cuerpo y le di la vuelta, entonces descubrí un corte en su cuello, de este aun sobresalía un abre cartas. Se había suicidado, me puse de pie y salí de la sala.
—¿Qué te ha dicho bomber man?— preguntó Mouse en tono jocoso.
—Bomber Man no me ha dicho nada. Por lo visto ha decidido que era mejor quitarse la vida. Se ha suicidado. Al final optó por matarse el solo.
Mouse lanzó un suspiro y se levantó. –Escuchad. No puedo jugármela así— bajó el tono de voz. –No creo que merezca la pena hacer esto. Esta mujer está muerta de todos modos. La fiebre no deja de subir. No le queda mucho.
—¿Qué hacemos?— preguntó Juan mirándome.
En ese momento le cogí los alicates a Mouse y me agaché delante de la madre de Katrina. –Voy a cortar el cable. No se muy bien como terminará esto.
Mouse se acercó a mí. —¡¡Eh!! Ni se te ocurra. No seas loco. Si no tienes ni puta idea de explosivos, es tontería que intentes desactivarlo. Vas a matarnos a todos.
—Lo más complicado ya lo has hecho tú. Yo solo voy a jugármela. Le hice una promesa a mi hermana. Si no puedo cumplirla es mejor que tampoco vuelva— dije mirando a mis dos compañeros. –Os recomiendo que si queréis salir pitando, esta es la oportunidad.
Juan miró a Mouse y en lugar de hacer nada pasó por detrás de mí y se sentó en una silla con los brazos cruzados. –Inténtalo. Los dioses están de tu parte. Lo han estado hasta ahora y no creo que en este momento crucial vayan a darte la espalda. Y si lo hacen, quiero estar en primera fila para pegarles una patada en el culo.
—Estáis como cabras. ¿Lo sabíais?— dijo Mouse llevándose las manos a la cabeza.
Poco a poco fui acercando los alicates a los dos cables, comencé a sentir la tensión mientras comenzaba a sudar. Comencé a notar como me temblaba el pulso a medida que colocaba los dos filos alrededor del cable de color negro. Tuve que agarrarme la muñeca para que no me temblara. Justo cuando iba a cortarlo me detuve. ¿Y si no era ese? ¿Qué pasaría si explotaba? ¿Sería rápido? ¿Moriría al instante o moriría entre terribles sufrimientos? Me limpié el sudor de la frente y miré a la madre de Katrina.
—Quiero que sepa que lo lamento si esto no sale bien. He hecho todo lo que he podido.
—Haz lo que tengas que hacer— dijo la mujer.
Nuevamente puse los alicates sobre el cable de color negro. Podría ser ese, o no. Los retiré y los puse sobre el cable de color azul oscuro. Seguía sudando, entonces cerré los ojos, respiré hondo y lo corté.

Macon… Campamento…
20:00 horas de la noche…

Katrina ya podía caminar sin problemas. Se acercó al autobús y llamó a Yuriko. La cual estaba montando guardia sobre el techo del autobús.
—¿Quieres que te cambie la guardia? Yo estoy bien y ya he comido algo. Tú aun no has comido nada.
Yuriko bajó de un salto. –Muchas gracias. La verdad es que tengo hambre.
—Pues ve y come con tranquilidad— dijo Katrina a la vez que iba subiendo al autobús. Estaba anocheciendo, pero se veía perfectamente la carretera por la que debían volver… Si volvían.
Katrina esperó minutos allí sentada, tantos, que estaba perdiendo la esperanza. Iba a bajar cuando vio las luces de los faros de un vehículo. No había duda, eran ellos. Comenzó a gritar y saltó del techo, cayó al suelo y se hizo daño en los tobillos, pero no le importó. Salió corriendo a la carretera seguida por más miembros del grupo.
*****
El coche llegó a la gasolinera y se detuvo, el primero en bajar fue Mouse, y Jill corrió a abrazarle. El siguiente en salir fui yo cargando con la madre de Katrina. Esta apenas podía caminar debido a la fiebre. Katrina se acercó a nosotros y la miró.
—¿Qué es lo que le pasa?
—Le mordieron y ha estado aguantando hasta ahora. No le queda mucho.
Katrina nos miró a los dos y me pidió que llevara a su madre hasta la furgoneta. Cindy también vino detrás. Cuando llegamos vi que Katrina sacaba un cuchillo.
—Déjanos un rato a solas. Ya se lo que tengo que hacer.
Yo asentí y me alejé dejándolas solas en el interior de la furgoneta. Me imaginaba que estaría despidiéndose de ellas. Al menos podía hacerlo. Yo me la había jugado a cara o cruz y lo había conseguido casi de milagro. Había cortado el cable correcto. De no haberlo hecho, habríamos muerto en una terrible explosión.
—¿Qué ocurre?— preguntó Eva acercándose a mí.
—Cuando llegamos a la comisaria había un loco reteniéndola contra su voluntad. Le había puesto explosivos y era imposible moverla. Y por si fuera poco la habían mordido. Podríamos haberlo dejado pasar, pero mirándolo de un modo humano… Tienen la oportunidad y el derecho de despedirse. No iba a negarle eso. Yo ni siquiera he podido despedirme de mis padres.
En ese momento se abrió la puerta de la furgoneta y Cindy salió llorando y cerró. Mientras se alejaba su padre intentó abrazarla, pero la niña se lo quitó de encima. Haciéndome recordar lo que me había dicho la madre de Katrina. Sobre la clase de hombre que era y que lo tendría que tener vigilado.

En ese momento escuchamos un fuerte llanto que provenía del interior del vehículo. Segundos después la puerta se abrió y Katrina salió sin hablar con nadie, en la mano del brazo sano sostenía el cuchillo lleno de sangre. Se acercó a mi, dejó caer el cuchillo, me abrazó y rompió a llorar amargamente.

sábado, 19 de septiembre de 2015

NECROWORLD Capitulo 89

Día 28 de Marzo de 2010
Día 638 del Apocalipsis…
Las Vegas… 23:00 horas

La puerta de hierro se abrió y Luci fue obligada a salir. Cuando salió al escenario fue deslumbrada por los focos del local, el mismo donde la noche anterior había visto luchar a Tom. Aunque en esos momentos era algo diferente, solo estaba ella. Ella era la única que iba a concursar. Dorian la había amenazado con matar a sus amigos si se dejaba matar o si intentaba escapar, ciertamente estaba entre la espada y la pared.
Luci estudió su alrededor, desde el escenario todo se veía diferente, la jaula parecía mucho más grande y el local parecía mucho más lleno que la noche anterior. Los vigilantes se paseaban por las pasarelas con el fusil en las manos. Aunque no la hubiesen amenazado iba a ser imposible escapar.
Dorian subió al escenario en ese momento y cogió el micro. Con el que comenzó a hablar al público. –Buenas noches a todos. Hoy es una noche muy especial por que tenemos una concursante que es un autentico diamante en bruto. Está curada del virus y hoy se jugará la vida para proporcionarnos diversión— Dorian cogió a Luci del brazo y la acercó a el. –Venga cariño, saluda a tu público. Hoy están aquí únicamente por ti.
Luci alzó la cabeza y miró al público, entonces alzó el brazo con el puño cerrado. Si iba a tener que jugar, iba a tener que darlo todo.
—Así me gusta. Rebosando valentía por todos tus poros. Como hoy es una noche especial y no queremos que sufras daños… No demasiados… Te hacemos entrega de tu preciada katana— dijo Dorian haciendo un gesto. Entonces apareció una chica que le entregó a Luci su espada. Por unos momentos pensó en rebanarle la cabeza a Dorian, pero no lo hizo. –Muy bien. Ha llegado el momento. Entra en la jaula.
Luci sin decir nada avanzó hacia la entrada de la jaula, entró y vio como cerraban la puerta detrás de ella. Habían añadido cosas a la jaula. En el medio había como un tablado de madera que tenía un metro y medio de alto, dos metros de largo y poco más de un metro de ancho. Seguramente la habían puesto ahí para que aquello fuera mucho más divertido.
—Mirad aquí— dijo en ese momento Dorian acercándose a la ruleta. –Ahora la suerte decidirá a cuantos caminantes tiene que enfrentarse nuestra concursante. Dejemos que la suerte decida— Entonces Dorian hizo girar la ruleta a gran velocidad.
Luci veía pasar los números del uno al veinte por debajo de la flecha, en el momento que esta se detuviera y la flecha marcara un número, la suerte estaría echada. Ese sería el numero de caminantes al que tendría que enfrentarse seguidos, al igual que había hecho Tom.
La ruleta comenzó a pararse, entonces para sorpresa de todos y para desgracia de Luci. El numero veinte quedó señalado, iba a tener que enfrentarse a veinte No Muertos seguidos. Escuchó como la gente comenzó a aplaudir y a gritar emocionados. Luci los odió con todas sus fuerzas, tendrían que estar ellos allí dentro metidos, seguramente la gran mayoría se harían de todo encima.
—Ni más ni menos que veinte caminantes. Esta noche querido público estamos de suerte. ¡¡¡¡Que comience la diversión!!!!— exclamó Dorian al mismo tiempo que el público parecía enloquecer.
Luci escuchó un ruido metálico y vio llegar al primero de los caminantes. El cual al verla aceleró el paso. Luci preparó la katana y cuando lo tenía a un metro más o menos, lanzó un corte que prácticamente le cercenó media cabeza. El No Muerto se desplomó en el suelo, justamente en ese momento vio aparecer al segundo, el cual la pilló totalmente desprevenida. Tuvo que retroceder unos pasos para impedir que la alcanzara. Se subió al tablado justo en el momento que otros dos caminantes entraban en la jaula.
Luci le asestó una patada al primero, haciendo que se chocase contra los otros dos. Seguidamente lanzó un mandoble y les cortó la cabeza a dos. El tercero había caído de espaldas. Lucí bajó del tablado con intención de clavarle la punta de la espada en la cabeza, pero entonces un caminante de los rápidos llegó corriendo por el pasillo. Luci logró esquivarlo en el último momento y este chocó contra el tablado.
Con un rápido movimiento mató al caminante derribado mientras el otro se recuperaba y se daba la vuelta para ir a por ella. Momento en que liberaban a dos caminantes más. ¿Qué demonios pretendían? ¿Acaso querían matarla? Miró a Dorian y lo vio sentado con una sonrisa en los labios. Aquel desgraciado estaba disfrutando con el espectáculo ofrecido.
Luci mató al caminante rápido y se dio la vuelta para acabar con los otros dos, pero estos eran más rápidos de lo que pensaba, y cuando quiso darse cuenta ya los tenía encima. Uno la golpeó y esta cayó al suelo perdiendo la katana, la cual salió volando y cayó al otro lado del tablado, tuvo que lanzar una patada a uno de ellos para frenarlo.
Se puso boca abajo y trató de arrastrarse para alcanzar la espada, pero uno de los caminantes se le echó encima. Luci forcejeó con el mientras otro No Muerto avanzaba hacia la jaula.
Agarró la cabeza del que estaba forcejeando con ella y la estampó contra la pata del tablado. El cráneo del monstruo se hundió sin problemas, quedando totalmente muerto
Se arrastró alejándose de los dos caminantes que se habían juntado, pasó por debajo del tablado y alcanzó la katana, seguidamente posó las palmas de la mano debajo del tablado y empleó todas sus fuerzas en levantarlo para usarlo de cobertura. Bloqueó a los dos No Muertos y luego les clavó la katana en la cabeza a ambos. Entonces vio llegar a otros cuatro caminantes, lanzó una mirada a Dorian, el cual seguía con su sonrisa, disfrutando.
Luci usó el tablado como muralla, los No Muertos fueron tan estúpidos que en lugar de rodear el tablado, se chocaron contra el. Él tablado estaba resultando ser una autentica barrera. Luci aprovechó para ir matándolos rápidamente.
                                                                     *****
Dorian estaba disfrutando con el espectáculo, pero aun así necesitaba más. Llamó a uno de los encargados de los caminantes y le ordenó que soltara seis más a la vez. El hombre asintió. Al poco rato los seis caminantes aparecieron y Luci comenzó a luchar a la desesperada, más todavía cuando estos la rodearon. Se le notaba que era una experta con la espada. Derribó a uno de ellos y le clavó la espada en la cabeza. Después huyó de los otros cinco que pugnaban por alcanzarla.
—Se defiende muy bien. Demasiado— dijo en ese momento Dante apareciendo al lado de Dorian. —¿No lo ves? Si escapa nos dará problemas. Hay que acabar con ella, provócale una descarga para que esos bichos acaben con ella. Ya no la necesitamos para nada.
—No tengas miedo. La tengo justo donde quiero. No hará nada que yo no le diga. La tengo comiendo de mi mano.
—Esa no come de la mano de nadie. Es incontrolable— respondió Dante al tiempo que veía como Luci mataba al tercero de los No Muertos cortándole la cabeza. Los otros tres estaban como peleando entre ellos para cogerla. –Muerto el perro se acabó la rabia.
—¿Qué quieres decir con eso?— preguntó Dorian. –Sabes que no me gustan los refranes.
—Quiero decir que si nos la quitamos de en medio ahora. No tendremos que preocuparnos por ella después. Es imprevisible. Además, si es por su sangre, se la podemos sacar después de muerta. Ya no la necesitamos, joder.
—Aquí mando yo y se hará lo que yo diga. Como siempre, es la única forma de prosperar, y si no te parece bien. Te invito a marcharte de mi ciudad para no volver.
Dante hizo una mueca de rabia y se marchó de allí dando grandes zancadas. Entonces Dorian le hizo un gesto a uno de sus hombres. Este se acercó y Dorian comenzó a hablarle al oído. –Dante empieza a ser un problema. Reúne a tus chicos. Ya sabes lo que tenéis que hacer.
—Si señor— respondió el hombre antes de marcharse.
Dorian volvió a observar el espectáculo, donde Luci acababa de matar al sexto caminante del grupo que le habían sacado. Se dejó caer al suelo agotada,  justo al mismo tiempo que le mandaban los últimos tres caminantes. Al verlos se ayudó de la espada para ponerse de pie.
*****
Luci no podía más, había matado a diecisiete No Muertos seguidos. Entonces vio a tres más avanzar hacia ella. Se ayudó de la espada para ponerse de pie y los recibió. Al primero lo decapitó y al segundo le asestó una patada para derribarlo y así acabar con el tercero, justo cuando iba a matarlo lo reconoció, era Lazarus, el marido de Isabella. Dudó por unos instantes, pero finalmente le clavó la espada a través de la boca y lo tiró el suelo, seguidamente se la sacó y decapitó al otro. Había acabado con todos. Entonces lanzó un grito de victoria y se dejó caer al suelo completamente cansada. Había sido una autentica masacre y a Luci le estaba costando respirar, entonces vio como la puerta de la jaula se abría dejando paso a Dorian.
—Lo has hecho muy bien. Todos han disfrutado con tu actuación  —Luci trató de ponerse en pie para atacar a Dorian, pero entonces sintió una fuerte descarga eléctrica, la cual la dejó mareada en el suelo. –Te has ganado un merecido descanso. Hora de dormir, mañana será otro día— dijo al tiempo que sacaba una jeringuilla y se la clavaba en el cuello. Ella se quedó dormida unos segundos después.
Un minuto después, dos hombres entraron en la jaula y se la llevaron a cuestas. El debut de Luci había acabado bastante bien. Seguía viva, y eso hacía muy feliz a Dorian.

Día 29 de Marzo de 2010
Día 639 del Apocalipsis…
Macon… 07:15 de la mañana…

Estábamos entrando en Macon. Nos habíamos estado turnando Juan, Johana, Ben y yo para conducir el auto caravana. El ultimo en tomar el volante había sido yo y estaba conduciendo con Katrina a mi lado. Durante el trayecto, Katrina había estado investigando la libreta que había encontrado. En ella había descubierto varias cosas. Estaban apuntados todos nuestros nombres, aquellos con los que nos llevábamos mejor o peor, aquellos que tenían alguna relación sentimental o de parentesco. Según Katrina, esas personas nos estaban siguiendo prácticamente desde que habíamos salido de Manhattan. Lo sabían todo sobre nosotros, incluidos Katrina y su familia.
—¿Quiénes crees que son y para que nos siguen?— preguntó Katrina desde el asiento del copiloto. —¿Alguna idea?
—Alguna, pero ya te lo contaré cuando lleguemos. De momento no quiero que nadie diga nada sobre el asunto. No quiero que cunda el pánico después de lo que hemos pasado y que aun nos queda por pasar, de todos modos si que tendremos que estar con los ojos bien abiertos por lo que pueda pasar— comencé a reducir la velocidad cuando me pareció ver el autobús escolar junto a una gasolinera. Esperaba de corazón que fueran Eva y los otros.
Cuando estuvimos más cerca vi salir a varias personas a la carretera, las cuales comenzaron a ocupar posiciones. Detuve el vehículo poco a poco y me los quedé observando, enseguida reconocí a Rachel, Jill y Mouse. No puede evitar sentir una enorme alegría, aun así no salí de golpe, me lo tomé con calma y saqué por la ventana un pañuelo de color blanco para mostrarles que íbamos en son de paz y que íbamos a salir. Salí del vehículo poco a poco y los saludé, cuando me reconocieron bajaron las armas y comenzaron a avisar a los demás, incluida Eva, la cual vino corriendo a abrazarme seguida por Cindy, la cual llegó junto a su madre y ambas se fundieron en un abrazo.
—Estaba muy preocupada. ¿Estás bien? ¿Dónde está Vicky?— preguntó Eva mientras me abrazaba con fuerza, tanta, que casi me dejó sin respiración.
En ese momento Vicky salió corriendo del gran vehículo y también abrazó a Eva. En ese momento me acerqué a Katrina.
—Intenta  contactar con tu madre mientras yo escojo a dos personas para que nos acompañen. Prepárate, nos vamos dentro de veinte minutos.
—Acabas de llegar— dijo Eva mirándome. –No puedes coger e irte a la primera de cambio. Deberías descansar. Todos deberíais. Además, tú tienes una familia de la que cuidar.
—Voy a volver enseguida. Solo tenemos que ir a la ciudad. A la comisaria, recoger a la madre de Katrina y regresar. Estamos cerca, no deberíamos tardar mucho en regresar. Tranquila, estaré aquí antes de que te des cuenta. Te lo prometo— dije mientras me acercaba para darle un beso, entonces esta apartó la cara.
—Mira. Haz lo que quieras— entonces miró a Vicky. –Ven, voy a prepararte el desayuno. Necesitas comer algo— Eva se llevó a la niña y yo me las quedé mirando mientras se alejaban.
—No te preocupes. En el fondo sabe que tienes que hacerlo, sabe que es tu obligación como líder del grupo. A propósito, yo me voy con vosotros a la comisaria. No me va lo de quedarme sentado— dijo Juan apareciendo a mi lado.
—Muy bien. Voy a ayudar a llevar a Tamara con Melanie y Sheila— dije dándole una palmada en el hombro. Seguidamente caminé hacia el auto caravana y me encontré con Melanie, la cual venia siguiendo a Arianne. Cuando las vi me acerqué. –Le hemos estado dando antibióticos para que la mano no se le infectara.
—Ya me lo ha dicho Arianne. Aun así no se si podremos salvarle la mano. La bala se la destrozó. Sheila y yo trataremos de hacer todo lo que podamos, pero no tiene buena pinta— me dijo Melanie. –Además, para intentar salvársela tendríamos que estar en un lugar sin necesidad de ir moviéndonos constantemente. Solo así podríamos tratársela en condiciones. Y no hace falta que te diga que este no es el lugar adecuado, tampoco lo es para amputar.
En ese momento se me ocurrió una idea. –Oye. Vamos a salir un grupo de cuatro personas hacia Macon. Es para lo que ya te comenté. Probablemente necesite ayuda médica esa mujer. ¿Nos acompañarías?
Arianne miró a Melanie y luego ambas me miraron a mí. –Vale. Os acompañaré— entonces miró a Arianne. –Estaremos aquí enseguida. Además, Sheila se basta para mantenerle la mano. Aunque estuviéramos las dos no podríamos hacer mucho más.
Arianne aceptó a regañadientes y se fue a buscar a Sheila.
Veinte minutos después ya estábamos listos los cuatro. Juan, Katrina, Melanie y yo. Íbamos a usar uno de los coches para llegar antes. Por otro lado, Katrina no había logrado contactar con su madre, lo cual no era precisamente alentador. Sin esperar más nos dirigimos a la ciudad. Esperando no tener demasiados problemas y volver cuanto antes junto a los demás, aun tenía pendiente el contarles a los demás que esos hombres que había descubierto que nos seguían, eran en realidad hombres de Dorian. No me cabía duda de ello.
*****
Eran las 7:45 de la mañana cuando llegamos al centro de Macon. Katrina nos había dado indicaciones de como llegar al lugar. Teníamos la suerte de contar con alguien que conociera la zona. Eso nos ahorraría tiempo.
Detuve el vehículo a un par de calles, salimos de el y nos asomamos a una esquina. Desde allí vimos la comisaria y muchísimos caminantes delante, intentando entrar. Una vez allí, Katrina trató de contactar con su madre para saber si estaba dentro. El primer intento no salió bien, esperó unos segundos y lo volvió a intentar, pero nuevamente fracasó en el intento. No había respuesta de su madre.
—No responde. Deberíamos dejarlo estar y volver con los demás— dijo Juan
En ese momento escuchamos un chasquido y enseguida la voz de una mujer. —¿Katrina?
Katrina respondió rápidamente. –Si mamá. Soy yo. Ya estoy en Macon, estamos muy cerca de la comisaria. Estamos viendo la fachada, hay muchos caminantes fuera. ¿Estás a salvo?
Hubo una pequeña pausa y entonces volvimos a escuchar la voz de la madre de Katrina. –Si. Estoy a salvo, estoy en el despacho principal. No hay muertos en el interior.
—Muy bien mamá. Ahora necesito que me digas si el callejón de detrás de la comisaria está vacio. No podemos entrar por la puerta principal, así que tendremos que entrar por la puerta trasera.
—¿El callejón es seguro?— preguntó Melanie.
—Ese callejón es de la comisaria. Hay dos verjas en ambos lados, por los que no se puede pasar sin autorización. En el centro hay una entrada de alcantarilla, entraremos por ahí si es seguro el callejón— respondió Katrina.
—¿Vamos a entrar en las alcantarillas?— preguntó Melanie.
—No me digas que te da reparo entrar ahí. Seguro que te has visto metida en sitios peores. No es el momento de ser tiquismiquis. Además, será entrar y salir— respondió Juan.
—Si. Es seguro. Solo hay dos caminantes. Son dos policías que murieron ahí. Ambos están alejados de la tapa. No deberían daros problemas.
—Bien mamá. Ya vamos— dijo Katrina cortando la comunicación. Entonces nos miró a nosotros. –Aquí hay algo raro. Mi madre tiene prácticamente el camino despejado si sigue el mismo trayecto que vamos a tomar nosotros. Creo que la están reteniendo. Además, la conozco muy bien, esa forma de hablar, parecía nerviosa por algo.
Me sorprendió lo intuitiva que era Katrina, entonces le pregunté. —¿Qué sugieres entonces? ¿Entramos?
—Sea quien sea el que está reteniendo a mi madre no sabe que vamos varios. Así que solo entraremos dos. Los otros dos estarán ocultos. Esto va a ser parecido a una operación policial. Venga, vamos.
Los cuatro cruzamos la calle y llegamos a otro callejón, donde encontramos una entrada a las alcantarillas. Por ella descendimos rápidamente. Recorrimos los túneles y llegamos hasta una escalerilla de mano.
—Fin de trayecto. Hemos llegado— dijo Katrina mirando hacia arriba. –Primero saldremos Juanma y yo y acabaremos con esos dos de ahí arriba. Venga, vamos.
Katrina y yo salimos de la alcantarilla, frente a nosotros estaba la puerta trasera de la comisaria. También vimos a los dos caminantes, uno a cada lado. Katrina alzó el arco y lanzó una flecha a uno y luego al otro. Despejando el camino sin alertar a los demás caminantes que había en la calle. Si se apelotonaban muchos en las verjas del callejón podrían tirarlas abajo.
Caminamos hacia la puerta trasera y enseguida descubrimos que estaba abierta. Desde allí les hicimos una señal a Juan y a Melanie. Los cuales salieron rápidamente y se ocultaron junto a nosotros y unos contenedores.
—Muy bien. Escuchad, no se ni quien, ni cuantos retienen a mi madre ahí arriba. De momento solo subimos Juanma y yo. Si necesitásemos ayuda os mandaremos una señal.
—¿Y que señal será?— preguntó Melanie. Me fijé en que le temblaban las manos con las que sostenía la pistola. Rápidamente puse mi mano sobre las suyas para que dejara de temblar. –Gracias— me dijo.
—No me las des. No puedes temblar a la hora de la verdad o podrías acabar muerta— le dije retirando la mano. –No te permitas el lujo de morir a estas alturas— entonces miré a Katrina y con un gesto le indiqué que ya estaba preparado.
Ambos entramos con cautela apuntando en todas direcciones. Caminamos hacia unas escaleras y llegamos a una puerta blindada que estaba entre abierta. La cruzamos y nos vimos metidos en los calabozos. Allí el olor era nauseabundo, de repente varios brazos surgieron de entre los barrotes intentando atraparnos. Tuvimos que quedarnos en el medio del pasillo para evitar que nos cogieran.
—Los dejaron aquí cuando aun no sabían que estaba pasando y nunca más salieron. Me dan pena— explicó Katrina. –Venga, sigamos.
Recorrimos el pasillo de los calabozos mientras observábamos a los No Muertos que había encerrados. Incluso en algunas celdas había hasta seis de ellos. Llegamos a otras escaleras y las subimos hasta que llegamos al hall principal de la comisaria. Allí todo estaba desordenado. Había papeles por el suelo, algunos manchados de sangre. También había ordenadores tirados por el suelo. Aquel lugar presentaba el aspecto de un sitio del que habían salido a toda velocidad.
Katrina se alejó de mi y caminó hacia un escritorio, allí cogió una foto. En ella aparecía un hombre mayor de unos setenta años junto a una mujer y junto a la mismísima Katrina con unos años menos.
—Esta era mi mesa— dijo en ese momento Katrina. –La mujer es mi madre. Y ese hombre es mi abuelo. También era poli— entonces vi lagrimas en sus ojos –Lo echo tanto de menos, pero al menos no vive para ver esto que nos está pasando.
En ese momento escuchamos un ruido. Entonces Katrina corrió hacia unas escaleras y comenzó a subirlas. Yo la seguí rápidamente y llegamos a una puerta del piso superior, la cruzamos y entramos en un despacho. Allí encontramos a alguien sentado en un sillón de espaldas a nosotros. Solo le veíamos el pelo.
—¡¡¡Mamá!!!— gritó en ese momento Katrina lanzándose sobre el sillón para darle la vuelta. Cuando lo giró se encontró con su madre amordazada y con explosivos por todo el cuerpo. Aun así no se retiró y le quitó la mordaza. Justamente en ese momento alguien apareció a mi lado apuntándome con una pistola directamente a la cabeza.
Miré a aquel tipo de reojo, pude ver que debía tener unos cuarenta años, era grueso, tenía los ojos verdes y era aparentemente pelirrojo, aunque una gorra de Baseball cubría su cabello. Vestía una camisa de manga corta azul con rayas blancas. Con una mano me apuntaba a la cabeza y con la otra sostenía un detonador.
—Tirad las armas los dos o os juro que saltaremos por los aires— amenazó el tipo. Katrina hizo lo que le ordenó y dejó caer el arco. Yo dejé el fusil en el suelo y también la pistola. –Tú. Vete a esa esquina— me dijo. Yo obedecí y me fui a una esquina sin dejar de mirar a Katrina, la cual no se había apartado de su madre. Esta aun no había dicho nada. Cuando el tipo miró a Katrina, lo hizo con una sonrisa. –Me alegro de verte Katrina. Ha pasado mucho tiempo, mucho tiempo buscándote… Y por fin he dado contigo. Con la zorra que mató a mi hermano.
Entonces recordé lo que Katrina me había contado la primera vez, el motivo por el que dejó la policía. Ella había matado a un hombre que maltrataba a su mejor amiga. Ese tipo era el hermano del hombre asesinado por Katrina.
—Oye— comencé a decir mientras levantaba las manos y mirando al tipo. –Entiendo lo que sientes. No es fácil perder a un hermano y menos asesinado, pero esto… Esto no solucionará nada. No lo traerá de vuelta. Esto que estás haciendo no tiene ningún sentido. Ahora lo único que cuenta es tratar de sobrevivir.
El tipo sonrió, me miró y luego miró a Katrina. —¿Quién es este gilipollas?— el tipo se acercó a mi y me puso la pistola en la cabeza otra vez –No vuelvas a abrir esa bocaza si yo no te lo ordeno— me dio un golpe y caí de rodillas el suelo, luego me dio un rodillazo en la cara. –Ahora quédate callado si no quieres que te mate.
—Déjalo en paz Mickey— dijo en ese momento Katrina. –Esto es entre tú y yo. Ni el ni mi madre tienen nada que ver con esto. Déjalos que se vayan. Yo me quedaré aquí contigo.
En ese momento vi como aquel tipo hacia un gesto raro con la cabeza, abría y cerraba los ojos varias veces y se daba palmadas en la cabeza varias veces, luego apuntó a Katrina. —¿Quién es este tío?— preguntó refiriéndose a mi. —¿Qué significa para ti? ¿Que te une a el? Dímelo o moriremos todos. Te aconsejo que me digas la verdad.
Katrina me miró. –El es mi hermano.
La revelación de Katrina hizo sonreír a aquel tipo. Nuevamente me volvió a mirar a mí y sonrió. –Vaya. Eso solo hace que mejorar las cosas. Vas a saber lo que se siente al perder a un hermano. Ya que al parecer tu eres la única que no lo sabe.
—Mickey. No tienes por que hacer esto. Tienes que entender que tú hermano no era una buena persona. Quizás no merecía morir, pero estaba tan furiosa que ni me le pensé. El maltrataba a su mujer. Era mala persona. Déjanos ir. Formamos parte de un grupo mucho más grande que nos espera a las afueras de Macon. Si dejas esto lo olvidaremos todo y te acogeremos con nosotros. O al menos, cógeme solo a mí. Ni el, ni mi madre tienen nada que ver con esto— comenzó a decir Katrina mientras se le acercaba con las manos en alto. –No tiene por que morir nadie que no sea yo. Esto va conmigo. Con nadie más.
En ese momento el tipo apuntó a Katrina con la pistola. –No tienes ni idea del infierno que he tenido que pasar para encontrarte. Mataste a mi hermano y te marchaste. En ese momento perdí la esperanza de darte tu merecido. Y cuando comenzó a ocurrir esto… Quise terminar con todo. Quise matarme, pero no tuve agallas para ello. Vagué por ahí buscando la muerte, me acerqué a esos seres con la esperanza de que me dieran la muerte que tanto ansiaba, pero me ignoraron. Daba igual que los golpeara. Entonces lo comprendí… Yo debía vivir para cumplir con mi venganza. Llámalo fuerza divina o como quieras. Durante todo este tiempo he estado sobreviviendo, esperando mi oportunidad y deseando tenerte cara a cara. Cada día venía a la comisaria, deseando encontrarte… Pero tú nunca estabas… Hasta que un día vía tu queridísima madre. Entonces vi la oportunidad, lo sabía todo de ti y de tu familia. Conocía esa manía de tu hija de hablar con su abuela por walkie talkie. Fue entonces cuando llegué hasta la zorra de tu madre y la obligué a ponerse en contacto contigo. El resto vino solo.
—Eso es un don— comencé a decirle. –Eres invisible para esos seres. Nos vendrías muy bien en el grupo, puedes ayudarnos. Solo quítale los explosivos a esa mujer y ven con nosotros.
—¿Por qué debería hacerlo? No me interesa unirme a nadie— en ese momento volvió a abrir y cerrar los ojos. Entonces comenzó a hablar, pero no parecía que se dirigiese a ninguno de nosotros. –Cállate. Maldita sea. Déjame hacer las cosas a mi manera. Puedo hacerlo yo solo.
Era evidente que ese hombre tenía algún problema mental, y el descubrimiento del don de ser invisible para los No Muertos no lo ayudaba con ello. Lo había empeorado todavía más. Por otro lado no podía evitar pensar que yo podría haber acabado igual, o incluso aun podía acabar así si las alucinaciones seguían. De momento estaba manteniéndolas a raya. Aun así, lo que estaba presenciando podía utilizarlo en mi favor.
—¿Con quien hablas Mickey? ¿Puedo llamarte Mickey?
El tipo volvió a apuntarme y caminó de nuevo hacia mí, me golpeó en la cabeza con la pistola y comenzó a gritar. –Tú no puedes llamarme nada cabrón. Yo no soy tu amigo, no me hables como si lo fueras o como si te importara algo. Ya no queda nadie al que yo le importe. Tenía a mi hermano y esa puta lo mató… ¡¡¡Y ahora mismo vamos a saltar todos por los aires!!!
—Se que oyes voces— le dije. –Yo también las escuchaba y veía a personas que estaban muertas, me hablaban y me atormentaban, pero yo se hacer que se vayan. ¿Quién es quien te habla? ¿Es tu hermano? ¿El es quien quiere que hagas explotar los explosivos? ¿El te obliga?
—Cállate. Tú no sabes nada. No tienes ni puta idea— Mickey volvió a golpearse con la mano la cabeza y se giró a un punto vacio. –Cállate, cállate tú también. Déjame hacer esto a mi manera.
—Se que no quieres morir— dije –Por eso no haces detonar los explosivos. Por que no quieres morir y sabes que si nos disparas a uno de los dos. El otro se lanzará sobre ti. No contabas con que viniera alguien más con ella. Eso trastocó tus planes. Aun tienes una oportunidad. Esto puede acabar bien. No tienes por que hacer caso a lo que tú hermano te susurra, el no está ahí. Solo está en tu cabeza.
—Yo no estoy loco. ¡¡¡Cállate!!! Deja de hablarme. Callaros todos. Dejadme en paz. ¡¡¡Silencio!!!— podía verle las venas de la frente a punto de estallarle. Estaba al límite.
—Mickey— dijo en ese momento Katrina.
En ese momento el tipo se dio la vuelta y apretó el gatillo. El disparo se escuchó por toda la comisaria y por toda la calle. Este también llegó a oídos de Juan y de Melanie.

En algún lugar entre Prescott y Phoenix…

David se despertó de golpe. Alzó la cabeza y se encontró con Carlos. Este le pasó una botella de agua para que bebiera un trago. David la aceptó rápidamente, tenía la garganta seca. Cuando bebió volvió a mirar a Carlos. Estaban como en una sala de paredes de hormigón.
—¿Qué ha pasado? ¿Dónde estamos? ¿Dónde están Sandra y los otros?
—No lo se. Me desperté aquí hace un rato. No se ni siquiera que hora es. Tampoco se si estamos bajo tierra o en algún sitio alto. Aquí no hay ventanas. Esos cabrones nos la han jugado bien. Son unos putos caníbales, yo pensaba que ya se habrían muerto de hambre.
—Tenemos que salir de aquí— dijo David levantándose, pero las piernas le fallaron y cayó de rodillas. Carlos lo ayudó enseguida.
—La droga que nos suministraron aun te está haciendo efecto. Quédate un rato sentado hasta que se te pasen los efectos. Necesito que estés al cien por cien. Tengo un plan para salir de aquí. Estos no tienen ni idea de con quien están jugando.