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sábado, 29 de agosto de 2015

NECROWORLD Capitulo 86

Día 27 de Marzo de 2010
Día 637 del Apocalipsis…
Mahwah… 21:15 horas…

Eva estaba en el suelo tumbada mientras gritaba de dolor y se cubría con la mano la herida del muslo. Cuando Tamara había querido dispararme, ella había intentado quitarle el arma, habían forcejeado y el arma se había disparado, hiriendo a Eva en la pierna. Yo rápidamente me abalancé sobre mi mujer y miré con furia a Tamara, la cual estaba volviendo a apuntarme con el arma.
—Has matado a mi padre— dijo en ese momento Tamara, sus manos temblaban mientras me amenazaba. –Salí un momento del autobús y cuando volví, le habías clavado algo a mi padre en la cabeza. Fuiste tú, por que has sido tu el único que ha tenido problemas con el en las ultimas horas. Solo puedes haber sido tú.
En ese momento apareció Katrina. –Es cierto. Larry está muerto. Alguien le ha clavado algo en la cabeza, debe llevar muerto unos minutos.
—Yo no he sido. Estoy aquí fuera desde hace rato. Estaba quemando el cadáver del niño asesinado— dije señalando los restos calcinados del cadáver de Andy.
—Dice la verdad, él ha estado aquí conmigo todo el rato. Es imposible que haya sido él— dijo el padre Kaleb entrando en mi defensa. –Ha sido la misma persona que ha matado al niño.
Todos comenzaron a defenderme, pero Tamara se negaba a bajar el arma. Entonces con un movimiento rápido, Katrina le apuntó a la cabeza con una flecha.
—Baja el arma ahora mismo. No tengo intención de repetírtelo otra vez. A la próxima esta flecha atravesará tu cabeza. Tienes diez segundos y el tiempo corre… Y no precisamente a tu favor. Baja el arma Tamara.
—Me da igual morir, a el me lo llevo por delante— todos se alarmaron. En ese momento se escuchó un nuevo disparo y todos vimos como la mano de Tamara acababa destrozada al mismo tiempo que parte de la pistola.
Tamara comenzó a gritar de dolor. Todos se dieron la vuelta y vimos que quien había destrozado la mano de Tamara de un disparo había sido Vicky. Nadie dijo nada, sin perder más el tiempo ordené que llevaran a Eva y a Tamara al interior. Necesitaban ser atendidas de urgencia. Rápidamente las trasladamos a un despacho del almacén y tumbamos a cada una de ellas sobre unos colchones. Todos salimos fuera mientras dejábamos a Melanie y a Sheila trabajar.
Desde fuera escuchaba los gemidos de dolor de las dos heridas. Temía sobretodo por Eva. Temía que pudiera perder al niño. Entonces vi a Vicky sentada en el maletero de uno de los vehículos. Me acerqué a ella para ver que tal estaba.
—Siento lo que hice— dijo en ese momento la niña. –Ahora todos me miran con miedo.
—No se lo esperaban— dije sentándome a su lado. –Nos salvaste la vida a tu madre y a mí.
—Iba a decirte algo cuando  ocurrió todo— explicó Vicky.
—¿El que?— pregunté. Entonces vi como Vicky sacaba un destornillador manchado de sangre. Rápidamente lo cogí y me lo quedé mirando. —¿Dónde has encontrado esto?
—Lo encontré fuera del autobús donde han matado a ese hombre— respondió la niña. —¿Crees que lo han usado para matarlo?
—Probablemente. Escucha, voy a hablar con Katrina y con Faith. Quizás ellas puedan hacer algo con ello— dejé a la niña y con el destornillador escondido fui a buscar a las dos únicas personas del grupo que podrían averiguar algo, ahora que teníamos lo que probablemente era el arma homicida.

En algún lugar de Arizona…
22:00 de la noche…

El grupo de Carlos se había detenido en mitad del desierto. Habían levantado un par de tiendas de campaña y habían encendido una hoguera. Habían estado toda la tarde dando vueltas por el desierto, siguiendo la pista de los hermanos Spencer, de los que no habían encontrado ni rastro, era como si los hubiese engullido la tierra.
David estaba sobre la camioneta, observando a su alrededor, estaba tan oscuro que no veía nada. No vería si alguien se acercaba.
—La cena está lista— dijo en ese momento Sandra.
David bajó de la camioneta de un salto y caminó junto a su compañera. Llegaron a la hoguera, la cual habían hecho dentro de un montón de piedras que ocultaban el resplandor del fuego. Allí reunidos alrededor de ella estaban Butch, Carlos y Kyle. Cuando David se asomó a la cazuela vio varias albóndigas.
—Se que no es mucho, pero al menos nos servirá para esta noche— dijo Carlos.
—Mañana podríamos intentar cazar algo. Esta búsqueda nos llevará bastante tiempo— dijo Kyle. –Digo yo que por esta zona encontraremos algo comestible. Conejos o algún coyote. Con un par de ellos podríamos tener comida para una semana.
—Lo que tenemos que hacer es tener cuidado— dijo en ese momento Carlos –Hay jaguares y pumas, además de osos. Sin contar con otros grupos y los propios caminantes. Que nadie se despiste ni un solo momento, recordad que no estamos de paseo.
—¿Cómo organizamos las guardias?— preguntó en ese momento Butch. –No quisiera despertarme rodeado de caminantes u otros bichos.
—Kyle  se ocupará de la primera— dijo en ese momento Carlos. –Espero que esta vez no se quede dormido. Te lo he pasado una vez, no dos. Mañana partiremos al amanecer— entonces sacó el mapa. –Según el mapa estamos cerca de Prescott. Mañana tomaremos una de las casas de allí como base de operaciones. Si vemos que la zona es segura, podríamos traer al resto del grupo. Eso nos deja a unas cuatro horas de Las Vegas. Lo que viene a ser nuestro objetivo.
—Pero aun no sabemos si nos permitirán quedarnos— dijo David.
—Bueno. Si con palabras no nos dejan pasar, habrá que mostrarles de lo que somos capaces— respondió Carlos –Bueno. Es hora de cenar.
El grupo de Carlos cenó y todos salvo Kyle se fueron a dormir. Había una tienda solo para Sandra y una tienda compartida por Carlos, Butch y David. A media noche, Carlos salió de la tienda de campaña y vio a Kyle sentado en la camioneta, iba a decirle algo cuando escuchó un ruido. Siguió ese ruido que parecían sollozos y llegó hasta la tienda donde estaba Sandra.
—¿Sandra? ¿Estás bien?
La respuesta de Sandra no tardó en llegar. –Si… Estoy bien.
—¿Puedo pasar?— preguntó Carlos. En ese momento la cremallera se abrió y Carlos entró dentro de la tienda y se encontró con Sandra, la cual tenía los ojos rojos e hinchados de tanto llorar. —¿Estás bien? No pude evitar escucharte.
—No. No estoy bien. Hace dos meses que perdí a Parker… Y ahora he perdido a mi perro. ¿Es que nunca vamos a poder estar tranquilos y felices?
—Te entiendo perfectamente. Yo perdí primero a Rose… Y luego he perdido a Eva. Aunque ella no esté muerta. Lo único que podemos hacer es superarlo, cuanto antes mejor. Ahora intenta dormir. No vas a tener que hacer guardia— Carlos le dio un beso en la frente y luego salió de la tienda. –Si necesitas algo puedes contar conmigo. Buenas noches.
Carlos salió de la tienda de campaña y miró al cielo. Estaba totalmente estrellado, lo único que deseó en esos momentos era volver a ver un cielo así de estrellado junto a Eva y los hijos que tendrían en un futuro. Un futuro que esperaba que no fuera demasiado lejano.

Día 28 de Marzo de 2010
Día 638 del Apocalipsis…
Mahwah… 00:15 horas…

la gran mayoría de los miembros del grupo estaban dormidos. Salvo Juan y Johana que estaban de vigilancia en la terraza del almacén. Eva y Tamara, que estaban siendo atendidas por Melanie y Sheila. Arianne que estaba pendiente de la intervención de su hermana. El padre Kaleb que estaba ocupándose del cuerpo de Larry. Y Katrina, Faith, Mouse y yo que seguíamos investigando el asesinato de Larry. Mouse había venido cuando yo lo había llamado, debido a que el había estado presente en el primer asesinato, por lo visto todo estaba relacionado.
—Tenemos a la primera victima. Una chica que estaba herida de bala, parecía que iba a morir y apareció asesinada. Luego tenemos a Andy con una herida de bala en el estomago y una herida en la cabeza, provocada por un golpe, seguramente cuando aun estaba vivo. Y luego tenemos a Larry, el cual estaba en reposo por un ataque al corazón y que a aparecido con una herida en la cabeza producida por este destornillador— dijo Katrina sosteniendo el destornillador con unos guantes. –Estas tres muertes tienen la herida en la cabeza como un factor en común. Bajo mi punto de vista, el que lo ha hecho lo ha hecho con el motivo de impedir que se reanimaran una vez muerto.
—Pero Andy al vivir en Manhattan estaba vacunado. No se habría reanimado— respondí.
—El asesino probablemente no conocía ese detalle— dijo Mouse.
—Debería conocerlo. Siempre y cuando sea la misma persona que mató a esa chica en los túneles— respondí. –El que hace esto actúa por miedo— miré a Faith. —¿No es así?
—Teóricamente si, pero también puede ser que lo haga para despistar— respondió Faith.
—Me temo que no daremos con el asesino en la vida— dije. –Cuando queramos darnos cuenta tendremos a otro cadáver. ¿No podéis analizar las huellas dactilares del destornillador?
—No tenemos el material necesario para ello, y aunque lo tuviéramos… Hay huellas tuyas y de Vicky en el. No creo que fuese buena idea que tus huellas salieran ahí— contestó Katrina.
Iba a decir algo cuando escuché algo, Mouse también parecía haberlo escuchado y me miró. Faith y Katrina nos miraron. Entonces Johana y Juan aparecieron a la carrera bajando las escaleras por las que se podía acceder a la terraza.
—Tenemos un problema. Han llegado de repente— dijo Juan.
Katrina, Faith, Mouse y yo nos miramos y corrimos junto a Juan y Johana hacia la terraza. Una vez allí nos asomamos y vimos más de un millar de siluetas tambaleantes avanzando hacia el almacén desde distintos puntos de la ciudad. Algunos incluso ya habían llegado a las puertas del almacén y comenzaban a golpearlas. Eran No Muertos.
—No los vimos llegar. No hasta que fue demasiado tarde— dijo Johana.
—¿Se puede saber que estabais haciendo?— preguntó Mouse. –Se supone que debíais estar vigilando— entonces Mouse los miró. –Bueno, mejor no me digáis nada.
—Tenemos que salir de aquí antes de que logren entrar o se acumulen demasiados en las puertas— miré a Katrina y a Faith. –Id despertando a todos los demás. No hay tiempo que perder.
Bajamos corriendo. Mientras Faith y Katrina iban despertando a todos. Yo fui a la sala donde estaban curando a Eva y a Tamara. Cuando entré me topé con Sheila.
—Aun no hemos terminado. No puedes estar aquí.
—Hay caminantes ahí fuera, van a intentar entrar. Tenemos que irnos de aquí ahora mismo. No hay tiempo que perder. Tendréis que daros prisa o seguir curándolas a bordo de los vehículos.
—Si las movemos ponemos en peligro sus vidas— replicó Melanie.
—Y si no nos movemos estaremos todos  muertos. Esos bichos tirarán las puertas abajo.
Salí de la sala y vi como varios se habían despertado. Algunos habían cogido sus armas. A mis espaldas salieron Sheila y Melanie cargando con Eva y Tamara. Arianne había tomado la pistola de su hermana y se había ido a una ventana del almacén. Entonces se puso a disparar mientras los No Muertos metían los brazos entre los barrotes intentando alcanzarla. Vi también como por orden de Ben, unos chavales jóvenes bloqueaban las puertas, eso los mantendría a raya un rato, pero no demasiado tiempo.
Corrí hacia Arianne y la aparté de la ventana, luego le quité el arma. –Los disparos solo atraerán a más. Déjalo, si quieres hacer algo ayuda bloqueando las puertas o quédate en uno de los vehículos con tu hermana. ¡¡¡Venga!!!
Arianne corrió hacia el autobús donde estaba su hermana mientras que yo me quedaba observando a los No Muertos. No podía evitar odiarlos. Sentí ganas de salir al exterior para darles golpes y dispararles.
Justo en ese momento escuché un grito de un hombre. Corrí hacia los gritos y vi a varias personas impidiendo bloqueando la puerta con sus cuerpos la entrada de los No Muertos mientras un hombre estaba atrapado entre el almacén y el exterior, este pugnaba por volver al interior mientras los caminantes del otro lado tiraban de el y le mordían. Uno de los que lo estaba tirando de el, dio un fuerte tirón, entonces solo la parte superior del cuerpo hizo su aparición. Eso asustó tanto a algunos de los que trataban de cerrar la puerta que sin pensárselo dos veces abandonaron su puesto dejando vendidos a los demás. La puerta se abrió de golpe y los No Muertos comenzaron a abrirse paso hacia el interior del almacén al tiempo que atacaban a los que se habían quedado rezagados. Algunos desaparecieron entre la marea de cuerpos putrefactos.
—¡¡¡Acabad con ellos!!!— grité al mismo tiempo que abría fuego contra los No Muertos que habían logrado entrar. Abatí a varios antes de que Katrina apareciera a mi lado lanzándoles flechas.
Los que no sabían disparar se habían refugiado en los vehículos mientras algunas puertas del almacén comenzaban a ceder y a dejar paso a los No Muertos.
El caos se había desatado en el almacén. Mientras disparaba vi como uno de los coches trataba de salir atravesando una de las puertas, pero varios No Muertos se cruzaron en su camino y el coche volcó a gran velocidad chocando contra otro vehículo. Ambos empezaron a arder. Vi como Juan se acercaba a la gran puerta por la que habíamos entrado cuando llegamos y comenzó a abrirla para que los vehículos pudieran salir, mientras, Johana le cubría.
—¡¡¡Juanma!!! ¡¡¡Sube!!!— me gritó Eva desde el autobús.
Disparé varias veces y entonces vi a Katrina como estaba siendo asediada por varios No Muertos. Tenía que ir a salvarla, miré a Eva. –Salid de aquí. Id hacia Macon. Nos veremos allí. Voy a por Katrina— dije cuando vi a James y a Cindy en el autobús. Segundos más tarde el autobús y el camión salían rápidamente del almacén.
Sin perder más tiempo corrí hacia Katrina y le disparé a un caminante que estuvo a punto de morderle. Cuando llegué junto a ella la cogí del brazo con intención de llevarla al segundo autobús, pero este estaba totalmente rodeado. Un chico llamado Randy estaba usando los últimos cartuchos de su escopeta. Llegó un momento que ya no le quedaban más y sacó una granada. Fue entonces cuando al quitarle la anilla, fue sorprendido por un No Muerto, este le mordió y cuando Randy cayó al suelo, la granada rodó hasta situarse debajo del autobús. Al verlo, Katrina y yo comenzamos a gritar a la gente para que salieran del autobús. El pánico se desató allí y trataron de salir por las ventanas y puertas, algunos lo consiguieron. Entre ellos Ben. Entonces la granada explotó haciendo que el autobús escolar saltase por los aires.
—Los demás se han ido. Tenemos que salir de aquí ahora mismo— me dijo Katrina.
Ben se levantó del suelo y corrió hacia nosotros. Los tres comenzamos a correr hacia una de las puertas que daban al exterior, justo cuando estuvimos a punto de salir, escuché la voz de Vicky llamándome, era ella, no me la había imaginado. Me di la vuelta y la vi corriendo hacia mi mientras esquivaba y disparaba a caminantes. Ella llegó junto a mí y ambos salimos detrás de Katrina y Ben. Una vez fuera y ocultos entre unos vehículos abandonados observamos como las llamas se extendían por el almacén.
—¿Qué hacemos ahora? Los demás se han largado— preguntó Ben flexionando las rodillas y poniendo las manos sobre ellas.
—Sabían que íbamos hacia Macon— dijo Katrina. –Nos encontraremos con ellos allí si no los alcanzamos antes. Solo tenemos que buscar un vehículo, ahí dentro ya no queda ninguno que nos sirva.
—Cuando veníamos hacia aquí me pareció ver un concesionario de auto caravanas. Está como a una hora de aquí a pie— dije entonces apartando la vista del almacén para mirar a Vicky. —¿Por qué no te fuiste con ellos? Tendrías que estar en el autobús con tu madre.
—Salí a ayudarte— dijo Vicky.
—Juanma— dijo Katrina tocándome el hombro. Levanté la cabeza y cuando la miré me señalo cuatro figuras, tres de ellas avanzaban a pie hacia nosotros. La cuarta silueta iba en brazos de la silueta más alta. Cuando llegaron junto a nosotros vimos que eran Juan, Johana y Arianne. La persona que Juan llevaba en brazos era Tamara.
—Los demás se han largado. Ahí dentro no queda nadie, solo cadáveres, ha sido una masacre— dijo Juan.
Juan tenía toda la razón del mundo. Miré a todos y les indiqué que era momento de moverse. No nos convenía quedarnos allí demasiado tiempo. Debíamos tratar de conseguir un vehículo, preferiblemente una auto caravana e ir hacia Macon con la esperanza de reencontrarnos con los demás. Tampoco me quitaba de la cabeza el hecho de que entre nosotros seguía habiendo un asesino, a menos que hubiese muerto en el almacén, aunque la mayor pregunta que me formulaba era que si había sobrevivido ¿Dónde estaba? ¿En mi grupo o en el otro?

Las Vegas…

Luci se miró al espejo del baño, acababa de darse una ducha de agua caliente. Hacía mucho que no disfrutaba de algo así, mientras se miraba al espejo se dio cuenta de algo. Tenía como un bulto en un costado, era como si tuviera algo bajo la piel. Se lo tocó y vio que estaba duro, también descubrió algo así como un corte cerca del bulto. No recordaba cuando le habían hecho eso.
De repente la puerta se abrió y apareció la misma mujer que había visto antes. Era la mujer que tenía que maquillarla. Luci salió del baño y se comenzó a poner un conjunto de ropa interior de color blanco que se encontró sobre la cama. Luego se puso un albornoz y se sentó en una silla frente a un espejo. La maquilladora se puso detrás de ella y le comenzó a recoger el pelo para hacerle una coleta temporal.
—Ya verás. Vas a estar radiante esta noche— dijo la mujer. –Dorian estará muy contento.
—Me importa tres cojones. Ese tío me repugna— respondió Luci.
La mujer puso sus manos en los hombros de Luci y puso su cabeza junto a la suya. –Dorian es mucho mejor persona de lo que parece. Cuida de todos los de la comunidad. Además, tú tienes la suerte de ser vip.
—¿Vip? Que suerte tengo ¿Verdad?— preguntó Luci de forma irónica. No sabía que representaba ser vip allí ni tampoco le interesaba.
La mujer comenzó a maquillarla mientras tarareaba una canción que Luci no conocía, entonces la mujer le susurró que cerrara los ojos. Cuando Luci lo hizo se sintió volver a aquellos días donde se arreglaba para salir de fiesta y alguna amiga la maquillaba, pero lamentablemente aquello era solo un recuerdo. La realidad era muy distinta, aquella mujer la estaba maquillando para Dorian, el cual estaba esperándola para llevarla a quien sabe donde para hacer dios sabe que. Solo esperaba que Dorian no intentara nada, aun tenía muy presente la amenaza.
Cuando terminaron de maquillarla se puso el vestido y varias joyas. Fue escoltada hasta la calle, allí la esperaba una limusina. Subió a ella y esta se puso en marcha. Desde el interior del vehículo veía las calles de la comunidad de Las Vegas y a sus gentes. Se fijó en que era muy similar a Manhattan. Se fijó también en las luces de los locales, no parecía que les asustara el ataque de nadie. Entonces se fijó en los nidos de ametralladoras que había en algunas azoteas. Estaban muy preparados para repeler ataques. También se fijó en las pancartas que había en algunas fachadas, todas con la imagen de Dorian, parecía que allí lo tenían como a un rey.
La limusina se detuvo delante del Caesar Palace, allí estaba Dorian, seguía vestido con el mismo traje de fiesta con el que había ido a verla hacía unas horas. Este se acercó a la limusina y entró. Se sentó frente a Luci y allí abrió lo que parecía una mini nevera, de ella sacó una botella de vino. Después sacó un par de copas.
—Aun tardaremos en ir a cenar, mientras daremos una vuelta por la ciudad. Quiero que veas nuestros recursos— dijo Dorian mientras llenaba las dos copas. –Quiero que veas como se vive aquí. Esto como ya habrás visto no es muy diferente a Manhattan— Dorian le cedió una de las copas.
—Más bien quieres que vea que no tengo posibilidades de escapar— respondió Luci tomando la copa llena que Dorian le ofrecía. –No soy estúpida.
Dorian sonrió y le dio un sorbo a su copa. –Bueno, es una forma de decirlo. Es justamente eso, solo que decirlo así habría sonado muy violento. Aun así debes saber que no quiero que seamos enemigos. Quiero que confíes en mí.
—Curiosa manera de intentarlo cuando me tenéis encerrada y de cobaya. No se que pretendes con todo esto— dijo Luci dándole un trago a su copa. –Así no harás que confíe en ti. ¿Qué es lo que buscas con esto? ¿Acaso quieres follarme?
—Puede, pero hoy no va a ser. Aun no estoy vacunado y aun llevo el virus en mi organismo. No quisiera infectarte. ¿Qué le voy a hacer? No me gusta usar goma, tampoco es que tengamos.
Luci miró de nuevo por la ventana y vio un jeep militar parado con varios hombres armados a su alrededor, luego miró a Dorian. –Te lo has montado muy bien, pero todo lo que parece seguro acaba cayendo con el tiempo. Como Manhattan.
—No lo compares. Mis hermanos son estúpidos, por eso dejaron a los de la guerrilla vivir. Tendrían que haberlos exterminado cuando decidieron que no querían seguir esas leyes. Tampoco eran tan dictatoriales, pero bueno, mis hermanos se lo merecen, ahora Manhatan ya no existe. Somos ahora mismo prácticamente la comunidad más grande. Hay comunidades más pequeñas y muchas trabajan para nosotros consiguiéndonos suministros. Cuando tengamos la vacuna se la venderemos, con el tiempo seré algo así como el presidente de los estados unidos. Solo que con más poder.
—A eso lo llamo yo tener aires de grandeza— dijo Luci
—Esto es más bien ser realista, mira— en ese momento Dorian sacó un papel y se lo entregó a Luci. Cuando lo cogió vio que era un billete con la cara de Dorian. Luci lo miró y el sonrió. –Ese será el futuro.
—Debes estar de coña— dijo Luci. —¿Dinero? El dinero ya no tiene valor.
—Pero lo tendrá otra vez cuando tengamos la vacuna y nos extendamos a otras comunidades… Y exterminemos a los que se nos opongan.
—Como mis amigos— respondió Luci. Nuevamente Dorian le sonrió.
—Me gustas. Eres inteligente. Aun así, tampoco es nada demasiado personal. Siempre podría llegar a un acuerdo con ellos, dejarlos quedarse aquí o simplemente dándoles una comunidad donde ellos puedan vivir. Aunque se que eso no lo aceptarán a la primera— Dorian iba a seguir hablando y se detuvo, luego miró a Luci. –Ya hemos llegado.
Alguien se acercó al vehículo y abrió la puerta, esta se quedó abierta y Luci salió. Luego salió Dorian, una vez en el exterior, el líder de Las Vegas le entregó el billete al hombre que había abierto la puerta. Seguidamente se puso junto a Luci y le puso el brazo para que ella se agarrara. Luci dudó por unos momentos, pero finalmente se agarró al brazo de Dorian.
Comenzaron a caminar hacia lo que parecía el interior de un casino. Mientras caminaban, Luci vio como algunos saludaban a Dorian. Entonces otra pareja se detuvo ante ellos. Ambos tenían una gran diferencia de edad, ella tendría como unos veintipocos y el más de cincuenta años, el hombre era grueso y calvo, tenía un bigote blanco y vestía un smoking. La mujer llevaba un vestido azul muy escotado dejando ver prácticamente sus pechos. Tenía una larga cabellera rubia e iba muy maquillada.
—¿Esta es ella? ¿La joven de la que tanto has hablado?— preguntó el hombre. Fue entonces cuando a Luci le llegó el aliento del hombre. Este olía a alcohol.
—Ella es— respondió Dorian, entonces miró a la chica. –Buenas noches Estela. ¿No vais a entrar? Veremos el espectáculo mientras cenamos. ¿Por qué no compartís mesa con nosotros?
—Me parece bien— respondió el hombre adelantándose junto a su pareja.
A unos metros por detrás de ellos iban Dorian y Luci. El comenzó a hablar. –El es Quentin Asford. Era uno de los más ricos de San Francisco, ella no es su mujer ni mucho menos. es una chica por la que ha pagado— cuando Dorian vio la cara de Luci se apresuró a aclararlo. –No es ninguna prostituta. Ella estaba en una celda también, la metieron en una jaula con caminantes y sobrevivió. Asford se encaprichó de ella y la compró, al final se acabaron casando y el a ella le dio todo lo que quería. Incluido ese par de tetas.
Los cuatro entraron en el casino. El interior estaba lleno de gente. Unos estaban de pie y otros sentados. Había gente jugando a maquinas y en el centro con mesas a alrededor había una jaula cuadrada que conectaba con un pasillo de rejas. Junto a la jaula había unas pasarelas por las que caminaban hombres armados. Luci también vio a chicas bailando desnudas sobre unos pódiums. Entonces Luci vio un escenario donde había una ruleta con los números del una al veinte marcados. Recordó que ya habían hablado de ella en los calabozos.
La música era alta, aun así Luci podía escuchar a Dorian hablar con todo aquel que se cruzaba, todos aquellos la miraban y ella se sintió como si Dorian estuviera exhibiéndola.
Un hombre se acercó y Dorian le indicó que los llevara a la mesa de siempre. El hombre les hizo un gesto para que le siguieran. Este los llevó a una mesa redonda donde enseguida ocuparon los asientos. Estuvieron cenando durante unas tres horas. Luci hacía tiempo que no comía tanto ni tan bien.
Dorian estaba hablando justo cuando sonó una sirena. La música se detuvo y se hizo el silencio en el interior del local. Fue en ese momento cuando Dorian miró a Luci con una sonrisa. —¿Estás lista para presenciar el espectáculo?— seguidamente se levantó y se dirigió al escenario, allí cogió un micrófono. –Buenas noches a todos los presentes. Hoy como cada noche damos comienzo a la ruleta de la suerte. Que pasen los concursantes— dijo Dorian mirando hacia un lado y haciendo un gesto. Seguidamente comenzaron a pasar varias personas, hasta un total de seis, todos tenían un número en la camiseta que llevaban. Todas custodiadas por hombres armados. Entonces a Luci se le revolvió el estomago. Entre ellos estaban Isabella y Tom. Más se le revolvió cuando ellos repararon en ella, se sintió como si los estuviera traicionando. Ellos la miraron, pero rápidamente agacharon la cabeza. –Amigos y amigas. Es hora de decidir al primer concursante de la noche. Por favor señoritas.
Unas chicas con unas urnas comenzaron a pasearse por las mesas. Luci se fijó en que algunas personas escribían en un papel y luego lo echaban dentro de la urna. No podía creerlo, aquellas personas estaban votando quien iba a ser el primero en entrar en la jaula. Cuando llegaron a su mesa, una de las chicas le cedió a Luci un lápiz y un papel. Pretendían que escribiera el número de una de esas personas para mandarlo directamente a una más que probable.
—¿Qué ocurre querida?— preguntó Quentin Asford al ver que Luci no escribía. El ya había depositado su voto. –Tienes que votar. Si no sabes a quien elegir déjame que te haga una sugerencia. ¿Ves a ese?— entonces señaló a Tom. –Es muy bueno, ha llegado a matar a veinte caminantes seguidos. Es un espectáculo asegurado.
—No pienso participar en esto— dijo Luci. –Esto es propio de monstruos. Estáis todos locos— justo en ese momento, Luci vio la mirada de la acompañante de Asford clavada en ella, esta comenzó a mover los labios. Le estaba diciendo que votara. Luci apretó los dientes y apuntó el número de Tom. Era el numero cuatro.
Unos minutos más tarde cuando reunieron todos los votos, y aunque Luci se sentía profundamente mal por lo que había hecho. Dorian procedió a sacar el papel. Metió la mano en una urna al azar y sacó un papel. Entonces lo abrió y leyó en voz alta.
—Es el numero cuatro— entonces miró a Tom. –Tom, da un paso al frente.
Tom miró a los que estaban con el y resignado dio un paso al frente mientras Dorian se ponía a su lado, luego le puso el micrófono en la cara.
—Solo tengo algo que decir. Ojala ardáis todos en el infierno. Todos— repitió cuando su vista se poso sobre Luci. La cual estaba comenzando a sentir nauseas.
En ese momento el local estalló en vítores y aplausos. Incluso una mujer de unos cuarenta años se levantó de entre el público y se acercó a Tom. Esta le dio un beso en los labios y volvió a su sitio.
—Esa es Bianca Lourie. Es la que paga más por el. Ese beso ha sido de buena suerte. Si sobrevive, a ese chico le espera hoy una noche de buen sexo— dijo Quentin Asford antes de estallar en carcajadas.
—Muy bien. Ahora es el momento de echar a suerte el numero de caminantes a los que se enfrentará— Dorian se dio la vuelta hacia la ruleta y la hizo girar.
La ruleta giró hasta que se quedó marcada en el número doce. El número de No Muertos a los que se iba a tener que enfrentar sin descanso. Seguidamente Dorian lo fue llevando hasta la jaula y lo metió dentro. Enseguida por el pasillo de barrotes apareció el primero de los caminantes. El macabro juego había comenzado y Luci iba a tener que ser testigo de ello. Si Tom moría, Luci no iba a poder evitar sentirse terriblemente culpable. Entonces comenzó a rezar para que Tom saliera de esa con vida.


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