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sábado, 15 de agosto de 2015

NECROWORLD Capitulo 84

Día 27 de Marzo de 2010
Día 637 del Apocalipsis…
Greenwich… 08:15 de la mañana.

—Se que no hago muy bien contándooslo solo a vosotros, pero vosotros sois las personas con las que tengo más confianza. Lo primero. Katrina es mi hermana por parte de padre. Lo hemos descubierto hace poco— todos se quedaron sorprendidos cuando lo dije. –Lo segundo. Su madre está viva y está escondida en la comisaria de Macon. Es allí a donde nos dirigimos.
Había reunido a todos con los que tenía mayor confianza. A excepción de Vicky, Eva, Diana, Cindy, James y los niños. Todos los que estaban a mí alrededor eran los que habían salido de Manhattan conmigo: Yuriko, Juan, Johana, Rachel, Sheila, Alexandra, Stacy. Mike, Laura,  Melanie, Faith, Mouse, el padre Kaleb, Jill y Ben. Todos ellos y yo solíamos tomar las decisiones allí y era con ellos con quien tenía que hablar, obviamente confiaba en más personas del campamento, pero ellos me eran más cercanos. Habíamos recogido todo y mientras los demás esperaban en los vehículos, yo había reunido al grupo en un lugar algo apartado para poder hablar en privado.
—¿Quieres ir hacia Macon para salvar a una mujer que no sabemos si seguirá viva cuando lleguemos? Me parece una locura. ¿Sabes cuantas horas hay de viaje?— preguntó Johana. –Ya sabes como pienso. –Creo que te vas a meter en un buen lio cuando los demás se enteren.
—No tienen el por que— dijo en ese momento el padre Kaleb. –Si he entendido bien lo que quiere hacer Juanma… Es lo siguiente. Hacer lo que hemos estado haciendo hasta ahora. Viajar. Montar el campamento a las afueras de Macon y un equipo adentrarse en la ciudad.
—Ese es mi plan— respondí. –Necesito saber que estáis de acuerdo. No me gusta tener que mentir a nadie ni hacer cosas a escondidas de los demás. Somos un grupo al fin y al cabo, pero se que muchos no aceptarían esto.
—Yo os lo suplico. Se que es un viaje muy largo, pero os pido que lo intentemos— pidió Katrina mirando a todos.
—Yo viví en Macon hace unos años— dijo en ese momento Ben. –Ahora mismo estamos a 934 millas. Tardaremos más de catorce horas en llegar. Horas que pueden aumentar si contamos los parones que hagamos para descansar y comer. También es probable que nos encontremos con varios obstáculos en el camino que nos hagan perder tiempo, ya sea dando la vuelta o apartándolos. Esas horas podrían verse incrementadas en días. No será fácil, tampoco lo será mantenerlo oculto. Y cuando lo descubran… Puede que tengamos problemas.
—Por no hablar de que es muy probable de que cuando nos detengamos. Algunos quieran quedarse bastante tiempo. ¿Qué haremos cuando eso ocurra? Además, las temperaturas están subiendo y eso hace que los caminantes se vuelvan más activos como ya sabéis— explicó Melanie.
—Creo que deberíamos pasar— dijo Johana. –No me malinterpretéis, pero es un viaje arriesgado. Para todos…
—¿Y que no es arriesgado?— preguntó Juan. –Yo por mi parte no pienso dejar a esa mujer tirada. Yo iré hasta Macon o hasta donde haga falta.
—Yo también voy— dijo en ese momento Faith. —Tienes mi voto.
—¿Alguien se niega?— pregunté en ese momento. –Quiero escuchar todos los puntos de vista. No quiero que os guardéis nada.
—Yo iré a donde vayáis. Soy leal al grupo— dijo Yuriko. De hecho me lo esperaba de ella.
—Yo también voy. No tengo nada que objetar— dijo Mike.
Laura nos miró a todos. –Se que va a ser arriesgado, pero decir que no, no cambiaria las cosas. También voy.
—Jill y yo también vamos. De hecho estaré en el grupo que se adentre en la ciudad a buscar a esa mujer. Seguro que podemos conseguir suministros— dijo Mouse.
—Sheila y yo también— dijo Rachel. Aunque vi que Sheila no parecía estar muy de acuerdo. Aunque se resignaba. No podía reprochárselo, eran muchas horas de viaje y por lo que sabía, existía la posibilidad de que la madre de Katrina estuviese muerta cuando llegáramos.
Todos los demás levantaron la mano en señal de que ellos también se apuntaban. Después de la reunión nos distribuimos en vehículos para comenzar el viaje. Yo también quería salvar a la madre de Katrina. Necesitaba saber cosas de mi padre y el por que el le fue infiel a mi madre. A Katrina se lo había contado todo lo que me había pasado durante la conversación que habíamos tenido durante la noche. Omitiendo que Carlos seguía vivo en algún lugar con el resto de nuestro grupo. No creí que de momento necesitara saber nada de ello, no necesitaba saber que tenía otro hermano que era un autentico monstruo.
Subí al autobús junto a Juan, el era quien iba a conducir durante un buen rato. Yo le di unas palmadas en el hombro y me acerqué a la cama donde estaba Eva. A ella ya le había explicado algo antes de la reunión. Cuando me senté a su lado me miró.
—Algunas personas murmuran acerca de que soy la única con derecho a una cama aquí en el autobús. No soporto esas miradas acusadoras— me dijo Eva.
—Deben comprender que tú no estás ahí por gusto. Estás embarazada— respondí en voz baja. –Necesitas reposar. No puedes correr riesgos.
—Estoy embarazada de un monstruo, si por mi fuera me lo sacaría de las entrañas.
—¿Por qué dices eso?— pregunté.
—Por que es así. Siento que no se si seré capaz de querer a este niño. No siendo de el…
—Si que lo vas a querer. El no tiene la culpa de como es su padre. Y al fin y al cabo… Ese niño de algún modo lleva mi sangre. Yo voy a quererlo como si fuera mío.
—Es que debería ser tuyo. No dejo de arrepentirme cada día.
—Eso es algo pasado y ya está hablado. Fue un error que tuviste cuando creías que había muerto. Ni puedo ni debo reprochártelo. Ahora debes descansar.
En ese momento escuchamos a Juan dar la señal de que nos movíamos. Seguidamente todos los vehículos se pusieron en marcha. Dirección a Macon.

Desierto de Arizona…
Área de servicio… Gerónimo
09:00 de la mañana…

David se despertó de sopetón cuando notó la mano de alguien en el hombro. Con un rápido movimiento sacó un cuchillo y lo dirigió al cuello del que estuviese allí, pero entonces le pararon en cuchillo.
—Ten cuidado con eso. Podrías sacarle un ojo a alguien— dijo en ese momento Carlos. —¿Por qué pollas duermes con un cuchillo debajo de la almohada donde también duermen Alicia y el crio? Aquí dentro de la tienda estáis seguros. ¿De que tienes miedo?
—No es por miedo. Es por ser precavido— respondió David. —¿Qué hora es?
—Las nueve de la mañana— respondió Carlos. –Ven. Hay algo que tengo que contarte.
—¿Y ellos?— preguntó David mirando a Alicia y Cristian. Estos seguían dormidos y no parecía que se hubiesen percatado de nada.
—Deja que sigan durmiendo. Vamos— dijo Carlos.
Un par de minutos después, Carlos y David salieron de la tienda. Fuera estaban todos los demás reunidos. Entonces vio a Sandra llorando desconsolada junto a alguien tirado en el suelo. Por unos momentos, David pensó que era una persona, pero cuando se acercó más vio que se trataba de Yako.
—Joder— dijo David corriendo hasta ella y el perro. Cuando llegó y vio al animal tuvo que retirarse al ver lo que le habían hecho. Alguien le había provocado varios cortes, tanto en el cuello como en el vientre. —¿Qué ha pasado? ¿Quién ha hecho esto?
—Lo han matado. Han matado a Yako. Era lo único que me quedaba de lo que era mi vida antes de esto— decía Sandra entre sollozos sin soltar el cuerpo de su perro.
—Alguien lo mató durante la noche— dijo Carlos –Pero fíjate en su boca. Hay restos de algo. Juraría que primero lo durmieron y luego lo mataron.
David observó la boca del animal y vio restos de comida. Algo que parecía carne. —¿Dónde estaba el perro? ¿Fuera?
—Estaba atado al autobús como cada noche desde que llegamos a aquí. Ha sido alguien de aquí— dijo Sandra. –Es lo único que se me ocurre. ¿Quién estaba de vigilancia?
En ese momento Kyle. Uno de los supervivientes de Manhattan salió de entre la multitud con la mano levantada. –Fui yo. Yo estaba de vigilancia.
En ese momento Carlos se abalanzó sobre el y lo agarró del cuello. Seguidamente lo estampó contra la parte trasera del autobús, luego le puso la pistola en la barbilla.
—¿Fuiste tú quien mató al perro? ¡¡¡Habla!!! Habla o te volaré la puta cabeza. Tienes treinta segundos y la cuenta atrás empieza ahora. Responde ahora mismo. Te juro que no dudaré en disparar.
—No fui yo. Lo ultimo que recuerdo era que estaba vigilando y cuando me he despertado—  Kyle señaló a un hombre grueso de color. –Me desperté cuando Carl vino a cambiarme la guardia. El fue quien me despertó.
—No me mientas— dijo Carlos apretando el cañón del arma aun más en la barbilla. –Mira. Ya me has cansado. Date por muerto.
En ese momento David le arrebató el arma a Carlos y le señaló el cuello a Kyle. –Mira esto. Tiene la marca de una aguja. Ven y míralo.
Carlos hizo lo que David le decía y descubrió la marca un poco por debajo de la oreja. Casi en la nuca. Era evidentemente la marca de un pinchazo. Alguien le había pinchado.
—El que mató al perro, primero le inyectó algo a Kyle. Probablemente un somnífero, luego se cargó al perro. Puede que haya sido alguien de aquí… O puede que no.
Los que estaban alrededor comenzaron a murmurar entre ellos, algunos incluso cuestionaban la poca seguridad del lugar. Eso hizo que Carlos se alarmara, no quería que la gente comenzara a cuestionar su liderazgo.
—Calma todos. Esto ha sido algo aislado y seguro que tiene una explicación. Os prometo que me esforzaré en averiguar que ha pasado, pero para ello necesito que mantengáis la calma. A fin de cuentas solo se han cargado a un perro.
—¿Y los hermanos Spencer? Aun no han regresado… Y nunca antes se habían ausentado tanto tiempo. Algo les ha tenido que pasar— dijo una mujer de avanzada edad.
—¿Y si han sido ellos?— preguntó un hombre –Nunca me han gustado y recordemos que les gusta cazar. A este animal lo han destripado como se destripa a los conejos. Es posible que nos hayan traicionado y estén jugando con nosotros. O quizás se trate de una broma.
—Un poco fuerte lo de cargarse al perro para ser una broma ¿No?— preguntó un chico joven llamado Mark. –No creo que nadie de aquí esté tan colgado como para hacer esta salvajada. Eso ha sido alguien de fuera que se las ha ingeniado para llegar hasta nosotros. Sea quien sea está ahí fuera.
—Bueno. Escuchad— comenzó a decir Carlos. –Voy a montar un equipo para salir a buscar a los Spencer.  Para bien o para mal los vamos a encontrar y esclareceremos este asunto. –Butch, David y Kyle. Vosotros vendréis conmigo. Los demás quiero que cuidéis unos de otros y tengáis los ojos abiertos.
—Los Spencer tenían unos mapas con las zonas de caza que habían elegido en la zona. Con ellos será más fácil movernos por este desierto— dijo en ese momento Butch.
—Muy bien. Hazlo— respondió Carlos. Entonces vio como Sandra se paraba delante de el. —¿Qué es lo que quieres? Ve y entierra a tu perro?
—Lo primero. No era solo un perro. Tenía mucho valor para mí y era lo único que me quedaba, lo único que me ataba a mí vida anterior. Lo segundo. Si los que mataron a mi perro están ahí fuera, sean los hermanos Spencer o no. Si damos con ellos. Quiero estar ahí para acabar con ellos. Quiero hacérselo pagar. Ahora voy a enterrarlo y luego me iré con vosotros.
—Muy bien. Admiro tu iniciativa. Pues date prisa con ello. Dentro de media hora, tiempo suficiente para enterrar al perro. Nos vemos— dijo Carlos.
Sandra asintió, seguidamente cogió a su perro en brazos y se lo llevó detrás de la tienda. Carlos miró a Butch y le hizo un gesto para que fuera con ella para protegerla por si pasaba algo. Butch se fue detrás de Sandra y Carlos se dio la vuelta para hablar con David, pero este ya no estaba, seguramente había vuelto al interior de la tienda.
Carlos miró a su alrededor, había carretera y desierto hasta donde alcanzaba la vista. Tenía muy claro lo que había pasado. El autor del asesinato del perro, fuese quien fuese, estaba en algún lugar de ese desierto e iban a dar con el o con ellos. Era evidente el motivo por el que lo habían hecho. El perro había sido asesinado para quitarse de en medio un problema. Un sistema se seguridad menos.
*****
David había entrado en la tienda tras la charla que había dado Carlos. Antes de irse tenía que despertar a Alicia y hablar con ella. Tenía que contárselo todo. David la agarró del hombro y la zarandeó con cuidado para no despertar a Cristian. Alicia se despertó poco a poco y lo miró.
—¿Qué es lo que pasa?
—Ha pasado algo durante la noche— respondió David sentándose en la cama. Cuando vio que Alicia se empezaba a preocupar mucho la intentó tranquilizar. –No te preocupes. No ha muerto nadie, ni han sido caminantes. Bueno, en realidad alguien ha matado a Yako, el perro de Sandra.
Alicia se tapó la boca con las dos manos, totalmente impresionada por lo ocurrido. —¿Y como está ella? Es lo único que le quedaba. Dios… Pobre perro.
—Carlos ha dicho que un grupo va a salir en busca de los asesinos. Ya que… Bueno, el mismo que mató al perro también le inyectó algo a Kyle para dormirlo. He venido aquí para decirte que nuevamente voy a salir. Escucha, quiero tengas a tu lado la pistola en todo momento, protégete a ti misma y a Cristian. Algo me dice que aquí hay mucho más de lo que pensamos. Por eso debes hacer lo que te digo. ¿Tienes tu pistola?
—Si, la tengo aquí— dijo Alicia sacándola de debajo de la cama. –Siempre la tengo ahí desde que llegamos.
—Pues guárdala junto a ti en todo momento y úsala contra caminantes o contra cualquier persona que intente hacerte daño. Nunca tienes que dudar, jamás. Nunca dudes pase lo que pase. Ahí está la diferencia entre la vida y la muerte.
—Te prometo que nunca dudaré— respondió Alicia.
David se acercó a ella y le dio un beso en los labios. –Así se hace. Ahora tengo que irme, pero volveré pronto. Te lo prometo.
*****
Sandra echó el último grapado de arena sobre el cuerpo de su perro. Estaba totalmente destrozada y las lagrimas apenas le permitían abrir los ojos. Quería hablar, decir unas palabras sobre Yako, pero no le salían, estaba demasiado dolida. Recordó cuando lo recibió siendo un cachorro, recordó las veces que la había salvado. No podía creérselo que ya no estuviera.
—Ya también tenía un perro hace años. Era un Labrador. Se llamaba Rex. Era totalmente leal. Me gustaba llevármelo a conciertos. Una noche saliendo de uno, un yonki me asaltó. Quería robarme la guitarra y el montón de pasta que me habían pagado aquella noche. Traté de razonar con el, pero estaba con un monazo tremendo. No había manera. Entonces me amenazó con una navaja, nos enfrentamos e intentó pincharme. Lo habría conseguido si no llega a ser por mí perro. El fui quien recibió la puñalada, el yonki huyó y mi perro murió en mis brazos— dijo en ese momento Butch.
—Ya… ¿Qué intentas decirme con esto?— preguntó Sandra mirando a Butch.
—Lo que quiero decir es que se como te sientes. Que comprendo tú pérdida— respondió Butch. –Se que muchas veces doy la impresión de ser un autentico capullo. Un gilipollas si lo prefieres, pero tengo corazón. Aunque no soy de los que lo van mostrando por ahí.
Sandra pasó por su lado y lo miró –Gracias.
—Encontraremos al que hizo esto… Y se lo haremos pagar. Puedes estar segura de ello.
Butch y Sandra se encontraron con los demás que iban a formar el equipo. La camioneta ya estaba preparada. Butch fue corriendo hacia la tienda de campaña de los hermanos Spencer y salió enseguida con el mapa, el cual enseguida se lo entregó a Carlos.
—Esto nos vendrá bien. Bueno, todos a bordo— dijo Carlos.
David y Sandra se subieron a la cabina del conductor junto a Carlos mientras que Kyle y Butch se subieron a la parte trasera de la camioneta. Seguidamente se fueron de allí.

Tarrytown,  Nueva York…

Habíamos llegado a Tarrytown tomando la carretera 287. Ante nosotros teníamos un puente de hierro lleno de coches por el que íbamos a tener que pasar para llegar a nuestro aun lejano destino. Nunca antes habíamos pasado por allí, por lo tanto no sabíamos el estado en el que se encontraba. Al verlo, me bajé del autobús. Solo íbamos a poder pasar si apartábamos los vehículos. Había más de dos docenas dificultándonos el paso. Quizás tres o cuatro docenas en realidad, eso incluía vehículos de gran tamaño como camiones de todo tipo y autobuses.
—Podríamos dar la vuelta, pero eso nos haría perder mucho tiempo— dijo Juan bajándose del autobús. –Somos bastantes. Si nos ponemos a desbloquear el camino ahora… Podríamos estar como mucho una hora. Menos seguramente.
—Está bien. Da el aviso y que comiencen a bajar mientras me adelanto a investigar por el puente. No quiero que nos llevemos sorpresas desagradables— dije. Entonces vi a Mike bajarse del autobús.
—Te acompaño.
Ambos comenzamos a caminar por el puente, mirando en todos y cada uno de los vehículos abandonados. Quería asegurarme de que no nos sorprendía ningún caminante. El puente era bastante largo y había dos carriles, tomáramos el que tomáramos de los dos íbamos a tener que apartar vehículos. Bajo nosotros estaba el rio Hudson.
Ambos llegamos a una parte del puente donde había un par de coches calcinados, y unos tres metros más allá había una autocaravana con la puerta abierta. Justo cuando iba a acercarme, Mike me agarró.
—Con cuidado. Podría haber alguno ahí dentro.
—Lo se. No te preocupes— respondí al mismo tiempo que sacaba mi arma. Miré atrás y vi a Juan organizando a los demás para ir apartando los vehículos.
Entramos ambos en la autocaravana apuntando, pero no había nada ni nadie. Estaba completamente vacía. Tampoco había nada que pudiera servirnos. Ni comida, ni armas, ni nada. Los dos salimos del vehículo y lo rodeamos para seguir avanzando. Pasamos por al lado de un camión cisterna volcado.
—Aun no te he dado las gracias— le dije a Mike.
—¿Las gracias por que?— preguntó Mike mirándome.
—Por decidir quedarte conmigo en lugar de irte con mi hermano— respondí.
—Tu hermano nunca me ha inspirado demasiada confianza. Tu no eres como el, por eso decidí quedarme con vosotros. Con el no creo que hubiésemos llegado demasiado lejos. Aunque te confieso que estoy preocupado por aquellos que si se fueron. No se, temo que les haya pasado algo.
En ese momento una flecha se incrustó en el pecho de Mike. Este cayó de espaldas y yo me abalancé sobre el. Lo arrastré a una cobertura y desde allí me asomé. Entonces vi a un hombre con un pañuelo cubriéndole la cara. Tenía pinta de ser un motero. Este nos había atacado con un arco. Quise llamar a los demás, pero enseguida me di cuenta de algo. Había unas luces parpadeantes en las vigas del puente, enseguida supe que eran, se trataban de cargas C—4. Si aquello estaba allí y también lo estaba aquel tipo que probablemente no estaba solo. Me imaginaba que si veía acercarse a los demás haría detonar las cargas. Miré a Mike y vi que todavía vivía.
—No parece que te haya dañado mucho. ¿Puedes andar?— le pregunté mientras le taponaba la herida con una mano. Entonces el negó con la cabeza, entonces tomé otra decisión. –Acabo de ver al tipo que te ha disparado, es posible que no esté solo. Voy a salir para intentar negociar.
—Ten mucho cuidado— dijo Mike.
Me fui asomando y hablé cuando vi al tipo. –Voy a salir. No dispares.
Salí con el fusil en alto y entonces vi al tipo apuntándome con el arco. —¿He matado al negro? Por favor, dime que si. No sabes lo mucho que me jode ver negros todavía vivos. Ellos deberían haber sido los primeros en caer. Tú no pareces panchito. Espero que no seas judío.
—Soy español— respondí. –Mi grupo y yo solo queremos pasar por aquí. Nos dirigimos a otro lugar en el que podamos vivir tranquilos.
—¿Español? ¿No estás un poco lejos de casa? Sobre lo que dices. No tengo ningún inconveniente en dejaros pasar. Siempre y cuando lleguemos a un trato. ¿Qué me dices?
—Es lo que pretendo. En los vehículos que llevamos tenemos armas, medicamentos, comida. Podemos darte parte de cada una de esas cosas, pero tienes que dejarnos pasar— le dije. Supongo que no querrás enfrentarte a todos nosotros. Aunque estés acompañado, seguimos siendo más que tú— le dije tratando de sonar convincente.
—Estoy solo, pero esas cargas de C—4 que has visto en el puente son los mejores compañeros que un tío puede tener en esta mierda del fin del mundo. Nunca me traicionarán. Sobre lo que me ofreces. Tengo de sobra de todo eso.
—Entonces… ¿Que es lo que quieres? ¿Combustible?
—Tengo todo el que quiero, menos una cosa. Afina bien los oídos porque te voy a decir lo que quiero y no lo volveré a repetir. Me estoy fijando que tienes a varios negros contigo. Entrégamelos y os dejaré pasar. Como te puedes imaginar no pido demasiado— respondió el tipo bajándose el pañuelo y dejando ver una sonrisa amarillenta. Incluso se podía ver algún que otro diente de oro. –Al negro herido te lo puedes quedar. Total, no creo que aguante mucho, pero a los otros que lleves. Entrégamelos. Negros por vuestro pase. ¿A que es un trato cojonudo?
—No puedo hacer eso— respondí. —¿Para que los quieres?
—¿Estás de coña? ¿Para que crees que sirven los negros? Han nacido para ser esclavos. Si el puto Abraham Lincoln no hubiese liberado a los esclavos, a día de hoy estaríamos como en los viejos tiempos. Cuando los negritos estaban donde debían.
—Eso es agua pasada— respondí. –Han pasado décadas desde entonces.
—No te equivoques españolito. Está empezando una nueva era. La historia de la humanidad va a volver a comenzar, corregiremos los errores que hemos tenido. Ahora… ¿Qué te parece si dejamos la charla y cerramos el trato? Te puedo pagar por ellos si quieres, total, luego recuperaré el doble cuando los venda.
—¿Estás hablando en serio?— le pregunté. No podía creerme lo que me estaba diciendo aquel tipo ¿De verdad había gente que estaba volviendo a traficar con gente de color?
—¿Tengo cara de mentirte? Venga, pareces un tío razonable. Te propongo una cosa. Te doy lo equivalente a quinientos euros en dólares por cada uno de ellos. El doble por las negras que lleves. Triple por los niños. ¿A que es un buen negocio? Y encima os dejo pasar, el resto no me interesáis para nada. Puedes tomarlo o dejarlo.
Lancé una mirada al resto de mi grupo. Juan seguía organizándolos y ninguno de ellos parecía haberse percatado de lo que estaba sucediendo, y Mike no daba señales de vida. Temía que hubiese muerto desangrado mientras hablaba con aquel tipo.
No parecía que tuviera demasiadas opciones. Sin que aquel tipo se diera cuenta fui llevando mi mano a la pistola que tenía en la espalda. Lo hacía lentamente. El parecía que no se daba cuenta. Quizás, si le disparaba rápido no podría hacer nada. Entonces vi que sacaba lo que parecía un comando a distancia. ¿Se había dado cuenta de lo que pretendía?
—Se me acaba la paciencia. Entrégamelos o hago saltar el puente por los aires. Venga, decídete de una puñetera vez. Entrégame a todos los negros que lleves o lárgate por donde has venido, por que te aseguro que este puente no lo vais a cruzar.
—Está bien. Está bien— le dije. –Te los daré a todos.
—Así me gusta. Espera— entonces vi como salía de su cobertura, este cargaba con un maletín. Cuando estuvo a unos tres metros de mi, me lo tiró a los pies mientras yo seguía moviendo mi mano hacia el arma, deseando que por dios no se diese cuenta. —Son sedantes. Sédalos a todos y luego los recogeré con mi camioneta. Y no os paséis con la dosis. Podríais matarlos y paso de que se reanimen mientras los transporto. Venga, coge el maletín y date prisa.
Me agaché para coger el maletín. Justamente en ese momento pareció despistarse y yo con un rápido movimiento saqué el arma y le disparé a la cabeza. El disparo resonó en todo el puente y aquel tipo cayó de espaldas con un agujero en la cabeza. Seguidamente corrí hacia Mike y comprobé que seguía vivo.
—¿Qué ha pasado?— preguntó Mike.
—He matado a ese tipo— respondí
Entonces vi llegar a los demás corriendo. Juan y Rachel fueron los primeros en llegar. Enseguida vi como apuntaban al cuerpo del tipo abatido.
—¿Quién es este?— preguntó Juan. —¿Por qué le has matado?
—Fue el quien le lanzó la flecha a Mike. Ven, ayúdame a que Sheila y Melanie le echen un vistazo. La herida no es grave me parece. Juraría que la punta se le ha quedado entre dos costillas y no le ha afectado a ningún órgano— le dije a Juan. Éste se agachó y me ayudo a levantar a Mike. Entonces vi como Rachel cogía el control remoto. –Ten cuidado con eso si no quieres hacer detonar las cargas C—4 que hay en el puente.
—¿Hablas en serio o me estás tomando el pelo?— preguntó Rachel.
—Compruébalo tu misma. Asómate por la barandilla y las verás— le dije mientras caminaba llevando a Mike a cuestas con Juan ayudándome. Mike era tan grande que yo solo no habría podido cargar con el.
Llegamos a donde estaban los vehículos, enseguida llegaron los hijos de Mike, asustados por lo que le había pasado a su padre. Yo enseguida los tranquilicé. –Vuestro padre es fuerte como un oso. Se pondrá bien enseguida. Melanie, Sheila. Os he traído un herido. Es Mike, tiene una flecha clavado en el tórax.
Las dos salieron a la carrera y se acercaron a nosotros para inspeccionar a Mike. Sheila me miró entonces. –Ven, llévalo a esa camioneta de ahí— dijo señalándome una camioneta azul.
Llevamos a Mike hacia el vehículo que Sheila nos había indicado y allí lo tumbamos con mucho cuidado para que la flecha no penetrara más en su cuerpo.
—Hemos tenido suerte. Ni se le ha clavado mucho ni ha perdido mucha sangre. El que se la disparó no era un gran experto ¿Quién fue?— preguntó Melanie.
—Un tipo— respondí sin dar demasiadas explicaciones. –Escuchad, haced lo que debáis. Nosotros vamos a ir quitando vehículos. El disparo se ha escuchado muy alto, es posible que tengamos a varios caminantes avanzando hacia nosotros. Venga, tenemos que movernos. Todos los que podáis, manos a la obra— dije mirando a todos los demás.
Enseguida todos los hombres y mujeres que podían empujar vehículos comenzaron a trabajar junto a nosotros. Pude ver como Katrina y James empujaban una furgoneta. También pude ver lo que me parecía un moretón en la espalda de Katrina cuando se agachó a coger algo que se le cayó. Fue en el preciso momento que la camiseta se le levantaba un poco. Iba a tener que solucionar eso más tarde, eso era cosa de James.

En algún lugar de Arizona…

La camioneta conducida por Carlos se detuvo junto a unas cuantas casas construidas por uralitas. Era un punto que aparecía en el mapa de los hermanos Spencer. Aparecía como un lugar en el que habían puesto trampas, las cuales siempre revisaban cuando salían de caza. Nada más llegar, vieron unas huellas de neumáticos. Cuando Butch las vio se agachó para inspeccionarlas.
—Parecen recientes.
—¿Cómo lo sabes?— preguntó Kyle. –Podrían llevar ahí años.
—Mira una cosa genio. Si llevasen años aquí. Con la de tormentas que suelen haber, ya se habrían borrado. No… Tienen un día como mucho. Además, las huellas de los neumáticos son las de la camioneta de los hermanos. Al menos la que ellos usaban. No me cabe duda, han estado aquí.
—Pero eso no nos dice mucho de su paradero. Y mucho menos… De quien se coló en nuestro campamento— dijo David mirando a Sandra. La cual aun no había dicho nada desde que habían salido del campamento. Aun estaba dolida por la perdida de su perro. –Deberíamos seguir buscando por aquí.
En ese momento escucharon un ruido que provenía de una de las casas. Todos alzaron las armas y apuntaron al lugar de donde venían los ruidos. Kyle enseguida comenzó a temblar de miedo.
—¿Será un caminante?
—O uno de los Spencer— respondió Carlos haciéndole un gesto a David con la cabeza. –Sube y obsérvalo desde arriba.
David hizo lo que Carlos le dijo y se ayudó de unos cubos de la basura para alcanzar el tajado de aquel cobertizo. Una vez allí arriba miró por un agujero que allí había, nada más asomarse le asaltó el olor a descomposición. Se tapó la nariz y miró, entonces vio la silueta de lo que parecía un hombre. Este no tenía camisa y estaba arañando una de las paredes de uralita. Ese era el ruido que habían escuchado.
—Es un caminante— dijo David bajando de un salto.
—¿Conocido?— preguntó Carlos.
David negó con la cabeza. –No, no es ninguno de los Spencer. Esa cosa lleva tiempo ahí. Dudo que pueda salir. Deberíamos seguir. Aun nos queda mucho camino por delante. Deberíamos seguir.
Carlos asintió y los miró a todos. –Venga. Volvamos a la camioneta. Veamos si podemos averiguar algo antes de que se haga de noche. Es evidente que vamos a pasar la noche fuera a la intemperie. Algo me dice que llegar al fondo de este asunto nos llevará bastante tiempo.


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