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Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
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sábado, 29 de agosto de 2015

NECROWORLD Capitulo 86

Día 27 de Marzo de 2010
Día 637 del Apocalipsis…
Mahwah… 21:15 horas…

Eva estaba en el suelo tumbada mientras gritaba de dolor y se cubría con la mano la herida del muslo. Cuando Tamara había querido dispararme, ella había intentado quitarle el arma, habían forcejeado y el arma se había disparado, hiriendo a Eva en la pierna. Yo rápidamente me abalancé sobre mi mujer y miré con furia a Tamara, la cual estaba volviendo a apuntarme con el arma.
—Has matado a mi padre— dijo en ese momento Tamara, sus manos temblaban mientras me amenazaba. –Salí un momento del autobús y cuando volví, le habías clavado algo a mi padre en la cabeza. Fuiste tú, por que has sido tu el único que ha tenido problemas con el en las ultimas horas. Solo puedes haber sido tú.
En ese momento apareció Katrina. –Es cierto. Larry está muerto. Alguien le ha clavado algo en la cabeza, debe llevar muerto unos minutos.
—Yo no he sido. Estoy aquí fuera desde hace rato. Estaba quemando el cadáver del niño asesinado— dije señalando los restos calcinados del cadáver de Andy.
—Dice la verdad, él ha estado aquí conmigo todo el rato. Es imposible que haya sido él— dijo el padre Kaleb entrando en mi defensa. –Ha sido la misma persona que ha matado al niño.
Todos comenzaron a defenderme, pero Tamara se negaba a bajar el arma. Entonces con un movimiento rápido, Katrina le apuntó a la cabeza con una flecha.
—Baja el arma ahora mismo. No tengo intención de repetírtelo otra vez. A la próxima esta flecha atravesará tu cabeza. Tienes diez segundos y el tiempo corre… Y no precisamente a tu favor. Baja el arma Tamara.
—Me da igual morir, a el me lo llevo por delante— todos se alarmaron. En ese momento se escuchó un nuevo disparo y todos vimos como la mano de Tamara acababa destrozada al mismo tiempo que parte de la pistola.
Tamara comenzó a gritar de dolor. Todos se dieron la vuelta y vimos que quien había destrozado la mano de Tamara de un disparo había sido Vicky. Nadie dijo nada, sin perder más el tiempo ordené que llevaran a Eva y a Tamara al interior. Necesitaban ser atendidas de urgencia. Rápidamente las trasladamos a un despacho del almacén y tumbamos a cada una de ellas sobre unos colchones. Todos salimos fuera mientras dejábamos a Melanie y a Sheila trabajar.
Desde fuera escuchaba los gemidos de dolor de las dos heridas. Temía sobretodo por Eva. Temía que pudiera perder al niño. Entonces vi a Vicky sentada en el maletero de uno de los vehículos. Me acerqué a ella para ver que tal estaba.
—Siento lo que hice— dijo en ese momento la niña. –Ahora todos me miran con miedo.
—No se lo esperaban— dije sentándome a su lado. –Nos salvaste la vida a tu madre y a mí.
—Iba a decirte algo cuando  ocurrió todo— explicó Vicky.
—¿El que?— pregunté. Entonces vi como Vicky sacaba un destornillador manchado de sangre. Rápidamente lo cogí y me lo quedé mirando. —¿Dónde has encontrado esto?
—Lo encontré fuera del autobús donde han matado a ese hombre— respondió la niña. —¿Crees que lo han usado para matarlo?
—Probablemente. Escucha, voy a hablar con Katrina y con Faith. Quizás ellas puedan hacer algo con ello— dejé a la niña y con el destornillador escondido fui a buscar a las dos únicas personas del grupo que podrían averiguar algo, ahora que teníamos lo que probablemente era el arma homicida.

En algún lugar de Arizona…
22:00 de la noche…

El grupo de Carlos se había detenido en mitad del desierto. Habían levantado un par de tiendas de campaña y habían encendido una hoguera. Habían estado toda la tarde dando vueltas por el desierto, siguiendo la pista de los hermanos Spencer, de los que no habían encontrado ni rastro, era como si los hubiese engullido la tierra.
David estaba sobre la camioneta, observando a su alrededor, estaba tan oscuro que no veía nada. No vería si alguien se acercaba.
—La cena está lista— dijo en ese momento Sandra.
David bajó de la camioneta de un salto y caminó junto a su compañera. Llegaron a la hoguera, la cual habían hecho dentro de un montón de piedras que ocultaban el resplandor del fuego. Allí reunidos alrededor de ella estaban Butch, Carlos y Kyle. Cuando David se asomó a la cazuela vio varias albóndigas.
—Se que no es mucho, pero al menos nos servirá para esta noche— dijo Carlos.
—Mañana podríamos intentar cazar algo. Esta búsqueda nos llevará bastante tiempo— dijo Kyle. –Digo yo que por esta zona encontraremos algo comestible. Conejos o algún coyote. Con un par de ellos podríamos tener comida para una semana.
—Lo que tenemos que hacer es tener cuidado— dijo en ese momento Carlos –Hay jaguares y pumas, además de osos. Sin contar con otros grupos y los propios caminantes. Que nadie se despiste ni un solo momento, recordad que no estamos de paseo.
—¿Cómo organizamos las guardias?— preguntó en ese momento Butch. –No quisiera despertarme rodeado de caminantes u otros bichos.
—Kyle  se ocupará de la primera— dijo en ese momento Carlos. –Espero que esta vez no se quede dormido. Te lo he pasado una vez, no dos. Mañana partiremos al amanecer— entonces sacó el mapa. –Según el mapa estamos cerca de Prescott. Mañana tomaremos una de las casas de allí como base de operaciones. Si vemos que la zona es segura, podríamos traer al resto del grupo. Eso nos deja a unas cuatro horas de Las Vegas. Lo que viene a ser nuestro objetivo.
—Pero aun no sabemos si nos permitirán quedarnos— dijo David.
—Bueno. Si con palabras no nos dejan pasar, habrá que mostrarles de lo que somos capaces— respondió Carlos –Bueno. Es hora de cenar.
El grupo de Carlos cenó y todos salvo Kyle se fueron a dormir. Había una tienda solo para Sandra y una tienda compartida por Carlos, Butch y David. A media noche, Carlos salió de la tienda de campaña y vio a Kyle sentado en la camioneta, iba a decirle algo cuando escuchó un ruido. Siguió ese ruido que parecían sollozos y llegó hasta la tienda donde estaba Sandra.
—¿Sandra? ¿Estás bien?
La respuesta de Sandra no tardó en llegar. –Si… Estoy bien.
—¿Puedo pasar?— preguntó Carlos. En ese momento la cremallera se abrió y Carlos entró dentro de la tienda y se encontró con Sandra, la cual tenía los ojos rojos e hinchados de tanto llorar. —¿Estás bien? No pude evitar escucharte.
—No. No estoy bien. Hace dos meses que perdí a Parker… Y ahora he perdido a mi perro. ¿Es que nunca vamos a poder estar tranquilos y felices?
—Te entiendo perfectamente. Yo perdí primero a Rose… Y luego he perdido a Eva. Aunque ella no esté muerta. Lo único que podemos hacer es superarlo, cuanto antes mejor. Ahora intenta dormir. No vas a tener que hacer guardia— Carlos le dio un beso en la frente y luego salió de la tienda. –Si necesitas algo puedes contar conmigo. Buenas noches.
Carlos salió de la tienda de campaña y miró al cielo. Estaba totalmente estrellado, lo único que deseó en esos momentos era volver a ver un cielo así de estrellado junto a Eva y los hijos que tendrían en un futuro. Un futuro que esperaba que no fuera demasiado lejano.

Día 28 de Marzo de 2010
Día 638 del Apocalipsis…
Mahwah… 00:15 horas…

la gran mayoría de los miembros del grupo estaban dormidos. Salvo Juan y Johana que estaban de vigilancia en la terraza del almacén. Eva y Tamara, que estaban siendo atendidas por Melanie y Sheila. Arianne que estaba pendiente de la intervención de su hermana. El padre Kaleb que estaba ocupándose del cuerpo de Larry. Y Katrina, Faith, Mouse y yo que seguíamos investigando el asesinato de Larry. Mouse había venido cuando yo lo había llamado, debido a que el había estado presente en el primer asesinato, por lo visto todo estaba relacionado.
—Tenemos a la primera victima. Una chica que estaba herida de bala, parecía que iba a morir y apareció asesinada. Luego tenemos a Andy con una herida de bala en el estomago y una herida en la cabeza, provocada por un golpe, seguramente cuando aun estaba vivo. Y luego tenemos a Larry, el cual estaba en reposo por un ataque al corazón y que a aparecido con una herida en la cabeza producida por este destornillador— dijo Katrina sosteniendo el destornillador con unos guantes. –Estas tres muertes tienen la herida en la cabeza como un factor en común. Bajo mi punto de vista, el que lo ha hecho lo ha hecho con el motivo de impedir que se reanimaran una vez muerto.
—Pero Andy al vivir en Manhattan estaba vacunado. No se habría reanimado— respondí.
—El asesino probablemente no conocía ese detalle— dijo Mouse.
—Debería conocerlo. Siempre y cuando sea la misma persona que mató a esa chica en los túneles— respondí. –El que hace esto actúa por miedo— miré a Faith. —¿No es así?
—Teóricamente si, pero también puede ser que lo haga para despistar— respondió Faith.
—Me temo que no daremos con el asesino en la vida— dije. –Cuando queramos darnos cuenta tendremos a otro cadáver. ¿No podéis analizar las huellas dactilares del destornillador?
—No tenemos el material necesario para ello, y aunque lo tuviéramos… Hay huellas tuyas y de Vicky en el. No creo que fuese buena idea que tus huellas salieran ahí— contestó Katrina.
Iba a decir algo cuando escuché algo, Mouse también parecía haberlo escuchado y me miró. Faith y Katrina nos miraron. Entonces Johana y Juan aparecieron a la carrera bajando las escaleras por las que se podía acceder a la terraza.
—Tenemos un problema. Han llegado de repente— dijo Juan.
Katrina, Faith, Mouse y yo nos miramos y corrimos junto a Juan y Johana hacia la terraza. Una vez allí nos asomamos y vimos más de un millar de siluetas tambaleantes avanzando hacia el almacén desde distintos puntos de la ciudad. Algunos incluso ya habían llegado a las puertas del almacén y comenzaban a golpearlas. Eran No Muertos.
—No los vimos llegar. No hasta que fue demasiado tarde— dijo Johana.
—¿Se puede saber que estabais haciendo?— preguntó Mouse. –Se supone que debíais estar vigilando— entonces Mouse los miró. –Bueno, mejor no me digáis nada.
—Tenemos que salir de aquí antes de que logren entrar o se acumulen demasiados en las puertas— miré a Katrina y a Faith. –Id despertando a todos los demás. No hay tiempo que perder.
Bajamos corriendo. Mientras Faith y Katrina iban despertando a todos. Yo fui a la sala donde estaban curando a Eva y a Tamara. Cuando entré me topé con Sheila.
—Aun no hemos terminado. No puedes estar aquí.
—Hay caminantes ahí fuera, van a intentar entrar. Tenemos que irnos de aquí ahora mismo. No hay tiempo que perder. Tendréis que daros prisa o seguir curándolas a bordo de los vehículos.
—Si las movemos ponemos en peligro sus vidas— replicó Melanie.
—Y si no nos movemos estaremos todos  muertos. Esos bichos tirarán las puertas abajo.
Salí de la sala y vi como varios se habían despertado. Algunos habían cogido sus armas. A mis espaldas salieron Sheila y Melanie cargando con Eva y Tamara. Arianne había tomado la pistola de su hermana y se había ido a una ventana del almacén. Entonces se puso a disparar mientras los No Muertos metían los brazos entre los barrotes intentando alcanzarla. Vi también como por orden de Ben, unos chavales jóvenes bloqueaban las puertas, eso los mantendría a raya un rato, pero no demasiado tiempo.
Corrí hacia Arianne y la aparté de la ventana, luego le quité el arma. –Los disparos solo atraerán a más. Déjalo, si quieres hacer algo ayuda bloqueando las puertas o quédate en uno de los vehículos con tu hermana. ¡¡¡Venga!!!
Arianne corrió hacia el autobús donde estaba su hermana mientras que yo me quedaba observando a los No Muertos. No podía evitar odiarlos. Sentí ganas de salir al exterior para darles golpes y dispararles.
Justo en ese momento escuché un grito de un hombre. Corrí hacia los gritos y vi a varias personas impidiendo bloqueando la puerta con sus cuerpos la entrada de los No Muertos mientras un hombre estaba atrapado entre el almacén y el exterior, este pugnaba por volver al interior mientras los caminantes del otro lado tiraban de el y le mordían. Uno de los que lo estaba tirando de el, dio un fuerte tirón, entonces solo la parte superior del cuerpo hizo su aparición. Eso asustó tanto a algunos de los que trataban de cerrar la puerta que sin pensárselo dos veces abandonaron su puesto dejando vendidos a los demás. La puerta se abrió de golpe y los No Muertos comenzaron a abrirse paso hacia el interior del almacén al tiempo que atacaban a los que se habían quedado rezagados. Algunos desaparecieron entre la marea de cuerpos putrefactos.
—¡¡¡Acabad con ellos!!!— grité al mismo tiempo que abría fuego contra los No Muertos que habían logrado entrar. Abatí a varios antes de que Katrina apareciera a mi lado lanzándoles flechas.
Los que no sabían disparar se habían refugiado en los vehículos mientras algunas puertas del almacén comenzaban a ceder y a dejar paso a los No Muertos.
El caos se había desatado en el almacén. Mientras disparaba vi como uno de los coches trataba de salir atravesando una de las puertas, pero varios No Muertos se cruzaron en su camino y el coche volcó a gran velocidad chocando contra otro vehículo. Ambos empezaron a arder. Vi como Juan se acercaba a la gran puerta por la que habíamos entrado cuando llegamos y comenzó a abrirla para que los vehículos pudieran salir, mientras, Johana le cubría.
—¡¡¡Juanma!!! ¡¡¡Sube!!!— me gritó Eva desde el autobús.
Disparé varias veces y entonces vi a Katrina como estaba siendo asediada por varios No Muertos. Tenía que ir a salvarla, miré a Eva. –Salid de aquí. Id hacia Macon. Nos veremos allí. Voy a por Katrina— dije cuando vi a James y a Cindy en el autobús. Segundos más tarde el autobús y el camión salían rápidamente del almacén.
Sin perder más tiempo corrí hacia Katrina y le disparé a un caminante que estuvo a punto de morderle. Cuando llegué junto a ella la cogí del brazo con intención de llevarla al segundo autobús, pero este estaba totalmente rodeado. Un chico llamado Randy estaba usando los últimos cartuchos de su escopeta. Llegó un momento que ya no le quedaban más y sacó una granada. Fue entonces cuando al quitarle la anilla, fue sorprendido por un No Muerto, este le mordió y cuando Randy cayó al suelo, la granada rodó hasta situarse debajo del autobús. Al verlo, Katrina y yo comenzamos a gritar a la gente para que salieran del autobús. El pánico se desató allí y trataron de salir por las ventanas y puertas, algunos lo consiguieron. Entre ellos Ben. Entonces la granada explotó haciendo que el autobús escolar saltase por los aires.
—Los demás se han ido. Tenemos que salir de aquí ahora mismo— me dijo Katrina.
Ben se levantó del suelo y corrió hacia nosotros. Los tres comenzamos a correr hacia una de las puertas que daban al exterior, justo cuando estuvimos a punto de salir, escuché la voz de Vicky llamándome, era ella, no me la había imaginado. Me di la vuelta y la vi corriendo hacia mi mientras esquivaba y disparaba a caminantes. Ella llegó junto a mí y ambos salimos detrás de Katrina y Ben. Una vez fuera y ocultos entre unos vehículos abandonados observamos como las llamas se extendían por el almacén.
—¿Qué hacemos ahora? Los demás se han largado— preguntó Ben flexionando las rodillas y poniendo las manos sobre ellas.
—Sabían que íbamos hacia Macon— dijo Katrina. –Nos encontraremos con ellos allí si no los alcanzamos antes. Solo tenemos que buscar un vehículo, ahí dentro ya no queda ninguno que nos sirva.
—Cuando veníamos hacia aquí me pareció ver un concesionario de auto caravanas. Está como a una hora de aquí a pie— dije entonces apartando la vista del almacén para mirar a Vicky. —¿Por qué no te fuiste con ellos? Tendrías que estar en el autobús con tu madre.
—Salí a ayudarte— dijo Vicky.
—Juanma— dijo Katrina tocándome el hombro. Levanté la cabeza y cuando la miré me señalo cuatro figuras, tres de ellas avanzaban a pie hacia nosotros. La cuarta silueta iba en brazos de la silueta más alta. Cuando llegaron junto a nosotros vimos que eran Juan, Johana y Arianne. La persona que Juan llevaba en brazos era Tamara.
—Los demás se han largado. Ahí dentro no queda nadie, solo cadáveres, ha sido una masacre— dijo Juan.
Juan tenía toda la razón del mundo. Miré a todos y les indiqué que era momento de moverse. No nos convenía quedarnos allí demasiado tiempo. Debíamos tratar de conseguir un vehículo, preferiblemente una auto caravana e ir hacia Macon con la esperanza de reencontrarnos con los demás. Tampoco me quitaba de la cabeza el hecho de que entre nosotros seguía habiendo un asesino, a menos que hubiese muerto en el almacén, aunque la mayor pregunta que me formulaba era que si había sobrevivido ¿Dónde estaba? ¿En mi grupo o en el otro?

Las Vegas…

Luci se miró al espejo del baño, acababa de darse una ducha de agua caliente. Hacía mucho que no disfrutaba de algo así, mientras se miraba al espejo se dio cuenta de algo. Tenía como un bulto en un costado, era como si tuviera algo bajo la piel. Se lo tocó y vio que estaba duro, también descubrió algo así como un corte cerca del bulto. No recordaba cuando le habían hecho eso.
De repente la puerta se abrió y apareció la misma mujer que había visto antes. Era la mujer que tenía que maquillarla. Luci salió del baño y se comenzó a poner un conjunto de ropa interior de color blanco que se encontró sobre la cama. Luego se puso un albornoz y se sentó en una silla frente a un espejo. La maquilladora se puso detrás de ella y le comenzó a recoger el pelo para hacerle una coleta temporal.
—Ya verás. Vas a estar radiante esta noche— dijo la mujer. –Dorian estará muy contento.
—Me importa tres cojones. Ese tío me repugna— respondió Luci.
La mujer puso sus manos en los hombros de Luci y puso su cabeza junto a la suya. –Dorian es mucho mejor persona de lo que parece. Cuida de todos los de la comunidad. Además, tú tienes la suerte de ser vip.
—¿Vip? Que suerte tengo ¿Verdad?— preguntó Luci de forma irónica. No sabía que representaba ser vip allí ni tampoco le interesaba.
La mujer comenzó a maquillarla mientras tarareaba una canción que Luci no conocía, entonces la mujer le susurró que cerrara los ojos. Cuando Luci lo hizo se sintió volver a aquellos días donde se arreglaba para salir de fiesta y alguna amiga la maquillaba, pero lamentablemente aquello era solo un recuerdo. La realidad era muy distinta, aquella mujer la estaba maquillando para Dorian, el cual estaba esperándola para llevarla a quien sabe donde para hacer dios sabe que. Solo esperaba que Dorian no intentara nada, aun tenía muy presente la amenaza.
Cuando terminaron de maquillarla se puso el vestido y varias joyas. Fue escoltada hasta la calle, allí la esperaba una limusina. Subió a ella y esta se puso en marcha. Desde el interior del vehículo veía las calles de la comunidad de Las Vegas y a sus gentes. Se fijó en que era muy similar a Manhattan. Se fijó también en las luces de los locales, no parecía que les asustara el ataque de nadie. Entonces se fijó en los nidos de ametralladoras que había en algunas azoteas. Estaban muy preparados para repeler ataques. También se fijó en las pancartas que había en algunas fachadas, todas con la imagen de Dorian, parecía que allí lo tenían como a un rey.
La limusina se detuvo delante del Caesar Palace, allí estaba Dorian, seguía vestido con el mismo traje de fiesta con el que había ido a verla hacía unas horas. Este se acercó a la limusina y entró. Se sentó frente a Luci y allí abrió lo que parecía una mini nevera, de ella sacó una botella de vino. Después sacó un par de copas.
—Aun tardaremos en ir a cenar, mientras daremos una vuelta por la ciudad. Quiero que veas nuestros recursos— dijo Dorian mientras llenaba las dos copas. –Quiero que veas como se vive aquí. Esto como ya habrás visto no es muy diferente a Manhattan— Dorian le cedió una de las copas.
—Más bien quieres que vea que no tengo posibilidades de escapar— respondió Luci tomando la copa llena que Dorian le ofrecía. –No soy estúpida.
Dorian sonrió y le dio un sorbo a su copa. –Bueno, es una forma de decirlo. Es justamente eso, solo que decirlo así habría sonado muy violento. Aun así debes saber que no quiero que seamos enemigos. Quiero que confíes en mí.
—Curiosa manera de intentarlo cuando me tenéis encerrada y de cobaya. No se que pretendes con todo esto— dijo Luci dándole un trago a su copa. –Así no harás que confíe en ti. ¿Qué es lo que buscas con esto? ¿Acaso quieres follarme?
—Puede, pero hoy no va a ser. Aun no estoy vacunado y aun llevo el virus en mi organismo. No quisiera infectarte. ¿Qué le voy a hacer? No me gusta usar goma, tampoco es que tengamos.
Luci miró de nuevo por la ventana y vio un jeep militar parado con varios hombres armados a su alrededor, luego miró a Dorian. –Te lo has montado muy bien, pero todo lo que parece seguro acaba cayendo con el tiempo. Como Manhattan.
—No lo compares. Mis hermanos son estúpidos, por eso dejaron a los de la guerrilla vivir. Tendrían que haberlos exterminado cuando decidieron que no querían seguir esas leyes. Tampoco eran tan dictatoriales, pero bueno, mis hermanos se lo merecen, ahora Manhatan ya no existe. Somos ahora mismo prácticamente la comunidad más grande. Hay comunidades más pequeñas y muchas trabajan para nosotros consiguiéndonos suministros. Cuando tengamos la vacuna se la venderemos, con el tiempo seré algo así como el presidente de los estados unidos. Solo que con más poder.
—A eso lo llamo yo tener aires de grandeza— dijo Luci
—Esto es más bien ser realista, mira— en ese momento Dorian sacó un papel y se lo entregó a Luci. Cuando lo cogió vio que era un billete con la cara de Dorian. Luci lo miró y el sonrió. –Ese será el futuro.
—Debes estar de coña— dijo Luci. —¿Dinero? El dinero ya no tiene valor.
—Pero lo tendrá otra vez cuando tengamos la vacuna y nos extendamos a otras comunidades… Y exterminemos a los que se nos opongan.
—Como mis amigos— respondió Luci. Nuevamente Dorian le sonrió.
—Me gustas. Eres inteligente. Aun así, tampoco es nada demasiado personal. Siempre podría llegar a un acuerdo con ellos, dejarlos quedarse aquí o simplemente dándoles una comunidad donde ellos puedan vivir. Aunque se que eso no lo aceptarán a la primera— Dorian iba a seguir hablando y se detuvo, luego miró a Luci. –Ya hemos llegado.
Alguien se acercó al vehículo y abrió la puerta, esta se quedó abierta y Luci salió. Luego salió Dorian, una vez en el exterior, el líder de Las Vegas le entregó el billete al hombre que había abierto la puerta. Seguidamente se puso junto a Luci y le puso el brazo para que ella se agarrara. Luci dudó por unos momentos, pero finalmente se agarró al brazo de Dorian.
Comenzaron a caminar hacia lo que parecía el interior de un casino. Mientras caminaban, Luci vio como algunos saludaban a Dorian. Entonces otra pareja se detuvo ante ellos. Ambos tenían una gran diferencia de edad, ella tendría como unos veintipocos y el más de cincuenta años, el hombre era grueso y calvo, tenía un bigote blanco y vestía un smoking. La mujer llevaba un vestido azul muy escotado dejando ver prácticamente sus pechos. Tenía una larga cabellera rubia e iba muy maquillada.
—¿Esta es ella? ¿La joven de la que tanto has hablado?— preguntó el hombre. Fue entonces cuando a Luci le llegó el aliento del hombre. Este olía a alcohol.
—Ella es— respondió Dorian, entonces miró a la chica. –Buenas noches Estela. ¿No vais a entrar? Veremos el espectáculo mientras cenamos. ¿Por qué no compartís mesa con nosotros?
—Me parece bien— respondió el hombre adelantándose junto a su pareja.
A unos metros por detrás de ellos iban Dorian y Luci. El comenzó a hablar. –El es Quentin Asford. Era uno de los más ricos de San Francisco, ella no es su mujer ni mucho menos. es una chica por la que ha pagado— cuando Dorian vio la cara de Luci se apresuró a aclararlo. –No es ninguna prostituta. Ella estaba en una celda también, la metieron en una jaula con caminantes y sobrevivió. Asford se encaprichó de ella y la compró, al final se acabaron casando y el a ella le dio todo lo que quería. Incluido ese par de tetas.
Los cuatro entraron en el casino. El interior estaba lleno de gente. Unos estaban de pie y otros sentados. Había gente jugando a maquinas y en el centro con mesas a alrededor había una jaula cuadrada que conectaba con un pasillo de rejas. Junto a la jaula había unas pasarelas por las que caminaban hombres armados. Luci también vio a chicas bailando desnudas sobre unos pódiums. Entonces Luci vio un escenario donde había una ruleta con los números del una al veinte marcados. Recordó que ya habían hablado de ella en los calabozos.
La música era alta, aun así Luci podía escuchar a Dorian hablar con todo aquel que se cruzaba, todos aquellos la miraban y ella se sintió como si Dorian estuviera exhibiéndola.
Un hombre se acercó y Dorian le indicó que los llevara a la mesa de siempre. El hombre les hizo un gesto para que le siguieran. Este los llevó a una mesa redonda donde enseguida ocuparon los asientos. Estuvieron cenando durante unas tres horas. Luci hacía tiempo que no comía tanto ni tan bien.
Dorian estaba hablando justo cuando sonó una sirena. La música se detuvo y se hizo el silencio en el interior del local. Fue en ese momento cuando Dorian miró a Luci con una sonrisa. —¿Estás lista para presenciar el espectáculo?— seguidamente se levantó y se dirigió al escenario, allí cogió un micrófono. –Buenas noches a todos los presentes. Hoy como cada noche damos comienzo a la ruleta de la suerte. Que pasen los concursantes— dijo Dorian mirando hacia un lado y haciendo un gesto. Seguidamente comenzaron a pasar varias personas, hasta un total de seis, todos tenían un número en la camiseta que llevaban. Todas custodiadas por hombres armados. Entonces a Luci se le revolvió el estomago. Entre ellos estaban Isabella y Tom. Más se le revolvió cuando ellos repararon en ella, se sintió como si los estuviera traicionando. Ellos la miraron, pero rápidamente agacharon la cabeza. –Amigos y amigas. Es hora de decidir al primer concursante de la noche. Por favor señoritas.
Unas chicas con unas urnas comenzaron a pasearse por las mesas. Luci se fijó en que algunas personas escribían en un papel y luego lo echaban dentro de la urna. No podía creerlo, aquellas personas estaban votando quien iba a ser el primero en entrar en la jaula. Cuando llegaron a su mesa, una de las chicas le cedió a Luci un lápiz y un papel. Pretendían que escribiera el número de una de esas personas para mandarlo directamente a una más que probable.
—¿Qué ocurre querida?— preguntó Quentin Asford al ver que Luci no escribía. El ya había depositado su voto. –Tienes que votar. Si no sabes a quien elegir déjame que te haga una sugerencia. ¿Ves a ese?— entonces señaló a Tom. –Es muy bueno, ha llegado a matar a veinte caminantes seguidos. Es un espectáculo asegurado.
—No pienso participar en esto— dijo Luci. –Esto es propio de monstruos. Estáis todos locos— justo en ese momento, Luci vio la mirada de la acompañante de Asford clavada en ella, esta comenzó a mover los labios. Le estaba diciendo que votara. Luci apretó los dientes y apuntó el número de Tom. Era el numero cuatro.
Unos minutos más tarde cuando reunieron todos los votos, y aunque Luci se sentía profundamente mal por lo que había hecho. Dorian procedió a sacar el papel. Metió la mano en una urna al azar y sacó un papel. Entonces lo abrió y leyó en voz alta.
—Es el numero cuatro— entonces miró a Tom. –Tom, da un paso al frente.
Tom miró a los que estaban con el y resignado dio un paso al frente mientras Dorian se ponía a su lado, luego le puso el micrófono en la cara.
—Solo tengo algo que decir. Ojala ardáis todos en el infierno. Todos— repitió cuando su vista se poso sobre Luci. La cual estaba comenzando a sentir nauseas.
En ese momento el local estalló en vítores y aplausos. Incluso una mujer de unos cuarenta años se levantó de entre el público y se acercó a Tom. Esta le dio un beso en los labios y volvió a su sitio.
—Esa es Bianca Lourie. Es la que paga más por el. Ese beso ha sido de buena suerte. Si sobrevive, a ese chico le espera hoy una noche de buen sexo— dijo Quentin Asford antes de estallar en carcajadas.
—Muy bien. Ahora es el momento de echar a suerte el numero de caminantes a los que se enfrentará— Dorian se dio la vuelta hacia la ruleta y la hizo girar.
La ruleta giró hasta que se quedó marcada en el número doce. El número de No Muertos a los que se iba a tener que enfrentar sin descanso. Seguidamente Dorian lo fue llevando hasta la jaula y lo metió dentro. Enseguida por el pasillo de barrotes apareció el primero de los caminantes. El macabro juego había comenzado y Luci iba a tener que ser testigo de ello. Si Tom moría, Luci no iba a poder evitar sentirse terriblemente culpable. Entonces comenzó a rezar para que Tom saliera de esa con vida.


sábado, 22 de agosto de 2015

NECROWORLD Capitulo 85

Día 27 de Marzo de 2010
Día 637 del Apocalipsis…
Cerca de Tarrytown… 10:15 de la mañana…

Nos había llevado más de lo esperado lo de ir apartando los vehículos, pero con todos apartados ya podíamos seguir nuestro camino. A mi solo me quedaba una cosa por hacer, me acerqué al cuerpo del hombre al que había matado. Me acerqué a el y comencé a registrarlo después de cerrarle los ojos, mientras lo registraba vi un tatuaje en su brazo, era una calavera con una cruz en la frente y una serpiente saliéndole de la boca. Algo bastante siniestro. Rebusqué en la pequeña bolsa que llevaba y encontré varias cosas. Un bote de pastillas para el dolor, un carné de identidad. Supe que se llamaba Jaden Raymond. Seguí buscando y encontré una cámara de fotos digital. Vi que aun tenía pilas y la encendí. Comencé a pasar las fotos y vi primero fotos familiares donde aparecía un matrimonio mayor y algunos niños en diferentes fiestas como navidades y aniversarios. Fue en ese momento cuando vi fotos más macabras.
—¿Qué es eso?— preguntó Katrina a mis espaldas.
Me di la vuelta para mirarla. –Intento averiguar quien era. Mira esto— le enseñé las fotos donde se podía ver lo que hacían con las personas de color. Lo que me había contado no era mentira. El y otros como el se dedicaban a capturar a hombres, mujeres y niños de piel oscura para hacerles autenticas barbaridades. A algunos los mataban y torturaban según se veía en las fotos, a otros los usaban para venderlos a otros como esclavos a para esclavizarlos ellos mismos.
—No puedo creerme que estemos volviendo a esto— dijo Katrina. –Sabía que el fin del mundo había sacado lo peor de algunas personas, pero esto…
Entonces apagué la cámara. No necesitaba ver más, ya había tenido suficiente. Miré a Katrina. –Ayúdame. Vamos a tirarlos al rio Hudson. Cógelo por los pies.
—Espera— dijo Katrina cogiendo el arco y el carcaj. —¿Te importa si esto me lo quedo yo?
—No, para nada. Todo tuyo— respondí. Katrina cogió el arco y el carcaj y se lo colgó al hombro. Seguidamente lo cogió de los pies y lo acercamos a la barandilla, lo pasamos por encima y lo dejamos caer.
El cuerpo cayó rápidamente. Desde arriba nos quedamos observando el cuerpo flotando en el agua. Seguidamente dejé caer el control remoto que hacía detonar las cargas de C—4 repartidas por el puente. Me di la vuelta para mirar a Katrina.
—Es hora de largarse. Todo el mundo a los vehículos— comenzamos a caminar de regreso a los vehículos. Entonces me aseguré de que nadie nos escuchase y comencé a hablar con Katrina. –He visto el moretón de tu espalda. ¿Obra de James? A mi me lo puedes decir. No puedes dejar que te haga eso. Se supone que eres una mujer fuerte. No puedes permitir que te vuelva a tocar.
—El no era así antes. Me ha pegado muy pocas veces en mi vida. Es la situación. Le estresa. Desde que estamos con vosotros solo me ha pegado una vez, y se arrepintió enseguida.
—Pero antes se aseguró de dejarte bien marcada— respondí. –Escucha, puede que no deba meterme, pero si vuelve a hacerte daño me ocuparé de el personalmente. Lo mataré.
—Tienes razón. No debes meterte. Ya me ocuparé yo de ello. Te prometo que no volverá a tocarme. Deja que haga esto a mi manera.
—Lo quieras o no esto también me afecta a mí. Eres mi hermana.
Ambos nos paramos y ella me puso la mano en el hombro. –Se que te preocupas por mi. No solo eso, te preocupas por todos. Es algo normal, ya que eres tú quien lidera este grupo, pero de verdad, déjame esto a mí.
—Muy bien. Espero que no tenga que arrepentirme. Está en tus manos no permitir que esto vuelva a suceder. Si tú no haces nada, lo haré yo.
Subimos a los vehículos y nos pusimos en marcha. Aun nos quedaba un largo camino por delante. Aun nadie salvo los de mi círculo de confianza se había enterado de lo que pretendíamos hacer. La mayoría seguían pensando que únicamente nos estábamos trasladando como de costumbre. Antes de salir había ido a ver a Mike. Le habían extraído la flecha, esta, afortunadamente no había provocado grandes daños y en un par de días volvería a estar caminando. Sheila y Melanie habían hecho un gran trabajo.
Como siempre en el autobús me senté junto a Eva en nuestra cama. Este me miró y me abrazó, enseguida supe que era por que se había enterado de lo que había tenido que hacer. Era evidente que lo de matar a otros era algo que siempre íbamos a tener que hacer siempre. Era algo imposible de evitar, sobre todo cuando nuestras vidas eran amenazadas por otros.
Hacia el medio día llegamos a Mahwah. Donde detuvimos los vehículos en un lugar donde la presencia de caminantes era mínima. Detuvimos los vehículos en lo que parecía un almacén. Allí íbamos a parar a comer y a descansar, no sabíamos cuanto tiempo íbamos a estar, pero lo de pararnos nos iba a quitar horas de viaje e íbamos a tardar más en llegar a Macon.
Durante la comida me fijé en que Katrina estaba trasteando con el walkie talkie. Seguramente esperando volver a contactar con su madre. Podía entenderla perfectamente. Si a mi me hubiese ocurrido lo mismo, probablemente estaría obsesionado con volver a escuchar su voz, tanto que no me despegaría de el ni un segundo. Después de comer decidimos descansar para seguir con el viaje dos horas después. Me fui a dormir con Eva un rato.
No sabía la hora que era cuando un grito me despertó a mí y a otros. Cogí mi arma pensando que habían entrado caminantes y salí disparado del autobús. Una vez fuera del vehículo escuché otro grito. Me giré y vi a Diana gritando histéricamente mirando al interior de lo que parecía un cuarto de la limpieza, me acerqué corriendo a donde estaba ella, cuando llegué la abracé e intenté que se callara. Más llegaron a donde estábamos y todos asombrados descubrimos el cadáver de uno de los niños. Se trataba de Andy. Un niño al que no conocía mucho salvo que tenía un vocabulario cuestionable con los demás. Había tenido un pasado cruel con su familia en Manhattan y era así como se había criado.
Faith llegó y comenzó a inspeccionar el cadáver. –No debe llevar muerto ni una hora. Creo que las causas de la muerte ha sido un golpe contundente en la cabeza con algo. Aunque creo que lo recibió cuando estaba ya muerto. Necesitaría horas para averiguarlo.
Eva también llegó acompañada de Vicky y al ver el cadáver del niño, Eva abrazó a Vicky. Yo enseguida cogí a Diana del brazo y la acerqué a mi mujer. –Llévalas al interior del autobús y tranquilízalas a las dos, especialmente a Diana, ella fue quien encontró el cadaver. No dejes que salgan.
Eva hizo lo que le dije mientras los demás nos íbamos reuniendo en torno al cadáver del niño. Algunos no dejaron que los demás niños del grupo se acercaran. Se los estaban llevando al interior de los vehículos.
También vino Katrina a ver el cadáver. Esta le levantó la camiseta y vio algo que le llamó la atención. Enseguida le hizo un gesto a Faith. —¿Has visto esto? Es una herida de bala. Alguien le ha disparado.
—Pero no se escuchó ningún tiro— dijo una mujer mayor.
—Eso es por que el arma llevaba puesto un silenciador. Estúpida— dijo en ese momento Larry. –Es evidente que tenemos a un asesino o asesinos entre nosotros. Tenemos que encontrarlo y matarlo antes de que se cobre más victimas— Larry comenzó a levantar demasiado la voz, tanto que me preocupó que los demás niños lo escuchasen.
—No te falta razón Larry, pero deberías bajar la voz. Los niños…— le dije acercándome a el.
—¿Y que? Que se enteren. Deben saber en que mundo viven. Es absurdo el como los proteges. ¿Te crees que no saben que pueden morir en cualquier momento? ¿Te crees que la cría que has adoptado no lo sabe? Si seguimos así moriremos todos y ahora tenemos a un asesino entre nosotros que no allanará el camino para ello.
—Por última vez Larry. Baja la voz— le dije acercándome a el mientras le apuntaba con el dedo. –Haz el favor de no hablar tan alto.
—Ojala nunca nos hubiésemos ido con vosotros. Nunca tuvisteis que habernos acogido— dijo en ese momento Larry. –Solos habríamos durado más que contigo.
—Ojala lo hubieses hecho— dije explotando por completo. –Así nos libraríamos de ti y de tu afición por tocar los cojones. Ya estamos hartos de ti y de tus quejas. Intento llevar esto lo mejor que puedo e intento proteger a todo el mundo, pero tu siempre estás ahí para tocarme la moral. Ahí tienes la puerta si de verdad crees que sin nosotros estarás mejor, pero piensa que no estás tu solo. Que tienes contigo a tus dos hijas.
—A ellas no las metas en esto pedazo de hijo de puta. ¿Te crees que no conozco a la gente como tu? ¿Esos que van de lideres? Seguro que estás esperando el momento oportuno para dejarnos tirados o darnos de comer a los caminantes. Seguro que incluso tu mismo has matado a tu familia.
No pude más. Apreté los puños y me dirigí a Larry con intención de asestarle un puñetazo, pero fueron Mouse y Ben los que me lo impidieron.
—No es el momento para peleas Juanma. Ahora no, todos están muy nerviosos— me decía Ben. –No merece la pena. Ese viejo no sabe lo que dice.
—Eso. Llevároslo y que se tome algo. Algún anti psicótico— dijo Larry. Al escuchar aquello nuevamente intenté ir a por el, pero Mouse y Ben me tenían fuertemente cogido.
Nadie se metió en la discusión, nadie salvo las hijas de Larry. Las cuales se lo fueron llevando de vuelta a uno de los autobuses seguramente mientras le echaban una reprimenda. Todos allí sabían como era Larry por que yo no era el único con el que había tenido un encontronazo.
Mouse y Ben me llevaron a un lugar apartado. Al que después acudieron Katrina y Faith. Yo me las quedé mirando.
—¿Habéis descubierto algo?— pregunté en ese momento apoyándome en la pared del almacén. –Algo que nos ayude a saber que ha pasado. No me puedo creer que nadie haya visto nada.
—Juan y Alexandra estaban en la azotea del almacén vigilando y no vieron nada. Tampoco lo escucharon. Así que podemos descartar que haya sido alguien de fuera— dijo Faith. –Fue alguien de entre nosotros. Eso lo tenemos todos claro ¿No?
Yo asentí. –Si, eso lo tenía claro desde el principio. La pregunta es quien. ¿Quién ha hecho algo así?
—A juzgar por la herida. Esta tiene entrada y salida. Al asesino se le disparó de cerca— comentó Katrina. No fue un disparo premeditado, el golpe que le machacó la cabeza si lo fue. Le dieron el golpe con algo. La sien está hundida. Señal de que lo golpearon con algo pesado.
—Pero eso no nos dice quien fue— respondí. –Eso es lo que más me interesa saber. Cuando lo tenga delante ya me encargaré de sacarle los motivos.
—Se me ocurre algo, pero eso nos restará horas y puede que no lleguemos a nada— dijo Faith mirando a Katrina.
—¿Es que piensas?— preguntó Katrina.
—Interrogatorios— respondió Faith tajantemente. –Pero somos muchos. Eso nos llevaría horas. Además, esos interrogatorios incluirían también a los niños. Lo cual puede ser muy duro para ellos.
—¿A los niños también? ¿Qué locura es esa?— dije llevándome las manos a la cabeza y pasándomelas por el pelo. –No puedes coger y acribillar a preguntas a unos pobres niños. Ya tienen suficiente con lo de tener que ver la muerte de cerca cada día. Es absurdo preguntar a los niños— entonces miré a Mouse y lo noté pensativo. —¿Qué ocurre?
—A ver. No dije nada por que ya pensé que lo tenía solucionado. Pero un día o dos antes de salir de Manhattan… Hubo un asesinato en las alcantarillas. Alguien mató a esa chica. A 14K. Por aquel entonces allí estábamos, un profesor, Sandra, varios niños y yo. Quise interrogar al profesor, para mi era el principal sospechoso. Se me fue la mano y lo maté— Mouse entonces vio las miradas de Katrina y Faith. –No me miréis así. En estos tiempos es extraño que nadie tenga las manos manchadas de sangre.
—¿Qué quieres decir?— preguntó Ben.
—¿Y si no fue el profesor?— preguntó entonces Mouse.
—¿Insinúas que podría haber sido Sandra?— preguntó Ben mirando a Mouse.
—No. Eso no tendría sentido— respondí. —¿Para que insinuar que ha sido Sandra si ella no está aquí? No. Lo que Mouse quiere decir es otra cosa. Sospecha de uno de los niños.
—¿De los niños? ¿Nos hemos vuelto locos? Eso no tiene ni pies ni cabeza. Un niño es imposible que haga estas cosas. Un poco de sentido común— dijo Ben. –No podéis pensar así.
—¿Una locura? ¿Acaso no has visto la que hay montada ahí fuera y en el resto del mundo? La locura sería no pensarlo— respondió Mouse.
—Juanma. No puede ser que estés de acuerdo. Es imposible que haya sido uno de los niños. Por favor— dijo Ben mirándome a los ojos.
—Empezad con los interrogatorios. Usad los autobuses y que todos vayan pasando. Yo seré el primero en pasar. Repartidlos entre las dos. Ya se que somos más de cincuenta personas las que estamos aquí, pero ahora mismo todos somos sospechosos. Todos. Id organizando esto— les dije.
*****
Yuriko y Stacy habían subido a la azotea para relevar a Juan y a Johana. Desde allí observaban la actividad de los caminantes de la zona. Hasta entonces, ninguno se había acercado al almacén. De vez en cuando se asomaban a una de las ventanas para ver como iban avanzando los interrogatorios. Cada vez iban quedando menos a los que interrogar.
—¿Quién crees que ha sido?— preguntó Yuriko. –Me refiero al que ha matado al chiquillo.
—Antes de esto no sabría decir, pero con todo esto que nos rodea… Todos somos sospechosos. Incluidas tú y yo. Puede haber sido cualquiera.
—Pero nadie tenía motivos para matar al niño. Absolutamente nadie.
—No te preocupes. Haya sido quien haya sido lo acabarán descubriendo. Lo que de verdad me preocupa es lo que pasará después. El que harán con el responsable.
—Puede que la cosa termine con abandono o ejecución— respondió Yuriko.
En ese momento apareció Alexandra en la azotea. Esta les hizo un gesto a Yuriko y a Stacy. –Os toca. Es vuestro turno.
—¿Cómo te ha ido?— preguntó Yuriko.
—Bien. Me interrogó Katrina. Yo no fui quien mató al niño y creo que se dio cuenta de ello. Aun así, el asesino sigue entre nosotros… Y no se si se descubrirá quien es. Si no se descubre acabarán sospechando unos de otros y eso acabará en paranoia y traerá muchos problemas— respondió Alexandra. –Venga, os están esperando.
*****
Estaba en el cuarto de la limpieza donde Diana había encontrado el cuerpo del muchacho. Este seguía allí, cubierto con una manta. Había ido a inspeccionar el cuerpo para ver si encontraba algo que se nos hubiese escapado antes. Algo de lo que no nos hubiésemos percatado. Me agaché y le fui quitando la manta, cuando le vi la cara tuve que apartar la mirada. No me lo iba a poder perdonar nunca. Yo no lo había matado, pero me sentía como si que lo hubiese hecho. Volví a quitarle la manta, esta vez entera.
—Papá— la voz de Vicky me sobresaltó. Rápidamente cubrí el cadáver y me di la vuelta para mirar a mi hija.
—¿Qué haces aquí? No deberías estar aquí. ¿Ya te han hecho las preguntas?— le pregunté.
—No es necesario que lo tapes. Ya estoy acostumbrada a ver cadáveres de gente.
Me sorprendió la entereza de la niña, algo que había ido notando que iba en aumento desde que habíamos salido de Manhattan. Ya casi hablaba como una persona adulta. Quité la manta y me quedé mirando la cara del niño y la herida de la cabeza, la que según Faith le había ocasionado la muerte.
—¿Erais muy amigos?— le pregunté a Vicky.
Vicky negó con la cabeza. –No me caía bien, pero no merecía acabar así. El que lo ha hecho es mala persona y hay que cogerle cuanto antes. Antes de que vuelva a matar. Tienes que cogerlo papá.
—¿Y que se supone que debo hacer cuando lo coja?— pregunté yo mirando a Vicky.
En ese momento vi a Larry en la puerta. Este me miraba con los brazos cruzados. Yo le dije a Vicky que se marchara con Eva, la cual acababa de salir del autobús. Cuando me quedé a solas con el esperé a que hablara.
—Veo que me has hecho caso en cuanto a no ocultarle esas cosas a la cría. Yo también te lo preguntó. ¿Qué se supone que harás cuando se descubra quien ha sido? En mí opinión habría que matarlo o dejarlo tirado en algún sitio. Que se las apañe como pueda. Sea quien sea, aunque haya sido esa cría. ¿La dejarás tirada o la matarás si ha sido ella?
En ese momento me di la vuelta y miré a Larry, entonces sin previo aviso me lancé contra el. –Ella no ha sido. ¿Entiendes? No vuelvas a decir eso.
—No le caía bien. He escuchado como lo decía. Además, yo vi a ese niño antes de morir. Estaba discutiendo con tu niña. Tú no lo viste por que estabas ocupado charlando con la tía nueva que trajiste. ¿Te la estás tirando? Muy mal. Teniendo en cuenta de que tu mujer está preñada de un hijo que no es ni tuyo— lo que dijo Larry me hizo mirarlo con odio. Sentía ganas de golpearle. Este me vio los puños y luego me volvió a mirar. –Adelante. Pégame. Se que lo estás deseando. Pégame si tienes huevos.
Iba a golpearlo cuando vi que abría la boca de par en par y se llevaba la mano al pecho. Este cayó de costado y yo me agaché a su lado. —¿Qué te pasa? Larry— Alcé la cabeza y vi a Melanie sentada en una mesa junto a Sheila y Rachel, estas estaban haciendo un recuento de medicamentos. Enseguida comencé a dar gritos. —¡¡¡Sheila!!! ¡¡¡Mel!!!—Ambas se pusieron de pie alertadas por mis gritos y corrieron en mi dirección. También lo hicieron Tamara y Arianne. Cuando llegaron junto a mí. –Creo que es un infarto— les dije cuando llegaron a donde estaba yo.
Las dos chicas llamaban a su padre. Este se agarraba el pecho con fuerza. Entonces Melanie las miró. —¿Por qué no habíais dicho que tenía problemas de corazón?
—Creíamos que no nos dejaríais quedarnos si…
Sheila les cortó la frase y les pidió la medicación. Tamara salió corriendo y entró en su coche. Enseguida salió de el y corrió hacia nosotros con un frasco de pastillas. Lo abrió y le metió una a su padre en la boca. Unos minutos después parecía que la cosa se había calmado. Larry ya estaba mejor.
—Será mejor que guarde reposo— dijo Sheila.
Yo me levanté y junto a las hijas de Larry lo llevamos hasta el autobús donde Eva tenía la cama. Fue ella misma quien nos la cedió cuando vio lo sucedido.
Tumbamos a Larry en la cama y vi a Arianne mirarme. —¿Qué le hiciste a mi padre?
—Yo no le hice nada a tu padre— respondí. –Ahora que repose y que no haga esfuerzos.
Salí del autobús totalmente furioso. Sentía que todos me estaban culpando de lo ocurrido con Larry. Puede que a nadie le cayera bien ese hombre, pero tampoco aprobaban que se hiciera daño a otros. Una vez fuera del autobús me encontré con Katrina y Faith.
—¿Problemas con el grandullón?— preguntó Faith.
—Ha sido un pequeño infarto. Se recuperará. ¿Cómo os fue a vosotras?
—Los hemos interrogado a todos— respondió Katrina mirando a Faith. Por sus caras parecía que las cosas no habían ido muy bien.
—¿Y? ¿Algo que nos indique quien es el culpable?
Las chicas volvieron a mirarse y luego me miraron a mí. –Ninguno se ha delatado como tal. Sea quien sea,  sabe muy bien como ocultar el rastro. Estamos como al principio. Puede que incluso peor.
En ese momento vi al padre Kaleb salir del cuarto de limpieza donde se encontraba el cadáver de Andy. Entonces se acercó a nosotros.
—Hay que hacer algo con el cadáver. Enterrarlo.
—Padre. Ahora mismo no es el momento de enterrar a nadie. No tenemos tierra en la que podamos cavar por aquí cerca, y la situación no es fácil. Por el momento habrá que envolverlo en mantas y cerrar esa puerta. Que nadie entre. Ya no se va a reanimar de todos modos.
—Eso no es cristiano— dijo en ese momento el sacerdote. –Dejarlo ahí no le traerá la paz que necesita. Así no podrá ir junto a dios.
Entonces le lancé una mirada al sacerdote. –Déjese de gilipolleces. Que le den por saco a dios. Si tanto le preocupáramos haría tiempo que habría dejado de cagar sobre nosotros— le di un puñetazo al lateral del autobús y me fui alejando. Necesitaba despejarme para pensar con claridad. Aun nos quedaba un largo viaje por delante y para rematar había un asesino entre nosotros que ya se había cobrado una victima y que no habíamos podido encontrar todavía. Y teníamos a un hombre en delicado estado de salud, lo cual nos retrasaba más en nuestro camino hacia Macon. Las cosas se habían complicado.

Las Vegas…
Calabozos… 16:20 de la tarde…

Luci se despertó de repente cuando escuchó un ruido en su celda. Miró hacia la puerta y vio como le pasaban una bandeja con comida. Enseguida que le carcelero se marchó, se lanzó sobre la bandeja, no quería comer comida de esa gente, pero estaba tan hambrienta que le daba igual. Engulló lo que le habían dejado como si no hubiera mañana. Lo hizo tan deprisa que casi se atragantó.
—¿Me das un poco?— preguntó Isabella.
Luci observó la bandeja, cogió un pedazo de carne y se lo lanzó a Isabella. Entonces vio que algunos de los presos sacaban el brazo entre los barrotes para que a ellos también pudiera darles.
—Lo siento. No me queda más— dijo Luci sacando la bandeja nuevamente por debajo. Únicamente se había quedado con la botella de agua de plástico.
La puerta de los calabozos de abrió nuevamente y vieron como traían a Jack y a Tom. A ellos los metieron en sus celdas y luego se marcharon. Cuando Isabella vio a Jack se volvió a acercar a los barrotes.
—¿Has visto a Lazarus? ¿A mi marido?
Jack en ese momento asintió. –Si. Lo vi…
—¿Está bien? Necesito saberlo. Dime la verdad— suplicó Isabella.
—Lo vi en el hotel. Un hombre ha pagado mucho por el. No se que es lo que está haciendo con el— confesó Jack.
—Está haciendo lo mismo que hicieron con nosotros anoche tras sobrevivir a la jaula— dijo en ese momento Tom mientras se apoyaba en los barrotes. –Tu marido es la putita de un viejo baboso. Como lo fuiste tu cuando pagaron por ti… Y como harán contigo— dijo Tom señalando a Luci.
—Si se me acercan les cortaré los cojones— respondió Luci. –No pienso dejar que hagan de mi lo que se les antoje.
—Lo están haciendo desde el mismo momento que te trajeron aquí. No eres tan importante como te han hecho creer que eres. Solo les importa tu sangre. Te sacarán la que tengan que sacarte y luego te llevarán a la jaula. Donde lucharás por tu vida… Y créeme que lo harás. Cuando sobrevivas algún hijo de puta o alguna zorra pagará por ti.
—Antes me dejo matar— respondió Luci.
—Eso me gustaría verlo— respondió Tom. –No eres la primera ni la ultima que dice eso. ¿Quieres saber cuantos lo mantienen?— Tom hizo un circulo con dos dedos. –Exacto. Cero. Cuando llegue el momento lucharás olvidando todo lo que has dicho ahora.
En ese momento Luci vio que Isabella se estaba tambaleando en la celda. —¿Te pasa algo?
—No me encuentro bien— respondió Isabella cayendo de rodillas.
Luci iba a decir algo cuando también se sintió mareada. Sus parpados parecían pesar. Sintió que perdía la fuerza en las piernas y también cayó de rodillas. Trató de pedir ayuda, pero no pudo. Su vista comenzó a nublarse y se dejó caer de espaldas sobre el suelo de cemento de la celda. Estaba perdiendo la consciencia. Entonces se dio cuenta de que eso debía ser el efecto de algo que le habían metido en la comida. También le estaba haciendo efecto a Isabella. En ese momento alguien entró en los calabozos y se detuvo ante su celda. Aparecieron otras dos personas más, no alcanzaba a verles la cara, pero reconoció las botas de Dante. Entonces cerró los ojos y perdió el conocimiento por completo.

Luci se despertó dentro de una sala muy parecida a la que había estado en su llegada a Las Vegas. Se notó la boca pastosa y tenía un fuerte dolor de cabeza. Intentó mover brazos y piernas, pero estaba amarrada a una camilla. Miró uno de sus brazos y vio un trozo de algodón pegado gracias a un trozo de esparadrapo. Entonces la puerta de la sala se abrió y entraron Dante y Dorian. Por como iban vestidos parecía que iban a una fiesta.
—Por fin te despiertas. No te muevas— dijo Dorian acercándose para quitarle el algodón. Cuando se lo quitó lo tiró a una papelera que Luci no podía ver. –Te hemos sacado sangre para comenzar a elaborar las vacunas. Espero que entiendas que tenías que estar dormida para no resistirte. Por seguridad más que nada.
—Me habéis drogado— respondió Luci intentando levantarse.
—Si, bueno. Es una forma de definir lo que hemos hecho. Te metimos somníferos en la comida. Comida que compartiste con Isabella y dejaste a la pobre K.O. No te preocupes, pronto estará bien otra vez. Ahora preocúpate por despejarte un poco y ponerte ese vestido— Dorian señaló al fondo de la sala y cuando Luci miró vio un vestido de noche color rojo brillante. Al lado había unos tacones.
—No pienso ponerme eso— replicó Luci.
—Me temo que no tienes opción. Esta noche vamos a salir y quiero que estés radiante. Quiero que te des un baño y te quites esos trapos que llevas por ropa. Dentro de un rato vendrán a prepararte. No me decepciones.
—Pues no pienso hacerlo— dijo Luci. –Devolvedme a mi celda. Es el único sitio donde no siento ganas de vomitar. El único sitio al que no soléis bajar a menudo. Como ves tengo mis preferencias.
—Te lo repetiré una última vez. O te pones ese vestido o me ocuparé de matar a tus amigos— Luci lo miró. –No te sorprendas tanto. Tengo a algunos hombres vigilándolos día y noche. Ahora mismo están en Mahwah. No se que hacen allí. Por lo visto llevan dando vueltas desde que cayó Manhattan.
—No te creo— respondió Luci.
En ese momento Dorian cogió un walkie talkie. – Claire. Tráeme las fotos.
En ese momento Claire entró por la puerta con una carpeta en las manos. Le lanzó una mirada rápida a Luci y enseguida le entregó la carpeta a Dorian. Este la abrió y sacó varias fotos. En ella se veía a Juanma, Eva, Yuriko, Juan… Todos. –A estas horas están acampados en un almacén en Mahwah. Todos los días recibo fotografías de todos sus pasos. Ya sabes, por si intentas algo.
—Eres un hijo de la gran puta. Juro que te mataré— amenazó Luci.
—No lo harás. ¿A quien pretendes engañar? Además, si fuese un hijo de puta… Ya me habría cargado a tu querido amigo Juanma. Te recuerdo que le debo un tiro en la cabeza. Ahora despéjate, date una ducha y ponte guapa. Cuando acabes tendrás una limusina en la puerta, esta te llevará al Caesar Palace.  Dónde te estaré esperando. Como ya te he dicho, espero que no me decepciones.
Dorian y Dante se marcharon de la sala y seguidamente entraron tres mujeres. Dos de ellas armadas. La que no llevaba armas era una mujer de mediana edad.
—Buenas noches. Soy Rosa, esta noche yo seré quien te ponga guapa— dijo la mujer con un claro acento cubano.
Luci no tenía otra opción. Iba a tener que hacer todo lo que le dijeran. Una negativa y pondría en peligro a Juanma y a los demás. Una vez más se sentía entre la espada y la pared.

Mahwah…
21:00 horas…

El padre Kaleb me había convencido. Cargué con el cuerpo de Andy y únicamente el y yo salimos a dejar su cadáver en un contenedor del exterior junto al muelle de carga del almacén. Una vez allí le eché algo de gasolina por encima. Encendí una cerilla y la dejé caer sobre el cuerpo envuelto con unas mantas. Mientras ardía, el sacerdote recitaba una oración. Cuando terminó me dirigí a el.
—Siento lo que dije antes. Estaba fuera de lugar. Estoy últimamente con mucho estrés. Así que lo lamento, no volverá a ocurrir— le dije.
—Aunque no lo creas, dios está de nuestra parte. Has encontrado a una hermana. Dios fue quien ha hecho que os encontrarais. Dale una oportunidad.
—No se si habrá sido cosa de dios o no— respondí. –Pero lo que si se es que el destino así lo ha querido. Era una posibilidad entre millones y ha sucedido. Ahora no solo tengo una hermana, si no también una sobrina preciosa.
El cuerpo ya casi se había consumido por la fuerza del fuego. Tenía un cubo de agua preparado al lado para echárselo por encima. No quería que el humo atrajese a nadie, ni humanos ni caminantes. Un par de minutos después cogí el cubo y se lo eché por encima, apagando así el fuego.
—¿Y que harás con respecto a Larry?— preguntó en ese momento el padre Kaleb.
—Ese hombre tiene una cabeza más dura que una piedra y un corazón más duro y frio que el granito. Aun así trataré de llevarme bien con el, pedirle más la opinión. Creo que lo que más le duele es eso. Que seamos otros los que tomemos decisiones, hagamos cosas y el esté mirando.
—Es un tipo orgulloso y de carácter fuerte— dijo en ese momento el padre Kaleb. –Vas ha tener que hacerle mucho la pelota para que se ablande un poco y te deje decir más de dos palabras seguidas. Aunque no me cabe duda de que sabrás que decir. Si tienes un don, ese es el de la palabra.
—Ese tío tiene pinta de ser un tipo de alto rango militar o algo. Puede que incluso abogado. De ahí su mala leche. Aunque si fuera de mi país pensaría que es Franquista— dije con una sonrisa. Algo que también hizo gracia al sacerdote.
En ese momento escuché un grito que venia del interior del almacén. De repente la puerta se abrió y apareció Tamara, detrás iba Eva seguida de otros tantos más. Esta caminó con paso firme hacia mí y al verla le sonreí.
—Hola. Justamente ahora iba a ver a tu padre. Espera que pudiéramos hacer las pa…— pero no terminé la frase. Tamara me golpeó con algo en la cara y yo caí al suelo con la vista nublada y mareado a causa del golpe. Iba a levantarme y entonces sentí una patada en el estomago, entonces caí al contenedor donde había estado ardiendo el cuerpo del niño. Aun mareado levanté la cabeza y entonces vi el negro cañón de un arma apuntando a mi cara.
—¿Pero que estás haciendo?— pregunté.
—Asesino. Está es la ultima vez que matas a alguien.
*****

Vicky corría hacia el exterior, tenía que contarle algo que había visto a su padre. Estaba a punto de salir al muelle de carga donde se habían reunido la gran mayoría cuando escuchó un disparo.