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sábado, 20 de junio de 2015

NECROWORLD Capitulo 80

Día 25 de Enero de 2010
Día 582 del Apocalipsis…
Manhattan… Calles… 08:40…

Carlos estaba cerca de las afueras de lo que había sido la zona segura de la ciudad. Se había escondido en una de las casas, desde allí podía ver el desfile de No Muertos, los cuales se dirigían todos hacia los disparos, estos habían empezado hacía apenas unos minutos. El plan de su hermano había dado comienzo como estaba previsto, en esos momentos su hermano y los demás estaban en medio de un tiroteo con el bebé y su gente. Podría haber avisado al bebé de lo que iba a pasar, pero optó por no hacerlo, tanto le daba que su hermano y aquel enano asqueroso se mataran el uno al otro. De hecho, no había avisado al bebé por que quería que acabara muerto. A Carlos le daban igual las bajas en ambos bandos, a el solo le interesaba Eva y el hijo que ella llevaba en sus entrañas. Ella posiblemente no aceptaría estar con el al principio, pero haría que lo amara, aunque tuviera que obligarla, pero antes de llevársela había otra cosa que tenía que hacer.
*****

Con el tiroteo iniciado, Rachel, David y yo habíamos salido de las alcantarillas. Nos habíamos ocultado detrás de una de las estatuas, concretamente la central. Comencé a darles indicaciones de avance. Teníamos que entrar allí dentro de alguna manera. Había dos puertas, una grande y doble que teníamos prácticamente enfrente y otra más pequeña que estaba a nuestra izquierda, bastante alejada de nosotros. Esa iba a ser la que íbamos a usar para entrar.
—Tenemos que alcanzar esa puerta— les dije a ambos. –Creo que esa puerta da directamente a la habitación del padre Kaleb. Es decir, el lugar donde se cambia de ropa. Es evidente que entrando por ella accederemos al interior de la iglesia.
—Muy bien. Vamos allá— dijo Rachel.
Justo cuando íbamos a salir, unas balas impactaron en la estatua muy cerca de mi cabeza. Me retiré rápidamente y me escondí.
—Adiós al factor sorpresa. ¿Qué hacemos ahora?— preguntó David mirando un poco por encima de la plataforma cuadrada de piedra que sostenía la estatua. Entonces vio a al menos tres hombres apostados en las ventanas. –Hay tres tipos. Esos nos han visto.
—Tenemos que alcanzar esa puerta como sea— respondí asumiendo que nuestra parte del plan se había torcido. Entonces noté la mano de Rachel en mi hombro.
—Basta con que la alcance uno de nosotros mientras los otros dos lo cubren. ¿Te ves capaz?— me preguntó Rachel. –Tendrás que ser rápido.
—Si me cubrís quizás lo consiga— les respondí mientras miraba la puerta que debía alcanzar. –Solo son diez metros.
—Entonces corre— dijo David. Entonces este salió rodando y disparando hasta que logró ocultarse detrás de un banco de piedra que se encontraba junto a unos setos. Desde allí siguió disparando a las ventanas. En una de las ráfagas acertó a uno de los tipos de las ventanas, el cual emitió un grito.
En ese momento me puse de pie y comencé a correr en dirección a la puerta. Mientras iba a la carrera vi como la puerta grande doble se abría un poco y asomaba un tipo enorme. Este comenzó a dispararme, obligándome a tirarme al suelo dentro de uno de los jardines. Rodé sobre mi mismo hasta que me puse a cubierto junto a un árbol. Me puse de pie y comencé a disparar a aquel tipo. Aunque no estaba dando ni una, fue entonces cuando vi a Rachel ponerse en pie y apuntar a la puerta. Abrió fuego y vi como un trozo de esa puerta saltaba convertida en astillas, seguida de un chorro de sangre que surgió del cuello de aquel grandullón. Con aquel tipo abatido volví a correr y por fin alcancé la puerta. La abrí de un empujón y me colé dentro. Cerré la puerta detrás de mí y me quedé en silencio. Me encontraba en una sala bastante grande, en un lado había un vestidor con varias togas, también había una pequeña mesa redonda con una biblia sobre ella, en otro lado había una cama, me imaginaba que era donde el padre Kaleb descansaba entre las misas, al fondo había una puerta de color rojo. En ese momento escuché un ruido y yo me oculté rápidamente, la puerta de color rojo se abrió de golpe y un tipo joven entró corriendo, estaba como aterrado. Yo salí de repente y lo derribé con la culata de mi fusil, cuando este estuvo en el suelo me miró y yo le apunté a la cara.
—Será mejor que me digas donde tenéis a los rehenes. O te juro que no tendré miramientos en dispararte. Sabes que lo haré. Elije… No tienes demasiado tiempo.
—No me mates por favor. Te diré donde están. No me interesa para nada esta guerra. Solo quería marcharme mientras el bebé y sus hombres están ocupados— entonces le apreté el cañón del fusil contra la barbilla. –Dime donde están los rehenes.
*****

Juan y los demás no paraban de disparar. Cada dos por tres alguno de ellos tenía que recargar, pero siempre había alguien para cubrirle. Estaban consiguiendo ganar mucho tiempo y sobre todo acabar con hombres de el bebé. Estos no parecían ser muy hábiles con el manejo de las armas, algo que estaban demostrando.
Juan recorrió unos pasos y se acercó a Mario, el hombre Mexicano. Este necesitaba recargar el arma y fue Juan quien comenzó a cubrirle.
—Recarga rápido, a mi se me está acabando— le dijo Juan al tiempo que disparaba.
La mayoría del grupo se había apostado en ventanas y portales. Desde allí podían disparar con un perfecto ángulo de visión. Cuando Mario terminó de recargar, Juan hizo lo propio, se agachó y comenzó a recargar su arma todo lo rápido que podía. Desde su posición pudo ver a Johana y a Enrique disparando desde una de las ventanas. Entonces vio algo extraño. Ambos habían cambiado su expresión, incluso Johana se había quedado pálida, esta había comenzado a hacer gestos con una mano. Juan se asomó en ese momento por su ventana y vio lo que parecía ser la punta de un lanzacohetes asomar. De repente el cohete salió disparado en dirección a Johana y Enrique.
—¡¡¡Salid de ahí!!!— gritó Juan, pero ya era demasiado tarde. El cohete impactó en la ventana haciendo que comenzaran a caer escombros y levantando una nube de polvo que hizo desaparecer a Johana y al muchacho. Juan solo podía escuchar los gritos de Johana casi ensordecidos por el sonido de los disparos. Cuando la nube de polvo comenzó a disiparse pudo comprobar que Johana estaba en el suelo junto a Enrique. El muchacho estaba ensangrentado y semi enterrado por los escombros. No se movía.
—Mi hijo. Mi hijo— repetía Mario una y otra vez. Totalmente fuera de si al ver el estado de su hijo. Este salió de su cobertura. Juan intentó detenerlo sin éxito.
—Vuelve Mario. No lo…— la frase de Juan se cortó cuando vio como una bala atravesaba la cabeza del Mexicano. Juan lanzó un grito de rabia y se asomó por la ventana para comenzar a disparar de nuevo. Concentró todos sus esfuerzos en el portador del lanzacohetes.
El tipo que llevaba el lanzacohetes había abandonado su puesto. Instantes después volvió a asomar el cohete. Juan disparó varias ráfagas hasta que consiguió que el cohete explotara sin ni siquiera salir del lanzador. La explosión fue tan fuerte que abrió un gran agujero en la pared de la iglesia haciendo que los que estaban allí salieran despedidos hacia atrás. Juan pensó en esos momentos que quizás los dioses no estaban tan de su parte como el pensaba, pero aun así siguió disparando. Juanma, Rachel y David debían alcanzar su objetivo.
*****
El bebé consideraba que estaba viendo aquella guerra desde una zona privilegiada. Se estaba manteniendo al margen y ya había visto caer a varios de los hombres que le habían jurado lealtad. Los mismos que sin rechistar le habían seguido hasta allí. Protegido por dos de sus hombres más leales no tenía nada que temer, ellos serían capaces de recibir una bala si era necesario. Se sentía tan a salvo que ni siquiera se sobresaltó cuando vio a varios de sus muchachos saltar por los aires tras la explosión del cohete.
—Jefe. Creo que deberíamos marcharnos de aquí. Las cosas no pintan nada bien. Si salimos por el jardín quizás tengamos una oportunidad. Las alcantarillas son nuestra mejor vía de escape— dijo uno de sus hombres.
—Un hombre como yo jamás pisará las alcantarillas. No quiero mancharme— respondió el bebé. –Nos quedaremos aquí hasta que pase todo.
En ese momento uno de los hombres agarró al bebé de un brazo y tiró de el. –No me importa si se enfada. Tenemos que salir de aquí.
—Suéltame puto gorila. Soy tu jefe y tienes que hacer lo que yo te diga— pero nadie parecía escucharle. Tenían que huir de allí, era evidente que tenían las de perder. Aquella guerra no se estaba decantando precisamente a su favor.
Justo en ese momento vieron a uno de ellos. Este había logrado entrar dentro, seguramente desde el jardín, desde el mismo lugar por el que pretendían huir… y llevaba a uno de sus hombres como rehén. Al verlo, Jonah Snyder sacó su pistola y abrió fuego sobre aquellos dos.
*****
Aquel hombrecillo sacó su arma y abrió fuego. Yo logré evitar las balas lanzándome al suelo y ocultándome detrás de los bancos de la iglesia, pero mi rehén no tuvo tanta suerte. Las balas acabaron estrellándose en el pecho de aquel hombre, el cual cayó de espaldas con el pecho agujereado. Desde mi posición vi como un charco de sangre comenzaba a formarse debajo de el. Afortunadamente ya me había revelado donde estaban los rehenes. Solo tenía que pasar al fondo de la iglesia, pasar por un largo pasillo, al final encontraría una puerta cerrada con llave, la cual encontraría puesta.
Me asomé y abrí fuego contra el hombrecillo y sus dos gorilas, logré abatir a uno, pero el otro cogió en brazos al bebé y se lo llevó lejos del alcancé de mis balas. No tardé en perderlos de vista cuando se metieron por otro pasillo, podía seguirles y acabar con ellos, pero tenía una misión más importante. Me puse de pie y corrí hacia el pasillo que me habían indicado, cuando llegué a el me lo encontré vacio, y al final de este vi la puerta. Iba a comenzar a correr hacia ella justo cuando escuché unos gritos a mi izquierda, los cuales venían de una sala, los cuales identifiqué enseguida como los gritos de Diana.
*****
Los gritos de la chica lo estaban poniendo de los nervios. Morris la había sacado de la sala donde estaban todos los rehenes momentos antes de que comenzara el tiroteo. Quería pasar un buen rato con ella antes de largarse de allí, la primera vez lo había disfrutado tanto que no quería marcharse de allí sin probarlo otra vez, tanto le daba lo que estaba pasando fuera y dentro de la iglesia.
Morris comenzó a quitarle la ropa que llevaba puesta mientras la chica emitía gritos. Para callarla, Morris la abofeteó y luego le mostró un cuchillo, el cual le puso en el cuello.
—Vuelve a gritar y te corto el cuello. Ahora compórtate y deja que te folle tranquilamente. Supongo que tu cabeza desquiciada no entiende que lo disfrutas. Algún día lo entenderás— Morris clavó el cuchillo al lado de la cara de la chica. Cuando logró quitarle las bragas e intentó penetrarla escuchó un ruido a su izquierda. Se giró y entonces vio el negro cañón de un arma apuntándole a la cabeza. Y al que había comenzado a ser líder de la comunidad detrás de ella.

—Deja a esa chica en paz si no quieres que tus sesos queden desparramados por toda la sala. Hoy es uno de esos días en los que me da igual matar a más de uno— dije sin dejar de apuntar. Entonces el tipo se dio la vuelta para mirarme.
—¿Me vas a disparar? No creo que tengas agallas para hacerlo. Demasiado se ha liado ahí fuera como para que…— el tipo gordo no terminó la frase, de repente lanzó un grito y su cara se contrajo por el dolor.
Cuando el tipo cayó de bruces y se quedó inmóvil vi el cuchillo que tenía clavado en la espalda. Detrás de el vi a Diana de pie y quieta, su cara mostraba una expresión de miedo. Entonces comprendí lo que había ocurrido. Ella me miró y antes de que pudiera decir nada la abracé y apreté fuerte contra mi pecho.
—Escucha pequeña. Se que me comprendes. Voy a sacarte a ti y a los demás de aquí. Tenemos que darnos prisa— los dos salimos de la sala y nada más salir nos dispararon. De un empujón volví a meter dentro de la sala a Diana y yo comencé a disparar al que nos atacaba. Este se había ocultado detrás de una columna de mármol mientras que yo estaba oculto junto a la puerta.
Me asomé varias veces para disparar, hasta que finalmente en un descuido que tuvo, logré acertarle en plena cabeza. Con el tipo ya muerto me di la vuelta para coger a Diana. Seguidamente los dos comenzamos a correr por el pasillo y llegamos a la puerta. Al llegar cogí la lleve que todavía estaba en la cerradura y empujé la puerta. Al abrirla vi a todos los que había allí, realmente había más de los que esperaba. Entonces vi como Diana pasaba por detrás de mí y corría a los brazos de su hermano.
—¡¡¡Juanma!!!— exclamó en ese momento Jill —¿Qué es lo que está pasando?
—Os lo explicaré luego todo, pero ahora tenemos que salir de aquí. Tenemos que salir al jardín— le respondí. –Deprisa.
Todos comenzaron a desfilar por delante de mí. Todos pusimos rumbo hacia el jardín. Comenzaba otra parte del plan, pero proteger a cuarenta y tantas personas mientras iban bajando a las alcantarillas y había otros tantos disparándonos no iba a ser fácil.
*****
En el exterior, el resto del grupo comenzaba a notar que cada vez había menos tiradores del bando contrario. Juan y Johana habían abandonado sus puestos para unirse a Butch y a Mike en un piso superior. Desde allí tenían a tiro a otros del bando contrario que antes no tenían. Entonces escucharon el grito de Yuriko.
—¡¡¡¡Caminantes!!!!
Juan y Johana miraron a la calle y vieron a docenas de No Muertos irrumpiendo en la calle. Todos avanzando hacia su zona. No tardarían mucho en invadir toda la zona. Algo de lo que también se dieron cuenta los del bando enemigo, los cuales comenzaron a retirarse viendo peligrar su vida.
—Tenemos que salir de aquí. Si nos rodean estaremos perdidos— dijo Johana.
Juan miró a los No Muertos y asintió. Les hizo un gesto a Mike y a Butch. Los cuales se pusieron en pie y comenzaron a retroceder. Iban a tener que bajar a la calle y a tener que huir. Los cuatro salieron del piso que habían tomado como refugio para disparar, al salir al pasillo se encontraron con Yuriko. También vieron a Mouse llegar por el pasillo.
—Se me ha acabado la munición— dijo Mouse juntándose con sus compañeros.
—Ya nos vamos. Juanma y los suyos ya deben haber completado su parte del plan— dijo Juan. –Nos largamos de vuelta a los autobuses.
Todo el grupo comenzó a bajar las escaleras. Cuando llegaron a la calle vieron a los No Muertos. Estos ya habían llegado, algunos incluso habían comenzado a entrar en la iglesia por el agujero que había dejado la explosión. Eso hizo que los hombres de El bebé comenzaran a retirarse también, algunos, los más lentos caían ante los No Muertos.
Fue lo primero que vi cuando abandonamos el pasillo donde estaban los rehenes, algunos de los captores se chocaban con nosotros en su huida.
—¡¡¡Juanma!!!— me gritó David desde la sala por la que había entrado. El y Rachel, que estaba justo detrás habían alcanzado la puerta. Enseguida comenzaron a disparar a los No Muertos. –Tenemos que salir de aquí— en ese momento David disparó a un caminante que se acercó demasiado. –Daros prisa.
En ese momento como salido de la nada vi al bebé disparando contra nosotros. Algunos nos agachamos a tiempo, pero otros no tuvieron tanta suerte y fueron abatidos por los disparos. No pude fijarme bien en quienes habían caído.
—Seguid agachados. Avanzad hasta David y Rachel. Yo os cubro— dije al tiempo que disparaba y observaba como el grupo avanzaba en fila. Los primeros ya estaban siendo escoltados por mis dos compañeros. Pude ver como Parker, el novio de Sandra me lanzaba una ultima mirada. Yo le hice un gesto para que siguiera adelante
Él bebé no era un gran tirador y parecía estar solo, por lo que podía deducir que su gorila había muerto, probablemente asesinado por el. Jonah Snyder en lugar de salir de allí para salvar la vida había decidido volver sobre sus pasos para acabar con aquellos que habían osado atacarle.
Mientras tenía el tiroteo con el bebé comprobé que varios No Muertos se me estaban acercando por detrás. Tenía que moverme o estaría atrapado. Fue en ese momento cuando vi unos cuerpos entre los abatidos que me resultaron familiares. Eran Paul y Diana. Dejé de disparar al bebé y me acerqué a ellos pensando que estaban muertos, pero cuando estuve a su lado vi que Diana todavía se movía. El que estaba muerto era Paul, la bala que había acabado con su vida le había atravesado el cuello, seguramente tratando de proteger a su hermana.
—Diana. Tenemos que salir de aquí— le dije ayudándola a levantarse. Esta intentó coger a su hermano, no parecía que quisiera marcharse sin el. Entonces agachados detrás de los bancos de la iglesia le agarré la cara con ambas manos y la obligué a mirarme. –Ya no podemos hacer nada por el ¿Entiendes? Está muerto.
La muchacha pareció entenderme y cuando íbamos a emprender el camino de huida me encontré con el bebé apuntándome con su pistola. Miré a mi espalda y vi a los No Muertos cada vez más cerca. Estábamos atrapados.
—¿No podías dejarlo estar? Lo has estropeado todo— me decía el bebé mientras yo me ponía a Diana detrás de mi y no perdía de vista a los caminantes que cada vez estaban más cerca de nosotros. –Todo era perfecto hasta que llegasteis aquí a joder.
Podía dispararle, pero me daba la impresión de que no me quedaban balas. Y si me veía intentar recargar dispararía contra nosotros. Entonces intenté convencerlo. –Aun podemos irnos todos juntos de aquí.
—Tira el arma al suelo— dijo en ese momento el bebé.
Lancé una nueva mirada a los No Muertos, estaban ya muy cerca. Entonces mientras me movía acercándome a la pared con Diana detrás, tiré el fusil al suelo. –A unas calles de aquí nos esperan tres autobuses. Puedes venir con nosotros… O al menos deja que ella se vaya. Decídete ya o acabaremos sin poder salir de aquí.
—No me interesa. Lo único que quiero es ver como os despedazan— decía el bebé mientras daba unos pasos hacia mi fusil. Entonces me di cuenta de que el tampoco parecía que tuviera balas en su pistola. Aun así no quería arriesgarme.
En ese momento como salido de la nada. Un caminante apareció corriendo por detrás de el bebé y lo derribó. Enseguida comenzó a morderle en el cuello. Haciendo que la sangre comenzara a brotar manchando el suelo y su traje de etiqueta de color blanco.
Sin pensármelo dos veces cogí nuevamente a Diana y comencé a correr hacia la salida, cuando llegamos al jardín. Justo cuando llegamos vi como una verja que había en el jardín cedía dejando paso a varios caminantes, los cuales entraron en tromba directos hacia nosotros y cortándonos en paso hacia la alcantarilla. Detrás de nosotros comenzaban a aparecer también más No Muertos. Nos estaban rodeando.

Manhattan… Calles…
Autobuses…
09:20… de la mañana…

Eva vio que los autobuses ya estaban llenos y que no faltaba nadie. Nadie salvo Juanma. De el no había ni rastro, David y Rachel habían vuelto sin el.
—¿Dónde está Juanma? ¿No estaba con vosotros?— preguntó Eva totalmente fuera de si.
—Nosotros escoltamos a los rehenes hacia aquí. Creíamos que venía justo detrás— respondió David. –Voy a volver a buscarlo.
—Déjalo. Voy yo— dijo en ese momento Parker levantándose del asiento que había ocupado junto a Sandra y su perro. Sandra intentó detenerlo, pero el la miró. –Estaré de vuelta enseguida. Además, el nos ha salvado.
Parker cogió un fusil totalmente lleno de munición y salió del autobús, entró de nuevo en la alcantarilla y comenzó a recorrerla. No tardaría mucho en llegar a la boca de alcantarilla por la que el y los otros habían entrado. Tenía que darse prisa antes de que ocurriera algo irremediable. No iba a dejar que murieran. La última vez que lo había visto había sido cuando se quedaba atrás para ayudar a la chica con asperger. Era muy probable que estuvieran atrapados.
*****

Diana y yo nos habíamos subido a la estatua del centro del jardín. Bajo nosotros había casi tres docenas de No Muertos. Todos alzaban los brazos para intentar cogernos. Yo no tenía ya armas, y Diana tampoco, estábamos atrapados. No había manera de salir de ahí de una pieza, estábamos totalmente atrapados, sin posibilidades. Miré a Diana y pude ver el miedo en sus ojos.
—Lo siento…— le dije –Lo siento de verdad. Siento lo de tu hermano y siento que estemos aquí atrapados. No soy ese ángel salvador que tú pensabas. Lo siento…— no dejaba de pensar que acabaríamos muertos. Quizás nuestros compañeros pensando que habíamos muerto se habían marchado. Pensé en quitarnos la vida, primero abrazaría a Diana y la asfixiaría apretándola contra mi pecho. Luego, seguramente me dejaría caer sobre los No Muertos y todo acabaría. Fue en ese momento cuando una ráfaga de balas abatió a varios caminantes, estos cayeron y yo miré hacia la alcantarilla. Fue en ese momento cuando vi a Parker. Este había surgido de la nada. Volvió a disparar y abatió a los que teníamos debajo. En ese momento vi nuestra oportunidad. —¡¡¡Diana!!! Vamos. Corre hacia Parker.
La muchacha asintió y comenzó a bajar. Pasó por mi lado y cuando tocó el suelo, yo me dejé caer a su lado. Ambos comenzamos a correr hacia Parker mientras los caminantes trataban de atraparnos. Yo tuve que empujar y golpear a varios para impedir que nos cogieran mientras Parker les disparaba.
—¡¡¡Corred!!!— gritó Parker saliendo a nuestro encuentro sin dejar de disparar. Una de sus balas abatió a uno que estuvo a punto de morderme.
Diana llegó a la alcantarilla y comenzó a descender. Detrás comenzó a bajar Parker. Cuando yo estaba a punto de alcanzar la boca de alcantarilla noté como me agarraban del tobillo. Caí de bruces y al darme la vuelta vi a una No Muerta que se estaba abalanzando sobre mi. Lo hizo tan rápido que en pocos segundos la tuve encima intentando morderme, solo pude impedírselo agarrándola del cuello y alejándola de mí, pero el peligro estaba también en los que se iban acercando. De repente vi como el pie de alguien pateaba a la caminante, liberándome de su presa. Entonces la mano de Parker me agarró y me ayudó a ponerme en pie.
—Salgamos de aquí.
Los dos comenzamos a correr. Yo iba delante, estaba ya entrando a la alcantarilla cuando un caminante de pequeño tamaño alcanzó a Parker, este le mordió en el costado y Parker le golpeó en la cabeza con la culata de su fusíl, entonces vi que aquel caminante era el bebé. Ayudé a Parker y ambos caímos al interior de las alcantarillas. Al caer me hice bastante daño en las piernas, pero aun así ayudé a Parker a ponerse en pie.
—Venga vamos— le dije.
—Me han mordido… Me han mordido— repetía Parker una y otra vez con los ojos salidos de sus orbitas, pero yo no le hice caso. Estaba concentrado en salir de allí. Seguimos a Diana hasta que salimos al exterior junto a los autobuses. Una vez allí subí con Parker a uno y enseguida estos se pusieron en marcha. Comenzamos a alejarnos de la zona mientras Eva y Vicky se abrazaban a mí. Pude ver también como Sandra abrazaba a Parker, el cual seguía sangrando pese a que Sheila le presionaba la herida. Por sus caras era evidente que lo estaban perdiendo.

Las Vegas…
10:00 de la mañana…

Luci seguía en la sala médica. No había podido salir de allí en ningún momento y salvo cuando le llevaban la comida, se pasaba la mayor parte del tiempo sola, de hecho esa mañana aun no habían ido a llevarle el desayuno y estaba hambrienta. Siempre vigilada por la cámara de vigilancia, la cual siempre estaba sobre ella. En ese momento la puerta de la sala se abrió y entró una chica a la que no había visto nunca, esta llevaba una bandeja con tostadas, zumo y café. Ella era delgada y rubia, sus ojos eran azules y debía tener unos veinte años más o menos.
—Hola— dijo la chica con timidez.
Luci se incorporó en la camilla con cuidado y se sentó dejando los pies colgados. Entonces miró a la chica. –Aun es pronto para la merienda y tarde para el desayuno. Tú eres nueva ¿No?
—Bueno… Podría decirse que si. Ahora te traje yo el desayuno por que quería conocerte— contestó la chica. –Se habla mucho de ti y hay rumores.
—Vaya. Así que tengo fans… ¿Qué rumores?— quiso saber Luci.
—Se habla de que vienes de Manhattan y que habías estado en una prisión en un barco ¿Es eso cierto?— preguntó la chica –Necesito saberlo.
—Si. Así es— respondió Luci cogiendo una de las tostadas.
—¿Y allí había algún chico llamado Dylan? Necesito saberlo. ¿Lo conociste?
Luci asintió recordando a Dylan… Y también la última vez que lo vio. –Si. Conocí a Dylan. ¿Por qué? ¿De que lo conoces tú?
—Es mi hermano. Yo soy Claire— en ese momento la chica con una mano le pasó otra tostada. Cuando Lucí la cogió notó algo en la parte inferior. Algo parecido a un papel, el cual se escondió rápidamente antes de que lo captara la cámara. Entonces la chica volvió a hablar. –Bueno. Tengo que irme, un placer,
La chica se levantó y salió de la sala. Luci terminó de desayunar y procurando que la cámara no la viera leer el papel que le habían pasado en secreto, se tumbó de espaldas a la cámara y se hizo un ovillo, entonces desdobló el papel y comenzó a leerlo para si misma.
“Deseo salir de aquí con todas mis fuerzas. Esta ciudad es una pesadilla. Si mi hermano está vivo y puedes llevarme con el te ayudaré a escapar”
Luci no podía creérselo. Esa chica podría ayudarla a escapar de allí. No estaba sola al final. Entonces volvió a recordar la última vez que vio a Dylan allí encadenado junto a Warren. No sabía si seguía vivo, pero iba a tener esperanzas. El hecho de escapar iba a ser un autentico bofetón en las caras de Dante y de Dorian.

Manhattan… Vallas de la ciudad…

Habíamos parado junto a las vallas. Más concretamente en la zona que separaba la comunidad de Manhattan de la zona infestada. Allí de momento no había caminantes. Al menos no de momento, tampoco íbamos a permanecer mucho rato allí. Estábamos esperando a Juan y a Mike, cada uno de ellos había ido a hacer algo. Juan había decidido ir a por las chicas de Portland y Mike por su parte había ido a por sus hijos. Mientras tanto los demás recuperábamos fuerzas.
Sheila por su parte estaba tratando de salvar la vida de Parker, el cual había comenzado a entrar en estado febril. Por la expresión de Sheila se podía adivinar que a este no le quedaba mucho, algo que también podía ver en el rostro de Sandra.
—Por favor. No me dejes— decía Sandra agarrándolo de la mano. –Tienes que aguantar.
—Sabes que ya no se puede hacer nada— Parker tosió y escupió sangre. –Al menos podemos despedirnos. Es un privilegio que otros no han podido tener.
—Pero no quiero quedarme sola.
—No estás sola. Sigues teniendo a tus amigos. Ellos aun viven— respondió Parker tocándole la mejilla a Sandra. Entonces ella intentó darle un beso y el no la dejó. –Si me besas te infectarás. Créeme que no merece la pena.
Si no me hubiese empeñado en ir a por mi perro… Podría haber estado más tiempo contigo. Soy una estúpida. Te quiero Parker.
—Y yo a ti preciosa. Prométeme que vivirás por los dos— Parker tosió de nuevo y Sandra lo abrazó. –Tienes que prometerme que vivirás. No me queda mucho.
—Te lo prometo— respondió Sandra.
—Muchas gracias… Tesoro…— en ese momento Parker cerró los ojos y su cabeza cayó hacia un lado. Había muerto.
Yo vi todo lo ocurrido y caminé hacia ellos. Cuando estuve cerca Sandra me miró. –Deja que lo haga yo— dijo sacando un cuchillo de su cintura. En ese momento lo clavó en la cabeza del que hasta ese momento había sido su novio y que había acabado así por venir a salvarme.
—Lo siento Sandra… Yo…
—No importa. Ahora solo importa el camino que tenemos por delante. ¿Podemos irnos?
En ese momento vi aparecer el camión conducido por Juan, unos segundos después apareció Mike con sus dos hijos. Ya estábamos todos y podíamos largarnos. Fue en ese momento cuando vi aparecer a una tercera figura que venia en dirección a nosotros. Cuando lo vi con claridad me llevé la mano a la cintura esperando coger mi pistola, pero no la llevaba. Cuando la figura llegó hasta nosotros, todos pudimos comprobar que era mi hermano. Entonces este sacó un pañuelo blanco. Algunos, incluido David le apuntaron. Eva observaba desde uno de los autobuses.
—¿Qué estás haciendo tu aquí? ¿Qué es lo que quieres?— le pregunté acercándome sin miedo a que me disparara. De hecho estaba tan furioso que me daba igual, estaba deseando matarlo con mis propias manos.
—Relájate hermanito. Solo he venido a hablar y luego me marcharé.
—Creo que has perdido todo el derecho a hablar después de lo que hiciste— respondí a medida que varias personas comenzaban a bajar de los autobuses. Muchos eran de los rehenes y desconocidos, los otros eran mis compañeros, todos parecían esperar a ver que era lo que Carlos quería.
—Soy consciente de lo mucho que habéis perdido. Amigos… Familia… Lo lamento de veras. Lo siento muchísimo. Como habéis visto, esta ciudad es irrecuperable, los No Muertos campan a sus anchas por ella. Seguramente lo estáis siguiendo a el por que os ha prometido que buscará un sitio donde vivir mejor y empezar de cero. Un lugar donde recuperar vuestras vidas. Y no me cabe duda de que lo encontrará. Sin embargo… Hasta que eso ocurra podrían pasar días, semanas, meses… Años. Muchos de vosotros es posible que no sobreviváis tanto tiempo.
—¿Qué es lo que pretendes?— le pregunté a Carlos, pero este no me respondió. Siguió hablando.
—Yo he venido aquí para proponeros que quien quiera seguirme que lo haga. Yo se de un lugar muy similar a este. Un lugar donde podréis empezar de cero y recuperar vuestras vidas. No es un lugar que esté cerca, pero os aseguro que yo si se a donde voy y lo que quiero. Por eso, sois libres de venir conmigo. Podríamos estar allí en unos días.
A mis espaldas escuché a la gente comenzar a murmurar. Incluso algunos comenzaron a pasar para unirse a Carlos. Una de ellas, una de los primeros fue la periodista Tina Morales, seguida de Butch.
—¿Qué coño estás haciendo?— preguntó Johana.
—El sabe muy bien a donde quiere ir. Yo me largo con el.
—¿Y a donde pretendes llevarles?— le pregunté a mi hermano.
—A Las Vegas. Por supuesto.
La revelación de mi hermano hizo que surgieran nuevos murmullos y que más gente pasara a su lado. Yo no pude evitar comenzar a tratar de convencer a los otros que eso no era buena idea. –Puede que allí tengan recursos, pero el que manda allí es un verdadero monstruo. No os dejará pasar. Os mataran.
—Y si van contigo morirán. Yo les estoy ofreciendo la oportunidad que no puedes ofrecerles tu a corto plazo.
En ese momento vi a Sandra pasarse a su lado mientras tiraba de su perro. Cuando estuvo junto a mi hermano me miró. –Lo siento, pero yo ya estoy harta de ir de un sitio a otro. Yo no dudo que algún día encuentres ese lugar, pero yo no estaré ahí para verlo.
Entonces vi a Alicia que caminaba con el bebé en brazos dispuesta a pasarse al otro lado, David salió detrás de ella. —¿Qué estas haciendo? No puedes irte con el.
—Solo estoy aceptando su propuesta. Se la clase de persona que es, pero ahora mismo su idea me parece la más razonable— Alicia se soltó de David y se plantó junto a Carlos.
David me miró. –No puedo dejar que se vaya ella sola con el. No puedo dejar así a mi familia… Lo siento…— David también se plantó junto a Carlos.
—¿Nadie más?— preguntó mi hermano. –No rechazaré a nadie.
Varias personas más se pasaron a su lado y yo me sentí derrotado. Mi hermano estaba dividiendo al grupo. Sentí tanta rabia que caminé hacia el con los puños cerrados con la intención de darle una paliza, pero entonces vi como Butch me apuntaba directamente a la cabeza.
—Quieto ahí. Déjalo estar y acéptalo capullo. No puedes obligar a nadie a quedarse a tú lado.
En ese momento David se puso delante de mí agarrándome de los hombros. –Yo cuidaré de los nuestros, pero ahora no hagas nada. No empeores esto… Y no nos guardes rencor.
En ese momento me di la vuelta, miré a los que habían decidido quedarse y luego miré a uno de los autobuses escolares. –Necesitareis un transporte— me había rendido. Había jurado que la próxima vez que viera  a mi hermano lo mataría, pero una vez más no estaba teniendo agallas para hacerlo. Ese acto podría hacer que más gente se pasara a su lado. –Vosotros ganáis. Podéis iros. Podéis coger la mitad de todo lo que tenemos.
Los del bando de mi hermano comenzaron a desfilar por nuestro lado bajo la débil lluvia que se nos había quedado acompañando.
Cuando ya habían cogido su parte y se habían subido al autobús que les había cedido. El vehículo comenzó a alejarse de allí. Ninguno de ellos salvo David volvió la vista atrás. Cuando su autobús desapareció, yo me dejé caer de rodillas, lloré y golpeé el suelo. Entonces noté una mano en mi espalda, alcé la cabeza y vi a Diana. Está entonces se agachó y me puso las manos en las mejillas, seguidamente se nos acercó Eva.
—Tenemos que irnos Juanma.

Yo asentí y caminé hacia los autobuses. La gente comenzó a ocupar sus puestos. Seguidamente los dos autobuses comenzaron a alejarse. Yo volví la mirada atrás y vi el cuerpo de Parker en el suelo cubierto con una manta. Y detrás de el, lo que había sido nuestra casa hasta ese momento. Nuestra lucha por la supervivencia volvía a comenzar.

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