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sábado, 13 de junio de 2015

NECROWORLD Capitulo 79

Día 24 de Enero de 2010
Día 581 del Apocalipsis…
Bloque de apartamentos…
10:45 de la mañana…

La ambulancia cruzó las puertas del garaje y terminó aparcada junto a uno de los autobuses escolares. Bajé de ella rápidamente y enseguida me vi asaltado por Eva y Vicky. Las cuales aparecieron rápidamente. Las dos se abrazaron a mí.
—¿Qué ha pasado? Hemos escuchado una fuerte explosión. Creíamos que os había pasado algo— dijo Eva apartándose un poco de mi para poder mirarme.
—Estamos bien, pero la explosión fue en el Garden— respondí al mismo tiempo que Butch y Mike salían de la ambulancia. Eva se los quedó mirando. –Nos encontramos con ellos por casualidad.
—Oye gran jefe— dijo Butch —¿Me puedes decir donde puedo encontrar un baño en el que pueda cagar. Llevo aguantándome las ganas desde que salimos de nuestra madriguera— en ese momento vio a Johana. –Hombre Johana. Pensaba que no volvería a verte.
—Escuchad. Hay que distribuir todo lo que hemos traído entre los autobuses. Al igual que los alimentos, mantas y ropa de abrigo. Por otro lado quiero que en todo momento, cada uno lleve un arma, me refiero a una pistola. Por lo que pueda pasar. Yo voy a contarles el plan a Butch y a Mike.
—Empiezas a parecer un disco rayado contando el plan a todos. Yo que tu iría pensando en dejarlo grabado en una grabadora o algo— dijo en ese momento Juan. El cual acababa de bajar de los apartamentos. –Me alegro de ver que os ha ido bien.
—Vosotros tampoco habéis tenido problemas por lo que veo— respondí. –Me alegro. Luego más tarde convocaré una reunión con todos los que estamos aquí. Será mañana por la mañana cuando iniciamos el ataque. Quiero que descanséis y comáis.
—Bien. Tengo ganas de dar caña a esos cabrones. Me alegro de que mañana sea el gran día— respondió Juan. –Y luego diremos adiós a la ciudad. Un día completo.
En ese  momento se me ocurrió una idea y me acerqué a Juan. —¿Sería posible que te adelantaras? Me refiero a ir hasta donde están Sandra y los otros. Hay que avisarles de cuando será el ataque. No tienen ni idea.
—No hay problema. Si salgo ahora llegaré en unas dos o tres horas aproximadamente. Puede que menos si no me pierdo— respondió Juan.
—No se perderá si voy con el. Me conozco muy bien los túneles— dijo en ese momento Sheila entrando en la conversación. –Si le acompaño llegaremos antes.
Juan y yo nos miramos. Luego la miré a ella. –Muy bien, pero tened cuidado.
Ambos. Juan y Sheila comenzaron a alejarse en dirección a la alcantarilla mientras los demás iban haciendo lo que les había dicho. Distribuyendo armas, comida, mantas y topa de abrigo entre los tres autobuses. Obviamente había gente del grupo que no estaba allí. A los que más me sorprendió no ver fue a mi hermano y a Eva. Ninguno de los dos estaba allí, lo que hizo que tuviera un mal presentimiento. Entonces comencé a correr en dirección a mi apartamento.
*****

Eva estaba sola en el apartamento, metida en la cocina preparando otra mochila con latas de conserva. Aun había muchas. En ese momento escuchó un ruido, pero no le hizo demasiado caso, seguramente había sido alguien del grupo que había entrado a por algo. Siguió con su tarea hasta que escuchó una voz familiar a sus espaldas.
—Lo que podríamos haber tenido tu y yo y que desgraciadamente no ha podido ser.
Eva se dio la vuelta y se encontró con Carlos, el cual dio unos pasos y entró en la cocina, seguidamente cerró la puerta detrás de el. Entonces se llevó un dedo a los labios.
Eva rápidamente se llevó la mano a la cintura esperando encontrar su pistola, pero no estaba, entonces recordó que la había dejado en el salón sobre una de las mesas.
—Aléjate de mí— dijo Eva. –Si no te vas…
—¿Qué harás? ¿Gritarás?— preguntó Carlos. –No armes escándalos innecesarios— Eva entonces quiso pedir ayuda, pero antes de que pudiera gritar, Carlos se lanzó sobre ella y le tapó la boca con la mano. Eva intentó zafarse, pero Carlos era demasiado fuerte para ella, la presa que ejercía sobre ella inmovilizándola, era brutal . Entonces se acercó más a ella. –Nadie podrá ayudarte ahora. Cállate, necesito hablar contigo. No voy a hacerte daño, te recuerdo que llevas a mi hijo en tus entrañas. Y yo a ti jamás te haría daño. Lo único que quiero es volver a sentir tu calor.
En ese momento Eva sintió como la mano de Carlos acariciaba sus muslos y se iba directamente a su pubis. Notó como este llevaba la mano hasta su vientre y luego la deslizaba dentro del pantalón, no tardó en empezar a palpar su vagina, introduciéndole en ese momento dos de sus dedos.
—Se que lo estás deseando. Y yo también… Y lo ocurrido hoy en el Garden me ha puesto cachondo perdido— En ese momento retiró la mano y le dio la vuelta y la tumbó sobre la mesa de la cocina mientras comenzaba a quitarle los pantalones y las bragas. El también comenzó a quitarse los suyos. –No te resistas y deja que ocurra. Será rápido.
*****
Llegué al apartamento de David a toda velocidad. Entré cruzando la puerta y vi a Vicky con Cristian. Yuriko estaba doblando unas mantas.
—¿Habéis visto a Eva?— pregunté casi en un balbuceo. Yuriko negó con la cabeza.
Salí del apartamento de David. En el de Sheila y Rachel no estaba, así que solo podía estar en un lugar. Corrí hacia mi apartamento y traté de abrir la puerta, esta no se movió, estaba cerrada desde dentro con llave. Entonces me imaginé lo peor. Me alejé unos pasos y entonces con el pie por delante me lancé contra la puerta haciendo que esta se abriera con un golpe seco. Me lancé hacia el interior y escuché un ruido que venía de la cocina, sin pensármelo dos veces corrí hacia ella y abrí la puerta. Entonces los vi.
Carlos estaba sobre Eva. Ninguno de los dos llevaba pantalones, y la expresión de Eva era de rendición con lágrimas en los ojos mientras Carlos la inmovilizaba.
No se lo que me ocurrió. Lancé un grito y entonces me lancé contra mi hermano totalmente furioso, lo agarré por el cuello de la camisa y tiré de el con todas mis fuerzas. Lo lancé contra la nevera y luego yo me lancé contra el para propinarle un puñetazo, este lo esquivó y yo estrellé mi puño contra la puerta superior de la nevera, sintiendo un dolor agudo. Momento que mi hermano aprovechó para agarrarme y comenzar a propinarme varios puñetazos en el costado. Ambos caímos sobre la mesa donde segundos antes había estado Eva. Rodamos sobre ella y caímos al suelo. Yo caí de espaldas y mi hermano sobre mí. Intenté incorporarme, pero el me agarró la cabeza con ambas manos y me la estampó primero contra la pata de la mesa, luego contra la pared y finalmente contra el suelo. Sentí como si estuviera a punto de perder el conocimiento.
—Esta es la última vez que te metes en mi camino. Deja de joderme la vida— dijo mi hermano dándome varios puñetazos en la cara.
No se como conseguí alzar la rodilla y asestarle un rodillazo en la entre pierna, pero este lanzó un grito de dolor cuando ocurrió. Agarré su cabeza con ambas manos y le propiné un cabezazo en plena cara. El cayó hacia atrás y yo me arrastré fuera de su alcancé mientras buscaba en mi cintura la pistola que aun llevaba encima. Cuando la agarré, desenfundé rápidamente y apunté a mi hermano con intención de disparar a pesar del mareo que llevaba encima.
Disparé tres veces y ninguna de ellas acerté. Las tres balas acabaron incrustadas en los muebles de la cocina mientras mi hermano a duras penas salía de la cocina. Me levanté lo más rápido que pude para ir tras el. Salí al salón y de repente mi hermano apareció de repente asestándome un golpe con una silla. Caí al suelo perdiendo la pistola. Entonces sentí una fuerte patada en el estomago, tan fuerte que noté que me quedaba sin respiración. Cuando quise darme cuenta, mi hermano estaba de pie a mi lado, con uno de sus pies pisándome el pecho y apuntándome con mi pistola.
—Aquí se acaba tu vida. Lo siento hermanito— entonces mi hermano apretó el gatillo, pero ninguna bala salió del arma. Esta se le había encasquillado. –Joder… Mierda— comenzó a trastear con el arma para intentar que funcionara correctamente, pero entonces comenzaron a escucharse voces en el pasillo.
Los demás que seguramente habían escuchado el ruido y los disparos que yo había efectuado habían acudido rápidamente. Mi hermano asaltado por el pánico comenzó a mirar en todas direcciones, seguidamente se alejó hacia la ventana, la abrió y salió por ella. Desapareciendo en la escalera de incendios bajo la lluvia. Segundos más tarde apareció David en la puerta seguido por todos los demás.
David se apresuró a ayudarme a incorporarme mientras otros entraban en la cocina para comprobar el estado de Eva.
—¿Qué ha pasado?— preguntó David, pero yo no respondí. Me puse de pie y apartando a todos fui directo a la cocina donde me encontré a Eva en el suelo en un rincón mientras era atendida por Alicia.
Me fui acercando mientras las lágrimas comenzaban a surgir en mis ojos. Me arrodillé ante ella y seguidamente la abracé. –Lo siento. Todo es culpa mía, si no lo hubiese dejado. Si lo hubiese cargado cuando tenía que haberlo hecho. El no te habría…
Entonces sentí las manos de Eva en mi cara. –Estoy bien. Llegaste justo a tiempo— En ese momento nos abrazamos sin dejar de llorar.
Afortunadamente no había pasado nada, pero pensar que de haber tardado más podría haber violado a Eva, me mataba. Eso no habría sucedido si no hubiese decidido darle esa oportunidad. Yo era el responsable.
Mike entró en la cocina en ese momento. –Lo hemos perdido en las calles. No sabemos donde está, pero va desarmado. No podrá llegar muy lejos así.
Pero Mike se equivocaba. Sabía muy bien como se las arreglaba mi hermano y sabía muy bien que no iba a morir así como así. El iba a seguir al acecho, esperando a poder volver a por más. A volver a por Eva. No nos dejaría en paz.
Minutos después María me comenzó a curar las heridas. Afortunadamente Eva no había sufrido daños, solo había que tenido que tomarse un par de valerianas para quitarse los nervios producidos por el susto.
—Te ha dado una buena ese chico. Esto te va a doler— en ese momento María me echó alcohol sobre la herida que tenía en la cabeza. Yo reprimí el grito de dolor.
—Ese chico es mi hermano. Al menos lo era— respondí. –Uno más de esos casos de gente que tras el fin del mundo pierde el norte.
—Antes de nuestro encuentro. Mucho antes estuvimos en un grupo más grande a las afueras de Atlanta. Todo iba bien. No pasábamos hambre ni frio. Nos dirigía un hombre. Su nombre era Kevin Lomax. Un buen tipo en apariencias. Al menos así es como se mostraba al principio. Tras el primer mes… — hizo una pausa para ponerme el primer punto. —… Tras el primer mes algo cambió y no nos dimos cuenta. Una chica del campamento desapareció. Había dejado una carta donde decía que se había marchado para intentar encontrar a su familia. Todos creímos en ello y por supuesto nadie hizo preguntas… Hasta que desapareció otra chica…
—Creo que ya se por donde van los tiros— dije antes de sentir una punzada de dolor con el segundo punto.
—Cuando desapareció la segunda chica la gente del grupo comenzó a murmurar. Hablaban del extraño comportamiento de Kevin con la desaparición de las chicas. Tenía una gran habilidad para tener siempre una respuesta para todo… Y para la caza. Un día cuando volvíamos a estar faltos de carne… Desapareció una tercera chica y la alarma saltó entre la gente del grupo. Como siempre, Lomax tenía explicaciones para todo. Una noche, mi hermano, el cual ya no está entre nosotros, lo siguió al bosque y vio como primero violaba a una de las chicas del campamento, la asesinaba y luego la iba descuartizando. Metiendo brazos y piernas en una bolsa. Ese cabrón era un loco que asesinaba a chicas tras violarlas y luego nos las daba de comer. No se cuanto tiempo estuvimos comiendo carne humana.
—¿Sigue vivo? Me refiero al tal Lomax…
—No lo sabemos. Nosotros nos marchamos después. Puede que siga vivo y puede que no. Espero que ese cabrón haya encontrado una muerte lenta y dolorosa— En ese momento María terminó de ponerme los puntos. –Esto ya está. Como nuevo.
—Gracias— respondí.
—Gracias a ti por acogernos en tu grupo. No nos quedaba demasiado cuando nos encontramos. Cuando todo comenzó a ocurrir salimos de Ciudad de México para cruzar la frontera. Esperando que las cosas fueran mejor aquí. Nunca desde entonces habíamos tenido suerte con otras personas. Perdí a muchos familiares por el camino. Ahora veo que aquí en este grupo tenemos una posibilidad— dijo María.
—Yo también he perdido a mucha gente. Demasiada, ningún grupo está a salvo realmente. Siempre habrá problemas y siempre perderemos a alguien.
—Lo se. Pero creo sinceramente que en este grupo nuestra esperanza de vida se alargará— respondió María. –Lo pienso de verdad.
María estaba mostrando tener fe en que permaneciendo con nosotros todo iría mejor. Sin embargo yo empezaba a tener dudas, tenía malos presentimientos sobre como terminaría el ataque. Esas cosas no suelen acabar bien del todo para nadie.

Manhattan… Túneles…
13:00 horas del medio día…

Mouse golpeó de nuevo al profesor y este cayó de lado tosiendo, enseguida escupió varios dientes bañados en sangre y saliva. Mouse lo agarró de nuevo y volvió a preguntar.
—No te lo repetiré más. ¿Por qué has matado a esa chica? No tenias el por que hacerlo— dos puñetazos más tumbaron al profesor que desde que había comenzado la tortura no había dicho nada. A pesar de que Mouse se había esmerado en intentar sacarle la verdad.
Mouse estaba recordando sus viejos tiempos. Aquella vez que fue el encargado de torturar a personas acusadas de cualquier cosa. El ejercito y la policía especialmente eran los que contrataban sus servicios, por que el era el mejor. Algo que dejó para siempre, o eso creía. En esos momentos lo invadía la ira, quería sacarle la verdad, quería saber el porque había acabado con la vida de la muchacha, pero no lo estaba consiguiendo.
—¡¡¡¡¡Habla de una puta vez!!!!!— le gritó Mouse al profesor, pero este siguió mudo. –Muy bien. Tu lo has querido así— Mouse agarró al profesor y lo llevo a rastras hasta el borde del agua. Una vez allí le hundió la cabeza, esperó un poco y cuando comenzó a bracear el profesor, le sacó la cabeza.
—…O no ui…— balbuceó entonces el profesor mientras tosía agua sucia y sangre.
Mouse se quedó escuchando. —¿Yo no fui? Respuesta incorrecta— volvió a hundir la cabeza del profesor y repitió lo mismo de antes varias veces más. –Sabes que quiero la verdad. Solo así es posible que te perdone la vida, solo puedes haber sido tú. Dime que fuiste tú y perdonaré tu miserable vida…¡¡¡Dilo!!! ¿Por qué la mataste?
*****

Ni Sandra ni los niños veían lo que estaba haciendo Mouse con aquel profesor, pero podían escucharlo. Escuchaban las voces que daba Mouse, eran tan altas que Sandra temía que los descubriesen. Mouse se estaba excediendo y estaba poniendo en peligro a todos. Sandra se estaba planteando seriamente en ir personalmente y terminar con aquello.
—Quiero que pare— dijo en ese momento Rebeca tapándose los oídos. Sandra se acercó a ella y la abrazó con fuerza. Se fijo que había más niños en la misma situación. Todos se estaban tapando los oídos para no escuchar lo que estaba pasando, todos menos uno.
Ese niño que permanecía en silencio y con la mirada perdida hacia la oscuridad. Sandra le acarició el cabello a Rebeca y le pidió que se calmara. Seguidamente se acercó al niño, este la miró y le sonrió.
—¿Cómo te llamas?
—Andy— respondió el niño. —¿Qué crees que le está haciendo?
Sandra alzó la vista en la dirección en la que venían los golpes y la voz de Mouse. –No lo se… Puede que le esté pegando para que diga la verdad. Tú no deberías estar escuchando eso. ¿Por qué no vas con tus amigos?
—Ese hombre es mala persona y un mal profesor. Merece que lo maten— dijo Andy volviendo a mirar hacia la oscuridad. –Bebía mucho y nos pegaba a veces a los alumnos.
Sandra no se esperaba para nada esa frialdad en un niño de esa edad. Aunque se podía imaginar que ese niño había visto cosas terribles. Como todos al fin y al cabo, aunque ese niño mostraba una expresión extraña. Casi como si estuviera disfrutando de lo que escuchaba. Sandra escuchó en ese momento un grito desgarrador y quiso llevarse de allí a Andy, pero cuando lo tocó. Este se revolvió y le lanzó una mirada.
—No vuelvas a tocarme puta de mierda.
Sandra no se esperaba para nada aquella reacción. Y mucho menos la mirada que aquel niño le dedicó. La encontró fría y cargada de odio.
*****

Mouse retiró la cabeza del profesor de debajo del agua y se dio cuenta de que no respiraba. Intentó reanimarlo varias veces dándole golpes en el pecho. Seguramente se había pasado y lo había ahogado.
—Vamos hijo de puta. Respira… ¡¡¡¡Respira!!!!
—¿Mouse?— la voz conocida de Sheila le hizo alzar la cabeza. Cuando lo hizo se encontró cara a cara con Sheila y otro hombre de aspecto fuerte. Ambos lo miraban sorprendidos. —¿Qué estás haciendo?— preguntó nuevamente Sheila.
—Este cabrón es un asesino. Mató a una chica. Yo solo trataba de sacarle la verdad— respondió Mouse mientras veía como el hombre que había llegado junto a Sheila se acercaba para tomarle el pulso al profesor. Cuando lo hizo miró a Mouse y luego a Sheila.
—Este está muerto— miró a Mouse. –Me temo que te has excedido un poco. Le has dejado la cara hecha un Cristo.
—¿Qué hacéis vosotros aquí?— preguntó Mouse mirando a ambos. –No esperábamos a nadie.
—Nos ha mandado Juanma. Quiere que os digamos que mañana por la mañana comenzará el ataque. Vinimos para avisaros. Sabremos que tenemos que movernos en esta dirección cuando comiencen los disparos. Sheila llevará a los niños hasta los autobuses mientras tú y yo nos unimos al grupo de ataque y distracción. Supongo que ya sabes de qué va la cosa. Por cierto, me llamo Juan— entonces se agachó, desenvainó el cuchillo y lo hundió en la cabeza del cadáver del profesor. Sheila y Mouse lo miraron extrañados. –Por si acaso.

Manhattan… Bloque de apartamentos…
18:45 de la tarde…

Estaba anocheciendo y parecía que la tormenta estaba amainando. Yo me encontraba frente a una de las ventanas mientras sostenía un vaso donde se estaba diluyendo una aspirina efervescente para el dolor. Tras la pelea había llevado a Eva a acostarse y yo aunque dolorido había ido a seguir trazando el mapa, después había decidido descansar observando la lluvia. No podía evitar echarme las culpas de lo ocurrido, por que evidentemente había sido únicamente culpa mía.
Alicia entró en el apartamento y pasó por detrás de mí en dirección a la habitación. Me di la vuelta y la miré. Vi que llevaba una bandeja y sobre ella una taza de café y varias tostadas en las que había untada mermelada. –Eva duerme— le dije.
—Lo se. Pero le traía esto para cuando se despierte— respondió Alicia.
Miré el vaso y vi que la aspirina había desaparecido, entonces me lo bebí de un trago para evitar notar demasiado el sabor amargo de esta. Dejé el vaso sobre la mesa y me acerqué a Alicia. –Yo se lo llevaré.
—¿Qué es lo que te pasa? Confiaste en tu hermano a sabiendas de que no se podía. Y luego hace esto. No deberías haberlo traído hasta aquí. Simplemente. ¿Ahora vas a proteger a Eva de todos? Prácticamente se la serviste en bandeja. Te confiaste demasiado y ya deberías haber aprendido de ello.
—Me confié por que es mi hermano. Creí que podía hacer que volviera a ser el que era. Pero ya está perdido… La próxima vez que vuelva a verlo acabaré con el. Ni siquiera me lo pensaré. No dejaré que os haga daño a ninguno, ni siquiera dejaré que se os acerque.
—Estuvo hablando conmigo durante la noche— declaró en ese momento Alicia.
—¿Y que te dijo?— pregunté sorprendido.
—Nada importante. Se dedicó a hablarme de la diferencia entre la vida y la muerte. Me habló de que yo tengo un hijo del que preocuparme y que no debería arriesgar su vida vagando por ahí como tú propones. Esperando a encontrar un lugar donde establecernos. Me dijo que el si sabía de un lugar en el que vivir tranquilos y seguros.
—¿Qué lugar?— pregunté. —¿Te lo dijo?
—No me dijo más. Solo dijo eso… Y creo que tenía razón…— respondió Alicia.
—¿Cómo puedes confiar en mi hermano después de lo que ha hecho?— pregunté –El no sabe nada. Ese lugar que dice no existe. ¿Acaso no confías en mí?
—Claro que confío en ti, pero es evidente que no sabes a donde ir. Simplemente quieres confiar en la suerte de encontrar un lugar en el que establecernos y vivir. Sin embargo tu hermano si que parece que sabe lo que quiere hacer. Al menos cuando estaba aquí. No se… Mira, da igual. Voy a descansar, mañana será un día largo.
Alicia se marchó de mi casa y yo me quedé solo en el salón. Me dejé caer en el sillón y me llevé las manos a la cabeza. Sentía que estaba perdiendo la confianza de los míos, y tampoco les faltaba razón. Hasta ese momento nada de lo que habíamos intentado nos había salido bien. Todo, absolutamente todo nos había salido mal y lo peor de todo era que se había pagado con vidas humanas. Recordé con tristeza que los únicos que quedábamos del grupo inicial éramos Alicia, David y yo. Y del grupo que sobrevivimos en Madrid tampoco quedábamos muchos. Eva, Vicky, Sandra y Cristian además de nosotros. Luci estaba en paradero desconocido de camino a Las Vegas o incluso ya estaría allí en las garras de Dorian. Ese era otro asunto que iba a solucionar, cuando pusiera a todos los demás a salvo, escogería un grupo con el que ir a Las Vegas para terminar lo que empecé y salvar a Luci si es que todavía seguía viva.
Apoyé la cabeza en un costado del sillón y cerré los ojos, quedándome dormido al instante. Tuve sueños en los que me volvía a encontrar en Puzol, aunque las casas, todas estaban en llamas y derritiéndose como si fueran cera. Sentía el olor de la carne descompuesta ardiendo, y entonces escuché una voz que me llamaba por mi nombre. Seguí la voz y entonces en lo alto de una especie de montículo en llamas vi a mis padres y a mi otro hermano de pie. Entonces se escuchaban disparos y estos caían abatidos sobre las llamas, enseguida comenzaban a derretirse como si fuesen muñecos de cera, dejando al descubierto sus calaveras. Entonces sentí una presencia a mis espaldas, cuando me di la vuelta me encontré cara a cara con mi hermano. Fue cuando sentí un fuerte dolor en el vientre, miré y vi como mi hermano me había clavado un gran cuchillo. La sangre que manaba de la herida comenzó a chorrear empapando mi ropa.
—Bienvenido a mi infierno hermanito— dijo mi hermano con tono cruel. –Aquí te quedarás para siempre.
En ese momento mi sangre se encendió como si fuera gasolina y las llamas me envolvieron, provocándome calor y gran dolor mientras escuchaba las carcajadas de mi hermano, el cual en esos momentos parecía haber aumentado en tamaño y parecía mirarme desde arriba. Entonces la visión cambió y vi a Eva mirándome, su vista estaba clavada en mi y en sus brazos sostenía  un bebé que se agitaba y arañaba su cara con las uñas podridas. En su vientre pude ver una mancha de sangre, era como si le hubiesen provocado un corte.
Un trueno me despertó de golpe y alcé la cabeza. Volvía a estar en mi apartamento, totalmente a oscuras. Miré mi reloj y vi que ya eran las nueve de la noche. Me levanté todavía con las imágenes de esa pesadilla en la mente. Me asomé a la habitación y comprobé que Eva seguía durmiendo. No quería despertarla, pero aun así entré casi de puntillas. Me acerqué a la cama y entonces escuché la voz de Eva.
—Estoy despierta. Hace rato que lo estoy…
Yo avancé hasta que me senté en la cama junto a ella. –No dejo de pensar en lo ocurrido con mi hermano. Yo soy el único responsable de ello. Nunca debí dejar que se quedara… Y mucho menos confiar en que estaría de nuestro lado. Te he puesto en peligro. Os he puesto a todos. Conoce nuestro plan y nada le impide ahora poner en sobre aviso a la gente de El Bebé. Como venganza
—Puede que lo haga y puede que no— respondió Eva. –Eso no impide que el plan se lleve a cabo. Afortunadamente no llegó a pasarme nada a mí tampoco.
—Pero podría haber sucedido— dije dándome la vuelta para mirarla. –Aun así, te juro desde este mismo momento que el para mi ha dejado de ser mi hermano… Por eso, la próxima vez que lo vea no dudaré en matarle.

Manhattan…
Madison Square Garden…

Carlos llegó al gran estadio. De este aun surgía una columna de humo a causa de la explosión de la mañana. La lluvia no había dejado que el incendio se propagara por el resto del edificio. Entró por la puerta que había entrado aquella misma mañana y recorrió el mismo camino que había recorrido hasta el lugar de la explosión. Una vez allí le asaltó el olor de cuerpos quemados y de sangre. Incluso pisó lo que parecía una oreja calcinada. Entonces escuchó unos murmullos entre los cascotes. Siguió caminando y vio al tipo rubio sentado en el suelo y apoyado a la pared, su pelo rubio había cambiado a un color marrón, una mezcla de polvo y sangre. El tipo lo miró y Carlos retrocedió cuando vio que tenía un fusil en las manos, pero cuando vio que no lo alzaba volvió a acercarse mientras ese hombre murmuraba algo en alemán. No parecía tener mucho sentido lo que decía, seguramente estaba delirando.
—Los escorias me dais un asco tremendo, pero debo admitir que sois muy resistentes. Tu al menos sigues vivo— dijo Carlos observando los cuerpos de los demás. Entonces se fijó en uno de los cadáveres, el más cercano al herido. Este cuerpo tenía un agujero en la cabeza, lo que hizo que Carlos soltara una carcajada. –No me jodas. A ver, déjame ver. –Carlos comenzó a inspeccionar las heridas del miembro de la guerrilla que seguía vivo, hasta que encontró lo que buscaba, lo encontró en su costado. Se trataba de un mordisco. –Te ha dado un buen mordisco. Por eso estás así, has perdido algunos dedos, pero no deliras por eso. Estás delirando por que la infección comienza a extenderse por tu cuerpo. Pueden quedarte un par de horas como mucho. No te preocupes, aunque os deteste a ti y a los tuyos te haré el favor de no dejar que te conviertas en un caminante. Soy alguien generoso después de todo— Carlos agarró del pelo al tipo y este le dijo algo mirándole directamente, pero lo dijo en alemán –No se que es lo que me has dicho, pero seguro que es algo encantador— Carlos apretó la cabeza de aquel hombre contra su pecho mientras cogía la pistola que este llevaba en su cintura, seguidamente la acercaba a la sien de este y apretó el gatillo.
La bala atravesó la cabeza del miembro de la guerrilla que había dirigido todo el ataque a Manhattan. Seguidamente Carlos lo empujó para alejarlo de el y luego lo registró para ver que más llevaba además de la pistola y el fusil que todavía sujetaba con su mano sana. Carlos había regresado al Madison Square Garden. Sabía que quizás no dentro de la sala donde había hecho detonar la bomba, pero sabía que los tipos aun debían conservar las suyas, la explosión no los había alcanzado de lleno, no al menos a los que vieron en principio. Ahora ya tenía lo que necesitaba, aun no había dicho su ultima palabra en todo el asunto, aun le quedaba algo por hacer.

Día 25 de Enero de 2010
Día 582 del Apocalipsis…
08:00 de la mañana…

La noche había pasado rápidamente. Con las primeras horas del amanecer habíamos comenzado a movilizarnos en el garaje para partir. Había vuelto a comenzar a llover con fuerza. En unas pocas horas si todo salía bien, estaríamos alejándonos de Manhattan con los rehenes rescatados. ¿Dirección y lugar al que dirigirnos? Eso era algo que todavía no sabíamos ninguno de nosotros. Todos comenzamos a subir a los autobuses, David, Rachel y yo íbamos en uno, cuando llegáramos a la calle donde se quedarían, los tres bajaríamos y entraríamos en las alcantarillas para salir por la boca de alcantarilla ubicada en el jardín de la iglesia para sacar a los rehenes de dentro mientras los captores estaban ocupados con el tiroteo.
Los tres autobuses salieron del garaje y Rachel comenzó a dar indicaciones, nos cruzamos con varios caminantes. Eran pocos y no eran un problema, aunque era evidente que cuando el ruido comenzase, todos los de la ciudad acudirían al punto exacto, al menos los que se quedaran en los autobuses esperando estarían a salvo. Los que más peligro correrían seriamos los demás, ya que estábamos más expuestos para cuando llegaran las hordas de No Muertos.

08:30

Llegamos a la calle indicada. La iglesia estaba a un par de calles de nosotros. Si nos asomábamos a una de las calles podíamos verla. Comencé a dar indicaciones al grupo de ataque de distracción, los cuales comenzaron a avanzar por las calles en dirección a la iglesia. Por nuestra parte, David, Rachel y yo entramos en las alcantarillas y avanzamos hasta que nos encontramos con Juan, Sheila, Mouse, Sandra y los niños.
—Muy bien. Sheila y Sandra, comenzad a trasladar a los niños. Juan, Mouse, necesito que vosotros ocupéis posiciones en la superficie. Cuando estéis organizados quiero que disparéis un par de veces al aire. Eso atraerá a los de dentro. Exigidles que liberen a los rehenes. Se negarán, no los entregaran. De hecho os atacarán. Esa será nuestra señal para comenzar nuestra parte— les expliqué.
Todos estuvieron de acuerdo y comenzaron las despedidas. Vi como Sheila y Rachel tenían una despedida un tanto fría. Antes de irse miré a Juan.
—¿Qué ocurre? ¿Algo que decirme?
—Es una pregunta más bien— le respondí. —¿Crees que hoy los dioses están de nuestro lado?
Juan sonrió. –Los dioses siempre están de nuestro lado. Solo hay que saber cuando tenerlos contentos. Esto es una de esas cosas. Todo saldrá bien. Ahora vamos.
Mientras David, Rachel y yo tomamos posiciones mientras Juan y Mouse subían a la superficie.
*****
Juan y Mouse tomaron posiciones y fue precisamente Juan quien disparó al aire. No tardaron en abrirse un par de ventanas de la iglesia. Cuando se abrieron, Juan comenzó a hablar.
—Hemos venido a por los rehenes que tenéis. Dejadlos ir y nadie saldrá herido.
La respuesta a Juan no tardó en llegar, pero lo hizo en forma de bala que acabó estrellándose a su lado. No tardaron en abrirse más ventanas en la iglesia de las que se asomaban los cañones de varios fusiles.
—Parece que la negociación a sido corta— dijo Mouse mirando a Juan.
—Comienza el baile— Juan se asomó y al mismo tiempo que disparaba ordenó el fuego.

*****
El sonido de los disparos nos hizo que nos miráramos. Era el momento de salir al jardín y rescatar a los nuestros.
—Que nada haga que os echéis atrás. Ya sabéis a lo que hemos venido. Tenemos que sacarles de ahí y largarnos a toda velocidad. Y no abandonéis las coberturas a menos que sea estrictamente necesario. ¿Queda claro?

David y Rachel asintieron. Entonces miré hacia arriba, puse mis manos en la tapa y empujé hacia arriba dejando que el agua de la lluvia me empapara al mismo tiempo que el sonido del tiroteo se hacía más audible.

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