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sábado, 30 de mayo de 2015

NECROWORLD Capitulo 77

Día 23 de Enero de 2010
Día 580 del Apocalipsis…
Manhattan… Bloque de apartamentos…
16:50 horas de la tarde…

Mi hermano y yo abrimos la puerta del garaje y la ambulancia pasó a toda velocidad hacia el interior seguida por varios caminantes que Carlos y yo nos apresuramos a abatir. La ambulancia se detuvo y de ella bajó rápidamente Rachel, esta pasó junto a mí y accionó la palanca de la puerta. Esta bajó y los No Muertos se quedaron aporreándola al otro lado. Después de eso me acerqué a la ambulancia, donde sus ocupantes estaban bajando. Les di un abrazo a mis más cercanos y me fijé en la chica que estaba tumbada.
—¿Qué le ha pasado?— le pregunté a Sheila. —¿Le han mordido?
Sheila negó con la cabeza. –No, pero estaba herida. Yo la curé. Ahora solo tiene que guardar reposo.
—Muy bien. Subidla a mi apartamento o al de David— le dije mientras veía pasar a mi hermano junto a mi al tiempo que les lanzaba una mirada a los recién llegados. Una mirada que no me gustó demasiado. –Ahora me reuniré con vosotros y os explicaré como están las cosas.
Me alejé de Sheila y me planté delante de mi hermano. Tendí la mano hacia delante y Carlos me miró directamente a los ojos. –Dame el arma— le pedí. –No quiero que tengas un arma hasta que no hagamos lo que tenemos que hacer.
Carlos sonrió y me la dio. Aunque creí que pondría pegas. –Muy bien. Toma, toda tuya. Yo no la necesito ahora mismo.
Carlos me rodeó y se alejó hacia la puerta. Yo por mi parte regresé a la ambulancia para ayudar a bajar la camilla donde estaba tumbada Alexandra. Cuando vi a Stacy me fijé en que también estaba herida, pero ella estaba en mejores condiciones.
—¿Qué tal te encuentras tú? ¿Todo bien? Luego quiero comentarte algo— entonces miré a Alexandra. –No te preocupes. Pronto te pondrás bien.
Subimos los pisos y vi como Sheila se paraba delante de su casa, sacaba las llaves y abría la puerta. –Nosotros nos quedaremos aquí. Estaremos menos apretados si vamos todos a tu casa o a la de David.
—Muy bien. Ahora bajaré a explicaros todo. Primero tengo que avisar a los demás de que habéis regresado.
Dejé a todos los recién llegados en casa de Sheila y Rachel. Seguidamente subí a toda velocidad, cuando llegué al pasillo donde estaba mi apartamento escuché la voz de Laura a mis espaldas. Me di la vuelta y la miré.
—No se que estás planeando, pero si es recuperar la ciudad va a ser imposible.
—No— le negué –No quiero recuperar la ciudad. Como bien dices es imposible. Tengo un plan, créeme, os lo contaré luego con pelos y señales, pero ahora quedaros en casa de Sheila y descansad, recuperad fuerzas. Lo necesitáis. Mañana será un día largo para todos.
—¿Qué ocurrirá mañana?— preguntó Laura.
—Os lo contaré después. Ahora nos vemos— le respondí a Laura. Seguidamente me di la vuelta y me acerqué a la puerta de mi apartamento, la crucé y me encontré con todos los demás. Mi hermano también estaba allí, se había sentado en un sillón y Juan lo estaba vigilando, fue precisamente el quien se acercó a mi primero.
—¿Eran los demás? ¿Sheila y los otros?…— preguntó Juan. —¿Están bien?
—Si. Están bien— miré a mi hermano que estaba sentado detrás de Juan. —¿Se lo has contado tú?— mi hermano asintió y yo miré a los demás. –Bien. Como ya sabéis ahora somos unos pocos más, con lo cual somos más los que nos vamos a marchar, luego les contaré el plan a todos ellos. Lo que está claro es que en los autobuses se quedarán unas cuantas personas más. Alexandra y Stacy, están heridas y ellas se quedarán con Eva y Alicia. También hay un muchacho joven y están también Sheila y Laura. Sheila… No hace falta decir que ella es la más importante de todos nosotros. Laura no está hecha para el combate.
—¿Se quedarán ahí abajo? En casa de Sheila y Rachel— preguntó Alicia.
—Si. Será lo mejor. Debemos estar repartidos para no estar tan apretados. Respecto a Sheila, quiero que ella se quede en el autobús con vosotras por que tendrá que ocuparse de curar a los heridos.
—También está María— dijo en ese momento Yuriko. –Esa mujer tampoco está hecha para el combate. Creo que ella haría mejor quedarse en los autobuses.
Me quedé un rato pensativo al recordar a esa mujer, no me acordaba en un principio quien era, pero caí en la cuenta de que se trataba de la mujer Mexicana.
—Creo que antes de meterlos en grupos deberías explicarles a ellos el plan. No a nosotros— dijo Johana cruzándose de brazos. –Nosotros conocernos el plan y estamos de acuerdo, pero ellos aun no saben nada. Cuéntaselo y que decidan donde quieren estar.
Johana tenía razón, no podía decidir así el puesto de unos recién llegados que aun no sabían nada de lo que íbamos a hacer. Tenía que contárselo y de paso decirles a Alexandra y a Stacy que había más supervivientes de Portland. Ya les había dicho a los demás que habíamos aumentados en numero, ahora debía bajar a decirles a los demás lo que íbamos a hacer. Salí de mi apartamento y bajé los escalones, cuando estuve en la puerta del apartamento de las dos chicas llamé a la puerta y fue el muchacho joven quien me abrió.
—Gracias— dije al entrar. Seguidamente avancé hacia el salón y allí me encontré con todos los que estaban sanos. Seguramente Alexandra estaba acostada en una de las habitaciones siendo vigilada por Stacy.
—¿Todo bien?— preguntó Laura.
—Si— respondí. –Muy bien. Tengo algo que contaros a vosotros. Luego se lo diré a Stacy y a Alexandra— les conté el plan que había tenido, lo hice con pelos y señales, todos estuvieron de acuerdo, aunque el muchacho y su padre optaron por ayudar al grupo que atacaría, y  aunque al principio la madre se oponía, no tuvo más remedio que aceptar que tanto su marido como su hijo querían ayudar.
—Yo quiero estar en tu grupo— dijo en ese momento Rachel. –Quiero ayudarte en esas dos partes, lo del Garden y lo del jardín de la iglesia. Necesitarás los ojos de alguien más sobre tu hermano. No me fio de el. Vi como nos miraba cuando nos vio llegar.
—Está de nuestro lado— respondí. –El está solo, no creo que se atreva a hacer nada.
—Iré contigo y no hay más que hablar— dijo Rachel. Como sabía que no la iba a hacer cambiar de opinión, opté por aceptar que viniera con David, con mi hermano y conmigo. No comprendía muy bien esa decisión, pero me imaginaba que tras lo sucedido con los hombres de Dorian, temía pasar demasiado tiempo junto a Sheila y derrumbarse, haciendo entonces que Sheila lo descubriera todo.
Después de eso me acerqué a la habitación, nada más entrar me encontré con Alexandra tumbada en la cama y a Stacy sentada en una silla a su lado, sin despegarse.
—¿Qué tal estáis? Siento lo ocurrido en Portland— dije al tiempo que entraba y cerraba la puerta detrás de mi. Avancé hasta otra silla y me senté mientras ambas me miraban, entonces continué hablando. –Supongo que me culpareis de lo ocurrido en vuestra comunidad, ya que era a nosotros a quienes buscaban.
—Estamos bien. Y no te culpamos. Eso es algo que habría pasado tarde o temprano, solo ocurrió casualmente mientras estabais vosotros allí. Además, si alguien es responsable de ello… Esa soy yo, fui yo quien os llevé.
—Yo también estoy bien. Creo que en un par de días podré hacer vida normal otra vez— dijo en ese momento Alexandra. –Bueno, si a algo de ahora se le puede llamar vida normal.
—De eso quería hablaros. Nos vamos de Manhattan. De hecho mañana dos grupos saldremos del edificio para llevar a cabo dos tareas. Unos irán a por unos autobuses, los cuales usaremos para salir todos de aquí. Y otro grupo en el que yo estaré, iremos al Madison Square Garden a buscar armas, las necesitaremos si queremos sobrevivir ahí fuera— les conté el resto del plan, el que incluía la parte del rescate de los que estaban en la iglesia. En el cual, aunque no podían participar activamente estuvieron de acuerdo. Entonces llegó el momento de contarles lo de las chicas que habíamos traído de Portland. Se lo conté todo y sus caras se iluminaron, por lo visto no contaban con que había más chicas que habían sobrevivido.
—¿Cuándo iremos a por ellas? ¿Están bien?— preguntaba Stacy.
—Si. Están bien. Las dejamos a salvo en un parking. Las recogeremos cuando nos vayamos de aquí. No las trajimos pensando que no era bueno para ellas, y de hecho, tras ver lo que tenemos encima… Creo que hicimos lo más lógico.
—Yo puedo ayudar con el rescate— dijo en ese momento Stacy. –Puede que esté herida, pero no estoy inútil. Puedo ayudar en ese momento.
—¿Estás segura? No sabemos mucho de cuantos son los que están en la iglesia reteniendo a la gente. Sabemos quien los dirige y poco más, no sabemos ni su número ni las armas que poseen ni si están especializados en tácticas militares. No sabemos nada más.
—No sabéis nada en realidad. Vais a ir a ciegas a por ellos para rescatar a un grupo de gente que no sabéis si viven o mueren. Es arriesgado— dijo en ese momento Alexandra. –La cosa podría no acabar bien para ninguno.
—Lo se, pero no podemos que hacer otra cosa. Solo podemos confiar en que no hayan matado a los rehenes… Al menos no todavía y no a todos.
—¿Tienes seres queridos entre esos rehenes?— preguntó Stacy. –Supongo que si. Si no, no harías esto. Normalmente en casos como este…— Stacy hizo una pausa. –La gente suele dejar a los otros atrás. Solo se salva a los que uno tiene más cerca.
—No es mi caso. Y si, entre esos rehenes hay gente que me importa— respondí pensando en Diana. –Por eso me niego a pensar que están muertos. Y si están muertos… Me ocuparé personalmente de que lo paguen caro. Bueno, descansad y comed cuando tengáis hambre. Yo voy a terminar de ultimar los preparativos.
Salí de la habitación y de nuevo en el salón me encontré con los demás salvo con Rachel. Está se había marchado, entonces Sheila se me acercó.
—¿Puedo hablar contigo?— preguntó Sheila, yo asentí y ella me llevó hasta la cocina. Una vez allí cerró la puerta y me miró. —¿Qué le pasa a Rachel? La noto rara.
Temía ese tipo de preguntas por parte de Sheila. Le había prometido a Rachel que no le diría nada a Sheila, pero en esos momentos Sheila no parecía que se fuera a quedar satisfecha sin respuestas.
—Han pasado muchas cosas. Es normal que esté un poco traumatizada— respondí. Mintiendo obviamente.
—Rachel no es así. Aquí hay algo más que no queréis que me entere. Esperaba que tú me lo contaras. Se supone que somos amigos. Así que dime. ¿Qué es lo que le pasa a Rachel? Dímelo Juanma.
Me quedé callado unos segundos y respondí lo primero que se me ocurrió, otra mentira. –Rachel disparó a una niña que había sido mordida. No tuvo más remedio. Luego disparó a una chica que amenazaba su vida. La chica estaba confundida y matarla fue lo único que Rachel pudo hacer. No le digas que te lo he contado, temo que se derrumbe. No es nada fácil. Solo dale tiempo para que vuelva a ser la Rachel de siempre, por cierto. ¿Dónde está?— le pregunté finalmente.
—Dijo que iba a subir a la azotea a llenar cubos con el agua de la lluvia. No tenemos agua para todos en casa— respondió Sheila.
—Muy bien— respondí. –Yo vuelvo a casa, vosotros descansad y estad tranquilos. Mañana será un día largo y duro.
Salí del apartamento de las chicas y me fui directo a mi casa. Cuando subí los escalones y me encontré en el pasillo me quedé quieto. Entonces, en lugar de entrar a mi casa subí hasta la terraza, cuando llegué y abrí la puerta me encontré alrededor de veinte cubos de agua llenándose con el agua de lluvia, busqué a Rachel con la mirada, pero no la vi, entonces escuché un sollozo. Entonces la vi a cubierto, estaba sentada debajo de un toldo improvisado, cuando me vio se secó las lagrimas.
—Lo siento. Creía que seguía estando sola. No soporto que me vean llorar— Rachel se pasó la manga por los ojos. –He tenido que irme de casa por que no podía aguantarle la mirada a Sheila, por eso he optado por acompañarte con lo de conseguir las armas. No soporto que me mire, por que cada vez que me mira, los recuerdos de ese momento se clavan en mi. Si me ve así, al final se acabará enterando.
—Ya sospecha que te pasa algo. Incluso me preguntó a mí. Tuve que mentirle diciéndole que estás así por que tuviste que disparar a una niña a la que habían mordido. Lo siento, me vi atrapado— le respondí mientras me acercaba a ella –No se me ocurrió otra cosa, pero sinceramente, creo que deberías decírselo en algún momento.
—No te preocupes. Has hecho bien, lo importante es que no sepa que me han violado. No lo soportaría, no soportaría su mirada entonces. Ya es duro ahora, imagínate como sería cuando se entere.
En ese momento la abracé y le di un beso en la frente, en esos momentos pude notar que estaba temblando, pero no era de frio. –No te preocupes. Te aseguro que nunca más dejaré que te ocurra nada. Te lo prometo, prometo que os sacaré de aquí a todos y que encontraremos algún lugar donde empezar de cero.
—Aquí ya habíamos empezado de cero y mira como hemos acabado. A veces pienso que estamos viviendo un tiempo prestado, uno que nos pueden quitar cuando les plazca. Como si fuera un juego macabro. Pienso que no hay ningún lugar donde podamos empezar realmente de cero. Que siempre ocurrirá algo que o acabará con nosotros o nos hará largarnos. Nunca seremos felices.
—Sin embargo yo si pienso que ese lugar existe y que algún día lo encontraremos. Solo tenemos que seguir buscando y sobreviviendo. Poniendo todo nuestro empeño en ello. Yo lo daré todo para que podamos ser felices en algún lugar.
—Hablas como un autentico hermano mayor— dijo en ese momento Rachel. Pude ver una débil sonrisa en sus labios. –Eso me gusta. Y también me gusta tenerte a mi lado. Eres quizás una de las personas más importantes para mí. Te he cogido mucho cariño.
Esas palabras de Rachel me hicieron quedarme pensativo. Quizás si en Puzol me hubiese empeñado en buscar a mi familia, en esos momentos Carlos sería de otra manera, mis padres estarían vivos y mi otro hermano también lo estaría. Ciertamente me sentía culpable, prácticamente estaba recogiendo lo sembrado, estaba recogiendo mis propios demonios. Los cuales sentía como que cada vez estaban más sobre mi.
*****

Sheila había decidido ir a ver a Rachel. Ahora que sabía lo que había ocurrido necesitaba hablar con ella y decirle que no se preocupara. Necesitaba abrazarla y expresarle lo que sentía por ella, demostrárselo. Salió de su apartamento y comenzó a subir los escalones. Cuando llegó a la azotea escuchó a alguien hablar. Se quedó oculta y se asomó lentamente, entonces los vio, estaban debajo de un toldo abrazados. Eran Juanma y Rachel. Ella lo había rodeado con sus brazos y parecía estar muy a gusto con el. Entonces sintió como una punzada en el corazón, fue en ese momento cuando pensó en algo impensable hasta ese momento. Primero Rachel estaba extraña y segundo, Juanma le había contado algo que a ella le había parecido una excusa barata. Le había dicho que Rachel estaba así por algo que había ocurrido en Portland, y eso era algo que no le cuadraba para alguien con el carácter de su pareja. Entonces, al verlos allí bajo el toldo, abrazados, sintió que todo estaba cobrando mucho sentido. Se sintió morir al pensar que Juanma y Rachel podrían estar juntos y que le estaban mintiendo con toda la cara del mundo. Rápidamente se tapó la boca con la mano para que no se le escuchara sollozar. Antes de que pudieran descubrirla, se marchó de allí llorando y pensando que todo su mundo se había venido abajo.

Manhattan… Túneles…
19:00 horas…

Se había perdido varias veces al intentar dar un rodeo para evitar las corrientes de agua que se habían formado allí abajo, pero finalmente había llegado junto a Mouse y los otros. Nada más llegar, Mouse corrió a su encuentro.
—Has tardado mucho. Comencé a creer que te habías ido de fiesta sin nosotros. ¿Cómo te ha ido? ¿Alguna novedad?— preguntó Mouse expectante, entonces vio la sonrisa en la cara de Sandra. –Imagino que eso es un si.
—Juanma y los que se habían ido han vuelto. Tienen un plan para rescatar a los que están en la iglesia y para salir de aquí todos juntos— seguidamente, Sandra les contó todo el plan. Todo con pelos y señales.
—¿Y cuando será lo del ataque?— preguntó Mouse.
—Eso no lo se— respondió Sandra. –Se que mañana por la mañana irán a buscar lo necesario. Respecto al ataque, Juanma tendrá que salir por aquí— señaló la boca de alcantarilla que tenían a unos metros por encima de sus cabeza. –Supongo que cuando lleguen por aquí nos darán más detalles. Por cierto— Sandra se descolgó la mochila del hombro. –He traído comida para los niños.
Los niños comenzaron a coger su ración, incluso el profesor y 14K se apresuraron a coger su parte. Aunque 14K lo hizo con varios problemas para caminar mientras se tocaba el pecho, el lugar exacto donde tenía la herida de bala. Cuando se alejó, Mouse miró a Sandra.
—Está bastante fastidiada. Temo que no dure un par de días más, si esto se alarga mucho puede que se nos muera. Imagínate que se nos muere mientras dormimos. Estamos en peligro si se muere…— dijo Mouse, en ese momento el y Sandra miraron a su nueva compañera, la cual estaba sudando a mares. Probablemente tenía la herida infectada.
—¿Y que hacemos?— preguntó Sandra. –No podemos matarla por que si, ni tampoco podemos dejarla en un lugar donde esté apartada de nosotros. Sugiero que hablemos con ella y se lo contemos. Será mejor que esperar. Y si los niños se enteran… Podría cundir el pánico. Lo cual no nos ayuda. Si aquí abajo ocurre algo nos descubrirán, y ahí si que estaremos jodidos.
En ese momento escucharon unas voces que venían de arriba. Sandra se apresuró en lanzarse sobre su perro para que este no comenzara a ladrar. Mientras, Mouse iba pidiendo silencio a los demás mientras se encaramaba a la escalera de mano y comenzaba a subir lentamente para no hacer ruido. Cuando estuvo cerca de la tapa de hierro, pudo escuchar mejor las voces, aunque estas se confundieran con el sonido de la lluvia. Se trataba de dos personas, uno de ellos tenía voz similar a la de un ratón. Subió un poco más y a través de un agujero en la tapa vio a El Bebé junto a uno de sus gorilas, el cual portaba un paraguas para impedir que su jefe se mojara.
—No hay forma de recuperar esta ciudad. Por lo tanto, deberíamos marcharnos y buscar otro sitio— decía el bebé. —¿Qué os parecería si nos mudamos a Las Vegas? Mi buen amigo Dorian seguro que nos recibe con los brazos abiertos.
—Pero jefe… Tengo entendido que Dorian es un loco y un sádico…— respondió un hombre al que no podía ver debido a que estaba fuera de su campo de visión, pero este no parecía estar muy convencido de la decisión de su jefe.
—Dorian es un sádico, pero es muy razonable. No nos pondrá pegas, pero somos demasiados— respondió el bebé –Algunos sobran.
—¿Entonces los mataremos a los que sean prescindibles?— preguntó el hombre al que no podía ver. —¿Cuándo lo haremos? ¿Cuándo nos marcharemos?
—De momento no hay prisa. Aun nos queda comida aquí, cuando se nos acabe nos marcharemos. Además, puede que para entonces los caminantes se hayan dispersado. Por otro lado será divertido que nuestros rehenes se vayan muriendo solos de hambre o matándose entre ellos por un trozo de pan. Cuando eso ocurra, podremos irnos de aquí tranquilamente.
Mouse ya había escuchado suficiente. Bajó las escaleras y se encontró con una impaciente Sandra. La cual estaba deseando que le contara lo que había escuchado.
—¿Qué es lo que dicen?— preguntó Sandra.
—Están hablando sobre largarse de aquí y dejar morir de hambre a los rehenes. Solo por diversión. Espero que Juanma y los demás no se demoren, por que las vidas de los rehenes están en sus manos. Y las nuestras también…
—¿Qué quieres decir?— preguntó Sandra.
—Cuanto más tiempo estemos por aquí. Más posibilidades hay de que nos descubran.
Mouse tenía razón. Allí abajo eran varios, incluidos niños. Los cuales llegaría un momento que no aguantarían más allí. Intentarían salir y entonces los descubrirían. Y también estaba el asunto de la chica, de 14K. Ciertamente no podían tardar mucho, había demasiado en juego.

Manhattan… Bloque de apartamentos…
23:00…

La mayoría estaban durmiendo. Yo estaba en la cocina de mi casa sentado. Estaba preparando un mapa para situarnos mejor a la hora del rescate. Al lado tenía una botella de agua a la que de vez en cuando le daba un largo trago. Fuera, en la calle, la tormenta seguía azotando la ciudad de Manhattan de forma salvaje. Alumbrado por una bombilla noté que esta comenzaba a parpadear dentro de una pequeña lámpara, iba a tener que cambiarla de un momento a otro. Justamente en ese momento un trueno me hizo sobresaltarme. Entonces la bombilla se apagó y me apresuré a buscar en el cajón de la cocina una bombilla de repuesto. Cuando la cambié, me senté para seguir con mi trabajo.
—¿No duermes?
La voz de la periodista me hizo girarme. Entonces la vi en la puerta. Esta entró en la cocina y vi como se acercaba a uno de los cajones. Entonces sacó una caja de aspirinas.
—Ahora mismo hay cosas más importantes que dormir. Tengo que hacer esto— entonces le acerqué la botella de agua para que llenase el vaso que acababa de coger de uno de los armarios. —¿Jaqueca?
La periodista sonrió. –Si. Me suele pasar cuando estoy muy estresada.
La periodista rodeó la mesa y se sentó en la silla que había frente a mí mientras echaba la aspirina dentro del vaso. Mientras la aspirina se disolvía en el agua, vi como la periodista echaba mano de la bolsa que siempre llevaba encima, entonces vi que sacaba una cámara de video, la cual dejó sobre la mesa.
—¿Qué está haciendo señorita Morales?— le pregunté al tiempo que observaba el aparato. Ella se llevó el vaso a la boca y se lo tomó de un trago, luego me sonrió. –Me preguntaba si podía hacerte una entrevista. Será algo corto, lo prometo.
—No estoy de humor y tengo trabajo que hacer. Además, una entrevista ahora no sirve de nada. Nadie va a estar ahí para verla… Y mucho menos para darle un premio por ella. Tampoco se hará la película ni usted escribirá el libro.
—Tal vez, pero prefiero creer que habrá algún día que las futuras generaciones quieran conocer nuestra historia. Al fin y al cabo, es algo que tu, por lo que he podido escuchar, también piensas que llegará. Me refiero a ese día que podamos vivir una vida mejor en un lugar donde no hayan llegado estos seres. Lo único que quiero es que dejemos nuestro legado.
—Nuestro legado…— murmuré. Entonces dejé el lápiz sobre el mapa y miré a la periodista. –Muy bien. ¿Por donde quiere que empiece?
—Por el principio. Primero diga su nombre— la periodista encendió la cámara y la puso mirando hacia mi.
—Mi nombre es Juanmanuel Martínez. Y esta es mi historia…— comencé a decir.
*****
Sheila estaba acostada cuando vio regresar a Rachel. Esta había estado hasta entonces en la azotea. No había bajado ni siquiera a cenar con todos los demás. Rachel cerró la puerta de la habitación y avanzó hasta la cama, entonces se tumbó junto a Sheila.
—¿Por qué no bajaste a cenar?— preguntó en ese momento Sheila.
—No creí que estuvieras despierta todavía. No bajé por que necesitaba estar sola. Necesitaba pensar— respondió Rachel. –Últimamente no estoy en mi mejor momento.
—Si… Ya…
—Juanma me ha dicho que te ha contando lo que ocurrió en Portland. Lo de la niña y todo eso. Ahora que lo sabes quiero que me des tiempo para superarlo y asimilarlo. No es sencillo. A veces pienso que no podré superarlo.
—Te veo muy cercana a el…— dijo Sheila en la oscuridad e intentando reprimir las lagrimas que estaba a punto de derramar. Las palabras de Rachel no le sonaban sinceras, no después de lo que había visto en la azotea. Sus sospechas eran otras.
—Es buena persona. Nos hemos hecho amigos. Solo eso— respondió Rachel. –Puede que yo no estuviese aquí de no ser por el.
—Supongo que te sientes como que le debes la vida.
—Así es— respondió Rachel a la vez que recuerdos de la violación asaltaban su mente de nuevo. Volvió a sentir el dolor que le provocaron. –Sheila, tenemos que dormir. Mañana será un día duro— seguidamente Rachel se dio la vuelta y besó a Sheila en los labios. Entonces notó cierta frialdad en Sheila, pero no dijo nada. Simplemente cerró los ojos y esperó a sentir el abrazo de Morfeo, esperando que las pesadillas no volvieran.
*****
Eran las cuatro de la madrugada cuando terminé de dar mi testimonio a la cámara de la periodista. La cual escuchó con atención todo el relato. No hubo preguntas. Simplemente se limitó a escuchar. Cuando terminé, la periodista dio por zanjada la grabación, se aseguró de que estuviera grabado y apagó la cámara.
—Sabia cosas, pero no tan detallado— dijo en ese momento la periodista. –Es increíble…
—Perdí a mucha gente importante para mí antes de salir de España. Ahora váyase a dormir. Yo debo seguir trabajando.
La periodista se levantó de la silla y salió de la cocina tras desearme buenas noches. Yo seguí trabajando mientras de vez en cuando miraba por la ventana. La lluvia no amainaba y quedaba poco para que amaneciera. Cuando eso ocurriera, nos íbamos a dividir en dos grupos para llevar a cabo la primera parte de nuestro plan.

Día 24 de Enero de 2010
Día 581 del Apocalipsis…
06:00 de la mañana…

Sandra se despertó cuando le pareció escuchar un grito. Mientras se levantaba vio como Mouse pasaba corriendo por su lado.
—¿Eso ha sido un grito?— preguntó ella mientras acariciaba a su perro para que no comenzara a ladrar. Entonces de nuevo escucharon el grito, esta vez con más claridad.
Ambos avanzaron unos metros hasta que vieron lo que había pasado, vieron a Rebeca de pie con lágrimas en los ojos. Rápidamente Sandra la abrazó para que se calmara mientras Mouse miraba que era lo que había hecho gritar a la chiquilla. Entonces lo vio, el cuerpo de 14K estaba tumbado sobre su lado derecho con los ojos abiertos, sin vida.
Mouse sacó su pistola y se fue acercando poco a poco, si se reanimaba tendría que dispararle. Cuando estuvo más cerca vio el reguero de sangre que salía desde su sien derecha y le cruzaba toda la cara. Entonces Mouse guardó su pistola mientras seguía acercándose.
—Ten cuidado. No te acerques más, si se reanima podría morderte.
Mouse llegó hasta el cuerpo y se agachó junto a el, entonces se dio la vuelta para mirar a Sandra. –No se reanimara. Alguien le clavó algo, y a juzgar por sus ojos abiertos… Juraría que la han matado mientras vivía. Esto es un asesinato.
—¿Y quien puede haber sido? No puede ser que alguien haya entrado y la haya matado ignorándonos a nosotros. Y yo no vi nada.
—No… Yo tampoco… Todos dormíamos. Todos menos ella y su asesino. El que la haya matado ha sido uno de nosotros. De los que estamos aquí— respondió Mouse.
Sandra miró a su alrededor a todos los presentes. También miró a Mouse. Si entre ellos había un asesino, eso los ponía en peligro. ¿Quién podría haber sido? ¿Y por que motivo?

Manhattan… Bloque de apartamentos…
07:30 de la mañana…

Ya estábamos preparados. Rachel, David, Carlos y yo íbamos a ir hacia el Madison Square Garden usando la ambulancia que habían traído Sheila y los demás cuando llegaron al edificio. Por otro lado, un grupo compuesto por Juan, Yuriko, Johana, Mario y Enrique iban a ser los encargados de llegar al almacén donde guardaban los vehículos, de allí podrían sacar los autobuses. Ellos usarían las alcantarillas. Los demás esperarían a que regresáramos para poder salir de allí.
—Muy bien. Ya sabéis como va esto. No vamos a poder estar comunicados. Por eso deberíamos acordar una hora de encuentro en el garaje del edificio. Antes del anochecer es una buena hora. Podréis entrar sin problemas con los autobuses en el garaje. Si llegáis antes esperadnos ahí— les expliqué a todos. Enseguida estuvieron de acuerdo.
Llegó el momento de las despedidas, y todos salvo Carlos comenzamos a ir hasta nuestros seres más cercanos. Yo me acerqué a Eva y a Vicky. David se acercó a Alicia y Rachel se acercó a Sheila, no pude evitar fijarme en que Sheila parecía estar algo fría, y tras ver el beso y la cara de Rachel, terminó de confirmarse.
—Ten mucho cuidado. No hagas locuras— me pidió Eva mientras me besaba y me abrazaba. Entonces acercó su boca a mi oído. –Sobre todo ten cuidado con el, nunca le des la espalda— enseguida supe que se refería a mi hermano. Supuse que mientras ella me susurraba al oído lo miraba a el. El cual estaba detrás de mí.
Me dirigí a Juan, el cual era el encargado de dirigir al otro grupo. –Cuida de todos ellos.
—Lo haré. Recuérdalo, los dioses están de nuestra parte— Juan me estrechó la mano.
—Lo recordaré— respondí.

Después de aquello bajamos al garaje. Mientras unos tomaban las alcantarillas. Mi equipo y yo subimos a la ambulancia. Abrieron la puerta del garaje y salimos al exterior para ir directos al Madison Square Garden. No sabíamos lo que nos esperaba allí. Esperaba poder llevar a cabo la misión sin incidencias.

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