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sábado, 16 de mayo de 2015

NECROWORLD Capitulo 75

Día 23 de Enero de 2010
Día 580 del Apocalipsis…
Manhattan zona infestada…
14:30 del medio día…

Butch se despertó y miró al frente, ante el se encontraba Mike. Este lo miraba con el arma en las manos. Butch se levantó rápidamente y puso las manos hacia delante como para protegerse, pero al ver que Mike no hacía nada las bajó.
—¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?— preguntó Butch.
—Varias horas. ¿Qué haces tu aquí?— preguntó Mike. –Se supone que os habíais marchado en una misión. ¿Acaso habéis vuelto?
—Al menos la mitad. Algunos vinimos hacia aquí tras encontrarnos a unas heridas. No podíamos llevarles a Portland por que esa comunidad había caído. Cuando llegamos vimos lo que había pasado y mientras que ellos quisieron entrar, yo decidí quedarme, irme por mi cuenta. Luego me encontré con vosotros. Supongo que los demás llegarán antes o después— en ese momento Butch vio a los hijos de Mike. –Siento lo de tu hijo, no sabía que era el, perdí los estribos. ¿Estáis vosotros solos? ¿Y tu mujer?
—Muerta— respondió Mike. Seguidamente los ojos se le llenaron de lágrimas al recordar a Kendra y su trágica muerte.
—Lamento escuchar eso— respondió Butch. –No la conocía mucho, pero se lo que duele perder a seres queridos tan cercanos, pero ahora escucha. Estamos en lo que es la zona infestada ¿No? Deberíamos marcharnos. Aquí estamos seguros por ahora, pero no durará siempre.
Mike se levantó y comenzó a pasearse por delante de Butch. –Lo se, llevo mucho tiempo pensándolo y más ahora después de lo que has dicho. Si Juanma y los otros han vuelto, quizás quieran recuperar la ciudad o reunir a la gente para marcharse. Iremos con ellos.
—¿Con ellos? No creo que sea buena idea. Con mucha gente habrá problemas de comida.
—Ya lo se, pero no lo hago por mi, si no por mis hijos. Ellos son lo más importante— respondió Mike –Por ellos soy capaz de volver a meterme en la ciudad si es necesario.
—¿Adentrarte en la ciudad? ¿Estás loco? Así no conseguiremos nada. Pondrás a los niños en peligro para nada.
—No los llevaré detrás. Ellos aquí estarán bien. Estarán seguros hasta que pueda volver a recogerlos. Nadie se negará a hacerlo, pero tenemos que entrar a buscar a los demás y luego irnos todos juntos.
—Yo no pienso acompañarte. Paso de jugarme la vida. Si quieres puedo quedarme con los críos hasta que vuelvas.
—No dejaré que te quedes con ellos. Vendrás conmigo— respondió Mike tajantemente.—Necesitaré a alguien que me cubra las espaldas. Así que vendrás conmigo.
—No voy a poder convencerte ¿No?— Mike negó con la cabeza. –Pues bien, te acompañaré. ¿Cuándo nos vamos?
—Dentro de una hora como mucho, primero tengo que hablar con mis hijos. Tu vete preparando— respondió Mike. Estaba totalmente decidido, por el bien de sus hijos haría lo que fuese necesario.

Manhattan… Bloque de apartamentos…
15:00 del medio día…

Con la llegada de Sandra nos habíamos reunido todos para escuchar lo que nos quería contar. Y así fue. Sandra nos contó todo lo que le había sucedido desde el momento del ataque, pasando por lo ocurrido en el edificio y luego por lo que habían descubierto al llegar a lo que era la parte subterránea de la iglesia. Lo que no sabía decirnos era el número de personas que habían tomado la iglesia, tampoco sabía decirnos cuantos quedaban vivos allí dentro, aunque se imaginaba que algunos debían quedar, tenía razones para pensar que no los habían matado a todos.
—¿Y si tanto os importa los que hay allí dentro por que no habéis intentado nada?— preguntó mi hermano, el cual durante todo el relato de Sandra había estado haciendo gestos y muecas, como queriendo demostrar que no se debía hacer nada. –Era mejor ir a buscar a la caballería ¿No? Olvídalo, tenemos otros asuntos más importantes. Nos vamos de la ciudad. Yo voto por hacer lo que debemos y olvidarnos de esos rehenes, es como si ya estuvieran muertos.
—Afortunadamente— miré a mi hermano. –No eres tú quien decide. En esa iglesia hay personas. Ciudadanos y compañeros nuestros. Alguno de ellos estoy seguro que en algún momento nos ha salvado el culo. No merecen que los dejemos tirados. Además, según Sandra allí están también Paul y Diana.
—Si, ya. El chaval que siempre va con su hermana subnormal. Dos lastres— dijo mi hermano. —¿Te quieres llevar a esos dos de aquí? Quien no sabe luchar no sirve para nada. Es como los niños, puedes cuidar de uno, quizás de dos, pero cuando son más… Solo son otro lastre.
—Escuchad— comencé a decir ignorando por completo a mi hermano y mirando a todos los demás. –Seguiremos con el plan previsto. Solo que con una pequeña variación. También pasaremos por la iglesia para rescatar a los rehenes, más o menos sabemos a quien nos estamos enfrentando— miré a Sandra. –Has dicho “El Bebé” ¿No es así? El no representa un peligro, pero no sabemos ni cuantos son los que lo acompañan ni conocemos sus habilidades militares y tácticas. David, Carlos y yo iremos hacia el Madison Square Garden mañana a primera hora, mientras que el resto iréis a por los vehículos que usaremos. Usaremos las alcantarillas para llegar a ambos puntos— miré a Juan y le pedí los planos de la ciudad. Cuando me los pasó los extendí en la mesa y todos comenzaron a observarlos. Vicky se puso justo a mi lado –Cuando el resto consigáis los vehículos quiero que en lugar de venir a recogernos os situéis en esta zona— marqué con un rotulador de color rojo una calle que quedaba a dos manzanas de donde estaba la iglesia.
—¿Por qué ahí?— preguntó Yuriko. La cual desde nuestra llegada había mantenido las distancias con Carlos y lo había estado evitando, incluidas las miradas.
—Desde ese punto los que estéis ahí os dividiréis en dos grupos. Unos os quedareis allí esperando mientras que otros, los que sepáis disparar usareis las alcantarillas para situaros delante de la iglesia. Allí hay que atraer toda la atención de los asaltantes de la iglesia. Podréis usar las tiendas y ventanas de las casas de esa calle para disparar y ocultaros.
—Yo puedo dirigir ese ataque— dijo Juan mirándome. –Prefiero ocuparme de ello.
—Lo se, ya había pensado en ello— le dije a Juan mirándolo, luego seguí dando indicaciones. –Mientras que un grupo estáis atrayendo toda la atención de los asaltantes, Sandra se ocupará de guiar a través de las alcantarillas a los que están allí abajo ahora y luego a los que logremos sacar de la iglesia.
—¿Y como se supone que vamos a sacar a los de la iglesia?— preguntó Carlos –Esa parte te la has dejado.
—Esa parte nos corresponde a David, a ti y a mi— respondí en ese momento. –Accederemos a la iglesia por el mismo sitio que entró Sandra a las alcantarillas. Por el jardín de la iglesia ¿Verdad?— pregunté mirando a Sandra.
—Si… Si— respondió Sandra como si la hubiera pillado por sorpresa.
—Así que mientras unos atraemos toda la atención hacia nosotros. Vosotros os encargareis de los rehenes. No se si lo lograreis sin luchar, en el momento que os vean os atacarán— explicó Juan.
—Lo se. Ya contaba con ello— respondí. Entonces miré a Sandra nuevamente. –Tú has estado en ese jardín. ¿Podrías decirnos como es? Necesitamos conocer nuestro entorno.
—El jardín tiene varios setos. Y cinco estatuas en total, cuatro repartidas, una en cada punta y la quinta que representa a Jesucristo rodeado de niños, la más grande, justo en el centro… Y a unos metros de ella, en uno de los jardines está la boca de la alcantarilla.
—Muy bien. Sandra nos lo indicará. Por eso, debes adelantarte ya— le dije a Sandra. –Llega junto a los demás y cuéntales todo el plan. Necesitaremos a Mouse y al profesor en el grupo de distracción. ¿Qué hay de la chica?
—No creo que pueda hacer mucho— respondió Sandra.
—Muy bien. No importa, ella será de los primeros que serán trasladados a los autobuses. Ahora diré quienes os esperareis en ellos. Alicia, Eva, Vicky y Cristian.
—¡¡¡Yo quiero luchar!!!— gritó en ese momento Vicky. –Se disparar, puedo ayudar.
—Por eso necesito que te quedes en el autobús. Nunca se sabe que puede pasar. Los caminantes comenzarán a moverse cuando empiece el ruido. Si llegan hasta los autobuses deberéis defenderos— le expliqué a Vicky. –Puede que sepas disparar, pero no estás preparada para luchar así contra personas. Los caminantes son otra historia, debes cuidar de mamá. ¿Vale? —Vicky asintió de mala gana y yo le pasé la mano por el cabello. –Confío en ti.
—Entonces. Nosotros saldremos desde el Garden directos hacia la iglesia. Cargaditos con armas y munición. ¿Nos explicas los detalles?— preguntó de nuevo mi hermano. –Ya me veo en plan Santa Claus y haciendo el reparto de armas a los que se han portado bien.
—Para eso utilizaremos el autobús escolar que hay en la puerta de entrada al bloque. Lo cargaremos de armas y nos encontraremos con los demás aquí— dije señalando el lugar donde nos tendrían que esperar después Eva, Alicia y los niños. –Ese vehículo ahí abajo no está en muy buenas condiciones, pero nos servirá para ir y volver.
—No está en condiciones por que lo han utilizado para atravesar puertas de gimnasio— dijo en ese momento Carlos mirando a Eva con una sonrisa.
—Bueno… Más o menos está todo claro ¿No?
—¿Y cuando comenzará el ataque?— preguntó en ese momento Yuriko
—Cuando estemos todos. Nosotros— señalé a David y a mi hermano –Comenzaremos nuestra parte del plan. Ahora tengo que deciros que quiero que tengáis todos cuidado.
Todos asintieron y yo disolví la reunión. Mientras que Eva, Alicia, Yuriko y los niños se iban a mi apartamento, yo me quedaba con todos los demás en el apartamento de David y Alicia.
Sandra necesitaba comer y yo me quedé con ella. –Cuando comas tendrás que ponerte en marcha hacia allí y entonces contarles a todos el plan. Cuando empiece el jaleo, los No Muertos se pondrán todos en camino, dispondremos de un corto espacio de tiempo antes de que nos rodeen, si nos rodean estaremos perdidos. Los primeros en estar en los autobuses deben ser los del grupo de Mouse y tú. Son tres autobuses y solo Alicia y Eva estarán ahí para conducir, necesitaré a una tercera persona, esa serás tú. Si las cosas se complicaran, os largáis fuera de la ciudad. Nosotros ya buscaremos la forma de alcanzaros después a través de las alcantarillas. Probablemente Eva se niegue, pero aun así marcharos si ocurre algo. ¿De acuerdo?
Sandra asintió. –Escucha. Parker está allí dentro también. Seguro que está vivo. Por favor, trata de que se salve.
—Cuenta con ello. Por cierto ¿Dónde está Yako?— le pregunté. Me sorprendió bastante que no estuviera allí con ella.
—Lo dejé atado abajo cuando subí. Estará bien, no te preocupes— me respondió. Justamente en ese momento terminó de comer y me volvió a mirar. –Bueno, entonces me voy ya. Nos veremos pronto.
Sandra me abrazó y seguidamente se marchó por la puerta principal en dirección al aparcamiento. Se marchó por la misma boca de alcantarilla por la que se había marchado Rachel, no había querido preguntar, pero me sorprendió bastante que no se hubieran encontrado por allá abajo.
Desde que se había marchado, Rachel no había vuelto a dar señales de vida. Me imaginaba que seguramente ya estaría en el hospital con los demás, posiblemente incluso ya estarían de vuelta, pero no podía evitar estar preocupado por ella.
Salí de la cocina y me fui al baño, necesitaba darme una ducha para relajarme, con los últimos acontecimientos me había estresado mucho. Iba a ser algo complicado, y temía las bajas que pudiera haber en el grupo. Por otro lado estaba mi hermano, el cual podría jugármela en cualquier momento, no había olvidado en ningún momento que quería quitarme de en medio y robarme a mi familia.
Volví al apartamento mientras no dejaba de darle vueltas a mi plan. En principio parecía fácil, pero realmente no sabíamos demasiado, sabíamos quienes eran, pero no teníamos ni la menor idea de lo dotados que estaban para el combate, tampoco sabíamos si los rehenes seguían vivos, simplemente teníamos la esperanza de que si lo estuvieran. Nada más entrar por la puerta me encontré con la mirada de todos los presentes.
—¿Ocurre algo?— pregunté. –Si alguien quiere echarse atrás este es el momento, pero preferiría que todos pusiéramos de nuestra parte a la hora de llevar a cabo la huida de la ciudad.
—Ocurre que tu hermano no está de acuerdo. Y yo por mi parte no quiero tenerlo cerca— dijo en ese momento Eva al tiempo que lo señalaba. –Deberíamos echarlo de aquí. Puedes llevarte a otra persona con vosotros. El debería largarse.
—¿Estás de coña? ¿Has visto como llueve? Imagínate que pillo una pulmonía. No podría hacerte gozar después— respondió mi hermano. Eva quiso responder a esa provocación lanzándose sobre el para golpearle, pero fui yo quien se adelantó.
Salté sobre mi hermano y le asesté un puñetazo en el centro de la cara, y luego otro más. Le habría golpeado más si no llega a ser por que Juan me agarró por detrás para separarme de el.
—Suéltame. Se está pasando de la raya— le dije a Juan al tiempo que me soltaba.
—Te recuerdo que fuiste tu quien lo dejó quedarse tras hacer el pacto. Por lo tanto te toca aguantarlo, incluidas sus groserías y estupideces— dijo Juan señalándome con el dedo. Y tenía razón. Era yo quien había permitido que mi hermano se quedase allí.
Carlos se levantó del suelo al tiempo que se limpiaba la sangre del labio inferior. –Con ese plan de mierda lo único que vas a conseguir es que nos maten. Vas a arriesgar varias vidas por ir a salvar a más gente, ósea, más bocas a las que alimentar, entre los que se incluyen escorias y una mongólica que no hará más que poner vuestras vidas en peligro por que se despertará gritando en medio de la noche por que habrá soñado algo.
Con lo de mongólica enseguida supe que se refería a Diana. –Esa chica no tiene nada de mongólica. Tiene asperger, algo totalmente diferente, pero es más inteligente de lo que tu te piensas. Y si, puede que haya escorias, pero son humanos. Tú hace tiempo que dejaste de serlo, no queda nada del hermano que tenía. Aun me pregunto por que te he permitido quedarte. No me hagas que siga pensándolo.
—Hay gente que cambia a mejor, ese es mi caso. Tú vas de líder, pero no lo eres. La gente te acabará cuestionando al final. ¿Acaso tienes idea de a donde quieres ir una vez salgamos de la ciudad? No tienes ni idea. Así solo vas a llevar a esa gente a la que tanto quieres a la muerte. Te recuerdo que llevas contigo a una mujer que va a dar a luz— Carlos miró a Eva. –Y a mi hijo, nada menos.
—¿Qué coño pretendes montando este escándalo?— preguntó en ese momento Yuriko.
—Solo pretendo que veáis la jodida realidad. La única que hay. Deberíamos seguir con el plan y olvidarnos de los de la iglesia. No arriesgues vidas— Carlos se acercó a mi. –Te voy a ayudar y luego me marcharé si es lo que quieres, pero olvida a los de la iglesia. No arriesgues las vidas de Eva y de mi hijo.
En ese momento agarré a Carlos por el cuello de la camisa. –Vuelve a referirte a Eva y a ese niño que crece en su vientre como si fueran de tu propiedad, o te mato. Seguiré con el plan que os he dicho, si tu no estás de acuerdo ya sabes donde está la puerta.
—¿Solo me echas? No tienes los cojones de matarme. Pues tu mismo— Carlos se soltó de mi agarre. –Muy bien, sigamos tu plan. Me quedo solo para ver como te equivocas… Y te prometo que en ese momento pienso disfrutar.
Carlos se dio la vuelta y se fue hacia el sillón donde se sentó para seguir mirando por la ventana, observando la lluvia cada vez más torrencial.
Mientras Johana se quedaba vigilando a mi hermano en el apartamento de David y Alicia, los demás fuimos al mío para seguir trazando el plan. Lo cierto que en parte mi hermano tenía razón, era muy arriesgado algo así, algo que podía traernos bastantes bajas en nuestro bando, pero fue Juan quien me dio ánimos para ello. También David me apoyó con ello. Aun así me preocupaba por el estado de Eva, la cual no parecía encontrarse demasiado bien desde que había llegado Carlos, temía que esa situación de estrés le trajera problemas en el embarazo. Cuando tuve la oportunidad me la llevé a la habitación donde la ayudé a tumbarse.
—Necesito que duermas. Mañana será un día largo. Escucha, no quisiera que tuvieras que ir también a por los vehículos, pero cuando dejemos este edificio ya no volveremos. Si hubiese otra manera créeme que lo haríamos así— le cogí la mano a Eva. –Pronto acabará todo y mi hermano desaparecerá de nuestras vidas para siempre.
—Se muy bien de lo que es capaz tu hermano, pero entiendo por que no puedes matarle. No es lo mismo que matar a cualquier otro… Y tú no quieres matar.
En ese momento me quedé pensativo. Entonces miré a Eva y le conté todo lo que había pasado con Rachel en el desierto de Nevada, y lo que hice con los que nos asaltaron, también le conté lo que ocurrió con aquel muchacho en el almacén de Portland. Lo de la niña en aquella casa… Todo. Hubo momentos en los que no pude contener las lágrimas.
—Se que no es fácil, pero hay veces que hagamos lo que hagamos… No hay más remedio.
—Hay algo más— dije en ese momento. –No se han repetido mucho, pero he vuelto a tener alucinaciones. Tengo miedo de perder el juicio.
—No lo perderás. No permitiré que eso ocurra— Eva apretó mis manos con más fuerza. Seguidamente me dio un beso en la mejilla.
—Gracias— respondí mirando a Eva. Entonces me levanté. –Voy a darme una ducha. Tenemos que aprovechar que aun nos queda agua caliente.
Salí de la habitación y me fui al cuarto de baño, me quité la ropa, abrí el grifo y cuando el agua comenzó a salir caliente me metí debajo, dejando que el agua caliente empapara todo mi cuerpo. Mientras seguía dándole vueltas y más vueltas a mi plan. También empecé a pensar en otra cosa, concretamente en mi hermano. Había hecho un trato con el pese a que no me fiaba nada, a sabiendas de que trataría de jugárnosla en algún momento. Lo había hecho así por que no creí que tendría agallas para hacer lo que tenía que hacer, podía pedirle a otro que lo hiciera, pero sentía que era cosa mía y que solo yo podía hacerlo. No podía permitir que lo hiciera otro, era yo quien tenía que quitarle la vida a mi hermano y estaba decidido a hacerlo.

Manhattan… Hospital…
15:40…

Rachel había llegado a donde estaban Enrique y Laura. Estos estaban quitando muebles de una puerta. Había verdaderamente muchos, seguramente los habían puesto ellos para mantener cerradas las puertas.
—¿Qué estáis haciendo?— preguntó Rachel cuando llegó. Ambos se la quedaron mirando sorprendidos por la presencia de Rachel allí.
—¿Ya habéis vuelto? ¿Dónde están los demás?— preguntó Laura
—Están todos en casa de Juanma. ¿Por qué estáis quitando todos esos trastos?— preguntó Rachel. –Es imposible que Sheila haya pasado por aquí. Cuando venía vi una de las trampillas del tubo de ventilación en el suelo. Estoy segura de que optó por ello, es lo más seguro en realidad, y Sheila no es tonta. Voy a ir a buscarla— Rachel se dio la vuelta y comenzó a desandar sus pasos.
Laura y Enrique la siguieron a paso rápido hasta que llegaron al tubo de ventilación que Rachel les había dicho. Justo cuando iban a ayudarla a subir comenzaron a escuchar disparos en las plantas superiores. Sin duda era Sheila. Rachel miró  a sus dos acompañantes.
—Ayudadme a subir y volved a lo que estabais haciendo. Volveremos por ahí. No nos dará tiempo a subir de nuevo, solo podremos bajar pisos.
—¿Y que harás tu?— preguntó Enrique mientras le ponía las manos para que se apoyara para subir.
—Vosotros haced lo que he dicho. Y luego id trasladando a Alexandra a la ambulancia que tenéis ahí abajo— Rachel los miró. —¡¡¡Vamos!!!
Rachel desapareció por el tubo y Enrique y Laura volvieron al pasillo de los muebles. Cuando llegaron, a través de los ojos de buey de la puerta vieron aparecer a Rachel al otro lado tras caer del tubo. Fue entonces cuando Laura se dio cuenta de lo que pretendía hacer.
*****
Sheila por fin se había decidido. Sin pensárselo dos veces se dejó caer del interior del tubo de ventilación. Nada más tocar el suelo del pasillo alzó el arma y disparó al primer caminante que vio, la bala impactó en la cabeza del No  Muerto, impregnando la pared de sangre negruzca y corrompida. Eso hizo que varios No Muertos venidos desde ambos lados del pasillo comenzaron a avanzar hacia ella. Lo que hizo que Sheila se pusiera nerviosa, tanto que erró los primeros disparos, pero tuvo que tranquilizarse si quería salvar la vida, el despacho al que se dirigía estaba cerca. Comenzó a correr mientras les daba golpes y les disparaba a la cabeza. Estaba abatiendo a varios No Muertos, pero también tenía claro que eso atraería a más hacia ella.
Rachel dobló la esquina tan rápido que no le dio tiempo a esquivar a un No Muerto, contra el que se dio de frente, ambos cayeron al suelo y Sheila comenzó a forcejear con el para impedir que le mordiera, si lo conseguía estaría perdida. En ese momento escuchó más disparos, alguien se dirigía hacia ella.
Sheila golpeó al caminante con el codo y este cayó hacia un lado, entonces Sheila le metió el cañón de la pistola en la boca y apretó el gatillo. La bala atravesó la cabeza del No Muerto y Sheila se levantó rápidamente, al tiempo de ver a dos de aquellos seres doblando la esquina para ir a por ella. De repente ambos caminantes fueron abatidos por alguien, cuando estos se desplomaron, Sheila vio una silueta detrás de ellos. No tardó en reconocerla.
—¡¡¡Rachel!!!
Ambas chicas corrieron la una hacia la otra y se fundieron en un abrazo, seguidamente se besaron apasionadamente.
—No te imaginas lo que te echaba de menos. Que bien que estés aquí— dijo Sheila.
—Venga, tenemos que irnos— dijo Rachel cogiendo a Sheila del brazo. –Tenemos que bajar al garaje para irnos a casa de Juanma.
Entonces Sheila se detuvo. –No. Tengo que ir a ese despacho— dijo señalando una puerta al final del pasillo. –Hay algo muy importante ahí y nos lo tenemos que llevar.
Rachel cogió las mejillas de su novia. –Cuando venia hacia aquí siguiendo los disparos tuve que esquivar varios No Muertos que se dirigían hacia aquí. Si perdemos tiempo nos rodearán y estaremos perdidas. Salgamos de aquí… ¡¡¡Vamos!!!
—Esos archivos son importantes— respondió Sheila –Y no pienso irme de aquí sin ellos.
Rachel lanzó un bufido. Entonces se dio la vuelta al ver a un No Muerto doblar la esquina, al que disparó rápidamente en la cabeza. —¡¡¡Venga!!! Date prisa y coge esos archivos. Tenemos que salir de aquí rápidamente.
Sheila se dio la vuelta y corrió hacia el despacho mientras Rachel se quedaba en el pasillo para mantener a ralla a los infectados que comenzaran a entrar. Se dirigió hacia la esquina y cuando la dobló miró al final del pasillo, al fondo había una puerta doble con dos ojos de buey. Al otro lado se veían No  Muertos que estaban empujando las pesadas puertas, con suerte eso los retrasaría.
*****
En el despacho, Sheila buscaba desesperadamente los archivos. Había muchas carpetas y archivadores encima de la mesa. Sheila las tiró al suelo al ver que entre ellos no estaba lo que buscaba. Se acercó a una estantería y comenzó a buscar ahí mirando las etiquetas, entonces vio una que le llamó la atención, era una carpeta de color rojo donde había una etiqueta donde podía leerse claramente: “PROYECTO RENACER”. Era esa la que estaba buscando, rápidamente la cogió y se la guardó debajo del brazo. Salió del despacho y se encontró con Rachel.
—Ya la tengo. Podemos irnos.
—Muy bien. Ahora solo tenemos que correr todo lo que podamos.
Ambas miraron a la puerta doble al tiempo que se colaba el primero de los No Muertos. Una mujer vestida con bata de medico a la que le colgaban las tripas. Rachel la abatió al tiempo que ella y Sheila comenzaban a correr.
—Las puertas se abren en dos direcciones— dijo Shiela.
Dicho y hecho. Cuando llegaron a las puertas las empujaron y lograron quitarse de en medio a varios de los No Muertos. Estos cayeron al suelo y ellas pasaron por encima sin que pudieran cogerlas. Llegaron a un bifurcación de pasillos, uno estaba vacio y por el otro venia al menos una docena de aquellos seres. Sheila se los quedó mirando aterrada hasta que notó como Rachel la cogía de la mano y tiró de ella.
Ambas comenzaron a correr en dirección contraria a la que venían los No Muertos y atravesaron otra puerta doble que daba a unas escaleras. No era el mismo sitio por el que había ido Rachel, pero daba igual, los pasillos del hospital acababan casi siempre llevando al mismo sitio. Solo tenía que situarse bien.
Bajaron los escalones de dos en dos, saltando cadáveres destrozados. Llegaron a otro pasillo que Rachel si reconocía, había pasado por allí, pero por el otro lado. Estaban cerca de donde estaban Laura y Enrique esperándolos, llegaron a otras escaleras, las bajaron y llegaron a otro pasillo, lo recorrieron y llegaron  a una nueva bifurcación.
—Por aquí— dijo Rachel al ver la puerta donde la esperaban Laura y Enrique.
Ambas corrieron hasta ellos y cruzaron la puerta, estos la cerraron rápidamente, pero no se pararon a colocar los muebles. Simplemente corrieron por el pasillo en dirección al garaje. Cuando llegaron vieron que todos los demás estaban esperándolos allí. Saltaron al interior del vehículo y Mario que estaba al vehículo pisó el acelerador y la ambulancia salió a toda velocidad de allí. No tardaron en recorrer todo el aparcamiento y salir al exterior, de nuevo  a las calles. Esta vez la dirección a la que tenían que ir la iba dictando Laura, la cual iba de copiloto. En la parte trasera junto a una convaleciente Alexandra, iban Stacy, María, Enrique, Sheila y Rachel.
—¿Tan importantes son estos archivos?— preguntó Rachel cogiendo la carpeta que llevaba Sheila. –Podrías haber muerto.
—Estos archivos son lo más importante que tenemos. Con ellos aun tenemos una oportunidad de elaborar una vacuna. Sin ellos la raza humana está acabada— respondió Sheila. –Son lo más importante de este mundo. ¿Hace mucho que habéis regresado?— preguntó en ese momento Sheila.
—No. Prácticamente hemos acabado de llegar. Ahora vamos a casa de Juanma. Todos los demás y algunos otros están allí. Por lo que sabemos, no hay muchos supervivientes en la ciudad. Juanma y los demás se quieren marchar. Nos iremos con ellos, esta ciudad es irrecuperable. Aun no se a donde iremos. Ahora discúlpame, tengo que decirle algo a Mario.
Rachel se levantó y se acercó a la ventanilla al fondo de la ambulancia. Una vez allí fue Laura la que abrió la pequeña ventanilla. —¿Qué ocurre?
—Vamos a casa de Juanma, pero no es posible acceder a través de la puerta principal. Tendremos que entrar a través del garaje. Cuando lleguemos a la calle necesito que enciendas la sirena para que se den cuenta de que vamos y que puedan abrirnos.
—¿Eso no atraerá a los caminantes?— preguntó Mario.
—Seguramente, pero es solo un minuto como mucho. Lo suficiente para advertirlos de nuestra presencia— explicó Rachel. –Se que es arriesgado, pero es lo único que podemos hacer.

Manhattan… Bloque de apartamentos…

Fui al apartamento de David donde estaban vigilando a Carlos. Le cambié el turno a Johana. En mi mente solo había un pensamiento, olvidarme del trato, olvidarme de todo lo hablado con el y matarle. Quitárnoslo de en medio. Arrebatarle la vida para proteger las nuestras. Iba a hacerlo con una pistola, la cual llevaba oculta detrás.
Me senté frente a el y este apartó la mirada de la ventana para mirarme a mi. –Por fin te ha llegado el turno de vigilarme. Me siento como un preso, aunque es eso lo que estoy ¿No? Supongo que te daba miedo el hecho de enfrentarte a mí.
—Estás muy equivocado. No tengo ningún miedo. No a ti— respondí mirando por la ventana para observar la lluvia.
—Hay costumbres que no cambian… Te sigue gustando eso de observar las tormentas— dijo en ese momento mi hermano. El cual también volvió su vista hacia la calle. –Desde hace un tiempo, antes de tu llegada… Yo también solía observarlas. Te recordaba. —El tono de mi hermano había cambiado. Era como si hubiera vuelto a ser aquel al que recordaba, antes de que el mundo que conocíamos llegara a su fin, aquel al que recordaba. Mi hermano. –Se que he hecho cosas bastante malas, pero no puedes culparme de haberme enamorado de tu mujer. Son cosas que ocurren cuando eres muy cercano a alguien… Y te creíamos muerto. Te pido disculpas por ello. Y prometo hacer todo lo que esté en mis manos para ayudaros. Aunque luego me tenga que marchar. Es lógico que con todo lo que ha pasado no me quieras cerca de tu familia. Es comprensible. Juro que os ayudaré.
Las palabras de mi hermano habían comenzado a clavarse en mí como puñales, mientras que yo agarraba el mango del arma. Estaba haciendo que me cuestionara lo que iba a hacer. ¿Debía matarle? Era mi hermano al fin y al cabo. Entonces solté mi arma y lo miré.
—Te llevaremos con nosotros. Podrás demostrar que lo que dices es verdad si nos ayudas— dije al tiempo que me daba la vuelta y me dirigía a la puerta para salir del apartamento. Justo en ese momento cuando cogía el pomo de la puerta comencé a escuchar una sirena. Me di la vuelta rápidamente y corrí hacia la ventana, me asomé y vi una ambulancia que iba por la calle esquivando caminantes. Esta se paró de repente y vi que por una de las ventanas se asomaba Laura. Esta miró hacia arriba y comenzó a gritar algo, pero no la escuchaba. Tuve que abrir la ventana que daba a la escalera de incendios y salir al exterior. Una vez ahí pude escuchar a Laura.
—¡¡¡El garaje!!! ¡¡¡Abridnos el garaje!!!
Me metí de un salto en casa y corrí hacia la puerta. Entonces mi hermano se puso de pie y me siguió.
—Déjame ayudarte. Si tienen que entrar por el garaje y entran caminantes detrás. Tu solo no vas a poder.
En ese momento entré en la habitación y salí con un fusil. Cogí la pistola que llevaba oculta y se la di a mi hermano.
—Vamos— me di la vuelta y salí por la puerta del apartamento con mi hermano pegado a mí.
*****

Carlos seguía a su hermano a pocos pasos. Y sin que el le viera, esbozó una sonrisa de satisfacción. Había logrado hacer que su hermano confiara nuevamente en el. Algo de lo que se iba a arrepentir, no era necesario ni matarlo. Había otras maneras de hacerle daño.

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