Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

Seguidores

sábado, 9 de mayo de 2015

NECROWORLD Capitulo 74

Día 23 de Enero de 2010
Día 580 del Apocalipsis…
Manhattan… Bloque de apartamentos…
11.52 de la mañana…

Cuando entré en mí casa seguido de mi hermano pude ver las miradas de todos los demás, especialmente las de Yuriko y Eva. No tardó en armarse un gran revuelo.
—¿Qué está haciendo el aquí y libre?— preguntó Eva cogiendo el arma. –Échalo de aquí.
—Está de nuestro lado— respondí poniéndome delante de mí hermano para que Eva no disparara, de no haberlo hecho habría disparado seguro y con mucho éxito, entonces mi hermano yacería muerto detrás de mí con un agujero en la cabeza. –Ahora quiero que todos os relajéis— proseguí diciendo. –Hemos llegado a un acuerdo y el ha aceptado.
—¿Puedo hablar contigo un momento y en privado?— preguntó Eva mirándome y yendo hacia la habitación, cuando pasó por mi lado le lanzó una dura mirada a Carlos.
—Adelante, ve… Yo tomaré asiento después de prepararme un pequeño aperitivo…— dijo Carlos con una sonrisa mientras avanzaba hacia la cocina.
Pasé por al lado de Juan y le hice un gesto para que no perdiera a Carlos de vista. Aunque hubiésemos hecho un trato no me fiaba nada de el y temía que además de hacerle algo a Eva, pudiera hacerle algo a Yuriko, a la cual había amenazado delante de mí. Seguí a Eva hasta la habitación y una vez en ella se giró hacia mí con furia.
—¿Dónde coño tienes la cabeza? Sabes de lo que es capaz y lo traes aquí— decía Eva apuntando con la mano abierta hacia la pared. Yo me acerqué a ella con intención de que guardara un poco de silencio, pero me empujó. –Tú hermano está loco y vas a conseguir que haya muertes. No se si aun recuerdas que intentó matarte. Estaría mejor muerto, deberías haberlo matado ahí abajo.
—No podía matarlo. Es mi hermano al fin y al cabo, matarlo con mis propias manos no es lo mismo que desterrarlo, es algo muy diferente, además, ya le hice una advertencia y ha aceptado el trato, no hará nada ni se acercará a vosotras. Si lo hace o intenta algo extraño entonces si lo mataré. No os hará nada, yo no lo permitiré. Además, lo necesitamos.
—No lo necesitamos. Además ¿Cómo vas a protegernos si ya te ha matado antes? ¿No te das cuenta? Te la jugará cuando tenga la oportunidad, nos la jugará a todos nosotros. Y tú serás el responsable.
—Te he dicho que no hará nada. No se lo permitiré— repetí una vez más. Aunque sabía que pasase lo que pasase, a Eva era a la única que no haría daño, y así se lo dije. –A ti no te hará daño aun así. Sabe que esperas un hijo suyo.
Lo último que dije hizo que Eva estallara todavía más, la rabia se le notaba en la voz y en la expresión. –Tenias que decirlo ¿No? ¿Por qué no puedes olvidarlo? Tuve un fallo como tú también podrías haberlo tenido, estabas vivo y en lugar de volver preferiste quedarte ahí abajo ayudando a unas personas que no significaban nada para ti y que encima luego nos han atacado, provocando esta situación. Y no es lo único, llegas de vete a saber donde y lo primero que haces es marcharte a Portland ¿Acaso te importamos una mierda tú hija y yo? No debemos importarte mucho cuando apenas has pasado tiempo con nosotras y encima ahora nos obligas a tener cerca a ese monstruo.
—Eran mis obligaciones— respondí a pesar de que sabía que Eva tenía gran parte de razón. –Puedes creer y decir lo que quieras, ya he dicho que no permitiré que os haga ningún daño, además, Juan, Johana y David están aquí también, no soy solo yo. Eva…— me acerqué a ella para abrazarla. –De verdad, te prometo que no os hará nada, yo también lo tendré vigilado y no permitiré que os haga ningún daño. Jamás se lo permitiría.
Entonces Eva me apartó de un empujón –No te acerques a mi. Estás en un error y cuando quieras darte cuenta será demasiado tarde. Vas a conseguir que…— en ese momento Eva se agarró el vientre y se dobló sobre si misma al tiempo que se quejaba de un dolor agudo, yo me acerqué a ella y la abracé, luego la llevé a la cama para que se tumbara.
—Tienes que tumbarte y descansar. No fuerces tanto el cuerpo y descansa. Nosotros nos encargaremos, tu necesitas descansar— en ese momento le agarré las manos mientras ella se quedaba tumbada en la cama con los ojos fijos en mi.
—Tu hermano es peligroso…— murmuró Eva. –Nunca podremos llevarle con nosotros.
En ese momento la besé. –Descansa, yo me ocupo de todo. Pronto nos habremos marchado… Yo me ocuparé de mi hermano llegado el momento.
Me quedé un rato con ella hasta que se quedó dormida, después salí al salón y me encontré con todos. Estaban repartidos por el salón y tal como le había dicho a Juan, este no le quitaba los ojos de encima a mi hermano, el cual seguía en la cocina comiendo y bebiendo, a la única que no veía era a Rachel. Iba a preguntar por ella cuando la vi salir del baño con la ropa cambiada y su pelo recogido en una trenza, esta pasó por mi lado y se acercó a una mochila.
—¿Qué haces?— pregunté en ese momento.
—A buscar a Sheila. Debe estar en el hospital. Es allí a donde voy. Si cojo las alcantarillas estaré allí antes de que anochezca y de vuelta con ella y los demás antes del amanecer. No intentes detenerme, es una decisión que ya está tomada.
—¿Vas a traer más chusma? Espero que no sean más escorias, con tu olor ya me he acostumbrado a vivir y lo estoy soportando, unos cuantos más como tu y aquí no se podrá ni respirar— dijo en ese momento mi hermano. Todos lo miramos, pero ninguno dijo nada. –Quédate y yo haré que te olvides de tu novia, si tu quieres puedo olvidarme de que eres una de esas ratas y echarte un polvo, se que te van los tíos, estás demasiado buena como para ser bollera.
Eso ultimo dicho por Carlos hizo que Rachel alzara la cabeza e intentara ir a por el, pero a mitad de camino se dio la vuelta y murmuró algo que sonó como un: “no vale la pena” y luego siguió a lo suyo, se preparó un fusil y varios cargadores, también un par de cuchillos. Seguidamente se fue hacia la puerta conmigo detrás.
—No voy a detenerte, solo te voy a pedir que tengas cuidado y que no hagas imprudencias— le dije al tiempo que salíamos del apartamento y la acompañaba por el pasillo. –Aun no estás recuperada del todo, has sufrido un gran golpe.
—Nada de eso me impedirá reencontrarme con Sheila. Soy más fuerte de lo que piensas. Me han violado ¿Y que? Los que lo hicieron ya están muertos y hay cosas peores en el mundo… Y la peor de todas esas cosas es no tener cerca a la mujer a la que quiero y no saber si quiera su estado, pero tengo la corazonada de que está viva y que está en el hospital.
Llegamos al garaje y una vez allí se acercó a una de las bocas de alcantarillado, supuse que muchas veces usaba esas entradas para acceder a los túneles e incluso pasarles información, armas y comida a los demás habitantes de los túneles. Ayudé a Rachel a quitar la tapa y nos quedamos mirándonos.
—Vuelve… ¿Vale?— le dije. Lo cierto es que ya habíamos pasado tantas cosas juntos que le había cogido un gran afecto, estaba siendo como una hermana para mí. –Esperaremos tu regreso y nos pondremos con el plan. Lo terminaré de planear esta noche y asignaré las tareas a todos, descansaremos y mañana a primera hora nos pondremos en marcha.
—Para entonces estaré de vuelta con Sheila y los otros. Nos marcharemos de aquí— respondió Rachel al mismo tiempo que me abrazaba y me daba un beso en la mejilla. –Tú por el momento cuida de los que están aquí y cuídate de tu hermano, sabes muy bien que ese cabronazo no es de fiar y que tratará de jugártela. Sobretodo protege a Eva— nos volvimos a mirar y nos sonreímos, seguidamente Rachel descendió por las escaleras de mano y yo cerré la tapa.
Todos me decían que no me fiara de mi hermano. Que era un ser peligroso, pero eso yo ya lo sabía y lo tenía asumido, sabía que trataría de jugármela cuando menos me lo esperara, pero yo tenía mis propios planes y aunque fuera peligroso, necesitaba a mi hermano ahí para que nos ayudara, después me ocuparía personalmente de dejarlo atrás sin posibilidad de que nos siguiera. No quería matarle, no quería tener ese cargo de conciencia, algo que sería menor si simplemente lo desterraba como la vez anterior o lo dejaba atrás tal y como llevaba pensando desde el mismo momento que había hecho el pacto con el.

Manhattan… Hospital…

Sheila había optado por acceder a la última planta del hospital arrastrándose por los tubos de ventilación. Era demasiado peligroso, no solo para ella ir abriendo y cerrando puertas mientras subía plantas llenas de No Muertos.
Arrastrase por los tubos era un gran esfuerzo, especialmente cuando se estrechaban o cuando tragaba polvo haciendo que comenzara a toser. A las partes donde no llegaba la luz tenía que usar la linterna que llevaba y en más de una ocasión se había llevado una sorpresa desagradable encontrándose de frente con algún cadáver esqueletizado con ratas royendo los huesos y anidando entre las costillas.
Sheila siguió arrastrándose hasta que se encontró con un tubo ascendente que tenía que tomar para subir al piso superior, con ambas manos se apoyó en los lados y ayudándose de los pies comenzó a subir, varias veces estuvo a punto de caer, pero finalmente lo consiguió, aunque cuando llegó a lo alto estaba tan cansada que se paró a descansar unos minutos, lo suficiente como para recuperar el aire.
Con fuerzas recobradas siguió arrastrándose hasta la parte más oscura y entonces encendió la linterna, fue entonces cuando se llevó uno de los sustos más grandes de su vida, ante ella, a unos dos metros había un cuerpo en posición fetal, era un hombre que parecía bastante joven, vestía ropa de preso y tenía la cabeza rapada, era seguramente uno de los presos que usaban en sus experimentos y que en algún momento había escapado y se había refugiado allí. Se sintió estúpida por haber estado a punto de gritar presa del pánico. Lo que más le sorprendió fue no haber notado el hedor, el cual no había notado hasta no darse de bruces con el cadáver, ella suponía que se debía a que estaba tan acostumbrada al olor a muerte que ya a penas podía notarlo a la primera.
El cadáver podía llevar allí desde el momento que ocurrió el desastre, apenas había comenzado a descomponerse, pero no era eso lo que preocupaba a Sheila, lo que de verdad le preocupaba era que estuviera realmente muerto. Se acercó con cautela conteniendo la respiración, cuando el cuerpo estaba a un metro lo enfocó con la linterna. Sheila sabía que ese era uno de los estímulos que hacía que aquellos seres salieran de su letargo, pero no hizo ni siquiera un movimiento. Poco a poco se llevó la mano a la pistola y la sacó, era bueno tenerla a mano por si pasaba algo.
Era obligatorio pasar por allí y no podía volver atrás. Se quedó un momento quieta y comenzó a pensar en Rachel y en lo último que se dijeron antes de separar sus caminos. Sheila entendía muy bien  lo que había hecho Rachel, pero no lo había admitido, no había querido hacerlo, y en esos momentos que no sabía ni donde estaba ni si estaba bien, sentía que la necesitaba cerca, con ella al lado no tendría tanto miedo.
Sheila por fin comenzó a moverse de nueva, se arrastró por el conducto hasta que llegó junto al cadáver, el cual seguía sin dar señales de vida. Era el momento de pasar y lo hizo, se pegó a uno de los lados para evitar tocar el cadáver, aunque estaba a unos diez centímetros de este, el olor era cada vez más insoportable, no solo era el hedor de la carne en descomposición, si no también el olor a heces, aquel pobre infeliz se había hecho sus necesidades encima justamente antes de morir, lo que hacía que hubiese una terrible mezcla de olores.
Sheila se detuvo para vomitar cuando el olor fue penetrante, tanto que notó un gusto extraño en la boca, como si hubiese estado masticando carne podrida de aquel hombre. Fue justo en ese momento cuando el cadáver se movió y agarró a Sheila. Ella dejó escapar un grito, forcejeó para librarse del agarre del No Muerto y como no la soltaba echó mano del arma, apuntó al caminante a la cabeza y disparó. El sonido del disparo retumbó en todo el tubo de ventilación y en todo el hospital.
Sheila perdió bastante audición tras el disparo y tuvo que quedarse un rato quieta, seguidamente se tocó ambos oídos en busca de sangre, no podía oír nada y sentía dolor, temía que pudiesen haberle reventado los tímpanos, pero para su alivio no encontró ni rastro de sangre.
Esperó un poco más y cuando ya había recuperado prácticamente la audición siguió su camino hasta que llegó a final del camino. Agarró la trampilla con los dedos y cuando quiso quitarla se detuvo, bajo ella en el pasillo había varios caminantes moviéndose, todos vestían ropa de médicos y ella los conocía, se había cruzado miles de veces con ellos en el hospital, también notó que estaban muy excitados, uno de ellos se estaba dando cabezazos y golpes contra la pared mientras gritaba y gruñía. Seguramente estaban así por el sonido del disparo.
*****

Alexandra había sido la primera en darse cuenta del sonido del disparo, el cual venía de algún lugar del hospital y que enseguida Stacy pensó en Sheila, sin embargo Enrique alertado se puso en pie y decidió bajar al aparcamiento para comprobar que sus padres estaban bien. Era lo único que le quedaba en el mundo. Bajó las escaleras a toda velocidad y cuando llegó al aparcamiento casi se dio de bruces contra su padre.
—¿Qué ha pasado?— preguntó su padre mirándolo.
—Yo bajé pensando que os había pasado algo, pero debe haber sido Sheila— respondió Enrique. –Fue a buscar algo. Puede que haya tenido problemas. Quizás deberíamos ir a ayudarla. ¿Qué estabais haciendo vosotros?
—Nos preparábamos para irnos de aquí— respondió en ese momento Laura uniéndose a la conversación. Enrique se fijó y vio que detrás de ella había una ambulancia preparada, su madre estaba sentada en el asiento del copiloto.
—No podemos irnos sin Sheila— dijo Enrique. –Tenemos que marcharnos de aquí, pero tenemos que irnos todos juntos. Iremos a buscarla y entonces nos largaremos. Les debemos la vida a esta gente.
—El muchacho tiene razón— dijo en ese momento Laura. –Hay compañeros nuestros que aun no han llegado y que probablemente estén en camino. Les esperaremos, saben que había una herida y que la traeríamos al hospital. Las circunstancias son distintas, pero el plan es el mismo. Nos esperaremos— entonces miró a Enrique –Vayamos a buscar a Sheila, yo iré contigo.
Laura había actuado rápidamente, si no se hubiese llevado al joven Enrique con ella, sus padres se lo habrían llevado probablemente a la fuerza de allí y a los demás los habrían dejado tirados. Y ellos probablemente no habrían sobrevivido mucho más tiempo ahí fuera.

Manhattan… Bloque de apartamentos…
12:30 del medio día…

Las nubes de tormenta habían llegado sin avisar y habían comenzado a descargar sobre la ciudad de Manhattan una lluvia torrencial acompañado de potentes truenos que hacían vibrar los cristales de las ventanas de los edificios. Estaba todo tan oscuro y las nubes eran tan amenazadoras que si alguien hubiese visto la isla de Manhattan desde el mar habría pensado que todo aquello frente al silencio sepulcral de la isla, lo que era la ciudad, era totalmente siniestra.
Carlos observaba las calles desde la ventana, veía como el agua comenzaba a correr por las calles provocando una especie de rio, cuya fuerza, aunque no era mucha, hacía caer de bruces y de espaldas a muchos de los No Muertos, que veían imposible avanzar por culpa del agua.
Muchas veces Carlos dejaba de mirar por la ventana para mirar a David. Este se había quedando vigilándolo mientras su hermano se quedaba en la habitación con Eva, la cual no parecía que se encontrara muy bien. Se podía imaginar que se encontraba mal por el estrés de la situación, los demás estaban o durmiendo o haciendo algo, Juan y Johana en concreto habían subido a la azotea para vigilar desde lo alto por si ocurría algo, y desde ahí arriba tenían una buena visión de toda la zona.
—¿Puedo ir al baño?— preguntó en ese momento Carlos mirando a David. –Ver tanta agua me ha dado ganas de mear.
—Ni se te ocurra hacer nada extraño o te dispararé— respondió David. El tenía las cosas muy claras, sabía que Carlos podía llegar a ser muy peligroso y también sabía que era lo bastante inteligente como para jugársela en cualquier momento.
—Tranquilo. Se lo que me juego como para intentar nada, si quieres puedes acompañarme para que veas que no haré nada— dijo Carlos pasando por su lado para ir al baño. David lo siguió y se quedó en la puerta mientras Carlos orinaba. –Puedes relajarte, no haré nada como ya dije. Estoy en minoría, un error mío, algo fuera de lugar y acabaré con mis sesos esparcidos por ahí. Tú tarea de vigilarme es ciertamente encomiable… Pero… ¿no te da rabia eso de ser un simple escolta? Estás a la sombra de mi hermano y el hace de ti lo que le da la gana.
—Eso no es cierto— respondió en ese momento David. –Tu hermano confía en mí y por eso me ha pedido que te vigile.
—Muy bien— Carlos terminó de orinar, se dio la vuelta y se cruzó de brazos mientras se apoyaba en la pared –Pero… ¿Y tú? ¿Confías plenamente en el? El quiere marcharse de aquí cuando estéis todos reunidos… Todos los amigos… Pero el no tiene ni idea de a donde quiere ir. No tiene ni puta idea, os llevará a quien sabe donde e iréis muriendo de uno en uno, me pregunto que harás cuando veas morir a Alicia y al crio. Ambos despedazados por los caminantes o peor…— Carlos cambió la expresión de su rostro –No hay nada peor que un grupo de maleantes os coja a los tres y abusen de Alicia y del niño mientras a ti te obligan a mirar. Y esas cosas pasan.
—Jamás permitiría que les hiciesen daño. Son mi familia y por ellos dos daría la vida.
—No lo dudo, ¿Pero y mi hermano? El solo piensa en su familia, los demás sois solo un pegote. Si tiene que elegir entre vosotros y su familia… La respuesta es evidente. Fíjate si no en mí, soy su hermano y me desterró para que me buscara la vida ahí fuera. Si pasa algo no elegirá salvaros a vosotros.
—¿Qué estás intentando hacer?— preguntó David.
—Yo nada. Solo digo lo que estoy pensando… Y tienes que saber en quien confiar llegado el momento— respondió Carlos poniendo sus manos sobre los hombros de David –Tú tienes que decidir por ti, que nadie elija por ti. Bueno, voy a seguir viendo como llueve, es lo más interesante que hay ahora por ver.
Carlos salió del cuarto de baño y volvió a sentarse junto a la ventana para observar la lluvia y aunque David no lo vio, sonrió de satisfacción, pero no por lo que acababa de hablar con David. Este  no había mostrado estar de su lado y quizás nunca lo hiciera, pero aun así aun tenía un plan “B”, si no había convencido a David quizás podría convencer a Alicia, y si ella cedía, también lo haría David, y eso, lo hacía inmensamente feliz, su hermano se iba a arrepentir de ser tan confiado.
*****

Me encontraba tumbado en la cama junto a Eva, pensando en lo que íbamos a hacer al día siguiente. Íbamos a dividirnos en dos grupos, David y mi hermano vendrían conmigo para conseguir armas. Iríamos al Madison Square Garden, lugar al que habían llevado la mayoría del arsenal tras el asalto al polvorín, del cual me habían informado David y los que se habían quedado en la ciudad mientras mi grupo y yo estábamos en Portland. Los demás irían hasta el almacén del muelle donde se harían con tres autobuses, luego pasarían por el Madison Square Garden para recogernos y salir de la ciudad, llevaríamos los autobuses hasta donde estaban las chicas y luego escogería a otro grupo para volver a entrar en la ciudad para buscar al resto de nuestros compañeros, por el momento, ese era el mejor plan que teníamos. Aun así estaba inquieto, ya que mí hermano vendría conmigo y con David. Este podría intentar algo contra nosotros, pero era yo mismo quien lo había decidido así, Eva iría en el otro grupo y yo no quería que el se acercara a ella.
—¿En que piensas?— preguntó en ese momento Eva. –Te noto intranquilo.
—¿Estas despierta? No lo sabía. No, no es nada. Solo pensaba en lo de mañana. Mi hermano vendrá conmigo y con David, no confío nada en el. Podría intentar jugárnosla, al menos no estará cerca de ti ni de Vicky… Y aunque se acercara, está Juan para protegeros. El no permitirá que os haga ningún daño— le expliqué a Eva mientras acariciaba su rubia cabellera.
—Solo te voy a pedir una cosa, lo demás me da igual. Lo que quiero es que vuelvas sano y salvo. Que no hagas imprudencias…— me pidió Eva. –Y ten cuidado con tu hermano. Ambos sabemos que intentará matarte a la menor oportunidad que tenga.
En ese momento ambos escuchamos un trueno y yo me levanté, me acerqué a la ventana y abrí la persiana. Cuando vi que llovía me di la vuelta para decírselo a Eva.
—Esto no me gusta nada. Tengo un mal presentimiento y esta tormenta no me trae buenas vibraciones— dijo Eva sentándose en la cama. Se levantó y se acercó a mí –En una tormenta como esta murió mi hermana y casi te mataron a ti.
En ese momento vinieron a mi mente los recuerdos de aquella vez que estuve a punto de morir a manos de Gustavo, aquella tormenta era muy similar a la que estábamos presenciando en esos momentos. Ciertamente, yo también estaba teniendo un mal presentimiento, tenía una sensación de angustia que no me abandonaba.
—No te preocupes. Estaré aquí antes de que te des cuenta. Tampoco te preocupes por mí hermano, yo me ocuparé de todo. Confía en mí. Cuando hagamos lo que tenemos que hacer, mi hermano no volverá a ser un problema.

Manhattan… Hospital…
13:00 del medio día…

Los No Muertos no se largaban del pasillo y Sheila se estaba impacientando. Al final de ese pasillo estaba el despacho donde seguramente estaban los documentos que estaba buscando. Solo tenía que dejarse caer por la trampilla y recorrer el pasillo hasta llegar al despacho, pero estaba el problema de los caminantes que había allí, ya había visto a más de una docena de ellos deambulando por allí abajo. Uno de ellos seguía dándose golpes contra la pared, a veces incluso la mordía, rompiéndose los dientes y dejando un rastro de líquido negruzco. Si por lo menos pudiera ver a todos los que había ahí y las distancias, podría bajar e ir esquivando a los caminantes hasta llegar a su destino. La única manera de saber cuantos No Muertos había era tirar la rejilla y asomarse, pero si lo hacía, los caminantes se apelotonarían debajo de ella y entonces ya no podría bajar, entonces todo lo que había hecho hasta entonces no serviría de nada, esos documentos eran extremadamente importantes y los necesitaba a toda costa. Nuevamente comenzó a pensar en Rachel.
*****

Rachel había llegado a la parte de las alcantarillas que quedaban por debajo del hospital. Había llegado mucho antes de lo que esperaba, era la ventaja que tenía el haber recorrido aquel lugar miles de veces durante tanto tiempo. Comenzó a subir por las escaleras de mano y cuando llegó a la tapa de la alcantarilla la abrió con extremo cuidado, se asomó un poco y comprobó que no hubiesen infectados alrededor. No había ninguno. Quitó la tapa del todo y de un salto salió fuera, enseguida se encontró en medio del parking, entonces vio a una mujer junto a una ambulancia, la reconoció enseguida, se trataba de María, la mujer Mexicana, esta la miraba asombrada.
—¿Habéis vuelto? ¿Cuándo?
Rachel miró a su alrededor —¿Y Sheila? ¿Dónde está? Tengo que encontrarla.
—Sheila está buscando unos documentos. No se de que… Mi hijo y Laura han ido a buscarla a los pisos superiores, están llenos de caminantes.
La expresión de Rachel cambio de repente y agarró a María de los hombros. —¿Qué ha hecho que? ¿Se ha vuelto loca?— Rachel la soltó y se alejó corriendo por el aparcamiento. Cruzó la puerta que estaba abierta y comenzó a subir los escalones, llegó a la siguiente puerta que encontró abierta y se encontró en un pasillo, el cual comenzó a recorrer, pasó por delante de otra puerta abierta que daba a una habitación, se asomó y se encontró con Mario, Stacy y Alexandra.
Stacy se levantó rápidamente y se acercó a la puerta al verla, la cual también mostraba una expresión de sorpresa. —¿Cuándo habéis vuelto? ¿Juanma está también aquí?
—Si, hemos vuelto casi todos— respondió Rachel.
—¿Casi todos?— preguntó Stacy. —¿Quién ha…?
En esos momentos Rachel recordó como habían asesinado a Sean y lo que le habían hecho a ella, casi le dio un ataque de histeria, pero mantuvo la compostura y conteniendo las lagrimas miró a Stacy. –Mataron al chaval. Fueron hombres de Dorian, pero ya pagaron por ello. Ahora lo que quiero saber es donde está Sheila, debo encontrarla.
—Escuchamos un disparo hace un rato. Enrique y Laura fueron a ver que pasaba, creemos que fue Sheila quien efectuó el disparo…— antes de que Stacy pudiera seguir hablando Rachel comenzó a correr a toda velocidad por el pasillo.
A cada paso que daba a la carrera, el corazón de Rachel se iba acelerando, un disparo no era algo bueno, y menos en ese lugar, probablemente eso habría puesto frenéticos a todos los No Muertos que había en el hospital. Estos estarían persiguiendo a Sheila, eso si es que ese disparo no había sido dirigido hacia si misma. Entonces Rachel se detuvo en seco asaltada por la idea de que Sheila podría haberse suicidado al verse acorralada. Le aterraba esa idea, pero entonces alzó la cabeza y se convenció a si misma de que eso no podía ser, Sheila era una luchadora y jamás se suicidaría, siempre lucharía hasta el final. Rachel enseguida reanudó su camino. Probablemente Sheila tenía problemas y ella tenía que ayudarla.
Manhattan… Bloque de apartamentos…

Acababa de bajar de la azotea. Había ido a ver como estaban Johana y Juan. Les había subido algo para que comieran, estando allí arriba vi algo que me llamó la atención, se trataba de una columna de humo negro que se extendía por encima de algunos edificios. Después de ello bajé de nuevo a mi casa para contarles lo que había visto, nada más entrar por la puerta vi a mi hermano sentado en el sillón bajo la atenta mirada de David, el cual no lo perdía de vista en ningún momento.
—¿Cómo va todo?— preguntó David.
—Bien. Me he fijado en algo, hay una columna de humo que se eleva entre los edificios. Creo que puede ser alguien pidiendo ayuda. Y creo que la dirección desde la que viene… No se, creo que podría venir de la iglesia. Si  es que estoy en lo cierto… Claro.
Mi hermano entonces se asomó un poco por la ventana y se dio la vuelta para mirarme. –Desde aquí no veo nada, pero sea lo que sea hermanito… No creo que sea buena idea traer a más personas… Ya somos demasiados… Y allí podría haber cualquiera. Pondrás en peligro al grupo.
—Carlos tiene razón… Podría ser peligroso— dijo en ese momento David.
Entonces Carlos sonrió y me miró. –Mira tú por donde. Nunca pensé que estarías de mi parte… Pues si, es así. Si te pones a traer aquí a la gente acabará entrando alguien que no debe y nosotros estaremos completamente jodidos, y todo gracias a mi buen hermanito. Lograrás que maten a tu familia.
Estaba apunto de saltar sobre mi hermano con intención de golpearle, pero en ese momento alguien comenzó a llamar insistentemente a la puerta. Carlos, David y yo nos quedamos mirando. Entonces me acerqué a la puerta y me giré para mirarles, no sabíamos quien podía ser, si fueran Juan o Johana habrían entrado sin más. Podría ser Rachel, pero no me cuadraba para nada que fuera ella, tampoco podían ser ni Eva, ni Alicia, ni la periodista, ni Yuriko, ya que ellas estaban acostadas descansando. Saqué mi pistola y le quité el seguro, entonces miré por la mirilla y lo que vi me hizo soltar una exclamación y rápidamente abrí la puerta. Cuando la abrí, una chica calada hasta los huesos por el agua pasó al interior del apartamento ante la mirada atónita de David y de mi hermano.
—Sandra…— murmuré. Eso hizo que Carlos y David se miraran, luego David la miró también.
—¿Sandra?...
—Tenéis que ayudarme… Hay problemas, y son muy graves… Hay mucha gente en peligro y si no hacemos algo los matarán a todos.
Ante nosotros teníamos a Sandra, la cual había aparecido de repente pidiéndonos ayuda. Lo cual estaba trastocando los planes que teníamos hasta ese momento.


No hay comentarios:

Publicar un comentario