Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

Seguidores

sábado, 2 de mayo de 2015

NECROWORLD Capitulo 73

Día 23 de Enero de 2010
Día 580 del Apocalipsis…
Base Militar Área 51… 09:00…

—Despierta Luci… Despierta. No puedes quedarte aquí tirada y rendirte. No es propio de ti rendirte tan fácilmente y dejarte vencer. Sabes que si te cogen no durarás nada con vida. Hazte un favor a ti misma y levanta la cabeza… Sigue huyendo…— La voz llegaba lejana y con una especie de eco, pero aun así le resultaba familiar. Luci fue abriendo los ojos lentamente y se vio en medio de un lugar iluminado por una fuerte luz blanca, se sentía como flotando. Ante ella vio una silueta de alguien que se había agachado, alzó la vista y entonces reconoció a aquella persona, era Ethan. Este la miraba con una sonrisa. –Tienes que ponerte en pie. Eres más fuerte de lo que piensas, en tus manos está la decisión de vivir o morir.
—Ethan… Eres tú…— dijo Luci con un hilillo de voz. Poco a poco comenzó a incorporarse, pero lo único que pudo hacer fue sentarse y apoyarse en la pared. Una vez ahí se quedó mirando a Ethan, el cual seguía mirándola con una sonrisa. —¿Estoy muerta?
—No lo estás… Ni lo estarás. Saca fuerzas de donde sea y huye. No puedes dejar que te alcancen— Ethan posó su mano sobre la mejilla de ella y Luci pudo notar la calidez de esta, era una calidez que la llenaba de paz.
—Quiero dejar atrás todo esto. Quiero volver a estar contigo, ya no lo soporto más… Y te echo de menos…Yo…— Luci trató de tocar a Ethan, pero notó que no podía tocarlo por que parecía que se alejaba.
—Nos reuniremos algún día… Pero ese día aun no ha llegado— seguidamente los labios de Ethan se posaron en los suyos, fue cuando la luz la engulló por completo.
Luci abrió los ojos y se encontró sentada apoyada en la pared en mitad del pasillo donde había perdido el conocimiento. Era de día y podía escuchar el canto de algunos pájaros. Recordaba muy bien la conversación que había tenido con Ethan, no tenía muy claro si había sido una alucinación o un sueño, o si realmente el espíritu de Ethan la había visitado. Fuese lo que fuese lo que acababa de vivir una cosa estaba clara, no podía dejarse coger por los hombres de Dante, y al menos si la cogían, no se dejaría coger sin antes luchar hasta su ultimo aliento, se lo debía a Ethan.
Luci se puso en pie apoyándose en la pared, lo primero que hizo nada más estar erguida fue mirarse la mano, la tenía hinchada e iba a necesitar anti inflamatorios. Entonces escuchó un ruido, eran voces y pasos. Indudablemente Dante y sus hombres se habían adentrado en el interior de la base en su busca. Definitivamente iba a luchar con todas sus fuerzas hasta el final.
*****

Los hombres de Dante comenzaron a tomar la base militar mientras el se quedaba de brazos cruzados junto al jeep. Entonces se fijó en que un chico joven se había quedado rezagado y no se atrevía a adentrarse junto a sus compañeros, de hecho parecía que estaba temblando.
—¿Se puede saber que pollas te pasa hijo?— preguntó Dante.
—No puedo entrar ahí, tengo miedo. Ahí es donde guardan platillos volantes y alienígenas— balbuceó el chico.
Dante sonrió y se acercó a el, le puso la mano en la nuca y lo empujó hacia delante. –Si claro, también tienen ahí a Godzilla, al abominable hombre de las nieves y al mismísimo Elvis ¿No te jode? Entra ahí y no salgas hasta que hayáis cogido a esa perra. ¡¡¡Vamos!!! Corre hacia dentro si no quieres que te mate— Dante sacó una pistola y apuntó al muchacho, incluso le disparó varias veces a los pies. Estaba furioso, aquella chica lo estaba empezando a sacar de sus casillas, sabía que no podía, pero estaba deseando partirle el cuello con sus propias manos.

Manhattan… Bloque de viviendas…

Había dejado a mi hermano con Juan mientras yo subía a mi apartamento con los demás. Necesitaba preparar el plan de huida de la ciudad, pero aun nos faltaba gente en el grupo, David me había contado que Luci estaba viva y lo que había ocurrido con ella, me contó más cosas relacionadas con la chica a la que había salvado. Mi plan era salir del edificio e ir a la iglesia donde recogeríamos a los demás y nos marcharíamos, pero para todo eso íbamos a necesitar vehículos, los cuales estaban dentro de un gran almacén ubicado en el puerto.
—¿Y que haremos con Carlos?— preguntó Yuriko mientras observábamos el mapa de la ciudad. –No podemos llevarlo con nosotros.
Rápidamente miré a Eva, por su expresión vi que pensaba lo mismo que Yuriko –Dejaremos a mi hermano aquí, tal como está en el piso de abajo. Puede que muera, pero eso ya depende de el, aun así si se libera… Ya nos habremos marchado— les expliqué.
—¿Y a donde iremos?— preguntó en ese momento la periodista.
—Aun no lo se señorita…— no recordaba su nombre.
—Morales. Tina Morales— respondió ella rápidamente.
Asentí y continué hablando. –Aun no lo sabemos señorita Morales. Supongo que lo más lógico y acertado sería ir moviéndonos hasta encontrar un lugar en el que podamos quedarnos de forma temporal o incluso permanentemente. Debe haber muchos lugares aquí. De momento lo más importante es dejar la ciudad.
—No podremos estar dando vueltas eternamente, recuerda que Eva está embarazada. No sabemos cuanto tiempo puede llevarnos el encontrar un lugar en el que establecernos— dijo Alicia.
—Para eso existen las píldoras anticonceptivas… ¿A quien se le ocurre dejar que le hagan un bombo en pleno fin del mundo? Te has coronado cariño— dijo Johana mirando a Eva.
—Ella no eligió quedarse embarazada… Son cosas que pasan. Quiso abortar y no se lo permitieron. Las anticonceptivas les pegan más a las zorras promiscuas como tu— le espetó Alicia en ese momento a Johana.
En ese momento Alicia le lanzó una mirada a David y Johana se percató, entonces soltó una carcajada. –Ahora lo pillo por que me llevas mirando con caras raras desde que hemos llegado— entonces Johana se dirigió a David. —¿Y tu te acuestas con esta? No me extraña que vinieras buscando el calor de mi cama.
—¡¡¡Basta!!!— les grité a todos. No era momento de discusiones estúpidas. –Lo que debemos hacer está claro. Primero hacernos con al menos tres vehículos grandes en los que transportar a toda la gente que hay en la iglesia, tenemos que hacernos con armas, alimentos y ropa, aun queda mucho invierno y estoy seguro que pasaremos muchas noches a la intemperie. También hay muchas bocas que alimentar… Y niños— dije mirando a Vicky, la cual estaba jugando con Cristian en el salón. Volví a mirar a Eva y a Alicia. —¿Os dijeron cuantas personas había en la iglesia? Eso es un dato importante.
—No lo sabemos, pero puede que más de veinte personas, puede que más— respondió Alicia.
—Y también tenemos que recoger a Faith y a las otras— dijo Yuriko. –No podemos dejarlas aquí.
—Tranquila. No nos olvidamos de ellas— respondí.
—¿De quien habla?— preguntó Eva. Entonces caí en la cuenta de que no les habíamos dicho nada todavía de las mujeres que habíamos traído desde Portland, lo que hacía que el número de personas en el grupo aumentara. Ellas eran casi una docena.
—También está el grupo de Sheila— dijo Rachel.
—Es cierto— dijo Yuriko –Antes de separarnos. Ella y los otros venían hacia aquí con la intención de llevar a Alexandra al hospital para curarla. Estaba herida.
—Conociendo a Sheila… Es seguro que están allí— dijo Rachel. –Tenemos que ir a buscarla al hospital.
—El hospital no es una opción, creedme. De no ser por Levine no habría logrado salir de allí. ¿De donde creéis que han salido la mayoría de caminantes que hay por la ciudad? Os aseguro que el hospital vomitaba No Muertos. Al parecer capturaban a los habitantes de los túneles y experimentaban allí abajo con ellos— explicó David.
—No es que lo parezca. Es que era así— respondió Rachel con pesar.
—¿Cómo no me di cuenta de todo eso? Se suponía que yo estaba al mando de la ciudad.
—¿Acaso te sorprende? Graham se guardaba secretitos muy bien. Puede que tu estuvieras al mando, pero son muchas cosas las que no sabes— respondió Rachel. –Pero no es culpa tuya. Ahora lo importante es reunir a toda nuestra gente y largarnos.
Rachel tenía razón, pero no podía evitar sentirme culpable. De haberlo sabido podría haber hecho algo para impedirlo y cerrar el “proyecto renacer”, pero las circunstancias no solo habían acabado con el proyecto, si no también con la ciudad al completo. Aun así miré  a mis compañeros y seguí trazando el plan de huida.

Manhattan… Hospital…
10:10 de la mañana…

Alexandra se despertó y a la primera persona que vio fue a Stacy, la cual no se había apartado de ella en ningún momento después de que Sheila la interviniera. Todo había salido bien, pero aun debía descansar.
—¿Dónde estamos?— preguntó Alexandra en voz baja.
—Estamos en Manhattan…— respondió Stacy mirando a su compañera. –Voy a decirle a la doctora que te has despertado, no te muevas de aquí.
Stacy salió de la habitación y recorrió el pasillo. Los demás habían estado toda la noche asegurando aquella planta, bloqueando escaleras y puertas, impidiendo así que los No Muertos de plantas inferiores o superiores llegaran hasta ellos. Aun así habían asegurado un pasillo que los llevaba directos al aparcamiento, por el que podrían huir si pasaba algo.
Stacy llegó al aparcamiento donde se encontraba la familia Mexicana junto a Laura. Habían encontrado una ambulancia a la que todavía le quedaba algo de combustible.
—¿Y la doctora?— preguntó Stacy.
—No lo sabemos. No ha bajado con nosotros— respondió María. La cual había ayudado mucho en la operación de Alexandra. –Quizás esté en uno de los despachos. ¿No dijo algo de eso?— preguntó María mirando a su hijo.
—Creo que algo ha dicho, pero no estoy seguro. Se quedó a medio camino— respondió Enrique, el hijo del matrimonio Mexicano. –Búscala arriba a ver si la encuentras.
—Vale. ¿Alguno puede acompañarme? Necesito que alguien se quede con Alexandra mientras yo busco a la doctora.
—Voy yo— dijo el muchacho.
Segundos después Enrique y Stacy abandonaron el aparcamiento y comenzaron a subir por las escaleras de emergencia.
—Muchas gracias por acompañarme. Siento lo que ocurrió en Portland.
—¿A que te refieres?— preguntó Enrique sorprendido.
—A lo de que no os dejaran quedaros. Allí había unas normas muy estrictas, solo permitían que se quedaran mujeres. Aunque ahora ya no importa. Todo ha terminado.
—No es culpa tuya. Entiendo eso que quieres decir. No te culpo. Alexandra y tu… ¿Sois muy amigas?
—Bastante… Me salvó la vida innumerables veces durante nuestras incursiones de abastecimiento. Yo no estaría aquí de no ser por ella. Le debo la vida— respondió Stacy.
—Yo también estoy aquí gracias a una persona. Mi tío murió por salvarnos a mi madre y a mí. Estábamos en Atlanta y nos sorprendió un grupo de No Muertos. Nos rodearon y mi tío comenzó a luchar contra ellos con sus propias manos. Nosotros logramos escapar, pero a el lo rodearon y lo hicieron pedazos. Ni siquiera gritó. Creo que murió con orgullo al salvarnos la vida.
—Eso es triste— respondió Stacy.
Llegaron a un pasillo y entonces escucharon un ruido que venia de una sala. Ambos sacaron sus armas y se adentraron en la habitación, nada más entrar vieron que estaban en un despacho, allí vieron a la doctora revolviendo unos papeles y archivadores.
—¿Qué estás buscando?— preguntó Stacy.
Sheila se dio la vuelta rápidamente. –Me habéis asustado… ¿Qué hacéis vosotros aquí?
—Te estaba buscando. Alexandra ya se ha despertado. Creí que querrías saberlo.
—Si… Estoy buscando algo. Luego iré— respondió Sheila volviendo a lo que estaba haciendo, pero aun así ni Stacy ni Enrique se marcharon.
—¿Qué estás buscando?— preguntó nuevamente Stacy. –Si me lo quieres contar, claro.
—Busco los archivos del “Proyecto Renacer”. Ahí en esos papeles está todo lo que se descubrió hasta el momento, me niego a perderlo. Podríamos sacar una vacuna mejorada. Se que guardaban aquí las hojas con todas las anotaciones, tengo que encontrarlo— respondió Sheila tirando a un lado un archivador descartado. Seguidamente levantó un par de archivadores y cogió uno de la parte más baja, el cual comenzó a ojearlo. –No hay nada. Maldita sea, debería estar aquí y no está.
—¿Te ayudo?— preguntó Enrique cogiendo un archivador.
—No toques eso. Déjalo donde estaba. Por favor, salid de aquí y dejadme sola— les espetó en ese momento Sheila haciéndoles un gesto con la mano para que se marcharan.
Stacy y Enrique se miraron y sin mediar palabra salieron del despacho y cerraron la puerta, una vez en el pasillo se encaminaron hacia la habitación de Alexandra. Cuando esta los vio entrar se sobresaltó.
—Pensé que era uno de esos monstruos. Habéis tenido suerte de que no vaya armada. Suelo ser de gatillo fácil y…— Alexandra dejó escapar una mueca de dolor y no terminó la frase.
—Será mejor que te relajes. No estás para muchos trotes— dijo Stacy caminando hacia la cama. –La doctora no ha podido venir de momento, pero vendrá después. Aun así tienes buen aspecto, mejor que cuando te trajeron.
—¿Cuándo podremos marcharnos? Estoy harta de estar aquí tumbada— dijo Alexandra
—Será mejor que tengas paciencia— respondió Enrique. –Puede que el otro grupo haya llegado a la ciudad y nos estén buscando.
*****

Sheila tiró a un lado el archivador y volvió a coger uno de los que ya había revisado. Quería asegurarse de que no se le había pasado nada por alto. Repitió lo mismo con todos los archivadores y no consiguió resultados. Entonces se le ocurrió que un archivo tan importante solo podría estar en posesión del director del hospital. Este tenía el despacho en la última planta. Sheila se hubiese abofeteado a si misma por no haber pensado eso antes, lo peor de todo era que tendría que arriesgarse subiendo pisos y enfrentándose a los No Muertos que habría en las plantas superiores. Nunca antes había hecho una incursión a solas, y todo el mundo sabía que las incursiones más peligrosas eran siempre en interiores, siempre escuchaba historias de equipos que habían ido a un lugar cerrado a buscar suministros y en el que habían perdido a varios, las historias eran realmente desgarradoras. Recordó una de esas historias, donde se habían adentrado en un centro comercial, los No Muertos aparecieron de repente y acabaron con la mayoría del equipo, solo hubo dos supervivientes y los cuerpos de los caídos nunca fueron recuperados.
Sheila ya había tomado la decisión, recuperar esos archivos era extremadamente importante e iba a ir a por ellos. Lo haría sola, no permitiría que nadie la acompañara, eso era asunto suyo, únicamente de ella. Sacó la pistola que llevaba en la cintura y sacó el cargador, este estaba lleno y tenía una bala en la recamara, la sacó y se la guardó en el bolsillo mientras recordaba la primera norma de la comunidad, la primera que aprendió cuando llegó: “Guarda siempre una bala para ti”. Y así lo hizo.
No iba a decírselo a nadie, se iba a poner en marcha antes de que anocheciera. Volvió a meter el cargador en el arma y se la guardó, seguidamente se la volvió a meter en la cintura y salió al pasillo, miró a ambos lados y comprobó que no hubiera nadie. Cerró la puerta con cuidado y comenzó a caminar por el pasillo en dirección a una de las escaleras.

Manhattan… Túneles…

Mouse estaba desesperado. Los niños se estaban poniendo nerviosos y Sandra estaba poniendo todo de su parte para que el perro no ladrara y revelara así su posición. Se encontraban bajo la iglesia, y en ella había un grupo armado que había tomado rehenes, entre ellos al novio de Sandra, lo peor de todo es que no sabían cuales vivían y cuales no, de hecho no sabían si los habrían matado a todos o no.
Mouse se acercó a Sandra, la cual estaba junto al perro y los niños. La chica herida con nombre extraño también estaba allí y no tenía muy buen aspecto.
—Mientras estén ahí arriba no podremos salir. Quizás deberíamos volver sobre nuestros pasos y reunirnos con tus amigos. Nunca podríamos con ellos, nos superan en numero, nosotros somos tres como mucho— Mouse miró al profesor que nunca hablaba –Bueno, cuatro, pero dudo que ni esta chica que apenas puede tenerse en pie y el parlanchín puedan hacer mucho. Además, tenemos aquí a los niños. Creo que lo más lógico es regresar y avisarles de lo ocurrido y que nos ayuden, con suerte los que esperan ya han vuelto. Sea como sea los necesitamos, deberíamos ponernos en marcha ahora mismo.
Sandra miró a los niños, a la chica y al profesor. Después miró a Mouse –Mírala a ella ¿De verdad piensas que podrá seguir caminando? Es un largo camino de regreso. No llegará y lo sabes.
—No os preocupéis por mi— dijo 14K –Sobreviviré— comenzó a toser.
Sandra se acercó a ella y posó su mano sobre su frente –Tienes mucha fiebre. Estás muy mal, en primer lugar no tendrías que haber venido hasta aquí. Ahora no podrías dar ni dos pasos sin desplomarte— Sandra miró a Mouse. –Alguien debería ir hasta allí y esa puedo ser yo, me he aprendido el camino… Y llevaré a Yako conmigo. Tú quédate cuidando de ellos, yo volveré lo antes posible y no lo haré sola.
—Entonces será mejor que corras— respondió Mouse.
Sandra se puso en pie, encendió la linterna y tiró de Yako. –Venga. Tenemos algo que hacer— lanzó una ultima mirada a Mouse y a los demás. –Nos veremos pronto.
Seguidamente Sandra comenzó a recorrer los túneles a paso rápido junto a su perro, no tardó en desaparecer de la vista de los demás, los cuales lo único que veían era un haz de luz perdiéndose en la oscuridad de los túneles de las alcantarillas.

Manhattan… Iglesia…

Parker recobró el conocimiento, recordaba todo lo que había ocurrido, aunque lo tenía algo borroso. Recordaba que iba a salir para ir a por Sandra y cuando abrió la puerta alguien le golpeó dejándolo totalmente inconsciente, no sabía cuanto tiempo había pasado. Se incorporó poco a poco y miró a su alrededor, allí había bastante gente, también se dio cuenta de que estaban encerrados en una especie de pequeña capilla.
—¿Qué ha pasado aquí?— preguntó Parker mirando a una señora mayor. —¿Dónde estamos? No recuerdo mucho.
En ese momento se le acercó un tipo de color que le recordó a Wesley Snipes. –Te dieron un buen golpe, pero no es grave, aunque te quedará un buen chichón hermano.
En ese momento abrieron la puerta y empujaron al interior de la sala al padre Kaleb, a Diana y a su hermano Paul. Cuando cerraron la puerta, Paul comenzó a pedir una manta para su hermana. Rápidamente un hombre se acercó y la cubrió con una cortina que había quitado de una de las ventanas. La expresión de la chica reflejaba que había sido torturada y la expresión de su hermano reflejaba furia.
Parker se puso en pie poco a poco y se acercó a ellos, miró a la muchacha y esta enseguida le apartó la cara movida por el miedo.
—La han violado sin piedad delante del padre Kaleb y de mí. Fue ese gordo cabrón. Y lo estaban disfrutando, disfrutaban de hacerle daño— dijo en ese momento Paul. –Todo es culpa de ese enano.
Parker en ese momento recordó a aquel niño que vio, fue entonces cuando cayó en la cuenta de que no era ningún niño, si no que era un hombre de corta estatura y ese solo podía ser el bebé. El proxeneta de la ciudad que también controlaba el tráfico de drogas y que Graham nunca se molestó en quitar de en medio.  Parker también se percató de que allí había chicas que antes no estaban, fue el padre Kaleb quien le explicó que se trataba de chicas que trabajaban en el local de aquel tipo, eran las prostitutas.
—¿Tenemos armas?— preguntó en ese momento Parker. –Podríamos contraatacar. De hecho deberíamos.
—Nos las han quitado todas— respondió en ese momento Jill desde un rincón en el que se había quedado cuidando a una mujer a la que habían dado un golpe en la cabeza.
—¿Y cuantos son? ¿A cuantos nos enfrentamos?— quiso saber Parker. —¿Alguien los ha contado?
—Deben haber cerca de dos docenas entre hombres al servicio de el Bebé y clientes que habían en el club durante el ataque. Han decidido unirse para dios sabe que… Y han empezado por nosotros. Nos deben haber encontrado por la hoguera del jardín.
—¿Y Sandra? ¿No han vuelto?
—No— respondió Jill –Ni ella ni el tipo ese.
—Entonces aun nos queda una posibilidad. Si ellos están al tanto podrán ayudarnos y atacar por sorpresa. Seguro que ellos no se lo esperan.
Y era cierto. Parker se alegraba de que no hubiesen cogido a Sandra también, ella estaba fuera de la iglesia y volvería de un momento a otro. Las tornas podían cambiar y darles fuerte a los que les habían asaltado. El bebé las iba a pagar todas juntas.

Base Militar Área 51…

Luci avanzaba hacia el interior de la base, se había introducido en un ascensor y como si estuviera haciendo rapel comenzó el descenso por los cables de este, aunque poco a poco y a duras penas. Seguía escuchando a los hombres de Dante, incluso llegó a verlos asomados por el ascensor y mirándola desde arriba, pero ninguno de ellos abrió fuego contra ella, era evidente que por orden de Dante no iban a hacerlo.
Luci sin saber cuantos pisos había descendido por fin tocó tierra, seguidamente haciendo uso de las pocas fuerzas que le quedaban abrió las puertas y salió a un nuevo pasillo sin ventanas y en el que misteriosamente aun había luz funcionando.
El pasillo era de un color blanco en las paredes y en el suelo había una moqueta de color gris. Aun así lo que más le llamó la atención a Luci fue el que aun hubiese luz, probablemente allí había habido gente hasta hacía poco o bien aun seguían allí, quizás pudieran ayudarla, por otro lado no entendía donde estaba, ya que en la parte superior de aquella base no parecía que funcionase la luz, sin embargo allí abajo todo parecía estar en un estado diferente, como nuevo.
Recorrió el pasillo apoyándose en la pared y pasó junto a un despacho que enseguida le recordó al despacho oval de la casa blanca, allí había cámaras de video, fue en ese momento cuando comprendió algo, aquello además de una base militar era también un bunker. Se imaginó que cuando la pandemia comenzó y el presidente de los Estados Unidos daba sus mensajes de calma, este no los hacía desde la casa blanca, si no desde allí, engañando así a todos.
Luci siguió el camino y llegó a una puerta, al abrirla vio unas escaleras que seguían bajando hacia abajo. En el descenso de los cables ya había bajado varios pisos ¿Cuánto más le tocaba bajar?
Bajó varios escalones y por fin llegó abajo del todo. Allí encontró una puerta doble abierta en la que se podía leer “Solo personal autorizado”. Luci cruzó las puertas para darse cuenta de que estaba en un túnel subterráneo que se extendía en dos direcciones,  entonces sintió el olor, era olor a carne en descomposición, evidentemente había un cuerpo cerca y Luci no tardó en descubrirlo.
El cuerpo de probablemente un hombre se encontraba debajo de un montón de escombros, allí había habido un derrumbe, probablemente debido a alguna explosión. Luci se acercó al cuerpo y cuando iba a tocarlo, este levantó la cabeza y emitió un gemido. Presentaba un color amarillento y grisáceo, sus dientes estaban podridos y rotos, sus ojos carecían de vida, entonces alzó un brazo para tratar de agarrarla, pero ya no había mano, si no huesos rotos saliendo del miembro cercenado, no había sido una amputación limpia, el otro brazo estaba semi enterrado entre los cascotes y la mano sostenía una pistola. Luci enseguida se agachó junto a esa mano y agarró la pistola, el No Muerto soltó la pistola para intentar agarrarla a ella.
Con la pistola en la mano sana se alejó del cuerpo y comprobó que en esta aun quedasen balas, su sorpresa no pudo ser más agradable cuando descubrió que aun quedaba medio cargador, algo bastante bueno si administraba bien las balas.
La luz del túnel no era tan fuerte como en el pasillo de arriba, eran focos que estaban a unos diez metros por encima de ella, algunos incluso estaban fundidos, pero eso no le impidieron ver el pequeño vehículo que estaba aparcado en un rincón del túnel, era un cochecito muy similar al que llevan los jugadores de golf.
Luci se acercó al vehículo y vio que tenía las llaves puestas, las giró y el motor del pequeño vehículo se encendió. Podría utilizarlo para usarlo allí abajo y desplazarse rápidamente dejando atrás a sus perseguidores. Se subió a el y con una sola mano comenzó a conducirlo por aquel túnel que parecía no tener fin.
*****

Dante se miró el reloj, eran casi las doce de la mañana y aun no había resultados en cuanto a la captura de la chica, entonces vio acercarse a dos de sus hombres.
—¿La habéis encontrado?— preguntó Dante impaciente.
—La vimos descender por el interior de un ascensor… Los demás están tratando de abrir las puertas que permanecen cerradas, pero eso podría llevarnos horas— respondió uno de ellos. –Creo que sería mejor dejarlo pasar, este lugar…
En ese momento Dante se dio la vuelta y se metió dentro del jeep. Usó un rato la radio y habló con alguien, seguidamente salió con una ametralladora en las manos.
—Voy a entrar. En un par de horas llegaran hasta nuestra posición refuerzos que vienen de Las Vegas. Cuando lleguen quiero que entren también, no dejaremos que esa putilla se nos escape, quiero que se peine toda la jodida base… Y repito, que nadie dispare a la chica. A quien dispare lo destriparé con mis propias manos.
Dante cruzó las vallas y recorrió a la carrera el patio de la base hasta que se adentró en el interior del edificio. Sabía muy bien lo grande que era aquel lugar y sabía que bajo ellos se extendía la zona secreta de la base más el bunker donde se ocultaban los poderosos en caso de desastre. No iba a dejar que esa chica escapara, ya era demasiado personal.

Manhattan… Bloque de apartamentos…
11:50 de la mañana…

Con todo lo que teníamos que hacer ya claro dejé que los demás descansaran un poco y comieran, iban a necesitar estar en perfectas condiciones para el largo día que nos esperaba al día siguiente, era el día que habíamos acordado entre todos. Solo faltaba lo más importante, bajé a casa de David y abrí la puerta, entonces me encontré con Juan y con mi hermano.
—¿Cómo ha ido? Ve a comer, yo me quedo con el— le dije a Juan. —¿Ha dicho algo?
—Oh si, ya lo creo. Ha estado cantando la discografía completa de David Bisbal. Tu querido hermano es un coñazo ¿Lo sabias?
—Tengo que hablar con el. Ve con los demás— dije.
Cuando Juan se marchó me senté enfrente de mi hermano, el cual me miró con una sonrisa de oreja a oreja.
—Llegas justo a tiempo. Ahora iba a empezar con la discografía de Bustamante— dijo Carlos con sorna.
—¿Has comido?— le pregunté
—¿Acaso te importa? Si te importara me desatarías, pero no lo harás, me tienes demasiado miedo— respondió Carlos.
—No te tengo miedo, pero no te suelto por que eres peligroso. Aun así he venido a proponerte un trato, de lo que digas dependerá lo que yo haga contigo. Llevo dándole muchas vueltas y se que los demás podrían no estar de acuerdo. De hecho yo aun tengo mis dudas.
—Habla. Soy todo oídos.
—Lo que voy a proponerte es una redención— Carlos frunció el ceño. –Si, como lo oyes. Eres mi hermano y aunque últimamente hemos estado enfrentados quiero proponerte que nos ayudes y sigas con nosotros. Tenemos mucho trabajo por delante y somos muy pocos con experiencia. Tú puedes ayudarnos.
—¿Y si me niego?
—Entonces te dejaremos aquí a tu suerte y probablemente mueras, pero si nos ayudas te llevaremos con nosotros y serás perdonado por todo lo que has hecho. Como ya te he dicho eres mi hermano y no me siento capaz de dejarte tirado.
—Curioso que digas eso cuando fuiste tu mismo el que me dio la patada cuando me desterraste. Cojonudo hermanito, cojonudo, pero bueno, supongo que es una propuesta muy tentadora como para negarme. Muy bien, os ayudaré. Ahora desátame.
—Una cosa más— dije mirándolo fijamente.
—Vaya, pensé que habías terminado ya. Adelante dispara, tengo cosas que hacer como irme a tomar unas copas— replicó Carlos con más sorna todavía. Me miró y vio que estaba totalmente serio. –Venga, suéltalo.
—No quiero que te acerques a Eva ni a Vicky. No les hables si quiera. Tienes que estar como mínimo a diez metros de ellas. Si veo que te acercas o intentas algo, por mínimo que sea… Te mataré, olvidaré que eres mi hermano y acabaré contigo. ¿Queda claro?
—Cristalino. Ahora desátame— respondió Carlos con una sonrisa.
Me acerqué a mi hermano y comencé a quitarle todo lo que lo mantenía preso, cuando estuvo libre se puso en pie y estiró los brazos hacia arriba para desperezarse.
—Estaba harto de estar ahí sentado. No he podido ir a cagar todavía ¿Te importa si voy a plantar un pino?— Carlos sonrió al ver que lo seguía mirando fijamente –Que era una broma… ¿Qué le ha pasado a tú sentido del humor? Bueno, os ayudaré, pero necesitaré un arma.
—No pienso dártela— respondí.
—Tu mismo— respondió Carlos.

Salí del apartamento de David y comencé a subir por las escaleras con mi hermano a dos metros por detrás de mí. Le había dado una oportunidad, pero desde luego no iba a quitarle ojo de encima en ningún momento y por supuesto no soltaría la pistola que descansaba en mi cinturón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario