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sábado, 30 de mayo de 2015

NECROWORLD Capitulo 77

Día 23 de Enero de 2010
Día 580 del Apocalipsis…
Manhattan… Bloque de apartamentos…
16:50 horas de la tarde…

Mi hermano y yo abrimos la puerta del garaje y la ambulancia pasó a toda velocidad hacia el interior seguida por varios caminantes que Carlos y yo nos apresuramos a abatir. La ambulancia se detuvo y de ella bajó rápidamente Rachel, esta pasó junto a mí y accionó la palanca de la puerta. Esta bajó y los No Muertos se quedaron aporreándola al otro lado. Después de eso me acerqué a la ambulancia, donde sus ocupantes estaban bajando. Les di un abrazo a mis más cercanos y me fijé en la chica que estaba tumbada.
—¿Qué le ha pasado?— le pregunté a Sheila. —¿Le han mordido?
Sheila negó con la cabeza. –No, pero estaba herida. Yo la curé. Ahora solo tiene que guardar reposo.
—Muy bien. Subidla a mi apartamento o al de David— le dije mientras veía pasar a mi hermano junto a mi al tiempo que les lanzaba una mirada a los recién llegados. Una mirada que no me gustó demasiado. –Ahora me reuniré con vosotros y os explicaré como están las cosas.
Me alejé de Sheila y me planté delante de mi hermano. Tendí la mano hacia delante y Carlos me miró directamente a los ojos. –Dame el arma— le pedí. –No quiero que tengas un arma hasta que no hagamos lo que tenemos que hacer.
Carlos sonrió y me la dio. Aunque creí que pondría pegas. –Muy bien. Toma, toda tuya. Yo no la necesito ahora mismo.
Carlos me rodeó y se alejó hacia la puerta. Yo por mi parte regresé a la ambulancia para ayudar a bajar la camilla donde estaba tumbada Alexandra. Cuando vi a Stacy me fijé en que también estaba herida, pero ella estaba en mejores condiciones.
—¿Qué tal te encuentras tú? ¿Todo bien? Luego quiero comentarte algo— entonces miré a Alexandra. –No te preocupes. Pronto te pondrás bien.
Subimos los pisos y vi como Sheila se paraba delante de su casa, sacaba las llaves y abría la puerta. –Nosotros nos quedaremos aquí. Estaremos menos apretados si vamos todos a tu casa o a la de David.
—Muy bien. Ahora bajaré a explicaros todo. Primero tengo que avisar a los demás de que habéis regresado.
Dejé a todos los recién llegados en casa de Sheila y Rachel. Seguidamente subí a toda velocidad, cuando llegué al pasillo donde estaba mi apartamento escuché la voz de Laura a mis espaldas. Me di la vuelta y la miré.
—No se que estás planeando, pero si es recuperar la ciudad va a ser imposible.
—No— le negué –No quiero recuperar la ciudad. Como bien dices es imposible. Tengo un plan, créeme, os lo contaré luego con pelos y señales, pero ahora quedaros en casa de Sheila y descansad, recuperad fuerzas. Lo necesitáis. Mañana será un día largo para todos.
—¿Qué ocurrirá mañana?— preguntó Laura.
—Os lo contaré después. Ahora nos vemos— le respondí a Laura. Seguidamente me di la vuelta y me acerqué a la puerta de mi apartamento, la crucé y me encontré con todos los demás. Mi hermano también estaba allí, se había sentado en un sillón y Juan lo estaba vigilando, fue precisamente el quien se acercó a mi primero.
—¿Eran los demás? ¿Sheila y los otros?…— preguntó Juan. —¿Están bien?
—Si. Están bien— miré a mi hermano que estaba sentado detrás de Juan. —¿Se lo has contado tú?— mi hermano asintió y yo miré a los demás. –Bien. Como ya sabéis ahora somos unos pocos más, con lo cual somos más los que nos vamos a marchar, luego les contaré el plan a todos ellos. Lo que está claro es que en los autobuses se quedarán unas cuantas personas más. Alexandra y Stacy, están heridas y ellas se quedarán con Eva y Alicia. También hay un muchacho joven y están también Sheila y Laura. Sheila… No hace falta decir que ella es la más importante de todos nosotros. Laura no está hecha para el combate.
—¿Se quedarán ahí abajo? En casa de Sheila y Rachel— preguntó Alicia.
—Si. Será lo mejor. Debemos estar repartidos para no estar tan apretados. Respecto a Sheila, quiero que ella se quede en el autobús con vosotras por que tendrá que ocuparse de curar a los heridos.
—También está María— dijo en ese momento Yuriko. –Esa mujer tampoco está hecha para el combate. Creo que ella haría mejor quedarse en los autobuses.
Me quedé un rato pensativo al recordar a esa mujer, no me acordaba en un principio quien era, pero caí en la cuenta de que se trataba de la mujer Mexicana.
—Creo que antes de meterlos en grupos deberías explicarles a ellos el plan. No a nosotros— dijo Johana cruzándose de brazos. –Nosotros conocernos el plan y estamos de acuerdo, pero ellos aun no saben nada. Cuéntaselo y que decidan donde quieren estar.
Johana tenía razón, no podía decidir así el puesto de unos recién llegados que aun no sabían nada de lo que íbamos a hacer. Tenía que contárselo y de paso decirles a Alexandra y a Stacy que había más supervivientes de Portland. Ya les había dicho a los demás que habíamos aumentados en numero, ahora debía bajar a decirles a los demás lo que íbamos a hacer. Salí de mi apartamento y bajé los escalones, cuando estuve en la puerta del apartamento de las dos chicas llamé a la puerta y fue el muchacho joven quien me abrió.
—Gracias— dije al entrar. Seguidamente avancé hacia el salón y allí me encontré con todos los que estaban sanos. Seguramente Alexandra estaba acostada en una de las habitaciones siendo vigilada por Stacy.
—¿Todo bien?— preguntó Laura.
—Si— respondí. –Muy bien. Tengo algo que contaros a vosotros. Luego se lo diré a Stacy y a Alexandra— les conté el plan que había tenido, lo hice con pelos y señales, todos estuvieron de acuerdo, aunque el muchacho y su padre optaron por ayudar al grupo que atacaría, y  aunque al principio la madre se oponía, no tuvo más remedio que aceptar que tanto su marido como su hijo querían ayudar.
—Yo quiero estar en tu grupo— dijo en ese momento Rachel. –Quiero ayudarte en esas dos partes, lo del Garden y lo del jardín de la iglesia. Necesitarás los ojos de alguien más sobre tu hermano. No me fio de el. Vi como nos miraba cuando nos vio llegar.
—Está de nuestro lado— respondí. –El está solo, no creo que se atreva a hacer nada.
—Iré contigo y no hay más que hablar— dijo Rachel. Como sabía que no la iba a hacer cambiar de opinión, opté por aceptar que viniera con David, con mi hermano y conmigo. No comprendía muy bien esa decisión, pero me imaginaba que tras lo sucedido con los hombres de Dorian, temía pasar demasiado tiempo junto a Sheila y derrumbarse, haciendo entonces que Sheila lo descubriera todo.
Después de eso me acerqué a la habitación, nada más entrar me encontré con Alexandra tumbada en la cama y a Stacy sentada en una silla a su lado, sin despegarse.
—¿Qué tal estáis? Siento lo ocurrido en Portland— dije al tiempo que entraba y cerraba la puerta detrás de mi. Avancé hasta otra silla y me senté mientras ambas me miraban, entonces continué hablando. –Supongo que me culpareis de lo ocurrido en vuestra comunidad, ya que era a nosotros a quienes buscaban.
—Estamos bien. Y no te culpamos. Eso es algo que habría pasado tarde o temprano, solo ocurrió casualmente mientras estabais vosotros allí. Además, si alguien es responsable de ello… Esa soy yo, fui yo quien os llevé.
—Yo también estoy bien. Creo que en un par de días podré hacer vida normal otra vez— dijo en ese momento Alexandra. –Bueno, si a algo de ahora se le puede llamar vida normal.
—De eso quería hablaros. Nos vamos de Manhattan. De hecho mañana dos grupos saldremos del edificio para llevar a cabo dos tareas. Unos irán a por unos autobuses, los cuales usaremos para salir todos de aquí. Y otro grupo en el que yo estaré, iremos al Madison Square Garden a buscar armas, las necesitaremos si queremos sobrevivir ahí fuera— les conté el resto del plan, el que incluía la parte del rescate de los que estaban en la iglesia. En el cual, aunque no podían participar activamente estuvieron de acuerdo. Entonces llegó el momento de contarles lo de las chicas que habíamos traído de Portland. Se lo conté todo y sus caras se iluminaron, por lo visto no contaban con que había más chicas que habían sobrevivido.
—¿Cuándo iremos a por ellas? ¿Están bien?— preguntaba Stacy.
—Si. Están bien. Las dejamos a salvo en un parking. Las recogeremos cuando nos vayamos de aquí. No las trajimos pensando que no era bueno para ellas, y de hecho, tras ver lo que tenemos encima… Creo que hicimos lo más lógico.
—Yo puedo ayudar con el rescate— dijo en ese momento Stacy. –Puede que esté herida, pero no estoy inútil. Puedo ayudar en ese momento.
—¿Estás segura? No sabemos mucho de cuantos son los que están en la iglesia reteniendo a la gente. Sabemos quien los dirige y poco más, no sabemos ni su número ni las armas que poseen ni si están especializados en tácticas militares. No sabemos nada más.
—No sabéis nada en realidad. Vais a ir a ciegas a por ellos para rescatar a un grupo de gente que no sabéis si viven o mueren. Es arriesgado— dijo en ese momento Alexandra. –La cosa podría no acabar bien para ninguno.
—Lo se, pero no podemos que hacer otra cosa. Solo podemos confiar en que no hayan matado a los rehenes… Al menos no todavía y no a todos.
—¿Tienes seres queridos entre esos rehenes?— preguntó Stacy. –Supongo que si. Si no, no harías esto. Normalmente en casos como este…— Stacy hizo una pausa. –La gente suele dejar a los otros atrás. Solo se salva a los que uno tiene más cerca.
—No es mi caso. Y si, entre esos rehenes hay gente que me importa— respondí pensando en Diana. –Por eso me niego a pensar que están muertos. Y si están muertos… Me ocuparé personalmente de que lo paguen caro. Bueno, descansad y comed cuando tengáis hambre. Yo voy a terminar de ultimar los preparativos.
Salí de la habitación y de nuevo en el salón me encontré con los demás salvo con Rachel. Está se había marchado, entonces Sheila se me acercó.
—¿Puedo hablar contigo?— preguntó Sheila, yo asentí y ella me llevó hasta la cocina. Una vez allí cerró la puerta y me miró. —¿Qué le pasa a Rachel? La noto rara.
Temía ese tipo de preguntas por parte de Sheila. Le había prometido a Rachel que no le diría nada a Sheila, pero en esos momentos Sheila no parecía que se fuera a quedar satisfecha sin respuestas.
—Han pasado muchas cosas. Es normal que esté un poco traumatizada— respondí. Mintiendo obviamente.
—Rachel no es así. Aquí hay algo más que no queréis que me entere. Esperaba que tú me lo contaras. Se supone que somos amigos. Así que dime. ¿Qué es lo que le pasa a Rachel? Dímelo Juanma.
Me quedé callado unos segundos y respondí lo primero que se me ocurrió, otra mentira. –Rachel disparó a una niña que había sido mordida. No tuvo más remedio. Luego disparó a una chica que amenazaba su vida. La chica estaba confundida y matarla fue lo único que Rachel pudo hacer. No le digas que te lo he contado, temo que se derrumbe. No es nada fácil. Solo dale tiempo para que vuelva a ser la Rachel de siempre, por cierto. ¿Dónde está?— le pregunté finalmente.
—Dijo que iba a subir a la azotea a llenar cubos con el agua de la lluvia. No tenemos agua para todos en casa— respondió Sheila.
—Muy bien— respondí. –Yo vuelvo a casa, vosotros descansad y estad tranquilos. Mañana será un día largo y duro.
Salí del apartamento de las chicas y me fui directo a mi casa. Cuando subí los escalones y me encontré en el pasillo me quedé quieto. Entonces, en lugar de entrar a mi casa subí hasta la terraza, cuando llegué y abrí la puerta me encontré alrededor de veinte cubos de agua llenándose con el agua de lluvia, busqué a Rachel con la mirada, pero no la vi, entonces escuché un sollozo. Entonces la vi a cubierto, estaba sentada debajo de un toldo improvisado, cuando me vio se secó las lagrimas.
—Lo siento. Creía que seguía estando sola. No soporto que me vean llorar— Rachel se pasó la manga por los ojos. –He tenido que irme de casa por que no podía aguantarle la mirada a Sheila, por eso he optado por acompañarte con lo de conseguir las armas. No soporto que me mire, por que cada vez que me mira, los recuerdos de ese momento se clavan en mi. Si me ve así, al final se acabará enterando.
—Ya sospecha que te pasa algo. Incluso me preguntó a mí. Tuve que mentirle diciéndole que estás así por que tuviste que disparar a una niña a la que habían mordido. Lo siento, me vi atrapado— le respondí mientras me acercaba a ella –No se me ocurrió otra cosa, pero sinceramente, creo que deberías decírselo en algún momento.
—No te preocupes. Has hecho bien, lo importante es que no sepa que me han violado. No lo soportaría, no soportaría su mirada entonces. Ya es duro ahora, imagínate como sería cuando se entere.
En ese momento la abracé y le di un beso en la frente, en esos momentos pude notar que estaba temblando, pero no era de frio. –No te preocupes. Te aseguro que nunca más dejaré que te ocurra nada. Te lo prometo, prometo que os sacaré de aquí a todos y que encontraremos algún lugar donde empezar de cero.
—Aquí ya habíamos empezado de cero y mira como hemos acabado. A veces pienso que estamos viviendo un tiempo prestado, uno que nos pueden quitar cuando les plazca. Como si fuera un juego macabro. Pienso que no hay ningún lugar donde podamos empezar realmente de cero. Que siempre ocurrirá algo que o acabará con nosotros o nos hará largarnos. Nunca seremos felices.
—Sin embargo yo si pienso que ese lugar existe y que algún día lo encontraremos. Solo tenemos que seguir buscando y sobreviviendo. Poniendo todo nuestro empeño en ello. Yo lo daré todo para que podamos ser felices en algún lugar.
—Hablas como un autentico hermano mayor— dijo en ese momento Rachel. Pude ver una débil sonrisa en sus labios. –Eso me gusta. Y también me gusta tenerte a mi lado. Eres quizás una de las personas más importantes para mí. Te he cogido mucho cariño.
Esas palabras de Rachel me hicieron quedarme pensativo. Quizás si en Puzol me hubiese empeñado en buscar a mi familia, en esos momentos Carlos sería de otra manera, mis padres estarían vivos y mi otro hermano también lo estaría. Ciertamente me sentía culpable, prácticamente estaba recogiendo lo sembrado, estaba recogiendo mis propios demonios. Los cuales sentía como que cada vez estaban más sobre mi.
*****

Sheila había decidido ir a ver a Rachel. Ahora que sabía lo que había ocurrido necesitaba hablar con ella y decirle que no se preocupara. Necesitaba abrazarla y expresarle lo que sentía por ella, demostrárselo. Salió de su apartamento y comenzó a subir los escalones. Cuando llegó a la azotea escuchó a alguien hablar. Se quedó oculta y se asomó lentamente, entonces los vio, estaban debajo de un toldo abrazados. Eran Juanma y Rachel. Ella lo había rodeado con sus brazos y parecía estar muy a gusto con el. Entonces sintió como una punzada en el corazón, fue en ese momento cuando pensó en algo impensable hasta ese momento. Primero Rachel estaba extraña y segundo, Juanma le había contado algo que a ella le había parecido una excusa barata. Le había dicho que Rachel estaba así por algo que había ocurrido en Portland, y eso era algo que no le cuadraba para alguien con el carácter de su pareja. Entonces, al verlos allí bajo el toldo, abrazados, sintió que todo estaba cobrando mucho sentido. Se sintió morir al pensar que Juanma y Rachel podrían estar juntos y que le estaban mintiendo con toda la cara del mundo. Rápidamente se tapó la boca con la mano para que no se le escuchara sollozar. Antes de que pudieran descubrirla, se marchó de allí llorando y pensando que todo su mundo se había venido abajo.

Manhattan… Túneles…
19:00 horas…

Se había perdido varias veces al intentar dar un rodeo para evitar las corrientes de agua que se habían formado allí abajo, pero finalmente había llegado junto a Mouse y los otros. Nada más llegar, Mouse corrió a su encuentro.
—Has tardado mucho. Comencé a creer que te habías ido de fiesta sin nosotros. ¿Cómo te ha ido? ¿Alguna novedad?— preguntó Mouse expectante, entonces vio la sonrisa en la cara de Sandra. –Imagino que eso es un si.
—Juanma y los que se habían ido han vuelto. Tienen un plan para rescatar a los que están en la iglesia y para salir de aquí todos juntos— seguidamente, Sandra les contó todo el plan. Todo con pelos y señales.
—¿Y cuando será lo del ataque?— preguntó Mouse.
—Eso no lo se— respondió Sandra. –Se que mañana por la mañana irán a buscar lo necesario. Respecto al ataque, Juanma tendrá que salir por aquí— señaló la boca de alcantarilla que tenían a unos metros por encima de sus cabeza. –Supongo que cuando lleguen por aquí nos darán más detalles. Por cierto— Sandra se descolgó la mochila del hombro. –He traído comida para los niños.
Los niños comenzaron a coger su ración, incluso el profesor y 14K se apresuraron a coger su parte. Aunque 14K lo hizo con varios problemas para caminar mientras se tocaba el pecho, el lugar exacto donde tenía la herida de bala. Cuando se alejó, Mouse miró a Sandra.
—Está bastante fastidiada. Temo que no dure un par de días más, si esto se alarga mucho puede que se nos muera. Imagínate que se nos muere mientras dormimos. Estamos en peligro si se muere…— dijo Mouse, en ese momento el y Sandra miraron a su nueva compañera, la cual estaba sudando a mares. Probablemente tenía la herida infectada.
—¿Y que hacemos?— preguntó Sandra. –No podemos matarla por que si, ni tampoco podemos dejarla en un lugar donde esté apartada de nosotros. Sugiero que hablemos con ella y se lo contemos. Será mejor que esperar. Y si los niños se enteran… Podría cundir el pánico. Lo cual no nos ayuda. Si aquí abajo ocurre algo nos descubrirán, y ahí si que estaremos jodidos.
En ese momento escucharon unas voces que venían de arriba. Sandra se apresuró en lanzarse sobre su perro para que este no comenzara a ladrar. Mientras, Mouse iba pidiendo silencio a los demás mientras se encaramaba a la escalera de mano y comenzaba a subir lentamente para no hacer ruido. Cuando estuvo cerca de la tapa de hierro, pudo escuchar mejor las voces, aunque estas se confundieran con el sonido de la lluvia. Se trataba de dos personas, uno de ellos tenía voz similar a la de un ratón. Subió un poco más y a través de un agujero en la tapa vio a El Bebé junto a uno de sus gorilas, el cual portaba un paraguas para impedir que su jefe se mojara.
—No hay forma de recuperar esta ciudad. Por lo tanto, deberíamos marcharnos y buscar otro sitio— decía el bebé. —¿Qué os parecería si nos mudamos a Las Vegas? Mi buen amigo Dorian seguro que nos recibe con los brazos abiertos.
—Pero jefe… Tengo entendido que Dorian es un loco y un sádico…— respondió un hombre al que no podía ver debido a que estaba fuera de su campo de visión, pero este no parecía estar muy convencido de la decisión de su jefe.
—Dorian es un sádico, pero es muy razonable. No nos pondrá pegas, pero somos demasiados— respondió el bebé –Algunos sobran.
—¿Entonces los mataremos a los que sean prescindibles?— preguntó el hombre al que no podía ver. —¿Cuándo lo haremos? ¿Cuándo nos marcharemos?
—De momento no hay prisa. Aun nos queda comida aquí, cuando se nos acabe nos marcharemos. Además, puede que para entonces los caminantes se hayan dispersado. Por otro lado será divertido que nuestros rehenes se vayan muriendo solos de hambre o matándose entre ellos por un trozo de pan. Cuando eso ocurra, podremos irnos de aquí tranquilamente.
Mouse ya había escuchado suficiente. Bajó las escaleras y se encontró con una impaciente Sandra. La cual estaba deseando que le contara lo que había escuchado.
—¿Qué es lo que dicen?— preguntó Sandra.
—Están hablando sobre largarse de aquí y dejar morir de hambre a los rehenes. Solo por diversión. Espero que Juanma y los demás no se demoren, por que las vidas de los rehenes están en sus manos. Y las nuestras también…
—¿Qué quieres decir?— preguntó Sandra.
—Cuanto más tiempo estemos por aquí. Más posibilidades hay de que nos descubran.
Mouse tenía razón. Allí abajo eran varios, incluidos niños. Los cuales llegaría un momento que no aguantarían más allí. Intentarían salir y entonces los descubrirían. Y también estaba el asunto de la chica, de 14K. Ciertamente no podían tardar mucho, había demasiado en juego.

Manhattan… Bloque de apartamentos…
23:00…

La mayoría estaban durmiendo. Yo estaba en la cocina de mi casa sentado. Estaba preparando un mapa para situarnos mejor a la hora del rescate. Al lado tenía una botella de agua a la que de vez en cuando le daba un largo trago. Fuera, en la calle, la tormenta seguía azotando la ciudad de Manhattan de forma salvaje. Alumbrado por una bombilla noté que esta comenzaba a parpadear dentro de una pequeña lámpara, iba a tener que cambiarla de un momento a otro. Justamente en ese momento un trueno me hizo sobresaltarme. Entonces la bombilla se apagó y me apresuré a buscar en el cajón de la cocina una bombilla de repuesto. Cuando la cambié, me senté para seguir con mi trabajo.
—¿No duermes?
La voz de la periodista me hizo girarme. Entonces la vi en la puerta. Esta entró en la cocina y vi como se acercaba a uno de los cajones. Entonces sacó una caja de aspirinas.
—Ahora mismo hay cosas más importantes que dormir. Tengo que hacer esto— entonces le acerqué la botella de agua para que llenase el vaso que acababa de coger de uno de los armarios. —¿Jaqueca?
La periodista sonrió. –Si. Me suele pasar cuando estoy muy estresada.
La periodista rodeó la mesa y se sentó en la silla que había frente a mí mientras echaba la aspirina dentro del vaso. Mientras la aspirina se disolvía en el agua, vi como la periodista echaba mano de la bolsa que siempre llevaba encima, entonces vi que sacaba una cámara de video, la cual dejó sobre la mesa.
—¿Qué está haciendo señorita Morales?— le pregunté al tiempo que observaba el aparato. Ella se llevó el vaso a la boca y se lo tomó de un trago, luego me sonrió. –Me preguntaba si podía hacerte una entrevista. Será algo corto, lo prometo.
—No estoy de humor y tengo trabajo que hacer. Además, una entrevista ahora no sirve de nada. Nadie va a estar ahí para verla… Y mucho menos para darle un premio por ella. Tampoco se hará la película ni usted escribirá el libro.
—Tal vez, pero prefiero creer que habrá algún día que las futuras generaciones quieran conocer nuestra historia. Al fin y al cabo, es algo que tu, por lo que he podido escuchar, también piensas que llegará. Me refiero a ese día que podamos vivir una vida mejor en un lugar donde no hayan llegado estos seres. Lo único que quiero es que dejemos nuestro legado.
—Nuestro legado…— murmuré. Entonces dejé el lápiz sobre el mapa y miré a la periodista. –Muy bien. ¿Por donde quiere que empiece?
—Por el principio. Primero diga su nombre— la periodista encendió la cámara y la puso mirando hacia mi.
—Mi nombre es Juanmanuel Martínez. Y esta es mi historia…— comencé a decir.
*****
Sheila estaba acostada cuando vio regresar a Rachel. Esta había estado hasta entonces en la azotea. No había bajado ni siquiera a cenar con todos los demás. Rachel cerró la puerta de la habitación y avanzó hasta la cama, entonces se tumbó junto a Sheila.
—¿Por qué no bajaste a cenar?— preguntó en ese momento Sheila.
—No creí que estuvieras despierta todavía. No bajé por que necesitaba estar sola. Necesitaba pensar— respondió Rachel. –Últimamente no estoy en mi mejor momento.
—Si… Ya…
—Juanma me ha dicho que te ha contando lo que ocurrió en Portland. Lo de la niña y todo eso. Ahora que lo sabes quiero que me des tiempo para superarlo y asimilarlo. No es sencillo. A veces pienso que no podré superarlo.
—Te veo muy cercana a el…— dijo Sheila en la oscuridad e intentando reprimir las lagrimas que estaba a punto de derramar. Las palabras de Rachel no le sonaban sinceras, no después de lo que había visto en la azotea. Sus sospechas eran otras.
—Es buena persona. Nos hemos hecho amigos. Solo eso— respondió Rachel. –Puede que yo no estuviese aquí de no ser por el.
—Supongo que te sientes como que le debes la vida.
—Así es— respondió Rachel a la vez que recuerdos de la violación asaltaban su mente de nuevo. Volvió a sentir el dolor que le provocaron. –Sheila, tenemos que dormir. Mañana será un día duro— seguidamente Rachel se dio la vuelta y besó a Sheila en los labios. Entonces notó cierta frialdad en Sheila, pero no dijo nada. Simplemente cerró los ojos y esperó a sentir el abrazo de Morfeo, esperando que las pesadillas no volvieran.
*****
Eran las cuatro de la madrugada cuando terminé de dar mi testimonio a la cámara de la periodista. La cual escuchó con atención todo el relato. No hubo preguntas. Simplemente se limitó a escuchar. Cuando terminé, la periodista dio por zanjada la grabación, se aseguró de que estuviera grabado y apagó la cámara.
—Sabia cosas, pero no tan detallado— dijo en ese momento la periodista. –Es increíble…
—Perdí a mucha gente importante para mí antes de salir de España. Ahora váyase a dormir. Yo debo seguir trabajando.
La periodista se levantó de la silla y salió de la cocina tras desearme buenas noches. Yo seguí trabajando mientras de vez en cuando miraba por la ventana. La lluvia no amainaba y quedaba poco para que amaneciera. Cuando eso ocurriera, nos íbamos a dividir en dos grupos para llevar a cabo la primera parte de nuestro plan.

Día 24 de Enero de 2010
Día 581 del Apocalipsis…
06:00 de la mañana…

Sandra se despertó cuando le pareció escuchar un grito. Mientras se levantaba vio como Mouse pasaba corriendo por su lado.
—¿Eso ha sido un grito?— preguntó ella mientras acariciaba a su perro para que no comenzara a ladrar. Entonces de nuevo escucharon el grito, esta vez con más claridad.
Ambos avanzaron unos metros hasta que vieron lo que había pasado, vieron a Rebeca de pie con lágrimas en los ojos. Rápidamente Sandra la abrazó para que se calmara mientras Mouse miraba que era lo que había hecho gritar a la chiquilla. Entonces lo vio, el cuerpo de 14K estaba tumbado sobre su lado derecho con los ojos abiertos, sin vida.
Mouse sacó su pistola y se fue acercando poco a poco, si se reanimaba tendría que dispararle. Cuando estuvo más cerca vio el reguero de sangre que salía desde su sien derecha y le cruzaba toda la cara. Entonces Mouse guardó su pistola mientras seguía acercándose.
—Ten cuidado. No te acerques más, si se reanima podría morderte.
Mouse llegó hasta el cuerpo y se agachó junto a el, entonces se dio la vuelta para mirar a Sandra. –No se reanimara. Alguien le clavó algo, y a juzgar por sus ojos abiertos… Juraría que la han matado mientras vivía. Esto es un asesinato.
—¿Y quien puede haber sido? No puede ser que alguien haya entrado y la haya matado ignorándonos a nosotros. Y yo no vi nada.
—No… Yo tampoco… Todos dormíamos. Todos menos ella y su asesino. El que la haya matado ha sido uno de nosotros. De los que estamos aquí— respondió Mouse.
Sandra miró a su alrededor a todos los presentes. También miró a Mouse. Si entre ellos había un asesino, eso los ponía en peligro. ¿Quién podría haber sido? ¿Y por que motivo?

Manhattan… Bloque de apartamentos…
07:30 de la mañana…

Ya estábamos preparados. Rachel, David, Carlos y yo íbamos a ir hacia el Madison Square Garden usando la ambulancia que habían traído Sheila y los demás cuando llegaron al edificio. Por otro lado, un grupo compuesto por Juan, Yuriko, Johana, Mario y Enrique iban a ser los encargados de llegar al almacén donde guardaban los vehículos, de allí podrían sacar los autobuses. Ellos usarían las alcantarillas. Los demás esperarían a que regresáramos para poder salir de allí.
—Muy bien. Ya sabéis como va esto. No vamos a poder estar comunicados. Por eso deberíamos acordar una hora de encuentro en el garaje del edificio. Antes del anochecer es una buena hora. Podréis entrar sin problemas con los autobuses en el garaje. Si llegáis antes esperadnos ahí— les expliqué a todos. Enseguida estuvieron de acuerdo.
Llegó el momento de las despedidas, y todos salvo Carlos comenzamos a ir hasta nuestros seres más cercanos. Yo me acerqué a Eva y a Vicky. David se acercó a Alicia y Rachel se acercó a Sheila, no pude evitar fijarme en que Sheila parecía estar algo fría, y tras ver el beso y la cara de Rachel, terminó de confirmarse.
—Ten mucho cuidado. No hagas locuras— me pidió Eva mientras me besaba y me abrazaba. Entonces acercó su boca a mi oído. –Sobre todo ten cuidado con el, nunca le des la espalda— enseguida supe que se refería a mi hermano. Supuse que mientras ella me susurraba al oído lo miraba a el. El cual estaba detrás de mí.
Me dirigí a Juan, el cual era el encargado de dirigir al otro grupo. –Cuida de todos ellos.
—Lo haré. Recuérdalo, los dioses están de nuestra parte— Juan me estrechó la mano.
—Lo recordaré— respondí.

Después de aquello bajamos al garaje. Mientras unos tomaban las alcantarillas. Mi equipo y yo subimos a la ambulancia. Abrieron la puerta del garaje y salimos al exterior para ir directos al Madison Square Garden. No sabíamos lo que nos esperaba allí. Esperaba poder llevar a cabo la misión sin incidencias.

sábado, 23 de mayo de 2015

NECROWORLD Capitulo 76

Día 23 de Enero de 2010
Día 580 del Apocalipsis…
Desierto de Nevada… Área 51…
10:00…

Luci llegó al final de aquel túnel que no parecía tener fin, pero por fin había llegado a una gran puerta de color blanco que estaba abierta del todo. En ella podía verse un número en rojo al lado de una palabra: “PARADISE 045”. De hecho, no era la primera vez que veía una de esas puertas, las había visto durante todo el trayecto por el túnel, solo que estaban todas cerradas, todas salvo esa. Todas estaban numeradas. Luci se bajó del vehículo y cruzó la puerta, entonces se vio en un largo pasillo donde a los lados parecía haber comercios. Se paró de repente cuando vio algo que le llamó la atención. Se trataba de una bandera con franjas rojas y amarillas colgando de un poste. Se acercó a ella y vio que se trataba ni más ni menos de la bandera española.
Siguió caminando y vio una zona donde había varias urnas, en cada una había una representación, en una vio una miniatura de La Sagrada Familia de Barcelona, en otra vio varios monumentos de Madrid, entre los que estaba la estatua de la Cibeles.
—¿Dónde coño estoy? ¿Qué es todo esto?
Siguió caminando por allí hasta que llegó a otra puerta. Cuando la cruzó llegó a una sala de reuniones donde había una televisión de muchas pulgadas que permanecía apagada. Era como una sala de cine, siguió avanzando hasta que pisó algo duro, de repente la pantalla se encendió y la sala se iluminó por la luz de la pantalla, eso hizo que Luci alzara el arma y estuviera a punto de disparar mientras el corazón le iba a mil por hora.
En la pantalla apareció una cuenta atrás y de repente un hombre apareció en la pantalla, este comenzó a hablar en español.
“Bienvenidos al “Paradise 045”, si están aquí viendo esta grabación es por que son personas importantes de alto estatus social y político. Y también para nuestra desgracia, ha ocurrido algo que les ha forzado a venir aquí. Puede que hayan perdido a seres queridos, eso es algo que lamentamos profundamente.
Se encuentran en el área 51, concretamente en el bunker Paradise, y este es uno de los ciento noventa y cuatro mini países. En el podrán encontrar todo tipo de lugares donde conseguir utensilios para su día a día y comida. Esto se puede encontrar todo en los establecimientos que han visto seguramente cuando el orientador les traía hacia aquí” La voz del hombre dejó de escucharse para dejar paso unas imágenes.
Luci poco a poco estaba entendiendo que era aquel lugar y que significaban aquellos números. Aquel lugar era un gran bunker con otras 193 salas parecidas a esa, reservadas únicamente para aquellos importantes o ricos que pudieran entrar allí a golpe de talonario. El hombre de la pantalla continuó hablando cuando dejaron de aparecer imágenes de dibujos donde aparecía gente totalmente feliz.
“Para evitar confusiones y posibles peleas entre los distintos países, nos vemos obligados a pedirles que nunca, tras el toque de queda a las nueve de la noche, permanezcan en uno de los Paradise que no se corresponda a su nacionalidad. El toque de queda es algo que se tiene que respetar a raja tabla, los guardas tienen orden de disparar si alguien no respeta las normas y es descubierto por los pasillos después de la hora indicada”
En la pantalla apareció una simulación donde se veía a varios guardas recorrer los pasillos. En ese momento aparecía otra silueta tambaleante mientras que en la parte superior de la pantalla aparecía la foto de un hombre junto a unos datos y unas letras que indicaban que estaba bajo los efectos del alcohol. La silueta parecía provocar a los guardas que le habían mandado el alto, sin embargo este seguía igual y los guardas terminaron abatiéndolo como a un perro.
“Esto es solo un ejemplo de las cosas que podrían pasar si alguien se salta las normas. Somos muy estrictos con ello, debido a que hemos trabajado mucho para que las cosas aquí sean perfectas. Tampoco toleraremos actos de rebeldía y levantamientos. Las cosas están demasiado mal en el exterior como para llevar el mal a lo que va a ser el lugar donde viviremos hasta que las cosas mejoren en la superficie”
Luci comenzaba a comprender que era todo aquello. Algo que ya había comenzado a vislumbrar cuando vio la replica del despacho oval. Aquel lugar era para albergar a gente de distintos países si ocurría algún desastre a nivel mundial, algo así como unos guetos. Luci comenzó a sentir escalofríos al ver todo aquello. Seguramente habían estado trabajando durante años en aquel lugar por si pasaba algo malo.
“Queremos darles las gracias a todos por confiar en nosotros a la hora de querer sobrevivir. Les deseamos que su estancia aquí sea satisfactoria”
El video terminó con la sintonía del himno de España. Luci se imagino que en cada una de las salas habría algo similar. También el hecho de donde estaba le hacía pensar que aquel lugar debía ser inmenso. Entonces escuchó un ruido que parecía venir de la oscuridad, era un gemido. No tardó en ver dos figuras tambaleantes en la oscuridad, eran dos caminantes que habían sido atraídos por la voz del hombre que hablaba en la pantalla.
Luci comenzó a retroceder al tiempo que les apuntaba, no iba a volver por donde había venido, se acercó a una puerta y la abrió. Llegó a un pasillo y lo fue siguiendo, este parecía que rodeaba la sala de cine. Tenía que adentrarse más allí para intentar dar esquinazo a los hombres de Dante, aunque se daba cuenta de que viendo aquel video había perdido mucho tiempo, pero había comprendido más donde estaba y como usarlo a su favor.
*****
Dante y varios de sus hombres habían llegado al subterráneo del bunker, se trataba de un largo túnel con iluminación. Muchos de ellos se preguntaban donde estaban, entonces uno de ellos comenzó a hablar.
—Este lugar fue creado por si ocurría algún desastre a escala mundial. Un lugar donde poder reunir a los peces gordos de todo el mundo. Estamos en un jodido macro bunker. Había estado aquí  cuando trabajaba en la NASA. Trabajaba haciendo unos ajustes.
—¿Trabajabas en la NASA? No tenía ni idea. ¿Qué sabes de este lugar?— preguntó Dante acercándose a el. –Deprisa, habla. Y a la próxima no vuelvas a callarte algo así tanto tiempo o me ocuparé de que calles para siempre.
—Este lugar está compuesto por 194 salas. Cada uno representa un país del mundo.
—Eso es mucho ¿No?— preguntó uno de los más jóvenes. –Podríamos tardar mucho en encontrarla. Deberíamos olvidarnos de ella.
En ese momento, Dante disparó al muchacho y este cayó al suelo con un agujero en la cabeza ante la mirada atónita de todos los demás. Los cuales se quedaron mirando a su líder.
—Si alguien vuelve a decir algo que no me guste acabará como este pedazo de mierda. Ahora avanzad y dad con ella de una condenada vez— en ese momento Dante vio las marcas de los neumáticos marcados en el suelo. –Seguid esas marcas.
Los hombres de Dante avanzaron hacia delante siguiendo las marcas de los neumáticos. Estuvieron andando un buen rato hasta que llegaron a una gran puerta abierta con el vehículo parado al lado. Cuando la cruzaron vieron que había varias banderas españolas. Cuando Dante las vio no pudo evitar sonreír.
El que había hablado en un principio se quedó mirando las banderas españolas. –Está aquí seguramente. No hay otra.
—Es irónico ¿Verdad?— dijo Dante –Todos a dentro. Está atrapada. Dispersaros por el interior y traedla ante mí.
Todos los hombres de Dante comenzaron a dispersarse por el interior de aquel lugar. Mientras el se acercaba a la gran pantalla que había allí, entonces vio un mando en el suelo. Se agachó a cogerlo y apretó el botón de encendido, cuando lo hizo, la pantalla se encendió y en ella apareció un hombre hablando en español, explicando lo que era ese lugar. Entonces a Dante se le ocurrió una idea macabra. Pulsó el botón de volumen al máximo hasta que la voz del hombre comenzó a escucharse por todo el lugar.
*****
Luci se detuvo en seco cuando escuchó la voz del hombre del video. Esta se estaba escuchando por todo el lugar. Entendió entonces que era Dante quien estaba haciendo aquello. El y sus hombres habían llegado hasta allí en su busca, seguramente en esos momentos estaban dispersándose por el lugar. El pasillo donde estaba era en línea recta, por lo tanto no tardarían en llegar hasta ella, incluso parecía sentir el sonido de sus botas al correr por el pasillo en dirección a ella. En ese momento escuchó un ruido a su derecha, al otro lado de una puerta. Se acercó al ojo de buey y cuando miró a través de el vio la cara de un No Muerto, realmente había más de uno. Alzó la cabeza y entonces vio un letrero sobre la puerta: “MORGUE”
En ese momento dos hombres aparecieron en el pasillo. Estos se quedaron mirando a Luci y cuando iban a dar la señal de alarma, esta agarró el pomo de la puerta de la morgue y tiró de el. La puerta se abrió rápidamente hacia su dirección, entonces se ocultó detrás de ella y los caminantes que había en el interior salieron al pasillo.
Los No Muertos vieron a los dos hombres y entonces comenzaron a caminar hacia ellos. Aquellos dos tipos a las órdenes de Dante comenzaron a disparar, pero de nada les sirvió. Los No Muertos los engulleron y destrozaron en cuestión de segundos. Luci vio a través del ojo de buey los trozos de cerebro de aquellos dos, los cuales debido al destrozo no volverían de la muerte.
Luci siguió su camino sin mirar atrás, los No Muertos estaban ocupados y aun no habían reparado en ella. Llegó a otra puerta doble, la cual estaba abierta. Los cristales de esta estaban manchados de sangre. Probablemente aquellas zonas para peces gordos nunca fueron ocupadas por estos, en ellos solo vivían aquellos que llevaban la base militar. Cuando cruzó las puertas llegó a lo que parecía un gimnasio lleno de aparatos de ejercicios. No había luz allí, cuando iba a encender la luz escuchó disparos a su espalda y ella corrió para ocultarse detrás de un banco de ejercicios que descubrió en la oscuridad. Justamente un minuto después entraron varios hombres, todos armados.
—¿Habéis visto como han quedado? Esos bichos los han destrozado.
Otro contestó –Habrá sido culpa de esa zorra. No entiendo como no podemos matarla. No creo que sea tan importante como dice Dante. Propongo que nos la carguemos nada más la veamos. Me la suda lo que diga Dante… Y si se pone tonto lo matamos también a el. Un loco menos.
—No seáis estúpidos. El estar libres de lo debemos a el— dijo una tercera voz. –En realidad le debemos la vida. Ahora iremos a Las Vegas. Es un lugar mejor.
Luci se fijó en las sombras expuestas a la luz y que quedaban alargadas. Pudo contar cinco de ellas, por lo tanto había cinco hombres en total, los cuales habían llegado hasta allí tras abatir a los No Muertos que ella había liberado.
—Mira. Ahí hay un interruptor. Enciéndelo— dijo una voz que no había escuchado antes. De pronto la luz se encendió y todo el gimnasio quedó iluminado por una luz blanca y brillante. Estaba más a merced de aquellos tipos, pero gracias a ellos había descubierto una nueva puerta al final del gimnasio. Esta estaba cerrada.
—¿Estás aquí dentro perra?— preguntó uno de aquellos tipos. –Sal, no te vamos a hacer daño. ¡¡¡Sal zorrita!!!
Uno de ellos tropezó y aquello provocó las risas de sus compañeros y por supuesto la distracción que podía salvarle la vida. Con un rápido movimiento y sin pensárselo, alzó el brazo con el que sujetaba la pistola y disparó a la lámpara del gimnasio. La luz se apagó súbitamente y los cristales cayeron al suelo. Eso hizo que aquellos tipos entraran en pánico y comenzaran a gritar al mismo tiempo que abrían fuego. Luci solo tuvo que esperar a que dejaran de disparar. Cuando ocurrió se levantó rápidamente y comenzó a disparar a los tipos que se habían quedado en la puerta al mismo tiempo que corría en la oscuridad hacia la puerta de los vestuarios.
—¡¡¡¡Va por ahí!!!!— gritó uno de ellos al tiempo que disparaba.
Luci cruzó la puerta de los vestuarios al mismo tiempo que sentía una punzada de dolor en el muslo. Esta lanzó un grito agudo al tiempo que chocaba con algo que podía ser una taquilla. Cayó al suelo de bruces al mismo tiempo que escuchaba pasos que se adentraban más en el gimnasio. Luci se puso en pie a duras penas sintiendo el dolor en el muslo, el cual era tan fuerte que sentía como si se abrasara la carne, era evidente que le habían acertado con un disparo. Sintió la sangre caliente derramándose por el pantalón. Llegó hasta otra puerta, entonces escuchó una voz muy familiar. Era la voz de Dante.
—¿Qué son esos disparos?
—La hemos visto jefe. Se ha cargado a dos de nosotros— gracias a ese hombre, Luci supo que había logrado acabar con dos de ellos, pero ahora habían llegado más de ellos. Incluido Dante, pero entonces Luci se percató de algo, tenía a Dante allí, podía acabar con el.
—Os tengo dicho que no quiero que le disparéis. Que la quiero viva. ¿Qué es lo que no habéis entendido de eso?— Luci escuchó de nuevo la voz de Dante, seguidamente escuchó un forcejeo seguido de un sonoro Crack. Seguidamente escuchó como si se desplomara el cuerpo de alguien. Iba a seguir justo cuando escuchó de nuevo la voz de Dante. –Se que estás aquí Luci. No compliques más las cosas. Se que estás herida, estoy viendo el rastro de sangre que has ido dejando. Si sigues así te acabarás desangrando.
Luci se acercó a una de las taquillas y se dejó caer apoyada a esta mientras se tapaba la herida con la mano al tiempo que miraba el cargador de la pistola. No recordaba cuantas veces había disparado a ciegas. Cuando vio que solo le quedaba una bala se le cayó el alma a los pies. Estaba totalmente atrapada. A no ser que hiciese un ultimo acto de valentía. Podía acabar con Dante disparándole a la cabeza, pero entonces, probablemente los tipos que había con el acabarían con ella. También podía hacer otra cosa, algo más radical, así impediría que la cogieran y la llevaran a Las Vegas. Podía coger la pistola, metérsela en la boca y apretar el gatillo. De esa forma acabaría con todo.
—Luuuuciiiiii— la llamó Dante en tono burlón. Este se iba acercando cada vez más, y a ella se le estaba acabando el tiempo para tomar la decisión.
Luci cogió con firmeza la pistola y se la fue metiendo en la boca mientras las lágrimas brotaban de sus ojos y se derramaban por sus mejillas. Hasta ahí había llegado, todo había terminado para ella. Cerró los ojos y entonces sintió la misma calidez que había sentido cuando vio a Ethan en aquel pasillo. Sintió como una mano se posaba en las suyas y poco a poco retiraba la pistola de su boca.
—Aun no es tu hora— la voz nuevamente era la de Ethan. Luci abrió los ojos y allí lo vio a el. –Aun tienes muchas cosas por hacer, tu vida no terminará aquí… Ni de esa forma. Aun puedes luchar.
—Ethan… Yo no se si puedo. No puedo más… Estoy completamente agotada y si me cogen…— Ethan puso su mano en su mejilla.
—Ella tampoco quiere que mueras— respondió en ese momento Ethan. Seguidamente volvió la cabeza y detrás de el, Luci vio a una niña. A la cual reconoció enseguida. Era su hija, la última vez que la vio fue aquella vez, cuando acabó con la vida de Philip. –Algún día te reunirás con nosotros, pero aun no es el momento. Tienes que vivir.
La luz disminuyó al tiempo que Ethan y su voz iban desapareciendo. Cuando desapareció totalmente. Luci se vio de nuevo en medio de aquel vestuario, sola en la oscuridad, miró a su derecha y vio que había dejado a un lado la pistola. En ese momento una silueta oscura se paró delante de ella, pero esta vez no era Ethan.
—No te imaginas los dolores de cabeza que me estás dando. Eres más dura de lo que pensaba, una autentica joya— dijo Dante cuando se plantó delante de ella al agacharse. –Te has cargado a varios de mis hombres. De verdad, eres la hostia tía.
Luci sonrió. –Bueno. Tú también te has cargado a unos cuantos de ellos… Solo por que si. ¿Qué es lo que te molesta? ¿Qué alguien te haga la competencia? Eres un hijo de puta.
En ese momento Dante cogió la pistola de Luci y se la guardó. –Sin ella ya no nos darás más problemas— seguidamente se le quedó mirando la herida del muslo. –No es profunda, pero necesitas que te la curen. Al igual que la mano. Vamos levanta.
Luci se apartó golpeando a Dante y seguidamente, este la golpeó y ella sintió que se mareaba. Lo siguiente que vio a duras penas fue el suelo de varios pasillos deslizándose bajo sus pies. Aquellos momentos se le hicieron eternos. No sabía el tiempo que había transcurrido, pero cuando se quiso dar cuenta estaba en el exterior tirada sobre lo que parecía una camilla y rodeada por varios tipos armados, también se dio cuenta de que ya era de noche. Seguidamente y todavía mareada escuchó el ruido de lo que parecían unos helicópteros seguidos de un haz de luz. Cuando los aparatos aterrizaron vio a varios hombres descender de ellos, todos iban fuertemente armados y llevaban una indumentaria muy similar a los soldados de Manhattan. Estos se acercaron rápidamente a donde estaba ella, Dante salió a su encuentro.
—Eres Dante ¿No?— preguntó una mujer oculta tras un casco de color negro.
—Si— respondió Dante, luego se giró y señaló a Luci, la cual seguía tumbada en el suelo. –Y esa chica es el paquete que quiere Dorian. Cargadla en el helicóptero y tened cuidado. Necesita urgentemente que le miren una herida de bala en el muslo y los dedos de una mano rotos.
La chica y otros dos se acercaron a ella y la observaron, la chica que parecía que era la que llevaba la voz cantante se dio la vuelta y miró a Dante. –Tiene mal aspecto. Ha perdido bastante sangre— La chica sacó en ese momento un walkie talkie. –Soy Collins. Preparen quirófano, llevamos a una herida… Dedos de mano rotos y herida de bala en el muslo… No se cual es su grupo sanguíneo— La chica se acercó a Luci. –Dime tu tipo de sangre… Venga.
—A negativo— respondió Luci entre jadeos.
—A negativo. Necesita una transfusión urgente… Está bien, corto y cambio— la chica dejó el walkie talkie. –Muy bien, todo el mundo a los helicópteros. Quiero estar allí antes del amanecer.
Luci se vio alzada y llevada al interior de uno de los helicópteros que habían aterrizado. Ya no volvió a ver a Dante. Una vez estuvo allí subida perdió el conocimiento.

Día 24 de Enero de 2010
Día 581 del Apocalipsis…
Las Vegas… 09:54 de la mañana…

Luci se despertó de golpe. Había tenido muchos sueños, todos confusos. Nada más abrir los ojos vio que se encontraba en una sala, concretamente estaba tumbada en lo que parecía una camilla. Olía a desinfectante y la luz del techo era cegadora, intentó incorporarse y notó que estaba amarrada. Se miró la mano donde tenía rotos los dedos y vio una venda blanca y limpia, también vio la venda del muslo, cubriendo la herida de bala. También se dio cuenta de lo que llevaba puesto, no era su ropa, si no un pijama de hospital. Entonces vio a un hombre al otro lado de la sala, estaba leyendo unos documentos.
—¿Qué es esto? ¿Dónde estoy? ¿Qué es este lugar?— preguntó Luci haciendo que aquel tipo se diera la vuelta para mirarla.
El tipo parecía que se había puesto nervioso y se levantó para acercarse a ella. Luci lo miró bien y se fijó en que cojeaba de un pie. También notó que le faltaban dos dedos en la mano izquierda.
—Oh. Te has despertado… Me alegro muchísimo. Voy a llamar a alguien…
—¿Quién eres tú? ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Dónde estoy?
—No estoy autorizado para ello, pero pronto tendrás las respuestas que buscas. Ahora volveré— dijo aquel hombre, seguidamente salió por la puerta de la sala y Luci se quedó allí sola.
Luci miró con detenimiento la sala desde la camilla. Esta estaba totalmente limpia, era como si hubiese vuelto a los tiempos en que la humanidad seguía funcionando correctamente, por unos momentos pensó que todo lo de los No Muertos había sido un mal sueño, pero desgraciadamente sus heridas y el recuerdo de como se las había hecho le obligaban a pensar todo lo contrario, todo era real. Entonces se percató de la cámara de vigilancia. Estaba siendo vigilada por alguien… ¿Pero por quien? Estuvo allí quieta un buen rato, no supo cuanto tiempo había pasado, pero entonces la puerta se abrió y entró el tipo que había visto al principio, seguido de Dante y de otro hombre al que no había visto antes, el cual llevaba una venda en la cabeza.
—Me alegro de ver que ya te has despertado. Has superado muy bien la operación. Aunque casi te nos mueres. Estás en Las Vegas. Y este hombre que hay a mi lado es Dorian. Supongo que ya has oído hablar antes de el— dijo Dante con una sonrisa.
—Encantado de conocerte Luci. Es un placer para mí tenerte aquí. Como ya te han dicho yo soy Dorian, estás en Las Vegas y soy yo quien está al mando aquí. Te quedarás con nosotros a partir de ahora— Dorian en ese momento se percató de que Luci no le quitaba ojo de encima a la venda. —¿Estás mirando esto?— Dorian sonrió. –Es un obsequio que me dejó uno de los tuyos, tu lo conoces supongo. ¿Te dice algo el nombre de Juanma?— Luci asintió y Dorian amplió la sonrisa –Sabía que si. Intentó matarme, pero afortunadamente no lo consiguió. Aunque le faltó poco— Dorian se quitó la venda y le mostró a Luci la herida de bala. –Estoy deseando encontrármelo de nuevo para agradecérselo. Se lo pienso agradecer con creces.
—Debería haberte volado la cabeza. Es lo único que merecen los cerdos como tú. Sois basura, tu y tu amiguito— respondió Luci refiriéndose a Dante. –Los miserables como vosotros no suelen durar mucho. Todos acabáis encontrando la muerte… Y cuando esta llegue. Espero que sea lenta y dolorosa.
—¿Qué te había dicho? Es una pasada de tía. Tiene mucho carácter— dijo en ese momento Dante mientras miraba a Dorian con una sonrisa. –Es una verdadera soldado. Nos vendrá bien entre nuestras filas.
—Que os jodan a los dos pedazos de mierda. Juro que cuando salga de aquí os voy a matar lentamente a los dos— dijo en ese momento Luci.
—No… Tú no vas a matar a nadie. Cuando salgas de aquí irás directa a un calabozo que ya te estamos preparando. Aunque es muy especial, más bien es una suite de lujo— dijo Dorian. –Por ahora. Recupérate. Tenemos grandes planes para ti.
Dorian y Dante salieron de la sala dejando a Luci a solas. Ambos se sentían ganadores. Dentro de aquella sala tenían una autentica mina de oro. Luci tenía en su sangre la respuesta al virus, a partir de ella podrían crear una vacuna para ellos y para extorsionar a otras comunidades supervivientes.
—Bueno. ¿Cuándo podré acabar con ella? Quisiera destriparla— dijo Dante.
—No quiero que muera. No sabes lo importante que es para nosotros. Sabes muy bien lo que hay en su sangre. La necesitamos con vida y sana. Y si tu o alguno de tus chicos intenta algo os ejecutaré. Ahora lo que tenéis que hacer es disfrutar de vuestra estancia aquí. Id al casino, echad un polvo. Lo que sea, pero ahora esa chica no es cosa vuestra, me pertenece. Hoy empieza una nueva era para nosotros. Una era hermosa y prospera.

Dorian y Dante se alejaron por el pasillo. Ambos pensaban realmente en lo que iba a venir en los próximos días. Ambos comenzaban a vislumbrar un futuro dorado.

sábado, 16 de mayo de 2015

NECROWORLD Capitulo 75

Día 23 de Enero de 2010
Día 580 del Apocalipsis…
Manhattan zona infestada…
14:30 del medio día…

Butch se despertó y miró al frente, ante el se encontraba Mike. Este lo miraba con el arma en las manos. Butch se levantó rápidamente y puso las manos hacia delante como para protegerse, pero al ver que Mike no hacía nada las bajó.
—¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?— preguntó Butch.
—Varias horas. ¿Qué haces tu aquí?— preguntó Mike. –Se supone que os habíais marchado en una misión. ¿Acaso habéis vuelto?
—Al menos la mitad. Algunos vinimos hacia aquí tras encontrarnos a unas heridas. No podíamos llevarles a Portland por que esa comunidad había caído. Cuando llegamos vimos lo que había pasado y mientras que ellos quisieron entrar, yo decidí quedarme, irme por mi cuenta. Luego me encontré con vosotros. Supongo que los demás llegarán antes o después— en ese momento Butch vio a los hijos de Mike. –Siento lo de tu hijo, no sabía que era el, perdí los estribos. ¿Estáis vosotros solos? ¿Y tu mujer?
—Muerta— respondió Mike. Seguidamente los ojos se le llenaron de lágrimas al recordar a Kendra y su trágica muerte.
—Lamento escuchar eso— respondió Butch. –No la conocía mucho, pero se lo que duele perder a seres queridos tan cercanos, pero ahora escucha. Estamos en lo que es la zona infestada ¿No? Deberíamos marcharnos. Aquí estamos seguros por ahora, pero no durará siempre.
Mike se levantó y comenzó a pasearse por delante de Butch. –Lo se, llevo mucho tiempo pensándolo y más ahora después de lo que has dicho. Si Juanma y los otros han vuelto, quizás quieran recuperar la ciudad o reunir a la gente para marcharse. Iremos con ellos.
—¿Con ellos? No creo que sea buena idea. Con mucha gente habrá problemas de comida.
—Ya lo se, pero no lo hago por mi, si no por mis hijos. Ellos son lo más importante— respondió Mike –Por ellos soy capaz de volver a meterme en la ciudad si es necesario.
—¿Adentrarte en la ciudad? ¿Estás loco? Así no conseguiremos nada. Pondrás a los niños en peligro para nada.
—No los llevaré detrás. Ellos aquí estarán bien. Estarán seguros hasta que pueda volver a recogerlos. Nadie se negará a hacerlo, pero tenemos que entrar a buscar a los demás y luego irnos todos juntos.
—Yo no pienso acompañarte. Paso de jugarme la vida. Si quieres puedo quedarme con los críos hasta que vuelvas.
—No dejaré que te quedes con ellos. Vendrás conmigo— respondió Mike tajantemente.—Necesitaré a alguien que me cubra las espaldas. Así que vendrás conmigo.
—No voy a poder convencerte ¿No?— Mike negó con la cabeza. –Pues bien, te acompañaré. ¿Cuándo nos vamos?
—Dentro de una hora como mucho, primero tengo que hablar con mis hijos. Tu vete preparando— respondió Mike. Estaba totalmente decidido, por el bien de sus hijos haría lo que fuese necesario.

Manhattan… Bloque de apartamentos…
15:00 del medio día…

Con la llegada de Sandra nos habíamos reunido todos para escuchar lo que nos quería contar. Y así fue. Sandra nos contó todo lo que le había sucedido desde el momento del ataque, pasando por lo ocurrido en el edificio y luego por lo que habían descubierto al llegar a lo que era la parte subterránea de la iglesia. Lo que no sabía decirnos era el número de personas que habían tomado la iglesia, tampoco sabía decirnos cuantos quedaban vivos allí dentro, aunque se imaginaba que algunos debían quedar, tenía razones para pensar que no los habían matado a todos.
—¿Y si tanto os importa los que hay allí dentro por que no habéis intentado nada?— preguntó mi hermano, el cual durante todo el relato de Sandra había estado haciendo gestos y muecas, como queriendo demostrar que no se debía hacer nada. –Era mejor ir a buscar a la caballería ¿No? Olvídalo, tenemos otros asuntos más importantes. Nos vamos de la ciudad. Yo voto por hacer lo que debemos y olvidarnos de esos rehenes, es como si ya estuvieran muertos.
—Afortunadamente— miré a mi hermano. –No eres tú quien decide. En esa iglesia hay personas. Ciudadanos y compañeros nuestros. Alguno de ellos estoy seguro que en algún momento nos ha salvado el culo. No merecen que los dejemos tirados. Además, según Sandra allí están también Paul y Diana.
—Si, ya. El chaval que siempre va con su hermana subnormal. Dos lastres— dijo mi hermano. —¿Te quieres llevar a esos dos de aquí? Quien no sabe luchar no sirve para nada. Es como los niños, puedes cuidar de uno, quizás de dos, pero cuando son más… Solo son otro lastre.
—Escuchad— comencé a decir ignorando por completo a mi hermano y mirando a todos los demás. –Seguiremos con el plan previsto. Solo que con una pequeña variación. También pasaremos por la iglesia para rescatar a los rehenes, más o menos sabemos a quien nos estamos enfrentando— miré a Sandra. –Has dicho “El Bebé” ¿No es así? El no representa un peligro, pero no sabemos ni cuantos son los que lo acompañan ni conocemos sus habilidades militares y tácticas. David, Carlos y yo iremos hacia el Madison Square Garden mañana a primera hora, mientras que el resto iréis a por los vehículos que usaremos. Usaremos las alcantarillas para llegar a ambos puntos— miré a Juan y le pedí los planos de la ciudad. Cuando me los pasó los extendí en la mesa y todos comenzaron a observarlos. Vicky se puso justo a mi lado –Cuando el resto consigáis los vehículos quiero que en lugar de venir a recogernos os situéis en esta zona— marqué con un rotulador de color rojo una calle que quedaba a dos manzanas de donde estaba la iglesia.
—¿Por qué ahí?— preguntó Yuriko. La cual desde nuestra llegada había mantenido las distancias con Carlos y lo había estado evitando, incluidas las miradas.
—Desde ese punto los que estéis ahí os dividiréis en dos grupos. Unos os quedareis allí esperando mientras que otros, los que sepáis disparar usareis las alcantarillas para situaros delante de la iglesia. Allí hay que atraer toda la atención de los asaltantes de la iglesia. Podréis usar las tiendas y ventanas de las casas de esa calle para disparar y ocultaros.
—Yo puedo dirigir ese ataque— dijo Juan mirándome. –Prefiero ocuparme de ello.
—Lo se, ya había pensado en ello— le dije a Juan mirándolo, luego seguí dando indicaciones. –Mientras que un grupo estáis atrayendo toda la atención de los asaltantes, Sandra se ocupará de guiar a través de las alcantarillas a los que están allí abajo ahora y luego a los que logremos sacar de la iglesia.
—¿Y como se supone que vamos a sacar a los de la iglesia?— preguntó Carlos –Esa parte te la has dejado.
—Esa parte nos corresponde a David, a ti y a mi— respondí en ese momento. –Accederemos a la iglesia por el mismo sitio que entró Sandra a las alcantarillas. Por el jardín de la iglesia ¿Verdad?— pregunté mirando a Sandra.
—Si… Si— respondió Sandra como si la hubiera pillado por sorpresa.
—Así que mientras unos atraemos toda la atención hacia nosotros. Vosotros os encargareis de los rehenes. No se si lo lograreis sin luchar, en el momento que os vean os atacarán— explicó Juan.
—Lo se. Ya contaba con ello— respondí. Entonces miré a Sandra nuevamente. –Tú has estado en ese jardín. ¿Podrías decirnos como es? Necesitamos conocer nuestro entorno.
—El jardín tiene varios setos. Y cinco estatuas en total, cuatro repartidas, una en cada punta y la quinta que representa a Jesucristo rodeado de niños, la más grande, justo en el centro… Y a unos metros de ella, en uno de los jardines está la boca de la alcantarilla.
—Muy bien. Sandra nos lo indicará. Por eso, debes adelantarte ya— le dije a Sandra. –Llega junto a los demás y cuéntales todo el plan. Necesitaremos a Mouse y al profesor en el grupo de distracción. ¿Qué hay de la chica?
—No creo que pueda hacer mucho— respondió Sandra.
—Muy bien. No importa, ella será de los primeros que serán trasladados a los autobuses. Ahora diré quienes os esperareis en ellos. Alicia, Eva, Vicky y Cristian.
—¡¡¡Yo quiero luchar!!!— gritó en ese momento Vicky. –Se disparar, puedo ayudar.
—Por eso necesito que te quedes en el autobús. Nunca se sabe que puede pasar. Los caminantes comenzarán a moverse cuando empiece el ruido. Si llegan hasta los autobuses deberéis defenderos— le expliqué a Vicky. –Puede que sepas disparar, pero no estás preparada para luchar así contra personas. Los caminantes son otra historia, debes cuidar de mamá. ¿Vale? —Vicky asintió de mala gana y yo le pasé la mano por el cabello. –Confío en ti.
—Entonces. Nosotros saldremos desde el Garden directos hacia la iglesia. Cargaditos con armas y munición. ¿Nos explicas los detalles?— preguntó de nuevo mi hermano. –Ya me veo en plan Santa Claus y haciendo el reparto de armas a los que se han portado bien.
—Para eso utilizaremos el autobús escolar que hay en la puerta de entrada al bloque. Lo cargaremos de armas y nos encontraremos con los demás aquí— dije señalando el lugar donde nos tendrían que esperar después Eva, Alicia y los niños. –Ese vehículo ahí abajo no está en muy buenas condiciones, pero nos servirá para ir y volver.
—No está en condiciones por que lo han utilizado para atravesar puertas de gimnasio— dijo en ese momento Carlos mirando a Eva con una sonrisa.
—Bueno… Más o menos está todo claro ¿No?
—¿Y cuando comenzará el ataque?— preguntó en ese momento Yuriko
—Cuando estemos todos. Nosotros— señalé a David y a mi hermano –Comenzaremos nuestra parte del plan. Ahora tengo que deciros que quiero que tengáis todos cuidado.
Todos asintieron y yo disolví la reunión. Mientras que Eva, Alicia, Yuriko y los niños se iban a mi apartamento, yo me quedaba con todos los demás en el apartamento de David y Alicia.
Sandra necesitaba comer y yo me quedé con ella. –Cuando comas tendrás que ponerte en marcha hacia allí y entonces contarles a todos el plan. Cuando empiece el jaleo, los No Muertos se pondrán todos en camino, dispondremos de un corto espacio de tiempo antes de que nos rodeen, si nos rodean estaremos perdidos. Los primeros en estar en los autobuses deben ser los del grupo de Mouse y tú. Son tres autobuses y solo Alicia y Eva estarán ahí para conducir, necesitaré a una tercera persona, esa serás tú. Si las cosas se complicaran, os largáis fuera de la ciudad. Nosotros ya buscaremos la forma de alcanzaros después a través de las alcantarillas. Probablemente Eva se niegue, pero aun así marcharos si ocurre algo. ¿De acuerdo?
Sandra asintió. –Escucha. Parker está allí dentro también. Seguro que está vivo. Por favor, trata de que se salve.
—Cuenta con ello. Por cierto ¿Dónde está Yako?— le pregunté. Me sorprendió bastante que no estuviera allí con ella.
—Lo dejé atado abajo cuando subí. Estará bien, no te preocupes— me respondió. Justamente en ese momento terminó de comer y me volvió a mirar. –Bueno, entonces me voy ya. Nos veremos pronto.
Sandra me abrazó y seguidamente se marchó por la puerta principal en dirección al aparcamiento. Se marchó por la misma boca de alcantarilla por la que se había marchado Rachel, no había querido preguntar, pero me sorprendió bastante que no se hubieran encontrado por allá abajo.
Desde que se había marchado, Rachel no había vuelto a dar señales de vida. Me imaginaba que seguramente ya estaría en el hospital con los demás, posiblemente incluso ya estarían de vuelta, pero no podía evitar estar preocupado por ella.
Salí de la cocina y me fui al baño, necesitaba darme una ducha para relajarme, con los últimos acontecimientos me había estresado mucho. Iba a ser algo complicado, y temía las bajas que pudiera haber en el grupo. Por otro lado estaba mi hermano, el cual podría jugármela en cualquier momento, no había olvidado en ningún momento que quería quitarme de en medio y robarme a mi familia.
Volví al apartamento mientras no dejaba de darle vueltas a mi plan. En principio parecía fácil, pero realmente no sabíamos demasiado, sabíamos quienes eran, pero no teníamos ni la menor idea de lo dotados que estaban para el combate, tampoco sabíamos si los rehenes seguían vivos, simplemente teníamos la esperanza de que si lo estuvieran. Nada más entrar por la puerta me encontré con la mirada de todos los presentes.
—¿Ocurre algo?— pregunté. –Si alguien quiere echarse atrás este es el momento, pero preferiría que todos pusiéramos de nuestra parte a la hora de llevar a cabo la huida de la ciudad.
—Ocurre que tu hermano no está de acuerdo. Y yo por mi parte no quiero tenerlo cerca— dijo en ese momento Eva al tiempo que lo señalaba. –Deberíamos echarlo de aquí. Puedes llevarte a otra persona con vosotros. El debería largarse.
—¿Estás de coña? ¿Has visto como llueve? Imagínate que pillo una pulmonía. No podría hacerte gozar después— respondió mi hermano. Eva quiso responder a esa provocación lanzándose sobre el para golpearle, pero fui yo quien se adelantó.
Salté sobre mi hermano y le asesté un puñetazo en el centro de la cara, y luego otro más. Le habría golpeado más si no llega a ser por que Juan me agarró por detrás para separarme de el.
—Suéltame. Se está pasando de la raya— le dije a Juan al tiempo que me soltaba.
—Te recuerdo que fuiste tu quien lo dejó quedarse tras hacer el pacto. Por lo tanto te toca aguantarlo, incluidas sus groserías y estupideces— dijo Juan señalándome con el dedo. Y tenía razón. Era yo quien había permitido que mi hermano se quedase allí.
Carlos se levantó del suelo al tiempo que se limpiaba la sangre del labio inferior. –Con ese plan de mierda lo único que vas a conseguir es que nos maten. Vas a arriesgar varias vidas por ir a salvar a más gente, ósea, más bocas a las que alimentar, entre los que se incluyen escorias y una mongólica que no hará más que poner vuestras vidas en peligro por que se despertará gritando en medio de la noche por que habrá soñado algo.
Con lo de mongólica enseguida supe que se refería a Diana. –Esa chica no tiene nada de mongólica. Tiene asperger, algo totalmente diferente, pero es más inteligente de lo que tu te piensas. Y si, puede que haya escorias, pero son humanos. Tú hace tiempo que dejaste de serlo, no queda nada del hermano que tenía. Aun me pregunto por que te he permitido quedarte. No me hagas que siga pensándolo.
—Hay gente que cambia a mejor, ese es mi caso. Tú vas de líder, pero no lo eres. La gente te acabará cuestionando al final. ¿Acaso tienes idea de a donde quieres ir una vez salgamos de la ciudad? No tienes ni idea. Así solo vas a llevar a esa gente a la que tanto quieres a la muerte. Te recuerdo que llevas contigo a una mujer que va a dar a luz— Carlos miró a Eva. –Y a mi hijo, nada menos.
—¿Qué coño pretendes montando este escándalo?— preguntó en ese momento Yuriko.
—Solo pretendo que veáis la jodida realidad. La única que hay. Deberíamos seguir con el plan y olvidarnos de los de la iglesia. No arriesgues vidas— Carlos se acercó a mi. –Te voy a ayudar y luego me marcharé si es lo que quieres, pero olvida a los de la iglesia. No arriesgues las vidas de Eva y de mi hijo.
En ese momento agarré a Carlos por el cuello de la camisa. –Vuelve a referirte a Eva y a ese niño que crece en su vientre como si fueran de tu propiedad, o te mato. Seguiré con el plan que os he dicho, si tu no estás de acuerdo ya sabes donde está la puerta.
—¿Solo me echas? No tienes los cojones de matarme. Pues tu mismo— Carlos se soltó de mi agarre. –Muy bien, sigamos tu plan. Me quedo solo para ver como te equivocas… Y te prometo que en ese momento pienso disfrutar.
Carlos se dio la vuelta y se fue hacia el sillón donde se sentó para seguir mirando por la ventana, observando la lluvia cada vez más torrencial.
Mientras Johana se quedaba vigilando a mi hermano en el apartamento de David y Alicia, los demás fuimos al mío para seguir trazando el plan. Lo cierto que en parte mi hermano tenía razón, era muy arriesgado algo así, algo que podía traernos bastantes bajas en nuestro bando, pero fue Juan quien me dio ánimos para ello. También David me apoyó con ello. Aun así me preocupaba por el estado de Eva, la cual no parecía encontrarse demasiado bien desde que había llegado Carlos, temía que esa situación de estrés le trajera problemas en el embarazo. Cuando tuve la oportunidad me la llevé a la habitación donde la ayudé a tumbarse.
—Necesito que duermas. Mañana será un día largo. Escucha, no quisiera que tuvieras que ir también a por los vehículos, pero cuando dejemos este edificio ya no volveremos. Si hubiese otra manera créeme que lo haríamos así— le cogí la mano a Eva. –Pronto acabará todo y mi hermano desaparecerá de nuestras vidas para siempre.
—Se muy bien de lo que es capaz tu hermano, pero entiendo por que no puedes matarle. No es lo mismo que matar a cualquier otro… Y tú no quieres matar.
En ese momento me quedé pensativo. Entonces miré a Eva y le conté todo lo que había pasado con Rachel en el desierto de Nevada, y lo que hice con los que nos asaltaron, también le conté lo que ocurrió con aquel muchacho en el almacén de Portland. Lo de la niña en aquella casa… Todo. Hubo momentos en los que no pude contener las lágrimas.
—Se que no es fácil, pero hay veces que hagamos lo que hagamos… No hay más remedio.
—Hay algo más— dije en ese momento. –No se han repetido mucho, pero he vuelto a tener alucinaciones. Tengo miedo de perder el juicio.
—No lo perderás. No permitiré que eso ocurra— Eva apretó mis manos con más fuerza. Seguidamente me dio un beso en la mejilla.
—Gracias— respondí mirando a Eva. Entonces me levanté. –Voy a darme una ducha. Tenemos que aprovechar que aun nos queda agua caliente.
Salí de la habitación y me fui al cuarto de baño, me quité la ropa, abrí el grifo y cuando el agua comenzó a salir caliente me metí debajo, dejando que el agua caliente empapara todo mi cuerpo. Mientras seguía dándole vueltas y más vueltas a mi plan. También empecé a pensar en otra cosa, concretamente en mi hermano. Había hecho un trato con el pese a que no me fiaba nada, a sabiendas de que trataría de jugárnosla en algún momento. Lo había hecho así por que no creí que tendría agallas para hacer lo que tenía que hacer, podía pedirle a otro que lo hiciera, pero sentía que era cosa mía y que solo yo podía hacerlo. No podía permitir que lo hiciera otro, era yo quien tenía que quitarle la vida a mi hermano y estaba decidido a hacerlo.

Manhattan… Hospital…
15:40…

Rachel había llegado a donde estaban Enrique y Laura. Estos estaban quitando muebles de una puerta. Había verdaderamente muchos, seguramente los habían puesto ellos para mantener cerradas las puertas.
—¿Qué estáis haciendo?— preguntó Rachel cuando llegó. Ambos se la quedaron mirando sorprendidos por la presencia de Rachel allí.
—¿Ya habéis vuelto? ¿Dónde están los demás?— preguntó Laura
—Están todos en casa de Juanma. ¿Por qué estáis quitando todos esos trastos?— preguntó Rachel. –Es imposible que Sheila haya pasado por aquí. Cuando venía vi una de las trampillas del tubo de ventilación en el suelo. Estoy segura de que optó por ello, es lo más seguro en realidad, y Sheila no es tonta. Voy a ir a buscarla— Rachel se dio la vuelta y comenzó a desandar sus pasos.
Laura y Enrique la siguieron a paso rápido hasta que llegaron al tubo de ventilación que Rachel les había dicho. Justo cuando iban a ayudarla a subir comenzaron a escuchar disparos en las plantas superiores. Sin duda era Sheila. Rachel miró  a sus dos acompañantes.
—Ayudadme a subir y volved a lo que estabais haciendo. Volveremos por ahí. No nos dará tiempo a subir de nuevo, solo podremos bajar pisos.
—¿Y que harás tu?— preguntó Enrique mientras le ponía las manos para que se apoyara para subir.
—Vosotros haced lo que he dicho. Y luego id trasladando a Alexandra a la ambulancia que tenéis ahí abajo— Rachel los miró. —¡¡¡Vamos!!!
Rachel desapareció por el tubo y Enrique y Laura volvieron al pasillo de los muebles. Cuando llegaron, a través de los ojos de buey de la puerta vieron aparecer a Rachel al otro lado tras caer del tubo. Fue entonces cuando Laura se dio cuenta de lo que pretendía hacer.
*****
Sheila por fin se había decidido. Sin pensárselo dos veces se dejó caer del interior del tubo de ventilación. Nada más tocar el suelo del pasillo alzó el arma y disparó al primer caminante que vio, la bala impactó en la cabeza del No  Muerto, impregnando la pared de sangre negruzca y corrompida. Eso hizo que varios No Muertos venidos desde ambos lados del pasillo comenzaron a avanzar hacia ella. Lo que hizo que Sheila se pusiera nerviosa, tanto que erró los primeros disparos, pero tuvo que tranquilizarse si quería salvar la vida, el despacho al que se dirigía estaba cerca. Comenzó a correr mientras les daba golpes y les disparaba a la cabeza. Estaba abatiendo a varios No Muertos, pero también tenía claro que eso atraería a más hacia ella.
Rachel dobló la esquina tan rápido que no le dio tiempo a esquivar a un No Muerto, contra el que se dio de frente, ambos cayeron al suelo y Sheila comenzó a forcejear con el para impedir que le mordiera, si lo conseguía estaría perdida. En ese momento escuchó más disparos, alguien se dirigía hacia ella.
Sheila golpeó al caminante con el codo y este cayó hacia un lado, entonces Sheila le metió el cañón de la pistola en la boca y apretó el gatillo. La bala atravesó la cabeza del No Muerto y Sheila se levantó rápidamente, al tiempo de ver a dos de aquellos seres doblando la esquina para ir a por ella. De repente ambos caminantes fueron abatidos por alguien, cuando estos se desplomaron, Sheila vio una silueta detrás de ellos. No tardó en reconocerla.
—¡¡¡Rachel!!!
Ambas chicas corrieron la una hacia la otra y se fundieron en un abrazo, seguidamente se besaron apasionadamente.
—No te imaginas lo que te echaba de menos. Que bien que estés aquí— dijo Sheila.
—Venga, tenemos que irnos— dijo Rachel cogiendo a Sheila del brazo. –Tenemos que bajar al garaje para irnos a casa de Juanma.
Entonces Sheila se detuvo. –No. Tengo que ir a ese despacho— dijo señalando una puerta al final del pasillo. –Hay algo muy importante ahí y nos lo tenemos que llevar.
Rachel cogió las mejillas de su novia. –Cuando venia hacia aquí siguiendo los disparos tuve que esquivar varios No Muertos que se dirigían hacia aquí. Si perdemos tiempo nos rodearán y estaremos perdidas. Salgamos de aquí… ¡¡¡Vamos!!!
—Esos archivos son importantes— respondió Sheila –Y no pienso irme de aquí sin ellos.
Rachel lanzó un bufido. Entonces se dio la vuelta al ver a un No Muerto doblar la esquina, al que disparó rápidamente en la cabeza. —¡¡¡Venga!!! Date prisa y coge esos archivos. Tenemos que salir de aquí rápidamente.
Sheila se dio la vuelta y corrió hacia el despacho mientras Rachel se quedaba en el pasillo para mantener a ralla a los infectados que comenzaran a entrar. Se dirigió hacia la esquina y cuando la dobló miró al final del pasillo, al fondo había una puerta doble con dos ojos de buey. Al otro lado se veían No  Muertos que estaban empujando las pesadas puertas, con suerte eso los retrasaría.
*****
En el despacho, Sheila buscaba desesperadamente los archivos. Había muchas carpetas y archivadores encima de la mesa. Sheila las tiró al suelo al ver que entre ellos no estaba lo que buscaba. Se acercó a una estantería y comenzó a buscar ahí mirando las etiquetas, entonces vio una que le llamó la atención, era una carpeta de color rojo donde había una etiqueta donde podía leerse claramente: “PROYECTO RENACER”. Era esa la que estaba buscando, rápidamente la cogió y se la guardó debajo del brazo. Salió del despacho y se encontró con Rachel.
—Ya la tengo. Podemos irnos.
—Muy bien. Ahora solo tenemos que correr todo lo que podamos.
Ambas miraron a la puerta doble al tiempo que se colaba el primero de los No Muertos. Una mujer vestida con bata de medico a la que le colgaban las tripas. Rachel la abatió al tiempo que ella y Sheila comenzaban a correr.
—Las puertas se abren en dos direcciones— dijo Shiela.
Dicho y hecho. Cuando llegaron a las puertas las empujaron y lograron quitarse de en medio a varios de los No Muertos. Estos cayeron al suelo y ellas pasaron por encima sin que pudieran cogerlas. Llegaron a un bifurcación de pasillos, uno estaba vacio y por el otro venia al menos una docena de aquellos seres. Sheila se los quedó mirando aterrada hasta que notó como Rachel la cogía de la mano y tiró de ella.
Ambas comenzaron a correr en dirección contraria a la que venían los No Muertos y atravesaron otra puerta doble que daba a unas escaleras. No era el mismo sitio por el que había ido Rachel, pero daba igual, los pasillos del hospital acababan casi siempre llevando al mismo sitio. Solo tenía que situarse bien.
Bajaron los escalones de dos en dos, saltando cadáveres destrozados. Llegaron a otro pasillo que Rachel si reconocía, había pasado por allí, pero por el otro lado. Estaban cerca de donde estaban Laura y Enrique esperándolos, llegaron a otras escaleras, las bajaron y llegaron a otro pasillo, lo recorrieron y llegaron  a una nueva bifurcación.
—Por aquí— dijo Rachel al ver la puerta donde la esperaban Laura y Enrique.
Ambas corrieron hasta ellos y cruzaron la puerta, estos la cerraron rápidamente, pero no se pararon a colocar los muebles. Simplemente corrieron por el pasillo en dirección al garaje. Cuando llegaron vieron que todos los demás estaban esperándolos allí. Saltaron al interior del vehículo y Mario que estaba al vehículo pisó el acelerador y la ambulancia salió a toda velocidad de allí. No tardaron en recorrer todo el aparcamiento y salir al exterior, de nuevo  a las calles. Esta vez la dirección a la que tenían que ir la iba dictando Laura, la cual iba de copiloto. En la parte trasera junto a una convaleciente Alexandra, iban Stacy, María, Enrique, Sheila y Rachel.
—¿Tan importantes son estos archivos?— preguntó Rachel cogiendo la carpeta que llevaba Sheila. –Podrías haber muerto.
—Estos archivos son lo más importante que tenemos. Con ellos aun tenemos una oportunidad de elaborar una vacuna. Sin ellos la raza humana está acabada— respondió Sheila. –Son lo más importante de este mundo. ¿Hace mucho que habéis regresado?— preguntó en ese momento Sheila.
—No. Prácticamente hemos acabado de llegar. Ahora vamos a casa de Juanma. Todos los demás y algunos otros están allí. Por lo que sabemos, no hay muchos supervivientes en la ciudad. Juanma y los demás se quieren marchar. Nos iremos con ellos, esta ciudad es irrecuperable. Aun no se a donde iremos. Ahora discúlpame, tengo que decirle algo a Mario.
Rachel se levantó y se acercó a la ventanilla al fondo de la ambulancia. Una vez allí fue Laura la que abrió la pequeña ventanilla. —¿Qué ocurre?
—Vamos a casa de Juanma, pero no es posible acceder a través de la puerta principal. Tendremos que entrar a través del garaje. Cuando lleguemos a la calle necesito que enciendas la sirena para que se den cuenta de que vamos y que puedan abrirnos.
—¿Eso no atraerá a los caminantes?— preguntó Mario.
—Seguramente, pero es solo un minuto como mucho. Lo suficiente para advertirlos de nuestra presencia— explicó Rachel. –Se que es arriesgado, pero es lo único que podemos hacer.

Manhattan… Bloque de apartamentos…

Fui al apartamento de David donde estaban vigilando a Carlos. Le cambié el turno a Johana. En mi mente solo había un pensamiento, olvidarme del trato, olvidarme de todo lo hablado con el y matarle. Quitárnoslo de en medio. Arrebatarle la vida para proteger las nuestras. Iba a hacerlo con una pistola, la cual llevaba oculta detrás.
Me senté frente a el y este apartó la mirada de la ventana para mirarme a mi. –Por fin te ha llegado el turno de vigilarme. Me siento como un preso, aunque es eso lo que estoy ¿No? Supongo que te daba miedo el hecho de enfrentarte a mí.
—Estás muy equivocado. No tengo ningún miedo. No a ti— respondí mirando por la ventana para observar la lluvia.
—Hay costumbres que no cambian… Te sigue gustando eso de observar las tormentas— dijo en ese momento mi hermano. El cual también volvió su vista hacia la calle. –Desde hace un tiempo, antes de tu llegada… Yo también solía observarlas. Te recordaba. —El tono de mi hermano había cambiado. Era como si hubiera vuelto a ser aquel al que recordaba, antes de que el mundo que conocíamos llegara a su fin, aquel al que recordaba. Mi hermano. –Se que he hecho cosas bastante malas, pero no puedes culparme de haberme enamorado de tu mujer. Son cosas que ocurren cuando eres muy cercano a alguien… Y te creíamos muerto. Te pido disculpas por ello. Y prometo hacer todo lo que esté en mis manos para ayudaros. Aunque luego me tenga que marchar. Es lógico que con todo lo que ha pasado no me quieras cerca de tu familia. Es comprensible. Juro que os ayudaré.
Las palabras de mi hermano habían comenzado a clavarse en mí como puñales, mientras que yo agarraba el mango del arma. Estaba haciendo que me cuestionara lo que iba a hacer. ¿Debía matarle? Era mi hermano al fin y al cabo. Entonces solté mi arma y lo miré.
—Te llevaremos con nosotros. Podrás demostrar que lo que dices es verdad si nos ayudas— dije al tiempo que me daba la vuelta y me dirigía a la puerta para salir del apartamento. Justo en ese momento cuando cogía el pomo de la puerta comencé a escuchar una sirena. Me di la vuelta rápidamente y corrí hacia la ventana, me asomé y vi una ambulancia que iba por la calle esquivando caminantes. Esta se paró de repente y vi que por una de las ventanas se asomaba Laura. Esta miró hacia arriba y comenzó a gritar algo, pero no la escuchaba. Tuve que abrir la ventana que daba a la escalera de incendios y salir al exterior. Una vez ahí pude escuchar a Laura.
—¡¡¡El garaje!!! ¡¡¡Abridnos el garaje!!!
Me metí de un salto en casa y corrí hacia la puerta. Entonces mi hermano se puso de pie y me siguió.
—Déjame ayudarte. Si tienen que entrar por el garaje y entran caminantes detrás. Tu solo no vas a poder.
En ese momento entré en la habitación y salí con un fusil. Cogí la pistola que llevaba oculta y se la di a mi hermano.
—Vamos— me di la vuelta y salí por la puerta del apartamento con mi hermano pegado a mí.
*****

Carlos seguía a su hermano a pocos pasos. Y sin que el le viera, esbozó una sonrisa de satisfacción. Había logrado hacer que su hermano confiara nuevamente en el. Algo de lo que se iba a arrepentir, no era necesario ni matarlo. Había otras maneras de hacerle daño.