Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

Seguidores

sábado, 18 de abril de 2015

NECROWORLD Capitulo 71

Día 22 de Enero de 2010
Día 579 del Apocalipsis…
Manhattan… Bloque de viviendas…

David estaba preocupado por lo mucho que Eva tardaba en regresar, rápidamente subió a casa dejando a Vicky y a Cristian al cuidado de Alicia, cuando entró a casa de Eva se encontró con esta sentada en una silla y a Carlos sentado en un sillón con una pistola en las manos mientras no dejaba de sonreír, también estaba allí Tina Morales, a la que David recordaba de haber visto más de una vez en las noticias de la ciudad.
—¿Carlos? ¿Qué haces tú aquí? Creí que estabas…— preguntó David sorprendido.
—¿Muerto? No hombre. Tengo siete vidas como los gatos… ¿Verdad Eva?— Carlos en ese momento miró a Eva con una sonrisa y a David le dio la impresión de que este le estaba apuntando con el arma, luego miró a David. —¿Podrías irte? Eva y yo tenemos cosas importantes de las que hablar… Como por ejemplo de que me dejara tirado a mí suerte con la esperanza de que acabara muerto.
—No…— respondió David plantándose entre Carlos y Eva. –Ella no se quedará a solas contigo. Si quieres permanecer aquí tendrás que hacerlo junto a todos nosotros. Tómalo o déjalo.
Carlos al ver a David tomar el mando de la situación no pudo evitar sonreír. –Vaya, me has sorprendido mucho. Parece que desde la ultima vez que te vi en Puzol  hasta ahora te han salido pelos en las pelotas, me alegro por ti, pero te repito una vez más y por ultima vez que esto es solo entre Eva y yo. Si quieres que hablemos me parece bien, pero será después, cuando hable con Eva lo que tengo que hablar. Deja tú surgimiento de pelotas para más tarde.
—Creo que el tiene razón, no es momento para…— dijo la periodista intentando entrar en la conversación. –Deberíamos pensar más en salir vivos de aquí…
—Cuando quiera tú opinión te la pediré, pero ahora no me apetece ni escuchar tú opinión ni por supuesto no me apetece escucharte a ti. ¿Te ha quedado claro?— respondió Carlos contando en seco a Tina, la cual se quedó en silencio. En ese momento Carlos se puso en pie y se plantó frente a David. –Bueno… ¿Qué? ¿Te largas o te tengo que obligar a largarte? Te doy diez segundos para decidirte— las caras de David y Carlos ya casi se tocaban. —¿Y bien?
David notó en ese momento el cañón de la pistola en su estomago, miró hacia abajo y luego miró a Carlos. —¿Quieres disparar? Adelante entonces… ¿O acaso no tienes huevos? Sabes que si se te ocurre matar a alguno de nosotros no saldrás vivo de aquí. Si me disparases a mí será Eva quien te dispare a ti, si disparases a Eva… Y no creo que lo hagas… Entonces sería yo quien te volaría la cabeza. ¿Quieres probar?
Carlos volvió a sonreír de nuevo. –Si que es cierto que tienes cojones. Muy bien, supongo que has hecho bien saliendo de la sombra de mi hermano. ¿Queréis que nos unamos? De acuerdo, tú mismo.
Un par de minutos después los cuatro salieron del apartamento de Eva en dirección al apartamento de David y Alicia. Carlos era quien iba en cabeza y Eva se quedaba atrás junto a David.
—No podemos fiarnos de el— comenzó a decir Eva en voz baja a David. –Podría jugárnosla en cualquier momento. Aun no entiendo como logró sobrevivir a cuando lo dejé tirado en el gimnasio del colegio. Tendríamos que acabar con el.
—No hará nada. No te preocupes, si no he acabado yo con el es por que creo que más adelante lo necesitaremos. No olvidemos que tenemos un enemigo común. Además, si veo que intenta algo raro me ocuparé de el— explicó David. –Aun así no creo que haga nada.
—Yo no me fiaría tanto— replicó Eva al tiempo que David se adelantaba para hablar con Carlos.
—¿Qué quieres?— preguntó Carlos cuando vio a David a su lado.
—Quiero hacerte una pregunta. ¿Cómo lograste acceder al edificio con todos esos infectados en la calle? Desde mi punto de vista era algo imposible.
—Lo logré por la escalera de incendios. Y la respuesta al como… ¿Has escuchado la música hace unas horas?— Carlos miró a David, el cual asintió. –Pues era yo, para poder llegar necesitaba que el rebaño se moviera, así que hice sonar música para atraerlos a otra parte de la ciudad… Ya que son tontos del culo vamos a aprovecharnos ¿No? Lo demás fue coser y cantar. Lo intenté por la puerta principal, pero ya vi que está bien protegida.
—¿Y por que has vuelto? Juanma, tú hermano te desterró de Manhattan.
—Volví para protegeros a todos— respondió Carlos con una forzada sonrisa. –Mi hermano nunca está cuando se le necesita, se marcha a dios sabe donde y deja la ciudad de la que por cierto el es el líder. Con el fuera los escorias aprovecharon para atacar… Y mira la que os han liado. Mi hermano no es buen líder y seguirle a el es como seguir a la mismísima parca… Y tú deberías saberlo mejor que nadie.
—¿Por qué dices eso?— quiso saber David.
—Por Andrea…— Carlos miró a David a la cara. –Si, cuando llegasteis y os hicieron aquellas entrevistas en solitario mientras estabais en el barco vi vuestras fichas, y en la tuya vi el nombre de Andrea, la cual era una chica a la que conociste y de la cual te enamoraste, la cual luego murió de forma trágica en tu presencia y como no en la de mi hermano. Es curioso que te pelearas con el y no tuvieras huevos de hacer lo que debías cuando tenias la oportunidad.
—¿Intentas ponerme en su contra?
—No, para nada, pero va siendo hora de que salgas de debajo de sus faldas y empieces a tomar tus propias decisiones… Y más ahora que tienes una familia a la que debes proteger, supongo que no querrás que les pase lo mismo que a tu querida Andrea. Con mi hermano… Después de tanto tiempo, deberías darte cuenta de que no seguiréis llegando muy lejos… Si regresa, claro.
Llegaron a la puerta del apartamento de David y entraron, las caras de Alicia y Vicky al ver a Carlos también fueron de autentico Shock, algo de lo que Carlos se percató y que le pareció muy gracioso, con toda la tranquilidad del mundo pasó hacia el interior y se sentó en uno de los sillones.
Alicia se acercó en ese momento a Eva sin quitarle a Carlos los ojos de encima. –Creí que estaba muerto. ¿Qué está haciendo aquí?
—Es por mí, jamás nos dejará en paz— respondió Eva. Entonces Alicia le tocó un brazo y notó que estaba temblando de puro miedo.

Manhattan… Zona infestada…

Aun no podía creerme lo que veían mis ojos, la ciudad de la que me había hecho líder había caído durante mí ausencia. No entendía nada, no entendía que era lo que había podido pasar ni por que, entonces lo primero que pensé fue en hombres de Dorian que habían atacado la ciudad como represalia por lo ocurrido en Las Vegas. En ese momento ante la mirada de todos me di la vuelta y fui hacia el camión donde había guardado la mayoría de armas, Juan al verme salió detrás de mí.
—¿Se puede saber a donde vas? ¿Qué pretendes?
Saqué un fusil y miré a Juan. –Vuelvo a Las Vegas. Se lo haré pagar.
Juan me cogió del hombro y me obligó a mirarle. –No sabes si han sido ellos. Si los atacas otra vez podrías empeorar las cosas, simplemente espérate a ver que es lo que ha pasado, analiza la jodida situación. Además, puede que los nuestros sigan vivos, tenemos que buscarles y saber que es lo que ha pasado.
—¿Me pides que lo deje pasar?
—Te pido que te centres antes de ir a lo loco. No sabemos que ha pasado en realidad y podrían haber sido mil cosas. Si resulta que los tipos de Dorian no han hecho nada y tú los atacases, solo harías que empeorar más las cosas, mucho más de lo que ya están. Simplemente adentrémonos en la ciudad y descubramos lo que ha pasado.
Me relajé un poco y miré a Juan. –Lo se, tienes razón. Lo primero que debemos hacer es buscar a los nuestros… Y luego, si ellos han sido los responsables, ir a Las Vegas.
—Muy bien. Si eso resulta así, yo estaré en primera línea de fuego a tu lado.
Después de tranquilizarme me acerqué al resto de nuestras compañeras, las cuales esperaban que tomáramos una decisión, les pedí a Yuriko y a Juan que aseguraran la zona en la que estábamos mientras les explicaba a las demás lo que íbamos a hacer.
—Como veis las cosas no están muy bien aquí. El caso es que vamos a ir a por nuestras familias, vosotras no tenéis por que seguirnos hasta el interior de la ciudad. Os buscaremos un lugar seguro hasta que podamos regresar, Faith y Melanie se quedarán al mando mientras Johana, Yuriko, Juan y Yo nos ocupamos de este asunto. Necesito que cuidéis de Rachel.
En ese momento vi a Rachel que salía con el arma preparada. –No pienso quedarme aquí mientras vosotros os la jugáis, además, Sheila está seguramente ahí dentro también. Iré con vosotros y no me vais a convencer de que me quede.
Miré a Rachel y la comprendí, yo en su lugar querría hacer lo mismo, así que le hice un gesto con la mano para que se acercara, aunque en sus ojos podía ver que aun no estaba completamente recuperada. Minutos después encontramos un garaje vacio y tranquilo que usamos para ocultar el camión y a las mujeres que habíamos sacado vivas de Portland. Antes de marcharme junto a mi equipo me acerqué a Faith y a Melanie.
—Confío en vosotras. Aquí estaréis a salvo, ahí hay comida que os durará un mes, no tendréis problemas, simplemente esperadnos hasta que podamos regresar… Y si no regresásemos…
—Os esperaremos— respondió en ese momento Melanie. –Se que volveréis.
—Muy bien— respondí, luego miré a mis compañeros y los cinco salimos del garaje en dirección a la ciudad que antes había sido nuestro hogar.
*****
Butch seguía andando por las calles, estaba furioso. No había querido adentrarse en la ciudad, para el aquello no merecía la pena, no quería morir por nadie.
Llegó a un callejón y vio a varios caminantes comiéndose los restos de un ciervo, cuya sangre se había derramado sobre el asfalto y los restos de la nieve que todavía no se había derretido, pensó en acabar con ellos y darse el gustazo. El odiaba a esos seres con toda su alma y sentía satisfacción cuando les hacía explotar las cabezas tras meterles una bala en la cabeza, pero finalmente aunque les apuntó con el arma no hizo nada, era jugársela a lo tonto, y más siendo que estaba el solo.
Butch ignoró a los caminantes que no se percataron de su presencia y siguió su camino, entonces sintió hambre, tanta que el estomago comenzaba a hacer ruidos. Miró a su alrededor y divisó una tienda de comestibles, con suerte podría encontrar latas de conserva y algo de agua. Caminó hacia la tienda y vio que la persiana metálica estaba cerrada, iba a tener que abrirla, lo cual implicaría hacer ruido. Quizás con un disparo lo lograría, luego solo tendría que ser rápido para coger todo lo que pudiera antes de que los No Muertos hicieran acto de presencia por allí.
Apuntó con cuidado y miró a su alrededor para ver que no hubiese ningún caminante cerca, seguidamente disparó al candado y este saltó por los aires provocando un fuerte ruido que fue rebotando por toda la calle. Una vez la puerta estuvo sin el candado, Butch subió rápidamente la persiana y se coló en el interior de la tienda tras romper el cristal, una vez dentro notó el olor a fruta y comida podrida, aun así tuvo suerte, esa tienda nunca antes había sido saqueada, comenzó a coger latas y a metérselas en la mochila, entonces encontró una maquina de tabaco que lo hizo detenerse, sin pensárselo dos veces hizo caer la maquina para abrirla, una vez estuvo abierta comenzó a coger paquetes y a guardárselos, estaba siendo una incursión en solitario perfecta. En ese momento algo llamó la atención de Butch, se trataba de una estantería lleno de botellas de todo tipo, pero sobre todo le llamó la atención una botella de whisky, dejó la bolsa en el suelo y caminó hacia el estante, nada más llegar cogió la botella que había visto y se quedó observándola con una sonrisa. Si la incursión estaba siendo perfecta, con el hallazgo del whisky sintió que había alcanzado el nivel máximo de perfección, ya que iba a estar solo… ¿Qué importaba lo que hiciera si no tenía que responder ante nadie? Fue en ese momento cuando escuchó un ruido a sus espaldas, se dio la vuelta pensando que había entrado un caminante, y lo que descubrió lo dejó atónito. Allí junto a la bolsa había un niño de color que lo miraba fijamente, de repente este niño cogió la bolsa y echó a correr.
—¡¡¡Eh!!! Eso es mío— dijo Butch al tiempo que echaba a correr también.
Estuvo a punto de coger al niño dentro de la tienda, pero este le hizo una finta y Butch cayó por encima del mostrador, rápidamente se puso en pie y salió al exterior, donde vio al niño alejándose por la calle, sin pensárselo mucho echó a correr detrás pisándole los talones, cuando dobló una esquina vio tropezar al niño y el aprovechó la oportunidad para lanzarse sobre el. Él niño quiso protegerse, pero Butch comenzó a darle manotazos.
—¿Creías que ibas a poder robarme e irte de rositas puto crio de mierda? Esa mochila es mía negro— Butch cerró y alzó el puño, luego lo estrelló contra la cara del niño. Seguidamente le quitó la mochila y la lanzó a un lado. El niño gritó y Butch volvió a golpearle, no le importaba que fuera un muchacho de apenas diez años, le había robado y lo tenía que pagar. –Te voy a enseñar modales.
En ese momento Butch escuchó el chasquido de un arma a su espalda, cuando se dio la vuelta se encontró con el negro cañón de un fusil apuntándole a la cara.
—Aléjate de mi hijo. No vuelvas a ponerle la mano encima. ¡¡¡Hazlo!!!... O te volaré la tapa de los sesos.
Butch se fue levantando con las manos en alto hasta que vio el rostro de aquel que le apuntaba, detrás de el había una niña, fue entonces cuando Butch reconoció a ese tipo enorme y de color. –Mike. ¿No me reconoces? Soy yo… Butch.
—Se quien eres y se lo que le estabas haciendo a mi hijo.
—No sabía que era tu hijo, es evidente que esto fue un mal entendido, pero vi que me robaba y no pude evitar salir detrás de el. No es necesario que me apuntes.
—Tira tu fusil al suelo— ordenó Mike sin dejar de apuntar. –Luego quiero que le des una patada para acercarlo a mi— Mike miró a su hijo. –Jeremy, ven aquí.
—¿Ya está? ¿Eso es todo? ¿Me robáis y os largáis?
Mike cogió el fusil que Butch le había acercado con el pie y luego se acercó a este para cachearlo, entonces encontró la pistola que llevaba. —¿Llevas algo más?
Butch negó con la cabeza, justo cuando iba a decir algo, Mike le asestó un golpe en la cara con la culata de su fusil y lo dejó sin conocimiento, seguidamente lo cogió de los pies y se lo llevó a rastras mientras sus hijos lo acompañaban.

Manhattan… Calles…

Juan y yo íbamos a la cabeza, mí plan era llegar a mí casa, sabía que si Eva y Vicky estaban vivas, era allí el primer lugar donde debíamos buscar antes de buscar en más sitios, aunque para llegar a mi casa aun tardaríamos y no teníamos vehículo con el que movernos, ya que habíamos optado por dejar el camión en el garaje donde nos esperaban las chicas.
Íbamos a pasar a otra calle cuando se escuchó un disparo y una bala pasó por delante de mí, haciendo que rápidamente buscáramos cobertura detrás de unos contenedores.
—¿Quién nos está disparando?— preguntó Yuriko.
Yo me traté de asomarme y un segundo disparo estuvo a punto de acertarme en la cabeza, rápidamente volví a ocultarme, fue cuando escuchamos la voz de un hombre.
—Todo esto es culpa vuestra, os voy a matar a todos cabrones infames. No sobreviví a la guerra de Vietnam para morir aquí después puta guerrilla— se escuchó un nuevo disparo. Entonces miré a Juan.
—Es un anciano quien nos dispara— dijo Johana asomándose un poco y ocultándose rápidamente cuando el viejo volvió a disparar. –Y tiene una puntería horrible.
—Da igual que tenga buena o mala puntería, si quedamos al descubierto acabará acertándonos… Y esos disparos están escuchándose por toda la ciudad. Pronto podríamos tener sobre nosotros a una horda de No Muertos.
—¿Qué sugieres?— preguntó Rachel. —¿En que piso está?
Volví a asomarme y el anciano volvió a disparar, aunque esa vez capté el lugar desde el que disparaba, estaba en el tercer piso usando un rifle de mira telescópica.
—Bueno, quizás si intento hablar con el… Piensa que somos de la guerrilla— respondí mirando a mis compañeros. –Podría convencerle.
—¡¡¡Estáis muertos cabrones!!!— gritó de nuevo el anciano –Os mataré a todos.
—Pues espero que tengas suerte en hablar con el, por que no parece una de esas personas que razone mucho, te disparará en el momento que asomes la cabeza— respondió Juan.
En ese momento dejé el fusil en el suelo y miré a mis compañeros, los cuales tenían una expresión de negación, pero aun así yo estaba dispuesto a salir, fue entonces cuando comencé a hablar. –Voy a salir, estoy desarmado. No dispare, solo quiero hablar con usted— entonces miré a Juan y hablé en voz baja. –Cúbreme, pero no dispares a menos que sea estrictamente necesario.
Juan asintió al tiempo que amartillaba el arma. –Descuida
—¿Y cual es el plan que tienes?— preguntó Johana.
—Soy el líder de la comunidad, si me reconoce no disparará. Aunque sea de noche— entonces de nuevo alcé la voz. –Por favor, no dispare, voy a salir. Soy Juanma, el líder de la comunidad de Manhattan. Acabo de regresar hace un rato desde Portland.
Poco a poco fui saliendo con las manos en alto y miré hacia la ventana donde estaba el hombre apuntándome con el rifle, entonces me fijé en que llevaba un casco que enseguida identifiqué como gafas de visión nocturna. En ese momento se escuchó un nuevo disparo.

En algún lugar del desierto de Nevada…

El cuerpo de la muchacha a la que acababa de matar estaba comenzando a moverse, estaba regresando después de que Luci le rompiera el cuello. Fuera seguían escuchándose las voces de los hombres de Dante que iban y venían, los cuales no tardarían en percatarse de que su compañera tardaba en salir del furgón, entrarían a buscarla y descubrirían todo el pastel. Por otro lado, Luci tenía los dedos de una mano rotos y tampoco quería marcharse de allí sin su katana.
Con el cuerpo de la chica ya totalmente reanimado, Luci se alejó y se pegó a la puerta del furgón. Cuando la No Muerta se puso en pie, la cabeza quedó colgando hacia un lado. Está avanzó hacia Luci y ella la mantuvo alejada de ella con una patada directa al estomago, estaba haciendo mucho ruido, eso atraería a los hombres de Dante, y así fue.
Brutus apareció de repente abriendo la puerta y Luci aprovechó para tirarle encima a la muchacha, la cual, pese a tener el cuello roto comenzó a morderle en los brazos, seguidamente Luci saltó y cuando sus pies tocaron el suelo se resbaló, cayó de bruces y tragó algo de tierra, pero rápidamente se incorporó para echar a correr al tiempo que algunos de los hombres de Dante se percataban de que estaba huyendo.
—¡¡¡¡Se escapa!!!!— oyó gritar a uno de los hombres de Dante. Sin embargo, Luci siguió corriendo en la oscuridad sin mirar atrás, no veía por donde iba, pero no le importaba, solo quería alejarse de ellos.
Dante salió de su tienda y comenzó a dar voces e indicaciones. –Cogedla, no quiero que escape. No me importa el tiempo que os lleve, pero atrapadla… Y no me importa si le disparáis en una pierna, pero la quiero viva, el que la mate sufrirá las consecuencias.
Mientras los hombres de Dante se movilizaban para salir en su persecución, Luci seguía corriendo en línea recta, justo en ese momento tropezó y cayó de bruces, pero no se quedó en el suelo, comenzó a caer por lo que parecía un terraplén hasta que chocó con lo que parecía una valla de metal, incluso sintió como algunos trozos de esta se le clavaban en la piel, lo que hizo que Luci lanzara un aullido de dolor. Se levantó a duras penas y se agarró a la valla, al otro lado se podía ver lo que parecían unas instalaciones, tanteó la valla y encontró una obertura por la que se coló, allí podría ocultarse un rato hasta que pudiera planear una forma de volver a por su espada y luego si era posible, y esperaba que así fuera, la esperanza de llevarse a Dante por delante.
Luci corrió por lo que parecía una pista donde la luz de la luna dejaba ver la pintura que señalaba el lugar de aterrizaje de un helicóptero, eso le hacía pensar que se encontraba nada más ni nada menos que en una base militar. A lo lejos aun podía escuchar las voces de los hombres de Dante, parecía que habían llegado también a aquella base. No iba a ser fácil darles esquinazo, pero ella iba a poner todo de su parte para terminar con todo esa misma noche, después, se reuniría con los demás de nuevo en Manhattan.

Manhattan… Alcantarillas…

Mouse y su grupo ya habían llegado al punto de partida, se encontraban debajo de la iglesia. Antes de subir la escalera de mano, Mouse miró a Sandra.
—Espero que tengas una buena explicación para tu novio. Por que las cosas se nos han complicado un poco— entonces miró al perro. –Al menos el colega lo aplacará si se pone hecho un basilisco— Mouse se dirigió  a los demás. –Sobre nuestras cabezas está la iglesia. Una vez subamos estaremos a salvo, nos reuniremos con los demás supervivientes, arriba nos espera comida y agua— dicho eso, Mouse comenzó a subir mientras los niños se abrazaban llenos de jubilo, cuando Mouse llegó a lo más alto abrió un poco la tapa y rápidamente descendió pidiendo silencio.
—¿Qué ocurre?— preguntó Sandra.
—Algo pasa ahí arriba. He visto a tíos armados hasta los dientes… Y no son precisamente aquellos a los que dejamos atrás. Sean quienes sean, no están de nuestra parte.

Iglesia…

El bebé era quien comandaba a un grupo numeroso de hombres, los cuales habían llegado a la iglesia atraídos por el humo que salía de los cuerpos calcinados después de que el local de el bebé se viera invadido por una horda de No Muertos tras la marcha de aquella chica.
—Padre Kaleb, no se tome a mal mi incursión en su casa. Tómeselo como una especie de invitación. Nosotros no somos enemigos, sobreviviremos todos juntos.
—¿Y por eso habéis matado a varios de los que aquí había?— preguntó el padre Kaleb.
Con la entrada de el bebé seguido por sus hombres, algunos de los soldados fueron abatidos cuando intentaron impedir la entrada, otros como Jill y Paul habían sido desarmados y llevados junto al resto de supervivientes que permanecían bajo arresto.
—No se preocupe padre. Su odio se convertirá en agradecimiento cuando mis chicos y yo les saquemos de aquí, pero algunos no podrán salir de aquí… Somos muchos.
En ese momento apareció uno de los hombres de el bebé. –Jefe, ya hemos matado al ultimo de los heridos. Ya no hay peligro de que nadie se reanime.
El bebé hizo un gesto con la mano para que su secuaz se largara y volvió a mirar al sacerdote, el cual se palpaba la barbilla y la sien, los lugares donde le habían golpeado. –Siento haber ordenado la ejecución de los heridos, pero no había otro remedio, ya sabe… Más vale prevenir que curar.
En ese momento el padre Kaleb vio a varios de los supervivientes desfilar en fila india, todos iban desnudos, incluso vio a la joven Diana caminar abrazada a su hermano mientras algunos de los hombres la miraban con lujuria, parecían una manada de lobos hambrientos acechando a una presa desvalida.
—¿Eso era necesario? ¿Desnudar a todos los de aquí?
El bebé miró en ese momento a la joven Diana también, luego volvió a mirar al sacerdote con una sonrisa. –Oh vamos… Padre… No me diga que si pudiera no jugaría con sus pechitos. A mi me encantaría, tiene pinta de tener un coñito bastante prieto.
—Ni se os ocurra tocar a esa chiquilla, ella no os hizo nada. Si le hacéis algo os mataré a todos.
—Parece que el sacerdote tiene agallas… Y fijación con las jovencitas. Supongo que quiere ser el quien la pruebe. Traed a la chica— ordenó en ese momento el hombrecillo.
Uno de los hombres se acercó a los dos hermanos y los separó empujando a Paul a un lado, seguidamente agarró a la muchacha, esta enseguida comenzó a gritar y a patalear, pero no le sirvió de nada, el hombre que la tenía agarrada era demasiado fuerte. El secuaz del bebé la acercó a su jefe y al sacerdote y la empujó, esta rápidamente corrió a abrazar al sacerdote.
—Ahora dile que todo saldrá bien y que no tiene de que preocuparse. Venga— el bebé parecía estar disfrutando con todo aquello. —¡¡¡Díselo!!!
En ese momento el sacerdote comenzó a rezar mientras acariciaba el cabello de la joven. –Todo saldrá bien, no tienes por que tener miedo, no dejaré que te ocurra nada. Dios está con nosotros y el nos protege, reza conmigo hija mía.
—Muy conmovedor… Sin embargo…— decía el bebé, entonces un tipo grande y grueso con la camisa manchada de aceite de motor se acercó y agarró a la chica del pelo y tiró de ella. –Morris se ha encaprichado de ella y el es uno de los que más ha trabajado para llegar hasta aquí, me ha protegido. No puedo negarle ese placer que supone quitarle la virginidad a esta jovencita.
—La trataré bien— dijo Morris empujando a la muchacha hacia el altar, donde la tumbó y le separó las piernas. Seguidamente, el comenzó a quitarse el cinturón.
El sacerdote intentó levantarse, pero entonces el bebé le asestó un golpe en la rodilla con una vara de hierro y el padre Kaleb lanzó un chillido de dolor. –No le dije que se moviera señor padre. Así solo complica las cosas.
El padre Kaleb alzó la vista y miró a Diana, la cual tenía los ojos clavados en el, no mostraba ninguna expresión mientras Morris la embestía una y otra vez. Al otro lado de la sala, Paul observaba como violaban a su hermana sin que el pudiera hacer nada. Se sentía que le había fallado por completo.

Manhattan… Calles…

El disparo había errado, o al menos eso parecía. La bala había dado en el asfalto a unos cuantos centímetros de mis pies. Entonces el hombre volvió a cargar el arma, algo me decía que esa vez no fallaría, entonces puse las manos delante de mí.
—Por favor, no dispare. No somos de la guerrilla. ¿No me ve? Soy yo, soy Juanma, el que está al mando en la ciudad. Solo estamos buscando a nuestras familias… Y si viene con nosotros podremos ayudarle… Podrá sobrevivir. Si baja…
En ese momento el hombre volvió a disparar y la bala me rozó el brazo izquierdo, haciendo que sintiera un dolor leve, pero dolor al fin y al cabo. Me tiré al suelo y comencé a moverme mientras me quejaba del dolor que iba en aumento.
—No pienso bajar… Y tampoco voy a dejaros entrar en mi casa putos psicópatas.
El anciano no atendía a razones, parecía estar completamente ido. Este volvió a disparar y la bala se incrustó en el asfalto a pocos centímetros de mi cara, unos centímetros más y estaría muerto. Nuevamente miré al viejo que nuevamente estaba apuntándome, esa vez tenía la sensación de que no iba a fallar otra vez. Fue en ese preciso momento cuando se escuchó un disparo y el anciano emitió un grito, seguidamente este se dobló sobre si mismo y después se precipitó por la ventana, la caída duró segundos y el cuerpo del anciano chocó contra el asfalto. Entonces Juan apareció a mi lado y me ayudó a levantarme.
—¿Estás bien? Has tenido suerte de que tuviera mala puntería. Es el señor Palmer, estaba medio ciego.
—¿Lo conocías?— pregunté.
—Se sentaba muchas veces en algunos bares. Allí contaba sus batallitas de la guerra— dijo Juan. –Una pena, no era mal tipo.
En ese momento Johana apareció también y me fijé que era ella quien había disparado. –Buen tipo o no ha intentado matarnos— entonces hizo un gesto con la cabeza. –De hecho casi lo consigue contigo. ¿Te dio la bala?
Me miré el brazo tras subirme la manga y vi el rasguño, no era muy profundo, unos centímetros más y la bala me habría atravesado el brazo o se habría quedado incrustada en el. –No… He tenido suerte.
En ese momento Rachel que también había salido hizo un gesto señalando al final de la calle en la que nos encontrábamos, cuando todos miramos en aquella dirección vimos a varias siluetas avanzando hacia nosotros. –Tenemos compañía.
—Salgamos de aquí— les dije. Seguidamente comenzamos a alejarnos. Teníamos que llegar a mi casa cuanto antes, era el sitio por el que quería comenzar mi búsqueda.


No hay comentarios:

Publicar un comentario