Bienvenido

NOTA IMPORTANTE

Tras el ultimo capitulo de Necroworld (El 200). Este blog permanecerá abierto hasta un nuevo aviso. Cuando este aviso suceda, este blog publicará una entrada nueva donde aparecerá la nueva dirección al nuevo blog (Intentaré que os redireccione) Pasado un tiempo, este blog desaparecerá.
Ya podeis entrar en el siguiente blog, la historia se muda ahi.
juanmanuel-sagazombis.blogspot.com.es

Seguidores

sábado, 25 de abril de 2015

NECROWORLD Capitulo 72

Día 23 de Enero de 2010
Día 580 del Apocalipsis…
Manhattan… Madison Square Garden…
01:45 de la madrugada…

Después del incidente en las vallas, Zero y la mayoría de sus hombres habían acabado llegando al Madison Square Garden. Allí se habían refugiado todos, algunos incluso habían llevado allí a sus familias con la esperanza de ocupar la ciudad, pero en esos momentos la esperanza se había disipado por completo, y no eran pocos quienes buscaban una explicación y una decisión por parte de Zero, el cual se había encerrado en los vestuarios. Muchas veces algunos de sus hombres trataban de entrar, pero Zero había bloqueado las puertas.
Poco más tarde volvieron a llamarle, pero esa vez traían algo interesante, Zero se lo pensó varias veces antes de salir, pero cuando se decidió y abrió la puerta se encontró con uno de sus muchachos reteniendo a una joven soldado.
—¿Quién es ella? ¿Dónde la encontrasteis?— preguntó Zero mientras leía el nombre de la chica en la etiqueta del uniforme, este revelaba que se llamaba Kate.
—Regresábamos aquí por el puerto cuando nos la encontramos. Es una de los habitantes de la ciudad, pero ella no es lo único que hemos encontrado… Será mejor que venga con nosotros jefe. Hay algo que tiene que ver.
Zero salió de los vestuarios con la mano posada sobre su arma, las cosas habían salido tan mal que temía una sublevación, y eso era algo que no iba a permitir.
Cuando llegó al hall principal del gran estadio se encontró muchas caras que no eran de allí, todos vestían ropa de preso, pero aun así no parecía que fuera aquello lo que querían mostrarle aunque fuera un hecho importante, siguió por un pasillo y lo llevaron hasta una sala donde vio sentado a un hombre al que conocía, era Dylan, este estaba bebiendo algo de agua.
—¿Dylan? ¿Qué estás haciendo tú aquí? Te daba por muerto— dijo Zero cruzándose de brazos y mirando de reojo a la chica que habían traído sus hombres.
—Las cosas se han complicado allí dentro. Intentamos fugarnos cuando la señal, pero Dante nos la jugó a todos. Ahora campa a sus anchas por la ciudad, necesito hablar con papá Angelito. Esto es importante.
—¿Nadie te lo ha dicho? Papá Angelito está muerto, soy yo quien está al mando ahora. Fue asesinado por los de la superficie, este plan es también por una venganza muy personal. Estaremos encantados de que un hombre como tú, un verdadero superviviente se una a nuestras filas y podamos así tomar el control de la ciudad— cuando Zero dijo eso todos los presentes se le quedaron mirando.
—¿Tomar el control de la ciudad? ¿Para que? Necesitarías mucho tiempo y gente para lograr eso. Del barco escapó gente que está aquí presente, de no ser por ellos yo no estaría aquí. Lo que tenemos que hacer es largarnos y buscarnos la vida en algún otro lugar, los No Muertos crecen en número en las calles de Manhattan. No lograríamos sobrevivir. Y lo se muy bien… Tuve que matar a un gran amigo por que se había convertido en uno de esos seres después de que el cabrón de Dante nos dejara tirados y esposados. Puede que Dante siga aquí  o que se haya marchado para volver con refuerzos, si eso ocurre estaremos perdidos, esta ciudad está acabada.
—Nunca lograrás hacerte con esta ciudad— dijo en ese momento la chica que hasta ese momento no había abierto la boca. –Haz caso a ese hombre y saca a tu gente de aquí si tanto te importa.
En ese momento Zero le asestó un golpe, la chica cayó al suelo y Zero la pateó varias veces. –No vuelvas a abrir la boca, tu gente y tú sois los responsables de que mi gente y yo viviéramos entre las ratas. Y si vas a hablar te diriges a mi con respeto, no olvides que aquí mando yo y puedo matarte cuando me de la gana. Realmente no se ni por que te estoy dejando respirar— en ese momento Zero sacó su pistola con intención de disparar y fue Dylan quien se lo impidió.
—No sirve de nada matarla. No tienes el por que. Ella tiene razón. No hay nada que hacer aquí, lo más lógico y sensato es que cojamos a nuestra gente y nos marchemos de aquí antes de que sea demasiado tarde— dijo Dylan. –Además, ella no es responsable de que viviéramos ahí abajo. Con ella no cumples ninguna venganza.
Zero miró a los que estaban allí y se percató de que parecían estar de acuerdo con Dylan, lo cual era un problema, no tardaría en comenzar a circular el hecho de que debían marcharse de la ciudad, lo cual también podría terminar de un plumazo con su liderazgo.

Manhattan… Calles…

Nuestro avance se veía muchas veces truncado por los No Muertos que deambulaban por las calles de Manhattan. En más de una ocasión teníamos que refugiarnos en el interior de algún comercio o entrada a un edificio desde donde los veíamos pasar, una vez desaparecía el peligro volvíamos a reanudar el camino. Estábamos llegando a la calle en la que vivía cuando me fijé en algunos cadáveres que permanecían tumbados boca abajo con las manos atadas a la espalda, me acerqué a ellos seguido por Juan. Me agaché a inspeccionarlos y me fijé en un agujero que tenían en la nuca. Eran cinco hombres y tres mujeres.
—¿Te has fijado? A estas personas les han disparado en la nuca hace al menos un día— dije mientras miraba a Juan, el cual también se había agachado a mi lado para inspeccionar los cadáveres.
—No tienen mordiscos… A estas personas las ejecutaron— Juan tocó el cuerpo de una de las mujeres. –A esta la conocía yo. Estas personas como ya dije… Han sido ejecutadas a sangre fría. Y me temo que tal como decía el señor Palmer… Es muy probable que haya sido la guerrilla.
—Sigo pensando que pueden haber sido los hombres de Dorian. La guerrilla…— Entonces miré a Rachel. —¿Tu sabias algo de esto? Si sabias algo…
Rachel se agachó para mirar los cadáveres. –Desde la muerte de papá Angelito fue Zero el que se hizo con el mando de los habitantes de los túneles. Podría ser que ese cabronazo los empujara a esto… Pero sinceramente no estoy segura.
—¿Zero? ¿Lo conozco?— pregunté.
—Es ese rubio de las gafas que va de nazi. El mismo que quiso matarte. Es tan cabrón que no me sorprendería que esto haya sido obra suya. Hay rumores que mandó matarte cuando diste aquel discurso donde tomabas el mando de la ciudad. Ahí abajo bajo el mando de papá Angelito había numerosas facciones, una de ellas era la de Zero.
—Así que eras de los que ayudaban a la guerrilla. Que zorra— dijo Johana. –Debería pegarte un tiro— entonces Johana me miró a mí. —¿Y que pintabas tu con la guerrilla?
—Aquí nadie matará a nadie. A Rachel y a otros más de la guerrilla a la que tantos odiáis les debo la vida, no estaría aquí de no ser por ellos— respondí. –Creo que deberíamos olvidar ese odio irracional, aquí ahora mismo estamos en el mismo bando os guste o no.
—Como quieras. Tu mismo— dijo Johana –Pero a partir de ahora no pienso darle la espalda a esta tía. Ahora vamos, no estamos lejos de tú casa.
Johana tenía razón, mi casa estaba muy cerca, pronto podría estar junto a mi familia. Seguimos el camino y llegamos a mi calle, cuando llegamos me quedé sorprendido al ver un enorme autobús escolar bloqueando la entrada al edificio donde vivía, deambulando por allí cerca había como unas dos docenas de caminantes que aun no se habían percatado de nuestra presencia. Rápidamente cogí los prismáticos que llevaba Juan y miré hacia la ventana de mi apartamento que daba a la calle, esperaba ver a alguien allí asomado mirándome y sonriéndome, pero no ocurrió. No había luz ni rastro de vida. Detrás de mi, Rachel, Johana, Yuriko y Juan cubrían nuestra retaguardia. Seguí buscando, esperando, pero aun así nada, de pronto, en unos pisos más abajo, concretamente desde casa de David vi algo que me llamó la atención, me había parecido ver que una luz parpadeaba.
—¿Ves algo o no?— preguntó Johana mientras yo seguía con los prismáticos. –No tenemos toda la noche. Si no están nos vamos y ya está.
Yo no presté atención a Johana, llamé a Juan y le pedí que mirara también a donde le indicaba, quería asegurarme de que el también lo veía y que no fueran imaginaciones mías dadas por el fuerte deseo de que allí estuvieran. Cuando Juan cogió los prismáticos y miró al principio no vio nada, algo que me preocupó bastante y comencé a pensar que me lo había imaginado, fue entonces cuando Juan comenzó a hablar.
—Es una luz parpadeante. Probablemente de una vela.
—Puede que sean ellos u otra persona— dije mirando a mis compañeros. –Tenemos que ir.
—¿Y si no son ellos?— preguntó Rachel.
—Si no es Eva… Puede que quien esté ahí sepa algo de ella y de los demás, pero apuesto fuerte por que si sean ellos. Vamos— dije. Era hora de comprobar si de verdad eran ellos y que no estaba persiguiendo una quimera.
Comenzamos a caminar con cautela, nos parábamos cada cierto tiempo para no llamar la atención de los No Muertos, pero no era nada fácil, cuando quisimos darnos cuenta, dos de ellos nos habían visto y corrían hacia nosotros dando gritos y llamando la atención de los demás.
Juan y yo abrimos fuego mientras avanzábamos hacia el autobús. Como estaba demasiado oscuro no nos preocupábamos como para acertarles en la cabeza, nos bastaba con derribarlos con tiros en el pecho o las piernas.
Juan y yo seguidos por las chicas llegamos al autobús mientras derribábamos a los caminantes que iban llegando saliendo de otras calles atraídos por los disparos. Entramos dentro del gran vehículo y enseguida cerramos la puerta. Los No Muertos no tardaron en llegar a esta y comenzar a dar golpes al cristal y a arañarlo.
De un salto pasé por la ventanilla del conductor y me planté ante la puerta, intenté abrirla y descubrí con horror que la puerta estaba tapiada por el otro lado.
*****

David estaba preparando unas velas para poder ver algo en la oscuridad. Alicia, Eva y la niña dormían en la habitación con Cristian. La periodista se había quedado dormida en un sillón, por su lado, Carlos estaba en la cocina comiéndose unos trozos de carne que Alicia había guardado en la nevera y si alguien no se lo comía se echaría a perder.
David había preparado varias velas ya cuando comenzó a escuchar disparos que venían de la calle, eso hizo que Carlos también saliera al salón.
—¿Eso son disparos?— preguntó Carlos como si no reconociera el sonido de los disparos. Aparte se le notaba algo bebido, quizás se habría pasado un poco con el vino.
—Vienen de la calle. Alguien está disparando. Puede que ese alguien necesite ayuda— respondió rápidamente David asomándose a la ventana. Una vez asomado no vio a nadie aunque seguía escuchando los disparos. Entonces miró hacia el autobús y vio a varios caminantes dando golpes en la carrocería del vehículo. Fue entonces cuando dedujo que los que disparaban estaban dentro del autobús escolar.
Rápidamente David tomó una decisión, bajaría hasta abajo y quitaría las maderas para poder abrir la puerta. Cogió su fusil y corrió hacia la puerta, pero entonces Carlos se interpuso, en la mano llevaba un cuchillo.
—Déjame pasar Carlos. Esta es mi casa y esa gente podrían ser de los nuestros.
—Será tu casa… Pero aquí cada uno tiene su vida, no permitiré que por una corazonada estúpida nos pongas en peligro. Vuelve a sentarte ahí y no te vayas a mover o tendré que rajarte— amenazó Carlos mostrándole el cuchillo. Entonces alzó el cuchillo y señaló a la habitación donde dormían Eva, Alicia y los niños. –Ahí dentro esta la mujer que parirá un hijo mío. No vas a ponerla en peligro.
—Apártate Carlos— dijo David sintiendo que se le agotaba la paciencia.
En ese momento la periodista se despertó y los miró a ambos. —¿Qué está ocurriendo?— pero ninguno de ellos le respondió, ambos permanecieron mirándose el uno al otro como si estuviesen estudiándose, esperando que alguno hiciese un movimiento.
—Déjame ir Carlos— dijo en ese momento David. Tengo la certeza que son de los nuestros. No podemos dejarles morir, si resulta que no lo son los dejaré, pero ahora déjame ir— David dio unos pasos hacia delante y Carlos alzó el cuchillo en dirección a la cara de David, el cual de nuevo se quedó parado.
—Si das un paso más te lo clavo en el ojo. Si yo digo que no, es que no. Soy yo quien está al mando, soy yo quien…— Carlos no terminó la frase, cuando se quiso dar cuenta, Alicia estaba apuntándole a la cabeza con una pistola.
—Déjalo ir o te juro que dispararé… No tengo ningún miedo de hacerlo.
Carlos se dio la vuelta para mirar a Alicia. –No se si te das cuenta de que si bajamos y dejamos entrar a más gente también podrían entrar los No Muertos y entonces estaremos jodidos y…— Carlos volvió a mirar a David cuando vio que este comenzaba a caminar. –Te he dicho que…— de nuevo Carlos no terminó la frase, Alicia le dio un fuerte golpe con la pistola en la nuca, dejándolo inconsciente al instante.
—No tuve otro remedio…Yo…
—No tuviste más remedio. Escucha, yo voy a bajar a ver de quien se trata y a ayudarles, tu amordázalo y átalo fuertemente para que ni hable ni se mueva en lo que queda de noche. ¿Puedes hacerlo tu sola?— preguntó David.
—Si que puedo, si lo necesito avisaré a Eva. Ve… Y ten cuidado— dijo Alicia, entonces David se inclinó y la besó, seguidamente el se puso en pie y salió por la puerta.
*****

Estábamos atrapados en el interior del autobús, fuera había crecido el numero de No Muertos. Johana y Rachel habían intentado salir por la parte trasera del autobús, pero rápidamente un grupo de caminantes les había cortado el paso.
—¿Qué hacemos ahora? Estamos jodidamente atrapados— dijo Yuriko mirándome.
—Podríamos salir corriendo y disparando. Aun no hay demasiados, volveríamos cuando esta zona estuviera un poco despejada. Aun estamos a tiempo— decía Juan.
Por un lado Juan tenía toda la razón, estábamos atrapados y las puertas del autobús escolar no resistirían mucho más, pero mi casa estaba ahí, a nuestro alcance, no podía largarme así. Miré a Juan. –Vosotros largaros si queréis. Yo seguiré aquí, regresad con las mujeres y os alcanzaré más tarde.
Vi que todos me miraban, pero supe que no estaban de acuerdo. Fue en ese momento cuando algo nos llamó la atención a todos, se trataba de un ruido, similar al de unas maderas rompiéndose, siguiendo el ruido fui hasta el asiento del conductor y miré hacia la puerta de entrada, fue entonces cuando esta se abrió y vi una silueta humana al otro lado, nos alumbró con la linterna y enseguida comenzó a gritar.
—¡¡¡Todo el mundo a dentro!!! ¡¡¡Vamos!!!
No necesité más, enseguida supe de quien se trataba, y sin pensármelo comencé a decirles a todos los demás que fueran pasando, cuando pasaron todos pasé yo. Una vez dentro me di la vuelta y comenzamos a tapiar de nuevo la puerta, actuamos rápidamente y logramos impedir que los caminantes que se habían colado por debajo del autobús pudieran colarse dentro. Por fin podíamos respirar tranquilos.
—Gracias David— dije en ese momento.
—No hay de que. Tuve la sensación de que erais vosotros— David nos miró uno por uno, cuando posó su vista en Johana la apartó rápidamente.
—Típico en los tíos. Te echan unos cuantos polvos y luego les acojona hasta mirarte— dijo Johana cruzándose de brazos. –Bueno… ¿Nos vamos a quedar aquí o vamos a ir a la casa a reorganizarnos y a pensar en como salir de aquí?
—¿Están Eva y Vicky contigo?— le pregunté a David.
—Si. También está Alicia…Y…— David se quedó pensativo. Lo que hizo que yo comenzara a inquietarme, ahí había algo raro.
—¿Qué está pasando? ¿Qué ocurre?
—Esto no te va a gustar nada— respondió David tajantemente. –Es tu hermano. Volvió a la ciudad y está ahí arriba en mi casa.
Cuando David dijo eso sentí una punzada en el corazón. La última vez que vi a mi hermano fue la vez que yo mismo lo desterré de la ciudad. ¿Por qué había regresado? ¿Qué hacía el allí? ¿Realmente había regresado a por Eva?
Dejé de mirar a David y comencé a subir los escalones a la carrera. Cuando llegué a casa de David crucé rápidamente la puerta y dos cabezas se alzaron para mirarme, una de ellas era Alicia y la otra me sonaba que era la periodista apellidada Morales. Y allí en uno de los sillones con un pañuelo en la boca y atado de pies y manos, estaba mi hermano inconsciente, y era Alicia quien lo custodiaba.
Justo en ese momento los demás llegaban al apartamento y comenzaban a pasar hacia el interior, incluso noté un cruce de miradas entre Johana y Alicia, también pude ver la reacción de Yuriko al verlo, era evidente que le tenía miedo. De pronto otra puerta se abrió y vi aparecer a Eva y a Vicky, las cuales corrieron hacia mí para abrazarme.
—Sabía que volverías papá— dijo Vicky al tiempo que me abrazaba.
—Juanma… Ha sido terrible. Recibimos el ataque de la guerrilla según parece… Y…— Eva miró entonces a mi hermano, el cual seguía inconsciente en el sillón. –No me fio nada de el, tenemos que hacer algo con el.
—No te preocupes. Yo me ocupo a partir de ahora. Vosotras seguid durmiendo. Mañana será otro día. Nos reorganizaremos y nos marcharemos de aquí— me volví hacia los demás. –Vosotros id a dormir también, mi casa está arriba por si no queréis estar muy apretados.
Dicho y hecho los demás se marcharon a dormir salvo David, Juan y yo, los cuales nos quedamos en el piso de Alicia custodiando a mi hermano que aun seguía inconsciente. Yo me preguntaba a mi mismo por que habría regresado y para que. El era una amenaza para nosotros y no iba a dejar que se acercara a Eva, la cual se había ido a nuestro apartamento, creía que era mejor que estuviese alejada de nosotros por el momento hasta que decidiese que hacer con mi hermano. De hecho me estaba planteando si sería mejor para todos que acabara con su vida.

En algún lugar del desierto de Nevada…
05:00…

Dante y la mitad de sus hombres habían llegado hasta las inmediaciones de una base militar siguiendo el rastro de Luci. Faltaban poco para que comenzara a amanecer y sería entonces cuando se adentrarían en el recinto para dar con ella.
—¿Cree que está ahí dentro jefe?— preguntó uno de sus hombres acercándose a el con la katana en las manos, la cual le entregó a Dante.
—Seguro… No puede haber ido muy lejos. Estaba esposada y se libró de las esposas, de hecho aun lleva una mano esposada, solo hay una manera de soltarse y esa es rompiéndose algún dedo. Y a oscuras… Es evidente que está aquí. Iros preparando, cuando comience a amanecer entraremos… Y recordad, si la veis ni se os ocurra disparar a matar, la quiero viva. No tiene ni idea de donde se ha metido. ¿No os habéis dado cuenta de donde estamos?
—¿Dónde?— preguntó otro de sus hombres.
—Estamos en el Área 51. Ahí abajo debe haber una gran cantidad de No Muertos. Aquellos que capturaron para investigar y los que se infectaron. Digamos que nuestra amiguita acaba de comenzar un descenso a los infiernos.
*****

Luci había accedido al interior de la base militar a través de una ventana rota. Dentro, el olor a podredumbre era insoportable, lo que indicaba la presencia de cuerpos muertos y en descomposición, probablemente caminantes. Sabía que se estaba metiendo en la boca del lobo, pero Luci prefería enfrentarse a No Muertos con las manos desnudas antes que enfrentarse a Dante y sus hombres en medio de ninguna parte. Se empezaba a dar cuenta de que se había metido en un buen lio, creyó que podría vencer, pero conforme pasaba el tiempo se iba dando cuenta de que no iba a ser tan fácil.
Una vez en el pasillo notó que el piso estaba frio, se sentó a descansar y se pegó a la pared, se quedó en silencio y únicamente se puso a escuchar, si algo o alguien se acercaba lo sabría al instante. Espero varios minutos más, lo suficiente para acostumbrarse a la poca luz que había, entonces se puso en pie y pegada a la pared avanzó hacia el interior de las instalaciones, muchas veces estuvo a punto de tropezarse y caer de bruces, pero siempre se mantenía firme y pegada a la pared. También sentía el dolor punzante de su mano y se imaginó lo hinchada que estaría, lo cierto era que en ese estado no podría enfrentarse a Dante aunque quisiera, el no la mataría, pero seguramente acabaría capturada otra vez.
Siguió avanzando hasta que llegó a un pasillo que se cruzaba con el que ella se encontraba, formando así una especie de cruz. Se le estaba presentando el dilema de elegir que dirección tomar. Supuso que si giraba hacia la izquierda se metería más en el interior del lugar, eso era lo preferible, entonces sintió una punzada de dolor tan fuerte que la hizo marearse y doblarse sobre si misma, cayó de rodillas al suelo y seguidamente inclinó la cabeza hasta tocar el suelo, tenía frio también, sentía como las fuerzas la estaban abandonando, tanto que cuando se quiso dar cuenta estaba tumbada boca abajo. Con la mano sana intentó levantarse, pero no pudo, su vista se estaba nublando, finalmente se quedó inconsciente  por culpa del dolor de la mano.

Manhattan…
07:00 de la mañana…

Los primeros rayos de sol hicieron que los que habían sido habitantes de los túneles pugnaran por salir tras debatir durante la noche que lo mejor seria abandonar la ciudad.
Hombres y mujeres, entre los que se incluía Dylan se habían acercado a las puertas principales del estadio para intentar salir, pero los hombres que seguían acérrimamente a Zero se lo estaban impidiendo.
—Por favor. Retroceded y volved al interior del estadio. Estáis armando mucho ruido y eso atrae a los infectados— decía uno de los que custodiaban las puertas. –No queremos vernos obligados a disparar. Por favor, atrás.
—No podéis obligar a la gente a quedarse aquí después de que hayan tomado la decisión de marcharse. Dejadlos salir, es su decisión. Zero no puede impedírselo— decía Dylan. Entonces este miró a uno de los pilares donde la chica había sido atada. –Eso no es lo que queremos, no somos asesinos ni monstruos. Aquí hay gente que no quiere verse involucrada en ejecuciones, solo quieren dejar atrás todo esto. Aquí hay mujeres embarazadas y un bebé. Quedarnos aquí no es bueno.
En ese momento apareció Zero, el cual se puso delante de la multitud, este observó que la mayoría eran de los que se habían fugado de la prisión, otros eran de los que le habían seguido hasta allí, incluidos los que habían formado parte del ataque inicial.
—Pensé que esto era lo que todos queríais. Si os marcháis perderéis eso por lo que habéis luchado— Zero abrió los brazos. –Esta ciudad es nuestra, aun podemos recuperarla. Solo tenemos que luchar un poco más.
—Esta gente no quiere luchar más. Ya no les interesa tu causa. Tienen miedo, están hambrientos y cansados. Déjalos marcharse— dijo Dylan mirando a su alrededor. Algunos hombres habían comenzado a avanzar amenazantes hacia los que bloqueaban las puertas, parecía que de un momento a otro iba a estallar una guerra allí dentro. –Algunos nos vamos, y nos llevamos a esa chica de ahí— Dylan señaló a Kate.
—Ella será ejecutada como muchos de sus amigos— replicó Zero –Y morirá ahora— en ese momento Zero levantó el arma y disparó a Kate. La bala salió dando un silbido y acabó atravesando el cuello de la soldado, la cual no pudo ni gritar.
Kate inclinó la cabeza hacia delante mientras la sangre comenzaba a emanar de su cuello, empapando su cuerpo mientras algunas mujeres y niños allí presentes comenzaban a gritar presas del miedo.
—De aquí no se largará nadie. Quien sea que cruce esas puertas morirá al igual que esa perra. ¿Ha quedado suficientemente claro? Os mataré a todos.
—Se te está yendo de las manos Zero. No hay nada que hacer aquí. Yo me largo y me llevo a toda la gente que se quiera marchar conmigo— dijo Dylan dando unos pasos hacia delante, solo se frenó cuando Zero le apuntó a la cabeza.
—No des ni un paso más. ¿Qué te crees? ¿Qué acabas de llegar y ya te piensas que estás al mando? No… Me parece que no…
En ese momento un hombre con larga barba salió de entre la multitud como un jaguar que acecha a su presa, este forcejeó con Zero para quitarle el arma, nadie más hizo nada. Finalmente Zero se zafó de el y seguidamente le disparó en el pecho. El hombre cayó de espaldas ante la mirada atónita de los presentes. Entonces una mujer se lanzó sobre el tratando de detener la hemorragia, sin conseguirlo, aquel hombre murió e hizo que allí se levantara un gran revuelo, todos hablaban y comentaban, se comenzaron a escuchar gritos donde llamaban asesino a Zero.
—Se te ha ido de las manos. Te niegas a aceptar la realidad— en ese momento Dylan se lanzó contra Zero. El Alemán trató de disparar otra vez, pero ninguna bala salió de la pistola. Dylan golpeó a Zero y este cayó al suelo con la nariz sangrando. Cuando Dylan cogió la pistola miró el cargador, estaba vacio. –Nosotros nos vamos. No es necesario que nos busques.
—Está bien… Marcharos. Iros, pudriros en el infierno. A mi me da igual— comenzó a decir Zero desde el suelo mientras se tapaba la nariz, la cual estaba sangrando. –Aun me quedan seguidores fieles… ¡¡¡Compartiré la ciudad con ellos!!!
Dylan se agachó para mirar a Zero. –Toda tuya— seguidamente se puso en pie e hizo un gesto para que aquellos que se querían marchar le siguieran. Fueron muchos los que comenzaron a desfilar por su lado, incluida la mujer del hombre asesinado, que tras clavarle en cuchillo en la cabeza se había puesto en pie. Ninguno miró a Zero ni a ninguno de los hombres que se estaban quedando.
Las puertas del Madison Square Garden se abrieron y una multitud dirigida por Dylan comenzó a salir a la calle. Dylan tenía muy claro que se los tenía que llevar de allí, bien lejos, a algún lugar lejos de las ciudades, un lugar donde hubiera pocos No Muertos.
*****

Solo una docena de hombres permanecieron junto a Zero, eran los únicos que aun eran fieles a su causa. Los únicos que aun confiaban en el. Zero se puso en pie poco a poco y los miró.
—No me importa que se larguen. Mejor, más ciudad para nosotros y menos lastre. Al amanecer saldremos a la ciudad para reclamar lo que es nuestro, acabaremos con los supervivientes que queden y con los No Muertos. Convertiremos esta ciudad en nuestro reino— en ese momento Zero alzó el brazo emulando el saludo Nazi. Los demás lo siguieron, eso hizo que Zero sonriese.

Manhattan… Bloque de apartamentos…
08:00 de la mañana…

Carlos se despertó poco a poco y cuando abrió los ojos me encontró delante de el, mirándolo fijamente. Primero sacudió la cabeza un par de veces, abrió y cerró los ojos, volvió a mirarme y sonrió.
—Válgame el cielo, pero si tenemos aquí al gran salvador que por fin ha vuelto de quien sabe donde… Supongo que no te esperabas para nada esto que ha ocurrido… Y han sido tus amiguitos de la guerrilla. Por fin han hecho lo que tanto temíamos y que tu te negabas a ver. Literalmente has puesto el culo para que esos miserables deslizaran su polla por el… Y encima se lo has agradecido. Eres patético hermanito mayor.
Ignorando la provocación de Carlos comencé a hablar. —¿Qué haces aquí? Estabas desterrado y has vuelto. ¿Volviste a por Eva?
Carlos sonrió –Eres muy perspicaz. Claro que volví a por ella y a por la niña. Volví a por mi familia. Les salvé la vida. ¿O acaso pensabas que volví por ti? No seas estúpido.
—Ellas no son tu familia— respondí. –Yo si lo soy, pero tu intentaste matarme. Convenciste a Yuriko de que lo hiciera.
—Y es evidente que no lo hizo. ¿Dónde está esa pequeña zorra traidora? Ardo en deseos de verla y matarla lentamente. Espero que no esté muerta, no quisiera perderme ese placer. Dime ¿Dónde está?— la sonrisa de Carlos no desaparecía en ningún momento, no mostraba ningún miedo.
—¿Qué me impide no matarte?
—Te lo impide el hecho de que sea tu hermano. No tienes cojones a hacerlo. No lo hiciste antes y no lo harás ahora. Eres un mierda, ojala no hubieses aparecido nunca, tendrías que haber muerto en nuestro pueblo. Lo único que puedo agradecerte es que me trajeras ese regalito de Eva. Eso si es un coñito dulce, uno que tu no te mereces.
—Este tío me está hartando. Yo no soy su hermano, podrías dejar que me lo cargara. Total, un cabrón menos, nadie notaria su falta— dijo Juan adelantándose con la pistola en alto, habría disparado si no llego a ponerme en medio.
—Es mi hermano y es mi asunto— respondí –Yo decido sobre el.
Carlos comenzó a reír. –Ese es mi hermanito. Con dos cojones, si señor. Y dime ¿Qué piensas hacer conmigo? ¿Vais a salir de la ciudad y me vais a dejar aquí? ¿Y a donde vais a ir? Por que el mundo de ahí fuera no se parece en nada a todo lo que hayáis visto hasta ahora. Esto no es España hermano. No duraríais ni una sola noche ahí fuera y menos sin saber a donde ir. ¿Quieres llevártelos a todos sin tener ni puta idea de a donde ir? Vas a conseguir que los maten. Vas a lograr que maten a Eva.
—Yo la protejo. Los protejo a todos— respondí.

—¿Cómo protegiste a Lidia? Se todo lo que ocurrió. Lo se perfectamente. Si queréis sobrevivir… Me necesitareis a vuestro lado, yo si estoy a la altura de proteger a los demás, tu solo tienes que seguirme y hacer todo lo que diga. Tienes en tus manos la decisión y la vida de todos los que te rodean.

sábado, 18 de abril de 2015

NECROWORLD Capitulo 71

Día 22 de Enero de 2010
Día 579 del Apocalipsis…
Manhattan… Bloque de viviendas…

David estaba preocupado por lo mucho que Eva tardaba en regresar, rápidamente subió a casa dejando a Vicky y a Cristian al cuidado de Alicia, cuando entró a casa de Eva se encontró con esta sentada en una silla y a Carlos sentado en un sillón con una pistola en las manos mientras no dejaba de sonreír, también estaba allí Tina Morales, a la que David recordaba de haber visto más de una vez en las noticias de la ciudad.
—¿Carlos? ¿Qué haces tú aquí? Creí que estabas…— preguntó David sorprendido.
—¿Muerto? No hombre. Tengo siete vidas como los gatos… ¿Verdad Eva?— Carlos en ese momento miró a Eva con una sonrisa y a David le dio la impresión de que este le estaba apuntando con el arma, luego miró a David. —¿Podrías irte? Eva y yo tenemos cosas importantes de las que hablar… Como por ejemplo de que me dejara tirado a mí suerte con la esperanza de que acabara muerto.
—No…— respondió David plantándose entre Carlos y Eva. –Ella no se quedará a solas contigo. Si quieres permanecer aquí tendrás que hacerlo junto a todos nosotros. Tómalo o déjalo.
Carlos al ver a David tomar el mando de la situación no pudo evitar sonreír. –Vaya, me has sorprendido mucho. Parece que desde la ultima vez que te vi en Puzol  hasta ahora te han salido pelos en las pelotas, me alegro por ti, pero te repito una vez más y por ultima vez que esto es solo entre Eva y yo. Si quieres que hablemos me parece bien, pero será después, cuando hable con Eva lo que tengo que hablar. Deja tú surgimiento de pelotas para más tarde.
—Creo que el tiene razón, no es momento para…— dijo la periodista intentando entrar en la conversación. –Deberíamos pensar más en salir vivos de aquí…
—Cuando quiera tú opinión te la pediré, pero ahora no me apetece ni escuchar tú opinión ni por supuesto no me apetece escucharte a ti. ¿Te ha quedado claro?— respondió Carlos contando en seco a Tina, la cual se quedó en silencio. En ese momento Carlos se puso en pie y se plantó frente a David. –Bueno… ¿Qué? ¿Te largas o te tengo que obligar a largarte? Te doy diez segundos para decidirte— las caras de David y Carlos ya casi se tocaban. —¿Y bien?
David notó en ese momento el cañón de la pistola en su estomago, miró hacia abajo y luego miró a Carlos. —¿Quieres disparar? Adelante entonces… ¿O acaso no tienes huevos? Sabes que si se te ocurre matar a alguno de nosotros no saldrás vivo de aquí. Si me disparases a mí será Eva quien te dispare a ti, si disparases a Eva… Y no creo que lo hagas… Entonces sería yo quien te volaría la cabeza. ¿Quieres probar?
Carlos volvió a sonreír de nuevo. –Si que es cierto que tienes cojones. Muy bien, supongo que has hecho bien saliendo de la sombra de mi hermano. ¿Queréis que nos unamos? De acuerdo, tú mismo.
Un par de minutos después los cuatro salieron del apartamento de Eva en dirección al apartamento de David y Alicia. Carlos era quien iba en cabeza y Eva se quedaba atrás junto a David.
—No podemos fiarnos de el— comenzó a decir Eva en voz baja a David. –Podría jugárnosla en cualquier momento. Aun no entiendo como logró sobrevivir a cuando lo dejé tirado en el gimnasio del colegio. Tendríamos que acabar con el.
—No hará nada. No te preocupes, si no he acabado yo con el es por que creo que más adelante lo necesitaremos. No olvidemos que tenemos un enemigo común. Además, si veo que intenta algo raro me ocuparé de el— explicó David. –Aun así no creo que haga nada.
—Yo no me fiaría tanto— replicó Eva al tiempo que David se adelantaba para hablar con Carlos.
—¿Qué quieres?— preguntó Carlos cuando vio a David a su lado.
—Quiero hacerte una pregunta. ¿Cómo lograste acceder al edificio con todos esos infectados en la calle? Desde mi punto de vista era algo imposible.
—Lo logré por la escalera de incendios. Y la respuesta al como… ¿Has escuchado la música hace unas horas?— Carlos miró a David, el cual asintió. –Pues era yo, para poder llegar necesitaba que el rebaño se moviera, así que hice sonar música para atraerlos a otra parte de la ciudad… Ya que son tontos del culo vamos a aprovecharnos ¿No? Lo demás fue coser y cantar. Lo intenté por la puerta principal, pero ya vi que está bien protegida.
—¿Y por que has vuelto? Juanma, tú hermano te desterró de Manhattan.
—Volví para protegeros a todos— respondió Carlos con una forzada sonrisa. –Mi hermano nunca está cuando se le necesita, se marcha a dios sabe donde y deja la ciudad de la que por cierto el es el líder. Con el fuera los escorias aprovecharon para atacar… Y mira la que os han liado. Mi hermano no es buen líder y seguirle a el es como seguir a la mismísima parca… Y tú deberías saberlo mejor que nadie.
—¿Por qué dices eso?— quiso saber David.
—Por Andrea…— Carlos miró a David a la cara. –Si, cuando llegasteis y os hicieron aquellas entrevistas en solitario mientras estabais en el barco vi vuestras fichas, y en la tuya vi el nombre de Andrea, la cual era una chica a la que conociste y de la cual te enamoraste, la cual luego murió de forma trágica en tu presencia y como no en la de mi hermano. Es curioso que te pelearas con el y no tuvieras huevos de hacer lo que debías cuando tenias la oportunidad.
—¿Intentas ponerme en su contra?
—No, para nada, pero va siendo hora de que salgas de debajo de sus faldas y empieces a tomar tus propias decisiones… Y más ahora que tienes una familia a la que debes proteger, supongo que no querrás que les pase lo mismo que a tu querida Andrea. Con mi hermano… Después de tanto tiempo, deberías darte cuenta de que no seguiréis llegando muy lejos… Si regresa, claro.
Llegaron a la puerta del apartamento de David y entraron, las caras de Alicia y Vicky al ver a Carlos también fueron de autentico Shock, algo de lo que Carlos se percató y que le pareció muy gracioso, con toda la tranquilidad del mundo pasó hacia el interior y se sentó en uno de los sillones.
Alicia se acercó en ese momento a Eva sin quitarle a Carlos los ojos de encima. –Creí que estaba muerto. ¿Qué está haciendo aquí?
—Es por mí, jamás nos dejará en paz— respondió Eva. Entonces Alicia le tocó un brazo y notó que estaba temblando de puro miedo.

Manhattan… Zona infestada…

Aun no podía creerme lo que veían mis ojos, la ciudad de la que me había hecho líder había caído durante mí ausencia. No entendía nada, no entendía que era lo que había podido pasar ni por que, entonces lo primero que pensé fue en hombres de Dorian que habían atacado la ciudad como represalia por lo ocurrido en Las Vegas. En ese momento ante la mirada de todos me di la vuelta y fui hacia el camión donde había guardado la mayoría de armas, Juan al verme salió detrás de mí.
—¿Se puede saber a donde vas? ¿Qué pretendes?
Saqué un fusil y miré a Juan. –Vuelvo a Las Vegas. Se lo haré pagar.
Juan me cogió del hombro y me obligó a mirarle. –No sabes si han sido ellos. Si los atacas otra vez podrías empeorar las cosas, simplemente espérate a ver que es lo que ha pasado, analiza la jodida situación. Además, puede que los nuestros sigan vivos, tenemos que buscarles y saber que es lo que ha pasado.
—¿Me pides que lo deje pasar?
—Te pido que te centres antes de ir a lo loco. No sabemos que ha pasado en realidad y podrían haber sido mil cosas. Si resulta que los tipos de Dorian no han hecho nada y tú los atacases, solo harías que empeorar más las cosas, mucho más de lo que ya están. Simplemente adentrémonos en la ciudad y descubramos lo que ha pasado.
Me relajé un poco y miré a Juan. –Lo se, tienes razón. Lo primero que debemos hacer es buscar a los nuestros… Y luego, si ellos han sido los responsables, ir a Las Vegas.
—Muy bien. Si eso resulta así, yo estaré en primera línea de fuego a tu lado.
Después de tranquilizarme me acerqué al resto de nuestras compañeras, las cuales esperaban que tomáramos una decisión, les pedí a Yuriko y a Juan que aseguraran la zona en la que estábamos mientras les explicaba a las demás lo que íbamos a hacer.
—Como veis las cosas no están muy bien aquí. El caso es que vamos a ir a por nuestras familias, vosotras no tenéis por que seguirnos hasta el interior de la ciudad. Os buscaremos un lugar seguro hasta que podamos regresar, Faith y Melanie se quedarán al mando mientras Johana, Yuriko, Juan y Yo nos ocupamos de este asunto. Necesito que cuidéis de Rachel.
En ese momento vi a Rachel que salía con el arma preparada. –No pienso quedarme aquí mientras vosotros os la jugáis, además, Sheila está seguramente ahí dentro también. Iré con vosotros y no me vais a convencer de que me quede.
Miré a Rachel y la comprendí, yo en su lugar querría hacer lo mismo, así que le hice un gesto con la mano para que se acercara, aunque en sus ojos podía ver que aun no estaba completamente recuperada. Minutos después encontramos un garaje vacio y tranquilo que usamos para ocultar el camión y a las mujeres que habíamos sacado vivas de Portland. Antes de marcharme junto a mi equipo me acerqué a Faith y a Melanie.
—Confío en vosotras. Aquí estaréis a salvo, ahí hay comida que os durará un mes, no tendréis problemas, simplemente esperadnos hasta que podamos regresar… Y si no regresásemos…
—Os esperaremos— respondió en ese momento Melanie. –Se que volveréis.
—Muy bien— respondí, luego miré a mis compañeros y los cinco salimos del garaje en dirección a la ciudad que antes había sido nuestro hogar.
*****
Butch seguía andando por las calles, estaba furioso. No había querido adentrarse en la ciudad, para el aquello no merecía la pena, no quería morir por nadie.
Llegó a un callejón y vio a varios caminantes comiéndose los restos de un ciervo, cuya sangre se había derramado sobre el asfalto y los restos de la nieve que todavía no se había derretido, pensó en acabar con ellos y darse el gustazo. El odiaba a esos seres con toda su alma y sentía satisfacción cuando les hacía explotar las cabezas tras meterles una bala en la cabeza, pero finalmente aunque les apuntó con el arma no hizo nada, era jugársela a lo tonto, y más siendo que estaba el solo.
Butch ignoró a los caminantes que no se percataron de su presencia y siguió su camino, entonces sintió hambre, tanta que el estomago comenzaba a hacer ruidos. Miró a su alrededor y divisó una tienda de comestibles, con suerte podría encontrar latas de conserva y algo de agua. Caminó hacia la tienda y vio que la persiana metálica estaba cerrada, iba a tener que abrirla, lo cual implicaría hacer ruido. Quizás con un disparo lo lograría, luego solo tendría que ser rápido para coger todo lo que pudiera antes de que los No Muertos hicieran acto de presencia por allí.
Apuntó con cuidado y miró a su alrededor para ver que no hubiese ningún caminante cerca, seguidamente disparó al candado y este saltó por los aires provocando un fuerte ruido que fue rebotando por toda la calle. Una vez la puerta estuvo sin el candado, Butch subió rápidamente la persiana y se coló en el interior de la tienda tras romper el cristal, una vez dentro notó el olor a fruta y comida podrida, aun así tuvo suerte, esa tienda nunca antes había sido saqueada, comenzó a coger latas y a metérselas en la mochila, entonces encontró una maquina de tabaco que lo hizo detenerse, sin pensárselo dos veces hizo caer la maquina para abrirla, una vez estuvo abierta comenzó a coger paquetes y a guardárselos, estaba siendo una incursión en solitario perfecta. En ese momento algo llamó la atención de Butch, se trataba de una estantería lleno de botellas de todo tipo, pero sobre todo le llamó la atención una botella de whisky, dejó la bolsa en el suelo y caminó hacia el estante, nada más llegar cogió la botella que había visto y se quedó observándola con una sonrisa. Si la incursión estaba siendo perfecta, con el hallazgo del whisky sintió que había alcanzado el nivel máximo de perfección, ya que iba a estar solo… ¿Qué importaba lo que hiciera si no tenía que responder ante nadie? Fue en ese momento cuando escuchó un ruido a sus espaldas, se dio la vuelta pensando que había entrado un caminante, y lo que descubrió lo dejó atónito. Allí junto a la bolsa había un niño de color que lo miraba fijamente, de repente este niño cogió la bolsa y echó a correr.
—¡¡¡Eh!!! Eso es mío— dijo Butch al tiempo que echaba a correr también.
Estuvo a punto de coger al niño dentro de la tienda, pero este le hizo una finta y Butch cayó por encima del mostrador, rápidamente se puso en pie y salió al exterior, donde vio al niño alejándose por la calle, sin pensárselo mucho echó a correr detrás pisándole los talones, cuando dobló una esquina vio tropezar al niño y el aprovechó la oportunidad para lanzarse sobre el. Él niño quiso protegerse, pero Butch comenzó a darle manotazos.
—¿Creías que ibas a poder robarme e irte de rositas puto crio de mierda? Esa mochila es mía negro— Butch cerró y alzó el puño, luego lo estrelló contra la cara del niño. Seguidamente le quitó la mochila y la lanzó a un lado. El niño gritó y Butch volvió a golpearle, no le importaba que fuera un muchacho de apenas diez años, le había robado y lo tenía que pagar. –Te voy a enseñar modales.
En ese momento Butch escuchó el chasquido de un arma a su espalda, cuando se dio la vuelta se encontró con el negro cañón de un fusil apuntándole a la cara.
—Aléjate de mi hijo. No vuelvas a ponerle la mano encima. ¡¡¡Hazlo!!!... O te volaré la tapa de los sesos.
Butch se fue levantando con las manos en alto hasta que vio el rostro de aquel que le apuntaba, detrás de el había una niña, fue entonces cuando Butch reconoció a ese tipo enorme y de color. –Mike. ¿No me reconoces? Soy yo… Butch.
—Se quien eres y se lo que le estabas haciendo a mi hijo.
—No sabía que era tu hijo, es evidente que esto fue un mal entendido, pero vi que me robaba y no pude evitar salir detrás de el. No es necesario que me apuntes.
—Tira tu fusil al suelo— ordenó Mike sin dejar de apuntar. –Luego quiero que le des una patada para acercarlo a mi— Mike miró a su hijo. –Jeremy, ven aquí.
—¿Ya está? ¿Eso es todo? ¿Me robáis y os largáis?
Mike cogió el fusil que Butch le había acercado con el pie y luego se acercó a este para cachearlo, entonces encontró la pistola que llevaba. —¿Llevas algo más?
Butch negó con la cabeza, justo cuando iba a decir algo, Mike le asestó un golpe en la cara con la culata de su fusil y lo dejó sin conocimiento, seguidamente lo cogió de los pies y se lo llevó a rastras mientras sus hijos lo acompañaban.

Manhattan… Calles…

Juan y yo íbamos a la cabeza, mí plan era llegar a mí casa, sabía que si Eva y Vicky estaban vivas, era allí el primer lugar donde debíamos buscar antes de buscar en más sitios, aunque para llegar a mi casa aun tardaríamos y no teníamos vehículo con el que movernos, ya que habíamos optado por dejar el camión en el garaje donde nos esperaban las chicas.
Íbamos a pasar a otra calle cuando se escuchó un disparo y una bala pasó por delante de mí, haciendo que rápidamente buscáramos cobertura detrás de unos contenedores.
—¿Quién nos está disparando?— preguntó Yuriko.
Yo me traté de asomarme y un segundo disparo estuvo a punto de acertarme en la cabeza, rápidamente volví a ocultarme, fue cuando escuchamos la voz de un hombre.
—Todo esto es culpa vuestra, os voy a matar a todos cabrones infames. No sobreviví a la guerra de Vietnam para morir aquí después puta guerrilla— se escuchó un nuevo disparo. Entonces miré a Juan.
—Es un anciano quien nos dispara— dijo Johana asomándose un poco y ocultándose rápidamente cuando el viejo volvió a disparar. –Y tiene una puntería horrible.
—Da igual que tenga buena o mala puntería, si quedamos al descubierto acabará acertándonos… Y esos disparos están escuchándose por toda la ciudad. Pronto podríamos tener sobre nosotros a una horda de No Muertos.
—¿Qué sugieres?— preguntó Rachel. —¿En que piso está?
Volví a asomarme y el anciano volvió a disparar, aunque esa vez capté el lugar desde el que disparaba, estaba en el tercer piso usando un rifle de mira telescópica.
—Bueno, quizás si intento hablar con el… Piensa que somos de la guerrilla— respondí mirando a mis compañeros. –Podría convencerle.
—¡¡¡Estáis muertos cabrones!!!— gritó de nuevo el anciano –Os mataré a todos.
—Pues espero que tengas suerte en hablar con el, por que no parece una de esas personas que razone mucho, te disparará en el momento que asomes la cabeza— respondió Juan.
En ese momento dejé el fusil en el suelo y miré a mis compañeros, los cuales tenían una expresión de negación, pero aun así yo estaba dispuesto a salir, fue entonces cuando comencé a hablar. –Voy a salir, estoy desarmado. No dispare, solo quiero hablar con usted— entonces miré a Juan y hablé en voz baja. –Cúbreme, pero no dispares a menos que sea estrictamente necesario.
Juan asintió al tiempo que amartillaba el arma. –Descuida
—¿Y cual es el plan que tienes?— preguntó Johana.
—Soy el líder de la comunidad, si me reconoce no disparará. Aunque sea de noche— entonces de nuevo alcé la voz. –Por favor, no dispare, voy a salir. Soy Juanma, el líder de la comunidad de Manhattan. Acabo de regresar hace un rato desde Portland.
Poco a poco fui saliendo con las manos en alto y miré hacia la ventana donde estaba el hombre apuntándome con el rifle, entonces me fijé en que llevaba un casco que enseguida identifiqué como gafas de visión nocturna. En ese momento se escuchó un nuevo disparo.

En algún lugar del desierto de Nevada…

El cuerpo de la muchacha a la que acababa de matar estaba comenzando a moverse, estaba regresando después de que Luci le rompiera el cuello. Fuera seguían escuchándose las voces de los hombres de Dante que iban y venían, los cuales no tardarían en percatarse de que su compañera tardaba en salir del furgón, entrarían a buscarla y descubrirían todo el pastel. Por otro lado, Luci tenía los dedos de una mano rotos y tampoco quería marcharse de allí sin su katana.
Con el cuerpo de la chica ya totalmente reanimado, Luci se alejó y se pegó a la puerta del furgón. Cuando la No Muerta se puso en pie, la cabeza quedó colgando hacia un lado. Está avanzó hacia Luci y ella la mantuvo alejada de ella con una patada directa al estomago, estaba haciendo mucho ruido, eso atraería a los hombres de Dante, y así fue.
Brutus apareció de repente abriendo la puerta y Luci aprovechó para tirarle encima a la muchacha, la cual, pese a tener el cuello roto comenzó a morderle en los brazos, seguidamente Luci saltó y cuando sus pies tocaron el suelo se resbaló, cayó de bruces y tragó algo de tierra, pero rápidamente se incorporó para echar a correr al tiempo que algunos de los hombres de Dante se percataban de que estaba huyendo.
—¡¡¡¡Se escapa!!!!— oyó gritar a uno de los hombres de Dante. Sin embargo, Luci siguió corriendo en la oscuridad sin mirar atrás, no veía por donde iba, pero no le importaba, solo quería alejarse de ellos.
Dante salió de su tienda y comenzó a dar voces e indicaciones. –Cogedla, no quiero que escape. No me importa el tiempo que os lleve, pero atrapadla… Y no me importa si le disparáis en una pierna, pero la quiero viva, el que la mate sufrirá las consecuencias.
Mientras los hombres de Dante se movilizaban para salir en su persecución, Luci seguía corriendo en línea recta, justo en ese momento tropezó y cayó de bruces, pero no se quedó en el suelo, comenzó a caer por lo que parecía un terraplén hasta que chocó con lo que parecía una valla de metal, incluso sintió como algunos trozos de esta se le clavaban en la piel, lo que hizo que Luci lanzara un aullido de dolor. Se levantó a duras penas y se agarró a la valla, al otro lado se podía ver lo que parecían unas instalaciones, tanteó la valla y encontró una obertura por la que se coló, allí podría ocultarse un rato hasta que pudiera planear una forma de volver a por su espada y luego si era posible, y esperaba que así fuera, la esperanza de llevarse a Dante por delante.
Luci corrió por lo que parecía una pista donde la luz de la luna dejaba ver la pintura que señalaba el lugar de aterrizaje de un helicóptero, eso le hacía pensar que se encontraba nada más ni nada menos que en una base militar. A lo lejos aun podía escuchar las voces de los hombres de Dante, parecía que habían llegado también a aquella base. No iba a ser fácil darles esquinazo, pero ella iba a poner todo de su parte para terminar con todo esa misma noche, después, se reuniría con los demás de nuevo en Manhattan.

Manhattan… Alcantarillas…

Mouse y su grupo ya habían llegado al punto de partida, se encontraban debajo de la iglesia. Antes de subir la escalera de mano, Mouse miró a Sandra.
—Espero que tengas una buena explicación para tu novio. Por que las cosas se nos han complicado un poco— entonces miró al perro. –Al menos el colega lo aplacará si se pone hecho un basilisco— Mouse se dirigió  a los demás. –Sobre nuestras cabezas está la iglesia. Una vez subamos estaremos a salvo, nos reuniremos con los demás supervivientes, arriba nos espera comida y agua— dicho eso, Mouse comenzó a subir mientras los niños se abrazaban llenos de jubilo, cuando Mouse llegó a lo más alto abrió un poco la tapa y rápidamente descendió pidiendo silencio.
—¿Qué ocurre?— preguntó Sandra.
—Algo pasa ahí arriba. He visto a tíos armados hasta los dientes… Y no son precisamente aquellos a los que dejamos atrás. Sean quienes sean, no están de nuestra parte.

Iglesia…

El bebé era quien comandaba a un grupo numeroso de hombres, los cuales habían llegado a la iglesia atraídos por el humo que salía de los cuerpos calcinados después de que el local de el bebé se viera invadido por una horda de No Muertos tras la marcha de aquella chica.
—Padre Kaleb, no se tome a mal mi incursión en su casa. Tómeselo como una especie de invitación. Nosotros no somos enemigos, sobreviviremos todos juntos.
—¿Y por eso habéis matado a varios de los que aquí había?— preguntó el padre Kaleb.
Con la entrada de el bebé seguido por sus hombres, algunos de los soldados fueron abatidos cuando intentaron impedir la entrada, otros como Jill y Paul habían sido desarmados y llevados junto al resto de supervivientes que permanecían bajo arresto.
—No se preocupe padre. Su odio se convertirá en agradecimiento cuando mis chicos y yo les saquemos de aquí, pero algunos no podrán salir de aquí… Somos muchos.
En ese momento apareció uno de los hombres de el bebé. –Jefe, ya hemos matado al ultimo de los heridos. Ya no hay peligro de que nadie se reanime.
El bebé hizo un gesto con la mano para que su secuaz se largara y volvió a mirar al sacerdote, el cual se palpaba la barbilla y la sien, los lugares donde le habían golpeado. –Siento haber ordenado la ejecución de los heridos, pero no había otro remedio, ya sabe… Más vale prevenir que curar.
En ese momento el padre Kaleb vio a varios de los supervivientes desfilar en fila india, todos iban desnudos, incluso vio a la joven Diana caminar abrazada a su hermano mientras algunos de los hombres la miraban con lujuria, parecían una manada de lobos hambrientos acechando a una presa desvalida.
—¿Eso era necesario? ¿Desnudar a todos los de aquí?
El bebé miró en ese momento a la joven Diana también, luego volvió a mirar al sacerdote con una sonrisa. –Oh vamos… Padre… No me diga que si pudiera no jugaría con sus pechitos. A mi me encantaría, tiene pinta de tener un coñito bastante prieto.
—Ni se os ocurra tocar a esa chiquilla, ella no os hizo nada. Si le hacéis algo os mataré a todos.
—Parece que el sacerdote tiene agallas… Y fijación con las jovencitas. Supongo que quiere ser el quien la pruebe. Traed a la chica— ordenó en ese momento el hombrecillo.
Uno de los hombres se acercó a los dos hermanos y los separó empujando a Paul a un lado, seguidamente agarró a la muchacha, esta enseguida comenzó a gritar y a patalear, pero no le sirvió de nada, el hombre que la tenía agarrada era demasiado fuerte. El secuaz del bebé la acercó a su jefe y al sacerdote y la empujó, esta rápidamente corrió a abrazar al sacerdote.
—Ahora dile que todo saldrá bien y que no tiene de que preocuparse. Venga— el bebé parecía estar disfrutando con todo aquello. —¡¡¡Díselo!!!
En ese momento el sacerdote comenzó a rezar mientras acariciaba el cabello de la joven. –Todo saldrá bien, no tienes por que tener miedo, no dejaré que te ocurra nada. Dios está con nosotros y el nos protege, reza conmigo hija mía.
—Muy conmovedor… Sin embargo…— decía el bebé, entonces un tipo grande y grueso con la camisa manchada de aceite de motor se acercó y agarró a la chica del pelo y tiró de ella. –Morris se ha encaprichado de ella y el es uno de los que más ha trabajado para llegar hasta aquí, me ha protegido. No puedo negarle ese placer que supone quitarle la virginidad a esta jovencita.
—La trataré bien— dijo Morris empujando a la muchacha hacia el altar, donde la tumbó y le separó las piernas. Seguidamente, el comenzó a quitarse el cinturón.
El sacerdote intentó levantarse, pero entonces el bebé le asestó un golpe en la rodilla con una vara de hierro y el padre Kaleb lanzó un chillido de dolor. –No le dije que se moviera señor padre. Así solo complica las cosas.
El padre Kaleb alzó la vista y miró a Diana, la cual tenía los ojos clavados en el, no mostraba ninguna expresión mientras Morris la embestía una y otra vez. Al otro lado de la sala, Paul observaba como violaban a su hermana sin que el pudiera hacer nada. Se sentía que le había fallado por completo.

Manhattan… Calles…

El disparo había errado, o al menos eso parecía. La bala había dado en el asfalto a unos cuantos centímetros de mis pies. Entonces el hombre volvió a cargar el arma, algo me decía que esa vez no fallaría, entonces puse las manos delante de mí.
—Por favor, no dispare. No somos de la guerrilla. ¿No me ve? Soy yo, soy Juanma, el que está al mando en la ciudad. Solo estamos buscando a nuestras familias… Y si viene con nosotros podremos ayudarle… Podrá sobrevivir. Si baja…
En ese momento el hombre volvió a disparar y la bala me rozó el brazo izquierdo, haciendo que sintiera un dolor leve, pero dolor al fin y al cabo. Me tiré al suelo y comencé a moverme mientras me quejaba del dolor que iba en aumento.
—No pienso bajar… Y tampoco voy a dejaros entrar en mi casa putos psicópatas.
El anciano no atendía a razones, parecía estar completamente ido. Este volvió a disparar y la bala se incrustó en el asfalto a pocos centímetros de mi cara, unos centímetros más y estaría muerto. Nuevamente miré al viejo que nuevamente estaba apuntándome, esa vez tenía la sensación de que no iba a fallar otra vez. Fue en ese preciso momento cuando se escuchó un disparo y el anciano emitió un grito, seguidamente este se dobló sobre si mismo y después se precipitó por la ventana, la caída duró segundos y el cuerpo del anciano chocó contra el asfalto. Entonces Juan apareció a mi lado y me ayudó a levantarme.
—¿Estás bien? Has tenido suerte de que tuviera mala puntería. Es el señor Palmer, estaba medio ciego.
—¿Lo conocías?— pregunté.
—Se sentaba muchas veces en algunos bares. Allí contaba sus batallitas de la guerra— dijo Juan. –Una pena, no era mal tipo.
En ese momento Johana apareció también y me fijé que era ella quien había disparado. –Buen tipo o no ha intentado matarnos— entonces hizo un gesto con la cabeza. –De hecho casi lo consigue contigo. ¿Te dio la bala?
Me miré el brazo tras subirme la manga y vi el rasguño, no era muy profundo, unos centímetros más y la bala me habría atravesado el brazo o se habría quedado incrustada en el. –No… He tenido suerte.
En ese momento Rachel que también había salido hizo un gesto señalando al final de la calle en la que nos encontrábamos, cuando todos miramos en aquella dirección vimos a varias siluetas avanzando hacia nosotros. –Tenemos compañía.
—Salgamos de aquí— les dije. Seguidamente comenzamos a alejarnos. Teníamos que llegar a mi casa cuanto antes, era el sitio por el que quería comenzar mi búsqueda.