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sábado, 14 de marzo de 2015

NECROWORLD Capitulo 68

Día 21 de Enero de 2010
Día 578 del Apocalipsis…
Manhattan… Bloque de apartamentos…

Eva y David habían llegado a la planta baja, nada más llegar escucharon como los infectados seguían golpeando la puerta que habían tapiado, esta seguía totalmente igual, eso descartaba la posibilidad de que hubiesen entrado infectados por ahí.
De pronto escucharon un ruido a sus espaldas, pasaron por al lado de las escaleras en dirección a la puerta del garaje, el cual no se usaba debido a los pocos vehículos de motor particulares de los habitantes de Manhattan. Cuando llegaron junto a la puerta vieron una mancha de color rojo, se trataba de una mano marcada, David se acercó y tocó la mancha de sangre y luego miró a Eva indicándole que estaba caliente, por lo tanto era reciente,  la puerta del garaje estaba entre abierta.
Eva se acercó a la puerta y alumbró un poco por el hueco que había, pero no había nada, miró a David y este le hizo la indicación de que abriera la puerta, Eva lo hizo rápidamente y David apuntó allí a donde alumbraba, pero no había nada ni nadie, poco a poco se fue adentrando mientras Eva seguía sus pasos.
—Jason… Albert…— susurró David sin dejar de mirar a todos lados, luego miró a Eva. –Espalda contra espalda.
Eva y David adoptaron la posición y siguieron avanzando lentamente con la luz de las linternas apuntando en todas direcciones, fue en ese momento cuando Eva vio otra mancha de sangre junto a unos casquillos de bala, la mancha de sangre daba a entender que habían arrastrado algún cuerpo por el suelo.
—Jason… Albert…— susurró Eva intentando obtener respuesta, pero no la hubo.
—Lo que está claro es que no hay caminantes. Ya los tendríamos encima si fuese así— dijo David, fue entonces cuando el alzó la voz. —¡¡¡¡Jason y Albert!!! No estamos para bromas, como sea eso os arrancaré la piel a tiras.
En ese momento escucharon un ruido y ambos se dieron la vuelta apuntando en aquella dirección. De repente vieron una silueta pasar por delante, David abrió fuego, pero no le dio a nada.
—Salgamos de aquí ahora— dijo David.
Los dos comenzaron a correr hacia la puerta por la que habían entrado con la intención de salir de allí, de repente algo derribó a David e hizo que Eva tropezara perdiendo la linterna, Eva comenzó entonces a disparar a ciegas, fue entonces cuando vio una silueta que parecía moverse como si se tratara de un gorila.
—¡¡¡Eva!!!— gritó David de repente, pero su grito no sonaba cercano, sonó como si se alejara.
Eva se puso rápidamente de pie y comenzó a correr a ciegas, se tropezó con algo y cayó de bruces, buscó a tientas por el suelo y se encontró con el fusil de David, buscó las linternas, pero no las encontró. Aquello que había allí abajo no era un caminante, era otra cosa. Volvió a escuchar el grito de David en otro punto alejado de donde estaba ella.
—¡¡¡Eva ayúdame!!!— el grito de David volvió a escucharse, en ese momento Eva se percató de la dirección.
Eva comenzó a correr y vio algo entre la oscuridad, eran dos figuras, una muy grande encima de la otra. La de debajo era David que luchaba con uñas y dientes para quitarse de encima a aquella cosa. Eva apuntó y abrió fuego, la silueta de arriba se retiró sin que Eva supiera si la había acertado o no. Se acercó corriendo y ayudó a David a levantarse.
—¿Qué era eso? No era un caminante, pero tampoco una persona…
—¿Dónde se ha metido ahora?— preguntó Eva logrando encender la linterna. Vio a David y a su lado vio los cadáveres despedazados de Jason y Albert, también les habían arrancado la garganta a mordiscos. En nuevo ruido metálico les hizo alzar la vista, Eva alumbró con la linterna y vio lo que parecía un pie desapareciendo en el interior del tubo de ventilación.
—¿Qué cojones es eso?— se preguntó David observándolo.
—No me quedaré para averiguarlo. Volvamos a arriba.
Eva y David salieron del garaje y comenzaron a subir al piso de David. Una vez dentro se sentaron en el sofá para descansar. Alicia no tardó en acercarse a David para curarle la herida del brazo. Cuando la vio se asustó, se trataba de un mordisco.
—No te preocupes, eso que le mordió no era un caminante. No se lo que era. Dudo que esté infectado— Eva miró entonces a David. –Aun así, creo que debería pasar una cuarentena de veinticuatro horas por si las moscas. ¿Te parece bien?
—No veo problema— respondió David.
—Yo me quedaré con el— dijo Alicia.
—No, quédate aquí— entonces David miró a Eva. –Esa cosa sigue en el edificio, no estaremos seguros hasta que no le deis caza, ya viste lo que hizo con Jason y Albert… Y como me arrastró. Esa cosa es muy fuerte y ya hemos visto sus gustos. Ahora debe estar en algún lugar del edificio.
—¿Cómo era?— preguntó Alicia.
—No lo vi muy bien, pero era un ser humano, aunque no se movía como tal, más bien parecía un gorila moviéndose— contó Eva a sus compañeros.
—Esa cosa era Hunchback— la voz de la chica llamada 14K salió de la habitación. Lo que hizo que tanto Eva, como David y Alicia acudieran al cuarto.
—¿Lo conoces?— preguntó David. –Entonces es humano…
—A medias. Es el cuñado feo del hombre elefante. Ese ser es completamente deforme. Seguramente escapó de la prisión cuando nosotros— 14K miró a David. –No te infectarás, pero te recomiendo que te desinfectes la herida antes de que se te caiga el brazo a trozos.
—Ven, te echaré desinfectante— dijo Alicia llevándose a David de la habitación en dirección al cuarto de baño dejando a Eva a solas con 14K.
Las dos chicas se miraron y Eva fue la primera que preguntó. –Ese Hunchback o como se llame… ¿Es muy peligroso?
—No descansará hasta que se coma a todos los que estamos aquí. Seguramente nos ha estado vigilando. Este edificio en el que estamos atrapados acaba de convertirse en su coto de caza. La única manera de que sobrevivamos es dándole caza a el primero, el hace mucho que dejó de ser un humano, ahora no es más que una bestia.
—Lo haremos— respondió Eva mientras se acercaba a las esposas y sacaba una llave. –Espero que podamos contar con tu ayuda— Eva le quitó las esposas y 14K se la quedó mirando.
—¿Ya no teméis que me convierta en una No Muerta?
—Ahora mismo ese es el menor de nuestros problemas. Necesitamos ayuda y tú ya lo conoces. Te necesitamos de nuestro lado— Eva se acercó a 14K. –Pero te advierto una cosa, si por una de esas casualidades intentas jugárnosla no dudaremos en matarte… Ya sabes, hoy en día no puedes fiarte de nadie, ni siquiera de tu propia sombra.
—Se entiende perfectamente— respondió 14K.

Manhattan… Bar de Ethan…

Carlos no se apartaba de la ventana, no dejaba de vigilar a los caminantes que se encontraban en la calle a la que pretendía ir, muchas veces expresaba su frustración dando golpes en el suelo con la culata del fusil, lo que hacía que la periodista que en ningún momento había dejado de grabar lo mirara.
—Podrías calmarte un poco ¿No? ¿A que viene esa obsesión con llegar a esa calle?— Tina Morales apuntó con la cámara a Carlos. –Venga hombre misterioso. Cuéntale a la cámara eso que te frustra tanto y que te tiene tan nervioso— Carlos miró a la cámara y luego a la periodista.
—Apaga eso. ¿Quieres?
—Venga cariño confiésalo. ¿Verdad que todo esto es por una chica?
En ese momento Carlos se levantó de donde estaba, se acercó a la cámara y le dio una patada. Eso hizo que la periodista se pusiera de pie y rápidamente se agachara para coger la cámara de video.
—No hagas que me arrepienta de haberte salvado la vida. Si a mi me sale de los mismísimos huevos puedo coger y echarte de aquí dejándote a tu suerte ahí fuera— dijo Carlos cogiendo a Tina del cuello. –No tengo miedo de matarte.
Tina miró a Carlos con los ojos llorosos. –Va… Vale… No volverá a ocurrir. Lo siento.
Carlos soltó a Tina. –Muy bien, voy a dormir. Encárgate tú de la vigilancia.
—Buenas noches— dijo Tina casi en un susurro, pero Carlos no respondió. Se fue a un rincón y allí se quedó dormido.
Tina se quedó junto a la puerta del bar, los caminantes seguían por la calle, aunque no parecía que supiesen que estaban allí escondidos, de saberlo haría horas que estarían aporreando la persiana metálica. A Tina no terminaba de convencerle la compañía de Carlos, pero lo necesitaba para sobrevivir, conocía muy bien a los hombres como el, a los que tenias que venderte para que te protegieran, y ella haría lo que fuera para salir con vida de la ciudad, se levantó de donde estaba y caminó hacia donde estaba Carlos mientras se iba quitando la ropa, cuando se acercó a el, este se despertó de golpe y vio a la periodista desnuda delante de el.
—Siento lo de antes— dijo ella a medida que introducía su mano dentro del pantalón de Carlos, seguidamente bajó la cabeza mientras Carlos cerraba los ojos. Tina levantó la cabeza y miró a Carlos. –Haré lo que sea para sobrevivir, incluso te seguiré al mismo infierno si hace falta.
Carlos sonrió y con un rápido movimiento agarró a Tina y la tumbó en el suelo situándose el sobre ella. –Entonces empieza a demostrarlo desde ya— Carlos embistió y la penetró con fuerza, pero no veía a Tina, si no era a Eva a quien veía debajo de el, lo que hizo que Carlos disfrutara de aquel momento. Cerró los ojos de puro placer y cuando los abrió de nuevo se encontró a Eva gimiendo de placer mientras las manos de esta le arañaban la espalda.

Manhattan… Iglesia…
23:50 de la noche…

Sandra se levantó de donde dormía y miró a Parker, el cual seguía dormido junto al resto de personas. Con mucho cuidado se fue levantando y se dirigió al vestíbulo principal donde se encontró con Mouse, el cual no había querido unirse a los demás por miedo a que alguien descubriese de donde procedía en realidad.
—Ya estoy aquí. Hora de partir— dijo Sandra mirando a su compañero.
—Espero que esto no acabe conmigo sangrando por que a tu novio no le pareció bien que fuéramos allá donde quiera dios que quieras ir. Por última vez te voy a preguntar… ¿Qué es eso que vamos a buscar y que es tan importante para ti?
Sandra pasó por su lado. –No tenemos demasiado tiempo, te lo diré en los túneles…— Pero Mouse le agarró del brazo.
—Créeme que una vez estemos ahí abajo… Teniendo en cuenta como está de caldeado en ambiente no tendremos mucho tiempo como para andar contándonos batallitas. Dímelo ahora.
Sandra suspiró y miró a Mouse. –Mi perro Yako. Esta a solas en mi casa. Es el a por quien quiero ir. Es muy importante— Sandra cogió a Mouse del brazo. –Por favor, te necesito.
Mouse miró a ambos lados escudriñando la iglesia y comprobando que los que montaban guardia no les prestaran demasiada atención, luego miró a Sandra. –Está bien, vamos, espero que valga la pena y que sepas explicarle al gigantón de tu novio esta movida antes de que decida arrancarme la cabeza.
—Muchas gracias— respondió Sandra al tiempo que abrazaba a Mouse.
Ambos se dirigieron al jardín donde habían amontonado los cadáveres de los muertos y los cuerpos de los caminantes a los que habían abatido, el olor ya comenzaba a notarse, incluso Sandra tuvo arcadas, esto hizo que se parara y que Mouse la mirara.
—Con tan poco aguante no creo que sea muy buena idea que hagamos esto. Estarías mejor quietecita.
—No… Quiero seguir adelante.
—Muy bien. Tu misma, pero no esperes que me juegue el culo por ti más de la cuenta.
Ambos llegaron a una alcantarilla y Mouse la abrió y comenzó a descender seguido por Sandra, la cual cerró la tapa. En pocos segundos los dos estuvieron en las alcantarillas alumbrando con sus linternas y conteniendo la respiración para que el olor a alcantarilla no invadiera sus fosas nasales.
Los dos siguieron por el túnel hasta que llegaron al final de este, cruzaron por una obertura que parecía haber sido abierta a golpe de pico y seguidamente llegaron a las vías del metro, Sandra comenzaba  a sentirse bien por lo de haber hablado con Mouse para que la ayudara, realmente había sido un acierto. Aun así tenía una pregunta en la cabeza, la cual no tardó en formular.
—Cuando dije que se trataba de mi perro pensé que ibas a decir que no. Me sorprendió mucho. ¿Por qué optaste por acompañarme en lugar de decirme que no rotundamente?
—Me encantan los perros. Tuve uno hace tiempo además, antes de que pasara esto, se llamaba Spike, era un Golden retriever estupendo. Me salvo la vida más de una vez cuando el mundo comenzó a irse a la mierda… Un día simplemente… Y hablo de antes de llegar aquí. Seguíamos en mi casa cuando un tipo entró con intención de saquear mi casa. Yo lo descubrí y el tipo se me puso a la defensiva amenazándome con un machete, Spike en un intento de defenderme se lanzó sobre el y aquel tipo lo mató. Aquel cabrón asesino a lo único que me quedaba en el mundo. Se lo que es eso que sientes.
—¿Y que ocurrió con aquel hombre?— preguntó Sandra
—Lo maté— respondió Mouse tajantemente.
Sandra ni siquiera se inmutó, ella sabía que si alguien le hiciese algo a Yako, ella también mataría al autor. Siguieron el camino sin cruzar palabra, lo único que deseaba era reencontrarse con su querido perro.
*****
En algún lugar del Desierto de Nevada…
Día 22 de Enero de 2010
Día 579 del Apocalipsis…

Habíamos detenido el camión junto a un área de servicio que acabábamos de encontrar, necesitábamos descansar y ese por el momento y hasta el amanecer iba a ser el mejor lugar. Yo salí de la parte trasera llevando a Rachel en brazos, aun estaba muy débil y yo por mi parte cada vez que la miraba recordaba lo que le habían hecho, algo que me hacía odiarme a mi mismo.
Entré en lo que era la tienda y la tumbé en un catre que le prepararon Yuriko y Johana. Después salí al exterior junto a Juan, con el que fui a asegurar aquella zona por si había algo o alguien.
—Los demás deben estar a nada de llegar a Manhattan. Si seguimos a este ritmo, nosotros llegaremos mañana por la noche. No te imaginas las ganas que tengo de pillar mi cama para quedarme en ella una semana— Entonces me miró. –Espero que nos des unas merecidas vacaciones… Tú eres el jefe.
—Las tendréis, pero no podemos olvidarnos de que Dorian está vivo y que probablemente por venganza cargue contra nosotros. Fui un estúpido por creer que podría acabar con el… Ahora te digo, la próxima vez que lo vea y espero que sea pronto no pienso fallar.
En ese momento Juan me hizo pararme y me señaló a unos matorrales, este apuntó y disparó varias veces, eso hizo que varios conejos salieran corriendo. Juan se acercó corriendo por delante de mí y de entre los matorrales sacó tres conejos.
—¿Cómo los has visto? Eres todo un cazador.
—Ya tenemos cena para hoy y mañana. Espero que te gusten poco hechos, es mi especialidad. Demos un par de vueltas por aquí y volvamos a la tienda.
Dimos un par de vueltas más y como no vimos nada regresamos a la tienda, dentro ya se habían instalado la mayoría mientras Johana y Yuriko habían subido a la terraza para vigilar, desde ahí verían cualquier cosa que se acercara. Yo subí cuando Juan había preparado el conejo y les ofrecí unos trozos, también les subí unas mantas para las bajas temperaturas de la noche.
—Estamos a punto de dejar atrás el desierto. Juan cree que mañana por la noche podríamos estar ya en Manhattan y que los demás deben estar cerca ya. Os daré unas vacaciones y luego formaré un gran equipo con el que asaltar Las Vegas y acabar con Dorian.
—Ya sabes que yo me apunto. Esos cabrones han llegado demasiado lejos— respondió Johana. –Y si tú no te lo cargas, me lo cargaré yo.
De repente escuchamos un grito que venia del interior de la tienda, miré a las chicas y rápidamente me puse de pie mientras ellas comenzaban a apuntar en todas direcciones. Llegué al piso inferior y vi a varias de las mujeres agrupadas, les pedí que me dejaran pasar y vi a una de ellas abrazando a una niña que no se movía.
—¿Qué ha pasado?— dije acercándome, la mujer me miró y comenzó a balbucear.
—Creí que estaba dormida y fui a despertarla para que comiera algo… Entonces noté que estaba fría… Dios… Creo que está muerta.
Miré a los que estaban allí y con suavidad me acerqué a la mujer. –Tranquila— le dije mientras con una mano le tocaba el cuerpo a la niña, notando que ciertamente estaba poniéndose fría, seguidamente le busqué el pulso en el cuello, pero no se lo encontré. Miré a la que podría ser la madre. –Se ha muerto, lleva un rato así. Aléjese de ella por favor. Se que no es fácil de aceptar, pero por favor…
—Se llama Casidy…— murmuró otra chica.
Yo asentí y volví a mirar a la mujer. –Casidy… Ya sabes lo que ocurre cuando alguien se muere— en ese momento me percaté de algo que me llamó mucho la atención, había algo en la pierna de la chiquilla, con mucho cuidado dirigí mi mano hacia ese punto y con mucho cuidado subí un poco el pantalón, entonces vi lo que tanto temía, la niña había sido mordida y nadie se había dado cuenta. Cuando todos lo vieron comenzaron a alejarse mientras murmuraban. Algo que hizo que la madre de la niña se alejara más de mí sin soltar a la niña.
—Escucha Casidy… Tú hija a muerto y todos lo sentimos… Pero tienes que soltarla, cuanto más tiempo pases con ella… Más en peligro te estás poniendo tú… Si te muerde…
—Suelta a la cría— dijo de pronto Johana apareciendo de entre la multitud y apuntando con su arma a la mujer que abrazaba desconsolada a su hija. –No seas estúpida y deja que se haga lo que se tiene que hacer en estos casos.
—Johana…¡¡¡No!!!— le grité poniéndome delante del arma. –Deja que yo me encargue de esto. Puedo convencerla— me di la vuelta y miré a Casidy, entonces me pareció ver como la niña comenzaba a mover una mano. –Casidy. Está volviendo, te matará.
En ese momento vi a Juan que se acercaba por detrás, entonces vi la oportunidad, el agarraría a Casidy mientras yo me ocupaba del cuerpo.
En ese momento la niña abrió los ojos y agarró el brazo de su madre sin que nos diera tiempo a actuar y le mordió, fue demasiado rápido. Johana y yo nos abalanzamos sobre los pies de la niña y tiramos de ella mientras Juan agarraba y tiraba de Casidy, logramos separarlas. Casidy gritaba intentando zafarse del agarre de Juan y la pequeña trataba de mordernos a Johana y a mí.
—Apártate para que pueda dispararle— dijo Johana mientras el pánico se adueñaba del interior de la tienda con todas las mujeres gritando.
—Espera— le dije a Johana mientras intentaba inmovilizar a la niña, fue entonces cuando escuchamos un disparo y la niña dejó de moverse. Todos miramos y vimos a Faith con un arma en las manos.
—¡¡¡¡¡NOOOOOO!!!!! Era mi hija. ¡¡¡¡Mi hija!!!! ¡¡¡Hija de puta!!!— gritó Casidy intentando soltarse para lanzarse sobre Faith. Fue entonces cuando Faith disparó también a Casidy matándola en el acto.
Yo me levanté de golpe y miré a Faith. —¿Qué coño has hecho?— me acerqué a ella y le quité el arma.
—He hecho lo que había que hacerse y lo que habríamos hecho de todos modos después. La cría era un caminante y Casidy iba a serlo también.
—Pero Casidy seguía viva— le respondí. –Tendríamos que haber esperado a que muriera…
—Ya no sufren— respondió Faith, después se soltó y se dio la vuelta alejándose entre las mujeres y chicas que se habían  quedado observándola en silencio.
Johana me miró y se me acercó. –Ni siquiera ha pestañeado. ¿Quién es esa tía?
Yo no respondí, miré a Juan. –Ayúdame a enterrar los cadáveres.
Una hora después Juan y yo habíamos enterrado a Casidy y a la niña, las enterramos juntas. Los demás no tardaron en salir a la parte trasera del área de servicio donde yo comencé a decir unas palabras.
—No conocía a ninguna de las dos. Ni a Casidy ni a… ¿Alguien sabe el nombre de la niña?— pregunté mirando a Melanie  
—Se llamaba Aurora— respondió Melanie.
Volví a comenzar con mis palabras. –No conocía a Casidy ni a su hija Aurora, pero ya eran de los nuestros y por lo tanto su perdida es triste para todos. Tanto los que no las conocíamos como los que las conocían… Las echaremos de menos…

Faith observaba desde la distancia el funeral con los brazos cruzados, entonces notó que alguien aparecía a sus espaldas. Se dio la vuelta y vio a la chica de pelo corto y teñido.
—No te lo has pensado dos veces. Tienes un gran control con las armas de fuego, tu pulso no ha temblado. ¿A que te dedicabas antes de esto?
—Era poli… Decidí serlo por que mi padre era un cabrón que le gustaba abusar de mí. Cuando el murió decidí que quería ser policía para detener a monstruos como el. Son como lobos… El mundo está lleno de ellos.
—Si. Es un mundo de lobos… Y yo se donde hay uno de ellos…
Faith miró a Johana. —¿Vais a ir a por el?
—Si. Y tú eres muy apta para ese equipo que se formará para ir a Las Vegas. Queremos contar contigo. Se que no nos defraudarás. Yo soy Johana.
—Podréis contar conmigo. Tengo una cuenta pendiente con los que viven en Las Vegas. Acabaré con todos, hasta el último de ellos…Y mi nombre es Faith.
—Encantada de conocerte Faith. Creo que esto es el comienzo de una gran amistad.

Después del funeral volvimos al interior de la tienda, habían pasado varias horas cuando comenzamos a ver el amanecer, era hora de ponernos en marcha. Recogimos nuestras cosas, cargué con Rachel de nuevo y nos subimos al camión, esta vez ocupé el asiento del copiloto junto a Juan, el cual iba a conducir.
—Espero que como había pensado lleguemos esta noche a nuestro hogar… Sobre lo de asaltar Las Vegas… Creo que antes de hacerlo deberemos prepararnos bien y actuar. Ya que no será tan fácil esta vez. Estarán esperándonos seguramente.
—Lo se… Y si lo hacemos no podemos fallar, no esta vez…
—Muy bien, pues que así sea, lo lograremos— respondí. –Pero Dorian es mío.
Entonces Juan puso en marcha el motor y proseguimos nuestro viaje en dirección a Manhattan. Estaba deseando llegar, abrazar a mi familia, ponerles a salvo y explicar la situación para planear el ataque a Las Vegas. Dorian era un peligro que teníamos que quitarnos de en medio cuanto antes y esta vez no fallaría, mis manos iban a terminar manchadas con la sangre de ese monstruo.
*****
Manhattan… Túneles…

Sandra se miraba el reloj preocupada, había pasado más tiempo del que esperaba. Habían caminado por muchas vías y alcantarillas. Entonces Mouse se detuvo y la miró con una sonrisa.
—Final de trayecto. Su tren con ha llegado a su destino— Mouse señaló la escalerilla de mano que tenía detrás –Cuando la subamos estaremos delante de tu casa.
Sandra comenzó entonces a subir las escaleras rápidamente y cuando iba a abrir la tapa de la alcantarilla, Mouse tiró de su pie, eso hizo que Sandra mirara hacia abajo. —¿Qué es lo que estás haciendo?
—¿No oyes eso? Presta atención y escucha— le dijo Mouse.
Sandra se quedó entonces en silencio y escuchó como le había dicho Mouse, entonces hasta sus oídos llegó el sonido de muchos No Muertos sobre sus cabezas, los cuales gruñían, gemían y arrastraban los pies. Mouse también subió y se quedó a su lado. –Debe haber miles de ellos sobre nuestras cabezas.
—Pues tengo que llegar hasta mi casa… Mi perro…
—No podrás llegar entre tantos ahí fuera. Te harán pedazos antes de que puedas dar dos pasos, por el sonido diría que hay muchísimos.
—Si nos untamos su sangre cogeremos su olor— dijo Sandra en ese momento. –Así podremos pasar entre ellos sin ser vistos.
—¿Y de donde lo sacamos? Va a ser imposible hacer eso. Lo que si podemos hacer es lo siguiente. Ven sígueme— Mouse pidió a Sandra que lo siguiera, una vez estuvieron abajo le mostró un túnel apuntando con la linterna. –Ese túnel lleva directo hacia el garaje de tu edificio, entraremos por ahí, pero… Si hay No Muertos… Vamos a tener que lamentar lo de tu perro. Ahora vamos… Y en silencio.
Sandra y Mouse se metieron en el túnel, avanzaron varios metros hasta que Mouse se detuvo. –El garaje está sobre nuestras cabezas.
Ambos se pararon a escuchar y se dieron cuenta del silencio, eso hizo que Sandra sonriera. –Está despejado— seguidamente subió corriendo, puso las manos en la tapa y la abrió, cuando asomó la cabeza escuchó un chasqueo a su espalda, cuando se dio la vuelta se encontró el negro cañón de un arma y la luz cegadora de una linterna.
—No me jodas… ¿Sandra?... ¡¡¡Eva!!! Es Sandra— la voz le era familiar a Sandra, tanto que juraría que era la de David, y efectivamente lo era, este dejó de apuntarle y enseguida le tendió la mano para ayudarla a subir.
—Mouse está conmigo— dijo Sandra, fue cuando David se asomó y vio a Mouse abajo. Al cual también ayudó a salir. Una vez estuvieron arriba se sorprendieron al ver a Eva, Alicia y  a una chica a la que no conocían junto a David.
—¿De donde venís?— preguntó Eva.
—De la iglesia. Vinimos a por mi perro, sigue en mi casa ¿Y vosotros que estáis haciendo?
—Estamos cazando— dijo la chica, a la cual le costaba mucho andar y no parecía encontrarse demasiado bien, pero aun así allí estaba armada buscando algo junto a Eva, Alicia y David.
—¿Cazando que?— preguntó Sandra.
—Hay algo en este edificio. Se trata de un asesino caníbal fuera de control. Ya ha matado a dos de los nuestros. Habéis escogido un mal momento para venir— respondió David.
—¿Y por que no os olvidáis de esa cosa y venís con nosotros? En la iglesia hay sitio para todos— dijo Sandra. –Recogemos a Yako y nos vamos todos hacia allí.
—Estamos aquí por que estamos organizados y por que estamos esperando a Juanma y a los otros que aun no han vuelto. No podemos irnos tan alegremente— respondió Eva. –Yo no voy a irme todavía.
—Eh, no es por joder ni nada, pero vinimos a por el perro con intención de regresar pronto y ahora estamos aquí perdiendo un tiempo precioso. Si ellos quieren quedarse que se queden y ya vendrán cuando vuelvan los demás. Por si lo has olvidado yo me estoy jugando el cuello con tu novio. Así que por favor, te pido que cojamos a tu perro y larguémonos.
*****
Manhattan… Zona infestada…

Butch detuvo el vehículo cuando vio lo que quedaba de las vallas que separaban la zona segura de la ciudad de la infestada, al otro lado había varios caminantes y vehículos abandonados, ninguno de ellos podía creerse lo que veían sus ojos.
—¿Qué ha pasado aquí?— preguntó Laura llevándose la mano a la boca. –Este era nuestro hogar… Nuestra casa…
—No entiendo como los caminantes pudieron superar estas defensas, es imposible— dijo Butch dándole una patada a la rueda del camión cuando bajó de el.
Los nuevos integrantes del grupo también se quedaron sorprendidos, todos pensaban que iban a ir a un sitio mejor, pero no era así. Incluso Stacy rompió a llorar.
—Aquí había mucha gente, no puede ser que todos estén muertos.
—Fijaros en las vallas, alguien las hizo caer con explosiones. No fueron los caminantes— dijo Sheila al ver las vallas.
—Seguro que fue la puta guerrilla. Tendríamos que haberlos masacrado a todos cuando tuvimos la oportunidad, pero no… Me cago en su puta madre— decía Butch presa de la rabia. —¿Qué cojones hacemos ahora? ¿A dónde vamos?
—Debe haber gente viva aun. Quizás podamos ayudar e incluso recuperar la ciudad— comenzó a decir Sheila. Además, el resto de nuestro grupo tiene que llegar, no podemos irnos así como así, si podemos hacer algo debemos hacerlo.
—No hay nada que hacer. ¿No ves la ciudad? Ha caído, está acabada. No hay nada que podamos hacer— replicó Butch totalmente fuera de si.
—Alexandra está herida— comenzó a decir Sheila. –Si no la llevamos al hospital se morirá. Es mi paciente y no pienso dejar que se me muera, yo me voy a quedar y voy a tratar de ser de ayuda, pero no obligo a nadie a quedarse, quien quiera irse que se marche.
—Muy bien. Pues que os den por culo, yo me marcho de aquí. Todo el que no quiera venir conmigo que se baje del puto camión, venga.
En ese momento Sheila golpeó a Butch con la culata de la pistola y este cayó al suelo, cuando intentó levantarse, ella le apuntó directamente a la cabeza. –No podemos mover mucho a Alexandra, no te llevarás el camión, si quieres marcharte que sea a pie.
Butch se levantó y miró a Sheila. –Muy bien, pues adiós. Que os vaya bien, me las apañaré yo solo— Butch se dio media vuelta y se fue alejando de allí hasta que los demás lo perdieron de vista.

—Todo el mundo al camión. Nos adentraremos en la ciudad y buscaremos supervivientes— dijo Sheila asumiendo el mando y a sabiendas de todo lo que podrían encontrarse allí dentro.

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